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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿COLOMBIA ENCONTRÓ POR FIN UNA REFORMA AGRARIA QUE FUNCIONE?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article assesses Colombian agrarian reforms from the beginning of the 20th century. It shows the positive and negative effects of Law 200 of 1936, criticizes the impact of INCORA in land distribution in the seventies and the failure of ‘campesino’ organizations that sought pacific agrarian reforms. The essay highlights the positive effects of DRI on ‘campesino’ income but recognizes its negative effects on social inequality. Also, it argues that the adoption of free market policies in the nineties deteriorated rural conditions and social inequality. Finally, it evaluates the scope of recent projects and offers some policy recommendations.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>&iquest;COLOMBIA ENCONTR&Oacute; POR FIN UNA REFORMA AGRARIA QUE FUNCIONE? </b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>HAS COLOMBIA FINALLY FOUND AN AGRARIAN REFORM THAT WORKS? </b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Albert Berry</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Departamento de Econom&iacute;a, Universidad de Toronto, Munk Centre for International Studies 358S, Toronto, Canad&aacute;, M5S 1A1, <a href="mailto:berry2@chass.utoronto.ca">berry2@chass.utoronto.ca</a>. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Fecha de recepci&oacute;n: 5 de enero de 2000, fecha de aceptaci&oacute;n: 6 de diciembre de 2001.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: reforma agraria, terratenientes, colonos, pol&iacute;tica agraria, derechos de propiedad, JEL: N56, Q15]</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo eval&uacute;a las diferentes reformas agrarias en Colombia desde comienzos del siglo XX. Muestra los aciertos y desaciertos de la Ley 200 de 1936. Cuestiona el papel del INCORA en la distribuci&oacute;n y la concentraci&oacute;n de tierras en la d&eacute;cada de los setenta y el fallido intento de las organizaciones campesinas que buscaban una reforma agraria pac&iacute;fica. Destaca los alcances del DRI en cuanto a la mejora de los ingresos campesinos, pero reconoce su efecto desalentador sobre la desigualdad social. Adem&aacute;s argumenta que la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas de libre mercado a comienzos de los noventa agudiz&oacute; la crisis rural y la desigualdad social. Por &uacute;ltimo muestra los alcances de los proyectos recientes y hace algunas recomendaciones.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT </b></p>     <p align="justify">[Key words: agrarian reform, landlords, squatters, agrarian policies, property rights, JEL: N56, Q15]</p>     <p align="justify">This article assesses Colombian agrarian reforms from the beginning of the 20<sup>th</sup> century. It shows the positive and negative effects of Law 200 of 1936, criticizes the impact of INCORA in land distribution in the seventies and the failure of ‘campesino&rsquo; organizations that sought pacific agrarian reforms. The essay highlights the positive effects of DRI on ‘campesino&rsquo; income but recognizes its negative effects on social inequality. Also, it argues that the adoption of free market policies in the nineties deteriorated rural conditions and social inequality. Finally, it evaluates the scope of recent projects and offers some policy recommendations.</p> <hr>     <p align="justify"><b>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>     <p align="justify">Igual que la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses latinoamericanos, Colombia se ha caracterizado por una extrema desigualdad en la distribuci&oacute;n del acceso a la tierra agr&iacute;cola (Comit&eacute; Interamericano de Desarrollo agr&iacute;cola, 1965) y una grave ambig&uuml;edad en torno de los derechos de propiedad. Estos problemas han contribuido a muchos otros males econ&oacute;micos y sociales, entre ellos las oleadas de violencia que recorrieron peri&oacute;dicamente al pa&iacute;s durante el siglo XX y parte del XIX<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Los observadores, los partidos pol&iacute;ticos y los gobiernos advirtieron peri&oacute;dicamente esos graves problemas y, en ocasiones, hicieron esfuerzos para ‘reformar&rsquo; la estructura agraria en estos y otros aspectos conexos. Si alguno de esos esfuerzos hubiera logrado mejorar la distribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra por tama&ntilde;os o clarificado los derechos a la tierra en forma positiva, la desdichada situaci&oacute;n actual de Colombia habr&iacute;a sido bastante diferente (Berry, 1999). Desafortunadamente eso no sucedi&oacute;. La gama de esfuerzos fue muy amplia, y al menos una iniciativa –emprendida en la d&eacute;cada de 1930– parece haber tenido potencial para un gran impacto positivo<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">La historia de la reforma agraria colombiana se debe analizar teniendo en cuenta el tel&oacute;n de fondo de la experiencia m&aacute;s general. La presi&oacute;n por una reforma de la estructura agraria surge de una combinaci&oacute;n de problemas percibidos, incluida la pobreza, la injusticia, la ambig&uuml;edad (especialmente en torno de los derechos de propiedad) y la ineficiencia. La gravedad de estos problemas fundamentales y su importancia relativa var&iacute;an de acuerdo con la estructura agraria existente, la cultura, la escasez de tierra y otros factores. Y, como es natural, tambi&eacute;n el alcance de los problemas resultantes: malestar, violencia, inestabilidad pol&iacute;tica, etc&eacute;tera, y de los posibles ‘remedios&rsquo;. En situaciones de gran escasez de tierra, en las que su distribuci&oacute;n es muy desigual y la mayor&iacute;a de las personas trabajan como arrendatarios en la tierra de otros, la presi&oacute;n suele adoptar la forma de un movimiento por ‘la tierra para los que la trabajan&rsquo;; a veces lleva a una actitud menos extrema, por ejemplo, mejorar los contratos mediante los cuales se compra directa o indirectamente el trabajo de estas personas, bien sea con un salario m&aacute;s alto, mayor libertad de acci&oacute;n para los trabajadores o un convenio m&aacute;s predecible, de mayor duraci&oacute;n, permanencia, etc&eacute;tera. En donde no hay escasez de tierra, el problema puede girar en torno de qui&eacute;n tiene la primera opci&oacute;n a las tierras p&uacute;blicas, qu&eacute; infraestructura construir&aacute; el Estado en las tierras reci&eacute;n colonizadas, si la propiedad es independiente de la explotaci&oacute;n o la tierra ociosa revierte al Estado y, por tanto, queda a disposici&oacute;n de otros aspirantes. Las soluciones viables dependen tambi&eacute;n de las caracter&iacute;sticas y la capacidad del gobierno, que puede o no tener mucho poder en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s actores del drama.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las reformas eficaces pueden seguir diversas trayectorias, unas m&aacute;s adecuadas a unas circunstancias que a otras. Estas posibles trayectorias dependen de la econom&iacute;a del sistema agrario, los problemas administrativos y la pol&iacute;tica. En donde no hay otra manera de dar tierras a la mayor&iacute;a de los que la necesitan excepto expropiarlas a los propietarios (o poseedores) actuales, puede ocurrir una grave confrontaci&oacute;n. La mayor&iacute;a de las reformas eficaces que se emprendieron en esas condiciones se hicieron r&aacute;pidamente, a pesar del alto costo administrativo<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> o de alguna injusticia; por ejemplo, la desigualdad horizontal entre antiguos propietarios, y de alguna ineficiencia, como sucede cuando la distribuci&oacute;n de tierras no siempre pone la tierra apropiada en las manos apropiadas. No obstante, estos problemas a menudo se aten&uacute;an cuando los receptores naturales son ya agricultores, por cuanto suele tener sentido que posean la tierra que est&aacute;n cultivando. Otra caracter&iacute;stica de las reformas m&aacute;s exitosas es el establecimiento de un tope (o topes m&aacute;ximos) a la tierra<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>, que desanime la reconcentraci&oacute;n de la tierra y ayude a mantener bajos los precios de mercado con lo que se reduce el potencial para invertir los ahorros en ese activo y a su vez se pueden incrementar los ahorros reales y la inversi&oacute;n real en la agricultura y en otros sectores. Los topes que m&aacute;s se discuten son los que determinan la cantidad de tierra que puede mantener el propietario actual (Prosterman y Riedinger, 1987, 182-6). Donde la presi&oacute;n por la tierra se satisface en una ‘frontera&rsquo;, el principal desaf&iacute;o no es el de superar la dificultad pol&iacute;tica para expropiar tierras a los grandes poseedores, sino el de impedir la creaci&oacute;n de grandes posesiones en la frontera, para que todas las familias que necesitan tierras las obtengan. Los pa&iacute;ses con experiencias exitosas de colonizaci&oacute;n (como los Estados Unidos en el oeste) aprobaron leyes que limitaban el tama&ntilde;o m&aacute;ximo de las fincas reci&eacute;n creadas a un tama&ntilde;o suficiente (en este caso, a 160 acres) para asegurar una distribuci&oacute;n relativamente equitativa y no generar demasiada incertidumbre en torno a los derechos de propiedad, y dieron apoyo adecuado mediante inversiones en infraestructura (carreteras, mercados, comunicaciones, etc&eacute;tera).</p>     <p align="justify">Colombia nunca ha sido un pa&iacute;s de tierra escasa a la manera de muchos pa&iacute;ses asi&aacute;ticos y el desaf&iacute;o ha sido ante todo, aunque no exclusivamente, el de manejar la frontera en tal forma que se aten&uacute;en las presiones y se cree una estructura agraria satisfactoria. Es importante se&ntilde;alar cuatro caracter&iacute;sticas del patr&oacute;n de desarrollo del control de la tierra y de su uso desde la &eacute;poca de la independencia de Colombia (que originalmente se llam&oacute; Gran Colombia).</p>     <p align="justify">1. La ambig&uuml;edad acerca de qui&eacute;n controla o debe controlar la tierra ha sido una caracter&iacute;stica/problema tan notable como la desigualdad en la distribuci&oacute;n legal de la tierra. La ambig&uuml;edad ha obedecido a una combinaci&oacute;n de situaciones en las que la propiedad no se ha definido jur&iacute;dicamente, de interpretaciones opuestas acerca de lo correcto o legal, y de inconsistencia entre la ley y la pr&aacute;ctica.</p>     <p align="justify">2. El Estado ha sido un actor importante o potencial por diversas razones; la m&aacute;s obvia, el hecho de que la mayor parte de la tierra agr&iacute;cola explotada fue una vez de dominio p&uacute;blico<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>; as&iacute;, las decisiones del Estado acerca de c&oacute;mo enajenar esa tierra y en qu&eacute; condiciones eran esenciales. La manera de poner en pr&aacute;ctica las leyes de tierras era en parte un asunto de capacidad administrativa del gobierno. A veces, el gobierno actu&oacute; como &aacute;rbitro entre las partes que ten&iacute;an disputas de tierras y problemas conexos.</p>     <p align="justify">3. El Estado no fue un actor coherente debido a que las diversas partes y facciones ten&iacute;an visiones algo diferentes acerca de los problemas agrarios, pero a&uacute;n m&aacute;s importante porque los gobiernos locales favorecieron sistem&aacute;ticamente a los grandes poseedores (o aspirantes a propietarios), mientras que el gobierno nacional adopt&oacute; una amplia gama de posiciones, dependiendo del partido en el poder, la situaci&oacute;n y otros factores.</p>     <p align="justify">4. El dominio de la tierra formaba parte del problema m&aacute;s amplio del control de los factores de la producci&oacute;n agr&iacute;cola, entre ellos el trabajo, el otro factor principal. Muchas de las tensiones que se presentaron a trav&eacute;s de los a&ntilde;os se pueden ver como contiendas entre grandes y peque&ntilde;os poseedores (o aspirantes a esas dos categor&iacute;as), pero tambi&eacute;n como disputas entre el trabajo y la tierra o el capital, en donde quienes controlaban la mayor parte de la tierra tambi&eacute;n necesitaban acceso al trabajo; de aqu&iacute;, las discusiones sobre las leyes de vagancia y la coerci&oacute;n a los trabajadores, mientras que los trabajadores que suministraban trabajo buscaban mejores condiciones para aplicarlo, la mejor de las cuales era poseer tierra.</p>     <p align="justify">Entre estos actores, el gobierno nacional era quiz&aacute; el que ten&iacute;a m&aacute;s posibilidades de adoptar una perspectiva amplia que incluyera el bienestar de todas las partes, incluida la necesidad general de una oferta adecuada de alimentos. Por tanto, desde muy temprano intent&oacute; lograr un equilibrio entre intereses. Sin embargo, muchos de los resultados de su intervenci&oacute;n no fueron planeados ni deseados. Algunas de sus pol&iacute;ticas iniciales concentraron la tierra, como la divisi&oacute;n de los <i>resguardos</i> (reservas para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena), que se realiz&oacute; entre 1830 y 1860 (Safford, 1995, 120). En este proceso de concentraci&oacute;n fue m&aacute;s importante la enajenaci&oacute;n sustancial de la tierra p&uacute;blica durante el siglo XIX, a cambio de la compra de bonos depreciados del gobierno; en este caso, el principal objetivo era rescatar las finanzas y el cr&eacute;dito del gobierno nacional. Tambi&eacute;n se cedieron tierras p&uacute;blicas en grandes extensiones para inducir a los inmigrantes extranjeros a que tomaran posesi&oacute;n de ellas. Pero gran parte de las tierras entregadas no se explotaron, y cuando las leyes hicieron depender la continuaci&oacute;n de la propiedad de su explotaci&oacute;n, gran parte fue abandonada. Desde la &eacute;poca en que las apropiaciones de esas tierras enajenadas empezaron a ser efectivas a cierta escala (en la d&eacute;cada de 1870 con el auge transitorio de la quina), esas ‘leyes de explotaci&oacute;n&rsquo; fueron derogadas con la intenci&oacute;n de proteger a los colonos contra las reclamaciones de los grandes poseedores (ib&iacute;d., 121). No obstante, las leyes tuvieron pocos efectos y los poderosos a menudo se salieron con la suya.</p>     <p align="justify">El escenario que se conform&oacute; en las d&eacute;cadas de 1920 y 1930 origin&oacute; el primer y m&aacute;s serio intento de una reforma agraria importante en Colombia, el &uacute;nico cuyo &eacute;xito pudo haber tenido gran impacto en la posterior evoluci&oacute;n de la econom&iacute;a y de la sociedad (Berry, 2000). Los acontecimientos conspiraron para que Colombia estuviera m&aacute;s cerca de una reforma real que cualquier otro pa&iacute;s de la regi&oacute;n en esa &eacute;poca y luego, para inducir al gobierno central a que retrocediera en el momento cr&iacute;tico<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. El esfuerzo fue el resultado de una combinaci&oacute;n de desigualdades, injusticias y tensiones cr&oacute;nicas; de las tensiones adicionales asociadas al r&aacute;pido crecimiento de la producci&oacute;n cafetera y otros elementos de prosperidad durante la d&eacute;cada de 1920, y de las nuevas presiones asociadas a la reversi&oacute;n de esas tendencias progresivas cuando los efectos de la depresi&oacute;n mundial repercutieron en Colombia en la d&eacute;cada de 1930.</p>     <p align="justify">La experiencia internacional muestra que son raras las condiciones que llevan a reformas agrarias muy positivas. En algunos casos es importante la participaci&oacute;n extranjera; cuando eso no sucede, una combinaci&oacute;n especial de factores internos debe crear la apertura para el cambio. La combinaci&oacute;n que se present&oacute; en Colombia a comienzos de los a&ntilde;os 30 inclu&iacute;a un alto grado de malestar rural que preocup&oacute; a los dirigentes pol&iacute;ticos por su impacto desestabilizador y a quienes lo ve&iacute;an como un grave impedimento para una adecuada producci&oacute;n agr&iacute;cola<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>, especialmente de alimentos, en un momento en que su oferta parec&iacute;a insegura. En esa misma &eacute;poca, importantes personajes del Partido Liberal consideraron que los colonos y peque&ntilde;os propietarios insatisfechos eran un recurso pol&iacute;tico al que pod&iacute;an recurrir.</p>     <p align="justify">Diversos factores contribu&iacute;an al malestar rural. La desigualdad junto con la inseguridad/ambig&uuml;edad de la distribuci&oacute;n de la tierra es una causa frecuente de conflicto y tensi&oacute;n<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>, especialmente cuando se complementa con el sentimiento de quienes tienen poca o ninguna tierra acerca de la injusticia de que parte de la tierra que est&aacute; en manos de los grandes terratenientes les pertenece leg&iacute;timamente a ellos, como sucedi&oacute; en Colombia. Otra caracter&iacute;stica de la situaci&oacute;n colombiana fue el conflicto entre partidos y la historia de violencia peri&oacute;dica, concentrada en las zonas rurales<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. Con este tel&oacute;n de fondo explosivo, el estallido de un conflicto a gran escala depende de los ingredientes que se agreguen a la mezcla<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>. El estancamiento o reducci&oacute;n de los ingresos asociado a la depresi&oacute;n mundial y el aumento de la presi&oacute;n de la poblaci&oacute;n sobre la tierra fueron elementos de la mezcla colombiana en la d&eacute;cada de 1930. A finales de la era cafetera (1880-1930), durante la cual ese producto se convirti&oacute; en la exportaci&oacute;n dominante del pa&iacute;s, la tierra se hizo cada vez m&aacute;s valiosa y se crearon las condiciones para una crisis del conflicto por la tierra. La rentabilidad de las exportaciones cafeteras fue el ingrediente esencial. Esto precipit&oacute; un incremento de los ingresos del gobierno y, junto con los recursos extranjeros, hizo posible una explosi&oacute;n de inversiones p&uacute;blicas en infraestructura, que aument&oacute; a&uacute;n m&aacute;s el valor de la tierra y la demanda de trabajo. La r&aacute;pida expansi&oacute;n de la red de transportes y la creciente demanda de caf&eacute; llevaron a una apreciaci&oacute;n del valor de la tierra agr&iacute;cola y a que los empresarios se lanzaran a la caza de tierras, lo que llev&oacute; a un gran incremento de la usurpaci&oacute;n de terrenos ocupados por colonos entre 1918 y 1931. La combinaci&oacute;n de la presi&oacute;n de las usurpaciones y la creciente confianza en que acciones contrarias suyas pod&iacute;an tener frutos (Legrand, 1986, 93)<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a> desataron una contraofensiva campesina despu&eacute;s de 1928, durante la cual se invadieron muchas de las grandes haciendas formadas anteriormente; en ese momento, el problema de las tierras p&uacute;blicas se convirti&oacute; en un grave problema pol&iacute;tico nacional e indujo al gobierno a intervenir para clarificar la definici&oacute;n legal de la propiedad privada (ib&iacute;d., xvii).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entretanto, la preocupaci&oacute;n de las autoridades nacionales por la producci&oacute;n agr&iacute;cola se relacionaba en parte con el impacto del conflicto sobre la producci&oacute;n<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>, pero tambi&eacute;n con el problema, de largo plazo, de la estructura de la tierra. El gobierno, concentrado cada vez m&aacute;s en las necesidades del proceso de industrializaci&oacute;n, se preocup&oacute; a&uacute;n m&aacute;s por la producci&oacute;n agr&iacute;cola para el mercado dom&eacute;stico, gran parte de la cual proven&iacute;a del sector de peque&ntilde;os agricultores, y menos por las exportaciones; esto dirigi&oacute; su atenci&oacute;n a la necesidad de una pol&iacute;tica de reforma agraria. Muchos observadores identificaron el monopolio de la tierra en grandes latifundios como la causa del retraso agr&iacute;cola (L&oacute;pez, 1927; Uribe, 1936). El apoyo a los peque&ntilde;os agricultores incluy&oacute; el primer programa de colonizaci&oacute;n planificada del pa&iacute;s y una hist&oacute;rica decisi&oacute;n que la Corte Suprema adopt&oacute; en 1926 que hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil que los grandes poseedores reclamaran la propiedad de la tierra. El advenimiento de la Gran Depresi&oacute;n, que puso fin al auge econ&oacute;mico colombiano, constituy&oacute; un argumento adicional en favor de la colonizaci&oacute;n; el gobierno proporcion&oacute; entonces pasajes gratuitos de ferrocarril para que los desempleados retornaran a las zonas rurales. Las haciendas, castigadas por la reducci&oacute;n de los beneficios, intentaron restablecer los bajos salarios y las dif&iacute;ciles condiciones de trabajo de los a&ntilde;os anteriores al auge (Palacios, 1980; Jim&eacute;nez, 1986). Mucha gente se lanz&oacute; entonces a buscar sus propias parcelas y su independencia<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>. Un porcentaje creciente intent&oacute; asentarse en tierras p&uacute;blicas mejor localizadas o en terrenos no utilizados de las grandes propiedades en vez de dirigirse a las zonas de colonizaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Una vez que el movimiento de los colonos avanz&oacute;, estos se convirtieron en capital pol&iacute;tico movilizable, en particular por el Partido Liberal, que acababa de volver al poder. En consecuencia, los problemas de la violencia y la productividad se juntaron y el gobierno se concentr&oacute; en la necesidad de resolver el problema de la tierra. En esta &eacute;poca se esgrimieron en Colombia todos los argumentos comunes en favor de ayudar y defender a los peque&ntilde;os colonos y se adoptaron diversos enfoques para enfrentar los dos problemas que percib&iacute;an los responsables de pol&iacute;tica: el conflicto y la violencia ligados a las reclamaciones enfrentadas en las zonas de frontera y la inadecuada producci&oacute;n agr&iacute;cola. Un enfoque judicial que aplicara la norma de la Corte Suprema de 1926 habr&iacute;a privado a los terratenientes de grandes territorios y habr&iacute;a sido demasiado radical para que tuviera posibilidades de &eacute;xito<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>. La compra y parcelaci&oacute;n de grandes propiedades se consideraba amistosa y l&oacute;gica. La compra de tres haciendas en zonas de grave conflicto y la disposici&oacute;n de dar t&iacute;tulos gratuitos a los colonos que las ocupaban a finales de los a&ntilde;os 20 y comienzos de los 30 no bastaron para calmar el malestar social, pero el costo fiscal fue muy alto y el gobierno decidi&oacute; que de all&iacute; en adelante los campesinos deb&iacute;an pagar la totalidad del valor de mercado.</p>     <p align="justify">El programa fracas&oacute; cuando los campesinos se negaron a pagar tierras que consideraban p&uacute;blicas y, por tanto, legalmente a su disposici&oacute;n (Legrand, 1986, 139). Cuando la respuesta legislativa finalmente adopt&oacute; la forma de la Ley 200 de 1936, el equilibrio de poder se hab&iacute;a desplazado a favor de los terratenientes. El movimiento de los colonos perdi&oacute; influencia pol&iacute;tica debido a la cooptaci&oacute;n de sus dirigentes pol&iacute;ticos y la disensi&oacute;n interna sobre el programa de parcelaci&oacute;n. Las luchas por la tierra continuaron, pero la amenaza izquierdista que planteaban cedi&oacute; gradualmente cuando los representantes de los colonos buscaron posiciones en el partido que estaba en el poder.</p>     <p align="justify">El presidente L&oacute;pez estaba entonces empe&ntilde;ado en el proceso de construir una base de poder entre los trabajadores urbanos. Entre tanto, los grandes propietarios lanzaron una sofisticada campa&ntilde;a contra su r&eacute;gimen canalizando la hostilidad de la &eacute;lite contra cualquier ampliaci&oacute;n del poder del Estado sobre el problema de la tierra, con la pretensi&oacute;n de que el gobierno intentaba suprimir la propiedad privada y lanzando advertencias contra el peligro de una revoluci&oacute;n. L&oacute;pez se convenci&oacute; de que pod&iacute;a recuperar el poder pol&iacute;tico si resolv&iacute;a el asunto de la tierra en favor de los terratenientes<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. El gobierno continu&oacute; afirmando el objetivo de ampliar las propiedades campesinas independientes, revoc&oacute; los t&iacute;tulos de la tierra ociosa y apoy&oacute; los proyectos de colonizaci&oacute;n y parcelaci&oacute;n. Pero la Ley 200 de tierras, concebida para favorecer a los colonizadores (Hirschman, 1965), fortaleci&oacute; de hecho la posici&oacute;n de los grandes propietarios agr&iacute;colas, al facilitar la reclamaci&oacute;n de tierras que consideraban suyas, y anul&oacute; el argumento de que esas tierras eran a&uacute;n de dominio p&uacute;blico. Al mismo tiempo, impuso una prima a quienes aspiraban a desalojar a los peque&ntilde;os colonos para impedir conflictos por reclamaciones. Esto fue acompa&ntilde;ado de una ley contra la vagancia que facilit&oacute; el traslado de los colonos expulsados (Safford, 1995, 141). Todos estos factores contribuyeron sin duda al escalamiento de la violencia rural que explot&oacute; una d&eacute;cada m&aacute;s tarde. En suma, la Ley 200 poco o nada contribuy&oacute; a frenar la continua apropiaci&oacute;n de tierras p&uacute;blicas en las zonas de frontera ni a afrontar las tensiones entre colonizadores y grandes empresarios alrededor de las tierras, que continuaron siendo una causa esencial del conflicto social en el campo colombiano. El fracaso para resolver el problema de la tierra cuando parec&iacute;a haber una posibilidad contribuy&oacute; notablemente a la ‘Violencia&rsquo;, la peor oleada de violencia que atribul&oacute; a Colombia. Aunque las primeras interpretaciones, a&uacute;n hoy muy comunes, tend&iacute;an a considerarla un producto del odio entre liberales y conservadores y dieron poco peso a sus or&iacute;genes sociales y econ&oacute;micos, no hay duda de que estos factores fueron muy importantes. En vez de mejorar la situaci&oacute;n de los campesinos que aspiraban a tener tierra, la Ley 200 parece haber sido contraproducente por cuanto promovi&oacute; su privatizaci&oacute;n por los propietarios y la expulsi&oacute;n de colonos<a href="#16" name="n16"><sup>15</sup></a>. La tasa de privatizaci&oacute;n de tierras p&uacute;blicas aument&oacute; dr&aacute;sticamente durante ‘la Violencia&rsquo;; de un promedio de 60.000 ha por a&ntilde;o entre 1931 y 1945 a 150.000 ha entre 1946 y 1954 y a 375.000 ha entre 1955 y 1959 (Legrand, 1989, 13, que cita a Diot, 1976), de modo que de acuerdo con la experiencia hist&oacute;rica se puede inferir que la incidencia de la expulsi&oacute;n tambi&eacute;n se increment&oacute;<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>.</p>     <p align="justify">Nunca ser&aacute; posible establecer qu&eacute; tan cerca estuvo este intento de reforma agraria de ejercer un gran impacto positivo sobre la historia de la estructura agraria colombiana. Exist&iacute;an motivaciones de diversas perspectivas. Exist&iacute;a el deseo de ayudar a los colonos en su lucha, quiz&aacute; en parte debido a un sentido de justicia, pero ciertamente con la esperanza de que ayudara a evitar una crisis alimentaria; exist&iacute;a el reconocimiento/creencia de que las grandes fincas eran improductivas y causa esencial del estancamiento de la producci&oacute;n; exist&iacute;a el temor a una escalada de la violencia; finalmente exist&iacute;a el incentivo pol&iacute;tico de utilizar a los colonos como grupo de apoyo pol&iacute;tico. &iquest;Estas motivaciones eran suficientes? &iquest;Qu&eacute; tipo de reforma agraria habr&iacute;a sido pol&iacute;ticamente posible? Aunque se reconoc&iacute;a que las grandes haciendas eran una fuente de ineficiencia (los resultados de la investigaci&oacute;n en esta materia eran por supuesto mucho menos completos en esa &eacute;poca que hoy en d&iacute;a), la idea de una reforma plenamente igualitaria que hubiera eliminado las grandes haciendas (como sucedi&oacute; en Jap&oacute;n, Corea y Taiw&aacute;n) habr&iacute;a sido demasiado radical para tener posibilidades. En esa &eacute;poca, la &uacute;nica manera de igualar la distribuci&oacute;n habr&iacute;a sido expropiar a bajos precios, y esto habr&iacute;a creado mucha resistencia, como se puede ver en la reacci&oacute;n que se organiz&oacute; pocos a&ntilde;os despu&eacute;s de que los terratenientes percibieran una grave amenaza contra ellos. Algunos estaban dispuestos a vender sus propiedades, pero el prohibitivo drenaje fiscal de un amplio programa basado en este enfoque es tambi&eacute;n obvio. De modo que hay dos preguntas fundamentales. Primera, &iquest;se podr&iacute;a haber hecho lo suficiente en defensa de los derechos de los peque&ntilde;os agricultores para afectar la estructura agraria como un todo en el curso del tiempo? Segunda, &iquest;habr&iacute;a sido posible que los autores de la pol&iacute;tica adoptaran las medidas adecuadas para alcanzar ese objetivo? En cuanto a la primera, hay argumentos para responder que s&iacute;. Un programa que hubiera adoptado la interpretaci&oacute;n de los colonos acerca de las leyes de asentamientos de 1874 y 1882 habr&iacute;a resuelto el problema, pero habr&iacute;a generado muchos conflictos con los grandes hacendados que se hab&iacute;an apoderado de tierras que los colonos consideraban suyas. La rectificaci&oacute;n de gran parte de la injusticia anterior, como la defin&iacute;an los colonos, habr&iacute;a sido una tarea gigantesca. Un objetivo m&aacute;s realista habr&iacute;a sido el de implementar de facto las disposiciones de asentamientos en tierras que estaban en proceso de colonizaci&oacute;n y desarrollo, es decir, concentrar el esfuerzo en la colonizaci&oacute;n futura y no en la que ya hab&iacute;a tenido lugar; en otras palabras, seguir un camino similar al de los Estados Unidos. En la d&eacute;cada de 1930 a&uacute;n restaba colonizar una extensa parte del territorio colombiano. Como ya se se&ntilde;al&oacute;, durante este proceso hubo mucha tensi&oacute;n, violencia e injusticia; habr&iacute;a sido imposible evitarlas totalmente y muy dif&iacute;cil controlar suficientemente la colonizaci&oacute;n para afectar mucho el resultado. Pero esto, junto con las modestas contribuciones de la redistribuci&oacute;n de haciendas compradas y la expropiaci&oacute;n de haciendas seleccionadas, era quiz&aacute; lo mejor que se pod&iacute;a hacer. La clarificaci&oacute;n e implementaci&oacute;n de las leyes de asentamientos habr&iacute;a establecido vigorosos grupos de propietarios que se habr&iacute;an convertido en una poderosa fuerza en defensa de sus intereses y sus derechos. Este modelo se podr&iacute;a haber difundido cuando se reconociera su factibilidad. De haber sido posible poner en pr&aacute;ctica algo de esta especie en la mitad de las zonas agr&iacute;colas reci&eacute;n colonizadas en el medio siglo posterior a la d&eacute;cada de 1930, la estructura agraria hoy ser&iacute;a muy diferente.</p>     <p align="justify">&iquest;Los autores de la pol&iacute;tica ten&iacute;an posibilidades de identificar esta soluci&oacute;n y de ponerla en pr&aacute;ctica? No conozco nada cercano a esta ‘visi&oacute;n&rsquo; que se haya debatido en esa &eacute;poca. Una raz&oacute;n para que la discusi&oacute;n no girara en torno a esa opci&oacute;n es su car&aacute;cter esencialmente de largo plazo, mientras que la mayor&iacute;a de las pol&iacute;ticas responden a presiones de m&aacute;s corto plazo. Aunque hubiese existido esa visi&oacute;n, su implementaci&oacute;n habr&iacute;a sido un gran desaf&iacute;o, debido a que la aplicaci&oacute;n de las leyes en las zonas de frontera es un desaf&iacute;o en cualquier contexto, y a que el gobierno central colombiano no ten&iacute;a capacidad para controlar efectivamente las tierras del interior. Un posible escenario habr&iacute;a sido una serie de promesas incumplidas, como las de los tratados que el gobierno de los Estados Unidos hizo con varios de sus grupos ind&iacute;genas, para romperlas sistem&aacute;ticamente m&aacute;s tarde. Una estrategia exitosa tambi&eacute;n habr&iacute;a requerido un nivel razonable de apoyo del sector p&uacute;blico a los peque&ntilde;os propietarios de la nueva frontera, de modo que, a diferencia de los olvidados ejidatarios de M&eacute;xico pero igual que los peque&ntilde;os agricultores de los pa&iacute;ses del Este asi&aacute;tico, su productividad se hubiera elevado a trav&eacute;s del tiempo, y hubiera dado lugar a una pr&oacute;spera agricultura de peque&ntilde;os propietarios. Es posible que en Colombia haya sido m&aacute;s f&aacute;cil satisfacer esta condici&oacute;n que imponer la misma ley de asentamientos. En retrospectiva, Colombia dispuso y proporcion&oacute; alg&uacute;n apoyo de este tipo; en el caso del caf&eacute; fue muy importante, aunque se debe admitir que se ejecut&oacute; esencialmente a trav&eacute;s de las oficinas de la Federaci&oacute;n de Cafeteros. Dado un punto de partida en el que el gobierno ve&iacute;a aparecer una crisis de producci&oacute;n, ten&iacute;a el incentivo para encaminarse en esa direcci&oacute;n. La experiencia de muchos pa&iacute;ses ha mostrado que cuando existe un sector de peque&ntilde;os propietarios razonablemente seguro y pr&oacute;spero, este puede ejercer presi&oacute;n sobre los gobiernos para que proporcionen la investigaci&oacute;n, la extensi&oacute;n, el cr&eacute;dito y otros tipos de apoyo que les son necesarios<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p align="justify">Cualesquiera que fueran las posibilidades <i>ex ante</i> de una reforma productiva en los a&ntilde;os treinta, la historia tom&oacute; un curso diferente, y las d&eacute;cadas siguientes vieron la feroz ‘Violencia&rsquo; por la que el pa&iacute;s se hizo notorio.</p>     <p align="justify"><b>REFORMA AGRARIA ESTILO A&Ntilde;OS SESENTA: LA LEY 135 DE 1961 Y LOS &lsquo;USUARIOS&rsquo;</b></p>     <p align="justify">Desde el casi &eacute;xito de los a&ntilde;os treinta, los gobiernos colombianos han afrontado los problemas de estructura agraria en diversas ocasiones y de diferentes maneras, siempre en un marco de altos niveles de conflicto rural y violencia. El per&iacute;odo posterior de actividad en esta &aacute;rea fue el de los a&ntilde;os sesenta y comienzos de los setenta.</p>     <p align="justify">En la d&eacute;cada de 1960, Colombia entr&oacute; en un per&iacute;odo de crecimiento agr&iacute;cola relativamente r&aacute;pido aunque dualista (3,5% anual entre 1950 y 1990), caracterizado por una expansi&oacute;n de la agricultura comercial y una agricultura tradicional (campesina) generalmente estancada, la cual fue responsable de los altos niveles permanentes de pobreza rural<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>. El crecimiento de la agricultura comercial, sobre todo en los sesenta, fue en parte una respuesta a los incentivos para mecanizar e intensificar el uso de insumos modernos y, en parte, al modelo de protecci&oacute;n contra las importaciones (Jaramillo, 1998, 29). Debido a este modelo dualista de crecimiento, la demanda de trabajo creci&oacute; lentamente, apenas al 0,6% anual entre 1950 y 1987. La agricultura comercial s&oacute;lo proporcion&oacute; el 18% de los nuevos empleos rurales entre 1950 y 1980, mientras que los cultivos campesinos proporcionaron casi el 70% (Berry, 1992). Es razonable suponer que este modelo de crecimiento excluyente aliment&oacute; las tensiones sociales y la violencia en las zonas rurales<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La confluencia de fuerzas que crearon las condiciones para una reforma difer&iacute;an de varias maneras de las de los a&ntilde;os treinta. Las presiones internas respond&iacute;an a algunas de las mismas preocupaciones que en los a&ntilde;os treinta; el conflicto rural era el m&aacute;s importante, puesto que el dram&aacute;tico episodio de la ‘Violencia&rsquo; de finales de los cuarenta y los cincuenta era a&uacute;n muy reciente; la preocupaci&oacute;n por el rezago de la producci&oacute;n de alimentos y la motivaci&oacute;n pol&iacute;tica directa de recaudar votos estaban presentes, aunque la primera era tal vez m&aacute;s d&eacute;bil que en el per&iacute;odo anterior, y la &uacute;ltima no ten&iacute;a el mismo potencial dentro de la estructura del Frente Nacional bipartidista. Entre tanto, el creciente poder de los agricultores comerciales modernos era otra diferencia importante con los a&ntilde;os treinta y contribuy&oacute; a la par&aacute;lisis de los esfuerzos de reforma agraria (de Janvry y Sadoulet, 1990). La agricultura moderna y mecanizada empez&oacute; a sustituir la ganader&iacute;a extensiva en las tierras planas f&eacute;rtiles alrededor de finales de la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo a comienzos de los a&ntilde;os cincuenta, lo que cre&oacute; un nuevo grupo de presi&oacute;n m&aacute;s a tono con la burgues&iacute;a industrial. Los peque&ntilde;os agricultores no participaron en los incrementos de productividad de este proceso, puesto que ni el cr&eacute;dito ni las nuevas tecnolog&iacute;as que los hicieron posibles estaban a su disposici&oacute;n. Fajardo (1986, 93) y otros se refieren a las masivas expulsiones de campesinos durante este per&iacute;odo; parte de ellas obedecieron al desplazamiento de antiguos trabajadores y arrendatarios de las haciendas tradicionales cuando estas pasaron a la agricultura moderna, y parte a la forma como se desarroll&oacute; la ‘Violencia&rsquo;.</p>     <p align="justify">Igual que a comienzos de los a&ntilde;os treinta, algunos reconocieron que la estructura agraria de Colombia era muy desigual. Hern&aacute;n Toro Agudelo, que escrib&iacute;a en <i>La Calle</i>, anticip&oacute; la evidencia acerca de este punto que se reflej&oacute; despu&eacute;s en el censo agr&iacute;cola de 1960. Aunque el sector campesino suministraba de hecho una menor proporci&oacute;n de la producci&oacute;n de alimentos que en los a&ntilde;os treinta<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>, el peso negativo de un sector agr&iacute;cola improductivo y el mercado rural para la producci&oacute;n de la industria colombiana eran a&uacute;n significativos. En esta materia, el debate colombiano tendi&oacute; a ser paralelo al de toda la regi&oacute;n, por la influencia de los an&aacute;lisis de la FAO acerca de Am&eacute;rica Latina, que se reflejaron en las discusiones de Punta del Este organizadas por la Alianza para el Progreso. A pesar del impresionante crecimiento de la agricultura comercial moderna, este se concentr&oacute; en art&iacute;culos diferentes de los componentes principales del consumo tradicional de alimentos (excepto el arroz). Mientras tanto, el aumento de la poblaci&oacute;n alcanz&oacute; su nivel pico de 3% o algo mayor. Cuando el precio de los art&iacute;culos b&aacute;sicos se elev&oacute; en un promedio del 40% anual entre 1955 y 1959, esto impresion&oacute; a los pol&iacute;ticos.</p>     <p align="justify">Entre tanto, aunque el plebiscito del Frente Nacional confirm&oacute; el fuerte respaldo a este acuerdo de colaboraci&oacute;n entre los dos partidos dominados por la &eacute;lite, el Partido Liberal tuvo algunos cambios, entre ellos el descenso del dominio de la &eacute;lite, que hist&oacute;ricamente hab&iacute;a sido especialmente notable en el &aacute;mbito nacional (ib&iacute;d., 96). Esta fragmentaci&oacute;n en la base del Partido Liberal represent&oacute; una amenaza para el acuerdo bipartidista, una de cuyas manifestaciones fue el auge del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), cuyo surgimiento tambi&eacute;n se relacion&oacute; con la Revoluci&oacute;n cubana y la oleada de optimismo a que dio lugar. El malestar rural no s&oacute;lo se mantuvo en alza sino que adopt&oacute; un car&aacute;cter rebelde, en busca de autonom&iacute;a de los dos partidos y de su sofocante acuerdo de colaboraci&oacute;n. La manifestaci&oacute;n m&aacute;s dram&aacute;tica de esta b&uacute;squeda adopt&oacute; la forma de ‘rep&uacute;blicas independientes&rsquo;, de las que Marquetalia fue la principal y el s&iacute;mbolo. En general, el Frente Nacional adopt&oacute; el mismo enfoque represivo del dictador Rojas hacia los grupos campesinos que siguieron el camino de ‘la autodefensa&rsquo;. Los preparativos para atacar a Marquetalia estaban en marcha en 1962, pero la solidaridad de la poblaci&oacute;n local retras&oacute; ese ataque<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a>.</p>     <p align="justify">A diferencia del episodio de los a&ntilde;os treinta, las instituciones externas (internacionales) desempe&ntilde;aron un papel importante en el surgimiento de los esfuerzos m&aacute;s recientes<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a>. As&iacute; como las reformas de Asia oriental fueron desencadenadas por la Revoluci&oacute;n china una d&eacute;cada antes, la Revoluci&oacute;n cubana despert&oacute; en la pol&iacute;tica extranjera norteamericana la conciencia de una amenaza similar en el hemisferio, y la ayuda de Estados Unidos a Am&eacute;rica Latina se condicion&oacute; a reformas sociales, entre las cuales la reforma agraria era muy importante (Perry, 1985, 103). Entre algunos pol&iacute;ticos locales tambi&eacute;n se prest&oacute; nueva atenci&oacute;n a la pol&iacute;tica social y a las fuentes de malestar en Am&eacute;rica Latina. En Colombia, Carlos Lleras Restrepo, luego presidente, acept&oacute; que la defensa contra una revoluci&oacute;n de base rural semejante a la de China no era exclusivamente un asunto militar sino que requer&iacute;a mejorar las condiciones de vida de los pobres rurales (Lleras R., n.d., citado en Perry, 1985, 104-105).</p>     <p align="justify">Aunque importantes, las corrientes extranjeras parangonaron en esencia el pensamiento nacional. Pese a que la situaci&oacute;n agraria de Colombia era extrema, Centroam&eacute;rica ya se hab&iacute;a convertido en una caldera de conflicto cuando se acentuaron pautas similares del conflicto entre el avance de la agricultura comercial de exportaci&oacute;n y la poblaci&oacute;n campesina. En Guatemala, un gobierno civil emprendi&oacute; una reforma agraria en respuesta a problemas similares a los que se padec&iacute;an en Colombia y fue derrocado con ayuda de la CIA de los Estados Unidos (Coatsworth, 1994). La reconsideraci&oacute;n de la cuesti&oacute;n agraria en Colombia se plasm&oacute; en un proyecto que el Ministro de Agricultura present&oacute; al Congreso en 1959. Las presiones contra una reforma importante fueron, como es usual, muy fuertes. Igual que en los a&ntilde;os treinta, los partidarios del statu quo presentaron en forma articulada y persuasiva sus puntos de vista en la arena de debate. La Sociedad Colombiana de Agricultores (SAC) minimiz&oacute; la idea de una extrema desigualdad en la estructura agraria (al menos hasta que las cifras del censo ridiculizaron su argumento) e impuls&oacute; la idea de que el problema real del sector era la falta de incentivos a la inversi&oacute;n, la falta de una pol&iacute;tica de desarrollo y la inseguridad. Sostuvo que la propiedad privada se deb&iacute;a respetar, impuls&oacute; la colonizaci&oacute;n como medio para proporcionar nuevas peque&ntilde;as propiedades, e incluso mostr&oacute; preocupaci&oacute;n porque una redistribuci&oacute;n de la tierra pod&iacute;a inundar los mercados de bienes agr&iacute;colas (Fajardo, 1986, 105). Lauchlin Currie present&oacute; su plan (Operaci&oacute;n Colombia) para un proceso de desarrollo centrado en las ciudades en el que ve&iacute;a la soluci&oacute;n a la pobreza rural en la creaci&oacute;n de m&aacute;s empleos urbanos remunerativos. Aunque sus detalles no concordaban con la visi&oacute;n de la mayor&iacute;a de los opositores de la reforma agraria, el programa respald&oacute; con mayor fuerza intelectual esa posici&oacute;n en el debate.</p>     <p align="justify">La medida inicial (la Ley 135 de 1961, qu&eacute; fund&oacute; el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, Incora) fue adoptada por el primer gobierno del Frente Nacional del liberal Lleras Camargo, con el respaldo de la Alianza para el Progreso y su ret&oacute;rica reformista. La ley y la manera de aplicarse reflejaron su car&aacute;cter de compromiso. Aunque muchos miembros de la burgues&iacute;a industrial quer&iacute;an una reforma, por las razones antes se&ntilde;aladas, el poder de los grandes terratenientes a&uacute;n era enorme y el compromiso natural era optar por la v&iacute;a de la colonizaci&oacute;n (que no parec&iacute;a perjudicar a nadie), al tiempo que se promet&iacute;a que la propiedad privada s&oacute;lo se tocar&iacute;a en casos especiales. El destacado dirigente conservador &Aacute;lvaro G&oacute;mez Hurtado acept&oacute; que la Ley 135 era indispensable<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a>. Sin embargo, fue una ley muy controvertida. Los grandes terratenientes fueron muy cr&iacute;ticos en un lado y la izquierda, en el otro.</p>     <p align="justify">El Incora empez&oacute; actividades en tres municipios del Tolima en donde el conflicto era agudo. M&aacute;s de la mitad de sus proyectos y el 75% de la titulaci&oacute;n durante los a&ntilde;os sesenta se llevaron a cabo en las ‘zonas rojas&rsquo; de intenso conflicto campesino, influencia de la guerrilla y estricto control militar; sus actividades fueron coordinadas con las de las fuerzas armadas (Perry, 1985, 105-106). Durante 1962-1970, los principales rubros del gasto fueron en mejoramiento de la tierra y el cr&eacute;dito subvencionado (ambos, superiores a una cuarta parte), mientras que la compra de tierras s&oacute;lo lleg&oacute; al 8,30%; esto mostraba que la ley buscaba fomentar la colonizaci&oacute;n dirigida, al tiempo que el Estado proporcionaba la infraestructura, econ&oacute;mica y social<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a>.</p>     <p align="justify">Muy pronto hubo indicios de que este esfuerzo de reforma no aliviar&iacute;a la crisis del pa&iacute;s agrario. Aunque en sus primeros proyectos hab&iacute;a en principio un tope de 50 ha, &eacute;ste no se aplic&oacute; a los que el Incora recibi&oacute; de la Caja Agraria (el banco de cr&eacute;dito agr&iacute;cola del sector p&uacute;blico colombiano) y de otras entidades, y en todo caso la norma se pod&iacute;a infringir a discreci&oacute;n del Ministro de Agricultura. Como resultado, ninguno de los proyectos del Incora la cumplieron. En algunos casos, la concentraci&oacute;n de la tierra fue de hecho muy alta en la supuestas zonas de ‘reforma&rsquo;; en 1975, los dos proyectos en los que el Incora hab&iacute;a invertido la mayor parte del dinero eran los que ten&iacute;an mayores niveles de concentraci&oacute;n de la tierra. Era frecuente que los beneficiarios peque&ntilde;os tuvieran que satisfacer la ley al pie de la letra, pagando las mejoras que recib&iacute;an, mientras que en las tierras de grandes propietarios bien relacionados esas deudas se cancelaban (Perry, 1985, 108, citando comentarios algo velados de Planeaci&oacute;n, 1977, tomo 1, 14). El costo de las inversiones en mejora de tierras, financiadas en parte con cr&eacute;dito del Banco Mundial, era muy alto (Incora, 1970, 20). El cr&eacute;dito obligatorio supervisado y el alto nivel de intervenci&oacute;n del Incora en la selecci&oacute;n de cultivos y el uso de insumos arrojan dudas sobre la validez del modelo de reforma agraria del Incora. En todo caso, este no logr&oacute; un resultado muy positivo<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a>.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s del primer estallido de actividad, el ritmo se fren&oacute; durante el gobierno conservador de Guillermo Le&oacute;n Valencia (1962-66). La administraci&oacute;n de Carlos Lleras Restrepo, mucho m&aacute;s eficaz, cuyas opiniones se comentaron antes, asumi&oacute; el problema agrario con m&aacute;s seriedad. La Ley 1 de 1968 suministr&oacute; m&aacute;s financiaci&oacute;n al Incora, pero tambi&eacute;n fij&oacute; un per&iacute;odo de 10 a&ntilde;os al final de los cuales la tierra deb&iacute;a ser transferida a los aparceros o arrendatarios que la hab&iacute;an solicitado, aunque fij&oacute; condiciones dif&iacute;ciles de satisfacer para lograr esa transferencia (Fajardo, 1986, 111). Igual que otras leyes que afectaban las relaciones entre propietarios y arrendatarios, &eacute;sta fue contraproducente porque cre&oacute; un incentivo para que los propietarios aceleraran el proceso de desplazamiento de los arrendatarios. En junio de 1974 s&oacute;lo se hab&iacute;an convertido en propietarios 1.819 de los 545.000 arrendatarios inscritos, el 2,3%, y de acuerdo con Vallejo Mej&iacute;a (1974, 302 y 312), a expensas de peque&ntilde;os o medianos propietarios. El perjuicio resultante habr&iacute;a sido menor si la siguiente administraci&oacute;n no hubiera sido en general hostil a la reforma agraria, pero en todo caso ten&iacute;a pocas oportunidades de lograr un resultado positivo.</p>     <p align="justify">La medida positiva potencialmente m&aacute;s importante de esta administraci&oacute;n buscaba profundizar la reforma agraria promoviendo la organizaci&oacute;n campesina (la Asociaci&oacute;n Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC), pero finalmente tambi&eacute;n fue contraproducente, al menos en el sentido de que suscit&oacute; una dura represi&oacute;n de la siguiente administraci&oacute;n, despu&eacute;s de escapar de las manos de sus creadores. Se supon&iacute;a que pod&iacute;a ser una especie de seudogrupo de presi&oacute;n de los destinatarios de servicios del gobierno en las zonas rurales, a&uacute;n esencialmente controladas por el mando del gobierno<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a>. Lleras advirti&oacute; la necesidad de la participaci&oacute;n de los campesinos para garantizar que la reforma agraria los favoreciera, y entendi&oacute; que estos no se organizar&iacute;an a menos que les fuera evidente su potencial (Fajardo, 1986, 111). Advirti&oacute; el valor potencial de una alianza obrero-campesina para transformar las zonas rurales, y despu&eacute;s lament&oacute; la falta de apoyo de los trabajadores organizados al campesinado, debido en parte a que el movimiento de los trabajadores era d&eacute;bil en esa &eacute;poca, lo que dificultaba su presencia clara y continua en el campo (ib&iacute;d., 123). En los dos primeros a&ntilde;os de su existencia, la direcci&oacute;n ideol&oacute;gica de la ANUC fue la de sus fundadores, pero la instalaci&oacute;n de la nueva administraci&oacute;n conservadora de Misael Pastrana en 1970 llev&oacute; a un cambio dr&aacute;stico. Los opositores de la reforma agraria encontraron disposici&oacute;n en el nuevo gobierno, y la respuesta represiva de la administraci&oacute;n aliment&oacute; la divisi&oacute;n dentro de la ANUC.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La ANUC fue desde el inicio un grupo heterog&eacute;neo cuyos miembros iban desde agricultores capitalistas peque&ntilde;os y medianos hasta trabajadores sin tierra. Era entonces susceptible de divisi&oacute;n y sus diferencias internas fueron h&aacute;bilmente explotadas por los opositores de la reforma. No obstante, su influencia aument&oacute; durante la primera fase, que cubri&oacute; los a&ntilde;os setenta. En opini&oacute;n de Fajardo (1986, 124), los costosos efectos del modelo de desarrollo vigente no s&oacute;lo recayeron sobre los grupos rurales sino tambi&eacute;n sobre grupos urbanos, lo que dio mucha legitimidad a sus objetivos. El control de la ANUC exigi&oacute; un alto grado de represi&oacute;n, incluido el asesinato de varios dirigentes (Comit&eacute; de Solidaridad con los Presos Pol&iacute;ticos, 1974, 103). La l&iacute;nea dura que adopt&oacute; el gobierno radicaliz&oacute; la asociaci&oacute;n, y llev&oacute; a un enfrentamiento entre moderados y radicales (Fajardo, 1986, 112). La confrontaci&oacute;n con el gobierno y el car&aacute;cter de su estrategia de desarrollo convencieron a muchos miembros de la ANUC de que hab&iacute;a llegado el momento de presionar fuertemente para tener acceso a la tierra, que las invasiones eran el &uacute;nico camino para lograr ese objetivo y que tambi&eacute;n era esencial lograr el control de sus propias finanzas y su administraci&oacute;n (ib&iacute;d., 125). El grupo de l&iacute;nea dura era a&uacute;n mayoritario y las invasiones se volvieron comunes. Lo que empez&oacute; como una manera aceptable de involucrar a los campesinos como grupo de presi&oacute;n participante en un proceso de reforma los perjudic&oacute; hasta llegar a la represi&oacute;n y establecer las medidas para el siguiente, y bastante diferente, enfoque del ‘problema del campesino&rsquo;, principalmente durante el gobierno de Alfonso L&oacute;pez.</p>     <p align="justify">En s&iacute;ntesis, el mandato del Incora era proporcionar un paliativo en vez de una reestructuraci&oacute;n (Binswanger y Deininger, 1962-3, 1997; de Janvry y Sadoulet, 1990). Nunca se discuti&oacute; seriamente una reforma importante y mucho de lo que se hizo fue mal ejecutado. Se desalent&oacute; el arriendo de la tierra en todas sus formas y, como en muchos pa&iacute;ses, esto llev&oacute; al desalojo masivo de los aparceros (Kalmanovitz, 1978 a ; Binswanger y Deininger, 1997). La falta de un tope general a la propiedad de la tierra condujo a que, a finales de los a&ntilde;os ochenta, de 3,3 millones de ha. tituladas a trav&eacute;s de los a&ntilde;os por el Incora, el 60% estuviera en manos de los grandes hacendados (Legrand, 1989, 27), lo que reflejaba por una parte que el Incora se concentr&oacute; en la titulaci&oacute;n y por otra, la tendencia de los colonos peque&ntilde;os a desbrozar tierras que luego transfer&iacute;an a los hacendados. Los efectos de estos dos graves errores de planeaci&oacute;n fueron agravados por un aparentemente alto nivel de ineficiencia y corrupci&oacute;n dentro del Incora (Jaramillo, 1998)<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a>. Pero cualquiera que sea la importancia de estas &uacute;ltimas debilidades, es claro que el programa era demasiado peque&ntilde;o para que hubiera tenido un impacto duradero sobre la desigualdad de la propiedad de la tierra. En 1972 s&oacute;lo se hab&iacute;an otorgado tierras a 13.367 familias fuera de las zonas de colonizaci&oacute;n con un promedio de 18,8 ha. (Perry, 1985, 111, citando al IICA-CIRA, 1970), cuando quiz&aacute;s medio mill&oacute;n de familias buscaba tierras. De modo que la reforma no tuvo pr&aacute;cticamente ning&uacute;n efecto sobre las grandes propiedades de las mejores tierras del pa&iacute;s. La concentraci&oacute;n de la tierra puede incluso haber aumentado.</p>     <p align="justify">Los a&ntilde;os sesenta vieron el continuo avance de la agricultura capitalista moderna. La reforma agraria aceler&oacute; ese desarrollo mediante el temor a la expropiaci&oacute;n. Tambi&eacute;n contribuyeron la aprobaci&oacute;n de la exenci&oacute;n del impuesto a las exportaciones (Certificado de Abono Tributario, CAT) en 1967 y la reducci&oacute;n del tipo de cambio que se logr&oacute; con la adopci&oacute;n del sistema de devaluaci&oacute;n gota a gota.</p>     <p align="justify"><b>LAS EMPRESAS COMUNITARIAS: NOTA DE PIE DE P&Aacute;GINA EN LA HISTORIA DE LA POL&Iacute;TICA AGRARIA EN COLOMBIA</b></p>     <p align="justify">El esfuerzo final para resolver el dilema del descontento campesino (en esta &eacute;poca, el conflicto era particularmente agudo en la costa norte) sin expropiar la tierra a los grandes propietarios ni hacer grandes gastos para crear fincas peque&ntilde;as potencialmente productivas adopt&oacute; la forma de las <i>empresas comunitarias</i>. El IICA-CIRA apoy&oacute; y asesor&oacute; esta iniciativa, luego de concluir que no hab&iacute;a tierras suficientes en la frontera agr&iacute;cola para incrementar significativamente el &aacute;rea de los <i>minifundios</i> existentes ni aumentar su n&uacute;mero en vista de que las empresas comunitarias existentes mostraban una alta densidad de familias en la tierra y mayor capacidad para proporcionar el sustento por unidad de tierra (IICA-CIRA, 1970, 15). El Incora adopt&oacute; este enfoque (Incora, n. d.). El anterior Ministro de Agricultura y funcionario del IICA-CIRA, Armando Samper G., inform&oacute; positivamente acerca de los primeros esfuerzos que segu&iacute;an esta direcci&oacute;n (Samper, 1971), y el Acuerdo de Chicoral, logrado por una comisi&oacute;n bipartidista con fuerte representaci&oacute;n de las familias antiguas terratenientes, la defini&oacute; como una sustituci&oacute;n de la asignaci&oacute;n individual de tierra a los peque&ntilde;os propietarios (Perry, 1985, 117). Esto se consagr&oacute; en la Ley 4.&ordf; de 1973. El elemento colectivo era atractivo para muchos observadores de inclinaci&oacute;n izquierdista (ib&iacute;d.) y L&oacute;pez, que pronto ser&iacute;a el Presidente, tambi&eacute;n estaba a su favor (ib&iacute;d., 121-123). El control del Incora sobre estas ‘empresas&rsquo; era pr&aacute;cticamente total, desde la elecci&oacute;n de sus miembros (beneficiarios) hasta una estricta supervisi&oacute;n de sus actividades y la exigencia de que recibieran cr&eacute;dito supervisado. Como se hab&iacute;a anticipado, la superficie de tierra por familia era menor en este arreglo (de 12 a 14 ha. en las fincas creadas en Sucre, Bol&iacute;var y C&oacute;rdoba; ver Incora, 1974) que las cerca de 19 ha. en el enfoque de parcelas individuales adoptado previamente. En 1974, se hab&iacute;an creado 1.177 empresas con 11.832 miembros; la mayor&iacute;a fracas&oacute; (ib&iacute;d., 119). Las razones del fracaso fueron f&aacute;cilmente identificadas en un estudio del a&ntilde;o 1977 realizado por las instituciones que las hab&iacute;an promovido (IICA–OEA e Incora, 1977), incluida la inadecuada cantidad de tierra, la baja calidad (reflejada en el hecho de que el 60% de la tierra se utiliz&oacute; para producci&oacute;n ganadera), la incertidumbre de la tenencia y la falta del cr&eacute;dito o de oportunidad del cr&eacute;dito.</p>     <p align="justify">Igual que en los diversos episodios de la historia de la pol&iacute;tica colombiana hacia el sector campesino, &eacute;ste ten&iacute;a su l&oacute;gica y sus partidarios honrados pero mal informados. La agricultura comunal tiene espacio en muchos pa&iacute;ses y no se debe desacreditar de antemano. Pero en donde funciona bien, normalmente existe una antigua base institucional de actividad colectiva o un fuerte y evidente beneficio mutuo derivado de esa actividad<a href="#29" name="n29"><sup>29</sup></a> que minimiza la divisi&oacute;n, el oportunismo y otros problemas potenciales. Si no existen esas caracter&iacute;sticas, falla, sobre todo cuando el apoyo del gobierno no tiene un nivel adecuado, no es bien planeado ni oportuno<a href="#30" name="n30"><sup>30</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>EL DESARROLLO RURAL INTEGRADO (DRI)</b></p>     <p align="justify">La siguiente fase de la pol&iacute;tica campesina colombiana, iniciada a comienzos de los a&ntilde;os setenta, fue un rechazo de la reforma agraria como se entend&iacute;a com&uacute;nmente: un proceso que modifica la estructura agraria y el acceso a la tierra, en favor de un intento de elevar la productividad de las peque&ntilde;as fincas existentes. En principio, esa pol&iacute;tica tiene un m&eacute;rito obvio; entre otras cosas, es la continuaci&oacute;n esencial de toda redistribuci&oacute;n de la tierra. A diferencia de la legislaci&oacute;n contra las formas tradicionales de tenencia (anterior) o la b&uacute;squeda de una redistribuci&oacute;n de tierras basada en el mercado (posterior), este enfoque ten&iacute;a mucho en su favor, aun cuando, igual que los dem&aacute;s puede haber fallado cuando se juzga de acuerdo con el criterio de impactos importantes y duraderos sobre los ingresos de los miembros m&aacute;s pobres del sector agr&iacute;cola<a href="#31" name="n31"><sup>31</sup></a>.</p>     <p align="justify">La situaci&oacute;n que confront&oacute; era dif&iacute;cil, igual que la de comienzos de los setenta y la inauguraci&oacute;n del gobierno de Pastrana. El estancamiento de la agricultura campesina, muy notable entre 1950 y 1975, fue uno de los factores del resurgimiento de la violencia rural; la continua frustraci&oacute;n de los campesinos se acentu&oacute; con el derrumbe de las esperanzas de reforma agraria, ahora claramente un fracaso, y a juicio de algunos observadores, con el aumento de la concentraci&oacute;n de la tierra durante esa d&eacute;cada (por ejemplo, Kalmanovitz, 1974, 95) y el proceso de proletarizaci&oacute;n<a href="#32" name="n32"><sup>32</sup></a>. Se advirti&oacute; que la ANUC estaba fuera de control, pues encabez&oacute; m&aacute;s de 800 invasiones en 21 departamentos durante 1972 (Escobar, 1972). Para abreviar, las luchas por la tierra se acentuaron nuevamente.</p>     <p align="justify">Entre tanto, en la estrategia econ&oacute;mica de la administraci&oacute;n de Pastrana se ve&iacute;a a los peque&ntilde;os agricultores como un obst&aacute;culo para lograr el objetivo de elevar el nivel de ingresos, obst&aacute;culo que se pod&iacute;a superar encontrando empleos mejor remunerados en las zonas urbanas, en donde se esperaba que la construcci&oacute;n fuera un importante generador de empleo (Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, 1972). En una famosa reuni&oacute;n de 1972 se logr&oacute; el Acuerdo de Chicoral, que adopt&oacute; algunas decisiones, entre ellas la de suprimir la opci&oacute;n de expropiaci&oacute;n por las dif&iacute;ciles condiciones que estableci&oacute; para ejecutarla. Tom&oacute; medidas para mejorar la oferta de cr&eacute;dito a la agricultura moderna y ligar ese cr&eacute;dito a la ayuda t&eacute;cnica. En el &iacute;nterin, antes de que entraran en pleno vigor las ‘cuatro estrategias&rsquo;, alrededor de las cuales se construy&oacute; el plan de desarrollo de Pastrana, su gobierno dio inicio al DRI, aunque algunos lo juzgaron incompatible con la l&oacute;gica b&aacute;sica del plan, en especial con las ideas del Dr. Currie. Pero ten&iacute;a respaldo internacional y se pod&iacute;a considerar un sustituto de la reforma agraria: una manera de aumentar el ingreso de los peque&ntilde;os agricultores sin transferirles tierras de los m&aacute;s grandes. Durante la d&eacute;cada de 1960 hab&iacute;a aumentado la frustraci&oacute;n entre los profesionales ligados a la agricultura porque los sistemas agrarios t&iacute;picos de Am&eacute;rica Latina parec&iacute;an impedir el pleno florecimiento de la Revoluci&oacute;n Verde, cuyo potencial era entonces claro debido a los dr&aacute;sticos aumentos de producci&oacute;n que se lograron en otras partes del mundo en desarrollo. Sus beneficios se limitaban al estrecho sector comercial moderno, estrecho por lo menos en t&eacute;rminos del n&uacute;mero de personas involucradas. El Centro Internacional del Ma&iacute;z y el Trigo en M&eacute;xico (Cimmyt) y su compa&ntilde;ero local, la Escuela del Posgrado de Agronom&iacute;a de Chapingo, emprendieron un proyecto piloto en Puebla (M&eacute;xico) en 1967, que demostr&oacute; que los avances en variedades de la revoluci&oacute;n verde pod&iacute;an ser provechosos en fincas peque&ntilde;as si se complementaban adecuadamente con cr&eacute;dito y se basaban en un diagn&oacute;stico socio-econ&oacute;mico de los beneficiarios para conseguir el m&aacute;ximo impacto; el proyecto tambi&eacute;n destac&oacute; los beneficios de la colaboraci&oacute;n institucional<a href="#33" name="n33"><sup>33</sup></a>, la participaci&oacute;n de las comunidades organizadas, la infraestructura adecuada y los precios estables (de Janvry, 1981, 234). El Banco Mundial lleg&oacute; a aceptar esas ideas a comienzos de los a&ntilde;os setenta. La experiencia de Chapingo se convirti&oacute; en punto de referencia para las agencias de desarrollo rural; en Colombia, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) estaba bien situado para ser la instituci&oacute;n central. Los tres primeros proyectos que se emprendieron en Colombia confirmaron las conclusiones basadas en Puebla, incluida la importancia de tener suficiente tierra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el Plan Nacional de Alimentaci&oacute;n y Nutrici&oacute;n (PAN), la estrategia de la siguiente administraci&oacute;n, la de L&oacute;pez Michelsen, esta pol&iacute;tica encaj&oacute; muy bien y se le asign&oacute; un lugar destacado. La escasez de alimentos hab&iacute;a jugado su papel en cada una de las estrategias de reforma anteriores. En este caso, la importancia de una adecuada oferta de alimentos para todos, ahora destacada por estudios que resaltaban los problemas nutricionales de los ni&ntilde;os colombianos, fue un punto focal en las discusiones con los bancos internacionales. Entre tanto, un informe de Planeaci&oacute;n (DNP-Direcci&oacute;n DRI, 1979, 58) indic&oacute; que los peque&ntilde;os agricultores estaban perdiendo sus propiedades, en general y en los distritos del DRI<a href="#34" name="n34"><sup>34</sup></a>. El programa ofreci&oacute; la esperanza de tratar ambos problemas. Fue estructurado para ocuparse de la producci&oacute;n de alimentos y se centr&oacute; en el uso creciente de fertilizantes junto con las mejores variedades, pero no en la mecanizaci&oacute;n ni, por supuesto, en la expansi&oacute;n de la tierra; otro objetivo era frenar la migraci&oacute;n rural-urbana. El gobierno de L&oacute;pez consider&oacute; que esta iniciativa campesina era compatible con la modernizaci&oacute;n agr&iacute;cola del sector de gran escala.</p>     <p align="justify">La primera fase de 5 a&ntilde;os, cuyo costo programado era de 280 millones de d&oacute;lares, 170 de los cuales eran extranjeros, se vio retrasada por la ineficiencia administrativa y los tr&aacute;mites burocr&aacute;ticos. La limitada descentralizaci&oacute;n de las agencias nacionales era un problema para la ejecuci&oacute;n; en la pr&aacute;ctica, sus actividades en el nivel local eran dif&iacute;ciles de controlar (Fajardo, 1986, 137). Aun as&iacute;, 1976-1980 fue un per&iacute;odo de buen crecimiento, los participantes eran elegidos de acuerdo con el criterio de que tuvieran potencial comercial y se les proporcionaban abundantes recursos. En junio de 1979, el programa cubr&iacute;a 207 municipios y 38.000 familias, el 42% de la meta establecida para esta primera fase<a href="#35" name="n35"><sup>35</sup></a>. A pesar de los problemas, el nivel relativamente generoso de recursos invertidos (en comparaci&oacute;n con los esfuerzos anteriores) se tradujo claramente en “una mejor y m&aacute;s oportuna disponibilidad de cr&eacute;dito para permitir una explotaci&oacute;n m&aacute;s intensiva de las fincas, una mayor oferta de servicios b&aacute;sicos del gobierno, como educaci&oacute;n y salud, agua potable, electricidad y mejor acceso a los mercados” (DRI, 1982, citado por Fajardo, 1986, 139). En la evaluaci&oacute;n de Planeaci&oacute;n (1982a), el beneficio era mayor cuando los agricultores no ten&iacute;an limitaci&oacute;n de tierras, por ejemplo, se pensaba que aunque en el proyecto del oriente antioque&ntilde;o las fincas eran peque&ntilde;as, esta no era una restricci&oacute;n importante para la producci&oacute;n y los ingresos. Este era un grupo relativamente bien dotado, como parece haber sucedido por lo general en el caso de las experiencias m&aacute;s exitosas (de Janvry, 1981, 147). Por contraste, en el caso de los agricultores de C&oacute;rdoba, que produc&iacute;an ante todo para su subsistencia (con una tenencia inestable), el programa no produjo ganancias tan sustanciales (Arango AA.VV., 1987).</p>     <p align="justify">En esta primera fase, el DRI fue parte de la estrategia de producci&oacute;n del Plan de Desarrollo. En la segunda fase, 1980-82, los campesinos llegaron a ser considerados parte del problema de la pobreza y un objetivo de la pol&iacute;tica social. Cuando el crecimiento se redujo y surgieron problemas fiscales a comienzos de los a&ntilde;os ochenta, los rubros de gasto social perdieron peso y los recursos se distribuyeron por regiones de acuerdo con criterios pol&iacute;ticos clientelistas (Arango AA.VV., 1987, 16). En 1983-86, el DRI se restableci&oacute; como proyecto orientado a la producci&oacute;n, pero en un contexto de recursos muy escasos. Y sigui&oacute; siendo un elemento importante de la pol&iacute;tica agr&iacute;cola rural en Colombia, con alzas y bajas desde esa &eacute;poca<a href="#36" name="n36"><sup>36</sup></a>.</p>     <p align="justify">La evaluaci&oacute;n m&aacute;s favorable posible del DRI concluir&iacute;a que se bas&oacute; en una interpretaci&oacute;n v&aacute;lida de las necesidades del sector campesino, que se transform&oacute; “de una operaci&oacute;n piloto a peque&ntilde;a escala, dirigida por un grupo de profesionales locales j&oacute;venes y dedicados, en un programa pr&aacute;cticamente nacional” (Lacroix, 1985, 33), en el que se aprendi&oacute; a medida en que se avanzaba<a href="#37" name="n37"><sup>37</sup></a>, que tuvo un importante impacto positivo sobre la producci&oacute;n de alimentos y los ingresos campesinos, y un efecto desalentador sobre los precios de los alimentos y la desigualdad rural. Esta evaluaci&oacute;n puede ser exacta. La falta de datos adecuados para evaluar el impacto del DRI hace imposible saber si su impacto global fue grande o no. Se han observado suficientes ganancias directas en la producci&oacute;n local<a href="#38" name="n38"><sup>38</sup></a> y hay evidencias de un aumento de los rendimientos acumulados de los campesinos que lo hacen plausible<a href="#39" name="n39"><sup>39</sup></a>, aunque la limitada cobertura del cr&eacute;dito s&oacute;lo har&iacute;a posible un gran impacto total si hubiera grandes efectos positivos colaterales. De haber sido as&iacute;, los beneficios podr&iacute;an haber sido compensados por otras fuerzas negativas que act&uacute;an en el sector agr&iacute;cola colombiano. Si el desempe&ntilde;o fue muy positivo, obedeci&oacute; a la contribuci&oacute;n de factores como el s&oacute;lido grupo de profesionales que ayudaron a iniciarlo y mantenerlo; el firme compromiso pol&iacute;tico en el momento crucial de la transici&oacute;n de un programa piloto a un programa mucho m&aacute;s amplio; el desarrollo de la tecnolog&iacute;a en respuesta a las necesidades reales de los peque&ntilde;os agricultores que eran sus clientes; el hecho de que muchos proyectos se realizaron en comunidades establecidas desde hace mucho tiempo y con alg&uacute;n grado de cohesi&oacute;n, y al apoyo peri&oacute;dico de las agencias internacionales, en particular para ayudar a atenuar las discontinuidades resultantes de la rotaci&oacute;n de personal en las oficinas locales de las agencias del sector p&uacute;blico (Lacroix, 1985, 33).</p>     <p align="justify">Una visi&oacute;n intermedia lo ver&iacute;a como un enfoque prometedor que requer&iacute;a m&aacute;s tiempo, recursos y esfuerzo (por ejemplo, para mejorar el desempe&ntilde;o institucional) para tener un mayor impacto positivo en el pa&iacute;s. Adem&aacute;s de los impedimentos burocr&aacute;ticos ya mencionados<a href="#40" name="n40"><sup>40</sup></a>, la decisi&oacute;n de concentrarse en el cultivo de alimentos redujo los beneficios potenciales para los agricultores. El fracaso para atacar el problema clave del mercadeo tambi&eacute;n limit&oacute; los beneficios. La presencia de econom&iacute;as de escala subraya el valor de las asociaciones de productores para contratar colectivamente el transporte (Arango AA.VV., 1987, 22). Aunque se hubieran superado todas estas limitaciones, el impacto potencial del DRI sobre la poblaci&oacute;n campesina en conjunto habr&iacute;a sido limitado por el bajo n&uacute;mero en condiciones de convertirse en peque&ntilde;os agricultores eficaces, quiz&aacute; el 10% del total de familias campesinas (es decir, cerca de 120.000) (Fajardo, 1986, 148). Tal vez los efectos indirectos (de desbordamiento) habr&iacute;an beneficiado a algunos peque&ntilde;os agricultores adicionales, pero un efecto realmente amplio habr&iacute;a requerido un mejoramiento del acceso a la tierra (cantidad de tierras y seguridad de la tenencia) para la gran mayor&iacute;a de ellos.</p>     <p align="justify">En el otro extremo, algunos han considerado que el DRI no fue m&aacute;s que un plan general que favorec&iacute;a al gran capital, por cuanto manten&iacute;a bajos precios de los alimentos, bajos salarios y atenuaba el malestar<a href="#41" name="n41"><sup>41</sup></a>. Infortunadamente, la falta de datos adecuados hace imposible hacer una buena lectura de los cambios en la productividad del sector campesino a causa del programa del DRI. La Misi&oacute;n Agropecuaria (Ministerio de Agricultura y Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, 1990) concluy&oacute; que el sector obtuvo ganancias de rendimientos durante la d&eacute;cada siguiente o algo m&aacute;s<a href="#42" name="n42"><sup>42</sup></a>, pero que sus beneficios se redujeron por la ca&iacute;da de los precios reales de sus principales cultivos (Jaramillo, 1998, 33). El incremento del ingreso de las familias campesinas provino principalmente de los ingresos ajenos a la finca, incluida la participaci&oacute;n de las mujeres en esas actividades. No obstante estos reveses, hubo ganancias en muchos aspectos del nivel de vida rural (Berry, 1978; L&oacute;pez y Valdes, 1998)<a href="#43" name="n43"><sup>43</sup></a>. Quiz&aacute;s habr&iacute;an sido suficientes para aliviar tensiones en ausencia de los perturbadores efectos de la industria de la droga, que muy pronto apareci&oacute; en escena.</p>     <p align="justify"><b>REFORMA DE LA ESTRUCTURA DE LA TIERRA BASADA EN EL MERCADO (EN EL CONTEXTO DE OTRAS REFORMAS FAVORABLES AL MERCADO)</b></p>     <p align="justify"><b> </b>A comienzos de la d&eacute;cada de 1990, la violencia rural era de nuevo muy aguda, alimentada por una mezcla mortal de fuertes grupos guerrilleros, la industria de las drogas y los paramilitares. La administraci&oacute;n Gaviria (1990-94) lanzaba su ‘apertura&rsquo; de la econom&iacute;a a los mercados internacionales<a href="#44" name="n44"><sup>44</sup></a>. Su impacto sobre la agricultura y, en particular, sobre las familias m&aacute;s pobres de ese sector era imprevisible, en parte porque la estructura agraria del pa&iacute;s era inadecuadamente entendida dada la escasez de informaci&oacute;n<a href="#45" name="n45"><sup>45</sup></a>, y en parte porque tambi&eacute;n depend&iacute;a de los vaivenes de los precios internacionales; previamente, la barrera proteccionista proporcionaba alguna defensa contra esas fluctuaciones; despu&eacute;s era menos capaz de cumplir esa funci&oacute;n. A finales de los a&ntilde;os ochenta, los precios internos de muchos art&iacute;culos agr&iacute;colas se redujeron dr&aacute;sticamente debido a una combinaci&oacute;n de la elevada tasa de cambio real de finales de esa &eacute;poca (un resultado de las entradas de capital), el derrumbe del tratado internacional del caf&eacute; en 1989 y la ca&iacute;da de los precios internacionales de productos b&aacute;sicos a niveles hist&oacute;ricamente bajos. El ambiente empeor&oacute; a&uacute;n m&aacute;s por la recesi&oacute;n del mundo industrial y una sequ&iacute;a local. En el peor a&ntilde;o agr&iacute;cola del siglo en Colombia, 1992, el producto agr&iacute;cola cay&oacute; en 12,6% y el producto agropecuario total (incluida la ganader&iacute;a), en 1%. El desplazamiento m&aacute;s general de los cultivos semestrales hacia cultivos permanentes y ganader&iacute;a durante la d&eacute;cada de 1990 es preocupante desde el punto de vista de la demanda de trabajo y compatible con la creciente concentraci&oacute;n de la tierra, algo que no se puede verificar estad&iacute;sticamente debido a la falta de datos<a href="#46" name="n46"><sup>46</sup></a>.</p>     <p align="justify">El paso hacia un comercio m&aacute;s libre, como el de comienzos de los a&ntilde;os noventa, es un candidato natural como factor contribuyente a una crisis cuya gravedad fue mayor para los cultivos semestrales importables (Jaramillo, 1998, 83). El sector de grandes fincas mecanizadas no tuvo la flexibilidad para ajustarse r&aacute;pidamente a la eliminaci&oacute;n del cr&eacute;dito subsidiado; muchas fincas cayeron en la trampa de la deuda y el sector respondi&oacute; recurriendo a un en&eacute;rgico cabildeo (Deininger, 1999, 655). La crisis deterior&oacute; la relaci&oacute;n entre el gobierno y casi todos los gremios agr&iacute;colas e impidi&oacute; los esfuerzos conjuntos que se necesitaban para aliviarla. Sometido a presi&oacute;n, el gobierno aprob&oacute; un plan formal de recuperaci&oacute;n a comienzos de 1993 y una nueva Ley Agraria en 1994. El r&eacute;gimen de pol&iacute;tica comercial liberal fue modificado gradualmente por diversas medidas de apoyo a cultivos espec&iacute;ficos. Sin embargo, a pesar de la considerable actividad del gobierno, el producto agr&iacute;cola total continu&oacute; estancado entre 1992 y 1997, ante un descenso de la producci&oacute;n de cultivos semestrales. Este dif&iacute;cil escenario constituye el contexto del m&aacute;s reciente esfuerzo de reforma agraria en Colombia, con un enfoque ‘orientado al mercado&rsquo; que refleja la tendencia de la &eacute;poca hacia el uso de las fuerzas del mercado cuando es posible. Un factor adicional que facilit&oacute; el cambio del anterior enfoque de reforma agrario fue la p&eacute;rdida del Incora de su fuente tradicional de finanzas, un porcentaje de los impuestos a las importaciones agr&iacute;colas, que fue eliminado con la liberalizaci&oacute;n del comercio de productos agr&iacute;colas. En todo caso, los 35 a&ntilde;os del enfoque anterior fracasaron claramente para lograr un mejoramiento significativo de la estructura agraria<a href="#47" name="n47"><sup>47</sup></a>; una gran parte del presupuesto anual promedio del Incora, 40 millones de d&oacute;lares desde finales de la d&eacute;cada de 1980 se gast&oacute; en una gigantesca burocracia (ib&iacute;d.). La meta inmediata del nuevo programa de transferencia ‘negociada&rsquo; de tierras a los peque&ntilde;os propietarios aspirantes era subsidiar (hasta un 70% del precio negociado de la tierra) la compra de 1 mill&oacute;n de ha. para beneficiar a 70.000 familias entre 1995 y 1998 (Jaramillo, 1998, 93).</p>     <p align="justify">Es demasiado pronto para valorar seriamente este &uacute;ltimo esfuerzo para enfrentar los problemas agrarios en Colombia, sobre todo por las inestables y violentas condiciones actuales y porque se han hecho o probado interesantes refinamientos desde su lanzamiento, cuya promesa s&oacute;lo puede ser clarificada despu&eacute;s de cierto tiempo. Por una parte, refleja (al menos en los experimentos que se llevan a cabo en cinco municipios escogidos) un nivel de competencia en la planeaci&oacute;n mucho mayor que el del enfoque anterior (ver m&aacute;s adelante). Por la otra, la magnitud del desaf&iacute;o es subrayada por la historia anterior de fracasos en Colombia y, m&aacute;s generalmente, de los sistemas agrarios de tipo latinoamericano. La reforma exitosa de estos sistemas es m&aacute;s dif&iacute;cil que en pa&iacute;ses como Jap&oacute;n, Corea y Taiw&aacute;n, en donde los nuevos propietarios eran antiguos arrendatarios que ya cultivaban la tierra y en donde no se requer&iacute;a ning&uacute;n cambio importante en el aspecto operativo de la agricultura. Este rasgo hizo m&aacute;s f&aacute;cil que las reformas se efectuaran r&aacute;pidamente, lo que evit&oacute; el peligro de falta de continuidad. En Colombia, la necesidad de extender la reforma a trav&eacute;s del tiempo para que tenga un impacto total significativo deja campo a ese peligro. Adem&aacute;s, algunos errores de planeaci&oacute;n del enfoque anterior se trasmitieron al nuevo enfoque.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">R&aacute;pidamente surgieron varios problemas. Los subsidios para compra de tierras encontraron una fuerte resistencia institucional y pol&iacute;tica. D&eacute;cadas de manejo clientelista, dominado por los pol&iacute;ticos locales, llevaron a que la transformaci&oacute;n del statu quo fuera una tarea dif&iacute;cil (Jaramillo, 1998, 95; Hollinger, 1998). Los procedimientos de aplicaci&oacute;n quedaron sin definir en la ley y las discusiones se prolongaron desde 1994 hasta 1997. Exist&iacute;an dificultades pr&aacute;cticas bastante predecibles asociadas a las negociaciones entre beneficiarios pobres y hacendados poderosos. A finales de 1997, se hab&iacute;an distribuido 224.000 ha., principalmente a trav&eacute;s de compras directas del Incora y no mediante transacciones subsidiadas entre propietarios actuales y peque&ntilde;os propietarios aspirantes, las cuales eran el eje del nuevo enfoque; y de nuevo salieron a la luz esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n en torno del proceso de adquisici&oacute;n (Jaramillo, 1998, 96).</p>     <p align="justify">Para que una reforma agraria que busca crear un sector s&oacute;lido de peque&ntilde;os agricultores tenga &eacute;xito, suelen ser esenciales diversos tipos de apoyo del sector p&uacute;blico. Dos &aacute;reas importantes en Colombia son la irrigaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n-extensi&oacute;n. La instituci&oacute;n responsable de la irrigaci&oacute;n, el INAT, no ha tenido una historia de desempe&ntilde;o decente, debido a una combinaci&oacute;n de fuentes externas e internas de ineficiencia (un patr&oacute;n de selecci&oacute;n de proyectos a trav&eacute;s de v&iacute;nculos clientelistas<a href="#48" name="n48"><sup>48</sup></a>, y un sindicato fuerte respectivamente) y a un error de dise&ntilde;o: un nivel excesivamente elevado de subsidios a los beneficiarios<a href="#49" name="n49"><sup>49</sup></a>.</p>     <p align="justify">La ejecuci&oacute;n de las nuevas pol&iacute;ticas de investigaci&oacute;n agr&iacute;cola propuestas por la administraci&oacute;n de Gaviria fue tambi&eacute;n muy lenta. La creaci&oacute;n de una nueva instituci&oacute;n, Corpoica, cuyo fin era que el sector privado se involucrara en esos procesos, llev&oacute; a conflictos; a mediados de 1998, hab&iacute;a recibido poco apoyo financiero de fuentes privadas porque la instituci&oacute;n segu&iacute;a siendo tratada por el Ministerio de Agricultura como una agencia del gobierno y a&uacute;n era muy centralizada. El desempe&ntilde;o de un DRI reactivado en la cofinanciaci&oacute;n de proyectos de desarrollo rural tambi&eacute;n se deterior&oacute; en ese momento; la Constituci&oacute;n colombiana de 1991 prohibi&oacute; la pr&aacute;ctica anterior de financiar rutinariamente los proyectos pol&iacute;ticos de miembros favorables a la administraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n afect&oacute; operaciones como las del DRI (ib&iacute;d., 97). Esto rompi&oacute; la tradici&oacute;n de no interferencia en el DRI y llev&oacute; a confrontaciones con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, dos importantes fuentes de fondos del DRI; el apoyo multilateral finaliz&oacute; en 1997 y los proyectos ‘pol&iacute;ticos&rsquo; llegaron a m&aacute;s de la tercera parte del presupuesto del DRI.</p>     <p align="justify">Algunas de las dificultades anteriores que afectaron el nuevo esfuerzo de reforma reflejan debilidades de los programas complementarios como los ya mencionados; otras reflejan problemas de planeaci&oacute;n o errores de la ley de reforma que pueden en principio ser corregidos, y muchos de los cuales se heredaron del enfoque anterior; ya se han probado varios refinamientos en un proyecto piloto de cinco municipios, entre ellos<a href="#50" name="n50"><sup>50</sup></a>:</p>     <p align="justify">1. La creaci&oacute;n de un mecanismo que facilite el uso de fondos de donantes para financiar inversiones distintas a la simple compra de tierra (como en la propia ley).</p>     <p align="justify">2. La reducci&oacute;n de la meta del ingreso agr&iacute;cola de los beneficiarios por un tercero, basada en planes espec&iacute;ficos del proyecto elaborado por ellos y que incluye ingresos no agr&iacute;colas. Igual que otras reformas, la de 1994 estableci&oacute; una alta meta de ingresos que supon&iacute;a la participaci&oacute;n de tiempo completo en la agricultura, lo que implicaba un tama&ntilde;o promedio de la parcela de cerca de 15 ha. La concentraci&oacute;n de los beneficios en relativamente pocas familias tiene ventajas pol&iacute;ticas como silenciar la cr&iacute;tica de que el programa no es suficientemente generoso y aun conseguir que el 10-15% del campesinado bien organizado colabore con el Incora (Deininger, 1999, 669). Pero esto no es social ni econ&oacute;micamente defendible.</p>     <p align="justify">3. El traslado de la responsabilidad de la aprobaci&oacute;n de fondos de reforma agraria de la oficina principal del Incora a las oficinas regionales y de recursos a las comunidades locales, y el requisito de que el concejo municipal debe estar en funcionamiento para que un municipio pueda aspirar a esos fondos.</p>     <p align="justify">4. La insistencia en un proceso p&uacute;blico transparente de aprobaci&oacute;n de proyectos, con supervisi&oacute;n, etc&eacute;tera, con la esperanza de que los beneficiarios tengan as&iacute; mejores condiciones para negociar y usar eficientemente la tierra que obtienen. Antes de estos programas piloto, los beneficiarios se sol&iacute;an escoger de manera arbitraria y ad hoc. A pesar de los nuevos lineamientos, el Incora sigui&oacute; actuando en secreto y seleccionando caso por caso. Los comit&eacute;s de selecci&oacute;n a menudo fueron conformados con antiguos trabajadores de las fincas en venta; aunque habr&iacute;a sido posible incluir nuevos agricultores, especialmente en fincas antes utilizadas en forma poca intensiva, tendi&oacute; a suceder lo contrario por el inter&eacute;s de esos antiguos trabajadores en excluir a otros (ib&iacute;d., 657, 669).</p>     <p align="justify">5. Un mayor esfuerzo para identificar la demanda potencial, para familiarizar al p&uacute;blico con la Ley de Reforma Agraria y para recoger datos sobre las caracter&iacute;sticas de los beneficiarios potenciales, incluida una investigaci&oacute;n de sus medios econ&oacute;micos; verificar la coherencia de dicha informaci&oacute;n (algo que no era parte de la pr&aacute;ctica anterior del Incora) para eliminar solicitantes no calificados; los nombres de los que son aceptados y rechazados se anuncian p&uacute;blicamente, lo que parece haber aumentado la responsabilidad y la comprensi&oacute;n del alcance de la reforma. Un programa de entrenamiento de los beneficiarios ayuda a elegirlos de acuerdo con su disposici&oacute;n y sus intereses.</p>     <p align="justify">6. La creaci&oacute;n de las bases para un mercado eficaz, lo que implica identificar la oferta en forma m&aacute;s ordenada que antes, con base en la ecolog&iacute;a, la disponibilidad de fincas m&aacute;s grandes, etc&eacute;tera. Para limitar la presi&oacute;n al aumento de los precios de la tierra, los municipios deben proporcionar evidencia de que la oferta de tierra existente es por lo menos tres veces mayor que la que se va a transar con la reforma.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">7. Mucha mayor atenci&oacute;n al cumplimiento de las condiciones para el &eacute;xito econ&oacute;mico de los beneficiarios. Esto incluye un fuerte &eacute;nfasis en el desarrollo de proyectos cre&iacute;bles para la finca como parte del proceso total; de acuerdo con Deininger (1999, 659), la elaboraci&oacute;n de proyectos modelo (ejemplares) ha demostrado ser esencial. La identificaci&oacute;n de ONG locales que pueden prestar asistencia t&eacute;cnica y de instituciones financieras diferentes del banco agr&iacute;cola del Estado (la Caja Agraria) tambi&eacute;n es central. Los planes municipales deben incluir una lista de proveedores calificados de asistencia t&eacute;cnica y las posibles fuentes de cr&eacute;dito.</p>     <p align="justify">8. Relacionado con los puntos anteriores, un esfuerzo por integrar la reforma agraria a otras prioridades de desarrollo municipal, mediante el est&iacute;mulo a la elaboraci&oacute;n de proyectos productivos. En los cinco municipios se han iniciado programas alternativos para satisfacer las necesidades de las familias no seleccionadas como beneficiarios de la reforma agraria, como microempresas, etc&eacute;tera.</p>     <p align="justify">La reforma agraria negociada requiere mucha iniciativa de los beneficiarios (como la colonizaci&oacute;n espont&aacute;nea), formaci&oacute;n de grupos, selecci&oacute;n de planes de finca viables, an&aacute;lisis del potencial productivo de las fincas que se podr&iacute;an comprar, negociaci&oacute;n y arreglos de cr&eacute;dito. La mayor&iacute;a de los aspirantes necesitan ayuda al menos en algunas de estas fases. En los cinco municipios piloto, una cuarta parte de los preseleccionados eran analfabetos, el 70% ten&iacute;a experiencia agr&iacute;cola y muchos estaban ansiosos de conseguir tierra (ib&iacute;d., 660). Muchos entraron en grupos organizados previamente, pero los grupos ten&iacute;an muy poca capacidad para resolver problemas, conflictos, etc&eacute;tera. En la experiencia piloto, casi todos esos grupos se disolvieron y fueron remplazados por otros con m&aacute;s intereses comunes. De modo que se desarroll&oacute; un programa de entrenamiento en profundidad para los preseleccionados (un n&uacute;mero casi dos veces mayor que los beneficiarios finales), que inclu&iacute;a algunas ideas generales sobre el comportamiento cooperativo en el desarrollo y sobre an&aacute;lisis econ&oacute;mico. El temor inicial a la falta de destrezas locales para el desarrollo de este programa no ha sido de hecho v&aacute;lido, pues existen universidades locales, ONG, organizaciones de agricultores y agencias del gobierno (incluido el Incora). Los costos administrativos de 1.800 d&oacute;lares por familia son menos de un tercio de lo que el Incora gastaba previamente y bastante razonables en t&eacute;rminos absolutos. Los precios que se pagan por la tierra pueden ser el 40% menores de los que pagaba el Incora por tierras comparables en el r&eacute;gimen anterior (ib&iacute;d., 660).</p>     <p align="justify">Es claro que el nuevo enfoque refinado de los cinco proyectos piloto tiene mucho a su favor, tanto en aspectos de dise&ntilde;o que reflejan mejor las realidades agrarias (en particular la necesidad de un subsidio inicial y de asistencia para hacer productiva la nueva finca<a href="#51" name="n51"><sup>51</sup></a>) como en un serio esfuerzo por controlar la corrupci&oacute;n y la ineficiencia que perjudicaron el enfoque anterior. &iquest;Cu&aacute;l es su potencial, de llevarse a cabo tan bien como podr&iacute;a esperarse? Debido a que depende abiertamente de un conjunto de condiciones que no se pueden cumplir autom&aacute;tica ni f&aacute;cilmente –una administraci&oacute;n local eficiente, una planeaci&oacute;n agr&iacute;cola seria y la disponibilidad de ayuda t&eacute;cnica y de cr&eacute;dito– la velocidad con la que se puede responder a las necesidades de los aspirantes colombianos es mucho menor que la de la reforma al estilo de Asia oriental. Empezar por los municipios que satisfacen las condiciones y luego proceder a otros, ganando experiencia en el camino, es una tarea prometedora. Suponiendo que este plan se pueda mantener, hay otros cuatro problemas que determinar&aacute;n cu&aacute;n lejos avanzar&aacute; este enfoque de la reforma: la financiaci&oacute;n, la voluntad pol&iacute;tica, la oferta de tierras para venta voluntaria y el porcentaje de municipios que lleguen a satisfacer las ‘condiciones&rsquo;. Si, para mencionar una cifra redonda, se esperara mejorar el acceso a la tierra de 400.000 familias (60% m&aacute;s que el n&uacute;mero de unidades tituladas por el Incora entre 1960 y 1988 (Misi&oacute;n Agropecuaria, 1990, 114) y los costos fueran de 10.000 d&oacute;lares por unidad<a href="#52" name="n52"><sup>52</sup></a>, un total de cuatro mil millones d&oacute;lares no puede ser considerado excesivo. Corresponder&iacute;an a m&aacute;s de 25 a&ntilde;os de gasto del Incora a la tasa de finales de los a&ntilde;os ochenta y a un peque&ntilde;o porcentaje del costo actual de enfrentar la inseguridad que afecta al pa&iacute;s. Si se dispone de tierras y se cumplen las dem&aacute;s condiciones, es necesario aumentar el presupuesto anual para que el n&uacute;mero anual de beneficiarios se incremente de los 15.000 anuales impl&iacute;cito en las cifras anteriores. Es posible que la escasa voluntad pol&iacute;tica sea un impedimento m&aacute;s real que las restricciones fiscales. Aunque la oposici&oacute;n tradicional de quienes temen ser expropiados est&eacute; ausente o sea menor que en los esfuerzos anteriores de reforma, hay un conjunto diferente de opositores: el de quienes pierden el control nepotista del proceso de ‘reforma&rsquo;. Lo que se requiere es un alto nivel de respaldo pol&iacute;tico, basado en una comprensi&oacute;n del potencial del programa y de la falta de alternativas para resolver los problemas rurales. &Eacute;ste ser&aacute; necesario, puesto que la cobertura de las reformas de lenta aplicaci&oacute;n enfrenta el riesgo de cancelaci&oacute;n o de reducci&oacute;n en el momento en que las condiciones pol&iacute;ticas se vuelven menos favorables.</p>     <p align="justify">Una gran inc&oacute;gnita es la cantidad de tierra disponible para compra. En las actuales condiciones de inseguridad, es posible que supere las expectativas. Por otra parte, si la seguridad y la solidez de la econom&iacute;a rural mejoran, los precios de la tierra pueden aumentar y hacer que el programa sea m&aacute;s costoso y dif&iacute;cil de ejecutar. Tambi&eacute;n se desconoce la cobertura potencial de una reforma como &eacute;sta, que puede ser inaplicable en una regi&oacute;n dada por la falta de cualesquiera de las condiciones comentadas anteriormente. Sin embargo, puesto que parece ser promisoria en algunos contextos, &eacute;sta no debe ser una gran preocupaci&oacute;n en este momento; lo esencial es refinar el enfoque y mantener su impulso a medida que arroje buenos resultados.</p>     <p align="justify">La evidencia que se revisa en la literatura sobre la reforma agraria basada en el mercado confirma la necesidad de ser cauteloso. Cuando se complementa con una reforma confiscatoria tradicional, el nuevo enfoque puede ser m&aacute;s promisorio, en parte a trav&eacute;s del ‘efecto amenaza&rsquo; que puede llevar a que los propietarios sean m&aacute;s flexibles ante la expropiaci&oacute;n y a reducir los precios de la tierra. Lo m&iacute;nimo que se puede hacer es eliminar las restricciones legales a la subdivisi&oacute;n de la tierra (Lipton, 1993a, 651). Los sistemas de cr&eacute;dito pueden requerir topes para ser operativos. Eliminar los subsidios que favorecen a los grandes agricultores o a sus cultivos puede ser una valiosa medida de respaldo al cr&eacute;dito o a las leyes agrarias que ayudan a los pobres, y ser coherente con la estrechez fiscal y la dedicaci&oacute;n a hacer que la reforma funcione. La reducci&oacute;n de los subsidios contribuye a desalentar la oposici&oacute;n de los ricos contra las reformas puesto que &eacute;stas son menos costosas para ellos sin tales subsidios<a href="#53" name="n53"><sup>53</sup></a>.</p>     <p align="justify">Ya es demasiado tarde para que una reestructuraci&oacute;n de la estructura agraria aporte beneficios tan grandes como los que produjeron las reformas m&aacute;s exitosas de Asia o como los que se habr&iacute;an conseguido con una reforma importante en la Colombia de los a&ntilde;os treinta. Por otra parte, existe la ventaja de que en un proceso de desarrollo m&aacute;s tard&iacute;o es posible comprar a los propietarios con un porcentaje del PIB menor del que se habr&iacute;a necesitado antes. La actual situaci&oacute;n es tan cr&iacute;tica, que es valiosa cualquier medida que pueda reducir significativamente la pobreza rural, la tensi&oacute;n y la violencia.</p>     <p align="justify"><b>LECCIONES DE LA EXPERIENCIA COLOMBIANA</b></p>     <p align="justify">Los esfuerzos para modificar la estructura agraria son procesos pol&iacute;ticos cuyos resultados dependen principalmente del equilibrio del poder pol&iacute;tico entre las fuerzas contendientes. De modo que la primera y m&aacute;s importante pregunta acerca de la experiencia en un pa&iacute;s dado se refiere al car&aacute;cter de ese equilibrio. En Am&eacute;rica Latina, rara vez ha habido muchas oportunidades para que se creen las condiciones favorables para los enfoques tradicionales de la reforma agraria. A&uacute;n as&iacute;, en la historia de esos intentos ha habido resultados mejores y peores, y la diferencia entre ellos tambi&eacute;n puede reflejar factores como las posiciones que han adoptado las instituciones internacionales pertinentes y la comprensi&oacute;n t&eacute;cnica de la estructura agraria del pa&iacute;s y de las implicaciones de estructuras alternativas. La historia de la pol&iacute;tica agraria colombiana en el siglo XX ense&ntilde;a varias lecciones, en su mayor&iacute;a compatibles con la experiencia m&aacute;s general de los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p align="justify">Desde el punto de vista de las caracter&iacute;sticas que hacen que un esfuerzo de reforma tenga resultados positivos si se lleva a cabo, se pueden mencionar varios elementos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">1. El programa debe ser bastante amplio para que tenga impacto agregado sobre la estructura de la tierra y, por ende, sobre la pobreza; los programas cuyo objetivo es atenuar en el corto plazo el malestar o la pobreza m&aacute;s aguda son entonces una mala apuesta.</p>     <p align="justify">2. Los topes a la cantidad de tierra que pueden mantener los propietarios actuales y la cantidad que se debe asignar a los beneficiarios deben ser suficientemente bajos para que tengan gran impacto; en casos como el de Colombia, donde la redistribuci&oacute;n de la tierra en las zonas colonizadas del pa&iacute;s ha sido bloqueada hist&oacute;ricamente, la ausencia de medios para impedir la concentraci&oacute;n en los asentamientos de la frontera es a&uacute;n m&aacute;s fundamental.</p>     <p align="justify">3. El apoyo efectivo a los peque&ntilde;os beneficiarios de la reforma agraria es siempre importante y a menudo esencial para su desarrollo eficiente.</p>     <p align="justify">4. Otras formas de apoyo a los peque&ntilde;os agricultores no beneficiarios pueden lograr mucho si se llevan a cabo de manera eficaz, y quiz&aacute; han hecho una contribuci&oacute;n muy positiva a trav&eacute;s del DRI. Pero para mantener su potencial deben involucrar un flujo sustancial de recursos, una buena comprensi&oacute;n de lo que se necesita y un alto grado de continuidad. En vista de que la comprensi&oacute;n inicial de lo que funciona mejor no es por lo general muy buena, es muy importante la capacidad para aprender, modificar y refinar.</p>     <p align="justify">Si se acepta que en Colombia nunca pudo ocurrir una importante redistribuci&oacute;n de la tierra, quiz&aacute; la mejor alternativa habr&iacute;a sido un desarrollo equitativo de la frontera cuando esta se puso gradualmente en cultivo, esencialmente una medida preventiva en vez de una medida curativa<a href="#54" name="n54"><sup>54</sup></a>. En principio, esta opci&oacute;n habr&iacute;a sido m&aacute;s f&aacute;cil que la redistribuci&oacute;n de tierras ya reclamadas o controladas por los grandes propietarios, puesto que ese grupo ten&iacute;a intereses creados mientras que los futuros grandes propietarios que obten&iacute;an tierras en la frontera no constitu&iacute;an a&uacute;n un grupo de presi&oacute;n. Pero esta alternativa requer&iacute;a cumplir varias condiciones dif&iacute;ciles: primera, un grado de previsi&oacute;n para reconocer que durante varias d&eacute;cadas entrar&iacute;an en producci&oacute;n nuevas tierras muy extensas y que su distribuci&oacute;n afectar&iacute;a gradualmente el nivel general de desigualdad del acceso a la tierra en el pa&iacute;s; segunda, el reconocimiento de que el nivel de apoyo a los nuevos peque&ntilde;os agricultores deber&iacute;a ser considerable, en vista de la baja o escasa calidad de la tierra y de la necesidad de infraestructura; tercera, una comprensi&oacute;n de las causas del fracaso de los esfuerzos de colonizaci&oacute;n dirigida en Am&eacute;rica Latina y del mayor &eacute;xito de los esfuerzos de colonizaci&oacute;n espont&aacute;nea; esa comprensi&oacute;n era necesaria para que el Estado prestara su apoyo de manera correcta: usualmente no paternalista y favorable al mercado; y, finalmente, suficiente poder pol&iacute;tico y capacidad administrativa en todo momento para impedir las incursiones predecibles de los aspirantes a grandes propietarios en la frontera.</p>     <p align="justify">En esta &eacute;poca, con una frontera menos extensa que hace cuarenta a&ntilde;os, la reforma ‘negociada&rsquo; que hoy se est&aacute; probando puede ser la mejor opci&oacute;n disponible. Parece tener un potencial considerable si se lleva a cabo de manera profesional y dedicada.</p>     <p align="justify">Las lecciones de naturaleza m&aacute;s pol&iacute;tica de la experiencia colombiana, aparte del hecho obvio de que siempre habr&aacute; una oposici&oacute;n del statu quo poderoso contra las propuestas de una reforma importante, y del corolario de que las condiciones que pueden hacer posible una reforma seria que enfrenta una fuerte oposici&oacute;n normalmente ser&aacute;n transitorias, incluyen:</p>     <p align="justify">1. El hecho de que, aun dentro de una forma de gobierno generalmente dominada por la &eacute;lite, las diferencias de pol&iacute;tica agraria entre los partidos pol&iacute;ticos y los gobiernos han sido considerables. Las medidas adoptadas o contempladas por el gobierno de L&oacute;pez Pumarejo en los a&ntilde;os treinta no habr&iacute;an sido posibles con un gobierno conservador. La creaci&oacute;n de la ANUC por el gobierno de Lleras Restrepo no habr&iacute;a sido considerada por el gobierno conservador anterior o los posteriores.</p>     <p align="justify">2. Si lo anterior es cierto, el costo de la alternaci&oacute;n de la presidencia entre los dos partidos durante el Frente Nacional (y de la exclusi&oacute;n de otras voces pol&iacute;ticas) puede haber sido elevado para la pol&iacute;tica agraria. Los gobiernos de corta vida son una raz&oacute;n m&aacute;s, entre otras, para que las reformas exitosas se suelan hacer r&aacute;pidamente.</p>     <p align="justify">3. Algunas formas de falta de continuidad pol&iacute;tica implican que la oportunidad de la reforma es ef&iacute;mera. Otras, que generalmente involucran pol&iacute;ticas m&aacute;s aceptadas o programas ya establecidos, imponen sus costos mediante discontinuidades pol&iacute;ticas que previenen o impiden el aprendizaje institucional por la experiencia y el refinamiento de los programas. Machado (1986, 9) deplora las inconsistencias y la falta de una pol&iacute;tica clara en materia de pol&iacute;tica agraria en general, la falta de estudios acerca de esa pol&iacute;tica y la gran dificultad para conseguir datos s&oacute;lidos para evaluar dicha pol&iacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">4. Aunque los acontecimientos <i>ex post</i> han tenido pocas posibilidades de demostrarlo en Colombia, quiz&aacute; sea cierto, como cre&iacute;a Lleras Restrepo, que el dar poder a los pobres rurales es esencial para consolidar una estructura agraria saludable o para establecerla<a href="#55" name="n55"><sup>55</sup></a>.</p>     <p align="justify">5. Tambi&eacute;n es dif&iacute;cil evaluar cuantitativamente la hip&oacute;tesis, muy convincente en general, de que el hecho de no haber enfrentado exitosamente la pobreza y el malestar rurales mediante una pol&iacute;tica agraria astuta ha sentado las bases para el fortalecimiento de los grupos guerrilleros (Fajardo, 1986, 90) y abonado el terreno para la industria de drogas il&iacute;citas (Barrag&aacute;n, 1999), una <i>raison d&rsquo;&ecirc;tre</i> de las fuerzas paramilitares y, en &uacute;ltimas, el &uacute;nico factor explicativo importante de la actual crisis social, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica colombiana.</p>     <p align="justify">6. La pol&iacute;tica econ&oacute;mica en todas sus aspectos ha tomado una dimensi&oacute;n internacional que era mucho menos evidente durante la primera mitad del siglo, en parte debido a la presencia del Banco Mundial, el FMI y otras instituciones semejantes; en parte, a la mayor preocupaci&oacute;n de los pa&iacute;ses industriales por la posibilidad de revoluciones sociales despu&eacute;s de las de China y Cuba, y en parte debido al mayor flujo de ideas entre los pa&iacute;ses. En consecuencia, ha habido una importante participaci&oacute;n internacional en todas las actividades relacionadas con la reforma del gobierno colombiano durante el &uacute;ltimo medio siglo. Debido al flujo relativamente libre y r&aacute;pido de ideas, es dif&iacute;cil establecer la influencia neta de estos actores internacionales, bien sea a trav&eacute;s de sus creencias o a trav&eacute;s de su dinero. Es indudable que el mayor fracaso de las agencias internacionales en el &uacute;ltimo cuarto de siglo, durante el cual prestaron considerable atenci&oacute;n a la pobreza, fue su negativa a participar en los procesos de reforma agraria hasta el reciente apoyo del Banco Mundial a las reformas basadas en el mercado. Ese fracaso parangona al de la &eacute;lite nacional. Como se&ntilde;ala Christodoulou (1990, 187-192), el Banco Mundial tradicionalmente ha rehuido el m&aacute;s importante de todos los ‘ajustes estructurales&rsquo; deseables por razones pol&iacute;ticas. Prosterman, Temple y Hanstad (1990, 4-5) indican que otra raz&oacute;n para que la reforma agraria no sea tema de atenci&oacute;n consistente o coherente para los donantes de ayuda o las autoridades de pol&iacute;tica en los pa&iacute;ses en donde la carencia de tierras es aguda puede ser la invisibilidad de los pobres, de modo que el problema aparece en forma notoria s&oacute;lo cada d&eacute;cada en algunos pa&iacute;ses en donde la revuelta o el hambre atraen la atenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n, el p&uacute;blico y los gobiernos. Hoy, con la mayor aceptaci&oacute;n de la idea de una reforma per se, es probable que los beneficios se reduzcan debido a la consagraci&oacute;n al enfoque del mercado.</p>     <p align="justify">Es importante la manera como los actores clave entienden los problemas agrarios. En el per&iacute;odo que estudiamos se han sostenido y expuesto muchas opiniones equivocadas o por lo menos mal orientadas, y estas parecen haber tenido impacto sobre los resultados. Entre ellas:</p>     <p align="justify">1. La siempre difundida impresi&oacute;n de que los peque&ntilde;os agricultores son econ&oacute;micamente menos eficientes que los grandes, a pesar de una rica evidencia que apunta en la direcci&oacute;n opuesta o que, por lo menos, exige que se tenga una opini&oacute;n muy ponderada en esta materia. Aunque algunos actores destacados, como Lleras Restrepo, ten&iacute;an una visi&oacute;n generalmente positiva del potencial de los sistemas agr&iacute;colas peque&ntilde;os, esta visi&oacute;n nunca fue de aceptaci&oacute;n general, incluso entre los agr&oacute;nomos, que tienden, como muchos otros, a confundir la productividad del trabajo y de la tecnolog&iacute;a moderna con la eficiencia econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">2. Una comprensi&oacute;n defectuosa de las implicaciones de los diversos contratos entre propietarios y arrendatarios, que a menudo –como en Colombia– llev&oacute; a legislar ingenuamente contra ciertas formas o a tratarlas como criterio que afectaba la posibilidad de expropiaci&oacute;n de la tierra, y en consecuencia se alent&oacute; a los propietarios a expulsar a los arrendatarios. Para que esas medidas tengan alguna posibilidad de &eacute;xito, en caso de que sean deseables (lo que suele ser un tema complicado), se deben emprender r&aacute;pidamente para impedir las t&aacute;cticas obstructivas, la evasi&oacute;n, etc&eacute;tera, para no mencionar la garant&iacute;a de que el gobierno siguiente no derogue la legislaci&oacute;n, como en esencia ocurri&oacute; en Colombia entre los gobiernos de Lleras y de Pastrana.</p>     <p align="justify">3. La atormentadora idea de que la agricultura cooperativa ten&iacute;a mucho en su favor, sin una s&oacute;lida comprensi&oacute;n de las condiciones en las que as&iacute; suced&iacute;a, condujo a los dise&ntilde;adores de pol&iacute;tica por otro camino.</p>     <p align="justify">4. Cuando la informaci&oacute;n sobre la realidad agraria es muy limitada, se acent&uacute;a la tendencia general a apoyarse en modelos simplistas. Las visiones marxistas r&iacute;gidas han guiado algunas interpretaciones del mundo campesino en Colombia, mientras que las visiones neocl&aacute;sicas r&iacute;gidas han guiado otras. Ambas est&aacute;n bastante alejadas de la verdad.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Para un comentario breve y reciente, ver Tirado Mej&iacute;a (1998). Revisiones m&aacute;s exhaustivas se presentan en S&aacute;nchez (1985) y Ortiz Sarmiento (1994).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. El t&eacute;rmino ‘&eacute;xito&rsquo; se debe usar con cuidado en este contexto, puesto que los diversos actores ten&iacute;an diferentes objetivos: unos, promover un modelo de cambio; algunos, promover otro modelo y otros, oponerse al cambio. Entre quienes buscaban un mejor acceso para los peque&ntilde;os poseedores actuales o aspirantes, el objetivo de algunos era simplemente desactivar las fuentes de malestar para preservar la estabilidad mientras que otros quer&iacute;an un cambio m&aacute;s radical.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Prosterman y Riedinger (1987, 183-4) citan el ejemplo de Taiw&aacute;n, en donde un cuerpo independiente de administradores que huyeron del continente despu&eacute;s de la victoria comunista establecieron un exhaustivo sistema de registro de tierras, que luego finaliz&oacute; meticulosamente en un proceso de revisi&oacute;n parcela por parcela y familia por familia, y de soluci&oacute;n de las reclamaciones de retenci&oacute;n, que de nuevo fue supervisado estrechamente por comit&eacute;s locales dominados por los beneficiarios.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. M&aacute;s en general, una tendencia a distribuir la tierra en parcelas peque&ntilde;as.</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. En 1850, Agust&iacute;n Codazzi estim&oacute; esta participaci&oacute;n en el 75% (Legrand, 1989, 6).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Es por supuesto verdad que las reformas agrarias de Am&eacute;rica Latina no lograron el resultado de ‘crecimiento con equidad&rsquo; de un pa&iacute;s como Taiw&aacute;n. M&eacute;xico y Bolivia ilustran el caso de una reforma parcial que produjo algunos beneficios pero no una transformaci&oacute;n total de la econom&iacute;a y de la sociedad. Ir&oacute;nicamente, quiz&aacute; el respaldo m&aacute;s fuerte al campesinado fue el que le dio el gobierno de Trujillo en la Rep&uacute;blica Dominicana, a comienzos de la d&eacute;cada de 1930 (Turits, 1997); pero, para decirlo en t&eacute;rminos suaves, el proceso no fue participativo. Cada una de estas experiencias tuvo su propia historia particular y sus condiciones limitantes, de modo que el hecho de que los beneficios alcanzados hayan sido limitados no implica que no hubiera ninguna esperanza en las circunstancias diferentes de Colombia.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. La idea de que los grandes latifundistas eran ineficientes e inflexibles, y que esa debilidad contribuir&iacute;a a un alza de los precios de alimentos a medida que avanzara el desarrollo, fue un elemento de la escuela estructuralista de pensamiento latinoamericano (Kafka, 1961). Muchos observadores de Colombia comentaron la paradoja de grandes haciendas que usaban la tierra extensivamente, mientras que las m&aacute;s peque&ntilde;as intentaban ganar a duras penas la subsistencia mediante el cultivo intensivo de tierras de baja calidad; quiz&aacute; el m&aacute;s conocido fue Lauchlin Currie, que dirigi&oacute; la misi&oacute;n del Banco Mundial en Colombia a finales de la d&eacute;cada 1940 (Internacional Bank for Reconstruction and Development, 1950).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. La falta de claridad en la titulaci&oacute;n de tierras es especialmente caracter&iacute;stica de las nuevas zonas de frontera; los conflictos surgen f&aacute;cilmente debido a que la tierra se disputa continuamente y a que el Estado no es suficientemente fuerte para resolver las disputas en sus propios t&eacute;rminos. Gran parte de la experiencia latinoamericana durante largos per&iacute;odos se ajusta a esta categor&iacute;a a medida que la colonizaci&oacute;n se desplaza de las tierras bajas densamente pobladas a zonas selv&aacute;ticas. Parte de la expansi&oacute;n ha cubierto la producci&oacute;n para el mercado interno, pero ante todo se ha dirigido a las exportaciones. En cualquier caso, los colonizadores campesinos entran en conflicto con los empresarios territoriales.</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. El antagonismo entre los dos partidos pol&iacute;ticos ha sido hist&oacute;ricamente una importante fuente de hostilidad que, junto con la igual fortaleza de estos dos grupos, ayuda explicar la alta tasa de mortalidad en Colombia por la violencia pol&iacute;tica durante m&aacute;s de cien a&ntilde;os, en comparaci&oacute;n con aquellos pa&iacute;ses en donde un grupo militar fuerte y opresivo controlaba el poder tan completamente que ninguna otra fuerza se le pod&iacute;a enfrentar (Maingot, 1968). Sin embargo, la actual oleada de violencia en Colombia no parece obedecer mucho a este factor.</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Brown (1971, 194-5) concluye que “es probable que haya suficiente desesperaci&oacute;n, ira, privaci&oacute;n relativa percibida y ‘conciencia&rsquo; para empezar un levantamiento en muchas comunidades rurales de Am&eacute;rica Latina en un d&iacute;a cualquiera... Por tanto, cuando la elite rural local empieza a perder su dominio, usualmente debido a circunstancias econ&oacute;micas o pol&iacute;ticas de m&aacute;s alcance, el activismo campesino surge r&aacute;pidamente, a menudo con poca o ninguna influencia de la agitaci&oacute;n externa”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Durante el per&iacute;odo 1870-1920, los conflictos se centraron en la resistencia de los colonizadores campesinos contra la usurpaci&oacute;n de los empresarios agr&iacute;colas. Antes de 1874, los colonos independientes no estaban en posici&oacute;n de luchar, y el proceso de creaci&oacute;n de las grandes haciendas parece haber sido principalmente pac&iacute;fico. Despu&eacute;s de esta fecha, los colonos se opusieron a esa tendencia con mayor frecuencia. El factor decisivo que los lanz&oacute; en esa direcci&oacute;n, de acuerdo con Legrand (1986, 64), fue la aprobaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n nacional que respaldaba los derechos de los colonizadores; los colonos recurrieron a menudo a las leyes de 1874-1882, que clarificaban su derecho a asentarse en dominios nacionales lo que implicaba que la tierra era legalmente suya. Aunque en general las leyes no surtieron efecto, s&iacute; influyeron en la percepci&oacute;n de los colonizadores acerca de su situaci&oacute;n y los incentivaron para entablar demandas judiciales colectivas, aunque usualmente sin &eacute;xito porque los terratenientes estaban en connivencia con las autoridades locales.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Los terratenientes respondieron a las iniciativas de los colonos con su expulsi&oacute;n, pero evitaron ir a juicio por temor a perder. Los colonos, aunque m&aacute;s exitosos que antes, no pod&iacute;an obligar a los terratenientes a aceptar sus reclamaciones y el resultado fue un conflicto cr&oacute;nico. Los terratenientes se mostraron cada vez m&aacute;s descontentos, se expresaron temores al conflicto de clase y las perturbaciones parecieron perjudicar los esfuerzos para elevar la producci&oacute;n agr&iacute;cola.</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. El crecimiento de la poblaci&oacute;n colombiana que se aceler&oacute; durante la primera mitad del siglo, en esa &eacute;poca se acercaba al 2% anual.</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. Madrid (1944, citado en Legrand, 1986, 145) estim&oacute; que 3/4 partes de la propiedad privada habr&iacute;an revertido a la naci&oacute;n si se hubiera puesto en pr&aacute;ctica la propuesta de 1933 (derrotada en el Congreso). Sus implicaciones quiz&aacute; no habr&iacute;an sido demasiado diferentes a las de la norma de la Corte Suprema de 1926.</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. La motivaci&oacute;n de L&oacute;pez ha sido tema de debate. Algunos autores (por ejemplo, Cronshaw, 1986) le acreditan su positivo intento de ayudar a los peque&ntilde;os poseedores aspirantes pero le atribuyen falta de ejecuci&oacute;n. S&aacute;nchez (1977) y Legrand (1986) son m&aacute;s negativos, y afirman que L&oacute;pez y sus asociados planearon que el efecto fuera conservador. Aunque la Ley 200 proclam&oacute; la funci&oacute;n social de la propiedad, en &uacute;ltimas favoreci&oacute; a los grandes propietarios porque su art&iacute;culo facilit&oacute; a los grandes y los peque&ntilde;os la reclamaci&oacute;n de tierras p&uacute;blicas si las pon&iacute;an a producir. Legrand (1986, 141) subraya el hecho de que L&oacute;pez prometi&oacute; a los grandes propietarios que la ley los ayudar&iacute;a a legitimar sus t&iacute;tulos.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. El efecto presumiblemente no deseado de alentar las expulsiones mediante el temor de los grandes poseedores de que era peligroso tener colonos en las tierras que reclamaban. La Ley 100 de 1944, otro esfuerzo para llevar el orden a la sociedad rural, a menudo se ha descrito como una ley que restableci&oacute; los servicios de los arrendatarios, exigiendo aclarar las condiciones pactadas entre el terrateniente y el arrendatario mediante contratos escritos. Tambi&eacute;n se puede pensar en esta ley como un intento de atenuar los desastres inesperados creados por la Ley 200 (Safford, 1995, 141). Esta no logr&oacute; el objetivo de reintroducir los servicios de los arrendatarios. La falta de juicio para predecir los efectos ‘indirectos&rsquo; de la legislaci&oacute;n se repiti&oacute; en los a&ntilde;os sesenta, cuando se desalent&oacute; la renta de la tierra, especialmente en los cultivos compartidos, lo que llev&oacute; a otra oleada de desalojos y a otro sesgo en la estructura agraria (ver m&aacute;s adelante).</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. La concepci&oacute;n, que una vez fue com&uacute;n, de que la Ley 200 resolvi&oacute; el conflicto agrario de los a&ntilde;os treinta hasta que la lucha preelectoral desat&oacute; la violencia de 1946 parece simplista y err&oacute;nea. Las continuas tensiones con los trabajadores arrendatarios llevaron a que los grandes propietarios intentaran comprar su parte o a que los desalojaran y remplazaran con trabajadores asalariados; algunos incluso sustituyeron la tierra cultivada por praderas para reducir el n&uacute;mero de trabajadores requeridos, lo que hizo a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil que los campesinos pudieran ganarse la vida. Las fricciones entre campesinos fueron comunes. ‘La Violencia&rsquo; de las dos d&eacute;cadas de 1948-65, que dej&oacute; 200.000 muertos y 800.000 personas sin hogar (Oquist, 1980), no fue un simple conflicto pol&iacute;tico ni una simple guerra campesina, sino un fen&oacute;meno complejo con muchas causas y muchos mecanismos (Zamosc, 1986; Legrand, 1986; Gilhod&eacute;s, 1974; Cronshaw, 1986). Berquist (1986) argumenta que la pobreza y la inseguridad de los peque&ntilde;os productores de caf&eacute; los convirti&oacute; en la principal v&iacute;ctima y actor de la Violencia de 1948-65. La violencia llev&oacute; al colapso la autoridad del Estado y con la anarqu&iacute;a resultante, estallaron muchas formas de lucha armada. En las zonas de frontera se ten&iacute;a que luchar por la tierra, quiz&aacute; con poca atenci&oacute;n a la afiliaci&oacute;n pol&iacute;tica. La violencia pol&iacute;tica a menudo oblig&oacute; a que los peque&ntilde;os vendieran a precios muy bajos y a que pudieran acumular otros que empezaron siendo peque&ntilde;os pero con buenas conexiones (Safford, 1995, 143).</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. Hayami y Ruttan (1985) establecen este punto en una famosa comparaci&oacute;n entre el eje del respaldo p&uacute;blico a la agricultura en los Estados Unidos y en el Jap&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. En 1992, cerca de 4,2 millones de personas, 31,2% de la poblaci&oacute;n, estaban en la pobreza extrema (World Bank, 1994).</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. Algunos estudios muestran una asociaci&oacute;n entre bajas tasas de empleo o de crecimiento de la producci&oacute;n e intensidad de la violencia rural (World Bank, 1996 y Bejarano, 1988), lo que quiz&aacute; refleje un c&iacute;rculo vicioso que va de la violencia a la baja inversi&oacute;n, a las bajas oportunidades de empleo y a la violencia. De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n (1990), la Violencia puede haber reducido en el 16% el PIB agr&iacute;cola en los a&ntilde;os ochenta. La evidencia regional indica un impacto de la violencia sobre la inversi&oacute;n privada en irrigaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. Sobre su participaci&oacute;n exacta hab&iacute;a una diferencia considerable de opini&oacute;n, que reflejaba la debilidad de las estad&iacute;sticas agr&iacute;colas en Colombia. Mientras que Planeaci&oacute;n (DNP, 1982b) estimaba la participaci&oacute;n campesina en la producci&oacute;n total de alimentos en el 55%, Siabato (1986) utiliz&oacute; las encuestas nacionales de hogares para llegar a una cifra del 28%.</p>     <p align="justify"><a href="#n22" name="22">22</a>. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, la falta de dicha solidaridad permiti&oacute; una toma a mano armada con un desplazamiento de poblaci&oacute;n que contribuy&oacute; directamente a la guerra de guerrillas (Fajardo, 1986, 90). La represi&oacute;n sobre las zonas independientes como Marquetalia, con su independencia del dominio de los dos partidos y sus ideas revolucionarias, contribuy&oacute; al crecimiento de la guerrilla.</p>     <p align="justify"><a href="#n23" name="23">23</a>. Esta participaci&oacute;n puede en principio ser fuente de optimismo porque el apoyo externo puede ayudar a romper lazos pol&iacute;ticos locales y porque algunas de las reformas m&aacute;s exitosas de este medio siglo se han beneficiado de ese apoyo. Quiz&aacute; las reformas agrarias m&aacute;s exitosas desde el punto de vista del bienestar fueron las de Taiw&aacute;n y Corea. La de Jap&oacute;n tuvo menos impacto en la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica subsiguiente del pa&iacute;s, pero muy grande sobre la estabilidad pol&iacute;tica, de acuerdo con la mayor&iacute;a de los observadores (Montgomery, 1984, 116). Estas tres experiencias de reforma tuvieron el importante est&iacute;mulo externo de los EE. UU., y en el caso de Taiw&aacute;n, el reconocimiento de que el fracaso en resolver el descontento agrario pod&iacute;a llevar a la revoluci&oacute;n, como lo demostr&oacute; la China roja a los nuevos gobernantes nacionalistas chinos.</p>     <p align="justify"><a href="#n24" name="24">24</a>. Arango AA.VV. (1987, 14) juzgan el episodio de 1961 como una lucha entre el enfoque gran burgu&eacute;s de Currie y el de peque&ntilde;a propiedad de Lleras. Aunque este &uacute;ltimo gan&oacute; la batalla, Mariano Ospina P&eacute;rez (jefe del Partido Conservador) logr&oacute; limitar la gama de acci&oacute;n del Incora y reducir sus actividades a la reversi&oacute;n de tierras ociosas al Estado (como se decret&oacute; en la Ley 200 de 1936), titulaci&oacute;n de tierras p&uacute;blicas, inversi&oacute;n en irrigaci&oacute;n y otras obras de infraestructura y algunas compras en zonas de conflicto agudo.</p>     <p align="justify"><a href="#n25" name="25">25</a>. A comienzos de los a&ntilde;os setenta, la evidencia de Am&eacute;rica Latina indicaba que la colonizaci&oacute;n dirigida no logr&oacute; sus objetivos, mientras que la colonizaci&oacute;n espont&aacute;nea fue m&aacute;s satisfactoria (Nelson, 1973).</p>     <p align="justify"><a href="#n26" name="26">26</a>. Perry (1985, 109) informa que, en 1966, un tercio de los colonos de los proyectos del Tolima hab&iacute;a abandonado sus fincas debido a los malos suelos u otras condiciones negativas. Argumenta que el cr&eacute;dito obligatorio era uno de los problemas. Arango AA.VV. (1967, 19) informan que en los proyectos del DRI que estudiaron, la relaci&oacute;n entre cr&eacute;dito y activos era muy peque&ntilde;a, lo que refleja en parte la aversi&oacute;n al riesgo de los productores.</p>     <p align="justify"><a href="#n27" name="27">27</a>. La ANUC fue creada por el Ministerio de Agricultura en 1967. El primer Congreso de 1970 fij&oacute; sus objetivos y limit&oacute; sus actividades a la ejecuci&oacute;n de programas oficiales (Fals Borda, 1982, 146). Para historias detalladas de la ANUC, ver Zamosc (1986) y Rivera Cusicanqui (1987).</p>     <p align="justify"><a href="#n28" name="28">28</a>. Los cr&iacute;ticos argumentaban que el Incora a veces compr&oacute; tierra de baja calidad a precios muy altos a terratenientes como los Marulanda, contra el consejo del abogado que recomend&oacute; extinguir el dominio debido quiz&aacute; a que el t&iacute;tulo era bastante dudoso en esta &aacute;rea del departamento del Cesar (Perry, 1985, 110, citando a Tob&oacute;n, 1972 e IICA-CIRA, 1970).</p>     <p align="justify"><a href="#n29" name="29">29</a>. Como suele ocurrir en grupos de peque&ntilde;os propietarios que se benefician con un sistema de irrigaci&oacute;n, y como quiz&aacute; sucedi&oacute; en la mayor&iacute;a de las <i>empresas comunitarias</i> colombianas que fueron la base del optimismo sobre este enfoque.</p>     <p align="justify"><a href="#n30" name="30">30</a>. Una de las experiencias mejor estudiadas de este tipo es la conversi&oacute;n, en el Per&uacute;, de las antiguas haciendas costeras productoras de az&uacute;car en cooperativas agr&iacute;colas y su posterior divisi&oacute;n en fincas peque&ntilde;as cuando se present&oacute; la oportunidad a los miembros de las cooperativas (Melmed-Sanjak y Carretero, 1996).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n31" name="31">31</a>. Como se se&ntilde;ala m&aacute;s adelante, las opiniones sobre los beneficios del DRI var&iacute;an, un resultado natural del deficiente estado de las estad&iacute;sticas agr&iacute;colas en Colombia, que hace muy dif&iacute;cil evaluar este programa.</p>     <p align="justify"><a href="#n32" name="32">32</a>. Las cifras son inadecuadas con respecto a ambas preguntas. La opini&oacute;n de Fajardo acerca de la segunda obtiene alg&uacute;n respaldo de las cifras presentadas por Berry (1983).</p>     <p align="justify"><a href="#n33" name="33">33</a>. En los esfuerzos de reforma agraria del Incora, esta instituci&oacute;n intent&oacute; prestar todos los servicios conexos, lo que llev&oacute; a la duplicaci&oacute;n con otras instituciones y a la mala voluntad.</p>     <p align="justify"><a href="#n34" name="34">34</a>. Como ya se se&ntilde;al&oacute;, hab&iacute;a una gran diferencia entre la estimaci&oacute;n de Planeaci&oacute;n de que en 1975 la participaci&oacute;n del campesinado (menos de 20 ha.) en la producci&oacute;n de alimentos era del 55% y la cifra de Siabato, de apenas el 28% (Arango AA.VV., 1987, 20-21). A la luz de su estimaci&oacute;n, Siabato argument&oacute; que ten&iacute;a m&aacute;s sentido concentrarse en los programas de desarrollo y en el esfuerzo de los campesinos en donde fuera m&aacute;s rentable, es decir, en tierras no mecanizables y en productos intensivos en trabajo, incluidos algunos bienes exportables, bienes de lujo, etc&eacute;tera.</p>     <p align="justify"><a href="#n35" name="35">35</a>. En diciembre de 1981, hab&iacute;a una lista de 71.051 beneficiarios asistidos directamente.</p>     <p align="justify"><a href="#n36" name="36">36</a>. Lacroix (1985, 30) describe la evoluci&oacute;n de los objetivos de manera algo diferente a la de Arango AA.VV.; se&ntilde;ala que en su inicio, el programa se concibi&oacute; con un &eacute;nfasis en el aumento del nivel de vida en las zonas rurales, ante todo mediante el aumento de la producci&oacute;n, pero que gradualmente se concentr&oacute; en la producci&oacute;n de alimentos y excedentes comerciables, haciendo del alivio de la pobreza “un beneficio secundario bienvenido pero no necesario”. Se&ntilde;ala que, a mediados de los ochenta, las zonas del proyecto se eligieron &uacute;nicamente por su potencial de producci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n37" name="37">37</a>. Lacroix (30-32) muestra que el ICA primero afront&oacute; el reto de las mejoras t&eacute;cnicas para elevar los rendimientos y la producci&oacute;n de los sistemas campesinos de cultivos m&uacute;ltiples existentes (que implicaba mejorar los m&eacute;todos de extensi&oacute;n para elevar el nivel de educaci&oacute;n de los agricultores en los principios de la agronom&iacute;a), luego el de la ayuda a los agricultores para obtener cr&eacute;dito y comercializar, y finalmente el de las mejoras sociales en materia de nutrici&oacute;n, salud y educaci&oacute;n. No debe sorprender que el tercer tipo de beneficio fuera el m&aacute;s dif&iacute;cil de alcanzar.</p>     <p align="justify"><a href="#n38" name="38">38</a>. Lacroix (1985, 32) se&ntilde;ala que los incrementos de producci&oacute;n en algunos cultivos fueron tan elevados, que generaron problemas de comercializaci&oacute;n, lo que confirma la opini&oacute;n de que se hizo poco esfuerzo de planeaci&oacute;n para enfrentar esas contingencias.</p>     <p align="justify"><a href="#n39" name="39">39</a>. Una revisi&oacute;n detallada de la experiencia de un municipio se presenta en Zandstra AA.VV. (1979).</p>     <p align="justify"><a href="#n40" name="40">40</a>. Lacroix (1985, 30-33) est&aacute; de acuerdo en que la coordinaci&oacute;n entre las diversas instituciones sectoriales involucradas sigui&oacute; siendo un problema a mediados de los ochenta. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que el gran respaldo que el programa logr&oacute; entre la poblaci&oacute;n rural tuvo costos al mismo tiempo que beneficios; los pol&iacute;ticos intentaron utilizarlo para fines distintos de los relacionados con el proyecto. Jaramillo (1998, 97) se&ntilde;ala que la influencia pol&iacute;tica se hizo sentir cada vez m&aacute;s en las operaciones del DRI desde que Colombia adopt&oacute; la nueva Constituci&oacute;n en 1991, que prohibi&oacute; la pr&aacute;ctica anterior de financiar proyectos pol&iacute;ticos de los miembros del Congreso que apoyaban la administraci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n41" name="41">41</a>. Moncayo (1986) considera que fue dise&ntilde;ado para consolidar la funci&oacute;n esencial del sector de peque&ntilde;a escala: producir alimentos baratos para facilitar la acumulaci&oacute;n general evitando la quiebra de la agricultura del campesino o su conversi&oacute;n en peque&ntilde;as unidades capitalistas. Horowitz (1993) modela la reforma como una estrategia de los ricos para dar poco y retroceder siempre que fuera posible.</p>     <p align="justify"><a href="#n42" name="42">42</a>. Como hizo Balc&aacute;zar (1990), quien estima un gran aumento, del 82% (quiz&aacute;s dudoso por ser tan extremo), de los rendimientos de la fincas peque&ntilde;as de 1973-76 y 1988, mientras que considera que los rendimientos de las fincas grandes se estancaron.</p>     <p align="justify"><a href="#n43" name="43">43</a>. La informaci&oacute;n ideal para juzgar el impacto neto de las diversas fuerzas que influyeron en la vida rural colombiana durante estos a&ntilde;os habr&iacute;a incluido un censo agr&iacute;cola para arrojar luz sobre los cambios en la distribuci&oacute;n de la tierra y encuestas de ingresos para clarificar los patrones de distribuci&oacute;n del ingreso. Desde 1960 no se ha hecho un censo agr&iacute;cola realmente &uacute;til, y no se dispone de ninguna encuesta demostrablemente comparable de los ingresos en las zonas rurales anterior a los a&ntilde;os noventa. Uno de los confusos trozos de informaci&oacute;n para los a&ntilde;os noventa es la dr&aacute;stica ca&iacute;da de la desigualdad del ingreso reportada entre 1991 y 1995, cuando el coeficiente de Gini cae de 0,57 a 0,44 (Ocampo AA.VV., 1998). Este descenso es tan r&aacute;pido que desaf&iacute;a toda credibilidad; aunque ser&iacute;a casi imposible que una reducci&oacute;n tan fuerte hubiera realmente ocurrido en un intervalo tan breve, existe la posibilidad de que, aunque exagerados, los datos indiquen un descenso de menores pero a la vez significativas proporciones.</p>     <p align="justify"><a href="#n44" name="44">44</a>. El car&aacute;cter dr&aacute;stico de este cambio se refleja en el hecho de que la relaci&oacute;n entre importaciones y PIB salt&oacute; del 15,5% en 1990 al 46,9% en 1997 (Jaramillo, 1998, 124).</p>     <p align="justify"><a href="#n45" name="45">45</a>. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas hubo una r&aacute;pida expansi&oacute;n de la frontera agr&iacute;cola, una mayor participaci&oacute;n de los se&ntilde;ores de la droga en la propiedad rural y un significativo cambio tecnol&oacute;gico; como ya se se&ntilde;al&oacute;, la informaci&oacute;n para describir las tendencias de la estructura agraria est&aacute; muy rezagada, para decirlo suavemente.</p>     <p align="justify"><a href="#n46" name="46">46</a>. El &uacute;nico censo agr&iacute;cola colombiano relativamente completo y &uacute;til corresponde a 1960. Desde entonces, los estudiosos de la estructura agraria han sido obligados a confiar en la evidencia catastral (conceptualmente no comparable con un censo agr&iacute;cola) y en otras fuentes de informaci&oacute;n parciales y dispersas. Adem&aacute;s, la frontera agr&iacute;cola se ha estado desplazando continuamente y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la inseguridad rural ha dificultado pensar siquiera en la recolecci&oacute;n de dicha informaci&oacute;n en grandes zonas del pa&iacute;s, lo que acent&uacute;a la muy defectuosa imagen de las tendencias de la estructura y la concentraci&oacute;n de la tierra. Sin embargo, cuando no exist&iacute;a este &uacute;ltimo problema, la clara falta de inter&eacute;s del gobierno en esos datos, que se reflej&oacute; en la decisi&oacute;n de no emprender o llevar a cabo censos agr&iacute;colas, plantea la pregunta de si la decisi&oacute;n de abstenerse de hacerlos puede haber sido estrat&eacute;gica en alg&uacute;n sentido. Una comparaci&oacute;n entre los datos censales de 1960 y los datos catastrales de 1988 arroja un menor grado de concentraci&oacute;n en ese &uacute;ltimo a&ntilde;o (Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, 1990, 100), despu&eacute;s de hacer un ajuste debido a que una unidad censal puede estar conformada por m&aacute;s de una unidad catastral. Esto no pone fin a la historia puesto que las proporciones de conversi&oacute;n por tama&ntilde;os elaboradas por CEGA para este prop&oacute;sito pueden no haber sido exactas. Si se descarta esta posibilidad, la comparaci&oacute;n indica que la categor&iacute;a de 500 y m&aacute;s ha. perdi&oacute; terreno frente a las unidades m&aacute;s peque&ntilde;as y que el coeficiente de Gini de concentraci&oacute;n de la tierra entre las unidades catastrales se redujo de 0,868 en 1960 a 0,840 en 19 88 (i b&iacute;d., 101). Un estudio de L&oacute;pez (1986), basado en las cifras catastrales de 1961 y 1984 mostr&oacute; un ligero aumento de la concentraci&oacute;n, pero la Misi&oacute;n Agropecuaria (1990, 102) considera que esta es una metodolog&iacute;a dudosa puesto que s&oacute;lo se incluyeron 15 millones de ha. en el primero de esos a&ntilde;os. No se informa cu&aacute;ntas se incluyeron en 1984, pero probablemente fueron por lo menos 30 millones, puesto que el total para 1988 era cercano de 45 millones de ha. Los datos de la Misi&oacute;n indican que, entre 1960 y 1988, la cantidad de tierra registrada aument&oacute; en m&aacute;s de 12 millones de ha., el 44% de la base de 1960 en las regiones que fueron cubiertas por el primer censo. En las regiones de frontera que entonces no se incluyeron –Caquet&aacute;, Guajira y Choc&oacute;– se registraron otros 5,46 millones de ha. en 1988 (ib&iacute;d., 98-99). Hubo entonces una gran expansi&oacute;n de tierras tituladas durante este per&iacute;odo.</p>     <p align="justify"><a href="#n47" name="47">47</a>. El coeficiente de Gini de la distribuci&oacute;n de parcelas a&ntilde;adidas al registro catastral entre 1960 y 1988 era de 0,773 frente a 0,868 para las registradas en el censo de 1960; los programas de titulaci&oacute;n del Incora y otros programas explican buena parte del aumento de la superficie y de la distribuci&oacute;n de las nuevas tierras cuando se asignaron inicialmente (Misi&oacute;n Agropecuaria, 1990, 118). Pero parece haber ocurrido alguna reconcentraci&oacute;n posterior a la asignaci&oacute;n original, de modo que la reducci&oacute;n neta del coeficiente de Gini era peque&ntilde;a, como se indic&oacute; en la nota de pie de p&aacute;gina anterior.</p>     <p align="justify"><a href="#n48" name="48">48</a>. El debilitamiento general del ejecutivo durante la presidencia de Samper dio m&aacute;s injerencia a los jefes regionales poderosos en la selecci&oacute;n de proyectos y beneficiarios.</p>     <p align="justify"><a href="#n49" name="49">49</a>. La resistencia interna eventualmente fue derrotada con el desmantelamiento de los sindicatos y una reducci&oacute;n de 2.500 a 1.000 empleados. La consecuci&oacute;n de pr&eacute;stamos extranjeros fue m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que se esperaba, en parte debido a la deficiente historia de desempe&ntilde;o del INAT en los a&ntilde;os ochenta con peque&ntilde;os proyectos de irrigaci&oacute;n financiados por el Banco Mundial (Jaramillo, 1998, 96).</p>     <p align="justify"><a href="#n50" name="50">50</a>. Esta secci&oacute;n se basa principalmente en Deininger (1999).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n51" name="51">51</a>. Binswanger (1987, 1091) alude al “problema fundamental de financiar a las personas pobres”, al hecho de que pedir dinero en pr&eacute;stamo para comprar tierra con todos los mercados perfectos y una tecnolog&iacute;a neutral a la escala requiere reducir el consumo por debajo de lo que se podr&iacute;a ganar en el mercado de trabajo. Tambi&eacute;n se pueden endeudar los nuevos agricultores peque&ntilde;os o estrechar el margen de seguridad de tal modo que un porcentaje sustancial pierda la tierra de nuevo. En otras palabras, para que los peque&ntilde;os propietarios puedan mantener las tierras que una vez poseyeron se puede requerir un subsidio muy alto y/o un buen sistema de apoyo para que un campesino sin tierra se convierta en propietario; la falla para reconocer este hecho puede llevar a menores tasas de supervivencia de los beneficiarios peque&ntilde;os de las que esperan los ‘reformadores de mercado&rsquo;. Tomando en cuenta que las imperfecciones del mercado abaratan el trabajo en las fincas familiares, Carter y Mesbah (1993) encontraron que las unidades muy peque&ntilde;as pueden sobrevivir porque la tierra es valiosa para garantizar el empleo en un mercado de trabajo imprevisible y con desempleo, pero por encima del rango de tama&ntilde;o en donde este efecto es importante, el precio de reserva de la tierra cae dr&aacute;sticamente con el tama&ntilde;o debido a las restricciones de capital o al uso de tierra adicional.</p>     <p align="justify"><a href="#n52" name="52">52</a>. Deininger (1999, 660, 668) informa que el costo administrativo promedio en los cinco municipios piloto ha sido de 1.800 d&oacute;lares, menos de la tercera parte de los del enfoque anterior, en donde esos costos ascend&iacute;an a casi la mitad del presupuesto total, l5.000 d&oacute;lares por beneficiario a comienzos de los a&ntilde;os noventa. Si el costo de la tierra se mantuviera en 8.000 d&oacute;lares, el total ser&iacute;a de 10.000. Esto depende por supuesto de la cantidad de tierra suministrada.</p>     <p align="justify"><a href="#n53" name="53">53</a>. Esta fue la experiencia en el noreste del Brasil (Lipton, 1993a).</p>     <p align="justify"><a href="#n54" name="54">54</a>. La importancia de impedir la concentraci&oacute;n de la tierra es pertinente en primer para lugar los futuros eventos del &Aacute;frica subsahariana. Aunque la historia agraria reciente de Colombia guarda menos paralelo con la de &Aacute;frica subsahariana que con la de otras regiones de Am&eacute;rica Latina (por ejemplo, en buena parte de Am&eacute;rica Central los sistemas de tierras comunales se extinguieron con la intrusi&oacute;n de los espa&ntilde;oles), el peligro actual en &Aacute;frica subsahariana es que cuando los sistemas comunales den lugar a derechos de propiedad occidentalizados se presente una concentraci&oacute;n de tipo latinoamericano, con resultados muy semejantes. Los detalles del proceso de concentraci&oacute;n son tenebrosamente similares. Existe un debate leg&iacute;timo sobre los m&eacute;ritos relativos de la eficacia de los sistemas tradicionales de derechos a la tierra en varias partes del &Aacute;frica subsahariana y del grado en que se pueden mantener cuando sea deseable. Pero no puede haber ning&uacute;n debate sobre la amenaza de concentraci&oacute;n de la tierra a trav&eacute;s de una combinaci&oacute;n de procesos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos insalubres. Lo que es bastante claro es la necesidad, tambi&eacute;n all&iacute;, de un sistema de topes a la tierra que suprima la amenaza de esa concentraci&oacute;n, d&eacute; mayor seguridad a los peque&ntilde;os propietarios y, no sin raz&oacute;n, enfrente al gobierno con el hecho de que su tarea es la de intervenir y apoyar a los peque&ntilde;os propietarios. En muchos pa&iacute;ses esto se har&aacute; con dedicaci&oacute;n &uacute;nicamente cuando no haya ninguna alternativa clara.</p>     <p align="justify"><a href="#n55" name="55">55</a>. En el contexto de la exitosa reforma agraria de posguerra en Jap&oacute;n, esta era la firme creencia del general MacArthur, basada en el consejo del famoso especialista Wolf Ladejinsky, cuyos escritos se recopilaron en Ladejinsky (1977).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Arango, Mariano; Cardona, Alonso; Duque, Conrado; Estrada, Efra&iacute;n; L&oacute;pez, Luz Elena y Mesa, Sa&uacute;l. <i>Econom&iacute;a campesina y pol&iacute;ticas agrarias en Colombia: Una evaluaci&oacute;n del Programa DRI</i>, Medell&iacute;n, Centro de Investigaciones Econ&oacute;micas, Universidad de Antioquia, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200200010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Balc&aacute;zar, &Aacute;lvaro. “Tama&ntilde;o de finca, din&aacute;mica tecnol&oacute;gica y rendimientos agr&iacute;colas”, <i>Coyuntura Agropecuaria</i> 7, 3, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200200010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Ban, Sung Hwan; Moon, Pal Yong y Perkins, Dwight H. <i>Rural Development</i>, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200200010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Barrag&aacute;n, Jackeline. <i>Qui&eacute;nes ganan y qui&eacute;nes pierden con la industria de las drogas il&iacute;citas en Colombia</i>, mimeo, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200200010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Bejarano, Jes&uacute;s. A. “Efectos de la violencia en la producci&oacute;n agropecuaria”, <i>Coyuntura Econ&oacute;mica</i> 18, 3, 1988, Bogot&aacute;, Fedesarrollo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996200200010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Bergquist, Charles. <i>Labor in</i> <i>Latin America: Comparative Essays on Chile, Argentina</i>,  <i>Venezuela</i> <i>and</i> <i>Colombia</i>, Stanford, Stanford University Press, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996200200010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Berry, R. Albert. “Land Distribution, Income Distribution and the Productive Efficiency of Colombian Agriculture”, <i>Food Research Institute Studies</i> 12, 3, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996200200010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Berry, R. Albert. “Rural Poverty in Twentieth-Century Colombia”, <i>Journal of Inter-American Studies and World Affairs</i> 20, 4, noviembre, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200200010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">9. Berry, R. Albert. “Agrarian Structure, Rural Labour Markets, and Trends in Rural Incomes in Latin America”, Urquidi, Victor L. y Trejo, Sa&uacute;l, editores, <i>Human Resources, Employment, and Development</i>, vol. 4, <i>The Problems of Latin America</i>, London, Macmillan Press for the International Economics Association, 1983.</p>     <!-- ref --><p align="justify">10. Berry, R. Albert. “Land Reform and the Adequacy of World Food Production”, Montgomery, John D., editor, <i>International Dimensions of</i> <i>Land Reform</i>, Westview Press, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200200010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Berry, R. Albert. “Agricultural and Rural Policies for the Poor”, Bird, Richard y Horton, Susan, editores, <i>Government Policy and the Poor in Developing Countries</i>, Toronto, University of Toronto Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996200200010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">12. Berry, R. Albert. “Agriculture During the Eighties&rsquo; Recession in Colombia: Potential Versus Achievement”, Cohen, Alvin y Gunder, Frank, editores, <i>The Colombian Economy: Issues of Trade and Development</i>, Boulder, Colorado, Westview Press, 1992.</p>     <p align="justify">13. Berry, R. Albert. <i>Could Agrarian Reform Have Avoided Colombia&rsquo;s Crisis</i>?, mimeo, 1999.</p>     <!-- ref --><p align="justify">14. Berry, R. Albert. “Agrarian Reform, Land Distribution, and Small_Farm Policy as Preventive of Humanitarian Emergencies”, Nafziger, E. Wayne y Vayrynen, Raaimo, editores, <i>The Political Economy of Humanitarian Emergencies</i>, Oxford University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996200200010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Berry, R. Albert y Cline, William R. <i>Agrarian Structure and Productivity in Developing Countries</i>, Baltimore, Johns Hopkins Press, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200200010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Berry, R. Albert; Hellman, Ronald H. y Solaun, Mauricio. <i>Politics of Compromise. Coalition Government in</i> <i>Colombia</i>, Brunswick, New Jersey, Transactions Press, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200200010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Berry, R. Albert y Tenjo, Jaime. “Trade Liberalization, Labour Reform and Income Distribution in Colombia”, Berry, Albert, editor, <i> Poverty, Economic Reforms, and Income Distribution in Latin America</i>, Boulder, Colorado, Lynne Rienner Publishers, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200200010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Binswanger, Hans P. <i>Impact of Government Policies and Legal Provisions on Land Use, Land Value and Agrarian Structure: Analytical Framework, Hypotheses and Terms of Reference</i>, mimeo, Washington, D. C., World Bank, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200200010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Binswanger, Hans B. y Deininger, Klaus. “Explaining Agricultural and Agrarian Policies in Developing Countries”, <i>Journal of Economic Literature</i> 35, diciembre, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200200010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Brown, Marion. “Peasant organizations of Vehicles of Reform”, Dorner, Peter, editor, <i>Land Reform in Latin America</i>, Land Economics, University of Wisconsin–Madison, 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200200010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Carter, Michael, y Mesbah, Dina. “Can Land Market Reform Mitigate the Exclusionary Aspects of Rapid Agro-Export Growth?”, <i>World Development</i> 21, 7, Julio, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200200010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Christodoulou, Demetrios. <i>The Unpromised Land: Agrarian Reform and Conflict Worldwide</i>, London and New Jersey, Zed Books Limited, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200200010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Coatsworth, John H. <i>Central America and the</i> <i>United States</i><i>: Clients and the Colossus</i>, New York, Twayne Publishers, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200200010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Comit&eacute; de Solidaridad con los Presos Pol&iacute;ticos. <i>El libro negro de la represi&oacute;n, Frente Nacional 1958–1974</i>, Bogot&aacute;, Gr&aacute;ficas Mundo Nuevo, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200200010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Comit&eacute; Interamericano de Desarrollo Agr&iacute;cola. <i>Tenencia de la tierra y desarrollo socio-econ&oacute;mico del sector agr&iacute;cola</i>, vol. 1, Washington, 1965.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200200010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Comit&eacute; Estadounidense para Refugiados. <i>La crisis silenciosa de Colombia</i>, Washington, D. C., 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200200010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Cronshaw, Francine. <i>Landowners and Politics in</i> <i>Colombia</i><i> 1923–1948</i>, Ph. D. dissertation, University of New Mexico, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200200010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Deininger. Klaus. “Making Negotiated Land Reform Work: Initial Experience from Colombia, Brazil and South Africa”, <i>World Development</i> 27, 4, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996200200010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. de Janvry, Alain. <i>The Agrarian Question in</i> <i>Latin America</i>, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200200010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. de Janvry, Alain, y Sadoulet, Elisabeth. “Efficiency, Welfare Effects and Political Feasibility of Alternative Antipoverty and Adjustment Programs”, <i>Development Centre Technical Papers</i> 6, Par&iacute;s, Organization for Economic Cooperation and Development, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200200010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. de Janvry, Alain y Sadoulet, Elisabeth. “Path –Dependent Policy Reforms: From Land Reform to Rural Development in Colombia”, Hoff, Karla; Braverman, Avishay y Stiglitz, Joseph E., editores, <i>The Economics of Rural Organization: Theory, Practice and Policy</i>, New York, Oxford University Press, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200200010000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n. <i>Gu&iacute;as para una nueva estrategia</i>, Bogot&aacute;, DNP, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200200010000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n. <i>Estudio de evaluaci&oacute;n de proyectos de adecuaci&oacute;n de tierras –PAT</i>–, Bogot&aacute;, DNP, Unidad de Estudios Agrarios, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200200010000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n –Direcci&oacute;n DRI. <i>El subsector de la peque&ntilde;a producci&oacute;n y el Programa DRI</i>, Bogot&aacute;, DNP, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200200010000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n–Unidad de Estudios Agrarios. <i>Diagn&oacute;stico del subsecctor campesino o tradicional</i>, Bogot&aacute;, DNP, 1982a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200200010000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n. “Experiencias obtenidas en la fase I y recomendaciones para la fase II”, Bogot&aacute;, DNP, Divisi&oacute;n de Evaluaci&oacute;n DRI, mecanografiado, 1982b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200200010000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n. <i>El desarrollo agropecuario en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Editorial Presencia, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200200010000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Diot, Joelle. “Estad&iacute;sticas hist&oacute;ricas: bald&iacute;os, 1931-1973, legislaci&oacute;n y adjudicaciones”, <i>Bolet&iacute;n Mensual de Estad&iacute;stica</i> 296, marzo, Bogot&aacute;, Departamento Administrativo Nacional de Estad&iacute;stica, DANE, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200200010000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Dix, Robert H. <i>Colombia: The Political Dimensions of Change</i>, New Haven, Yale University Press, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996200200010000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Eckstein, Schlomo, Donald, Gordon; Horton, Douglas y Carroll, Thomas. “Land Reform in Latin America ; Bolivia, Chile, Mexico, Peru and Venezuela”, <i>World Bank Staff Working Paper</i> 275, Washington, D. C., World Bank, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996200200010000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Escobar Sierra, Hugo. <i>Las invasiones en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Tercer Mundo, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200200010000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Fajardo M., Dar&iacute;o. <i>Haciendas, campesinos y pol&iacute;ticas agrarias en Colombia, 1920-1980</i>, Universidad Nacional de Colombia, Centro de Investigaciones para el Desarrollo, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200200010000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Fals Borda, Orlando. <i>Historia de la cuesti&oacute;n agraria en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Carlos Valencia Editores, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996200200010000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Gilhod&eacute;s, Pierre. <i>La question agraire en Colombie, 1958-1971</i>, Par&iacute;s, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996200200010000300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Gordillo, Gustavo; de Janvry, Alain y Sadoulet, Elisabeth. “Between political control and efficiency gains: the evolution of agrarian property rights in Mexico”, <i>CEPAL Review</i> 66, diciembre, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200200010000300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Handy, Jim. <i>Revolt in the Countryside: Rural Conflict and Agrarian Reform in</i> <i>Guatemala</i><i>, 1944-1954</i>, University of North Carolina Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200200010000300046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">47. Hartford, Kathleen y Goldstein, Steven M., editors. <i>Single</i> <i>Sparks</i><i>:</i> <i>China</i><i>&rsquo;s Rural Revolutions</i>, M. E. Sharpe, 1989.</p>     <!-- ref --><p align="justify">48. Hayami, Yujiro y Ruttan, Vernon. <i>Agricultural Development: An International Perspective</i>, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996200200010000300048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Hirschman, Albert O. “Land Use and Land Reform in Colombia”, <i>Journeys Towards Progress</i>, Nueva York, Garden City, 1965.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996200200010000300049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Horowitz, A. W. “Time Paths of Land Reform: A Theoretical Model of Reform Dynamics”, <i>American Economic Review</i> 83, 4, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996200200010000300050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Ho, Samuel P. S. “Decentralized Industrialization in Rural Development: Evidence from Taiwan”, <i>Economic Development and Cultural Change</i> 28, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200200010000300051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Hollinger, Frank. <i>Reforma agraria a trav&eacute;s del mercado: Lecciones de</i> <i>Colombia</i>, Bogot&aacute;, Centro de Estudios Ganaderos y Agr&iacute;colas, CEGA, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996200200010000300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. IICA–CIRA. <i>Anotaciones preliminares para el an&aacute;lisis del estado de la reforma agraria en Colombia</i>,  Bogot&aacute;, Informe para la FAO, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996200200010000300053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">54. IICA–OEA e Incora. <i>An&aacute;lisis de las empresas comunitarias campesinas en Colombia</i>, Bogot&aacute;, INCORA, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996200200010000300054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">55. INCORA. <i>La realidad rural y la reforma agraria como factor de cambio</i>, Bogot&aacute;, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996200200010000300055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">56. INCORA. <i>Las empresas comunitarias en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Divisi&oacute;n de Asentamientos Campesinos, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-5996200200010000300056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">57. International Bank for Reconstruction and Development. <i>The Basis of a Development Program for Colombia</i>, Report of a Mission headed by Lauchlin Currie, Baltimore, 1950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996200200010000300057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">58. Jaramillo, Carlos Felipe. <i>Liberalization, Crisis and Change in Colombian Agriculture</i>, Boulder, Colorado, Westview Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996200200010000300058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">59. Jim&eacute;nez, Michael Francis. <i>The Limits of Export Captialism. Economic Structure, Class, and Politics in a</i> <i>Colombian</i> <i>Coffee</i> <i>Municipality</i><i>, 1900-1930</i>, Ph.D. dissertation, Harvard University, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996200200010000300059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">60. Kafka, Alexandre. “The Theoretical Interpretation of Latin American Economic Development”, Ellis, Howard S. y Wallich, Henry C., editores, <i>Economic Development for Latin America</i>, Londres, Macmillan and Co. Ltd., 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-5996200200010000300060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">61. Kalmanovitz, Salom&oacute;n. <i>La agricultura en Colombia, 1950–70</i>, Bogot&aacute;, DANE, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996200200010000300061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62. Kalmanovitz, Salom&oacute;n. “Desarrollo capitalista en el campo colombiano”, <i>Colombia hoy</i>, tercera edici&oacute;n, Bogot&aacute;, 1978a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-5996200200010000300062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">63. Kalmanovitz, Salom&oacute;n. <i>El desarrollo de la agricultura en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Carlos Valencia Editores, 1978b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0124-5996200200010000300063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">64. King, Russell. <i>Land Reform: A World Survey</i>, Londres, G. Bell and Sons, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0124-5996200200010000300064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. Lacroix, Richard L. J. “Integrated Rural Development in Latin America”, <i>World Bank Working Paper</i> 716, Washington, D. C., 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0124-5996200200010000300065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">66. Ladejinsky, Wolf. <i>Agrarian Reform as Unfinished Business: the Selected Papers of Wolf Ladelinsky</i>, Nueva York, Oxford University Press for the World Bank, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0124-5996200200010000300066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">67. Lee, Eddy. “Egalitarian Peasant Farming and Rural Development: The Case of South Korea”, Ghai, Dharam y Radwan, Samir, editores, <i>Agrarian Policies and Rural Poverty in Africa</i>, Geneva, International Labour Office, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0124-5996200200010000300067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">68. Lee, Teng-Hui y Chen, Yueh-eh. “Agricultural Growth in Taiwan, 1911-1972”, Hayami, Y.; Ruttan, V. y Southworth, H., editores, <i>Agricultural Growth in Javan, Taiwan, Korea and the Philippines</i>, Honolulu, University Press of Hawaii, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0124-5996200200010000300068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">69. Legrand, Catherine. <i>Frontier Expansion and Peasant Protest in Colombia, 1850-1936</i>, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0124-5996200200010000300069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">70. Lipton, Michael. “Land Reform as Unfinished Business: The Evidence Against Stopping”, <i>World Development</i> 21, 4, abril, 1993a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0124-5996200200010000300070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">71. Lipton, Michael. <i>Land Reform</i>, Londres, Routledge, 1993b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0124-5996200200010000300071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">72. Londo&ntilde;o, Juan Luis. “Social Rifts in Colombia”, <i>CEPAL Review</i> 61, abril, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0124-5996200200010000300072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">73. Londo&ntilde;o, Juan Luis. <i>Distribuci&oacute;n del ingreso y desarrollo econ&oacute;mico: Colombia en el siglo XX</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, Banco de la Rep&uacute;blica y Fedesarrollo, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0124-5996200200010000300073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">74. L&oacute;pez, Alejandro. <i>Problemas colombianos</i>, Par&iacute;s, 1927.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0124-5996200200010000300074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">75. L&oacute;pez, Luis P. “Cien a&ntilde;os de la evoluci&oacute;n de la tenencia de la tierra en Colombia. 1884–1984”, <i>Revista de la Universidad Externado de Colombia</i> 2, Bogot&aacute;, junio, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0124-5996200200010000300075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">76. L&oacute;pez, Ram&oacute;n y Vald&eacute;s, Alberto. “Determinants of Rural Poverty in Colombia”, L&oacute;pez, Ram&oacute;n y Vald&eacute;s, Alberto, editores, <i>Rural Poverty in Latin America</i>, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0124-5996200200010000300076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">77. Machado C., Absal&oacute;n, coordinador. <i>Problemas agrarios colombianos</i>, Bogot&aacute;, Siglo XXI Editores –CEGA, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0124-5996200200010000300077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">78. Madrid Malo, N&eacute;stor. “G&eacute;nesis e ineficacia de la reforma sobre tierras”, <i>Revista Trimestral de Cultura Moderna</i>, Universidad Nacional de Colombia, 1944.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0124-5996200200010000300078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">79. Maingot, Anthony. <i>Colombia: Civil–Military Relations in a Political Culture of Conflict</i>, unpublished Ph. D. dissertation, University of Florida, Department of History, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0124-5996200200010000300079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">80. Melmed–Sanjak, Jolyne S. y Carter, Michael R. “The Economic Viability and Stability of ‘Capitalised Family Farming&rsquo;: An Analysis of Agricultural Decollectivisation in Peru”, <i>Journal of Peasant Studies</i> 17, 2, 1996.</p>     <!-- ref --><p align="justify">81. Ministerio de Agricultura y Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n. <i>El desarrollo agropecuario en Colombia: Informe Final Misi&oacute;n de Estudios del Sector Agropecuario</i>, Bogot&aacute;, Editorial Presencia, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0124-5996200200010000300081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">82. Moncayo, V&iacute;ctor Manuel. “Pol&iacute;tica agraria y desarrollo capitalista”, Machado, Absal&oacute;n, coordinador, <i>Problemas agrarios colombianos</i>, Bogot&aacute;, Siglo XXI Editores–CEGA, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0124-5996200200010000300082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">83. Montgomery, John D. “United States Advocacy of International Land Reform”, John Montgomery, editor, <i>International Dimensions of Land Reform</i>, Westview Press, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0124-5996200200010000300083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">84. Nafziger, E. Wayne y Vayrynen Raaimo, editores. <i>The Political Economy of Humanitarian Emergencies</i>, Oxford University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0124-5996200200010000300084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">85. Nelson, Michael. <i>The Development of Tropical Lands: Policy Issues in</i> <i>Latin America</i>, Baltimore, The Johns Hopkins University Press for Resources for the Future, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0124-5996200200010000300085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">86. Ocampo J. A.; P&eacute;rez, M. J.; Tovar, C. y Lasso, F. S. “Macroeconom&iacute;a, ajuste estructural y equidad en Colombia: 1978-1996”, <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i>, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0124-5996200200010000300086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">87. Oquist, Paul. <i>Conflict and Politics in</i> <i>Colombia</i>, Nueva York, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0124-5996200200010000300087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">88. Ortiz Sarmiento, C. M. “Historiograf&iacute;a de la violencia”, <i>La historia al final del milenio. Ensayos de historiograf&iacute;a colombiana y latinoamericana</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0124-5996200200010000300088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">89. Palacios, Marco. <i>Coffee in Colombia</i>. <i>1850–1970: An Economic, Social and Political History</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0124-5996200200010000300089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">90. Perry, Santiago. <i>La crisis agraria en Colombia: 1950–1980</i>, segunda edici&oacute;n, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora Editores, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0124-5996200200010000300090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">91. Prosterman, Roy L. y Riedinger, Jeffrey M. <i>Land Reform and Democratic Development</i>,  Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0124-5996200200010000300091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">92. Prosterman, Roy L.; Temple, Mary N. y Hanstad, Timothy M., editores. <i>Agrarian Reform and Grassroots Development: Ten Case Studies</i>, Boulder, Colorado, Lynne Rienner Publishers, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0124-5996200200010000300092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">93. Ranis G. y Stewart, F. “Rural Linkages in the Philippines and Taiwan”, Stewart, F., editor, <i>Macro-Policies for Appropriate Technology in Developing Countries</i>, Boulder, Colorado, Westview Press, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0124-5996200200010000300093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">94. Rivera Cusicanqui, Silvia. <i>The Politics and Ideology of the Colombian Peasant Movement: The Case of ANUC, National Association of Peasant Smallholders</i>, Geneva, United Nations Research Institute for Social Development, UNRISD, Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular, Cinep, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0124-5996200200010000300094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">95. Safford, Frank. “Agrarian Systems and the State: The Case of Colombia”, Huber, Evelyne y Safford, Frank, editores, <i>Agrarian Structure and Political Power: Landlord and Peasant in the Making of the State</i>, Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0124-5996200200010000300095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">96. Samper Gnecco, Armando. “La reforma agraria en la encrucijada”, <i>El Espectador</i>, 10 de noviembre, 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0124-5996200200010000300096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">97. S&aacute;nchez, Gonzalo. <i>Las ligas campesinas en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Tiempo Presente, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0124-5996200200010000300097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">98. S&aacute;nchez, Gonzalo. “La Violencia in Colombia: New research, new questions”, <i>Hispanic American Historical Review</i> 65, 4, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0124-5996200200010000300098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">99. Sarmiento, Eduardo. “Econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico”, Arrieta, Carlos G. AA.VV., editores, <i>Narcotr&aacute;fico en Colombia. Dimensiones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas, jur&iacute;dicas e internacionales</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores-Ediciones Uniandes, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0124-5996200200010000300099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">100. Sen, Amartya K. <i>Poverty and Famines</i>, Oxford, Clarendon Press, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0124-5996200200010000300100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">101. Siabato, Tarsicio. “Perspectivas de la econom&iacute;a campesina”, Machado, Absal&oacute;n, coordinador, <i>Problemas agrarios colombianos</i>, Bogot&aacute;, Siglo XXI Editores-CEGA, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0124-5996200200010000300101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">102. Thoumi, Francisco. <i>Econom&iacute;a pol&iacute;tica y narcotr&aacute;fico</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0124-5996200200010000300102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">103. Tirado Mej&iacute;a, &Aacute;lvaro. “Violence and the State in Colombia”, Eduardo Posada-Carb&oacute;, editor, <i>Colombia: the Politics of Reforming the State</i>, Macmillan Press Ltd., Institute of Latin American Studies, University of London, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0124-5996200200010000300103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">104. Tob&oacute;n, Alonso. <i>La tierra y la reforma agraria en Colombia</i>, Bogot&aacute;, La Oveja Negra, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0124-5996200200010000300104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">105. Turits, Richard L. <i>The Foundations of Despotism: Peasants, Property, and the</i> <i>Trujillo</i> <i>Regime. 1930–61</i>, unpublished Ph. D. dissertation, University of Chicago, Department of History, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0124-5996200200010000300105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">106. Uribe Echeverri, Carlos. <i>Nuestro problema, producir</i>, Madrid, 1936.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0124-5996200200010000300106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">107. Vallejo, Mej&iacute;a, Hern&aacute;n. <i>Anales del Congreso</i>, 20 de agosto de 1974, A&ntilde;o XVII, 19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0124-5996200200010000300107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">108. 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