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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA RACIONALIDAD IMPERIALISTA EN LA MONUMENTAL OBRA DE JAMES MILL]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present essay, a chapter of a more extensive work on international domination in world economy, draws on James Mill’s The History of the British India, which is a milestone work in this field and the basis of all posterior theories in order to develop an analytic framework for this subject.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LA RACIONALIDAD IMPERIALISTA EN LA MONUMENTAL OBRA DE JAMES MILL</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>IMPERIALIST RATIONALITY IN THE MONUMENTAL WORK OF JAMES MILL</b></p>     <p><i>Homero Cuevas</i>*</p>     <p>* Economista, Profesor Em&eacute;rito de la Facultad de Econom&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia &#91;<a href="mailto:chhcuevas@yahoo.com">chhcuevas@yahoo.com</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 25 de abril de 2011, fecha de modificaci&oacute;n: 4 de mayo de 2011, fecha de aceptaci&oacute;n: 6 de mayo de 2011.</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>&#91;Palabras clave: econom&iacute;a internacional, colonialismo, imperialismo; JEL: F0, F54&#93;</p>     <p>Este ensayo, parte de un trabajo m&aacute;s extenso sobre la dominaci&oacute;n internacional en la econom&iacute;a mundial, revisa los procesos m&aacute;s relevantes para el an&aacute;lisis te&oacute;rico tomando como referencia <i>La historia de la India brit&aacute;nica</i> de James Mill, obra que es un hito en este campo y es la base de todas las teor&iacute;as posteriores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>&#91;Keywords: world economics, colonialism, imperialism; JEL: F0, F54&#93;</p>     <p><i></i> The present essay, a chapter of a more extensive work on international domination in world economy, draws on James Mill’s <i>The History of the British India</i>, which is a milestone work in this field and the basis of all posterior theories in order to develop an analytic framework for this subject.</p> <hr>     <p>En otras ocasiones he expresado insatisfacci&oacute;n ante los pre&aacute;mbulos que pretenden explicar el chiste. Pero la referencia a un contexto parece inevitable en circunstancias como las del presente art&iacute;culo. Para empezar, constituye el tercero entre once cap&iacute;tulos de un libro titulado <i>La dominaci&oacute;n internacional en el an&aacute;lisis econ&oacute;mico</i>, a punto de ser terminado. En segundo lugar, su objetivo no es la historia, a pesar de las apariencias y del t&iacute;tulo que cobija a los seis vol&uacute;menes de la obra de James Mill sobre la dominaci&oacute;n brit&aacute;nica en la India (<i>The history of the British India</i>, 1826). Su prop&oacute;sito es te&oacute;rico, en la medida en que extrae y explicita algunos elementos que estructuran los procesos de dominaci&oacute;n de las potencias capitalistas en la econom&iacute;a internacional. En este sentido, la obra de Mill, no obstante sus defectos y prejuicios respecto de las valoraciones culturales, marc&oacute; un hito y leg&oacute; la base de las teorizaciones posteriores.</p>     <p><b>EL LUGAR DE LA SOCIEDAD AN&Oacute;NIMA</b></p>     <p>Los primeros documentos negociables en un mercado de acciones fueron emitidos en 1606 por la Compa&ntilde;&iacute;a Holandesa de las Indias Orientales (VOC), incorporada en 1602. Entre sus motivaciones y consecuencias sobresal&iacute;an: a) la concentraci&oacute;n de capital en una escala inalcanzable por otros medios; b) la integraci&oacute;n en un monopolio de las compa&ntilde;&iacute;as de Brabante, Rotterdam, Amsterdam y van Herre, que previamente compet&iacute;an entre s&iacute;; c) el reemplazo de la monarqu&iacute;a hispano-lusitana en la determinaci&oacute;n mayorista de los precios de las especias; d) la asunci&oacute;n comercial de funciones diplom&aacute;ticas, judiciales y militares, por delegaci&oacute;n oficial, para la seguridad en ultramar, la destrucci&oacute;n de competidores, la apropiaci&oacute;n de tesoros, la apertura de mercados y para garantizar las condiciones externas exigidas por el monopolio; e) la ampliaci&oacute;n de la base de apoyo para tal empresa, vinculando a miles de accionistas y suscriptores de bonos, a las c&aacute;maras regionales de comercio con sus socios, a las autoridades como directores y a ochenta mil empleados entre marinos (25%), militares (12,5%) y civiles; f) mientras que la tasa de inter&eacute;s ca&iacute;a por debajo del 4%, seg&uacute;n algunas estimaciones la VOC obtuvo rentabilidades anuales del 70% algunas veces y del 18% en promedio durante doscientos a&ntilde;os, hasta su liquidaci&oacute;n bajo el peso de una deuda que al final asumi&oacute; el Estado (Tsch&ouml;pe, 2008); g) la socializaci&oacute;n de tales excedentes mediante el gasto, sin destacar por el momento las ganancias individuales de los empleados, por fuera de los libros de la compa&ntilde;&iacute;a.</p>     <p>Los comerciantes de los Pa&iacute;ses Bajos hab&iacute;an sido distribuidores para el Norte de Europa de las especias orientales monopolizadas por los portugueses con la ruta mar&iacute;tima abierta por Vasco de Gama en 1498. Pero en 1591 se les suspendi&oacute; tal licencia, entre las secuelas de su independencia del Imperio Espa&ntilde;ol. Desde 1595 iniciaron su propio comercio mayorista con el Oriente, desplazando poco a poco a los portugueses mediante mayor eficiencia y acciones de fuerza.</p>     <p>Tambi&eacute;n en 1591, comerciantes ingleses enviaron una expedici&oacute;n, m&aacute;s en misi&oacute;n de pirater&iacute;a contra los portugueses que comercial, seg&uacute;n Mill, aunque con resultados desastrosos. Pero al finalizar 1600, una asociaci&oacute;n conocida como <i>The Adventurers</i> recibi&oacute; de la Reina Isabel licencia de incorporaci&oacute;n bajo el nombre de "the Governor and Company of Merchants of London, trading to the East Indies", con patente brit&aacute;nica de monopolio comercial al oriente del Cabo de Buena Esperanza y hasta el Estrecho de Magallanes.</p>     <p>Con 101 acciones y un comit&eacute; de 24 directores, ser&iacute;a el origen de la Compa&ntilde;&iacute;a Inglesa de las Indias Orientales (CIIO). Sin embargo, una parte de los titulares no realiz&oacute; giros de capital; los restantes agruparon sus inversiones en diversas compa&ntilde;&iacute;as, como en los negocios anteriores, aunque cubri&eacute;ndose ahora con una misma patente; y s&oacute;lo en 1612 se decidi&oacute; que empezara a funcionar en realidad como una sociedad an&oacute;nima.</p>     <p>Sobre este cambio, la observaci&oacute;n de Mill es significativa: "Si &#91;la situaci&oacute;n previa&#93; se adaptaba mejor o peor a la naturaleza del comercio y a los intereses nacionales, en todo caso era menos favorable al poder y a las inclinaciones de un gobernador &#91;de la Compa&ntilde;&iacute;a&#93; y de sus directores que una sociedad an&oacute;nima (<i>joint-stock</i>), la cual pon&iacute;a en sus manos la totalidad de la administraci&oacute;n y del poder del conglomerado completo" (Mill, 1826, v. I, lib. I, cap. II). El "poder omn&iacute;modo" de los directores de la VOC holandesa (Heckscher, 1931, 348) pod&iacute;a encontrar as&iacute; un reflejo en la compa&ntilde;&iacute;a inglesa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los cuatro viajes realizados entre 1613 y 1616 bajo la nueva modalidad, con una flota de unos siete buques respaldados por casi mil accionistas, arrojaron una rentabilidad del 87%, mientras que fue el doble en los ocho viajes anteriores. Y hacia 1625 la Compa&ntilde;&iacute;a declar&oacute; su incapacidad para algunos gastos, un preocupante nivel de endeudamiento y una ca&iacute;da en el valor de sus acciones. En 1654, "Las dificultades financieras de la Compa&ntilde;&iacute;a eran enormes: sus distintas divisiones adeudaban cincuenta mil libras &#91;del momento&#93;; y muchos de sus propietarios estaban en dif&iacute;ciles circunstancias" (ib&iacute;d., cap. III). En 1700 las acciones cayeron al 32% "de su valor" (ib&iacute;d., cap. V).</p>     <p>No sorprende, entonces, la reacci&oacute;n entre asociaciones de accionistas, se&ntilde;alando el "car&aacute;cter ineficiente" de la sociedad an&oacute;nima, solicitando su disoluci&oacute;n y un retorno a los "viajes separados con su gerencia particularizada, lo cual resultar&iacute;a mucho m&aacute;s rentable, como demostraba la prosperidad de las compa&ntilde;&iacute;as privadas y abiertas, entre ellas las del comercio con Turqu&iacute;a, Mosc&uacute; y regiones aleda&ntilde;as" (ib&iacute;d., cap. III).</p>     <p>Por el contrario, los directores consideraban imprescindible la fuerza de la sociedad an&oacute;nima para competir con los poderosos portugueses y holandeses, financiar las enormes inversiones requeridas por ese tr&aacute;fico, incluyendo ya en ese momento los establecimientos (fuertes con bodegas) en al menos catorce principados, y dar credibilidad a la escala de las garant&iacute;as ofrecidas ante estos &uacute;ltimos. Es m&aacute;s, dadas sus dificultades para atraer suscripciones frescas de capital, solicitaban est&iacute;mulos adicionales mediante nuevos privilegios y, "en particular, asistencia suficiente para recuperar &#91;de los holandeses&#93; y retener las Islas de las Especias" (ib&iacute;d.).</p>     <p>Esta dial&eacute;ctica, que lleg&oacute; a encarnarse en empresas alternativas con licencia oficial, como la organizada por Endymion Porter con el propio rey como accionista, como The Merchant Adventurers o como recurrentes compa&ntilde;&iacute;as separadas dentro de la original Merchants of London, termin&oacute; en 1702, cuando todas las inversiones competidoras quedaron efectivamente monopolizadas bajo "The United Company of Merchants Trading to the East Indies "(ib&iacute;d., cap. V); a lo cual a&ntilde;ad&iacute;a la Compa&ntilde;&iacute;a sus facultades legales para procesar como piratas y aplicarles la pena capital a los comerciantes independientes que se atrevieran a competirle dentro de sus dominios patentados.</p>     <p>A pesar de todo, "En 1732 la Compa&ntilde;&iacute;a se vio obligada a disminuir sus dividendos anuales del 8% al 7%, hasta 1744, cuando volvieron al 8%. La Compa&ntilde;&iacute;a holandesa distribuy&oacute; anualmente el 25% de 1730 a 1735; el 20% en 1736; el 15% hasta 1739; el 12,5% hasta 1743 y el 15% en 1744" (lib. IV, cap. I). Para 1780, "las finanzas de la Compa&ntilde;&iacute;a en todos los sitios de la India se hab&iacute;an convertido en una fuente de malestar &#91;...&#93; Aun Bengala misma, aunque hab&iacute;a gozado de completa tranquilidad &#91;...&#93; estaba tan exhausta que el Consejo Supremo qued&oacute; reducido otra vez al expediente de emitir deuda" (lib. V, cap. VI). Es m&aacute;s, ante el examen de Mill recurr&iacute;an en la Compa&ntilde;&iacute;a inglesa su contabilidad equ&iacute;voca y su inclinaci&oacute;n a emitir deuda para la distribuci&oacute;n de dividendos. Por ejemplo: en 1766 "se demand&oacute; inoportunamente otro aumento de dividendos &#91;...&#93; que hab&iacute;an sido ya elevados del seis al diez por ciento, multiplicando el n&uacute;mero de accionistas y haciendo crecer el capital al 263% &#91;...&#93; En vano expusieron los directores el alto endeudamiento de la Compa&ntilde;&iacute;a; y se&ntilde;alaron la imprudencia de dividendos aumentados, cuando para girarlos se requer&iacute;an pr&eacute;stamos con pesados intereses. En una asamblea general, un dividendo de doce y medio por ciento fue aprobado para ese a&ntilde;o (1767)" (lib. IV, cap. VII). Y en 1787, "Las finanzas de la Compa&ntilde;&iacute;a se encontraban en su estado usual de presi&oacute;n extrema y frustraci&oacute;n" (lib. VI, cap. I).</p>     <p>Hizo eco Mill, entonces, a la opini&oacute;n convencional as&iacute;: "Con respecto a la competencia comercial, la habilidad y vigilancia de los individuos operando para su propio inter&eacute;s era seguramente un instrumento m&aacute;s poderoso que la imbecilidad y la negligencia de la administraci&oacute;n en una sociedad an&oacute;nima. Y, en lo referente a la competencia b&eacute;lica, unos pocos buques de guerra, con unas pocas compa&ntilde;&iacute;as de <i>marines</i>, empleados por el gobierno, hubieran rendido mucha m&aacute;s seguridad que todos los esfuerzos posibles de una apocada sociedad an&oacute;nima" (lib. I, cap. III).</p>     <p>(Hacia 1665 la flota de la Compa&ntilde;&iacute;a ya sumaba unos treinta buques descritos como "comerciales de guerra", <i>warlike mercantil ships</i>, con entre sesenta y cien tripulantes cada uno).</p>     <p>Sin embargo, era otra sociedad an&oacute;nima exitosa (la VOC), "con un capital m&aacute;s poderoso", la que hab&iacute;a repelido de las islas a la Compa&ntilde;&iacute;a inglesa, oblig&aacute;ndola a buscar nuevos horizontes en el subcontinente de la India. Adem&aacute;s, la separaci&oacute;n de las inversiones comerciales y las militares suger&iacute;a complicaciones. Por una parte pod&iacute;a reducir los costos, pero por la otra interpon&iacute;a obst&aacute;culos pol&iacute;ticos y administrativos entre los objetivos de la Compa&ntilde;&iacute;a y la movilizaci&oacute;n armada para alcanzarlos.</p>     <p>En cualquier caso, con el permanente desencanto sobre las "infladas expectativas de rentabilidad" accionaria, la persistencia en la Compa&ntilde;&iacute;a inglesa apuntaba en parte hacia intereses m&aacute;s profundos.</p>     <p><b>RENTAS EFECTIVAS BAJO LA FORMALIDAD CONTABLE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un viaje redondo a la India y la comunicaci&oacute;n pod&iacute;an tomar m&aacute;s de un a&ntilde;o, a lo cual se a&ntilde;ad&iacute;a la ignorancia del idioma, las leyes y las costumbres. "Los directores ignoraban las circunstancias locales y con frecuencia transmit&iacute;an instrucciones cuya ejecuci&oacute;n resultaba altamente imprudente. Sus subalternos en el exterior ten&iacute;an, entonces, buenas razones para omitirlas. Por lo tanto, con una puerta abierta para su conducta discrecional, las &oacute;rdenes de los directores eran naturalmente desobedecidas, con la misma frecuencia para el beneficio de los funcionarios en el extranjero que para el beneficio de la Compa&ntilde;&iacute;a en Inglaterra" (lib. IV, cap. IV).</p>     <p>A trav&eacute;s de dicha puerta fluyeron, entonces, los negocios particulares de los funcionarios. Primero: se apoderaron del comercio interno, desplazando a los nativos. La Compa&ntilde;&iacute;a procuraba limitarse a los procedimientos "rutinarios" de las transacciones mayores en el comercio exterior, concentradas en sus <i>factories</i> (o bodegas) con subastas y acopios entre intermediarios m&aacute;s peque&ntilde;os, para eludir "un trabajo de infinito detalle que empleaba a una multitud de agentes" (cinco intermediarios con especialidades distintas eran requeridos entre un tejedor indio y una bodega de la Compa&ntilde;&iacute;a). Tambi&eacute;n disminu&iacute;a de esa manera sus costos de seguridad en el transporte y el cuidado de las mercanc&iacute;as. Pero sus funcionarios locales pudieron emplear su capacidad de decisi&oacute;n, su conocimiento de los procedimientos, su propio dinero y el aparato militar de la Compa&ntilde;&iacute;a para controlar la cadena y explotar un monopsonio que "obliga a los artesanos a aceptar quince o veinte, y con frecuencia treinta o cuarenta por ciento menos de lo que valdr&iacute;a su producto en el mercado &#91;...&#93; Mucha colusi&oacute;n y trucos, mucho fraude contra la Compa&ntilde;&iacute;a y mucha opresi&oacute;n contra los tejedores surge de la oscuridad entre tanta complicaci&oacute;n" (ib&iacute;d.).</p>     <p>En el comercio de contrav&iacute;a, impon&iacute;an en sus negocios personales, con apoyo del presidente de la Compa&ntilde;&iacute;a en Bengala, las exenciones de impuestos y de inspecciones aduaneras obtenidas para las importaciones espec&iacute;ficas de aquella, entronizando un contrabando "destructivo tributariamente y ruinoso para los comerciantes nativos, sobre quienes reca&iacute;an altos aranceles". En 1765, "la exacci&oacute;n de opresivos impuestos, de los cuales estaban exentos los ingleses, equival&iacute;a a una prohibici&oacute;n de cualquier otra clase de comerciantes" (ib&iacute;d., lib. IV, cap. VII).</p>     <p>Segundo: el monopolio de la sal para los ingleses, pagando un impuesto del 2,5%, hab&iacute;a sido obtenido del nabab de Bengala en 1758 por Robert Clive (lib. IV, cap. V). Y cuando &eacute;ste regres&oacute; a la India como gobernador por segunda vez, en 1764, la usurpaci&oacute;n por los empleados hab&iacute;a llegado a ser tan escandalosa que los directores de la Compa&ntilde;&iacute;a conclu&iacute;an: "Las enormes fortunas adquiridas en el comercio interior han sido obtenidas mediante escenas de la conducta m&aacute;s tir&aacute;nica y opresiva que se haya conocido jam&aacute;s en cualquier &eacute;poca o pa&iacute;s" (carta citada en lib. IV, cap. VII). Y transmit&iacute;an una orden "prohibiendo completamente el comercio interior de sus funcionarios". Como respuesta, "Clive y &#91;...&#93; otros miembros del Comit&eacute; Selecto &#91;...&#93; formaron una sociedad &#91;...&#93; para comprar grandes cantidades de sal &#91;...&#93; y en nueve meses realizaron un beneficio del 49% &#91;...&#93; Para excusar a Clive se argumentaba que el prop&oacute;sito hab&iacute;a sido hacer una fortuna para tres caballeros que a su servicio ven&iacute;an de Inglaterra (por primera vez), incluyendo a su cirujano" (ib&iacute;d., cap. VI).</p>     <p>Ante la insistencia de los directores, los funcionarios simularon obediencia renunciando al comercio de tabaco, que era insignificante, mientras "El Comit&eacute; Selecto decidi&oacute; que deber&iacute;a organizarse un monopolio (usufructuado por una sociedad privada de los altos empleados) para el comercio de la sal". En un memorando, Clive argumentaba que los directores "no pod&iacute;an tener siquiera la menor idea del cambio favorable para los negocios de estas provincias, donde los intereses del nabab sobre la sal han dejado de ser relevantes". Sin embargo, reconoc&iacute;a que "La s&uacute;bita y en muchos casos injustificable adquisici&oacute;n de riqueza hab&iacute;a dado lugar al lujo en todas las formas y en sus m&aacute;s perniciosos excesos &#91;...&#93; infectando a casi todos los miembros de cada departamento &#91;...&#93; Cualquier empleado inferior parec&iacute;a tan familiarizado con la riqueza &#91;...&#93; que desapareci&oacute; toda distinci&oacute;n con sus superiores" (citado en lib. IV, cap. VII).</p>     <p>Se se&ntilde;alaban, adem&aacute;s, los horarios sustra&iacute;dos a la Compa&ntilde;&iacute;a, la competencia con sus propios funcionarios en algunos casos y el af&aacute;n de los m&aacute;s experimentados por regresar con sus s&uacute;bitas riquezas a Inglaterra. Con tales argumentos, y para disminuir la anarqu&iacute;a en la explotaci&oacute;n del comercio interior, Clive formaliz&oacute;, dentro de la misma Compa&ntilde;&iacute;a, otra "sociedad comercial para el beneficio &#91;exclusivo&#93; de los funcionarios superiores de la Compa&ntilde;&iacute;a &#91;...&#93; Deduciendo un derecho para esta, estimado en cien mil libras anuales, las ganancias se dividir&iacute;an as&iacute;: para un primera clase de propietarios, 35 acciones (5 para el gobernador; 3 para el general; 3 para el segundo en el Comit&eacute;; 2 para cada uno de sus otros miembros); para una segunda clase, 12 acciones (divididas entre un capit&aacute;n, tres tenientes coroneles y catorce funcionarios <i>senior</i>); para la tercera clase, 9 acciones (divididas entre trece <i>factors</i>, o inmediatos bajo los <i>senior</i>, cuatro mayores, seis cirujanos, el secretario del Comit&eacute;, un contador, un traductor y un subdirector de bodegas)" (ib&iacute;d., lib. IV, cap. VII).</p>     <p>Los directores declararon ilegal su "admirable arreglo" (en las ir&oacute;nicas palabras de Mill) y amenazaron con procesarlo junto a los dem&aacute;s socios. Despu&eacute;s de esto, Clive regres&oacute; a Inglaterra "por razones de salud" y tal sociedad fue disuelta formalmente, pero continu&oacute; usufructuando durante otro a&ntilde;o los contratos vigentes, hasta 1768 (lib. IV, cap. VII). Ser&iacute;a ingenuo creer que la creatividad para explotar las ventajas dejar&iacute;a de florecer en m&uacute;ltiples formas.</p>     <p>Tercero: "Uno de los negocios principales &#91;de los funcionarios brit&aacute;nicos&#93; en esos territorios consist&iacute;a en los pr&eacute;stamos de dinero". Como ilustraci&oacute;n paradigm&aacute;tica, "El se&ntilde;or Paul Benfield, un empleado en uno de los niveles m&aacute;s bajos del departamento civil de la Compa&ntilde;&iacute;a, que se hab&iacute;a ocupado paralelamente de funciones m&aacute;s lucrativas que las de sus deberes como oficinista, convirti&eacute;ndose no s&oacute;lo en un favorito del nabab sino en el principal agente de pr&eacute;stamos de dinero &#91;...&#93; se declar&oacute; acreedor &#91;en 1775&#93; de la inmensa suma de 234 mil libras esterlinas &#91;de la &eacute;poca; 162 mil adeudadas por el nabab; 72 mil adeudadas por particulares&#93; &#91;...&#93; prestadas por un funcionario <i>junior</i> de la Compa&ntilde;&iacute;a, con un salario de unos pocos de cientos de libras anuales" (ib&iacute;d., lib. V, cap. IV).</p>     <p>Las exportaciones inglesas de met&aacute;lico a Oriente constitu&iacute;an un privilegio legal de la Compa&ntilde;&iacute;a que exclu&iacute;a a sus funcionarios en calidad de particulares. Y operaba con restricciones tan apretadas que hac&iacute;a endeudar a sus agencias en la India con tasas anuales de inter&eacute;s del 9%, mientras pod&iacute;a obtener fondos al 4% en Inglaterra (lib. I, cap. IV, nota 6). Inclusive, algunas veces forzaban en Calcuta, Bombay o Madr&aacute;s desv&iacute;os de la liquidez destinada al comercio con China.</p>     <p>Podr&iacute;a pensarse, por supuesto, que los funcionarios tomaban fiadas parte de sus importaciones particulares de Inglaterra, para colocarlas a cr&eacute;dito en la India, explotando el diferencial de tasas de inter&eacute;s adem&aacute;s del margen comercial. Por a&ntilde;adidura, actuaban como prestamistas de la Compa&ntilde;&iacute;a, us&aacute;ndola en el mismo acto como veh&iacute;culo de sus remesas a casa. De ese modo, contra letras de cambio redimibles en Londres, depositaban fondos en las subsidiarias de la India.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sus beneficios particulares, sin embargo, exced&iacute;an "en mucho" al super&aacute;vit en la balanza comercial de la Compa&ntilde;&iacute;a. Esta, por lo tanto, se ve&iacute;a forzada a limitar la emisi&oacute;n de letras, rechazando fondos que sus propios funcionarios colocaban, con el mismo procedimiento, en las compa&ntilde;&iacute;as holandesa y francesa para las Indias Orientales. Los m&aacute;s peligrosos competidores y enemigos terminaban financiados, as&iacute;, por los negocios de los empleados de la Compa&ntilde;&iacute;a inglesa.</p>     <p>De todas maneras, las dudas sobre la certeza, el origen y la legitimidad de las acreencias de los funcionarios brit&aacute;nicos en la India, las cuales generaron investigaciones legales, como en el caso de Benfield, s&oacute;lo indicaban que, adem&aacute;s de la usurpaci&oacute;n del comercio interno, el contrabando, la sal y los pr&eacute;stamos, dispon&iacute;an de otras fuentes cruciales para su veloz enriquecimiento.</p>     <p>Cuarto: regalos y extorsiones. "Los obsequios del nabab y otros jefes del pa&iacute;s, algunas veces de muy alto valor, a los cuales se han habituado los funcionarios (de la Compa&ntilde;&iacute;a) desde que adquirieron ascendencia en el gobierno, atrajeron la atenci&oacute;n &#91;en Londres&#93; &#91;...&#93; Adem&aacute;s de las sumas que pudieron ser ocultadas, cuya estimaci&oacute;n resultar&iacute;a dif&iacute;cil, en 1773 ante la C&aacute;mara de los Comunes ‘se demostraron o reconocieron regalos de los pr&iacute;ncipes y otros nativos de Bengala, entre 1757 y 1766 &#91;...&#93; por un total de 5.940.498 libras esterlinas &#91;...&#93; excluyendo el <i>jaghire</i> de Lord Clive’" (ib&iacute;d., lib. IV, cap. V). En la lista aparec&iacute;an el gobernador Drake, el comandante en jefe, miembros del Comit&eacute; Selecto y del Consejo Directivo, oficiales de las fuerzas armadas y una serie de otros funcionarios.</p>     <p>Clive explic&oacute;: "En un pa&iacute;s con abundante dinero, donde el miedo es la base del gobierno y donde nuestras armas son siempre victoriosas, no sorprende que el ansia de riquezas encuentre con rapidez los medios para satisfacerse o que los instrumentos del poder se respalden en su autoridad y procedan aun a la extorsi&oacute;n cuando la simple corrupci&oacute;n resulta insuficiente ante su rapacidad. Era inevitable que estos ejemplos de los superiores fueran seguidos por los inferiores en un grado proporcional" (carta citada en ib&iacute;d., cap. VII).</p>     <p>Dadas las dimensiones financieras y geopol&iacute;ticas, pues se sospechaba de colusiones entre l&iacute;deres nativos y funcionarios, burlando directrices del gobierno brit&aacute;nico y de la Compa&ntilde;&iacute;a, esta orden&oacute; transferirle los obsequios mayores a cuatro mil rupias que llegaren a ser recibidos a partir de mayo de 1764; entre los restantes, los mayores a mil rupias requerir&iacute;an del consentimiento del Consejo para quedar en manos de los empleados. Mill concluy&oacute; que as&iacute; "la Honorable Compa&ntilde;&iacute;a se reservaba un poder aun ilimitado para recibir o extorsionar obsequios en su propio beneficio".</p>     <p>De otro lado, ya hab&iacute;a destacado las dificultades para los controles remotos. Como casos notables se supo que, despu&eacute;s de tal prohibici&oacute;n, Clive como gobernador hab&iacute;a aceptado un obsequio del nabab de Bengala por unas cincuenta mil libras esterlinas. En un comienzo procur&oacute; disculparlas como una herencia y finalmente la Compa&ntilde;&iacute;a accedi&oacute; al argumento de que estaban destinadas para un fondo de oficiales minusv&aacute;lidos, el cual fue en efecto creado (ib&iacute;d.). De otro lado, en 1782 "el gobernador Hastings acept&oacute; del nabab de Chunar un obsequio de 100.000 libras", sin registro contable y objeto tambi&eacute;n de confusas explicaciones (lib. V, cap. VIII).</p>     <p>Para completar, observ&oacute; Verelst, quien tuvo conocimiento presencial de algunos procesos: "Mahomed Reza Khan afirma que los regalos no fueron voluntarios, lo cual es negado por los caballeros ingleses. Dado el poder alcanzado por los brit&aacute;nicos, quiz&aacute; el lector podr&iacute;a considerar esto como una disputa sem&aacute;ntica" (citado en ib&iacute;d., lib. IV, cap. VII, nota 5).</p>     <p>Quinto: arrendamientos. Mill anot&oacute; que "En la India el <i>land holder</i> paga nueve d&eacute;cimos del producto al gobierno" (lib. V, cap. III), aunque se&ntilde;al&oacute; en otros pasajes tres quintas partes de la producci&oacute;n bruta (lib. VI, cap. V). Pudo referirse con la primera estimaci&oacute;n a los <i>ryots</i>, trabajadores directos mantenidos al "m&iacute;nimo indispensable para su subsistencia" por los <i>zemindars</i>, recaudadores, o al margen de estos &uacute;ltimos sobre el producto, pues ambos agentes eran ancestralmente <i>land holders</i>, de acuerdo con su cr&iacute;tica a los "prejuicios aristocr&aacute;ticos" que imaginaban un "feudalismo" indio y pretend&iacute;an ensillarlo con un sistema id&eacute;ntico al de la agricultura brit&aacute;nica. En cualquier caso, una conexi&oacute;n tan clara entre esta inmensa masa de rentas y el control pol&iacute;tico no pod&iacute;a menos que tentar la avaricia de los brit&aacute;nicos.</p>     <p>No obstante, ante el objetivo se interpon&iacute;an guerras, numerosos niveles burocr&aacute;ticos entre los productores y el Soberano, con sus respectivas participaciones en la compleja administraci&oacute;n del recaudo, y milenarias inercias sobre la organizaci&oacute;n social y la posesi&oacute;n de hecho. Entre sus primeras experiencias la Compa&ntilde;&iacute;a intent&oacute;, pues, simplificar desde la ra&iacute;z, sometiendo a subasta p&uacute;blica el arrendamiento de los territorios agr&iacute;colas bajo su control; con la prohibici&oacute;n expresa de que en el negocio y en la puja entraran sus propios funcionarios. Pero la creatividad, claro est&aacute;, no descansar&iacute;a ante las nuevas oportunidades.</p>     <p>Como ejemplos significativos, el coronel Hannay arrendaba "una gran parte del pa&iacute;s" de Oude, bajo licencia de los directivos locales de la Compa&ntilde;&iacute;a para emplearse temporalmente al servicio del nabab. As&iacute;, entre 1778 y 1781 obtuvo una fortuna estimada en 300.000 libras (lib. V, cap. VIII). Y, seg&uacute;n una de las acusaciones en la C&aacute;mara de los Comunes contra el gobernador Warren Hastings, este "coloc&oacute; en una situaci&oacute;n de confianza y poder a un nativo &#91;...&#93; de manera impropia y para fines corruptos; es decir, para explotar las rentas de un gran distrito del pa&iacute;s" (lib. VI, cap. II). De paso, los m&eacute;todos de Deby Sing contra sus subarrendatarios ganaron protagonismo debido a sus escandalosas atrocidades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sexto: por &uacute;ltimo, estaban las compras con las oportunidades de las guerras. "Entre los cargos criminales contra el gobernador general Hastings fueron incluidos &#91;...&#93; contratos para la provisi&oacute;n del ej&eacute;rcito con ma&iacute;z, bueyes y la alimentaci&oacute;n de los elefantes, as&iacute; como para el opio comercializado por la Compa&ntilde;&iacute;a" (ib&iacute;d., cap. I, nota 35). Como un indicador de la escala, durante uno solo de tales conflictos, el ej&eacute;rcito perdi&oacute; cuarenta mil bueyes (ib&iacute;d., cap. IV).</p>     <p>La Compa&ntilde;&iacute;a hab&iacute;a aceptado, a pesar de su rechazo del "admirable arreglo" de Clive, "el argumento de que al cortarle a sus funcionarios las fuentes irregulares de ingreso, este no era lo suficientemente opulento" (lib. IV, cap. VII). Y, por tanto, hab&iacute;a garantizado simult&aacute;neamente (1767) una comisi&oacute;n del 2&frac12;% sobre el producto neto de los ingresos territoriales, dividida en 100 acciones con la siguiente distribuci&oacute;n: 31 para el gobernador; 7,5 para el comandante en jefe; 2,5 para cada coronel; 1,5 para cada teniente coronel; 0,75 para cada mayor y el resto para los miembros del Consejo Directivo local. Adem&aacute;s, se incrementaron las asignaciones por d&iacute;a de actividad para los dem&aacute;s oficiales y suboficiales.</p>     <p>Quedaba formalizado as&iacute; un est&iacute;mulo para la iniciativa empresarial dentro de los l&iacute;mites de la Compa&ntilde;&iacute;a misma y, claro est&aacute;, para las expansiones territoriales que prometieran recaudos netos. Pero sobre la ineficacia de tales incentivos para contener los abusos, en ausencia de medidas complementarias, Mill sentenci&oacute;: "Si, como Clive y su Comit&eacute; afirmaban, los empleados estaban en capacidad y en disposici&oacute;n de saquear y desfalcar cuando eran peque&ntilde;os sus ingresos, el mero aumento de estos s&oacute;lo incrementar&iacute;a su poder y har&iacute;a poco para modificar sus inclinaciones" (ib&iacute;d.).</p>     <p><b>EL NEXO POL&Iacute;TICO DE LAS RENTAS ESPECIALES</b></p>     <p>A comienzos del siglo XVII, las empresas de comercio exterior requer&iacute;an en Inglaterra cartas de privilegio real, al menos por tres razones: la necesidad de exportar bull&oacute;n; la legalizaci&oacute;n del uso de sus armas para proteger sus cargamentos contra riesgos inminentes, proviniesen de piratas, competidores con rutas patentadas en otros pa&iacute;ses o rechazos por d&eacute;biles autoridades ultramarinas; y limitaci&oacute;n de la competencia como compensaci&oacute;n por una mayor incertidumbre.</p>     <p>Este soporte pol&iacute;tico com&uacute;n fue trascendido, sin embargo, por algunas peculiaridades de la CIIO: como sociedad an&oacute;nima, replicaba una base democr&aacute;tica aunque con una direcci&oacute;n olig&aacute;rquica (connatural a estas organizaciones, seg&uacute;n Mill); adquiri&oacute; funciones gubernamentales junto con las comerciales, y sus actividades, estructura, dimensiones y oportunidades la convirtieron en la principal fuente de clientelismo dentro del sistema pol&iacute;tico brit&aacute;nico.</p>     <p>Los s&iacute;ntomas aparecieron desde el comienzo, cuando Sir Thomas Roe conclu&iacute;a en 1614 que el personal de la Compa&ntilde;&iacute;a en el exterior era excesivo y su selecci&oacute;n inadecuada; mientras el rey y el Duque de Buckingham reclamaban, en 1622, derechos de la Corona y del Almirantazgo sobre las ganancias de la Compa&ntilde;&iacute;a en el saqueo de la Isla de Ormus, adelantado en conjunto con los persas. El duque trans&oacute; por 10.000 libras esterlinas, aunque se desconoce el acuerdo con el rey (lib. I, cap. II). En 1625, "Sir Robert Shirley, quien hab&iacute;a sido embajador ante la corte de Persia, solicit&oacute; al rey y a su Consejo ordenar a la Compa&ntilde;&iacute;a pagarle 20.000 libras como compensaci&oacute;n por sus tareas y servicios para procurarles una apertura comercial". As&iacute; mismo, en 1642, el rey "compr&oacute; al fiado las existencias de pimienta de la Compa&ntilde;&iacute;a y las revendi&oacute; a menor precio para conseguir liquidez inmediata". Parte de la deuda jam&aacute;s se pag&oacute; (ib&iacute;d.).</p>     <p>De otro lado, en 1648, "cuando el poder del Parlamento era supremo, y el rey era prisionero en la Isla de Wight, una nueva suscripci&oacute;n &#91;accionaria &#93; fue abierta &#91;por la Compa&ntilde;&iacute;a &#93;, y una pol&iacute;tica muy obvia fue seguida para lograr que el mayor n&uacute;mero posible de miembros del Parlamento se convirtieran en accionistas" (ib&iacute;d., cap. III). Entre los esfuerzos para dicho fin se les concedi&oacute; un plazo extraordinario. En el mismo escenario, cuando logr&oacute; forzar a los holandeses a un tratado de paz, en 1654, Cromwell pidi&oacute; prestadas las 85.000 libras que como indemnizaci&oacute;n recibi&oacute; la Compa&ntilde;&iacute;a. Esta expuso sus dif&iacute;ciles circunstancias financieras pero a&ntilde;adi&oacute; que, m&aacute;s all&aacute; de las revoluciones pol&iacute;ticas y de los reg&iacute;menes antag&oacute;nicos, "en gratitud al protector se sacrificar&iacute;a gir&aacute;ndole 50.000 libras pagaderas a plazos en dieciocho meses" (ib&iacute;d.).</p>     <p>Con la restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica de Carlos II, la carta de privilegios de la Compa&ntilde;&iacute;a fue renovada y ampliada en 1661, "recibiendo autoridad para hacer la paz y la guerra con cualquier pr&iacute;ncipe o naci&oacute;n distintos de los Cristianos &#91;...&#93; As&iacute;, junto con el derecho de administrar justicia (en ultramar) se le confer&iacute;an a la Compa&ntilde;&iacute;a casi todos los poderes de un gobierno" (lib. I, cap. IV). Adem&aacute;s, recibida por Carlos como dote de la Infanta Catalina, la Isla de Bombay, con mayores gastos que recaudos, fue ofrecida en administraci&oacute;n a la Compa&ntilde;&iacute;a. Tras un rechazo inicial, &eacute;sta la acept&oacute; en 1668 por un arrendamiento nominal de 10 libras anuales, "con todos los poderes pol&iacute;ticos para gobernarla". Y en 1673, la Isla de Santa Helena, recapturada de los holandeses, fue de forma similar cedida a la Compa&ntilde;&iacute;a mediante una carta real. Esto, por supuesto, potenciaba la espiral entre los nexos pol&iacute;ticos y las rentas especiales.</p>     <p>La reforzada amalgama se ilustr&oacute; con la insurrecci&oacute;n de las tropas y la poblaci&oacute;n de Bombay en 1685, "exigiendo la renuncia de la Compa&ntilde;&iacute;a al gobierno y proclamando la Soberan&iacute;a del rey", quien liquid&oacute; la rebeli&oacute;n delegando su autoridad en Sir Thomas Grantham, el comandante de la flota de la Compa&ntilde;&iacute;a. En ese mismo a&ntilde;o, esta tom&oacute; la decisi&oacute;n de mejorar su posici&oacute;n en Bengala mediante "el env&iacute;o a la India de un equipo militar sin precedentes" y, profundizando la pol&iacute;tica de colaboraci&oacute;n, para el mismo proyecto le "solicit&oacute; al rey una compa&ntilde;&iacute;a de infanter&iacute;a completa con sus oficiales".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con &iacute;nfimos pretextos, las hostilidades no tardaron en comenzar; pero la Compa&ntilde;&iacute;a "pag&oacute; muy cara su prematura ambici&oacute;n", pues sus factor&iacute;as fueron ocupadas por las tropas de Aurengzebe, quien "orden&oacute; expulsarla de sus dominios". Sin embargo, en un tr&aacute;gico error de c&aacute;lculo, la restaur&oacute; a su situaci&oacute;n anterior despu&eacute;s de que "los ingleses se arrodillaron en la m&aacute;s abyecta sumisi&oacute;n" (ib&iacute;d., lib. I, cap. V). De esta manera "cultivaron el favor de los mogoles" en una etapa de conquista disimulada, caracterizada por concesiones y compras de asentamientos, como Chuttanuttee, Govindpore, el puerto de Tegnapatam (m&aacute;s tarde Fuerte San David) y Calcuta, iniciando fortificaciones "cautelosamente para no alarmar al gobierno nativo".</p>     <p>De hecho, en 1689 el directorio de la Compa&ntilde;&iacute;a formaliz&oacute; sus instrucciones a los funcionarios para la conquista territorial, con la siguiente l&oacute;gica: "El aumento de nuestras rentas es tan importante como nuestro comercio &#91;...&#93; el cual puede ser interrumpido por muchos eventos &#91;...&#93; esto justifica mantener la fuerza que nos convertir&aacute; en una naci&oacute;n en la India &#91;...&#93; en caso contrario seremos uno m&aacute;s entre la masa dispersa de comerciantes casuales, unidos s&oacute;lo por la carta de privilegio real, capaces de comerciar &uacute;nicamente donde nadie que tenga poder est&eacute; interesado en imped&iacute;rnoslo. Por estas razones, la sabidur&iacute;a de los holandeses, como hemos visto, aconseja escribir diez par&aacute;grafos acerca del gobierno, de su pol&iacute;tica militar y civil, de la guerra, y del incremento en sus rentas, por cada par&aacute;grafo sobre el comercio" (correspondencia citada en ib&iacute;d., lib. I, cap. V).</p>     <p>En ese momento hab&iacute;a llegado a tal desgre&ntilde;o la parte comercial de la Compa&ntilde;&iacute;a que esta desarrollaba "un comercio sin ganancia" y "no pod&iacute;a persistir en el incremento del clientelismo sin ruinosas consecuencias" (ib&iacute;d.). Por lo pronto, se vio forzada a ordenar el empleo de comerciantes nativos, especialmente de origen armenio, "en vez de multiplicar sus agentes europeos en la India".</p>     <p>Por otra parte, se investigaban indicios de que las deudas de la Compa&ntilde;&iacute;a exced&iacute;an al total de sus activos, lo cual precipit&oacute; una legislaci&oacute;n para prevenir tales ocurrencias en el futuro.</p>     <p>Los comerciantes ingleses excluidos por el monopolio aprovecharon las acusaciones de ineficiencia para demandar un replanteamiento. Adem&aacute;s, en el plano pol&iacute;tico, se cuestionaba ahora la legitimidad de "una patente real sin sanci&oacute;n parlamentaria". Y la Compa&ntilde;&iacute;a empeor&oacute; su defensa presentando sus posesiones territoriales en ultramar como un hecho contradictorio con cualquier propuesta para despojarla de su patente, a pesar de que esta ten&iacute;a un per&iacute;odo fijo, si bien renovable seg&uacute;n los resultados. Tal argumento fue atacado como "una burla a la voluntad legislativa de la naci&oacute;n".</p>     <p>Parec&iacute;a sintom&aacute;tica la identificaci&oacute;n de "Asociaci&oacute;n Londinense" para la Compa&ntilde;&iacute;a existente y la de "Asociaci&oacute;n general" o "Compa&ntilde;&iacute;a inglesa" para los nuevos rivales. Y tambi&eacute;n era significativo el campo de la confrontaci&oacute;n final: la primera le ofreci&oacute; al gobierno un pr&eacute;stamo por 700.000 libras al 4% de inter&eacute;s anual si se manten&iacute;an sus privilegios, con la respectiva aprobaci&oacute;n del Parlamento, mientras la &uacute;ltima le ofreci&oacute; dos millones de libras al 8% si el monopolio le era transferido. En definitiva, el Parlamento dej&oacute; sin piso una renovada patente del rey para la vieja Compa&ntilde;&iacute;a, qued&aacute;ndole tres a&ntilde;os de plazo, hasta 1701, para finalizar su comercio con la India; y autoriz&oacute; a la nueva asociaci&oacute;n para iniciar sus operaciones de forma inmediata, con una patente por trece a&ntilde;os. En el lapso de traslapo siguieron episodios de confrontaci&oacute;n entre las dos compa&ntilde;&iacute;as pero, como se ha indicado, finalizaron en 1702, cuando se fundieron en un monopolio m&aacute;s poderoso bajo la denominaci&oacute;n de "The United Company of Merchants Trading to the East Indies ". Adem&aacute;s de los dos millones, "Un pr&eacute;stamo de 1.200.000 libras sin intereses fue extra&iacute;do de las dos compa&ntilde;&iacute;as para uso del gobierno" (lib. I, cap. V), mientras la patente era extendida hasta 1729, cuando podr&iacute;a ser renovada, con noticia previa de tres a&ntilde;os, seg&uacute;n los resultados.</p>     <p>En 1730, en contra de las propuestas de otras asociaciones, incluida una de apertura para todos los comerciantes brit&aacute;nicos, como operaba para &Aacute;frica, la excluyente patente de la Compa&ntilde;&iacute;a fue extendida hasta 1766, y en 1744 hasta 1780. En el primer caso le don&oacute; 200.000 libras al tesoro p&uacute;blico, mientras en el otro le otorg&oacute; al gobierno un cr&eacute;dito, sin intereses, por un mill&oacute;n de libras que no ten&iacute;a. Entonces, se legisl&oacute; para permitir una emisi&oacute;n p&uacute;blica de bonos de la Compa&ntilde;&iacute;a por dicha suma.</p>     <p>En consecuencia, la nueva cobertura no debilitaba la consistencia de la vieja amalgama; m&aacute;s bien otros factores entrar&iacute;an a dinamizar la combinaci&oacute;n operativa entre la Compa&ntilde;&iacute;a y el gobierno brit&aacute;nico, en primera instancia como un escalamiento de los preparativos militares. De un lado, las autoridades nativas de Bengala, sin oponerse abiertamente, obstaculizaban la venta de 31 municipios concedida en 1717 por el emperador mogol a los ingleses. De otro lado, en 1744 se declar&oacute; la guerra entre Francia e Inglaterra, y en 1746 una flota francesa fonde&oacute; a cuatro leguas de Madr&aacute;s y despu&eacute;s de algunas batallas tom&oacute; esta base centenaria de los ingleses.</p>     <p>La Compa&ntilde;&iacute;a Francesa de las Indias Orientales (CFIO), cuyos negocios tambi&eacute;n eran adelantados mediante <i>warlike mercantile ships</i> en los mismos mercados de la CIIO, hab&iacute;a sido creada bajo la influencia de Colbert desde 1664. "Mucho m&aacute;s pobre que la Compa&ntilde;&iacute;a inglesa", a su vez "mucho m&aacute;s pobre que la holandesa", la CFIO no parec&iacute;a una seria amenaza durante los primeros decenios, aparte de que exist&iacute;a un acomodamiento pol&iacute;tico entre los dos pa&iacute;ses. Pero en las nuevas condiciones, bajo la direcci&oacute;n del gobernador de la Isla de Francia, la Isla de Bourbon y Pondicherry, el gobierno franc&eacute;s y la CFIO pusieron en acci&oacute;n un plan para salir de su situaci&oacute;n residual, eliminar las amenazas de expulsi&oacute;n de la India y, en cambio, expulsar a los ingleses.</p>     <p>Por su parte, "Ante los desastres de la naci&oacute;n en la India, y con celos del poder ganado por los Franceses, el gobierno de Inglaterra hab&iacute;a preparado ahora un formidable armamento para el Oriente. Nueve buques de la armada nacional &#91;...&#93; y once de la Compa&ntilde;&iacute;a para el transporte de tropas y log&iacute;stica &#91;...&#93; zarparon de Inglaterra a fines de 1747" (lib. IV, cap. I).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el proceso, completado con guerras de los gobernantes indios entre s&iacute;, contra los extranjeros y con toda clase de coaliciones oportunistas, "Los Franceses rompieron el encanto de la timorata opini&oacute;n &#91;...&#93; de que los Moros eran un bravo y formidable enemigo &#91;...&#93; derrotando un ej&eacute;rcito completo con un solo batall&oacute;n" (Orme, citado en ib&iacute;d., nota 51). Tambi&eacute;n mostraron c&oacute;mo los nativos pod&iacute;an ser entrenados en la disciplina de los militares europeos y bajo el mando de estos ser utilizados contra las autoridades de su propio pa&iacute;s (<i>sepoys</i>). Con tales lecciones, concluy&oacute; Mill, los brit&aacute;nicos pudieron encontrar una v&iacute;a de conquista acelerada.</p>     <p>As&iacute;, con el triunfo de la coalici&oacute;n inglesa que depuso al nabab Suraja Dowla e instal&oacute; en su lugar a Meer Jaffier, desde 1757 "todas las factor&iacute;as y posesiones francesas se deber&iacute;an expropiar; y los franceses se deber&iacute;an excluir para siempre de Bengala" (lib. IV, cap. III). Despu&eacute;s de 1760, con la rendici&oacute;n de Pondicherry y Gengee, "los franceses quedar&iacute;an sin puesto militar alguno en la India" (ib&iacute;d., cap. IV).</p>     <p>Durante unas negociaciones de paz en 1754, "El ministerio ingl&eacute;s prudentemente despach&oacute; una considerable flota a la India", mientras los representantes de la CFIO y del gobierno franc&eacute;s en Londres "cordialmente ced&iacute;an" las ventajas logradas gracias a la recursividad local de Labourdonnais, Dupleix y Lally, las cuales ten&iacute;an en punto de expulsi&oacute;n a los brit&aacute;nicos (ib&iacute;d., cap. II).</p>     <p>En 1756, con "un plan dise&ntilde;ado en Inglaterra &#91;...&#93; para la expulsi&oacute;n de los franceses", el gobierno brit&aacute;nico envi&oacute; a Bengala bajo las &oacute;rdenes de Clive tres compa&ntilde;&iacute;as de artiller&iacute;a y varios centenares de infantes, los cuales fueron reforzados para la retoma de Calcuta por cinco buques de guerra de la armada real bajo el mando del almirante Watson, apoyados con cinco buques de la Compa&ntilde;&iacute;a. Luego se unir&iacute;an con la flota real disponible en Madr&aacute;s bajo el comando del almirante Poncocke. Y mientras "los ingleses dispon&iacute;an de abundante dinero y suministros &#91;...&#93; nada podr&iacute;a exceder el sufrimiento de los franceses por falta de provisiones &#91;...&#93; los brit&aacute;nicos con poderosos refuerzos desde Inglaterra &#91;...&#93; sus antagonistas abandonados bajo la indiferencia de su patria" (ib&iacute;d., cap. IV).</p>     <p>La recuperaci&oacute;n de las posesiones de la Compa&ntilde;&iacute;a se deb&iacute;a, pues, al gasto p&uacute;blico y a la armada nacional. Y, como si esto fuese poco, su adici&oacute;n de control territorial sobre Bengala, con treinta millones de habitantes, Bahar y Orissa, reconocido por decreto imperial de Shah Aulum en 1765, recrudeci&oacute; el debate parlamentario respecto del leg&iacute;timo titular de la soberan&iacute;a pol&iacute;tica sobre "un imperio tan grande" (ib&iacute;d., cap. VII). En medio de una "vehemente oposici&oacute;n" de la Compa&ntilde;&iacute;a y de sus aliados en el Parlamento, contra la interferencia oficial en sus asuntos, como una "violaci&oacute;n de los derechos de propiedad", un acuerdo temporal se plasm&oacute; en un acta de 1766, concediendo durante los siguientes dos a&ntilde;os los ingresos territoriales en la India a la CIIO, a cambio de que &eacute;sta pagara al tesoro p&uacute;blico 400.000 libras anuales (ib&iacute;d.), y en 1769 fue extendido por otros cinco a&ntilde;os (lib. IV, cap. IX).</p>     <p>Por vez primera, tambi&eacute;n se design&oacute; una comisi&oacute;n oficial de supervisores con poderes sobre la Direcci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a en la India, pero "el nav&iacute;o que los transportaba nunca alcanz&oacute; su puerto; ni jam&aacute;s se recibi&oacute; informaci&oacute;n alguna sobre ellos" (ib&iacute;d.).</p>     <p>Mill sintetiz&oacute; la situaci&oacute;n as&iacute;: "m&aacute;s que verlo con claridad, quiz&aacute; se sent&iacute;a que las reglas de la propiedad individual no eran aplicables, sin fuertes restricciones, a una entidad artificial cuyas actuaciones ten&iacute;an un alcance tan grande como para afectar profundamente los intereses de la naci&oacute;n en su conjunto" (ib&iacute;d.). En consecuencia, en 1772 el primer ministro y el Parlamento introdujeron "cambios radicales", entre ellos: a) invistieron el gobierno de Bengala, Bahar y Orissa en un gobernador general con un consejo de cuatro miembros; b) para el primer per&iacute;odo de cinco a&ntilde;os todos ser&iacute;an elegidos, entre los principales accionistas, por el Parlamento; c) posteriormente, por los directores de la Compa&ntilde;&iacute;a, pero siempre sujetos a la aprobaci&oacute;n de la Corona; d) fijaron los salarios respectivos en 25.000 y 8.000 libras anuales; e) subordinaron a tal gobierno las otras presidencias (Madr&aacute;s y Bombay); f) dispusieron que toda la correspondencia de la India sobre asuntos civiles, militares y presupuestales pasar&iacute;a por las manos del ministro; g) establecieron en Calcuta una corte suprema de justicia, con cuatro miembros designados por la Corona, sustrayendo este poder de la Compa&ntilde;&iacute;a; h) decidieron que todas las adquisiciones realizadas mediante el uso de fuerzas militares o de tratados con gobernantes extranjeros pertenecer&iacute;an al Estado y ser&iacute;a ilegal apropiarlas para el lucro personal de los funcionarios (ib&iacute;d.).</p>     <p>Pronto, sin embargo, las deficiencias ser&iacute;an evidentes. El gobernador as&iacute; designado, Warren Hastings, terminar&iacute;a procesado penalmente por el Parlamento mismo; pero este caso era apenas el paradigma de la burocracia en la India. La confusi&oacute;n jer&aacute;rquica lleg&oacute; a tal punto que los oficiales de las fuerzas armadas de la Corona "sentaron la doctrina de que no estaban obligados a obedecer a la Compa&ntilde;&iacute;a" y la comisi&oacute;n legislativa se vio forzada a declarar que "cuando el rey presta sus tropas al servicio de la Compa&ntilde;&iacute;a, y cuando pasan de ser pagadas por el rey a ser pagadas por la Compa&ntilde;&iacute;a, su obediencia ante &eacute;sta era una condici&oacute;n necesaria y sobreentendida" (lib. V, cap. V). En consecuencia, "El general Stuart se abstuvo de (mantener) cualquier resistencia directa o declarada y, en cambio, eligi&oacute; desvirtuar las directrices de la Presidencia y el Consejo (de la Compa&ntilde;&iacute;a) poni&eacute;ndoles obst&aacute;culos en su camino" (ib&iacute;d.). Para completar, la Compa&ntilde;&iacute;a se declar&oacute; insolvente para el pago de las 400.000 libras anuales y de los dividendos, solicitando licencia para recurrir al "original m&eacute;todo", seg&uacute;n sarcasmo de Mill, de endeudarse con el p&uacute;blico para pagarle las deudas. Adem&aacute;s, en 1780 venc&iacute;a el plazo para decidir sobre la renovaci&oacute;n de la patente de privilegios.</p>     <p>Se revel&oacute;, entonces, un consenso pol&iacute;tico sobre una mayor regulaci&oacute;n oficial; con un enfrentamiento, en cambio, respecto de si la Junta Directiva de la Compa&ntilde;&iacute;a ser&iacute;a designada por el Parlamento o si una Junta Suprema de control ser&iacute;a designada por el rey (escogiendo seis miembros de su Consejo, entre ellos el Canciller y uno de los Secretarios de Estado). La primera alternativa tuvo un &eacute;xito fugaz pero, incluyendo el reemplazo del primer ministro (Fox), se impuso la &uacute;ltima, recogida en la Reforma Pitt de 1784.</p>     <p>Entre otras cosas, observ&oacute; Mill: "El nuevo ministro &#91;Pitt&#93; hab&iacute;a sido ayudado para el triunfo sobre sus oponentes por todos los poderes de la Compa&ntilde;&iacute;a &#91;...&#93; El ministro deb&iacute;a una gratificaci&oacute;n &#91;...&#93; y, entre una serie de resoluciones que propuso &#91;...&#93; fue aprobada una disminuci&oacute;n de los aranceles sobre el t&eacute;, del 50% al 12,5% &#91;...&#93; Una parte de la ganancia monopol&iacute;stica (socavada por el contrabando) no constitu&iacute;a un sacrificio placentero para la Compa&ntilde;&iacute;a. A &eacute;sta le pareci&oacute; que los ingresos p&uacute;blicos constitu&iacute;an una fuente m&aacute;s adecuada para dicho sacrificio" (lib. V, cap. IX).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El presidente de la junta era "esencialmente un Secretario de Estado para la India &#91;...&#93; y, como rara vez asist&iacute;an o eran citados los dem&aacute;s miembros, tomaba de hecho la totalidad de las decisiones sobre el gobierno civil y militar ejercido por la Compa&ntilde;&iacute;a, excluyendo s&oacute;lo sus transacciones comerciales" (ib&iacute;d.). Adem&aacute;s, las apelaciones deb&iacute;an dirigirse al Consejo real, es decir, "a las mismas personas contra quienes se apelaba".</p>     <p>Una prueba &aacute;cida de los alcances de las nuevas regulaciones surgi&oacute; en 1787 cuando, gracias a otro de los alternados acuerdos de paz con Francia, la Compa&ntilde;&iacute;a rescindi&oacute; una solicitud por cuatro regimientos, pero la Junta de Control mantuvo la orden de su env&iacute;o, con cargo a los ingresos territoriales de la Compa&ntilde;&iacute;a en la India. A pesar de un acta de 1781, "eximi&eacute;ndola del pago de tropas enviadas sin su solicitud", Pitt argument&oacute; que "respecto de los asuntos militares y pol&iacute;ticos, as&iacute; como del recaudo, administraci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de los ingresos por posesiones territoriales, no existe ahora decisi&oacute;n alguna que quede por fuera de los derechos de la Junta". El presidente de esta, Mr. Dundas, precis&oacute;: "El acta de 1784 implica que, si lo encontrase conveniente, la Junta de Control podr&iacute;a aplicar la totalidad de los ingresos de la India para su defensa, sin dejarle siquiera una sola rupia a la Compa&ntilde;&iacute;a" (citados en ib&iacute;d., lib. VI, cap. I).</p>     <p>Confirmando esta interpretaci&oacute;n, el Parlamento aprob&oacute; un acta "aclaratoria"; aunque, "para mitigar la alarma", las tropas ordenadas por la Junta en exceso de ciertos l&iacute;mites no ser&iacute;an de financiamiento obligatorio para la Compa&ntilde;&iacute;a; as&iacute; como el concurso de esta y del Parlamento ser&iacute;a requerido para los aumentos de salarios.</p>     <p>Entre los impactos sobre el sistema pol&iacute;tico, Mill destac&oacute; tres (ib&iacute;d.), que fueron generalizados en an&aacute;lisis posteriores. En primer lugar, financiada por fuera de la tributaci&oacute;n (brit&aacute;nica), "quedar&iacute;a creada una fuerza militar m&aacute;s independiente del Parlamento que cualquier otra hasta ahora permitida por la ley" (seg&uacute;n "la denominada Doctrina de la Constituci&oacute;n", el rey s&oacute;lo deb&iacute;a tener tropas sufragadas por el presupuesto aprobado anualmente por el Parlamento). En segundo lugar, se legitimaban "secretos que invocando los intereses nacionales deben permanecer ocultos". Institucionalmente, los comisionados en la Junta de Control "poseen en la Compa&ntilde;&iacute;a el sospechoso instrumento de un Comit&eacute; Secreto, ligado a ellos mediante un juramento &#91;...&#93; el cual puede ser impuesto a otros funcionarios, dise&ntilde;&aacute;ndolo seg&uacute;n las circunstancias". En tercer lugar, "mediante tal escalamiento militar &#91;...&#93; la Corona aumenta su clientelismo sobre los miembros de la C&aacute;mara de los Comunes, uni&eacute;ndolos en una confederaci&oacute;n t&aacute;cita para sus propios beneficios" (a&ntilde;adi&oacute; Mill: "contra todo mejoramiento pol&iacute;tico", con la indignaci&oacute;n suscitada por "la atrocidad" de sobornar al controlador, un problema prioritario en su ensayo de 1820 sobre gobierno y desde los ensayos de Bentham en 1790; y por "la criminalidad" de "un gasto innecesario", pues "las tropas enrolables por la Compa&ntilde;&iacute;a en la India pod&iacute;an ser mucho m&aacute;s baratas" que las del rey).</p>     <p>Al respecto, parece significativo que "Mr. Dundas &#91;uno de los l&iacute;deres parlamentarios &#93; aventur&oacute; la curiosa proposici&oacute;n, respaldada por su experiencia, de que la circunstancia de qui&eacute;n era el &#91;primer &#93; ministro indicaba la tienda, como &eacute;l la llamaba, donde el clientelismo en la India era distribuido al detal" (lib. VI, cap. I). Como ilustraci&oacute;n, "El a&ntilde;o en que Mr. Fox hab&iacute;a sido ministro fue acusado de sobrecargar de clientelismo la India".</p>     <p>Los alcances, sin embargo, eran mayores. En un discurso, explic&oacute; Mr. Dundas que "la India rebosaba con el clientelismo &#91;...&#93; de los directores" (de la Compa&ntilde;&iacute;a) y, como ejemplo, que "en un a&ntilde;o hab&iacute;an enviado no menos de treinta y seis <i>writers</i> (principiantes sin experiencia, con altas expectativas de progreso, cuyo paradigma hab&iacute;a sido Robert Clive en persona) a cargar el servicio civil". As&iacute; mismo, el accionista y gobernador Hastings en la India fue acusado ante el Parlamento por "gastos extravagantes con el prop&oacute;sito de crear cargos y enriquecer a sus favoritos" (ib&iacute;d.).</p>     <p>A prop&oacute;sito, entre 1772 y 1784, Hastings aument&oacute; las deudas de la Compa&ntilde;&iacute;a de 13 a 26 millones de libras (lib. V, cap. VIII). De manera conexa, "eran de fama general el celo y los sentimientos del rey hacia Mr. Hastings" (lib. VI, cap. I, nota 27), lo cual contribuy&oacute; a su exoneraci&oacute;n por la C&aacute;mara de los Lores de los trece cargos criminales que le fueron formulados por la C&aacute;mara de los Comunes.</p>     <p>Y la espiral tend&iacute;a a autoperpetuarse, pues, hacia 1774, "La principal acusaci&oacute;n contra la Junta de Propietarios era la de haberse llenado con funcionarios de la Compa&ntilde;&iacute;a misma, que volv&iacute;an &#91;de la India&#93; a Europa cargados con riquezas mal habidas. Ante esto &#91;la disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de accionistas con derecho a votar, requiriendo un m&iacute;nimo accionario de mil libras esterlinas en vez de quinientas&#93; &#91;...&#93; se convert&iacute;a en una barrera contra la denuncia y el castigo, facilitando en vez de remediar los abusos" (lib. IV, cap. IX). Como an&eacute;cdota, en 1765, antes de arribar a Bengala por segunda vez, concentrado en la inminente conquista territorial pues, seg&uacute;n sus propias palabras, "Debemos convertirnos en nababs nosotros mismos", Clive envi&oacute; desde Madr&aacute;s un poder a Londres, con las siguientes instrucciones: "Todo el dinero de mi propiedad, en fondos p&uacute;blicos, o en cualquier otra parte, y todo el que pueda pedirse prestado en mi nombre, debe ser invertido en acciones de la Compa&ntilde;&iacute;a, sin demorar siquiera un minuto" (lib. IV, cap. V).</p>     <p>Sin embargo, el puesto principal parec&iacute;a destinado para la irrigaci&oacute;n social del clientelismo: "Tan pronto como la administraci&oacute;n de los asuntos de la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales se convirti&oacute; en una fuente de clientelismo y poder, necesariamente ocurri&oacute; que las acciones eran tenidas para promover intereses con mucho m&aacute;s valor que el dividendo &#91;...&#93; principalmente por: 1) quienes aspiraban a un puesto en la Direcci&oacute;n &#91;...&#93; 2) el gran grupo de competidores por favores, por empleos y por contratos de suministros, los cuales incumb&iacute;an a una considerable proporci&oacute;n de los propietarios de buques y comerciantes de Londres &#91;...&#93; 3) quienes aspiraban a contratos con el Almirantazgo, la Tesorer&iacute;a Nacional y otras entidades conexas, as&iacute; como a empleos p&uacute;blicos, sabiendo que una base de influencia con el ministro del ramo era tener votos a su disposici&oacute;n en la Junta de Propietarios de la Compa&ntilde;&iacute;a" (lib. IV, cap. IX).</p>     <p>Destac&oacute; Mill, entonces, que por fuera de los dividendos de las inversiones en el extranjero una fuente quiz&aacute; m&aacute;s importante de renta era la "masa de riqueza equivalente a todos los cargos lucrativos en la India" (lib. VI, cap. VII). Cien a&ntilde;os despu&eacute;s, comenzando el siglo XX, se conclu&iacute;a en "The historians’ history of the world": "Pocos aspectos de la administraci&oacute;n en la India son m&aacute;s desagradables a primera vista que el hecho de que, con pocas excepciones, todos los cargos de mayor nivel, a los cuales corresponden los mayores salarios, est&eacute;n confinados a los europeos" (<i>The Encyclopaedia Britannica</i>, 1904).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y, en perspectiva, las implicaciones ser&iacute;an estrat&eacute;gicas, al menos en tres dimensiones. Primera: la difusi&oacute;n nacional de esa "masa de riqueza" y de las expectativas conexas en las potencias con probabilidad de controlar la cuarta parte de la poblaci&oacute;n mundial, como logr&oacute; hacerlo Inglaterra en el cenit de su imperio, antes de la primera guerra mundial. Segunda: sus impactos sobre el sistema pol&iacute;tico interno, estimulando "una confederaci&oacute;n t&aacute;cita" entre fuerzas previamente enfrentadas y un debilitamiento de los controles p&uacute;blicos sobre las decisiones del poder ejecutivo. Tercera: la creciente importancia de la "masa de riqueza equivalente a todos los cargos lucrativos" derivados de los privilegios del poder internacional, en general, como sugiere el an&aacute;lisis de Mill, m&aacute;s all&aacute; de su ilustraci&oacute;n circunstancial con el caso de la India.</p>     <p><b>E<small>LEMENTOS DE DOMINACI&Oacute;N</small></b></p>     <p>Adem&aacute;s de la fuerza cruda, los siguientes elementos se destacaron en el proceso de dominaci&oacute;n:</p>     <p>Simulaci&oacute;n. En 1747, m&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s de estar aplicando la directriz secreta de la Compa&ntilde;&iacute;a para "mantener la fuerza que nos convertir&aacute; en una naci&oacute;n en la India", y diez a&ntilde;os antes de que los brit&aacute;nicos se apoderaran de Bengala, sobre la cual llegar&iacute;an a dominar el subcontinente, el comodoro Griffin envi&oacute; una carta invocando "la insolencia y la perfidia de los franceses" en contraste con "la m&aacute;s estricta amistad imaginable" de los ingleses. La respuesta del emperador mogol podr&iacute;a ser instructiva: "Durante largo tiempo los ingleses han sido muy obedientes y serviciales con nosotros; adem&aacute;s de lo cual siempre han demostrado ser gente sincera; resultando muy doloroso que sufran estos problemas, desgracias y destrucci&oacute;n. Por lo tanto, ordeno &#91;al nabab Anwar ad dien Khan &#93; protegerlos, ayudarlos y asistirlos en todo; utilizar todos los recursos para castigar y expulsar a los franceses, para recuperarles a los ingleses su puerto mar&iacute;timo (Madr&aacute;s), sus derechos de establecerse como antes y de adelantar sus negocios para el florecimiento del lugar" (Nizam al Mulk, citado en ib&iacute;d.. lib. IV, cap. II).</p>     <p>Soborno. Sir Thomas Roe advirti&oacute; a la Compa&ntilde;&iacute;a en 1614: "un embajador les costar&aacute; el doble &#91;...&#93; que un nativo influyente &#91;...&#93; incluyendo todos los sobornos necesarios" (citado en lib. I, cap. II). Y, en 1826, Mill concluy&oacute;: "Los sobornos privados para frustrar fines p&uacute;blicos fueron aplicados con alguna perseverancia en la pol&iacute;tica oriental; una maquinaria rara vez sin eficacia" (lib. IV, cap. V). Como ejemplo, cuando el emperador Feroksere manifest&oacute; por fin, en 1716, su aprobaci&oacute;n para que la Compa&ntilde;&iacute;a comprara los derechos sobre treinta y siete municipios (entre otros privilegios), los documentos fueron expedidos con el sello de un visir en vez del sello real, lo cual los dejaba sin eficacia ante las autoridades provinciales. El soborno de un favorito entre los eunucos del harem, con influencia ante el visir, venci&oacute; la resistencia para la modificaci&oacute;n.</p>     <p>En otro giro estrat&eacute;gico, ante la oferta de convertirse en el primer nabab bajo "protecci&oacute;n" de los brit&aacute;nicos, Meer Jaffier, el principal general del ej&eacute;rcito de Bengala, desert&oacute; con sus tropas cuando comenz&oacute; la batalla de Plassy (1757), las volte&oacute; contra sus compatriotas y "con el costo de veinte europeos entre muertos y heridos, determin&oacute; la suerte de un gran reino y de treinta millones de personas" (lib. IV, cap. III), as&iacute; como el futuro de la India.</p>     <p>(En la batalla del R&iacute;o Jumna, en 1802, sin ser definitiva, "aunque peque&ntilde;a en escala &#91;...&#93; las p&eacute;rdidas indias fueron estimadas en tres mil hombres; las de los ingleses, en muertos, heridos y desaparecidos, fueron cuatrocientas ochenta y cinco" (Mill, lib. VI, cap. XII).</p>     <p>Fraude. Aparte de las compensaciones por p&eacute;rdidas en la guerra de 1757, los miembros del Comit&eacute; local de la Compa&ntilde;&iacute;a reservaron, del tesoro del gobierno de Bengala a deponer, cinco millones de rupias como donaci&oacute;n para las tropas brit&aacute;nicas y otra parte para s&iacute; mismos: "280.000 rupias para el gobernador Drake, 280.000 para el coronel Clive, 240.000 para Mr. Watts y 240.000 para el Mayor Kilpatrick". Sin embargo, Ormichund, el influyente comerciante de Calcuta con el papel clave de convencer a Meer Jaffier, as&iacute; como al nabab para que, contra la presi&oacute;n de sus ministros, dejara el mando del ej&eacute;rcito a dicho general, "demand&oacute; cinco por ciento del dinero y una cuarta parte de las joyas del tesoro del nabab", lo cual les pareci&oacute; a los miembros del Comit&eacute; "una pesada ofensa &#91;...&#93; puesto que ansiaban todav&iacute;a m&aacute;s para s&iacute; mismos". Decidieron, por lo tanto, despojarlo aun de su respectiva indemnizaci&oacute;n, para lo cual, "Clive, a quien enga&ntilde;ar le costaba muy poco cuando conven&iacute;a a sus prop&oacute;sitos, propuso que dos tratados con Meer Jaffier fuesen escritos y firmados. En el primero, para mostrar a Ormichund, se reconoc&iacute;a su recompensa; lo cual ser&iacute;a por completo ignorado en el otro contrato, que ser&iacute;a el efectivamente ejecutado. En honor a la verdad, el almirante Watson se rehus&oacute; formar parte de este fraude; y dado que quedaba faltando su firma, el Comit&eacute; la falsific&oacute;" (lib. IV, cap. III, nota 36).</p>     <p>Tecnolog&iacute;a. En 1746, las tropas francesas al mando de Dupleix, gobernador de Pondicherry, "con la velocidad de su artiller&iacute;a dejaron perplejo m&aacute;s all&aacute; de toda medida a un ej&eacute;rcito indio; ganaron sobre este una decisiva victoria con una &iacute;nfima proporci&oacute;n de fuerza num&eacute;rica; y rompieron por primera vez el prejuicio que manten&iacute;a a los europeos bajo la sujeci&oacute;n de los poderes nativos" (lib. IV, cap. III). Cuatro a&ntilde;os antes Benjamin Robins, un cient&iacute;fico ingl&eacute;s, hab&iacute;a publicado sus <i>New principles of gunnery</i>, paradigmas de una revoluci&oacute;n europea en peso, costo, agilidad y precisi&oacute;n sobre blancos m&oacute;viles, los cuales ser&iacute;an decisivos para la India, para Federico de Prusia (1756), para otras reformas de Jean Bauptiste Gribeauval en la artiller&iacute;a francesa (1765) y, luego, para Napole&oacute;n.</p>     <p>Cultura. En su <i>History of warfare</i>, Keegan concluye que la capacidad de perforaci&oacute;n de las tropas europeas encontr&oacute; una masa blanda en los ej&eacute;rcitos de los mogoles pues, prisioneros de su cultura esteparia, cre&iacute;an que "un ej&eacute;rcito de caballer&iacute;a puede ser exitoso sin un n&uacute;cleo de infanter&iacute;a", parafraseando al fundador de la dinast&iacute;a (Babur, 1526). Mediante la contrataci&oacute;n de oficiales europeos, franceses en particular, procuraron un viraje durante el siglo XVIII, pero esa cultura constitu&iacute;a un pesado fardo. Un ejemplo notable fue "Meer Causim &#91;quien&#93; hab&iacute;a sido muy ambicioso sobre la introducci&oacute;n del orden europeo entre sus tropas &#91;...&#93; &#91;En Geriah, en 1762, cont&oacute; con&#93; un cuerpo de tropas &#91;...&#93; mejor disciplinadas que las llevadas alguna vez al campo de batalla por cualquier otro comandante nativo &#91;...&#93; entre ellas cipayos, o sea soldados disciplinados al modo europeo, bajo el mando del alem&aacute;n Sumroo &#91;...&#93; Fue el combate m&aacute;s severo enfrentado hasta entonces por los ingleses contra un ej&eacute;rcito indio &#91;...&#93; Este rompi&oacute; una parte de la l&iacute;nea inglesa, les arrebat&oacute; dos ca&ntilde;ones y atac&oacute; al regimiento 84 por el frente y por la retaguardia &#91;...&#93; Sin embargo, la disciplina de los ingleses agot&oacute; la impetuosidad de sus atacantes, lo cual les report&oacute; a aquellos una completa y brillante victoria" (Mill, lib. IV, cap. V).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otras secuelas culturales fueron: la negligencia naval en relaci&oacute;n con el poder&iacute;o terrestre; las fracturas de mando, pues "en los ej&eacute;rcitos indios cada general responde por la manutenci&oacute;n de sus propias tropas" (lib. IV, cap. III), con p&eacute;rdidas de especializaci&oacute;n y eficiencia militares si se dedicaba a sus cultivos, o un colapso de recursos si se concentraba s&oacute;lo en las tareas militares; la personificaci&oacute;n en vez de la complejidad organizacional, ya que "La muerte de su l&iacute;der es la se&ntilde;al para la desbandada de un ej&eacute;rcito indio" (lib. IV, cap. V), y Mill indic&oacute; al menos dos derrotas s&oacute;lo porque durante las batallas los pr&iacute;ncipes se apearon de su elefante; la sacralizaci&oacute;n del transporte y el comercio de cereales en la casta de los "brinjarries", respetados por todas las partes, inclusive en casos de guerra, lo cual permiti&oacute; a los ej&eacute;rcitos brit&aacute;nicos penetrar hasta las regiones m&aacute;s lejanas. "Lo m&aacute;s terror&iacute;fico en una marcha masiva hacia Seringapatam &#91;...&#93; era la hambruna &#91;...&#93; &#91;Pero &#93; los brinjarries ten&iacute;an cincuenta mil bueyes transportando cereales para el ej&eacute;rcito &#91;brit&aacute;nico &#93;, aun desde los campos del enemigo mismo, en cantidades que ning&uacute;n esfuerzo oficial podr&iacute;a haber igualado" (lib. VI, cap. IV). Adem&aacute;s, la costumbre de "los nativos &#91;quienes &#93; siempre cierran sus operaciones &#91;militares &#93; antes del anochecer" (lib. IV, cap. III) ofreci&oacute; ventajas para Clive en Arcot, durante la conquista de Bengala; y casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s segu&iacute;a aprovech&aacute;ndose para la dominaci&oacute;n sobre Mysore: "un destacamento &#91;...&#93; se aproxim&oacute; al campo del enemigo antes de medianoche, penetr&oacute; sin ser descubierto, mat&oacute; a bayoneta cerca de cien tropas y otros tantos caballos antes de que se diera la alarma general; despu&eacute;s dispar&oacute; varias cargas para mantener la consternaci&oacute;n, sin perder siquiera un solo hombre" (lib. VI, cap. IV).</p>     <p>Contrataci&oacute;n difusa. La maestr&iacute;a para explotar a la parte m&aacute;s d&eacute;bil vinculada mediante un contrato dif&iacute;cilmente encontrar&iacute;a mejores ilustraciones que las del gobernador brit&aacute;nico en la India entre 1772 y 1786, hasta el punto de haber explicitado el principio con todo rigor: "Como ning&uacute;n per&iacute;odo fue estipulado sobre la continuidad de la brigada temporal, o de las tropas de reemplazo en servicio &#91;del nabab de Oude &#93;, as&iacute; como ning&uacute;n modo fue prescrito para retirarlas; tales plazo y forma deben ser indicados por la necesidad y el inter&eacute;s com&uacute;n de ambas partes. Esto debe ser determinado ya sea por &eacute;l o ya sea por nosotros. Si un acuerdo resulta inalcanzable, ante tales alternativas, la parte m&aacute;s poderosa debe decidir" (Warren Hastings, carta citada en lib. V, cap. VIII, nota 10). Todo se refer&iacute;a, en el domin&oacute; de una regi&oacute;n tras otra, a un ej&eacute;rcito que entra como aliado y defensor, para despu&eacute;s mantener la ocupaci&oacute;n. Seg&uacute;n palabras de Mr. Francis en un Consejo de la Compa&ntilde;&iacute;a, "el ej&eacute;rcito ingl&eacute;s ha devorado sus rentas y su pa&iacute;s &#91;Oude &#93; bajo la bandera de defenderlo".</p>     <p>Por su parte, Mill elev&oacute; tal principio pol&iacute;tico como una ley general en la teor&iacute;a de los contratos: "En todos los acuerdos entre partes, cuando una es en un grado considerable m&aacute;s fuerte que la otra, todas las ambig&uuml;edades en los t&eacute;rminos son tarde o temprano forzadas a la interpretaci&oacute;n m&aacute;s favorable para la parte m&aacute;s poderosa, y menos favorable para la parte m&aacute;s d&eacute;bil" (lib. VI, cap. I). Aplic&aacute;ndola a alguna negociaci&oacute;n concreta, explic&oacute;: "El nabab &#91;...&#93; era la parte m&aacute;s d&eacute;bil y, como tal, ten&iacute;a el m&aacute;ximo inter&eacute;s para la protecci&oacute;n de regulaciones bien definidas" (lib. IV, cap. IV).</p>     <p>Extorsiones. Para muestra del esquema: en 1770 la Compa&ntilde;&iacute;a reconoci&oacute; al raj&aacute; de Benar&eacute;s y a su l&iacute;nea sucesoria, "en los mismos t&eacute;rminos &#91;que a su padre &#93;, excepto un peque&ntilde;o aumento en el pago anual &#91;...&#93; Y se acord&oacute; que ‘ning&uacute;n incremento del tributo ser&iacute;a demandado en adelante’. &#91;En 1774 se confirm&oacute; dicha cl&aacute;usula &#93; sin otra condici&oacute;n que el pago de un tributo fijo e invariable &#91;...&#93; &#91;y se estipul&oacute; que &#93; en tanto cumpliera sus compromisos, ‘ninguna otra demanda, de clase alguna, le ser&iacute;a formulada por la Honorable Compa&ntilde;&iacute;a’ &#91;...&#93; En estos t&eacute;rminos el arreglo fue concluido; y el raj&aacute; continu&oacute; pagando su tributo (de trescientas mil libras anuales) con una exactitud rara vez ejemplificada en la historia de los pr&iacute;ncipes tributarios del Indost&aacute;n" (lib. V, cap. VII).</p>     <p>Sin embargo, en 1778 se le requiri&oacute; contribuir con el sostenimiento de m&aacute;s tropas y caballer&iacute;a, "un mero aumento de su tributo con distinto nombre" seg&uacute;n uno de los directivos que transitoriamente se opuso. "Cuando el raj&aacute; accedi&oacute; &#91;despu&eacute;s de rebajarle algo la nueva carga&#93;, declar&oacute; expresamente que era s&oacute;lo por un a&ntilde;o &#91;y solicit&oacute; un plazo. Pero el gobernador propuso&#93; exigirle la totalidad inmediatamente &#91;...&#93; El raj&aacute; argument&oacute; pobreza; y rogando indulgencia, se comprometi&oacute; al pago en seis o siete meses &#91;...&#93; &#91;Pero&#93; el gobernador trat&oacute; esta simple solicitud como una gran ofensa &#91;...&#93; y se orden&oacute; exigirle el pago en cinco d&iacute;as &#91;...&#93; declarando que el incumplimiento ser&iacute;a tratado como una negativa absoluta &#91;...&#93; El siguiente a&ntilde;o la demanda fue renovada &#91;...&#93; El raj&aacute; insisti&oacute; en la estrechez de sus circunstancias; en las dificultades impuestas por una carga tan pesada; en la exenci&oacute;n garantizada por los t&eacute;rminos del tratado sobre cualquier aumento en su tributo &#91;...&#93; y en su estipulaci&oacute;n expresa de que la excepci&oacute;n anterior era s&oacute;lo por un a&ntilde;o &#91;...&#93; El gobernador respondi&oacute; en t&eacute;rminos m&aacute;s imperiosos y duros que antes, amenaz&aacute;ndolo con una ejecutoria militar, a menos que el pago fuese inmediato e incondicional. El raj&aacute; insisti&oacute; en su solicitud, aun en los t&eacute;rminos m&aacute;s sumisos y suplicantes. Se orden&oacute; a las tropas marchar y fue obligado a pagar 2000 libras como multa por la demora, bajo el concepto de gastos militares para su propia coacci&oacute;n, adem&aacute;s de la demanda original. En 1780 la exacci&oacute;n fue renovada &#91;...&#93; &#91;El raj&aacute; mand&oacute; ofrecer al gobernador&#93; un regalo secreto (por unas veinte mil libras) el cual fue finalmente aceptado &#91;...&#93; La contribuci&oacute;n, sin embargo, le fue extra&iacute;da &#91;...&#93; &#91;Y&#93; los intentos del raj&aacute; para obtener un peque&ntilde;o plazo fueron tratados como delincuencia renovada; debido a lo cual el gobernador le impuso una multa de 10.000 libras y orden&oacute; a las tropas marchar. De nuevo, el raj&aacute; se someti&oacute; y el dinero fue cancelado &#91;...&#93; Pero &#91;...&#93; ahora, otra carga adicional le fue impuesta &#91;...&#93; El gobernador quer&iacute;a dinero y hab&iacute;a resuelto obtenerlo del saqueo del infeliz raj&aacute; &#91;...&#93; &#91;quien&#93; procur&oacute; moderar la furia de la tormenta enviando al gobernador una oferta para el servicio p&uacute;blico &#91;de unas doscientas mil libras, transmitiendo las exacciones crecientes, claro est&aacute;, a sus propios s&uacute;bditos&#93;; lo cual fue ridiculizado. Una suma &#91;de unas quinientas mil libras como m&iacute;nimo&#93; le fue demandada perentoriamente &#91;...&#93; Ante la aproximaci&oacute;n del gobernador a las fronteras de los dominios del raj&aacute;, este le solicit&oacute; una entrevista donde le ‘profes&oacute; &#91;...&#93; contrici&oacute;n &#91;...&#93; devoci&oacute;n &#91;...&#93; y coloc&oacute; su turbante en mi canto’, pero fue despedido sin concederle valor a sus declaraciones &#91;...&#93; &#91;Ya&#93; en Benar&eacute;s recibi&oacute; un memorando de reclamos y demandas &#91;...&#93; El raj&aacute; respondi&oacute; en otro &#91;...&#93; con explicaciones &#91;...&#93; mostrando que no merec&iacute;a trato tan severo. El gobernador, sin m&aacute;s comunicaciones, lo puso bajo arresto" (lib. V, cap. VII). Para reemplazarlo, un joven de diecinueve a&ntilde;os de edad, sospechoso de incapacidad mental, fue escogido por los brit&aacute;nicos, con un compromiso para otro aumento de los tributos.</p>     <p>El raj&aacute; logr&oacute; huir pero su familia qued&oacute; en el Fuerte de Bidgegur, sitiado por el ej&eacute;rcito brit&aacute;nico. La madre del raj&aacute; "logr&oacute;, antes de abrir las puertas del fuerte, que era su propia residencia, acordar algunas ventajas sobre su seguridad, sus bienes personales y otros efectos &#91;...&#93; Cuando la princesa, con sus familiares y cortejo, en n&uacute;mero de trescientas mujeres, adem&aacute;s de los ni&ntilde;os, salieron del castillo, la capitulaci&oacute;n fue vergonzosamente violada; sus efectos personales fueron saqueados; y sus personas ruda y deshonrosamente tratadas &#91;...&#93; En sus cartas al comandante, el gobernador Hastings us&oacute; expresiones que implicaban que el saqueo de aquellas mujeres era la debida recompensa de los soldados" (lib. V, cap. VII). Mill aclara que en un acto de "honor y gallard&iacute;a" el comandante se neg&oacute; a participar personalmente en tal pillaje, aunque debi&oacute; autorizarlo.</p>     <p>M&aacute;scaras. En carta al Comit&eacute; Selecto, el 16 de enero de 1767, Clive se&ntilde;al&oacute;: "A partir del contrato para nuestra adquisici&oacute;n de rentas territoriales &#91;en Bengala&#93;, el poder que pertenec&iacute;a al Subah de estas provincias est&aacute;, de hecho, totalmente investido en la Compa&ntilde;&iacute;a. Nada le queda a &eacute;l, sino el nombre y una sombra de autoridad. Es indispensable, sin embargo, aparentar que veneramos este nombre, esta sombra &#91;...&#93; &#91;As&iacute;&#93; cualquier otra intervenci&oacute;n for&aacute;nea puede ser aplastada sin evidente interposici&oacute;n de nuestra propia autoridad &#91;...&#93; cualquier acto directo del poder ingl&eacute;s, cuando podr&iacute;a ser ejecutado por el nabab en nuestro lugar, ser&iacute;a despojarse de la m&aacute;scara" (lib. IV, cap. VII, nota 15). Casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s, el gobernador Verelst reconoc&iacute;a: "Una autoridad tan complicada y dividida genera intrigas y opresiones desconocidas en cualquier otro per&iacute;odo &#91;...&#93; Pero de manera insistente y perentoria ten&iacute;amos prohibido reconocer cualquier autoridad nuestra sobre los funcionarios del gobierno" (lib. IV, cap. VII, nota 16).</p>     <p>En el caso del nabab de Oude, Asoph ul Dowla at Chunar, quien fue sometido en 1781 a un proceso de extorsi&oacute;n calcado del raj&aacute; de Benar&eacute;s, "Los deseos del gobernador &#91;Hastings &#93; estaban fijados; un desempe&ntilde;o absoluto era exigido del Residente &#91;brit&aacute;nico&#93;, sin otra limitaci&oacute;n al propio ejercicio de su poder que lo recomendado por la prudencia y ‘todas las demostraciones externas y ostensibles de respeto hacia el nabab’ (seg&uacute;n instrucciones literales del gobernador)" (lib. V, cap. VIII). La persistencia de este &uacute;ltimo elemento es destacable. Por ejemplo, en 1802, precisamente cuando el nabab era objeto de las mayores humillaciones, sometido a ceder la soberan&iacute;a sobre su territorio, otro gobernador &#91;Wellesley&#93; le fing&iacute;a en p&uacute;blico "un estudiado despliegue de respeto personal" (lib. VI, cap. IX).</p>     <p>La estrategia depend&iacute;a, claro est&aacute;, de conveniencias circunstanciales. Desde 1765 Clive hab&iacute;a indicado: "Debemos convertirnos en nababs nosotros mismos, de hecho, aunque sin tal t&iacute;tulo; o quiz&aacute; completamente, sin disfraz alguno" &#91;carta a Mr. Rous, citada en lib. IV, cap. V &#93;. Diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde (1775) el gobernador Hastings escrib&iacute;a: "Es tan visible como la luz del sol que cada orden se origina en nuestro propio gobierno &#91;...&#93; que el nabab &#91;de Bengala &#93; es apenas parte de una comparsa &#91;...&#93; que carece &#91;aun ahora &#93; de la sombra de autoridad, y hasta sus m&aacute;s inmediatos subalternos reciben su nominaci&oacute;n expl&iacute;cita desde las dependencias de la Compa&ntilde;&iacute;a" (lib. V, cap. II). En 1799, el gobernador Mornington anunci&oacute;: "Considerando los inconvenientes y apuros surgidos para todas las partes, bajo el doble gobierno y los conflictos de autoridad establecidos desafortunadamente en Oude, Carnatic y Tanjore, he resuelto reservar para la Compa&ntilde;&iacute;a los poderes m&aacute;s amplios posibles e indisputables" (lib. VI, cap. VIII). En 1802 el nabab de Oude fue retirado y pensionado por la Compa&ntilde;&iacute;a como uno m&aacute;s entre sus funcionarios. Y, sobre el futuro, el t&iacute;tulo de un cap&iacute;tulo siguiente de Mill es significativo: "El nabab de Surat depuesto. El raj&aacute; de Tangore depuesto. El nabab de Arcot depuesto".</p>     <p>Ventaja institucional. Gracias a la cura de una enfermedad &iacute;ntima que difer&iacute;a su pr&oacute;ximo matrimonio, el emperador Feroksere le permiti&oacute; elegir una recompensa al m&eacute;dico Hamilton (miembro de una embajada), quien solicit&oacute; para la Compa&ntilde;&iacute;a, su empleadora, "los siguientes beneficios: ‘protecci&oacute;n para los cargamentos ingleses &#91;...&#93; eliminaci&oacute;n de todos los aranceles a cambio de una suma fija, reposici&oacute;n de tres villas contiguas a Madr&aacute;s, en perpetuidad &#91;...&#93; arrendamiento de la Isla de Diu &#91;...&#93; traspaso a jurisdicci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a de los procesos contra deudores en Bengala &#91;...&#93; eliminaci&oacute;n de inspecciones aduaneras para los cargamentos de la Compa&ntilde;&iacute;a &#91;...&#93; licencia para comprar los derechos sobre los territorios de treinta y siete municipios &#91;...&#93; en la misma forma como hab&iacute;a ocurrido con Calcuta, Suttanutty y Govindpore". Dada la oposici&oacute;n de altos funcionarios, insistentes solicitudes fueron elevadas al emperador, quien al fin, en abril de 1716, "emiti&oacute; mandatos confirmando todos los privilegios de la petici&oacute;n" (lib. IV, cap. I).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En general, Mill observ&oacute;: "La historia oriental ejemplifica con frecuencia c&oacute;mo los m&aacute;s grandes eventos dependen de las m&aacute;s peque&ntilde;as causas" (lib. IV, cap. III), lo cual parece apuntar hacia las debilidades del caudillismo y del "despotismo oriental" ante la complejidad democr&aacute;tica.</p>     <p>Convencionalmente, el fraccionamiento del poder entre pr&iacute;ncipes enfrentados, que nunca alcanzaron siquiera, indica Mill, un grado de organizaci&oacute;n como el de los pr&iacute;ncipes electores alemanes, se considera la clave de la dominaci&oacute;n sobre la India prebrit&aacute;nica; aunque el despotismo se sit&uacute;a en el extremo opuesto del fraccionamiento. Una salida l&oacute;gica encontrar&iacute;a, por supuesto, que el poder absoluto fluctuaba, seg&uacute;n la correlaci&oacute;n de fuerzas, entre un polo real y otro apenas nominal, como de hecho comprobaron los ingleses con su domin&oacute; de alianzas y confrontaciones pero, sobre todo, cuando en la toma de Delhi tuvieron entre sus propias manos al emperador, en ese momento apenas una figura que les inspiraba compasi&oacute;n.</p>     <p>En el otro polo, y en otras circunstancias, sin las concesiones personales del emperador a los ingleses, en momentos cr&iacute;ticos, aun en contra de sus propios ministros, la inversi&oacute;n y los costos de la conquista hubiesen sido distintos; sin la cabeza visible del emperador como &uacute;nico s&iacute;mbolo del mando supremo, algunas batallas hubiesen sido distintas. Si los tratados hubieran pasado por alg&uacute;n Parlamento indio, los costos y beneficios de los avances brit&aacute;nicos, incluyendo los sobornos, hubiesen sido distintos.</p>     <p><b>LA EVALUACI&Oacute;N FINANCIERA DE LA GUERRA</b></p>     <p>En 1780, Mr. Francis, uno de los m&aacute;s notables directores en la India, regres&oacute; herido a Inglaterra, despu&eacute;s de un duelo con el gobernador Hastings, quien tras un largo enfrentamiento lo acus&oacute; de violar su compromiso para una ampliaci&oacute;n de la guerra contra los maharattas. Y en Londres, sin escenificar tal crudeza, la lucha partidista sobre la guerra en la India tambi&eacute;n era candente.</p>     <p>Por una parte, las expansiones militares en el exterior fortalec&iacute;an las posiciones de la aristocracia m&aacute;s conservadora; adem&aacute;s de beneficios directos, le suministraban un fondo clientelista en expansi&oacute;n para apalancar su influencia sobre partidarios, neutrales o adversarios; y por a&ntilde;adidura debilitaban el control del Parlamento.</p>     <p>Por ejemplo, en 1797, Lord Mornington, quien utilizar&iacute;a la menor excusa para ampliar la guerra de conquista hasta sus confines, fue "sorpresivamente" designado gobernador en la India, despu&eacute;s de un anuncio oficial sobre el nombramiento de Lord Cornwallis y de incumplir una promesa a Lord Hobbart. Aclara Mill que "un brillante discurso antijacobino pronunciado en la C&aacute;mara de los Lores" fue la recomendaci&oacute;n que decidi&oacute; al primer ministro a preferirlo en el cargo; y que Mornington arrib&oacute; a Calcuta en 1798, "inflamado m&aacute;s de lo usual &#91;...&#93; con las pasiones ministeriales de pavor y odio que ard&iacute;an en Inglaterra ante el poder &#91;revolucionario &#93; franc&eacute;s" (lib. VI, cap. VIII). Posiciones an&aacute;logas observ&oacute; en gobernaciones anteriores, en particular la de Hastings, por lo cual concluy&oacute;: "Los enemigos de las reformas en la India y los enemigos de las reformas en Inglaterra son todos de la misma casta" (lib. VI, cap. VII, nota 28).</p>     <p>Por otra parte, de tiempo atr&aacute;s el Parlamento hab&iacute;a prohibido la expansi&oacute;n territorial en la India; la entrada hostil a cualquier territorio ajeno, excepto en caso de leg&iacute;tima defensa; las alianzas con otras potencias para dividirse territorios adquiribles, y los pr&eacute;stamos de tropas a los pr&iacute;ncipes nativos. Adem&aacute;s, en 1783 renov&oacute; de manera expl&iacute;cita tales prohibiciones y legisl&oacute; sobre procedimientos para su eficaz cumplimiento &#91;lib. V, cap. IX &#93;. Aparte de efectos indirectos, una de las razones m&aacute;s notables era, claro est&aacute;, la presi&oacute;n sobre la contribuci&oacute;n p&uacute;blica para el financiamiento de la guerra. "De acuerdo con la doctrina que gui&oacute; a la legislatura para tal resoluci&oacute;n, toda extensi&oacute;n del territorio &#91;en la India&#93; era mala porque su defensa costaba m&aacute;s de lo que se pod&iacute;a forzarlo a producir" (lib. VI, cap. VIII).</p>     <p>Y a pesar de que "un fundamento decidido en la pol&iacute;tica de la Compa&ntilde;&iacute;a era no retener bajo su administraci&oacute;n las provincias (como Corah y Allahabad) &#91;...&#93; cuyo gasto de gobernarlas &#91;...&#93; excediera el m&aacute;ximo ingreso que podr&iacute;an rendir" (lib. V, cap. I), en 1769 el precio de las acciones de la Compa&ntilde;&iacute;a cay&oacute; el 60% como consecuencia de "los desastres de la guerra en Carnatic y su desorden sobre el gobierno de Bengala" (lib. IV, cap. VIII); en 1773, el Comit&eacute; de directores exigi&oacute; una reducci&oacute;n de los gastos militares, pues los ingresos corrientes del gobierno de Bengala no alcanzaban para sus gastos corrientes (lib. V, cap. I); en 1779, "como siempre, las finanzas de la Compa&ntilde;&iacute;a eran angustiosas y afectadas intensamente por la guerra" (lib. V, cap. VIII), y en 1780, "las finanzas de la Compa&ntilde;&iacute;a eran una fuente de angustia en todas las regiones de la India &#91;...&#93; reduci&eacute;ndose al expediente de contraer deudas" (lib. V, cap. VI). En un juicio sumario con la evaluaci&oacute;n de proyectos, entre 1772 y 1786, "La administraci&oacute;n de Mr. Hastings (notable por su agresividad en la expansi&oacute;n territorial) increment&oacute; la deuda de la Compa&ntilde;&iacute;a en cerca de doce y medio millones de libras; y un inter&eacute;s del cinco por ciento sobre esta deuda adicional es mayor que los ingresos adicionales" (lib. V, cap. VIII).</p>     <p>Por consiguiente, en una aparente s&iacute;ntesis del sentimiento nacional, Mill concluy&oacute;: "En la India, la verdadera prueba del gobierno, en relaci&oacute;n con los intereses de la naci&oacute;n inglesa, se encuentra en sus resultados financieros". Pero, como se ha visto, las tasas de retorno eran muy distintas para los individuos y grupos que mejoraban sus posiciones y se enriquec&iacute;an mediante la expansi&oacute;n de la conquista. Por ejemplo, el ej&eacute;rcito brit&aacute;nico se habr&iacute;a salvado del fracaso y de las ingentes p&eacute;rdidas en la primera marcha hacia Seringapatam, si hubiese aceptado que "para su pa&iacute;s era mejor la paz que la guerra. Mejor para su pa&iacute;s. S&iacute;. Pero no mejor para ellos, porque perder&iacute;an la adquisici&oacute;n de bot&iacute;n, promociones y gloria" (lib. VI, cap. IV, nota 7).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para terminar el per&iacute;odo analizado en la Historia de Mill, entre 1797 y 1805, "Lord Wellesley &#91;Richard, Conde de Mornington, Marqu&eacute;s de Wellesley; hermano de Henry Wellesley, su secretario en Calcuta y representante plenipotenciario; y de Arthur Wellesley, general y gobernador de Seringapatam en 1803, comandante en Waterloo en 1815, Duque de Wellington&#93; fue considerado como un gobernador muy costoso y ambicioso; la mayor parte de su administraci&oacute;n hab&iacute;a sido una escena de guerra y de conquista &#91;...&#93; Los directores mismos y el Ministerio empezaron a alarmarse ante la acumulaci&oacute;n de la deuda india y las dificultades pecuniarias que acosaban a la Compa&ntilde;&iacute;a" (lib. VI, cap. XIII). Aument&oacute; el d&eacute;ficit anual de 119 mil a un cuarto de mill&oacute;n de libras, y las deudas de la Compa&ntilde;&iacute;a en la India pasaron de 9 millones a 25 millones de libras. En estas condiciones, result&oacute; reemplazado por Lord Cornwallis, quien reci&eacute;n posesionado, en julio de 1805, escribi&oacute;: "He decidido finalizar mediante la negociaci&oacute;n, si puede lograrse sin p&eacute;rdida de honor, una guerra en la que aun el m&aacute;s brillante &eacute;xito ning&uacute;n beneficio s&oacute;lido nos aportar&iacute;a; y en la que, si continuamos, resultaremos envueltos en dificultades financieras que dif&iacute;cilmente estaremos en capacidad de superar" (citado en ib&iacute;d.).</p>     <p>En general, Mill explicit&oacute; "el principio" subyacente: "Si el nuevo territorio aumenta los ingresos m&aacute;s que los gastos, resulta ventajoso; si aumenta los gastos tanto como los ingresos, resulta da&ntilde;ino &#91;...&#93; observando que los intereses y la amortizaci&oacute;n del dinero invertido para lograr la adquisici&oacute;n deben ser tomados en cuenta. Si ha sido mediante una guerra, por ejemplo, el gasto total de la guerra debe ser considerado" (ib&iacute;d.).</p>     <p>Tal l&oacute;gica implicaba, por supuesto, volubilidades ante operaciones asociadas con beneficios esperados para los parlamentarios individuales, los grupos de inter&eacute;s con influencia en el legislativo o la poblaci&oacute;n representada. Por ejemplo, el ataque de Wellesley contra el Sult&aacute;n Tipoo, para la conquista de Seringapatam, disfrazando el objetivo con argumentos de seguridad, "fue el acto m&aacute;s cuestionable de su administraci&oacute;n, aunque hasta ahora ha estado exento de censura". Es m&aacute;s, "ser&aacute; imposible demostrar que tal guerra &#91;...&#93; era de leg&iacute;tima defensa, excepto argumentando que ninguna guerra con la consecuencia de aumentar la seguridad de la naci&oacute;n podr&iacute;a tener un objetivo distinto" (ib&iacute;d.). "Los males &#91;de tal agresi&oacute;n &#93; eran, en primer lugar, una violaci&oacute;n de la resoluci&oacute;n del Parlamento que prohib&iacute;a la extensi&oacute;n del territorio &#91;brit&aacute;nico en la India &#93;; pero que siempre hab&iacute;a sido violada con tan poca ceremonia, y &uacute;ltimamente &#91;1800 &#93; de una manera tan extraordinaria, que ello constitu&iacute;a un objeto de trivial importancia". "Era propio del gobernador &#91;Wellesley&#93; tratar la resoluci&oacute;n del Parlamento con desprecio, en la medida en que el Parlamento mismo pronto declarar&iacute;a que as&iacute; lo merec&iacute;a, agradeci&eacute;ndole y aplaudi&eacute;ndolo por la violaci&oacute;n flagrante de esa resoluci&oacute;n" (ib&iacute;d.). Y diez a&ntilde;os antes, a pesar de que notables dirigentes denunciaron la agresi&oacute;n de Cornwallis sobre Mysore como "una confederaci&oacute;n ilegal para el pillaje", el Parlamento se uni&oacute; a la Compa&ntilde;&iacute;a, votando para esa operaci&oacute;n un aumento de los regimientos y de la artiller&iacute;a del rey en la India. En s&iacute;ntesis, Mill advierte: "Que mediante las acciones de conquista la Compa&ntilde;&iacute;a hubiese expandido sus territorios, en violaci&oacute;n de los principios declarados y de las resoluciones del Parlamento, y que sin embargo haya sido aplaudida por el Parlamento y por la naci&oacute;n, fue tenido en cuenta por el mundo, y todav&iacute;a no lo ha olvidado" (lib. VI, cap. IV).</p>     <p>El pragmatismo financiero era, pues, corriente y aplicado desde el comienzo. Verbigracia, "El gobernador &#91;Hastings &#93; parec&iacute;a pensar que el &eacute;xito, con el dinero en mano, santificar&iacute;a los medios. Sab&iacute;a bien que esta regla se cumple con demasiada generalidad" (lib. V, cap. VIII, nota 36). Y en la retoma de Calcuta, en 1757, "Entre sus instrucciones, una de las m&aacute;s perentorias era regresar a Madr&aacute;s con la totalidad de sus tropas", pues en medio de una guerra con Francia se esperaba un ataque en la costa. Pero, "Clive percibi&oacute; oportunidades espl&eacute;ndidas y lucrativas en Bengala; ignor&oacute; todas las dem&aacute;s consideraciones; viol&oacute; sus instrucciones y permaneci&oacute;" (lib. IV, cap. III) para derrocar al nabab Suraja Dowla, mediante "una revoluci&oacute;n cuya administraci&oacute;n fue confiada al residente &#91;brit&aacute;nico&#93; en la capital", y cuya pieza central fue la traici&oacute;n de su principal general, Meer Jaffier, en Plassy. A pesar de que, precisa Mill, el tesoro encontrado estaba por debajo de las expectativas, dispusieron inmediatamente de 2.750.000 libras y otras sumas posteriores. Clive fue ascendido, m&aacute;s tarde investido con los privilegios de Lord y se hizo rico (seg&uacute;n Strachey, cap. II, en el acto Clive recibi&oacute; 234.000 libras, equivalentes a unas 2.300.000 libras de 1959, sin contar su posterior <i>jaghire</i> anual de unas 270.000 libras de 1959).</p>     <p>Sobre otros costos, caben algunas muestras. "En 1764 nos asociamos con &eacute;l &#91;el visir de Oude &#93; para incendiar y vandalizar a su pa&iacute;s", reconoci&oacute; Hastings como presidente del Consejo Directivo en Calcuta, y "de acuerdo con las instrucciones recibidas, destruimos m&aacute;s de mil villas. Si las lluvias no lo hubiesen impedido, hubi&eacute;ramos hecho un da&ntilde;o mucho mayor &#91;...&#93; El ej&eacute;rcito en pleno presenci&oacute; escenas que no pueden ser descritas", declar&oacute; el coronel Champion.</p>     <p>A cambio de unas 500.000 libras (del momento), pagadas por el Visir de Oude, los gobernantes brit&aacute;nicos de la India se comprometieron, en 1773, a exterminar la naci&oacute;n de los Rohillas. "He recibido la carta de Vuestra Excelencia mencionando que si los Rohillas se hacen culpables de romper su acuerdo &#91;para el pago de cuarenta lacs de rupias, fraudulentamente exigidas &#93;, nosotros los exterminaremos por completo, y estableceremos a Vuestra Excelencia en el pa&iacute;s, en cuyo caso pagar&aacute; a la Compa&ntilde;&iacute;a cincuenta lacs de rupias y la exonerar&aacute; de tributos al rey" (Hastings en documento citado en lib. V, cap. I, nota 48). Como resultado, "Probablemente nunca fueron los derechos de conquista abusados con mayor salvajismo &#91;...&#93; Cada uno con el apelativo de Rohilla fue acuchillado o pudo salvarse s&oacute;lo con la fuga y el exilio" (ib&iacute;d., nota 48).</p>     <p>Para terminar, en la primera marcha hacia Seringapatam, en 1790, el Sult&aacute;n Tipoo mand&oacute; ofrecer una paz negociada, pero el gobernador y comandante Cornwallis tom&oacute; la decisi&oacute;n de rechazar al embajador sin escucharlo, ante lo cual "el j&uacute;bilo invadi&oacute; al ej&eacute;rcito" brit&aacute;nico. Concluy&oacute; Mill: "Es otra prueba, entre muchas, del hecho muy destacado de que masas enteras de hombres son capaces de desear la muerte de miles de sus semejantes, de un solo tajo, simplemente para su propio lucro" (lib. VI, cap. IV, nota 7).</p>     <p><b>EL AN&Aacute;LISIS DEL COMERCIO COLONIAL</b></p>     <p><b>M<small>ONOPOLIO Y COMPETENCIA</small></b></p>     <p>En <i>La historia</i>, el an&aacute;lisis del comercio aflora sobre la coyuntura de 1730, cuando un reciente cambio de soberano, una oposici&oacute;n parlamentaria fortalecida y los debates en una prensa libre nutrieron los proyectos para abolir el monopolio de la Compa&ntilde;&iacute;a. El m&aacute;s opcionado establec&iacute;a la libertad comercial con la India para cualquier empresa brit&aacute;nica; mientras reduc&iacute;a el monopolio de la sociedad an&oacute;nima a la administraci&oacute;n de los fuertes y las bodegas para "la preservaci&oacute;n y el crecimiento" colectivos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mill dej&oacute; en duda <i>si</i> una infraestructura de tales caracter&iacute;sticas y dimensiones ser&iacute;a imprescindible. De otro lado, el potencial agremiativo de competidores dispersos, al compartir instalaciones y una inversi&oacute;n, podr&iacute;a considerarse &uacute;til contra el poder y la influencia de un monopolio establecido. Para empezar, los nuevos "peticionarios" deb&iacute;an reunir y reemplazar los 3,2 millones de libras avanzadas por la Compa&ntilde;&iacute;a al gobierno, al 5%, lo cual ofrecieron en condiciones m&aacute;s favorables.</p>     <p>Fue tajante Mill, en cambio, sobre la operaci&oacute;n comercial, se&ntilde;alando que "Cualquier ganancia derivada del monopolio &#91;...&#93; se perd&iacute;a mediante la dilaci&oacute;n, la negligencia y el derroche de su administraci&oacute;n &#91;...&#93; Esto no es producir sino su reversa &#91;...&#93; en vez de enriquecer a la naci&oacute;n lo impide" (lib. IV, cap. I). A&ntilde;adi&oacute; que sus dividendos no hab&iacute;an excedido el 8%, un nivel superado por empresas brit&aacute;nicas compitiendo entre s&iacute; en otras partes del mundo, y argument&oacute; que si el comercio con la India resultaba en realidad beneficioso, la competencia le har&iacute;a fluir tanto capital como requiriese, sin necesidad de la Compa&ntilde;&iacute;a.</p>     <p>En s&iacute;ntesis: "El cambio del monopolio hacia la libertad en el comercio con &Aacute;frica permiti&oacute; obtener grandes beneficios nacionales &#91;...&#93; La competencia &#91;...&#93; aun con un capital id&eacute;ntico, incrementa la masa de negocios &#91;...&#93; el producto anual &#91;...&#93; la riqueza y la prosperidad del pa&iacute;s &#91;...&#93; La mayor econom&iacute;a, diligencia, inteligencia y habilidad del emprendimiento competitivo permiten al mismo tiempo precios menores y una ganancia sobre el capital no inferior a la del monopolio, de acuerdo con la experiencia" (ib&iacute;d.).</p>     <p>Respecto de la breve competencia ruinosa entre dos compa&ntilde;&iacute;as patentadas para la India, antes de su fusi&oacute;n en 1702, distingui&oacute; el enfrentamiento letal en un duopolio, con estrategias de dumping rec&iacute;proco, de la libre competencia, con muchos participantes potenciales, ganancias normales y precios param&eacute;tricos, "principio que produce la harmon&iacute;a y prosperidad del comercio en todos los casos donde la libertad prevalece".</p>     <p>Ning&uacute;n avance sobre el an&aacute;lisis m&aacute;s sistem&aacute;tico de casi medio siglo antes en <i>La riqueza de las naciones</i> parece destacarse y, quiz&aacute; por esto, Mill se sinti&oacute; obligado a desarrollar sus planteamientos cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la primera edici&oacute;n de su <i>Historia</i>, en sus <i>Elements of political economy</i> (1821, cap. 3, sec. XVIII, "Colonies"). Innov&oacute; con una aplicaci&oacute;n impl&iacute;cita de las elasticidades de demanda, concluyendo que mientras menos sustitutos existan para las exportaciones del pa&iacute;s colonialista (<i>necessaries vs luxuries</i>), mayor es su capacidad para poner en su favor los t&eacute;rminos de intercambio a trav&eacute;s de un monopolio (monopsonio) como la Compa&ntilde;&iacute;a.</p>     <p>(Inquieta el anacronismo de que un manual de 1821 para principiantes, pues as&iacute; lo proyect&oacute; y lo catalog&oacute; James Mill, corrija la incoherencia de monopolios factibles s&oacute;lo con altas elasticidades de demanda, ense&ntilde;ada por los manuales de microeconom&iacute;a a&uacute;n en 2008).</p>     <p>Para casos como la propuesta de 1730, el &uacute;nico beneficio surgir&iacute;a de cerrar el resto del mundo a las exportaciones de la colonia, para deprimir sus precios ante la metr&oacute;polis, mientras que resultar&iacute;a torpe restringirle la libertad de importaciones. Pero tal planteamiento supone que la colonia producir&iacute;a en condiciones distintas del capitalismo competitivo, pleno empleo en la metr&oacute;polis y eficiencia competitiva entre sus exportadores.</p>     <p>En todo caso, Mill pas&oacute; a aceptar que un monopolio comercial podr&iacute;a beneficiar al pa&iacute;s colonialista, coincidiendo con Ricardo contra la tesis de Smith. Sin embargo, <i>The principles</i> presentaban desde 1817 una teorizaci&oacute;n m&aacute;s desarrollada sobre los t&eacute;rminos de intercambio, las ventajas comparativas y el ajuste monetario. Esto constituir&iacute;a, entonces, uno de los referentes de "Colony", un ensayo de 1825.</p>     <p><b>D<small>ISTRIBUCI&Oacute;N Y EFICIENCIA</small></b></p>     <p>En la nueva elaboraci&oacute;n, debido a la reciprocidad de los precios, lo ganado por la metr&oacute;polis ser&iacute;a igual a lo perdido por la colonia, en el mejor caso imaginable: inexistencia de una mejor asignaci&oacute;n para los recursos privilegiados con la limitaci&oacute;n de la competencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Bajo un supuesto impl&iacute;cito de pleno empleo, tal caso parece "cerca de lo imposible"; de donde Mill concluy&oacute; que el colonialismo resultaba ineficiente en t&eacute;rminos del producto conjunto de las dos econom&iacute;as. Y le sobrepuso una desutilidad social por la redistribuci&oacute;n injustificada, "como si Yorkshire fuese oprimida y explotada para beneficio de Midlesex".</p>     <p>Apoyado en Ricardo, descalific&oacute; las conclusiones de Smith sobre: a) un aumento de la tasa de ganancia por el &eacute;xodo de capitales desde la metr&oacute;polis; b) un consecuente aumento de los precios, y c) una p&eacute;rdida de competitividad como secuela. Respecto de c), aun si b) fuese correcta, opuso las ventajas comparativas a las absolutas, remitiendo al ajuste monetario ricardiano; b) fue el error m&aacute;s burdo de Smith, corregido por Ricardo; pero la cr&iacute;tica de a) s&oacute;lo ten&iacute;a como base una autorrefutada incoherencia de Ricardo (sobre la tasa de ganancia alterable &uacute;nicamente por cambios en los salarios).</p>     <p>Al final, Mill reconoci&oacute; beneficios comerciales para un pa&iacute;s colonialista en dos casos: el monopolio de una compa&ntilde;&iacute;a; y la apertura del mercado colonial a empresas de la metr&oacute;polis, competitivas entre s&iacute; pero incapaces de competir con el resto del mundo. En este &uacute;ltimo caso, los beneficios no provendr&iacute;an de un mayor empleo (pues supuso permanente y plena utilizaci&oacute;n de los recursos); ni de una mayor tasa de ganancia para las empresas (pues su competencia las reduce al nivel normal, y rechaz&oacute; el aumento de este nivel, argumentado por Smith); ni de econom&iacute;as de escala (pues no las consider&oacute;); ni de ahorro de los costos friccionales de las reasignaciones; sino de un mayor producto f&iacute;sico transferido por la colonia.</p>     <p>En el libre mercado mundial tendr&iacute;a un menor precio la producci&oacute;n (<i>Q</i>) de las empresas ineficientes de la metr&oacute;polis; esta recibir&iacute;a, entonces, gracias a la colonia, una mayor cantidad de bienes a cambio de <i>Q</i>. Sin embargo, bajo las condiciones propuestas, esa cantidad adicional de bienes tiene tambi&eacute;n un costo adicional para la metr&oacute;polis. De hecho, algunas veces Mill midi&oacute; los beneficios y las p&eacute;rdidas en cantidades de trabajo y otras veces en cantidades de bienes, sin advertir que, como hab&iacute;a subrayado Ricardo, esto puede conducir a conclusiones inconsistentes.</p>     <p><b>UTILITARISMO Y COLONIALISMO</b></p>     <p><b> </b><b>I<small>NDICIOS SOBRE UN UTILITARISMO COLONIALISTA</small></b></p>     <p>En los dos primeros vol&uacute;menes de la obra de Mill se considera el problema de "discernir el verdadero nivel de civilizaci&oacute;n de los hind&uacute;es &#91;...&#93; como un objetivo de la importancia m&aacute;s pr&aacute;ctica para el pueblo de la Gran Breta&ntilde;a, cargado con el gobierno de aquella gran porci&oacute;n de la humanidad" (lib. II, cap. X). En este proceso despliega una universal etnograf&iacute;a comparada, quiz&aacute; una s&iacute;ntesis &uacute;nica en su tiempo, fuente de teorizaciones subsiguientes; y recurre a contrastes con los asirios, egipcios, persas, &aacute;rabes, griegos, incas, mayas, t&aacute;rtaros, africanos, cherokees, romanos, chinos o normandos para refutar "la fantas&iacute;a de los europeos que buscan objetos de admiraci&oacute;n", por su elevaci&oacute;n y refinamiento, en la sociedad india. En concreto, "Ha sido desafortunado que una mente tan pura, tan c&aacute;lida en la b&uacute;squeda de la verdad y tan entregada al conocimiento del Oriente, como la de Sir William Jones, haya adoptado la hip&oacute;tesis de un alto grado de civilizaci&oacute;n en los principales pa&iacute;ses de Asia. Esto lo apoy&oacute; con las ventajas de su autoridad y de una reputaci&oacute;n brillante; y gan&oacute; para este planteamiento tanto cr&eacute;dito que por un tiempo ha resultado muy dif&iacute;cil lograr alguna atenci&oacute;n en su contra" (lib. II, cap. X).</p>     <p>Por lo dem&aacute;s, lo anterior refleja una l&iacute;nea divisoria entre intelectuales europeos de la &eacute;poca. En su apoyo, Mill cita repetidas veces a Voltaire, incluida su referencia a Rousseau como la persona "con el mayor apetito conocido por volver a caminar en cuatro patas".</p>     <p>Desde las matem&aacute;ticas, pasando por la gram&aacute;tica, la ingenier&iacute;a, la arquitectura, la literatura, la escultura, la historia, la geograf&iacute;a, el derecho, el gobierno, la agricultura, los impuestos, las obras p&uacute;blicas, el "arte militar", la beneficencia, la medicina, la familia, la propiedad y las costumbres, hasta la religi&oacute;n, su conclusi&oacute;n es la misma: los indios son inferiores a los europeos. Es m&aacute;s, llev&oacute; su perspectiva hist&oacute;rica hasta los or&iacute;genes para enfrentar el argumento de una degradaci&oacute;n nativa como efecto de la conquista. De paso, aprob&oacute; y us&oacute; adjetivos calificando a una sociedad completa, al estilo de "afeminados", "inmorales", "deshonestos", "mentirosos", "vulgares", "crueles", "serviles" o "p&eacute;rfidos", y a sus artes como "carentes de atracci&oacute;n, antinaturales, ofensivas y con frecuencia repugnantes". A los poemas del Mahabarata y el Ramayana los denomin&oacute; "producciones grotescas".</p>     <p>Incluso sigui&oacute; la tesis de que unas religiones eran m&aacute;s racionales que otras y lleg&oacute; a estimular sospechas cuando, resbalando sobre su f&eacute;rrea l&oacute;gica, el misterio de una trinidad divina le resulta absurdo en un caso mientras omite la menci&oacute;n en otros; y, de manera similar, cuando su puritanismo se enfrenta a referencias er&oacute;ticas, literarias o visuales, seculares o religiosas, descalific&aacute;ndolas como grotescas y escandalosas. S&oacute;lo admite como excepciones la superioridad india en la belleza femenina, la capacidad para el estoicismo y la eficiencia de sus procesos judiciales; en contraste con los cuales, con descripciones y adjetivos similares, expone su &aacute;cida cr&iacute;tica del procedimiento legal ingl&eacute;s, esbozando lineamientos compartidos con su amigo Bentham. Sobre la astronom&iacute;a, despu&eacute;s de una detallada disquisici&oacute;n, concluye que en el mejor de los casos "el mundo oriental ha hecho, en cierta medida, el mismo progreso que el mundo occidental ha llevado a un nivel de perfecci&oacute;n m&aacute;s elevado". Y relaciona otras aparentes generalidades, como la habilidad para tejer, la "precisi&oacute;n en la imitaci&oacute;n" y cierta delicadeza del trato con una supuesta vocaci&oacute;n hacia el servilismo. "En verdad, el hind&uacute;, como el eunuco, es excelente en las cualidades de un esclavo" (lib. III, cap. V).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el momento oportuno explicit&oacute;: "La cuesti&oacute;n es, por lo tanto, si &#91;con el cambio de gobierno&#93; &#91;...&#93; la poblaci&oacute;n hind&uacute; de la India gan&oacute; o perdi&oacute;" (ib&iacute;d.). Pero con una mezcla de diplomacia y eficacia evit&oacute; una comparaci&oacute;n inmediata con la administraci&oacute;n brit&aacute;nica, poniendo en el foco en cambio a los conquistadores anteriores. Concluy&oacute; que "en la situaci&oacute;n encontrada por los Mahometanos en la India, todo testimonia contra la ficci&oacute;n de una gran monarqu&iacute;a, de una gran prosperidad y de una gran civilizaci&oacute;n" (lib. II, cap. X, nota 63). "En casi todos los aspectos, una decidida superioridad estaba en el lado de los invasores".</p>     <p>Destac&oacute;, en particular, un avance en "las artes del gobierno", con procedimientos y funciones m&aacute;s eficientes; la introducci&oacute;n de moderaci&oacute;n y certidumbre en el sistema tributario, en contraste con la arbitrariedad y los abusos de los pr&iacute;ncipes hind&uacute;es; una mayor responsabilidad social, con mejoras espec&iacute;ficas en las obras p&uacute;blicas y la asistencia social, pues el "ego&iacute;smo, destructivo de la virtud privada y p&uacute;blica, era universal en Indost&aacute;n" (lib. III, cap. IV), y una flexibilizaci&oacute;n de la tiran&iacute;a sobre los individuos, pues la integraci&oacute;n musulmana entre religi&oacute;n y gobierno jam&aacute;s habr&iacute;a alcanzado "la m&aacute;xima subyugaci&oacute;n conocida en el mundo", atribuible a los privilegios inamovibles de los brahmanes, combinados con una "superstici&oacute;n milenaria" y con el despotismo nativo.</p>     <p>Sobre todo, "Un sistema de maneras como el mahometano, basado en el supuesto de una igualdad natural de los seres humanos", permit&iacute;a el ascenso de los individuos desde las posiciones m&aacute;s humildes hasta las m&aacute;s exaltadas, de acuerdo con los m&eacute;ritos y las funciones; en contraste con el "detestable" sistema de castas que, con sus extremas injusticias e ineficiencias, condenaba a los seres humanos a una suerte irremisible. Sentenci&oacute;, por consiguiente: "La naturaleza humana en la India gan&oacute;, y gan&oacute; muy considerablemente, pasando de un gobierno hind&uacute; a uno mahometano" (lib. III, cap. V).</p>     <p>Parecer&iacute;a, entonces, que sugiere dos implicaciones: una naci&oacute;n se podr&iacute;a beneficiar con la invasi&oacute;n y la conquista violenta por parte de otra, y esto se aplicar&iacute;a con mayor raz&oacute;n a la dominaci&oacute;n brit&aacute;nica dado que, seg&uacute;n el "ranking", concepto literal de Mill en su etnograf&iacute;a comparativa, los europeos occidentales ocupaban el m&aacute;ximo nivel.</p>     <p><b>P<small>RECISIONES CONTRA LOS INDICIOS</small></b></p>     <p>Primera: La capacidad para un mejor gobierno no lo garantiza. En 1799, la fuerza desproporcionada de tres ej&eacute;rcitos brit&aacute;nicos, con otro ej&eacute;rcito nativo, se lanz&oacute; sobre el "peque&ntilde;o pr&iacute;ncipe" de Mysore, el Sult&aacute;n Typoo, con el pretexto de la seguridad. Mill se&ntilde;al&oacute;: "La palabra seguridad &#91;...&#93; estaba calculada para responder a cualquier prop&oacute;sito &#91;...&#93; Las demandas de seguridad no ten&iacute;an l&iacute;mite, excepto el placer y el poder de quienes las establec&iacute;an" (lib. VI, cap. VIII). Y, al respecto, sintetiz&oacute; casi medio siglo de dominaci&oacute;n brit&aacute;nica as&iacute;: "El sult&aacute;n ten&iacute;a el discernimiento para percibir que es la prosperidad de quienes trabajan con sus manos lo que constituye el principio y la causa de la prosperidad de los Estados, algo generalmente oculto ante los ojos de los gobernantes en etapas m&aacute;s ilustradas de la sociedad; por tanto &#91;...&#93; al menos durante la primera y mejor parte de su reinado, su pa&iacute;s era el mejor cultivado y su poblaci&oacute;n la m&aacute;s floreciente en la India; mientras que, precipit&aacute;ndose a un estado des&eacute;rtico, bajo los ingleses y sus subalternos la poblaci&oacute;n de Carnatic y de Oude era la m&aacute;s desgraciada sobre la faz de la tierra; y aun Bengala misma, bajo la operaci&oacute;n de leyes mal adaptadas a las circunstancias del caso, estaba sufriendo casi todos los males que el peor de los gobiernos podr&iacute;a infligir" (ib&iacute;d.).</p>     <p>La situaci&oacute;n en Bengala se deb&iacute;a no s&oacute;lo a ignorancia de las condiciones locales, o a la rapi&ntilde;a personal de los funcionarios, sino a la depresi&oacute;n del producto nativo y a la concentraci&oacute;n del gobierno en reformas para maximizar sus rentas territoriales, arruinando a "la mayor&iacute;a de los individuos que alguna vez tuvieron rango y fortuna", subvirtiendo las formas de subsistencia y dejando inermes a las personas ante una masiva delincuencia. Las atrocidades de las bandas de <i>decoits</i>, con su frecuencia, amplitud e impunidad, condujeron a Mill a usar la expresi&oacute;n <i>decoity</i> para describir una endemia social. A&ntilde;adi&oacute; que el ej&eacute;rcito brit&aacute;nico en Bengala ten&iacute;a poder&iacute;o de sobra para exterminar a la totalidad de la poblaci&oacute;n, si hubiese querido, pero en cambio el gobierno declaraba su incapacidad para financiar la administraci&oacute;n de justicia; lo cual tom&oacute; como un indicador del peor gobierno posible en cualquier tiempo o lugar (lib. VI, cap. VI). Pero refiri&eacute;ndose a la situaci&oacute;n de decenios atr&aacute;s, cuando regres&oacute; a su segunda gobernaci&oacute;n, Clive mismo hab&iacute;a reconocido: "En Calcuta &#91;...&#93; treinta millones de seres humanos fueron reducidos al extremo m&aacute;s miserable &#91;...&#93; dif&iacute;cilmente compatible con la existencia misma de la sociedad" (citado por Adams, 1896, 252).</p>     <p>En Carnatic y Oude, "Las opresiones de los gobiernos nativos estaban limitadas por sus debilidades. Pero cuando recibieron el uso del poder&iacute;o ingl&eacute;s sus opresiones quedaron limitadas por nada, excepto la capacidad f&iacute;sica del pueblo para sobrevivir bajo la opresi&oacute;n" (lib. VI, cap. VII). De manera expl&iacute;cita, el art&iacute;culo 17 del Tratado de Bassein, firmado en 1802 con el Peshwa de los maharattas establec&iacute;a: "La fuerza subsidiaria &#91;brit&aacute;nica&#93; estar&aacute; disponible en todo momento para tales servicios como la debida correcci&oacute;n de los s&uacute;bditos y subalternos de su Majestad, o la persecuci&oacute;n y castigo de los rebeldes o agitadores" (citado en lib. VI, cap. XI). Con oportunidad de estos casos, Mill expuso en general una circulaci&oacute;n de las &eacute;lites con dos componentes: la degeneraci&oacute;n sucesiva de los herederos del poder, en t&eacute;rminos de las cualidades para preservarlo; y la tendencia a acrecentar "la opresi&oacute;n produce declinaci&oacute;n de los ingresos", merma tributaria, crisis del endeudamiento p&uacute;blico, organizaci&oacute;n de los descontentos, involucrando intervenciones de poderes vecinos, debilitamiento del r&eacute;gimen y finalmente su relevo. (M&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, la circulaci&oacute;n de las &eacute;lites en la versi&oacute;n de Pareto tender&iacute;a a reducirse al primer componente). Concluye Mill, por lo tanto, que en la India, despu&eacute;s de dos o tres generaciones en el poder, "la revoluci&oacute;n" (el derrocamiento y sustituci&oacute;n del r&eacute;gimen) era el mecanismo para el control del mal gobierno y para las correcciones recurrentes, lo cual dej&oacute; de funcionar con el arribo del poder&iacute;o brit&aacute;nico.</p>     <p>"La fuente de casi todas las opresiones &#91;...&#93; es el apetito desaforado para exprimir m&aacute;s y m&aacute;s rentas del pueblo. En vez de moderarse, esta pasi&oacute;n es prodigiosamente inflamada por la conexi&oacute;n con los ingleses, cuando el pr&iacute;ncipe tributario es llevado a todos los excesos en los impuestos, no s&oacute;lo por su propia rapacidad, sino por la necesidad de satisfacer las enormes demandas de sus amos europeos; y cuando sus soldados, as&iacute; como su pueblo, son tenidos en una sumisi&oacute;n abyecta y sin esperanza mediante el terror de las armas europeas &#91;...&#93; El aumento progresivo de esta opresi&oacute;n produjo una resoluci&oacute;n brit&aacute;nica para la reforma &uacute;nicamente cuando la visible desolaci&oacute;n del pa&iacute;s presentaba la r&aacute;pida aproximaci&oacute;n al momento en que ser&iacute;a imposible encontrar fuentes para el subsidio obtenido por los ingleses" (lib. VI, cap. VII).</p>     <p>Adem&aacute;s, las reformas de 1790 sobre la tenencia de la tierra habr&iacute;an constituido uno de los errores m&aacute;s graves pues, buscando la creaci&oacute;n "artificial" de una aristocracia an&aacute;loga a la inglesa, se otorgaron los t&iacute;tulos y los incentivos a los antiguos recaudadores (<i>zemindars</i>), en vez de concederlos a los productores directos (<i>ryots</i>); mientras la propiedad y la libertad para estos ser&iacute;an las claves en el aumento de la riqueza y de las rentas. Por consiguiente, concluy&oacute; que para el progreso humano "se perdi&oacute; en la India una oportunidad sin paralelos en la historia mundial" (lib. VI, cap. V).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En dicho fracaso se destacaron: por una parte, la debacle del sistema judicial, pues "mientras los zemindars tienen poder para explotar a los ryots, estos pueden demandarlos", sin atisbos de soluci&oacute;n alguna para decenas de miles de pleitistas durante sus vidas; y, por otra parte, "los prejuicios de la aristocracia", pues a pesar de su propiedad territorial, no gracias a esta, el progreso de la agricultura inglesa habr&iacute;a sido posible. A prop&oacute;sito, a&ntilde;adi&oacute;: "Bajo la influencia del vulgar error de que el Ego ser&iacute;a excelente &#91;...&#93; las instituciones inglesas y las pr&aacute;cticas inglesas han sido generalmente establecidas como un est&aacute;ndar, en conformidad o desconformidad con el cual ser&iacute;a determinada la excelencia o el defecto de todas las cosas en el mundo" (lib. VI, cap. VI).</p>     <p>Segunda: Otras opciones de transferencia. En un discurso ante el Parlamento, en 1793, el primer ministro brit&aacute;nico afirm&oacute; que sin el monopolio de la Compa&ntilde;&iacute;a se impondr&iacute;a el libre comercio con la India, lo cual implicar&iacute;a una colonizaci&oacute;n (en el sentido filial de Smith) y, a su vez, esto desencadenar&iacute;a la independencia, como en Norteam&eacute;rica. Mill se&ntilde;al&oacute;, entonces, que en el fondo se encontraba el temor a la p&eacute;rdida de las rentas territoriales; y a la p&eacute;rdida de la "masa de riqueza equivalente a todos los cargos lucrativos" de la India, habr&iacute;a que a&ntilde;adir de acuerdo con su previo an&aacute;lisis. Por lo tanto, con base en el temor, el monopolio y el enclave colonial, repudiando cualquier integraci&oacute;n con la poblaci&oacute;n nativa, se aplicaba una "pol&iacute;tica iliberal, cobarde y miope, bajo la cual se toman las precauciones m&aacute;s sol&iacute;citas para prevenir el establecimiento de pobladores ingleses en la India" (lib. VI, cap. VI).</p>     <p>Un agravante era el desarraigo y la rotaci&oacute;n de los funcionarios brit&aacute;nicos, quienes despu&eacute;s de amasar r&aacute;pidas fortunas s&oacute;lo pensaban en regresar a su pa&iacute;s, precisamente cuando hab&iacute;an adquirido alg&uacute;n conocimiento local. No sorprende, entonces, que Mill destacara el contraste con el dominio musulm&aacute;n, al cual calific&oacute; como "un gobierno nativo".</p>     <p>En consecuencia, "Estamos impedidos para estudiar el car&aacute;cter del pueblo en su propia esfera de acci&oacute;n. Sabemos poco de su vida dom&eacute;stica; de sus conocimientos, de su conversaci&oacute;n, de sus oficios y castas, o de las caracter&iacute;sticas individuales y nacionales que son esenciales para conocerlos de manera integral &#91;...&#93; Carecemos de gu&iacute;a en la investigaci&oacute;n de los hechos, excepto la extrema incertidumbre de nuestra propia opini&oacute;n y la conciencia de nuestra incapacidad para juzgar lo que es probable o improbable &#91;...&#93; El da&ntilde;o del cual me quejo es extensivo y temo que irreparable" (Sir Henry Strachey, Juez superior en la India hacia 1800, citado en lib. VI, cap. VI).</p>     <p>L&oacute;gicamente, Mill concluy&oacute; que un buen gobierno resultaba imposible en tales condiciones, sobre lo cual sostuvo su defensa de la libertad de comercio y de poblamiento. Pero su tesis sobre la imposibilidad de transferirle lo mejor a un pueblo sin conocerlo y sin su propia participaci&oacute;n proyectaba un alcance general: "Despu&eacute;s de los efectos de mejores leyes sobre el car&aacute;cter intelectual y moral de los nativos, estar&iacute;a la difusi&oacute;n de la poblaci&oacute;n inglesa en la sociedad nativa por medio de la colonizaci&oacute;n, de la cual, como hemos visto, tantas consecuencias importantes fluir&iacute;an" (ib&iacute;d.).</p>     <p>Se&ntilde;al&oacute; un &uacute;ltimo obst&aacute;culo para dicha opci&oacute;n: "Desafortunadamente es casi imposible establecer un n&uacute;mero considerable de europeos en la India; porque los nativos subsisten con tan poco que los salarios de los trabajadores son demasiado bajos para permitirles vivir a los europeos. Si fuese posible nada resultar&iacute;a tan ventajoso &#91;como este poblamiento &#93; para los dos pueblos, de la India y de Inglaterra" (lib. VI, cap. VII).</p>     <p>Sin embargo, tambi&eacute;n observ&oacute; que en la India "hay todav&iacute;a una prodigiosa cantidad de tierras de buena calidad sin cultivar", coincidentes con "el inestimable servicio que podr&iacute;a derivarse &#91;...&#93; de un cuerpo de caballeros ingleses &#91;...&#93; si hubieran sido estimulados a establecerse como propietarios de tierras, y como industriales, y como comerciantes" (lib. VI, cap. VI).</p>     <p>Tercera: la evaluaci&oacute;n financiera de la guerra arrojar&iacute;a resultados similares en el gobierno. Dada una tasa de inter&eacute;s en Londres del 5%, Mill encontr&oacute; que el valor presente neto de la conquista era negativo para Inglaterra, con horizonte en 1805, cuando termina su <i>Historia;</i> aunque pudo hab&eacute;rsele argumentado que ignor&oacute; los escenarios sobre flujos de costos y beneficios futuros.</p>     <p>Mientras tanto, en la India las tasas de inter&eacute;s pod&iacute;an situarse en niveles exorbitantes, aun para reconocidos rentistas agr&iacute;colas; y la tasa preferencial m&aacute;s baja, para deudores como la Compa&ntilde;&iacute;a, era del 9%. ("En Bengala es frecuente que se preste el dinero a los granjeros al 40, 50 y 60%, hipotecando para el pago la cosecha venidera": Smith, 1776, lib. I, cap. IX). Utilizando para el grueso de los indios una tasa del 10%, en gracia de discusi&oacute;n, cualquier beneficio habr&iacute;a perdido el 99% de su valor presente despu&eacute;s de 48 a&ntilde;os y el 99,9% despu&eacute;s de 70 a&ntilde;os. Por tanto, aun enormes beneficios futuros parecer&iacute;an incapaces de compensar el sacrificio de las primeras generaciones, incluso si estas lo hubiesen asumido con la racionalidad de un proyecto.</p>     <p>Claro est&aacute;, un argumento sobre la impertinencia de las tasas de descuento en t&eacute;rminos de distribuciones intergeneracionales podr&iacute;a dar lugar a diversas opiniones, incluso a reforzar la conclusi&oacute;n de Mill con el horizonte utilizado para el caso de Inglaterra; as&iacute; como a privilegiar los derechos fundamentales de las v&iacute;ctimas para el caso de la India.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuarta: externalidades en la lista de beneficios y costos. Una evaluaci&oacute;n exhaustiva involucrar&iacute;a elementos como los siguientes. En sus memorias de la campa&ntilde;a en Mysore, el Teniente Moore, del ej&eacute;rcito brit&aacute;nico, anot&oacute;: "Los habitantes de los Estados conquistados se somet&iacute;an con aparente resignaci&oacute;n a la direcci&oacute;n de sus conquistadores &#91;ingleses &#93;, pero &#91;...&#93; tan pronto se ofrec&iacute;a una oportunidad, burlaban a sus nuevos amos y gustosamente volv&iacute;an otra vez a su anterior lealtad" (citado en lib. VI, cap. IV, nota 19). "La familia del raj&aacute; &#91;de Benar&eacute;s &#93; era naturalmente querida &#91;por la poblaci&oacute;n &#93;; y de la documentaci&oacute;n citada por el gobernador, parece suficientemente que en estas regiones los ingleses eran detestados de manera muy especial" (lib. V, cap. VII). "Maravilla ver c&oacute;mo, a cada momento y voluntariamente, el gobierno ingl&eacute;s (en la India) se coloca en la condici&oacute;n de un gobierno opuesto al pueblo; un gobierno que odia al pueblo, porque le teme, y a su vez es odiado por el pueblo" (lib. VI, cap. VI, nota 71).</p>     <p>Quinta: aun el mejor gobierno carece de soberan&iacute;a universal. Sobre la orden para derrocar al nabab de Surat en 1800 porque, en palabras del gobernador brit&aacute;nico, el buen gobierno "s&oacute;lo puede lograrse si la totalidad del gobierno militar y civil es tomada por la Compa&ntilde;&iacute;a", Mill se&ntilde;al&oacute;: "Otra vez vemos aqu&iacute; claramente declarada y con toda confianza expuesta, como base de acci&oacute;n, la doctrina de que el mal gobierno bajo cualquier soberano genera un derecho, y aun un deber, para destronarlo; en favor &uacute;nicamente de la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales, si resulta que &eacute;sta posee el monopolio del derrocamiento; o en favor de la humanidad en general, si el privilegio resulta tan difuso como la raz&oacute;n en que se fundamenta" (lib. VI, cap. X).</p>      <p>Anot&oacute; que cuando "el pueblo &#91;invadido &#93; no tiene voz sobre la materia", las naciones invasoras o sus gobernantes act&uacute;an "con miras a sus propios beneficios" y, con ocasi&oacute;n de las acciones brit&aacute;nicas para dividir a los maharattas, en 1802, negociando con el Peshwa la m&aacute;scara de un gobierno aut&oacute;ctono en el residuo de regi&oacute;n que le quedaba, a&ntilde;adi&oacute;: "Si admitimos que el gobierno ingl&eacute;s har&iacute;a un mejor uso del nuevo poder que un gobierno nativo, y ser&iacute;a una desgracia pensar lo contrario, el argumento &#91;sobre el derecho brit&aacute;nico para sustituir a los malos gobiernos &#93; ir&iacute;a mucho m&aacute;s lejos de lo que el gobernador desear&iacute;a; pues entonces ning&uacute;n gobierno nativo deber&iacute;a quedar en la India" (lib. VI, cap. XI).</p>     <p>Este &uacute;ltimo escenario terminar&iacute;a imponi&eacute;ndose, una pieza de domin&oacute; tras otra, provincia por provincia; pero, como describe Mill en su &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, con los brit&aacute;nicos forzados en 1805 a negociar una paz con todas las concesiones para los maharattas, la tesis resultaba autodestructiva aplicada de manera simult&aacute;nea. En general, en su plena consecuencia el argumento sobre el derecho de sustituci&oacute;n implicaba que ning&uacute;n gobierno nativo deber&iacute;a quedar en el globo, excepto el de la naci&oacute;n "superior" en el ranking universal, nutriendo ideolog&iacute;as que luego conducir&iacute;an a su propio cataclismo mundial.</p>     <p>Y advirti&oacute;: "Aun donde la disparidad de civilizaci&oacute;n y conocimiento fuese muy grande, y donde sin discusi&oacute;n alguna un pa&iacute;s civilizado fuese a llevar a otro pa&iacute;s b&aacute;rbaro uno de los mayores beneficios posibles, un buen gobierno y adem&aacute;s benevolente, aun en ese caso se requerir&iacute;an las circunstancias m&aacute;s extremas para justificar el empleo de la violencia o la fuerza &#91;...&#93; La imposici&oacute;n sobre una naci&oacute;n, por la fuerza de ej&eacute;rcitos extranjeros, y por el placer o el inter&eacute;s de gobernantes extranjeros &#91;...&#93; sella con infamia el m&aacute;s notable quiz&aacute; de todos los cr&iacute;menes que pueden ser cometidos contra la naturaleza humana" (ib&iacute;d.).</p>     <p><b>E<small>L AN&Aacute;LISIS, EL AUTOR Y LA</small> C<small>OMPA&Ntilde;&Iacute;A</small></b></p>     <p>Sin embargo, en un giro parad&oacute;jico, tambi&eacute;n declar&oacute; Mill: "En tanto los sentimientos de millones son de m&aacute;s valor que los de un individuo &#91;el nabab&#93; &#91;...&#93; deber&iacute;amos encontrar justificada a la Compa&ntilde;&iacute;a en la toma del gobierno de Carnatic desde mucho antes; y bajo el mismo principio deber&iacute;amos regocijarnos de que cada pulgada de suelo dentro de los l&iacute;mites de la India estuviese sujeta a su dominio &#91;...&#93; En asuntos de detalle, he tenido la ocasi&oacute;n de culpar con m&aacute;s frecuencia que de elogiar al gobierno de la Compa&ntilde;&iacute;a &#91;...&#93; Sin embargo, creo que se concluir&aacute; que, durante el per&iacute;odo de su soberan&iacute;a, la Compa&ntilde;&iacute;a ha hecho m&aacute;s en beneficio de sus gobernados, ha mostrado mejores intenciones hacia ellos, ha mostrado una fijaci&oacute;n menos ego&iacute;sta hacia los perversos instrumentos de poder en sus manos y ha desplegado una bienvenida m&aacute;s generosa a los planes de mejoramiento, no s&oacute;lo en comparaci&oacute;n con cualquier otro soberano existente en el mismo per&iacute;odo, sino en comparaci&oacute;n con todos los dem&aacute;s soberanos sobre la faz de la tierra tomados en su conjunto" (lib. VI, cap. X).</p>     <p>Claro est&aacute;, el acotamiento de las actuaciones de la Compa&ntilde;&iacute;a "durante el per&iacute;odo de su soberan&iacute;a" abstrae los costos antecedentes, y sobre este hecho cumplido se refiere s&oacute;lo a las posibilidades futuras de mejoramiento, a las cuales Mill mismo contribuir&iacute;a, tal vez en forma significativa. De manera similar, "los sentimientos de millones" nunca fueron consultados con respecto a los ingleses, o con respecto a los franceses, o con respecto a otras alternativas, incluyendo opciones indias distintas de alg&uacute;n nabab.</p>     <p>De otro lado, la m&aacute;s acerba cr&iacute;tica exigir&iacute;a se&ntilde;alar, quiz&aacute;, que la situaci&oacute;n de Mill termin&oacute; incluida dentro de la "masa de riqueza equivalente a todos los cargos lucrativos" derivados de la dominaci&oacute;n sobre la India, pues la primera edici&oacute;n de <i>La historia</i> sali&oacute; en 1818, despu&eacute;s de doce a&ntilde;os de dedicaci&oacute;n, mientras que a comienzos de 1819 Mill ingres&oacute; como funcionario de la Compa&ntilde;&iacute;a en Londres, "quedando asegurado finalmente su futuro financiero", en las palabras de un bi&oacute;grafo. Por ejemplo, en una rese&ntilde;a de ensayos de Pitts, Rosen y Majeed sobre el utilitarismo y el imperio, Peers (2006) se pregunta si un contraste con Bentham implicar&iacute;a que, debido a sus posiciones en la Compa&ntilde;&iacute;a de las Indias Orientales, James y John Stuart Mill fueron m&aacute;s tolerantes con el discurso imperialista y etnocentrista.</p>     <p>Es evidente que los ensayos de Bentham sobre las posesiones coloniales, la guerra y la paz contradicen radicalmente dicho discurso. (Por el momento basta esta observaci&oacute;n: "Mi an&aacute;lisis parece satisfactorio con respecto a las siguientes proposiciones. I. Que la posesi&oacute;n de dependencias extranjeras es ajena por completo a los intereses de Gran Breta&ntilde;a", Bentham, 1789, Ensayo 4). Pero parece igualmente cierto que el problema fundamental con la parad&oacute;jica declaraci&oacute;n de Mill consiste en la incoherencia ante su propio an&aacute;lisis, como pudo verse en la secci&oacute;n anterior.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es m&aacute;s, en 1825, en su art&iacute;culo "Colonias <i>"</i>, para la <i>Enciclopedia Brit&aacute;nica</i>, reafirm&oacute; y elev&oacute; a tesis general su posici&oacute;n en contra de la dominaci&oacute;n internacional, como un beneficio para la minor&iacute;a gobernante a expensas de la mayor&iacute;a en la metr&oacute;polis porque: a) una situaci&oacute;n de guerra sirve como pretexto para disminuir los controles democr&aacute;ticos sobre los gobernantes; b) mediante tal combinaci&oacute;n, estos se lucran en honores, poder, gasto, masa de cargos e influencias, y c) los costos corren a cargo de las mayor&iacute;as.</p>     <p>Sin embargo, con una retrospectiva menos optimista, en el an&aacute;lisis detallado de <i>La historia</i>, los beneficios extra&iacute;dos por la dominaci&oacute;n internacional pueden ser irrigados sobre amplias capas de la poblaci&oacute;n metropolitana, sin l&iacute;mite te&oacute;rico alguno para su cobertura (incluso total), sobre todo en t&eacute;rminos de expectativas y de oportunidades, excepto la cota establecida por la magnitud misma de los beneficios esperados.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Adams, B. <i>The law of civilization and decay</i>, 1896, New York, Vintage Books, 1943.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996201100010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bentham, J. <i>Principles of international law</i>, 1789, Bowring Edition, 1843 &#91;<a href="http://www.laits.utexas.edu/poltheory/bentham/pil/index.html" target="_blank">http://www.laits.utexas.edu/poltheory/bentham/pil/index.html</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996201100010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Heckscher. E. <i>La &eacute;poca mercantilista</i>, 1931, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996201100010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Keegan, J. <i>A history of warfare</i>, 1 993, New York, Vintage Books, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996201100010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Mill, J. <i>The history of British India</i>, London, B aldwin, Cradock, and Joy, 1826.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996201100010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Mill, J. "Government", <i>Encyclopedia Britannica</i>, 1820 &#91;<a href="http://studymore.org.uk/xmilgov.htm" target="_blank">http://studymore.org.uk/xmilgov.htm</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996201100010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Mill, J. <i>Elements of political economy</i>, 1821, London, Henry G. Bohn, 1844 &#91;<a href="http://www.econlib.org/library/MillJames/mljElm.html" target="_blank">http://www.econlib.org/library/MillJames/mljElm.html</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996201100010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Mill, J. "Colony", <i>Encyclopedia Britannica</i>, 1825.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996201100010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Peers, D. "Utilitarianism and Empire (Review)", <i>Victorian Studies</i> 49, 1, 2006, pp. 151-153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996201100010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Smith, A. <i>Investigaci&oacute;n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones</i>, 1776, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1958.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996201100010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Strachey, J. <i>El fin del imperio</i>, 1959, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996201100010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Tsch&ouml;pe, R. "Verenigde Oost-Indische Compagnie", 2008 &#91;<a href="http://www.oldestshare.com" target="_blank">www.oldestshare.com</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996201100010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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