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<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LOS SUPUESTOS FUNDAMENTALES DE LA REFORMA AGRARIA Y SU VALIDEZ ACTUAL]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[FUNDAMENTAL ASSUMPTIONS OF THE AGRARIAN REFORM AND ITS ACTUAL VALIDITY]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article discusses the belief that redistribution of land tenure is a fundamental condition for social and economic development. It reviews the effectiveness of prior public programs of land redistribution and reviews the following four assumptions: 1. The traditional factors of production are the main source of the creation of value and wealth. 2. The redistribution of property of traditional factors determines distribution of income and social and political power. 3. To improve democracy, economic equity and social justice it is necessary to redistribute property of the traditional means of production. 4. The high cost of land prevents the development of agricultural production.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>LOS SUPUESTOS FUNDAMENTALES DE LA REFORMA AGRARIA Y SU VALIDEZ ACTUAL</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>FUNDAMENTAL ASSUMPTIONS OF THE AGRARIAN REFORM AND ITS ACTUAL VALIDITY</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Aacute;lvaro Balc&aacute;zar</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Investigador del Cega y profesor de la Universidad Nacional de Colombia.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: reforma agraria, redistribuci&oacute;n, factores de producci&oacute;n, equidad econ&oacute;mica, JEL: N5, Q1, R0]</p>     <p align="justify">Este trabajo cuestiona que la redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra sea una condici&oacute;n fundamental para el desarrollo econ&oacute;mico y social. Hace un recuento de los antecedentes y efectividad de los programas p&uacute;blicos de redistribuci&oacute;n de tierras y una revisi&oacute;n de los siguientes cuatro supuestos: 1. Los factores tradicionales de producci&oacute;n son las principales fuentes de creaci&oacute;n de valor y riqueza. 2. La distribuci&oacute;n de la propiedad de los factores tradicionales determina la distribuci&oacute;n del ingreso y la distribuci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y social. 3. Para construir democracia, equidad econ&oacute;mica y justicia social es imprescindible redistribuir la propiedad sobre los medios tradicionales de producci&oacute;n. 4. El alto precio de la tierra impide el desarrollo de la producci&oacute;n agr&iacute;cola.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <P align="justify">[Key words: agrarian reform, redistribution, production factors, economic equity, JEL: N5, Q1, R0]</p>     <p align="justify">This article discusses the belief that redistribution of land tenure is a fundamental condition for social and economic development. It reviews the effectiveness of prior public programs of land redistribution and reviews the following four assumptions: 1. The traditional factors of production are the main source of the creation of value and wealth. 2. The redistribution of property of traditional factors determines distribution of income and social and political power. 3. To improve democracy, economic equity and social justice it is necessary to redistribute property of the traditional means of production. 4. The high cost of land prevents the development of agricultural production.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>La necesidad de lograr un cambio fundamental en la estructura agraria, como requisito para crear el ambiente institucional y otras condiciones que son necesarias para el desarrollo social, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico con el m&iacute;nimo de exclusi&oacute;n humana, ha sido uno de los temas que ha logrado mayor consenso entre los estudiosos de los problemas del desarrollo de los pa&iacute;ses que conforman el llamado tercer mundo. Y aunque en la ret&oacute;rica siempre se habla de la reforma agraria como algo de car&aacute;cter estructural, m&aacute;s all&aacute; de la redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra, el &uacute;nico factor de reforma sobre el cual existe cierta claridad tanto conceptual como operacional es la redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra. De hecho, todos los programas de desarrollo rural que no incluyeron la redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra siempre fueron vistos como ‘sustitutos&rsquo; de la reforma agraria.</p>     <p align="justify">La redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra es inequ&iacute;vocamente el factor fundamental en el concepto de reforma agraria, al cual se han agregado otros factores, m&aacute;s para operativizar la idea de ‘integralidad de la reforma agraria&rsquo;, que por claridad conceptual acerca del problema que se debe resolver.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un examen de logros y costo fiscal de la experiencia colombiana en sus intentos por atacar la pobreza rural, a partir de pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n de la propiedad rural, quiz&aacute;s sirva como punto de referencia para discutir los fundamentos conceptuales del problema.</p>     <p align="justify"><b>ANTECEDENTES Y EFECTIVIDAD DE LOS PROGRAMAS P&Uacute;BLICOS DE REDISTRIBUCI&Oacute;N DE TIERRAS</b></p>     <p align="justify">Los efectos de la acci&oacute;n del INCORA se generan a partir de tres clases de intervenci&oacute;n. Un primer tipo de acci&oacute;n se refiere a los programas de redistribuci&oacute;n propiamente dicha, por compra, por expropiaci&oacute;n o por cesi&oacute;n de tierras a trav&eacute;s del Fondo Nacional Agrario. Un segundo tipo de acciones est&aacute; relacionado con la formalizaci&oacute;n de derechos adquiridos a trav&eacute;s de la tradici&oacute;n de la posesi&oacute;n (titulaci&oacute;n de bald&iacute;os) y la colonizaci&oacute;n, as&iacute; como a trav&eacute;s de la definici&oacute;n de derechos hist&oacute;ricos de comunidades ind&iacute;genas (delimitaci&oacute;n y saneamiento de resguardos) y de comunidades negras.</p>     <p align="justify">Entre 1962 y 1999, el INCORA afect&oacute; con fines redistributivos el equivalente a 1,8 millones de hect&aacute;reas, de las cuales 1.4 millones fueron adquiridas por compra, 350 mil obtenidas por cesiones al Fondo Nacional Agrario y apenas 70 mil por acciones de expropiaci&oacute;n (<a href="#c1">cuadro 1</a>). M&aacute;s de la mitad, el 58%, de las tierras adquiridas por compra se llevaron a cabo en los &uacute;ltimos 11 a&ntilde;os, 1988 y 1999, principalmente entre 1988 y 1994.</p>     <p align="justify"><a name="c1"></a>Cuadro 1     <br> Tierras ingresadas al Fondo Nacional Agrario, por per&iacute;odos     <br>Hect&aacute;reas</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v3n4/v3n4a6c1.jpg">     <br><font size="1">Fuente: Oficina de Planeaci&oacute;n del INCORA. C&aacute;lculos propios.</font></p>     <p align="justify">En t&eacute;rminos de superficie, los resultados de los programas llevados a cabo por el INCORA se expresan principalmente en resguardos ind&iacute;genas y titulaci&oacute;n de bald&iacute;os. En relaci&oacute;n con los primeros se definieron reservas para comunidades ind&iacute;genas que cubren m&aacute;s de 30 millones de hect&aacute;reas (60% entre 1988 y 1994) y, en cuanto a titulaci&oacute;n, se expidieron t&iacute;tulos de propiedad sobre una superficie de m&aacute;s de 15 millones de hect&aacute;reas (<a href="#c2">cuadro 2</a>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="c2"></a>Cuadro 2     <br> Resultados de los programas del INCORA, por per&iacute;odos     <br>Hect&aacute;reas</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v3n4/v3n4a6c2.jpg">     <br><font size="1">Fuente: INCORA; c&aacute;lculos propios.</font></p>     <p align="justify">En t&eacute;rminos de familias beneficiadas, lo programas de redistribuci&oacute;n han beneficiado un poco menos de 102 mil familias, m&aacute;s de la mitad en los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os. Un poco m&aacute;s de 430 mil familias han obtenido t&iacute;tulos de propiedad sobre predios bald&iacute;os, y m&aacute;s de 65 mil familias de comunidades ind&iacute;genas han logrado beneficiarse por la definici&oacute;n y la delimitaci&oacute;n de resguardos y reservas ind&iacute;genas (<a href="#c3">cuadro 3</a>).</p>     <p align="justify"><a name="c3"></a>Cuadro 3     <br> Familias beneficiadas por los programas del INCORA, por per&iacute;odos     <br>N&uacute;mero de familias</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v3n4/v3n4a6c3.jpg">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br><font size="1">Fuente: INCORA, Fondo Nacional Agrario.</font></p>     <p align="justify">El an&aacute;lisis de la ejecuci&oacute;n presupuestal del INCORA ofrece diversos problemas para lograr la identificaci&oacute;n precisa de las aplicaciones a los diferentes programas antes de 1995. En primer lugar, la informaci&oacute;n de ejecuci&oacute;n presupuestal en los programas complementarios a las acciones de dotaci&oacute;n de tierras, como construcci&oacute;n de infraestructura de comunicaciones y adecuaci&oacute;n predial, provisi&oacute;n de servicios sociales a los beneficiarios, cr&eacute;dito, capacitaci&oacute;n y organizaci&oacute;n campesina, no est&aacute; disponible en forma organizada antes de 1994. Ello dificulta establecer la distribuci&oacute;n de los recursos ejecutados por tipo de beneficiario de los programas de distribuci&oacute;n de tierras, titulaci&oacute;n de bald&iacute;os, y resguardos y comunidades negras.</p>     <p align="justify">Para distribuir toda la ejecuci&oacute;n presupuestal entre 1962 y 1994 en los tres programas de tierras (distribuci&oacute;n, titulaci&oacute;n y resguardos), en este ensayo se ha partido de la estructura de asignaci&oacute;n por programas y proyectos del per&iacute;odo 1995-1999. Para este &uacute;ltimo per&iacute;odo, el presupuesto de inversi&oacute;n est&aacute; claramente diferenciado por programas y proyectos, lo que permite estimar costos unitarios (por predio titulado y por familia) en titulaci&oacute;n y resguardos. Asumiendo costos unitarios constantes para todo el per&iacute;odo, se estim&oacute; el presupuesto anual que corresponde a titulaci&oacute;n y resguardos para el per&iacute;odo 1962-1994. Por su parte, los costos de funcionamiento se han distribuido en proporci&oacute;n a los gastos de inversi&oacute;n, de manera que toda la ejecuci&oacute;n presupuestal se reparte entre los tres programas de tierras. Los resultados de este ejercicio se presentan en el <a href="#c4">cuadro 4</a>.</p>     <p align="justify">En pesos constantes de 1999, el pa&iacute;s, a trav&eacute;s del INCORA, ha realizado un gasto en programas de reforma agraria que asciende a la suma 7 billones de pesos, entre 1962 y 1999. El gasto promedio anual ha variado en forma sustancial entre per&iacute;odos. El per&iacute;odo de mayor gasto anual corresponde a 1968-72, durante el cual se alcanz&oacute; una cifra promedio de casi 300 mil millones de pesos de 1999 por a&ntilde;o; tambi&eacute;n entre 1988 y 1994 el gasto fue relativamente alto, con un promedio anual de 215 mil millones (pesos de 1999), como se observa en el <a href="#c4">cuadro 4</a>.</p>     <p align="justify"><a name="c4"></a>Cuadro 4     <br> Presupuesto ejecutado por el INCORA, por programas y per&iacute;odos     <br>Millones de pesos de 1999</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v3n4/v3n4a6c4.jpg">     <br><font size="1">Nota: incluye inversi&oacute;n y funcionamiento.     <br>Fuente: Oficina de Planeaci&oacute;n del INCORA; c&aacute;lculos propios.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El 94% de la ejecuci&oacute;n presupuestal del INCORA entre 1962 y 1999 corresponde a programas de compra de tierras e inversiones de redistribuci&oacute;n de la propiedad (que incluye las inversiones complementarias en infraestructura, cr&eacute;dito, asistencia t&eacute;cnica, provisi&oacute;n de servicios sociales, etc.); el resto se reparte entre titulaci&oacute;n y resguardos, y sus correspondientes inversiones complementarias.</p>     <p align="justify">En el <a href="#c5">cuadro 5</a> se presenta la estimaci&oacute;n del costo fiscal por familia beneficiada y por hect&aacute;rea redistribuida a trav&eacute;s de los programas de redistribuci&oacute;n, para cada uno de los per&iacute;odos. En promedio, y medido en pesos de 1999, el gasto efectuado por familia beneficiada asciende a casi 64 millones de pesos (un poco m&aacute;s de 35 mil d&oacute;lares) y por hect&aacute;rea redistribuida a 4,4 millones de pesos (casi 2.450 d&oacute;lares). Este elevad&iacute;simo costo pone de presente un gran problema de costos de transacci&oacute;n de la pol&iacute;tica de redistribuci&oacute;n de tierras por la v&iacute;a de la intervenci&oacute;n directa de una agencia p&uacute;blica, sobre todo por el alto porcentaje de gastos de funcionamiento del programa (los costos de funcionamiento representan en promedio cerca de la tercera parte del presupuesto ejecutado).</p>     <p align="justify"><a name="c5"></a>Cuadro 5     <br> Costo fiscal de la redistribuci&oacute;n de tierras ejecutada por el INCORA     <br>Millones de pesos de 1999</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v3n4/v3n4a6c5.jpg">     <br><font size="1">Nota: incluye inversi&oacute;n y funcionamiento.     <br>Fuente: Oficina de Planeaci&oacute;n del INCORA; c&aacute;lculos propios.</font></p>     <p align="justify">El gasto fiscal por familia y por hect&aacute;rea var&iacute;a ampliamente por per&iacute;odos, aunque se destaca una tendencia a disminuir. Los per&iacute;odos de mayor costo efectividad son precisamente los que muestran menores logros en metas alcanzadas. Entre 1973 y 1982, el INCORA s&oacute;lo alcanz&oacute; a redistribuir un poco m&aacute;s de 11 mil hect&aacute;reas y a beneficiar a menos de 650 familias por a&ntilde;o, pero el gasto fiscal promedio por familia beneficiada super&oacute; los 224 millones (pesos de 1999). La explicaci&oacute;n est&aacute; en los costos fijos de la estructura administrativa de la entidad ejecutora, cuyo tama&ntilde;o no necesariamente se ajusta cuando disminuyen los recursos para inversi&oacute;n.</p>     <p align="justify">En los &uacute;ltimos per&iacute;odos tanto el costo fiscal por familia beneficiada como por hect&aacute;rea redistribuida ha ido disminuyendo, hasta un nivel de 35 millones de pesos por familia y 2,4 millones de pesos por hect&aacute;rea, entre 1995 y 1999. Esto coincide con una disminuci&oacute;n de la estructura burocr&aacute;tica del INCORA, y con la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de adquisici&oacute;n de tierras por la v&iacute;a del apoyo a las negociaciones directas entre campesinos y propietarios (por lo menos en la letra y esp&iacute;ritu de la ley y las normas).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>REVISI&Oacute;N DE LOS SUPUESTOS</b></p>     <p align="justify">Quiz&aacute;s sea tiempo para someter a discusi&oacute;n los fundamentos de la reforma agraria como requisito para encauzar a una sociedad como la colombiana en la senda del desarrollo.</p>     <p align="justify">Muchos de los analistas que se refieren al tema con referencia a la situaci&oacute;n colombiana afirman que las condiciones t&eacute;cnicas y sociales de la producci&oacute;n en el mundo actual indican que ya no tiene sentido hablar de reforma agraria y, sin embargo, a continuaci&oacute;n dicen que por razones de conveniencia pol&iacute;tica o social hay que insistir en hacerla. Es como si hacer la reforma agraria se hubiera convertido en una ‘deuda hist&oacute;rica&rsquo; que se debe pagar sin importar su relevancia con el presente.</p>     <p align="justify">La resistencia a abandonar el c&iacute;rculo vicioso es quiz&aacute;s debido a una resistencia mayor: a revisar y valorar en forma rigurosa la pertinencia actual de los fundamentos y los supuestos (b&aacute;sicamente correctos en su tiempo) que llevaron a elaborar la idea de que la redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra es una condici&oacute;n fundamental para el desarrollo econ&oacute;mico y social, sobre todo en el medio rural. Conviene examinar esas suposiciones, que han sido fundamentalmente las siguientes:</p>     <p align="justify">Primer supuesto: <i>los factores tradicionales de la producci&oacute;n son las principales fuentes de creaci&oacute;n de valor y de riqueza.</i></p>     <p align="justify">En la econom&iacute;a de la producci&oacute;n agr&iacute;cola se ha dado por supuesto que <i>las energ&iacute;as originarias</i> (la fertilidad natural) de la tierra eran la base de las diferencias de valor del trabajo agr&iacute;cola; la base que diferenciaba la productividad y la producci&oacute;n de los trabajadores y, por tanto, la principal fuente de apropiaci&oacute;n de la riqueza generada en la agricultura. Esto era bastante cierto quiz&aacute;s hasta las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XX en el contexto mundial, y en Colombia hasta finales de la d&eacute;cada de los sesenta. Desde entonces, el formidable progreso tecnol&oacute;gico en la agricultura internacional ha debilitado cada vez m&aacute;s la veracidad de ese supuesto.</p>     <p align="justify">Hoy en d&iacute;a, cuenta poco la contribuci&oacute;n relativa de la tierra –como factor de producci&oacute;n– a la oferta agr&iacute;cola, y cada vez cuenta menos; lo que ha hecho y est&aacute; haciendo crecer la producci&oacute;n agropecuaria es el progreso del conocimiento cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico que descubre nuevas oportunidades y permite contrarrestar las restricciones que imponen la escasa fertilidad natural y el conjunto de las mencionadas <i>energ&iacute;as originarias</i> del suelo y el medio ambiente natural. Gracias al avance cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, la productividad del trabajo en la agricultura depende cada vez menos de la fertilidad natural y originaria de la tierra. Suelos que hace pocas d&eacute;cadas eran considerados ‘malos&rsquo; o inadecuados para la explotaci&oacute;n agr&iacute;cola hoy son excelentes. Basta ver los cultivos de esp&aacute;rragos en suelos de desierto del Per&uacute;, donde se logran las m&aacute;s altas productividades en ese cultivo y se producen grandes cantidades de valor por unidad de superficie y trabajo aplicados a esos suelos ‘naturalmente pobres&rsquo;.</p>     <p align="justify">Por consiguiente, la participaci&oacute;n de la tierra (o sea, el valor de la renta) en el valor de la producci&oacute;n agropecuaria tiende a disminuir y ya es una fracci&oacute;n minoritaria: la renta de la tierra en Colombia representa mucho menos del 10% del valor de la producci&oacute;n agropecuaria, y su tendencia es a seguir disminuyendo. Si la contribuci&oacute;n del PIB agropecuario al producto nacional es cercana al 11%, eso significa que la tierra representa cuando mucho el 1% de la renta nacional. &iquest;Qu&eacute; tanto poder transformador puede tener el ajuste de la propiedad de la tierra cuando en el campo viven todav&iacute;a cerca del 30% de los colombianos, y m&aacute;s del 70% de ellos est&aacute;n por debajo de la l&iacute;nea de pobreza?</p>     <p align="justify">A menos que la redistribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra por s&iacute; misma eleve la eficiencia de la producci&oacute;n agr&iacute;cola al aumentar dr&aacute;sticamente la contribuci&oacute;n de la agricultura a la renta nacional, es claro que el impacto que pudiera derivarse de un programa de reforma a la estructura de propiedad habr&aacute; de ser apenas marginal frente a la magnitud de la pobreza y el atraso del medio rural.</p>     <p align="justify">Segundo supuesto: <i>la distribuci&oacute;n de la propiedad de los factores tradicionales (la tierra, entre ellos) determina la distribuci&oacute;n del ingreso, as&iacute; como la distribuci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y social.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Al considerar que las fuentes fundamentales de creaci&oacute;n de valor son los factores tradicionales de la producci&oacute;n, la <i>distribuci&oacute;n de la propiedad</i> sobre &eacute;stos se vuelve fundamental en la determinaci&oacute;n de la distribuci&oacute;n de las rentas, la riqueza, la capacidad de control pol&iacute;tico y el poder social. En el mundo occidental, el poder sigue a la propiedad. Los terratenientes llegaron en consecuencia a concentrar tanto la riqueza como el poder pol&iacute;tico y el prestigio social en las sociedades tradicionales; y lo hicieron no en virtud de sus m&eacute;ritos sino gracias a sus posesiones de tierras.</p>     <p align="justify">Pero hoy la idea de que la propiedad de la tierra constituye un factor determinante, o tan siquiera importante, en la estructura de distribuci&oacute;n de los ingresos de la naci&oacute;n no resiste el an&aacute;lisis con un m&iacute;nimo de rigor. Tampoco se puede afirmar que es una fuente importante de generaci&oacute;n de poder pol&iacute;tico en Colombia<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. La poblaci&oacute;n del pa&iacute;s se ha urbanizado y las actividades econ&oacute;micas basadas en la explotaci&oacute;n de la tierra representan escasamente el 11% del valor del producto nacional bruto, y la tendencia natural es a que siga disminuyendo. Incluso en el campo, las actividades no agropecuarias est&aacute;n creciendo m&aacute;s de prisa que las agropecuarias (cerca de la mitad de la fuerza de trabajo rural se ocupa en actividades no agropecuarias). Todo esto transforma la estructura social y debilita las posibilidades de los terratenientes para ejercer control pol&iacute;tico sobre la poblaci&oacute;n, pues la tierra como factor de producci&oacute;n pesa muy poco en la distribuci&oacute;n de la renta nacional y aun en las rentas rurales<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">Tercer supuesto: <i>como corolario del segundo supuesto, para construir democracia, equidad econ&oacute;mica y justicia social es imprescindible redistribuir la propiedad sobre los medios tradicionales de producci&oacute;n (la tierra y el capital f&iacute;sico).</i></p>     <p align="justify">Cuando el crecimiento de la producci&oacute;n obedece principalmente al aumento de los factores, es decir, cuando el progreso de la productividad es muy bajo, la distribuci&oacute;n del ingreso que se genera en un per&iacute;odo se determina en buena parte por la distribuci&oacute;n inicial de la propiedad de los factores. Por eso, en el pasado la gente que heredaba la mayor riqueza segu&iacute;a siendo la que mayor riqueza acumulaba y tambi&eacute;n la que m&aacute;s riqueza dejaba como herencia a sus descendientes. En otras palabras, cuando el progreso t&eacute;cnico es lento, la distribuci&oacute;n del ingreso y la renta se hace en proporci&oacute;n a la distribuci&oacute;n de la riqueza previamente acumulada. Por consiguiente, las estructuras sociales tend&iacute;an a reproducirse y las posibilidades de movilidad y cambio social eran m&iacute;nimas: los cambios en las estructuras sociales requer&iacute;an procesos revolucionarios que, adem&aacute;s de otros efectos, impusieran la redistribuci&oacute;n de los activos econ&oacute;micos. Las naciones que no lograron establecer instituciones que distribuyeran los activos econ&oacute;micos en forma m&aacute;s o menos equitativa (sobre todo en funci&oacute;n del desempe&ntilde;o y no en funci&oacute;n de la tradici&oacute;n) resultaron incapaces de establecer y consolidar la democracia pol&iacute;tica para regular sus relaciones sociales.</p>     <p align="justify">A medida que el progreso t&eacute;cnico y el cambio institucional se han ido convirtiendo en las principales fuentes del crecimiento de la producci&oacute;n, la forma como se distribuye el <i>valor creado</i> (ingreso nacional) obedece cada vez menos a la <i>distribuci&oacute;n inicial</i> de la riqueza y, por tanto, a la propiedad. Las personas que m&aacute;s r&aacute;pido se enriquecen hoy no son las que m&aacute;s riqueza pose&iacute;an ayer (por ejemplo, el auge de empresas en Silicon Valley y Microsoft), y es muy probable que las que mayor riqueza tendr&aacute;n ma&ntilde;ana no son las que m&aacute;s la poseen hoy. El principal factor que est&aacute; determinando la distribuci&oacute;n del ingreso es la habilidad y la capacidad para gestionar en una forma superior los recursos productivos, independientemente de la relaci&oacute;n de propiedad inicial sobre ellos. Es decir, la posesi&oacute;n de conocimiento y la habilidad para ver y desarrollar las oportunidades que ofrece la din&aacute;mica de cambio es hoy en d&iacute;a, y seguir&aacute; siendo, el factor m&aacute;s importante en la distribuci&oacute;n del ingreso y, desde luego, de la riqueza y el poder pol&iacute;tico (todav&iacute;a es cierto en las democracias occidentales que el poder sigue a la propiedad). En este escenario, la clave de la prosperidad y de la libertad de los seres humanos est&aacute; y estar&aacute; cada vez m&aacute;s en la calidad y la cantidad de sus conocimientos. El sector rural y las actividades agr&iacute;colas y ganaderas no son una excepci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Cuarto supuesto: <i>el alto precio de la tierra, originado en las distorsiones de pol&iacute;tica y en los privilegios institucionales derivados de la propiedad rural, impide el desarrollo de la producci&oacute;n agr&iacute;cola.</i></p>     <p align="justify">El precio de la tierra era muy relevante si la propiedad ten&iacute;a que redistribuirse, como condici&oacute;n para ser utilizada en la producci&oacute;n. Su relevancia era <i>tanto</i> para el costo social de la pol&iacute;tica redistributiva (el costo fiscal de una reforma agraria no revolucionaria depende del precio de la tierra) <i>como</i> para los empresarios en sus decisiones de asignaci&oacute;n para fines productivos. En consecuencia, el alto precio de la tierra impone un elevado costo fiscal a las pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n agraria, y una barrera a la entrada del capital en la agricultura.</p>     <p align="justify">En buena parte, el problema consist&iacute;a en que el precio de la tierra no era –ni logra ser– consistente con la rentabilidad de las actividades agr&iacute;colas. Todo lo que tratara de corregir esa distorsi&oacute;n era deseable. Salvo los terratenientes, la mayor&iacute;a consideraba que era necesario implantar pol&iacute;ticas tributarias –nunca adoptadas en Colombia en forma efectiva– que penalizaran la concentraci&oacute;n improductiva de la propiedad de la tierra.</p>     <p align="justify">En Colombia, el acceso del capital a la agricultura se fue produciendo -a pesar de los altos precios de la tierra- unas veces mediante la compra de la tierra (transacci&oacute;n de los <i>derechos de propiedad</i>) y otras veces mediante formas de contrataci&oacute;n (arrendamiento, compa&ntilde;&iacute;as, etc.) que s&oacute;lo transfieren <i>derechos de uso de los servicios productivos de la tierra</i>, sin intercambios de la propiedad de los terrenos. El mercado de derechos de uso s&oacute;lo ha tenido aplicaciones en actividades productivas e inversiones de corto plazo (cultivos transitorios), mientras que para desarrollar actividades de largo plazo ha sido hasta ahora imprescindible -con contadas excepciones, como la producci&oacute;n azucarera del Valle de Cauca- la adquisici&oacute;n de la propiedad.</p>     <p align="justify">La pregunta que surge es: &iquest;la facilidad para negociar la <i>propiedad</i> es una condici&oacute;n necesaria para el desarrollo eficiente de la producci&oacute;n agropecuaria? Ninguna raz&oacute;n -ni te&oacute;rica ni pr&aacute;ctica- sugiere una respuesta afirmativa. El desarrollo de la producci&oacute;n no implica un <i>v&iacute;nculo de propiedad</i> de la empresa o del productor con los factores de la producci&oacute;n. Comprar la tierra no es conveniente para la empresa agr&iacute;cola, pues implica ‘esterilizar&rsquo; grandes sumas de capital y distraer parte del potencial de financiamiento de las actividades creadoras de valor. En forma an&aacute;loga a las relaciones entre el capital y el trabajo, el fin de la esclavitud se precipit&oacute; gracias a las ventajas del mercado libre de los <i>servicios productivos del trabajo</i> sobre el mercado de <i>derechos de propiedad sobre las personas</i>. Las empresas tambi&eacute;n est&aacute;n prefiriendo <i>adquirir</i> s&oacute;lo los servicios productivos de los bienes de capital, tom&aacute;ndolos en arriendo de otras organizaciones especializadas (un ejemplo es el desarrollo del arrendamiento financiero de toda clase de infraestructuras, maquinarias y equipos).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la agricultura, el arriendo de tierras es una pr&aacute;ctica antigua y se est&aacute; desarrollando a&uacute;n m&aacute;s. Adem&aacute;s, la renta de la tierra, a diferencia del precio de la tierra, s&iacute; refleja y est&aacute; determinada por la rentabilidad de la producci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Si la transacci&oacute;n de los <i>derechos de propiedad de la tierra</i> ha dejado de ser <i>una condici&oacute;n</i> para que se pueda desarrollar la producci&oacute;n agr&iacute;cola, entonces &iquest;por qu&eacute;, en Colombia, para desarrollar actividades agropecuarias y realizar inversiones que s&oacute;lo se pueden recuperar a largo plazo, sigue siendo indispensable la compra de la tierra? La respuesta correcta no se debe buscar en la distorsiones del mercado de <i>derechos de propiedad</i> sino en las distorsiones y la falta de desarrollo del mercado de <i>derechos de uso</i> de la tierra. Habr&aacute; que buscarla en la falta de desarrollo del tipo de instituciones econ&oacute;micas y jur&iacute;dicas que garantizan transparencia y seguridad a los derechos de propiedad en los procesos de intercambio. Una mala o precaria definici&oacute;n jur&iacute;dica de esos derechos impide el desarrollo de los mercados de derechos de uso. Para poner un ejemplo, en Colombia, los contratos de arrendamiento a largo plazo son percibidos como una fuente potencial de incertidumbre sobre los derechos de los contratantes (no s&oacute;lo los del propietario, sino tambi&eacute;n los del arrendatario), por lo que no se han desarrollado en el contexto de la agricultura de ciclo largo y se impone la condici&oacute;n de compra de la tierra para establecer cultivos permanentes. Valga se&ntilde;alar que las ventajas comparativas de Colombia en la producci&oacute;n agr&iacute;cola parecen ser m&aacute;s claras en los cultivos permanentes.</p>     <p align="justify">&iquest;Tiene sentido mantener con el mismo enfoque de los a&ntilde;os cincuenta las preocupaciones sobre el mercado de la tierra en Colombia? &iquest;Una pol&iacute;tica tributaria discriminatoria es todav&iacute;a capaz de inducir cambios en la estructura de uso de la tierra? &iquest;Son realmente esos elementos los m&aacute;s id&oacute;neos para poner en circulaci&oacute;n los derechos de uso de la tierra? No. Esos instrumentos pueden servir para otras finalidades, pero no para impulsar el desarrollo agr&iacute;cola e inclusive para acelerar el desarrollo productivo. Quiz&aacute;s podr&iacute;amos ponernos de acuerdo en cuanto a las motivaciones de equidad social en el sentido de hacer que los m&aacute;s ricos deban pagar proporcionalmente m&aacute;s impuestos, para financiar por la v&iacute;a fiscal programas de mejoramiento y redistribuci&oacute;n de las posibilidades y oportunidades de los m&aacute;s pobres. Podemos usar las pol&iacute;ticas de discriminaci&oacute;n tributaria para eso, pero no digamos que para inducir una mejor utilizaci&oacute;n de la tierra porque ese ya no ser&iacute;a un resultado que podr&iacute;amos esperar de tales medidas. Un impuesto espec&iacute;fico sobre la tierra, sin corregir las fallas institucionales que tornan inseguros los derechos de propiedad en las transacciones de derechos de uso (por ejemplo, arrendamientos), s&oacute;lo ayudar&iacute;a a consolidar la actual estructura de distribuci&oacute;n de la propiedad y fomentar&iacute;a sistemas extensivos de uso del suelo (por ejemplo, ganader&iacute;as extensivas).</p>     <p align="justify">Los cuatro supuestos anteriores llevaron durante muchos a&ntilde;os a que pol&iacute;ticos socialdem&oacute;cratas y especialistas del desarrollo econ&oacute;mico promovieran reformas a la estructura de la <i>propiedad</i> rural, no s&oacute;lo para aumentar la eficiencia econ&oacute;mica de la agricultura sino tambi&eacute;n para alcanzar objetivos de equidad econ&oacute;mica y justicia social.</p>     <p align="justify">Sin embargo, en la actualidad los determinantes fundamentales de la capacidad de creaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n de riqueza, de poder pol&iacute;tico y de generaci&oacute;n del valor, ya no est&aacute;n relacionados con la distribuci&oacute;n de la propiedad de los factores productivos, sino principalmente con la capacidad y la fertilidad del conocimiento y de la mente de las personas que los utilizan y gestionan para crear valor, prosperidad y reconocimiento pol&iacute;tico y social. El conocimiento se ha convertido en el principal medio de producci&oacute;n, en casi todas las actividades econ&oacute;micas que desarrollan los seres humanos. Y la agricultura no es una excepci&oacute;n: hoy la fertilidad de la mente de los agricultores es mucho m&aacute;s importante que la fertilidad natural de las tierras que cultivan.</p>     <p align="justify">Pero el uso productivo del conocimiento requiere el acceso a los medios de producci&oacute;n sobre los cuales se aplica para generar valor y producir riqueza. Por consiguiente, hay que distinguir entre <i>derechos de propiedad</i> y <i>derechos de uso</i>; y el tipo de movilidad que es imprescindible para el uso productivo del conocimiento es la que se relaciona con los <i>derechos de uso</i>,  lo que implica generar las instituciones o condiciones que promuevan el desarrollo de los mercados y la movilidad de los derechos de uso de la tierra, aunque sea en forma independiente del desarrollo de los mercados de derechos de propiedad sobre la tierra.</p>     <p align="justify">Si el acceso a la propiedad de la tierra ya no es el determinante principal de la capacidad para generar y apropiar riqueza y del cambio social, es necesario reorientar la atenci&oacute;n a lo que realmente importa: la distribuci&oacute;n equitativa de la educaci&oacute;n, la capacitaci&oacute;n y la informaci&oacute;n, y al tipo de instituciones que facilitan el desarrollo de los mercados de derechos de uso de los factores, lo cual requiere condiciones jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas espec&iacute;ficas para ese tipo de desarrollos.</p>     <p align="justify">A pesar de la inadvertencia de los acad&eacute;micos y los pol&iacute;ticos, lo que est&aacute; ocurriendo es la consolidaci&oacute;n de empresas agr&iacute;colas de todos los tama&ntilde;os; se han extendido las transacciones de derechos por la v&iacute;a de contratos, y se est&aacute;n desarrollando grandes organizaciones que integran a peque&ntilde;os, medianos y grandes productores en complejos agroindustriales coordinados, donde no se altera la propiedad de la tierra, porque alterarla no mejora la eficiencia de la producci&oacute;n y el intercambio, o no rinde beneficios econ&oacute;micos mutuos. Lo que se intercambia en forma voluntaria es el servicio productivo de los factores, ayudando a las empresas a hacer m&aacute;s transparentes sus costos de producci&oacute;n, a reducir los costos de transacci&oacute;n y a aumentar la eficiencia de la producci&oacute;n y el intercambio.</p>     <p align="justify">Si la redistribuci&oacute;n de la tierra ya no tiene capacidad para aumentar significativamente los ingresos de los campesinos, ni para mejorar la distribuci&oacute;n del ingreso y la riqueza, ni para fortalecer la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los campesinos; y si en Colombia esos objetivos siguen siendo tan v&aacute;lidos hoy como hace 50 a&ntilde;os, &iquest;por qu&eacute; insistir en una estrategia equivocada? &iquest;Por qu&eacute; no prestar atenci&oacute;n a mejorar la distribuci&oacute;n de los factores que hoy determinan el nivel de ingreso, de riqueza y de participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los ciudadanos? &iquest;Por qu&eacute; no destinar los recursos y la energ&iacute;a a proporcionar educaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n de alta calidad a los campesinos pobres, en vez de distraer esos mismos recursos en acciones con muy poca capacidad de impacto en relaci&oacute;n con los objetivos? &iquest;Por qu&eacute; distraer las energ&iacute;as pol&iacute;ticas que deben aplicarse a crear un ambiente institucional apropiado para que los campesinos puedan ser mejor educados, tener m&aacute;s iniciativa y diversas alternativas de acceso a los medios y factores tradicionales de producci&oacute;n para crear riqueza y apropiarla?</p>     <p align="justify">No parece haber raz&oacute;n entonces para que se conserve una preocupaci&oacute;n anacr&oacute;nica por la estructura de propiedad de la tierra como condici&oacute;n para superar la pobreza rural y promover el desarrollo de la agricultura y la ganader&iacute;a. Mantener ese punto de vista en el dise&ntilde;o de las estrategias de desarrollo agr&iacute;cola y rural es contribuir a mantener el atraso y la pobreza rural.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es necesario pasar la p&aacute;gina de la reforma agraria, cuando por ella se entiende -como se ha entendido en Colombia- redistribuir la propiedad de la tierra, porque las suposiciones y las condiciones que justificaron ese objetivo en el pasado, hoy ya no tienen validez porque carecen de la capacidad transformadora que tuvieron antes del advenimiento de la ‘sociedad basada en el conocimiento&rsquo;. Hay que esforzarse m&aacute;s por garantizar que los campesinos y trabajadores del campo tengan el mayor acceso posible a los conocimientos y a la informaci&oacute;n que son imprescindibles para aumentar tanto sus capacidades como el rango de oportunidades para su desarrollo y progreso material y espiritual.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Es verdad que la inmensa mayor&iacute;a de los congresistas colombianos tienen propiedades rurales, lo que no necesariamente significa que est&eacute;n en el Congreso por su car&aacute;cter de terratenientes, aunque en algunas circunscripciones es evidente que la fuente de poder s&iacute; radica en la propiedad rural.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Sin embargo, es necesario distinguir esta situaci&oacute;n por regiones: hay regiones en las cuales la estructura econ&oacute;mica reposa en la producci&oacute;n agropecuaria y all&iacute; la redistribuci&oacute;n de las tierras podr&iacute;a tener un efecto significativo en los &aacute;mbitos econ&oacute;mico y pol&iacute;tico regionales. Pero el problema es eminentemente regional y no de orden nacional.</p> </font>      ]]></body>
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