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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[A LA HORA DE ESCRIBIR ENSAYOS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Today, academic exercises begin with writing essays. As an academic tool, essays are useful just as much for writers as they are for readers. In reference to that, this article reflects about the essay and guides the reader through the steps of writing this type of text. It does not make a difference between sciences, styles, topics and intentions, but maintains the independence of knowledge. In fact, the structure of the text is designed to develop composition exercises, encouraging access to the chosen topic based on its antecedents, formal structure, language and development of learning from the essay.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Mito de la caverna]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>A LA HORA DE ESCRIBIR ENSAYOS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center">   <font size="3" face="verdana"><b>(On Writing Essays)</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>JUAN ALBERTO BLANCO PUENTES</b></p>     <p>   Pontificia Universidad Javeriana   Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca (Colombia)   <a href="mailto:jabp7@hotmail.com">jabp7@hotmail.com</a></p>     <p align="center">   Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n Recibido: 09 de septiembre de 2005 Aceptado: 09 de julio de 2006</p>   <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Hoy, los ejercicios acad&eacute;micos parten del escribir ensayos. Como g&eacute;nero acad&eacute;mico es &uacute;til tanto para escritores como para lectores; apaleando a lo anterior, el presente art&iacute;culo tiene como tema de reflexi&oacute;n el Ensayo, y est&aacute; encaminado a facilitar al lector la escritura de este tipo de textos, sin hacer diferencia &ndash;pero manteniendo la independencia de saberes&ndash; entre ciencias, estilos, temas e intenciones. De hecho, la estructura del texto, est&aacute; dise&ntilde;ada para desarrollar el ejercicio de composici&oacute;n, permitiendo el acceso al tema desde sus antecedentes, su estructura formal, el lenguaje y el desarrollo del aprendizaje desde el ensayo.</p>     <p>   <b>Palabras clave:</b> Mito de la caverna, Montaigne, ensayo, escritura/lectura, metodolog&iacute;a.</p>   <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>Abstract</b></p>     <p>   Today, academic exercises begin with writing essays. As an academic tool, essays are useful just as much for writers as they are for readers. In reference to that, this article reflects about the essay and guides the reader through the steps of writing this type of text. It does not make a difference between sciences, styles, topics and intentions, but maintains the independence of knowledge. In fact, the structure of the text is designed to develop composition exercises, encouraging access to the chosen topic based on its antecedents, formal structure, language and development of learning from the essay.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Cavern myth, Montaigne, essay, writing/reading, methodology.</p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/tara/n5/n5a11f1.gif"></center></p>     <p><b>Introito</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Generalmente cuando se habla de Ensayo, se comienza con una definici&oacute;n del tema a tratar, y del origen etimol&oacute;gico de la palabra [Del lat&iacute;n, exag&#301;um], as&iacute; como de una breve historia. En tal sentido podemos decir que al acercarse al Ensayo, o espec&iacute;ficamente a su elaboraci&oacute;n, nos parece pertinente relacionar el Ensayo con los dem&aacute;s g&eacute;neros literarios (po&eacute;tico, narrativo y dram&aacute;tico) e instaurar un referente inicial que tiene que ver con el estilo personal de escritura, el cual obedece a las normas conocidas y reconocidas tanto por autores como por lectores, y que permite establecer diferencias con otros tipos de texto, sin olvidar que &laquo;Texto quiere decir Tejido, [&hellip;] nosotros acentuamos la idea generativa de que el texto se hace, se trabaja a trav&eacute;s de un entrelazado perpetuo; perdido en ese tejido &ndash;esa textura&ndash; el sujeto se deshace en &eacute;l como una ara&ntilde;a que se disuelve en las segregaciones constructivas de su tela&raquo; (Barthes, 1995:104). La alegor&iacute;a de la tela de ara&ntilde;a, nos sit&uacute;a frente a la &laquo;imposibilidad&raquo; de escribir, como si nos encontr&aacute;semos en un laberinto de ideas (hilos), que al ser desenredados, desembocaremos en la luz del conocimiento.</p>     <p>   Se define Ensayo como un escrito breve en el que el autor expone su punto de vista acerca de un tema o aspecto determinado de an&aacute;lisis. Y que se caracteriza por la utilizaci&oacute;n de un lenguaje acorde con el tipo de lector al cual est&aacute; dirigido as&iacute; como el tratamiento que se le da al tema en cuesti&oacute;n. En tal sentido pueden existir ensayos de tipo filos&oacute;fico, po&eacute;tico, coloquial, entre otros, dependiendo de la intenci&oacute;n investigativa del autor, y lo m&aacute;s importante, teniendo en cuenta el tipo de lector al que va dirigida la escritura. Tambi&eacute;n es importante el estilo autoral, pues cada persona tiene su punto de vista particular en relaci&oacute;n con el tema que trate. El estilo est&aacute; caracterizado desde la personalidad del escritor, que trasciende la escritura para dialogar con el lector.</p>     <p>   <b>La actualidad de Montaigne</b></p>     <p>   Si bien el Ensayo como g&eacute;nero, es situado en la historia del pensamiento humano durante el Renacimiento europeo, gracias a la figura del franc&eacute;s Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592), nos anticipamos en el tiempo para reescuchar la voz de Lucio Anneo S&eacute;neca (4-65), pues desde sus Di&aacute;logos se desprende que &laquo;el sentido de la filosof&iacute;a es pedag&oacute;gico: la filosof&iacute;a es una lecci&oacute;n de vida y, por tanto, un consuelo&raquo; (Mart&iacute;nez Echeverri, 2000:508). En el caso particular de S&eacute;neca, hemos de asirnos del ejercicio pedag&oacute;gico; de hecho, un ensayo de por s&iacute; ha de ser pedag&oacute;gico, pues ha de permitir el di&aacute;logo entre quienes ense&ntilde;an y entre quienes aprenden. Entonces, el ensayo habr&aacute; de permitir, de igual manera, el di&aacute;logo entre el pensamiento de los individuos con miras a encontrar la conclusi&oacute;n de sus disertaciones. Leamos un fragmento de Sobre la brevedad de la vida (314-347) de los Di&aacute;logos de S&eacute;neca:</p>     <p>La vida se divide en tres &eacute;pocas: la que fue, la que es, la que ser&aacute;. De ella, la que estamos viviendo es breve, la que vamos a vivir, dudosa, la que hemos vivido, fija; pues &eacute;sta es aquella sobre la que la fortuna perdi&oacute; sus derechos: no puede estar sometida al arbitrio de nadie. Esta &eacute;poca la pierden los ocupados, pues no les queda tiempo para mirar al pasado y, si les queda, les es desagradable el recuerdo de algo de lo que se arrepienten. [&hellip;] El tiempo presente es el m&aacute;s breve, hasta el punto que es cierto que a algunos les parece inexistente; efectivamente, siempre est&aacute; en marcha, fluye y lanza precipitadamente; deja de existir ante de presentarse y no permite demora alguna, como el universo y las estrellas, cuyo movimiento constante e infatigable nunca permanecer&aacute; en el mismo lugar. Por tanto, s&oacute;lo el tiempo presente ata&ntilde;e a la gente ocupada y es tan breve que no puede ser atrapado; incluso &eacute;ste, abocados como est&aacute;n a tantas ocupaciones, se les sustrae (1986:330-331).</p>     <p>   El espectro temporal inferido de la cita anterior, tambi&eacute;n ha sido tratado por el autor en la ep&iacute;stola primera de las Cartas a Lucio, desde entonces, &laquo;igual que el an&aacute;lisis del espacio, el an&aacute;lisis del tiempo f&iacute;sico como fen&oacute;meno natural que miden los relojes ha interesado desde la antig&uuml;edad a la ciencia y a la filosof&iacute;a. Pero el tiempo que analiza S&eacute;neca en este texto es el tiempo vivido por el hombre, que s&oacute;lo externamente se deja medir por el reloj. Es el tiempo humano, vivido desde dentro, los instantes no son iguales entre s&iacute;. La vivencia del presente se entrecruza con el recuerdo del pasado y con la visi&oacute;n del futuro, y en el limitado plazo que transcurre entre el nacimiento y la muerte el hombre el hombre tiene que esforzarse por buscar y encontrar su perfecci&oacute;n y su felicidad&raquo; (Gu&eacute;ry, et al, 1995:314).</p>     <p>   As&iacute; mismo, recogemos la obra (Di&aacute;logos) de Plat&oacute;n (427-343 a. de C.), que &laquo;adem&aacute;s de ser capital en la filosof&iacute;a griega, es un ejemplo de excelente construcci&oacute;n literaria en forma de di&aacute;logo en el cual vierte el m&eacute;todo filos&oacute;fico de la dial&eacute;ctica, y del uso del m&aacute;s depurado y rico lenguaje con el que construye met&aacute;foras de gran altura po&eacute;tica;&hellip;, aporta nuevas expresiones al lenguaje filos&oacute;fico&raquo; (Mart&iacute;nez, 2000:442). Resaltamos de la cita anterior la riqueza del lenguaje que ha de acompa&ntilde;ar el ejercicio de la escritura, con ello, hemos de anticipar que el lenguaje utilizado en la construcci&oacute;n del ensayo debe permitir su libre germinaci&oacute;n, basado en el libre nacimiento de las ideas. Todo en vista del lector<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>. Veamos un fragmento de La Rep&uacute;blica (1986), de Plat&oacute;n, que nos permite reconocer, el ejercicio de la escritura al servicio del pensador, he aqu&iacute; el mito de la caverna:</p>     <p>&ndash; Repres&eacute;ntate ahora el estado de la naturaleza humana respecto de la ciencia y de la ignorancia, seg&uacute;n el cuadro que de &eacute;l voy a trazarte. Imagina un antro subterr&aacute;neo que tiene todo a lo largo una abertura que deja libre a la luz el paso, y, en este antro, unos hombres encadenados desde su infancia, de suerte que no puedan cambiar de lugar ni volver la cabeza, por causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tengan delante. A su espalda, a cierta distancia y a cierta altura, hay un fuego suyo fulgor les alumbra, y entre ese fuego y los cautivos se halla un camino escarpado. A lo largo de ese camino, imagina un muro semejante a esas vallas que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultar es &eacute;stos el juego y los secretos trucos de las maravillas que les muestran.</p>     <p> [&hellip;]</p>     <p> &ndash; Pues pon atenci&oacute;n a esto otro: si de nuevo tornase a su prisi&oacute;n, para volver a ocupar en ella su antiguo puesto, &iquest;no se encontrar&iacute;a como enceguecido, en el s&uacute;bito tr&aacute;nsito de la luz del d&iacute;a a la oscuridad? &ndash; Si. &ndash; Y si mientras a&uacute;n no distingue nada, y antes de que sus ojos se hayan repuesto, cosa que no podr&iacute;a suceder sino despu&eacute;s de pasado bastante tiempo, tuviese que discutir con los dem&aacute;s prisioneros sobre esas sombras, &iquest;no dar&iacute;a qu&eacute; re&iacute;r a los dem&aacute;s, qu&eacute; dir&iacute;an de &eacute;l que, por haber subido a lo alto, ha perdido la vista, a&ntilde;adiendo que ser&iacute;a una locura que ellos quisiesen salir del lugar en que se hallan, y que si a alguien se le ocurriese querer sacarlos de all&iacute; y llevarlos a la regi&oacute;n superior, habr&iacute;a que apoderarse de &eacute;l y darle muerte?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &ndash; Indiscutiblemente (203-205).</p>     <p>   Es decir, &laquo;lo que Plat&oacute;n describe en el mito de la caverna es el camino que recorre el fil&oacute;sofo desde los conceptos vagos hasta las verdaderas ideas que se encuentran tras los fen&oacute;menos de la naturaleza. Seguramente tambi&eacute;n piensa en S&oacute;crates, a quien mataron los &ldquo;moradores de la caverna&rdquo; porque hurgaba en sus ideas habituales, queriendo ense&ntilde;arles el camino hacia la verdadera sabidur&iacute;a. De ese modo, el mito de la caverna se convierte en una imagen del valor y de la responsabilidad del fil&oacute;sofo&raquo; (Gaarder, 195:109-110). De cierta manera, el escritor de ensayos transita por la caverna-mundo (laboratorio) del conocimiento. En busca de la luz conceptual se pueden diferenciar las sombras, al final del proceso, la escritura se revierte en sus significados, lo que permite la fluidez del saber por medio de la palabra.</p>     <p>   No pretendemos, desconocer los posibles aportes al ensayo desde m&uacute;ltiples figuras que como las anteriores, pudieran considerarse antecedentes del tema tratado, pero por cuestiones de espacio, nos hemos de limitar a los dos mencionados, para introducirnos a la figura de Montaigne. El ensayo, como g&eacute;nero de escritura personal, establece de por s&iacute;, el car&aacute;cter autobiogr&aacute;fico de su intenci&oacute;n, de hecho, los Ensayos de Montaigne pueden ser considerados como la narraci&oacute;n &laquo;novelada&raquo; de su vida. En tal sentido, al reconocer tal car&aacute;cter, hemos de recordar que la autobiograf&iacute;a, en su composici&oacute;n como t&eacute;rmino, est&aacute;n ligados tres aspectos: el ser humano, personal e individual; la vida, como tal, del ser humano; y la escritura individual.</p>     <p>   Entonces, la autobiograf&iacute;a viene a corresponder con la escritura personal de la vida del individuo. En otros t&eacute;rminos, el ensayo puede considerarse como la escritura &iacute;ntima de quien realiza un proceso de reflexi&oacute;n (investigaci&oacute;n) de un aspecto de la vida misma (cient&iacute;fica o no). En consecuencia, &laquo;para Montaigne el acto de escritura, no es, en absoluto, una actividad intelectual al margen de la actividad existencial del yo. Y si bien, ciertamente, no se puede todav&iacute;a hablar de fusi&oacute;n absoluta entre ambas actividades, es evidente, sin embargo, que existen en el &ldquo;ensayo&rdquo; estrech&iacute;simas relaciones entre las dos; estrech&iacute;simas relaciones que llegan en ocasiones, a anular el car&aacute;cter &ldquo;intelectual&rdquo; de esta escritura&raquo; (Montaigne, Introducci&oacute;n a sus Ensayos, 1995:25-26). Como ejemplo de los Ensayos de Montaigne<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>, tomamos Del castigo a la cobard&iacute;a:</p>     <p>   Anta&ntilde;o, o&iacute; decir a un pr&iacute;ncipe y gran capit&aacute;n que no se pod&iacute;a condenar a muerte a un soldado por cobard&iacute;a; [&hellip;] En verdad que es menester hacer gran diferencia entre las faltas que provienen de nuestra debilidad y las que provienen de nuestra maldad. Pues en &eacute;stas, nos armamos deliberadamente contra las reglas de la raz&oacute;n que la naturaleza ha grabado en nosotros; y en aqu&eacute;llas, parece que podamos apelar como excusa a esta misma naturaleza por habernos dejado en tal imperfecci&oacute;n y carencia. [&hellip;], consid&eacute;rese que el legislador Carondas fue el primero en poner en pr&aacute;ctica esta regla; [&hellip;] Parece que tambi&eacute;n las leyes romanas condenaban a muerte a los que hu&iacute;an. Pues cuenta Amiano Marcelino que el emperador Juliano conden&oacute; a diez solados suyos que hab&iacute;an vuelto la espada durante una carga contra los partos, a ser degradados y despu&eacute;s a morir, siguiendo las antiguas leyes, seg&uacute;n dijo. [&hellip;] En &eacute;poca de nuestros padres, el se&ntilde;or Franget, [&hellip;] fue condenado a ser degradado de nobleza y declarado plebeyo, pechero e incapaz de portar armas, tanto &eacute;l como su descendencia; y ejecut&oacute;se esta severa sentencia en Lyon. M&aacute;s tarde, sufrieron igual pena todos los gentiles hombres que se hallaron en Guisa cuando all&iacute; entr&oacute; el conde de Nassau (2), y a&uacute;n otro despu&eacute;s. Sin embargo, cuando hubiere tal duda y evidente ignorancia o cobard&iacute;a que sobrepase todas las ordinarias, ser&iacute;a raz&oacute;n suficiente para tomarla como prueba de crueldad y de maldad, y para castigarla como tal (111-113).</p>     <p>   (1) &laquo;(Pensad) M&aacute;s en sonrojar a un hombre que en derramar su sangre&raquo; (Tertuliano, Apolog&eacute;tica); (2) En 1536.</p>     <p>   Observemos que mientras Plat&oacute;n nutre sus textos con mitos, en el caso de Montaigne se hace uso de ejemplos, utilizando historias ocurridas a otros personajes. A la hora de escribir ensayos producto de la investigaci&oacute;n-reflexi&oacute;n es vital dar ejemplos para corroborar lo afirmado. De cierta manera, se les denominar&iacute;a argumentos, ya que permiten comprobar, corroborar o contradecir una postura personal en relaci&oacute;n con el tema tratado. La argumentaci&oacute;n es la parte consecuente de la hip&oacute;tesis o tesis que se plantee dentro del texto, y a su vez, permite llevar a lector a la conclusi&oacute;n del escrito.</p>     <p>   La estructura formal del Ensayo</p>     <p>   Las partes que componen un ensayo deben mantener dos caracter&iacute;sticas textuales que las relaciona: la coherencia y la cohesi&oacute;n textuales. La primera, se puede definir como: &laquo;la relaci&oacute;n que vincula los significados de los enunciados de un discurso o de las oraciones de un texto&raquo; (Richards, 1997.65); la segunda, la cohesi&oacute;n, se define como: &laquo;las relaciones gramaticales y/o l&eacute;xicas entre los diferentes elementos de un texto. Puede consistir en la relaci&oacute;n entre diferentes oraciones o partes de una oraci&oacute;n&raquo; (65). No olvidemos adem&aacute;s, que &laquo;Generalmente un p&aacute;rrafo tiene coherencia si contiene una serie de oraciones que desarrollan la idea principal&raquo; (65).</p>     <p>   Despu&eacute;s de lo anterior, veamos las partes que componen un ensayo, as&iacute; como sus caracter&iacute;sticas principales:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   - Existe una parte preliminar a todo escrito investigativo-reflexivo que tiene que ver con tener en cuenta los antecedentes bibliogr&aacute;ficos del tema, es decir, se debe hacer, previamente al escribir el texto, un an&aacute;lisis del estado del estado del arte. Dicho an&aacute;lisis consiste en indagar bibliogr&aacute;ficamente, que se ha escrito-publicado acerca del tema, con ello nos aseguramos de no repetir lo ya dicho por otros autores, adem&aacute;s nos facilita la tarea de acceder al tema tratado. Es bueno recoger los escritos encontrados y analizarlos, esquematizarlos e integrarlos en un solo borrador, con ello, a futuro podemos establecer diferenciaci&oacute;n de conceptos e ideas.</p>     <p>   - El t&iacute;tulo: por lo general debe definir en una l&iacute;nea (o rengl&oacute;n) el tema espec&iacute;fico del cual trata el escrito; se caracteriza por ser sugerente, y debe motivar la lectura del texto. Puede estar formado por una palabra o por una oraci&oacute;n, m&aacute;ximo dos, pero la extensi&oacute;n depende realmente de la intenci&oacute;n de abarcar la mayor cantidad de informaci&oacute;n, que le permita al lector no s&oacute;lo acceder al tema sino tambi&eacute;n recibir contextualizaci&oacute;n del mismo. Es de agregar que el t&iacute;tulo debe ser sugerente o sugestivo, m&aacute;s no indigestivo, pues el lector, puede, y con toda raz&oacute;n, evitar la lectura general del texto. No olvidemos que la mayor&iacute;a de los lectores se gu&iacute;an por el t&iacute;tulo, para acceder o no a la informaci&oacute;n. Formalmente el t&iacute;tulo va escrito en may&uacute;scula sostenida, en negrilla y centrado en el primer rengl&oacute;n.</p>     <p>   - Un p&aacute;rrafo introductorio en el que se describan tres aspectos fundamentales: el tema a tratar, el cual puede ser formulado a manera de hip&oacute;tesis o pregunta, o como planteamiento de un problema; el objetivo general que se pretende alcanzar, as&iacute; como los objetivos espec&iacute;ficos del mismo; la metodolog&iacute;a seguida en cuanto a su apreciaci&oacute;n personal estableciendo relaciones contextuales para su apreciaci&oacute;n; una breve descripci&oacute;n de los componentes de la reflexi&oacute;n-investigaci&oacute;n. Recordemos que un p&aacute;rrafo m&iacute;nimo debe abarcar cuatro l&iacute;neas o renglones, pues por lo general si est&aacute; por debajo de dicha cantidad, puede ser entendido como una idea suelta.</p>     <p>   - Los subt&iacute;tulos: dado el caso de que sea estrictamente necesario que aparezcan, los subt&iacute;tulos ser&aacute;n breves expresiones de ideas consecuentes del t&iacute;tulo. Es decir, &eacute;stos han de ampliar la tem&aacute;tica planteada en el t&iacute;tulo y de cierta manera le deben asignar especificidad. Los subt&iacute;tulos gu&iacute;an al lector a la hora de hacer cualquier tipo de lectura. Es bueno establecer relaci&oacute;n entre oraci&oacute;n y enunciado, y la relaci&oacute;n se origina desde el concepto mismo de significado, entonces, hemos de pensar en el significado de la oraci&oacute;n y el significado del enunciado (Lyons, 1981:31-38), sin olvidar la intenci&oacute;n comunicativa del autor. Formalmente, los subt&iacute;tulo van escritos en may&uacute;scula inicial, en negrilla y alineados a la izquierda.</p>     <p>   - Los p&aacute;rrafos necesarios para el desarrollo del Ensayo como tal, aqu&iacute; se exponen los argumentos que sustentan el punto de vista del ensayista en relaci&oacute;n con el tema. Es decir, es el cuerpo central del texto, pues es cuando se expone claramente el punto de vista del autor. Los p&aacute;rrafos pueden tener una extensi&oacute;n m&aacute;xima de una p&aacute;gina (24 l&iacute;neas o renglones, aproximadamente), pero se debe evitar cansar la vista del lector o la lectura del texto. Las p&aacute;ginas totales del texto dependen de las que se necesiten para exponer las intensiones autorales acerca del tema. En tal sentido se puede hablar de intenciones autorales tales como:</p>     <p>   A. Reflexiva: presenta resultados de investigaci&oacute;n desde una perspectiva de an&aacute;lisis &ndash;del griego analusis: descomposici&oacute;n, resoluci&oacute;n; es la operaci&oacute;n que consiste en descomponer un todo en sus elementos constituitivos- (Flori&aacute;n, 2003:30); de interpretaci&oacute;n &ndash;modo de ver una realidad o un proceso como si tuvieran tales o cuales caracter&iacute;sticas, lo que es diferente de una explicaci&oacute;n te&oacute;rica en sentido estricto&ndash; (Mart&iacute;nez, 2000:301); o cr&iacute;tica &ndash;&laquo;partir de los conocimientos que poseemos para determinar los l&iacute;mites y las condiciones con el fin de cotejar la validez&raquo; (114)&ndash; del autor, sobre un tema espec&iacute;fico, recurriendo a fuentes originales.</p>     <p>B. Consecutiva o de paralelo: en la primera opci&oacute;n, se establecen relaciones de causa-efecto en correlaci&oacute;n con el proceso que sigue del tema tratado por el autor. Es decir, nuestro texto puede ser la continuaci&oacute;n de un escrito previo, que en su momento, desde su conclusi&oacute;n abierta, permite el acceso al tema. En la segunda opci&oacute;n, establece relaciones a trav&eacute;s de diferencias o de similitudes entre aspectos, ya sea por comparaci&oacute;n o diferenciaci&oacute;n. En este caso, podemos establecer di&aacute;logo desde nuestra postura hacia el texto previo, d&aacute;ndole validez o contradici&eacute;ndolo, pero sin dejar de argumentar posturas.</p>     <p>   C. Informativa y/o Defensiva: en ambos casos se ha de proceder teniendo en cuenta la argumentaci&oacute;n y la demostraci&oacute;n. &laquo;El esquema b&aacute;sico de estas estructuras es muy conocido: se trata de la secuencia hip&oacute;tesis (premisa)-conclusi&oacute;n&raquo; (van Dijk, 1989:158). La comunicaci&oacute;n informativa, o la intenci&oacute;n de informar, est&aacute; determinada por la acci&oacute;n misma de la investigaci&oacute;n-reflexi&oacute;n del tema tratado. Informamos para dar a conocer nueva informaci&oacute;n o una valoraci&oacute;n actual de un t&oacute;pico estudiado anteriormente; as&iacute; mismo, defendemos posturas ajenas por compartir opiniones o defendemos ideas personales para ampliar la acci&oacute;n de impacto de nuestras actividades.</p>     <p>   D. Investigativa: despu&eacute;s del proceso cient&iacute;fico que se lleva a cabo, desde un punto de vista determinado por el investigador o por el grupo de investigadores. Se plantea el escrito desde la hip&oacute;tesis o tesis, pasando por la metodolog&iacute;a espec&iacute;fica, siguiendo con los resultados y su respectivo an&aacute;lisis, y se termina con la conclusi&oacute;n. Es bueno posibilitar nuevas investigaciones a partir de la ya realizada, as&iacute; mismo, es recomendable trabajar temas nuevos o visiones innovadoras que eviten el resumen de investigaciones previas que pueden ser tomadas tomo antecedentes directos de la investigaci&oacute;n.</p>     <p>   E. T&eacute;cnico-cient&iacute;fica: es caracter&iacute;stico de esta intenci&oacute;n, el uso de metalenguajes propios a cada ciencia, es decir, especializado para cada rama del saber y que es manejado por los investigadores de dicha ciencia. El l&eacute;xico -o conjunto de palabras- respectivo recibe el nombre de tecnicismos, caracterizados por: un solo significado, sometido a formulaciones sistem&aacute;ticas, son claros y concisos, y evitan la doble interpretaci&oacute;n (D&iacute;ez, 1987:108-109). De hecho, los textos de este tipo est&aacute;n orientados a personas que conozcan y manejen la terminolog&iacute;a espec&iacute;fica a cada ciencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   F. Parcial: m&aacute;s que una intenci&oacute;n es una indicaci&oacute;n espec&iacute;fica que atiende a los avances reinvestigaci&oacute;n. Cuando se lleva a cabo un trabajo investigativo que toma para su desarrollo un amplio periodo de tiempo, en ocasiones se requiere presentar informes parciales acerca del desarrollo de la investigaci&oacute;n. Este tipo de escritos, mantiene las mismas caracter&iacute;sticas de los dem&aacute;s, pero no se puede concluir, puesto que no se ha terminado con el proceso. Sin embargo, existe la posibilidad de obtener resultados parciales, que permitir&aacute;n redactar una conclusi&oacute;n, igualmente parcial, adem&aacute;s se corre el riesgo de que las conclusiones enunciadas, debido a factores circunstanciales, cambien.</p>     <p> - La conclusi&oacute;n, puede ocupar uno o dos p&aacute;rrafos m&iacute;nimo y tres p&aacute;rrafos m&aacute;ximo, pero estas cantidades no son camisa de fuerza, se hace la anotaci&oacute;n en relaci&oacute;n con el texto sint&eacute;tico que evite exceso de escritura. Debemos recordar que la conclusi&oacute;n debe recoger, los alcances obtenidos a partir de lo planteado en la Introducci&oacute;n (tem&aacute;tica, objetivos, metodolog&iacute;a -proceso-). As&iacute; mismo, es recomendable dejar abierta la conclusi&oacute;n, de manera que todo lector interesado en ampliar la investigaci&oacute;n-reflexi&oacute;n, lo pueda hacer, y de esta manera se profundice en el tema tratado. No quiere decir, lo anterior, que se evite la conclusi&oacute;n cerrada, pues si se considera que la etapa espec&iacute;fica de aprendizaje del tema ya se puede dar por terminado, no as&iacute; la tem&aacute;tica general. Es bueno recordar que despu&eacute;s de un punto final sigue otra historia.</p>     <p>   - Finalmente, todo escrito que pertenezca al g&eacute;nero de la investigaci&oacute;n-reflexi&oacute;n debe ir acompa&ntilde;ado de una Bibliograf&iacute;a, que inicialmente abarca, necesariamente las fuentes directas utilizadas como soporte del trabajo, dado el caso que se desee sugerir otras fuentes, para futuras investigaciones, o que tengan relaci&oacute;n indirecta con el tema, se debe hacer la aclaraci&oacute;n espec&iacute;fica e independiente, de este tipo de bibliograf&iacute;a, la indicaci&oacute;n ser&aacute; a manera de subt&iacute;tulo en la parte de bibliograf&iacute;a, que indique textualmente &laquo;Bibliograf&iacute;a complementaria&raquo;. Recordemos que la bibliograf&iacute;a recoge todas las fuentes utilizadas en nuestro trabajo, adem&aacute;s, se hace bibliograf&iacute;a no s&oacute;lo de libros, cap&iacute;tulos de libros, art&iacute;culos en revistas especializadas o en peri&oacute;dicos y documentos Web (tomado como abreviatura sin&oacute;nima de WWW), sino que tambi&eacute;n hacemos bibliograf&iacute;a de composiciones musicales, obras de arte, producciones cinematogr&aacute;ficas, as&iacute; como de programas de radio y televisi&oacute;n.</p>     <p>   En relaci&oacute;n con los documentos Web en bueno tener en cuenta la procedencia del mismo, debido a la gran cantidad de hipertextos que se encuentran en la red, en tal sentido es recomendable tomar como fuentes a autoridades reconocidas, as&iacute; como tener presente los siguientes datos: Nombre del autor o de los autores, sean personales o institucionales, fecha de publicaci&oacute;n de la p&aacute;gina o del documento, t&iacute;tulo completo del art&iacute;culo, sitio en que se encuentra -se debe tener cuidado de copiar bien el sitio, pues cualquier alteraci&oacute;n del orden de los elementos cambia autom&aacute;ticamente el lugar-, y la fecha de consulta que debe incluir d&iacute;a/mes/a&ntilde;o. Para terminar, recordemos que el sitio est&aacute; compuesto por: http (abreviatura de Hypertext Transfer Protocol, Protocolo de transferencia de hipertexto): //, www. (Abreviatura de World Wide Web), la combinaci&oacute;n de palabras y signos que conforman el sitio, html (abreviatura de Hypertext Markup Language, Lenguaje de Marcaci&oacute;n de Hipertexto). Ejemplos:</p>     <p>   <a href="http://www.unicolmayor.edu.co/investigaciones/tabularasa.html"target="blank">http://www.unicolmayor.edu.co/investigaciones/tabularasa.html</a></p>     <p>   <a href="http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Facultad/cuadernos_literatura/inicio.html"target="blank">http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Facultad/cuadernos_literatura/inicio.html</a></p>     <p>   <a href="http://embera.udea.edu.co/literatura/estudios_literatura/revista.htm"target="blank">http://www.embera.udea.edu.co/literatura/estudios_literatura/revista.html</a></p>     <p>- Es recomendable la utilizaci&oacute;n de citas<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup> textuales o referencias que nos permiten retomar otros conceptos, as&iacute; como otras posturas de autoridades en el tema que estemos tratando en nuestro escrito. La funci&oacute;n de las citas textuales est&aacute; determinada por el concepto de ampliaci&oacute;n del tema, ya sea para reafirmar una idea, o para establecer discusi&oacute;n, en el buen sentido del t&eacute;rmino, no s&oacute;lo de contradicci&oacute;n. El di&aacute;logo con otros autores, sus ideas y textos, permite no s&oacute;lo una ampliaci&oacute;n del tema, sino que adem&aacute;s facilita la relaci&oacute;n conceptual entre escritos. La utilizaci&oacute;n de las citas no s&oacute;lo fortalece al escritor del ensayo, sino que le permitir&aacute; al lector de manera directa acceder al pensamiento desde otras fuentes, en suma, es la mejor manera de remitirlo al soporte bibliogr&aacute;fico del escrito.</p>     <p>   Las citas textuales tienen su propia presentaci&oacute;n, y debe ser tenida en cuenta para impedir confundir al lector en cuanto a las voces que intervienen en su discurso, adem&aacute;s de evitar el plagio, que nos puede acarrear m&aacute;s de una dificultad. La protecci&oacute;n de los Derechos de Autor (DDAA) est&aacute; regida desde la Constituci&oacute;n Nacional en sus art&iacute;culos 61: &laquo;El Estado proteger&aacute; la propiedad intelectual por el tiempo y mediante las formalidades que establezca la ley&raquo;; y 150: &laquo;Corresponde al Congreso hacer las leyes. Por medio de ellas ejerce las siguientes funciones: 24. Regular el r&eacute;gimen de propiedad industrial, patentes y marcas y las otras formas de propiedad intelectual&raquo;. As&iacute; como por la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos (DDHH), en su art&iacute;culo 27: &laquo;Toda persona tiene derecho a la protecci&oacute;n de los intereses morales y materiales que les corresponden por raz&oacute;n de las producciones cient&iacute;ficas, literarias o art&iacute;sticas de que sea autora&raquo;. As&iacute; de m&uacute;ltiples convenios y tratados internacionales<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup>.</p>     <p>   Las citas<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup> textuales se habr&aacute;n de diferenciar de nuestra voz, utilizando las comillas y la cursiva, sin olvidar, desde el luego, la respectiva referencia bibliogr&aacute;fica &ndash;Apellido, a&ntilde;o de edici&oacute;n: n&uacute;mero de p&aacute;gina, ejemplo: (Montaigne, 1994: 111-113)&ndash;. Adem&aacute;s de la cita textual directa, se puede hacer una par&aacute;frasis de la cita, es decir, no se copia textualmente la cita, sino que se hace una versi&oacute;n autoral de la cita, sin que ello evite hacer la respectiva referencia bibliogr&aacute;fica. Es importante tener en cuenta que una cita dentro del texto o a pie de p&aacute;gina no debe ser una simple indicaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica, pues para ello est&aacute; la secci&oacute;n llamada Bibliograf&iacute;a. En todo caso las citas deben permitir la ampliaci&oacute;n o aclaraci&oacute;n de conceptos, posturas o ideas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Las normas espec&iacute;ficas de presentaci&oacute;n de las citas, seg&uacute;n su extensi&oacute;n, son determinadas por el autor o por la revista encargada de la publicaci&oacute;n, quienes manejan sus pautas. Dentro del abanico de posibilidades tenemos: las normas MLA (Modern Language Association of America), las normas APA (American Psychological Association), las normas ICONTEC (Instituto Colombiano de Normas T&eacute;cnicas), con sus manuales espec&iacute;ficos, que adem&aacute;s de encontrase publicados como textos, tambi&eacute;n se puede acceder a ellos a trav&eacute;s de la Internet: <a href="http://www.mla.org"target="blank">http://www.mla.org</a>; <a href="http://www.apa.org"target="blank">http://www.apa.org</a>; <a href="http://www.icontec.org.co"target="blank">http://www.icnontec.org.co</a>, respectivamente. Sin embargo, es bueno establecer la diferencia entre los usos de las normas, pues mientras las MLA y las APA, as&iacute; como las CBE (Council of Biology Editors) y las AMA (American Medical Association), se utilizan para publicaciones en revistas especializadas; las normas ICONTEC regularizan la presentaci&oacute;n de tesis y otros trabajos de grado.</p>     <p>   En cuanto a la extensi&oacute;n del escrito, podemos decir que depende del tratamiento que le quiera dar el autor al tema tratado. Al ver los ensayos de Montaigne, observamos que tienen una extensi&oacute;n dispar, unos son cortos, incluso no pasan de tres hojas (ejemplo, De un efecto de nuestra organizaci&oacute;n, entre otros), mientras que otros m&aacute;s, abarcan 10 a 20 e incluso 30 hojas (ejemplos, De las oraciones, De la educaci&oacute;n de los hijos, entre otros). Sin embargo, es bueno recordar que se debe aprovechar al m&aacute;ximo el espacio del papel, y se debe evitar el discurso vacuo, pues se debe buscar la atenci&oacute;n total del lector, as&iacute; mismo, se debe evitar hacer perder el tiempo en lectura que de pronto no conduzca a nada. El dilatar un tema, se suele reconocer como escritura de relleno, as&iacute; que es necesario ser concisos y espec&iacute;ficos a la hora de la escritura. Ideas claras/palabras precisas.</p>     <p>   <b>El lenguaje del Ensayo</b></p>     <p>   Tambi&eacute;n debemos tener en cuenta el lenguaje utilizado para la elaboraci&oacute;n del Ensayo. Por lo general, es posible que tengamos una idea b&aacute;sica o elemental de c&oacute;mo hacer ensayos, pero en ocasiones o en situaciones reales, a la hora del hacer, quedamos como en una l&iacute;nea entre en no saber qu&eacute; hacer y el no saber qu&eacute; decir, sin olvidar el c&oacute;mo decirlo. Al momento preciso de que se nos pida, como ejercicio o tarea, escribir un ensayo es bueno devolvernos un poco y pensar en el t&iacute;tulo, y a partir de all&iacute;, empezar a desarrollar el escrito, se ir&aacute; leyendo, releyendo desde m&uacute;ltiples perspectivas. Por ello es bueno hacernos leer de alguien conocido, para que nos de opini&oacute;n del tratamiento textual del tema. Sin embargo, es pertinente recordar algo acerca del estilo o del tono que debe tener nuestro escrito. Se debe establecer diferencia entre el estilo acad&eacute;mico y el estilo po&eacute;tico del escrito, lo anterior directamente relacionado con lo objetivo y lo subjetivo del escrito.</p>     <p>   El yo tiene m&uacute;ltiples facetas, y el saber combinar dichas facetas es lo que nos facilita la expresi&oacute;n escrita de nuestras ideas. As&iacute; mismo, se debe establecer distancia entre el yo que habla y el yo autoral, pues el lenguaje coloquial demeritar&aacute; el estilo acad&eacute;mico, de hecho: &laquo;El hablante inmanente de los g&eacute;neros oratorios, hist&oacute;ricos, cient&iacute;ficos, filos&oacute;ficos, ensay&iacute;sticos, epistolares, est&aacute; subordinado al autor, y &eacute;ste, comprometido a aqu&eacute;l, pues es autor de tales obras comunica ling&uuml;&iacute;sticamente sus opiniones, deseos, descubrimientos, reflexiones, recuerdos, etc. Las frases de tales textos son aut&eacute;nticas y reales, frases reales del autor. Estas frases pueden ser, con buen sentido, enjuiciadas en su verdad o falsedad, como en su sinceridad y deshonestidad: son reales. De los oradores, ensayistas, periodistas, etc., en cuanto tales, puede decirse estrictamente que a veces usan m&aacute;scaras literarias, hablantes ficticios de simulaci&oacute;n. [&hellip;] Tales g&eacute;neros no son po&eacute;ticos, no son estrictamente literarios. Entre ellos y la poes&iacute;a, media la diversidad de lo real y lo imaginario&raquo; (Mart&iacute;nez Bonati, 1983:151-152).</p>     <p>   Si bien, la cita anterior parece muy profusa, se pueden recoger m&uacute;ltiples aspectos que nos gu&iacute;an, de forma particular a trav&eacute;s de la escritura del texto, teniendo en cuenta la particularidad de quien escribe, sin olvidar a quien nos lee. Establecemos relaci&oacute;n con dos visiones conceptuales que ampl&iacute;an la relaci&oacute;n entre la escritura y el estilo: la po&eacute;tica y al ret&oacute;rica, la primera como funci&oacute;n central, en torno a la cual giran las otras cinco funciones de la comunicaci&oacute;n verbal &ndash;referencial, emotiva, conativa, f&aacute;tica y metaling&uuml;&iacute;stica&ndash; (Jakobson, 1984:360); la segunda, la ret&oacute;rica moderna &laquo;se entiende como aquel subdominio del estudio del discurso que trata espec&iacute;ficamente las estrategias de persuasi&oacute;n. [&hellip;] Aunque algunas estructuras ret&oacute;ricas en nuestra tradici&oacute;n literaria aparecen principalmente en el discurso literario, la mayor&iacute;a son m&aacute;s generales y funcionan de manera muy variada &ndash;pragm&aacute;tica, cognoscitiva, social, est&eacute;ticamente&ndash; como estructuras &ldquo;marcadas&rdquo; de cualquier tipo de discurso&raquo; (van Dijk, 1988:122-123). Entonces, debemos tener presente a la hora de escribir que la &laquo;po&eacute;tica&raquo; de nuestra escritura, est&aacute; encaminada a persuadir a nuestro receptor.</p>     <p>   La subjetividad y la objetividad son dos aspectos que le permiten al autor establecer distancia frente al tema. Si bien hemos anotado la presencia del yo, como significante de autor, la escritura ha de realizarse en tercera persona, utilizando el nosotros hacemos que el lector haga parte de nuestro discurso. Recordemos que, &laquo;La objetivaci&oacute;n del texto se consigue a trav&eacute;s de: a) La eliminaci&oacute;n de la categor&iacute;a de persona: de ah&iacute; que la descripci&oacute;n de un modelo se haga en tercera persona. Sin embargo, (&hellip;) cada d&iacute;a es m&aacute;s frecuente la aparici&oacute;n de la primera y segunda persona, sin que por ello se pierda un &aacute;pice de objetividad; b) Supresi&oacute;n de la categor&iacute;a de tiempo: se eliminar&aacute;n todas aquellas formas temporales que sean indicio de objetividad; c) Eliminaci&oacute;n de la categor&iacute;a de la deixis: los de&iacute;cticos espaciales se deben suprimir excepto &ldquo;en otra parte&rdquo; y adverbios parecidos; y d) Eliminaci&oacute;n de elementos f&aacute;ticos y redundantes: al mismo tiempo que se prescinde de expresiones como &iexcl;f&iacute;jate bien!, &iexcl;pon atenci&oacute;n!, etc., se deben evitar las redundancias y as&iacute; se consigue la reducci&oacute;n a &ldquo;lo m&aacute;s simple posible&rdquo;&raquo; (Greimas citado por Torre Villalba, 1992:88).</p>     <p>   <b>El ensayo como aprendizaje</b></p>     <p>   Con el ensayo no s&oacute;lo se aprende a escribir, tambi&eacute;n se aprende a leer. Con la escritura de ensayos, podemos aclarar ideas, compartir opiniones, reconocer estilos y posturas, frente a un objeto de estudio. El ser un g&eacute;nero personal de escritura, a su vez, facilita el conocimiento compartido, el di&aacute;logo interdisciplinario, as&iacute; como la expresi&oacute;n espec&iacute;fica de la visi&oacute;n personal de un tema. Se puede trabajar de forma individual o de manera grupal, en este &uacute;ltimo caso, se requiere un compromiso de todos los integrantes, de tal suerte que los resultados obtenidos sean los esperados.</p>     <p>   El ensayo, permite conocer y reconocer la potencia de la escritura, de la palabra, pues: &laquo;La fe en el poder de las palabras es una reminiscencia de nuestras creencias m&aacute;s antiguas: la naturaleza est&aacute; animada; cada objeto posee una vida propia; las palabras, que son los dobles del mundo objetivo, tambi&eacute;n est&aacute;n animadas. El lenguaje, como el universo, es un mundo de llamadas y respuestas; flujo y reflujo, uni&oacute;n y separaci&oacute;n, inspiraci&oacute;n y espiraci&oacute;n. Unas palabra se atraen, otras se repelen y todas se responden. El habla (la escritura) es un conjunto de seres vivos, movidos por ritmos semejantes a los que rigen a los astros y las plantas&raquo; (Paz, 1986:51).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Entonces, hemos de recoger del lenguaje la esencia de su conformaci&oacute;n: las palabras. La funci&oacute;n de cada una ha permitido recogerlas o agruparlas bajo el r&oacute;tulo de Categor&iacute;as Gramaticales &ndash;Nombres o Sustantivos, Verbos, Adjetivos, Adverbios, Determinantes o Art&iacute;culos, Conjunciones, Preposiciones, Pronombres&ndash;, el saber como se combinan entre s&iacute; para expresar ideas, nos facilitar&aacute; el ir desde la palabra a la oraci&oacute;n (frase, proposici&oacute;n, cl&aacute;usula) textual o gramatical, que conformar&aacute; el llamado p&aacute;rrafo, que terminar&aacute; multiplic&aacute;ndose hasta convertirse en texto (Ensayo, Novela, Poema&hellip;). Adem&aacute;s, de las Categor&iacute;as Gramaticales, debemos tener presente los signos de puntuaci&oacute;n (punto &ndash;seguido, aparte, puntos suspensivos, dos puntos-, coma, punto y coma, interrogaci&oacute;n, exclamaci&oacute;n, asterisco, barra, comillas sencillas, comillas dobles, comillones, gui&oacute;n, raya, par&eacute;ntesis, llaves y corchetes). &iquest;Cu&aacute;les se utilizan, en qu&eacute; momento del texto? Los signos de puntuaci&oacute;n est&aacute;n al servicio no s&oacute;lo de la escritura, sino tambi&eacute;n de la lectura, pues, son los que permiten al lector establecer la diferencia entre una idea principal y una idea secundaria dentro de un p&aacute;rrafo; y en consecuencia establecer la idea principal de un texto general, as&iacute; como sus ideas secundarias.</p>     <p>   De tal suerte que tanto el escritor como el lector han de tener a su alcance adem&aacute;s de un Diccionario, una Gram&aacute;tica o una Sintaxis de la lengua espa&ntilde;ola, debe tener, un Diccionario de sin&oacute;nimos y ant&oacute;nimos. Los textos mencionados con anterioridad sirven para dinamizar y comprender la lectura y la escritura, as&iacute; como para hallarles su utilidad, aspecto que se trata en el texto Di&aacute;logos sobre la educaci&oacute;n (1995), de Juan Lu&iacute;s Vives, espec&iacute;ficamente el di&aacute;logo 10, denominado Escribir y redactar (81-91). Entonces, podemos decir que la sumatoria del conocer las categor&iacute;as gramaticales m&aacute;s el conocer la utilizaci&oacute;n de los signos de puntuaci&oacute;n, tiene como resultado la coherencia y la cohesi&oacute;n textual del escrito para ser le&iacute;do.</p>     <p>   Es importante recordar, tambi&eacute;n, la ortograf&iacute;a (del griego &oacute;rthos, correcto, y graph&eacute;, escritura) y sus normas, pues su funci&oacute;n principal es indicarnos el uso correcto de las palabras as&iacute; como de los signos de puntuaci&oacute;n. Es importante tener presente la ortograf&iacute;a de los t&eacute;rminos extranjeros, pues cada lengua maneja sus propias reglas gramaticales -algunas son compartidas por las lenguas, denominadas universales ling&uuml;&iacute;sticos; otras son particulares a cada lengua, especificidades ling&uuml;&iacute;sticas-. Cuando se utilizan citas en lenguas diferentes a la materna, es recomendable hacer la traducci&oacute;n respectiva, ya sea inmediatamente o en una nota al pie de p&aacute;gina. Recordemos, adem&aacute;s que toda expresi&oacute;n en lenguaje extranjero debe ser escrito en cursiva. Es bueno contar con un manual de ortograf&iacute;a, no s&oacute;lo para el momento de la escritura, sino para ir reforzando el aprendizaje del uso de las normas.</p>     <p>   Un aspecto importante de la ortograf&iacute;a es el acento agudo, o tilde en espa&ntilde;ol. Debemos tener en cuenta su uso espec&iacute;fico pues la presencia o ausencia de la tilde establece diferenciaci&oacute;n de significado, ejemplo: p&uacute;blico, publico, public&oacute; (grupo de personas presentes en un acto, tiempo presente y pasado de publicar); as&iacute; mismo, debemos prestar atenci&oacute;n a expresiones como aun/a&uacute;n; porque/porqu&eacute;; mas/m&aacute;s; el/&eacute;l; aquel/aqu&eacute;l; aquella/aqu&eacute;lla; de/d&eacute;; di/d&iacute;; esa-ese/&eacute;sa-&eacute;se; mi/m&iacute;; s&eacute;/se; s&iacute;/si; te/t&eacute;; tu/t&uacute;; esta-este/&eacute;sta-&eacute;ste; solo/s&oacute;lo; que/qu&eacute;; como/c&oacute;mo, entre otras. Tambi&eacute;n debemos recordar que el acento permite hablar de palabras agudas (comunicaci&oacute;n), graves (ramo, l&aacute;piz), esdr&uacute;julas (b&aacute;rbaro) y sobreesdr&uacute;julas (f&aacute;cilmente).</p>     <p>   A trav&eacute;s de todo el escrito, en varias ocasiones hemos, hablado del proceso de lectura, espec&iacute;ficamente del lector, del destinatario de nuestra pr&aacute;ctica. El lector, como agente extratextal, tiene sus propia caracterizaci&oacute;n, as&iacute; como su propia forma de acceder al mundo, al conocimiento. Cuando escribimos, adem&aacute;s de ser claros en la redacci&oacute;n, debemos evitar a toda costa tergiversar el mensaje que deseemos transmitir. El ensayo esta al servicio de la transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n, y &laquo;Es la fuente de una informaci&oacute;n que hay que filtrar a partir de un desorden inicial, el cual no es el orden en absoluto, sino el desorden con respecto a un orden presente. El mensaje se hace fuente y, por tanto, posee aquellas cualidades de informatividad que eran propias de la fuente de una cadena informativa normal&raquo; (Eco, 1992:165); la escritura como acci&oacute;n comunicativa, transmite mensajes, informaci&oacute;n que debe ser captada por el lector-receptor, de tal manera que la efectividad del proceso comunicativo sea optima, y la recepci&oacute;n ser&aacute; clara, si el mensaje est&aacute; bien construido. El ensayo cumple su funci&oacute;n cuando se le permite al lector acceder al conocimiento y se le abren puertas a nuevas experiencias de aprendizaje, a nuevas visiones del tema tratado o del objeto de an&aacute;lisis<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup>.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>A modo de conclusi&oacute;n</b></font></p>      <p>   Cuando nos enfrentemos a la p&aacute;gina en blanco, no pensemos en lo que nos &laquo;toca&raquo; escribir, ni en lo que &laquo;debemos&raquo; decir, pensemos mejor en todo lo que podemos comunicar. La mejor manera de aprender a escribir ensayos es atreverse a hacerlo, y hacerlo constantemente. La pr&aacute;ctica hace al maestro. Cuando tenemos problemas para organizar la escritura de nuestro conocimiento es porque tenemos un desorden con nuestras ideas. Al organizar las ideas, es seguro que se ordena la escritura, despu&eacute;s de ello es vencer el miedo al nihilismo de la hoja de papel. Recordemos siempre, que debemos tener un grado de autocr&iacute;tica, despu&eacute;s de tener la m&aacute;scara del investigador, nos colocamos la m&aacute;scara del escritor-ensayista y finalmente pasamos a la m&aacute;scara del cr&iacute;tico-lector, acto seguido benefici&eacute;monos de un lector for&aacute;neo, que de manera imparcial nos facilite, a su vez, una cr&iacute;tica que permita ir mejorando nuestro ejercicio. </p>     <p>Recapitulando, digamos que el ensayo es un escrito de personal, que expone un punto de vista sobre un tema que comparte con el lector; tambi&eacute;n reconocemos que los di&aacute;logos de los escritores griegos, a pesar de la distancia temporal, son los antecedentes directos de los ensayos. Parafraseando lo anterior, reconocemos entonces al Ensayo como heredero directo del Di&aacute;logo; la estructura formal del ensayo, si bien parece normativa, toma vitalidad con la fuerza emotiva que el escritor le impregne, respetar la norma, permite que m&aacute;s personas accedan a la escritura, pues quien identifica la estructura de la escritura, as&iacute; mismo, identifica la estructura conceptual; el lenguaje es vital para compartir conocimiento, la fluidez de la escritura permite el intercambio de ideas. Un lenguaje confuso interfiere con el proceso comunicativo, provocando una apat&iacute;a hacia la lectura; como colof&oacute;n, el Ensayo es por naturaleza un ejercicio doble de aprendizaje: tanto de la escritura como de la lectura.</p>     <p>   El Ensayo dirigido, permite explorar los espacios de la cientificidad, ya que al utilizar el lenguaje propio de las ciencias, se convierte en lectura necesaria al momento de socializar avances, resultados parciales y conclusiones de investigaci&oacute;n. As&iacute; mismo, el ensayo, tipificado con sus propias caracter&iacute;sticas se revierte en ponencia para eventos acad&eacute;micos, en art&iacute;culos para revistas especializadas y en cap&iacute;tulos de libros que recojan visiones escriturales acerca de una tem&aacute;tica espec&iacute;fica. De esta manera, el ensayo permite visualizar gran variedad de acciones encaminadas a la puesta en com&uacute;n de saberes conceptuales y procedimentales, al servicio del conocimiento. Al socializar el saber, debemos concebir el lenguaje como la facultad que solidifica (lo cual no es que lo inmovilice), el saber y lo pone a prueba de tiempo, de tal manera que la perdurabilidad de las ideas est&aacute; garantizada, como quiera que el conocimiento requiere de la temporalidad para hacerse vital.</p>     <p>   Es bueno seguir en la b&uacute;squeda de nuevas visiones, en cuanto al tema, pues cada d&iacute;a el ensayo se fortalece como g&eacute;nero al convertirse en la mejor herramienta acad&eacute;mica, en los tiempos actuales, caracterizados por la educaci&oacute;n investigativa, que como su nombre lo indica, est&aacute; basada en la investigaci&oacute;n como fen&oacute;meno cultural para el engrandecimiento no s&oacute;lo personal, sino de las instituciones. Hoy por hoy los grupos de investigaci&oacute;n, durante su proceso de consolidaci&oacute;n propenden por una lectura y una escritura basada en el ensayo, en el art&iacute;culo, en el cap&iacute;tulo de libro, espec&iacute;fico y especializado para atrevernos a compartir nuestros progresos cient&iacute;ficos; de tal manera, que se hace necesario actualizarnos en el ejercicio de escritura como consecuencia de la lectura.</p>   <hr size="1">       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s1" name="1">1</a> De los Di&aacute;logos de Plat&oacute;n, recomendamos, La Rep&uacute;blica, donde el autor da origen al camino que recorre desde su propia mitolog&iacute;a, que comienza con el Mito de la Caverna, preciso para esta aciaga &eacute;poca; despu&eacute;s se pueden leer Ion o de la poes&iacute;a, Gorgias o de la ret&oacute;rica, Cratilo o del lenguaje, para terminar con El banquete o de la er&oacute;tica. Al leer los di&aacute;logos, notamos &laquo;la presencia en ellos de numerosos mitos, es decir, de narraciones aleg&oacute;ricas, muchas de ellas de singular belleza, con las que Plat&oacute;n pretende, bien ilustrar mediante recursos imaginativos teor&iacute;as expuestas anteriormente, bien ofrecer explicaciones veros&iacute;miles a problemas que parecen estar m&aacute;s all&aacute; de toda comprensi&oacute;n racional&raquo; (Atencia, 1993:57).</p>     <p><a href="#s2" name="2">2</a> Fernando Savater reflexiona: &laquo;&iquest;Inventa Montaigne el g&eacute;nero que practica, los Ensayos, t&iacute;tulo que significa no s&oacute;lo &ldquo;intentos o aproximaciones&rdquo;, sino, a&uacute;n m&aacute;s importante, experiencias? Escribir en forma de textos breves, sobre cuestiones capitales o caprichosas, mezclando las an&eacute;cdotas hist&oacute;ricas, las citas cultas y los apuntes morales no era algo ins&oacute;lito en el siglo XVI [&hellip;]. Pero lo que Montaigne incorpora a la f&oacute;rmula es precisamente el testimonio de la subjetividad, el descubrimiento literario de ese demonio que ya no va ha dejar de acompa&ntilde;arnos a trav&eacute;s de la edad moderna y contempor&aacute;nea: la voz del yo&raquo; (1994:263).</p>     <p><a href="#s3" name="3">3</a> Para ampliar el tema de las citas recomendamos el texto de Umberto Eco, Como se hace una tesis (1994), donde el autor plantea diez reglas acerca de cu&aacute;ndo y c&oacute;mo se cita, as&iacute; mismo, nos ilustra acerca del servicio que prestan las notas a pie de p&aacute;gina (188-214).</p>     <p>   <a href="#s4" name="4">4</a> Tales como: Convenci&oacute;n Universal sobre Derecho de Autor, Convenci&oacute;n de Roma, Convenio que establece la Organizaci&oacute;n Mundial de la Propiedad Intelectual, Convenio de Berna, Tratado de Libre Comercio suscrito entre Venezuela, M&eacute;xico y Colombia, Grupo de los Tres, G-3, Protocolo adicional a la convenci&oacute;n americana sobre derechos humanos en materia de derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales, &laquo;Protocolo de San Salvador&raquo; , Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor (WCT) (Herrera, 2003). As&iacute; mismo se puede consultar el texto Derecho de Autor en Colombia (1995) de Juan Pablo Riveros Lara, quien trata temas espec&iacute;ficos: Noci&oacute;n de Derecho de autor, naturaleza jur&iacute;dica, contenido, sujetos, obras y legislaci&oacute;n autoral, derechos conexos, ramas de la propiedad intelectual, constituci&oacute;n, etc., bibliograf&iacute;a.</p>     <p>   <a href="#s5" name="5">5</a> Con Citas y referencia bibliogr&aacute;ficas (2005) de Gustavo Pati&ntilde;o D&iacute;az, tenemos la posibilidad de decir que: Citar es mencionar las palabras o las ideas de una persona. Esas palabras o ideas, al ser escritas o dichas por un autor (&hellip;), se constituye en la cita. Mediante el uso de comillas o de cambios en el formato se le indicar&aacute; al lector que est&aacute; leyendo una cita; es decir, que las palabras que ve no pertenecen al autor del texto, sino que &eacute;sta las tom&oacute; de otro autor(19); adem&aacute;s, al seguir con su lectura nos encontramos con una gran variedad de informaci&oacute;n relacionada con las diversas tipolog&iacute;as o normas de realizaci&oacute;n de citas y referencias bibliogr&aacute;ficas.</p>     <p><a href="#s6" name="6">6</a> Si bien, al realizar un Estado del arte, como lo lama Umberto Eco, acerca del ensayo, existen m&uacute;ltiples objetos de lectura, nos parece pertinente, sugerir dos textos que ayudan directamente al ejercicio de la escritura ensay&iacute;stica, y aportan elementos, desde m&uacute;ltiples posibilidades, para su elaboraci&oacute;n, e igualmente, permiten de forma did&aacute;ctica y pedag&oacute;gica acercarse a la escritura, convirti&eacute;ndose en una herramienta v&aacute;lida para fortalecer nuestro ejercicio de creaci&oacute;n a la hora de de escribir: La cocina de la escritura (2004), de Daniel Cassay, expone y ejemplifica una gran variedad de tem&aacute;ticas que nos permiten conocer los secretos del escritor: procesos de composici&oacute;n; conocimientos, habilidades y actitudes; desenmascarar palabras clave, otros recursos: escritura libre; estructura del texto; la arquitectura de la frase; Diez reglas para escoger palabras: no repetir, muletillas, comodines, vocablos concretos, palabras llanas, formas populares, verbos predicativos, adverbios con -mente, per&iacute;frasis, marcadores textuales; el term&oacute;metro de la puntuaci&oacute;n. Importancia. Jerarqu&iacute;a de signos; gu&iacute;a de revisi&oacute;n de texto, entre otras; y Preg&uacute;ntele al ensayista (2004), de Fernando V&aacute;squez R., recoge en su contenido temas tales como: diez pistas para composici&oacute;n de ensayos; inquietudes m&aacute;s frecuentes al momento de elaborar un ensayo &ndash;la preescritura, el orden de ideas, el esbozo, la estructura, la defensa de tesis, los argumentos, el p&aacute;rrafo, la conclusi&oacute;n, la subjetividad, la b&uacute;squeda de informaci&oacute;n, las citas, el enlace entre p&aacute;rrafos, la redacci&oacute;n, etc.&ndash;, 1500 conectores, puntos clave y consejos &uacute;tiles para escribir un ensayo, entre otros. Es bueno reconocer la intenci&oacute;n pedag&oacute;gica del texto, pues convierte la elaboraci&oacute;n del ensayo en un ejercicio basado en el hacer del escritor.</p> <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>      <p><font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>   Achtert, Walter S., and Joseph Gibaldi. 1985. The MLA Style Manual. Modern Language Association of America, New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1794-2489200600020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Atencia, Jos&eacute; Mar&iacute;a, Juan Gavil&aacute;n y Agust&iacute;n Rodr&iacute;guez. 1993. Iniciaci&oacute;n a la historia de la Filosof&iacute;a. &Aacute;gora, M&aacute;laga&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1794-2489200600020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Barthes, Roland. 1995. El placer del texto y Lecci&oacute;n inaugural. Siglo XXI, M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1794-2489200600020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Cassany, Daniel. 2004. La cocina de la escritura. Anagrama, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1794-2489200600020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   D&iacute;ez Pacheco, Bel&eacute;n y Juan Cruz Mart&iacute;nez. 1987. Metodolog&iacute;a para el comentario de textos literarios y no literarios. Alba, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1794-2489200600020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Eco, Umberto. 1994. Como se hace una tesis. Gedisa, Barcelona&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1794-2489200600020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Eco, Umberto. 1992. Obra abierta. Planeta-Agostini, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1794-2489200600020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Flori&aacute;n, V&iacute;ctor. 2003. Diccionario de Filosof&iacute;a. Panamericana, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1794-2489200600020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Gaarder, Jostein. 1995. El mundo de Sof&iacute;a. Siruela/Norma, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1794-2489200600020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Gibaldi, Joseph. 1995. MLA Handbook for Writers of Research Papers. Modern Language Association of America, New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1794-2489200600020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Gili Gaya, Samuel. 1961. Curso superior de sintaxis espa&ntilde;ola. Biblograf, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1794-2489200600020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   G&oacute;mez Sierra, Francisco. 2000. Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia. (Compilado, concordado y anotado). Leyer, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1794-2489200600020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Gu&eacute;ry, Francois, Didier Deleule y Pierre Osmo. 1995. Comentario de textos de filosof&iacute;a. C&aacute;tedra: Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1794-2489200600020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Herrera Osorio, Fredy Andrey (comp.). 2003. Legislaci&oacute;n en Derecho de Autor y Derechos Conexos. Ministerio del Interior y de Justicia. Direcci&oacute;n Nacional de Derecho de Autor, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1794-2489200600020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Jackobson, Roman. 1984. Ensayos de ling&uuml;&iacute;stica general. Ariel, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1794-2489200600020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Kraynak, Joe. 2000. F&aacute;cil Computaci&oacute;n. Prentice Hall, Buenos Aires.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1794-2489200600020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Lyons, John. 1981. Lenguaje, significado y contexto. Paid&oacute;s, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1794-2489200600020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Mart&iacute;nez Bonati. 1983. La estructura de la obra literaria. Ariel, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1794-2489200600020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Mart&iacute;nez Echeverri Leonor y Hugo Mart&iacute;nez Echeverri. 2000. Diccionario de Filosof&iacute;a. Panamericana, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1794-2489200600020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Milla, Antonio. 2003. Manual de estilo de la Universidad Externado de Colombia. Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1794-2489200600020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Montaigne, Michel Eyquem de. 1995. Ensayos. Altaza, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1794-2489200600020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pati&ntilde;o D&iacute;az, Gustavo. 2005. Citas y referencias bibliogr&aacute;ficas. Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1794-2489200600020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Paz, Octavio. 1986. El arco y la lira. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1794-2489200600020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Plat&oacute;n. 1986. La Rep&uacute;blica. Bedout, Medell&iacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1794-2489200600020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Publication Manual of the American Psychological Association. 1994. American Psychological Association, Washington.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1794-2489200600020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Richards, Jack C. 1997. Diccionario de ling&uuml;&iacute;stica aplicada y ense&ntilde;anza de lenguas. Ariel, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1794-2489200600020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Riveros Lara, Juan Pablo. 1995. Derechos de autor en Colombia. Hojas e Ideas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1794-2489200600020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Savater, Fernando. 1994. Sin contemplaciones. Ariel, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1794-2489200600020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   S&eacute;neca. 1986. Di&aacute;logos. Tecnos, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1794-2489200600020001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Torre Villalba, Antonio de la. 1992. Aproximaci&oacute;n al texto literario. &Aacute;gora, Granada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1794-2489200600020001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Urrea Restrepo, Adriana Mar&iacute;a y Juan Andr&eacute;s Valderrama D&iacute;az Granados. 1996. Manual de edici&oacute;n y estilo del Centro Editorial Javeriano. Ceja, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1794-2489200600020001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Van Dijk, Teun A. 1989. La ciencia del texto. Paid&oacute;s, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-2489200600020001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Van Dijk, Teun A.1988. Estructuras y funciones del discurso. Siglo XXI, M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1794-2489200600020001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   V&aacute;squez Rodr&iacute;guez, Fernando (edit.). 2004. Preg&uacute;ntele al ensayista. Kimpres, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-2489200600020001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Vives, Juan Luis. 1995. Di&aacute;logos sobre la educaci&oacute;n. Altaya, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-2489200600020001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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