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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL DERECHO A LA VERDAD EN SITUACIONES DE POST-CONFLICTO BÉLICO DE CARÁCTER NO-INTERNACIONAL]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper results from research work performed on the enforceability of the Right to the Truth under Public International Law. This paper is intented to analyze the duties undertaken by the States regarding the compliance with this specific human right after serious violations of International Human Rights Law or International Humanitarian Law during non-international armed conflicts. The main purpose of this work is to demonstrate that States have no longer the discretion to handle post-conflict situations in breach of their international obligations regarding Human Rights.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><font face="verdana" size="4"><b>EL DERECHO A LA VERDAD EN SITUACIONES DE POST-CONFLICTO B&Eacute;LICO DE CAR&Aacute;CTER NO-INTERNACIONAL</b></font></center></p>      <p>    <center><font face="verdana" size="3">THE RIGHT TO THE TRUTH AFTER NON INTERNATIONAL ARMED CONFLICTS</font></center></p>       <p>    <center><font face="verdana" size="2">Dami&aacute;n A. Gonz&aacute;lez-Salzberg*</font></center></p>      <p><font face="verdana" size="2">* Abogado, Universidad de Buenos Aires (UBA); Auxiliar Docente de Derecho Internacional P&uacute;blico de la Facultad de Derecho, UBA; Asesor Legal del Instituto Nacional contra la Discriminaci&oacute;n, la Xenofobia y el Racismo (INADI) del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos del Estado Argentino; Maestrando en MA in Public Administration and Public Policy, York University, UK; Miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n sobre el Derecho Internacional de los Conflictos Armados (INDICA), en cuyo marco se elabor&oacute; la investigaci&oacute;n base del presente trabajo. Contacto: <a href="mailto:dags161@yahoo.com.ar">dags161@yahoo.com.ar</a></font></p>       <p><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 10 de agosto de 2008 Fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de octubre de 2008</font></p>  <hr> <font face="verdana" size="3">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>El presente trabajo es fruto de una investigaci&oacute;n sobre la virtualidad del derecho a la verdad en el &aacute;mbito del derecho internacional p&uacute;blico. A lo largo del mismo se pretende analizar las obligaciones que pesan sobre los Estados para la satisfacci&oacute;n de este derecho humano en situaciones de postconflicto b&eacute;lico de car&aacute;cter no-internacional que hubieran implicado graves violaciones al derecho internacional de los derechos humanos o al derecho internacional humanitario. La idea esencial que se persigue a lo largo del trabajo es poner de manifiesto que, en la actualidad, los Estados carecen de un grado de discrecionalidad tal que les permita manejar situaciones de post-conflicto desoyendo las obligaciones internacionalmente asumidas en materia de derechos humanos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave</b>: derecho a la verdad; Corte Interamericana de Derechos Humanos; derecho internacional de los derechos humanos; derecho internacional humanitario.</p>  <hr>     <p><b><i>Abstract</b></p>     <p>This paper results from research work performed on the enforceability of the Right to the Truth under Public International Law. This paper is intented to analyze the duties undertaken by the States regarding the compliance with this specific human right after serious violations of International Human Rights Law or International Humanitarian Law during non-international armed conflicts. The main purpose of this work is to demonstrate that States have no longer the discretion to handle post-conflict situations in breach of their international obligations regarding Human Rights.</i></p>      <p><b>Key words</b>: <i>Right to the Truth; Inter-American Court of Human Rights; International Human Rights Law; International Humanitarian Law.</i></p>  <hr>     <p><b>Sumario</b>: Introducci&oacute;n.- I. El derecho a la verdad: concepto, origen y evoluci&oacute;n.- II. Las pautas establecidas por la CorteIDH.- III. Aspectos del derecho a la verdad todav&iacute;a no reconocidos.- IV. La obligaci&oacute;n de juzgar a los responsables.- V. Las amnist&iacute;as frente al derecho a la verdad.- VI. Derecho a la verdad vs. garant&iacute;a <i>ne bis in idem.</i>- VII. Las comisiones de la verdad y el derecho a la verdad.- VIII. La condena de los responsables individuales.- Conclusiones.- Bibliograf&iacute;a.</p>  <hr>       <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>      <p>En el presente trabajo nos proponemos analizar la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad como una consecuencia jur&iacute;dica necesaria de toda situaci&oacute;n de post-conflicto b&eacute;lico de car&aacute;cter no-internacional que hubiera implicado serias violaciones al derecho internacional humanitario (DIH) o graves vulneraciones al derecho internacional de los derechos humanos (DIDH).</p>      <p>Centraremos la atenci&oacute;n en el origen y evoluci&oacute;n de este derecho, evaluando los avances realizados por diversos organismos internacionales para lograr su reconocimiento. En particular, analizaremos la relevancia que el derecho a la verdad adquiri&oacute; en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) –dado que consideramos que ha sido en este &aacute;mbito donde mayor desarrollo ha logrado– y prestaremos especial atenci&oacute;n a las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), dado que el car&aacute;cter vinculante de sus sentencias determina cabalmente las obligaciones que pesan sobre los Estados. No obstante ello, debemos remarcar que lejos estamos de considerar que este derecho humano s&oacute;lo exista en este acotado marco, ya que los avances realizados pueden ser claramente extrapolados a los sistemas Europeo y Africano, como tambi&eacute;n al &aacute;mbito universal delineado por la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas.</p>      <p>As&iacute; mismo, a modo de poner a prueba la virtualidad del derecho a la verdad, hemos optado por observar su relaci&oacute;n con las leyes de amnist&iacute;a dictadas por diferentes Estados; con institutos jur&iacute;dicos invaluables como la <i>res judicata</i> y la garant&iacute;a de prohibici&oacute;n de doble juzgamiento; as&iacute; como con la labor de las comisiones de la verdad.</p>      <p>Por &uacute;ltimo, nos desviaremos levemente del tema central para abordar un aspecto centrado m&aacute;s propiamente en el concepto de Justicia que en el de Verdad –al exponer algunas ideas relativas a la aplicaci&oacute;n de sanciones por responsabilidades individuales–, entendiendo que el v&iacute;nculo es evidente a la vez que imprescindible, dado que no puede existir Justicia sin Verdad, ni Verdad sin Justicia. Como sostuviera el profesor Antônio Augusto Cançado Trindade: "<i>la prevalencia del derecho a la verdad es esencial para el combate a la impunidad, y se encuentra ineluctablemente ligada a la propia realizaci&oacute;n de la justicia, y a la garant&iacute;a de no-repetici&oacute;n de aquellas violaciones"</i><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>I. El derecho a la verdad: concepto, origen y evoluci&oacute;n</b></p>      <p>Siguiendo a la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), proponemos entender el derecho a la verdad como el derecho que asiste a las v&iacute;ctimas –directas e indirectas– de graves violaciones al DIH<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> o al DIDH, como tambi&eacute;n a la sociedad en su conjunto<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, a conocer lo verdaderamente ocurrido en tales situaciones.</p>      <p>Entendemos entonces que el derecho a la verdad se configura como un derecho individual, a la vez que colectivo, cuya virtualidad aparece en los casos de reparaci&oacute;n debida por parte de los Estados por graves violaciones de obligaciones internacionalmente asumidas<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. En consecuencia, la satisfacci&oacute;n de este derecho conlleva necesariamente determinados deberes en cabeza de los Estados, en particular, el de investigar y esclarecer los hechos, el de individualizar a los responsables por los mismos y el de difundir p&uacute;blicamente dicha informaci&oacute;n<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>      <p>No resulta casual que la virtualidad del derecho a la verdad se observe ante las graves violaciones al DIH o al DIDH, dada la interrelaci&oacute;n existente entre estos dos &aacute;mbitos del derecho internacional. Si bien estas dos ramas del derecho difieren en cuanto a su origen, presentan un objetivo com&uacute;n: la protecci&oacute;n y salvaguarda de la persona humana en cualquier circunstancia<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. La complementariedad entre ambos ordenamientos se torna especialmente palpable en el desarrollo de un conflicto b&eacute;lico no-internacional, como tambi&eacute;n en la situaci&oacute;n de post-conflicto. Durante las hostilidades, las personas se encuentran protegidas por las normas emanadas tanto del DIH como del DIDH<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>. En particular, debe observarse que existe un n&uacute;cleo de derechos humanos cuyo ejercicio no puede ser suspendido por los Estados aunque medie un conflicto armado<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>, encontr&aacute;ndose una clara equivalencia entre el contenido del art&iacute;culo 3 com&uacute;n de los Convenios de Ginebra de 1949<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> y el contenido de los derechos insusceptibles de suspensi&oacute;n –como el derecho a no ser privado arbitrariamente de la vida o sometido a torturas–<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. Con relaci&oacute;n a la situaci&oacute;n de post-conflicto, ante graves violaciones al DIDH como al DIDH, surge la exigencia de satisfacer el derecho a la verdad.</p>      <p>Si bien este tema ha sido prioritariamente desarrollado por los &oacute;rganos del Sistema Interamericano, no puede dejarse de observar que el origen normativo de este derecho parecer&iacute;a encontrarse en el propio DIH. Tal vez no resulte sencillo establecer con claridad cu&aacute;l fue la piedra basal del derecho a la verdad, no obstante lo cual creemos que puede asistir raz&oacute;n a quienes encuentran el origen de este derecho en el DIH, m&aacute;s particularmente en el Protocolo I a los Convenios de Ginebra de 1949<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. En relaci&oacute;n con las personas desaparecidas y fallecidas a ra&iacute;z del conflicto b&eacute;lico, el art&iacute;culo 32 del mencionado tratado hace expresa referencia al "<i>derecho que asiste a las familias de conocer la suerte de sus miembros</i>"<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>      <p>Sin embargo, ser&iacute;an los organismos de control de los tratados de derechos humanos los que comenzaron a establecer ciertos deberes en cabeza de los Estados, allanando el camino hacia el derecho a la verdad. Podemos recordar que la CIDH hab&iacute;a reconocido en su Informe Anual de 1975 que los Estados tienen la obligaci&oacute;n de investigar las violaciones -y sancionar a los autores–, en casos de tortura, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. Es decir, pesa sobre los Estados el deber de investigar lo verdaderamente ocurrido en casos de graves violaciones a los derechos humanos. En el mismo sentido, el Comit&eacute; de Derechos Humanos, &oacute;rgano de contralor del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos, entendi&oacute; en el a&ntilde;o 1983 que, en caso de desaparici&oacute;n forzada, el Estado tiene la obligaci&oacute;n de establecer qu&eacute; ha pasado con la v&iacute;ctima<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>.</p>      <p>De cualquier modo, corresponde recordar que ser&iacute;a la CIDH en su Informe Anual de los a&ntilde;os 1985-1986 el organismo que habr&iacute;a reconocido la existencia del derecho a la verdad propiamente, al sostener que se trata de un derecho irrenunciable de los familiares de las v&iacute;ctimas, as&iacute; como de la sociedad toda, a conocer la verdad de lo ocurrido respecto a la comisi&oacute;n de delitos aberrantes<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p>      <p><b>II . Las pautas establecidas por la Corte IDH</b><font face="verdana" size="2"><sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></font></p>      <p>Consideramos que la Corte IDH ha tenido un rol esencial en el desarrollo del derecho a la verdad, estableciendo en cabeza de los Estados obligaciones que han tendido a la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad. Ya en su primer pronunciamiento en un caso contencioso, en el a&ntilde;o 1988, el alto tribunal plante&oacute; un esbozo del derecho en cuesti&oacute;n. En su sentencia en el memorable caso <i>Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez</i>, la Corte sostuvo que los familiares del estudiante v&iacute;ctima de desaparici&oacute;n forzada pose&iacute;an el derecho a conocer cu&aacute;l hab&iacute;a sido su destino<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>. Es decir, la familia de la v&iacute;ctima ten&iacute;a un verdadero derecho a saber qu&eacute; le hab&iacute;a ocurrido. Vinculado con ello, el tribunal resolvi&oacute; que los Estados miembros del Sistema Interamericano cargaban, merced al deber de garant&iacute;a establecido en el art&iacute;culo 1.1 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos (CADH), con la obligaci&oacute;n de investigar seriamente las violaciones ocurridas bajo su jurisdicci&oacute;n a fin de identificar a los responsables e imponerles las sanciones pertinentes<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>.</p>      <p>Entendemos que es en este caso donde encontramos el principio germinal del derecho a la verdad en la jurisprudencia de la CorteIDH. Los Estados poseen, en virtud del deber de respeto y garant&iacute;a, la obligaci&oacute;n de investigar los hechos violatorios de los derechos humanos y de comunicarlos a la familia de la v&iacute;ctima. Adem&aacute;s, a partir de la sentencia sobre "Indemnizaci&oacute;n compensatoria" en dicho caso, la Corte reconocer&iacute;a que la obligaci&oacute;n de investigar y sancionar implica un modo necesario de reparaci&oacute;n que pesa sobre los Estados<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>, y aquel pasar&aacute; a formar parte inexcusable de toda sentencia acerca de graves violaciones a los derechos humanos como ser ejecuciones extrajudiciales, tortura o desaparici&oacute;n forzada<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De cualquier modo, consideramos que en el a&ntilde;o 1998, al resolverse el caso <i>Blake</i>, tuvo lugar un cambio muy significativo en la opini&oacute;n de la Corte. A partir de dicha sentencia –que trat&oacute; tambi&eacute;n de un caso de desaparici&oacute;n forzada–, se reconoci&oacute; que los familiares de las v&iacute;ctimas de graves violaciones a los derechos humanos poseen el "derecho" a que los acontecimientos sean efectivamente investigados y los responsables juzgados y sancionados<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. Es decir, el esclarecimiento de las violaciones dej&oacute; de ser meramente una obligaci&oacute;n general del Estado, para ser reconocido como un verdadero derecho de las personas. Si bien podr&iacute;a pensarse que hacemos referencia a un simple cambio sem&aacute;ntico, en mucho dista de ser as&iacute;. En <i>Blake</i> se establece un reconocimiento ya evidente, aunque todav&iacute;a incipiente, del derecho a la verdad, dado que se reconoce que la obligaci&oacute;n estatal de investigaci&oacute;n –cuya consecuencia deseada ser&aacute; descubrir la verdad de los hechos– es el correlato del derecho humano a las garant&iacute;as judiciales –contemplado en el art. 8.1 CADH–<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>.</p>      <p>Sin embargo, a s&oacute;lo diez meses de resolverse el caso <i>Blake</i>, la Corte parecer&iacute;a ser contundente en su negativa a reconocer la existencia de un leg&iacute;timo derecho a la verdad. En la sentencia sobre Reparaciones del caso <i>Castillo P&aacute;ez</i>, ante el argumento de la CIDH de que el Estado peruano hab&iacute;a vulnerado el derecho a la verdad, la Corte sostuvo que este alegado derecho no se encontraba enumerado en la Convenci&oacute;n, sino que podr&iacute;a corresponder a un "concepto" todav&iacute;a en desarrollo doctrinario y jurisprudencial<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>.</p>      <p>No obstante ello, otro gran paso hacia el reconocimiento del derecho a la verdad tuvo lugar en el a&ntilde;o 2000, al dictarse la sentencia <i>Durand y Ugarte</i> –que trat&oacute; de un caso de ejecuciones extrajudiciales–. En dicho pronunciamiento, la Corte avanz&oacute; en el criterio ya establecido en <i>Blake</i>, recurriendo a la conjunci&oacute;n del derecho a debidas garant&iacute;as judiciales y del derecho a la protecci&oacute;n judicial, para establecer la base convencional del derecho de los familiares de v&iacute;ctimas de graves violaciones a los derechos humanos a que los hechos fueran investigados por el Estado y los responsables identificados<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>.</p>      <p>Tambi&eacute;n en el a&ntilde;o 2000, la CorteIDH resolvi&oacute; el caso <i>B&aacute;maca Vel&aacute;squez</i>, siendo &eacute;sta la primera oportunidad en la cual se analiz&oacute; en un apartado espec&iacute;fico la posible violaci&oacute;n del derecho a la verdad. La CIDH hab&iacute;a afirmado que la falta de esclarecimiento de la desaparici&oacute;n forzada de la v&iacute;ctima implicaba una violaci&oacute;n al derecho a la verdad, emergente de la interpretaci&oacute;n din&aacute;mica de los derechos a las garant&iacute;as judiciales, a la protecci&oacute;n judicial, a la libertad de expresi&oacute;n y del deber de respeto de los derechos humanos –arts. 8, 25, 13 y 1.1 CADH–, y que este derecho a la verdad pertenec&iacute;a a los familiares de la v&iacute;ctima y a la sociedad en su conjunto<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>. Si bien el tribunal no rechaz&oacute; la existencia del derecho alegado, sostuvo que en el caso en cuesti&oacute;n el mismo se encontraba subsumido en el an&aacute;lisis realizado de la violaci&oacute;n de los art&iacute;culos 8 y 25, que confieren a los familiares el derecho a que la desaparici&oacute;n forzada de la v&iacute;ctima sea investigada y los responsables juzgados<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>.</p>      <p>Por nuestra parte, entendemos que en la sentencia en menci&oacute;n la CorteIDH reconoci&oacute; el &aacute;mbito individual del derecho a la verdad –es decir, el derecho de las v&iacute;ctimas–, a la par que neg&oacute; la dimensi&oacute;n colectiva de este derecho –el derecho de la sociedad–. No obstante ello, esta negativa no result&oacute; tajante, dado que la propia Corte sostuvo que el Estado se encuentra obligado a divulgar p&uacute;blicamente los resultados de la investigaci&oacute;n que se debe realizar<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>.</p>      <p>En igual sentido, el criterio de que el derecho a saber lo ocurrido corresponde s&oacute;lo a los familiares fue reiterado por la Corte al resolver la sentencias sobre Reparaciones en los casos <i>Paniagua Morales y otros</i><sup><a name="nu28"></a><a href="#num287">28</a></sup> y <i>Ni&ntilde;os de la calle</i><sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>. Sin embargo, en este &uacute;ltimo el tribunal tambi&eacute;n estableci&oacute; una nueva medida que consideramos relacionada con el derecho a la verdad: el Estado deb&iacute;a designar un centro educativo con un nombre alusivo a las v&iacute;ctimas del caso y colocar en &eacute;ste una placa con el nombre de los ni&ntilde;os v&iacute;ctimas de las torturas y ejecuciones sumarias. Esta medida ten&iacute;a por fin contribuir a hacer conocer los hechos lesivos, conservar la memoria sobre las v&iacute;ctimas y evitar la repetici&oacute;n de graves violaciones de los derechos humanos<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>.</p>      <p>Consideramos que esta nueva modalidad de reparaci&oacute;n determinada por la Corte tuvo un impacto directo en la satisfacci&oacute;n de la dimensi&oacute;n colectiva del derecho a la verdad y, en particular, en mantener la memoria de la sociedad acerca de las graves violaciones de los derechos humanos cometidas, a fin de evitar su repetici&oacute;n. Esta clase de medidas pasar&iacute;an a ser ordenadas a los Estados con frecuencia<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>; inclusive, la Corte impuso oportunamente a El Salvador el deber de designar un d&iacute;a del calendario en honor a los menores desaparecidos durante el conflicto armado interno, con el fin de que la sociedad tomara conciencia de la necesidad de la labor mancomunada para llegar a conocer la verdad acerca del paradero de dichos ni&ntilde;os<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>.</p>      <p>Creemos que el siguiente gran paso que dar&iacute;a la Corte en favor de la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad tuvo lugar al resolver la sentencia sobre Reparaciones en el caso <i>Barrios Altos</i>. En dicha oportunidad, el tribunal estableci&oacute;, entre las obligaciones a cargo del Estado, la de construir un monumento en memoria de las v&iacute;ctimas de ejecuciones extrajudiciales; la obligaci&oacute;n de realizar una disculpa p&uacute;blica a las v&iacute;ctimas –aunque acotada a la publicaci&oacute;n de dicha disculpa junto al acuerdo alcanzado con las v&iacute;ctimas respecto de las reparaciones– y la necesidad de publicar en el Diario Oficial y difundir por otros medios de comunicaci&oacute;n la sentencia condenatoria de la CorteIDH<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>. Si bien entendemos que s&oacute;lo result&oacute; parcial la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad por las medidas ordenadas, ya que todav&iacute;a faltar&iacute;a el esclarecimiento de las violaciones a los derechos y la individualizaci&oacute;n de los responsables, al menos se orden&oacute; la difusi&oacute;n de la responsabilidad estatal por tales hechos.</p>      <p>Asimismo, debemos notar que el deber de dar a conocer a la sociedad la sentencia que determinaba la responsabilidad estatal implic&oacute; un importante cambio en la postura de la Corte. El tribunal hab&iacute;a establecido, desde sus primeras decisiones sobre reparaciones, que la sentencia dictada era, por s&iacute; misma, una forma de reparaci&oacute;n para los familiares de las v&iacute;ctimas<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup>. Adem&aacute;s, hab&iacute;a remarcado que resultaba suficiente para este fin la publicidad que de sus fallos realiza la propia Corte<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup>.</p>      <p>Sin embargo, creemos que el tribunal reconoci&oacute; que la difusi&oacute;n que daba a sus sentencias no permit&iacute;a que la sociedad conociera suficientemente dichas decisiones y en virtud de ello realiza el cambio que remarcamos. A partir del a&ntilde;o 2001, si bien se sigue sosteniendo que la sentencia es <i>per se </i>un modo de reparaci&oacute;n<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>, se comienza a establecer la obligaci&oacute;n de difundir la misma a cargo del Estado condenado<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como sostuvo el juez Sergio Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, la finalidad inmediata que persigue la publicaci&oacute;n de las sentencias es que la opini&oacute;n p&uacute;blica tome conocimiento de los hechos violatorios cometidos por el Estado. Ello tiende a un triple objetivo: la satisfacci&oacute;n moral de las v&iacute;ctimas y sus familiares; el fortalecimiento de la cultura social de la legalidad; como tambi&eacute;n, "<i>el servicio a la verdad en bien de los agraviados y de la sociedad en su conjunto</i>"<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup>. En este sentido, resulta de especial relevancia que el deber de difusi&oacute;n de la sentencia de la Corte resultara necesariamente complementado con el de traducir dicho fallo en idioma maya ach&iacute;, como modo de reparaci&oacute;n en el caso <i>Masacre Plan de S&aacute;nchez</i><sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup>.</p>      <p>Tambi&eacute;n nos gustar&iacute;a analizar brevemente la modalidad de reparaci&oacute;n consistente en la disculpa p&uacute;blica que el Estado debe realizar por las violaciones cometidas. Como sostuvimos, esta obligaci&oacute;n tuvo un alcance relativamente limitado en las Reparaciones del caso <i>Barrios Altos</i>, pero comenzar&iacute;a a ser utilizada con un mayor alcance en la jurisprudencia de la Corte. Ya en la sentencia sobre Reparaciones del caso <i>Cantoral Benavides</i> el tribunal orden&oacute; al Estado peruano que el desagravio debido a las v&iacute;ctimas fuera p&uacute;blico<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup>. En este mismo sentido, la Corte estableci&oacute; en numerosas oportunidades que los Estados estaban obligados a realizar actos p&uacute;blicos, donde participaran altas autoridades estatales, quienes deb&iacute;an reconocer la responsabilidad estatal y realizar un desagravio de las v&iacute;ctimas<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup>. Asimismo, el tribunal oblig&oacute; a los Estados a dar la mayor difusi&oacute;n posible a dichos actos, debiendo ser transmitidos por los medios de comunicaci&oacute;n social<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup>. Nuevamente, consideramos que este tipo de reparaciones ordenadas implican avances en la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad. Tal vez no resulte suficiente la publicaci&oacute;n de la condena internacional del Estado, por lo cual &eacute;ste debe hacer conocer a la sociedad su responsabilidad por graves violaciones a los derechos humanos, junto con la inocencia de las v&iacute;ctimas de las mismas. Ello permite, definitivamente, que la sociedad en su conjunto conozca lo ocurrido, al menos en relaci&oacute;n con la responsabilidad estatal.</p>      <p>En nuestro criterio, el siguiente avance realizado por la Corte conllevar&iacute;a el reconocimiento concreto –aunque impl&iacute;cito– del derecho a la verdad en toda su dimensi&oacute;n. En el a&ntilde;o 2002, en el pronunciamiento acerca de las Reparaciones del caso <i>B&aacute;maca Vel&aacute;squez</i>, el tribunal finalmente sostuvo que toda persona tiene derecho a la verdad. Pero adem&aacute;s, entendi&oacute; que la posibilidad de los familiares de la v&iacute;ctima –de desaparici&oacute;n forzada, en este caso– de conocer lo sucedido es una modalidad de reparaci&oacute;n que el Estado debe satisfacer en beneficio no s&oacute;lo de la familia de la v&iacute;ctima, sino de la sociedad en su conjunto<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup>. En este sentido, la Corte afirm&oacute; en su sentencia que las medidas destinadas a la prevenci&oacute;n y no-repetici&oacute;n de las graves violaciones de los derechos humanos comienzan con la revelaci&oacute;n y el reconocimiento de las atrocidades cometidas, y que la sociedad como un todo tiene el derechos a conocer la verdad, con el prop&oacute;sito de adquirir la capacidad para prevenir dichos cr&iacute;menes en el futuro<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup>.</i></p>      <p>Desde este trascendente pronunciamiento, se volvi&oacute; habitual en la jurisprudencia de la CorteIDH el establecimiento, como modalidad de reparaci&oacute;n, de la obligaci&oacute;n de divulgar el resultado de las investigaciones y los procesos judiciales con el fin de que la sociedad en su totalidad pudiera acceder al conocimiento de lo verdaderamente ocurrido<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup>. Sin embargo, consideramos que el derecho a la verdad no se erige solamente como una modalidad de reparaci&oacute;n en casos de graves violaciones de los derechos humanos o al DIH, sino como un verdadero e inalienable derecho que pertenece tanto a las v&iacute;ctimas –directas e indirectas– como a todos los individuos de la comunidad y que posee una relevancia especial para impedir la repetici&oacute;n de tales hechos<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup>. Ciertamente, la CorteIDH estableci&oacute; que los Estados se encuentran obligados a informar a la sociedad en su conjunto acerca de lo ocurrido en casos de graves violaciones de los derechos humanos<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup>. No obstante ello, el tribunal se ha negado a reconocer que dicho deber emerge del propio derecho a ser informado que posee cada uno de los individuos miembros de la comunidad.</p>      <p><b>III . Aspectos del derecho a la verdad todav&iacute;a no reconocidos</b></p>      <p>Si bien, por todo lo expuesto, puede observarse que la CorteIDH ha establecido que los Estados se encuentran jur&iacute;dicamente obligados a realizar determinadas actividades que podr&iacute;an verse como emergentes del derecho a la verdad, puntualmente el tribunal ha rechazado reconocer este derecho como un verdadero derecho humano. As&iacute;, en los casos <i>Blanco Romero y otros y Masacre de Pueblo Bello</i> la Corte sostuvo que el alegado derecho no resultar&iacute;a un derecho humano aut&oacute;nomo –a pesar de que as&iacute; lo hab&iacute;a reconocido el propio Estado venezolano en el primero de los casos mencionados–, sino que se encontrar&iacute;a subsumido en el an&aacute;lisis que la Corte realiza de la violaci&oacute;n conjunta de los derechos a las garant&iacute;as judiciales y a la protecci&oacute;n judicial<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup>.</p>      <p>Por nuestra parte, no compartimos esta postura adoptada por el tribunal. Por el contrario, estamos m&aacute;s pr&oacute;ximos a coincidir con la doctrina establecida por la CIDH, la cual sostiene que el derecho a la verdad se configura por la conjunci&oacute;n de los derechos a las garant&iacute;as judiciales, a la protecci&oacute;n judicial y a la libertad de expresi&oacute;n, en relaci&oacute;n con el deber general de respeto contenido en el art&iacute;culo 1.1<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup>.</p>      <p>En particular, entendemos que la CorteIDH ha sido muy clara respecto al alcance de la libertad de expresi&oacute;n, al sostener que este derecho comprende dos dimensiones: posee una dimensi&oacute;n individual, que implica que nadie puede ser arbitrariamente impedido de manifestar su propio pensamiento, y tambi&eacute;n un &aacute;mbito colectivo, que es el derecho de la sociedad en su conjunto a recibir toda clase de informaci&oacute;n<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup>. Ambas dimensiones, sostuvo el tribunal, poseen igual importancia, en virtud de lo cual el &aacute;mbito individual de la libertad de expresi&oacute;n debe ser garantizado de manera simult&aacute;nea con la dimensi&oacute;n colectiva<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup>.</p>      <p>Consideramos entonces que no existe tal subsunci&oacute;n del derecho a la verdad, en el derecho de acceso a la justicia emergente de los art&iacute;culos 8 y 25<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup>. Nos parece que el derecho a la verdad es verdaderamente un derecho humano. Un derecho que se refiere esencialmente a que cada miembro de la sociedad pueda conocer qu&eacute; ocurri&oacute; en un caso de graves violaciones de los derechos humanos, es decir que se deriva del derecho a recibir informaci&oacute;n, dimensi&oacute;n colectiva de la libertad de expresi&oacute;n. Pero tambi&eacute;n entendemos que las v&iacute;ctimas –en sentido amplio, es decir tanto las v&iacute;ctimas directas supervivientes, como sus familiares– tienen el derecho a la verdad porque poseen el derecho a contar su historia, a relatar la verdad. Es decir, en virtud del derecho a la libertad de expresi&oacute;n, las v&iacute;ctimas tienen a su vez el derecho individual a expresar lo ocurrido, para que ello pueda ser conocido. Esto implicar&iacute;a que tanto la dimensi&oacute;n colectiva como la individual de la libertad de expresi&oacute;n forman parte integral del derecho a la verdad.</p>      <p>Asimismo, consideramos que los familiares de las v&iacute;ctimas directas tambi&eacute;n poseen el derecho a la verdad en virtud de su derecho a la integridad personal. Debemos recordar que la Corte ha reconocido que los familiares de las v&iacute;ctimas son, a su vez, v&iacute;ctimas. Son los familiares –v&iacute;ctimas indirectas– quienes encuentran su integridad personal vulnerada ante la falta de esclarecimiento de las violaciones sufridas por sus seres queridos<sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup>, y titularizan el derecho a saber qu&eacute; ocurri&oacute; en relaci&oacute;n con su familiar como forma de reparaci&oacute;n de la violaci&oacute;n cometida<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup>. Entonces, el derecho a la verdad tambi&eacute;n surgir&iacute;a como consecuencia de garantizar el derecho a la integridad personal de los familiares de las v&iacute;ctimas de las graves violaciones cometidas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>IV . La obligaci&oacute;n de juzgar a los responsables</b></p>      <p>Como dijimos, para la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad uno de los requisitos esenciales es identificar a los responsables por las graves violaciones cometidas. Saber qui&eacute;n es el autor es, evidentemente, parte de la verdad<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup>.</p>      <p>En el &aacute;mbito del DIDH no existen dudas acerca de la obligaci&oacute;n que pesa sobre los Estados de juzgar las violaciones graves a los derechos humanos cometidas bajo su jurisdicci&oacute;n<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup>. En igual sentido, los Convenios de Ginebra de 1949 –aplicables a conflictos armados internacionales– tambi&eacute;n resultan claros al momento de establecer la obligaci&oacute;n de juzgamiento de los responsables por graves violaciones al DIH<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup>. Sin embargo, tal vez no resultaba tan evidente que el deber de juzgar a los responsables individuales pesara sobre los Estados en los casos de violaciones al DIH cometidas en el marco de un conflicto de car&aacute;cter no-internacional, dado que tal obligaci&oacute;n no figuraba en el art&iacute;culo 3 com&uacute;n a los Convenios de 1949, ni en el Protocolo II Adicional a tales Convenios.</p>      <p>No obstante ello, el derecho penal internacional (DPI) ha venido a despejar cualquier duda al respecto. El Tribunal Penal para la ex- Yugoslavia estableci&oacute; que aunque el art&iacute;culo 3 com&uacute;n a los cuatro Convenios no contiene una referencia expresa a la responsabilidad penal que conlleva la violaci&oacute;n de sus disposiciones<sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup>, el derecho internacional consuetudinario s&iacute; determina la responsabilidad penal individual por la comisi&oacute;n de serias violaciones a las obligaciones contenidas en el art&iacute;culo en cuesti&oacute;n<sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup>. Entre tales violaciones se encuentran la comisi&oacute;n de tortura o las ejecuciones extrajudiciales –en cualquier tiempo y lugar– en detrimento de toda persona que no tome parte de las hostilidades.</p>      <p>Ello aparece confirmado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que, actuando para poner fin al genocidio y otras graves violaciones al DIH cometidas en el territorio del Estado de Rwanda y en Estados vecinos durante el a&ntilde;o 1994, instituy&oacute; un tribunal penal con el fin de juzgar a los responsables por tales atrocidades<sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup>. En particular, entre las atribuciones del tribunal penal establecido se encuentra la de juzgar a los responsables por violaciones del art&iacute;culo 3 com&uacute;n a los Convenios de Ginebra y del Protocolo Adicional II de los Convenios<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup>.</p>      <p>Por lo dem&aacute;s, la creaci&oacute;n de la Corte Penal Internacional termina por despejar cualquier tipo de dudas. El Estatuto del Tribunal contempla entre los "cr&iacute;menes de guerra" las graves violaciones al art&iacute;culo 3 com&uacute;n de los Convenios de Ginebra de 1949, donde se determina de manera clara la prohibici&oacute;n de tortura o ejecuciones sumarias de personas que no participan directamente de las hostilidades<sup><a name="nu62"></a><a href="#num62">62</a></sup>. Todo ello nos lleva a la inexorable conclusi&oacute;n de que tanto el DIDH y el DIH como el DPI establecen la obligaci&oacute;n de juzgar a los responsables por graves violaciones a los derechos humanos o serias infracciones al DIH, cuando fueran cometidas en el marco de un conflicto armado no-internacional<sup><a name="nu63"></a><a href="#num63">63</a></sup>.</p>      <p><b>V. Las amnist&iacute;as frente al derecho a la verdad</b></p>      <p>Como venimos sosteniendo, en casos de graves violaciones al DIDH o al DIH existe la obligaci&oacute;n de juzgar a los responsables por tales cr&iacute;menes. Ello nos lleva a plantear el tema de la validez de impedir tal juzgamiento por la sanci&oacute;n de una norma de amnist&iacute;a. Entendemos que el DIDH ha sido contundente en cuanto a la prohibici&oacute;n de tales normas; la CIDH estableci&oacute; claramente la invalidez de toda amnist&iacute;a que intentara aplicarse a graves violaciones de los derechos humanos, como la tortura, las ejecuciones sumarias o la desaparici&oacute;n forzada de personas<sup><a name="nu64"></a><a href="#num64">64</a></sup>. Asimismo, es un criterio claro de la jurisprudencia de la CorteIDH que las normas de amnist&iacute;a por graves violaciones al DIDH resultan incompatibles con la Convenci&oacute;n Americana<sup><a name="nu65"></a><a href="#num65">65</a></sup>.</p>      <p>Tambi&eacute;n el Tribunal Penal para la ex-Yugoslavia se manifest&oacute; en contra de las normas de amnist&iacute;as dirigidas a amparar a responsables por cr&iacute;menes contra el DIH que revistan la gravedad de la tortura<sup><a name="nu66"></a><a href="#num66">66</a></sup>. No obstante ello, pueden presentarse ciertas dudas respecto a la validez de las amnist&iacute;as por violaciones al DIH en el marco de un conflicto armado no-internacional, en virtud de lo establecido por el Protocolo II en su art&iacute;culo 6.5, que se refiere a la facultad de las autoridades del Estado de otorgar "<i>la amnist&iacute;a m&aacute;s amplia posible"<sup><a name="nu67"></a><a href="#num67">67</a></sup></i>.</p>      <p>Sin embargo, todo parecer&iacute;a indicar que, en el marco del derecho internacional, esta prerrogativa estatal no podr&iacute;a interpretarse en el sentido de amparar graves violaciones al DIDH o al DIH. Por el contrario, esta amnist&iacute;a s&oacute;lo podr&iacute;a abarcar el hecho de haber tomado parte en el conflicto armado, lo que de otro modo estar&iacute;a sujeto a juzgamiento por violaci&oacute;n de las normas penales de derecho interno<sup><a name="nu68"></a><a href="#num68">68</a></sup>. De este modo, no resultar&iacute;an amparadas por el Protocolo II las amnist&iacute;as destinadas a proteger a los responsables por graves violaciones al DIH<sup><a name="nu69"></a><a href="#num69">69</a></sup>, como tampoco al DIDH.<sup><a name="nu70"></a><a href="#num70"><sup><a name="nu70"></a><a href="#num70">70</a></sup></a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>VI . Derecho a la verdad vs. garant&iacute;a "<i>ne bis in idem</i>"</b></p>      <p>En el presente apartado pretendemos ahondar en la magnitud que, a nuestro criterio, la CorteIDH ha brindado al –negado– derecho a la verdad. Desde el caso <i>Carpio Nicolle y otros</i> el tribunal introdujo en su jurisprudencia el concepto de "cosa juzgada fraudulenta", expresi&oacute;n tendiente a demostrar que no puede considerarse cumplida la obligaci&oacute;n de juzgamiento y sanci&oacute;n de los responsables por graves violaciones a los derechos humanos – ejecuci&oacute;n sumaria, en el caso– cuando el proceso en contra de ellos no ha respetado las garant&iacute;as judiciales contenidas en el art&iacute;culo 8 CADH<sup><a name="nu71"></a><a href="#num71">71</a></sup>. En dicho supuesto, el imputado por los cr&iacute;menes no gozar&aacute; de la garant&iacute;a contemplada en el art&iacute;culo 8.4 CADH, que establece: "<i>El inculpado absuelto por una sentencia firme no podr&aacute; ser sometido a nuevo juicio por los mismos hechos</i>", debido a que no se considera v&aacute;lido el juicio en el cual resultara absuelto. Ello se debe a que si no existi&oacute; un debido proceso, no puede sostenerse que exista verdadera sentencia, ni cosa juzgada, ni espacio para la operaci&oacute;n del principio <i>ne bis in idem</i><sup><a name="nu72"></a><a href="#num72">72</a></sup>.</p>      <p>El tribunal ha sostenido que el principio <i>ne bis in idem</i>, si bien es un derecho humano, no es un derecho absoluto. En consecuencia, si la actuaci&oacute;n de la justicia obedeci&oacute; al prop&oacute;sito de sustraer al acusado de su responsabilidad penal, el procedimiento no cont&oacute; con las debidas garant&iacute;as judiciales, o no existi&oacute; intenci&oacute;n real de someter al responsable a la acci&oacute;n de la justicia, la garant&iacute;a en cuesti&oacute;n no resulta aplicable<sup><a name="nu73"></a><a href="#num73">73</a></sup>. En tales supuestos, el Estado se encontrar&iacute;a obligado a reabrir los procedimientos judiciales contra quienes hubieran sido absueltos, a fin de identificar a los responsables<sup><a name="nu74"></a><a href="#num74">74</a></sup>.</p>      <p>La CorteIDH sostuvo que las exigencias de la justicia, los derechos de las v&iacute;ctimas y la letra y esp&iacute;ritu de la CADH desplazan la protecci&oacute;n del principio <i>ne bis in idem</i><sup><a name="nu75"></a><a href="#num75">75</a></sup>. A nuestro entender, se encuentra impl&iacute;cito en dicho criterio que el poder de la verdad supera el imperio de la impunidad, ya que el propio tribunal sostuvo que existir&aacute; impunidad en la medida en que no se determine toda la verdad acerca de los hechos y sus autores<sup><a name="nu76"></a><a href="#num76">76</a></sup>.</p>      <p><b>VII . Las comisiones de la verdad y el derecho a la verdad</b></p>      <p>Las comisiones de la verdad, constituidas en diversos Estados luego de situaciones de violaciones masivas de los derechos humanos o bien en situaciones de post-conflicto b&eacute;lico interno, han resultado un elemento jur&iacute;dico-pol&iacute;tico invaluable. Se trata de organismos oficiales instituidos con el fin de investigar los abusos cometidos en un per&iacute;odo de tiempo determinado, cuyos principales objetivos suelen ser: establecer lo verdaderamente ocurrido; evaluar la responsabilidad institucional por los hechos, y favorecer la reconciliaci&oacute;n de la sociedad<sup><a name="nu77"></a><a href="#num77">77</a></sup>.</p>      <p>Si bien creemos que estos organismos poseen una gran relevancia para lograr la revelaci&oacute;n de la verdad, tambi&eacute;n entendemos que resultan jur&iacute;dicamente insuficientes para garantizar el derecho a la verdad. Debemos destacar que las comisiones se encuentran centradas en el esclarecimiento de las violaciones cometidas –pudiendo incluso ser m&aacute;s efectivas que los procesos judiciales para este fin–<sup><a name="nu78"></a><a href="#num78">78</a></sup> pero, en general, no se concentran en la identificaci&oacute;n de los individuos responsables por las mismas. Es por ello que, conforme a la definici&oacute;n propuesta del derecho a la verdad, no toda la verdad resulta conocida.</p>      <p>Aunque han existido excepciones a la falta de identificaci&oacute;n de los responsables –tal es el caso de El Salvador–<sup><a name="nu79"></a><a href="#num79">79</a></sup>, debemos tener en cuenta que es un derecho humano indiscutible que toda persona debe ser considerada inocente hasta tanto su culpabilidad sea determinada judicialmente –as&iacute; lo establece la propia CADH en su art. 8.2–. En virtud de ello, los informes de las comisiones de la verdad no resultan suficientes para determinar qui&eacute;nes son los responsables por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas y, por ende, no son suficientes para satisfacer completamente el derecho a la verdad. En este sentido se han pronunciado tanto la CIDH<sup><a name="nu80"></a><a href="#num80">80</a></sup> como la CorteIDH<sup><a name="nu81"></a><a href="#num81">81</a></sup> al sostener que la labor de las comisiones de la verdad, de gran importancia por cierto, no puede entenderse como sustituto v&aacute;lido de los procesos judiciales de los responsables.</p>      <p>Con ello no queremos decir que las comisiones de la verdad no contribuyan a la satisfacci&oacute;n del derecho a la verdad. Por el contrario, consideramos que estos organismos resultan sumamente efectivos en casos de violaciones masivas al DIDH y al DIH, ya que permiten una comprensi&oacute;n y evaluaci&oacute;n global de la situaci&oacute;n que los procesos judiciales no podr&iacute;an brindar. Sin embargo, estos cuerpos no pueden obrar como reemplazo de las investigaciones y los procesos judiciales.</p>      <p><b>VIII . La condena de los responsables individuales</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como ya comentamos, dedicaremos unas l&iacute;neas al an&aacute;lisis de un tema ligado al concepto de Justicia, &iacute;ntimamente unido al de Verdad. Se trata de la cuesti&oacute;n de las normas de indulto a favor de los responsables individuales de graves violaciones al DIDH o al DIH<sup><a name="nu82"></a><a href="#num82">82</a></sup>.</p>      <p>Si bien por parte del derecho a la verdad no resultar&iacute;a imperativa la aplicaci&oacute;n de una condena, sino s&oacute;lo que la misma fuera legalmente establecida como condici&oacute;n necesaria para que se conozca verdaderamente qui&eacute;n es la persona responsable, entendemos que el derecho internacional s&iacute; impone la obligatoriedad de sancionar efectivamente a los responsables por graves violaciones al DIDH o al DIH.</p>      <p>La CorteIDH ha establecido de manera cabal la prohibici&oacute;n de normas de indulto en esta clase de casos, en virtud del derecho de las v&iacute;ctimas –directas e indirectas– de los cr&iacute;menes aberrantes. Las v&iacute;ctimas directas y sus familiares poseen el derecho –en virtud de los arts. 8 y 25 CADH– a que los responsables sean sancionados<sup><a name="nu83"></a><a href="#num83">83</a></sup>, a que dichas sanciones resulten pertinentes<sup><a name="nu84"></a><a href="#num84">84</a></sup>, y los Estados debe abstenerse de adoptar medidas que supriman los efectos de las sentencias condenatorias<sup><a name="nu85"></a><a href="#num85">85</a></sup>.</p>      <p>En particular, la Corte reconoci&oacute; que en casos de cr&iacute;menes cuya prohibici&oacute;n pertenece al dominio del <i>ius cogens</i>, tambi&eacute;n resulta imperativo el deber de investigar dichos cr&iacute;menes y sancionar a sus responsables<sup><a name="nu865"></a><a href="#num86">86</a></sup>. Ello aparecer&iacute;a, a la vez, confirmado por el Estatuto de la Corte Penal Internacional, al establecer que los Estados parte afirman que los cr&iacute;menes m&aacute;s graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto no deben quedar sin castigo y que los Estados se encuentran decididos a poner fin a la impunidad de los autores de tales cr&iacute;menes<sup><a name="nu87"></a><a href="#num87">87</a></sup>.</p>      <p>Por nuestra parte, entendemos que la existencia de un conjunto de derechos inderogables, es decir cuya protecci&oacute;n pertenece al<i> ius cogens</i><sup><a name="nu88"></a><a href="#num88">88</a></sup>, conlleva la inexorabilidad de juzgamiento y punici&oacute;n de los responsables por violaciones de tales derechos.</p>      <p>Las normas que proh&iacute;ben la tortura, las ejecuciones sumarias y la desaparici&oacute;n forzada de personas pertenecen al dominio del <i>ius cogens</i><sup><a name="nu89"></a><a href="#num89">89</a></sup>, es decir que se trata por definici&oacute;n de normas de derogaci&oacute;n imposible. Si bien, tambi&eacute;n por definici&oacute;n, dichas normas ser&iacute;an pasibles de modificaci&oacute;n por una norma imperativa posterior, en los casos de "prohibiciones absolutas" –como las que comentamos– cualquier modificaci&oacute;n estar&iacute;a impedida porque implicar&iacute;a <i>per se</i> su derogaci&oacute;n, dado que cesar&iacute;a la prohibici&oacute;n con car&aacute;cter absoluto. Es decir, si lo que existe es una norma que sostiene que bajo ninguna circunstancia se puede realizar una determinada acci&oacute;n, una norma posterior que intentara encontrar justificativo en alguna circunstancia para dicha acci&oacute;n, habr&iacute;a derogado la prohibici&oacute;n del modo en que la misma exist&iacute;a, estando ello impedido por definici&oacute;n.</p>      <p>Intentemos ser m&aacute;s claros en el razonamiento relativo a la inexorabilidad del juzgamiento y la punici&oacute;n, el cual entendemos que posee una ra&iacute;z normativa evidente por l&oacute;gica jur&iacute;dica. Sostenemos que en relaci&oacute;n con los cr&iacute;menes cuya prohibici&oacute;n pertenece al dominio del <i>ius cogens</i> resulta necesario el juzgamiento de los responsables individuales porque en caso contrario, entendemos, las normas prohibitivas resultar&iacute;an derogables, lo cual es contrario a su status jur&iacute;dico.</p>      <p>&iquest;Por qu&eacute; decimos esto&#63; Resulta indudable que la sanci&oacute;n es el elemento distintivo de las normas jur&iacute;dicas. Ya explicaba Kelsen:</p>  <ol><font face="verdana" size="2">"En cuanto orden coactivo, se diferencia el derecho de otros sistemas sociales. El momento de coacci&oacute;n –es decir, la circunstancia de que el acto estatuido por el orden como consecuencia de un hecho considerado como socialmente da&ntilde;ino, deba llevarse a cabo inclusive contra la voluntad del hombre a que toca y, en caso de oposici&oacute;n, recurriendo a la fuerza f&iacute;sica– es el criterio decisivo"<sup><a name="nu90"></a><a href="#num90">90</a></sup>.</font>    </ol>      <p>En consecuencia, la prohibici&oacute;n inderogable de cometer tortura s&oacute;lo se materializa mientras que subsista la obligaci&oacute;n legal de juzgar y condenar a su autor, de lo contrario la prohibici&oacute;n desaparece como tal, dado que en el &aacute;mbito del derecho una prohibici&oacute;n existe cuando la conducta opuesta es pasible de sanci&oacute;n. Est&aacute; prohibida una determinada acci&oacute;n en tanto y en cuanto su comisi&oacute;n lleve inexorablemente a su juzgamiento, dado que evitar dicho juzgamiento y condena –como ser&iacute;a por su indulto o amnist&iacute;a– implicar&iacute;a tornar inaplicable la norma, es decir, eliminar la prohibici&oacute;n como tal dado que se perder&iacute;a el elemento de sanci&oacute;n propio del derecho.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como sostenemos que la norma prohibitiva resulta inderogable, tambi&eacute;n lo es la obligatoriedad del juzgamiento y condena de quienes vulneraran la norma. Entendemos por ello que el indulto ser&iacute;a improcedente en casos de graves violaciones a los derechos humanos, dado que omitir la aplicaci&oacute;n de la sanci&oacute;n –es decir, privar a la norma de sus efectos jur&iacute;dicos– conllevar&iacute;a la derogaci&oacute;n de la norma imposible de derogar</p>       <p><b>Conclusiones</b></p>      <p>Esperamos haber dado, a lo largo de este trabajo, razones de peso para pensar el derecho a la verdad como un derecho humano, cuya virtualidad se presenta ante la necesidad de reparaci&oacute;n de graves violaciones al DIDH o al DIH.</p>      <p>Las reflexiones que expusimos distan mucho de intentar imponerse como una verdad irrefutable teniendo, por el contrario, el objetivo de colaborar con el reconocimiento de criterios establecidos, o por establecerse, en torno a un concepto de suma actualidad en el &aacute;mbito del derecho internacional p&uacute;blico general, el DIDH y el DIH, como tambi&eacute;n presenta una gran trascendencia no s&oacute;lo jur&iacute;dica, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica y social.</p>      <p>Entendemos que podr&aacute; alegarse la imposibilidad de cumplir suficientemente con el derecho a la verdad; que en m&uacute;ltiples situaciones no resultar&aacute; posible que los Estados esclarezcan totalmente lo ocurrido, ni sancionen a la totalidad de los responsables. Es decir, se podr&aacute; tildar de ut&oacute;pico el derecho a la verdad, tratando de quitarle su car&aacute;cter jur&iacute;dico. Sin embargo, si la factibilidad fuera el requisito necesario para la existencia de un derecho o de una norma, tendr&iacute;amos que reconocer que no existe norma ni derecho alguno. Ni la m&aacute;s indiscutible prohibici&oacute;n resulta implacable, pero ello no torna ni puede tornar inexistente la norma prohibitiva<sup><a name="nu91"></a><a href="#num91">91</a></sup>.</p>      <p>El derecho a la verdad existe como consecuencia jur&iacute;dica irrefutable del estado actual del derecho internacional. Sin &aacute;nimo de realizar referencias b&iacute;blicas acerca de la libertad que conlleva la verdad, s&iacute; creemos que la verdad es el &uacute;nico mecanismo real para garantizar la no-repetici&oacute;n de las aberrantes violaciones de los derechos humanos<sup><a name="nu92"></a><a href="#num92">92</a></sup>, fundamental obligaci&oacute;n que pesa sobre los Estados para la reparaci&oacute;n de las violaciones cometidas.</p>      <p>Como brillantemente plantea un pensador contempor&aacute;neo: "&iquest;<i>La historia se repite&#63; &iquest;O se repite s&oacute;lo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla&#63; No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca</i>"<sup><a name="nu93"></a><a href="#num93">93</a></sup>. Y podr&iacute;amos aventurarnos a decir que el derecho a la verdad es una obligaci&oacute;n que la historia humana termin&oacute; imponiendo a los Estados para que los pueblos puedan aprender a no repetir la historia.</p>  <hr>  <font face="verdana" size="2">     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, sentencia del 25 de noviembre de 2000, Serie C, No. 70, voto razonado del juez Cançado Trindade, p&aacute;rr. 32.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>CIDH, Informe sobre el Proceso de Desmovilizaci&oacute;n en Colombia, OEA/Ser.L/V/ II.120, Doc. 60, 13 diciembre 2004, p&aacute;rr. 32.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>CIDH, Informe 25/98, Casos 11.505, 11.532, 11.541, 11.546, 11.549, 11.569, 11.572, 11.573,11.583, 11.585, 11.595, 11.652, 11.657, 11.675 y 11.705 (Chile), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1998, OEA/Ser. L/V/ II.102, Doc. 6 Rev., 16 de abril de 1999, p&aacute;rr. 94; Informe 1/99, Caso 10.480 (El Salvador), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1999, OEA/Ser.L/V/II.106, Doc. 3, 13 de abril de 2000, p&aacute;rr. 152; Informe 136/99, Caso 10.488 (El Salvador), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1999, OEA/Ser. L/V/II.106, Doc. 3, 13 de abril de 2000, p&aacute;rr 226; Informe 37/00, Caso 11.481 (El Salvador), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1999, OEA/Ser. L/V/II.106, Doc. 3, 13 de abril de 2000, p&aacute;rr. 146.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>CIDH, Informe 25/98, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 88; Informe 1/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 150; Informe 136/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 224; Informe 37/00, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 144.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>CIDH, Informe 25/98, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 95; Informe 1/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 154; Informe 136/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 228; Informe 37/00, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 148.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>CICR, Comentario del Protocolo del 8 de junio de 1977 adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de los conflictos armados sin car&aacute;cter internacional, 75 (P&J Editores, Bogot&aacute;, 1998).    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>CorteIDH, Caso Hermanas Serrano Cruz, Excepciones Preliminares, sentencia del 23 de noviembre de 2004, Serie C No. 118, p&aacute;rr. 112.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Podemos recordar que, en el &aacute;mbito universal, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos establece, entre otras disposiciones, la prohibici&oacute;n de suspensi&oacute;n del derecho a la vida y las prohibiciones a ser sometidos a tortura o esclavitud. PIDCP, art. 4, Res. AG2200A(XXI), aprobada el 16 de diciembre de 1966, 999 UNTS 171. En el &aacute;mbito interamericano, la CADH establece que no resulta posible suspender el ejercicio de diversos derechos fundamentales, entre ellos, el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, la prohibici&oacute;n de la esclavitud y servidumbre, como tampoco las garant&iacute;as judiciales indispensables para la protecci&oacute;n de tales derechos. CADH, art. 27.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>El art&iacute;culo 3, com&uacute;n a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, aplicable a toda situaci&oacute;n de conflicto armado de &iacute;ndole no-internacional, es tajante en cuanto a la prohibici&oacute;n de violaciones del derecho a la vida o del sometimiento a tortura respecto de toda persona que no participe de las hostilidades. Convenio de Ginebra (I) para aliviar la suerte que corren los heridos y enfermos de las fuerzas armadas en campa&ntilde;a, celebrado el 12 de agosto de 1949, 75 UNTS 31; Convenio de Ginebra (II) para aliviar la suerte que corren los heridos, los enfermos y los n&aacute;ufragos de las fuerzas armadas en el mar, celebrado el 12 de agosto de 1949, 75 UNTS 85; Convenio de Ginebra (III) relativo al trato debido a los prisioneros de guerra, celebrado el 12 de agosto de 1949, 75 UNTS 135; Convenio de Ginebra (IV) relativo a la protecci&oacute;n debida a las personas civiles en tiempo de guerra, celebrado 12 de agosto de 1949, 75 UNTS 287.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2,, p&aacute;rr. 209; Informe de la Experta Independiente, Sra. M&oacute;nica Pinto, sobre la situaci&oacute;n de los derechos humanos en Guatemala, preparado de conformidad con la Res. 1993/88 de la Comisi&oacute;n, E/CN.4/1994/10, 20 de enero de 1994, p&aacute;rr. 194.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>M. Pinto, L'Amerique latine et le traitement des violations massives des droits de l'homme, 13 (Pedone, Paris, 2007).    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I), celebrado el 8 de junio de 1977, 1125 UNTS 3, art. 32.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>CIDH, Casos 1702, 1748 y 1755 (Guatemala), Caso 1790 (Chile), Caso 1798 (Bolivia) y 1874 (Chile), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1975, OEA/Ser. L/V/II.37, Doc. 20 corr. 1, 28 junio 1976.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>CDH-ONU, Caso 107/1981, Elena Quinteros Almeida y Mar&iacute;a del Carmen Almeida de Quinteros vs. Uruguay, p&aacute;rr. 16(a).    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>CIDH, Campos en los cuales han de tomarse medidas para dar mayor vigencia a los derechos humanos, de conformidad con la Declaraci&oacute;n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1985-1986, OEA/Ser. L/V/II.68, Doc. 8 Rev. 1, 26 de septiembre de 1986, cap. V, 205.    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Debemos remarcar que en una sentencia de la CorteIDH del a&ntilde;o 2005 (Blanco Romero y otros) Cançado Trindade realiz&oacute; una peque&ntilde;a rese&ntilde;a de la doctrina del tribunal respecto del derecho a la verdad: CorteIDH, Caso Blanco Romero y otros, sentencia del 28 de noviembre de 2005, Serie C No. 138, voto razonado del juez Cançado Trindade, p&aacute;rrs. 2 y 3. Pese a la gran admiraci&oacute;n que profesamos por dicho jurista, tenemos que se&ntilde;alar que no coincidimos plenamente con la rese&ntilde;a all&iacute; expuesta.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>CorteIDH, Caso Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez, sentencia del 29 de julio de 1988, Serie C No. 4, p&aacute;rr. 181.    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>CorteIDH, Caso Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez, cit. supra nota 18, p&aacute;rr. 174.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>CorteIDH, Caso Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez. Indemnizaci&oacute;n Compensatoria (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos)., sentencia del 21 de julio de 1989, Serie C No. 7, p&aacute;rrs. 33 a 35.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Entre muchos otros: CorteIDH, Caso Caballero Delgado y Santana, sentencia del 8 de diciembre de 1995, Serie C No. 22, punto resolutivo 5; Caso El Amparo. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), sentencia del 14 de septiembre de 1996, Serie C No. 28, p&aacute;rr. 61.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>CorteIDH, Caso Blake, sentencia del 24 de enero de 1998, Serie C No. 36, p&aacute;rr. 97.    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>No obstante ello, al a&ntilde;o siguiente, al decidirse el caso conocido como "Ni&ntilde;os de la calle", la Corte parecer&iacute;a haber realizado un peque&ntilde;o retroceso en ese sentido. De forma peculiar, la Corte sostuvo que la obligaci&oacute;n de investigar las violaciones cometidas emerg&iacute;a del art&iacute;culo 1.1, y determin&oacute; la violaci&oacute;n de este art&iacute;culo en forma aut&oacute;noma, sin relaci&oacute;n con ninguno de los derechos contemplados en la CADH. CorteIDH, Caso Ni&ntilde;os de la Calle (Villagr&aacute;n Morales y otros), sentencia del 19 de noviembre de 1999, Serie C No. 63, punto resolutivo 8.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>CorteIDH, Caso Castillo P&aacute;ez. Reparaciones (Art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), sentencia del 27 de noviembre de 1998, Serie C No. 43, p&aacute;rrs. 86 y 87.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>CorteIDH, Caso Durand y Ugarte. sentencia de 16 de agosto de 2000. Serie C No. 68, p&aacute;rr. 130 y punto resolutivo 5.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2, p&aacute;rr. 197.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2, p&aacute;rr. 201.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2, punto resolutivo 8. La misma respuesta brind&oacute; el tribunal al analizar las leyes de auto-amnist&iacute;a en el caso conocido como "Barrios Altos". Si bien se neg&oacute; la dimensi&oacute;n colectiva del derecho a la verdad, se estableci&oacute; la obligaci&oacute;n estatal de divulgar los resultados de la investigaci&oacute;n y de los juicios que se deb&iacute;an realizar por la carencia de efectos v&aacute;lidos de las leyes impugnadas. CorteIDH, Caso Barrios Altos, sentencia del 14 de marzo de 2001, Serie C No. 75, p&aacute;rr. 48 y punto resolutivo 5.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>CorteIDH, Caso Panel Blanca (Paniagua Morales y otros), Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 25 de mayo de 2001, Serie C No. 76, p&aacute;rr. 200.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>CorteIDH, Caso Ni&ntilde;os de la Calle (Villagr&aacute;n Morales y otros), Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 26 de mayo de 2001, Serie C No. 77, p&aacute;rr. 100.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>CorteIDH, Caso Ni&ntilde;os de la Calle (Villagr&aacute;n Morales y otros), Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 30, p&aacute;rr. 103 y punto resolutivo 7.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>A modo de ejemplo, el tribunal orden&oacute; a los Estados de Bolivia y Per&uacute; que bautizaran centros educativos con el nombre de las v&iacute;ctimas de desaparici&oacute;n forzada, torturas y ejecuciones extrajudiciales, y a los Estados de Colombia y Suriname la creaci&oacute;n de monumentos por las v&iacute;ctimas de graves violaciones a los derechos humanos. Respectivamente en Caso Trujillo Oroza, Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 27 de febrero de 2002, Serie C No. 92, p&aacute;rr. 122 y punto resolutivo 6; Caso Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, sentencia del 8 de julio de 2004. Serie C No. 110, p&aacute;rr. 236 y punto resolutivo 12; Caso 19 Comerciantes, sentencia del 5 de julio de 2004. Serie C No. 109, p&aacute;rr. 273 y punto resolutivo 7 y Caso Comunidad Moiwana, sentencia del 15 de junio de 2005. Serie C No. 124, p&aacute;rr. 218 y punto resolutivo 7.    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>CorteIDH, Caso Hermanas Serrano Cruz, sentencia del 1 de marzo de 2005. Serie C No. 120, p&aacute;rr. 196 y punto resolutivo 10.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>CorteIDH, Caso Barrios Altos, Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 30 de noviembre de 2001. Serie C No. 87, punto resolutivo 5.d) e) y f).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>CorteIDH, Caso Vel&aacute;squez Rodr&iacute;guez. Indemnizaci&oacute;n Compensatoria (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 20, p&aacute;rr. 36; Caso El Amparo, Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 21, p&aacute;rr. 62.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>CorteIDH, Caso Castillo P&aacute;ez, Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 24, p&aacute;rr. 96.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Entre muchos otros: Caso Cantoral Benavides, Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 3 de diciembre de 2001. Serie C No. 88, p&aacute;rr. 79; Caso Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, cit. supra nota 32, punto resolutivo 8.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Entre muchos otros: Caso Cantoral Benavides, Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 37, p&aacute;rr. 79; Caso Trujillo Oroza, Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 119.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 22 de febrero de 2002. Serie C No. 91, voto razonado del juez Garc&iacute;a Ram&iacute;rez.    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>CorteIDH, Caso Masacre Plan de S&aacute;nche,. Reparaciones (art. 63.1 CADH), sentencia del 19 de noviembre 2004. Serie C No. 116, p&aacute;rr. 103.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>CorteIDH, Caso Cantoral Benavides, Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 37, p&aacute;rr. 81.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>CorteIDH, Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 274; Caso Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 234; Caso Carpio Nicolle y otros, sentencia de 22 de noviembre 2004. Serie C No. 117, p&aacute;rr. 136.    <br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>CorteIDH, Caso Hermanas Serrano Cruz, cit. cit. supra nota 33, p&aacute;rr. 194; Caso Comunidad Moiwana, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 216.    <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez. Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 39, p&aacute;rr. 76.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>CorteIDH, Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez. Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 39, p&aacute;rr. 77.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>Entre otros, en: CorteIDH, Caso Trujillo Oroza. Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 114; Caso Masacre Plan de S&aacute;nchez. Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 40, p&aacute;rr. 98; Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 263; Caso Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 231.    <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup>CorteIDH, Caso Ximenes Lopes, sentencia del 4 de julio de 2006. Serie C No. 149, p&aacute;rr. 245; Caso Servell&oacute;n Garc&iacute;a y otros, sentencia del 21 de septiembre de 2006. Serie C No. 152, p&aacute;rr. 193.    <br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup>Entre otros, en CorteIDH, Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 261; Caso Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 231; Caso Carpio Nicolle y otros, cit. supra nota 42, p&aacute;rr. 128; Caso Hermanas Serrano Cruz, cit. supra nota 33, p&aacute;rr. 62; Caso Comunidad Moiwana, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 204.    <br>  <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup>CorteIDH, Caso Blanco Romero y otros, cit. supra nota 19, p&aacute;rr. 62; Caso Masacre de Pueblo Bello, sentencia de 31 de enero de 2006. Serie C No. 140, p&aacute;rr. 219. En sentido similar a lo ya sostenido en los casos B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2, p&aacute;rr. 201, y Barrios Altos, cit. supra nota 28, p&aacute;rr. 48; y que volver&iacute;a a sostener en el Caso Balde&oacute;n Garc&iacute;a, sentencia del 6 de abril de 2006. Serie C No. 147, p&aacute;rr. 166.    <br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup>CIDH, Informe 25/98, cit. supra nota 4 p&aacute;rr. 85; Informe 1/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 147; Informe 136/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 221; Informe 37/00, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 142. Sin embargo, debemos remarcar que en estos casos la Comisi&oacute;n s&oacute;lo determin&oacute; efectivamente la violaci&oacute;n del art&iacute;culo 13 expl&iacute;citamente en el Informe 136/99, p&aacute;rrs. 4 y 240, e impl&iacute;citamente en el Informe 37/00, p&aacute;rr. 158.    <br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup>CorteIDH, Caso "La &uacute;ltima Tentaci&oacute;n de Cristo" (Olmedo Bustos y otros), sentencia de 5 de febrero de 2001. Serie C No. 73, p&aacute;rr. 64; La Colegiaci&oacute;n Obligatoria de Periodistas (arts. 13 y 29 CADH). Opini&oacute;n Consultiva OC-5/85 del 13 de noviembre de 1985. Serie A No. 5, p&aacute;rr. 30.    <br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup>CorteIDH, Caso "La &uacute;ltima Tentaci&oacute;n de Cristo" (Olmedo Bustos y otros), cit. supra nota 51, p&aacute;rrs. 66 y 67; La Colegiaci&oacute;n Obligatoria de Periodistas (arts. 13 y 29 CADH), cit. supra nota 51, p&aacute;rrs. 32 y 33. Corresponde mencionar tambi&eacute;n que la Corte ahond&oacute; en el &aacute;mbito colectivo de la libertad de expresi&oacute;n en el caso Claude Reyes y otros, sosteniendo que ampara el derecho de todos los individuos a recibir informaci&oacute;n bajo el control del Estado y la respectiva obligaci&oacute;n de &eacute;ste de suministrarla. En particular, se reconoci&oacute; que dicha informaci&oacute;n debe ser entregada sin necesidad de acreditar un inter&eacute;s directo para su obtenci&oacute;n o una afectaci&oacute;n personal. De este modo, podemos observar que resulta clara la postura seg&uacute;n la cual la libertad de expresi&oacute;n es tambi&eacute;n un derecho colectivo que pertenece a cada individuo de la sociedad. CorteIDH, Caso Claude Reyes y otros, sentencia de 19 de septiembre de 2006. Serie C No. 151, p&aacute;rr. 77.    <br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup>&eacute;sta parecer&iacute;a ser la designaci&oacute;n que la CorteIDH ha adoptado para el derecho que emana de la conjunci&oacute;n de los art&iacute;culos 8 y 25 CADH, conforme: Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 188; Caso Masacre de Mapirip&aacute;n, sentencia de 15 de septiembre de 2005. Serie C No. 134, p&aacute;rr. 216; Caso Masacre de Pueblo Bello, cit. supra nota 49, voto razonado del juez Cançado Trindade, p&aacute;rr. 62; Caso Vargas Areco, sentencia de 26 de septiembre de 2006. Serie C No. 155, p&aacute;rr. 101.    <br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup>CorteIDH, Caso Blake, cit. supra nota 22, punto resolutivo 2; Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2, p&aacute;rr. 165; Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 229.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup>CorteIDH, Caso Durand y Ugarte, cit. supra nota 25, p&aacute;rr. 130 y 131; Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez, cit. supra nota 2, p&aacute;rr. 196 y punto resolutivo 5.    <br>  <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup>La propia CorteIDH ha sostenido: "la satisfacci&oacute;n de la dimensi&oacute;n colectiva del derecho a la verdad exige la determinaci&oacute;n procesal de la m&aacute;s completa verdad hist&oacute;rica posible, lo cual incluye la determinaci&oacute;n judicial de los patrones de actuaci&oacute;n conjunta y de todas las personas que de diversas formas participaron en dichas violaciones y sus correspondientes responsabilidades". CorteIDH, Caso de la Masacre de la Rochela, sentencia de 11 de de mayo de 2007. Serie C No. 163, p&aacute;rr. 195.    <br>  <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup>Entre muchos otros casos, as&iacute; lo estableci&oacute; la CorteIDH en: Caso El Amparo. Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 21, p&aacute;rr. 61; Caso Panel Blanca (Paniagua Morales y otros). Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 29, p&aacute;rr. 200; Caso Cantoral Benavides. Reparaciones (art. 63.1 CADH), cit. supra nota 37; Caso Carpio Nicolle y otros, cit. supra nota 42, p&aacute;rr. 129.    <br>  <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup>Convenio I, arts. 49 y 50, 75 U.N.T.S. 31; Convenio II, arts. 50 y 51, 75 U.N.T.S. 85; Convenio III, arts. 129 y 130, 75 U.N.T.S. 135; Convenio IV, arts. 146 y 147, 75 U.N.T.S. 287.    <br>  <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup>TPIY, The Prosecutor v. Dusko Tadic (Decision on the defence motion for interlocutory appeal on jurisdiction), Decision of 2 October 1995, p&aacute;rr. 128.    <br>  <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup>TPIY, The Prosecutor v. Dusko Tadic, cit. supra nota 59, p&aacute;rr. 134.    <br>  <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup>Resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 8 de noviembre de 1994. S/RES/955.    <br>  <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup>Estatuto del Tribunal Internacional para Rwanda, art. 4. Anexo a la Resoluci&oacute;n S/RES/955.    <br>  <sup><a name="num62"></a><a href="#nu62">62</a></sup>Estatuto del Tribunal Internacional para Rwanda, art. 8.2.c).    <br>  <sup><a name="num63"></a><a href="#nu63">63</a></sup>Por otro lado, resulta importante remarcar que el DIH impone la obligaci&oacute;n de juzgar a todo responsable por las graves violaciones cometidas durante el conflicto no-internacional. Dado que este ordenamiento impone las prohibiciones comentadas no s&oacute;lo al Estado en cuyo territorio se desarrolle el conflicto, sino tambi&eacute;n a los grupos no-estatales que tomen parte en las hostilidades. Informe de la Experta Independiente, Sra. M&oacute;nica Pinto, sobre la situaci&oacute;n de los derechos humanos en Guatemala, preparado de conformidad con la Resoluci&oacute;n 1993/88 de la Comisi&oacute;n, E/CN.4/1994/10, 20 de enero de 1994, p&aacute;rr. 194; T. Meron, International Criminalization of Internal Atrocities, 566, en 89 American Journal of International Law 554 (1995).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num64"></a><a href="#nu64">64</a></sup>CIDH, Informe 28/92, Casos 10.147, 10.181, 10.240, 10.262, 10.309 10.311 (Argentina), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1992-1993, OEA/Ser.L/V/II.83, Doc. 14, 12 marzo 1993, conclusiones punto 1; Informe 29/92, Casos 10.029, 10.036, 10.145, 10.305, 10.372, 10.373, 10.374 y 10.375 (Uruguay), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1992-1993, OEA/Ser.L/V/II.83, Doc. 14, 12 marzo 1993, p&aacute;rr. 46; Informe 36/96, Caso 10.843 (Chile), en Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1996, OEA/Ser.L/V/II.95, Doc. 7 rev., 14 marzo 1997, p&aacute;rr. 105; Informe 1/99, Caso 10.480 (El Salvador), cit. supra nota 4, p&aacute;rrs. 122, 128 y 146.    <br>  <sup><a name="num65"></a><a href="#nu65">65</a></sup>CorteIDH, Caso Barrios Altos, cit. supra nota 28, p&aacute;rr. 41; Caso de los Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 232; Caso Huilca Tecse, sentencia de 3 de marzo de 2005. Serie C No. 121, p&aacute;rr. 108.    <br>  <sup><a name="num66"></a><a href="#nu66">66</a></sup>TPIY, The Prosecutor v. Anton Furundzija (judgment), Decision of 10 December 1998, p&aacute;rr. 155.    <br>  <sup><a name="num67"></a><a href="#nu67">67</a></sup>El art&iacute;culo 6.5 del Protocolo II establece: "A la cesaci&oacute;n de las hostilidades, las autoridades en el poder procurar&aacute;n conceder la amnist&iacute;a m&aacute;s amplia posible a las personas que hayan tomado parte en el conflicto armado o que se encuentren privadas de libertad, internadas o detenidas por motivos relacionados con el conflicto armado". Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de los conflictos armados sin car&aacute;cter internacional, celebrado el 8 de junio de 1977, 1125 UNTS 609.    <br>  <sup><a name="num68"></a><a href="#nu68">68</a></sup>D. Cassel, Lecciones de las Am&eacute;ricas: Lineamientos para una respuesta internacional ante la amnist&iacute;a de atrocidades, en 24 Revista del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 307 (1996); N. Roth-Arriaza, & L. Gibson, The Developing Jurisprudence on Amnesty, en 20 Human Rights Quaterly, 865 (1998).    <br>  <sup><a name="num69"></a><a href="#nu69">69</a></sup>CIDH, Informe 1/99, Caso 10.480, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 115; Cassel, cit. supra nota 69, 307.    <br>  <sup><a name="num70"></a><a href="#nu70">70</a></sup>Roth-Arriaza & Gibson, cit. supra nota 69, 866; CIDH, Informe sobre la situaci&oacute;n de los Derechos Humanos en El Salvador, OEA/Ser.L/V/II.85, Doc. 28 Rev., 11 febrero 1994, conclusiones generales.    <br>  <sup><a name="num71"></a><a href="#nu71">71</a></sup>CorteIDH, Caso Carpio Nicolle y otros, cit. supra nota 42, p&aacute;rrs. 131 y 132.    <br>  <sup><a name="num72"></a><a href="#nu72">72</a></sup>CorteIDH, Caso La Cantuta, sentencia de 29 de noviembre de 2006. Serie C No. 162, voto razonado del juez Garc&iacute;a Ram&iacute;rez, p&aacute;rr. 12.    <br>  <sup><a name="num73"></a><a href="#nu73">73</a></sup>CorteIDH, Caso Almonacid Arellano y otros, sentencia de 26 de septiembre de 2006. Serie C No. 154, p&aacute;rr. 154.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num74"></a><a href="#nu74">74</a></sup>CorteIDH, Caso Almonacid Arellano y otros, cit. supra nota 74, p&aacute;rr. 154; Caso La Cantuta, cit. supra nota 73, p&aacute;rr. 226. En igual sentido, las limitaciones mencionadas por el Tribunal a la garant&iacute;a de res judicata, aparecen contempladas por el Estatuto de la CPI, habilitando la competencia de este Tribunal internacional. Estatuto de la Corte Penal Internacional, art. 20.3, aprobado el 17 de julio de 1998, 2187 UNTS 90.    <br>  <sup><a name="num75"></a><a href="#nu75">75</a></sup>CorteIDH, Caso Almonacid Arellano y otros, cit. supra nota 74, p&aacute;rr. 154.    <br>  <sup><a name="num76"></a><a href="#nu76">76</a></sup>CorteIDH, Caso Masacre de Pueblo Bello, cit. supra nota 49, p&aacute;rr. 211; Caso Goibur&uacute; y otros, sentencia de 22 de septiembre de 2006. Serie C No. 153, p&aacute;rr. 131.    <br>  <sup><a name="num77"></a><a href="#nu77">77</a></sup>P. Hayner, Unspeakable Truth. Facing the Challenge of Truth Commissions, 24-30 (Routledge, New York, 2002).    <br>  <sup><a name="num78"></a><a href="#nu78">78</a></sup>En este sentido, K. Greenawalt, Amnesty's Justice, in Truth v. Justice: The Morality of Truth Commissions, 189 (Princeton University Press, Princeton, 2000).    <br>  <sup><a name="num79"></a><a href="#nu79">79</a></sup>Si bien el Informe de esta Comisi&oacute;n identific&oacute; a por lo menos 50 agentes estatales como responsables, el mismo se bas&oacute; en el an&aacute;lisis de s&oacute;lo 32 casos tomados como paradigm&aacute;ticos. Comisi&oacute;n de la Verdad para el Salvador, De la locura a la esperanza (4.ª ed., Arcoiris, San Salvador, 2006).    <br>  <sup><a name="num80"></a><a href="#nu80">80</a></sup>CIDH, Informe 25/98, cit. supra nota 4 p&aacute;rr. 68; Informe 1/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rrs. 145 y 155.    <br>  <sup><a name="num81"></a><a href="#nu81">81</a></sup>CorteIDH, Caso Almonacid Arellano y otros, cit. supra nota 74, p&aacute;rr. 150; Caso La Cantuta, cit. supra nota 73, p&aacute;rr. 224.    <br>  <sup><a name="num82"></a><a href="#nu82">82</a></sup>Debe tomarse en consideraci&oacute;n que la Comisi&oacute;n de la Verdad para El Salvador expresamente recomend&oacute; la concesi&oacute;n de un indulto para los responsables de violaciones al DIDH o al DIH durante el conflicto armado, entendiendo que no resultar&iacute;a posible garantizar un proceso regular de todos los responsables. Comisi&oacute;n de la Verdad para el Salvador, cit. supra nota 80, 255-256.    <br>  <sup><a name="num83"></a><a href="#nu83">83</a></sup>CorteIDH, Caso Durand y Ugarte, cit. supra nota 25, p&aacute;rr. 130 y 131; Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 187.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num84"></a><a href="#nu84">84</a></sup>CorteIDH, Caso Hermanas Serrano Cruz, cit. supra nota 33, p&aacute;rr. 64; Caso 19 Comerciantes, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 187; Caso Durand y Ugarte, cit. supra nota 25, p&aacute;rr. 130.    <br>  <sup><a name="num85"></a><a href="#nu85">85</a></sup>CorteIDH, Huilca Tecse, cit. supra nota 66, p&aacute;rr. 108; Caso Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri, cit. supra nota 32, p&aacute;rr. 232.    <br>  <sup><a name="num86"></a><a href="#nu86">86</a></sup>CorteIDH, Caso Goibur&uacute; y otro, cit. supra nota 77, p&aacute;rr. 84; Caso La Cantuta, cit. supra nota 73, p&aacute;rr. 157.    <br>  <sup><a name="num87"></a><a href="#nu87">87</a></sup>Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, pre&aacute;mbulo, 2187 UNTS 90.    <br>  <sup><a name="num88"></a><a href="#nu88">88</a></sup>Puede sostenerse que una norma imperativa de derecho internacional general o perteneciente al ius cogens internacional es aquella aceptada y reconocida por la comunidad internacional de Estados en su conjunto como una norma que no admite acuerdo en contrario y que s&oacute;lo puede ser modificada por una norma ulterior de derecho internacional general que tenga el mismo car&aacute;cter. Convenci&oacute;n de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969, art. 53, suscrita el 23 de mayo de 1969, 1155 U.N.T.S. 331.    <br>  <sup><a name="num89"></a><a href="#nu89">89</a></sup>CorteIDH, Caso Goibur&uacute; y otros, cit. supra nota 77, p&aacute;rr. 128; Caso La Cantuta, cit. supra nota 73, p&aacute;rr. 160 y voto razonado del juez Cançado Trindade, p&aacute;rr. 54; Caso Penal Miguel Castro Castro, sentencia de 25 de noviembre de 2006. Serie C No. 160, p&aacute;rr. 271; TPIY, The Prosecutor v. Anton Furundzija (judgment), cit. supra nota 67, p&aacute;rr. 154.    <br>  <sup><a name="num90"></a><a href="#nu90">90</a></sup>H. Kelsen, Teor&iacute;a pura del derecho, 48 (10.ª ed., Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 1998).    <br>  <sup><a name="num91"></a><a href="#nu91">91</a></sup>De hecho, tal vez la &uacute;nica norma infalible que haya existido sea aquella –comentada por Ambrose Bierce–promulgada en tiempos de Henry III de Inglaterra, que condenaba a muerte a quien matara, hiriera o mutilara un hada, dado que asumimos que tal norma nunca result&oacute; violada. A. Bierce, Diccionario del Diablo, 67, bajo la definici&oacute;n de "hada" (Andr&oacute;meda, Buenos Aires, 2004).    <br>  <sup><a name="num92"></a><a href="#nu92">92</a></sup>CIDH, Informe 25/98, cit. supra nota 4 p&aacute;rrs. 92 y 95; Informe 1/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 154; Informe 136/99, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 228; Informe 37/00, cit. supra nota 4, p&aacute;rr. 148.    <br>  <sup><a name="num93"></a><a href="#nu93">93</a></sup>E. Galeano, Patas arriba: La Escuela del Mundo al Rev&eacute;s, 216 (Cat&aacute;logos, Buenos Aires, 2005).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font>  <hr>      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>      <!-- ref --><p>Bierce, A., Diccionario del Diablo (Andr&oacute;meda, Buenos Aires, 2004).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1692-8156200800010001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Cassel, D., Lecciones de las Am&eacute;ricas: Lineamientos para una respuesta internacional ante la amnist&iacute;a de atrocidades, en 24 Revista del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (1996).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1692-8156200800010001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  CEH, Memoria del silencio (F&G Editores, Guatemala, 1999).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1692-8156200800010001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  CICR, Comentario del Protocolo del 8 de junio de 1977 adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de los conflictos armados sin car&aacute;cter internacional (P&J Editores, Bogot&aacute;, 1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1692-8156200800010001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Comisi&oacute;n de la Verdad para el Salvador, De la locura a la esperanza (4.ª ed., Arcoiris, San Salvador, 2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1692-8156200800010001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Galeano, E., Patas arriba (Cat&aacute;logos, Buenos Aires, 2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1692-8156200800010001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Greenawalt, K., Amnesty's Justice, in Truth v. Justice: The Morality of Truth Commissions (Princeton University Press, Princeton, 2000).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1692-8156200800010001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Hayner, P., Unspeakable Truth. Facing the Challenge of Truth Commissions (Routledge, New York, 2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1692-8156200800010001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Kelsen, H., Teor&iacute;a pura del derecho (10.ª ed., Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1692-8156200800010001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Meron, T., International Criminalization of Internal Atrocities, in 89 American Journal of International Law 554 (1995).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1692-8156200800010001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Pinto, M., Informe de la Experta Independiente sobre la situaci&oacute;n de los derechos humanos en Guatemala, preparado de conformidad con la Resoluci&oacute;n 1993/88 de la Comisi&oacute;n, E/CN.4/1994/10, 20 de enero de 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1692-8156200800010001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Pinto, M., L'Amerique latine et le traitement des violations massives des droits de l'homme (Pedone, Paris, 2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S1692-8156200800010001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Roth-Arriaza, N., & L. Gibson, The Developing Jurisprudence on Amnesty, in 20 Human Rights Quaterly (1998).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S1692-8156200800010001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos</b></p>      <!-- ref --><p>Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1975, OEA/Ser.L/V/II.37, Doc. 20 corr. 1, 28 de junio de 1976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S1692-8156200800010001600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1985-1986, OEA/Ser.L/V/II.68, Doc. 8 rev. 1, 26 de septiembre de 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S1692-8156200800010001600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1992-1993, OEA/Ser.L/V/II.83, Doc. 14, 12 de marzo de 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S1692-8156200800010001600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1996, OEA/Ser.L/V/II.95, Doc. 7 rev., 14 de marzo de 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S1692-8156200800010001600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1998, OEA/Ser.L/V/II.102, Doc. 6 rev., 16 de abril de 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S1692-8156200800010001600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Informe Anual de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos 1999, OEA/Ser.L/V/II.106, Doc. 3, 13 de abril de 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S1692-8156200800010001600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Informe sobre el Proceso de Desmovilizaci&oacute;n en Colombia, OEA/ Ser.L/V/II.120, Doc. 60, 13 de diciembre de 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S1692-8156200800010001600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Comit&eacute; de Derechos Humanos</b></p>      <!-- ref --><p>CDH-ONU, Caso 107/1981, Elena Quinteros Almeida y Mar&iacute;a del Carmen Almeida de Quinteros v. Uruguay.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S1692-8156200800010001600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Corte Interamericana de Derechos Humanos</b></p>      <!-- ref --><p>Caso 19 Comerciantes. Sentencia de 5 de julio de 2004. Serie C No. 109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S1692-8156200800010001600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Almonacid Arellano y otros. Sentencia de 26 de septiembre de 2006. Serie C No. 154.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S1692-8156200800010001600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Balde&oacute;n Garc&iacute;a. Sentencia de 6 de abril de 2006. Serie C No. 147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S1692-8156200800010001600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), Sentencia de 22 de febrero de 2002. Serie C No. 91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S1692-8156200800010001600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso B&aacute;maca Vel&aacute;squez. Sentencia de 25 de noviembre de 2000. Serie C No. 70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S1692-8156200800010001600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Barrios Altos. Sentencia de 14 de marzo de 2001. Serie C No. 75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S1692-8156200800010001600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Barrios Altos. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 30 de noviembre de 2001. Serie C No. 87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S1692-8156200800010001600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Blake. Sentencia de 24 de enero de 1998. Serie C No. 36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S1692-8156200800010001600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Blanco Romero y otros. Sentencia de 28 de noviembre de 2005. Serie C No. 138.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S1692-8156200800010001600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Caballero Delgado y Santana. Sentencia de 8 de diciembre de 1995. Serie C No. 22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S1692-8156200800010001600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Cantoral Benavides. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 3 de diciembre de 2001. Serie C No. 88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S1692-8156200800010001600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Carpio Nicolle y otros. Sentencia de 22 de noviembre 2004. Serie C No. 117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S1692-8156200800010001600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Castillo P&aacute;ez. Reparaciones (Art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), Sentencia de 27 de noviembre de 1998. Serie C No. 43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S1692-8156200800010001600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Claude Reyes y otros. Sentencia de 19 de septiembre de 2006. Serie C No. 151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S1692-8156200800010001600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de la Comunidad Moiwana. Sentencia de 15 de junio de 2005. Serie C No. 124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S1692-8156200800010001600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de la Masacre de la Rochela Sentencia de 11 de de mayo de 2007. Serie C No. 163.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S1692-8156200800010001600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de la Masacre de Mapirip&aacute;n. Sentencia de 15 de septiembre de 2005. Serie C No. 134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S1692-8156200800010001600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de la "Panel Blanca" (Paniagua Morales y otros). Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 25 de mayo de 2001. Serie C No. 76.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S1692-8156200800010001600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de los Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri. Sentencia de 8 de julio de 2004. Serie C No. 110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S1692-8156200800010001600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros). Sentencia de 19 de noviembre de 1999. Serie C No. 63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S1692-8156200800010001600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso de los "Ni&ntilde;os de la Calle" (Villagr&aacute;n Morales y otros). Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), Sentencia de 26 de mayo de 2001. Serie C No. 77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S1692-8156200800010001600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso del Penal Miguel Castro Castro. Sentencia de 25 de noviembre de 2006. Serie C No. 160.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S1692-8156200800010001600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Durand y Ugarte. Sentencia de 16 de agosto de 2000. Serie C No. 68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S1692-8156200800010001600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso El Amparo. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 14 de septiembre de 1996. Serie C No. 28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S1692-8156200800010001600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Goibur&uacute; y otros. Sentencia de 22 de septiembre de 2006. Serie C No. 153.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S1692-8156200800010001600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Hermanas Serrano Cruz. Excepciones Preliminares. Sentencia de 23 de noviembre de 2004. Serie C No. 118.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S1692-8156200800010001600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Hermanas Serrano Cruz. Sentencia de 1 de marzo de 2005. Serie C No. 120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S1692-8156200800010001600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Huilca Tecse. Sentencia de 03 de marzo de 2005. Serie C No. 121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S1692-8156200800010001600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso La Cantuta. Sentencia de 29 de noviembre de 2006. Serie C No. 162.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S1692-8156200800010001600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso "La &uacute;ltima Tentaci&oacute;n de Cristo" (Olmedo Bustos y otros). Sentencia de 5 de febrero de 2001. Serie C No. 73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S1692-8156200800010001600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Masacre de Pueblo Bello. Sentencia de 31 de enero de 2006. Serie C No. 140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S1692-8156200800010001600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Masacre Plan de S&aacute;nchez. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 19 de noviembre 2004. Serie C No. 116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S1692-8156200800010001600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Servell&oacute;n Garc&iacute;a y otros. Sentencia de 21 de septiembre de 2006. Serie C No. 152.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S1692-8156200800010001600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  Caso Trujillo Oroza. Reparaciones (art. 63.1 Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos), Sentencia de 27 de febrero de 2002. 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Serie A No. 5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S1692-8156200800010001600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Tribunal Penal para la ex-Yugoslavia</b></p>      <!-- ref --><p>The Prosecutor v. Dusko Tadic, Decision of 2 October 1995. The Prosecutor v. Anton Furundzija (judgment), Decision of 10 December 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S1692-8156200800010001600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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