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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><b>EDITORIAL</b> </p>      <p align="center"><font size="4"><b>Management en &eacute;pocas de crisis</b></font></p>     <p><b>Dagoberto P&aacute;ramo Morales</b><sup><a href="#aff1">1</a></sup></p>      <p><a name="aff1">1</a> Editor</p>     <p>S in duda uno de los turbadores retos que deben afrontar los estrategas y los expertos de la administraci&oacute;n contempor&aacute;nea es el de tomar decisiones en un entorno lleno de inestabilidades e incertidumbres como el que actualmente se experimenta. La falta de experiencia de quienes deben decidir en un alborotado mundo donde las amenazas emergen por doquier hace de esta tarea un proceso mucho m&aacute;s complejo que antes. En estos aciagos momentos no siempre la usanza de lo que en el pasado se ha hecho sirve como referente del camino a recorrer, m&aacute;s bien se transforma en un h&aacute;ndicap negativo para afrontar el caos que generalmente reina cuando las cosas se salen de su &quot;curso normal&quot;. El poco o nulo contacto con las embrolladas, tr&eacute;mulas y novedosas circunstancias resultado de los apuros internacionales, nacionales o regionales, hacen m&aacute;s ininteligibles las medidas a implementar.</p>      <p>La forma de abordar estos in&eacute;ditos acontecimientos que por momentos brotan de improviso, su proceso de estudio y an&aacute;lisis, los mecanismos aplicados para su verdadera comprensi&oacute;n, y la actitud mental que se debe asumir para la implementaci&oacute;n de las decisiones, han inducido a muchas empresas a modificar de forma radical sus tradicionales procedimientos de trabajo. A pesar del florecimiento de la incertidumbre como un ignorado componente al que no se est&aacute; acostumbrado a enfrentar, algunas organizaciones no logran inmutarse ante la amenaza que se cierne sobre su propia sostenibilidad. Son muy pocas las que se obligan a descubrir creativas y revolucionarias soluciones que sacudan sus cimientos y les proporcionen suficientes herramientas operativas para soportar la batahola que se les avecina. Algunas prefieren quedarse pasmadas esperando una suerte de milagro divino que por arte de birlibirloque les ilumine el sendero. El titubeo estrat&eacute;gico parece ser su principal mecanismo de defensa.</p>      <p>Estas nuevas y extra&ntilde;as circunstancias surgen como una verdadera talanquera en el proceso de comprensi&oacute;n de las profundidades, los matices y los expresos s&iacute;ntomas de cada una de estas inesperadas situaciones. La ambig&uuml;edad, la fe y la esperanza ganan protagonismo apoder&aacute;ndose de la racionalidad del ejecutivo y su equipo de trabajo. Para su tranquilidad, son muchas las f&oacute;rmulas y las recetas que los diferentes libros de texto recomiendan y que parecen l&oacute;gicas. Sugerencias que por lo gen&eacute;rico de su acepci&oacute;n han servido m&aacute;s bien de excusa para decidir sin mayor reflexi&oacute;n sobre su esencia. A veces por moda se adoptan medidas que no responden a los reales acontecimientos vividos en el seno de los mercados o, tambi&eacute;n, sin mayores argumentos, se suponen tendencias y se aventuran estrategias y programas que deterioran a&uacute;n m&aacute;s la posici&oacute;n competitiva de las organizaciones. Mientras que para algunos gerentes los primeros s&iacute;ntomas de la problem&aacute;tica detectada los aletargan esperando imp&aacute;vidos que las condiciones cambien por s&iacute; solas, para otros altos ejecutivos, tales manifestaciones son una especie de explosivas alarmas que a todos debe mover no importa si no se dispone de una clara perspectiva estrat&eacute;gica. &quot;Algo tenemos que hacer&quot; parece ser su consigna.</p>      <p>En cualquier caso la mayor&iacute;a de las decisiones tomadas desembocan en lo que parece ser la esencia del pensamiento estrat&eacute;gico para &eacute;pocas de estremecimiento del entorno: disminuir costos a costa de lo que sea. No son pocas las ocasiones en las que sin visualizar con claridad sus efectos en el largo plazo se reducen costos sin mirar el espectro completo del contexto y sus inexploradas implicaciones. Se impone la inmediatez al d&aacute;rsele preferencia a los flujos de liquidez en el corto plazo por encima de su impacto futuro. Un indiscriminado recorte apuntalado en enigm&aacute;ticos y casi m&aacute;gicos porcentajes de disminuci&oacute;n de costos se convierte en una suerte de guillotina estructural. Solo se quiere mirar, con cierta imperceptible sa&ntilde;a, los procesos internos en detrimento de los hechos que rodean la acci&oacute;n organizacional. La energ&iacute;a colectiva se concentra en &quot;descifrar&quot; lo superfluo, lo &quot;desechable&quot;, lo &quot;intrascendente&quot;.</p>       <p>En este sentido, no es extra&ntilde;o ver en muchas organizaciones que la m&aacute;s &quot;inteligente&quot; de las pr&aacute;cticas &quot;estrat&eacute;gicas&quot; es la de recortar todo aquello que el &quot;sentido com&uacute;n&quot; insin&uacute;a imponi&eacute;ndose, incluso, la llamada &quot;sabidur&iacute;a popular&quot;. Se contratan &quot;expertos&quot; en contraer presupuestos a como d&eacute; lugar sin considerar, infortunadamente, la din&aacute;mica de los mercados servidos. Se &quot;inventan&quot; medidas que solo contemplan la realidad interna de la organizaci&oacute;n someti&eacute;ndola a la implacabilidad de un prodigioso bistur&iacute; &quot;estrat&eacute;gico&quot;. Se diseccionan los procesos construidos con el concurso de todos. Los individuos que fueron pieza clave son convertidos en insignificantes fichas de un ajedrez que cada vez menos los necesita. La deshumanizaci&oacute;n cunde por doquier. Algunas de las partidas presupuestales que en otrora fueron vistas como una inversi&oacute;n comienzan a sufrir irrefrenables mutaciones: ahora son gastos, lujos que no se pueden soportar.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y si bien algunas de estas medidas han sido consideradas saludables para las finanzas organizacionales en el presente, sus efectos en el largo plazo son casi siempre funestos. Algunas razones pueden esgrimirse. Por un lado, al no contemplarse lo que sucede en el contexto inmediato es dif&iacute;cil comprender el tama&ntilde;o de la crisis. No basta con registrar una sensible reducci&oacute;n de las ventas proyectadas si no se auscultan las genuinas causas de lo que est&aacute; produciendo tal inesperada situaci&oacute;n. Los cambios del entorno no afectan de igual manera a todos los sectores. Los errores de apreciaci&oacute;n pueden salir bastante costosos porque se pueden desatender nichos que en el futuro toman revancha de los maltratos recibidos. O se puede perder la valiosa presencia en ciertos mercados que por el cortoplacismo prevaleciente pueden ser vistos como muy costosos de atender en la actualidad. Y lo peor es que, por intentar solucionar el terremoto coyuntural que sacude a la organizaci&oacute;n, es posible extraviar la perspectiva estrat&eacute;gica construida a lo largo de la existencia de la organizaci&oacute;n.</p>      <p>Por otro lado, al mirar solo lo que se puede recortar dentro de la organizaci&oacute;n se pierde de vista el impacto psicol&oacute;gico que estas indiscriminadas medidas producen en el alma y el sentimiento de sus empleados. La desmotivaci&oacute;n frena la pasi&oacute;n por lo que se hace. Las lealtades son erosionadas. No solo se pierde el horizonte de trabajar mirando la realidad de los mercados y la exigencia de sus clientes, sino que se prioriza la ciega obediencia al jefe por el temor de ser despedido. Se cumple con lo m&iacute;nimo en tanto se encuentran otras alternativas de empleo m&aacute;s atractivas y de mejores ingresos. Todo se trastoca. La iniciativa individual se circunscribe a &quot;hacer solo lo que corresponde&quot; y el empuje innovador se traspapela entre la angustia y la desaz&oacute;n.</p>      <p>Ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a podamos romper las tradicionales ataduras que aunque nos tranquilizan hacen parte de la ortodoxia que nos caracteriza en esa zona de hipn&oacute;tica confortabilidad en la que preferimos existir. Es necesario romper la cl&aacute;sica monoton&iacute;a de decisi&oacute;n que nos caracteriza en la inevitable e impostergable lucha por encontrar rentables caminos que aseguren la supervivencia organizacional. Es claro, una ventaja competitiva sostenible solo se puede hallar cuando en un mismo escenario convergen el mundo externo a la organizaci&oacute;n y su particular realidad interna. Asimismo, debe encontrarse y conservarse un estrat&eacute;gico balance entre el duro presente y el incierto futuro con el cual sea posible garantizar un equilibrio entre las decisiones coyunturales y las asociadas con todo lo estructural. Al menos esa ha sido la experiencia de muchas empresas que apoyadas en sus infinita capacidad de adaptaci&oacute;n al cambiante entorno de los negocios, han sabido mantener su potencia competitiva de acuerdo con las realidades en las que se desenvuelven. Por ello cualquier estrategia de &quot;choque&quot; frente al advenimiento de cualquier tipo de crisis debe considerar el estudio, el an&aacute;lisis, y la interpretaci&oacute;n del entorno en sus reales condiciones por un lado, y el diagn&oacute;stico real de la capacidad organizacional de responder a estos coyunturales desaf&iacute;os, por el otro. La br&uacute;jula organizacional tiene que ser una respuesta mesurada que permita sortear la sinuosidad de los pasos que se puedan emprender y no la ins&iacute;pida repetici&oacute;n de prescripciones probada por otros en otras condiciones que nadie puede asegurar sean las adecuadas. El debate est&aacute; abierto.</p>       </font>      ]]></body>
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