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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿ES COMPATIBLE LA RELATIVIDAD CONCEPTUAL CON UN ESENCIALISMO GENUINO?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article is a response to Arango's paper (2006) on an essentialist metaphysics with the aggregate of conceptual relativity. In general, I show that the essentialists, among them Kripke, developed this notion based upon an equivocal than I believe dangerous. The point is that if essentialism is a theory that explains the existence of natural kinds independently of our patterns of individuation, their partisans should not appeal to examples that involve institutional facts. Due to this defect, the arguments of the essentialists are not satisfactory. I also intend to show two more faults of an essentialist theory. Firstly, I think that there is a conflation between the material mode of speech and orations of real objects. Finally, I explain why Arango commits an error in the assignment of a function.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center"><b>&iquest;ES COMPATIBLE LA RELATIVIDAD CONCEPTUAL CON UN ESENCIALISMO GENUINO?</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>IS CONCEPTUAL RELATIVITY COMPATIBLE WITH A GENUINE ESSENTIALISM?</b></p>     <p align="center"><b>Leonardo C&aacute;rdenas Casta&ntilde;eda</b><a href="#_notas">*</a>     <br> <b>Universidad del Cauca</b></p>     <p><a name="#_notas"></a>* Profesor del departamento de filosof&iacute;a de la Universidad del Cauca. Sus principales &aacute;reas de trabajo son la epistemolog&iacute;a y la filosof&iacute;a de la mente. Ha publicado diversos art&iacute;culos revistas especializadas.  E-mail: <a href="mailto:leonardenas@yahoo.es">leonardenas@yahoo.es</a></p>     <p align="center">Recibido el 15 de Junio y aprobado el 6 de Agosto de 2007.</p>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>El presente art&iacute;culo es una r&eacute;plica al texto de Arango (2006) sobre la metaf&iacute;sica esencialista con el agregado de relatividad conceptual. En general, muestro que los esencialistas, entre ellos Kripke, desarrollan esta idea basados en un equ&iacute;voco que a mi entender es peligroso. Se trata de que si el esencialismo es una teor&iacute;a que, entre otras cosas, explica la existencia de clases naturales independientemente de nuestros patrones de individuaci&oacute;n, sus partidarios no deber&iacute;an apelar a ejemplos que involucran hechos institucionales. Debido a este defecto, los argumentos de los esencialistas son insatisfactorios. El trabajo tambi&eacute;n es un intento de mostrar dos defectos adicionales de la teor&iacute;a esencialista. El primero consiste en se&ntilde;alar una confusi&oacute;n entre el modo material de hablar y las oraciones de objeto real. El segundo es un equ&iacute;voco en la asignaci&oacute;n de funci&oacute;n.</p>     <p><b>Palabras Clave</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Arango, Kripke, Putnam, Searle, Carnap, esencialismo, relatividad conceptual.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This article is a response to Arango's paper (2006) on an essentialist metaphysics with the aggregate of conceptual relativity. In general, I show that the essentialists, among them Kripke, developed this notion based upon an equivocal than I believe dangerous. The point is that if essentialism is a theory that explains the existence of natural kinds independently of our patterns of individuation, their partisans should not appeal to examples that involve institutional facts. Due to this defect, the arguments of the essentialists are not satisfactory. I also intend to show two more faults of an essentialist theory. Firstly, I think that there is a conflation between the material mode of speech and orations of real objects. Finally, I explain why Arango commits an error in the assignment of a function.</p>     <p><b>Key Words</b></p>     <p>Arango, Kripke, Putnam, Searle, Carnap, Essentialism, conceptual relativity.</p> <hr size="1">     <p align="center"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>El presente trabajo est&aacute; animado por la discusi&oacute;n que hace poco sostuvieron los profesores Pablo Arango e Ignacio &Aacute;vila a prop&oacute;sito de la metaf&iacute;sica esencialista<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. A mi modo de ver, a&uacute;n el debate no est&aacute; clausurado, pues si bien &eacute;ste fue sustancial, queda por examinar alg&uacute;n comentario del profesor Arango que &Aacute;vila no abord&oacute; suficientemente.</p>     <p>As&iacute; pues, a lo largo de este ensayo voy a referirme al asunto de algunos esencialistas, entre ellos el mismo Arango, que aceptan esta doctrina metaf&iacute;sica con el agregado de la relatividad conceptual. Intentar&eacute; mostrar las implicaciones de sus argumentos, ya que tanto Kripke como Arango apelan a ejemplos que hacen parte de los hechos institucionales. Ahora, si el esencialismo s&oacute;lo se aplica a clases naturales, como se entiende esta doctrina, entonces no s&oacute;lo algunos de los ejemplos de Kripke y Arango son inadecuados, sino, despu&eacute;s de todo, necesariamente debe haber descripciones privilegiadas que den cuenta de la estructura &uacute;ltima de tales clases, si se es esencialista, claro est&aacute;. Igualmente tratar&eacute; de ampliar el ensayo refiri&eacute;ndome a la forma en que est&aacute;n planteados los postulados principales de este tipo de esencialismo. En particular, mostrar&eacute; que el esencialismo confunde el <i>modo material de hablar</i> con oraciones de objeto real; y luego explicar&eacute; por qu&eacute; en la versi&oacute;n esencialista de Arango hay un error en la asignaci&oacute;n de funci&oacute;n.</p>     <p>Dadas estas restricciones el trabajo se va a dividir en cuatro partes. Voy a mostrar en primer lugar, la tesis del esencialismo; en segundo lugar, presentar&eacute; la idea de los hechos institucionales; luego, explicar&eacute; por qu&eacute; considero que algunos de los argumentos de este tipo de esencialismo que acepta la relatividad conceptual no est&aacute;n bien logrados; en una tercera instancia presentar&eacute; la confusi&oacute;n de la teor&iacute;a esencialista entre modo material de hablar y oraciones de objeto real; y por &uacute;ltimo mostrar&eacute; en qu&eacute; consiste el error de asignaci&oacute;n de funci&oacute;n que comete el esencialismo.</p>     <p align="center"><b>I ESENCIALISMO Y RELATIVIDAD CONCEPTUAL</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>i) En t&eacute;rminos generales, "la tesis esencialista relevante es que algunos objetos tienen propiedades esenciales, independientemente de las descripciones que usemos&quot; (Arango, 2006: 233). No olvidemos que el esencialista no s&oacute;lo es realista (el mundo existe independientemente de nuestros marcos de descripci&oacute;n), sino que adem&aacute;s postula que el mundo viene de antemano distribuido en clases y nosotros lo que hacemos es descubrir las estructuras &uacute;ltimas de los objetos. Esto resulta si entendemos a la metaf&iacute;sica esencialista a partir de las condiciones que hacen posible la identidad de tales objetos en cualquier circunstancia contraf&aacute;ctica. Seg&uacute;n Putnam y Kripke, para hacer coherente esta tesis esencialista es necesario apelar a los "designadores r&iacute;gidos&quot;<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>, cuya funci&oacute;n es nombrar a un mismo individuo u objeto en todos los mundos posibles en donde ellos existan. Es decir, si apelamos a condiciones contraf&aacute;cticas en las cuales "Venus&quot; (uno de los ejemplos favoritos de Kripke) nombra al mismo planeta en todos los mundos posibles y este planeta est&aacute; presente, entonces el nombre "Venus&quot; se califica como un designador r&iacute;gido que nombra al mismo planeta en cualquier mundo posible o situaci&oacute;n concebible.</p>     <p>Ahora, si entend&iacute; correctamente a Putnam (1975), la relaci&oacute;n de la sem&aacute;ntica y del esencialismo se da de la siguiente manera: si tomamos un t&eacute;rmino de clase natural como "Agua&quot; y fijamos su extensi&oacute;n como "esto (y se lo se&ntilde;ala) es agua si y s&oacute;lo si est&aacute; en la relaci&oacute;n mismo <i>L</i> que lo que llamamos agua&quot;<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>, implica, entre otras cosas, que los t&eacute;rminos de clase natural son "designadores r&iacute;gidos&quot;, ya que su definici&oacute;n incluye un indexical oculto ("relaci&oacute;n mismo <i>L</i> con esta muestra de agua&quot;) y de esta manera nombra al mismo elemento en todos los mundos posibles.</p>     <p>El mismo Kripke ofrece un ejemplo similar cuando acepta como una verdad necesaria que el n&uacute;mero at&oacute;mico del oro sea el 79 (Kripke, 1995: 134), pues esto supone que cualquier muestra de oro que se encuentre en cualquier otro mundo posible necesariamente debe tener como n&uacute;mero at&oacute;mico el 79, que funciona como "designador r&iacute;gido&quot;. De lo contrario no estar&iacute;amos ante una muestra de oro genuina, sino que el elemento encontrado ser&iacute;a otro cualquiera. En otras palabras, el n&uacute;mero at&oacute;mico del oro es una propiedad esencial que hace del oro lo que es y no algo distinto.</p>     <p>ii) Lo que me parece m&aacute;s problem&aacute;tico en las diferentes versiones del esencialismo es la aceptaci&oacute;n, en algunas de ellas, de la relatividad conceptual y su frecuente apelaci&oacute;n a hechos relativos al observador para tratar de librar algunas r&eacute;plicas.</p>     <p>Arango sostiene en su ensayo que no s&oacute;lo existen propiedades esenciales de los objetos, sino que tambi&eacute;n puede haber un n&uacute;mero amplio de descripciones para referirse a tales objetos, todas irreductibles entre s&iacute;. En otras palabras, el esencialismo tal como lo entiende el profesor Arango no se compromete con un esquema de descripci&oacute;n privilegiado porque "la tesis de que hay verdades necesarias sobre la naturaleza de las cosas no implica que &eacute;sas sean las &uacute;nicas verdades posibles sobre la cosa en cuesti&oacute;n&quot; (Arango, 2006: 234). Esta declaraci&oacute;n sugiere que es verdad que el oro es muy codiciado y tambi&eacute;n que el n&uacute;mero at&oacute;mico del oro es 79, ambas afirmaciones obviamente irreductibles entre s&iacute;, pues distintos esquemas de descripci&oacute;n sirven a prop&oacute;sitos diversos. Miremos el ejemplo favorito de Arango:</p> <ul>    <p>Una descripci&oacute;n molecular de un partido de f&uacute;tbol no tiene por qu&eacute; ser la &uacute;nica descripci&oacute;n verdadera del partido. Un determinado marco de descripciones ser&aacute; privilegiado s&oacute;lo en relaci&oacute;n con los prop&oacute;sitos que perseguimos al usarlo. As&iacute;, lo &uacute;nico que tiene que decir el esencialista es que, cuando se trata de la descripci&oacute;n metaf&iacute;sica correcta, es posible que haya un sistema de descripci&oacute;n privilegiado. Pero la metaf&iacute;sica no es la &uacute;nica cosa importante. Despu&eacute;s de todo, nadie asume que el comentarista deportivo nos est&eacute; dando una ontolog&iacute;a del f&uacute;tbol (<i>Ib&iacute;d</i>.: p&aacute;g. 234.)</p>    </ul>     <p>Claro que el mismo Kripke da razones para que se le interprete de esta manera. En algunos apartados de <i>El Nombrar y La Necesidad</i> afirma que no hay ning&uacute;n inconveniente en describir el mundo en t&eacute;rminos de mol&eacute;culas y al mismo tiempo describirlo en t&eacute;rminos de entidades m&aacute;s grandes:</p> <ul>    <p>No necesitamos usar la descripci&oacute;n en t&eacute;rminos de mol&eacute;culas, o ni siquiera de otras partes m&aacute;s grandes, aunque podemos hacerlo. Ning&uacute;n tipo de descripci&oacute;n tiene que considerarse privilegiada, a menos que asumamos que algunos particulares son "&uacute;ltimos&quot; o "b&aacute;sicos&quot; (Kripke, 1995: 54).</p>    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si as&iacute; se entiende el esencialismo, entonces la descripci&oacute;n metaf&iacute;sica no es la m&aacute;s relevante; lo &uacute;nico que tiene que tenerse en consideraci&oacute;n es el contexto en el que alguien pregunta por cierta cualidad del objeto. Para un minero resultar&aacute; indiferente que el oro tenga o no un n&uacute;mero at&oacute;mico, sino que el oro reaccione de cierta manera, ante una mordida por ejemplo. Esto puede ser cierto y hasta pedestre, como dice Arango, pero lo que no me queda del todo claro es por qu&eacute; se recurre a los hechos institucionales para explicar la metaf&iacute;sica esencialista. Para terminar, observemos un pol&eacute;mico pasaje en el que Kripke confunde los hechos brutos con los institucionales:</p> <ul>    <p>De la misma manera, dadas ciertas vicisitudes contraf&aacute;cticas en la historia de las mol&eacute;culas de una mesa, <i>M</i>, uno puede preguntar si <i>M</i> existir&iacute;a en esa situaci&oacute;n o si un cierto agregado de mol&eacute;culas que en dicha situaci&oacute;n constituye una mesa, constituir&iacute;a exactamente la mesa <i>M</i>. En cada caso buscamos criterios de identidad a trav&eacute;s de los mundos posibles para ciertos particulares en t&eacute;rminos de criterios para otros particulares m&aacute;s "b&aacute;sicos&quot;. Si los enunciados acerca de las naciones (o de las tribus) no son reducibles a enunciados acerca de otros elementos constituyentes m&aacute;s "b&aacute;sicos&quot;, si hay alguna "textura abierta&quot; en la relaci&oacute;n entre ellos, dif&iacute;cilmente podemos esperar dar criterios de identidad s&oacute;lidos y puros (<i>Ib&iacute;d</i>.: p&aacute;g. 54).</p>    </ul>     <p align="center"><b>II HECHOS INSTITUCIONALES: UNA TRAMPA PARA EL ESENCIALISMO</b></p>     <p>i) En opini&oacute;n de Searle (1980) existe una diferencia entre los hechos brutos y los hechos institucionales<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. Los primeros son aquellos que tienen caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas sin la intervenci&oacute;n de ninguna convenci&oacute;n humana y cuyo conocimiento corresponde a las ciencias naturales, las cuales suponen observaciones emp&iacute;ricas que registran datos o experiencias sensoriales; estos hechos son del siguiente tipo: "esta piedra est&aacute; al lado de aquella piedra&quot; o "los cuerpos se atraen con una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias y directamente proporcional al producto de sus masas&quot;. Los segundos, al igual que los primeros, son hechos objetivos que no dependen ni de la opini&oacute;n, sentimiento o emoci&oacute;n, aunque los eventos f&iacute;sicos y las sensaciones brutas hacen parte de este segundo tipo de hechos, pero no por esta raz&oacute;n es l&iacute;cito reducir los hechos institucionales a los brutos. Ejemplos de hechos institucionales son el matrimonio, el dinero, el juego, etc., que est&aacute;n sujetos a ciertas instituciones humanas. "Ciertas formas de conducta constituyen el hecho de que el se&ntilde;or Mart&iacute;nez se case con la se&ntilde;ora Garc&iacute;a solamente si se da la instituci&oacute;n del matrimonio&quot; (Searle, 1980: 59). Lo mismo ocurre cuando algunas formas de conducta de varias personas realizan el hecho de que Italia haya ganado el anterior campeonato mundial si y s&oacute;lo si se da la instituci&oacute;n del f&uacute;tbol. Si nos olvidamos de la instituci&oacute;n lo &uacute;nico que obtendr&iacute;amos ser&iacute;an ciertas formas disparatadas de comportamiento dentro de un potrero. De esta manera las instituciones est&aacute;n compuestas por reglas constitutivas que permiten que un hecho institucional tenga como base un sistema de reglas de la forma "X cuenta como Y en el contexto C&quot;; esto implica que hablar un lenguaje, por ejemplo, es realizar actos de acuerdo con reglas constitutivas. As&iacute;, realizar una promesa es un hecho institucional que no se necesita analizarla en t&eacute;rminos de hechos brutos. Es m&aacute;s, es irrelevante.</p>     <p>Algo que no admite discusi&oacute;n y con lo que tal vez Kripke estar&iacute;a de acuerdo es el hecho pedestre de que ser&iacute;a totalmente inadecuado describir hechos institucionales en t&eacute;rminos puramente brutos. Se podr&iacute;a hacer el ejercicio de describir un partido de f&uacute;tbol reduci&eacute;ndolo a hechos brutos, pero lo que obtendr&iacute;amos ser&iacute;a descripciones de los movimientos de los jugadores, el n&uacute;mero de golpes que recibir&iacute;an, la forma en que se distribuyen, etc., pero faltar&iacute;an aquellas reglas que hacen del f&uacute;tbol un juego y que lo describen como tal, aquellas son el fuera de juego, el penalti, el corner y las dem&aacute;s. "Las otras descripciones, las descripciones de los hechos brutos, pueden explicarse en t&eacute;rminos de hechos institucionales. Pero los hechos institucionales pueden explicarse solamente en t&eacute;rminos de las reglas constitutivas subyacentes&quot;. (<i>op</i>. <i>cit</i>., 61).</p>     <p>ii) En ninguna parte de <i>El Nombrar y La Necesidad</i> encontr&eacute; que el esencialismo se identificara exclusivamente con clases naturales, ni tampoco con los hechos institucionales. Por definici&oacute;n el esencialismo se compromete con la estructura &uacute;ltima de algunos objetos y postula que en el mundo hay esencias que constituyen esa estructura. Si es as&iacute;, entonces de entrada el esencialismo choca con los hechos institucionales, pues &eacute;stos no tienen nada que ver con clases naturales. Bueno, un conjunto amplio de ellos los pueden constituir, pero s&oacute;lo cuentan como eventos f&iacute;sicos brutos; y ellos por s&iacute; mismos no involucran las convenciones propias de los hechos institucionales.</p>     <p>Ahora veamos la forma tan extra&ntilde;a en que Arango salta de las clases naturales (las cuales no dependen de nuestros esquemas de individuaci&oacute;n) hasta los hechos institucionales (hechos que dependen de nuestro lenguaje, como la promesa). Si bien es inadecuado que el comentarista del partido de f&uacute;tbol narre el juego en t&eacute;rminos moleculares, no veo por qu&eacute; el esencialista tiene que recurrir al ejemplo del partido de f&uacute;tbol para explicar la idea seg&uacute;n la cual no existen descripciones privilegiadas.</p>     <p>Una actitud similar la encontramos en el ejemplo de Kripke arriba mencionado. No entiendo por qu&eacute; una teor&iacute;a metaf&iacute;sica, que est&aacute; comprometida con las clases naturales, necesite pasar de los criterios de identidad de una mesa <i>M</i> a trav&eacute;s de distintos mundos posibles hacia hechos institucionales como las naciones o las tribus, los cuales dependen de ciertas reglas y convenciones para que se instaure la instituci&oacute;n de naci&oacute;n. Sospecho que la inclinaci&oacute;n de algunos esencialistas de recurrir a hechos institucionales es necesaria porque de no ser as&iacute; se enfrentan a un dilema: si asumen, por un lado, que el esencialismo se compromete solamente con las clases naturales, entonces despu&eacute;s de todo tienen que aceptar una descripci&oacute;n que sea privilegiada, la cual describa la estructura &uacute;ltima de ellas. En un mundo de esencias debe haber una descripci&oacute;n que se ajuste a ellas, las otras quedar&aacute;n relegadas. Es m&aacute;s, no ser&iacute;a l&iacute;cito hablar de <i>las descripciones</i> sino de <i>la descripci&oacute;n</i> de la estructura &uacute;ltima del mundo. Pero, por otro lado, como se dan cuenta de las implicaciones absurdas que esto involucra (como describir un partido de f&uacute;tbol en t&eacute;rminos moleculares), se ven obligados a apelar a hechos institucionales para matizar su metaf&iacute;sica esencialista, pero de sucumbir a la tentaci&oacute;n de los hechos institucionales se corre el riesgo de perder de vista el punto relevante del esencialismo.</p>     <p>La pregunta de rigor ser&iacute;a &iquest;un esencialismo que abandona uno de sus supuestos m&aacute;s b&aacute;sicos &ndash;el compromiso irrestricto con clases naturales y la estructura &uacute;ltima de sus componentes&ndash;, ser&iacute;a en &uacute;ltimas un esencialismo genuino? Como lo he insinuado, creo que de mucho matizar esta doctrina se oscurece y se pierde la idea importante de ella.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>III UNA CONFUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Una supuesta objeci&oacute;n a lo que hasta ahora he planteado, es que el esencialista puede reconocer que ha cometido un error: ha usado casos de hechos institucionales para explicar una teor&iacute;a que est&aacute; relacionada con clases naturales. Aun as&iacute;, el esencialista puede decir dos cosas, como de hecho lo hace Arango: "por un lado, el oro tiene propiedades esenciales, las cuales son independientes de nuestros sistemas de descripci&oacute;n y, por otro, que hay una variedad de descripciones del oro, irreductibles entre s&iacute;, todas correctas&quot; (Arango, 2006: 234-235).</p>     <p>Sin embargo, creo que esta forma de argumentar sigue teniendo varios defectos. Recordemos que Carnap en un famoso ensayo, <i>Filosof&iacute;a y Sintaxis L&oacute;gica</i>, distingui&oacute; entre el <i>modo material del hablar</i> y el <i>modo formal del hablar</i><a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Para Carnap, el primer modo tiene un contenido enga&ntilde;oso, pues parece ofrecer cualidades de ciertos objetos, pero en realidad este objetivo fracasa. Tomemos un ejemplo del propio Carnap, supongamos que tenemos dos oraciones: 1) "El lucero vespertino y la Tierra tienen aproximadamente el mismo tama&ntilde;o&quot; y 2) "El lucero vespertino y el lucero matutino son el mismo&quot;<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. La oraci&oacute;n 1) describe cierta relaci&oacute;n entre dos objetos concretos, la oraci&oacute;n 2) parece afirmar algo semejante, pero no lo hace, esta oraci&oacute;n cabe dentro de la categor&iacute;a de lo que el mismo Carnap denomina <i>pseudo&ndash;objeto</i>. Es decir, parece que en la oraci&oacute;n est&aacute;n implicados dos objetos, pero eso no ocurre precisamente porque all&iacute; se designa a uno solo. El punto es que las oraciones del tipo 2) llevan "a menudo a controversias filos&oacute;ficas ociosas que se pueden zanjar traduciendo las tesis de la controversia al modo formal&quot; (Carnap, 1981: 322).</p>     <p>Este modo formal de hablar consiste en realizar un an&aacute;lisis l&oacute;gico de las oraciones que tienen una forma enga&ntilde;osa y traducirlas a t&eacute;rminos sint&aacute;cticos, donde no se hace, por definici&oacute;n, referencia a objeto alguno sino a las palabras que designan objetos. As&iacute; la oraci&oacute;n 2) puede ser traducida al <i>modo formal</i> de la siguiente manera: "las palabras 'lucero vespertino' y 'lucero matutino' son sin&oacute;nimas&quot;<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. La importancia del <i>modo formal</i> es que deja claro que la filosof&iacute;a es una actividad de segundo orden y no puede tener la pretensi&oacute;n de explicar las propiedades de los objetos, labor que s&oacute;lo le es permitida a la ciencia emp&iacute;rica que realiza oraciones de "objeto real&quot;.</p>     <p>Volvamos de nuevo con los esencialistas. Despu&eacute;s de haber explicado de manera general la distinci&oacute;n de Carnap, podemos tomar el enunciado original, "el oro tiene propiedades esenciales&quot;. Esta afirmaci&oacute;n que aparentemente es inofensiva tiene el siguiente problema: es una oraci&oacute;n t&iacute;pica de <i>pseudo&ndash;objeto</i>. Se confunde el <i>modo material de hablar</i> con una oraci&oacute;n de "objeto real&quot;. Es decir, ser&iacute;a el cient&iacute;fico y no el esencialista el que tendr&iacute;a que realizar dicha afirmaci&oacute;n, aunque dudo que &eacute;sa sea la forma de expresarse de un cient&iacute;fico.</p>     <p>Ahora supongamos que la oraci&oacute;n est&aacute; incompleta, supongamos que lo que quiere decir el esencialista es que "la propiedad esencial del oro es el n&uacute;mero at&oacute;mico 79&quot;. En primer lugar, sigue teniendo la confusi&oacute;n antes mencionada; y en segundo lugar, es otra forma de decir que el oro es oro, lo cual es una oraci&oacute;n anal&iacute;tica. Esto es as&iacute; porque la explicaci&oacute;n kripkeana es que el n&uacute;mero at&oacute;mico funciona como designador r&iacute;gido y "en cualquier mundo posible donde haya oro, cualquier muestra debe tener el mismo n&uacute;mero at&oacute;mico; y en caso contrario, no se trata de oro&quot; (Arango, 2006: 233 &ndash; 234). Si tenemos en cuenta esto, la afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual "la propiedad esencial del oro es el n&uacute;mero at&oacute;mico 79&quot;, hace del esencialismo una doctrina filos&oacute;fica te&oacute;ricamente poco interesante. En otras palabras, la afirmaci&oacute;n sugiere que el oro <i>es</i> como es. Para que no queden dudas de mi posici&oacute;n, podemos cotejar la afirmaci&oacute;n del ejemplo de Carnap del <i>modo material de hablar</i>: "el lucero vespertino y el lucero matutino son el mismo&quot; con el ejemplo de Kripke: "la propiedad esencial del oro es el n&uacute;mero at&oacute;mico 79&quot;. Si es el n&uacute;mero at&oacute;mico 79 el que designa en cualquier mundo posible a un solo objeto, a saber, el oro, entonces despu&eacute;s de todo, no es cierto que se est&eacute; hablando de la relaci&oacute;n entre dos objetos. Al parecer lo hace, pero en realidad la oraci&oacute;n no est&aacute; mencionando ninguna cualidad. La oraci&oacute;n se parece en mucho al ejemplo de Carnap, su contenido es enga&ntilde;oso. El esencialismo tiene pues que hacerle frente a uno de sus postulados principales que en el fondo no es otra cosa que una tautolog&iacute;a. Coincido con Carnap que la &uacute;nica manera de zanjar el asunto es traducir la oraci&oacute;n al modo formal: "las palabras &acute;propiedad esencial del oro` y &acute;n&uacute;mero at&oacute;mico 79` son sin&oacute;nimas&quot;, o para mayor claridad, coextensivas. En t&eacute;rminos modales el enunciado esencialista es, o l&oacute;gicamente necesario en cuyo caso el "t&eacute;rmino sint&aacute;ctico paralelo&quot; es anal&iacute;tico, o f&iacute;sicamente necesario en cuyo caso el "t&eacute;rmino sint&aacute;ctico paralelo&quot; es v&aacute;lido.</p>     <p>Realizada la traducci&oacute;n del postulado esencialista al modo formal se le ha suprimido al an&aacute;lisis l&oacute;gico cualquier referencia a los objetos extraling&uuml;&iacute;sticos, siguiendo a Carnap (1981), "centr&aacute;ndonos exclusivamente en la forma de las expresiones ling&uuml;&iacute;sticas&quot;.</p>     <p>Una de las implicaciones de este modo formal de hablar es que los esencialistas hacen un uso de <i>re</i> y no de <i>dicto</i> de las categor&iacute;as modales, especialmente de la modalidad de "necesidad&quot;. En general, el uso de <i>dicto</i> est&aacute; relacionado con la manera en que una proposici&oacute;n o enunciado puede ser verdadero o falso; mientras el uso de <i>re</i>, por su parte, est&aacute; relacionado con el modo en que un objeto tiene ciertas propiedades. Utilicemos un ejemplo para ilustrar los dos usos de la modalidad de "necesidad&quot;:</p>     <p>3) "es necesario que a&quot;, y "a&quot; es un enunciado. Este es un uso genuino de <i>dicto</i> porque, parte de lo que la proposici&oacute;n expresa, es que el enunciado "a&quot; es una verdad necesaria. 4) "b necesariamente posee c&quot;, y "b&quot; es un objeto y "c&quot; una propiedad que necesariamente est&aacute; en el objeto "b&quot;. Seg&uacute;n este uso de <i>re</i>, la anterior afirmaci&oacute;n es otra forma de decir que si "b&quot; no poseyera la propiedad "c&quot;, entonces "b&quot; no existir&iacute;a.</p>     <p>Es claro, entonces, que los esencialistas adoptan este uso de <i>re</i>, por cuanto ellos hablan de propiedades esenciales y necesarias que tienen los objetos. Cuando nos dicen que "el oro tiene necesariamente el n&uacute;mero at&oacute;mico 79&quot;, est&aacute;n diciendo que si no fuera por esta propiedad el oro no existir&iacute;a, ni siquiera en alg&uacute;n mundo posible. Sin embargo, este uso de <i>re</i> tiene un problema de error categorial porque la "necesidad&quot; como categor&iacute;a modal se aplica s&oacute;lo al lenguaje, a las proposiciones y no a los hechos u objetos. La "necesidad&quot; no es algo que est&eacute; en el mundo al lado de los hechos. Por esta raz&oacute;n el uso de <i>re</i> de las categor&iacute;as modales no es leg&iacute;timo. Algo distinto ser&iacute;a si dij&eacute;ramos lo siguiente: "es necesario que `el n&uacute;mero at&oacute;mico del oro es 79&acute;&quot;, donde se est&aacute; afirmando que la proposici&oacute;n sobre el n&uacute;mero at&oacute;mico del oro es una verdad necesaria en conformidad con un sistema f&iacute;sico-qu&iacute;mico determinado y sus leyes. En otros t&eacute;rminos, las modalidades son categor&iacute;as epist&eacute;micas y no ontol&oacute;gicas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>IV EL ERROR EN LA ASIGNACI&Oacute;N DE FUNCI&Oacute;N</b></p>     <p>Finalmente, en lo que concierne al asunto de que las propiedades esenciales son independientes de nuestro marco de descripci&oacute;n, creo que el esencialista ignora que existe una <i>asignaci&oacute;n de funci&oacute;n</i> a la hora de decir que la propiedad esencial del oro es el n&uacute;mero at&oacute;mico 79.</p>     <p>En general, el concepto de <i>asignaci&oacute;n de funci&oacute;n</i><a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>, tomado originalmente de Searle (1997), consiste en mostrar que cuando hacemos ciertas descripciones sobre objetos, naturales o no, estamos atribuy&eacute;ndoles a ellos ciertas <i>funciones</i> que dependen de un conjunto de valores que de antemano nosotros disponemos y a ciertas propiedades causales reales de los objetos. Esto no quiere decir que se niegue un realismo ontol&oacute;gico, pero en lo que a las funciones se refiere, s&iacute; son relativas al</p>     <p>observador y aun as&iacute; son reales<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. "Las funciones nunca son intr&iacute;nsecas a la f&iacute;sica de ning&uacute;n fen&oacute;meno&quot; (Searle, 1997: 33).</p>     <p>Es cierto que existen &aacute;rboles, piedras, r&iacute;os, pedazos de oro, todos ellos independientes de nuestros sistemas de descripci&oacute;n. Pero cuando decimos "este r&iacute;o es bueno para nadar&quot;, o "este es el tipo de &aacute;rbol del que se puede sacar madera&quot;, o "el oro es muy codiciado&quot;, tenemos que esa asignaci&oacute;n de funci&oacute;n depende de lo que nosotros consideramos &uacute;til para cualquier tarea y por ello no es intr&iacute;nseca a la naturaleza del objeto.</p>     <p>Bien, decir ahora que "la propiedad esencial del oro es el n&uacute;mero at&oacute;mico 79&quot;, es otra muestra de asignaci&oacute;n de funci&oacute;n. En primer lugar, &iquest;qu&eacute; razones tiene el esencialista para sospechar que esa es la esencia del oro? Podemos suponer que en un futuro se descubran otras cualidades mucho m&aacute;s elementales que reemplacen al n&uacute;mero at&oacute;mico. En otras palabras, el esencialista no nos da razones suficientes para creer en lo que &eacute;l llama propiedad esencial. En segundo lugar, el esencialista considera que con esa afirmaci&oacute;n est&aacute; describiendo un rasgo intr&iacute;nseco en la naturaleza del oro, pero ese no es el caso; sostener aquello no es otra cosa que decir que para la metaf&iacute;sica esencialista el oro tiene la <i>funci&oacute;n</i> de poseer como propiedad esencial el n&uacute;mero at&oacute;mico 79, que para nada interesa a las descripciones sociol&oacute;gicas acerca del "vil metal&quot;.</p>     <p>Esa descripci&oacute;n que mi amigo Arango piensa que es independiente de nuestras pautas de individuaci&oacute;n tiene la misma forma del enunciado de que "el oro es muy codiciado&quot;. Ambas descripciones sobre el oro implican que ellas designan funciones relativas al observador, o sea (y en esto se enga&ntilde;a el esencialista) tales descripciones, en &uacute;ltima instancia, dependen de nuestro sistema de descripci&oacute;n, obviamente. Es decir, existe una carga te&oacute;rica o epist&eacute;mica en la descripci&oacute;n del oro, inclusive en t&eacute;rminos de esencias; otra cosa es decir que el oro tiene ciertas relaciones causales y ciertas propiedades intr&iacute;nsecas y, entre ellas, tener un n&uacute;mero at&oacute;mico que es 79, como la qu&iacute;mica lo ha comprobado, pero sin involucrar para nada las esencias. La cuesti&oacute;n de que hay una gran variedad de descripciones sobre el oro, todas irreductibles entre s&iacute;, es un asunto puramente pragm&aacute;tico y a la vez pedestre como lo se&ntilde;ala Arango, pero si se es esencialista deben sus partidarios comprometerse con una descripci&oacute;n privilegiada que precisamente explique c&oacute;mo son las estructuras &uacute;ltimas de los objetos. Si pensamos en la definici&oacute;n cl&aacute;sica de esencia veremos que &eacute;sta puede reducirse a "Aquello que hace que una cosa sea lo que es&quot;, o a "Aquello que si se le quita a una cosa dejar&iacute;a de ser lo que era&quot;. Vemos que &eacute;stas no se restringen a hacer descripciones de propiedades, sino que asignan una <i>funci&oacute;n</i> de condici&oacute;n de posibilidad de existencia real m&aacute;s all&aacute; de lo descriptivo. Dicho de otra manera, decir que una propiedad es "esencial&quot; es darle a dicha propiedad una asignaci&oacute;n de funci&oacute;n la cual depende, obviamente, de una preconcepci&oacute;n metaf&iacute;sica no explicable satisfactoriamente a trav&eacute;s de la existencia de la L&oacute;gica Modal o de la Sem&aacute;ntica de los mundos posibles. Del hecho de que un sistema l&oacute;gico nos muestre la posibilidad de asignar ciertas propiedades a un tipo de proposiciones no se sigue que estas propiedades tengan alguna repercusi&oacute;n en los hechos, los estados de cosas y los eventos del mundo.</p>     <p>En resumidas cuentas, si hablamos en t&eacute;rminos de esencias le estamos atribuyendo una funci&oacute;n al objeto, pero no una propiedad. El problema surge cuando reemplazamos relaciones causales por esencias para hablar de las propiedades de las cosas.</p>     <p>Espero pues haber mostrado buenas razones en este ensayo para dudar de los principales fundamentos de la metaf&iacute;sica esencialista, no s&oacute;lo de la versi&oacute;n expuesta por el profesor Arango sino de la teor&iacute;a en general. Aunque cabe la posibilidad de que las <i>funciones</i>, por ejemplo, las considere el esencialismo como intr&iacute;nsecas a la naturaleza dado el realismo tan extremo que se ve obligado a asumir. Pero eso ya es un asunto con el que deben lidiar los mismos esencialistas, que por lo dem&aacute;s, implica un temor exagerado hacia el relativismo.</p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Agradezco al profesor Jos&eacute; Fernando Ospina por sus amables sugerencias.</p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Revista <i>Discusiones Filos&oacute;ficas</i>. Universidad de Caldas. A&ntilde;o 7, N&deg; 10. Enero &ndash; Diciembre 2006.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Para los prop&oacute;sitos de este trabajo, no me voy a referir ni a los "designadores accidentales&quot;, ni a los "designadores d&eacute;bilmente r&iacute;gidos&quot;, ni tampoco a los "designadores fuertemente r&iacute;gidos&quot;.</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Aqu&iacute; sigo al profesor Ignacio &Aacute;vila (2002).</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Para una formulaci&oacute;n m&aacute;s madura de la teor&iacute;a de los hechos institucionales de Searle ser&iacute;a interesante apelar a <i>La Construcci&oacute;n de la Realidad Social</i>. Pero dados los fines de este ensayo es suficiente con la explicaci&oacute;n general que realiza el autor en <i>Actos de Habla</i>. Tambi&eacute;n para efectos de simplicidad no voy a hacer hincapi&eacute; en la versi&oacute;n dualista de los hechos brutos: los f&iacute;sicos y los mentales.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Dado los l&iacute;mites de este ensayo no puedo explicar suficientemente las oraciones del <i>modo material del habla</i> y del <i>modo formal del habla</i>, lo que me obliga a postular solo los rasgos caracter&iacute;sticos de las dos oraciones, que por lo dem&aacute;s son los pertinentes en este trabajo.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. El ejemplo original es de Frege.</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Reconozco que el t&eacute;rmino "sin&oacute;nimo&quot; que utiliza Carnap puede resultar problem&aacute;tico porque si bien las dos oraciones que utiliza designan el mismo objeto, no tienen el mismo contenido. Para aclarar la confusi&oacute;n se puede emplear el t&eacute;rmino "coextensivo&quot;, su valor de verdad no cambia en las dos oraciones arriba mencionadas.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. La <i>asignaci&oacute;n de funci&oacute;n</i> hace parte de una teor&iacute;a mucho m&aacute;s amplia para el funcionamiento de las estructuras institucionales. Tambi&eacute;n muestro una definici&oacute;n simplificada del t&eacute;rmino de <i>asignaci&oacute;n de funci&oacute;n</i> para no escaparme de los prop&oacute;sitos de este ensayo.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Con relaci&oacute;n a la afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual "las funciones son reales&quot;, es necesario hacer las siguientes dos aclaraciones. En primer lugar, con ello no se pretende asociar las <i>funciones</i> con los hechos brutos o con los hechos intr&iacute;nsecos. Cuando le asignamos una <i>funci&oacute;n</i> a un hecho intr&iacute;nseco, simplemente le estamos asignando una tarea espec&iacute;fica pr&aacute;ctica que depende de un conjunto de valores que nosotros disponemos de antemano. Searle dice al respecto: "Nos obnubila respecto de ese hecho la pr&aacute;ctica, muy com&uacute;n en biolog&iacute;a, de hablar de funciones como si fueran intr&iacute;nsecas a la naturaleza que son conscientes, la naturaleza ignora por completo a las funciones. Es, por ejemplo, intr&iacute;nseco a la naturaleza el que el coraz&oacute;n bombee sangre y cause su circulaci&oacute;n por el cuerpo. Tambi&eacute;n es un hecho intr&iacute;nseco a la naturaleza el que el movimiento de la sangre est&eacute; relacionado con un conjunto global de procesos causales que tienen que ver con la supervivencia del organismo. <i>Cuando, empero, sobre decir que "el coraz&oacute;n bombea sangre&quot;, estamos haciendo algo m&aacute;s que registrar esos hechos intr&iacute;nsecos. Estamos disponiendo esos hechos en relaci&oacute;n con un sistema de valores albergados por nosotros. Intr&iacute;nseco a nosotros es que alberguemos esos valores, pero la atribuci&oacute;n de ellos a la naturaleza independientemente de nosotros es relativa al observador</i>&quot; (Searle, 1997: 33. Cursivasa&ntilde;adidas).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es decir, las funciones no son algo que est&eacute;n en el mundo como s&iacute; lo est&aacute;n los hechos brutos y los dem&aacute;s hechos intr&iacute;nsecos. M&aacute;s bien, las funciones son relativas al observador y son reales porque somos nosotros los que las asignamos; de la misma forma en que son reales los hechos institucionales en la medida en que son relativos a un consenso entre los seres humanos, que a su vez depende de cierto sistema de valores que por naturaleza nosotros poseemos.</p>     <p>En segundo lugar, no podemos dejarnos confundir con reducir las funciones a meras causas porque, parte de lo que esto implicar&iacute;a, ser&iacute;a primero, despojar a la funci&oacute;n de su car&aacute;cter genuino, a saber, ser relativo al observador; y segundo, definir a las funciones en t&eacute;rminos naturales y en ese caso s&iacute; les atribuir&iacute;amos propiedades intr&iacute;nsecas. Pero esto es un absurdo ya que tendr&iacute;a la consecuencia de que si no fueran por las funciones (definidas en t&eacute;rminos causales o naturales), entonces no ser&iacute;a posible la existencia de objetos o hechos que originalmente s&iacute; son intr&iacute;nsecos o brutos.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>1. ARANGO, P. (2006) "Comentario sobre 'Realismo, esencialismo y extensionalismo&quot;. En <i>Discusiones filos&oacute;ficas</i>, A&ntilde;o 7, N&deg; 10, Enero-Diciembre. p&aacute;g. 231-243.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-6127200700020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. &Aacute;VILA, I. (2002) "El Nuevo Enigma de la Inducci&oacute;n y Los T&eacute;rminos de Clase Natural&quot;. En <i>Cr&iacute;tica</i>, Vol.34, N&deg; 100. p&aacute;g. 55-85.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-6127200700020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. CARNAP, R. (1981) "Filosof&iacute;a y Sintaxis l&oacute;gica&quot;, En <i>La Concepci&oacute;n Anal&iacute;tica de la Filosof&iacute;a</i>, Madrid, Alianza Universidad. p&aacute;g. 294-337.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-6127200700020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. PUTNAM, H. (1975) "The Meaning of `Meaning&acute;&quot;. En <i>Mind</i>, <i>Language and</i> <i>Reality</i>, <i>Philosophical Papers</i>. Vol.2. Cambridge, Cambridge University Press. p&aacute;g. 215-27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-6127200700020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. KRIPKE, S. (1995) <i>El Nombrar y La Necesidad</i>, M&eacute;xico, UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-6127200700020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. SEARLE, J. (1980) <i>Actos de Habla</i>, Madrid, C&aacute;tedra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-6127200700020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. _________. (1997) <i>La Construcci&oacute;n de la Realidad Social</i>, Barcelona, Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-6127200700020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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