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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA POLÍTICA MONETARIA Y LA CORTE CONSTITUCIONAL: EL CASO DEL SALARIO MÍNIMO<a name=nast></a>]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In 1999 the Colombian Constitutional Court ruled that annual minimum wage increases should not be lower than the inflation of the previous year. This article explores the impact of this decision on the effectiveness of monetary policy, and shows that the obligation to adjust the salary to past inflation leads monetary policy to have more effect on real activity and generates more persistent inflation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>LA POL&Iacute;TICA MONETARIA Y LA CORTE CONSTITUCIONAL: EL CASO DEL SALARIO M&Iacute;NIMO<a name="nast"></a><a href="#ast">*</a></b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>    <p align="center"><b>MONETARY POLICY AND CONSTITUTIONAL COURT: THE MINIMUM WAGE CASE</b></p>     <p>    <br>    <br></p>    <p><i>Marc Hofstetter</i>**</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">** Profesor de la Facultad de Econom&iacute;a y el CEDE de la Universidad de los Andes. <a href="mailto:mahofste@uniandes.edu.co">mahofste@uniandes.edu.co</a> Fecha de recepci&oacute;n: 8 de junio de 2005, fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de marzo de 2006. </p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: pol&iacute;tica monetaria, Corte Constitucional, salario m&iacute;nimo, inflaci&oacute;n; jel : E31, E32, E51, E58, K31] </p>     <p align="justify"><b> </b>En 1999 la Corte Constitucional de Colombia determin&oacute; que los incrementos del salario m&iacute;nimo no pod&iacute;an ser menores que la inflaci&oacute;n anterior. Este art&iacute;culo examina el impacto de esta decisi&oacute;n sobre la efectividad de la pol&iacute;tica monetaria, y muestra que la obligaci&oacute;n de ajustar el salario teniendo en cuenta los precios anteriores lleva a que la pol&iacute;tica monetaria tenga mayor efecto sobre la actividad real y a que la inflaci&oacute;n sea m&aacute;s persistente. </p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: monetary policy, Constitutional Court , minimum salary, inflation; jel : E31, E32, E51, E58, K31 ] </p>     <p align="justify">In 1999 the Colombian Constitutional Court ruled that annual minimum wage increases should not be lower than the inflation of the previous year. This article explores the impact of this decision on the effectiveness of monetary policy, and shows that the obligation to adjust the salary to past inflation leads monetary policy to have more effect on real activity and generates more persistent inflation.</p> <hr> </font>     <blockquote>    <p align="right"><font size="2" face="Verdana">Vulnerar&iacute;a la Constituci&oacute;n una disposici&oacute;n legal que obligara al Gobierno a plasmar los aumentos peri&oacute;dicos del salario m&iacute;nimo sobre la &uacute;nica base de la inflaci&oacute;n calculada, prevista o programada para el siguiente a&ntilde;o, con olvido de la inflaci&oacute;n real que ha tenido lugar en el a&ntilde;o precedente y que efectivamente ha afectado los ingresos de los trabajadores [...] [E]l ajuste salarial que decrete [el gobierno] nunca podr&aacute; ser inferior al porcentaje del IPC del a&ntilde;o que expira!    <br>     Corte Constitucional de Colombia, 1999.</font></p> </blockquote> <font face="Verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El a&ntilde;o de 1999 fue at&iacute;pico en la macroeconom&iacute;a colombiana. El crecimiento del PIB fue negativo por primera vez en la segunda mitad del siglo XX, y el desempleo urbano se dispar&oacute; alcanzando una tasa del 18%<a name="n1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup>. El proceso desinflacionario que se inici&oacute; a comienzos de la d&eacute;cada, con la independencia del Banco de la Rep&uacute;blica, se aceler&oacute; para llegar a una tasa de inflaci&oacute;n de un d&iacute;gito, resultado que rompi&oacute; con una tradici&oacute;n de inflaciones de dos d&iacute;gitos de m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. En medio de una crisis econ&oacute;mica sin precedentes en la historia reciente, y en un contexto desinflacionario, la metodolog&iacute;a para ajustar los salarios nominales adquiri&oacute; una mayor relevancia.</p>     <p align="justify"> Una de las manifestaciones que ilustran la sensibilidad que despert&oacute; el tema del ajuste salarial es la demanda de inconstitucionalidad contra el art&iacute;culo 8.&deg; de la Ley 278 de 1996 que describe el tr&aacute;mite y las variables que se deben tener en cuenta para determinar el incremento del salario m&iacute;nimo al final de cada a&ntilde;o:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Art&iacute;culo 8.&deg; Las decisiones de la Comisi&oacute;n [Comisi&oacute;n Permanente de Concertaci&oacute;n de Pol&iacute;ticas Salariales y Laborales creada por el art&iacute;culo 56 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica] ser&aacute;n adoptadas por consenso. El voto de cada sector representativo ser&aacute; el de la mayor&iacute;a de sus miembros.</p>       <p align="justify">Par&aacute;grafo. Para la fijaci&oacute;n del salario m&iacute;nimo, la Comisi&oacute;n deber&aacute; decidir a m&aacute;s tardar el quince (15) de diciembre. Si no es posible concertar, la parte o partes que no est&aacute;n de acuerdo deben, obligatoriamente, explicar por escrito las razones de la salvedad dentro de las cuarenta y ocho (48) horas siguientes. Las partes tienen la obligaci&oacute;n de estudiar esas salvedades y fijar su posici&oacute;n frente a ellas en el t&eacute;rmino de las siguientes cuarenta y ocho (48) horas. De nuevo, la Comisi&oacute;n se deber&aacute; reunir para buscar el consenso seg&uacute;n los elementos de juicio que se hubieren allegado antes del treinta (30) de diciembre.</p>       <p align="justify">Cuando definitivamente no se logre el consenso en la fijaci&oacute;n del salario m&iacute;nimo, para el a&ntilde;o inmediatamente siguiente, a m&aacute;s tardar el treinta (30) de diciembre de cada a&ntilde;o, el Gobierno lo determinar&aacute; teniendo en cuenta como par&aacute;metros la meta de inflaci&oacute;n del siguiente a&ntilde;o fijada por la Junta del Banco de la Rep&uacute;blica y la productividad acordada por el comit&eacute; tripartito de productividad que coordina el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social; adem&aacute;s, la contribuci&oacute;n de los salarios al ingreso nacional, el incremento del producto interno bruto (PIB) y el &iacute;ndice de precios al consumidor (IPC).</p> </blockquote>     <p align="justify">En esencia, la demanda se refer&iacute;a al peso relativo de la inflaci&oacute;n esperada frente a la pasada en el c&aacute;lculo del ajuste salarial. Para la demandante, un incremento del salario m&iacute;nimo basado en la inflaci&oacute;n esperada &ndash;par&aacute;metro que el gobierno prefiri&oacute; en los ajustes anteriores&ndash; va contra los intereses de los trabajadores pues reduce su salario real.</p>     <p align="justify"> Es evidente que ese argumento s&oacute;lo tiene validez en un contexto desinflacionario en el cual el incremento de la inflaci&oacute;n esperada es menor que el de la inflaci&oacute;n pasada. No es casual que la demanda se haya presentado durante el proceso desinflacionario de finales de los noventa, cuando la desinflaci&oacute;n se hizo m&aacute;s abrupta y la distancia entre los dos par&aacute;metros se ampli&oacute;. Curiosamente, la Corte Constitucional no parece haber notado que un ajuste salarial basado en la inflaci&oacute;n esperada s&oacute;lo reduce el salario real en un contexto de desinflaci&oacute;n:</p>     <blockquote>    <p align="justify">la Corte considera que, si el indicado par&aacute;metro de la meta de inflaci&oacute;n proyectada para el a&ntilde;o siguiente fuese el &uacute;nico que ha de considerar el Gobierno para motivar su decisi&oacute;n supletoria sobre salario m&iacute;nimo, la norma ser&iacute;a inconstitucional, como lo sostiene la actora, ya que implicar&iacute;a una orden legal impartida al Gobierno para disminuir peri&oacute;dicamente, en t&eacute;rminos reales, el salario de los trabajadores colombianos (Corte Constitucional. Sentencia C-815 de 1999). </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ante la demanda de inconstitucionalidad del art&iacute;culo mencionado y utilizando el argumento citado, entre otros, la Corte declar&oacute; exequible el art&iacute;culo, a condici&oacute;n de que el ajuste salarial no fuera inferior a la inflaci&oacute;n pasada<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>.</p>     <p align="justify"> &iquest;Cu&aacute;les son las consecuencias macroecon&oacute;micas de imponer tal regla de ajuste salarial? &iquest;Qu&eacute; implicaciones tiene este fallo sobre la efectividad de la pol&iacute;tica monetaria? El presente art&iacute;culo aborda estas preguntas en el marco de un modelo macroecon&oacute;mico sencillo que recoge el elemento fundamental de la decisi&oacute;n de la Corte: una rigidez externa (y extrema) al ajuste de salarios. Esta rigidez tiene profundas consecuencias a la hora de responder esas preguntas, como se ver&aacute; a lo largo del art&iacute;culo. En particular, se mostrar&aacute; que la pol&iacute;tica monetaria tiene efectos sobre el nivel de actividad real, aunque los cambios de pol&iacute;tica sean anunciados, gocen de credibilidad perfecta y todos los salarios se ajusten simult&aacute;neamente. En otras palabras, aun en el caso de una econom&iacute;a que cumpla los supuestos cl&aacute;sicos m&aacute;s tradicionales <i>&agrave; la</i> Sargent y Wallace (1975), la imposici&oacute;n de un ajuste salarial con base en la inflaci&oacute;n pasada implica que la pol&iacute;tica monetaria tiene efectos persistentes sobre la actividad real. En t&eacute;rminos m&aacute;s generales, se mostrar&aacute; que los impactos de la pol&iacute;tica monetaria sobre la actividad real y la persistencia de la inflaci&oacute;n son una funci&oacute;n positiva del peso de los precios pasados en el ajuste salarial. Adem&aacute;s, se mostrar&aacute; que en el caso de una deflaci&oacute;n pura la pol&iacute;tica monetaria puede tener efectos permanentes sobre variables reales (en la jerga de los macroeconomistas, que puede haber hist&eacute;resis).</p>     <p align="justify"> A ra&iacute;z de varios fallos de la Corte relacionados con pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha desatado un debate (que para algunos es entre abogados y economistas) sobre el peso que deber&iacute;a asignarle la Corte a las consideraciones sobre el contexto econ&oacute;mico y las restricciones presupuestales frente a los derechos constitucionales. Este escrito se enmarca en este debate y pretende, con ayuda de herramientas formales que utilizan los economistas, contribuir a esclarecer los alcances, a veces inusitados, de los fallos constitucionales que tienen implicaciones econ&oacute;micas. Para facilitar el di&aacute;logo entre abogados y economistas, se ha intentado modelar la econom&iacute;a de la manera m&aacute;s simple posible, manteniendo un nivel m&iacute;nimo de rigor metodol&oacute;gico.</p>     <p align="justify"> El art&iacute;culo se divide en cuatro secciones. La primera revisa los antecedentes econ&oacute;micos del fallo constitucional y presenta varias estad&iacute;sticas relacionadas con el tema. La segunda describe el modelo macroecon&oacute;mico, y la tercera presenta varias simulaciones que ilustran el impacto real de la rigidez introducida por el fallo constitucional. En la &uacute;ltima, se presentan las conclusiones.</p>     <p align="justify"><b>ANTECEDENTES</b></p>     <p align="justify">A diferencia de lo que sucede en pa&iacute;ses como Estados Unidos, el salario m&iacute;nimo es una variable relevante en la econom&iacute;a colombiana. En efecto, el 24% de los asalariados devengan un salario m&iacute;nimo mensual o menos, mientras que en Estados Unidos no llega al 3%<a name="n3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>. Adem&aacute;s, estudios sobre Am&eacute;rica Latina y sobre Colombia muestran que los ajustes del salario m&iacute;nimo afectan la distribuci&oacute;n de salarios<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>. De acuerdo con Arango y Pach&oacute;n (2004), los salarios m&iacute;nimos afectan la distribuci&oacute;n de salarios en el sector formal y en el informal, actuando como &ldquo;numerario&rdquo; de los contratos laborales. De modo que la metodolog&iacute;a que se utilice para incrementarlos tiene implicaciones sobre un porcentaje muy importante de la fuerza laboral colombiana.</p>     <p align="justify"> Como se mencion&oacute; al comienzo, el debate alrededor de la metodolog&iacute;a para ajustar el salario m&iacute;nimo tom&oacute; fuerza en los noventa, per&iacute;odo de desinflaci&oacute;n larga y lenta. En 1991 la inflaci&oacute;n alcanz&oacute; un pico del 30,4%<sup><a href="#5">5</a><a name="n5"></a></sup>. De ah&iacute; en adelante, el Banco Central &ndash;independiente desde la Constituci&oacute;n de ese mismo a&ntilde;o&ndash; encabez&oacute; los esfuerzos desinflacionarios que la redujeron a niveles de un d&iacute;gito a partir de 2000.</p>     <p align="justify"><a href="#vg1">Gr&aacute;fica 1</a><a name="g1"></a>    <br>   Salario m&iacute;nimo e IPC (variaciones porcentuales)     <p align="justify">  <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g1.jpg" width="478" height="277">       ]]></body>
<body><![CDATA[<br><font size="1">Fuente: IFS (FMI) y Ministerio de Protecci&oacute;n Social.</font></p>     <p align="justify"> La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a><a name="vg1"></a> muestra la inflaci&oacute;n anual y el crecimiento del salario nominal desde 1985 hasta 2004. Es evidente que las variaciones de los precios y salarios nominales se han movido de manera coincidente en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Llama la atenci&oacute;n que el crecimiento en los salarios fue inferior a la inflaci&oacute;n durante varios a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los noventa, hecho que desencaden&oacute; la demanda mencionada.    <br>   Las consecuencias de estos ajustes se aprecian mejor observando el salario m&iacute;nimo real, que se presenta en la <a name="vg2"></a><a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>. </p>     <p align="justify"><a href="#vg2">Gr&aacute;fica 2</a><a name="g2"></a>    <br>   Salario m&iacute;nimo real (1999=100)*</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g2.jpg" width="478" height="288">       <br><font size="1">* El salario m&iacute;nimo real est&aacute; normalizado para que el dato de 1999 sea igual a 100.    <br>     Fuente: c&aacute;lculos del autor con datos del IFS y del Ministerio de Protecci&oacute;n Social.</font></p>     <p align="justify">Esta gr&aacute;fica pone de manifiesto las tensiones que derivaron en la demanda de inconstitucionalidad contra la metodolog&iacute;a para ajustar el salario m&iacute;nimo. En efecto, durante la d&eacute;cada de los noventa el salario real estuvo por debajo de los promedios de la segunda mitad de los ochenta. Un par de estad&iacute;sticas ilustran este punto: el salario real promedio entre 1984 y 1990 fue de 101,5 mientras que en el per&iacute;odo 1991-1999 cay&oacute; a 95,7, una brecha considerable, pues la distancia es de casi el 6% en t&eacute;rminos reales, y se extendi&oacute; durante una d&eacute;cada<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p align="justify"> El salario real promedio se ha recuperado en los primeros a&ntilde;os del siglo XXI. Esto no debe sorprender, pues la regla impuesta por la Corte garantiza que el salario <i>real</i> se incremente a&ntilde;o a a&ntilde;o, <i>siempre y cuando</i> la inflaci&oacute;n est&eacute; bajando, como ha sido el caso en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Si alg&uacute;n d&iacute;a cambia la tendencia o si la inflaci&oacute;n se estabiliza (el escenario m&aacute;s probable), podemos esperar una nueva ronda de tensiones alrededor de la metodolog&iacute;a decidida por la Corte.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Finalmente, la <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a><a name="vg3"></a> muestra el crecimiento del salario real y el crecimiento real del PIB. Un an&aacute;lisis detallado del comportamiento de estas dos variables rebasa los objetivos de este art&iacute;culo. Sin embargo, hay un par de hechos que llaman la atenci&oacute;n y que futuras investigaciones deber&iacute;an abordar. Por un lado, hasta 1998, el crecimiento de la econom&iacute;a y el del salario real se mueven en la misma direcci&oacute;n, lo que sugiere que el salario real es proc&iacute;clico. La correlaci&oacute;n entre las dos variables (hasta 1998) es de 0,3. Por otro lado, el a&ntilde;o 1999, punto de partida de nuestra discusi&oacute;n, es at&iacute;pico y parece marcar el inicio de una nueva tendencia. La econom&iacute;a decreci&oacute; de forma importante y el salario real se increment&oacute; en casi el 6%. Este aumento del salario real se explica por la sorpresiva desinflaci&oacute;n de ese a&ntilde;o, que produjo una gran diferencia entre la inflaci&oacute;n anticipada y la que ocurri&oacute; efectivamente. Lo peculiar es que desde entonces el salario real se vuelve contrac&iacute;clico. La correlaci&oacute;n entre las variables &ldquo;cay&oacute;&rdquo; a -0,92 para el per&iacute;odo 1999-2004.    <br>       <br>   <a href="#vg3">Gr&aacute;fica 3</a><a name="g3"></a>    <br>   Salario m&iacute;nimo real y PIB real (variaciones porcentuales)</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g3.jpg" width="478" height="287">       <br><font size="1">Fuente: c&aacute;lculos del autor con datos del DANE, IFS y Ministerio de Protecci&oacute;n Social.</font></p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de presentar algunos antecedentes macroecon&oacute;micos y se&ntilde;alar la importancia de la regla que fija el salario m&iacute;nimo, pasamos a plantear un modelo que permita estudiar las consecuencias de la decisi&oacute;n de la Corte sobre la efectividad de la pol&iacute;tica monetaria.</p>     <p align="justify"><b>EL MODELO</b></p>     <p align="justify">El objetivo es construir un modelo que contenga &uacute;nicamente los elementos esenciales, dados los antecedentes y los objetivos del trabajo. En particular, debe incorporar una regla de ajuste salarial que pondere el peso de los precios pasados y futuros. Adem&aacute;s, debe contener un mecanismo simple para analizar el impacto de pol&iacute;ticas monetarias sobre el producto, la inflaci&oacute;n y el salario real.</p>     <p align="justify"> En su versi&oacute;n m&aacute;s simple, que se presenta en la primera subsecci&oacute;n, el modelo considera el caso en que todos los salarios se ajustan de manera simult&aacute;nea. Es posible que esta propiedad sea adecuada para el caso colombiano, pues los ajustes del salario m&iacute;nimo se suelen hacer a partir del 1.&deg; de enero<a name="n7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup>. En la segunda subsecci&oacute;n, introducimos una rigidez nominal a trav&eacute;s de salarios traslapados. Como se ver&aacute;, esta rigidez incrementa la magnitud de los efectos, pero no es esencial para entender los resultados cualitativos de este estudio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>M<small>ODELO CON AJUSTE SINCRONIZADO DE LOS SALARIOS</small></b></p>     <p align="justify">El modelo tiene tres pilares que se describen a continuaci&oacute;n. El primero es la ecuaci&oacute;n de negociaci&oacute;n salarial:</p> <table width="540" border="0">   <tr>     <td width="281"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e1.jpg" width="234" height="24"></td>     <td width="249">    <p align="right"><font size="2">(1)</font></p></td>   </tr> </table>     <p align="justify">donde <sub>t-1</sub>w<sub>t</sub> es el salario fijado al final del per&iacute;odo t-1 para el per&iacute;odo t; E<sub>t-1</sub>p<sub>t</sub> es el valor esperado de los precios en el per&iacute;odo t dada la informaci&oacute;n disponible en el per&iacute;odo t-1; p<sub>t-1</sub> es el nivel de precios del per&iacute;odo t-1 y <font face="Symbol">g </font>es un par&aacute;metro positivo, tal que <font face="Symbol">g &Icirc;</font>  [0, 1]. Se suponen expectativas racionales y las variables est&aacute;n en logaritmos.</p>     <p align="justify"> El salario se ajusta de acuerdo con una ponderaci&oacute;n entre lo que pas&oacute; con los precios en el per&iacute;odo anterior y lo que se espera de los precios en el per&iacute;odo durante el cual tendr&aacute; vigencia el salario. Los dos valores extremos de <font face="Symbol">g</font>  tienen interpretaciones relevantes: si <font face="Symbol">g</font>  = 1, el salario se ajusta incorporando &uacute;nicamente el comportamiento pasado de los precios, lo cual se puede asociar al mandato de la Corte<sup><a name="n8"></a><a href="#8">8</a></sup>. Si <font face="Symbol">g</font> = 0, la negociaci&oacute;n salarial es funci&oacute;n exclusiva del valor esperado de los precios, es decir, se ignora el comportamiento pasado de los precios. Esto se puede asociar a la metodolog&iacute;a que defendi&oacute; el gobierno antes del fallo de 1999.</p>     <p align="justify"> La segunda parte del modelo captura la oferta agregada:</p> <table width="540" border="0">   <tr>     <td width="267"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e2.jpg" width="156" height="24"></td>     <td width="263">    <p align="right"><font size="2">(2)</font></p></td>   </tr> </table>     <p align="justify">donde y<sub>t</sub> es el ingreso real y u<sub>t</sub> es un choque estoc&aacute;stico ruido blanco. Esta ecuaci&oacute;n corresponde a una funci&oacute;n de oferta agregada t&iacute;pica en modelos con expectativas racionales; la oferta es una funci&oacute;n negativa del salario real de la econom&iacute;a<sup><a name="n9"></a><a href="#9">9</a></sup>.    <br>   La &uacute;ltima parte del modelo es la demanda agregada. Para los fines del trabajo incorporamos una versi&oacute;n simple, que permite medir el impacto de pol&iacute;ticas monetarias sobre la actividad econ&oacute;mica:</p> <table width="540" border="0">   <tr>     <td width="273"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e3.jpg" width="124" height="24"></td>     <td width="257">    <p align="right"><font size="2">(3)</font></p></td>   </tr> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">donde m<sub>t</sub> es la oferta de dinero (en logaritmos) y v<sub>t</sub> es un choque ruido blanco. Esta ecuaci&oacute;n se puede interpretar como una demanda agregada deducida de la teor&iacute;a cuantitativa del dinero. Sin importar que esta sea la interpretaci&oacute;n escogida o que se prefiera entender a m<sub>t</sub> como una variable que captura otros choques que afectan a la demanda agregada, aqu&iacute; suponemos que es ex&oacute;gena. De hecho, estudiaremos el impacto de los cambios en m<sub>t</sub> sobre el producto, el salario real y la inflaci&oacute;n, e interpretaremos los choques sobre m<sub>t</sub>  como decisiones del Banco de la Rep&uacute;blica.</p>     <p align="justify"> Soluci&oacute;n: con los m&eacute;todos de soluci&oacute;n tradicionales en la literatura de modelos con expectativas racionales, se obtiene el producto de equilibrio de la econom&iacute;a:</p> <table width="540" border="0">   <tr>     <td width="411"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e4.jpg" width="384" height="36"></td>     <td width="119">    <p align="right"><font size="2">(4)</font></p></td>   </tr> </table>     <p align="justify">donde e<sub>t</sub> es una sorpresa monetaria, e<sub>t</sub> = m<sub>t</sub> &ndash; E<sub>t-1</sub>m<sub>t</sub>.</p>     <p align="justify">Si <font face="Symbol">g</font> = 0, es decir, si los salarios se ajustan mirando hacia el futuro, tenemos un modelo con expectativas racionales, sin rigideces y precios flexibles (los salarios se ajustan de manera sincronizada, lo que equivale a suponer perfecta flexibilidad de precios). Estos son los elementos cl&aacute;sicos que sustentan el resultado de Sargent y Wallace (1975) donde &uacute;nicamente las sorpresas (que pueden ser monetarias) tienen un efecto sobre la actividad real.</p>     <p align="justify"> Si <font face="Symbol">g</font> &gt; 0 las cantidades anticipadas de dinero y las cantidades de dinero del per&iacute;odo anterior tienen efectos reales. El modelo predice que persistir&aacute;n los efectos iniciales del choque, pues el producto rezagado hace parte de la soluci&oacute;n. La interpretaci&oacute;n intuitiva de estos resultados es simple: ante un choque sobre la econom&iacute;a los agentes modifican sus expectativas de precios esperados e incorporan esto en la regla de negociaci&oacute;n laboral. Pero como el fallo constitucional los obliga a incorporar los precios pasados en la regla de ajuste salarial, no es posible mantener los salarios reales constantes y, por tanto, el mercado laboral y el producto de la econom&iacute;a regresan al equilibrio con lentitud.</p>     <p align="justify"> En resumen, los choques, sorpresivos o anticipados, tienen efectos reales y persistentes si las reglas de juego obligan a ajustes salariales que tienen en cuenta el IPC anterior. Este resultado se obtiene a pesar de que estamos en un modelo con expectativas racionales y donde los salarios se ajustan de manera sincronizada (precios flexibles).</p>     <p align="justify"><b>M<small>ODELO CON AJUSTE TRASLAPADO DE LOS SALARIOS</small></b></p>     <p align="justify">Al modelo anterior se le puede incorporar una rigidez de precios, para que los salarios se ajusten con traslapos y los contratos duren dos per&iacute;odos. En su versi&oacute;n m&aacute;s simple, que luego se puede generalizar, suponemos que la mitad de los trabajadores renegocia su salario en el primer semestre y que el contrato dura un a&ntilde;o, mientras que la otra mitad lo renegocia en el segundo semestre, tambi&eacute;n por un a&ntilde;o. As&iacute;, la regla de negociaci&oacute;n de salarios se convierte en:</p> <table width="540" border="0">   <tr>     <td width="356"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e5.jpg" width="332" height="24"></td>     <td width="174">    <p align="right"><font size="2">(5)</font></p></td>   </tr> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La demanda agregada es id&eacute;ntica a la de la ecuaci&oacute;n 3, mientras que la oferta agregada se puede generalizar para incorporar el hecho de que hay dos salarios reales vigentes en cada per&iacute;odo:</p> <table width="540" border="0">   <tr>     <td width="326"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e6.jpg" width="278" height="32"></td>     <td width="204">    <p align="right"><font size="2">(6)</font></p></td>   </tr> </table>     <p align="justify">Soluci&oacute;n: el m&eacute;todo de soluci&oacute;n es an&aacute;logo al anterior aunque el &aacute;lgebra es m&aacute;s larga y tediosa. El producto de equilibrio resultante se puede representar por:</p> <table width="575" border="0">   <tr>     <td><img src="../img/v8n14a5e7.jpg" width="568" height="35"></td>     <td>    <p align="right"><font size="2">(7)</font> </p></td>   </tr>   <tr>     <td width="574"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5e8.jpg" width="554" height="36"></td>     <td width="574">&nbsp; </td>   </tr> </table>     <p align="justify">Aunque la expresi&oacute;n es complicada a primera vista, sus componentes tienen una interpretaci&oacute;n intuitiva clara. El t&eacute;rmino 1/2(e<sub>t</sub> + v<sub>t</sub> + u<sub>t</sub>) es el producto de equilibrio que se obtiene en el primer modelo si <font face="Symbol">g</font> = 0, es decir, el resultado tipo Sargent y Wallace. El segundo, 1/3(E<sub>t-1</sub>m<sub>t</sub> &ndash; E<sub>t-2</sub>m<sub>t</sub>), es el que aparece al introducir salarios traslapados. En otras palabras, si se resuelve el modelo con salarios traslapados y con <font face="Symbol">g</font> = 0, ese t&eacute;rmino ser&iacute;a la &uacute;nica adici&oacute;n al caso de salarios sincronizados. Cuando <font face="Symbol">g</font> = 0 y los salarios son traslapados, la pol&iacute;tica monetaria tiene efectos reales. En cierta forma, esas condiciones reducen el modelo a una versi&oacute;n simple del famoso modelo de Fischer (1977). Finalmente, la expresi&oacute;n entre corchetes captura la inercia que surge por el hecho de obligar a los agentes a tomar en consideraci&oacute;n los precios pasados en su regla de ajuste salarial.</p>     <p align="justify"> En la siguiente secci&oacute;n se expone con m&aacute;s detalle la din&aacute;mica de cada modelo y se analiza la reacci&oacute;n de la econom&iacute;a ante diferentes choques de pol&iacute;tica monetaria.</p>     <p align="justify"><b>POL&Iacute;TICA MONETARIA</b></p>     <p align="justify">Aqu&iacute; se examina el impacto de choques a la demanda agregada sobre la inflaci&oacute;n, el producto y los salarios reales. Primero se analiza el impacto de las ca&iacute;das en el <i>nivel</i> de demanda agregada (sorpresivas y anunciadas) y despu&eacute;s el de reducciones en su <i>crecimiento</i>. En cada caso se hacen simulaciones para varios valores de <font face="Symbol">g</font>, que representan distintas ponderaciones de precios pasados y futuros en la negociaci&oacute;n salarial<sup><a name="n10"></a><a href="#10">10</a></sup>.</p>     <p align="justify"><b>C<small>A&Iacute;DA SORPRESIVA EN EL NIVEL DE DEMANDA AGREGADA</small></b></p>     <p align="justify">En el primer ejercicio estudiamos una ca&iacute;da sorpresiva del nivel de demanda agregada. En particular, suponemos que el Banco Central mantiene los medios de pago constantes en 2 y, s&uacute;bitamente, al comienzo del per&iacute;odo 5, los reduce a 1 y anuncia que en adelante los mantendr&aacute; constantes en este nuevo nivel. La <a name="vg4"></a><a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a> ilustra el experimento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#vg4">Gr&aacute;fica 4</a><a name="g4"></a>    <br>   Senda de la oferta monetaria</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g4.jpg" width="441" height="250"></p>     <p align="justify">En la <a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a><a name="vg5"></a> se presenta la evoluci&oacute;n del producto, la inflaci&oacute;n y el salario real en respuesta al cambio de pol&iacute;tica monetaria descrito en el p&aacute;rrafo anterior. Las gr&aacute;ficas de la izquierda representan el modelo con salarios sincronizados y las de la derecha el de ajustes traslapados.</p>     <p align="justify"> En todos los casos, la contracci&oacute;n monetaria reduce el nivel de precios, es decir, hay una deflaci&oacute;n de corto plazo que ocasiona una recesi&oacute;n transitoria. Cuando <font face="Symbol">g</font> es igual a cero, la recesi&oacute;n s&oacute;lo dura un per&iacute;odo si los salarios son sincronizados y dos per&iacute;odos si son traslapados. Este es el tiempo que tardan los agentes en regresar al salario real de equilibrio o, en otras palabras, el tiempo que los agentes tardan en incorporar la nueva informaci&oacute;n en las negociaciones salariales.</p>     <p align="justify"> Si <font face="Symbol">g</font> &gt; 0, es decir, si en la negociaci&oacute;n se incorporan los precios pasados, la recesi&oacute;n causada por la ca&iacute;da de la demanda es mucho m&aacute;s prolongada, en el modelo sincronizado y en el traslapado. La intuici&oacute;n es clara: el impacto inicial (en el per&iacute;odo 5) es independiente del tama&ntilde;o de <font face="Symbol">g</font>. Sin embargo, a partir de ah&iacute; el ajuste depende en forma crucial de dicho par&aacute;metro. Si es positivo, el ajuste de los salarios debe ser lento; es decir, en vez de converger r&aacute;pidamente a su antiguo nivel real, en cada per&iacute;odo deber tener en cuenta que los precios anteriores fueron mayores que los presentes, demorando el retorno del salario real a su nivel de equilibrio. Por eso, cuanto m&aacute;s grande sea <font face="Symbol">g</font> mayor es el tiempo necesario para el ajuste y la recesi&oacute;n se prolonga por m&aacute;s tiempo. El efecto se magnifica si al modelo le a&ntilde;adimos salarios traslapados.</p>     <p align="justify"><a href="#vg5">Gr&aacute;fica 5</a><a name="g5"></a>    <br>   Producto, inflaci&oacute;n y salario real    <br> Ca&iacute;da sorpresiva en el nivel de demanda agregada</p>     <p align="justify">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g5.jpg" width="551" height="519">     <br><font size="1">* Las gr&aacute;ficas de la izquierda corresponden al modelo de salarios sincronizados y las de la derecha al de salarios traslapados.</font></p>     <p align="justify"><b>C<small>A&Iacute;DA ANUNCIADA EN EL NIVEL DE DEMANDA AGREGADA</small></b></p>     <p align="justify">Aqu&iacute; se repite el escenario anterior, es decir, la cantidad de dinero es constante e igual a 2 hasta el per&iacute;odo 4. Pero al final de este per&iacute;odo, el Banco Central <i>anuncia</i> que a partir del per&iacute;odo 5 contraer&aacute; los medios de pago hasta 1 y de ah&iacute; en adelante los mantendr&aacute; en ese nivel. Este anuncio precede a la negociaci&oacute;n (<a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a><a name="vg6"></a>).</p>     <p align="justify"> Con <font face="Symbol">g</font> = 0 y salarios sincronizados, la medida no tiene impacto alguno sobre la actividad real. Este es el famoso resultado de Sargent y Wallace: con expectativas racionales y precios flexibles, los cambios anunciados de la cantidad de medios de pago no tienen ning&uacute;n efecto real. Si los salarios est&aacute;n traslapados, el efecto de la medida dura un per&iacute;odo (si <font face="Symbol">g</font> = 0), tiempo necesario para que la mitad que no pudo modificar sus salarios ante el anuncio, los ajuste a las nuevas condiciones de demanda (esta es la efectividad de la pol&iacute;tica monetaria en presencia de rigideces <i>&agrave; la</i> Fischer).</p>     <p align="justify"><a href="#vg6">Gr&aacute;fica 6</a><a name="g6"></a>    <br>   Producto, inflaci&oacute;n y salario real    <br> Ca&iacute;da anunciada en el nivel de demanda agregada      <br>    <br> <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g6.jpg" width="579" height="608">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br><font size="1">* Las gr&aacute;ficas de la izquierda corresponden al modelo de salarios sincronizados y las de la derecha al de salarios traslapados.</font></p>     <p align="justify">Cuando <font face="Symbol">g</font> &gt; 0, la pol&iacute;tica monetaria tiene efectos reales y persistentes sobre el nivel de actividad econ&oacute;mica aunque los salarios se ajusten de manera sincronizada y sea anunciada. En particular, la contracci&oacute;n de los medios de pago causa una recesi&oacute;n que crece con el peso relativo de <font face="Symbol">g</font>: cuanto m&aacute;s peso le asignemos a los precios pasados en la regla salarial, mayor ser&aacute; el impacto de la pol&iacute;tica monetaria sobre el producto. Cabe se&ntilde;alar que este es tambi&eacute;n el resultado si los ajustes salariales son traslapados. La diferencia es que la recesi&oacute;n es m&aacute;s prolongada.</p>     <p align="justify"> Las simulaciones anteriores tienen la desventaja de que, en la pr&aacute;ctica, los bancos centrales no intentan reducir el nivel de precios sino la inflaci&oacute;n. Durante mucho tiempo los economistas creyeron que las predicciones de los modelos de reducci&oacute;n de precios se pod&iacute;an extender a reducciones de la inflaci&oacute;n. Pero esta extensi&oacute;n no es autom&aacute;tica y las predicciones pueden ser sorpresivas. En efecto, Ball (1994a) mostr&oacute; que en modelos con ajustes de precios <i>&agrave; la</i> Calvo (1983), (quiz&aacute; la forma m&aacute;s generalizada de introducir rigideces de precios y de lograr efectos sobre la actividad real a partir de choques monetarios) las desinflaciones anunciadas causaban <i>booms</i> y no recesiones, una predicci&oacute;n que ri&ntilde;e con la evidencia emp&iacute;rica (ver Mankiw y Reis, 2002, Hofstetter, 2006 y Ball, 1994b).</p>     <p align="justify"> Con estos antecedentes, las siguientes secciones presentan las predicciones del modelo en escenarios en los que el Banco Central intenta reducir la tasa de inflaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>U<small>NA DESINFLACI&Oacute;N SORPRESIVA</small></b></p>     <p align="justify">Suponemos que los medios de pago crecen al 10% cada per&iacute;odo. Sorpresivamente, al inicio del per&iacute;odo 5, el Banco Central no incrementa los medios de pago (as&iacute;, su crecimiento pasa a ser cero) y anuncia que de ah&iacute; en adelante la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero ser&aacute; nula. La <a name="vg7"></a><a href="#g7">gr&aacute;fica 7</a> representa la senda de m correspondiente a esta descripci&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Esa medida busca reducir la inflaci&oacute;n. Dados los supuestos del modelo, la inflaci&oacute;n inicial es del 10% y debe converger, por la estrategia monetaria del Banco Central, al 0%. Los gr&aacute;ficos del medio de la <a name="vg8"></a><a href="#g8">gr&aacute;fica 8</a> muestran las sendas de convergencia de la inflaci&oacute;n al nuevo nivel, para diferentes valores de <font face="Symbol">g</font>  en los modelos de salarios sincronizados (izquierda) y traslapados (derecha). Como era de esperar, la convergencia m&aacute;s lenta hacia la nueva inflaci&oacute;n de equilibrio es la de los modelos con <font face="Symbol">g</font>  = 1: si los salarios son funci&oacute;n exclusiva del IPC pasado, la persistencia de la inflaci&oacute;n se torna mayor. Igual que en las simulaciones anteriores, la introducci&oacute;n de salarios traslapados tambi&eacute;n demora la convergencia.</p>     <p align="justify"> <a href="#vg7">Gr&aacute;fica 7</a><a name="g7"></a>    <br>   Senda de la oferta monetaria</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g7.jpg" width="367" height="203"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Siguiendo con el frente inflacionario, tambi&eacute;n cabe destacar que si <font face="Symbol">g</font> &lt; 0,5 hay un per&iacute;odo corto de deflaci&oacute;n antes de llegar a la inflaci&oacute;n de equilibrio. Esta caracter&iacute;stica se encuentra en los modelos de tipo Fischer (1977) y tambi&eacute;n en formulaciones m&aacute;s modernas de tipo Mankiw y Reis (2002). Lo que muestran nuestros resultados es que ese patr&oacute;n s&oacute;lo se presenta si el peso de los precios futuros en la negociaci&oacute;n salarial es elevado.</p>     <p align="justify"> Los resultados tambi&eacute;n son muy interesantes en el aspecto de la actividad real. Lo primero que hay que destacar es que, cuando los medios de pago tienen una tasa de crecimiento positiva, el producto de &ldquo;equilibrio&rdquo; no es independiente de <font face="Symbol">g</font>. En efecto, el producto de equilibrio en este modelo es una funci&oacute;n positiva de <font face="Symbol">g</font>. La interpretaci&oacute;n intuitiva es la siguiente: la regla salarial lleva a que el ajuste en cada per&iacute;odo tenga en cuenta el nivel de precios anterior. Como la inflaci&oacute;n es positiva, el salario real estar&aacute; siempre por debajo (y el producto por encima) del equilibrio que se alcanzar&iacute;a en una econom&iacute;a sin inflaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Las diferencias en el punto de partida producen una din&aacute;mica muy interesante del producto despu&eacute;s del choque desinflacionario. En todos los casos hay una recesi&oacute;n simult&aacute;nea a la desinflaci&oacute;n, predicci&oacute;n coherente con la evidencia emp&iacute;rica.</p>     <p align="justify"> Pero el modelo va m&aacute;s all&aacute; de predecir un efecto temporal sobre el nivel de producto. Si <font face="Symbol">g</font> es positivo, la desinflaci&oacute;n produce una recesi&oacute;n, y el producto no recupera el nivel anterior. En otras palabras, el modelo predice que hay hist&eacute;resis, t&eacute;rmino que acu&ntilde;aron Blanchard y Summers (1986) para describir los efectos permanentes de choques sobre la actividad real.</p>     <p align="justify"> <a href="#vg8">Gr&aacute;fica 8</a><a name="g8"></a>    <br>   Producto, inflaci&oacute;n y salario real ante una desinflaci&oacute;n sorpresiva    <br>    <br>   <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g8.jpg" width="576" height="591">    <br> <font size="1">* Las gr&aacute;ficas de la izquierda corresponden al modelo de salarios sincronizados y las de la derecha al de salarios traslapados.</font></p>     <p align="justify">Aunque muchos economistas son esc&eacute;pticos sobre la relevancia emp&iacute;rica de la hist&eacute;resis, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han aparecido trabajos emp&iacute;ricos que indican que este efecto est&aacute; presente y es relevante (Ball, 1997 y 1999; Zhang, 2001 y Hofstetter, 2004). Los art&iacute;culos pioneros de Ball (1997 y 1999) muestran que las altas tasas naturales de desempleo en Europa, particularmente en los a&ntilde;os ochenta, fueron causadas por pol&iacute;ticas monetarias contraccionistas y no por las rigideces en el mercado laboral, como dice el argumento tradicional. Nuestro modelo matiza una de las situaciones en las que puede haber hist&eacute;resis: este efecto ocurre siempre y cuando los precios pasados hagan parte de la negociaci&oacute;n salarial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>D<small>ESINFLACI&Oacute;N ANUNCIADA</small></b></p>     <p align="justify">Aqu&iacute; repetimos el experimento de la secci&oacute;n anterior, pero ahora el Banco Central <i>anuncia</i> durante el per&iacute;odo 4 que a partir del per&iacute;odo 5 reducir&aacute; el crecimiento de los medios de pago a 0. Las dem&aacute;s circunstancias son id&eacute;nticas a las de la secci&oacute;n anterior (ver <a name="vg9"></a><a href="#g9">gr&aacute;fica 9</a>).</p>     <p align="justify"><a href="#vg9">Gr&aacute;fica 9</a><a name="g9"></a>    <br>   Producto, inflaci&oacute;n y salario real ante una desinflaci&oacute;n anunciada</p>     <p align="justify"> <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a5g9.jpg" width="574" height="574">    <br>   <font size="1">* Las gr&aacute;ficas de la izquierda corresponden al modelo de salarios sincronizados y las de la derecha al de salarios traslapados.</font></p>     <p align="justify">La diferencia cualitativa m&aacute;s relevante con respecto al choque sorpresivo corresponde al escenario en que los salarios no son traslapados y <font face="Symbol">g</font> es cero. En este caso, la pol&iacute;tica desinflacionaria del Banco Central no tiene efectos sobre la actividad real: no hay rigideces y los agentes, alertados por el Banco Central sobre la pol&iacute;tica monetaria futura, alcanzan a ajustar sus salarios y, por tanto, evitan los efectos sobre el producto y el salario real.</p>     <p align="justify"> Nuevamente, si <font face="Symbol">g</font> es positivo hay efectos reales aunque los salarios se ajusten de manera sincronizada. Adem&aacute;s, estos efectos son permanentes, es decir, hay hist&eacute;resis. Por &uacute;ltimo, la introducci&oacute;n de salarios traslapados lleva a que la desinflaci&oacute;n genere una recesi&oacute;n para cualquier <font face="Symbol">g</font> y a que su duraci&oacute;n sea mayor que con salarios sincronizados. La interpretaci&oacute;n intuitiva de estos resultados es an&aacute;loga a la de los casos previos.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES Y COMENTARIOS FINALES</b></p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo muestra c&oacute;mo se altera la efectividad de la pol&iacute;tica monetaria al ajustar los salarios m&iacute;nimos con base en la inflaci&oacute;n pasada. Con este mecanismo de ajuste, el proceso desinflacionario se vuelve m&aacute;s lento, la inflaci&oacute;n m&aacute;s persistente y los efectos reales de los choques monetarios (sobre el producto y el salario real) son de mayor magnitud y duraci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> El art&iacute;culo es puramente te&oacute;rico pero ofrece varias predicciones que futuras investigaciones emp&iacute;ricas podr&iacute;an tratar de verificar. Desde el punto de vista te&oacute;rico, tambi&eacute;n hay extensiones interesantes que se pueden explorar. Una extensi&oacute;n natural es introducir una regla salarial en variaciones porcentuales y no en niveles. Esto permitir&iacute;a capturar con m&aacute;s precisi&oacute;n la decisi&oacute;n de la Corte. Mi intuici&oacute;n sugiere que los resultados gruesos del modelo (la pol&iacute;tica monetaria tiene un mayor efecto sobre el producto y la inflaci&oacute;n es m&aacute;s persistente si obligamos a ajustes salariales como el que decidi&oacute; la Corte Constitucional) no se alterar&iacute;an con esta complicaci&oacute;n adicional. La representaci&oacute;n de la regla salarial en t&eacute;rminos de variaciones porcentuales quiz&aacute; debilite e incluso desvanezca el efecto de hist&eacute;resis. Investigaciones futuras determinar&aacute;n si esta intuici&oacute;n es o no acertada.</p>     <p align="justify"> El art&iacute;culo no juzga ni pretende juzgar si la externalidad de la decisi&oacute;n de la Corte es buena o no. El objetivo es poner de manifiesto que las decisiones judiciales de este tipo pueden tener implicaciones inusitadas y de grandes alcances. Con seguridad la Corte Constitucional no tuvo en cuenta esta externalidad a la hora de tomar su decisi&oacute;n. Al ilustrar, desde el punto de vista de la econom&iacute;a, las consecuencias secundarias de su determinaci&oacute;n, esperamos contribuir a un debate que ayude a esclarecer cu&aacute;les deber&iacute;an ser los l&iacute;mites de las decisiones de la Corte y a establecer la ponderaci&oacute;n adecuada entre la defensa de los derechos y el contexto econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#nast">*</a><a name="ast"></a> Una versi&oacute;n anterior circul&oacute; con el t&iacute;tulo &ldquo;Staggered Wages and Monetary Policy: The Role of Past Inflation&rdquo;. El autor agradece los comentarios de Craig Burnside y Louis Maccini, y el excelente trabajo, como asistente de investigaci&oacute;n, de Diana L. Lizarazo.</p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>.  Once &aacute;reas metropolitanas (DANE).</p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>.  Las sentencias C-1433 de 2000 y C-1064 de 2001 de la Corte Constitucional son una prolongaci&oacute;n de este debate, pero sobre el mecanismo de ajuste salarial de los servidores p&uacute;blicos.</p>     <p align="justify"><a href="#n3">3</a><a name="3"></a>.  Para los datos colombianos, ver Arango y Pach&oacute;n (2004); para Estados Unidos, Bureau of Labor Statistics (2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n4">4</a><a name="4"></a>.  Ver Maloney y N&uacute;&ntilde;ez (2003) y Neri, Gonzaga y Camargo (2001).</p>     <p align="justify"><a href="#n5">5</a><a name="5"></a>.  Medida como la variaci&oacute;n porcentual del promedio de los IPC mensuales de un a&ntilde;o con respecto al anterior (<i>International Financial Statistics</i>, FMI).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n6">6</a><a name="6"></a>. &Iacute;ndice de salario real construido por el autor. Salario real del a&ntilde;o 1999 = 100.</p>     <p align="justify"><a href="#n7">7</a><a name="7"></a>.  La Ley 278 de 1996, objeto de la demanda descrita anteriormente, estipula que el ajuste al salario m&iacute;nimo se debe determinar a m&aacute;s tardar el 30 de diciembre.</p>     <p align="justify"><a href="#n8">8</a><a name="8"></a>.  En la pr&aacute;ctica, dado que el salario se negocia en el mes de diciembre, el dato del IPC del a&ntilde;o en curso no se ha revelado. Sin embargo, conociendo el dato de los 11 meses anteriores, los negociadores tienen una noci&oacute;n muy precisa del nivel al que llegar&aacute; el IPC al final del a&ntilde;o.</p>     <p align="justify"><a href="#n9">9</a><a name="9"></a>.  Maccini (1999) resume las principales alternativas que se proponen en la literatura para racionalizar una oferta agregada de este tipo.</p>     <p align="justify"><a href="#n10">10</a><a name="10"></a>.  El modelo no est&aacute; calibrado ni parametrizado. Esto quiere decir que los efectos se deben interpretar como indicadores de la direcci&oacute;n en la que se mueven las variables, pero las magnitudes no pretenden predecir el tama&ntilde;o de los impactos.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Arango, C. y A. Pach&oacute;n. &ldquo;The Minimum Wage in Colombia: Holding the Middle with a Bite on the Poor&rdquo;, <i>Borradores Semanales del Banco de la Rep&uacute;blica</i>, Bogot&aacute;, febrero, 2004. </p>     <p align="justify">2.  Ball, L. &ldquo;What Determines the Sacrifice Ratio?&rdquo;, G. Mankiw, ed., <i>Monetary Policy</i>, University of Chicago Press, 1994a, pp. 155-182.</p>     <p align="justify">3.  Ball, L. &ldquo;Credible Disinflation with Staggered Price Setting&rdquo;, <i>American Economic Review</i> 84, 1, 1994b, pp 282-289.</p>     <p align="justify">4.  Ball, L. &ldquo;Disinflation and the NAIRU&rdquo;, C. Romer y D. Romer, eds., <i>Reducing Inflation: Motivation and Strategy</i>, University of Chicago Press, 1997, pp 167-185.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">5.  Ball, L. &ldquo;Aggregate Demand and Long Run Unemployment&rdquo;, <i>Brookings Papers on Economic Activity</i> 2, 1999, pp 189-251.</p>     <p align="justify">6.  Blanchard, O. y L. Summers. &ldquo;Hysteresis and the European Unemployment Problem&rdquo;, S. Fischer, ed., <i>NBER Macroeconomics Annual 1986</i>, Cambridge, MIT Press, 1986. </p>     <!-- ref --><p align="justify">7.  Bureau of Labor Statistics. <i>Characteristics of Minimum Wage Workers: 2004</i>, (datos basados en Current Population Survey, 2004), 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200600010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">8.  Calvo, G. &ldquo;Staggered Prices in a Utility Maximizing Framework&rdquo;, <i>Journal of Monetary Economics</i> 12, 3, 1983, pp. 383-398.</p>     <!-- ref --><p align="justify">9.  Corte Constitucional. Sent. C-815/99. M.P. J. G. Hern&aacute;ndez, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200600010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10.  Corte Constitucional. Sent. C-1433/00. M.P. A. Barrera, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200600010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11.  Corte Constitucional. Sent. C-1064/01. M.P. Cepeda y J. C&oacute;rdoba, 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200600010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">12.  Fischer, S. &ldquo;Long Term Contracts, Rational Expectations and the Optimal Money Supply Rule&rdquo;, <i>Journal of Political Economy</i> 85, 1, 1977, pp. 191-206.</p>     <p align="justify">13.  Hofstetter, M. &ldquo;Staggered Wages and Monetary Policy: The Role of Past Inflation&rdquo;, Johns Hopkins University, mimeo, 2001. </p>     <p align="justify">14.  Hofstetter, M. &ldquo;Disinflations in Latin America and the Caribbean: A Free Lunch?&rdquo;, <i>Working Papers in Economics</i> 506, 2004, The Johns Hopkins University.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">15.  Hofstetter, M. &ldquo;Disinflations in Latin America and the Caribbean: A Free Lunch?&rdquo;, <i>Documento CEDE</i>, 2006-04, 2006. </p>     <p align="justify">16.  Maccini, L. &ldquo;Notes on Aggregate Supply in RE Models&rdquo;, Johns Hopkins University, mimeo, 1999. </p>     <p align="justify">17.  Maloney, B y J. Nu&ntilde;ez. &ldquo;Measuring the Impact of Minimum Wages: Evidence From Latin America&rdquo;, <i>NBER Working Paper</i> 9800, 2003. </p>     <p align="justify">18.  Mankiw, G. y R. Reis. &ldquo;Sticky Information versus Sticky Prices: A Proposal to Replace the New Keynesian Phillips Curve&rdquo;, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 117, 4, 2002, pp. 1295-1328.</p>     <p align="justify">19.  Ministerio de Protecci&oacute;n Social. &ldquo;Salario m&iacute;nimo mensual e incrementos desde 1950 hasta 2003&rdquo;, <a href="http://www.minproteccionsocial.gov.co" target="_blank">www.minproteccionsocial.gov.co</a>, 2005. </p>     <p align="justify">20.  Neri, M.; G. Gonzaga y J. Camargo. &ldquo;Sal&aacute;rio m&iacute;nimo, &lsquo;efeito-farol&rsquo; e pobreza&rdquo;, <i>Revista de Economia Pol&iacute;tica</i> 21, 2, 2001. </p>     <p align="justify">21.  Sargent, T. y N. Wallace. &ldquo;Rational Expectations, the Optimal Monetary Instrument and the Optimal Money Supply Rule&rdquo;, <i>Journal of Political Economy</i> 83, 2, 1975, pp. 241-254.</p>     <p align="justify">22.  Zhang, L. H. &ldquo;Sacrifice Ratios with Long-Lived Effects&rdquo;, <i>Working Papers in Economics</i> 446, 2001, The Johns Hopkins University.</p> </font>      ]]></body><back>
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