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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[BANCA Y REGIÓN EN COLOMBIA, 1850-1880]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyses the development of the Colombian monetary and banking system between 1850 and 1880. The political debate and the power struggle at the national level determined the economic model of this period. Beyond its technical feasibility, the economic decisions were influenced by the concept of Nation that each group wanted to impose.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>BANCA Y REGI&Oacute;N EN COLOMBIA, 1850-1880</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>BANKING AND REGIONS IN COLOMBIA, 1850-1880</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Juan Santiago Correa R.</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Mag&iacute;ster en historia de la Pontificia Universidad Javeriana, candidato a doctor en sociolog&iacute;a jur&iacute;dica e instituciones pol&iacute;ticas de la Universidad Externado de Colombia, profesor del Colegio de Estudios Superiores de Administraci&oacute;n (CESA), Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:juansc@mail.cesa.edu.co">juansc@mail.cesa.edu.co</a>&#93;. La versi&oacute;n original de este texto se present&oacute; en las XXI Jornadas de Historia Econ&oacute;mica (Buenos Aires, 2008) y en el Congreso de LASA 2009, R&iacute;o de Janeiro, 2009. Fecha de recepci&oacute;n: 2 de febrero de 2009, fecha de modificaci&oacute;n: 8 de mayo de 2009, fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de julio de 2009.</p> <hr size="1">     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: pol&iacute;tica monetaria, radicalismo, banca libre, banca regional; JEL: E52, E58, N16&#93; </p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo analiza el desarrollo del sistema monetario y bancario de Colombia entre 1850 y 1880. El debate pol&iacute;tico y la lucha de poder entre las &eacute;lites regionales, y entre los grupos pol&iacute;ticos en el &aacute;mbito nacional, configuraron el modelo econ&oacute;mico de la &eacute;poca. M&aacute;s all&aacute; de su viabilidad t&eacute;cnica, las decisiones econ&oacute;micas estuvieron asociadas a la visi&oacute;n de naci&oacute;n que cada grupo de poder quer&iacute;a imponer a los dem&aacute;s.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: monetary policy, radicalism, free banking, regional banking; JEL: E52, E58, N16&#93; </p>     <p align="justify">This article analyses the development of the Colombian monetary and banking system between 1850 and 1880. The political debate and the power struggle at the national level determined the economic model of this period. Beyond its technical feasibility, the economic decisions were influenced by the concept of Nation that each group wanted to impose. </p> <hr size="1">     <p align="justify">Una de las discusiones m&aacute;s fecundas y de mayores alcances del siglo XIX gir&oacute; en torno al sistema monetario y el desarrollo del sector bancario en Colombia. El comienzo de la vida republicana debi&oacute; enfrentar las penurias fiscales derivadas de la independencia y de los conflictos civiles que pronto se generaron entre las diferentes facciones pol&iacute;ticas. As&iacute; mismo, la d&eacute;bil vinculaci&oacute;n al comercio internacional y el peso de la deuda externa hicieron a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil la tarea de organizar un sistema monetario y bancario en el pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Las soluciones que se propusieron a lo largo del siglo estuvieron determinadas por el debate pol&iacute;tico y la lucha de poder dentro de las &eacute;lites regionales, y en el &aacute;mbito nacional entre los grupos pol&iacute;ticos que se consolidaron en ese per&iacute;odo. M&aacute;s all&aacute; de su viabilidad o su validez t&eacute;cnica, esas soluciones estaban ligadas de manera indisoluble a la visi&oacute;n de naci&oacute;n que cada uno de esos grupos pretend&iacute;a imponer o impuso sobre los dem&aacute;s.</p>     <p align="justify">En la primera parte de este art&iacute;culo se analizan los primeros intentos de emisi&oacute;n monetaria en el pa&iacute;s y los esfuerzos por crear un ordenamiento bancario; en la segunda parte se estudia la forma en que se ampli&oacute; el cr&eacute;dito privado a mediados del siglo XIX y el desarrollo de las primeras cajas de ahorro en Colombia; en la tercera se examinan los efectos de las reformas liberales, en particular las que implement&oacute; el Radicalismo, sobre la creaci&oacute;n de un sistema de banca libre con profundos efectos en las distintas regiones de Colombia; por &uacute;ltimo, se presentan las conclusiones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>LOS PRIMEROS INTENTOS DE EMISI&Oacute;N MONETARIA</b></p>     <p align="justify">El inicio de las emisiones de papel moneda en Colombia no coincide, como se suele pensar, con el advenimiento de la banca libre (1865-1886), pues hubo varios intentos infructuosos desde 1813, cuando se ensay&oacute; por vez primera esta forma monetaria. En ese a&ntilde;o, como presidente de la Junta Patri&oacute;tica de Cartagena, Germ&aacute;n Guti&eacute;rrez de Pi&ntilde;eres orden&oacute; la emisi&oacute;n de $300.000 con denominaci&oacute;n de un real. La falta de seguridad de esta emisi&oacute;n, que se hizo en papel corriente, llev&oacute; a que el p&uacute;blico tuviera poca confianza y castigara su valor nominal (Hern&aacute;ndez, 2001, 44).</p>     <p align="justify">Para proporcionar los medios y arbitrios y socorrer al ej&eacute;rcito de reserva, en 1821 se expidi&oacute; el decreto del 4 de julio que orden&oacute; al vicepresidente de Cundinamarca<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> que emitiera libranzas por $200.000 en denominaciones de 6, 12, 18 y 24 reales admisibles en pago por la sal que produc&iacute;an las minas de Zipaquir&aacute;, Nemoc&oacute;n y Tausa (Ib&aacute;&ntilde;ez, 1990, 34).</p>     <p align="justify">Estas libranzas se admitir&iacute;an en las minas con preferencia a la moneda en met&aacute;lico en toda clase de contratos, pago de deudas, derechos en las oficinas de la Rep&uacute;blica y pagos a los empleados oficiales que no estuvieran a m&aacute;s de dos d&iacute;as de distancia de Bogot&aacute;. El decreto estipulaba que quien se negara a recibir estas libranzas ser&iacute;a penalizado la primera vez con una multa por el doble del valor de la transacci&oacute;n, la segunda por el cu&aacute;druple y la tercera con la misma multa y la pena de destierro por un a&ntilde;o. Una vez las libranzas se hubieran pagado en las salinas se consideraban amortizadas y no pod&iacute;an circular nuevamente, salvo que lo autorizara de manera expresa una ley del Congreso (ib&iacute;d., 34).</p>     <p align="justify">M&aacute;s adelante, durante el gobierno de Jos&eacute; Ignacio de M&aacute;rquez, la ley del 6 de junio de 1838 autoriz&oacute; a la Tesorer&iacute;a General de la Rep&uacute;blica para que, seg&uacute;n instrucciones del Presidente, emitiera y pusiera billetes en circulaci&oacute;n. Esta emisi&oacute;n, aprobada por el presidente M&aacute;rquez mediante el decreto 1204 de diciembre de 1839, con denominaciones de 5, 10, 20, 75, 80 y 100 pesos, se usar&iacute;a para pagar la n&oacute;mina gubernamental y a los acreedores de la Rep&uacute;blica que los aceptaran voluntariamente. Estos billetes, aunque deb&iacute;an ser pagados a la vista en moneda met&aacute;lica, tuvieron poca circulaci&oacute;n y aceptaci&oacute;n (ib&iacute;d., 35).</p>     <p align="justify">Para impulsar estas medidas, el Congreso emiti&oacute; la ley del 1.&deg; de junio 1847 que autoriz&oacute; a Florentino Gonz&aacute;lez, Secretario de Hacienda de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, a crear un banco privado que tendr&iacute;a el nombre de Banco de la Nueva Granada y dar&iacute;a apoyo esencial a todas las operaciones de la industria y el comercio. Se acord&oacute; que no ser&iacute;a un banco de emisi&oacute;n del Estado, por tal raz&oacute;n los particulares se deb&iacute;an encargar de su formaci&oacute;n, direcci&oacute;n y manejo, s&oacute;lo con la intervenci&oacute;n absolutamente indispensable de las autoridades (ib&iacute;d., 37).</p>     <p align="justify">Florentino Gonz&aacute;lez consideraba que una instituci&oacute;n de esta &iacute;ndole deb&iacute;a tener un estatuto especial que la diferenciara de los bancos "comunes". El banco se constituir&iacute;a con siete individuos de conocida probidad, capital e inteligencia en los negocios, con un capital no inferior a diez millones de reales, y deb&iacute;a gozar de los siguientes privilegios por un t&eacute;rmino de 18 a&ntilde;os: desempe&ntilde;ar funciones de agente fiscal del gobierno, ejecutar todas las operaciones de cr&eacute;dito del gobierno, y emitir de forma exclusiva billetes dentro de las provincias de Bogot&aacute;, Tunja, V&eacute;lez, Mariquita y Neiva por una suma igual al met&aacute;lico en caja. No obstante, la falta de capital hizo imposible el desarrollo de este proyecto (ib&iacute;d., 38-39).</p>     <p align="justify">A pesar de estos problemas, mediante el decreto 1877 L, Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera facult&oacute; a las tesorer&iacute;as del centro y del sur del pa&iacute;s a emitir dos tipos de billetes redimibles: los representativos en plata, con valores de 40, 80, 160, 200, 400, 600 y 800 pesos, y los representativos en oro, de 5, 10, 25 y 50 pesos. Igual que los intentos anteriores, estos billetes eran de aceptaci&oacute;n voluntaria y se pod&iacute;an usar para pagar las deudas con la naci&oacute;n (Hern&aacute;ndez, 2001, 45).</p>     <p align="justify">Las leyes de manumisi&oacute;n de esclavos promulgadas en 1821 inclu&iacute;an el pago de indemnizaci&oacute;n a los propietarios por la mano de obra liberada. Durante 1851 y 1852, cuando termin&oacute; ese proceso, el gobierno de Jos&eacute; Hilario L&oacute;pez se vio obligado a permitir la emisi&oacute;n de billetes para pagar la deuda, que no hab&iacute;a sido cancelada, mediante el decreto 2166 C del 5 de junio de 1852 (ib&iacute;d., 45).</p>     <p align="justify">En 1855, estando encargado de la presidencia el vicepresidente de la Confederaci&oacute;n Granadina, Manuel Mar&iacute;a Mallarino, se expidi&oacute; la ley "org&aacute;nica de bancos de emisi&oacute;n, descuento y dep&oacute;sito", el 13 de junio. Esta ley autoriz&oacute; la formaci&oacute;n de bancos y la ejecuci&oacute;n de todas las transacciones de inter&eacute;s y las funciones que les pudieran corresponder conforme a los reglamentos expedidos por el Presidente de la Rep&uacute;blica. Los bancos ten&iacute;an derecho a emitir billetes redimibles en moneda legal de oro o plata de ley 0,900 al momento de su presentaci&oacute;n (Ib&aacute;&ntilde;ez, 1990, 41-42).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La guerra civil de 1860 presion&oacute; el gasto p&uacute;blico, lo que oblig&oacute; a una nueva emisi&oacute;n autorizada por el decreto 2591 de 1861. Mediante este decreto se emitieron billetes de tesorer&iacute;a por $500.000, admisibles para pagar hasta el 50% de los derechos de importaci&oacute;n, el 60% del valor de la sal comprada en las salinas del Estado y el 100% de los derechos de exportaci&oacute;n (Hern&aacute;ndez, 2001, 45).</p>     <p align="justify">Los billetes de tesorer&iacute;a se prestaron para que los agiotistas abusaran de viudas, empleados y pensionados, exigi&eacute;ndoles descuentos enormes por cambiarlos o recibirlos. Por ello, Mosquera dict&oacute; el decreto del 18 de junio de 1862 que establec&iacute;a que a todo individuo que cobrara un descuento superior al 2% o aumentara el precio de los bienes para depreciar estos billetes el gobierno lo considerar&iacute;a como enemigo y, en consecuencia, le retirar&iacute;a la protecci&oacute;n de las leyes en todos los negocios civiles, no ser&iacute;a o&iacute;do en juicio para ejecutar a otro e incurrir&iacute;a en multas de $10 a $1.000 por cada acto (Ib&aacute;&ntilde;ez, 1990, 44).</p>     <p align="justify">Debido a que la Corte Suprema determin&oacute; que los billetes de tesorer&iacute;a no eran de recibo obligatorio para deudas anteriores al 24 y al 31 de agosto de 1861, el presidente Mosquera dict&oacute; el decreto 2707 del 11 de agosto de 1862, el cual dispon&iacute;a que su recibo ser&iacute;a obligatorio para los particulares en cualquier transacci&oacute;n (sin importar su origen, &eacute;poca o naturaleza), lo que instituy&oacute; por primera vez en Colombia el curso (ib&iacute;d., 45).</p>     <p align="justify">Para garantizarlo se establecieron, con poco &eacute;xito, medidas coercitivas que incluso desconoc&iacute;an los derechos ciudadanos. El gobierno debi&oacute; renunciar en 1863 al car&aacute;cter de moneda legal de estas emisiones y los billetes fueron amortizados como deuda de la naci&oacute;n hasta retirarlos totalmente de circulaci&oacute;n (Hern&aacute;ndez, 2001, 45).</p>     <p align="justify">En 1866 hubo una nueva iniciativa para establecer un banco que tendr&iacute;a el nombre de Banco Nacional de los Estados Unidos de Colombia, concebido como una instituci&oacute;n de emisi&oacute;n, giro, dep&oacute;sito y descuento, cuyos billetes ser&iacute;an aceptables en el pago de impuestos, excepto la parte correspondiente a la amortizaci&oacute;n de deuda externa. Igual que las iniciativas anteriores, la falta de capital y las dificultades internas impidieron que &eacute;sta prosperara (ib&iacute;d., 47).</p>     <p align="justify">En general, hasta ese momento todos los intentos de emisi&oacute;n fueron ordenados para atender los gastos del gobierno y no para regular la oferta monetaria ni el dinero en circulaci&oacute;n. Su impacto sobre la econom&iacute;a en general fue muy bajo debido, entre otras razones, a que eran emisiones muy peque&ntilde;as o con fines muy espec&iacute;ficos, o porque el p&uacute;blico poco aceptaba ese dinero, lo que las hac&iacute;a salir r&aacute;pidamente de circulaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>LA AMPLIACI&Oacute;N DEL CR&Eacute;DITO PRIVADO Y LAS CAJAS DE AHORRO</b></p>     <p align="justify">En la primera mitad del siglo XIX, el mercado de capitales era estrecho por diversas razones. Debido a los efectos de las guerras de independencia sobre el sistema productivo, al vac&iacute;o de cr&eacute;dito que hab&iacute;a dejado la Iglesia, a la quiebra de importantes prestamistas privados y a la desaparici&oacute;n de los primeros bancos brit&aacute;nicos, en el per&iacute;odo comprendido entre 1820 y 1850 hubo un escaso desarrollo del mercado de capitales.</p>     <p align="justify">Los gobiernos de este per&iacute;odo liberaron las tasas de inter&eacute;s y ocasionaron niveles de usura. La pr&aacute;ctica recurrente del agio permiti&oacute; que el gobierno cubriera las necesidades fiscales de corto plazo, sacrificando el largo plazo, con grandes beneficios para los particulares, en contra del Estado, pues en los momentos de dificultades, como las guerras civiles, el gobierno recurr&iacute;a a prestamistas particulares para financiar el gasto (Sowell, 1999, 221).</p>     <p align="justify">Uno de los prestamistas m&aacute;s notorios de la &eacute;poca fue Judas Tadeo Land&iacute;nez, que en 1841 se asoci&oacute; con Sinforoso Calvo para fundar la Compa&ntilde;&iacute;a de Giro y Descuento, una instituci&oacute;n de cr&eacute;dito que realizaba operaciones de dep&oacute;sito, giro, descuento y pr&eacute;stamos a todos los sectores de la sociedad. La fortuna personal de Land&iacute;nez ayud&oacute; a sostener al gobierno durante la guerra de Los Supremos (1839-1842); aquel utiliz&oacute; sus ganancias para especular en ganado, transportes, tabaco y algunas industrias nacientes en Cundinamarca y Boyac&aacute;. Cuando la burbuja especulativa explot&oacute; muchos capitalistas, incluido el presidente Jos&eacute; Ignacio de M&aacute;rquez, llegaron al borde de la quiebra y la oferta de cr&eacute;dito se redujo vertiginosamente (Arango, 1981, 149-159)<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para enfrentar esta situaci&oacute;n, en la segunda mitad de la d&eacute;cada 1840 se foment&oacute; la creaci&oacute;n de cajas de ahorros para cubrir las necesidades de cr&eacute;dito en los principales centros urbanos del pa&iacute;s, as&iacute; como para fomentar el crecimiento de peque&ntilde;as y grandes industrias y el ahorro de los sectores populares (Sowell, 1999, 218).</p>     <p align="justify">En <i>El Neogranadino</i> se lleg&oacute; a debatir en 1848 si estas cajas –que cumpl&iacute;an funciones de dep&oacute;sito, cr&eacute;dito y descuento– se pod&iacute;an convertir en bancos de emisi&oacute;n de billetes pagaderos al descubierto y respaldados con dep&oacute;sitos en met&aacute;lico. Pero la propuesta no prosper&oacute; debido a los temores sobre la estabilidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">El desarrollo de las cajas de ahorro se enmarc&oacute; en las reformas liberales de los ministros Lino de Pombo y Florentino Gonz&aacute;lez. Estos sosten&iacute;an que el ideal de progreso estaba imbuido de la creencia de que el orden social y el progreso econ&oacute;mico se pod&iacute;an alcanzar al mismo tiempo, siempre y cuando las &eacute;lites fueran capaces de canalizar las energ&iacute;as y la actividad econ&oacute;mica de los sectores populares por medio de la capacitaci&oacute;n t&eacute;cnica de &eacute;stas (Sowell, 1999, 223).</p>     <p align="justify">La primera caja de ahorros que se fund&oacute; en Colombia fue la de Cartagena, en 1843, sobre la que se tiene muy poca informaci&oacute;n; luego se fund&oacute; la de Medell&iacute;n en 1844, la de Bogot&aacute; en 1846 y la de Santaf&eacute; de Antioquia en 1851. Tras la fundaci&oacute;n de la Caja de Ahorros de Bogot&aacute; se fundaron otros establecimientos similares en las provincias de Choc&oacute; y El Socorro, as&iacute; como en las ciudades de Santa Marta, Popay&aacute;n, Mompox y Buenaventura, que tuvieron una vida muy ef&iacute;mera (Botero, 1985, 65, y Arango, 1981, 199).</p>     <p align="justify">La Caja de Ahorros de Medell&iacute;n recib&iacute;a dep&oacute;sitos semanales de peque&ntilde;os artesanos, sirvientes y campesinos a un inter&eacute;s muy bajo. Los dep&oacute;sitos se destinaban a pr&eacute;stamos con hipotecas. El desarrollo de la Caja se vio truncado hacia 1867 cuando sus directores, miembros prestigiosos de la &eacute;lite de Medell&iacute;n, se vieron envueltos en un esc&aacute;ndalo de manejo de fondos. La Caja funcion&oacute; hasta 1874, cuando se liquid&oacute; (Brew, 2000, 91).</p>     <p align="justify">M&aacute;s adelante, en 1890, la Sociedad San Vicente de Pa&uacute;l fund&oacute; otra caja en Medell&iacute;n, que hasta 1919 otorg&oacute; cr&eacute;dito a los comerciantes de la ciudad, coincidiendo con el proceso de expansi&oacute;n cafetera e industrial de principios del siglo XX que aument&oacute; los ingresos de los sectores populares, lo que permiti&oacute; el r&aacute;pido desarrollo de dicha caja en sus primeros a&ntilde;os (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">La Caja de Ahorros de Bogot&aacute; (1846-1865) tuvo un desempe&ntilde;o m&aacute;s exitoso, pues durante algunos a&ntilde;os cumpli&oacute; uno de sus objetivos centrales: reducir la tasa de usura en Bogot&aacute;. Antes de su fundaci&oacute;n, las tasas predominantes oscilaban entre el 2% y el 3% mensual por pr&eacute;stamos de menos de $300, lo que equival&iacute;a a tasas superiores al 40% anual. La Caja prestaba a un m&aacute;ximo del 1% mensual y ayud&oacute; a estabilizar la tasa de colocaci&oacute;n a un promedio del 9% anual (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">Sin embargo, el prop&oacute;sito de la Caja no era estrictamente financiero, pues Pombo y otros miembros de la junta directiva consideraban que deb&iacute;a "moralizar" a los sectores populares para que abandonaran la actitud de "no preocuparse hoy, por el ma&ntilde;ana y que produjeran personas diligentes" (Sowell, 1999, 224).</p>     <p align="justify">La Caja prestaba a individuos con buen pasado crediticio o propiedades personales y dos garantes. Usualmente captaba dep&oacute;sitos pagando una tasa entre el 3% y el 5% anual, y otorgaba pr&eacute;stamos con per&iacute;odos de amortizaci&oacute;n de 6 meses en promedio. As&iacute; no pod&iacute;a cumplir su objetivo, pues los artesanos usualmente no calificaban para el cr&eacute;dito y, como les pagaban al final de la producci&oacute;n, requer&iacute;an un capital inmediato. Adem&aacute;s, enfrentaba el problema de que los compradores no aceptaban los costos financieros como costos del producto, lo que se agravaba por la pena de prisi&oacute;n por deudas (ib&iacute;d., 225-226).</p>     <p align="justify">El gobierno nacional prest&oacute; apoyo haciendo ciertas concesiones: eximi&oacute; a los ahorradores de varias responsabilidades civiles como el servicio militar y ciertos impuestos personales; calific&oacute; los libros de dep&oacute;sito como documentos p&uacute;blicos y elimin&oacute; los costos notariales a las actividades de la Caja; los fondos eran inviolables y sus operaciones exentas de impuestos. La Caja gozaba de una s&oacute;lida confianza y sus servicios eran utilizados por un gran n&uacute;mero de bogotanos (ib&iacute;d., 226-227).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los cambios y la inestabilidad pol&iacute;tica, sumados a la creaci&oacute;n del Estado de Cundinamarca, debilitaron el funcionamiento de la Caja. Los registros se dejaron de considerar documentos p&uacute;blicos y se fij&oacute; un l&iacute;mite del 5% anual a los intereses de los dep&oacute;sitos, lo que desalent&oacute; a los ahorradores. Esta situaci&oacute;n se agrav&oacute; con la fuerte depreciaci&oacute;n de los bonos gubernamentales, que representaban una alta porci&oacute;n de las inversiones de la Caja, y por profundas diferencias internas en su manejo que llevaron a liquidarla en 1865 (ib&iacute;d., 228-240).</p>     <p align="justify">Aunque en general los resultados no fueron negativos tampoco fueron los que se esperaban, pues los patrones de ahorro bogotanos no cambiaron con el funcionamiento de la Caja ni se estimul&oacute; a la peque&ntilde;a industria, aunque s&iacute; regul&oacute; las tasas de inter&eacute;s en Bogot&aacute;. Es interesante que los dos partidos pol&iacute;ticos elogiaran aspectos diferentes de la Caja: el Partido Liberal exaltaba el valor de las funciones bancarias y su contribuci&oacute;n contra la usura, y los conservadores exaltaban sus beneficios morales (ib&iacute;d., 230).</p>     <p align="justify">A pesar de lo interesante que pudo ser el desarrollo de las cajas de ahorros, estas no ampliaron los mercado de capitales ni los de cr&eacute;dito y fomento. Sus &eacute;xitos y fracasos se limitaron a algunos sectores y revirtieron las tendencias predominantes. Hubo que esperar hasta el desarrollo de la banca privada en la d&eacute;cada de 1870 para que el mercado de capitales sufriera una transformaci&oacute;n de fondo.</p>     <p align="justify"><b>EL RADICALISMO Y LA BANCA REGIONAL</b></p>     <p align="justify">Las reformas liberales empezaron a tomar forma en 1849 con la abolici&oacute;n de la esclavitud, la divisi&oacute;n de los resguardos ind&iacute;genas, la ampliaci&oacute;n de las libertades civiles y de prensa, la abolici&oacute;n de la pena de muerte por delitos pol&iacute;ticos, la descentralizaci&oacute;n de la administraci&oacute;n y de los impuestos, el mayor control de los gobiernos locales sobre la Iglesia, la supresi&oacute;n de los tribunales eclesi&aacute;sticos especiales y el amplio desarrollo del sistema de banca libre en Colombia. Estas reformas se elevaron a categor&iacute;a constitucional en 1853 y luego en 1863 (Bergquist, 1999, 41).</p>     <p align="justify">No obstante, las medidas pol&iacute;ticas que acompa&ntilde;aron a las reformas econ&oacute;micas librecambistas no estuvieron exentas de conflictos dentro del naciente Partido Liberal. El conflicto m&aacute;s importante fue el que protagonizaron los artesanos, arruinados por la dif&iacute;cil competencia del exterior, cuando se unieron a los militares de vieja escuela –que perdieron su protagonismo luego de la independencia– y respaldaron la dictadura de Melo en 1854.</p>     <p align="justify">La adopci&oacute;n del librecambio llev&oacute; a la uni&oacute;n de los manufactureros y artesanos –los draconianos– contra los comerciantes –g&oacute;lgotas– dentro del partido liberal, es decir, se enfrentaron las posturas proteccionistas y librecambistas (Esquivel, 2003, 203). Lo s defensores de las doctrinas librecambistas llegaron a controlar el poder y no s&oacute;lo aprovecharon los ciclos de auge de la quina, el algod&oacute;n, el caucho, el a&ntilde;il y, especialmente, el tabaco, sino que se convirtieron en comerciantes e importadores cuya suerte estaba ligada al mercado internacional.</p>     <p align="justify">La importancia econ&oacute;mica de la agroexportaci&oacute;n prevaleci&oacute; sobre los intereses de los artesanos. La bonanza tabacalera indujo el m&aacute;s importante flujo de divisas desde la Independencia e hizo posible la consolidaci&oacute;n de una poderosa &eacute;lite vinculada al comercio externo. Adem&aacute;s, en ausencia de grandes entradas de capital, las importaciones estuvieron fuertemente correlacionadas con las importaciones, lo que increment&oacute; los ingresos fiscales aduaneros y, con ello, el gasto fiscal (ver Ocampo, 1998, cap. 1).</p>     <p align="justify">As&iacute;, los miembros de la &eacute;lite conservadora y liberal llegaron a un acuerdo relativo sobre la necesidad de vincular el comercio exterior con el desarrollo econ&oacute;mico del pa&iacute;s. Acuerdo que no se logr&oacute; en otros temas centrales para el liberalismo decimon&oacute;nico, como las libertades individuales, la organizaci&oacute;n del Estado o las relaciones con la Iglesia.</p>     <p align="justify">Las reformas no s&oacute;lo suscitaron la oposici&oacute;n de los conservadores sino la oposici&oacute;n dentro del mismo liberalismo. El Partido Liberal recuper&oacute; el control del poder en la guerra civil de 1860-1862, cuando consolid&oacute; su proyecto pol&iacute;tico en la Constituci&oacute;n de 1863, redactada en Rionegro, que ratific&oacute; las medidas antieclesi&aacute;sticas de Mosquera, reorganiz&oacute; el pa&iacute;s en una estructura federal muy descentralizada y ampli&oacute; los derechos individuales hasta incluir la libertad de expresi&oacute;n irrestricta y el derecho a poseer y traficar armas. Con ello se inici&oacute; el per&iacute;odo del Radicalismo (Bergquist, 1999, 43).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Uno de los desarrollos econ&oacute;micos m&aacute;s importantes de este per&iacute;odo fue la creaci&oacute;n del sistema de banca libre, que perdur&oacute; desde 1865 hasta 1886, a&ntilde;o en que se inici&oacute; el curso forzoso. Cubri&oacute; entonces el Radicalismo liberal y el inicio de la Regeneraci&oacute;n; lo que no implica que el sistema fuera id&eacute;ntico en ambos per&iacute;odos, pues en el segundo las intenciones de desmontar el sistema de banca libre fueron expl&iacute;citas desde la posesi&oacute;n de N&uacute;&ntilde;ez en 1880.</p>     <p align="justify">Antes de las reformas de 1846 s&oacute;lo se registra un intento de crear una legislaci&oacute;n bancaria que organizara y regulara las instituciones de cr&eacute;dito y la emisi&oacute;n de billetes. El decreto del 5 de abril de 1825 autoriz&oacute; la fundaci&oacute;n de un banco de comercio en Caracas que se llamar&iacute;a Banco de Venezuela, entonces parte de la Gran Colombia (Botero, 1985, 64).</p>     <p align="justify">S&oacute;lo desde las reformas liberales de mediados de siglo, consolidadas en la Constituci&oacute;n de 1863, se puede hablar del surgimiento de la banca privada. Con apoyo de los bancos privados y semioficiales que surgieron en esa &eacute;poca, las &eacute;lites regionales ampliaron y fortalecieron su poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico gracias a que captaban met&aacute;lico y emit&iacute;an papel moneda (D&iacute;ez 1989, 39).</p>     <p align="justify">Esto ocurri&oacute; al amparo de la ley del 27 de mayo de 1864, que autoriz&oacute; contratar la fundaci&oacute;n de un banco nacional, y de la ley 35 de 1865, que confiri&oacute; privilegios a la sucursal del Banco de Londres, M&eacute;xico y Sudam&eacute;rica en Bogot&aacute; para emitir billetes durante veinte a&ntilde;os. Esta autorizaci&oacute;n se extendi&oacute; a todos los bancos que se fundaran con este prop&oacute;sito a partir de ese momento (Botero, 1985, 68).</p>     <p align="justify">Las instituciones bancarias que se formaron conforme a la ley 35 de 1865 ten&iacute;an libertad para emitir billetes admisibles como dinero en pago de impuestos y derechos nacionales y, en general, en todos los negocios que involucraran al gobierno. Esos bancos tambi&eacute;n pod&iacute;an conceder cr&eacute;ditos, recibir sumas del tesoro nacional y contratar con los acreedores del gobierno los pagos mediante el reconocimiento de una comisi&oacute;n no mayor al 1% (Hern&aacute;ndez, 2001, 40).</p>     <p align="justify">El privilegio de emisi&oacute;n por veinte a&ntilde;os estaba sujeto a la obligaci&oacute;n de mantener en circulaci&oacute;n billetes al portador por un valor que no superara el doble de los fondos en met&aacute;lico que se manten&iacute;an en caja, aceptar la supervisi&oacute;n del gobierno en lo referente a la emisi&oacute;n y convertir en met&aacute;lico los billetes que presentaran sus tenedores. Esto implic&oacute; la creaci&oacute;n de un sistema de banca libre en el que los bancos privados pod&iacute;an emitir billetes redimibles en moneda met&aacute;lica, cuyas caracter&iacute;sticas eran definidas por el Estado (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">Esta moneda fiduciaria o moneda de papel representativa de moneda met&aacute;lica no puede ser considerada t&eacute;cnicamente como papel moneda sino como "billetes de banco", pues eran promesas de pago a la vista y al portador, cubiertas por un dep&oacute;sito en met&aacute;lico. Los bancos suscrib&iacute;an el compromiso de convertir sus propios billetes cuando el tenedor lo deseara sin ning&uacute;n descuento (Botero, 1988, 86).</p>     <p align="justify"><a name="c1"></a>Cuadro 1    <br> Bancos privados fundados entre 1870 y 1886 (pesos)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a2c1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La creaci&oacute;n de bancos en las regiones m&aacute;s pr&oacute;speras del pa&iacute;s permiti&oacute; que las &eacute;lites regionales y locales controlaran la captaci&oacute;n de met&aacute;lico y la ampliaci&oacute;n del cr&eacute;dito, consolidando su control del mercado financiero. El cr&eacute;dito qued&oacute; representado cada vez m&aacute;s en billetes de banco, lo que permiti&oacute; adem&aacute;s llenar parcialmente el vac&iacute;o que dej&oacute; en la circulaci&oacute;n monetaria la exportaci&oacute;n de metales preciosos y de numerario met&aacute;lico al mercado externo para cubrir los d&eacute;ficits de balanza de pagos (D&iacute;ez, 1989, 39).</p>     <p align="justify">Estos billetes se constituyeron en medios sustitutivos para la circulaci&oacute;n, con lo que se liber&oacute; al oro y la plata de sus funciones como moneda interna o mercanc&iacute;a de exportaci&oacute;n. Esto sirvi&oacute; para superar la escasez de met&aacute;lico y controlar el predominio de la circulaci&oacute;n de monedas de menor calidad (ib&iacute;d., 39).</p>     <p align="justify">Por otra parte, el aumento de la capacidad de cr&eacute;dito de la econom&iacute;a se reflej&oacute; en una reducci&oacute;n de la tasa de inter&eacute;s, que pas&oacute; de entre un 8% y un 12%, y en ocasiones de un 18%, a un promedio anual del 6% al 8%. Estas variaciones pueden ser mayores o menores, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, dependiendo del per&iacute;odo y de la regi&oacute;n que se analice (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">El desarrollo de la banca libre en Colombia tuvo desarrollos diferentes en las regiones, de acuerdo con su capacidad econ&oacute;mica, la credibilidad de las instituciones que se crearon y, por supuesto, el apoyo que recibieron del gobierno local y nacional. Es importante anotar que el cambio de modelo pol&iacute;tico, del Radicalismo liberal a la Regeneraci&oacute;n, tuvo un impacto determinante en el deterioro de este sistema aun antes del establecimiento del curso forzoso.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A BANCA EN</small> B<small>OGOT&Aacute;</small></b></p>     <p align="justify">Bogot&aacute; muestra profundas diferencias con otras zonas del pa&iacute;s donde se desarroll&oacute; un sistema bancario importante, pues la capital no ten&iacute;a recursos naturales de relevancia comercial, excepto las minas de sal de Zipaquir&aacute; y Nemoc&oacute;n que se convirtieron en recursos fiscales del gobierno. Antioquia y la Costa Caribe pose&iacute;an una vinculaci&oacute;n temprana al comercio internacional, gracias a sus recursos naturales o a su infraestructura, y las casas comerciales m&aacute;s importantes sol&iacute;an tener adem&aacute;s funciones bancarias (Romero, 1994, 267).</p>     <p align="justify">Desde la Colonia, Bogot&aacute; fue el principal centro de poder pol&iacute;tico y eclesi&aacute;stico y sede de los principales centros educativos. Esto le permiti&oacute; desarrollar una &eacute;lite s&oacute;lida que no s&oacute;lo interven&iacute;a en los asuntos internos de la ciudad sino que ten&iacute;a una injerencia significativa en los asuntos del resto del territorio (ib&iacute;d., 1994, 267).</p>     <p align="justify">La &eacute;lite colonial se fortaleci&oacute; a lo largo del siglo XIX, consolid&aacute;ndose en actividades como la ganader&iacute;a, la agricultura comercial, en especial las haciendas cafeteras, y la producci&oacute;n de papa, ma&iacute;z, frutas y cereales. Las casas comerciales se dedicaron a la importaci&oacute;n de diversos bienes, y algunas ampliaron sus operaciones de cr&eacute;dito a trav&eacute;s de giros con letras de cambio a los principales mercados del mundo (ib&iacute;d., 269).</p>     <p align="justify">En la d&eacute;cada de 1870 la &eacute;lite comercial y ganadera de la ciudad aprovech&oacute; las oportunidades que ofrec&iacute;a la nueva legislaci&oacute;n bancaria para fundar y consolidar un sistema bancario local estrechamente ligado al comercio local y que serv&iacute;a de intermediario con el comercio internacional. Algunos de esos bancos tuvieron altas tasas de supervivencia y subsistieron como instituciones s&oacute;lidas en el siglo XX (ib&iacute;d., 269).</p>     <p align="justify">En 1870 el presidente Eustorgio Salgar y el ministro del Tesoro, Salvador Camacho Rold&aacute;n, alentaron a miembros de la &eacute;lite capitalina para que crearan el Banco de Bogot&aacute; de conformidad con la ley bancaria aprobada en 1865. El Banco se constituy&oacute; en 1871 con un capital de $500.000 y un capital suscrito de $235.000, del cual s&oacute;lo se pagaron $47.000 (Echeverri, 1991, 31).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El Banco estaba regulado por el c&oacute;digo de comercio, que lo clasificaba como cualquier otra actividad industrial, y ten&iacute;a libertad, al amparo de la ley 35 de 1865, para emitir billetes, hacer pr&eacute;stamos, recibir dep&oacute;sitos y abrir sucursales o agencias en cualquier parte del pa&iacute;s, con la &uacute;nica limitaci&oacute;n de tener en caja un nivel de reservas del 33% sobre el total de billetes en circulaci&oacute;n (Romero, 1994, 269).</p>     <p align="justify">En su primer a&ntilde;o de funcionamiento, Camacho Rold&aacute;n lleg&oacute; a un acuerdo con el gerente del Banco, Salom&oacute;n Koppel, para depositar las cuentas del Tesoro y para que el Banco sirviera como agente fiscal del gobierno en los pr&oacute;ximos 10 a&ntilde;os, manteniendo un promedio de dep&oacute;sitos que oscilar&iacute;a entre $60.000 y $80.000 (Echeverri, 1991, 31). En comunicaci&oacute;n del 10 de agosto de 1871, Koppel agradeci&oacute; en nombre de la asamblea de accionistas al presidente Salgar y a Camacho Rold&aacute;n "por el inter&eacute;s que tomaron en la fundaci&oacute;n del Banco y por la decidida protecci&oacute;n que le han prestado; y en la calidad de Colombianos, presentan al gobierno sus felicitaciones por el auxilio que en &eacute;l encuentran todas las empresas &uacute;tiles"<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, el gobierno se comprometi&oacute; a usar los billetes del Banco para pagar sus acreencias y la n&oacute;mina oficial. Con estos privilegios el Banco se convirti&oacute; en ejecutor exclusivo de los pagos del gobierno en el exterior, para lo cual se hizo un convenio con Ribon &amp; Mu&ntilde;oz en Nueva York y con Scholss Brothers en Londres como agentes extranjeros de la entidad (Echeverri, 1991, 32).</p>     <p align="justify">El &eacute;xito del Banco de Bogot&aacute; motiv&oacute; a otros inversionistas a incursionar en el negocio bancario. El Banco de Colombia se estableci&oacute; en Bogot&aacute; en 1874 con un capital suscrito de $181.400; tres a&ntilde;os despu&eacute;s se fund&oacute; el Banco Popular, que se especializ&oacute; en pr&eacute;stamos inferiores a $200. Estos tres bancos contribuyeron a ampliar el cr&eacute;dito no s&oacute;lo en Bogot&aacute; y el Estado Soberano de Cundinamarca, sino en los estados de Boyac&aacute;, Tolima y Santander (ib&iacute;d., 33).</p>     <p align="justify">Dichos bancos se organizaron como sociedades an&oacute;nimas en las que participaron los comerciantes locales m&aacute;s importantes. A diferencia de otras regiones, la composici&oacute;n accionaria no se concentr&oacute; en manos de una sola familia o un grupo cerrado de la &eacute;lite, sino que reuni&oacute; a una amplia variedad de negociantes y comerciantes. Aunque Bogot&aacute; se desarroll&oacute; como centro independiente de la regi&oacute;n, lo que aisl&oacute; a los comerciantes de otros municipios cundinamarqueses de la participaci&oacute;n accionaria en estos bancos (Romero, 1994, 281).</p>     <p align="justify">Los negociantes de Bogot&aacute; que se involucraron en la creaci&oacute;n de bancos pose&iacute;an un portafolio diversificado de inversiones que inclu&iacute;a haciendas, agricultura comercial, casas importadoras, comercio al por mayor y alta participaci&oacute;n en la actividad pol&iacute;tica. Esto &uacute;ltimo gener&oacute; una estrecha relaci&oacute;n entre el gobierno local, nacional y estos bancos (ib&iacute;d., 1994, 282).</p>     <p align="justify">Los bancos de Bogot&aacute; y de Colombia gozaron de amplio poder econ&oacute;mico en Bogot&aacute; y en el pa&iacute;s desde que comenzaron sus actividades. En 1886 el met&aacute;lico en caja de los dos bancos representaba el 68%, y los billetes en circulaci&oacute;n el 46% del sistema bancario local. Pero estos no fueron los &uacute;nicos bancos que se fundaron en Bogot&aacute; entre 1870 y 1886 (ib&iacute;d., 269).</p>     <p align="justify">La creaci&oacute;n de dichos bancos ampli&oacute; notablemente el cr&eacute;dito a trav&eacute;s de operaciones de descuento, apertura de cuentas corrientes en descubierto y cr&eacute;ditos flotantes o directos. Para cumplir estas actividades, los bancos bogotanos desarrollaron una red de agentes en todo el pa&iacute;s y fundaron sucursales en ciudades como Ambalema, Medell&iacute;n, Honda, Mompox, La Mesa, El Socorro y Santa Marta. Ello hizo posible que algunos bancos ampliaran sus operaciones en el pa&iacute;s, y en particular las operaciones del mercado externo (ib&iacute;d., 283-284).</p>     <p align="justify">As&iacute; mismo, la creaci&oacute;n de estos bancos llev&oacute; a una notable reducci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s en Bogot&aacute;. Gracias a la emisi&oacute;n de billetes de banco, se crearon medios sustitutivos para la circulaci&oacute;n que cumpl&iacute;an la funci&oacute;n del oro como moneda, lo que permiti&oacute; su mayor utilizaci&oacute;n como mercanc&iacute;a de exportaci&oacute;n; adem&aacute;s, con estas emisiones se pudo amortizar en parte las crisis causadas por la escasez de numerario y reducir las tasas de inter&eacute;s, de un nivel del 8% al 12%, a un nivel del 6% al 8% anual (D&iacute;ez, 1989, 39).</p>     <p align="justify"><a name="c2"></a><a>Cuadro </a>2    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Instituciones bancarias en Bogot&aacute;, 1870-1886 (pesos)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a2c2.jpg"><a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a></p>     <p align="justify">Los bancos bogotanos obten&iacute;an sus recursos en tres formas: mediante dep&oacute;sitos de cuenta corriente o dep&oacute;sitos de alta liquidez, sobre los que se giraban cheques y se pagaba un inter&eacute;s sobre su valor m&iacute;nimo; mediante dep&oacute;sitos a la vista, sobre los que no se giraban cheques y que se pod&iacute;an retirar en plazos menores a treinta d&iacute;as; y mediante dep&oacute;sitos a plazos (3, 6, 12 meses), sobre los que se pagaba un inter&eacute;s conforme a los t&eacute;rminos de la operaci&oacute;n (Romero, 1994, 289).</p>     <p align="justify">El costo del dinero fue estable con el sistema de banca libre y s&oacute;lo aument&oacute; durante las crisis de 1876 y 1885 por los gastos en que incurr&iacute;an los bancos para hacer uso del mecanismo de protecci&oacute;n de liquidez. Esto se debi&oacute; a que durante las guerras civiles hubo corridas de dep&oacute;sitos significativas, que en varias ocasiones llevaron a suspender la convertibilidad del papel moneda. Luego de la fundaci&oacute;n del Banco Nacional, los bancos bogotanos vieron restringidas sus operaciones y tuvieron que hacer pr&eacute;stamos obligatorios al gobierno durante la guerra de 1885 (ib&iacute;d., 289).</p>     <p align="justify">Uno de los mecanismos que desarroll&oacute; el Banco de Colombia para proteger su liquidez fue pagar una tasa del 12%, superior a la del mercado, que oscilaba alrededor del 7%, lo que evit&oacute; la fuga completa de met&aacute;lico de la caja y, con esto, una posible inconvertibilidad. El mecanismo se utiliz&oacute; en las crisis de 1876 y 1885, y fue copiado por el Banco de Bogot&aacute; (ib&iacute;d., 289).</p>     <p align="justify">Las tasas de inter&eacute;s estables y bajas y la cobertura de los principales bancos bogotanos en las operaciones de dep&oacute;sito ganaron la confianza del p&uacute;blico y tuvieron un impacto favorable sobre la ampliaci&oacute;n del cr&eacute;dito de corto y largo plazo, lo que benefici&oacute; a un gran n&uacute;mero de comerciantes locales. No obstante, en el siglo XIX sus actividades no alcanzaron el volumen suficiente para establecer una red s&oacute;lida de sucursales; en la mayor&iacute;a de los casos s&oacute;lo se trataba de agencias que permit&iacute;an ampliar su esfera de negocios y beneficiarse de las econom&iacute;as de escala.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A BANCA EN LA</small> C<small>OSTA</small> C<small>ARIBE</small></b></p>     <p align="justify">En la segunda mitad del siglo XIX, la Costa Caribe colombiana fue protagonista de una fuerte ampliaci&oacute;n de su actividad econ&oacute;mica. En primer lugar, los dos puertos m&aacute;s importantes, Cartagena y Barranquilla, se beneficiaron del incremento en la actividad de comercio exterior; en segundo lugar, la regi&oacute;n tuvo un aumento importante del comercio interior y, por &uacute;ltimo, el negocio ganadero se ampli&oacute; notablemente en las sabanas de Bol&iacute;var y el valle del Sin&uacute;. La combinaci&oacute;n de estos factores permiti&oacute; la consolidaci&oacute;n de los capitales y la diversificaci&oacute;n a otros sectores como el bancario.</p>     <p align="justify"><b>L<small>OS BANCOS EN</small> C<small>ARTAGENA</small></b></p>     <p align="justify">En la segunda mitad del siglo XIX, los empresarios de Cartagena, dedicados principalmente a la ganader&iacute;a y al comercio, lograron una acumulaci&oacute;n de capital importante, que fue reforzada por el crecimiento de las exportaciones de ganado en pie a Panam&aacute;, Cuba y otras islas del Caribe.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La ampliaci&oacute;n del comercio exterior tuvo un impacto directo sobre el puerto, que increment&oacute; su flujo de carga en la segunda mitad del siglo XIX y, gracias a ello, moderniz&oacute; su infraestructura. Para lograr una mayor vinculaci&oacute;n con la carga que proven&iacute;a del interior del pa&iacute;s, se abrieron v&iacute;as de comunicaci&oacute;n que inclu&iacute;an una l&iacute;nea f&eacute;rrea de 105 kil&oacute;metros que conectaba a la ciudad con el r&iacute;o Magdalena a la altura de Calamar. Esto permiti&oacute;, en 1894, superar las dificultades causadas por la poca navegabilidad del Canal del Dique (Meisel y Posada, 1994, 230).</p>     <p align="justify">Debido al predominio de las ideas librecambistas durante el Radicalismo, la legislaci&oacute;n sobre fundaci&oacute;n de empresas bancarias que rigi&oacute; desde 1873 en el Estado Soberano de Bol&iacute;var era bastante laxa. No impon&iacute;a ninguna limitaci&oacute;n a la fundaci&oacute;n de bancos distinta a la de cualquier establecimiento comercial y, bajo las condiciones generales para la federaci&oacute;n que inclu&iacute;a la ley 35 de 1865, estos bancos ten&iacute;an los mismos privilegios y limitaciones de cualquier otro banco en el pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">El primer banco que se fund&oacute; en la ciudad fue el Banco de Bol&iacute;var, en 1874, con un capital inicial de $145.000, cuyos due&ntilde;os hac&iacute;an parte de una familia de ricos comerciantes de la ciudad. El Estado Soberano de Bol&iacute;var apoy&oacute; vigorosamente al Banco en sus inicios, permitiendo que manejara los fondos del gobierno regional y que sus billetes fueran aceptados en el pago de rentas y contribuciones (ib&iacute;d., 237).</p>     <p align="justify">Sus operaciones fueron bastante exitosas durante el Radicalismo, pero hacia la segunda mitad de la d&eacute;cada de 1880 el Banco Nacional se neg&oacute; a aceptar sus billetes, pues sus due&ntilde;os eran notorios opositores al gobierno de la Regeneraci&oacute;n<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. El Banco sufri&oacute; un duro golpe y tuvo que liquidarse en 1890 (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">El segundo banco que se fund&oacute; en la ciudad fue el Banco de Cartagena, en 1881, con un capital inicial de $100.000. Este Banco fue constituido, como la mayor&iacute;a de los de la &eacute;poca, como un banco de emisi&oacute;n, giro, descuento y dep&oacute;sito. Su principal accionista fue el inmigrante italiano Juan Bautista Mainero y Trucco (ib&iacute;d.). Debido a la enemistad pol&iacute;tica del "Viejo" Mainero (sobrenombre de su principal accionista) con los l&iacute;deres de la Regeneraci&oacute;n, N&uacute;&ntilde;ez y Caro argumentaron que la licencia del Banco no hab&iacute;a sido renovada adecuadamente en 1885 y que estaba operando sin sanci&oacute;n oficial. Mainero demand&oacute; esa decisi&oacute;n y continu&oacute; operando no s&oacute;lo en Bol&iacute;var sino en Antioquia, donde ten&iacute;a importantes inversiones en la mina de El Zancudo (Echeverri, 1991, 48).</p>     <p align="justify">Los intereses mineros de Mainero no se concentraban todos en esta mina sino que abarcaban la explotaci&oacute;n de otros yacimientos en Choc&oacute; y Antioquia, a partir de los cuales consolid&oacute; un cuantioso capital. Tambi&eacute;n hizo grandes inversiones en negocios de ganader&iacute;a y finca ra&iacute;z. A pesar de la enemistad de los dirigentes de la Regeneraci&oacute;n, el Banco sobrevivi&oacute; a las dificultades que le impuso el r&eacute;gimen y s&oacute;lo fue liquidado en 1919, un a&ntilde;o despu&eacute;s de la muerte de Mainero (Meisel y Posada, 1994, 239).</p>     <p align="justify">En la ciudad se fundaron otros bancos, como el Banco Uni&oacute;n, que ampliaron la oferta de cr&eacute;dito y circulante en la regi&oacute;n. En general, sus accionistas proven&iacute;an del negocio ganadero, lo que seg&uacute;n Meisel y Posada posiblemente marc&oacute; el car&aacute;cter poco especulativo de esas instituciones y una mayor aversi&oacute;n al riesgo. Sin embargo, el cambio de sistema pol&iacute;tico y las reformas posteriores a la Guerra de los Mil D&iacute;as llevaron a la paulatina desaparici&oacute;n de la banca en Bol&iacute;var. En 1925 la ciudad s&oacute;lo contaba con el Banco de Bol&iacute;var, que a&ntilde;os m&aacute;s tarde fue comprado por el Banco de Bogot&aacute;<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>L<small>OS BANCOS EN</small> B<small>ARRANQUILLA</small></b></p>     <p align="justify">Igual que Cartagena, su condici&oacute;n de puerto le permiti&oacute; consolidar en la segunda mitad del siglo XIX una pr&oacute;spera actividad comercial que la vincul&oacute; con el interior del pa&iacute;s y el resto del mundo. Todos los bancos fundados en este per&iacute;odo fueron constituidos por comerciantes que diversificaron sus actividades a otros sectores de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">El m&aacute;s importante fue el Banco de Barranquilla, que se fund&oacute; en 1873 con un capital de $312.000. Fue producto de la asociaci&oacute;n de un grupo de cincuenta y siete empresarios barranquilleros y de otras regiones que, como Oca&ntilde;a, pose&iacute;an fuertes v&iacute;nculos con la ciudad. En sus inicios, el Banco serv&iacute;a principalmente a los comerciantes locales que se dedicaban a la exportaci&oacute;n de ganado vacuno a Cuba, con el fin de ampliar sus actividades (Meisel y Posada, 1988, 96).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sus primeros dos a&ntilde;os de funcionamiento fueron apenas satisfactorios, pues arroj&oacute; una utilidad del 5% sobre su capital, cuando la tasa de inter&eacute;s semestral de la &eacute;poca era de un 3% a un 4%. No obstante, el final de la d&eacute;cada de 1890 fue m&aacute;s exitoso, con una tasa de rentabilidad cercana al 9%, y una tasa de inter&eacute;s semestral del 5%. Los resultados se debieron en buena parte a que la exportaci&oacute;n de ganado vacuno a Cuba desde esta ciudad se financi&oacute; en gran medida con cr&eacute;ditos del Banco (ib&iacute;d., 97).</p>     <p align="justify">Los efectos de la depreciaci&oacute;n del papel moneda luego de la Guerra de los Mil D&iacute;as significaron un duro golpe al funcionamiento del Banco pues, debido a la depreciaci&oacute;n del papel moneda y a la subsiguiente devaluaci&oacute;n, sus operaciones de comercio exterior fueron seriamente afectadas porque la entidad negociaba al tipo de cambio del d&iacute;a anterior. Esto llev&oacute; a su liquidaci&oacute;n definitiva en 1904, aunque algunos de sus socios fundaron ese mismo a&ntilde;o el Banco Comercial de Barranquilla (Meisel y Posada, 1994, 250).</p>     <p align="justify">El mayor accionista del Banco de Barranquilla, Esteban M&aacute;rquez, fund&oacute; en 1883 el Banco M&aacute;rquez, con un capital de $125.000 y un capital pagado de $62.500. M&aacute;rquez era un destacado comerciante de la ciudad y uno de los pol&iacute;ticos m&aacute;s influyentes de la regi&oacute;n, y su fortuna proven&iacute;a principalmente del comercio que estableci&oacute; con Jamaica desde 1829 y del negocio de propiedad ra&iacute;z y construcci&oacute;n en Barranquilla (ib&iacute;d.). El Banco era una sociedad t&iacute;picamente familiar y, a diferencia del Banco de Barranquilla, ten&iacute;a operaciones m&aacute;s restringidas. El Banco sobrevivi&oacute; pocos a&ntilde;os a la muerte de M&aacute;rquez y debi&oacute; ser liquidado en 1893 (Meisel y Posada, 1994, 251).</p>     <p align="justify">El Banco Americano inici&oacute; operaciones en marzo de 1883, con un capital de $565.000. La mayor parte de sus accionistas pertenec&iacute;an a las familias De la Torre y Rib&oacute;n. El Banco debi&oacute; ser liquidado en 1904, al parecer por los efectos de la hiperinflaci&oacute;n de finales del siglo XIX y comienzos del XX (Meisel y Posada, 1988).</p>     <p align="justify">En Barranquilla, los capitales necesarios para la fundaci&oacute;n de bancos proven&iacute;an del comercio de exportaci&oacute;n, con una mentalidad menos aversa al riesgo financiero y mayor propensi&oacute;n a tomar riesgos. En general, Barranquilla y Cartagena organizaron su actividad econ&oacute;mica a trav&eacute;s de los grupos familiares m&aacute;s importantes en el comercio y la pol&iacute;tica, lo que llev&oacute; a un alto grado de concentraci&oacute;n en pocas familias, aunque en el negocio financiero nunca hubo un control hegem&oacute;nico de una sola familia. Los bancos m&aacute;s importantes afrontaron duras adversidades durante la Regeneraci&oacute;n, lo que llev&oacute; a la disminuci&oacute;n de sus operaciones y a la liquidaci&oacute;n de algunos de ellos (Meisel y Posada, 1994, 262).</p>     <p align="justify"><b>L<small>A BANCA EN</small> A<small>NTIOQUIA</small></b></p>     <p align="justify">El proceso de consolidaci&oacute;n de la &eacute;lite antioque&ntilde;a desde finales de la Colonia hasta el siglo XIX estuvo ligado &iacute;ntimamente a las actividades comerciales y mineras. Debido a la significativa producci&oacute;n de oro se desarroll&oacute; una importante red de comerciantes interesados en capitalizar las ganancias del negocio minero y mantener un flujo constante de bienes y hombres hacia y desde la regi&oacute;n.</p>     <p align="justify">El empresario diversificaba sus inversiones para evitar que un rev&eacute;s afectara la totalidad de la inversi&oacute;n, de modo que la principal actividad econ&oacute;mica, la extracci&oacute;n del oro, se convirti&oacute; al mismo tiempo en la raz&oacute;n de ser del comercio, pues no s&oacute;lo la complementaba sino que era una manera de diversificar el riesgo (ver Correa, 2001 y 2004). Igual que en otras regiones, la acumulaci&oacute;n de capital y el marco legal del Radicalismo permitieron diversificar las inversiones en el &aacute;mbito financiero.</p>     <p align="justify">Cuadro 3    <br> Bancos en el Departamento de Antioquia, 1888</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a2c3.jpg"></p>     <p align="justify">La necesidad de un "banco provincial" se hizo notar desde 1848 pues la escasez de moneda, debido a la compra de oro para la exportaci&oacute;n y a las grandes salidas de capital por cuenta del tesoro, hac&iacute;a necesaria una instituci&oacute;n crediticia que pusiera en circulaci&oacute;n billetes para ampliar la oferta monetaria disponible para las transacciones econ&oacute;micas (Botero, 1989, 30).</p>     <p align="justify">Una d&eacute;cada despu&eacute;s, en 1859, un grupo de empresarios antioque&ntilde;os tuvo la iniciativa de establecer un banco semioficial con un capital de un mill&oacute;n de pesos (suscrito en met&aacute;lico y en hipotecas de tierras por dos terceras partes de su valor), para fomentar sus haciendas cafeteras. Pero esta iniciativa no prosper&oacute;, quiz&aacute; porque la guerra civil se desat&oacute; al a&ntilde;o siguiente (Brew, 2000, 86).</p>     <p align="justify">En agosto de 1865 se present&oacute; sin &eacute;xito a la Asamblea del Estado de Antioquia un proyecto de ley que pretend&iacute;a reconocer a los bancos establecidos en el Estado el car&aacute;cter de compa&ntilde;&iacute;as mercantiles sujetas al c&oacute;digo de comercio vigente. En 1871, luego de haberse fundado los bancos de Bogot&aacute; y de Colombia en la capital, se aprob&oacute; la ley 194 que autoriz&oacute; la creaci&oacute;n del Banco de Antioquia en Medell&iacute;n, una sociedad an&oacute;nima con $694.500 de capital y 61 accionistas, en su mayor&iacute;a comerciantes de la regi&oacute;n (Botero, 1988, 79).</p>     <p align="justify">Para garantizar la aceptaci&oacute;n del p&uacute;blico, una quinta parte del capital suscrito se pag&oacute; en dinero met&aacute;lico y el resto en hipotecas sobre propiedades dentro del Estado por la mitad del valor fijado por los avaluadores. Adem&aacute;s, el Banco goz&oacute; de importantes privilegios que no se extendieron a los dem&aacute;s bancos, y que lo convirtieron en un banco semioficial (Botero, 1989, 32).</p>     <p align="justify">Los promotores del banco, Juli&aacute;n y Eduardo V&aacute;squez, entre otros, obtuvieron el derecho a emitir sobre la hipoteca de sus propiedades, con un aporte en met&aacute;lico relativamente bajo (Brew, 2000, 87). As&iacute; surgi&oacute; en Antioquia una visi&oacute;n de lo p&uacute;blico y lo privado, en la que el gobierno deb&iacute;a "administrar" los asuntos generales, y los agentes privados se encargar&iacute;an de definir los aspectos "t&eacute;cnicos" del negocio crediticio. No obstante, cabe resaltar que unos y otros hac&iacute;an parte de la misma &eacute;lite pol&iacute;tica y econ&oacute;mica y con frecuencia ocupaban cargos en ambos campos, lo que hac&iacute;a dif&iacute;cil establecer un l&iacute;mite entre estas dos esferas de la sociedad.</p>     <p align="justify">En Antioquia, antes de la fundaci&oacute;n del Banco de Antioquia, la familia era la principal instituci&oacute;n para canalizar fondos a las empresas y suplir las necesidades de cr&eacute;dito<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. La familia ten&iacute;a un car&aacute;cter bancario y empresarial, y era el n&uacute;cleo central de la actividad econ&oacute;mica; los intereses familiares se manifestaban en numerosas actividades que les permit&iacute;a asegurarse frente a las dif&iacute;ciles condiciones del siglo XIX, al mismo tiempo que daban seguridad mutua a sus miembros (Brew, 2000, 81).</p>     <p align="justify">Los privilegios del Banco fueron otorgados por la misma ley que lo cre&oacute;, la cual no s&oacute;lo le permit&iacute;a emitir billetes reembolsables sino que compromet&iacute;a al gobierno del Estado a garantizarlos, pag&aacute;ndolos en moneda met&aacute;lica y admiti&eacute;ndolos como dinero corriente en las oficinas de la Hacienda del Estado. A pesar de estas relaciones con el gobierno, el Banco era aut&oacute;nomo para tomar sus decisiones y s&oacute;lo la junta administradora decid&iacute;a el monto de las emisiones que se realizar&iacute;an (Botero, 1989, 29).</p>     <p align="justify">El Banco de Antioquia fue entonces la expresi&oacute;n m&aacute;s definida de una actividad que se desempe&ntilde;aba desde tiempo atr&aacute;s. Debido a los intereses comerciales de sus accionistas, en su primer a&ntilde;o de funcionamiento se tom&oacute; la decisi&oacute;n de establecer agencias de cambio y una sucursal en Manizales. Esta plaza era de gran importancia, pues el sur de Antioquia era un nodo de comercio entre Antioquia, Tolima y Cauca; adem&aacute;s, conectaba hacia el oriente con el puerto de Honda sobre el Magdalena, y hacia el occidente, por Anserma la Vieja, con las minas del Choc&oacute; (ib&iacute;d., 37).</p>     <p align="justify">Cuadro 4    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Emisiones realizadas en el Estado de Antioquia, 1884</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a2c4.jpg"></p>     <p align="justify">El Banco convert&iacute;a sus billetes en moneda met&aacute;lica en Medell&iacute;n y en las agencias que se establecieron para ello, sus accionistas incluso lo hac&iacute;an a motu propio sin ning&uacute;n descuento cuando no exist&iacute;a una agencia que pudiera realizar la transacci&oacute;n. Adem&aacute;s, el Banco de Antioquia suscribi&oacute; acuerdos con otros bancos y casas bancarias del pa&iacute;s para el recibo de sus billetes (ib&iacute;d., 38-39)<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p align="justify">Uno de los acuerdos m&aacute;s importantes se firm&oacute; en 1878 con el Banco de Bogot&aacute;, mediante el cual &eacute;ste se encarg&oacute; de pagar en la Tesorer&iacute;a General de la Rep&uacute;blica las cantidades que adeudaran los comerciantes de Antioquia por derechos de aduana, previo arreglo con el Banco de Antioquia. Esos pagos se realizaban en este Banco el d&iacute;a que se deb&iacute;a efectuar el pago en Bogot&aacute; (ib&iacute;d., 40).</p>     <p align="justify">Debido a las necesidades de comercio exterior de la regi&oacute;n, el Banco firm&oacute; un acuerdo de corresponsal&iacute;a con Stiebel Brothers de Londres, que funcionaba de tiempo atr&aacute;s como un v&iacute;nculo importante del comercio internacional antioque&ntilde;o. Este acuerdo facilit&oacute; las operaciones entre los comerciantes antioque&ntilde;os y las casas europeas que recib&iacute;an las remesas o las letras de cambio en libras esterlinas garantizadas por Stiebel Brothers (ib&iacute;d., 43).</p>     <p align="justify">El nivel de aceptaci&oacute;n de los billetes del Banco de Antioquia fue tal que a veces obtuvieron una prima del 1% al 2% sobre su valor nominal. Esto es un indicador diciente del nivel de confianza en la actividad del Banco frente a la posibilidad de p&eacute;rdida de valor intr&iacute;nseco de la moneda met&aacute;lica por desgaste o adulteraci&oacute;n (ib&iacute;d., 53). Las tasas de rentabilidad del Banco de Antioquia entre 1874 y 1885 fueron en general bastante buenas, superiores al 12% anual (utilidades sobre capital desembolsado), con un m&aacute;ximo del 40,67% en 1878 y un m&iacute;nimo del 12,04% en 1874 (Botero, 1985, 110).</p>     <p align="justify">No obstante, los efectos del decreto 104 de 1886, que estableci&oacute; el curso forzoso, y la prohibici&oacute;n en 1887 de emisiones de los bancos particulares, afectaron seriamente el funcionamiento de los bancos privados, en especial, los regionales. En abril de 1892 la prensa local public&oacute; la demanda entablada por el Banco de Antioquia contra el Departamento, alegando el incumplimiento del contrato. Seg&uacute;n el Banco, el Estado se hab&iacute;a comprometido, entre otras cosas, a facultar al Banco para emitir billetes y recibirlos como moneda corriente en sus oficinas, y a no gravar a la instituci&oacute;n con impuestos municipales o del Estado. Esto se hab&iacute;a consagrado en la ley 194 del Estado Soberano de Antioquia en 1871. Alegaba, adem&aacute;s, que hac&iacute;a m&aacute;s de cinco a&ntilde;os no se cumpl&iacute;an esas obligaciones, que deb&iacute;an durar hasta marzo de 1883. Pero la demanda no prosper&oacute; y el Banco fue liquidado alrededor de 1893 (Botero, 1989, 91).</p>     <p align="justify">En 1883 exist&iacute;an ocho establecimientos bancarios en Antioquia: Banco de Antioquia, Banco de Medell&iacute;n, Banco Popular de Medell&iacute;n, Banco del Progreso, Banco del Zancudo y tres casas comerciales-bancarias: Restrepo &amp; C&iacute;a., Botero Arango e Hijos, y Vicente B. Villa e Hijos. Las &uacute;ltimas tres eran de car&aacute;cter familiar, a diferencia de los primeros que eran sociedades an&oacute;nimas. Aunque no fueron las &uacute;nicas sociedades familiares que ejercieron funciones financieras, s&iacute; fueron las &uacute;nicas, hasta donde se tiene noticia, que emitieron billetes (Botero, 1988, 79).</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, estas casas comerciales se diferenciaban de los bancos en que se dedicaban al comercio como actividad econ&oacute;mica principal y no trataron de ampliar su oferta a todo el portafolio de servicios bancarios. En general, eran empresas familiares que se dedicaban a los pr&eacute;stamos y al comercio exterior (Echeverri, 1991, 41).</p>     <p align="justify">El Banco Mercantil de Medell&iacute;n se fund&oacute; en 1875 con un capital de $40.000<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>, una cuarta parte de los cuales estaba representada en moneda met&aacute;lica. El Banco emiti&oacute; billetes con denominaciones de 1, 5, 10, 20 y 50 pesos pagaderos al portador en moneda met&aacute;lica o en billetes del Banco de Antioquia. Oper&oacute; por cerca de cuatro a&ntilde;os y a finales de 1878 comenz&oacute; a recoger sus billetes. No se tiene informaci&oacute;n sobre su liquidaci&oacute;n (Botero, 1985, 77-79).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El Banco de Medell&iacute;n comenz&oacute; operaciones en 1881 con un capital suscrito de $1.539.200, del cual se pag&oacute; el 20%. El Banco, como todos los dem&aacute;s, exceptuando el de Antioquia, no recibi&oacute; privilegios especiales del Estado y tampoco exigi&oacute; a sus socios que hicieran aportes en dinero y en hipotecas de bienes ra&iacute;ces. Sus socios ejerc&iacute;an diversas actividades en el Valle de Aburr&aacute;, en especial en Medell&iacute;n. Aunque nominalmente participaban muchos accionistas, en la pr&aacute;ctica unos pocos controlaban el Banco a trav&eacute;s de coaliciones, apoderados o delegaciones de poder (ib&iacute;d., 79-84).</p>     <p align="justify">El Banco Popular de Medell&iacute;n se fund&oacute; en septiembre de 1882 con un capital suscrito de $60.000. El Banco fue una iniciativa diferente de las anteriores, pues como indica su nombre, su nicho de mercado eran los sectores populares de Medell&iacute;n. Combinaba las actividades propias de un banco comercial con las de un montep&iacute;o o monte de piedad, para contrarrestar las especulaciones de prenderos que prestaban a un inter&eacute;s del 30% al 40% sobre alhajas. Adem&aacute;s, cumpl&iacute;a funciones de caja de ahorros (ib&iacute;d., 86).</p>     <p align="justify">Fue fundado por Juli&aacute;n V&aacute;squez como banco prendario, de emisi&oacute;n y descuento que hac&iacute;a m&aacute;s &eacute;nfasis en el servicio social que en la actividad comercial. Para ello otorgaba cr&eacute;ditos peque&ntilde;os destinados a cubrir necesidades apremiantes de los sectores populares (ib&iacute;d., 89). El Banco tuvo una pol&iacute;tica crediticia m&aacute;s laxa que otras instituciones de la &eacute;poca, financiando a peque&ntilde;as y medianas empresas de Medell&iacute;n, a los agricultores del suroccidente antioque&ntilde;o y a los peque&ntilde;os mineros, hasta su liquidaci&oacute;n en 1904 (Brew, 2000, 89).</p>     <p align="justify">El Banco del Progreso se fund&oacute; en 1883, con un capital de $60.000, y se especializ&oacute; en otorgar cr&eacute;ditos a los mineros de Marmato. Sus accionistas principales fueron Bartolom&eacute; Chaves, propietario de minas; Carlos Greiffenstein, importante industrial del vidrio en Medell&iacute;n, y Juli&aacute;n V&aacute;squez, comerciante y accionista del Banco Popular de Medell&iacute;n (Brew, 2000, 90).</p>     <p align="justify">Una de las iniciativas m&aacute;s interesante por fuera de la esfera de influencia del Valle de Aburr&aacute; fue la fundaci&oacute;n del Banco de Oriente en 1883. &Eacute;ste se constituy&oacute; como sociedad an&oacute;nima con un capital suscrito de $126.420 distribuido entre 6.321 acciones y con 228 socios ubicados en diferentes poblaciones del oriente antioque&ntilde;o. Esto lo ubicaba como el tercer banco m&aacute;s grande de Antioquia, precedido, por el Banco de Medell&iacute;n ($1.539.200) y el Banco de Antioquia ($694.500) (Botero, 1988, 80).</p>     <p align="justify">Aunque ten&iacute;a un n&uacute;mero significativo de socios, en la pr&aacute;ctica su estructura de propiedad no difer&iacute;a en mucho de la de los dem&aacute;s bancos antioque&ntilde;os de 1872 a 1886. La aparente distribuci&oacute;n "democr&aacute;tica" de la propiedad no coincid&iacute;a con la realidad, pues varios apoderados de la misma persona pose&iacute;an acciones (socios, representantes o familiares), de modo que la propiedad del Banco era mucho menos dispersa de lo que aparec&iacute;a en sus escrituras. Por ejemplo, en el Banco de Antioquia doce accionistas (el 19,67%) controlaban el 66,73% de las acciones, y en el Banco de Oriente trece accionistas (doce de Rionegro) controlaban el 60,45% de las acciones (Botero, ib&iacute;d., 82-83).</p>     <p align="justify">La primera emisi&oacute;n se efectu&oacute; en 1884 por un valor de $21.000, y en el transcurso de ese mismo a&ntilde;o se realizaron tres emisiones adicionales por un valor de $110.000. Las operaciones de descuento y cr&eacute;dito se restring&iacute;an al &aacute;mbito local y sus clientes eran usualmente comerciantes de reconocida prestancia en el oriente o los mismos socios del banco. Sus operaciones del per&iacute;odo no se extendieron al manejo de lingotes de oro ni a las operaciones con el exterior, que tend&iacute;an a ser manejadas por bancos de Medell&iacute;n, en especial por el Banco de Antioquia. Tampoco hizo acuerdos con bancos de otras partes del pa&iacute;s ni con el gobierno del Estado de Antioquia (ib&iacute;d., 85-89).</p>     <p align="justify">En t&eacute;rminos generales, la guerra civil de 1885 y las disposiciones bancarias de la Regeneraci&oacute;n afectaron seriamente las operaciones de los bancos antioque&ntilde;os. En los contratos entre las instituciones bancarias y sus usuarios se estipulaba que el monto de los intereses y el capital se deb&iacute;an pagar en monedas corrientes de oro o plata o en billetes de banco que no tuvieran descuentos. Esto &uacute;ltimo en clara alusi&oacute;n a los billetes del Banco Nacional que sufr&iacute;an un fuerte descuento, a diferencia de lo que suced&iacute;a con los bancos privados antioque&ntilde;os que gozaban de amplia aceptaci&oacute;n y circulaban a la par con la moneda met&aacute;lica (ib&iacute;d., 90).</p>     <p align="justify">Las medidas adoptadas en el decreto 104 de 1886, que se ver&aacute;n en detalle m&aacute;s adelante, elevaron a categor&iacute;a de moneda legal los billetes del Banco Nacional; y la ley 87 de 1886, por su parte, prohibi&oacute; estipular en los contratos p&uacute;blicos y privados otra moneda diferente a la del Banco Nacional y orden&oacute; a los bancos privados admitir estos billetes como moneda legal en todas sus operaciones. Estas medidas perjudicaron las actividades de la banca privada, pues sus obligaciones en moneda met&aacute;lica ahora eran pagaderas en papel moneda del Banco Nacional (ib&iacute;d., 91).</p>     <p align="justify">Es importante anotar que uno de los objetivos principales de estos bancos, la reducci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s y la ampliaci&oacute;n del cr&eacute;dito, se logr&oacute; bastante bien durante el per&iacute;odo de banca libre pues, en general, las tasas de inter&eacute;s oscilaron entre el 6% y el 12% anual; aunque, por regla general, estos bancos no prestaron a los peque&ntilde;os productores ni recurrieron a los ahorros populares para canalizarlos a la naciente industria textil o al cultivo del caf&eacute; (Brew, 2000, 91).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">As&iacute; mismo, estos bancos jugaron un papel decisivo en la promoci&oacute;n del cultivo de caf&eacute; a gran escala en la d&eacute;cada de 1880, sin que las emisiones y la ampliaci&oacute;n del cr&eacute;dito tuvieran efectos inflacionistas en la regi&oacute;n. No obstante, muchos bancos antioque&ntilde;os no sobrevivieron a las medidas de la Regeneraci&oacute;n o sus operaciones fueron restringidas, lo que contribuy&oacute; en parte a la animadversi&oacute;n general de Antioquia contra la Regeneraci&oacute;n y sus medidas, ello a pesar de que al menos Medell&iacute;n y su &aacute;rea de influencia fue uno de los principales bastiones del conservatismo decimon&oacute;nico.</p>     <p align="justify"><b>L</b><b><small>A BANCA EN</small> S<small>ANTANDER</small></b></p>     <p align="justify">Santander fue tal vez el Estado en el que el liberalismo radical tuvo mayor influencia. En desarrollo de las ideas liberales m&aacute;s extremas, la Constituci&oacute;n del Estado Soberano de Santander autoriz&oacute; al gobierno provincial a establecer su propia unidad monetaria, independiente del resto del pa&iacute;s; y adem&aacute;s, se autoriz&oacute; a negociar legalmente con toda clase de monedas de cualquier pa&iacute;s (Echeverri, 1991, 50).</p>     <p align="justify">En 1858 se autoriz&oacute; la emisi&oacute;n de libranzas para ayudar a cubrir los d&eacute;ficits fiscales. Pero, a diferencia de otros procesos similares, los acreedores del gobierno y los empleados oficiales no estaban obligados a recibirlos (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">La actividad bancaria comenz&oacute; con la fundaci&oacute;n del Banco de Santander en 1873 con un capital de $300.000 y sede en Bucaramanga. Al a&ntilde;o siguiente abri&oacute; operaciones en El Socorro, capital del Estado, donde se firm&oacute; un contrato que le daba el privilegio de manejar las cuentas del tesoro, de aceptar sus billetes en el pago de impuestos, contribuciones y la n&oacute;mina oficial en los pueblos donde el Banco tuviera agentes. Debi&oacute; cerrarse en 1880 tras los des&oacute;rdenes pol&iacute;ticos y la guerra civil que afectaron la regi&oacute;n (ib&iacute;d.). Mas reabri&oacute; operaciones en 1883, cuando Bucaramanga se recuper&oacute; de la crisis econ&oacute;mica de los a&ntilde;os anteriores. El aumento de las exportaciones de quina fue determinante en la recuperaci&oacute;n de la actividad comercial y de la normalizaci&oacute;n de las finanzas locales (ib&iacute;d., 51).</p>     <p align="justify">El Banco del Norte se fund&oacute; en El Socorro en 1881 con un capital inicial de $200.000. Algunos funcionarios gubernamentales utilizaban el Banco como depositario del tesoro y aceptaban sus billetes en el pago de impuestos y contribuciones (ib&iacute;d., 52).</p>     <p align="justify">En 1882 algunos terratenientes se unieron para fundar el Banco de Pamplona, con el fin de que promoviera la agricultura en la regi&oacute;n. Su capital inicial fue de $80.000 distribuidos entre 70 accionistas. El Banco no pudo resistir los efectos de la guerra civil de 1884-1885 y debi&oacute; ser liquidado tres a&ntilde;os despu&eacute;s (ib&iacute;d., 53).</p>     <p align="justify">Al a&ntilde;o siguiente de la fundaci&oacute;n del Banco de Pamplona se cre&oacute; el Banco Prendario de Soto. &Eacute;ste abri&oacute; operaciones en Bucaramanga con un capital de $10.000; pero, igual que otros bancos de la regi&oacute;n, no sobrevivi&oacute; a los conflictos civiles del siglo XIX (Gal&aacute;n, 1947, 536).</p>     <p align="justify">En general, los efectos de dichos conflictos, la ca&iacute;da de las exportaciones tradicionales y las medidas econ&oacute;micas de la Regeneraci&oacute;n tuvieron un impacto negativo sobre la actividad bancaria santandereana, que no se recuperar&iacute;a hasta comienzos del siglo XX.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A BANCA BRIT&Aacute;NICA</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la segunda mitad del siglo XIX la participaci&oacute;n de bancos extranjeros en Colombia era marginal, y s&oacute;lo se destaca la participaci&oacute;n exigua de la banca brit&aacute;nica en el pa&iacute;s. Uno de los primeros bancos brit&aacute;nicos en hacer presencia fue el London Bank of Mexico and South America, en 1864, creado mediante la fusi&oacute;n del London and South American Bank (1863) y el Banco de M&eacute;xico (1864), con un capital inicial de un mill&oacute;n de libras, cuya principal &aacute;rea de operaci&oacute;n era Per&uacute;, Colombia y M&eacute;xico (Luna, 1988, 13).</p>     <p align="justify">El Banco comenz&oacute; a operar en Colombia con privilegios otorgados por el Congreso, que lo autoriz&oacute; para emitir y ser banquero del gobierno. Pero los graves problemas de las exportaciones de tabaco de finales de la d&eacute;cada de 1860 le generaron p&eacute;rdidas importantes que lo llevaron a cerrar operaciones en Colombia en 1867 (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">Por otra parte, en 1881 dos ciudadanos colombianos, Enrique Cort&eacute;s y Rafael Parga, establecieron en Londres la firma Enrique Cort&eacute;s y C&iacute;a., con un capital de 32.000 libras. Sus operaciones se centraban en el mercado colombiano y centroamericano desde donde pod&iacute;an exportar productos locales a los mercados europeos e importar bienes de Europa. La firma se fusion&oacute; con el Banco de Nicaragua, cambiando su raz&oacute;n social a la de Cort&eacute;s Commercial and Banking Company, con accionistas nicarag&uuml;enses. Dicha firma no actu&oacute; como banco local sino como un banco brit&aacute;nico para minimizar los riesgos, hasta su fusi&oacute;n en 1911 con el Anglo South American Bank (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">Esta era una pr&aacute;ctica corriente en Colombia en la segunda mitad del siglo XIX, en especial en la construcci&oacute;n de ferrocarriles, pues las transacciones internacionales se cotizaban seg&uacute;n el precio internacional del oro. Por tal raz&oacute;n, los capitalistas locales que operaban a trav&eacute;s de corporaciones domiciliadas en el extranjero eran inmunes a las fricciones pol&iacute;ticas internas. En especial, eran inmunes al peligro de confiscaci&oacute;n o a las costosas indemnizaciones en medio de las frecuentes guerras civiles del siglo XIX, pues siempre pod&iacute;an recurrir a los oficios de las legaciones consulares brit&aacute;nicas o estadounidenses para proteger sus inversiones (Horna, 2003, 1035).</p>     <p align="justify">No obstante, el impacto de los bancos brit&aacute;nicos que operaron en Colombia fue peque&ntilde;o, y los que funcionaron en Colombia lo hac&iacute;an con mucha cautela y evitaban convertir el capital en moneda local. Su principal preocupaci&oacute;n era financiar operaciones de comercio exterior (Luna, 1988, 14).</p>     <p align="justify"><b>A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N</b></p> <b> </b>    <p align="justify">Desde 1850 el desarrollo del sector bancario en Colombia estuvo profundamente imbuido de las ideas liberales. En particular, durante el Radicalismo su visi&oacute;n de naci&oacute;n dict&oacute; la manera de concebir los bancos y sus funciones, de modo que la iniciativa privada, la escasa interferencia del gobierno central en los asuntos privados y el federalismo fueron las directrices sobre las cuales se desarrollaron los bancos y se implement&oacute; la pol&iacute;tica monetaria en Colombia.</p>     <p align="justify">En esas condiciones, las &eacute;lites regionales y locales tuvieron una oportunidad sin igual para consolidar sus bases de poder y desarrollar un sector bancario que, aunque limitado por las caracter&iacute;sticas estructurales de la econom&iacute;a nacional, les permiti&oacute; ampliar su actividad econ&oacute;mica y consolidar su poder regional. No obstante, estos bancos tuvieron un impacto positivo en el desarrollo y el apalancamiento de otros negocios, y cumplieron un papel importante en el crecimiento de algunas zonas del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Sin embargo, las caracter&iacute;sticas del sistema impidieron el desarrollo de un mercado de capitales m&aacute;s amplio, se crearon profundas desigualdades regionales y el impacto sobre la econom&iacute;a del pa&iacute;s se restringi&oacute; a la capacidad econ&oacute;mica de cada regi&oacute;n, sin que fuera posible crear redes m&aacute;s amplias o generar econom&iacute;as de escala. Por otra parte, los efectos positivos de este sistema no perdurar&iacute;an y ser&iacute;an limitados, pues la visi&oacute;n de naci&oacute;n cambiar&iacute;a dram&aacute;ticamente con las reformas introducidas por la Regeneraci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Cargo que Antonio Nari&ntilde;o ocupaba en ese momento de manera interina.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Algunos sostienen que los pasivos de Land&iacute;nez eran de dos a tres millones de pesos, lo que da una idea de la magnitud de los capitales que manejaba (Arango, 1981, 183).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Archivo General de la Naci&oacute;n, Fondo Academia Colombiana de Historia, colecci&oacute;n Salvador Camacho Rold&aacute;n, caja 8, carpeta 98, folio 6.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Las discrepacias en el capital entre el <a href="#c1">cuadro 1</a> y <a href="#c2">2</a> se deben, entre otras razones, a las diferencias entre el capital suscrito y el capital pagado.</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. N&uacute;&ntilde;ez se refiri&oacute; a los directores de bancos como el Bol&iacute;var, el Barranquilla, el M&aacute;rquez y el Popular como faltos de capacidad financiera y de patriotismo (N&uacute;&ntilde;ez, 1888, 1084). Afirmaciones que no s&oacute;lo eran consideraciones personales sino que fueron acompa&ntilde;adas de medidas contra esos y otros bancos regionales.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Que se fund&oacute; en 1907 y no se debe confundir con el banco del mismo nombre fundado en 1874.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. En su sentido m&aacute;s amplio, como red parental con intereses altamente diversificados que concentraba en s&iacute; misma la propiedad de sus activos (Correa, 2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. En 1881 celebr&oacute; un convenio con el Banco de Cartagena para el recibo rec&iacute;proco de billetes hasta por $2.000 trimestrales, y en 1882 anunci&oacute; que recibir&iacute;a a la par todas las transacciones del Banco Industrial de Manizales. Para el giro de letras de cambio y la remisi&oacute;n de fondos, el Banco cobraba una comisi&oacute;n del 1%, aunque pod&iacute;a variar de acuerdo con los t&eacute;rminos que se acordaran (Botero, 1989, 39).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Tres de sus cuatro accionistas lo eran tambi&eacute;n del Banco de Antioquia.</p> <hr size="1">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">1. Arango, M. <i>Judas Tadeo Land&iacute;nez y la primera bancarrota colombiana (1842)</i>, Medell&iacute;n, Hombre Nuevo, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200900010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Avella, M. <i>Pensamiento y pol&iacute;tica monetaria en Colombia (1886-1945)</i>, Bogot&aacute;, Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200900010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Bergquist, Ch. <i>Caf&eacute; y conflicto en Colombia (1886-1910): la Guerra de los Mil D&iacute;as, sus antecedentes y consecuencias</i>, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora Editores y Banco de la Rep&uacute;blica, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200900010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Botero, M. M. "Comercio y bancos, 1850-1923", J. O. Melo, ed., <i>Historia de Antioquia</i>, Medell&iacute;n, Folio, 1988, pp. 243-247.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200900010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Botero, M. M. "El Banco de Antioquia: un modelo de banco regional (1872-1886)", <i>Estudios Sociales</i> 5, 1989, pp. 27-29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200900010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Botero, M. M. "Instituciones bancarias en Antioquia (1872-1886)", <i>Lecturas de Econom&iacute;a</i> 17, 1985, pp. 43-147.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200900010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Botero, M. M. "Los bancos locales en el siglo XIX: el caso del Banco de Oriente en Antioquia (1883-1887)", <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i> 25, 17, 1988, pp. 76-93.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200900010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Brew, R. <i>El desarrollo econ&oacute;mico de Antioquia desde la Independencia hasta 1920</i>, Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200900010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Bustamante, D. <i>Efectos econ&oacute;micos del papel moneda durante la Regeneraci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, La Carreta, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200900010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Cac&uacute;a, A. <i>Historia del periodismo colombiano</i>, Bogot&aacute;, Ed. Sua, s.f.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200900010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Calder&oacute;n, C. <i>La cuesti&oacute;n monetaria en Colombia</i>, Madrid, Revista de Archivos, 1905.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200900010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Chispazos. "Mahel, Thesel, Phares", 12 de julio de 1897.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200900010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Correa, J. S. <i>Miner&iacute;a y comercio: las ra&iacute;ces de la elite antioque&ntilde;a (1175-1810)</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200900010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Correa, J. S. <i>Territorio y poder: din&aacute;micas de poblamiento en el valle de Aburr&aacute;, siglo XVII</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996200900010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. D&iacute;ez, J. I. "El Banco Nacional (1880-1904): el fracaso de la moneda legal", <i>Lecturas de Econom&iacute;a</i> 28, 1989, pp. 29-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200900010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Echeverri, L. M. <i>Free Banking in Colombia, 1865-1886</i>, Ph. D. diss., University of Georgia, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200900010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. <i>El Neogranadino</i>. "&iquest;Las cajas de ahorros pueden convertirse en bancos de emisi&oacute;n?", 21 de octubre de 1848.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200900010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. <i>El Recopilador</i>. "Consecuencias de la crisis", 1.&deg; de mayo de 1886.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200900010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. <i>El Relator</i>. "Deuda p&uacute;blica", F. P&eacute;rez, 1.&deg; de julio de 1890.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200900010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Espa&ntilde;a, G. <i>La guerra civil de 1885; N&uacute;&ntilde;ez y la derrota del Radicalismo</i>, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora Editores, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200900010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Esquivel, R. "La Rep&uacute;blica Neogranadina y la herencia espa&ntilde;ola", J. S. Correa, <i>Ensayos sobre el pensamiento econ&oacute;mico de Luis Eduardo Nieto Arteta</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2003, pp. 15-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200900010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Gal&aacute;n, M. <i>Geograf&iacute;a econ&oacute;mica de Colombia</i>, t. VII "Santander", Bucaramanga, Imprenta Departamental, 1947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200900010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Hern&aacute;ndez, A. <i>La moneda en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Villegas Editores, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200900010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Horna, H. "Los ferrocarriles latinoamericanos del siglo XIX: el caso Colombia", C. D. L. de Guevara, comp., <i>Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX</i>, vol. 2, Bogot&aacute;, Norma y Uniandes, 2003, pp. 1023-1044.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200900010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Ib&aacute;&ntilde;ez, J. E. "La emisi&oacute;n de billetes en el siglo XIX",  Banco de la Rep&uacute;blica, <i>El Banco de la Rep&uacute;blica</i><i>: </i><i>antecedentes, evoluci&oacute;n y estructura</i>, Bogot&aacute;, 1990, pp. 33-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996200900010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. L&oacute;pez, A. "La estabilizaci&oacute;n de la econom&iacute;a colombiana despu&eacute;s de la Guerra de los Mil D&iacute;az y el per&iacute;odo de transici&oacute;n monetaria comprendido entre 1903 y 1923", Banco de la Rep&uacute;blica, <i>El Banco de la Rep&uacute;blica: antecedentes, evoluci&oacute;n y estructura</i>, Bogot&aacute;, 1990, pp. 103-131.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996200900010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Luna, J. "Banca brit&aacute;nica en Colombia (1915-1925)", <i>Banca y Finanzas</i> 5, 1988, pp. 9-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200900010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Meisel, A, y A. L&oacute;pez. "Papel moneda, tasas de inter&eacute;s y revaluaci&oacute;n durante la Regeneraci&oacute;n", Banco de la Rep&uacute;blica, <i>El Banco de la Rep&uacute;blica: antecedentes, evoluci&oacute;n y estructura</i>, Bogot&aacute;, 1990, pp. 67-102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200900010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Meisel, A, y E. Posada. "Los bancos de la costa Caribe (1873-1928)", F. S&aacute;nchez, <i>Ensayos de historia monetaria y bancaria de Colombia</i>, pp. 229-265, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996200900010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Meisel, A. "El patr&oacute;n met&aacute;lico (1821-1879)", Banco de la Rep&uacute;blica, <i>El Banco de la Rep&uacute;blica: antecedentes, evoluci&oacute;n y estructura</i>, Bogot&aacute;, 1990,, pp. 3-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996200900010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Meisel, A. "Los bancos comerciales en la era de la banca libre, 1871-1923", Banco de la Rep&uacute;blica, <i>El Banco de la Rep&uacute;blica: antecedentes, evoluci&oacute;n y estructura</i>, Bogot&aacute;, 1990, pp. 135-160.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200900010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Meisel, A. y E. Posada. "Bancos y banqueros de Barranquilla, 1873-1925", <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i> 25, 17, 1988, pp. 95-112.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200900010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Melo, J. O. "Las vicisitudes del modelo liberal (1850-1899)", J. A. Ocampo, <i>Historia Econ&oacute;mica de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo-Fedesarrollo, 1994, pp. 119-207.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996200900010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. N&uacute;&ntilde;ez, R. <i>La reforma pol&iacute;tica en Colombia</i>, Bogot&aacute;, La Luz, 1888.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996200900010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Ocampo, J A. <i>Colombia y la econom&iacute;a mundial (1830-1910)</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, Colciencias y Fedesarrollo, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996200900010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Palacios, M. <i>El caf&eacute; en Colombia: una historia econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica (1850-1970)</i>, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico y El &Aacute;ncora Editores, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996200900010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. P&eacute;rez, S. <i>Econom&iacute;a pol&iacute;tica y estad&iacute;stica</i>, J. S. Correa, ed., Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200900010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Restrepo, J. C. "La pol&iacute;tica monetaria de la Regeneraci&oacute;n", <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i> 28, 26, 1991, pp. 3-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996200900010000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Romero, C. A. "La banca privada en Bogot&aacute; (1870-1922)", F. S&aacute;nchez, ed., <i>Ensayos de historia monetaria y bancaria de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1994, pp. 267-304.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996200900010000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Romero, C. A. "La Regeneraci&oacute;n y el Banco Nacional", <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i> 28, 26, 1991, pp. 27-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996200900010000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Samper, M. "Nuestra circulaci&oacute;n monetaria", 7 de agosto de 1890.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996200900010000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Sowell, D. "La Caja de Ahorros de Bogot&aacute;, 1846-1865", G. Mej&iacute;a, M. Larosa y M. Nieto, eds., <i>Colombia en el siglo XIX</i>, Bogot&aacute;, Planeta, 1999, pp. 217-250.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-5996200900010000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Torres, G. <i>Historia de la moneda en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, 1945.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996200900010000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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