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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA RELACIÓN ENTRE LAS INSTITUCIONES Y EL DESARROLLO ECONÓMICO. PROBLEMAS TEÓRICOS CLAVES<a name=nast></a>]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[UNDERSTANDING THE RELATIONSHIP BETWEEN INSTITUTIONS AND ECONOMIC DEVELOPMENT. SOME KEY THEORETICAL ISSUES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper discusses how the theory on the role of institutions in development can be improved, by critically examining the current orthodox discourse on institutions. To understand the relationship between institutions and economic development, it is necessary to have some balance between institutional forms and functions, and to accept its multi-faceted nature. It concludes that a successful institutional adaptation must be politically legitimated by the members of society and requires a better knowledge of the historical and contemporary experiences of each country.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br>   <b>LA RELACI&Oacute;N ENTRE LAS INSTITUCIONES Y EL DESARROLLO ECON&Oacute;MICO. PROBLEMAS TE&Oacute;RICOS CLAVES<a name="nast"></a><a href="#ast">*</a></b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>    <p align="center"><b>UNDERSTANDING THE RELATIONSHIP BETWEEN INSTITUTIONS AND ECONOMIC DEVELOPMENT. SOME KEY THEORETICAL ISSUES</b></p>     <p>    <br>    <br></p>    <p><i>Ha-Joon Chang</i>**</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">** Profesor de la Facultad de Econom&iacute;a y Pol&iacute;tica de la Universidad de Cambridge, <a href="mailto:hjc1001@econ.cam.ac.uk">hjc1001@econ.cam.ac.uk</a> Fecha de recepci&oacute;n: 14 de febrero de 2006, fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de marzo de 2006.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: instituciones, desarrollo econ&oacute;mico, formas y funciones institucionales; JEL: B52, O10]</p>     <p align="justify">Este escrito discute c&oacute;mo se puede perfeccionar la teor&iacute;a del papel de las instituciones en el desarrollo econ&oacute;mico mediante un examen cr&iacute;tico del discurso ortodoxo acerca de las instituciones. Para entender la relaci&oacute;n entre instituciones y desarrollo econ&oacute;mico es necesario un balance entre las formas y las funciones de las instituciones, y aceptar que tienen un car&aacute;cter multifac&eacute;tico. Concluye que una adaptaci&oacute;n institucional exitosa debe ser legitimada pol&iacute;ticamente por los miembros de la sociedad, y exige un mejor conocimiento de las experiencias hist&oacute;ricas y contempor&aacute;neas de cada pa&iacute;s.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: institutions, economic development, institutional forms and functions; JEL: B52, O10]</p>     <p align="justify">This paper discusses how the theory on the role of institutions in development can be improved, by critically examining the current orthodox discourse on institutions. To understand the relationship between institutions and economic development, it is necessary to have some balance between institutional forms and functions, and to accept its multi-faceted nature. It concludes that a successful institutional adaptation must be politically legitimated by the members of society and requires a better knowledge of the historical and contemporary experiences of each country.</p> <hr>    <p align="justify"><b>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>     <p align="justify">El problema del desarrollo institucional, o &ldquo;reforma de la gobernancia&rdquo;, ha ganado importancia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Durante este per&iacute;odo, la literatura acad&eacute;mica sobre las instituciones y el desarrollo ha explotado. Hoy en d&iacute;a, incluso el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional &ndash;que sol&iacute;an descartar a las instituciones como meros &ldquo;detalles&rdquo; que no afectan a la sabidur&iacute;a de la teor&iacute;a econ&oacute;mica ortodoxa&ndash; han llegado a destacar el papel de las instituciones en el desarrollo econ&oacute;mico. Por ejemplo, el FMI hizo &eacute;nfasis en la reforma de las instituciones de gobernancia corporativa y en las leyes de bancarrota durante la crisis asi&aacute;tica de 1997, y el reporte anual del Banco Mundial de 2002, <i>Building Institutions for Market</i>, se centr&oacute; en el desarrollo institucional, aunque desde un punto de vista estrecho, como indica su t&iacute;tulo. </p>     <p align="justify"> Por supuesto, la nueva atenci&oacute;n que la literatura ortodoxa presta a las instituciones no es el resultado de un despertar escol&aacute;tico inocente. Por el contrario, es un esfuerzo para enfrentar las continuas fallas de las pol&iacute;ticas ortodoxas en el mundo real. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> A pesar de los miserables fracasos de los experimentos radicales de pol&iacute;tica mediante diversos programas de ajuste estructural (PAE) en los pa&iacute;ses en desarrollo y programas de transici&oacute;n de Big-Bang en los antiguos pa&iacute;ses comunistas, los economistas ortodoxos se han negado a sacar la conclusi&oacute;n m&aacute;s evidente, a saber, que las pol&iacute;ticas ortodoxas, y las teor&iacute;as que las sustentan, son defectuosas. </p>     <p align="justify"> Al comienzo, intentaron argumentar que las reformas pol&iacute;ticas deb&iacute;an ser m&aacute;s amplias para tener &eacute;xito. Cuando as&iacute; se hizo y los buenos resultados no se materializaron, afirmaron que se necesita tiempo para que las reformas de pol&iacute;tica funcionen. Sin embargo, despu&eacute;s de 15 o 20 a&ntilde;os de reforma, esta l&iacute;nea de defensa se ha vuelto dif&iacute;cil de mantener. De modo que ahora los economistas ortodoxos usan las instituciones para explicar por qu&eacute; las &ldquo;buenas&rdquo; pol&iacute;ticas econ&oacute;micas basadas en las teor&iacute;as econ&oacute;micas &ldquo;correctas&rdquo; fallan tan consistentemente. Hablando de instituciones deficientes, pueden argumentar que sus pol&iacute;ticas y teor&iacute;as nunca fueron err&oacute;neas, y que no funcionaron <i>&uacute;nicamente porque</i> los pa&iacute;ses que las implementaron no tienen las instituciones correctas para que las pol&iacute;ticas &ldquo;correctas&rdquo; funcionen. En otras palabras, el argumento institucional se utiliza para proteger los dogmas centrales de la econom&iacute;a ortodoxa ante su incapacidad para explicar lo que sucede en el mundo real. </p>     <p align="justify"> En este escrito mostramos c&oacute;mo se puede mejorar la teor&iacute;a sobre el papel de las instituciones en el desarrollo, examinando el discurso ortodoxo actual sobre las instituciones y destacando algunos de sus aspectos te&oacute;ricos claves.</p>     <p align="justify"> Antes de entrar en el meollo, puede ser conveniente examinar por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil el estudio de la relaci&oacute;n entre las instituciones y el desarrollo econ&oacute;mico. El problema es que no existe una definici&oacute;n ampliamente aceptada de las instituciones; y si no podemos estar de acuerdo en lo que entendemos por instituciones, es dif&iacute;cil imaginar un acuerdo sobre lo que se supone que &eacute;stas deben hacer, como promover el desarrollo econ&oacute;mico<sup><a name="n1"></a><a href="#1">1</a></sup>. Podemos evadir este problema argumentando que las instituciones deben cumplir ciertas funciones para promover el desarrollo econ&oacute;mico, y que ciertas instituciones cumplen mejor esas funciones. Infortunadamente, no hay acuerdo acerca de cu&aacute;les son esas funciones &ldquo;esenciales&rdquo; ni de que haya un emparejamiento obvio entre esas funciones y formas particulares de las instituciones. Adem&aacute;s, aunque pudi&eacute;ramos convenir en la lista de funciones que son esenciales para el desarrollo econ&oacute;mico, esto no significa que podamos convenir en los tipos y formas exactas de las instituciones que necesitamos para cumplir dichas funciones.</p>     <p align="justify"><b>FORMAS VS. FUNCIONES</b></p>     <p align="justify">El gran problema que acosa a la actual literatura ortodoxa sobre las instituciones y el desarrollo es su incapacidad para distinguir claramente entre las formas y las funciones de las instituciones.</p>     <p align="justify"> Por ejemplo, si revisamos los art&iacute;culos de Kaufmann et al. (1998, 2002 y 2003) que compilan los principales &iacute;ndices de &ldquo;gobernancia&rdquo; (o &iacute;ndices de calidad institucional), encontramos que estos &iacute;ndices suelen mezclar variables que captan las diferencias de las <i>formas</i> de las instituciones (democracia, independencia del sistema judicial, ausencia de propiedad del Estado) y de las <i>funciones</i> que desempe&ntilde;an (imperio de la ley, respeto por la propiedad privada, cumplimiento de los contratos, estabilidad de precios, represi&oacute;n contra la corrupci&oacute;n).</p>     <p align="justify"> En respuesta a esta confusi&oacute;n, algunos han argumentado que se debe dar preferencia a las variables de &ldquo;funci&oacute;n&rdquo; sobre las variables de forma. Por ejemplo, Aron (2000, 128) sostiene que, en el estudio del impacto de las instituciones en el desarrollo econ&oacute;mico, debemos utilizar lo que ella denomina &ldquo;medidas de desempe&ntilde;o o de calidad&rdquo; de las instituciones (o lo que llamar&iacute;amos variables de funci&oacute;n), como &ldquo;el respeto de los contratos, los derechos de propiedad, la confianza y la libertad civil&rdquo;, en vez de variables que &ldquo;simplemente describen las caracter&iacute;sticas o atributos&rdquo; de las instituciones (o lo que llamar&iacute;amos variables de forma). En otras palabras, las funciones que las instituciones desempe&ntilde;an son m&aacute;s importantes que sus formas. </p>     <p align="justify"> Estoy totalmente de acuerdo en que las formas particulares de las instituciones no garantizan resultados particulares, como se observa en los numerosos fracasos del trasplante institucional. Para decirlo de otra manera, quiz&aacute; las formas institucionales no importen mucho, puesto que diferentes formas institucionales pueden desempe&ntilde;ar la misma funci&oacute;n. </p>     <p align="justify"> Sin embargo, el &eacute;nfasis en las funciones sobre las formas no debe ir demasiado lejos. Aunque una forma particular no garantiza el cumplimiento de un conjunto particular de funciones, el olvido total de las formas dificulta proponer una pol&iacute;tica concreta. Si obr&aacute;ramos as&iacute;, actuar&iacute;amos como un dietista que habla de una &ldquo;dieta balanceada&rdquo; sin decirle a la gente qu&eacute; debe comer y qu&eacute; tanto. Es decir, el &eacute;nfasis en las &ldquo;buenas instituciones&rdquo; puede ser vac&iacute;o si no hacemos algunas afirmaciones acerca de las formas que se han de adoptar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Despu&eacute;s de esta salvedad, hay que subrayar que la literatura ortodoxa actual yerra en el otro sentido, es decir, tiene una fijaci&oacute;n excesiva en las formas particulares. Ese &eacute;nfasis excesivo en las formas se manifiesta claramente en el argumento de las &ldquo;instituciones globales est&aacute;ndar&rdquo; (IGS)<sup><a href="#2">2</a><a name="n2"></a></sup>. </p>     <p align="justify"> Quienes proponen el argumento IGS creen que existen formas particulares de instituciones (principalmente anglo-americanas) que todos los pa&iacute;ses deben adoptar para sobrevivir en un mundo cada vez m&aacute;s globalizado: una democracia pol&iacute;tica; un sistema judicial independiente; una burocracia profesional, idealmente con un reclutamiento abierto y flexible; un sector de empresas p&uacute;blicas peque&ntilde;o, supervisado por un regulador pol&iacute;ticamente independiente; un mercado de valores desarrollado con reglas que faciliten las adquisiciones y fusiones hostiles; un r&eacute;gimen de regulaci&oacute;n financiera que incentive la prudencia y la estabilidad, a trav&eacute;s de un banco central independiente y la relaci&oacute;n de adecuaci&oacute;n de capital del Banco de Pagos Internacionales; un sistema de gobernancia corporativa orientado a los accionistas e instituciones del mercado laboral que garanticen la flexibilidad. </p>     <p align="justify"> El fetiche de la forma ha llevado a una peligrosa negaci&oacute;n de la diversidad institucional, una tendencia cuya locura es evidente a luz del argumento de la biodiversidad. Esta transformaci&oacute;n del discurso ortodoxo sobre las instituciones en un discurso de &ldquo;una talla para todos&rdquo; es realmente desafortunado. Para los economistas heterodoxos que inicialmente prestaban atenci&oacute;n al papel de las instituciones, el objetivo principal de incluir las instituciones en el an&aacute;lisis era evidenciar los l&iacute;mites del argumento de &ldquo;una talla para todos&rdquo; con respecto a la pol&iacute;tica econ&oacute;mica propuesta por los economistas ortodoxos. </p>     <p align="justify"> A&uacute;n m&aacute;s problem&aacute;tica es la manera como los poderosos propagan las formas institucionales que prefieren. Las IGS se imponen a los pa&iacute;ses renuentes a trav&eacute;s de lo que Kapur y Weber (2000) llaman &ldquo;condiciones relacionadas con la gobernancia&rdquo; de las instituciones de Bretton Woods y de los gobiernos donantes.</p>     <p align="justify"> Puede ser f&aacute;cil criticar el enfoque de &ldquo;una talla para todos&rdquo; del discurso de las IGS y decir que no deber&iacute;amos estar demasiado limitados por las formas, pero entonces deber&iacute;amos ser capaces de presentar un men&uacute; de alternativas para que las autoridades de pol&iacute;tica puedan elegir (por supuesto, reconociendo siempre que existe un espacio para la innovaci&oacute;n). Para ofrecer ese men&uacute; se requiere un conocimiento emp&iacute;rico de las diversas formas de instituciones que desempe&ntilde;an funciones similares en contextos diferentes.</p>     <p align="justify"> Puede ser igualmente f&aacute;cil criticar el enfoque funcionalista por ser demasiado abstracto. Los fetichistas de la forma al menos ofrecen una sugerencia concreta: copiar exactamente una forma particular de instituci&oacute;n de otro pa&iacute;s, mientras que los funcionalistas no tienen nada concreto qu&eacute; decir. Es f&aacute;cil decir que los pa&iacute;ses deben tener un imperio de la ley o una burocracia profesional, pero, &iquest;qu&eacute; deben hacer las autoridades de pol&iacute;tica para poner en pr&aacute;ctica estas sugerencias? De nuevo, sin alg&uacute;n conocimiento de las instituciones de la vida real es dif&iacute;cil decir algo &uacute;til a este respecto. </p>     <p align="justify"> Al final, en nuestra reflexi&oacute;n sobre el papel de las instituciones en el desarrollo econ&oacute;mico es necesario cierto equilibrio entre las formas y las funciones; aunque no queremos ignorar la importancia de las formas institucionales, tampoco deber&iacute;amos recomendar vaguedades como un &ldquo;buen sistema de derechos de propiedad&rdquo;.</p>     <p align="justify"><b>TEOR&Iacute;AS DEL CAMBIO INSTITUCIONAL </b></p>     <p align="justify"><b>P<small>ERSISTENCIA INSTITUCIONAL Y AGENCIA HUMANA </small></b></p>     <p align="justify">En las teor&iacute;as tradicionales, una vez las instituciones est&aacute;n en su lugar, se piensa que perpet&uacute;an ciertas pautas de interacci&oacute;n humana. Y puesto que se piensa que las instituciones est&aacute;n determinadas por cosas inmutables (o al menos muy dif&iacute;ciles de cambiar) como el clima, la dotaci&oacute;n de recursos y la tradici&oacute;n cultural, es casi imposible modificar esas pautas, lo que introduce un sesgo &ldquo;fatalista&rdquo; en el argumento. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> As&iacute;, por ejemplo, se supone que el clima templado de Estados Unidos hizo de la propiedad de la tierra en peque&ntilde;a escala la instituci&oacute;n natural, la que luego llev&oacute; a una mayor demanda de democracia y de educaci&oacute;n; mientras que el clima tropical de muchos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina llev&oacute; a una agricultura dominada por latifundios, que produjo resultados opuestos (Engerman y Sokoloff, 1997). Para poner otro ejemplo, se sostiene que la cultura del cultivo del arroz en Jap&oacute;n, un pa&iacute;s densamente poblado y propenso a desastres naturales, incentiv&oacute; la aparici&oacute;n de instituciones que promueven la cooperaci&oacute;n, lo que hizo posible el capitalismo japon&eacute;s basado en la cooperaci&oacute;n. Y otro ejemplo m&aacute;s: se supone que la cultura pol&iacute;tica orientada al Consenso de Botswana, con fuerte influencia popular, llev&oacute; a que los dirigentes poscoloniales crearan un sistema inclusivo de derechos de propiedad que promovi&oacute; el desarrollo econ&oacute;mico (Acemoglu et al., 2003).</p>     <p align="justify"> Ahora bien, en un nivel, lo que debemos esperar de las instituciones es la persistencia. Las instituciones deben ser estables, de lo contrario no tendr&iacute;an ning&uacute;n uso. Por consiguiente, cuando observamos la relaci&oacute;n entre las instituciones y la econom&iacute;a es inevitable ver un mecanismo con alg&uacute;n grado de autorreforzamiento. Sin embargo, esta visi&oacute;n tiene graves problemas. </p>     <p align="justify"> El primer problema es que el complejo institucional de un pa&iacute;s contiene diversos elementos, y se puede describir entonces como pro-desarrollista, anti-desarrollista, o como queramos, dependiendo de los elementos particulares que elijamos destacar. En este sentido, las explicaciones que dependen de la cultura y de las instituciones (como la encarnaci&oacute;n de los valores culturales) pueden degenerar f&aacute;cilmente en justificaciones <i>ex post</i>.</p>     <p align="justify"> El mejor ejemplo es el confucionismo. Si destacamos su &eacute;nfasis en la educaci&oacute;n, su noci&oacute;n de &ldquo;mandato del cielo&rdquo; (que da voz a las bases y justifica los cambios de dinast&iacute;a), su &eacute;nfasis en la frugalidad, etc., no se podr&aacute; tener una cultura mejor para el desarrollo econ&oacute;mico. Pero si destacamos su car&aacute;cter jer&aacute;rquico (que se supone sofoca la creatividad), su inclinaci&oacute;n a la burocracia y su desprecio por artesanos y comerciantes, se tendr&iacute;a la peor cultura para el desarrollo econ&oacute;mico. Del mismo modo, en contra del ejercicio que hicieron Acemoglu et al. (2003), ser&iacute;a f&aacute;cil identificar elementos anti-desarrollistas en la cultura tradicional y en las instituciones de Botswana, si este pa&iacute;s fracasa.</p>     <p align="justify"> El segundo problema del argumento ortodoxo es que casi siempre hay m&aacute;s de una &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; en la cultura y en las instituciones de un pa&iacute;s. Hoy se piensa que Francia siempre fue un pa&iacute;s de cultura e instituciones <i>dirigistas</i>, al menos desde la &eacute;poca de Jean-Baptiste Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV, pero tambi&eacute;n fue un pa&iacute;s de<i> laissez-faire</i> entre la ca&iacute;da de Napole&oacute;n y la Segunda Guerra Mundial; incluso mucho m&aacute;s que la Gran Breta&ntilde;a liberal en algunos aspectos (Kuisel, 1981 y Chang, 2002).</p>     <p align="justify"> Lo importante es que para Francia el liberalismo no fue una cultura ajena importada del otro lado del Canal. Aunque muchos anglosajones piensan que el liberalismo es su contribuci&oacute;n original a la civilizaci&oacute;n mundial, el liberalismo es tan franc&eacute;s como el <i>dirigismo</i>, y se remonta al menos a la tendencia libertaria de la Revoluci&oacute;n Francesa. Francia gir&oacute; hacia el liberalismo en el siglo XIX, en reacci&oacute;n a la experiencia con Napole&oacute;n, mientras que revivi&oacute; la tradici&oacute;n dirigista y su tendencia desarrollista luego de la humillaci&oacute;n de las dos guerras mundiales.</p>     <p align="justify"> Si existe m&aacute;s de una tradici&oacute;n en la cultura y en las instituciones de los pa&iacute;ses, las elecciones pol&iacute;ticas deliberadas y las ideolog&iacute;as que influyen en esas elecciones son importantes en la determinaci&oacute;n de su senda de desarrollo.</p>     <p align="justify"> Adem&aacute;s, en el largo plazo, las &ldquo;tradiciones&rdquo; no son inmutables. Las culturas y las instituciones cambian, a menudo dram&aacute;ticamente. Por ejemplo, en contra de la actual creencia popular en Occidente, la cultura isl&aacute;mica fue m&aacute;s tolerante, inclinada a la ciencia y pro-comercial que las cristianas, al menos hasta el siglo XVI. Otro ejemplo es el de las sociedades confucianas, incluida China m&aacute;s recientemente, que desafiaron el determinismo cultural para transformar sus &ldquo;tradiciones&rdquo; (que hasta los a&ntilde;os cincuenta se consideraban anti-desarrollistas) y organizaron los milagros econ&oacute;micos m&aacute;s grandes de la historia humana. </p>     <p align="justify"> Una raz&oacute;n para los cambios culturales e institucionales es que estos cambios y los desarrollos econ&oacute;micos se influyen mutuamente, con cadenas de causalidad complejas. En las teor&iacute;as convencionales, que imaginan que los individuos nacen con una &ldquo;preferencia&rdquo; predeterminada, la causalidad va de la cultura/instituciones al desarrollo econ&oacute;mico. Sin embargo, una vez aceptamos el papel &ldquo;constitutivo&rdquo; de las instituciones, empezamos a entender que la causalidad pueden ir en la otra direcci&oacute;n: del desarrollo econ&oacute;mico a los cambios institucionales y a las &ldquo;preferencias&rdquo; individuales (Chang y Evans, 2005). Por ejemplo, la industrializaci&oacute;n hace m&aacute;s &ldquo;racionales&rdquo; y &ldquo;disciplinadas&rdquo; a las personas. As&iacute; lo atestigua el hecho de que antes de que sus pa&iacute;ses alcanzaran un alto nivel de industrializaci&oacute;n, los visitantes de los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados calificaban a los alemanes y a los japoneses como perezosos, irracionales e incluso cong&eacute;nitamente incapaces de operar maquinaria, algo totalmente diferente de los estereotipos raciales de hoy en d&iacute;a.</p>     <p align="justify"> Otra raz&oacute;n, y quiz&aacute; m&aacute;s importante, del cambio cultural/institucional es que, parafraseando a Marx, los seres humanos son los que cambian las instituciones, aunque no en el contexto institucional de su propia elecci&oacute;n. En la teor&iacute;a convencional, esto es imposible porque no hay ninguna agencia humana real. Los intereses materiales que motivan a las personas a modificar las instituciones (por ej., la presi&oacute;n de los peque&ntilde;os agricultores independientes por la democracia) est&aacute;n predeterminados por condiciones econ&oacute;micas objetivas (o incluso naturales) y, por tanto, no hay ninguna &ldquo;elecci&oacute;n&rdquo; real en lo que hacemos (Chang y Evans, 2005). O solamente somos portadores de &ldquo;memes&rdquo; culturales &ndash;como la cultura pol&iacute;tica &ldquo;democr&aacute;tica&rdquo; botswana o la &ldquo;&eacute;tica del trabajo&rdquo; confuciana. Sin embargo, en la realidad, las personas hacen elecciones que no est&aacute;n totalmente determinadas por sus intereses econ&oacute;micos &ldquo;objetivos&rdquo;. Las ideas, y las instituciones que las encarnan, influyen en la manera como las personas perciben sus intereses (y, por tanto, no existe un inter&eacute;s &ldquo;objetivo&rdquo; en el an&aacute;lisis final) e incluso a veces las personas pueden rechazar sus intereses &ldquo;objetivos&rdquo; debido a las ideas que portan<a name="n3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> En s&iacute;ntesis, s&oacute;lo podemos escapar al determinismo cultural/institucional reinante en el discurso dominante si entendemos la complejidad de la cultura y las instituciones, y aceptamos la importancia de la agencia humana en el cambio institucional. S&oacute;lo cuando aceptemos el car&aacute;cter multifac&eacute;tico de la cultura y las instituciones, y la diversidad de tradiciones culturales/institucionales que compiten en la sociedad, empezaremos a entender en qu&eacute; creen las personas y qu&eacute; importa en un sentido real. </p>     <p align="justify"><b>I<small>MITACI&Oacute;N, ADAPTACI&Oacute;N E INNOVACI&Oacute;N EN EL DESARROLLO INSTITUCIONAL</small></b></p>     <p align="justify">Si consideramos las instituciones como &ldquo;tecnolog&iacute;as de administraci&oacute;n social&rdquo;, hay s&oacute;lidas razones para utilizar el marco de Gerschenkron para entender el desarrollo institucional en los pa&iacute;ses en desarrollo. En otras palabras, los pa&iacute;ses de desarrollo tard&iacute;o pueden importar instituciones de los pa&iacute;ses desarrollados y, con ello, usar las &ldquo;mejores&rdquo; instituciones sin pagar los mismos &ldquo;precios&rdquo;.</p>     <p align="justify"> Por ejemplo, los pa&iacute;ses desarrollados afrontaron crisis financieras durante varios siglos (y todos los costos econ&oacute;micos y humanos que tra&iacute;an consigo) antes de desarrollar la instituci&oacute;n del banco central<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>. Sin embargo, puesto que los pa&iacute;ses desarrollados introdujeron el banco central en niveles de desarrollo econ&oacute;mico relativamente bajos, los pa&iacute;ses en desarrollo han podido enfrentar las crisis financieras mucho mejor que aquellos en niveles similares de desarrollo econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"> Por cierto, los pa&iacute;ses en desarrollo hoy disfrutan de mejores est&aacute;ndares de democracia pol&iacute;tica, derechos humanos y desarrollo social que los pa&iacute;ses desarrollados en niveles similares de desarrollo <i>econ&oacute;mico</i> (es decir, con el mismo ingreso per c&aacute;pita) gracias a la imitaci&oacute;n institucional (Chang, 2002).</p>     <p align="justify"> Por ejemplo, en 1820, el Reino Unido ten&iacute;a un nivel de desarrollo algo mayor que el de la India de hoy en d&iacute;a, pero no ten&iacute;a muchas de las instituciones &ldquo;b&aacute;sicas&rdquo; que hoy tiene ese pa&iacute;s: sufragio universal (ni siquiera ten&iacute;a sufragio masculino universal), un banco central, impuesto de renta, responsabilidad limitada generalizada, una ley &ldquo;moderna&rdquo; de bancarrota, una burocracia profesional, un mercado regulado de t&iacute;tulos, y ni siquiera regulaciones laborales m&iacute;nimas (excepto un par de normas m&iacute;nimas, dif&iacute;cilmente observadas, sobre el trabajo infantil en algunas industrias).</p>     <p align="justify"> Para poner otro ejemplo, en 1875, Italia ten&iacute;a un nivel de desarrollo similar al del Pakist&aacute;n de hoy en d&iacute;a, pero no ten&iacute;a sufragio universal masculino, una burocracia profesional, ni mucho menos un sistema judicial independiente y profesional, un banco central con el monopolio de la emisi&oacute;n, ni leyes sobre competencia; instituciones que Pakist&aacute;n ha tenido durante d&eacute;cadas. La democracia es una excepci&oacute;n obvia a este aspecto, pero a pesar de la frecuente suspensi&oacute;n de la pol&iacute;tica electoral, el sufragio en Pakist&aacute;n &ndash;cuando se ha permitido&ndash; ha sido universal. </p>     <p align="justify"> Y otro ejemplo: en 1913, Estados Unidos ten&iacute;a un nivel de desarrollo similar al que hoy tiene M&eacute;xico. Pero su nivel de desarrollo institucional era mucho menor del que hoy observamos en M&eacute;xico. Las mujeres no ten&iacute;an derecho formal al voto, y los negros y otras minor&iacute;as &eacute;tnicas no pod&iacute;an votar <i>de facto</i> en diversas partes del pa&iacute;s. Algo m&aacute;s de una d&eacute;cada antes se hab&iacute;a aprobado una ley federal de bancarrotas (1898) y hac&iacute;a casi dos d&eacute;cadas que se hab&iacute;an reconocido los derechos de autores extranjeros (1891). Apenas estaban empezando a existir un sistema de banca central muy incompleto y el impuesto de renta (1913); y la creaci&oacute;n de una ley seria (para no hablar de una ley de &ldquo;alta calidad&rdquo;) sobre competencia (la Clayton Act) tuvo que esperar otro a&ntilde;o (1914). Tampoco hab&iacute;a ninguna regulaci&oacute;n sobre la venta de t&iacute;tulos ni sobre el trabajo infantil, y las pocas leyes federales que exist&iacute;an en estas &aacute;reas eran de baja calidad y poco se hac&iacute;an cumplir.</p>     <p align="justify"> Por supuesto, la imitaci&oacute;n institucional rara vez garantiza un desarrollo institucional satisfactorio, as&iacute; como la imitaci&oacute;n tecnol&oacute;gica rara vez garantiza un desarrollo tecnol&oacute;gico exitoso.</p>     <p align="justify"> A&uacute;n m&aacute;s importante, de la misma manera que existen innumerables elementos<i> t&aacute;citos</i> en la tecnolog&iacute;a, existen innumerables elementos t&aacute;citos en las instituciones. De modo que algunas instituciones formales que parecen funcionar muy bien en un pa&iacute;s desarrollado s&oacute;lo pueden funcionar bien porque est&aacute;n respaldadas por un conjunto de instituciones informales que no es f&aacute;cil observar. Por ejemplo, es muy dif&iacute;cil introducir el IVA en pa&iacute;ses donde las personas no tienen el h&aacute;bito de pedir y emitir recibos. Y es imposible introducir el sistema de producci&oacute;n &ldquo;justo a tiempo&rdquo; en pa&iacute;ses donde la poblaci&oacute;n no tiene un sentido de puntualidad &ldquo;industrial&rdquo;. Y as&iacute; sucesivamente. Si este es el caso, la importaci&oacute;n de instituciones formales no producir&aacute; los mismos resultados porque el pa&iacute;s que las importa puede carecer de las instituciones informales necesarias para respaldarlas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> As&iacute;, de la misma manera que es necesario adaptar la tecnolog&iacute;a importada a las condiciones locales, se necesita alg&uacute;n grado de adaptaci&oacute;n para lograr que las instituciones importadas funcionen. El mejor ejemplo a este respecto es la reforma institucional de largo alcance a comienzos de la &eacute;poca Meiji (ver los detalles en Westney, 1987). Forzados a la apertura por los estadounidenses en 1853, los japoneses entendieron que necesitaban importar instituciones occidentales para industrializarse. Luego de escrutar el mundo occidental, importaron instituciones que consideraron las m&aacute;s efectivas con los ajustes locales apropiados: la Armada y el correo postal de Gran Breta&ntilde;a, el ej&eacute;rcito y el derecho penal de Prusia, el derecho civil de Francia, el banco central de B&eacute;lgica, etc. Tambi&eacute;n importaron el sistema de educaci&oacute;n de Estados Unidos, pero lo abandonaron y lo sustituyeron por una mezcla de los sistemas alem&aacute;n y franc&eacute;s, despu&eacute;s de que se mostr&oacute; inadecuado para su pa&iacute;s. </p>     <p align="justify"> Es claro que si la imitaci&oacute;n y la adaptaci&oacute;n fueran todo lo que se necesita, otros pa&iacute;ses podr&iacute;an haber sido tan exitosos como Jap&oacute;n. A las instituciones importadas, los japoneses luego a&ntilde;adieron el sistema de empleo vitalicio, el sindicato de empresa, las redes de subcontrataci&oacute;n de largo plazo, los sistemas de agrupaci&oacute;n industrial<i> zaibatsu</i> de la preguerra y <i>keiretsu</i> de la posguerra, y muchas otras instituciones que son &ldquo;originales&rdquo; de Jap&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Esa misma historia de innovaci&oacute;n institucional caracteriza a otras historias &ldquo;exitosas&rdquo;: la innovaci&oacute;n estadounidense de la organizaci&oacute;n empresarial basada en la firma con varias divisiones y partes intercambiables, la innovaci&oacute;n alemana de la gobernancia empresarial a trav&eacute;s de la codeterminaci&oacute;n, la innovaci&oacute;n n&oacute;rdica de las relaciones industriales derivadas de un salario solidario y la negociaci&oacute;n centralizada de los salarios, etc. En realidad, la innovaci&oacute;n institucional ha sido la principal fuente del &eacute;xito econ&oacute;mico de muchos pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify"> Por supuesto, esto no significa que la cultura y las instituciones se puedan modificar a voluntad. Jacoby (2001) subraya el papel de la legitimidad en el proceso de cambio institucional. Una nueva instituci&oacute;n no puede funcionar a menos que consiga cierto grado de legitimidad pol&iacute;tica entre los miembros de la sociedad. Y para ganar legitimidad, la nueva instituci&oacute;n debe tener alguna resonancia en la cultura y las instituciones existentes, lo que limita el alcance de la innovaci&oacute;n institucional.</p>     <p align="justify"><b>COMENTARIOS FINALES</b></p>     <p align="justify">Aunque la naturaleza misma del tema hace improbable que tengamos muy pronto una teor&iacute;a de las instituciones que trate adecuadamente los problemas mencionados, la identificaci&oacute;n de los problemas de la teor&iacute;a dominante es el primer paso para construir dicha teor&iacute;a. Para avanzar en esa direcci&oacute;n, se requiere una elaboraci&oacute;n m&aacute;s cuidadosa y menos ideol&oacute;gica de los conceptos b&aacute;sicos, as&iacute; como un mejor conocimiento de las experiencias hist&oacute;ricas y contempor&aacute;neas.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#nast">*</a><a name="ast"></a> Documento original elaborado en el marco del proyecto WIDER &ldquo;Institutions and Economic Development - Theory, History and Contemporary Experiences&rdquo;. Esta es una versi&oacute;n abreviada del documento que se present&oacute; en la WIDER Jubilee Conference, Helsinki, 17 y 18 de junio de 2005, &ldquo;WIDER Thinking Ahead: The Future of Development Economics&rdquo;. Agradezco los comentarios de los asistentes a la conferencia y, en especial, la colaboraci&oacute;n de Christian Chavagneux por sus consejos para abreviar el escrito original. Traducci&oacute;n de Carolina Esguerra y Alberto Supelano.</p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>.  Para una discusi&oacute;n muy informativa del problema de la definici&oacute;n, ver Van Arkadie (1990), quien se&ntilde;ala que el t&eacute;rmino instituciones se usa para referirse a las &ldquo;reglas del juego&rdquo; y a las &ldquo;organizaciones&rdquo;. Aunque la primera acepci&oacute;n ha llegado a ser dominante desde que Van Arkaide escribi&oacute; su art&iacute;culo, a&uacute;n usamos expresiones como las <i>instituciones</i> de Bretton Woods, que emplean el segundo sentido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>. Para una cr&iacute;tica de este argumento, ver Chang (2005).</p>     <p align="justify"><a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. Un ejemplo interesante es el caso de la junta de planeaci&oacute;n de Corea, Economic Planning Board (EPB). Aunque fue el centro de la intervenci&oacute;n del gobierno hasta los a&ntilde;os setenta, por diversas razones muchos bur&oacute;cratas de la EPB adoptaron la ideolog&iacute;a neoliberal en los a&ntilde;os ochenta. A comienzos de los noventa, algunos pidieron la abolici&oacute;n de su propio ministerio. Esto remite directamente al supuesto fundamental de la b&uacute;squeda de rentas de la econom&iacute;a ortodoxa. A menos que aceptemos la importancia de la agencia humana y la influencia de las ideolog&iacute;as sobre ella, nunca podremos entender por qu&eacute; estos bur&oacute;cratas fueron contra sus intereses &ldquo;objetivos&rdquo; y abogaron por la reducci&oacute;n de su poder e influencia. Ver Chang y Evans (2005). </p>     <p align="justify"><a href="#n4">4</a><a name="4"></a>.  La necesidad del prestamista de &uacute;ltima instancia, y por tanto, de un banco central, se percibi&oacute; al menos desde el siglo XVII, pero s&oacute;lo despu&eacute;s de varios siglos de crisis financieras innecesarias los pa&iacute;ses que hoy son desarrollados establecieron un banco central, en la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. La mayor&iacute;a de los economistas que defend&iacute;an el mercado hasta este momento cre&iacute;an que el banco central ser&iacute;a perjudicial porque crear&iacute;a lo que hoy llamamos &ldquo;riesgo moral&rdquo; entre los prestamistas (Chang, 2000).</p> <hr>    <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <p align="justify">1. Acemoglu, D.; S. Johnson y J. Robinson. &ldquo;An African Success Story: Botswana&rdquo;, D. Rodrik, ed., <i>Search of Prosperity: Analytic Narratives on Economic Growth</i>, Princeton, Princeton University Press,  2003. </p>     <p align="justify">2.  Aron, J. &ldquo;Growth and Institutions: A Review of the Evidence&rdquo;, <i>The World Bank Research Observer</i> 15, 1, 2000. </p>     <p align="justify">3.  Chang, H. J. &ldquo;The Hazard of Moral Hazard. Untangling the Asian Crisis&rdquo;, <i>World Development</i> 28, 4, 2000. </p>     <!-- ref --><p align="justify">4.  Chang, H. J. <i>Kicking Away the Ladder. Development Strategy in Historical Perspective</i>, London, Anthem Pres, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-5996200600010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">5.  Chang, H. J. &ldquo;Globalization, Global Standards and the Future of East Asia&rdquo;, <i>Global Economic Review</i> 34, 4, 2005. </p>     <p align="justify">6.  Chang, H. J. y P. Evans. &ldquo;The Role of Institutions in Economic Change&rdquo;, G. Dymski y S. Da Paula, eds., <i>Remaining Growth</i>, London, Zed Press, 2005.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">7.  Dore, R. <i>Taking Japan Seriously. A Confucian Perspective on Leading Economic Issues</i>, London, The Athlone Press, 1987. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996200600010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">8.  Engerman, S. y K. Sokoloff. &ldquo;Factor Endowments, Institutions, and Differential Growth Paths among New World Economies&rdquo;, S. Haber, ed., <i>How Latin America Fell Behind</i>, Stanford, Stanford University Press, 1997. </p>     <!-- ref --><p align="justify">9.  Evans, P. <i>Embedded Autonomy. States &amp; Industrial Transformation</i>, Princeton, Princeton University Press, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996200600010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10.  Jacoby, W. <i>Imitation and Politics: Redesigning Modern Germany</i>, Ithaca y London, Cornell University Press, 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-5996200600010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">11.  Kapur, D. y R. Webber. &ldquo;Governance-related Conditionalities of the IFI&rdquo;, <i>Discussion Paper Series</i> 6, 2000, Geneva, UNCTAD. </p>     <p align="justify">12.  Kaufmann, D.; A. Kray y P. Zoido-Lobaton. &ldquo;Governance Matters I&rdquo;, <i>Policy Research Working Paper </i>2196, 1998, Washington, D. C., The World Bank. </p>     <p align="justify">13.  Kaufmann, D.: A. Kray y P. Zoido-Lobaton. &ldquo;Governance Matters II&rdquo;, <i>Policy Research Working Paper</i> 2772, 2002, Washington, D. C., The World Bank.</p>     <p align="justify">14.  Kaufiann, D.; A. Kray y M. Mastruzzi. &ldquo;Governance Matters III&rdquo;, <i>Policy Research Working Paper</i> 3106, 2003, Washington, D. C., The World Bank.</p>     <!-- ref --><p align="justify">15.  Kuisel, R. <i>Capitalism and the State in Modern France</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1981. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996200600010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">16.  Van Arkadie, B. &ldquo;The Role of Institutions in Development in The World Bank&rdquo;, Proceedings of the World Bank Annual Conference on Development Economics, 1989, Washington, D. C., The World Bank, 1990. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">17.  Westney, E. <i>Imitation and Innovation: The Transfer of Western Organizational Patterns to Meiji Japan</i>, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1987. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996200600010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18.  World Bank. <i>World Development Report</i> 2002, New York, Oxford University Press, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-5996200600010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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