<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1657-9267</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Universitas Psychologica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Univ. Psychol.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1657-9267</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Pontificia Universidad Javeriana]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1657-92672006000100011</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Desplazamiento forzado y acompañamiento psicosocial: a propósito de la emergencia de nuevos actores políticos]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Displacement and psycho-social support: with regard to the emergency of new political actors]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tovar Guerra]]></surname>
<given-names><![CDATA[Claudia]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Pontificia Universidad Javeriana  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>5</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>147</fpage>
<lpage>162</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1657-92672006000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1657-92672006000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1657-92672006000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article introduces the reflection about new political actors which emerge from the forced displacement phenomenon in Colombia and discuss the role of psycho-social support to people who have undergone that phenomenon. We propose a political characterization of the migrant farmer, making a conceptual analysis of the governmental and nongovernmental organizations that welcome, take care and accompany displaced people, and establish the problem of the encounter between those two realities; finally, after a reconceptualization of Politics based on contributions of the complex thought, the article propose an specific way of psychosocial support in this encounter.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El artículo introduce la reflexión acerca de la constitución de nuevos actores políticos a partir del fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia y plantea el rol del acompañamiento psicosocial a las personas que lo han sufrido. Para esto, propone una caracterización política del inmigrante campesino, realiza un análisis conceptual de la oferta ciudadana de las entidades gubernamentales y no gubernamentales que atienden, acogen o acompañan a las personas desplazadas y plantea el problema del encuentro entre estas dos realidades; finalmente partiendo de un ejercicio de reconceptualización de la política desde los aportes del pensamiento complejo, hace una propuesta específica de acompañamiento psicosocial en dicho encuentro.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="en"><![CDATA[contemporary policy]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[social psychology]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[forced migration]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[social constructionism]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[complexity]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[política contemporánea]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[psicología social]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[desplazamiento forzado]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[construccionismo social]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[complejidad]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2"> <font size="4">    <center><b>Desplazamiento forzado y acompa&ntilde;amiento psicosocial: a prop&oacute;sito de la emergencia de nuevos actores pol&iacute;ticos </b></center></font>     <p>    <center>Claudia Tovar Guerra* </center></p>     <p>    <center>Pontificia Universidad Javeriana </center></p>     <p>    <center>Recibido: noviembre 24 de 2005 Revisado: diciembre 1 de 2005 Aceptado: enero 10 de 2006 </center></p>     <p>* Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:claudia.tovar@javeriana.edu.co">claudia.tovar@javeriana.edu.co</a></p> <font size="4">    <center><b>Displacement and psycho-social support: with regard to the emergency of new political actors</b></center></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>ABSTRACT </p>     <p>The article introduces the reflection about new political actors which emerge from the forced displacement phenomenon in Colombia and discuss the role of psycho-social support to people who have undergone that phenomenon. We propose a political characterization of the migrant farmer, making a conceptual analysis of the governmental and nongovernmental organizations that welcome, take care and accompany displaced people, and establish the problem of the encounter between those two realities; finally, after a reconceptualization of Politics based on contributions of the complex thought, the article propose an specific way of psychosocial support in this encounter. </p>     <p><b>Key words:</b> contemporary policy, social psychology, forced migration, social constructionism, complexity. </p>     <p>RESUMEN </p>     <p>El art&iacute;culo introduce la reflexi&oacute;n acerca de la constituci&oacute;n de nuevos actores pol&iacute;ticos a partir del fen&oacute;meno del desplazamiento forzado en Colombia y plantea el rol del acompa&ntilde;amiento psicosocial a las personas que lo han sufrido. Para esto, propone una caracterizaci&oacute;n pol&iacute;tica del inmigrante campesino, realiza un an&aacute;lisis conceptual de la oferta ciudadana de las entidades gubernamentales y no gubernamentales que atienden, acogen o acompa&ntilde;an a las personas desplazadas y plantea el problema del encuentro entre estas dos realidades; finalmente partiendo de un ejercicio de reconceptualizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica desde los aportes del pensamiento complejo, hace una propuesta espec&iacute;fica de acompa&ntilde;amiento psicosocial en dicho encuentro. </p>     <p><b>Palabras clave: </b>pol&iacute;tica contempor&aacute;nea, psicolog&iacute;a social, desplazamiento forzado, construccionismo social, complejidad. </p>     <p>La creciente complejidad del conflicto armado colombiano genera cambios vertiginosos en la estructura social. En repetidas ocasiones se ha hecho un llamado para estudiar las implicaciones de los cambios demogr&aacute;ficos que en corto tiempo ha sufrido nuestra poblaci&oacute;n, tales como el aumento de la proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n urbana con relaci&oacute;n a la rural y el aumento de la mortalidad en hombres j&oacute;venes. En la misma l&iacute;nea, la llegada masiva de inmigrantes campesinos a las ciudades capitales supone un cambio importante y a&uacute;n no documentado de su estructura social; adem&aacute;s del crecimiento poblacional y de la irregularidad de este crecimiento, las ciudades acuden a una diversificaci&oacute;n &eacute;tnica y cultural. Dado el car&aacute;cter violento y sociopol&iacute;tico de esta gran inmigraci&oacute;n, se hace urgente reflexionar acerca del papel y el talante de los nuevos actores sociales y pol&iacute;ticos que se constituyen en este proceso. Eso supone reconocer el sujeto pol&iacute;tico inmigrante, la oferta pol&iacute;tica de la ciudad receptora y la reconfiguraci&oacute;n de las subjetividades de uno y otros en el proceso de encuentro y participaci&oacute;n. </p>     <p>Este texto, que hace parte del ejercicio de revisi&oacute;n te&oacute;rica de una investigaci&oacute;n en proyecto, se propone iniciar esta reflexi&oacute;n vinculando dos perspectivas: de un lado lo psicosocial, como un reconocimiento simult&aacute;neo de la experiencia emocional, som&aacute;tica, cognitiva, interpersonal y social de las personas y de otro lado la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Ambas perspectivas inscritas en el pensamiento complejo. Se intentar&aacute; responder a tres preguntas iniciales: Pol&iacute;ticamente, &iquest;qui&eacute;n es el inmigrante campesino desarraigado de forma violenta? &iquest;Cu&aacute;l es la oferta y la expectativa de participaci&oacute;n pol&iacute;tica de las ciudades receptoras?, y &iquest;Cu&aacute;l es el papel pol&iacute;tico del acompa&ntilde;amiento psicosocial? </p>     <p>En el campo del trabajo de asistencia a la poblaci&oacute;n desplazada por la violencia en Colombia, y de manera especial en el campo de la atenci&oacute;n psicosocial, se insiste en que la persona en situaci&oacute;n de desplazamiento es sujeto de derechos<sup><a href="#Nota1">1</a></sup>. El t&eacute;rmino de empoderamiento aparece en todas las formas de intervenci&oacute;n con la poblaci&oacute;n desplazada y, despu&eacute;s del trabajo inicial que se caracteriz&oacute; por ser asistencialista y limitarse a la emergencia (OIM, USAID, Pontificia Universidad Javeriana, 2002), hoy todos queremos hacer un trabajo orientado hacia la exigibilidad de derechos, la construcci&oacute;n o reconstrucci&oacute;n de autonom&iacute;a, la promoci&oacute;n de la participaci&oacute;n activa y de la acci&oacute;n propositiva; unos sue&ntilde;an con una respuesta contestataria, otros con una organizaci&oacute;n cooperativa, pero todas las opciones implican una idea de sujeto pol&iacute;tico, de ciudadano moderno, participante.</p>     <p>Una de las m&aacute;s importantes observaciones de un estudio sobre religiosidad y desplazamiento forzado realizado por investigadores del grupo Yfantais<sup><a href="#Nota2">2</a></sup> de la Facultad de Teolog&iacute;a de la Universidad Javeriana, es que esta categor&iacute;a de ciudadan&iacute;a aparece como una imposici&oacute;n con la que el campesino no se identifica; al respecto Roberto Solarte (2004) afirma:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>(&#8230;) hemos encontrado tambi&eacute;n en la poca atenci&oacute;n a los imaginarios que constituyen las identidades de los pobladores por parte de los grupos humanitarios de diverso orden, todos los cuales, en definitiva, operan con la l&oacute;gica seg&uacute;n la cual existe una identidad com&uacute;n: la de la ciudadan&iacute;a que goza de derechos humanos, es decir, el modo de existencia propio de los sectores dominantes de la sociedad, que estos grupos humanitarios parad&oacute;jicamente cuestionan a la vez que reproducen y transmiten. </p>     <p>&iquest;Qui&eacute;n es entonces el campesino forzado al exilio de su tierra, desde el punto de vista pol&iacute;tico? Sin lugar a dudas esta pregunta requiere del acercamiento cara a cara y de la convocatoria de las voces de las personas implicadas; sin embargo podemos intentar un an&aacute;lisis preliminar. </p>     <p>De acuerdo con los recorridos del pensamiento y las formas pol&iacute;ticas del mundo occidental, es posible explorar las formas de la pol&iacute;tica que resultan significativas para la poblaci&oacute;n campesina; adem&aacute;s, la exploraci&oacute;n hist&oacute;rica del poder pol&iacute;tico en Colombia adelantada de forma brillante por Fernando Guill&eacute;n Mart&iacute;nez (1979), sin duda, aporta a esta tarea<sup><a href="#Nota3">3</a></sup>. </p>     <p>El arraigo a la tierra es una caracter&iacute;stica reconocida de la poblaci&oacute;n campesina. Para ellos, la p&eacute;rdida de tierras no representa solamente la p&eacute;rdida de una propiedad, de un objeto. Ellos elaboran verdaderos duelos por sus terru&ntilde;os y se refieren a ellos con expresiones personalizantes como &#8220;yo extra&ntilde;o mi tierra y ella me extra&ntilde;a a m&iacute;&#8221;<sup><a href="#Nota4">4</a></sup>. Independientemente de la titulaci&oacute;n de tierras el campesino colombiano vive la tierra como suya, no en un sentido de posesi&oacute;n sino en un sentido de identificaci&oacute;n: la tierra es una parte de s&iacute;. Todo su ciclo de vida y sus rutinas est&aacute;n configuradas alrededor del trabajo agr&iacute;cola. Esta territorialidad, sin embargo, pasa por la ocupaci&oacute;n y por el derecho a la explotaci&oacute;n y plantea din&aacute;micas de defensa y de legitimaci&oacute;n, lo que implica contemplar la posibilidad de contar con recursos de fuerza disponibles. Esto unido a un conflicto armado donde lo que est&aacute; en juego es la vida, conduce a que en la l&oacute;gica de relaci&oacute;n entre la figura de autoridad y la poblaci&oacute;n civil se teja una din&aacute;mica de gran similitud a la que soporta la &#8220;ley de vida&#8221; tal y como la caracteriza Michael Foucault (2001) en su curso del a&ntilde;o lectivo 1975-1976. </p>     <p>El origen de esta din&aacute;mica en los campos colombianos, se remonta a la colonia con la estructura econ&oacute;mica de la encomienda, en la que la corona entregaba al invasor una extensi&oacute;n de tierra con su grupo de pobladores que deb&iacute;an pagar un tributo a cambio de &#8220;protecci&oacute;n, educaci&oacute;n y evangelizaci&oacute;n&#8221;. De acuerdo con Guill&eacute;n (1979), la Encomienda primero, y despu&eacute;s la Hacienda<sup><a href="#Nota5">5</a></sup> fueron, durante gran parte de la historia colombiana, las estructuras de asociaci&oacute;n de mayor eficacia y predominancia desde el punto de vista de las decisiones pol&iacute;ticas, conformando una din&aacute;mica de lealtades y clientelas con una promesa de movilidad social visible. Esta estructura se caracteriz&oacute; por las relaciones de autoritarismo y paternalismo simult&aacute;neas, que alud&iacute;an al parentesco y a la vinculaci&oacute;n afectiva en el camino del ascenso social y pol&iacute;tico, fuertemente signados por la idea del prestigio individual relacionado m&aacute;s con la propiedad y el dominio sobre otros, que con la capacidad de producci&oacute;n y acumulaci&oacute;n de riqueza. </p>     <p>Guill&eacute;n muestra c&oacute;mo la consolidaci&oacute;n de esta instituci&oacute;n s&oacute;lo fue posible en la regi&oacute;n centroandina, gracias a que all&iacute; se constituy&oacute; como una &#8220;instituci&oacute;n h&iacute;brida&#8221; que logr&oacute; un &#8220;ajuste simbi&oacute;tico&#8221; entre el individualismo ib&eacute;rico y el colectivismo aborigen pues en esta regi&oacute;n, los encomenderos tuvieron autoridad legal &uacute;nicamente sobre la persona del cacique, quien conservaba la autoridad en su clan. En aquellas regiones en donde la encomienda no hizo ninguna negociaci&oacute;n cultural con los nativos, esta se convirti&oacute; en una pr&aacute;ctica de explotaci&oacute;n, persecuci&oacute;n y exterminio sistem&aacute;ticos, que acab&oacute; por desterrarla o extinguirla. All&iacute;, se dieron otras modalidades en la estructura social, que durante el auge da la Hacienda tuvieron m&iacute;nima incidencia pol&iacute;tica. </p>     <p>Ya a mediados del siglo XIX, tras la expansi&oacute;n antioque&ntilde;a, la Hacienda andina se encontrar&aacute; con esta sociedad mercantil, a la cual no podr&aacute; dominar ni incorporar. Esta confluencia engendr&oacute; un proceso de industrializaci&oacute;n que impulsado desde el poder p&uacute;blico y fuertemente influido por el capital antioque&ntilde;o, va a afectar las relaciones sociales productivas mediante la explotaci&oacute;n indiscriminada de las bases hacendarias. </p>     <p>Esta nueva circunstancia de un poder pol&iacute;tico que compra prestigio con dinero y poder econ&oacute;mico con t&iacute;tulos de honor a costa de su legitimidad, se perpet&uacute;a hasta entrado el siglo XX, cuando el panorama internacional de la guerra fr&iacute;a y la polarizaci&oacute;n mundial, trae las influencias del pensamiento comunista y socialista, principalmente a los grupos de trabajadores de las empresas extranjeras que hab&iacute;an incursionado con monocultivos, explotaci&oacute;n petrolera e industrias y a los trabajadores relacionados con actividades de transporte y actividades costeras. El &eacute;xito de estas incursiones influy&oacute; para que los proletarios urbanos iniciaran un proyecto socialista, con una estructura ideol&oacute;gica clara y con relativa independencia en las metas de grupo. En el contexto rural el eco de estas formas asociativas, repercute m&aacute;s claramente en los grupos campesinos cuya herencia difiere de las din&aacute;micas t&iacute;picamente hacendatarias dando lugar a configuraciones tales como las asociaciones campesinas y las guerrillas. Es bien sabido que la respuesta estatal a estas nuevas formas asociativas fue la violencia represiva, lo que reforz&oacute; el efecto de deslegitimaci&oacute;n pol&iacute;tica en el pa&iacute;s.</p>     <p>As&iacute;, si bien una parte importante de los campesinos de Colombia tienen una herencia social en la l&oacute;gica del autoritarismo paternalista, otros, ancestralmente reconocen el valor de productividad econ&oacute;mica del trabajo y de la tierra (eje cafetero), valoran el riesgo, libertad y la independencia individual (noroccidente) y reconocen el valor de la labor artesana (nororiente). Todos no obstante, asistieron a la proletarizaci&oacute;n de su trabajo, a la represi&oacute;n de sus iniciativas pol&iacute;ticas y a las complejas transformaciones violentas del conflicto que se perfilaron como una reproducci&oacute;n perversa de la din&aacute;mica autoritaria: en ausencia del poder estatal bajo el poder de las armas, viniere este poder de donde viniere. </p>     <p>En la paralizante degradaci&oacute;n del conflicto armado colombiano, la riqueza cultural qued&oacute; latente y la din&aacute;mica del poder en el pa&iacute;s rural se redujo a relaciones de autoritarismo y sumisi&oacute;n bajo la presunci&oacute;n de protecci&oacute;n y educaci&oacute;n (adoctrinamiento) brindada por un patr&oacute;n (terrateniente, gamonal, comandante guerrillero o paramilitar). En la l&oacute;gica de la supervivencia, las relaciones pol&iacute;ticas de los campesinos de Colombia se tornaron, si no premodernas -muy similares a las descripciones de Machiavelo en El Pr&iacute;ncipe-, s&iacute; al menos comparables con la idea del Estado de Seguridad descrito por Kean (1992), quien cita la idea hobbesiana del Estado pacificador de unos individuos naturalmente violentos; &#8220;este orden pac&iacute;fico reforzado por la seguridad estatal se llama Sociedad Civil&#8221; (Kean, 1992. p. 59). Como &#8220;civil&#8221; el campesino espera que la autoridad cumpla con la regulaci&oacute;n efectiva de los conflictos, estos fundamentalmente territoriales; reclama tambi&eacute;n, el respeto y protecci&oacute;n de su vida y a cambio vota, tributa y se somete. Sin desconocer las valerosas iniciativas de resistencia civil pac&iacute;fica que han creado formas novedosas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica en medio de la guerra, es posible afirmar que quienes se desplazan, especialmente en la modalidad &#8220;gota a gota&#8221; que constituyen la mayor&iacute;a de los inmigrantes desarraigados, tienen este perfil pol&iacute;tico manifiesto. Ellos, lejos de la ingenuidad, hacen pol&iacute;tica cuando est&aacute;n al tanto de qui&eacute;n tiene el poder de proteger, dar o quitar la vida y qui&eacute;n posee los bienes para la subsistencia, con el fin de pactar su relaci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esta visi&oacute;n de lo pol&iacute;tico son comprensibles sin esc&aacute;ndalo moral la venta del voto o la participaci&oacute;n en manifestaciones pol&iacute;ticas, de una forma festiva y desprevenida m&aacute;s que con claridad de objetivos program&aacute;ticos. Estos instrumentos no son significativos para ellos desde el punto de vista pol&iacute;tico. </p>     <p>Esta idea se complementa con la afirmaci&oacute;n de que en el mundo campesino, el mundo de la vida est&aacute; separado de la pol&iacute;tica. Si bien lo pol&iacute;tico garantiza el curso &#8220;natural&#8221; de este mundo, lo pol&iacute;tico no interfiere las din&aacute;micas del espacio privado, que se basa en los roles y valores tradicionales. Cuando lo pol&iacute;tico marcha el campesino subsiste: es un padre firme, responsable, protector y proveedor, un hijo obediente y colaborador, una madre cuidadora, abnegada y paciente; es un hombre h&aacute;bil, fuerte, una mujer delicada y aguantadora a la vez; es una persona digna en el sentido del orgullo por lo que sabe y lo que puede obtener y conservar sin da&ntilde;ar a otros, digna en el sentido de ganar el respeto y consideraci&oacute;n de los otros; Pero la pol&iacute;tica no les ense&ntilde;a c&oacute;mo hacerlo ni vigila el espacio privado<sup><a href="#Nota6">6</a></sup>. </p>     <p>Es preciso reconocer al mismo tiempo que algunos campesinos son tambi&eacute;n sobrevivientes de las iniciativas organizativas que surgieron tras el encuentro pol&iacute;tico con la izquierda y con la iglesia cat&oacute;lica inscrita en la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, y que otros, en ausencia del Estado regulador, han hecho parte de formas de participaci&oacute;n civil, basadas en la solidaridad y la cooperaci&oacute;n. Estos hombres y mujeres, buscan espacios de participaci&oacute;n pol&iacute;tica al llegar a las ciudades y consolidan liderazgos de reconocida importancia en la reconstrucci&oacute;n del tejido social. Aqu&iacute;, m&aacute;s que adoptar nuevas formas, las han construido y estas nuevas construcciones tampoco corresponden uno a uno con la idea de ciudadano sujeto de derechos. </p>     <p>&iquest;Cu&aacute;l es entonces esa idea de ciudadan&iacute;a? &iquest;Cu&aacute;l es la oferta identitaria y participativa de los espacios receptores, desde el punto de vista pol&iacute;tico? </p>     <p>Antes de iniciar un ejercicio de reconocimiento de este concepto, es preciso aclarar que los reci&eacute;n llegados se encuentran con din&aacute;micas pol&iacute;ticas urbanas en las que participan los miembros de las comunidades barriales, que no coinciden con la oferta institucional de la que se ha hablado hasta el momento. Guti&eacute;rrez San&iacute;n (1998) hace una magistral caracterizaci&oacute;n de estas din&aacute;micas<sup><a href="#Nota7">7</a></sup> y describe las dificultades de las nuevas propuestas ciudadanas hechas a partir de la constituci&oacute;n de 1991, para contrarrestar el robusto panorama parad&oacute;jico y pesimista dinamizado en las redes clientelistas y por un sesgo estructural e institucional que favorece a los defeccionadores. El papel de este escenario en el encuentro de racionalidades pol&iacute;ticas tendr&aacute; que ser analizado a fondo en futuros trabajos, pues su fortaleza cultural -que contrasta con la debilidad del discurso institucionalunida a la lucha por la supervivencia de una poblaci&oacute;n precariamente atendida y asentada en la periferia marginal de la ciudad donde persiste el conflicto armado, se convierte en el mayor riesgo de reproducci&oacute;n sistem&aacute;tica de las formas tradicionales de participaci&oacute;n. La conceptualizaci&oacute;n siguiente coincide m&aacute;s con las recientes propuestas de ciudadan&iacute;a que con el panorama cotidiano del quehacer pol&iacute;tico. </p>     <p>El concepto de ciudadan&iacute;a ha sido el recept&aacute;culo sem&aacute;ntico del sujeto pol&iacute;tico de la modernidad. Hoy, en medio de la crisis ya proclamada de esta era, su discusi&oacute;n cobra sentido. Los abordajes buscan aportar alternativas equilibradoras o mediadoras, que aunque poco apreciadas por algunos (Muguerza, 2000), se&ntilde;alan la urgencia de pensar para el quehacer pol&iacute;tico, un sujeto pol&iacute;tico. Si bien aqu&iacute; no es posible hacer una reconstrucci&oacute;n exhaustiva de la historia del concepto, es posible adelantar una primera revisi&oacute;n de las propuestas tradicionales y de alguna producci&oacute;n contempor&aacute;nea relevante. </p>     <p>Este acercamiento parte de trabajos que se han dado a la tarea de reconstruir la tradici&oacute;n (Sarmiento, 2003; Baca, 1996). Tambi&eacute;n recoge los aportes de otros autores que con mayor profundidad de an&aacute;lisis, abordan el concepto en relaci&oacute;n con otras categor&iacute;as como clase social (Marshall, 1950), subjetividad y emancipaci&oacute;n (Santos, 1994), individuo y comunidad (Dom&eacute;nech, 2000 y Muguerza, 2000) y civilizaci&oacute;n (Cohn, 2003 y Araujo, 2003). </p>     <p>Intentar un di&aacute;logo entre estas disertaciones, supone elegir una clave conceptual o unos ejes de articulaci&oacute;n. Dichos ejes, en el caso de este trabajo, han de permitir responder a la pregunta por las implicaciones de la &#8220;propuesta&#8221; &#8211;o mejor, la &#8220;imposici&oacute;n&#8221;&#8211; de la categor&iacute;a de ciudadano a potenciales nuevos actores pol&iacute;ticos, en este caso a personas en situaci&oacute;n de desplazamiento: &iquest;qu&eacute; supone reconocerse como ciudadano sujeto de derechos?, &iquest;hay una sola propuesta o hay una idea hegem&oacute;nica?, de haber una hegem&oacute;nica &iquest;cu&aacute;les son las alternativas y qu&eacute; implican? </p>     <p>En la literatura revisada aparecen al menos tres dimensiones para las cuales las concepciones de ciudadan&iacute;a tienen una prescripci&oacute;n: la subjetividad, la intersubjetividad, el estilo de vida y la institucionalidad. </p>     <p>Las propuestas de ciudadan&iacute;a traen consigo la idea de una particular <i>subjetividad</i>. Las primeras caracter&iacute;sticas que parecen ser inherentes a la nominaci&oacute;n misma de subjetividad, son la conciencia y la voluntad; de estos supuestos se desprende la autonom&iacute;a como atributo deseable del ciudadano. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, sobre esta primera idea se presentan matices en las diferentes corrientes de pensamiento. Cohn (2003) cita dos corrientes divergentes sobre el tema de la civilidad que par-ten de nociones de sujeto distintas; as&iacute;, por una parte, est&aacute;n quienes ponen el acento en el &#8220;inter&eacute;s&#8221; y en consecuencia reconocen a la persona como un elector racional que decide sobre una serie de opciones o preferencias, de tal suerte que la pol&iacute;tica tratar&iacute;a del c&oacute;mo articular preferencias, y por lo tanto se encargar&iacute;a de la organizaci&oacute;n eficiente y de la administraci&oacute;n de los hombres, generalmente por la v&iacute;a de los derechos. La perspectiva que el autor contrapone, tiene como base una comprensi&oacute;n de la pol&iacute;tica como el ejercicio de virtudes c&iacute;vicas, en la cual m&aacute;s que administraci&oacute;n de preferencias hay deliberaci&oacute;n y formaci&oacute;n de la voluntad pol&iacute;tica. Lo que el autor llama virtudes c&iacute;vicas, puede ser expresado en su definici&oacute;n de civilidad, a saber, &#8220;el juego de gestos de renuncia consciente por parte del individuo, de su capacidad consciente de renunciar a ciertos actos en nombre del respeto a la dignidad del otro y, por otro lado la propia manifestaci&oacute;n de la individualidad, la individuaci&oacute;n.&#8221; (Cohn, 2003, p. 16). </p>     <p>En la revisi&oacute;n de Sarmiento (2003), es posible ver c&oacute;mo buena parte de la tradici&oacute;n liberal en sus miradas m&aacute;s opuestas, parece acogerse a la primera perspectiva: desde el anarquismo reaccionario de Robert Nozick, hasta el igualitarismo constitucional de Rawls. El acento en las virtudes, parece estar m&aacute;s del lado de los abordajes del republicanismo, pues tanto Michael Wasler (citado por Sarmiento, 2003) como Antonio Dom&eacute;nech (2000) ubican la esencia del quehacer pol&iacute;tico en la relaci&oacute;n de conciudadan&iacute;a que tiene como prerrequisito las virtudes, con un claro tono moral. En el caso de Wesler, con el cultivo de la argumentaci&oacute;n &eacute;tica y la experiencia moral y en el caso de Dom&eacute;nech con el ejercicio del autogobierno personal. </p>     <p>El marxismo anal&iacute;tico, expuesto por Sarmiento (2003) y representado por Gerald Cohen, parece representar una combinaci&oacute;n de las dos corrientes, pues con su concepci&oacute;n motivacional, trabaja la idea del elector racional, pero considera insuficiente la v&iacute;a constitucional en el quehacer pol&iacute;tico, proponiendo el cultivo de actitudes personales coherentes con los valores socialistas de igualdad y justicia distributiva.</p>     <p>Esta tensi&oacute;n entre organizaci&oacute;n ciudadana y conducta ciudadana, expuesta por Cohn (2003), est&aacute; lejos de ser resuelta. Este autor aventura una propuesta, planteando la noci&oacute;n de &#8220;responsabilidad&#8221; como eje articulador, lo que no es nada distinto de la civilidad ya citada. </p>     <p>Otros autores describen en sus an&aacute;lisis tensiones similares y proponen abordajes articuladores y equilibradores entre los polos de la tensi&oacute;n en cuesti&oacute;n. </p>     <p>En el caso de Santos (1994), se considera que una tensi&oacute;n permanente entre emancipaci&oacute;n y regulaci&oacute;n ha cruzado el problema de la ciudadan&iacute;a en la era moderna, dicha tensi&oacute;n se ha intentado resolver, hasta ahora, a favor de la regulaci&oacute;n; su propuesta es que sea el horizonte de la emancipaci&oacute;n el que permita hacer frente a esta tensi&oacute;n; As&iacute;, la ciudadan&iacute;a que hasta ahora hab&iacute;a sido el escenario de la articulaci&oacute;n entre el Estado (como figura paradigm&aacute;tica de la subjetividad colectiva) y el individuo aut&oacute;nomo, ha de entenderse en su relaci&oacute;n con una idea de subjetividad m&aacute;s amplia &#8220;que envuelve las ideas de flexibilidad y responsabilidad personales, la materialidad de un cuerpo (real o ficticio) y las particularidades potencialmente infinitas que confieren cu&ntilde;o propio a la personalidad&#8221;.<sup><a href="#Nota8">8</a> </sup></p>     <p>En un movimiento similar entre el control-regulaci&oacute;n y la individualidad (ahora como conducta), Araujo (2003) recurre a una reconstrucci&oacute;n de car&aacute;cter hist&oacute;rico, para plantear una interdependencia entre los dos vectores de la civilizaci&oacute;n: por una parte la especializaci&oacute;n y tecnificaci&oacute;n expresada en la institucionalidad y el control externo, y por otra la individualizaci&oacute;n de la vida social, expresada en el autocontrol de la conducta. No hay un planteamiento expl&iacute;cito de la subjetividad en el tema de la especializaci&oacute;n, mientras que en la individualizaci&oacute;n, el elemento central es el autocontrol y, como consecuencia, la definici&oacute;n cada vez m&aacute;s n&iacute;tida de un yo interior un&iacute;voco, enfrentado al mundo exterior. Estos se proponen como condicionantes ps&iacute;quicos y a la vez, adaptaciones del y al control externo de la violencia; he aqu&iacute; el elemento articulador entre individuo e institucionalidad y el cimiento de una idea hegem&oacute;nica de ciudadan&iacute;a, que est&aacute; en la base de la burocratizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica. </p>     <p>El autor propone, m&aacute;s que un control adaptativo de la conducta, un control moral de la personalidad, basado en racionalidad moral, que combina lo emocional con lo racional en una suerte de continuidad y estabilidad del compromiso afectivo, nutrido por un afianzamiento de la argumentaci&oacute;n, la reflexi&oacute;n y la deliberaci&oacute;n racional y moral. </p>     <p>En cuanto a la <i>intersubjetividad</i>, que se entender&aacute; aqu&iacute; como lo referido a la relaci&oacute;n con otro y los aspectos sociales propiamente dichos, es preciso ver que en las concepciones de ciudadan&iacute;a se trascienden las relaciones de familia, de clan, de tribu y de clase, signadas por los roles y las jerarqu&iacute;as y se propone una relaci&oacute;n entre iguales. En este sentido, la ciudadan&iacute;a adquiere un car&aacute;cter homogenizador, en la medida en que propone, al menos en la abstracci&oacute;n, una igualdad para la participaci&oacute;n en las decisiones de la colectividad. </p>     <p>Cohn (2003), hace referencia a dos paradigmas que analizan las relaciones entre individuos y pueblos en el mundo civilizado. El primero se centra en la oposici&oacute;n entre separaci&oacute;n y v&iacute;nculo y el segundo, se concentra en la oposici&oacute;n entre guerra y paz. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos paradigmas se originan respectivamente en las dos concepciones ya citadas de pol&iacute;tica expuestas por Cohn; as&iacute;, el primer paradigma coloca al inter&eacute;s como pieza clave en la separaci&oacute;n y, en una din&aacute;mica parad&oacute;jica, lo interpone entre las personas, vincul&aacute;ndolas y separ&aacute;ndolas a la vez. El segundo paradigma, nace en la idea de pol&iacute;tica como proceso continuo y nunca acabado de construcci&oacute;n conjunta del espacio p&uacute;blico, digno de ser vivido; &eacute;sta es la perspectiva de la civilidad, que no piensa la pol&iacute;tica en t&eacute;rminos de v&iacute;nculos, sino en t&eacute;rminos de construcci&oacute;n del mundo de forma conjunta. </p>     <p>En este sentido, su propuesta de la responsabilidad, se opone a &#8220;indiferencia&#8221; y especialmente a lo que el autor llama &#8220;indiferencia estructural&#8221;, a cuya manifestaci&oacute;n protot&iacute;pica asistimos hoy, cuando los poderosos (especialmente los agentes econ&oacute;micos) act&uacute;an de forma aplastante, desconociendo el alcance y el efecto de su poder&iacute;o. </p>     <p>Por lo tanto, la responsabilidad aqu&iacute;, m&aacute;s que rendici&oacute;n de cuentas (<i>accountability</i>), sugiere un rompimiento con la indiferencia estructural, partiendo del reconocimiento mutuo de los interlocutores, como representantes de la humanidad. </p>     <p>En relaci&oacute;n con tales paradigmas, podemos hacer el an&aacute;lisis de las concepciones revisadas por Sarmiento (2003) y las revisadas en esta ocasi&oacute;n. As&iacute;, del lado del &eacute;nfasis en el v&iacute;nculo, se encuentra el contractualismo y la mediaci&oacute;n estatal, m&iacute;nima o relativa, de la tradici&oacute;n liberal, y la propuesta redistributiva y universalizante de Nancy Fraser (citada por Sarmiento, 2003). As&iacute; mismo, la perspectiva de Marshall (Marshall y Bottomore, 1950-1998), de acuerdo con la cual la ciudadan&iacute;a est&aacute; compuesta por derechos civiles, pol&iacute;ticos y sociales, har&iacute;a &eacute;nfasis en este punto. Los representantes del republicanismo y el marxismo anal&iacute;tico, parecer&iacute;an estar m&aacute;s del lado de la construcci&oacute;n conjunta. </p>     <p>Respecto del planteamiento de Araujo (2003) sobre la interdependencia entre la especializaci&oacute;n y la individualizaci&oacute;n, la intersubjetividad se convierte en el juego de la coordinaci&oacute;n de acciones especializadas y la actividad pol&iacute;tica se transforma en un ente administrador de conductas compartimentadas, constituyendo un aparato diferenciado entre t&eacute;cnico administrativo y militar. El autor contrapone esta tendencia a la visi&oacute;n republicana de la comunidad pol&iacute;tica que se concibe como centro moral y como un conjunto de pr&aacute;cticas, diferente de una actividad especializada, que implica un conocimiento m&aacute;s moral que t&eacute;cnico. </p>     <p>El autor presenta tres versiones; la primera es la versi&oacute;n aristocr&aacute;tica para la cual la comunidad debe estar conformada por &#8220;hombres prudentes&#8221;, &#8220;nobles&#8221; o &#8220;patricios&#8221;. Para la aristocracia de los siglos XXVIII y XIX, el ciudadano es el hombre que cultiva el comercio y las artes y que se constituye como la clase mediadora entre la plebe y la autoridad pol&iacute;tica, que controla la calidad moral del conjunto de la sociedad, al tiempo que garantiza que no haya despotismo en el gobierno. </p>     <p>La segunda es la versi&oacute;n democr&aacute;tica-plebeya que renace con la acceso de la burgues&iacute;a al poder; en la modernidad, esta propuesta basa su idea de ciudadan&iacute;a en una disposici&oacute;n moral universalista y se sirve de la idea <i>iusnaturalista</i> de los derechos. </p>     <p>Una tercera versi&oacute;n, la &#8220;constituci&oacute;n mixta&#8221;, hace contraste con las dos primeras, conservando la idea de estatus social pero promoviendo una apertura pol&iacute;tica (extensi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a) a grupos no aristocr&aacute;ticos. Esta versi&oacute;n se materializ&oacute; en pa&iacute;ses de la Europa occidental del siglo XIX, en los a&ntilde;os previos a las guerras nacionales. Para Araujo (2003), en esta variante moderna de comunidad no se da la convivencia entre clases propia de la propuesta republicana cl&aacute;sica. </p>     <p>Como se puede leer en la propuesta de intersubjetividad, aqu&iacute; la idea de la interacci&oacute;n corresponde a la relaci&oacute;n comunitaria en el sentido m&aacute;s cl&aacute;sico: la deliberaci&oacute;n de hombres libres e iguales. </p>     <p>Para hacer referencia al <i>estilo de vida</i>, es preciso decir que la forma como vive y convive el ciudadano es un tema recurrente en las reflexiones sobre el tema. Si bien no constituye una noci&oacute;n central o discutida expl&iacute;citamente, la alusi&oacute;n permanente a los par&aacute;metros de una vida digna de ser vivida, la consideraci&oacute;n de los derechos sociales como parte de la ciudadan&iacute;a y la prescripci&oacute;n de mane-ras, h&aacute;bitos y gestos del buen ciudadano, muestran la inclusi&oacute;n de la cotidianidad en la idea de ciudadan&iacute;a. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Habr&iacute;a dos formas de acercarse a la propuesta ciudadana en este sentido: por una parte, la est&eacute;tica de la ciudadan&iacute;a y la dignidad del ciudadano. </p>     <p>Respecto del primer acercamiento, los autores que se aproximan a la reflexi&oacute;n por la v&iacute;a de la civilizaci&oacute;n o de la civilidad (Cohn, 2003 y Araujo, 2003) aluden inevitablemente a &#8220;Las buenas maneras&#8221;, a la sensibilidad moral y el tacto pol&iacute;tico. </p>     <p>Cohn se refiere al concepto de civilidad como &#8220;un modo espec&iacute;fico de actuar&#8221; caracterizado por la &#8220;dial&eacute;ctica del tacto&#8221; (Adorno, citado por Cohn, 2003); y concluye que se trata de una forma social de la sensibilidad. </p>     <p>Por su parte Araujo, se&ntilde;ala como la virtud ciudadana por excelencia la sensibilidad moral a la que, citando a Hume, concibe como &#8220;pasi&oacute;n calma&#8221;, susceptible de pulirse y refinarse, afectando positivamente la propia pacificaci&oacute;n y el progreso material. </p>     <p>En cuanto al segundo acercamiento, las propuestas m&aacute;s tecnocr&aacute;ticas, como las que exhiben una perspectiva de derechos, utilizan expresiones como: &#8220;derecho a (...) vivir la vida de un ser civilizado conforme a los par&aacute;metros sociales&#8221; (Sarmiento, 2003; a prop&oacute;sito de los derechos sociales), o la consideraci&oacute;n de las &#8220;necesidades objetivas&#8221; como parte de los bienes primarios que constituyen un dimensi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a (John Rawls, citado por Sarmiento, 2003). </p>     <p>A&uacute;n m&aacute;s all&aacute;, desde Locke y Rousseau, pasando por Max Weber, hasta concepciones del republicanismo no democr&aacute;tico, hay afirmaciones respecto de las posesiones como habilitadoras o no del ejercicio de la ciudadan&iacute;a. Hasta tal punto las condiciones de vida influyeron en la definici&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, que en la necesidad hist&oacute;rica de ampliar el &aacute;mbito de la participaci&oacute;n, los derechos aparecen como una suerte de &#8220;posesi&oacute;n simb&oacute;lica natural&#8221; que da dignidad y autoestima a los despose&iacute;dos. </p>     <p>Respecto de la idea de<i> institucionalidad</i>, los textos revisados aportan argumentos y propuestas respecto de c&oacute;mo debe ser la relaci&oacute;n del ciudadano con su unidad pol&iacute;tica de referencia. Este no es el lugar para la amplia reflexi&oacute;n sobre conceptos como el de Estado, naci&oacute;n, instituci&oacute;n, comunidad, universo, cosmos, y de c&oacute;mo la ciudadan&iacute;a ha transmutado su referente en una suerte de &#8220;ires y venires&#8221;, simult&aacute;neos y complejos. No hay un movimiento lineal o evolutivo de la ampliaci&oacute;n de la unidad de referencia, que comience en la familia o la tribu y termine en una visi&oacute;n cosmopolita. La identidad pol&iacute;tica est&aacute; hoy, m&aacute;s que nunca, en un escenario complejo de m&uacute;ltiples referentes. Lo que s&iacute; se puede decir de la mano de varios de los autores le&iacute;dos (Santos, 1994; Cohn, 2003; Araujo, 2003; Dom&eacute;nech, 2000) es que la realizaci&oacute;n m&aacute;s cercana al ideal de la concepci&oacute;n hegem&oacute;nica de la ciudadan&iacute;a moderna, se dio en el apogeo de los Estados nacionales de la pos-guerra a finales del siglo XIX y principios del XX. En opini&oacute;n de Araujo, la interdependencia entre ciudadan&iacute;a, guerra y clase social, dio lugar a este fen&oacute;meno. Para Cohn, la circunstancia de transici&oacute;n de la parametrizaci&oacute;n tradicional de la vida social y la emancipaci&oacute;n del individuo (hacia la autonom&iacute;a individual), constituyeron sus verdaderas condiciones de posibilidad. </p>     <p>Si fue lo uno o fue lo otro, no nos ocupa aqu&iacute;; el mensaje en t&eacute;rminos de la propuesta ciudadana, parece estar entre la ambig&uuml;edad y el equilibrismo: ser ciudadano puede suponer acogerse al mismo tiempo a &#8220;...un Estado que encarna los t&eacute;rminos de la convivencia entre clases y le presta una identidad nacional, y a la subcomunidad que le presta una identidad de clase&#8221; (Araujo, 2003, p. 35). La idea que propone Nancy Fraser, es del mismo corte: la ciudadan&iacute;a ha de ser universal; las reivindicaciones de clase, g&eacute;nero, etnia u orientaci&oacute;n sexual deben reconocerse como tales, pero ser vinculadas institucionalmente, en t&eacute;rminos m&aacute;s econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que culturales. As&iacute; mismo, la salida de Marshall -que ha resultado salom&oacute;nica para las entidades defensoras de Derechos Humanos- es que frente a la tensi&oacute;n entre la lucha de clases y la ciudadan&iacute;a homogenizante, esta &uacute;ltima sea entendida seg&uacute;n la ya mencionada forma tridimensional de los derechos civiles, pol&iacute;ticos y sociales. </p>     <p>Vivimos en un mundo en el que se diluyen las fronteras nacionales y que se comporta como un sistema integrado; un mundo en el que se hace palpable la universalizaci&oacute;n de los derechos y, en el nombre de estos, se ve el nacimiento de reivindicaciones tan particulares que ya no se resuelven con la formulaci&oacute;n de m&aacute;s derechos universales. Adem&aacute;s, en el mismo sentido parad&oacute;jico, asistimos al colmo de la individualizaci&oacute;n de la vida social. Este mundo ya no puede anclar su ideal de sujeto pol&iacute;tico en el concepto hegem&oacute;nico de &#8220;ciudadan&iacute;a&#8221;. Sin duda aqu&iacute; se exponen tambi&eacute;n miradas alternativas: entre la emancipaci&oacute;n de Santos, la responsabilidad de Cohn, el pulimento de la sensibilidad moral del individuo de Araujo y el republicanismo democr&aacute;tico de Dom&eacute;nech, encuentro un &eacute;nfasis en la reinvenci&oacute;n de la subjetividad y su puesta en juego es la reacci&oacute;n m&aacute;s inmediata. Estas salidas parecen implicar un proyecto entre educativo, persuasivo y terap&eacute;utico. La esperanza parece estar ya no en las estructuras del gran aparato pol&iacute;tico y militar, sino en el alma humana y en las relaciones directas entre las personas: la voluntad, la moral, la raz&oacute;n, la comunidad y el tacto &#8220;ciudadanos&#8221;. </p>     <p>Se ha presentado hasta el momento un primer esbozo de un sujeto pol&iacute;tico que entra a la escena urbana, con una serie de potencialidades de enorme valor y complejidad, con una historia reciente de lo p&uacute;blico empobrecida por la guerra y sumada a una vivencia inmediatamente anterior marcada por la violencia directa y el desarraigo. Se ha tambi&eacute;n dibujado lo que podr&iacute;a ser un panorama del discurso del deber ser, con el que los nuevos actores pol&iacute;ticos se habr&aacute;n de encontrar. Ahora la pregunta es por los futuros posibles de lo pol&iacute;tico en este panorama y en este caso en particular, por el papel de la psicolog&iacute;a en su construcci&oacute;n, todo esto, en el camino del acompa&ntilde;amiento psicosocial. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La situaci&oacute;n de desplazamiento desarticula toda la l&oacute;gica de vida del campesino y lo lanza a otras din&aacute;micas: las din&aacute;micas urbanas. La conflictividad en el barrio, incluso la que deviene en violencia pol&iacute;tica, se presenta distinta. El expendio de drogas, la participaci&oacute;n de la juventud en pandillas, la llamada &#8220;pirater&iacute;a urbana&#8221; en asuntos de comercializaci&oacute;n de lotes y vivienda (P&eacute;rez, 2002). Por primera vez sufren la intromisi&oacute;n de organizaciones estatales o no gubernamentales en los asuntos familiares<sup><a href="#Nota9">9</a></sup>, planteando problem&aacute;ticas para cuyo afrontamiento resultan insuficientes los principios de potestad paterna y propiedad territorial por ley o por ocupaci&oacute;n productiva. De repente, se ven invadidos por un listado monumental de &#8220;derechos&#8221; en los talleres de las ONG e instituciones gubernamentales como la Red de Solidaridad Social -hoy Acci&oacute;n Social-, la Personer&iacute;a y la Defensor&iacute;a del Pueblo; as&iacute;, los reci&eacute;n llegados intentan hacerse al andamiaje jur&iacute;dico o a unos criterios nuevos de legitimidad para reclamar respeto y asistencia. Pronto encuentran el dedo &iacute;ndice de la justicia se&ntilde;al&aacute;ndolos de violadores de los derechos del ni&ntilde;o y de la mujer, y, supuestamente, con el mismo derecho de se&ntilde;alar a sus agresores como violadores de sus derechos como ciudadano y como habitante del universo (dimensiones que hasta ahora les eran desconocidas). </p>     <p>Lo que puede esperarse frente a la radicalidad de la crisis por la que atraviesan las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento, es una reconfiguraci&oacute;n de la subjetividad y de las formas de convivencia, y esto es un proceso que se puede acompa&ntilde;ar. Al mismo tiempo, reconocer que el desplazamiento tiene un origen pol&iacute;tico, sit&uacute;a en lo pol&iacute;tico buena parte de un abordaje que supere el asistencialismo en emergencia y, en la misma l&iacute;nea, no se ve otro horizonte en el camino de la recuperaci&oacute;n, que no sea el mismo marco de los derechos, en el que los reci&eacute;n llegados han encontrado tambi&eacute;n un estatus digno y un nuevo lugar de identidad alternativo al r&oacute;tulo de &#8220;desplazado&#8221;. </p>     <p>No obstante, imponer, merced a la vulnerabilidad caracter&iacute;stica de la emergencia, la propia racionalidad pol&iacute;tica, puede resultar simplemente in&uacute;til o puede reproducir la destructora relaci&oacute;n de sometimiento que origin&oacute; el desplazamiento. Es evidente que el corolario de todo esto no puede ser la promoci&oacute;n de formas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica desde la racionalidad campesina que se ha caracterizado en este texto; no s&oacute;lo porque resulta anacr&oacute;nica e insuficiente, sino porque el gamonalismo y las FARC nos han mostrado su efecto destructivo. Pero, si como ya se expuso, no es la idea de ciudadan&iacute;a la que convoca al desterrado &iquest;Cu&aacute;l es el camino? </p>     <p>La reflexi&oacute;n pol&iacute;tica contempor&aacute;nea y algunas corrientes de la psicolog&iacute;a, ofrecen herramientas de gran utilidad para pensar horizontes de actuaci&oacute;n en el sentido se&ntilde;alado. </p>     <p>En cuanto a la primera, aquellos planteamientos que pueden considerarse dentro del pensamiento complejo, resultan compatibles con la idea del surgimiento de nuevos actores pol&iacute;ticos en la escena urbana, derivados del panorama de desplazamiento forzado. Esta nueva escena exhibe una complejidad creciente en el sentido propuesto por Danilo Zolo (1992), dado el elevado n&uacute;mero de variables en juego, la inmensa interdependencia entre ellas, la cambiante y turbulenta din&aacute;mica del conflicto armado en Colombia y la conciencia por parte de los actores involucrados de la situaci&oacute;n de incertidumbre en la que se toman las decisiones. </p>     <p>Como primera medida, aparece en estos planteamientos &#8220;la urgencia y la necesidad tanto de re-pensar la pol&iacute;tica y lo pol&iacute;tico como de realizarla efectivamente&#8221; (Maldonado, 2002, p. 76). El mundo contempor&aacute;neo pone de manifiesto unas din&aacute;micas de las que no puede dar cuenta la concepci&oacute;n de pol&iacute;tica del mundo moderno. Si se trata de la sociedad del conocimiento (Maldonado, 2002), de la era de la informaci&oacute;n (Castells, 1998), de la biopol&iacute;tica y el biopoder (Foucault, 1976, Hardt &amp; Negri, 2000) o de la desintegraci&oacute;n de sistema-mundo (Wallerstein, 1995), lo cierto es que ya no se puede pensar en la idea de Estado (ya sea sustentado en la de naci&oacute;n o en la de gobierno) como poder central, o en &uacute;ltimas, como concepto central de la pol&iacute;tica y de lo pol&iacute;tico. </p>     <p>Ejercicios reflexivos en el sentido de resignificar el concepto de pol&iacute;tica convergen en no limitar su referente al sistema de toma de decisiones gobernativas y de relaciones de poder referidas a una instancia central. Una de las esferas a las que algunos autores comienzan por incluir en su referente de acci&oacute;n pol&iacute;tica, es la de las relaciones directas entre las personas, en movimientos de deliberaci&oacute;n y acci&oacute;n conjunta, como es el caso de la propuesta de Hannah Arendt (1997). La fil&oacute;sofa denuncia los efectos del rumbo que el sentido de la pol&iacute;tica ha tomado desde la edad media, en el cual la dominaci&oacute;n es la caracter&iacute;stica imperante. Rescata la forma griega de la polis como paradigma de lo pol&iacute;tico, como el espacio por excelencia del ejercicio de la libertad, en el sentido de igualdad de palabra. Lo pol&iacute;tico en su sentido m&aacute;s estricto no tendr&iacute;a que ver con el gobierno de la <i>vida nuda</i>, con la administraci&oacute;n de recursos y comportamientos en aras de la producci&oacute;n, sino con la acci&oacute;n creativa, generadora del cambio que se produce en la interacci&oacute;n de lo diverso en el encuentro p&uacute;blico. </p>     <p>La ganancia de esta resignificaci&oacute;n para avanzar en el problema del surgimiento de nuevos actores pol&iacute;ticos, radica en desplazar la mirada de la pol&iacute;tica de los espacios institucionales, del acto gubernamental, de la administraci&oacute;n de la producci&oacute;n y de la figura estatal, hacia la din&aacute;mica relacional entre diversos en condiciones de igualdad. </p>     <p>Otro ejercicio de resignificaci&oacute;n es el que adelanta Crick (1962-2001) en sus ensayos publicados bajo el titulo &#8220;En Defensa de la Pol&iacute;tica&#8221;. Este autor define la pol&iacute;tica, tal y como lo hace Arendt, por su sentido, m&aacute;s que por su finalidad. Se encuentra tambi&eacute;n con la autora en la definici&oacute;n de las formas contempor&aacute;neas de gobierno como formas predominantemente totalitarias y por lo tanto no pol&iacute;ticas. El sentido de la pol&iacute;tica para Crick, est&aacute; en las acciones p&uacute;blicas de los hombres libres, es decir, en la disputa de intereses rivales en un foro p&uacute;blico, en el que hay garant&iacute;as de acercamiento mutuo, seguridad y acceso a medios de expresi&oacute;n, en condiciones de igualdad. Si bien el &eacute;nfasis de este planteamiento no est&aacute; en la finalidad, hace alusi&oacute;n gen&eacute;rica al mantenimiento del orden dentro de una unidad territorial dada de manera convencional o arbitraria. Para la creaci&oacute;n y el cambio o para la convivencia y el orden razonables, Arendt y Crick coinciden en un movimiento deliberatorio en condiciones de diversidad e igualdad de palabra simult&aacute;neas. Pero Crick aclara que: &#8220;La pol&iacute;tica, igual que Anteo en el mito griego, tiene el don de permanecer joven, fuerte y din&aacute;mica siempre y cuando mantenga los pies bien plantados en el suelo de su madre, la Tierra&#8221; (p. 15). </p>     <p>La limitaci&oacute;n de la postura de Hannah Arendt consiste en separar el mundo de la vida, es decir la cotidianidad, del devenir pol&iacute;tico y proclamar la liberaci&oacute;n de las necesidades humanas como precondici&oacute;n para su ejercicio; ella lo llama &#8220;liberaci&oacute;n prepol&iacute;tica&#8221; y consiste en resolver el problema de la subsistencia y de la satisfacci&oacute;n de placeres mundanos, para acceder como ciudadano al intercambio del &aacute;gora. Una afirmaci&oacute;n as&iacute;, deja fuera del juego pol&iacute;tico a buena parte de los nuevos actores sociales que han demostrado una participaci&oacute;n significativa en el mundo pol&iacute;tico contempor&aacute;neo, como es el caso de los nuevos movimientos sociales. Pareciera que Crick en cambio, considerara que la diversidad se refiere a algo m&aacute;s all&aacute; de la opini&oacute;n argumentada y que nace en el seno de los estilos de vida y es tambi&eacute;n inter&eacute;s y tradici&oacute;n en el sentido m&aacute;s literal de estas palabras. Sin embargo la separaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado persiste en este autor y parece aun m&aacute;s adecuado enfocar la mirada en concepciones que reconocen el papel de la <i>vida nuda</i> en la forma como constituimos y negociamos las formas de convivencia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin duda Michael Foucault en su curso <i>Defender la Sociedad</i> (Foucault, 2001), da las &uacute;ltimas puntadas a una perspectiva del ejercicio del poder (que parece m&aacute;s del ejercicio del gobierno) que devela, a trav&eacute;s del concepto de biopol&iacute;tica (que puede entenderse mejor como biopoder) y la diferenciaci&oacute;n entre soberan&iacute;a y gubernamentalidad<sup><a href="#Nota10">10</a></sup>, las formas en que este biopoder aparece en el mundo de lo privado. Lo que Arendt denuncia como un error hist&oacute;rico, a saber politizar la <i>vida nuda</i>, Foucault lo muestra como un hecho no menos indignante o problem&aacute;tico que las formas pol&iacute;ticas de la Grecia antigua. La pol&iacute;tica entra en nuestras casas, en nuestros bolsillos, en nuestras venas. Adem&aacute;s, La biopol&iacute;tica cambia la fisonom&iacute;a del poder, que ya no se ejerce de manera vertical y directa, sino distribuida y sutil. </p>     <p>Pero aun m&aacute;s interesante en la propuesta del autor, es que adem&aacute;s de distribuirse, el poder ha develado sus m&uacute;ltiples finalidades y sus multiples direccionalidades; y paralela a la sutileza del gobierno sobre las poblaciones, est&aacute; la influencia de las poblaciones en el gobierno. Desde todos los &aacute;mbitos en donde era evidente una asimetr&iacute;a del dominio, ahora podemos ver el poder en al menos dos direcciones. As&iacute; se reconocen las formas de fina tiran&iacute;a del hijo sobre los padres, del alumno frente al maestro, del trabajador frente al empleador. Esta influencia que altera el ejercicio del poder dominante, ha sido llamada por Foucault, resistencia. </p>     <p>Desde entonces, la resistencia no es s&oacute;lo, a la manera hobessiana, la amenaza de los hombres que habiendo delegado de manera contractual sus voluntades a un soberano, amenazan con recuperarlas si este no cumple con su parte, a saber la protecci&oacute;n de la vida y la regulaci&oacute;n de los asuntos humanos; no es tampoco como en el caso de la revoluci&oacute;n del proletariado, la inversi&oacute;n de la posici&oacute;n de las fichas en el juego de la dominaci&oacute;n. La resistencia es parte constitutiva de las relaciones de poder, no es una oposici&oacute;n clara o impl&iacute;cita que se resuelve con el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza, ni una dial&eacute;ctica negociable. Es una provocaci&oacute;n permanente (Foucault, 1979); son movimientos efectivos de la voluntad que afectan las estructuras dominantes. Tanto el ejercicio del poder dominante como las resistencias son transversales, en el sentido de permear la subjetividad, habitar en la cotidianidad y presentarse en lo p&uacute;blico. </p>     <p>En la reflexi&oacute;n contempor&aacute;nea, Foucault, junto con otros autores (Axelrod, 1996; Santos, 2003; Maldonado, 2002; Hard &amp; Negri, 2005) contemplar&aacute;n un ejercicio del &#8220;poder pol&iacute;tico&#8221; de abajo hacia arriba y si bien considerar&aacute;n la figura del Estado como un actor en la escena pol&iacute;tica, ya no la considerar&aacute; la figura central. </p>     <p>Este elemento resulta clave para pensar en la emergencia de nuevos actores pol&iacute;ticos, pues muchos de ellos no hacen parte de las &eacute;lites de gobierno, ni son su base. Hacen pol&iacute;tica al margen de estas. Un ejemplo paradigm&aacute;tico en nuestro pa&iacute;s lo constituyen las Comunidades de Paz, cuya raz&oacute;n de ser no est&aacute; atada a demandas hacia un gobierno central o hacia las &eacute;lites para influir en las decisiones de gobierno; estas comunidades se han dado incluso el lujo de rechazar la relaci&oacute;n con ese poder central en algunos aspectos; en palabras de uno de sus furibundos detractores (Clavijo, 2005), estas comunidades &#8220;destierran al Estado&#8221;<sup><a href="#Nota11">11</a></sup>. </p>     <p>La limitaci&oacute;n que -para esta reflexi&oacute;n- presentan los planteamientos de Foucault, es la perspectiva del ejercicio del poder como algo nefasto y cuya &uacute;nica alternativa, la resistencia, est&aacute; en una ineludible interdependencia con el ejercicio de la dominaci&oacute;n. Si bien se avanza en la comprensi&oacute;n del poder como relaci&oacute;n de fuerzas, la idea de un poder que siempre se ejerce <i>sobre</i> otros o como <i>respuesta</i> a una fuerza ejercida por otros, impide imaginar el juego de fuerzas como una conjugaci&oacute;n y el poder como una potencia resultante que no siempre somete a un otro. </p>     <p>Carlos Eduardo Maldonado (2002), expone una mirada ampliada de la biopol&iacute;tica en la que &#8220;la importancia de la pol&iacute;tica consiste en la comprensi&oacute;n de la vida misma en su multiplicidad de facetas y dimensiones, con sus entrecruzamientos e influencias diversas y rec&iacute;procas, (...)&#8221; (p. 75). Tal perspectiva resulta apropiada para avanzar en la comprensi&oacute;n del surgimiento de nuevos actores pol&iacute;ticos, en la medida en que trascienden las propuestas de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de abajo hacia arriba que se limitan en unos casos, a la acci&oacute;n revolucionaria por la v&iacute;a armada y en otros, a la presi&oacute;n pac&iacute;fica y la interlocuci&oacute;n con las instancias de decisi&oacute;n p&uacute;blica. La pol&iacute;tica como vida, como acci&oacute;n, recoge los avances de las reconceptualizaciones ya citadas, al tiempo que reconoce el lugar de la cotidianidad y del poder &#8211;para la vida y no sobre la vida&#8211; en la pol&iacute;tica. </p>     <p>Adem&aacute;s, esta perspectiva considera el pluralismo como caracter&iacute;stico de la civilidad, entendido aquel como afirmaci&oacute;n de la diversidad con la posibilidad del conflicto (siempre que no sea violento). &Eacute;sta, junto con otras miradas inscritas en el pensamiento complejo (Zolo, 1994 y Axelrod, 2004), consideran que lo pol&iacute;tico atraviesa el mundo de la vida y contemplan la emergencia de nuevos actores en una din&aacute;mica creciente, una acelerada diferenciaci&oacute;n y una permanente retroalimentaci&oacute;n protagonizada por cualquier actor que &#8220;reconoce su propio destino&#8221; y &#8220;asume su realizaci&oacute;n&#8221;. </p>     <p>Esta perspectiva, adem&aacute;s de proporcionar un marco de referencia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, aporta formas concretas de an&aacute;lisis pol&iacute;tico que pueden ponerse al servicio de los nuevos actores. Es el caso de la teor&iacute;a de la cooperaci&oacute;n de Axelrod (2004), que brinda una herramienta de simulaci&oacute;n compleja y rigurosa con altos niveles de anticipaci&oacute;n. Axelrod (2004) en su teor&iacute;a, sostiene que la cooperaci&oacute;n m&aacute;xima se logra con altos niveles de cohesi&oacute;n social (operacionalizada en frecuencia de interacciones), un amplio umbral de futuro (en la figura de un &#8220;par&aacute;metro de actualizaci&oacute;n&#8221;) y la ausencia de un poder central, adem&aacute;s de otras caracter&iacute;sticas de la interacci&oacute;n misma; se podr&iacute;a a&ntilde;adir que en el curso del juego pol&iacute;tico, la creaci&oacute;n de confianza entre los actores involucrados es fundamental para que dicha cooperaci&oacute;n sea la caracter&iacute;stica reinante. Lo interesante aqu&iacute;, es que para una mirada que concibe el &eacute;xito pol&iacute;tico en el cuidado y la creaci&oacute;n de la vida cualificada en vez de en la consecuci&oacute;n del poder sobre otros, la cooperaci&oacute;n proporciona la generaci&oacute;n del mayor valor posible. </p>     <p>El alma y la acci&oacute;n humanas parecen ser en las propuestas contempor&aacute;neas el blanco de la intervenci&oacute;n para concebir un nuevo orden pol&iacute;tico, en la medida en que el sujeto pol&iacute;tico, en la figura del ciudadano o del civil, se entroniza como la esperanza de una pol&iacute;tica que supere la barbarie del totalitarismo moderno. El planteamiento de este texto supone que la renovada noci&oacute;n de la pol&iacute;tica que se ha ensayado l&iacute;neas atr&aacute;s, es su condici&oacute;n de posibilidad. Este panorama evidencia un papel clave de la psicolog&iacute;a en esta empresa. Como se trata de pensar a las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento forzado como una nueva fuerza pol&iacute;tica en el escenario urbano, y el papel del acompa&ntilde;amiento psicosocial en este contexto, lo que sigue es esbozar el papel pol&iacute;tico del acompa&ntilde;amiento psicosocial, tambi&eacute;n desde una perspectiva compleja. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Son dos las formas que podr&iacute;an reconocerse como posibilidades pol&iacute;ticas del acompa&ntilde;amiento psicosocial: Una, asistir a la reconfiguraci&oacute;n de la subjetividad de la persona y otra, la apertura de espacios de di&aacute;logo de saberes, espacios para el discernimiento, para el encuentro entre iguales y para la acci&oacute;n. </p>     <p>En la concepci&oacute;n del poder como fuerza, Foucault considera que el primer espacio de su ejercicio es gobernarse a s&iacute; mismo; en palabras de una foucaultiana: </p>     <p>Esta pr&aacute;ctica de los sujetos sobre s&iacute; mismos, este di&aacute;logo permanente entre las partes que lo constituyen; la forma en que se relacionan con las reglas y valores propuestos socialmente; la manera en que se someten a un principio de conducta, que obedecen o se resisten a una prescripci&oacute;n o prohibici&oacute;n; las modalidades en que el sujeto da forma a cierta parte de s&iacute; como materia prima de su conducta moral; las zonas de su interioridad que problematiza por encima de otras y que trabaja sobre ella sin descanso constituyen las t&eacute;cnicas de s&iacute; mismo tendientes a la elaboraci&oacute;n de la subjetividad. (Garc&iacute;a, 2001) </p>     <p>Estas t&eacute;cnicas tienen la facultad, tanto del autosometimiento como de la autotransformaci&oacute;n en una direcci&oacute;n que no es azarosa, que plantea un cierto estado de perfecci&oacute;n, o de felicidad, o de pureza, o de gracia. En este di&aacute;logo interno est&aacute; tambi&eacute;n la potencia de resistir las estructuras dominantes y redireccionar el destino trazado por &eacute;stas, en ejercicios de libertad. Pero este no es un asunto que se quede en la subjetividad, trasciende siguiendo la ruta de transversalidad y tiene efectos en lo p&uacute;blico. </p>     <p>La Psicolog&iacute;a puede acompa&ntilde;ar este di&aacute;logo interno, especialmente frente a experiencias cr&iacute;ticas que de presente implican reconfiguraci&oacute;n. Del c&oacute;mo hacerlo, ya hay pistas planteadas por psic&oacute;logos de corrientes alternativas que proponen en el encuentro conversacional, din&aacute;micas que escapan intencionalmente a la reproducci&oacute;n del poder dominante y que reconocen su car&aacute;cter pol&iacute;tico. </p>     <p>La perspectiva narrativa, que se reconoce como construccionista social, propone formas de la conversaci&oacute;n privada y grupal que se acercan a trav&eacute;s de un lenguaje externalizador y de preguntas deconstructivas, a din&aacute;micas psicosociales &#8220;liberadoras&#8221; </p>     <p>Sin duda, las psicolog&iacute;as y las psicoterapias tienen un rol significativo en la reproducci&oacute;n de la cultura dominante. Y, en gran medida esto es perfectamente comprensible. Es imposible que arribemos a una perspectiva exterior a la cultura y, por lo tanto, fuera del lenguaje y de los modos de vida conocidos que nos permita criticar nuestra cultura. Este hecho no nos condena sin embargo, a reproducir ciegamente la cultura, sin ninguna esperanza de rechazar u objetar aquellos aspectos que vivimos como problem&aacute;ticos. No nos restringe al rol de c&oacute;mplices del sistema moderno de poder&#8230; de hecho, pienso que debemos asegurarnos de no serlo. (White, 2001, p. 23) </p>     <p>La Psicolog&iacute;a Cultural, propuesta por Jerome Bruner (1995), reconoce la vida cotidiana como escenario de construcci&oacute;n de realidades sociales y por lo tanto su lenguaje (el de la cotidianidad), es decir la narrativa, como veh&iacute;culo privilegiado de la significaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de sentido. En este planteamiento la praxis cobra gran importancia en la medida en que realiza en lo social la forma como las personas significan el mundo. Finalmente, en Bruner (1995), la potencia de la imaginaci&oacute;n en la constituci&oacute;n de &#8220;mundos posibles&#8221; sit&uacute;a en el sujeto que significa e interact&uacute;a, el poder del cambio social. </p>     <p>Sin ir m&aacute;s lejos, la pr&aacute;ctica autodenominada Psicolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n (Mart&iacute;n-Bar&oacute;, 1990), propone una forma de situarse frente al trauma psicosocial, que combate ese movimiento simult&aacute;neo entre la individualizaci&oacute;n y la generalizaci&oacute;n de las experiencias tendiente a invisibilizar el espacio pol&iacute;tico para la acci&oacute;n de cambio. </p>     <p>Estas iniciativas, aportan la base para la apertura de espacios de interacci&oacute;n que tendr&iacute;an, en el sentido de Crick y Arendt, un car&aacute;cter pol&iacute;tico. El lugar que le dan al lenguaje como escenario de construcci&oacute;n de realidades y a la acci&oacute;n-relaci&oacute;n humana como generadora de cambio social, ofrecen la base te&oacute;rico-pr&aacute;ctica para acompa&ntilde;ar conversaciones &#8220;creativas&#8221;, en las que, como en el caso del &aacute;gora a&ntilde;orada por Arendt y Crick, se de el intercambio de perspectivas/experiencias en igualdad de condiciones, en el sentido de libertad de palabra; es un espacio para el discernimiento de la realidad, a trav&eacute;s del conocimiento de todas las perspectivas posibles; as&iacute; es tanto un espacio para el habla como para la escucha. Seg&uacute;n Arendt, all&iacute; se genera poder, poder para la acci&oacute;n que, a diferencia de la producci&oacute;n, consiste en la potencia de cambio y comienzo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es preciso recordar, como ya se se&ntilde;al&oacute;, que este ejercicio no ha de requerir la &#8220;liberaci&oacute;n prepol&iacute;tica&#8221;. M&aacute;s de una concepci&oacute;n hoy en d&iacute;a (Max Neef, Elizalde &amp; Hopenhayn 1986 y Sen, 2002) ha dado al traste con la jerarquizaci&oacute;n de las necesidades humanas, seg&uacute;n la cual, no se puede satisfacer el alma, sin satisfacer primero al cuerpo. Las personas sorprendentemente se ofrecen a la disertaci&oacute;n y al pensamiento, pese a su condici&oacute;n de pobreza; no es una regla general, pero basta el inter&eacute;s y el &#8220;sentido pol&iacute;tico&#8221; para que las personas participen de manera activa en la vida p&uacute;blica pese a sorprendentes situaciones de carencia y privaci&oacute;n. Huelga decir que esto no desmiente la evidente realidad de que un trabajo psicosocial sin anclaje econ&oacute;mico no prospera; pero deja claro que en s&iacute; mismo tiene mucho sentido y permite pensar que lo pol&iacute;tico no depende de lo econ&oacute;mico, como ha supuesto el pensamiento moderno, y al contrario, es una de las formas de transformaci&oacute;n de lo econ&oacute;mico. </p>     <p>Hay psic&oacute;logos incursionando en estas formas de acompa&ntilde;ar espacios de recuperaci&oacute;n psicosocial<sup><a href="#Nota12">12</a></sup>, tomando la opci&oacute;n &eacute;tica de reconocer su lugar pol&iacute;tico. No obstante cada uno de los supuestos que se plantean aqu&iacute; requiere de investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica, parte de la cual ya se ha iniciado<sup><a href="#Nota13">13</a></sup>. El horizonte es continuar propiciando encuentros y participando en iniciativas comunitarias y organizativas que permitan comprender cada vez m&aacute;s las realidades en di&aacute;logo y generar acci&oacute;n transformadora, la que en un principio se realizar&aacute; en escala local. </p>     <p><b>Notas al pi&eacute; de p&aacute;gina</b></p>     <p><a name=Nota1>1</a>. Entidades como la Corporaci&oacute;n Avre y las facultades de Psicolog&iacute;a y Estudios Ambientales de la Universidad Javeriana, sostienen que &#8220;La atenci&oacute;n Psicosocial debe reconocer a la persona desplazada como sujeto de derechos&#8221; (Corporaci&oacute;n AVRE, CHF Internacional, diciembre de 2002. Gu&iacute;a de Orientaciones para la atenci&oacute;n en salud mental y trabajo psicosocial a la poblaci&oacute;n desplazada en Colombia).<a name=Nota2></a></h2>     <p><a name="nota2">2</a>.<sup> </sup>El grupo Yfantais est&aacute; conformado por siete profesores de la Facultad de Teolog&iacute;a: Carlos Angarita, Algemiro Vergara, Roberto Solarte, Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez, Leonardo Berm&uacute;dez, Carlos Rom&aacute;n, Oscar Arango. Recientemente adelantaron un estudio sobre los imaginarios religiosos de pobladores en situaci&oacute;n de desplazamiento del Magdalena medio (municipios de Yond&oacute;, San Pablo y Barrancabermeja).</h2>     <p><a name=Nota3>3</a>.<sup> </sup>No se incluir&aacute;n en esta reflexi&oacute;n las comunidades ind&iacute;genas ni las negritudes organizadas, que tienen patrones culturales muy distintos y que poseen formas de organizaci&oacute;n muy arraigadas y eficaces y participan de la pol&iacute;tica de manera relativamente aut&oacute;noma. </p>     <p><a name=Nota4>4</a>.<sup> </sup>Expresi&oacute;n utilizada en un testimonio en el videocasete &#8220;Esta no es mi tierra&#8221;. CINEP. Santa Fe de Bogot&aacute;.</h2>     <p><a name=Nota5>5</a>.<sup> </sup>En este tr&aacute;nsito, el mestizaje y el exterminio ind&iacute;gena, jugaron un papel decisivo.</h2>     <p><a name=Nota6>6</a>.<sup> </sup>Es cierto que en la nueva din&aacute;mica de la guerra, las estrategias de terror estatal y del paramilitarismo principalmente, interfieren en las relaciones y en comportamientos familiares. Pero mientras que para la cultura campesina esto no es leg&iacute;timo, en la cultura urbana el poder estatal ingresa a nuestra casa cada vez m&aacute;s, con nuestra venia y de manera sutil. </p>     <p><a name=Nota7>7</a>.<sup> </sup>En palabras del autor, su obra pretende &#8220;&#8230;mostrar en varios planos, c&oacute;mo los resultados de nuestra vida social -que cientos de miles de personas intuitivamente definimos como &#8220;malos&#8220; o incluso &#8220;desastrosos&#8221;- no son en esencia producto de un gigantesco malentendido, ni de un complot, ni de una carencia (de conocimiento, de modales, de modernidad, de cultura adecuada), sino de formas de racionalidad idiosincr&aacute;tica social y culturalmente construidas y apuntaladas por estructuras y por una macroeconom&iacute;a de se&ntilde;ales&#8221; (Guti&eacute;rrez, 1998, p. 3).</h2>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name=Nota8>8</a>. En principio se puede leer en este autor una primac&iacute;a de la singularidad en la propuesta de emancipaci&oacute;n, que hace parecer su postura <i>sui generis</i> respecto de las dos corrientes planteadas al iniciar esta disertaci&oacute;n sobre ciudadan&iacute;a; no obstante al entrar en el terreno de la intersubjetividad, la fuerte idea de comunidad rousseauniana lo vincula a la corriente de las virtudes c&iacute;vicas, en la medida en que la politizaci&oacute;n de todos los espacios de la vida social, requiere de participaci&oacute;n directa y solidaridad entre los ciudadanos, lo que supone el principio de responsabilidad horizontal.</h2>     <p><a name=Nota9>9</a>. Es evidente el desconcierto del reci&eacute;n llegado cuando el funcionario del Estado o de una ONG indaga minuciosamente por las pr&aacute;cticas de crianza, los formas familiares de resolver conflictos, los parentescos entre quienes conviven, la forma como se distribuyen las habitaciones, la calidad de sus viviendas provisionales, la dieta alimenticia, la rutina cotidiana, entre otras cosas. Se pueden conocer los formatos para estas caracterizaciones en <a href="http://www.red.gov.co/" target="_blank">http://www.red.gov.co/</a>. </p>     <p><a name=Nota10>10</a>.<sup> </sup>Esta idea la retoma Foucault (1992) en su cap&iacute;tulo sobre La gubernamentalidad.</h2>     <p><a name=Nota11>11</a>.<sup> </sup>El mismo columnista, indignado reclama: &#8220;Ninguna parte del territorio colombiano puede tener un letrero que diga: &#8216;Prohibida la entrada a militares y polic&iacute;as&#8217; o sea, a los organismos de seguridad del Estado&#8221;.</h2>     <p><a name=Nota12>12</a>.<sup> </sup>Un ejemplo es el Proyecto de Pr&aacute;cticas &#8220;Culturas de Paz&#8221; de la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad Javeriana, que realiz&oacute; durante tres a&ntilde;os y medio un acompa&ntilde;amiento psicosocial a una comunidad en situaci&oacute;n de desplazamiento, y particip&oacute; con una ONG en la consolidaci&oacute;n de su componente psicosocial.</h2>     <p><a name=Nota13>13</a>.<sup> </sup>El grupo de investigaci&oacute;n Lazos Sociales y Culturas de Paz, adelanta un proyecto denominado <i>Significados del acompa&ntilde;amiento psicosocial &#8220;Resignificar la Experiencia&#8221; en personas en situaci&oacute;n de desplazamiento</i>, en el que la autora de este texto participa como coinvestigadora. Seguramente este estudio, dar&aacute; luces para afinar esta forma de trabajo.</h2>     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>1. Araujo, C. (2003). <i>Civilizaci&oacute;n y ciudadan&iacute;a</i>. En Boron, A. (comp.), Filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea: Controversias sobre civilizaci&oacute;n, imperio y ciudadan&iacute;a. CLACSO: Buenos Aires. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1657-9267200600010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Arendt, H. (1997). <i>&iquest;Qu&eacute; es la pol&iacute;tica?</i> Barcelona: Paid&oacute;s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1657-9267200600010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Axelrod, R. (1996). <i>La evoluci&oacute;n de la cooperaci&oacute;n</i>, Madrid: Alianza Universidad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1657-9267200600010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Axelrod, R. (2004). <i>La complejidad de la cooperaci&oacute;n</i>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1657-9267200600010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Baca, L. (1996). &iquest;Ciudadan&iacute;a contingente o ciudadan&iacute;a categ&oacute;rica? Tendencias del debate contempor&aacute;neo. <i>Revista Foro Internacional</i>, <i>XXXIV, 4</i>, pp. 752-764. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1657-9267200600010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Bruner, J. (1995). <i>Actos de significado</i>. Madrid: Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1657-9267200600010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Castells, M. (1998, marzo). <i>&iquest;Hacia el Estado red? Globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica e instituciones pol&iacute;ticas en la era de la informaci&oacute;n, </i>INDES, mime&oacute;grafo, ponencia presentada en el seminario sobre <i>&#8220;Sociedad y reforma del Estado&#8221;,</i> Brasil. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1657-9267200600010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. CINEP (1999).<i> Esta no es mi tierra. </i>Videocasete. Santa Fe de Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1657-9267200600010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Clavijo, A. (2005). <i>&iquest;Comunidades de paz?.</i> Semana On Line, Edici&oacute;n 1194. Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1657-9267200600010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Cohn, G. (2003). <i>Civilizaci&oacute;n, ciudadan&iacute;a y civismo</i>. En Boron, A. (comp.), Filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea: Controversias sobre civilizaci&oacute;n, imperio y ciudadan&iacute;a. Buenos Aires: CLACSO. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1657-9267200600010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Corporaci&oacute;n AVRE, CHF Internacional, (2002, diciembre). <i>Gu&iacute;a de orientaciones para la atenci&oacute;n en salud mental y trabajo psicosocial a la poblaci&oacute;n desplazada en Colombia</i>. Autor. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1657-9267200600010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Crick, B. (2001). <i>En defensa de la pol&iacute;tica</i>. Barcelona: Tusquets. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1657-9267200600010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Dom&eacute;nech, A. (2000). Individuo, comunidad y ciudadan&iacute;a. En Rubio-Carracedo, J., Rosales, J. y Toscano, M. (eds.) <i>Retos pendientes en &eacute;tica y pol&iacute;tica</i>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1657-9267200600010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Foucault, M. (1979). <i>Microf&iacute;sica del Poder</i>. Madrid: La Piqueta. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1657-9267200600010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Foucault, M. (2001). <i>Defender la Sociedad: curso del Coll&eacute;ge de France</i>. 1975-1976. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1657-9267200600010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Foucault, M. (1992) La Gubernamentalidad, En <i>Espacios de Poder</i>. Madrid: La Piqueta. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1657-9267200600010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Garc&iacute;a, M. I. (2001). Foucault y el discurso del poder. La resistencia y el arte.<i> Revista Electr&oacute;nica del Centro de Investigaciones y Servicios Educativos</i>, I, 1. <a href="http://www.uasnet.mx/cise/rev/Num1/foucault.htm" target="_blank">http://www.uasnet.mx/cise/rev/Num1/foucault.htm</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1657-9267200600010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Guill&eacute;n, F. (1979). <i>El poder pol&iacute;tico en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Punta de Lanza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1657-9267200600010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Guti&eacute;rrez-San&iacute;n, F. (1998). <i>La ciudad representada. </i>Bogot&aacute;: Tercer Mundo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1657-9267200600010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Hardt, M. &amp; Negri, A., (2000) <i>The</i><i> political constitution of empire</i>. Cambridge: Empire Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1657-9267200600010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Hobbes, T. (1995). <i>Leviat&aacute;n</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1657-9267200600010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Kean, J. (1992). <i>Democracia y sociedad civil</i>. Madrid: Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1657-9267200600010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Maldonado, C. E. (2002). <i>Filosof&iacute;a de la sociedad civil</i>. Bogot&aacute;: Siglo del Hombre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1657-9267200600010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Maquiavelo, N. (1997). <i>El Pr&iacute;ncipe</i>. Madrid: Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1657-9267200600010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Marshall, T. H. y Bottomore, B. T. (1998). <i>Ciudadan&iacute;a y clase social</i>. Madrid: Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1657-9267200600010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Mart&iacute;n Bar&oacute;, I. (1990). <i>Psicolog&iacute;a social de la guerra. </i>San Salvador: UCA. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1657-9267200600010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Max Neef, M., Elizalde, A. &amp; Hopenhayn M. (1986). <i>Desarrollo a escala humana: Una opci&oacute;n para el futuro</i>. Santiago de Chile: CEPAUR. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1657-9267200600010001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Muguerza, M. (2000). Individuo, comunidad y ciudadan&iacute;a. En Rubio-Carracedo, J., Rosales, J. y Toscano, M. (eds.). <i>Retos pendientes en &eacute;tica y pol&iacute;tica. </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1657-9267200600010001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. OIM, USAID, Pontificia Universidad Javeriana (2002). <i>Desplazamiento interno y atenci&oacute;n psicosocial: El reto de reinventar la vida</i>. Un estado del arte. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1657-9267200600010001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. P&eacute;rez, M. (2003). <i>Territorio y desplazamiento, el caso de Altos de Cazuc&aacute;</i>. Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1657-9267200600010001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Santos, Boaventura de Sousa (1994). Subjetividad, ciudadan&iacute;a y emancipaci&oacute;n. En <i>El otro Derecho</i>. <i>Vol. 5, N&uacute;m. 3, 1994</i>. ILSA. P. 7-60. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1657-9267200600010001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Sarmiento, L. (2003) Sujetos y ciudadan&iacute;as. Estrada, A. y otros. En <i>Caminos hacia nuevas ciudadan&iacute;as</i>. Bogot&aacute; DC: Coedici&oacute;n Pontificia Universidad Javeriana, Instituto PENSAR y DABS . &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1657-9267200600010001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Sen, A. (2002). <i>Desarrollo y libertad</i>. Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Esther Rabasco y Luis Toharia. Bogot&aacute;: Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1657-9267200600010001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Solarte, R. (2004). Desplazamiento y religi&oacute;n: Problemas y retos. En <i>Migraci&oacute;n, desplazamiento forzado y refugio</i>. Publicado en la p&aacute;gina del Programa Andino de Derechos Humanos, recuperado de <a href="http://www.uasb.edu.ec/padh/revista12/migracion/ponencias/roberto%20solarte.htm" target="_blank">http://www.uasb.edu.ec/padh/revista12/migracion/ponencias/roberto%20solarte.htm</a>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1657-9267200600010001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Wallerstein, I. (1995). <i>La reestructuraci&oacute;n capitalista y el sistema-mundo</i>. Conferencia dictada en el XX congreso de la asociaci&oacute;n Latinoamericana de Sociolog&iacute;a, M&eacute;xico, 2 al 6 de Octubre de 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1657-9267200600010001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. White, M. (2001). <i>Reescribir la vida</i>. Barcelona: Gedisa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1657-9267200600010001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Zolo, D. (1994). <i>Democracia y complejidad, un enfoque realista</i>. Buenos Aires: Nueva Visi&oacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1657-9267200600010001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Araujo]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Civilización y ciudadanía]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Boron]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Filosofía política contemporánea: Controversias sobre civilización, imperio y ciudadanía]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CLACSO]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Arendt]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[¿Qué es la política?]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Axelrod]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La evolución de la cooperación]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza Universidad]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Axelrod]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La complejidad de la cooperación]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Baca]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Ciudadanía contingente o ciudadanía categórica?: Tendencias del debate contemporáneo]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Foro Internacional]]></source>
<year>1996</year>
<volume>XXXIV</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>752-764</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bruner]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Actos de significado]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="confpro">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castells]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[¿Hacia el Estado red?: Globalización económica e instituciones políticas en la era de la información]]></source>
<year>1998</year>
<conf-name><![CDATA[ Sociedad y reforma del Estado]]></conf-name>
<conf-loc> </conf-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>CINEP</collab>
<source><![CDATA[Esta no es mi tierra]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santa Fe de Bogotá ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Clavijo]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Comunidades de paz?]]></article-title>
<source><![CDATA[Semana On Line]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cohn]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Civilización, ciudadanía y civismo]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Boron]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Filosofía política contemporánea: Controversias sobre civilización, imperio y ciudadanía]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CLACSO]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>Corporación AVRE^dCHF Internacional</collab>
<source><![CDATA[Guía de orientaciones para la atención en salud mental y trabajo psicosocial a la población desplazada en Colombia]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-name><![CDATA[Autor]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Crick]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[En defensa de la política]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tusquets]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Doménech]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Individuo, comunidad y ciudadanía]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Rubio-Carracedo]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rosales]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Toscano]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Retos pendientes en ética y política]]></source>
<year>2000</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Microfísica del Poder]]></source>
<year>1979</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[La Piqueta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Defender la Sociedad: curso del Collége de France. 1975-1976]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Gubernamentalidad]]></article-title>
<source><![CDATA[Espacios de Poder]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[La Piqueta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García]]></surname>
<given-names><![CDATA[M. I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Foucault y el discurso del poder: La resistencia y el arte]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Electrónica del Centro de Investigaciones y Servicios Educativos]]></source>
<year>2001</year>
<volume>I</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guillén]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El poder político en Colombia]]></source>
<year>1979</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Punta de Lanza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gutiérrez-Sanín]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La ciudad representada]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tercer Mundo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hardt]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Negri]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The political constitution of empire]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Empire Harvard University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hobbes]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Leviatán]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kean]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Democracia y sociedad civil]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Maldonado]]></surname>
<given-names><![CDATA[C. E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Filosofía de la sociedad civil]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Siglo del Hombre]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Maquiavelo]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El Príncipe]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marshall]]></surname>
<given-names><![CDATA[T. H]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Bottomore]]></surname>
<given-names><![CDATA[B. T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ciudadanía y clase social]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martín Baró]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Psicología social de la guerra]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[San Salvador ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UCA]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Max Neef]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Elizalde]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hopenhayn]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Desarrollo a escala humana: Una opción para el futuro]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CEPAUR]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Muguerza]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Individuo, comunidad y ciudadanía]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Rubio-Carracedo]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rosales]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Toscano]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Retos pendientes en ética y política]]></source>
<year>2000</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>OIM, USAID, Pontificia Universidad Javeriana</collab>
<source><![CDATA[Desplazamiento interno y atención psicosocial: El reto de reinventar la vida: Un estado del arte]]></source>
<year>2002</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pérez]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Territorio y desplazamiento, el caso de Altos de Cazucá]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-name><![CDATA[Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Santos]]></surname>
<given-names><![CDATA[Boaventura de Sousa]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Subjetividad, ciudadanía y emancipación]]></article-title>
<source><![CDATA[El otro Derecho]]></source>
<year>1994</year>
<month>19</month>
<day>94</day>
<volume>5</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>7-60</page-range><publisher-name><![CDATA[ILSA]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<label>32</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sarmiento]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sujetos y ciudadanías]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Estrada]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Caminos hacia nuevas ciudadanías]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá DC ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pontificia Universidad Javeriana, Instituto PENSAR y DABS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<label>33</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sen]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Desarrollo y libertad]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Planeta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<label>34</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Solarte]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Desplazamiento y religión: Problemas y retos]]></article-title>
<source><![CDATA[Migración, desplazamiento forzado y refugio]]></source>
<year>2004</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<label>35</label><nlm-citation citation-type="confpro">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wallerstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La reestructuración capitalista y el sistema-mundo]]></source>
<year>1995</year>
<conf-name><![CDATA[ XX congreso de la asociación Latinoamericana de Sociología]]></conf-name>
<conf-date>1995</conf-date>
<conf-loc> </conf-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<label>36</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[White]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Reescribir la vida]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gedisa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<label>37</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Zolo]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Democracia y complejidad, un enfoque realista]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Nueva Visión]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
