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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿PRESUPONEN LOS ARGUMENTOS ESCÉPTICOS CARTESIANOS EL REALISMO INDIRECTO?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this paper I take issue with Hoyos' statement according to which typical Cartesian skeptical arguments presuppose a wrong theory of perception. In particular, I show that skepticism about the external World does not depend upon any theory of perception. You can embrace or not any theory of perception and the Cartesian arguments of the Dream and the Evil Genius will remain unharmed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center"><b> &iquest;PRESUPONEN LOS ARGUMENTOS ESC&Eacute;PTICOS CARTESIANOS EL REALISMO INDIRECTO?</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>DO CARTESIAN SCEPTIC ARGUMENTS PRESUPPOSE AN INDIRECT REALISM?</b></p>     <p align="center" ><b>Jorge Gregorio Posada</b><a href="#_notas">*</a>    <br> <b>Universidad de Caldas</b></p>     <p align="right" ><i>&iquest;No recuerdas la controversia que suscitan con tal motivo los partidarios de este sistema, y principalmente sobre los estados de vigilia y del sue&ntilde;o? -&iquest;Qu&eacute; d&iacute;cen?-. Lo que has o&iacute;do, creo yo, muchas veces a los que nos exigen prueba de si en este momento dormimos, siendo nuestros pensamientos otros tantos sue&ntilde;os, o si estamos depiertos y conservando realmente juntos. -Es muy dif&iacute;cil S&oacute;crates distinguir los verdaderos signos que sirven para reconocer la diferencia, porque en uno y otro estado, se corresponden, por decirlo as&iacute;, los mismos caracteres</i>.</p>     <p align="right" >Plat&oacute;n (Teetetes)</p>     <p align="left" ><a name="#_notas"></a>* Profesor del departamento de filosof&iacute;a de la Universidad de Caldas. Sus principales &aacute;reas de trabajo son la l&oacute;gica y la epistemolog&iacute;a. Autor del libro La noci&oacute;n tripartita del conocimiento, una introducci&oacute;n a la epistemolog&iacute;a (Universidad de Caldas, 2007), y varios art&iacute;culos en revistas especializadas.  E-mail: <a href="mailto:jorge.posada@ucaldas.edu.co">jorge.posada@ucaldas.edu.co</a></p>     <p align="center">Recibido el 1 de Junio y aprobado el 25 de Julio.</p>     <p><b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo critica la afirmaci&oacute;n de Diana Hoyos seg&uacute;n la cual los argumentos esc&eacute;pticos t&iacute;picos de Descartes presuponen una teor&iacute;a incorrecta de la percepci&oacute;n. En particular, se muestra que el escepticismo sobre el mundo externo no depende de ninguna teor&iacute;a de la percepci&oacute;n. Se puede abrazar o no abrazar cualquier teor&iacute;a de la percepci&oacute;n, y los argumentos cartesianos del sue&ntilde;o y el genio maligno permanecen inmunes.</p>     <p><b>Palabras Clave</b></p>     <p>Hoyos, Descartes, Stroud, Dancy, escepticismo, Realismo indirecto, Realismo directo, principio de cierre.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>In this paper I take issue with Hoyos' statement according to which typical Cartesian skeptical arguments presuppose a wrong theory of perception. In particular, I show that skepticism about the external World does not depend upon any theory of perception. You can embrace or not any theory of perception and the Cartesian arguments of the Dream and the Evil Genius will remain unharmed.</p>     <p><b>Key Words</b></p>     <p>Hoyos, Descartes, Stroud, Dancy, skepticism, indirect realism, direct realism, closure principle.</p> <hr size="1">     <p>Diana Hoyos Vald&eacute;s afirma (2006) que el presupuesto sobre el cual se construyen los argumentos esc&eacute;pticos consiste en aceptar que nunca percibimos directamente los objetos externos. Nuestra creencia en la existencia de dichos objetos depende, no de nuestro contacto directo con ellos, sino de que los inferimos a partir de las sensaciones que nuestros sentidos captan de ellos. Este presupuesto es reconocido como "realismo indirecto&quot;, i.e., la tesis de que nunca percibimos directamente los objetos. Para la profesora Hoyos Vald&eacute;s, si se niega este presupuesto y se opta por una teor&iacute;a de la percepci&oacute;n en donde los objetos externos son captados directamente en nuestra sensaci&oacute;n, "realismo directo&quot;, estos argumentos esc&eacute;pticos ser&iacute;an infundados. La profesora dice:</p> <ul>    <p>"En l&iacute;neas similares, en la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea se ha desarrollado una tendencia que se denomina "realismo directo&quot; seg&uacute;n la cual percibimos directamente objetos externos. Si esta tendencia apunta en la direcci&oacute;n correcta, entonces la base de las dudas epistemol&oacute;gicas cl&aacute;sicas del escepticismo se cae&quot;.</p>    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos se resolver&iacute;an, entonces, si se parte de una adecuada teor&iacute;a de la percepci&oacute;n.</p>     <p >Tratar&eacute; de mostrar que el escepticismo cartesiano es consistente tanto con el realismo directo como con el realismo indirecto, y que su base real revela la estructura l&oacute;gica de los persistentes problemas filos&oacute;ficos que parecen irresolubles. Por un lado, tenemos una creencia que consideramos incontrovertible y a la que nos sentimos incapaces de renunciar, pero, por otro lado, tenemos otra creencia inconsistente y contradictoria con la primera, e igualmente irrenunciable. Creemos en <i>p</i> y a la vez creemos en <i>q</i>, pero una vez que hemos analizado cr&iacute;tica y no rutinariamente a <i>p</i> y a <i>q</i>, caemos en la cuenta de que creer en <i>p</i> har&iacute;a imposible <i>q</i>;o de creer en <i>q</i> se har&iacute;a imposible <i>p</i>. As&iacute;, creemos que podemos tener conocimiento del mundo externo. A esto lo podemos llamar <i>p</i>. Por otra parte, reconocemos que es posible confundir nuestras experiencias del mundo externo con los sue&ntilde;os, a esto lo podemos llamar <i>q</i>.Pero para saber algo del mundo externo tenemos que poder distinguir clara e incontestablemente los sue&ntilde;os de la realidad. As&iacute; que, &iquest;c&oacute;mo podemos saber que <i>p</i> si es posible <i>q</i>?<i>;</i> si <i>q</i> es posible, como parece serlo, no es verdad <i>p</i>.</p>     <p >Para el primer prop&oacute;sito, mostrar&eacute; que la cr&iacute;tica de Hoyos falla, pues el escepticismo cartesiano no depende de ninguna teor&iacute;a de la percepci&oacute;n. Intentar&eacute; aclarar c&oacute;mo asume Hoyos el realismo directo y el realismo indirecto.</p>     <p >Tanto el realismo directo como el realismo indirecto presuponen lo que podemos llamar realismo. &Eacute;sta teor&iacute;a, a diferencia de las dos anteriores, no es una teor&iacute;a de la percepci&oacute;n sino un posici&oacute;n ontol&oacute;gica. No explica c&oacute;mo percibimos el mundo, sino que aclara cu&aacute;les son las posibles condiciones de ser de las cosas. Espec&iacute;ficamente, el realismo directo y el realismo indirecto coinciden con la posici&oacute;n ontol&oacute;gica llamada "realismo externo&quot;. Seg&uacute;n &eacute;sta, el mundo tiene un modo de ser que es independiente del sujeto. John Searle (1997), defensor del realismo externo, lo caracteriza diciendo que es la concepci&oacute;n seg&uacute;n la cual las cosas tienen un modo de ser que es l&oacute;gicamente independiente de las m&uacute;ltiples maneras de representaci&oacute;n humana. Decimos, entonces, que tanto para el realismo directo como para el realismo indirecto, el mundo tiene un modo de ser que es independiente de la percepci&oacute;n. Ambas teor&iacute;as suponen que los objetos externos tienen unas propiedades y una existencia continua que no est&aacute; condicionada por los perceptores. Establecer la naturaleza de dichas propiedades no es el asunto sobre el que discurren, sino sobre el tipo de relaci&oacute;n que se da entre las percepciones y el mundo que existe independiente de ellas. Si estas definiciones son adecuadas, un escepticismo que presuponga el realismo indirecto, no cuestiona la existencia de un mundo independiente de las representaciones, sino la posibilidad de que, a trav&eacute;s de nuestras percepciones, tengamos un acceso directo a &eacute;l.</p>     <p >Para el realismo indirecto, el tipo de relaci&oacute;n entre las cosas y las percepciones es inferencial. Un perceptor nunca percibe directamente los objetos, sino que a partir de sus sensaciones los infiere. Las sensaciones son el intermediario entre el perceptor y el objeto, y &eacute;stas no revelan directamente ninguna propiedad del objeto. A lo sumo, las sensaciones captadas por los sentidos son s&oacute;lo signos de las cosas o sus propiedades, pero nunca muestran lo que &eacute;stas intr&iacute;nsecamente puedan ser. Las mesas, los muros, los edificios que captamos directamente a trav&eacute;s de nuestras sensaciones no son realmente las mesas, los muros y edificios que pueblan exteriormente el mundo. Pero de los primeros inferimos la existencia de los segundos. A la manera de un espejo, nuestra mente est&aacute; en relaci&oacute;n inmediata con el reflejo de las cosas, pero nunca puede ir directamente a las cosas reflejadas; del reflejo derivamos nuestras creencias en las cosas reflejadas.</p>     <p >En consecuencia, el realismo indirecto supone un intermediario entre los objetos y la mente. Este intermediario son las percepciones que, por inferencia, de &eacute;stas derivamos nuestro conocimiento de los objetos. Esta teor&iacute;a de la percepci&oacute;n, as&iacute; formulada, arrastra hacia el escepticismo del conocimiento del mundo externo, pues permite implicar que con las percepciones obtenemos escenas de las cosas, pero a la manera de una obra de teatro. Estos escenarios no tienen que corresponderse con los sucesos tal y como se dan en el mundo. La inferencia de los datos sensoriales a las cosas no es una inferencia concluyente. Siempre queda la posibilidad que lo que estamos percibiendo no tenga como correlato en el mundo externo un estado de cosas similar al que est&aacute; en nuestra mente. Cito textualmente a Hoyos Vald&eacute;s, esperando que la anterior caracterizaci&oacute;n del realismo indirecto sea consecuente con el sentido de lo que ella expresa cuando dice:</p> <ul>    <p>Lo que tienen en com&uacute;n estos argumentos es cierto supuesto acerca de la relaci&oacute;n entre nuestras percepciones y el mundo externo. Este supuesto es una tesis sobre la naturaleza de la percepci&oacute;n que, en pocas palabras, consiste en que nunca percibimos directamente los objetos externos. En pocas palabras, el argumento esc&eacute;ptico presupone que las relaciones entre la percepci&oacute;n y nuestras creencias sobre el mundo externo son <i>inferenciales:</i> inferimos tales creencias a partir de los datos que recibimos en la percepci&oacute;n.</p>    </ul>     <p >Podemos caracterizar el realismo directo en contraste con el realismo indirecto. As&iacute;, mientras para el realismo indirecto un sujeto (S) nunca percibe directamente un estado de cosas del mundo externo (E), sino ideas o representaciones (R), las cuales son signos y premisas para inferir (E), para el realismo directo es falso que la relaci&oacute;n del sujeto (S) con el mundo externo (E), est&eacute; mediada necesariamente por las ideas o representaciones (R). En condiciones normales percibimos directamente las cosas. Las percepciones, como otros estados mentales, no son algo, no son cosas adicionales que medien entre el sujeto y el mundo externo, y con las que el sujeto al estar directamente relacionado infiera estados de cosas del mundo externo. Del mismo modo que los estados mentales como el dolor, la tristeza, la felicidad, no son entidades adicionales entre el mundo y el sujeto. Las percepciones no son cosas adicionales que se interpongan entre el mundo y nuestra mente. Ambas teor&iacute;as de la percepci&oacute;n se pueden presentar de la siguiente forma:</p>     <p >Para el realista indirecto: S &#8213; (R) &rarr; E</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p >Para el realista directo, en condiciones normales: S &#8213; E</p>     <p >El escepticismo cartesiano, entonces, en tanto parte del realismo indirecto, consistir&iacute;a en presuponer que, como no tenemos un contacto directo con el mundo externo, es posible que un demonio enga&ntilde;ador est&eacute; construyendo una pel&iacute;cula entre nuestra mente y el mundo. Esta pel&iacute;cula no tiene por qu&eacute; corresponderse con las cosas como son independientemente de las representaciones. Puede ser que, motivado por su travesura y poder, est&eacute; caus&aacute;ndole a nuestra mente una versi&oacute;n de las percepciones completamente distorsionada de lo que las cosas realmente son y, en consecuencia, siempre est&aacute; latente la posibilidad de que nada de lo que percibimos directamente sea realmente correspondiente con las propiedades y cualidades de las cosas. El realismo directo, al eliminar el presupuesto de que entre nuestra mente y el mundo hay una pel&iacute;cula, o una regi&oacute;n de cosas que nos impide entrar en contacto directo con las cosas externas, afirmar&iacute;a que no vemos la versi&oacute;n del mundo que un demonio enga&ntilde;ador quiera proyectar, pues tal versi&oacute;n, con todos sus escenarios y cosas, no existe. Lo que tenemos en nuestra percepci&oacute;n son las cosas mismas que pueblan el mundo externo.</p>     <p >Espero que lo anterior capte el sentido en el que Hoyos asume la teor&iacute;a de la percepci&oacute;n denominada realismo indirecto, y la manera como esta teor&iacute;a opera en los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos. No sobra terminar con una cita de la profesora:</p> <ul>    <p>Para simplificar y relacionar el realismo directo con el problema esc&eacute;ptico, podemos decir lo siguiente. El supuesto acerca de la naturaleza de la percepci&oacute;n en el cual se basa el tipo de escepticismo radical adelantado por los argumentos del genio maligno y del cerebro en una cubeta es falso. Es falso porque cosifica inadecuadamente la percepci&oacute;n. As&iacute;, una vez eliminada esta presuposici&oacute;n, las dudas esc&eacute;pticas radicales se caen.</p>    </ul>     <p >Mi afirmaci&oacute;n de que los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos no dependen, en esencia, de ninguna teor&iacute;a de la percepci&oacute;n, se justifica en el llamado principio de cierre. Se puede asumir el realismo directo o el realismo indirecto y, no obstante, los argumentos esc&eacute;pticos se sostienen, pues lo que realmente presuponen ellos es el llamado principio epistemol&oacute;gico de cierre. Intentar&eacute; mostrar que el principio de cierre es tan simple e incontrovertible que dif&iacute;cilmente puede negarse su adopci&oacute;n.</p>     <p >Antes de describir el principio de cierre es importante mostrar que los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos, en tanto escepticismo epistemol&oacute;gico, cuestionan el tipo de saber llamado proposicional. Bajo la distinci&oacute;n expuesta por Gilbert Ryle entre "saber hacer&quot; y "saber que&quot;, los argumentos cartesianos se dirigen al "saber que&quot;, o saber de una proposici&oacute;n. Mientras que el "saber hacer&quot; hace alusi&oacute;n al tipo de saber consistente en saber realiza una actividad, como nadar o montar en bicicleta, el "saber que&quot; se&ntilde;ala el tipo de relaci&oacute;n que un sujeto puede tener con una proposici&oacute;n, en este caso, la de conocimiento. As&iacute;, entendiendo que los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos eval&uacute;an nuestras proposiciones, en este caso, sobre el mundo externo, pasemos a describir el principio de cierre, y mostrar c&oacute;mo &eacute;ste robustece los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos, hasta el punto en que adoptar cualquier teor&iacute;a de la percepci&oacute;n, en el intento por refutarlos, se vuelve irrelevante.</p>     <p>Jonathan Dancy, en su libro <i>Introducci&oacute;n a la epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea</i>, describe el principio de cierre, el cual hace expl&iacute;cita una consecuencia que entra&ntilde;a el "saber que&quot;. El principio reza que si <i>a</i> sabe que <i>p</i> y sabe que <i>p</i> implica <i>q</i>, entonces <i>a</i> sabe que <i>q</i>. Aclaremos con un ejemplo:</p>     <p>Si <i>a</i> (Antonio) sabe que <i>p</i> (el campe&oacute;n del mundial de f&uacute;tbol de 2006 fue Italia), y si <i>a</i> (Antonio) sabe que <i>p</i> (el campe&oacute;n del mundial de f&uacute;tbol de 2006 fue Italia) implica <i>q</i> (el campe&oacute;n del mundial de f&uacute;tbol de 2006 fue un equipo europeo), entonces <i>a</i> (Antonio)sabe que <i>q</i> (el campe&oacute;n del mundial de f&uacute;tbol de 2006 fue un equipo europeo):</p>     <p>PC: [S<i>ap</i> &#8710; Sa (<i>p</i> &rarr; <i>q</i>)] &rarr; S<i>aq</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p >Dancy dice: "Lo que este principio afirma es que si <i>a</i> sabe que <i>p</i> y que <i>p</i> implica <i>q</i>, en este caso <i>a</i> tambi&eacute;n sabe que <i>q</i>; siempre sabemos que son verdad las proposiciones que sabemos que son consecuencia de una proposici&oacute;n que sabemos&quot; (Dancy 1993: 25). El principio simplemente afirma que, en tanto las conclusiones de las implicaciones que conocemos se han derivado de proposiciones que conocemos, entonces, tambi&eacute;n conocemos esas conclusiones. Perm&iacute;taseme otro ejemplo para ilustrar la simplicidad del principio: si Pedro sabe que Juan perdi&oacute; el curso, y Pedro sabe que perder el curso implica sacar menos de tres en la nota, Pedro sabe que Juan sac&oacute; menos de tres en la nota.</p>     <p >Descrito el principio de cierre, veamos c&oacute;mo puede robustecer los argumentos esc&eacute;pticos cartesianos, haciendo irrelevante para su r&eacute;plica el adoptar cualquier teor&iacute;a de la percepci&oacute;n. Partamos del argumento del sue&ntilde;o.</p>     <p>El argumento del sue&ntilde;o es una de las pruebas de que se vale Descartes para establecer la capacidad de las proposiciones de entregarnos conocimiento del mundo. Descartes reclama como condici&oacute;n para el conocimiento del mundo externo el que se pueda distinguir el estado del sue&ntilde;o del de vigilia. Su exigencia no parece descabellada. En su &aacute;nimo de someter a prueba el conocimiento, ve en la posibilidad del sue&ntilde;o una buena prueba. Es com&uacute;n que las personas sue&ntilde;en y que lo ocurrido en este estado no sea digno de cr&eacute;dito. Pero si no existen indicios certeros que diferencien el estado del sue&ntilde;o del de vigilia, &iquest;c&oacute;mo asegurar que algunas de nuestras proposiciones sean realmente obtenidas del mundo externo? El argumento del sue&ntilde;o de Descartes demanda distinguir entre los escenarios del sue&ntilde;o y las percepciones del mundo externo. La distinci&oacute;n es necesaria, pues si no hace, &iquest;c&oacute;mo asegurar que una proposici&oacute;n corresponda a un estado de cosas del mundo, y no a las im&aacute;genes fantasiosas creadas en los sue&ntilde;os? Barry Stroud explica la exigencia de Descartes en un claro ejemplo:</p> <ul>    <p>Supongamos que mientras miro por la ventana hago saber de manera casual que hay un jilguero en el jard&iacute;n. Si me preguntan que c&oacute;mo s&eacute; que es un jilguero y respondo que es amarillo, todos estar&iacute;an de acuerdo en que en una situaci&oacute;n normal esto no es suficiente para que se trate de conocimiento. "Por todo lo que has dicho hasta ahora&quot;, podr&iacute;a replicarse, "esa cosa podr&iacute;a ser un canario, &iquest;c&oacute;mo sabes por tanto que es un jilguero?&quot; se ha presentado cierta posibilidad que es compatible con todo lo que he dicho hasta aqu&iacute;, y si lo que he dicho hasta este momento es todo lo que puede decirse y no estoy seguro de que lo que est&aacute; en el jard&iacute;n no es un canario, entonces no s&eacute; que hay un jilguero en el jard&iacute;n. Debo descartar la posibilidad de que sea un canario si he de saber que es un jilguero (Stroud, 1991: 31-2).</p>    </ul>     <p>La posibilidad de que haya un jilguero en el jard&iacute;n es incompatible con la de que sea un canario y, por lo tanto, es sensato exigir que, para saber si hay un jilguero en el jard&iacute;n, se muestre que no es un canario. Si se dice desde el realismo directo que lo que estoy percibiendo no son mis estados internos, como un sue&ntilde;o, sino las cosas directamente y que, por lo tanto, mi exigencia es infundada, es claro que el realista directo cae en una petici&oacute;n de principio. Como se&ntilde;ala Barry Stroud, la exigencia de Descartes de distinguir entre el sue&ntilde;o y la vigilia obliga a adoptar un criterio que permita distinguir los sue&ntilde;os de las cosas que realmente existen. La misma exigencia puede formul&aacute;rsele al realista directo: &iquest;qu&eacute; criterio nos permite distinguir nuestras percepciones directas de las cosas de aquellas percepciones que se dan en los sue&ntilde;os? Para establecer una prueba que permita distinguir la vigilia del estado de sue&ntilde;o hay que tener el conocimiento de tal prueba, pero siempre cabe la posibilidad que tal prueba sea el resultado de un fantasioso sue&ntilde;o. Incluso en caso de que se pudiera conocer tal prueba, la aplicaci&oacute;n adecuada de la misma supone que primero se sabe que no se est&aacute; so&ntilde;ando, y esto es justamente lo que se busca con la prueba. Stroud lo expone claramente cuando escribe:</p> <ul>    <p>Para saber que la prueba ha sido llevada a cabo o que se da el estado de cosas en cuesti&oacute;n, Descartes necesitar&iacute;a establecer por consiguiente que no est&aacute; simplemente so&ntilde;ando, que realiza con &eacute;xito la prueba o que establece que se da el estado de cosas. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a a su vez saberse esto? Obviamente la prueba o el estado de cosas particular ya en duda no puede servir como garant&iacute;a de su propia autenticidad, pues podr&iacute;an haber sido s&oacute;lo so&ntilde;ados, de modo que ser&iacute;a necesario otra prueba o estados de cosas para indicar que la prueba original fue realmente realizada y no simplemente so&ntilde;ada, o que el estado de cosas en cuesti&oacute;n fue en verdad comprobado y no se so&ntilde;&oacute; simplemente que se daba. Pero esta otra prueba o estado de cosas est&aacute; sujeta a la misma condici&oacute;n general a su vez (<i>Ib&iacute;d.</i>: 30).</p>    </ul>     <p>Como dice Descartes: "Y deteni&eacute;ndome en este pensamiento, veo tan manifiestamente que no existen indicios concluyentes ni se&ntilde;ales lo bastante ciertas por medio de las cuales pueda distinguir con nitidez la vigilia del sue&ntilde;o&quot;. Como veremos a continuaci&oacute;n el principio de cierre lo exige, hasta el punto que si no se puede obtener, independientemente de que las cosas se perciban o no directamente, no se puede saber nada del mundo externo. As&iacute;, considerando el argumento del sue&ntilde;o desde el principio de cierre, tenemos que <i>a</i> sabe que <i>p</i>, (cualquier proposici&oacute;n), y <i>a</i> sabe que <i>p</i> implica <i>q</i> (no est&aacute; so&ntilde;ando), entonces <i>a</i> sabe que <i>q</i> (no est&aacute; so&ntilde;ando). Si aplicamos un simple <i>modus tollens</i>, como <i>a</i> no sabe que <i>q</i> (no est&aacute; so&ntilde;ando), entonces <i>a</i> no sabe que <i>p</i> (cualquier proposici&oacute;n sobre el mundo externo):</p>     <p>PC: [S<i>ap</i> &#8710; Sa (<i>p</i> &rarr; <i>q</i>)] &rarr; S<i>aq</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>~S<i>aq</i></p>     <p> ~S<i>ap</i></p>     <p>De ah&iacute; que como <i>~q</i> (como no se sabe que no se est&aacute; so&ntilde;ando), entonces <i>~p</i> (no se sabe nada del mundo externo).</p>     <p >En conclusi&oacute;n, el escepticismo cartesiano t&iacute;pico sobre nuestro conocimiento del mundo externo no descansa en ninguna teor&iacute;a de la percepci&oacute;n, sino en la exigencia de un criterio que permita distinguir los sue&ntilde;os, en los que, s&oacute;lo tenemos nuestras propias percepciones y la vigilia, en la que podemos tener la percepci&oacute;n directa de los objetos. Sin tal criterio, el escepticismo se mantiene.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. DANCY, J. (1993) <i>Introducci&oacute;n a la epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea</i>, Madrid, Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0124-6127200700020001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. DESCARTES, R. (1986) <i>Meditaciones metaf&iacute;sicas</i>. En <i>Obras escogidas</i>, Buenos Aires, Charcas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0124-6127200700020001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. HOYOS, D. "Teor&iacute;as de la virtud: un nuevo enfoque de la epistemolog&iacute;a (PARTE II) Desaf&iacute;os externos y lucha interna<i>&quot;</i>. En <i>Discusiones filos&oacute;ficas</i>, Vol. 7, No 10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0124-6127200700020001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. PLAT&Oacute;N, (2003) <i>Teetetes</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0124-6127200700020001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. RYLE, G. (1967) <i>El concepto de lo mental</i>, Buenos Aires, Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0124-6127200700020001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. SEARLE, J. (1997) <i>La construcci&oacute;n de la realidad social</i>, Barcelona, Paid&oacute;s b&aacute;sica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0124-6127200700020001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. STROUD, B. (1991) <i>El escepticismo filos&oacute;fico y su significaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0124-6127200700020001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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