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<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La seguridad jurídica frente a sentencias definitivas: Tutela contra sentencias]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario Facultad de Jurisprudencia ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article works with the themes of judicial security and the tutela action against decisions. It seeks to demonstrate two things: the first is that judicial insecurity that seems to occur in Colombia does not have its origins in the decisions emanating from the tutela deciding judges, but in the irregular normative practices of the Congress and the Presidency of the Republic. The second is to examine decisions issued by local judges, from the point of view of the practices of the Inter-American System for the Protection of Human Rights, of which Colombia forms a part and to which, as a result, conforms itself to the American Convention on Human Rights.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>La seguridad jur&iacute;dica frente a sentencias definitivas. Tutela contra sentencias</b></p></font><font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>Judicial security in the face of final decisions: the tutela against decisions</b></p>     <p><b><i>Manuel-Fernando Quinche-Ram&iacute;rez*</i></b></p>     <p>* Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, Colombia. Abogado consultor y litigante. Investigador. Profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario. Miembro del grupo de Investigaci&oacute;n en Derecho P&uacute;blico de la misma unversidad. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mquinche@urosario.edu.co">mquinche@urosario.edu.co</a>.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 22 de febrero de 2010    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 5 de abril de 2010</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Este escrito trabaja los temas de la seguridad jur&iacute;dica y la tutela contra sentencias. Pretende mostrar dos cosas: en primer lugar, que el Estado de inseguridad jur&iacute;dica que padece Colombia no tiene origen en las sentencias que profieren los jueces de tutela, sino en las pr&aacute;cticas normativas irregulares del Congreso y de la Presidencia de la Rep&uacute;blica. En segundo lugar evidencia, desde las pr&aacute;cticas del Sistema Interamericano de Protecci&oacute;n de los Derechos Humanos, del que Colombia forma parte y, que resulta conforme con la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, el examen judicial de las sentencias proferidas por los jueces locales.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: inseguridad jur&iacute;dica, decretos presidenciales, abusos con decretos, v&iacute;as de hecho, tutela contra providencias, Corte Interamericana de Derechos Humanos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>This article works with the themes of judicial security and the tutela action against decisions. It seeks to demonstrate two things: the first is that judicial insecurity that seems to occur in Colombia does not have its origins in the decisions emanating from the tutela deciding judges, but in the irregular normative practices of the Congress and the Presidency of the Republic. The second is to examine decisions issued by local judges, from the point of view of the practices of the Inter-American System for the Protection of Human Rights, of which Colombia forms a part and to which, as a result, conforms itself to the American Convention on Human Rights.</p>     <p><b>Key words:</b> Juridical insecurity, presidencial decress, abuses of decrees, Inter-American Court of Human Rights, findings of fact.</p> <hr>     <p><b><i>INTRODUCCI&Oacute;N</i></b></p>     <p>Los temas centrales de este escrito son el de la seguridad jur&iacute;dica y el de la tutela contra sentencias. Una presentaci&oacute;n simplista y primitiva del asunto, muy al uso entre los enemigos de los derechos humanos, se&ntilde;ala que eventualmente todos los servidores p&uacute;blicos pueden violar los derechos fundamentales, pero que los jueces no, que ellos tienen algo as&iacute; como una cl&aacute;usula de inmunidad que impide la protecci&oacute;n de la tutela en contra de sus sentencias. Adicionalmente indican que la acci&oacute;n de tutela en contra de sentencias genera una gran inseguridad jur&iacute;dica y afecta la certeza que cabe esperar del derecho.</p>     <p>En sentido contrario este escrito va a mostrar que en el sistema colombiano la inseguridad jur&iacute;dica no proviene de los jueces, sino del legislativo y especialmente del Presidente de la Rep&uacute;blica, por el uso que &eacute;ste hace de los decretos (i); que la acci&oacute;n de tutela no afecta la seguridad jur&iacute;dica, sino que la fortalece y afianza la confianza del ciudadano en el sistema jur&iacute;dico (del que no ha hecho m&aacute;s que recibir golpes, discriminaciones y diferencias de trato ilegales) (ii), y que la tutela o el amparo en contra de sentencias judiciales no es ninguna novedad que el sistema constitucional colombiano haya inventado, sino que corresponde a las pr&aacute;cticas democr&aacute;ticas de los sistemas internacionales de protecci&oacute;n (iii), uno de los cuales es el Sistema Interamericano, en el que las condenas por violaci&oacute;n de los derechos humanos por sentencias judiciales proferidas por los distintos estados es un hecho concurrente.</p>     <p><b><i>1. EL PRESIDENTE DE LA REP&Uacute;BLICA Y EL CONGRESO COMO LOS VERDADEROS VIOLADORES DE LA SEGURIDAD JUR&Iacute;DICA</i></b></p>     <p>Dos son las mentiras m&aacute;s extendidas en el sistema colombiano: por la primera se afirma que las acciones y las decisiones de los jueces, especialmente de los jueces de las acciones constitucionales (de los que conocen de las acciones de inconstitucionalidad, tutela y populares principalmente), son el origen de la inseguridad jur&iacute;dica. La segunda se&ntilde;ala que la acci&oacute;n de tutela, y especialmente la tutela contra sentencias, afecta la seguridad jur&iacute;dica y afecta la certeza del derecho en Colombia. A ese par de mentiras le son opuestas dos verdades. La primera se&ntilde;ala que el Presidente de la Rep&uacute;blica es uno de los mayores causantes de la inseguridad jur&iacute;dica, y la segunda indica que el Congreso es otro gran causante de la misma inseguridad. Este escrito tematiza tan solo el comportamiento de la primera causa.</p>     <p>El Presidente origina inseguridad jur&iacute;dica de m&uacute;ltiples formas (usando los estados de excepci&oacute;n para fines no previstos en el ordenamiento, asignando recursos en "consejos comunales" y no en normas presupuestales, promoviendo sucesivas y antit&eacute;cnicas reformas a la Constituci&oacute;n, etc.), pero muy especialmente mediante la expedici&oacute;n de decretos de todo tipo, hasta el punto de poder afirmar que el sistema colombiano, en gran parte, opera hoy a punta de "decretazos". Y es que los decretos presidenciales lo hacen hoy todo: diluyen huelgas, crean tipos penales, reestructuran la administraci&oacute;np&uacute;blica, quitan y ponen derechos fundamentales, asignan los recursos de la naci&oacute;n, favorecen unilateralmente posiciones individuales, determinan el r&eacute;gimen de contrataci&oacute;n estatal, etc. Para evidenciar esto, a continuaci&oacute;n se describe brevemente la fronda de los decretos en el sistema colombiano, mostrando el abuso presidencial sobre los mismos, generador de inseguridad jur&iacute;dica, desde casos concretos.</p>     <p>Una clasificaci&oacute;n aproximada de los decretos en el sistema colombiano podr&iacute;a organizarlos en tres grupos seg&uacute;n su contenido:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>a) Los decretos de contenido legislativo. Son las normas expedidas por el Presidente, que tienen tanta fuerza vinculante como la ley y cuyo control corresponde a la Corte Constitucional (art. 241 C.P). Caben aqu&iacute; tres variedades: Los decretos ley, que se expiden con base en las leyes de facultades extraordinarias (art. 150.10 C.P.); los decretos legislativos, que son los que se expiden en los estados de excepci&oacute;n (arts. 212 a 215 C.P.) y el decreto de la ley del plan nacional de desarrollo (art. 341 C.P.).</p>     <p>b) Los decretos de contenido administrativo. Son las normas que expide el Presidente en su calidad de jefe de gobierno o de suprema autoridad administrativa. Est&aacute;n sometidos a las leyes y por lo mismo, deben respetar la reserva de ley, teniendo menos fuerza vinculante que ella. Su "control" (en la pr&aacute;ctica no se ejerce) fue asignado al Consejo de Estado (art. 237.2 C.P.). Caben aqu&iacute; b&aacute;sicamente otras tres variedades: los decretos simplemente ejecutivos (contenidos en varios de los numerales del art. 189 C.P.), los decretos reglamentarios (art. 189.11 C.P.) y los decretos <i>in marco</i> (fijados en varios numerales del art. 189.11 C.P., en desarrollo de las materias fijadas para el Congreso en el art. 150.19 C.P.).</p>     <p>c) Los decretos que "usa" o que "construye" el Presidente. Son las normas que usa al modo de decretos, aprovechando indefiniciones o "zonas grises" del sistema colombiano. No tienen control definido y m&aacute;s precisamente no tienen control. A lo sumo, pueden ser "controlados" por el Consejo de Estado, lo que en la pr&aacute;ctica no acontece. Peor aun, cuando el control es ejercido &eacute;ste opera tard&iacute;amente, cuando ya se han consumado los efectos de las intervenciones logradas por esos decretos. Hoy por hoy son el elemento m&aacute;s peligroso y din&aacute;mico del sistema colombiano y el que siembra la mayor inseguridad jur&iacute;dica. Cabe mencionar aqu&iacute; b&aacute;sicamente cuatro "variedades": los decretos estatutarios (que son los decretos presidenciales, dictados con base en facultades otorgadas en actos legislativos, cuyo contenido corresponde a leyes estatutarias); los decretos compiladores (que son una variedad que le permite al Presidente establecer vigencias sobre materias de abundante profusi&oacute;n normativa); los decretos de correcci&oacute;n de yerros caligr&aacute;ficos o topogr&aacute;ficos ("previstos en el art&iacute;culo 45 de la Ley 4 de 1913, C&oacute;digo de R&eacute;gimen Pol&iacute;tico y Municipal, que le permiten al Presidente introducir sus interpretaciones personales como si fueran normas); los decretos "administrativos con vocaci&oacute;n legislativa" (por los que el Presidente usa los decretos <i>in marco</i> como si fuesen decretos ley), y, por &uacute;ltimo, los "nov&iacute;simos" decretos org&aacute;nicos (dictados con base en el Acto Legislativo 4 de 2007, que perfecciona la destrucci&oacute;n de la descentralizaci&oacute;n y fortalece el dominio presidencial sobre el Presupuesto General de la Naci&oacute;n).</p>     <p>Para demostrar el abuso presidencial de los decretos y que la verdadera fuente de la inseguridad jur&iacute;dica se encuentra en la Presidencia y no en la Judicatura, se toma a modo de argumento una evidencia por cada una de las clasificaciones de los decretos.</p>     <p><b><i>1.1. El uso irregular de los decretos legislativos del Estado de conmoci&oacute;n interior</i></b></p>     <p>Se denominan decretos legislativos a las normas dictadas durante la vigencia de los estados de excepci&oacute;n, que revisten tres variedades en el sistema colombiano: el estado de guerra, el estado de conmoci&oacute;n interior y el estado de emergencia econ&oacute;mica, social y ecol&oacute;gica. Esta clase de decretos <b><i>1</i></b> deben cumplir sustantivamente el requisito de la conexidad. En este sentido, las cuestiones que regulen deben estar referidas a la causa de la declaratoria del estado de excepci&oacute;n. La vigencia de estos decretos es transitoria (salvo elcaso de los estados de emergencia econ&oacute;mica), suspenden las leyes que les sean incompatibles y rigen mientras dura la excepcionalidad.</p>     <p>El abuso presidencial m&aacute;s reciente aconteci&oacute; con la expedici&oacute;n del Decreto legislativo No. 3929 de 2008, <i>por el cual se declara el Estado de Conmoci&oacute;n Interior, en todo el territorio nacional, por el t&eacute;rmino de 90 d&iacute;as</i>. El hecho es que el Presidente declar&oacute; el estado de conmoci&oacute;n sin que existiesen las causas que exige la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica para su declaratoria, y comenz&oacute; a expedir decretos legislativos que nada ten&iacute;an que ver con la supuesta restituci&oacute;n del orden p&uacute;blico. De esta manera y de modo arbitrario, lo que en el fondo hizo fue adelantar una reforma sobre el r&eacute;gimen de pago de las prestaciones de los servidores de la rama judicial, introducir una reforma judicial forzada y modificar los c&oacute;digos, cuando lo cierto es que todos esos asuntos no corresponden a la "grave alteraci&oacute;n del orden p&uacute;blico que atente de manera inminente contra la estabilidad institucional, la seguridad del Estado, o la convivencia ciudadana, y que no pueda ser conjurada mediante el uso de las atribuciones ordinarias de las autoridades de polic&iacute;a", sino a las competencias usuales del Congreso, sobre el que el Presidente ejerce una manifiesta mayor&iacute;a mediante una coalici&oacute;n que en la pr&aacute;ctica aprueba todos sus proyectos. En este sentido, y con toda raz&oacute;n, la Corte Constitucional manifest&oacute; la inexequibilidad del decreto que declar&oacute; conmoci&oacute;n interior y por consecuencia, la de los decretos que fueron dictados con base en ella, se&ntilde;alando que</p>     <blockquote>       <p>el gobierno no hab&iacute;a cumplido con la carga m&iacute;nima de apreciaci&oacute;n exigida por la Constituci&oacute;n y por la Ley estatutaria de los estados de excepci&oacute;n. Para esta Corporaci&oacute;n el ejecutivo se limit&oacute; a afirmar que los hechos alegados eran graves y que afectaban el orden institucional, la seguridad del Estado, pero se abstuvo de apreciar la forma como tales hechos hab&iacute;an adquirido una dimensi&oacute;n inusitada que afectaba grave e inminentemente dichos bienes constitucionales.<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a></p> </blockquote>     <p><b><i>1.2. El uso irregular de los decretos legislativos del estado de emergencia econ&oacute;mica, social y ecol&oacute;gica</i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un uso malintencionado de los decretos legislativos es el materializado en la m&aacute;s reciente declaratoria de emergencia econ&oacute;mica y social de la Administraci&oacute;n Uribe. La Corte Constitucional, tras realizar el m&aacute;s serio de los estudios acerca del derecho a la salud en Colombia, en la parte resolu tiva de la Sentencia T-780 de 2008, fij&oacute; distintos plazos de cumplimiento a &oacute;rdenes de correcci&oacute;n dadas en la providencia. En general el fallo deb&iacute;a ser cumplido entre octubre de 2008 y junio de 2009. La orden que ten&iacute;a el plazo m&aacute;s extenso era la relacionada con la ampliaci&oacute;n de la cobertura del sistema de salud y el cumplimiento del principio de universalidad, contenida en el punto resolutivo No. 29 del fallo, que espec&iacute;ficamente estableci&oacute;:</p>     <blockquote>       <p><b>Vig&eacute;simo noveno.-</b> Ordenar al Ministerio de Protecci&oacute;n Social que adopte las medidas necesarias para asegurar la cobertura universal sostenible del Sistema de Seguridad social de salud, en la fecha fijada por la ley -antes de enero de 2010-en caso de que alcanzar esta meta sea imposible, deber&aacute;n ser explicadas las razones del incumpliendo y fijarse una nueva meta, debidamente justificada.</p> </blockquote>     <p>La respuesta del Gobierno fue la peor. En cumplimiento de la agenda del Estado Corporativo que rige a Colombia desde el a&ntilde;o 2002, en el que la legislaci&oacute;n es puesta al servicio de los grupos econ&oacute;micos, fueron tomadas dos medidas, la segunda de ellas, relacionada con el uso irregular del estado de emergencia social y los decretos legislativos:</p>     <p>a) En primer lugar, el Ministerio de la Protecci&oacute;n Social contrat&oacute;, con sujetos vinculados a los empresarios de la salud, el dise&ntilde;o de la normatividad que eventualmente solucionar&iacute;a los problemas detectados por la Corte Constitucional. En sentido contrario, los usuarios y los profesionales de la salud fuimos excluidos de la discusi&oacute;n relacionada con ese derecho fundamental y sus problemas en Colombia. b) En segundo lugar, y con base en esos "estudios", el presidente Uribe procedi&oacute; a expedir el Decreto 4975 de 2009 <i>por el cual se declara el estado de emergencia social</i>, adoptando legislaci&oacute;n de excepci&oacute;n para el sector salud.</p>     <p>El decreto que declara la emergencia social est&aacute; fundado en cuarenta y tres (43) "razones" que constituyen la parte motiva de la declaratoria, entre ellas las relacionadas con la necesidad de que los recursos del Sistema cumplan su necesidad constitucional, que se establezca un marco regulatorio para que los planes y los recursos se armonicen con los principios constitucionales, y que se adopten los mecanismos necesarios para la protecci&oacute;n efectiva del derecho a la salud. Igualmente, y con base en la declaratoria, fueron expedidos:<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> el Decreto 126 de 2010, que dicta disposiciones en materia de inspecci&oacute;n, vigilancia y control para la lucha contra la corrupci&oacute;n dentro del sistema de salud; el Decreto 127 de 2010, que fija un IVA del 14% al consumo de cerveza, con destino a la salud; el Decreto 128 de 2010, que dispone que los servicios fuera del POS ser&aacute;n decididos por un Comit&eacute; T&eacute;cnico y que ser&aacute;n pagados por los propios enfermos; el Decreto 129 de 2010, que busca controlar la evasi&oacute;n y la elusi&oacute;n en las cotizaciones a salud; el Decreto 130 de 2010, que dispone que los premios no cobrados por arte y azar sean entregados al sistema de salud; el Decreto 131 de 2010, que sanciona a los m&eacute;dicos que ordenen tratamientos de medicina especializada; el Decreto 132 de 2010, que fija pautas para optimizar el flujo de los recursos de la salud; el Decreto 133 de 2010, que fija medidas para la misma optimizaci&oacute;n; el Decreto 134 de 2010, que adiciona el Presupuesto General de la Naci&oacute;n con destino al <i>Fosyga</i>, y de all&iacute; al <i>Fonpres</i> y al <i>Cres</i>; y el Decreto 135 de 2010, que dispone que el 3% de los recursos del Fondo para la Rehabilitaci&oacute;n, de la Inversi&oacute;n Social y de la lucha contra el Crimen organizado se destinar&aacute; a programas de reducci&oacute;n del consumo de sustancias psicoactivas.</p>     <p>Para marzo de 2010, los decretos se encuentran en la Corte Constitucional surtiendo el respectivo control. Por lo pronto, la Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n ha solicitado la declaratoria de inexequibilidad del Decreto 4975 de 2009, declaratorio del estado de emergencia, por considerar que los problemas con base en los cuales el Gobierno justifica la declaratoria, "<u>NO TUVIERON EL CAR&Aacute;CTER DE SOBREVINIENTES, porque no se trat&oacute; de fen&oacute;menos f&aacute;cticos que se hubieran dado de manera REPENTINA e IMPREVISTA para el momento de tal declaratoria</u>, sino que se ven&iacute;an y vienen presentando de modo sistem&aacute;tico y ascendente en el tiempo (desde el a&ntilde;o 1992), los cuales eran previsibles a partir de sus manifestaciones institucionales".<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> (Negrita y subrayado dentro del original).</p>     <p><b><i>1.3. El abuso con los decretos reglamentarios</i></b></p>     <p>Los reglamentarios son una clase especial de decretos, dictados con base en la facultad fijada por el art&iacute;culo 189.11 de la Constituci&oacute;n, que le permite al Presidente "ejercer la potestad reglamentaria, mediante la expedici&oacute;n de los decretos, resoluciones y &oacute;rdenes necesarios para la cumplida ejecuci&oacute;n de las leyes". En virtud de &eacute;sta, el Presidente puede expedir actos administrativos que desarrollan los enunciados formulados en la ley. En sentido contrario, si la disposici&oacute;n presidencial entra a regular directamente una materia reservada a la ley, entonces el enunciado reglamentario ser&aacute; inconstitucional, por violar la reserva de ley. El control de tales reglamentos corresponde al Consejo de Estado, por mandato del art&iacute;culo 237.2 de la Carta.</p>     <p>La cuesti&oacute;n central alrededor de la potestad reglamentaria es la relacionada con los l&iacute;mites de su ejercicio, los que han sido precisamente fijados por la Corte Constitucional. La Sentencia C-028 de 1997 es un buen punto de partida ya que all&iacute; fueron precisados dos clases de l&iacute;mites a la potestad reglamentaria: los generales, referidos a las competencias constitucionales y legislativas y sus materias; y los espec&iacute;ficos, relacionados con el marco normativo concreto de la regulaci&oacute;n.Tales l&iacute;mites son:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Que dicha potestad no ees absoluta y que encuentra su l&iacute;mite y radio de acci&oacute;n en la Constituci&oacute;n y la ley.</li>     <li>Que no puede alterar ni modificar el contenido y esp&iacute;ritu de la ley.</li>     <li>Que no puede dirigirse a reglamentar leyes que no ejecute la administraci&oacute;n.</li>     <li>Que no puede reglamentar materias cuyo contenido est&aacute; reservado al legislador.<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> </li>     <p>Esta postura fue luego reiterada en la Sentencia C-512 de 1997, a prop&oacute;sito de unas facultades otorgadas al gobierno para clasificar las distintas empresas distribuidoras de petr&oacute;leo y sus derivados. La Corte, tras reiterar la <i>ratio decidendi</i> de la Sentencia C-028 de 1997, concluy&oacute; que la facultad otorgada al Presidente con la remisi&oacute;n "no es absoluta, por cuanto el Presidente, al hacer la clasificaci&oacute;n respectiva y la expedici&oacute;n de normas correspondiente, tiene que hacerlo bajo los par&aacute;metros se&ntilde;alados por la propia ley, y ellos est&aacute;n all&iacute;",<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a> raz&oacute;n por la cual declar&oacute; la exequibilidad del aparte demandado. Esta misma postura, y los l&iacute;mites de la potestad reglamentaria, ser&iacute;an posteriormente reiterados en las Sentencias C-302 de 1999 y C-917 de 2002, en las que se insiste en el sometimiento del reglamento a la ley en general, y en especial a la ley que dice reglamentar, explicitando de paso el principio de divisi&oacute;n de poderes como l&iacute;mite claro del ejercicio de la potestad reglamentaria, en el sentido que ni el legislador ni nadie puede conferirle atribuciones a un &oacute;rgano, cuando la Constituci&oacute;n se las ha otorgado a otro.</p>     <p>Un uso abusivo de la potestad reglamentaria es el realizado con el Decreto reglamentario 4500 de 2006,<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a> <i>por el cual se establecen normas sobre educaci&oacute;n religiosa en los establecimientos oficiales y privados de educaci&oacute;n preescolar, b&aacute;sica y media de acuerdo con la Ley 115 de 1994 y la Ley 133 de 1994</i>. La primera de &eacute;stas tiene por t&iacute;tulo: "<i>por la cual se expide la ley general de educaci&oacute;n"</i>, y la segunda, que es una ley estatutaria, "<i>por la cual se desarrolla el Derecho a la Libertad religiosa y de Cultos, reconocido en el art&iacute;culo 19 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica"</i>.</p>     <p>Estructuralmente el decreto est&aacute; conformado por nueve art&iacute;culos que se refieren a la creaci&oacute;n del &Aacute;rea de Educaci&oacute;n Religiosa en los programas educativos y al proceso de evaluaci&oacute;n acad&eacute;mica de dicha &aacute;rea; a la obligaci&oacute;n de los estudiantes de tomar la c&aacute;tedra de educaci&oacute;n religiosa, a riesgo de no poder ser promocionados para el siguiente grado; y a la infraestructura docente necesaria para desarrollar el &aacute;rea de religi&oacute;n. Entre los art&iacute;culos 1 al 4 se ordena la creaci&oacute;n obligatoria del &Aacute;rea de Educaci&oacute;n Religiosa y se fijan sanciones para cuando esto no acontece o para cuando los estudiantes no la toman. Obs&eacute;rvese que el decreto no "regula" nada, sino que por el contrario ordena la creaci&oacute;n de dicha &aacute;rea, con lo cual, de plano, la norma excedi&oacute; los l&iacute;mites del reglamento y de la regulaci&oacute;n, usurpando asuntos que son materia de la ley. El art&iacute;culo 2 es menos eufem&iacute;stico y contiene un mandato: que todos los establecimientos educativos deber&aacute;n contener en su plan de estudios el &Aacute;rea de Educaci&oacute;n Religiosa, "como obligatoria y fundamental", enunciado que es inconstitucional, pues necesariamente implica que ning&uacute;n establecimiento educativo pueda desarrollar un Proyecto Educativo Institucional de car&aacute;cter laico. De esta manera el "reglamento" vulnera de plano cuando menos tres c&aacute;nones constitucionales:</p>     <li>El derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos, establecido en el art&iacute;culo 19 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica que, como ha sostenido reiteradamente la Corte Constitucional, incluye "el derecho a no creer en nada" y que en consecuencia le otorga a los colegios el derecho constitucional a no otorgar ninguna clase de educaci&oacute;n religiosa, si as&iacute; lo deciden de conformidad con su Proyecto Educativo Institucional. </li>     <li>El derecho constitucional a la libertad educativa, establecido en al articulo 68 de la Carta, especialmente con lo dispuesto en el inciso cuarto de la norma, seg&uacute;n el cual, <i>"los padres de familia tendr&aacute;n derecho a escoger el tipo de educaci&oacute;n para sus hijos menores. En los establecimientos del Estado ninguna persona podr&aacute; ser obligada a recibir educaci&oacute;n religiosa"</i>. La violaci&oacute;n de la norma constitucional se presenta, en la medida en que con el mandato del &Aacute;rea de Educaci&oacute;n Religiosa como "obligatoria y fundamental", se vulnera el derecho a una educaci&oacute;n laica, impidi&eacute;ndose a los padres escoger el tipo de educaci&oacute;n que quieran.</li>     <li>Se vulneran tambi&eacute;n los derechos fundamentales a la Autoridad personal (art&iacute;culo 1 C.P.), al libre desarrollo de la personalidad (art&iacute;culo 16 C.P.) y a la libertad de conciencia (art&iacute;culo 18 C.P.), en la medida en que se le impide, tanto a los padres de familia como a los estudiantes, articular libremente su plan de vida mediante la educaci&oacute;n que han escogido para sus hijos, todo lo cual resulta agravado en la medida en que el Estado impone arbitrariamente un modelo espec&iacute;fico de ciudadano. </li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo 4 es tan inadecuado como los anteriores y contiene la amenaza, la sanci&oacute;n, el castigo por no pertenecer a ninguna religi&oacute;n. El asunto debe ser examinado en dos dimensiones, es decir, del lado de la instituci&oacute;n educativa y del lado del estudiante y los padres de familia. Del lado de la instituci&oacute;n educativa hay represi&oacute;n: si aquella no introduce el &aacute;rea de educaci&oacute;n religiosa, que ahora es "obligatoria y fundamental", entonces corre el riesgo de las multas, las suspensiones del funcionamiento y el cierre de la instituci&oacute;n. En otras palabras, se castiga el modelo de la educaci&oacute;n laica, con lo cual adicionalmente se vulnera el derecho al debido proceso (art&iacute;culo 29 de la Constituci&oacute;n). En segundo lugar, del lado del estudiante y de sus padres la cuesti&oacute;n es doblemente grave, pues de una parte se les impide el acceso a la educaci&oacute;n laica que eventualmente hubieren escogido y de otra, en los casos del hijo ya matriculado, se le da un tratamiento discriminatorio, se lo presiona por no pertenecer a ninguna religi&oacute;n, ni querer hacerlo, hasta el punto de instalar nuevas formas de dominio, marginalizaci&oacute;n y poder sobre el estudiante que, en condiciones de infancia, es especialmente vulnerable a este tipo de rechazos.</p>     <p>Si bien -tal como qued&oacute; demostrado- los contenidos del decreto son inconstitucionales, tambi&eacute;n lo es la norma que los contiene: no se trata de un decreto reglamentario, sino que realmente se trata de un decreto de contenido legislativo en la medida en que no reglamenta nada, sino que por el contrario introduce mandatos y prohibiciones (como la creaci&oacute;n obligatoria del &aacute;rea de religi&oacute;n, la obligaci&oacute;n de evaluar dentro de la misma, la prohibici&oacute;n de los Proyectos Educativos Institucionales laicos y el r&eacute;gimen de sanciones a los ni&ntilde;os y los padres de familia por no creer en alg&uacute;n dios) que est&aacute;n reservados a la ley, m&aacute;s aun, a una ley estatutaria. En este sentido, se hace un uso abusivo de la potestad reglamentaria en la medida en que, mediante una maniobra mim&eacute;tica (presentar como reglamentario un decreto que realmente tiene contenidos de ley), se evita el control que deb&iacute;a realizar la Corte Constitucional para entreg&aacute;rselo al Consejo de Estado, donde, en t&eacute;rminos reales, no hay control.</p>     <p><b><i>1.4. El abuso con los decretos enmienda o de correcci&oacute;n de yerros caligr&aacute;ficos o topogr&aacute;ficos</i></b></p>     <p>Como fundamento de esta clase de decretos que expide el Presidente, se se&ntilde;ala el art&iacute;culo 45 de la Ley 4 de 1913 <i>sobre r&eacute;gimen pol&iacute;tico y municipal</i>. Espec&iacute;ficamente la norma establece:</p>     <blockquote>       <p>"Art&iacute;culo 45. Los yerros caligr&aacute;ficos o topogr&aacute;ficos en las citas o referencias de unas leyes a otras no perjudicar&aacute;n, y deber&aacute;n ser modificados por los respectivos funcionarios, cuando no quede duda en cuanto a la voluntad del legislador".</p> </blockquote>     <p>Esta clase de decretos viene siendo usada irregularmente en la actual administraci&oacute;n, hasta el punto de fijar interpretaciones y modificar sustancialmente textos normativos, establecer derogatorias y ejercer competencias no otorgadas al amparo de "corregir un yerro". En &uacute;ltimas, lo que se hace es legislar sin control alguno, so pretexto de hacer correcciones. Un ejemplo aberrante de esta aplicaci&oacute;n es el contenido en el Decreto 2576 de 2005 <i>por el cual se corrige un yerro en el t&iacute;tulo del Acto Legislativo N&uacute;mero 01 de 2005, "Por el cual se adiciona el art&iacute;culo 48 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica"</i>. En el art&iacute;culo &uacute;nico de esta norma el Presidente dispuso:</p>     <blockquote>       <p>Art&iacute;culo 1&deg;, Corr&iacute;jase el t&iacute;tulo del Acto Legislativo 01 de 2005, el cual quedar&aacute; as&iacute;: "ACTO LEGISLATIVO 01 DE 2005 POR EL CUAL SE ADICIONA EL ART&Iacute;CULO 48 DE LA CONSTITUCI&Oacute;N POL&Iacute;TICA.</p> </blockquote>     <p>Es absolutamente obvio que esta norma fue expedida con falta de competencia del Presidente. La enunciaci&oacute;n y correcci&oacute;n de los actos legislativos es de competencia exclusiva del poder constituyente derivado, y no del Presidente de la Rep&uacute;blica, quien no es titular de ning&uacute;n poder constituyente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, la utilizaci&oacute;n de esta clase de decretos no se ha limitado a la modificaci&oacute;n de expresiones por parte del funcionario que no tiene competencia para ello, sino que, bajo el pretexto de ajustar un texto normativo, se est&aacute;n introduciendo cl&aacute;usulas interpretativas en desmedro de la divisi&oacute;n de poderes y de la seguridad jur&iacute;dica.</p>     <p><b><i>2. LA TUTELA CONTRA SENTENCIAS COMO REFORZAMIENTO REAL DE LA SEGURIDAD JUR&Iacute;DICA Y DESMITIFICACI&Oacute;N DE LA COSA JUZGADA EN COLOMBIA</i></b></p>     <p>Puesto en evidencia que la fuente de la inseguridad jur&iacute;dica est&aacute; en el Presidente y no en los jueces, se muestra ahora que la tutela contra sentencias no genera inseguridad jur&iacute;dica, sino que, por el contrario, la refuerza. La doctrina general se&ntilde;ala que los ciudadanos concurren ante el poder judicial b&aacute;sicamente con dos objetivos: la b&uacute;squeda de protecci&oacute;n y la defensa de sus derechos. Ahora bien, nada se opone a pensar, como posibilidad real, que en la b&uacute;squeda de la defensa de sus derechos, estos resulten nuevamente vulnerados, esta vez por los jueces y con ocasi&oacute;n del tr&aacute;mite judicial. &Eacute;ste es un hecho incontestable y la evidencia emp&iacute;rica as&iacute; lo demuestra.</p>     <p>Ahora bien, frente a las decisiones de un juez de cualquier nivel (desde un juez municipal, hasta un magistrado cualquiera de una alta Corte), la situaci&oacute;n del ciudadano es la de una absoluta indefensi&oacute;n, pues bajo la aparente absolutez de la cosa juzgada, del <i>non bis in idem</i> y de la "seguridad jur&iacute;dica", ante la injusticia, la arbitrariedad o el simple desprecio por su causa, el ciudadano no podr&aacute; m&aacute;s que callar, pues el poder lo habr&aacute; avasallado. Es justo en esta dimensi&oacute;n donde cobra valor la tutela contra sentencias, pues ella responde contundentemente a dos mitos: el del car&aacute;cter absoluto de la cosa juzgada y el de la supuesta "intangibilidad" de las valoraciones de los jueces, desde la fijaci&oacute;n de sus l&iacute;mites, pues como con toda raz&oacute;n lo ha dicho el tribunal constitucional: "los jueces son independientes y aut&oacute;nomos. Su independencia es para aplicar las normas, no para dejar de aplicar la Constituci&oacute;n".<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a> (Resaltado fuera de texto).</p>     <p>Comoquiera que los enemigos de los derechos humanos se amparan en el inexistente car&aacute;cter absoluto de la cosa juzgada, a continuaci&oacute;n se enuncian las cada vez m&aacute;s crecientes rupturas de la cosa juzgada, que rompen de una buena vez la ingenua creencia de su intangibilidad, hasta evidenciar su relatividad, que acontece tanto en el plano interno, como en el internacional.<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a> En el plano interno con ocasi&oacute;n del recurso extraordinario de revisi&oacute;n y las v&iacute;as de hecho judiciales; y en el plano internacional con ocasi&oacute;n del principio de competencia o de jurisdicci&oacute;n universal, de las decisiones de la Corte Penal Internacional, de la fijaci&oacute;n de principios internacionales en documentos de la misma clase y de las decisiones de las cortes internacionales de derechos humanos.</p>     <p><b><i>2.1. La acci&oacute;n de revisi&oacute;n</i></b></p>     <p>La acci&oacute;n de revisi&oacute;n ha estado presente en el sistema colombiano a lo largo del siglo XX, tanto en la legislaci&oacute;n civil como en la penal, y en el caso espec&iacute;fico de esta &uacute;ltima, ha sido fijada en los tres &uacute;ltimos c&oacute;digos de procedimiento penal; es decir, en el Decreto ley 2700 de 1991, en la Ley 600 de 2000 y m&aacute;s recientemente, en la Ley 906 de 2004, donde la figura es reglada por el art&iacute;culo 192 que establece siete casos de procedencia de la acci&oacute;n de revisi&oacute;n en contra de sentencias ejecutoriadas (es decir, en contra de fallos que han hecho tr&aacute;nsito a cosa juzgada). Las hip&oacute;tesis all&iacute; previstas son: (1) cuando hayan sido condenados sujetos en delitos que tan solo pudieron ser cometidos por un n&uacute;mero inferior al de sujetos condenados; (2) cuando se haya proferido condena en casos en los que hubo de operar la extinci&oacute;n de la acci&oacute;n penal; (3) cuando, luego de la sentencia, surgen hechos o pruebas no conocidas que conduzcan a la inocencia del condenado; (4) cuando, una vez proferido fallo absolutorio en procesos por infracciones graves a los Derechos Humanos o al Derecho Internacional Humanitario, una instancia internacional haya declarado la violaci&oacute;n de la obligaci&oacute;n de investigar de modo serio e imparcial esas violaciones; (5) cuando con posterioridad a la sentencia se demuestra que el fallo fue determinado por delito de juez o de un tercero; (6) cuando se demuestra que el fallo se fund&oacute; en prueba falsa; o (7) cuando mediante pronunciamiento judicial la Corte haya cambiado el criterio que sirvi&oacute; para sustentar la sentencia condenatoria.</p>     <p>La acci&oacute;n de revisi&oacute;n, que no es un recurso, tiene como finalidad adelantar un examen de los hechos nuevos que entran a afectar la decisi&oacute;n adoptada y que por lo mismo desplazan a la cosa juzgada, negando de plano su pretendido car&aacute;cter de "inmutable, intangible, definitiva, indiscutible". En este sentido, la acci&oacute;n de revisi&oacute;n demuestra que "a pesar de la importancia de la cosa juzgada, es claro que esa figura no puede ser absoluta pues puede entrar a veces en colisi&oacute;n con la justicia material del caso concreto".<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a></p>     <p><b><i>2.2. Las v&iacute;as de hecho judiciales</i></b></p>     <p>La procedencia de la acci&oacute;n de tutela en contra de providencias judiciales, denominada gen&eacute;ricamente como <i>v&iacute;a de hecho judicial</i>, es otra de las evidencias en contra de la afirmaci&oacute;n del car&aacute;cter absoluto de la cosa juzgada. La acci&oacute;n de tutela se encuentra en el art&iacute;culo 86 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, as&iacute; como en el Decreto 2591 de 1991 que la desarroll&oacute; por v&iacute;a legal. Esta &uacute;ltima norma establec&iacute;a en su art&iacute;culo 40 la posibilidad de accionar en contra de providencias judiciales. Aunque dicho art&iacute;culo fue declarado inexequible mediante Sentencia C-543 de 1992, la Corte Constitucional acept&oacute; expresamente la procedencia de la Acci&oacute;n de Tutela en contra de providencias judiciales, en los casos de <i>"actuaciones de hecho imputables al funcionario"</i>, caso en el cual se consider&oacute; que no se estaba en presencia de un acto judicial sino de un acto de poder. Al respecto la sentencia se&ntilde;al&oacute; puntualmente:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>As&iacute;, por ejemplo, nada obsta para que por la v&iacute;a de la tutela se ordene al juez que ha incurrido en dilaci&oacute;n injustificada que proceda a resolver o que observe con diligencia los t&eacute;rminos judiciales, ni ri&ntilde;e con los preceptos constitucionales la utilizaci&oacute;n de esta figura ante <b>actuaciones de hecho</b> imputables al funcionario por medio de las cuales se desconozcan o amenacen los derechos fundamentales...</p> </blockquote>     <p>En hip&oacute;tesis como &eacute;stas no puede hablarse de atentado alguno contra la seguridad jur&iacute;dica de los asociados, sino que se trata de hacer realidad los fines que persigue la justicia<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a> (negrillas dentro del texto).</p>     <p>Desde el a&ntilde;o 1992, y hasta la fecha, ha sido construida una s&oacute;lida doctrina alrededor de la procedencia de la Acci&oacute;n de Tutela en contra de providencias judiciales. Fueron fijadas inicialmente cuatro modalidades o eventos en los que proced&iacute;a el amparo. A estas modalidades la doctrina constitucional las denomin&oacute; <i>"defectos"</i> y fueron establecidos inicialmente en un n&uacute;mero de cuatro.<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a> Posteriormente, a partir del a&ntilde;o 2003, la Corte Constitucional dio paso a lo que describi&oacute; como una <i>"redefinici&oacute;n dogm&aacute;tica</i>"<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a> de la figura, que consisti&oacute; b&aacute;sicamente en dos cuestiones: en primer lugar, en pasar de la expresi&oacute;n <i>"v&iacute;as de hecho</i>" a la de <i>"causales gen&eacute;ricas de procedibilidad de la tutela contra providencias judiciales</i>"; y en segundo lugar al ensanchamiento de la figura, de modo tal que no se limite simplemente a los cuatro defectos iniciales (los defectos org&aacute;nico, sustantivo, f&aacute;ctico y procedimental), sino que por el contrario resulte posible ampliar el amparo a situaciones que vayan m&aacute;s all&aacute; (como la v&iacute;a de hecho por consecuencia, la violaci&oacute;n del precedente, la falta de motivaci&oacute;n y la violaci&oacute;n directa de la Constituci&oacute;n), manteni&eacute;ndose, sin embargo, como tesis central que procede la tutela "porque la soluci&oacute;n que el juez resolvi&oacute; imponer al asunto sometido a su consideraci&oacute;n no concuerda con los dictados de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, puede decirse que su legalidad es s&oacute;lo aparente, y que el juez constitucional debe intervenir, porque la ausencia de juridicidad impone que las sentencias no puedan ser definitivas".<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a> Por medio del mecanismo, dolores hist&oacute;ricos de los colombianos causados por jueces, han tenido correcciones aleccionadoras, siendo algunos de los m&aacute;s notorios los casos de suplantaci&oacute;n de delincuentes en procesos penales, casos de hom&oacute;nimos con delincuentes, las impunidades de la justicia penal militar, las arbitrariedades en el manejo del r&eacute;gimen pensional, o el incumplimiento de los jueces de instancia de las reglas de la justicia constitucional.<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a></p>     <p><b><i>2.3. Las decisiones de la Corte Penal Internacional</i></b></p>     <p>La Corte Penal Internacional, as&iacute; como los tribunales an&aacute;logos que se establezcan en el futuro, son otro potente argumento en contra de la falsa inmutabilidad y absolutez de la cosa juzgada, en la medida en que dentro de sus poderes est&aacute;, obviamente, el de dejar sin efectos los juzgamientos de los Estados partes, que se hayan efectuado por debajo de los est&aacute;ndares internacionales vigentes, en los asuntos que son de competencia de la Corte Penal Internacional.</p>     <p>El Estatuto de Roma que dio lugar a la Corte Penal Internacional es el resultado final de una serie de intentos por articular tribunales internacionales de juzgamiento penal. El Estatuto hace, entre los art&iacute;culos 5 a 8, la enunciaci&oacute;n de los cr&iacute;menes que son de competencia de la Corte Penal Internacional, dispuestos en cuatro categor&iacute;as b&aacute;sicas: genocidio, cr&iacute;menes de guerra, cr&iacute;menes de lesa humanidad y el crimen de agresi&oacute;n. Ahora bien, aunque la competencia de esta Corte es complementaria a las jurisdicciones nacionales, acontece que de conformidad con los art&iacute;culos 17.2 y 17.3, la Corte s&iacute; puede desconocer la cosa juzgada interna y adelantar nuevos juzgamientos en los casos de "falta de disposici&oacute;n" por parte del Estado, as&iacute; como en los casos en que el Estado es "incapaz" de juzgar al agresor, como ocurre con el otorgamiento de amnist&iacute;as, indultos o perdones generalizados y, en general, en los casos de impunidad sobre asuntos de competencia de la Corte. En estos eventos, como en los ya enumerados, mal puede hablarse de "inmutabilidad" del fallo, o de la "intangibilidad" de la cosa juzgada.</p>     <p>M&aacute;s a&uacute;n, el art&iacute;culo 20 del Estatuto de Roma regula espec&iacute;ficamente los l&iacute;mites de la cosa juzgada interna, bajo la noci&oacute;n de <i>justicia efectiva</i> que "est&aacute; recogida en el Estatuto de la Corte Penal Internacional, cuando se refiere a la competencia de ese alto tribunal en los casos en que la intervenci&oacute;n y actuaci&oacute;n de los tribunales no ser&aacute;n consideradas como cosa juzgada que impida la aplicaci&oacute;n de dicha competencia".<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a> Un caso espec&iacute;fico de superaci&oacute;n de la cosa juzgada interna por la Corte Penal Internacional, es el relacionado con la orden de captura internacional, emitida el 12 de mayo de 2007, en contra de Ahmad Mohammed Harun, ex secretario (ministro) de Estado del Interior y jefe de seguridad en Dafur, quien ya hab&iacute;a sido juzgado por el gobierno sudan&eacute;s y liberado por falta de pruebas.<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a></p>     <p><b><i>2.4. El principio de competencia o de jurisdicci&oacute;n universal</i></b></p>     <p>El principio de jurisdicci&oacute;n universal o de competencia universal, como otros lo denominan, es otro claro argumento en contra del mito jur&iacute;dico de la inmutabilidad o de la intangibilidad de la cosa juzgada, en la medida en que permite la persecuci&oacute;n judicial de cualquier perpetrador, as&iacute; este haya sido juzgado anteriormente en su pa&iacute;s de origen o en cualquier otro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este principio consiste en el ejercicio de una forma absoluta de jurisdicci&oacute;n "que establece que los tribunales nacionales pueden investigar y sancionar a una persona sospechosa de cometer un delito en cualquier lugar del mundo, con independencia de la nacionalidad del acusado o de la v&iacute;ctima, o en ausencia de todo v&iacute;nculo con el Estado en que ejerce dicho tribunal",<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a> siendo adicionalmente caracterizado en el No. 23 de los <i>Principios de Joinet,<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a></i> como una competencia subsidiaria de los tribunales de cualquier Estado, que procede fundada en uno cualquiera de los siguientes instrumentos: Una cl&aacute;usula expresa de competencia universal prevista en cualquier tratado vigente (i) y una norma de derecho interno que establezca competencia extraterritorial de ese Estado, con ocasi&oacute;n de la realizaci&oacute;n de delitos graves (ii).</p>     <p>A la fecha, numerosos pa&iacute;ses europeos han incrementado el uso y aplicaci&oacute;n de este principio. Alemania, Austria, Dinamarca, los Pa&iacute;ses Bajos, Suecia, Suiza, B&eacute;lgica, Francia y Espa&ntilde;a vienen ejerciendo la cl&aacute;usula, especialmente en los casos de persecuci&oacute;n a los represores africanos y latinoamericanos. Si bien el <i>Caso Pinochet</i> suele ser presentado como ejemplo paradigm&aacute;tico,<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a> tambi&eacute;n lo son los casos de capturas y juzgamiento de los militares represores argentinos. En estos casos, no s&oacute;lo no opera la falsa "inmutabilidad" de la sentencia, sino que la cosa juzgada deja de ser operativa, por encubrir la impunidad de los cr&iacute;menes.</p>     <p><b><i>2.5. La enunciaci&oacute;n de principios en documentos del Sistema Internacional de Protecci&oacute;n</i></b></p>     <p>Adem&aacute;s de las anteriores instituciones jur&iacute;dicas que demuestran lo falso que resulta afirmar el car&aacute;cter absoluto de la cosa juzgada o la inmutabilidad de los fallos, dos informes de Naciones Unidas, conocidos como <i>Principios de Joinet</i> y <i>Principios de Orentlicher</i>, contienen la enumeraci&oacute;n de una serie de instituciones jur&iacute;dicas que resulta limitada en los casos de lucha contra la impunidad, y dentro de la cual est&aacute; comprendida la cosa juzgada, as&iacute; como los dispositivos que dan lugar a ella.</p>     <p>De esta manera, el texto del relator especial Celestine Joinet establece, entre los principios 26 a 35, que la prescripci&oacute;n de los delitos graves, la amnist&iacute;a, el derecho de asilo, la no extradici&oacute;n, la improcedencia de los procesos en ausencia, la obediencia debida, la competencia de la justicia penal militar y el principio de inamobilidad de los jueces, deben ser restringidos en los casos de negociaci&oacute;n o de transici&oacute;n, pues de no ser as&iacute; se continuar&iacute;a con la impunidad y la reproducci&oacute;n de la atrocidad. Espec&iacute;ficamente en el caso de la amnist&iacute;a, la regla -posteriormente acogida por la Corte Interamericana- se&ntilde;ala puntualmente, en el principio 28, que "los autores de delitos graves conforme al derecho internacional y los autores de violaciones masivas o sistem&aacute;ticas no podr&aacute;n beneficiarse de la amnist&iacute;a a menos que las v&iacute;ctimas dispongan de un recurso eficaz y obtengan una decisi&oacute;n equitativa y efectiva",<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a> con lo cual se busca impedir la pr&aacute;ctica del otorgamiento de beneficios amplios, como acontece sistem&aacute;ticamente en Am&eacute;rica Latina al cierre de dictaduras y de periodos de autoritarismo.</p>     <p>La anterior enunciaci&oacute;n, vinculante para los pa&iacute;ses miembros de la Organizaci&oacute;n de Naciones Unidas, ha sido actualizada con el informe de Diane Orentlicher, experta independiente encargada de actualizar el conjunto de principios para la lucha contra la impunidad,<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a> especialmente de conformidad con lo referido en los principios 22 (sobre el car&aacute;cter de las medidas restrictivas encaminadas a evitar la impunidad) y 23b, que espec&iacute;ficamente establece las restricciones al <i>non bis in idem</i>. De esta manera y por la v&iacute;a de los principios acogidos por la comunidad internacional, resulta tambi&eacute;n obvio el l&iacute;mite de la cosa juzgada.</p>     <p><b><i>3. LA TUTELA CONTRA SENTENCIAS EN COLOMBIA: UN REFLEJO DE LA DECLARATORIA DE RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DE ESTADOS POR LA CORTE INTERAMERICANA, POR VIOLACI&Oacute;N DE LOS DERECHOS HUMANOS MEDIANTE SENTENCIAS</i></b></p>     <p>Los enemigos de los derechos humanos en Colombia han querido presentar a la tutela contra sentencias como un hecho ex&oacute;tico de algunos jueces que viola el principio de cosa juzgada, el <i>non bis in idem</i> y que atenta contra su "seguridad jur&iacute;dica". Esta manera de sentir lo &uacute;nico que denota es una gran ignorancia. Basta conocer algo de la Corte Europea de Derechos Humanos, de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos (de la que Colombia es Estado parte) y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (cuya competencia contenciosa fue aceptada expresamente por Colombia), para entender que la cosa juzgada no es un principio absoluto (i); que el <i>non bis in idem</i> tampoco es absoluto (ii) y que el amparo contra sentencias, la v&iacute;a de hecho internacional y la violaci&oacute;n de los derechos humanos en Am&eacute;rica y en Colombia no s&oacute;lo es frecuente, sino recurrente (iii).</p>     <p>La mejor evidencia es el est&aacute;ndar vigente y obligatorio fijado por la Corte Interamericana para todo el sistema interamericano y, por lo mismo, obligatorio para Colombia. Para la Corte Interamericana no es cierto que de toda sentencia surja la cosa juzgada, el <i>non bis in idem</i> y como consecuencia, su "seguridad jur&iacute;dica", tal y como lo sostienen quienes no simpatizan con los derechos humanos. Por el contrario, ninguno de esos es un derecho absoluto y, por lo tanto, no resulta aplicable cuando: la actuaci&oacute;n del tribunal obedeci&oacute; al prop&oacute;sito de sustraer al acusado de la responsabilidad penal (i), el procedimiento no fue instruido independiente o imparcialmente (ii), o no hubo la intenci&oacute;n real de someter al responsable a la acci&oacute;n de la justicia. "Una sentencia pronunciada en las circunstancias indicadas produce una cosa juzgada ‘aparente’ o ‘fraudulenta’".<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a> M&aacute;s aun, la Corte ha condenado a estados por violaci&oacute;n de las garant&iacute;as judiciales (art. 8 de la Convenci&oacute;n) y protecci&oacute;n judicial (art. 25 de la convenci&oacute;n), en casos de violaci&oacute;n de los derechos humanos por los jueces internos al valorar la prueba, o al abstenerse de decretarla, o al no querer valorarla, tal y como acontece con el <i>defecto f&aacute;ctico</i> para v&iacute;a de hecho en Colombia.<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a></p>     <p>Como adicionales e innegables evidencias de la violaci&oacute;n de los derechos humanos por parte de los jueces y de la procedencia tanto del amparo nacional como de la condena internacional, rese&ntilde;o dos fallos emblem&aacute;ticos en los que la Corte Interamericana dispuso la nulidad de los fallos proferidos por los jueces internos de cada uno de los Estados parte, con la orden de proferir una nueva decisi&oacute;n, esta vez conforme con los est&aacute;ndares de protecci&oacute;n de los derechos construidos en el Sistema Interamericano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>3.1. V&iacute;a de hecho por defecto org&aacute;nico en sentencias de la Corte Interamericana</i></b></p>     <p>Se est&aacute; en presencia de un defecto org&aacute;nico cuando el funcionario judicial que profiri&oacute; la decisi&oacute;n carece de competencia. A este suceso tambi&eacute;n se lo caracteriza como el hecho de la violaci&oacute;n del juez natural, siendo mod&eacute;licos los casos de juzgamiento de civiles por cortes militares, o su contrario, el juzgamiento de militares por cortes marciales, por actos realizados fuera del servicio o que constituyan cr&iacute;menes de lesa humanidad.</p>     <p>Per&uacute; ha sido uno de los Estados m&aacute;s condenados internacionalmente por la ocurrencia de esta clase de defecto, siendo paradigm&aacute;tico el <i>Caso La Cantuta contra Per&uacute;</i>, que involucra tanto la continuaci&oacute;n en el patr&oacute;n sistem&aacute;tico de violaci&oacute;n de los derechos humanos sobre el opositor pol&iacute;tico, como la implementaci&oacute;n de una estructura de impunidad montada alrededor del juzgamiento por tribunales militares, con violaci&oacute;n del principio de competencia y del juez natural. La Corte, al identificar el contexto de las violaciones, fue absolutamente clara:</p>     <blockquote>       <p>81. Los hechos del presente caso revisten una particular gravedad por el contexto hist&oacute;rico en que ocurrieron: <b>un contexto de pr&aacute;ctica sistem&aacute;tica de detenciones ilegales y arbitrarias, torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, perpetradas por las fuerzas de seguridad e inteligencia estatales,</b> cuyas caracter&iacute;sticas y din&aacute;mica han sido esbozadas en los hechos probados (supra p&aacute;rr. <b></b>80.1 a 80.8). Es decir, los graves hechos se enmarcan en el car&aacute;cter sistem&aacute;tico de la <b></b>represi&oacute;n a que fueron sometidos determinados sectores de la poblaci&oacute;n designados <b></b>como subversivos o de alguna manera contrarios u opositores al gobierno, con pleno <b></b>conocimiento e incluso &oacute;rdenes de los m&aacute;s altos mandos de las fuerzas armadas, <b></b>de los servicios de inteligencia y del poder ejecutivo de ese entonces, mediante las <b></b>estructuras de seguridad estatales, las operaciones del denominado "Grupo Colina" <b></b>y el contexto de impunidad que favorec&iacute;a esas violaciones.</p>       <p>82. <b>La particular gravedad de los hechos se revela en la existencia de toda una estructura de poder organizado y de procedimientos codificados mediante los cuales operaba la pr&aacute;ctica de las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas.</b> Estos no constitu&iacute;an hechos aislados o espor&aacute;dicos, sino <b>que llegaron a configurar un patr&oacute;n</b> de conducta durante la &eacute;poca en que ocurrieron los hechos, como m&eacute;todo de eliminaci&oacute;n de miembros o sospechosos de pertenecer a organizaciones subversivas, empleada en forma sistem&aacute;tica y generalizada por agentes <b></b>estatales, la mayor&iacute;a de las veces por miembros de las Fuerzas Armadas" (resaltado <b></b>fuera de texto).<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a></p> </blockquote>     <p>Los hechos reconocidos por el Estado en su aceptaci&oacute;n parcial de responsabilidad, adem&aacute;s probados por la Corte, se&ntilde;alan que el 18 de julio de 1992 en las horas de la madrugada, miembros del ej&eacute;rcito peruano y del "Grupo Colina", irrumpieron en las residencias de profesores y alumnos de la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n Enrique Guzm&aacute;n y Valle, La Cantuta, en la ciudad de Lima, donde violentamente secuestraron a nueve estudiantes y al profesor Hugo Mu&ntilde;oz S&aacute;nchez, quienes figuraban en una lista. Como precedente se mencion&oacute; que hab&iacute;a sido expedido el Decreto ley 726 de noviembre 8 de 1991, que permit&iacute;a la intervenci&oacute;n del ej&eacute;rcito en las universidades. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el 12 de julio de 1993, la revista <i>"S&iacute;"</i> denunci&oacute; la existencia de fosas comunes en las poblaciones de Huachipa y Cieneguilla, donde luego de trabajos de exhumaci&oacute;n fueron identificados fragmentos de los cuerpos de dos de los estudiantes, sin que apareciesen los ocho cuerpos restantes.</p>     <p>La investigaci&oacute;n fue inicialmente asumida por la justicia ordinaria, pero tras la expedici&oacute;n de la Ley 26291 de febrero 8 de 1994 (aprobada en un solo d&iacute;a), fue trasladada al fuero militar, en el que fueron proferidas algunas sentencias condenatorias con penas m&iacute;nimas el 21 de febrero de 1994, con sobreseimiento para los autores intelectuales. Posteriormente, el 16 de junio de 1995, los procesos se daban por terminados y los condenados recib&iacute;an la libertad, en virtud de las leyes 26479 de junio 14 de 1995 (de amnist&iacute;a) y 26492 de junio 16 de 1995 (de "interpretaci&oacute;n aut&eacute;ntica").</p>     <p>Los hechos del <i>Caso La Cantuta</i>, que acontecieron el 18 de julio de 1992, fueron denunciados ante la Comisi&oacute;n el 30 de julio siguiente, y el caso fue abierto el 4 de agosto de 1992 bajo el No. 11045. Surtido el tr&aacute;mite ante la Comisi&oacute;n, el 10 de febrero de 2006 fue sometido ante la Corte Interamericana por el incumplimiento del Estado a las recomendaciones. Notificada la demanda, el 21 de julio de 2006 el Estado present&oacute; escrito de contestaci&oacute;n efectuando un allanamiento sobre los hechos alegados, pero contradiciendo sus consecuencias y reconociendo parcialmente su responsabilidad internacional por algunas de las violaciones alegadas por la Comisi&oacute;n. Finalmente la Corte Interamericana declar&oacute; la responsabilidad internacional del Estado por la violaci&oacute;n de los art&iacute;culos 4.1 (vida), 5.1 y 5.2 (integridad personal), 7 (libertad personal), 8.1 (garant&iacute;as judiciales) y 25 (protecci&oacute;n judicial), en relaci&oacute;n con el art&iacute;culo 1.1 (obligaci&oacute;n de respetar los derechos) y 2 (obligaci&oacute;n de adoptar disposiciones de derecho interno) de la Convenci&oacute;n, y en lo que tuvo que ver con la violaci&oacute;n de los derechos contenido en &eacute;sta, derivada de los juzgamiento por los jueces militares carentes de competencia, en los puntos resolutivos el Tribunal dispuso:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>9. El Estado debe realizar inmediatamente las debidas diligencias para completar eficazmente y llevar a t&eacute;rmino, en un plazo razonable, las investigaciones abiertas y los procesos penales incoados en la jurisdicci&oacute;n penal com&uacute;n, as&iacute; como activar, en su caso, los que sean necesarios, para determinar las correspondientes responsabilidades penales de todos los autores de los hechos cometidos en perjuicio de Hugo Mu&ntilde;oz S&aacute;nchez, Dora Oyague Fierro, Marcelino Rosales C&aacute;rdenas, Bertila Lozano Torres, Luis Enrique Ortiz Perea, Armando Richard Amaro C&oacute;ndor, Robert Edgar Teodoro Espinoza, Her&aacute;clides Pablo Meza, Juan Gabriel Mari&ntilde;os Figueroa y Felipe Flores Chipana, en los t&eacute;rminos del p&aacute;rrafo 224 de la Sentencia. Con el prop&oacute;sito de juzgar y, en su caso, sancionar a todos los responsables de las violaciones cometidas, el Estado debe continuar adoptando todas las medidas necesarias, de car&aacute;cter judicial y diplom&aacute;tico, y proseguir impulsando las solicitudes de extradici&oacute;n que correspondan, bajo las normas internas o de derecho internacional pertinentes, en los t&eacute;rminos de los p&aacute;rrafos 224 a 228 de la Sentencia".<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a></p> </blockquote>     <p><b><i>3.2. V&iacute;as de hecho por defecto f&aacute;ctico en sentencias de la Corte Interamericana</i></b></p>     <p>Acontece el defecto f&aacute;ctico cuado la decisi&oacute;n tomada por los jueces carece de apoyo o tiene deficiencias probatorias porque la decisi&oacute;n est&aacute; fundada en prueba il&iacute;cita, porque se hayan declarado como probados hechos que carecen de prueba, porque se haya omitido o negado el decreto y pr&aacute;ctica de pruebas determinantes, porque se haya omitido la valoraci&oacute;n de las pruebas centrales del proceso, o porque habiendo acontecido la valoraci&oacute;n de la prueba, &eacute;sta es defectuosa o contraevidente.</p>     <p>Ente los fallos dictados por la Corte Interamericana, la sentencia de fondo proferida en el <i>Caso Villagr&aacute;n Morales y otros (Caso de los "ni&ntilde;os de la calle") contra Guatemala</i> es un buen ejemplo de declaratoria de responsabilidad internacional a un Estado Parte, entre otros sucesos, por la configuraci&oacute;n de un defecto f&aacute;ctico sobre providencias judiciales proferidas por jueces nacionales de Guatemala.</p>     <p>Las sentencias de la Corte Interamericana permiten articular un relato acerca de la verdad acontecida en Guatemala. Desde el a&ntilde;o 1962, dicho Estado vivi&oacute; una situaci&oacute;n de conflicto armado interno, en el que la posici&oacute;n estatal fue la de aplicar la "doctrina de la seguridad nacional", dise&ntilde;ada desde Estados Unidos bajo la idea del exterminio de lo que se llam&oacute; el "enemigo interno". En dicho contexto, el 23 de marzo de 1982 aconteci&oacute; un Golpe de Estado, asumiendo el poder una Junta Militar de Gobierno conformada por los generales Jos&eacute; Efra&iacute;n R&iacute;os Montt, Horacio Egberto Maldonado Sahaad y Francisco Luis Gordillo Mart&iacute;nez. Tales sujetos adoptaron, en abril de 1982, el <i>Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo</i>, fijando objetivos militares, pol&iacute;ticos y administrativos, incluyendo el plan de campa&ntilde;a militar <i>"Victoria 82"</i>. De esta manera y en la conjunci&oacute;n de la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo, fueron dise&ntilde;adas y articuladas diversas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de terror dirigidas desde el Gobierno estatal, que asumieron tres planos generales que constituyen el contexto de diversos patrones de acci&oacute;n estatal en Guatemala: la realizaci&oacute;n de matanzas y masacres colectivas dirigidas al exterminio y desarticulaci&oacute;n de la Comunidad Ind&iacute;gena Maya (i), la pol&iacute;tica estatal de homicidios selectivos y desapariciones forzadas sobre ni&ntilde;os (ii), y la pol&iacute;tica estatal de homicidios selectivos y desapariciones sobre opositores pol&iacute;ticos (iii).</p>     <p>Finalmente, entre los a&ntilde;os 1990 y 1996, fueron adelantadas negociaciones de paz que eventualmente culminaron con la suscripci&oacute;n de doce acuerdos realizados entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala (URNG), donde se incluy&oacute; el acuerdo de junio 23 de 1994, que cre&oacute; la Comisi&oacute;n Para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico de las Violaciones de los Derechos Humanos (CEH).</p>     <p>De acuerdo con los hechos probados en el proceso, los j&oacute;venes Henry Giovanni Contreras, Federico Clemente Figueroa T&uacute;nchez, Julio Roberto Caal Sandoval, Jovito Josu&eacute; Su&aacute;rez Cifuentes y Anstraum Aman Villagr&aacute;n Morales, la mayor&iacute;a menores de edad, eran ni&ntilde;os de la calle, amigos entre s&iacute; que habitaban en 1990 en la calle 18, entre carreras 4 y 5 de la zona de "Las Casetas" en Guatemala. De acuerdo con la Corte, "en la &eacute;poca en que sucedieron los hechos, exist&iacute;a en Guatemala un patr&oacute;n com&uacute;n de acciones al margen de la ley, perpetradas por agentes de seguridad estatales, en contra de los "ni&ntilde;os de la calle"; esta pr&aacute;ctica inclu&iacute;a amenazas, detenciones, tratos crueles, inhumanos y degradantes y homicidios como medio para contrarrestar la delincuencia y vagancia juvenil".<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a></p>     <p>Ocurri&oacute; que el 15 de junio de 1990, hombres armados a bordo de una camioneta secuestraron a cuatro de los j&oacute;venes en "Las Casetas", para luego torturarlos y asesinarlos, abandonando los cad&aacute;veres en los Bosques de San Nicol&aacute;s en Guatemala. Posteriormente, en la medianoche del 25 del mismo mes, fue tambi&eacute;n asesinado Anstraum Anam Villagr&aacute;n Morales en "Las Casetas". El Juez Primero de Paz de Mixco, Departamento de Guatemala, practic&oacute; pruebas y sindic&oacute; como sospechosos a los agentes de la Polic&iacute;a Nacional N&eacute;stor Fonseca L&oacute;pez y Samuel Rocael Valdez Z&uacute;&ntilde;iga y a la se&ntilde;ora Rosa Trinidad Morales P&eacute;rez, due&ntilde;a de una de las casetas de la zona, tambi&eacute;n vinculada en actividades de prostituci&oacute;n y hechicer&iacute;a. El 25 de marzo de 1991, con base en diversas pruebas de bal&iacute;stica, reconocimiento fotogr&aacute;fico y testimonios practicados, un informe policial se&ntilde;al&oacute; como responsables de los cr&iacute;menes a las personas ya mencionadas. Terminada la etapa del sumario, todas las investigaciones fueron remitidas al Juzgado Tercero de Primera Instancia, que el 26 de diciembre de 1991 dict&oacute; sentencia de primera instancia, absolviendo a los procesados, tras rechazar gran cantidad de pruebas (el reconocimiento personal de los tres imputados, los informes sobre los turnos de servicio, el informe sobre el arma homicida, el reconocimiento dental, la reconstrucci&oacute;n de los hechos y las declaraciones de los familiares de los muertos).</p>     <p>Apelado el fallo por el Ministerio P&uacute;blico, fue llevado en segunda instancia a la Sala Cuarta de la Corte de Apelaciones, la que neg&oacute; la pr&aacute;ctica de nuevas pruebas y dict&oacute; sentencia el 25 de marzo de 1992, confirmando la absoluci&oacute;n. El Ministerio P&uacute;blico interpuso entonces el recurso de casaci&oacute;n, invocando varias causales, siendo finalmente confirmada la sentencia por la Corte Suprema de Justicia de Guatemala.</p>     <p>Dada la situaci&oacute;n, los hechos fueron llevados a conocimiento de la Comisi&oacute;n Interamericana, y &eacute;sta present&oacute; el caso ante la Corte Interamericana el 7 de enero de 1997, se&ntilde;alando la responsabilidad del Estado por la violaci&oacute;n de los derechos a la vida, integridad personal, libertad personal, garant&iacute;as judiciales y protecci&oacute;n judicial. La audiencia p&uacute;blica ante la Corte fue celebrada los d&iacute;as 28 y 29 de enero de 1999, siendo proferida la sentencia de fondo el 19 de noviembre de 1999, que declar&oacute; la responsabilidad internacional del Estado de Guatemala, por la violaci&oacute;n de los art&iacute;culos 7 (libertado personal), 4 (vida), 5.1 y 5.2 (integridad personal), 8.1 (garant&iacute;as judiciales), 25 (protecci&oacute;n judicial) y 19 (derechos de los ni&ntilde;os) de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos. Adicionalmente declar&oacute; la responsabilidad del Estado por la violaci&oacute;n de los art&iacute;culos 1, 6 y 8 de la Convenci&oacute;n Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En lo que tiene que ver espec&iacute;ficamente con las decisiones de los jueces de Guatemala y con la consumaci&oacute;n de la impunidad, la Corte Interamericana encontr&oacute; que el Estado pretend&iacute;a lograr la impunidad, escud&aacute;ndose en la supuesta autonom&iacute;a de los actos judiciales. En este sentido la Corte sostuvo en contra de las sentencias judiciales proferidas, aun por la Corte Suprema de Justicia de Guatemala, que "en el expediente existen abundantes constancias que demuestran que las autoridades judiciales que condujeron las actuaciones originadas en el secuestro, tortura y homicidio (...) faltaron al deber de adelantar una investigaci&oacute;n y un proceso judicial adecuados que llevaran al castigo de los responsables, y afectaron el derecho de los familiares de las v&iacute;ctimas a ser o&iacute;dos y a tramitar sus acusaciones ante un tribunal independiente e imparcial",<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a> de donde result&oacute; configurado un defecto f&aacute;ctico, que la Corte precis&oacute; en t&eacute;rminos conclusivos de la siguiente manera:</p>     <p>233. Visto en su conjunto el proceder de aquellos jueces, se hace evidente que fragmentaron el acervo probatorio y luego pretendieron enervar, caso por caso, los alcances de todos y cada uno de los elementos probatorios de la responsabilidad de los imputados. Esto contraviene los principios de valoraci&oacute;n de la prueba, de acuerdo con los cuales las evidencias deben ser apreciadas en su integridad, es decir, teniendo en cuenta sus relaciones mutuas y la forma como se prestan soporte unas a otras o dejan de hacerlo. De esta manea el Estado dej&oacute; de cumplir con la obligaci&oacute;n de investigar efectiva y adecuadamente los hechos de que se trata, en violaci&oacute;n del art&iacute;culo 1.1 de la Convenci&oacute;n Americana, en conexi&oacute;n con el art&iacute;culo 1.1 de la misma.<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a></p>     <p>Finalmente, y como consecuencia de lo anterior, en el punto resolutivo No. 8 del fallo, la Corte decidi&oacute;:</p>     <blockquote>       <p>Declarar que el Estado viol&oacute; el art&iacute;culo 1.1 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos en lo relativo al deber de investigar, que el Estado debe realizar una investigaci&oacute;n real y efectiva para determinar las personas responsables de las violaciones de los derechos humanos a que se ha hecho referencia en esta Sentencia y, eventualmente, sancionarlas.</p> </blockquote>     <p><b><i>CONCLUSIONES</i></b></p>     <p>De acuerdo con lo expuesto, alrededor de los temas de la "seguridad jur&iacute;dica" y los fallos de control de constitucionalidad, tanto abstracto como concreto, es posible identificar dos posturas b&aacute;sicas:</p>     <li>La primera, formulada principalmente por los paleopositivistas del derecho administrativo, as&iacute; como por los cultores de ese g&eacute;nero en extinci&oacute;n que alguna vez se denomin&oacute; "Derecho Laboral", sostiene que el ejercicio del control constitucional genera una gran inseguridad jur&iacute;dica, en la medida en que mediante sentencias moduladas, ajusta la interpretaci&oacute;n de los enunciados legislativos (en el control abstracto) y dispone la anulaci&oacute;n de providencias judiciales (en el control concreto).</li>     <li>La segunda posici&oacute;n se&ntilde;ala que la inseguridad jur&iacute;dica no tiene origen judicial, sino que por el contrario, el Congreso y la Presidencia de la Rep&uacute;blica son los agentes productores de inseguridad. De esta manera la permanente profusi&oacute;n de normas y el abuso con los decretos presidenciales produce, adem&aacute;s de una gran volatilidad jur&iacute;dica, el rompimiento real del sistema de fuentes, en la disoluci&oacute;n de la diferencia entre lo que le corresponde a la ley y lo que le corresponde al reglamento. </li>     <p>Ahora bien, independientemente de la postura que se adopte, la evidencia indica que las sentencias judiciales no son intangibles ni en el derecho interno, ni en el Sistema Interamericano de Protecci&oacute;n. Por el contrario, el encuentro con las sentencias proferidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos evidencia la necesidad de ejercer control judicial sobre las sentencias que profieren los jueces internos, en la medida en que &eacute;stas son otro de los veh&iacute;culos de violaci&oacute;n de los derechos humanos en la Regi&oacute;n. En este sentido la discusi&oacute;n acerca de la seguridad jur&iacute;dica va mucho m&aacute;s all&aacute; del espacio miserable al que han querido reducirla laboralistas y administrativistas, hasta involucrar el encuentro del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y del surgimiento de la responsabilidad internacional de los Estados Parte en la Convenci&oacute;n, por las acciones y las omisiones de jueces y magistrados locales. Lo que indica en &uacute;ltimas el Sistema de Protecci&oacute;n es que la calidad de juez o de magistrado y el embeleco de la sentencia de "punto final" (donde los fallos que conceden amnist&iacute;as por la comisi&oacute;n de cr&iacute;menes atroces son un buen ejemplo) no constituyen cl&aacute;usulas de inmunidad por la responsabilidad derivada de la violaci&oacute;n de los derechos humanos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Corte Constitucional. Sentencia C-070 de 2009, M.P. Humberto Sierra Porto y Clara Elena Reales Guti&eacute;rrez.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Esta rese&ntilde;a es tomada de Quinche Riveros, V&iacute;ctor. <i>Voz del pensionado</i>, A&ntilde;o XXII, N&uacute;mero 49. <b>(s.e.).</b> Bogot&aacute;, abril de 2010, p. 4. <b></b></p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n. Concepto No. 4921 de marzo 2 de 2010. Expediente No. RE-152.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Corte Constitucional. Sentencia C-028 de 1997, M.P. Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, consideraci&oacute;n jur&iacute;dica No. 7.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Corte Constitucional. Sentencia C-512 de 1997, M.P. Jorge Arango Mej&iacute;a.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. Una presentaci&oacute;n extensa de este uso puede ser le&iacute;da en Quinche Ram&iacute;rez, Manuel. "La clase de religi&oacute;n en los colegios. Otro caso de elusi&oacute;n constitucional mediante decreto reglamentario". En: <i>Revista de la Academia Colombiana de Jurisprudencia</i> No. 334. <b>s.e., s.c.,</b> abril de 2007, pp. 119-147.</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Ver, entre muchas otras, la Sentencia SU-1219 de 2001, M.P. Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, consideraci&oacute;n jur&iacute;dica No. 7.2.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. Una presentaci&oacute;n m&aacute;s extensa de la siguiente secuencia puede ser encontrada en Quinche, Manuel. "La cosa juzgada como fuente de impunidad. Sus l&iacute;mites en tiempos de globalizaci&oacute;n del derecho". En: <i>Temas vigentes en materia de Derecho procesal y probatorio</i>. Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2008, pp. 298-323. Debe precisarse, sin embargo, que esta secci&oacute;n sigue la estructura y contenidos de ese texto.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Sentencia C-004 de 2003, M.P. Eduardo Montealegre Lynett, consideraci&oacute;n jur&iacute;dica No. 8. Acerca de esta misma acci&oacute;n, puede ser trabajada tambi&eacute;n la Sentencia C-680 de 1998, M.P. Carlos Gaviria D&iacute;az.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n10" name="10">10</a>. Sentencia C-543 de 1992, M.P. Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez Galindo.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. Sentencia T-221 de 1994, M.P. Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. Un completo balance de esa "redefinici&oacute;n dogm&aacute;tica" est&aacute; en la Sentencia C-590 de 2005, M.P. Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o.</p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. Sentencia SU-120 de 2003, M.P. &Aacute;lvaro Tafur Galvis.</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. Para el caso ver simplemente, y por v&iacute;a de ejemplo, las sentencias T-949 de 2003, M.P. Eduardo Montealegre Lynett, SU-1184 de 2001, M.P. Eduardo Montealegre Lynett, SU-120 de 2003, M.P. &Aacute;lvaro Tafur Galvis, T-1306 de 2001, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, T-291 de 2006, M.P. Jaime Ara&uacute;jo Renter&iacute;a.</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. Intervenci&oacute;n del se&ntilde;or Michael Fr&ucirc;ling, director de la oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ante el Senado de la Rep&uacute;blica de Colombia, el 23 de septiembre de 2003. Disponible en: <a href="http://www.hchr.org.co/publico/pronunciamientos/ponencias" target="_blank">http://www.hchr.org.co/publico/pronunciamientos/ponencias</a>, recuperado: &uacute;ltima consulta: 5 de abril de 2010.</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. Para mayor informaci&oacute;n ver: <a href="http://www.wantedforwarcrimes.org/index.php" target="_blank">http://www.wantedforwarcrimes.org/index.php</a>, recuperado: &uacute;ltima consulta: 5 de abril de 2010.</p>     <p><a href="#n17" name="17">17</a>. Amnist&iacute;a Internacional (2001). La jurisdicci&oacute;n Universal: preguntas y respuestas. Disponible en: <a href="www.amnisty,org/library/index/" target="_blank">www.amnisty,org/library/index/</a> recuperado: &uacute;ltima consulta 5 de abril de 2010.</p>     
<p><a href="#n18" name="18">18</a>. Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas (1997). Comisi&oacute;n de Derechos Humanos, 49 periodo de sesiones. La administraci&oacute;n de justicia y los Derechos Humanos de los detenidos. Informe final revisado acerca de la cuesti&oacute;n de la impunidad de los autores de violencia de los Derechos Humanos (derechos civiles y pol&iacute;ticos), preparado por Louis Joinet, de conformidad con la resoluci&oacute;n 1996/119. E/CN.4/sub.3/1997/20/Rev.1</p>     <p><a href="#n19" name="19">19</a>. El 16 de octubre de 1998, agentes de la Polic&iacute;a Metropolitana de Londres, actuando a petici&oacute;n del magistrado espa&ntilde;ol Baltasar Garz&oacute;n, detuvieron al ex dictador chileno General Augusto Pinochet cuando se estaba recuperando de una operaci&oacute;n de espalda en una cl&iacute;nica privada londinense. La C&aacute;mara de los Lores, el m&aacute;s alto tribunal brit&aacute;nico, concluy&oacute; en dos decisiones sucesivas que la detenci&oacute;n de Pinochet era leg&iacute;tima y que no gozaba de inmunidad como ex jefe de Estado frente a la extradici&oacute;n por estos cr&iacute;menes. La propia C&aacute;mara de los Lores anul&oacute; su primer fallo con una decisi&oacute;n sin precedentes en la que se aceptaba que el tribunal podr&iacute;a haber comprometido su apariencia de imparcialidad debido a la asociaci&oacute;n de uno de los jueces lores con Amnist&iacute;a Internacional, organizaci&oacute;n que intervino en la audiencia. Disponible en: <a href="http://www.hrw.or/spanish/informes/1999/pinoche.html" target="_blank">http://www.hrw.or/spanish/informes/1999/pinoche.html</a>.dictador <a href="http://www.hrw.org/spanish/informes/1999/pinochet.html" target="_blank">http://www.hrw.org/spanish/informes/1999/pinochet.html</a>, recuperado: &Uacute;ltima consulta 5 de abril de 2010.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n20" name="20">20</a>. Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas (1997). <i>op. cit</i>. Principio 28.</p>     <p><a href="#n21" name="21">21</a>. Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Consejo Econ&oacute;mico y Social. Comisi&oacute;n de Derechos Humanos. Informe de febrero 8 de 2005. Ver en: E/CN.4/2005/102/add.1</p>     <p><a href="#n22" name="22">22</a>. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso Almonacid Arellano y otros contra Chile</i>. Sentencia de septiembre 26 de 2006. Serie c No. 154, p&aacute;rrafo 154.</p>     <p><a href="#n23" name="23">23</a>. Para el punto baste simplemente referir: Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros) contra Guatemala</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63.</p>     <p><a href="#n24" name="24">24</a>. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso La Cantuta contra Per&uacute;</i>. Sentencia de noviembre 29 de 2006. Serie C No. 162. P&aacute;rrafos 81 y 82.</p>     <p><a href="#n25" name="25">25</a>. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso La Cantuta contra Per&uacute;</i>. Sentencia de noviembre 29 de 2006. Serie C No. 162, punto resolutivo No. 8.</p>     <p><a href="#n26" name="26">26</a>. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63. P&aacute;rrafo 79.</p>     <p><a href="#n27" name="27">27</a>. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63. P&aacute;rrafo 229.</p>     <p><a href="#n28" name="28">28</a>. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63. P&aacute;rrafo 233.</p> <hr>     <p><b><i>BIBLIOGRAF&Iacute;A</i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Abramovich, V&iacute;ctor y Courtis, Christian. <i>El umbral de la ciudadan&iacute;a. El significado de los derechos sociales constitucionales en el Estado social constitucional</i>. Estudios del puerto, Buenos Aires, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-0579201000010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Albanese, Susana. "La internacionalizaci&oacute;n del Derecho Constitucional y la constitucionalizaci&oacute;n del Derecho Internacional". En: <i>El control de convencionalidad</i>. EDIAR, Buenos Aires, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-0579201000010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Botero, Catalina y Guzm&aacute;n, Diana. <i>El sistema de los derechos</i>. DeJuSticia, Bogot&aacute;, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-0579201000010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Goza&iacute;ni, Osvaldo. "El impacto de la jurisprudencia del sistema interamericano en el derecho interno". En: <i>El control de convencionalidad</i>. EDIAR, Buenos Aires, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-0579201000010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Gross, H&eacute;ctor. "Una reflexi&oacute;n sobre el sistema regional americano de protecci&oacute;n de los derechos humanos". En: <i>Derechos Humanos. Corte Interamericana. Tomo I</i>. Ediciones Jur&iacute;dicas Cuyo, Mendoza (Argentina), 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-0579201000010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Moyano, C&eacute;sar. <i>Acuerdos en forma simplificada</i>. Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez, Bogot&aacute;, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-0579201000010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Comisi&oacute;n de Derechos Humanos, 49 periodo de sesiones. La administraci&oacute;n de justicia y los Derechos Humanos de los detenidos. Informe final revisado acerca de la cuesti&oacute;n de la impunidad de los autores de violencia de los Derechos Humanos. Ver en: Resoluci&oacute;n 1996/119. E/CN.4/sub.3/1997/20/Rev.1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-0579201000010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Consejo Econ&oacute;mico y Social. Comisi&oacute;n de Derechos Humanos. Informe de febrero 8 de 2005. Ver en: E/CN.4/2005/102/add.1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-0579201000010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Organizaci&oacute;n de Estados Americanos. <i>Documentos b&aacute;sicos en materia de Derechos Humanos en el Sistema Interamericano</i>. Secretar&iacute;a General OEA, Washington (USA), 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-0579201000010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Quinche Ram&iacute;rez, Manuel. <i>Derecho Constitucional colombiano de la Carta de 1991 y sus reformas</i>. Universidad del Rosario - Ib&aacute;&ntilde;ez, Bogot&aacute;, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-0579201000010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Quinche Ram&iacute;rez, Manuel. "La clase de religi&oacute;n en los colegios. Otro caso de elusi&oacute;n constitucional mediante decreto reglamentario". En: <i>Revista de la Academia Colombiana de Jurisprudencia</i> No. 334. s.e., Bogot&aacute;, D.C. Abril de 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-0579201000010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Quinche, Manuel. "La cosa juzgada como fuente de impunidad. Sus l&iacute;mites en tiempos de globalizaci&oacute;n del derecho". En: <i>Temas vigentes en materia de Derecho procesal y probatorio</i>. Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-0579201000010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Quinche Ram&iacute;rez, Manuel. <i>La elusi&oacute;n constitucional. Una pol&iacute;tica de evasi&oacute;n del control constitucional en Colombia</i>. Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-0579201000010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Quinche Ram&iacute;rez, Manuel. <i>Los est&aacute;ndares de la Corte Interamericana y la Ley de justicia y paz</i>. Universidad de Buenos Aires, Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-0579201000010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Quinche Ram&iacute;rez, Manuel. <i>V&iacute;as de hecho. Acci&oacute;n de tutela contra providencias</i>. Ib&aacute;&ntilde;ez, Bogot&aacute;, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-0579201000010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Quinche Riveros, V&iacute;ctor. <i>Voz del pensionado</i>, A&ntilde;o XXII, N&uacute;mero 49. s.e., Bogot&aacute;, abril de 2010. <b></b>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-0579201000010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Urrego, Franky. "Control de constitucionalidad de los decretos expedidos con fundamento en facultades otorgadas en actos legislativos. De c&oacute;mo se pretend&iacute;a eludir su revisi&oacute;n de constitucionalidad por parte de la Corte Constitucional". En: <i>Revista de Estudios Socio-jur&iacute;dicos</i> Volumen 7, n&uacute;mero 2. Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-0579201000010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Urrego, Franky y Quinche, Manuel. "Los decretos en el sistema normativo colombiano. Una pol&iacute;tica estatal de invenci&oacute;n normativa". En: <i>Revista Universitas</i> No. 116. Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, diciembre de 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-0579201000010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Vanegas, Mauricio. "Panorama de la problem&aacute;tica a prop&oacute;sito del papel de la v&iacute;ctima en los procedimientos penales de la Ley 600 de 2000 y la Ley 906 de 2004: logros, retrocesos y desaf&iacute;os". En: <i>Temas vigentes en materia de derecho procesal y probatorio</i>, Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-0579201000010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b><i>Jurisprudencia</i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>20. Colombia, Corte Constitucional. Sentencia C-028 de 1997, M.P. Alejandro Mart&iacute;nez Caballero, consideraci&oacute;n jur&iacute;dica No. 7. 21. Colombia, Corte Constitucional. Sentencia C-070 de 2009, M.P. Humberto Sierra Porto y Clara Elena Reales Guti&eacute;rrez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-0579201000010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-0579201000010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Colombia, Corte Constitucional. Sentencia C-512 de 1997, M.P. Jorge Arango Mej&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-0579201000010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso Almonacid Arellano y otros contra Chile</i>. Sentencia de septiembre 26 de 2006. Serie c No. 154, p&aacute;rrafo 154.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-0579201000010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros) contra Guatemala</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-0579201000010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63. P&aacute;rrafo 79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-0579201000010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63. P&aacute;rrafo 229.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-0579201000010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros)</i>. Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63. P&aacute;rrafo 233.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-0579201000010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso La Cantuta contra Per&uacute;</i>. Sentencia de noviembre 29 de 2006. Serie C No. 162. P&aacute;rrafos 81 y 82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-0579201000010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Corte Interamericana de Derechos Humanos. <i>Caso La Cantuta contra Per&uacute;</i>. Sentencia de noviembre 29 de 2006. Serie C No. 162, punto resolutivo No. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-0579201000010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-004 de 2003, M.P. Eduardo Montealegre Lynett, consideraci&oacute;n jur&iacute;dica No. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-0579201000010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-543 de 1992, M.P. Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez Galindo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-0579201000010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-590 de 2005, M.P. Jaime C&oacute;rdoba Trivi&ntilde;o.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-0579201000010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-680 de 1998, M.P. Carlos Gaviria D&iacute;az.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-0579201000010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia SU-120 de 2003, M.P. &Aacute;lvaro Tafur Galvis. 35. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia SU-1184 de 2001, M.P. Eduardo Montealegre Lynett.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-0579201000010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-0579201000010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Colombia, Corte Constitucional, Sentencia SU-1219 de 2001, M.P. Manuel Jos&eacute; Cepeda Espinosa, consideraci&oacute;n jur&iacute;dica No. 7.2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-0579201000010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b><i>Electr&oacute;nicas</i></b></p>     <!-- ref --><p>37. Intervenci&oacute;n del se&ntilde;or Michael Fr&ucirc;ling, director de la oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ante el Senado de la Rep&uacute;blica de Colombia, el 23 de septiembre de 2003. Disponible en: <a href="http://www.hchr.org.co/publico/pronunciamientos/ponencias" target="_blank">http://www.hchr.org.co/publico/pronunciamientos/ponencias</a>, recuperado: 5 de abril de 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-0579201000010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. <a href="http://www.wantedforwarcrimes.org" target="_blank">http://www.wantedforwarcrimes.org</a>, recuperado: 5 de abril de 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-0579201000010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Amnist&iacute;a Internacional (2001). La jurisdicci&oacute;n universal: preguntas y respuestas. Disponible en: <a href="http://www.amnesty.org/en/library/index" target="_blank">http://www.amnesty.org/en/library/index</a> recuperado: 5 de abril de 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-0579201000010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. <a href="http://www.hrw.org/spanish/informes/1999/pinochet.html" target="_blank">http://www.hrw.org/spanish/informes/1999/pinochet.html</a> recuperado: 5 de abril de 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-0579201000010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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