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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Jóvenes, sexualidad y políticas. Salud sexual y reproductiva en Colombia (1992-2005)]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Ciencias y Educación ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p>    <center><font size="4"><b>J&oacute;venes, sexualidad y pol&iacute;ticas.    <br> Salud sexual y reproductiva en Colombia    <br> (1992-2005)<sup>*</sup></b></font></center></p>     <p>    <center>Morales Mar&iacute;a Carolina (2010), Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia Sede Bogot&aacute;, Facultad de Odontolog&iacute;a, Departamento de Salud Colectiva, Direcci&oacute;n de Investigaciones, Programa Interfacultades de Doctorado en Salud P&uacute;blica, 360 p&aacute;ginas.</center></p>      <p>    <center>Por Germ&aacute;n Mu&ntilde;oz-Gonz&aacute;lez<sup>**</sup></center></p>     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup>*</sup> Texto publicado con base en la tesis doctoral sobre el mismo tema de Mar&iacute;a Carolina Morales Borrero de la Universidad Nacional de Colombia.    <br> <sup>**</sup> Doctor en Ciencias Sociales, Ni&ntilde;ez y Juventud de la Universidad de Manizales-CINDE. Investigador y docente de la Facultad de Ciencias y Educaci&oacute;n de la Universidad Distrital Francisco Jos&eacute; de Caldas, Bogot&aacute;. Direcci&oacute;n de correspondencia: Av. Calle 39 No. 7-84, Apto. 503, Bogot&aacute; (Colombia). Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:gmunozg2000@yahoo.es">gmunozg2000@yahoo.es</a></p>      <p>Fecha de recepci&oacute;n: 24-11-2010 Fecha de aceptaci&oacute;n: 08-03-2011</p> <hr>      <p>En los a&ntilde;os que llevo trabajando en temas relacionados con j&oacute;venes y pol&iacute;ticas de juventud no hab&iacute;a le&iacute;do un trabajo tan cuidadoso y pertinente. Es un admirable aporte a la lectura cr&iacute;tica de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de juventud, espec&iacute;ficamente en el &aacute;mbito de la sexualidad.</p>     <p>Mar&iacute;a Carolina Morales acierta al poner el acento en su aproximaci&oacute;n socio-hist&oacute;rica sobre dos t&oacute;picos que quiero resaltar:</p>     <p><ol>- El an&aacute;lisis comparativo entre dos poblaciones estrat&eacute;gicas en temas de pol&iacute;ticas sociales: los j&oacute;venes y las mujeres.    </ol></p>     <p><ol>- La mirada l&uacute;cida en un asunto central: el cuerpo.    </ol></p>     <p>Much&iacute;simos otros elementos han llamado mi atenci&oacute;n en la lectura del libro, que he disfrutado de comienzo a fin:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><ol>- La periodizaci&oacute;n y los &eacute;nfasis marcados en una l&iacute;nea que, ciertamente, aunque se mueve, persiste en marcados enfoques moralistas, centrados en la prevenci&oacute;n y el riesgo; en una dif&iacute;cil contienda por el reconocimiento de los derechos, en medio de una creciente discriminaci&oacute;n y persecuci&oacute;n a los j&oacute;venes en el contexto de la &quot;seguridad democr&aacute;tica&quot;, que para ellos se ha traducido en &quot;toque de queda&quot;, &quot;falsos positivos&quot; y &quot;panfletos&quot; amenazantes.    </ol></p>     <p><ol>- El fino seguimiento a la evoluci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, intentos muchas veces fallidos de crear una institucionalidad que atienda los problemas prioritarios en los mundos de vida, en la cotidianidad de estos actores sociales; las conclusiones dan pautas b&aacute;sicas para un replanteamiento de fondo.    </ol></p>     <p><ol>- La acertada elecci&oacute;n del objeto de estudio, indudablemente central en la construcci&oacute;n de la condici&oacute;n juvenil: la sexualidad es clave definitoria de la subjetividad juvenil contempor&aacute;nea.    </ol></p>     <p><ol>- El enfoque utilizado para el an&aacute;lisis: la contienda pol&iacute;tica, ubicada en cuatro escenarios de disputa, permite observar y hacerse un juicio acerca de la forma como se construyen las pol&iacute;ticas en t&eacute;rminos de acontecimiento.    </ol></p>     <p>Sin embargo, a mi parecer, los replanteamientos tanto de la pol&iacute;tica social como de las pol&iacute;ticas culturales se hacen hoy en dos asuntos prioritarios que adquieren inmensa importancia en relaci&oacute;n con j&oacute;venes y mujeres (en general, con pol&iacute;ticas poblacionales):</p>     <p><ol>- el cuerpo y    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol></p>     <p><ol>- la diversidad y la diferencia.    </ol></p>     <p><font size="3"><b>1. El cuerpo y la corporizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica social</b></font></p>     <p>El primero de ellos tiene relaci&oacute;n directa con el tema que define la vida de los j&oacute;venes en su m&aacute;s cercana cotidianidad: el cuerpo.</p>      <p>Siendo una pieza clave en la lucha contra los dualismos, el cuerpo ha sido visto en la postmodernidad como experiencia vivida, como espacio de conocimiento y de pr&aacute;ctica discursiva, como marco conceptual para repensar las distinciones convencionales; como elemento b&aacute;sico de los movimientos sociales desde la Ilustraci&oacute;n hasta la postmodernidad. Recordemos que el desarrollo hist&oacute;rico de la ciencia social adopt&oacute; el lenguaje de la modernidad -neutral, cient&iacute;fico, l&oacute;gico y objetivo- y una lectura de los actores sociales como racionales, sin emociones y fundamentalmente &quot;descorporizados&quot;. En consecuencia, el cuerpo fue excluido de la teor&iacute;a social. Los cuerpos fueron manejados, trascendidos o simplemente ignorados. Las ciencias sociales olvidaron que los actores sociales tienen cuerpo y que la acci&oacute;n social y las instituciones son corp&oacute;reas.</p>     <p>Dejemos en claro que en <i>Vigilar y castigar </i>(1975), y m&aacute;s tarde en <i>La historia de la sexualidad </i>(1976), Foucault considera el cuerpo f&iacute;sico, emocional y sexual como central en la vida social, en la medida que habla e inte-ract&uacute;a, es disciplinado en las instituciones, es (de) sexualizado y medicalizado, es veh&iacute;culo privilegiado de la agencia... es decir, no es una entidad neutral o natural, se hace visible mediante discursos. Los cuerpos son reproducidos, regulados y ordenados como mecanismo para el ejercicio o negaci&oacute;n del poder. Poder y conocimiento est&aacute;n &iacute;ntimamente conectados y el cuerpo ocupa all&iacute; una posici&oacute;n eminente, a trav&eacute;s de dos articulaciones: el disciplinamiento y el biopoder, ejercidos en instituciones de pol&iacute;tica social como la prisi&oacute;n, el asilo, el hospital y la escuela, lugares &eacute;stos de vigilancia, control, manipulaci&oacute;n y producci&oacute;n social del cuerpo. Respecto al biopoder, el control se ejerce hoy profesionalmente mediante bases de datos acerca de morbilidad, mortalidad y niveles de salud.</p>      <p>Otra fuente importante que ha construido posiciones tanto te&oacute;ricas como emp&iacute;ricas acerca del cuerpo ha sido el feminismo, en franca lucha contra las dicotom&iacute;as: masculino/femenino, fuerte/d&eacute;bil, activo/pasivo... derivadas de la concepci&oacute;n patriarcal que reduce el cuerpo de la mujer al rol de madre reproductora, con lo cual se justifica su sometimiento socio-cultural, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, extensivo a otros cuerpos considerados inferiores o dotados de la cualidad esencial de la &quot;minor&iacute;a&quot; de edad: es el caso de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes en el tema de lo generacional.</p>     <p>Infinidad de experiencias de las mujeres muestran que es necesario superar las lecturas generalizadoras que hacen abstracci&oacute;n de las condiciones concretas en las que el cuerpo f&iacute;sico se despliega y se actualiza en diferentes cuerpos que remiten a diversas significaciones: ellas son responsables del bienestar dom&eacute;stico, del cuidado de la salud y la preparaci&oacute;n de los alimentos, de la reproducci&oacute;n y crianza de los hijos, del placer sexual, de adscripciones culturales ligadas a sentimientos de ternura y pacifismo; lo cual explicar&iacute;a su alejamiento de las armas y las acciones b&eacute;licas... aunque en paralelo el hogar regido por ellas es el epicentro de discursos moralistas, autoritarios y de control. Se trata, sin duda, de m&uacute;ltiples experiencias de cuerpo.</p>     <p>Esos cuerpos f&iacute;sicos, sexuales y emocionales que cada uno experimenta son centrales en nuestras experiencias -de <i>self, </i>salud, trabajo, juego, familia, consumo, ambiente, etc.-. El cuerpo pasa de ser un recipiente de pecado a ser un objeto de despliegue donde el <i>self se </i>manifiesta con precisi&oacute;n, es objeto de cuidado, reconstruido y representado. Como resultado de lo anterior se reubican las emociones y m&uacute;ltiples subjetividades y realidades, y se reconocen, en consecuencia, m&uacute;ltiples narrativas corporizadas. Por tanto, aparecen m&uacute;ltiples conceptos acerca de la formaci&oacute;n de la identidad y el poder, cambiantes, contradictorios, emocionales y corporizados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Espec&iacute;ficamente, la pol&iacute;tica social ha prestado m&iacute;nima atenci&oacute;n al cuerpo y la evoluci&oacute;n conceptual que lo ha convertido en un eje de la reflexi&oacute;n contempor&aacute;nea. Construido socialmente en la intersecci&oacute;n de la biolog&iacute;a y la cultura, &quot;el cuerpo en sus diversas formas es central en las pr&aacute;cticas de la misma: cuerpos discapacitados, cuerpos '&eacute;tnicos', cuerpos infantiles, cuerpos sexualizados, cuerpos ancianos, cuerpos necesitados, cuerpos en peligro, cuerpos en riesgo...&quot; (1).</p>     <p>Aunque necesariamente hay que contar con el cuerpo en las pr&aacute;cticas de bienestar, en los procesos b&aacute;sicos que se realizan con clientes y pacientes que producen, consumen, act&uacute;an, descansan, interact&uacute;an, etc., es decir, aunque est&aacute; en la pol&iacute;tica social, al menos como categor&iacute;a &uacute;til, sin embargo, el cuerpo es una &quot;presencia ausente&quot;, una entidad pre-social, un objeto que se maneja o es trabajado y no un sujeto con agencia propia... Resulta apenas obvio que el cuerpo est&eacute; en el centro de la pol&iacute;tica social, por cuanto &eacute;sta opera y funciona sobre aqu&eacute;l y todas sus pr&aacute;cticas y procesos lo asumen como un eje, en la medida que los actores sociales son corp&oacute;reos y las instituciones que definen, planifican y ejecutan la pol&iacute;tica, registran, miden, categorizan, analizan, intervienen, institucionalizan, etc., a las personas sobre las que se despliegan la experticia y los artefactos culturales, encarnadas en esta forma material subordinada.</p>     <p>La atenci&oacute;n que implementan las instituciones para detectar, evaluar y responder a las m&uacute;ltiples necesidades f&iacute;sicas, emocionales y mentales de los seres humanos y las colectividades en las que interact&uacute;an, se aplica en infinidad de asuntos que se concretan en cuerpos limitados (por la edad, las incapacidades o las carencias), cuerpos abusados y/o maltratados, cuerpos privados de libertad, cuerpos manipulados... A ellos se dirige la pol&iacute;tica social, en sentido amplio y a la vez espec&iacute;fico.</p>     <p>Las posiciones cr&iacute;ticas respecto a los procesos y las pr&aacute;cticas de la pol&iacute;tica social del bienestar que surgen de incorporar el tema del cuerpo a partir de la concepci&oacute;n foucaultiana que lo analiza como objeto de control y regulaci&oacute;n, cuestionan de fondo las manipulaciones y apropiaciones indebidas, as&iacute; como los medios coercitivos para conseguir resultados (e.d. el modelo pan&oacute;ptico). Se hace visible entonces la incompatibilidad entre las posiciones de la pol&iacute;tica social convencional y las posiciones contempor&aacute;neas que introducen polisemia en la comprensi&oacute;n de la vida social y, de paso, complejidades que dificultan el trabajo emp&iacute;rico y la intervenci&oacute;n en el &aacute;mbito del modelo del desarrollo. La principal dificultad est&aacute; en que la pol&iacute;tica social no se compromete con posiciones que proponen la agencia en campos como g&eacute;nero, generaci&oacute;n, etnia y discapacidad. No le resulta f&aacute;cil ni entiende c&oacute;mo superar las concepciones biologistas que reducen el cuerpo femenino a cuerpo no-masculino, el cuerpo juvenil a cuerpo inmaduro, el cuerpo negro a cuerpo no-blanco, el cuerpo discapacitado a cuerpo anormal o disfuncional... Llega a considerar que ser&iacute;a un retroceso concebir una pol&iacute;tica social centrada en el cuerpo de sujetos con agencia y no en clientes que son objeto de atenci&oacute;n dentro de estructuras verticales.</p>     <p>El desaf&iacute;o se plantea en pensar de otra forma, en mover las fronteras de la teor&iacute;a y la investigaci&oacute;n, acerc&aacute;ndose a la cotidianidad de la vida. Lo cual se traduce en abrir espacios m&aacute;s all&aacute; de temas can&oacute;nicos como la salud, la educaci&oacute;n y el trabajo, m&aacute;s all&aacute; de la tradici&oacute;n de intervenir con base en la focalizaci&oacute;n emp&iacute;rica que ha trazado unos l&iacute;mites, en atreverse a enfrentar la novedad que introducen cuerpos atravesados por pr&aacute;cticas de transexualidad, virtualidad, modificaci&oacute;n f&iacute;sica, alteraci&oacute;n de los estados de conciencia... que afectan &iacute;ntimamente los discursos, las agendas y las representaciones, los espacios de an&aacute;lisis, las nuevas significaciones sociales, y que implican pr&aacute;cticas sustantivamente diferentes de pol&iacute;tica social, sin que todo lo anterior sea una cortina de humo que enmascare el desarrollo social y/o evite ver las inequidades y los diferenciales de poder.</p>     <p>Cuando me refiero a &quot;cuerpo&quot; no s&oacute;lo pienso en cuerpos individuales. De hecho, en el &aacute;rea de la salud se le concibe como un objeto an&oacute;nimo y &quot;paciente&quot; del cual dispone el m&eacute;dico, y en el caso de los discapacitados es ignorado; probablemente el cuerpo juvenil por su misma exhuberancia es relativamente molesto e irritable, por cuanto es objeto asociado al consumo y la experimentaci&oacute;n. Asociado a variables como g&eacute;nero, raza y generaci&oacute;n, nos impulsa a nuevos campos de an&aacute;lisis en el dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de una pol&iacute;tica social que no olvide el biopoder y las redes. Y permite asomarnos a t&oacute;picos espec&iacute;ficos como la presencia del cuerpo en el trabajo diario, en las organizaciones e instituciones y en las pr&aacute;cticas discursivas (2).</p>     <p>Ocuparse cotidianamente de &quot;cuerpos ajenos&quot; en las instituciones que atienden servicios de salud, geri&aacute;tricos, bolsas de empleo, centros comunitarios, implica sobre todo limpiarlos, moverlos, curarlos, etc.; es decir, tocarlos, manipularlos, cuidarlos exponi&eacute;ndose al permanente contacto f&iacute;sico y a la relaci&oacute;n con su desnudez, esto es, con su intimidad sexual, actuando desde una posici&oacute;n de g&eacute;nero, con cierta ambig&uuml;edad por cuanto se trata de subordinarlos o someterlos. En estas pr&aacute;cticas de relaci&oacute;n directa con cuerpos enfermos (que no pueden contener sus excrecencias), o reci&eacute;n muertos, o &quot;sucios&quot; y repulsivos, o desordenados y d&iacute;scolos, se configura un &quot;cuerpo-trabajo&quot; para personal especializado, generalmente mujeres, que en dicha interacci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la higienizaci&oacute;n, construyen identidades y sub-sociedades escondidas, r&eacute;plicas del hogar y la familia, donde la pol&iacute;tica social es &quot;informal&quot;.</p>     <p>En escenarios diferentes a los de la salud, es decir, all&iacute; donde se manejan cuerpos de estudiantes al interior de la escuela, de prisioneros en las c&aacute;rceles o de indigentes y desempleados en centros de atenci&oacute;n, la pol&iacute;tica social opera muy poco en relaci&oacute;n con el &quot;cuerpo-trabajo&quot;, lo esencial es su disciplinamiento y control.</p>     <p>Tomemos la escuela como espacio institucional modelo donde se produce con los ni&ntilde;os y j&oacute;venes un &quot;cuerpo-organizaci&oacute;n&quot; perfectamente d&oacute;cil y regulado mediante la restricci&oacute;n de posiciones y movimientos, rutinas de aseo y alimentaci&oacute;n, apariencia f&iacute;sica, uso limitado de la palabra, el sonido y la gestualidad, formas de interacci&oacute;n, manejo estricto del tiempo y el espacio... All&iacute; toda expresi&oacute;n de agencia es considerada resistencia o sublevaci&oacute;n, desaf&iacute;o a la norma, indebido reclamo de autonom&iacute;a, ejercicio de singularidad o de anonimato... que no son tolerables. La pol&iacute;tica educacional prescribe toda una normativa respecto al cuerpo, que aplica en otros espacios: sillas, pupitres, tableros, filtros, porter&iacute;as; lugares para comer, beber, correr o hablar; localization precisa del cuerpo en lugares vigilados, en horarios estrictos.</p>     <p>Es evidente que la construcci&oacute;n de identidades sexuales y juveniles utiliza como mecanismos privilegiados las pr&aacute;cticas de corporeidad, en particular en momentos de tr&aacute;nsito como el paso de la escuela primaria a la secundaria, cuando la construcci&oacute;n de un estilo vestimentario personal, la relaci&oacute;n con maestros adultos, el enfrentamiento de miedos y la experiencia de descubrimiento de la afectividad, implican explorar tanto la regulaci&oacute;n como la potencial agencia del cuerpo en los cambios operados y las formas mediante las cuales la corporeidad es un asunto de legitimaci&oacute;n y negociaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero no solamente se construyen cuerpos a trav&eacute;s de relaciones laborales o institucionales. Tambi&eacute;n las pr&aacute;cticas discursivas, usando diversos lenguajes, los producen y reproducen, mediante calificativos que los representan y domestican. Es as&iacute; como el cuerpo infantil ser&aacute; objeto de &quot;protecci&oacute;n&quot; en la familia, los cuerpos de los ancianos, los enfermos y los discapacitados se nombran como &quot;minusv&aacute;lidos&quot;, los cuerpos de las mujeres como &quot;maternales&quot;, delicados y/o sensuales, los cuerpos de los habitantes de la calle como negligentes y descuidados... denominaciones que se elaboran con base en diagn&oacute;sticos profesionales y en lecturas supuestamente &quot;objetivas&quot;, con las cuales se definen las pol&iacute;ticas sociales. Dichos discursos se convierten en v&iacute;a de acceso a su cuerpo, ya no en forma material directa... siendo esa la v&iacute;a para percibir la pol&iacute;tica social como pr&aacute;ctica social y experiencia corp&oacute;rea.</p>     <p>No queda duda de que nuestras experiencias y discursos est&aacute;n atravesados por la experiencia primigenia de ser cuerpo; en consecuencia, deber&iacute;a ser expl&iacute;cita la relaci&oacute;n con los espacios de la pol&iacute;tica social, para dotar de sentido el conjunto de problemas que nos planteamos en los procesos de la vida cotidiana: de g&eacute;nero, poder, conocimiento y organizaci&oacute;n.</p>     <p><font size="3"><b>2. La &quot;diversidad&quot; y la &quot;diferencia&quot;</b></font></p>     <p>En debate y oposici&oacute;n con el tema de la &quot;igualdad&quot; y sus implicaciones, se destaca el reconocimiento de &quot;otras&quot; formas de vida, identidades, experiencias y voces que deben ser objeto de atenci&oacute;n y que construyen pr&aacute;cticas y pol&iacute;ticas diversas. La divergencia se manifiesta en relaci&oacute;n con otorgar un tratamiento homog&eacute;neo o neutral a personas de g&eacute;nero, etnia o generaci&oacute;n diferentes, bajo una cubierta de igualdad que las oculta y simplifica la compleja realidad.</p>     <p>Algunos temas asumen la vanguardia en este enfoque y han movido a sus miembros a radicalizar posiciones en torno a los espacios de poder que promueven los discursos de una supuesta &quot;normalidad&quot; donde predomina el macho, el heterosexual, el blanco, el adulto... Surgen as&iacute; lecturas desde el feminismo, los estudios lesbianos y de la singularidad, la nueva teor&iacute;a racial, los estudios sobre culturas juveniles, que enfrentan la hegemon&iacute;a del androcentrismo, la homofobia, el racismo, las posiciones adultoc&eacute;ntricas y aqu&eacute;llas que discriminan las &quot;desviaciones&quot; e incluso las incapacidades. Tanto en las posiciones de g&eacute;nero como en las que proclaman las nuevas etnicidades y las culturas juveniles, las pol&iacute;ticas de la diferencia definen nuevos espacios para identidades h&iacute;bridas, e insisten en la especificidad y posicionalidad de todo conocimiento.</p>     <p>Probablemente el antecedente m&aacute;s elaborado, de donde podemos sacar lecciones es el caso del feminismo. La discusi&oacute;n principal se ha centrado en la hipot&eacute;tica identidad universal de la &quot;mujer&quot; y su reivindicaci&oacute;n en un proyecto cultural y/o pol&iacute;tico. La g&eacute;nesis est&aacute; en un discurso de base biol&oacute;gica que suscita problemas y debates: no resulta claro que el hecho de compartir cierta especificidad de cuerpos sexuados permita articular un inter&eacute;s colectivo que subsuma elementos tan fuertes como clase, etnia o nacionalidad. Habr&iacute;a cierto esencialismo en la postura que pone el hecho biol&oacute;gico como discurso predominante, aim aceptando la com&uacute;n base material de los cuerpos. Sin embargo, no es posible separar los constructos discursivos de los cuerpos sexuados que aqu&eacute;llos nombran y, en consecuencia, el problema de esta forma de agencia se debe construir en otro lugar conceptual.</p>     <p>La discusi&oacute;n se centrar&aacute; entonces en la oposici&oacute;n sexo-g&eacute;nero, buscando superar el determinismo biol&oacute;gico y destacar la capacidad humana de construir a trav&eacute;s de discursos y pr&aacute;cticas sociales, culturales y pol&iacute;ticas, opciones de auto-identidad que permitan erradicar las inequitativas y violentas relaciones binarias entre macho y hembra. All&iacute; queda abierta la posibilidad de introducir cambios significativos en la construcci&oacute;n de lo que significa &quot;ser mujer&quot;, traducidos en pol&iacute;ticas sociales, y de superar visiones simplistas que sugieren una categor&iacute;a universal v&aacute;lida para todas las mujeres, que se traducir&iacute;a en un feminismo global desconocedor de la pluralidad multicultural y generador de estereotipos que aten&iacute;an contra formas concretas de actualizarla.</p>     <p>Si la acci&oacute;n se centra en la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas (sociales, de identidad, de la diversidad, del cuerpo...), el feminismo tiene un papel protag&oacute;nico en los siguientes asuntos: a) ha sido creador de un &quot;lenguaje nuevo&quot; que abre la puerta al reconocimiento de ese &quot;otro&quot; llamado &quot;mujer&quot;, inaprensible e irreconocible, y a partir de all&iacute;, ha estimulado el di&aacute;logo y la b&uacute;squeda de acuerdos pragm&aacute;ticos (3); b) ha estimulado la redescripci&oacute;n de las mujeres como sujetos; es decir, la producci&oacute;n de nuevas formas de nombrarse diferentes a las del opresor y de hacer o&iacute;r sus reclamos en t&eacute;rminos cre&iacute;bles y aceptables socialmente; c) ha imaginado y puesto en circulaci&oacute;n formas alternativas de comunidad a partir de experiencias que abren el espacio a la deliberaci&oacute;n moral y pol&iacute;tica, a la b&uacute;squeda de sue&ntilde;os de humanidad, a la transparencia en relaci&oacute;n con la verdad y la justicia; d) ha empoderado a mujeres individuales en luchas colectivas que conducen a pol&iacute;ticas con arraigo democr&aacute;tico y aperturas al cambio.</p>     <p>Tomar como modelo su proceso obliga a revisar con detenimiento, en la l&iacute;nea de los estudios culturales contempor&aacute;neos, el tema de las identidades desde una perspectiva anti-esencialista. As&iacute; como se discute la idea universalista de una &quot;mujer-tipo&quot;, tenemos que hacer lo propio con la idea de la identidad juvenil global y con todos los eufemismos similares del mismo cu&ntilde;o. Si hemos asumido la agencia como la capacidad socialmente construida de actuar, y el discurso habilita la acci&oacute;n al proveer al sujeto posiciones de agencia, apuntando a la formulaci&oacute;n de criterios para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas, una salida interesante consistir&iacute;a en asumir un &quot;esencialismo estrat&eacute;gico&quot;, que permite actuar como si las identidades fueran entidades estables para pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas y prop&oacute;sitos pr&aacute;cticos. Implica tomar en serio la pregunta: &iquest;qui&eacute;n es el joven?, &iquest;d&oacute;nde trazar la l&iacute;nea de frontera? Obviamente los resultados de esta operaci&oacute;n no siempre son exitosos. No siendo la identidad una cosa fija que se posee, sino un llegar a ser, un corte estrat&eacute;gico o una estabilizaci&oacute;n temporal del lenguaje, cualquier discurso que se construya es una representaci&oacute;n cultural &uacute;til para actuar provisoriamente en lo p&uacute;blico.</p>     <p>Tal vez el impacto m&aacute;s grande tiene que ver con la comprensi&oacute;n del bienestar y los servicios sociales que empiezan a verse en relaci&oacute;n directa con todas las formas de la organizaci&oacute;n social contempor&aacute;nea y a ser afectados por los impactos de la globalizaci&oacute;n y las tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n y la informaci&oacute;n, los cuales arrastran efectos en los consumos culturales, la movilidad y el acceso al arte y sus principales manifestaciones p&uacute;blicas. En consecuencia, el espacio privilegiado de construcci&oacute;n de la pol&iacute;tica social estar&aacute; constituido por: la experiencia cotidiana de los mismos actores sociales, entendidos como agentes culturalmente activos, y los desarrollos te&oacute;rico-metodol&oacute;gicos en perspectiva transdisciplinaria. Es decir, se produce un giro al considerar lo social &iacute;ntimamente conectado con lo biogr&aacute;fico, con la experiencia corporal, temporal y territorial, con los mundos de vida, con la negociaci&oacute;n que cada uno hace a trav&eacute;s de sus experiencias personales y grupales de pr&aacute;cticas concretas de ciudadan&iacute;a, de acceso equitativo a oportunidades, de formas de intervenci&oacute;n en lo p&uacute;blico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los &eacute;nfasis se van a poner en el lenguaje, los textos, los s&iacute;mbolos, las representaciones, las narrativas, las alternativas de construcci&oacute;n de vida social mediante proyectos que ser&aacute;n agenciados conceptual y emp&iacute;ricamente en temas que afectan directamente a los ciudadanos: clase, g&eacute;nero, etnia, generaci&oacute;n (lo juvenil), modelos de estado. Es evidente que est&aacute;n ocurriendo transformaciones socio-culturales de hondo calado en m&uacute;ltiples escenarios: la familia, la escuela, la pol&iacute;tica, los medios de comunicaci&oacute;n, la vida sexual... &Eacute;stas exigen pensar de manera diferente y actuar en funci&oacute;n de las nuevas estructuras, las nuevas tecnolog&iacute;as, las formas de control, los &aacute;mbitos culturales y econ&oacute;micos mundializados, la alteraci&oacute;n en la conformaci&oacute;n de identidades.</p>     <p>El discurso de la sociolog&iacute;a &quot;convencional&quot; ha sido criticado desde las perspectivas del feminismo, el post-colonialismo, la nueva teor&iacute;a racial, la teor&iacute;a de la singularidad, los estudios gay y lesbianos, la teor&iacute;a social postmoderna, por sus opciones a favor del macho, blanco, heterosexual, occidental; por sus pretensiones de universalidad y de verdad completa. Cada una de estas fuentes nutre los replanteamientos de las ciencias sociales y de la pol&iacute;tica social contempor&aacute;nea en particular.</p>      <p>Empezando por las diversas modalidades del movimiento feminista (negro, lesbiano, postestructuralista) que desde los setenta desaf&iacute;an los fundamentos de las disciplinas sexistas y proclaman la igualdad de oportunidades, la libre autodeterminaci&oacute;n en roles y opciones de futuro, forzando a replanteamientos en perspectiva de g&eacute;nero y levantando su voz en temas tan sensibles como emoci&oacute;n, cuerpo, intimidad y esfera privada. Llegan a elaborar posiciones te&oacute;ricas, metodol&oacute;gicas y epistemol&oacute;gicas que proponen &quot;el feminismo como una nueva forma de pensamiento que supere las jerarqu&iacute;as machistas y la marginalizaci&oacute;n de la mujer&quot; (4).</p>     <p>Entre 1870 y 1930 las banderas del feminismo eran b&aacute;sicamente coincidentes con el primer ideal de bienestar de la pol&iacute;tica social (derecho al voto, participaci&oacute;n en el mercado laboral, acceso a la universidad y a las profesiones liberales, cuidados de salud). Cuando ampl&iacute;an el horizonte y establecen conexiones entre las esferas p&uacute;blica y privada, las mujeres se ven como protagonistas centrales en la lucha por un bienestar social que debe incluir transversalmente consideraciones de g&eacute;nero y sexualidad. Sus proclamas dicen desde los a&ntilde;os setenta: &quot;lo personal es pol&iacute;tico&quot;, &quot;el trabajo dom&eacute;stico requiere pol&iacute;ticas econ&oacute;micas&quot;.</p>     <p>La desigualdad de g&eacute;neros se manifiesta en todos los &aacute;mbitos, pero las contradicciones m&aacute;s fuertes se dan en la familia: all&iacute; no est&aacute;n separadas las esferas de lo p&uacute;blico y lo privado; all&iacute; la distribuci&oacute;n de la riqueza, el trabajo y el poder son tremendamente inequitativos. Sin embargo, en paralelo, es un espacio de segregaci&oacute;n y de resistencia, un terreno de opresi&oacute;n f&iacute;sica, emocional y mental y donde se hace m&aacute;s clara la opci&oacute;n de construir otra identidad, donde se provee y se recibe bienestar social (5).</p>      <p>Si tipificamos a los actores de la pol&iacute;tica p&uacute;blica en tres categor&iacute;as: usuarios (consumidores, cuentes o receptores), proveedores y gestores, en el caso de las mujeres &eacute;stas son mucho m&aacute;s usuarias que gestoras. Pero en la esfera dom&eacute;stica, son m&aacute;s proveedoras... y tienen acceso limitado a la producci&oacute;n de pol&iacute;tica social, debido a la desigual participaci&oacute;n en las estructuras ocupacionales. Una vez m&aacute;s, el horizonte del Estado como &uacute;nico proveedor y gestor de bienestar se ve desbordado.</p>     <p>No cabe duda de que el feminismo ha sido tambi&eacute;n creador de nuevas categor&iacute;as que la pol&iacute;tica social ha venido asumiendo progresivamente -la m&aacute;s valiosa ser&iacute;a la de &quot;cuidado&quot; (f&iacute;sico, emocional y material); y al lado de &eacute;sta, otras como &quot;esfera dom&eacute;stica&quot;, &quot;trabajo no-pagado&quot;, &quot;relaciones de g&eacute;nero&quot;...-. En cambio, no se interesa demasiado en la teor&iacute;a del Estado ni en sus modos de representaci&oacute;n en el nivel pol&iacute;tico.</p>     <p>Con menor reconocimiento que el feminismo, es igualmente importante el discurso de las minor&iacute;as &eacute;tnicas, cuyo origen son los estudios postcoloniales y en particular los &quot;estudios orientales&quot;, interesados en la representaci&oacute;n de esos &quot;otros&quot; silenciados, reducidos a objetos, le&iacute;dos en clave de dualismos simplistas: blanco-negro, Oriente-Occidente, amo-esclavo. La complejidad de las identidades &eacute;tnicas y relaciones raciales conducir&aacute; a la inclusi&oacute;n de la diversidad y la diferencia como categor&iacute;as que atraviesan la pol&iacute;tica social (6).</p>     <p>Otro discurso emergente de creciente importancia es el de los estudios gay, lesbianos, bisexuales y transgen&eacute;ricos, as&iacute; como la teor&iacute;a de la singularidad, los cuales introducen cambios en la teor&iacute;a social y en el tema de las identidades, en un registro diferente al de trabajos heterosexuales, incluidos los estudios de g&eacute;nero convencionales. Estas identidades sexuales mucho m&aacute;s localizadas se ubican en un marco espacio-temporal con coordenadas hist&oacute;ricas y culturales concretas (7).</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Lewis G, Hugues G, Saraga E. The Body of Social Policy: Social Policy and the Body. In: Mckie L, Watson N, editors. Organizing Bodies. Basinstoke: Mcmillan; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1657-7027201100010001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Twigg J. The Body in Social Policy: Mapping a Territory. Journal of Social Policy. 2002; 31 (3): 421-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S1657-7027201100010001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Rorty R. Objectivity, Relativism, and Truth: Philosophical Papers, vol. 2. Cambridge: Cambridge University Press; 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S1657-7027201100010001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Wise S, Stanley L. Looking Back and Looking Forward: Some Recent Feminist Sociology Reviewed. Sociological Research Online. 2003; 8 (3). Disponible en:  <a href="http://www.socresonline.org.uk/8/3/wise/html" target="_blank">http://www.socresonline.org.uk/8/3/wise/html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S1657-7027201100010001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Lister R. Gender and the Analysis of Social Policy. In: Lewis G, Gerwitz S, Clarke J, editors. Rethinking Social Policy. London: Sage; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1657-7027201100010001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Said E. Orientalism. London: Routledge and Kegan Paul; 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1657-7027201100010001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Cranny Francis A, Waring W, Stavropoulos P, Kirkby J. Gender Studies. London: Palgrave Mcmillan; 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1657-7027201100010001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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