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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay is a commented bibliographic inventory of the references in the economic thought concerning the affection and the family, from Adam Smith to the authors that recently have formalized models toward this subject. Within the commented authors are: Smith, Malthus, Sade, Fourier, J.S. Mill, Masoch, Engels, Veblen, Boulding, Tullock, Posner, Becker, Pollack y Bergstrom.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>LA TEOR&Iacute;A ECON&Oacute;MICA</b><b>, EL AFECTO Y LA FAMILIA</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>ECONOMIC THEORY, AFFECTION AND FAMILY</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Homero Cuevas</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Estudios de posgrado en McGill University. Economista, ex decano de la Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas y Profesor Em&eacute;rito de la Universidad Nacional. Profesor de la Universidad Externado. Autor de tres libros y diversos ensayos sobre teor&iacute;a econ&oacute;mica. El autor agradece a Alberto Castrill&oacute;n, Edgar Serrano y Luis Fernando Eslava por sugerir y poner a su disposici&oacute;n el ensayo de Martyn sobre Sade, el survey de Bergstrom sobre la familia y el libro <i>Sex and Reason</i> de Posner, en forma respectiva. Y a Mauricio P&eacute;rez Salazar por su est&iacute;mulo y apoyo permanentes y sus valiosos comentarios, los cuales permitieron mejorar la versi&oacute;n original. </p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras Clave: econom&iacute;a de la familia, matrimonio, afecto, teor&iacute;a econ&oacute;mica, JEL: B10, B12, B13, B25, B29]</p>     <p align="justify">Este ensayo es un inventario bibliogr&aacute;fico, comentado, de las referencias en el pensamiento econ&oacute;mico sobre el tema del afecto y la familia, desde Adam Smith hasta los autores que recientemente han formalizado modelos sobre el tema. Dentro de los autores comentados se encuentran: Smith, Malthus, Sade, Fourier, J. S. Mill, Masoch, Engels, Veblen, Boulding, Tullock, Posner, Becker, Pollack y Bergstrom.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: family economics, marriage, feelings, economic theory, JEL: B10, B12, B13, B25, B29]</p>     <p align="justify">This essay is a commented bibliographic inventory of the references in the economic thought concerning the affection and the family, from Adam Smith to the authors that recently have formalized models toward this subject. Within the commented authors are: Smith, Malthus, Sade, Fourier, J.S. Mill, Masoch, Engels, Veblen, Boulding, Tullock, Posner, Becker, Pollack y Bergstrom.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>    <br>1. ADAM SMITH, LAS EXTERNALIDADES Y EL STOCK DE BEB&Eacute;S</b></p>     <p align="justify">Ovidio incluy&oacute; en <i>El arte de amar</i>, cuyo t&iacute;tulo podr&iacute;a ser “El arte de hacerse amar”, una nota de pie de p&aacute;gina advirtiendo que toda la ciencia ah&iacute; explicada, todos esos consejos &uacute;tiles son para los pobres, porque no los necesitan quienes tienen suficiente dinero para hacer regalos costosos. As&iacute;, otro intento por separar la econom&iacute;a del amor qued&oacute; frustrado. Y ello cuando todav&iacute;a faltaban dos milenios para los mercados de consumo masivo. Claro est&aacute;, cuando se mezclan esas dos cosas resulta dif&iacute;cil evitar la crudeza. Y &eacute;sta no le ha faltado a algunos economistas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entre ellos, y para empezar por el principio, Adam Smith estudi&oacute; en la <i>Riqueza de las naciones</i> los determinantes del stock de beb&eacute;s. Concluy&oacute; que, en su ciega sabidur&iacute;a, el mercado correg&iacute;a d&eacute;ficits o excedentes sin hacer sutiles distinciones con las patatas o las coles. La oferta y la demanda laborales terminaban arbitrando la situaci&oacute;n, y el aumento o la disminuci&oacute;n de los magros salarios se encargaban del resto, a trav&eacute;s de sus brutales impactos sobre la nutrici&oacute;n, las comodidades y la morbilidad de la gran masa pobre de la poblaci&oacute;n. De cada diez ni&ntilde;os, cinco pod&iacute;an morir, y en las regiones m&aacute;s m&iacute;seras hasta siete, antes de cumplir quince a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">Como pionero de la teor&iacute;a de las externalidades, Smith no parec&iacute;a sorprendido. Hab&iacute;a inventariado beneficios p&uacute;blicos no reconocidos como beneficios privados por el mercado. Y tambi&eacute;n hab&iacute;a identificado costos sociales no transmitidos por el mercado a los costos privados. Como, en sus propios t&eacute;rminos, la destrucci&oacute;n de cualidades humanas por la divisi&oacute;n del trabajo. Pero el mismo argumento es extensible al caso de los beb&eacute;s. Todav&iacute;a m&aacute;s si se tiene en cuenta que identific&oacute; otro costo diferente para el costo de mercado del salario.</p>     <p align="justify">Sobre los impactos negativos de la divisi&oacute;n del trabajo recomend&oacute; la promoci&oacute;n de la educaci&oacute;n y de la cultura. Pero sobre el otro caso se limit&oacute; a mencionar la justicia, y a esperar que en el largo plazo la tendencia hacia el exceso de acumulaci&oacute;n desatara su presi&oacute;n como exceso de demanda y alza secular de salarios en el mercado laboral. Como descubridor de la ley de la gravedad de los mercados, quiz&aacute; se sinti&oacute; aplastado por una &eacute;poca que no hab&iacute;a inventado el avi&oacute;n ni los cohetes.</p>     <p align="justify">Por otra parte, en la <i>Teor&iacute;a de los sentimientos morales</i> Smith estableci&oacute; una definici&oacute;n impl&iacute;cita de familia, como un nodo de simpat&iacute;as intensas. Es decir, como otro conjunto de externalidades determinadas no s&oacute;lo por la gratitud sino tambi&eacute;n por el amor. Ambas son bienestar generado por la contemplaci&oacute;n del bienestar de otro. Pero el est&iacute;mulo de la primera es un favor espec&iacute;fico. De esta forma, la familia aparece, en medida parcial, como un nodo de altruismos, en oposici&oacute;n al mercado, considerado como un nodo de ego&iacute;smos. Sin embargo, en la jerarqu&iacute;a de las simpat&iacute;as la c&uacute;spide es ocupada por el individuo mismo. “La naturaleza nos hizo ego&iacute;stas por compasi&oacute;n. Pues si resulta dif&iacute;cil llevar nuestra propia carga, resultar&iacute;a mucho m&aacute;s dif&iacute;cil cargar tambi&eacute;n las de los dem&aacute;s”. Luego, la simpat&iacute;a decrece en forma proporcional con el grado de consanguinidad, describiendo en forma intuitiva la Regla de Hamilton de la Biolog&iacute;a de fines del siglo XX, como ha indicado Bergstrom, 1996. Por consiguiente, el nodo de altruismos no es absoluto, dejando campos para conflictos y para nodos como los de los mercados.</p>     <p align="justify"><b>2. MALTHUS, LA CARIDAD Y EL AMOR ER&Oacute;TICO</b></p>     <p align="justify">Malthus, en cambio, pens&oacute; en construir cohetes. Su argumento era tambi&eacute;n crudo. Los beb&eacute;s eran liquidados por la miseria, no s&oacute;lo en forma f&iacute;sica sino tambi&eacute;n moral, porque los salarios eran bajos, debido a excesos de gente en el mercado laboral. Luego, se podr&iacute;a romper el c&iacute;rculo mediante una estrategia monopolista de restricci&oacute;n de oferta para mantener el precio del trabajo artificialmente alto. Es decir, a trav&eacute;s de restricciones artificiales o conscientes sobre el crecimiento de la poblaci&oacute;n. Ante la protesta de que esto perjudicar&iacute;a a los empleadores, respondi&oacute; que no se pod&iacute;a, al mismo tiempo, estar en favor de los salarios bajos y en contra de la miseria.</p>     <p align="justify">Dos eran sus instrumentos. Primero, la eliminaci&oacute;n de los est&iacute;mulos para que los padres procrearan m&aacute;s hijos de los que pod&iacute;an sostener. Esto desembocaba en una propuesta dura y frontal para la liquidaci&oacute;n del sistema de beneficencia p&uacute;blica existente en las parroquias. Y para contrarrestar las resistencias morales, argumentaba que tales formas de caridad, incluidas las limosnas individuales cuando obedec&iacute;an a las solicitudes frecuentes de una miseria ubicua, como en algunas ciudades, hab&iacute;an perdido su virtud. Pues no proven&iacute;an de la bondad de los sentimientos sino de la obligaci&oacute;n, impuesta por las circunstancias.</p>     <p align="justify">Segundo, con tan poca tecnolog&iacute;a m&eacute;dica como exist&iacute;a en su tiempo, la gente deber&iacute;a abstenerse sexualmente en las &eacute;pocas m&aacute;s j&oacute;venes y m&aacute;s impetuosas de la vida, hasta cuando hubiese acumulado suficientes medios para sostener una familia. Sin embargo, se indign&oacute; ante las versiones de que propon&iacute;a un aplazamiento obligatorio de los matrimonios, respondiendo que eran preferibles los males conocidos a la p&eacute;rdida de la libertad. Tampoco estaba de acuerdo con las propuestas para una mayor promiscuidad, pues aparte de sus valoraciones subjetivas, no encontraba razonable el argumento de que esto disminuir&iacute;a la fertilidad. Su sistema, entonces, parec&iacute;a v&iacute;ctima de una insuficiente coherencia. Porque terminaba descansando en la idea de que las masas pobres podr&iacute;an comportarse en forma tan refinada como las elites cultas. Pero no profundizaba sobre las condiciones para que esto fuese posible. Por el contrario, su radicalismo abstracto en contra de la igualdad parece haberlo inhibido del examen concreto sobre algunas formas espec&iacute;ficas de igualdad.</p>     <p align="justify">A pesar de no ser recordado por ello, una de las tesis de Malthus trata sobre las externalidades del amor er&oacute;tico. Propon&iacute;a diferir, durante un per&iacute;odo breve de la vida, la realizaci&oacute;n de esta pasi&oacute;n. Pero jam&aacute;s condenarla ni a&uacute;n menos combatirla. Pues la consider&oacute; como un factor de producci&oacute;n de dulzura sobre el car&aacute;cter humano, limitativo de las tendencias hacia la tiran&iacute;a y la crueldad de los detentadores de alg&uacute;n poder sobre quienes los rodean. Por consiguiente, sus beneficios no se limitar&iacute;an al mejoramiento de las relaciones entre hombres y mujeres, sino entre padres e hijos y entre todos los seres en general, contribuyendo a la suavidad del trato requerida por la civilizaci&oacute;n. Destaca, entonces, como una de las transformaciones m&aacute;s cruciales y m&aacute;s recientes de la sociedad y de la familia, que la constituci&oacute;n de los matrimonios haya reacomodado otros m&oacute;viles para dar cabida al del amor er&oacute;tico.</p>     <p align="justify"><b>3. SADE, LA RACIONALIDAD Y LA CULTURA DE LA COMPETENCIA</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los an&aacute;lisis econ&oacute;micos de los argumentos en la obra filosexogr&aacute;fica de Sade han recibido impulsos recientes. En particular, a trav&eacute;s de la teor&iacute;a de los intercambios y sus signos &eacute;ticos. Al respecto, puede verse Martyn, 1999, y su bibliograf&iacute;a referida. Sin embargo, involucrando otra dimensi&oacute;n, en la obra de Sade puede percibirse un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la racionalidad y de la competencia. Pues si &eacute;stas transforman al &eacute;xito en finalidad suprema, Sade parece ahondar en los sentimientos individuales exigidos para el &eacute;xito. Quiz&aacute; podr&iacute;a considerarse su obra, o parte de ella, como una revelaci&oacute;n sobre los instintos del &eacute;xito. Si el vicio triunfa y la virtud fracasa, la inversi&oacute;n de las valoraciones descubre una contradicci&oacute;n moral y una hipocres&iacute;a. Como hab&iacute;a anticipado La Rochefocauld: la hipocres&iacute;a es el tributo pagado por el vicio a la virtud. La paradoja obliga, entonces, a una reflexi&oacute;n sobre la fuente verdadera de la repugnancia.</p>     <p align="justify">Valorado por los patrones de la cultura imperante, el &eacute;xito es entronizado, entonces, como fin supremo. En tal condici&oacute;n reduce lo dem&aacute;s a la condici&oacute;n de medios instrumentales para su propia realizaci&oacute;n. Y, en el tejido social, los seres sensibles no escapan a esa determinaci&oacute;n. Por lo tanto, para el protagonista s&aacute;dico, encarnaci&oacute;n de las cualidades del &eacute;xito, los dem&aacute;s son objetos no s&oacute;lo en su mente. Deben serlo tambi&eacute;n en la realidad. Y como tales no deben recibir satisfacciones del protagonista. Este ser&iacute;a insultado, porque por reflejo ser&iacute;a convertido en otro objeto. Para completar, resulta apenas l&oacute;gico que las v&iacute;ctimas profesen adoraci&oacute;n, o al menos dependencia, por sus torturadores. Pues ungidas a su carro, garantizan una cadena intangible con el aura del &eacute;xito. Es su garant&iacute;a de proximidad al fin supremo. Y si el torturador llega al cinismo es m&aacute;s admirado porque su transparencia minimiza los costos de transacci&oacute;n para sus contrapartes. La hipocres&iacute;a se revela como un costo. Faltar&iacute;a enlazar a Sade con Veblen, para que la carencia de las cualidades de torturador conduzca a una simulaci&oacute;n ostentosa de que se poseen. O, lo que ser&iacute;a peor, a esfuerzos omnisociales para adquirirlas. La sociedad basada en la competencia crecer&iacute;a, por lo tanto, como una realidad s&aacute;dica, encarnada en cada uno de sus individuos. Y la dial&eacute;ctica libertina cerrar&iacute;a, entonces, su c&iacute;rculo con la violencia latente y la viabilidad social pendiendo de la represi&oacute;n. Si sobre algo resulta ilustrativa la obra de Sade, parecer&iacute;a ser, por consiguiente, sobre los extremos a los cuales podr&iacute;a conducir una racionalidad individualista y una cultura de la competencia sin clase alguna de acotamiento.</p>     <p align="justify">Sade parece un representante del individualismo metodol&oacute;gico, porque su juicio sobre el sistema ocurre a trav&eacute;s del individuo, en contraste con an&aacute;lisis enfocados sobre estructuras impersonales, como el de Marx. Ante la objeci&oacute;n de evolucionistas como Hogdson, en el sentido de que el conjunto relevante de propiedades emergentes, para seguir a la biolog&iacute;a, puede plasmarse en otros niveles, como los grupos, las instituciones, el &oacute;rgano, la c&eacute;lula o los genes, algunos podr&iacute;an aventurar la r&eacute;plica de que con esa perspectiva el cuadro no llegar&iacute;a a parecer tan severo. Pero otros preferir&iacute;an la respuesta m&aacute;s optimista de que algunos derechos encarnan en todos los individuos.</p>     <p align="justify"><b>4. FOURIER O LA PROMISCUIDAD ALTRUISTA</b></p>     <p align="justify">En el cambio del siglo XVIII al XIX tambi&eacute;n se destac&oacute; Fourier. Comprometido con an&aacute;lisis y dise&ntilde;os econ&oacute;micos innovadores, se hizo muy rico cuando joven y se propuso gastar su fortuna demostrando la posibilidad de un sistema industrial con mejores condiciones humanas. Estableci&oacute; guarder&iacute;as, sistemas de instrucci&oacute;n para adultos y condiciones laborales m&aacute;s parecidas a las del presente, dentro de f&aacute;bricas. Pero su reflexi&oacute;n iba m&aacute;s lejos. Part&iacute;a de que para los pensadores anteriores los sistemas sociales pod&iacute;an cambiar mientras las relaciones afectivas permanec&iacute;an inmutables. Propuso que esta hip&oacute;tesis era incorrecta porque a cada estructura social corresponde un conjunto espec&iacute;fico de relaciones afectivas. Y que las patriarcales, monog&aacute;micas y basadas en la familia nuclear eran muy recientes, porque correspond&iacute;an al per&iacute;odo de la civilizaci&oacute;n. Hoy se estima su edad en unos 10.000 a&ntilde;os, entre m&aacute;s de 100.000 del <i>homo sapiens</i> y m&aacute;s de 3.500.000 del <i>homo</i>. Dentro de este escenario, la civilizaci&oacute;n liquid&oacute; el matriarcado y la promiscuidad para intentar garantizar, a trav&eacute;s de la exclusividad monog&aacute;mica, la transmisi&oacute;n generacional de los reci&eacute;n surgidos excedentes y sus derechos de propiedad.</p>     <p align="justify">En esa larga perspectiva, las instituciones de la civilizaci&oacute;n le parec&iacute;an a Fourier no s&oacute;lo artificiales, sino antinaturales. Por lo tanto, la presi&oacute;n de la naturaleza abrir&iacute;a de forma incesante grietas en los muros dise&ntilde;ados para aprisionarla, y eventualmente terminar&iacute;a derrumb&aacute;ndolos. Su prueba superior era la de que junto con la instituci&oacute;n de la monogamia florece de manera inexorable la instituci&oacute;n del cornudaje. Y si no fuera por este contexto anal&iacute;tico, la trascendencia &aacute;cida de su trabajo clasificatorio, titulado <i>Jerarqu&iacute;a de cornudos</i>, se difuminar&iacute;a en la entretenci&oacute;n er&oacute;tico c&oacute;mica.</p>     <p align="justify">En la edici&oacute;n de <i>La armon&iacute;a pasional del nuevo mundo</i>, compendio de su trabajo m&aacute;s exhaustivo, se muestra la estructura y el grado de detalle alcanzados por Fourier en su visualizaci&oacute;n de las relaciones afectivas y familiares, cuando esos muros se hubiesen derrumbado. Empezando por la cr&iacute;tica de la arquitectura, prisionera tambi&eacute;n en los l&iacute;mites del patriarcado y de la familia monog&aacute;mica. Sus planos anticipaban la explosi&oacute;n de hogares unipersonales y de apartamentos de soltero. La libertad del individuo en la vida cotidiana florec&iacute;a, pero no era abandonado al ostracismo existencial. La interacci&oacute;n social intensa, basada en la igualdad de derechos para los sexos, multiplicando las oportunidades de galanteo er&oacute;tico amoroso, era espoleada por glamorosas zonas colectivas, insertas como centro nervioso de todo conjunto habitacional. Las responsabilidades de crianza y educaci&oacute;n recaer&iacute;an en instituciones especializadas. El mayor respeto posible para la diversidad de las inclinaciones er&oacute;tico amorosas ser&iacute;a garantizado, facilitando la formaci&oacute;n de clubes de acuerdo con los intereses individuales. En s&iacute;ntesis, la dulzura descrita por Malthus dejar&iacute;a de ser un bien tan escaso para brotar en manantiales de los potenciales liberados de sus camisas de fuerza.</p>     <p align="justify">Sin embargo, descubri&oacute; que una especie de ineficiencia e inequidad de las econom&iacute;as de trueque oscurec&iacute;a su panorama. Pues si cada clase particular de <i>sexappeal</i> s&oacute;lo puede ser trocada por otra en especial, la frustraci&oacute;n ser&iacute;a alta y una parte social resultar&iacute;a privada de los beneficios pasionales del nuevo mundo. La armon&iacute;a se romper&iacute;a. Como soluci&oacute;n desesperada recurri&oacute;, entonces, a la fuerza autoritaria, y termin&oacute; proponiendo un servicio sexual obligatorio. No se atrevi&oacute; o no quiso considerar la alternativa de los ej&eacute;rcitos mercenarios. O las soluciones del mercado monetizado en sus formas m&aacute;s espont&aacute;neas. La sustituci&oacute;n de la fuerza por el lucro le abr&iacute;a una alternativa anal&iacute;tica, como siempre, para otras consideraciones sobre las libertades individuales y sus correspondencias &eacute;ticas. Esto lo hubiera forzado a revisar partes importantes de su sistema. Y a abrir otros interrogantes. Quiz&aacute; con visiones m&aacute;s matizadas y premonitorias.</p>     <p align="justify"><b>5. JOHN STUART MILL Y LA LIBERACI&Oacute;N DE LA MUJER</b></p>     <p align="justify">Las recomendaciones de Malthus eran poco pr&aacute;cticas dentro del medio social existente. Y no ahondaban sobre este obst&aacute;culo, tarea que recay&oacute; a mediados del siglo XIX en John Stuart Mill, uno de los mayores visionarios de la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica. Si nos ajustamos a su propia versi&oacute;n, cometi&oacute; el acierto de amar a Harriet Taylor, persona superior en el orden espiritual e intelectual, a quien acredit&oacute; muchas de sus tesis m&aacute;s importantes, no s&oacute;lo por la v&iacute;a de la inspiraci&oacute;n y de la discusi&oacute;n, sino de la sugerencia directa. Tales cualidades encarnadas en la se&ntilde;ora Taylor, y en sus planteamientos sobre la situaci&oacute;n de la mujer, produjeron una conmoci&oacute;n no s&oacute;lo en los sentimientos, sino tambi&eacute;n en la filosof&iacute;a social y en la teorizaci&oacute;n econ&oacute;mica de Mill. Constitu&iacute;a un choque violento que a personas superiores se les denegasen los derechos elementales garantizados para cualquier individuo ordinario, s&oacute;lo en raz&oacute;n de su sexo. Pues, hasta en la naci&oacute;n m&aacute;s desarrollada del mundo las mujeres estaban supeditadas a sus maridos como menores de edad, carec&iacute;an de derechos pol&iacute;ticos y ten&iacute;an vedado el ingreso a la universidad. Y como corona insultante, lo cual llev&oacute; a Mill a titular sin ambages uno de sus ensayos como <i>La esclavitud de la mujer</i>, estaban forzadas por la ley a someterse a las exigencias sexuales de sus maridos, con independencia de sus propios escr&uacute;pulos, opiniones o sentimientos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sobre este punto de partida, Mill desarroll&oacute; su an&aacute;lisis sistem&aacute;tico del papel de la dominaci&oacute;n sobre la mujer. Y alcanz&oacute; la conclusi&oacute;n de que hab&iacute;a sido convertida en un instrumento especializado de reproducci&oacute;n y de crianza. Y de que, para mantenerla en ese estado, se le cerraban las puertas de otras posibilidades en su vida. Si &eacute;stas fueran abiertas en toda su plenitud, muchos recursos femeninos podr&iacute;an fluir hacia otras actividades, de acuerdo con sus propios intereses, y la restricci&oacute;n estrat&eacute;gica de oferta so&ntilde;ada por Malthus para el mercado laboral se convertir&iacute;a en una realidad espont&aacute;nea, sustentada por su propia din&aacute;mica. Incalculables la injusticia, la miseria, el dolor y la atrofia social que podr&iacute;an curarse con ese curso de los acontecimientos. Desde ese momento, hasta su muerte, Mill se convirti&oacute; en un activista para la liberaci&oacute;n e igualaci&oacute;n de los derechos de la mujer.</p>     <p align="justify">La mayor participaci&oacute;n femenina en el mercado laboral pod&iacute;a deprimir, por supuesto, los salarios durante un per&iacute;odo, como Marx subrayar&iacute;a en su an&aacute;lisis de la revoluci&oacute;n industrial. Y esto sin que la igualaci&oacute;n de derechos se hubiese logrado. Es m&aacute;s, involucrando tambi&eacute;n a ni&ntilde;os en la oferta laboral. De esta manera, aun si los ingresos familiares en conjunto no cayeran, la reestructuraci&oacute;n ocasionada en la familia pod&iacute;a implicar impactos negativos sobre el bienestar de sus miembros. Pero constituir&iacute;a una injusticia considerar el planteamiento de Mill aislado del resto de su sistema. Por lo tanto, es necesario conectarlo con otras de sus propuestas. Primero, con un sistema universal de educaci&oacute;n. Segundo, con una regulaci&oacute;n humanitaria de las jornadas y condiciones de trabajo. Tercero, con un seguro de ingreso m&iacute;nimo, cubriendo tambi&eacute;n a quienes se negaran a trabajar, lo cual se puede relacionar con sus tesis sobre la libertad, y no hace distinciones de g&eacute;nero. Parece evidente que abr&iacute;a una posibilidad para mujeres sin otra v&iacute;a de escape de su dependencia. Y, cuarto, con una tributaci&oacute;n progresiva y una reforma radical de la legislaci&oacute;n sobre herencias.</p>     <p align="justify">Esta se propon&iacute;a flexibilizar la ciega obligatoriedad del traspaso generacional. Tambi&eacute;n podr&iacute;a relacionarse con su idea de libertad que buscaba una mayor armon&iacute;a con la justificaci&oacute;n moral del mercado, retribuyendo a cada quien de acuerdo con su propia contribuci&oacute;n. Pero no se requiere excesiva perspicacia para otear que, degradada tal funci&oacute;n prosaica del traspaso patrimonial dentro del matrimonio monog&aacute;mico, &eacute;ste resultar&iacute;a m&aacute;s purificado en su faceta er&oacute;tico rom&aacute;ntica destacada por Malthus. Sobre todo si, como tambi&eacute;n propon&iacute;a Mill, su consumaci&oacute;n sexual quedaba libre, como una posibilidad consensual entre partes iguales.</p>     <p align="justify"><b>6. MASOCH, LA RACIONALIDAD DE LA DOMINACI&Oacute;N Y LOS COSTOS DE TRANSACCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify"><i>La venus de las pieles</i>, novela por Leopold von Sacher Masoch, apareci&oacute; en el &uacute;ltimo cuarto del siglo XIX, justo cuando empezaba la revoluci&oacute;n neocl&aacute;sica en la teor&iacute;a econ&oacute;mica. La cual se caracteriz&oacute;, entre otras cosas, por depurarse de “palabras como ‘poder&rsquo;, que son extra&ntilde;as al vocabulario de la econom&iacute;a”, para prestar los t&eacute;rminos entre comillas de Lundberg y Pollak, dos especialistas contempor&aacute;neos en el an&aacute;lisis econ&oacute;mico de la familia. En contraste, la obra de Masoch es una escultura sobre la racionalidad de la dominaci&oacute;n, vaciada en el molde de conflictos circundantes. La mujer entiende que es dominada, y que puede liberarse para dominar, pero con la encarnaci&oacute;n de esos antecedentes no queda campo para un plano de igualdad.</p>     <p align="justify">Wanda es inteligente, joven, bella, encantadora, tiene todo un arsenal para dominar. &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a hacer un hombre ante ej&eacute;rcito con armas tan contundentes? &iquest;Valdr&iacute;a la pena luchar? &iquest;Valdr&iacute;an la pena los costos del combate, aunque de antemano conozca la derrota? &iquest;O porque puede invertirlos en otras batallas m&aacute;s beneficiosas? Una soluci&oacute;n de costo m&iacute;nimo podr&iacute;a ser anticiparse y firmar el contrato de la supeditaci&oacute;n. Como en la fotograf&iacute;a de Nietzsche para la posteridad, por las mismas &eacute;pocas, cuando coloc&oacute; un l&aacute;tigo en la mano de Lou Andrea Salom&eacute;. Un &oacute;ptimo de Pareto, dejando el interrogante de la equidad, sobre todo en las dotaciones iniciales. Y el interrogante de la equidad total para cada individuo, en contraste con la parcial sobre un intercambio espec&iacute;fico. Los problemas del poder se enfilan, entonces, hacia la equidad. De ah&iacute; que parezcan esquivos para el molde neocl&aacute;sico. Pero Wanda no sigui&oacute; utilizando el l&aacute;tigo con sus propias manos. Lo traspas&oacute; al mism&iacute;simo amante de ella, para que fuera &eacute;ste quien latigara a su vencido enamorado. Como dice el famoso proverbio usado por Becker en estos casos: para saber cu&aacute;nto es suficiente hubo que avanzar demasiado. Los costos por no luchar se hicieron mayores y el grado &oacute;ptimo de dominaci&oacute;n fue sobrepasado. El enamorado de Wanda decidi&oacute;, entonces, liberarse.</p>     <p align="justify">Consecuente, en su vida real Masoch suscribi&oacute; un contrato semejante con su esposa. Esta lo encerraba en su estudio, como en una celda. Y no lo azotaba con un l&aacute;tigo sino con una escoba. Y no por las razones sublimadas en alguna novela, sino por las razones concretas de una mayor producci&oacute;n de dinero para la familia. Al fin y al cabo, el poder se utiliza para obtener beneficios, y &eacute;stos pueden cobrar muchas formas. As&iacute;, otro intento de ruptura entre el romance y la econom&iacute;a qued&oacute; frustrado.</p>     <p align="justify"><b>7. ENGELS Y LA MONOGAMIA O LA DIAL&Eacute;CTICA MORAL DE LA PROPIEDAD</b></p>     <p align="justify">Antes de finalizar el siglo XIX tambi&eacute;n aparece la obra de Engels sobre la familia, la propiedad y el estado. En primera instancia, hace recordar las tesis de Fourier a comienzos de siglo, aunque no le concede cr&eacute;ditos particulares. Claro est&aacute;, Engels las presenta en un s&oacute;lida estructura acad&eacute;mica, las desarrolla y las documenta con las investigaciones de Bachofen y de Morgan sobre la sociedad primitiva. Pero si los servicios de un caricaturista fueran requeridos, sin que esto pueda restarles profundidad o seriedad, podr&iacute;a sintetizarlas en la idea de que con la civilizaci&oacute;n aparecen las c&aacute;rceles, la polic&iacute;a y los maridos.</p>     <p align="justify">Debe recordarse que varios decenios atr&aacute;s, en la redacci&oacute;n del <i>Manifiesto comunista</i>, junto con Marx hab&iacute;an jugado con tesis como las de Fourier. Tambi&eacute;n en forma de caricatura, y tambi&eacute;n con la mayor seriedad. Famoso es el pasaje donde se refer&iacute;an al intercambio de esposas entre la burgues&iacute;a, y a la promiscuidad de &eacute;sta frente de las hijas y de las esposas de los proletarios. Fourier, por supuesto, hubiera soltado la risa ante el &eacute;nfasis clasista. Y en forma sard&oacute;nica. Pues jam&aacute;s se le ocurri&oacute; aplicar un &eacute;nfasis especial del cornudaje a unas clases seleccionadas. En su exhaustiva clasificaci&oacute;n de cornudos, nadie lleva un menor &eacute;nfasis en raz&oacute;n de su clase, posici&oacute;n, oficio o ideolog&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ya en la madura obra sobre el origen de la familia, Engels parece arribar al radicalismo de Fourier sobre la universalidad de la instituci&oacute;n clandestina. Y, como prueba lapidaria, transcribe un art&iacute;culo de un c&oacute;digo napole&oacute;nico que le otorga reconocimiento formal. Si no fuese por la seriedad de los c&oacute;digos, podr&iacute;a pensarse que es una caricatura destinada a arrancar una sonrisa. Establece la famosa ley que, en adelante, los hijos llegados durante el matrimonio ser&aacute;n considerados hijos del marido.</p>     <p align="justify">En cuanto al an&aacute;lisis, entonces, Engels abre y cierra el c&iacute;rculo como Fourier. Pero en cuanto a la esencia del resultado y a la visi&oacute;n del futuro, depara una gran sorpresa. No s&oacute;lo difiere sino que asume la posici&oacute;n diametralmente opuesta a Fourier. Para &eacute;ste todo empezaba y finalizaba en la promiscuidad altruista. En contraste, para Engels el matrimonio monog&aacute;mico termina transform&aacute;ndose en el avance moral m&aacute;s grande de la humanidad. Y ello originado en la propiedad. No present&oacute; razones, al estilo de Malthus, sobre el amor er&oacute;tico. Tampoco sobre la legislaci&oacute;n de herencias, al estilo de Mill. Quiz&aacute; fij&oacute; la mente en Romeo y Julieta, el romance de un hombre hacia una mujer, y de una mujer hacia un hombre; no de un hombre hacia tres mujeres, ni de tres mujeres hacia quince hombres. O quiz&aacute; pasaba por una fase de investigaci&oacute;n introspectiva. O tal vez las dos cosas eran lo mismo.</p>     <p align="justify">Como materialista filos&oacute;fico, siempre predispuesto al an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre el ser y el pensar, seg&uacute;n su obra sobre la filosof&iacute;a cl&aacute;sica, Engels hubiera sido estimulado por enfoques contempor&aacute;neos que tratan el amor como un factor de producci&oacute;n e intentan explicar el predominio del matrimonio monog&aacute;mico por su eficiencia econ&oacute;mica. A lo mejor hubiera sido sorprendido por los resultados de llevar el materialismo del nivel impersonal de la sociedad hasta el nivel del individuo como unidad de an&aacute;lisis. En particular, para operar con la tesis de que toda superestructura ideol&oacute;gica, incluida la moral, tiene una fundamentaci&oacute;n econ&oacute;mica. Incluyendo tambi&eacute;n las superestructuras pol&iacute;ticas, para aterrizar en los enfoques de <i>public choice</i>. Nunca se conocer&aacute; su gesto ante la acusaci&oacute;n impl&iacute;cita de los m&aacute;s radicales enfoques liberales, basados en el individualismo metodol&oacute;gico, como los de las escuelas de Chicago y de Virginia, en el sentido de que el materialismo hist&oacute;rico fall&oacute; por su inconsecuencia, por su incapacidad para llevar su an&aacute;lisis hasta estas &uacute;ltimas consecuencias. Y de que esta paradoja no es peque&ntilde;a ante las ocurrencias universales cuajadas en el &uacute;ltimo decenio del siglo XX en los campos de la pol&iacute;tica y de la moral.</p>     <p align="justify"><b>8. VEBLEN, EL CONSUMO OSTENTOSO Y LA REBELD&Iacute;A FEMENINA</b></p>     <p align="justify">A mediados del siglo XX los rebeldes sin causa eran los adolescentes. Pero en sus comienzos eran las mujeres, sobre todo las integrantes de familias adineradas. Por eso, Thorstein Veblen decidi&oacute; dirigirles su mirada, con sus ojos de extrarrestre. El acertijo parec&iacute;a un digno desaf&iacute;o. Primero, se mostraba m&aacute;s agudo donde menos se esperaba. En Norteam&eacute;rica, en donde disfrutaban, seg&uacute;n consenso reconocido, de los maridos m&aacute;s dedicados, responsables y considerados del mundo. Segundo, parec&iacute;a estallar en proporci&oacute;n directa, no inversa, de las comodidades y lujos disfrutados. Es decir, cuando el consumo pod&iacute;a ser m&aacute;s ostentoso. Cuando rebosaban los medios puestos a su disposici&oacute;n para actuar como anfitrionas de la vida social, lucir residencias, decorados, vestuario, joyas, adornos personales y mascotas rayanos en la extravagancia. Es decir, para exhibir el grado de &eacute;xito de sus maridos, o sea actuar en una condici&oacute;n ancestral del servilismo, sin importar la identidad de los amos, diagnostic&oacute; Veblen. Y, seg&uacute;n el engranaje cultural que visualiz&oacute;, este comportamiento tend&iacute;a a ser imitado en sucesi&oacute;n por los estratos inferiores. A prop&oacute;sito de mascotas, miradas desde la distancia propia del extraterrestre, en una &eacute;poca cuando para muchos la comida segu&iacute;a siendo escasa, tambi&eacute;n eran exhibidas para demostrar que en la familia abundaban los recursos.</p>     <p align="justify">Por los mismos a&ntilde;os, en su <i>Manual de econom&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Pareto escribi&oacute; que el desarrollo de la democracia hab&iacute;a fortalecido el sentimiento de igualdad entre los sexos, convirtiendo a la castidad en una antigualla y a las j&oacute;venes que se cre&iacute;an demasiado libres en excelentes clientes de los ginec&oacute;logos. Mill am&oacute; m&aacute;s all&aacute; de la muerte a Harriet Taylor; Veblen debi&oacute; abandonar sus c&aacute;tedras en la Universidad de Chicago, y luego en la Universidad de California, por manifestar en un plano demasiado personal, quiz&aacute;, su solidaridad con la rebeld&iacute;a femenina; y Pareto, despu&eacute;s de cumplidos los cincuenta a&ntilde;os, y de haber sido abandonado por su aristocr&aacute;tica esposa, se fue en uni&oacute;n libre con una joven de veintid&oacute;s a&ntilde;os. Para superar los convencionalismos, esta joven deb&iacute;a portar, tal vez, en el fondo de su coraz&oacute;n, alguna dosis de la rebeld&iacute;a femenina de su &eacute;poca.</p>     <p align="justify"><b>9. EL ENFOQUE DE LOS MERCADOS EXPL&Iacute;CITOS EN EL SIGLO XX</b></p>     <p align="justify">Hacia mediados de siglo Schumpeter escribi&oacute; que la poderosa fuerza del mercado portaba un elemento subversivo porque, en forma creciente, a su paso sucumb&iacute;a todo, hasta lo m&aacute;s sagrado y sublime. Desde entonces la teor&iacute;a econ&oacute;mica de la familia parece aportar evidencias para esa tesis, caracteriz&aacute;ndose por una formalizaci&oacute;n cruda y abundante. En adelante, se har&aacute; referencia a algunos de los m&aacute;s representativos de esos planteamientos.</p>     <p align="justify">Por 1964 la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n se situaba alrededor del 3% en algunos pa&iacute;ses. Esto y la masificaci&oacute;n paulatina de los avances m&eacute;dicos hab&iacute;a caldeado el debate sobre una explosi&oacute;n demogr&aacute;fica. Por lo tanto, temas como el aborto, los m&eacute;todos de control natal, el papel de la urbanizaci&oacute;n y de la educaci&oacute;n en las tasas de fecundidad, estaban a la orden del d&iacute;a. Entonces Kenneth Boulding, uno de los economistas m&aacute;s notables, propuso la emisi&oacute;n de licencias comercializables para beb&eacute;s. Fijada la tasa &oacute;ptima de crecimiento demogr&aacute;fico, y conocido as&iacute; el n&uacute;mero de beb&eacute;s que deben nacer cada a&ntilde;o, se distribuir&iacute;an derechos, digamos a raz&oacute;n de dos cent&eacute;simos de licencia (por beb&eacute;) por persona al a&ntilde;o. Y se garantizar&iacute;a su mercado libre. Si una pareja comprara 96 cent&eacute;simos de licencia podr&iacute;a tener un beb&eacute; durante ese a&ntilde;o. Argumenta que esto conducir&iacute;a a un &oacute;ptimo de Pareto y reducir&iacute;a las desigualdades sociales. Las dotaciones iniciales de licencias ser&iacute;an id&eacute;nticas para todo el mundo; quienes no pueden sostener muchos hijos vender&iacute;an licencias; y quienes quieren y pueden sostener muchos hijos comprar&iacute;an licencias. Entonces la desigualdad social resultante ser&iacute;a menor.</p>     <p align="justify">Alrededor del tema, a comienzos de los setenta, el profesor Hirsch, en una obra titulada <i>Los l&iacute;mites sociales al crecimiento econ&oacute;mico</i>, aborda el apareamiento en las sociedades humanas. Y sintetiza el siguiente argumento de diversos economistas. Casi siempre se considera como un ideal el paso previo del enamoramiento. Desde una perspectiva anal&iacute;tica, &eacute;ste consiste en que alguien quiere a otro con unas cualidades particulares. Si lo encuentra, pero el otro no quiere las cualidades del primero, habr&aacute; una frustraci&oacute;n. Si un tercero quiere las cualidades del primero, y lo encuentra, pero &eacute;ste no quiere las cualidades del tercero, habr&aacute; otra frustraci&oacute;n. Cada uno debe tener lo que el otro quiere y, de manera simult&aacute;nea, querer lo que el otro tiene. En econom&iacute;a, esa doble coincidencia se llama trueque, y es la forma institucional m&aacute;s inepta y costosa para los intercambios. Basta imaginar que as&iacute; se intentara el intercambio de cierta clase de camisas por cierta clase de zapatos, etc. Los costos de transacci&oacute;n resultan exorbitantes debido a los esfuerzos y el tiempo de b&uacute;squeda. Entonces, en ese sistema el n&uacute;mero de aciertos es sub&oacute;ptimo, el costo de cada uno es muy alto y el n&uacute;mero de frustraciones es enorme. Una confirmaci&oacute;n veloz podr&iacute;a hacerse con un muestreo sobre los temas de la m&uacute;sica rom&aacute;ntica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En general, las corrientes m&aacute;s influyentes de la econom&iacute;a favorec&iacute;an la explicitud, la transparencia y la eficiencia de los mercados. Con los siguientes argumentos principales. Si su desarrollo no es institucionalizado de manera oportuna, surgen mercados ilegales. Y las prohibiciones sobre &eacute;stos tienden a ser infructuosas, a premiar a los delincuentes, a perjudicar a los consumidores, en t&eacute;rminos de costos y de cantidades disponibles, y a castigar a los ciudadanos inocentes con los presupuestos policivos. Una ilustraci&oacute;n fue la defensa del profesor Friedman, premio Nobel, de la legalizaci&oacute;n de los mercados de drogas clandestinas. Otra, los argumentos desarrollados en un texto de microeconom&iacute;a sobre la conveniencia de una mayor flexibilidad en los mercados de &oacute;rganos humanos. Y otra, la posici&oacute;n del profesor North, tambi&eacute;n premio Nobel, sobre la prostituci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Uno de los argumentos de North es sobre la equidad. Cuando es ilegalizada, como en los Estados Unidos, o en Francia en la posguerra, el impacto es diferencial seg&uacute;n la posici&oacute;n econ&oacute;mica de las personas. En el mercado de las m&aacute;s pudientes el control es casi simb&oacute;lico. En contraste, el aumento de riesgos para la salud y para la seguridad personal, el deterioro de calidad, el aumento de costos y de frustraci&oacute;n, y el empeoramiento de condiciones de trabajo, pueden ser muy notables m&aacute;s abajo. Pero, m&aacute;s all&aacute; de esto, sugiere un an&aacute;lisis m&aacute;s riguroso del tema y de sus implicaciones. Pues resulta falaz la identificaci&oacute;n ordinaria de la prostituci&oacute;n con su estrato pobre, s&oacute;lo porque es el m&aacute;s visible.</p>     <p align="justify"><b>10. TULLOCK Y MCKENZIE, LA RACIONALIDAD Y LA EXPLOTACI&Oacute;N AFECTIVA</b></p>     <p align="justify">Estos autores se destacan por sus esfuerzos para evidenciar que el enfoque de los mercados es aplicable hasta en los m&aacute;s rec&oacute;nditos aspectos de la sociedad contempor&aacute;nea. A pesar de su advertencia en el sentido de que as&iacute; se arroja luz pero no se agota la totalidad de la explicaci&oacute;n. Basta con recorrer el contenido de su <i>New world of economics</i>, 1978, el cual abarca desde la oferta y demanda de beb&eacute;s hasta la l&oacute;gica econ&oacute;mica del momento de morir. Pasando, claro est&aacute;, por el sexo, el afecto, el matrimonio y la familia. En todos los casos muestran una oferta, una demanda, un precio, un beneficio, un costo y una conducta maximizadora de la diferencia entre los dos &uacute;ltimos.</p>     <p align="justify">Su an&aacute;lisis del enamoramiento es ilustrativo. Su primer impacto consiste en la destrucci&oacute;n de la competencia. Es decir, en el establecimiento de un monopolio puro. Y, como se sabe, la funci&oacute;n de este poder es la explotaci&oacute;n. Entonces desarrollan un modelo de oferta y demanda, excedente del consumidor y optimizaci&oacute;n para mostrar el grado de explotaci&oacute;n &oacute;ptima. O sea, el m&aacute;ximo que una parte puede sacar y el m&aacute;ximo que la otra parte puede aguantar. Algunos contratos se rompen por el problema de que para saber cu&aacute;nto es suficiente se llega hasta demasiado.</p>     <p align="justify">El modelo sobre la conducta sexual es ejemplar de la forma como algunas herramientas de la econom&iacute;a, en particular las funciones de oferta y demanda, pueden ayudar en el an&aacute;lisis de problemas complejos y sutiles. Sin caer en el reduccionismo economicista, aparece un cuadro realista sobre la sociedad contempor&aacute;nea y su sensibilidad ante los incentivos materiales. El cual sirve, adem&aacute;s, para dejar planteados los mercados sexuales abiertos como una cuesti&oacute;n de grado. Claro est&aacute;, la intenci&oacute;n de la obra es introductoria y pedag&oacute;gica, y por ello el desarrollo de los temas es limitado. Sin embargo, le queda a los autores la distinci&oacute;n de abordar el an&aacute;lisis econ&oacute;mico de la prostituci&oacute;n en forma expl&iacute;cita, intentando derivarlo de un modelo riguroso y procurando la misma objetividad desplegada en los dem&aacute;s problemas. En particular, evaden las trampas de confundir la prostituci&oacute;n con la pobreza y de reducir sus funciones de oferta y demanda a accidentes de orden moral.</p>     <p align="justify">En su modelo de producci&oacute;n de beb&eacute;s en la sociedad moderna, la demanda de hijos es semejante a la de autos nuevos, o cualquier otro bien de consumo. Los padres buscan su m&aacute;xima satisfacci&oacute;n, dada una restricci&oacute;n presupuestal. Entonces pasan a explicitar tal lista de placeres. Y luego la lista de costos, y se calcula su valor presente. El n&uacute;mero &oacute;ptimo de hijos es, entonces, una resultante de estas consideraciones. En las sociedades m&aacute;s atrasadas, los hijos tambi&eacute;n pueden ser bienes de inversi&oacute;n, como provisiones para la vejez, lo cual debe considerarse en los beneficios. Y esto conduce a un corolario destacado por Becker, 1993. En el contrato sobre una inversi&oacute;n, cuyo rendimiento es exigible despu&eacute;s de treinta o cuarenta a&ntilde;os, la &uacute;nica garant&iacute;a consiste en educar a los hijos en el sentimiento de culpa.</p>     <p align="justify">En la misma l&iacute;nea de este &uacute;ltimo autor, Tullock y McKenzie avanzan de los componentes del mercado hacia una conducta humana general. Pero no terminan ah&iacute;. Por ejemplo, en el cap&iacute;tulo IV, sobre la racionalidad, presentan una curva de demanda ordinaria, derivada de experimentos con animales, sugiriendo que la conducta de &eacute;stos es optimizadora, en el contexto de beneficios y costos. En su <i>Tratado sobre la familia</i>, Becker, 1981, tambi&eacute;n introduce un cap&iacute;tulo sobre especies no humanas, y lo inicia con la proposici&oacute;n de que el an&aacute;lisis econ&oacute;mico es poderoso para modelar <i>tambi&eacute;n</i> las conductas de otras especies animales. Un observador extraterrestre, m&aacute;s crudo, podr&iacute;a decir que es poderoso para modelar <i>tambi&eacute;n</i> las conductas de la especie humana en los mercados. Por supuesto, la controversia acerca de si los mercados replican a la competencia animal, o las teor&iacute;as sobre &eacute;sta replican a las teor&iacute;as sobre los primeros, no es nueva. Pues si el &eacute;xito competitivo define la conducta, debe presionar en alguna forma semejante a sus diversos protagonistas. De hecho, por los mismos a&ntilde;os, apareci&oacute; <i>El gen ego&iacute;sta</i>, del bi&oacute;logo Richard Dawkins, 1976, en cuyos modelos de comportamiento animal, sobre todo en la conducta sexual, se traslucen los modelos de optimizaci&oacute;n econ&oacute;mica. Con discusiones, inclusive, sobre la estabilidad de los equilibrios. Y sobre si el &oacute;ptimo gen&eacute;tico se alcanza por la interacci&oacute;n de los altruismos o por la interacci&oacute;n de los ego&iacute;smos.</p>     <p align="justify">En el modelo de optimizaci&oacute;n gen&eacute;tica ego&iacute;sta de Dawkins, la explotaci&oacute;n sexual puede empezar desde el embri&oacute;n e impulsar en forma distinta la conducta de los sexos. En los mam&iacute;feros, la nutrici&oacute;n del embri&oacute;n corre por cuenta entera del &oacute;vulo femenino, lo cual permite que por cada uno de &eacute;stos puedan producirse millones de espermatozoides. La estrategia de perpetuaci&oacute;n se inclinar&aacute;, entonces, hacia el cuidado, por el lado femenino; y hacia la cantidad, por el lado masculino. Claro est&aacute;, las instituciones deben ensillarse sobre esto.</p>     <p align="justify">En 1914 Wicksteed anticip&oacute; algo sobre los alcances anal&iacute;ticos de la racionalidad. Se&ntilde;al&oacute; que el principio de optimizaci&oacute;n cubre todos los &oacute;rdenes de la vida, y por ello resulta insensata la noci&oacute;n de una “racionalidad econ&oacute;mica”. Agreg&oacute; que “lo econ&oacute;mico” no se define por la racionalidad sino por el tipo de relaci&oacute;n establecida entre las personas. Ahora bien, marcar una l&iacute;nea entre estas dos cosas parece un bonito problema. Si es que, en verdad, se justifica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>11. POSNER Y LA TEOR&Iacute;A ECON&Oacute;MICA DE LA SEXUALIDAD</b></p>     <p align="justify">Con respecto a la legislaci&oacute;n resulta ineludible referirse al profesor Posner, 1992, quien le ha aplicado el an&aacute;lisis econ&oacute;mico no s&oacute;lo en &aacute;reas convencionales, como la regulaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en las ramas constitucional, penal y civil. Por supuesto, aqu&iacute; entra el derecho de familia y vale la pena ojear dos de sus muestras. Primera, la monogamia, como mandato legal, entra en los contratos matrimoniales por las mismas razones que un impuesto progresivo sobre las rentas. Evocando a Ovidio, en caso contrario los m&aacute;s pobres podr&iacute;an quedar sin oportunidades. Y, segunda, su complemento. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n, a pesar del estricto mandato legal sobre la monogamia, las sociedades urbanas modernas son m&aacute;s permisivas sobre la promiscuidad? Porque los costos de supervigilancia y control son demasiado altos. En un pueblo peque&ntilde;o la c&aacute;rcel es barata y los guardianes tambi&eacute;n.</p>     <p align="justify">Pero es <i>Sexo y raz&oacute;n</i> el tratado donde Posner, 1994, despliega con plenitud sus ingentes esfuerzos de investigaci&oacute;n sobre el tema, y donde se propone, en forma espec&iacute;fica, exponer una teor&iacute;a econ&oacute;mica de la sexualidad. La cual, adem&aacute;s de los aspectos m&aacute;s convencionales, como el matrimonio y el cortejo heterosexual, incluye la homosexualidad, la pornograf&iacute;a, la coerci&oacute;n, la tecnolog&iacute;a y la moralidad en el sexo, y culmina en una econom&iacute;a pol&iacute;tica de la regulaci&oacute;n sexual. A todo lo largo, recurre a contribuciones de la biolog&iacute;a, la filosof&iacute;a, la sociolog&iacute;a, la fisiolog&iacute;a, la psicolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a, ofreciendo un panorama dial&eacute;ctico. Sin aquellas, la comprensi&oacute;n ser&iacute;a imposible. Y, a pesar de esto, sin el an&aacute;lisis econ&oacute;mico los vac&iacute;os y las falacias podr&iacute;an ser enormes.</p>     <p align="justify">El primer aspecto impactante es la motivaci&oacute;n misma de la obra. En su oficio como juez superior, Posner se sinti&oacute; at&oacute;nito ante la ignorancia del tema en su medio, a pesar de la responsabilidad cotidiana para emitir fallos en este campo. Atribuy&oacute; esto a antecedentes puritanos, estimulantes de su ignorancia social media, agravada para los jueces por el estricto monitoreo moral al cual son sometidos. Por contraevidente, descart&oacute; el temor sobre una correlaci&oacute;n pol&iacute;tica con el grado de liberalidad sexual. No obstante, algunas reacciones pueden pasar por alto las evidencias. Y tambi&eacute;n parece conveniente considerar los eventuales temores sobre una mayor liberalidad dentro de una cultura que espolea sin pausa el hedonismo y el lucro como fines supremos.</p>     <p align="justify">Su an&aacute;lisis sobre la homosexualidad es paradigm&aacute;tico. Al lado de las preferencias estructurales, evidencia un grado de sustituibilidad entre las diferentes satisfacciones sexuales. Por lo tanto, sus relaciones beneficio costo determinan la elecci&oacute;n del individuo. Pero estas relaciones se alteran con las circunstancias. De esta manera, resultar&iacute;a m&aacute;s significante referirse a episodios que a individuos homosexuales. As&iacute; explica, por ejemplo, una tendencia de los hipermachos a tener m&aacute;s episodios de tal clase que los machos ordinarios. De otro lado, involucra los mayores costos individuales de b&uacute;squeda para concretar transacciones en los casos de preferencias minoritarias. De acuerdo con esto, la concentraci&oacute;n de relaciones homosexuales en las grandes urbes se explicar&iacute;a por la explotaci&oacute;n de econom&iacute;as de escala. Cabr&iacute;a, quiz&aacute;, alguna matizaci&oacute;n deductiva. Podr&iacute;a ser que, en determinadas circunstancias, un avance de la cultura mercantil sobre el espectro social confiera decisividad en las conductas a las rentabilidades relativas, generando sustituibilidad entre elementos cuya comparabilidad permanec&iacute;a vedada. <i>Ceteris paribus</i>, el bisexualismo y otras conductas podr&iacute;an exhibir, entonces, una correlaci&oacute;n positiva con el nivel de desarrollo del mercado, no s&oacute;lo por las mayores econom&iacute;as de escala, o por la existencia de un grado previo de sustituibilidad, sino porque &eacute;ste en s&iacute; mismo resultar&iacute;a incrementado.</p>     <p align="justify">Las interacciones de oferta y demanda ocupan, por supuesto, un lugar central. Y, para el caso heterosexual, Posner las comprime a trav&eacute;s de una proporci&oacute;n efectiva entre sexos, definida como el n&uacute;mero de hombres dividido por el n&uacute;mero de mujeres disponibles. Cuando aumenta, el costo por episodio sexual crece para el sexo masculino. Claro est&aacute;, podr&iacute;a expresarse tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de costos femeninos, pero dentro del marco socio biol&oacute;gico adoptado no existe una simetr&iacute;a perfecta. Para empezar, Posner concluye que en promedio, <i>ceteris paribus</i>, la demanda sexual masculina tiende a ser m&aacute;s intensa y m&aacute;s promiscua que la femenina. Y, sobre ello, ser&iacute;a conveniente considerar las circunstancias naturales bajo las cuales las mujeres no est&aacute;n disponibles. Debido a estos factores, de la interacci&oacute;n sexual surge, en promedio, un costo neto positivo para los hombres y un ingreso neto positivo para las mujeres.</p>     <p align="justify">A pesar de la amplitud de la obra, y de que la relaci&oacute;n m&aacute;s evidente entre mercado y sexo se encuentra en la prostituci&oacute;n, este autor tampoco le dedica un cap&iacute;tulo especial al fen&oacute;meno. Por supuesto, hay referencias a lo largo del libro, pero &eacute;stas no llenan el vac&iacute;o de un an&aacute;lisis focalizado y sistem&aacute;tico. Sin embargo, avanza en un reconocimiento primario sobre la necesidad de estratificaci&oacute;n. En orden de costo y calidad ascendentes, y siguiendo el mercado en USA, Posner distingue entre la prostituci&oacute;n callejera, la ofrecida en bares y la ofrecida a trav&eacute;s de <i>call girls</i>. En t&eacute;rminos m&aacute;s generales, entre la p&uacute;blica, la de clubes, con diversos grados de exclusividad, y la m&aacute;s personalizada. Como con cualquier otro producto de la sociedad de consumo, autos, relojes, viviendas o vestidos, desde la soluci&oacute;n m&iacute;nima hasta la cota del lujo, el espectro debe ser mucho m&aacute;s amplio y continuo. Estos vac&iacute;os lo llevan, en pocas ocasiones, a confundir conclusiones con sus propias valoraciones. Por ejemplo, la de que sin duda la mayor parte de las prostitutas (y sus clientes) preferir&iacute;an vivir felizmente casadas. Alguien menos prevenido podr&iacute;a replicar que no s&oacute;lo las prostitutas (y sus clientes) preferir&iacute;an vivir felizmente. Pero, a&uacute;n as&iacute;, podr&iacute;amos tropezarnos con el buen braham&iacute;n en la historia de Voltaire. El nos informar&iacute;a, entonces, que la humanidad es tan poco inteligente que siempre ha preferido quedarse con la inteligencia en vez de la felicidad. Aparte de estos aspectos, la obra de Posner constituye el m&aacute;s ambicioso trabajo de an&aacute;lisis econ&oacute;mico sobre el sexo realizado hasta ahora.</p>     <p align="justify"><b>12. BECKER O LA EFICIENCIA DE LOS MERCADOS MATRIMONIALES</b></p>     <p align="justify">El profesor Becker no se refiere al matrimonio sino a los mercados conyugales. Las personas tienen un presupuesto, unas dotaciones, como su atractivo, sus ingresos, su riqueza acumulada, su promesa de &eacute;xito, y salen a ofrecer y a demandar. Un matrimonio es una transacci&oacute;n ocurrida en ese mercado. Y es &oacute;ptimo cuando maximiza el valor presente de la riqueza (monetaria y no monetaria) esperada durante el ciclo de vida. Dentro de la familia, los recursos de trabajo se especializan por funciones, seg&uacute;n sus ventajas individuales, para lograr el mayor producto posible. Y los ingresos obtenidos se gastan de tal forma que se maximiza el bienestar familiar, de acuerdo con las preferencias de un jefe altruista. En estos procesos el amor, o el altruismo, puede jugar un papel importante, estimulando la cooperaci&oacute;n para el logro de fines comunes y generando bienestar en unos miembros a trav&eacute;s de la contemplaci&oacute;n del bienestar de otros, o sea por interdependencia de las funciones individuales de utilidad. Por eso, con aprobaci&oacute;n, cita a Robertson, definiendo el amor como un factor de producci&oacute;n escaso. Los hijos son un capital espec&iacute;fico, producto de inversiones maritales, con usos no fluidos. Si alguien se separa, ese capital puede no ser productivo en un nuevo enlace. Al respecto, despu&eacute;s de cierto tiempo, los beneficios y los costos marginales se han alterado para los c&oacute;nyuges. A esto puede agregarse informaci&oacute;n inadecuada en los mercados maritales. En consecuencia, los beneficios y costos de oportunidad de una ruptura entran en consideraci&oacute;n y la situaci&oacute;n puede terminar en divorcio.</p>     <p align="justify">Becker no se limita a los matrimonios monog&aacute;micos. Por el contrario, su enfoque es general, analizando como alternativas los matrimonios poli&aacute;ndricos y polig&iacute;nicos. Y, de acuerdo con eso, bajo determinadas circunstancias, la monogamia termina imponi&eacute;ndose por su mayor eficiencia. En esto parecen decisivos dos factores. Primero, los c&oacute;nyuges m&uacute;ltiples tienden a incorporar menores inversiones. Segundo, el amor de pareja podr&iacute;a actuar como un especial factor de producci&oacute;n de bienes familiares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Una tensi&oacute;n permanente recorre a la teor&iacute;a de la familia de Becker. Considera que el altruismo es m&aacute;s eficiente en esos grupos peque&ntilde;os, mientras el ego&iacute;smo es m&aacute;s eficiente en los amplios mercados. Pero el ego&iacute;smo tambi&eacute;n opera dentro de las familias. En particular el altruismo de los padres hacia los hijos es mayor que a la inversa, porque invertir en los hijos genera un mayor rendimiento familiar que invertir en los padres. Para conservar los resultados de eficiencia debe, entonces, encontrar una correspondencia de la mano invisible dentro de la familia, para que gu&iacute;e los comportamientos ego&iacute;stas hacia el bien com&uacute;n. Esta funci&oacute;n puede ser desempe&ntilde;ada por su teorema del ni&ntilde;o malvado. Este se interesa s&oacute;lo en su propio bienestar, pero puede salir ganando si coopera con la familia, porque el producto de &eacute;sta aumenta y el altruismo de la cabeza familiar reparte el incremento. En este &uacute;ltimo paso el amor se hace presente como factor de producci&oacute;n, estimulando la cooperaci&oacute;n. Entonces, su objetivo es ego&iacute;sta pero termina comport&aacute;ndose como si fuera altruista.</p>     <p align="justify">No hac&iacute;a falta mucha malicia para sospechar que Becker se inclina hacia el optimismo. En t&eacute;rminos formales, en 1983 Bergstrom y Cornes mostraron que el teorema no tiene alcance general y est&aacute; sujeto a restricciones especiales sobre las estructuras de preferencias. M&aacute;s tarde, Cornes y Silva, 1999, mostraron que estas restricciones pod&iacute;an sustituirse por otras: el producto debe ser un bien p&uacute;blico puro, cada contribuyente al mismo debe tener la misma importancia, no debe haber <i>free riders</i> o colinchados, y para esto &uacute;ltimo, seg&uacute;n parece, debe tenerse fe en el poder de persuasi&oacute;n del miembro altruista. Como todos los debates sobre la eficiencia del ego&iacute;smo y el altruismo es posible que el final de &eacute;ste no sea f&aacute;cil ni contundente.</p>     <p align="justify"><b>13. POLLACK O EL CONFLICTO Y LA TRANSACCI&Oacute;N EN LA FAMILIA</b></p>     <p align="justify">Los economistas tend&iacute;an a enfocar a la familia como una entidad armoniosa y al conflicto como una anomal&iacute;a sin consecuencias en sus an&aacute;lisis. Exiliaron los problemas del poder y sus resultados se concentraban en los &oacute;ptimos paretianos. Tal era el registro de la situaci&oacute;n por el profesor Pollack, 1985, 1996. Y en este &uacute;ltimo trabajo, realizado junto con Lundberg, dejaron se&ntilde;alado que los abusos y la violencia dom&eacute;sticos por lo menos suger&iacute;an la posibilidad de casos ineficientes.</p>     <p align="justify">Pollack no oculta su opini&oacute;n de que en la ra&iacute;z de tales enfoques se encontraban los convencionales supuestos neocl&aacute;sicos. En particular, el de costos de transacci&oacute;n nulos para alcanzar los objetivos &oacute;ptimos, lo cual conduc&iacute;a a considerar a las empresas, al gobierno y a las familias como simples expresiones unitarias de preferencias, sin otorgarle importancia a sus organizaciones espec&iacute;ficas. Sin duda, los principales representantes de los enfoques criticados eran Samuelson, 1956, y Becker, 1981. El primero trat&oacute; de corregir una incoherencia en la teor&iacute;a neocl&aacute;sica del consumidor, pues las curvas de indiferencia se refer&iacute;an a un individuo aislado mientras las unidades reales de gasto eran las familias. Y para ello deriv&oacute; curvas de indiferencia colectivas, con las implicaciones criticadas por Pollack. Ahora bien, cuando tal enfoque es sustituido por la teor&iacute;a de juegos, suele suponerse utilidad transferible entre los c&oacute;nyuges, lo cual involucra cardinalidad. Y se apunta as&iacute; a otra incongruencia. Ordinalidad en el consumo y cardinalidad en el juego que lo sustenta. De otro lado, en el caso de Becker eran notables su inclinaci&oacute;n hacia la optimalidad de resultados y su funci&oacute;n de utilidad unitaria para toda la familia.</p>     <p align="justify">Entonces, al reconocer un valor positivo para los costos de transacci&oacute;n y superar esos enfoques, el an&aacute;lisis institucionalista debe ser llevado hasta la familia. Y por ello Pollack pasa a indicar sus principales componentes.</p>     <p align="justify">Primero, competitividad. La familia tiene ventajas en incentivos, supervisi&oacute;n, altruismo y lealtad, para actuar como empresa productiva hacia adentro y hacia afuera. Y tiene desventajas en conflictos, tolerancia de faltas, especializaci&oacute;n limitada y deseconom&iacute;as de tama&ntilde;o. Los pesos de estos factores determinan sus funciones, pero ellos var&iacute;an entre actividades y con los cambios sociales.</p>     <p align="justify">Segundo, contratos. En relaciones de largo plazo, influenciadas por el car&aacute;cter de las partes, y por circunstancias cambiantes, los contratos suelen ser incompletos. Es decir, no pueden prever cl&aacute;usulas precisas y aceptables para todas las contingencias posibles. La negociaci&oacute;n permanente y el arbitraje de poderes externos constituyen, entonces, la salida. Las relaciones sindicales y conyugales son casos paradigm&aacute;ticos. Los &eacute;nfasis sobre las dosis de negociaci&oacute;n o arbitraje tienden, sin embargo, a encender las pol&eacute;micas. Una ilustraci&oacute;n interesante al respecto es el trabajo de Rowthorn, 1999. Basado en la importancia de la confianza para la inversi&oacute;n, la eficiencia y la equidad, en cualquier empresa, sugiere que los contratos conyugales deber&iacute;an procesar y sancionar los enga&ntilde;os con el mismo rigor que otros contratos comerciales. Como siempre, otras consideraciones, como la peculiaridad de los socios y el grado de intervenci&oacute;n p&uacute;blica en los asuntos privados, levantan interrogantes sobre cualquier f&oacute;rmula utilizada. Por eso Rowthorn termina proponiendo la apertura de un abanico de contratos para la elecci&oacute;n de los c&oacute;nyuges.</p>     <p align="justify">Tercero, negociaci&oacute;n. La cual lleva el &eacute;nfasis en partes con intereses distintos, a veces opuestos, en contraste con el modelo altruista o unitario de Becker, y lleva a Pollack a la teor&iacute;a de juegos. En sus modelos, completados con Lundberg, el poder se refleja en las reglas del juego, en los distintos recursos de los c&oacute;nyuges y en sus puntos de amenaza. Estos se diferencian, de los de otros modelos de juegos conyugales, porque el divorcio no se esgrime como arma cotidiana. S&oacute;lo es un extremo, cuando se agotan los recursos end&eacute;micos, consistentes en ofertas, contraofertas y equilibrios no cooperativos. En las soluciones de sus juegos, la optimalidad paretiana puede ser posible pero no es necesaria. Y tales soluciones siempre pueden ser m&uacute;ltiples, rompi&eacute;ndose la autosuficiencia de la teor&iacute;a de juegos. Por esta grieta se cuela la sociedad, a trav&eacute;s de otras instituciones, como presiones externas, regulaciones, costumbres y cultura.</p>     <p align="justify">Cuarto, integraci&oacute;n. El valor del divorcio como punto de amenaza, y como recurso extremo de negociaci&oacute;n conyugal, depende del valor obtenido por cada persona con su solter&iacute;a. Este &uacute;ltimo, a su vez, es determinante en la conformaci&oacute;n de parejas. Por consiguiente, concluyen Lundberg y Pollack, en el futuro los juegos deber&iacute;an integrar las teor&iacute;as del acople, o de los mercados matrimoniales, qui&eacute;n con qui&eacute;n; de la negociaci&oacute;n dentro del matrimonio; y del divorcio. A esto deber&iacute;a sumarse la negociaci&oacute;n con los hijos, y otros modelos menos convencionales de familia, porque los modelos de juegos existentes s&oacute;lo cubren a dos c&oacute;nyuges. En Norteam&eacute;rica, hacia 1975, 20% de los matrimonios terminaban antes de cinco a&ntilde;os; casi las dos terceras partes no sobreviv&iacute;an hasta la tercera edad; y 25% de los ni&ntilde;os nac&iacute;an de madres sin esposo. Hacia fines del siglo XX, esta &uacute;ltima cifra se aproximaba al doble en algunas regiones del norte de Europa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>14. BERGSTROM O LA BIOETNOECONOM&Iacute;A</b></p>     <p align="justify">Theodore Bergstrom, 1996, 1997, se&ntilde;ala la complacencia de los economistas modernos ante la aplicaci&oacute;n de sus m&eacute;todos anal&iacute;ticos en otras disciplinas, en contraste con su repelencia para aprovechar conocimientos provenientes en la direcci&oacute;n contraria. No se extra&ntilde;a, entonces, de que hasta ahora empiecen a explotar la riqueza fascinante de la biolog&iacute;a evolucionista, la antropolog&iacute;a y la teor&iacute;a de juegos. Y, claro est&aacute;, &eacute;l mismo es uno de los pioneros m&aacute;s notables sobre este camino.</p>     <p align="justify">En el primero de estos campos, destaca la teor&iacute;a gen&eacute;tica sobre el grado de altruismo en las especies de reproducci&oacute;n sexual, comenzando con Haldane en 1955, desarrollada por Hamilton en 1964, y popularizada por Dawkins, 1976. Y hace notar su coincidencia con el “orden en que los individuos son recomendados por la naturaleza a nuestro cuidado y atenci&oacute;n”, se&ntilde;alado por Smith en la <i>Teor&iacute;a de los sentimientos morales</i>, 1759. Muestra c&oacute;mo de aqu&iacute; pueden derivarse y utilizarse funciones de utilidad basadas en la &eacute;tica kantiana y, en algunos casos, disminuida su probabilidad a la mitad, semikantiana. Tambi&eacute;n destaca un libro de Trivers de 1985, <i>Social Evolution</i>, donde modelos de altruismo y conflicto entre parientes son examinados a trav&eacute;s del reino animal. Contrastan estos modelos con los m&aacute;s economicistas de Bernheim y Stark, 1988, en los cuales el grado de altruismo est&aacute; abierto a la elecci&oacute;n individual, aun en el caso de enamoramiento porque “uno puede elegir a cu&aacute;les precipicios aproximarse”. Por supuesto, esta problem&aacute;tica es relevante no s&oacute;lo para modelar las relaciones familiares, sino tambi&eacute;n los mercados previos de acople, los tipos de negociaci&oacute;n y los puntos de amenaza, constituyendo un elemento de la integraci&oacute;n indicada por Pollack. Entre el rigor de tales funciones de utilidad, dos resultados parecen en particular interesantes. En algunos casos, un aumento de amor puede hacer da&ntilde;o. Y si individuos altruistas son incluidos en los mercados, se corre el riesgo de que &eacute;stos pierdan su optimalidad paretiana.</p>     <p align="justify">Otro desarrollo notable en este campo es la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n de las preferencias, lo cual incluye la herencia cultural y la imitaci&oacute;n. Algunas se ajustan a las mismas leyes verticales de la gen&eacute;tica, tendiendo a imponerse, a trav&eacute;s de la selecci&oacute;n, las m&aacute;s exitosas. No es necesario volver a Sade para percibir algunas implicaciones en un medio como el mercado. Y otras pueden ser transmitidas por din&aacute;micas horizontales, a trav&eacute;s de determinadas instituciones. La combinaci&oacute;n resulta, por supuesto, en patrones oblicuos, y curvos, m&aacute;s complejos.</p>     <p align="justify">Para ganar perspectiva, recurre a un <i>Atlas etnogr&aacute;fico</i> de Murdock, publicado por la Universidad de Pittsburgh en 1967, seg&uacute;n el cual la poliginia prevalece en 850 de las 1.170 sociedades registradas. Y se&ntilde;ala el &eacute;nfasis de los antrop&oacute;logos en el sentido de que las sociedades monog&aacute;micas respecto del matrimonio suelen ser polig&iacute;nicas en cuanto a los acoples de hecho. Pero la asimetr&iacute;a anal&iacute;tica sorprende, pues hay silencio sobre la inexorabilidad minot&aacute;urica propuesta por Fourier. S&oacute;lo al abordar el divorcio, sobre el matrimonio otra vez, se reconoce que en las sociedades occidentales modernas tiende a prevalecer la poligamia seriada, con varios c&oacute;nyuges sobre el ciclo de vida, para los dos sexos. Estas variaciones en las demandas por acoples generan, por lo menos, transferencias. Becker, por ejemplo, sugiri&oacute; que la poliginia pod&iacute;a mejorar la situaci&oacute;n de las mujeres. Y la de los hombres m&aacute;s ricos, empeorando la de los m&aacute;s pobres, agregar&iacute;a Posner. Pero para evitar falacias habr&iacute;a que completar el cuadro con la poliandria, traspasando el l&iacute;mite formal de los matrimonios, y reconociendo con realismo los acoples de hecho, exigir&iacute;a Fourier. En todo caso, los impactos de estas estructuras sobre el bienestar apenas empiezan a ser analizados por los economistas modernos.</p>     <p align="justify">Una de las rese&ntilde;as m&aacute;s interesantes de Bergstrom, 1993, 1997, es precisamente sobre el desarrollo de los modelos de acople, empezando con uno de Gale y Shapley de 1962, al cual denomina algoritmo de cortejo. En t&eacute;rminos generales, el modelo Koopmans Beckmann de programaci&oacute;n lineal fue adaptado para estos prop&oacute;sitos, reemplazando en el problema de asignaci&oacute;n &oacute;ptima a los empleadores y a los empleados por las mujeres y los hombres buscando pareja. La t&iacute;pica soluci&oacute;n dual determina, entonces, precios sombra para todos los galantes, femeninos y masculinos. Despu&eacute;s de otras innovaciones, un modelo desarrollado por Roth y Sotomayor, 1990, destaca una conclusi&oacute;n. No existir&iacute;a un algoritmo de acople &oacute;ptimo que le permita a la sinceridad convertirse en una estrategia dominante para todas las mujeres y los hombres. Lo cual invitar&iacute;a a an&aacute;lisis especiales sobre los significados de la competencia y de su mano invisible en este tipo de mercados. Y, por implicaci&oacute;n, en los otros.</p>     <p align="justify"><b>15. LO SUPERFLUO Y LO INDISPENSABLE</b></p>     <p align="justify">Bergstrom y otros economistas antes que &eacute;l, como Veblen, Mishan y Currie, han subrayado, con fisi&oacute;logos, psic&oacute;logos y antrop&oacute;logos, la paradoja de algunas necesidades humanas formadas durante millones de a&ntilde;os de vida semisalvaje, y su inercial permanencia en la reci&eacute;n nacida civilizaci&oacute;n de consumo masivo. Lo cual genera un desajuste, por s&iacute;ndromes de disfuncionalidad. La fibra para la digesti&oacute;n es el ejemplo m&aacute;s crudo, en forma literal. Ya no se requiere un salvaje aparato digestivo capaz de procesar alimentos sin cocci&oacute;n, ra&iacute;ces, c&aacute;scaras y otras asperezas. La industria de alimentos se ha encargado de esa responsabilidad. Pero el pasado salvaje contin&uacute;a reclamando su cuota de fibra. En una &eacute;poca de ingenier&iacute;a gen&eacute;tica, estimulantes sint&eacute;ticos, bancos humanos de esperma y de &oacute;vulos, beb&eacute;s probeta, &uacute;teros alquilables y ventajas competitivas del mercado abierto desplazando a las de las familias, &eacute;stas y el afecto podr&iacute;an llegar a perder su funci&oacute;n de factores de producci&oacute;n, para utilizar la expresi&oacute;n de Robertson y Becker. Pero, aun en esa situaci&oacute;n extrema, podr&iacute;an conservar su car&aacute;cter de necesidades b&aacute;sicas, en un <i>status</i> similar al de la fibra. No obstante, eso no agotar&iacute;a el l&iacute;mite de sus riesgos. Pues, de todas maneras, estar&iacute;an expuestos a la eficiencia de los sustitutos sint&eacute;ticos. Sobre esta &uacute;ltima frontera quedar&iacute;a la esperanza de la voluntad para cultivar la elevaci&oacute;n de las flores sobre el barro que las sostiene y las nutre.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Becker, G., Landes, <i>et al</i>. “An economic analysis of marital instability”, <i>Journal of Political Economy</i>, diciembre, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0124-5996200000010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Becker, G. <i>Teor&iacute;a de la familia</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996200000010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Becker, G. “The economic way of looking at behavior”, <i>Journal of Political Economy</i>, N&ordm; 3, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-5996200000010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bergstrom, T.; Bagnoli, M. “Courtship as a waiting game”, <i>Journal of Political Economy</i>, N&ordm; 101, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996200000010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Bergstrom, T. “Economics in a family way”, <i>Journal of Economic Literature</i>, diciembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0124-5996200000010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Bergstrom, T. “A survey of theories of the family”, Rosenzweig, M. <i>et al</i>. <i>Handbook of population and family economics</i>, Elsevier E., 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-5996200000010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Bernheim, B.; Stark, O. “Altruism within the family reconsidered”, <i>American Economic Review</i>, N&ordm; 78, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0124-5996200000010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Boulding, K. “Licencias vendibles para beb&eacute;s”, Hardin, G. <i>Poblaci&oacute;n, evoluci&oacute;n y control natal</i>, M&eacute;xico, Edutex E., 1964.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-5996200000010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Cornes, R.; Silva, E. “Rotten kids, purity, and perfection”, <i>Journal of Political Economy</i>, N&ordm; 5, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-5996200000010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Dawkins, R. <i>El gen ego&iacute;sta</i>, 1976, Barcelona, Salvat Editores, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996200000010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Engels, F. <i>Origen de la familia, la propiedad privada y el estado</i>, Progreso Editorial, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0124-5996200000010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Fourier, C. <i>Armon&iacute;a pasional del nuevo mundo</i>, Madrid, Taurus Editores, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-5996200000010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Fourier, C. <i>Jerarqu&iacute;a de cornudos</i>, M&eacute;xico, Premi&aacute; E., 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0124-5996200000010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Gale, D., Shapley, L. “College admissions &amp; the stability of marriage”. <i>American Mathematical Monthly</i>, N&ordm; 69, 1962.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-5996200000010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Hardin, G. <i>Poblaci&oacute;n, evoluci&oacute;n y control natal</i>, M&eacute;xico, Edutex E., 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0124-5996200000010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Hirsch, F. <i>Los l&iacute;mites sociales al crecimiento econ&oacute;mico</i>, M&eacute;xico, FCE, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-5996200000010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Lundberg, S.; Pollack, R. “Bargaining and distribution in marriage”, <i>Journal of Economic Perspectives</i>, N&ordm; 4, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0124-5996200000010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Malthus, T. <i>Ensayo sobre la poblaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, FCE, 1951.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-5996200000010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Martyn, D. “Sade’s ethical economies”, Woodmansee, M. <i>et al</i>. <i>The new economic criticism</i>, London, Routledge E., 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996200000010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Masoch, L. <i>La venus de las pieles</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996200000010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. McKenzie, R.; Tullock, G. <i>La nueva frontera de la econom&iacute;a</i>, Madrid, Espasa, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996200000010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Mill, J. S. <i>Autobiograf&iacute;a</i>, Buenos Aires, Espasa, 1939.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996200000010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Mill, J. S.; Taylor, H. <i>Ensayos sobre la igualdad sexual</i>, Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996200000010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Mill, J. S. <i>Principios de econom&iacute;a pol&iacute;tica</i>, M&eacute;xico, FCE, 1951.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996200000010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. North, D.; Miller, R. <i>La econom&iacute;a de la usura, el crimen, etc.</i>, M&eacute;xico, FCE, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996200000010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Pareto, W. <i>Manuel de economie politique</i>, Par&iacute;s, Giard E., 1927.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996200000010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Pollack, R. “A transaction cost approach to families and households”, <i>Journal of Economic Literature</i>, junio, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200000010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Posner, R. <i>Economic analysis of law</i>, Boston, Little Brown Co., 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200000010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Posner, R. <i>Sex and reason</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200000010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Rosenzweig, M. <i>et al</i>. <i>Handbook of population and family economics</i>, Elsevier E., 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200000010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Roth, A.; Sotomayor, M. <i>Two sided matching</i>, Cambridge U. P., 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200000010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Rowthorn, R. “Marriage and trust: some lessons from economics”, <i>Cambridge Journal of Economics</i>, N&ordm; 23, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200000010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Sade, M. <i>Filosof&iacute;a en el tocador</i>, Barcelona, Bruguera, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200000010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Smith, A. <i>Teor&iacute;a de los sentimientos morales</i>, M&eacute;xico, FCE, 1941.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200000010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Smith, A. <i>Riqueza de las naciones</i>, New York, Modern Library, 1937.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200000010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Veblen, T. <i>Teor&iacute;a de la clase ociosa</i>, M&eacute;xico, FCE, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200000010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Woodmansee, M., <i>et al</i>. <i>The new economic criticism</i>, London, Routledge E., 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200000010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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