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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Una entidad sin&oacute;nimo de lucro</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"> <font size="3" face="verdana"><b>A Profitable Non-Profit Entity</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"> <font size="3" face="verdana"><b>uma entidade sin&ocirc;nimo de lucro</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p> <b>Roberto Palacio</b></p>     <p>   Universidad de los Andes<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup> (Colombia) <a href="mailto:palacio.roberto@gmail.com">palacio.roberto@gmail.com</a></p> <hr size="1">     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><img src="img/revistas/tara/n6/n6a16f1.gif"></center></p>     <p>   Hace un poco m&aacute;s de un siglo y medio, el humanista y cient&iacute;fico Wilhelm Von   Humboldt defini&oacute; la universidad como la vida espiritual de aquellas personas, que   bien sea movidas por el placer interno o la comodidad externa, se unen en torno   al conocimiento. Simplemente eso. Es especialmente notoria esta contenci&oacute;n;   salta a la vista la forma en que Humboldt evita caracterizar la universidad como   una instituci&oacute;n. Es m&aacute;s bien una forma de ser en la medida en que pertenece al &aacute;mbito del esp&iacute;ritu.</p>     <p>   Aunque las reflexiones de Humboldt tienen m&aacute;s de 150 a&ntilde;os, ya se destaca con fuerza   el que la universidad moderna es un hom&uacute;nculo de las sociedades de conocimiento,   cuyo primer refugio lo ofreci&oacute; el gabinete del aficionado de los siglos XVII y XVIII .   Entornos &iacute;ntimos como la galer&iacute;a del archiduque Leopoldo Guillermo, colecciones   como las de Jonathan Edax, recientemente caricaturizado por el novelista Cyril   Connolly, tuvieron un auge relativo en la Europa del siglo XIX. En estas sociedades   de conocimiento, era com&uacute;n que el estudioso convocara en torno suyo a un grupo   de personas que estaban dispuestas para el conocimiento. Las bibliotecas de estos   aficionados del XVIII y del XIX comenzaron a revestirse con una especial belleza.   Entre los vol&uacute;menes api&ntilde;ados comenzaron a aparecer talismanes, m&aacute;scaras rituales,   jerogl&iacute;ficos, c&oacute;dices, gigantescos insectos disecados. Algunos de estos gabinetes, a   medida que crec&iacute;an, se convirtieron en extensas colecciones, variadas y particulares   que reflejaban con excentricidad lo que Voltaire llamar&iacute;a el cultivo del jard&iacute;n propio.   Otros tomaron un camino inesperado; excedieron por mucho las dimensiones   de una biblioteca y se constituyeron en las precarias exhibiciones de los primeros   grandes museos. Otros subsistieron s&oacute;lo como sociedades de conocimiento. Veo   a la universidad moderna surgir all&iacute;. Como casi todo producto contempor&aacute;neo   que tiene su origen en la modernidad, es una creaci&oacute;n que excedi&oacute; por mucho las   potencialidades de las peque&ntilde;as tradiciones en las cuales se forj&oacute;.</p>     <p>Se dir&aacute;, y con raz&oacute;n, que la universidad como instituci&oacute;n tiene una extensa   tradici&oacute;n en el mundo occidental, que nace en &eacute;pocas pre-medievales que   podremos rastrear hasta los comienzos griegos con la Academia y el Liceo. Pero   ac&aacute; nos referimos a la universidad moderna, una instituci&oacute;n que monopoliza la   producci&oacute;n de conocimiento, su titulaci&oacute;n y que acredita la legitimidad que el   saber impartido ha de desempe&ntilde;ar en procesos productivos ulteriores. Es dif&iacute;cil   pensar que Humboldt hubiera podido siquiera entrever la radical transformaci&oacute;n   de la universidad de sociedad de conocimiento a un tipo de sociedad distinta. Lo   peculiar, lo substancialmente positivo de las sociedades de conocimiento era su   manera intimista de concebir la producci&oacute;n de conocimiento: resulta tr&aacute;gicamente   falso pensar que la producci&oacute;n de conocimiento puede y debe prescindir de la   introspecci&oacute;n personal y subjetiva, de los silenciosos momentos de conversaci&oacute;n   con nosotros mismos. David Hume, uno de los m&aacute;s grandes pensadores de la   ilustraci&oacute;n escocesa, confiesa en sus ensayos que su pensamiento no es m&aacute;s que   una extensi&oacute;n de las conversaciones de gabinete. Las ideas tienen que prosperar   en privado porque ellas necesitan de instantes de reflexi&oacute;n y maduraci&oacute;n que son   ajenas al bullicio de lo p&uacute;blico. Esto era parte constitutiva de lo que caracterizaba a   las sociedades de conocimiento y de la forma misma en que la ilustraci&oacute;n conceb&iacute;a   la gestaci&oacute;n del saber. Nos cuesta trabajo ahora comprender esa peculiar instancia   del pensamiento dieciochesco: la subjetividad y la individualidad son fuentes   de verdad y, como bien lo comprendi&oacute; un pensador de la talla de Kant, lo que   hace de una idea un instrumento de uso universal es justamente esa subjetividad, precondici&oacute;n de la pericia p&uacute;blica del pensamiento.</p>     <p>   No es extra&ntilde;o entonces que estas sociedades de conocimiento tambi&eacute;n   comprendieran a cabalidad la enorme importancia de que el conocimiento fuera   cultivado como una pauta del car&aacute;cter. No hab&iacute;a para ello una escala, una serie de   prerrequisitos m&aacute;s que los de la experiencia misma. Si acaso suena radicalmente   conservadora o anticuada esta idea, pi&eacute;nsese en la fuerza revolucionaria con la cual   la plantea un Rousseau en su novela m&aacute;s c&eacute;lebre sobre la educaci&oacute;n; El Emilio.   En su &eacute;poca, ya lo pol&iacute;ticamente correcto se hab&iacute;a identificado con el gusto por   el extremo publicismo en cuanto a la elaboraci&oacute;n de las ideas. Rousseau tuvo que   luchar contra esta tendencia y quiz&aacute; con un tono m&aacute;s altivo que nosotros ya   que vivi&oacute; en una &eacute;poca en la cual la exterioridad del rito cristiano estaba dando   paso a las voces y tribulaciones p&uacute;blicas de lo que habr&iacute;a de ser la revoluci&oacute;n de   Par&iacute;s. En un Rousseau o en un Condorcet emergen con fuerza estos reclamos   de individualidad en el &aacute;mbito del pensar. La alteraci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, la   revoluci&oacute;n de actitudes que el pensamiento ilustrado busc&oacute; imprimir sobre el   car&aacute;cter humano s&oacute;lo se pudo lograr por medio de un ejemplo de talante moral.   Ten&iacute;a que ver con la b&uacute;squeda de una forma de ser que pudiese especificar sus   propias condiciones de emulaci&oacute;n, algo que el ginebrino denomin&oacute; Voluntad General   y que Kant tematiz&oacute; como Imperativo Categ&oacute;rico. Es claro que estos individuos no son comunes y en efecto Rousseau (si lo tomamos con ejemplo destacado de esta   actitud) siente que su &eacute;poca no ha producido los grandes hombres que emergen   de las p&aacute;ginas de T&aacute;cito, Suetonio y Plutarco, aunque la figura de Claude Anet,   el amante de Mde. de Warrens, se presenta como una imagen vigorosa. De estos   grandes hombres dir&aacute; que su fuerza proviene de su personalidad. En ellos, los   actos y las observaciones no son distintas: act&uacute;an para aprender y observan para   actuar. En la vida social, el deber del pensador es seguir estos actos y velar porque   los otros los sigan, porque otros se eduquen con ellos, no desfallecer en intentar   alcanzar la altura moral de un Anet, aunque sea poco factible.</p>     <p>   La universidad que tenemos ha ensombrecido estos comienzos. El conocimiento   no est&aacute; cultivado desde el car&aacute;cter, sino desde la credencialidad: doctorados, postdoctorados,   post-post-doctorados etc...Esto, si bien ha sido un paso adelante en   la constituci&oacute;n de la profesionalizaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza de los saberes, ha abierto   todo un panorama de nuevos problemas que apenas si se conocen o se discuten.   La universidad ha incorporado -y debe decirse que esto no s&oacute;lo es propio de la   universidad colombiana sino que es un fen&oacute;meno a nivel mundial- a personas   que acreditan un saber, pero que en muchas ocasiones no lo ejercen, dominan   o conocen. Como es de suponer, estos intelectuales a sueldo llevan vidas como   las de cualquier otro empleado; tienen familias que sostener, cuotas que pagar,   quieren ascender profesionalmente en escalafones. Dado que no dominan el   haber de su oficio, (muchas veces ni siquiera dominan un &aacute;rea completa), no   queda m&aacute;s camino que la especializaci&oacute;n o hiper-especializaci&oacute;n, un extra&ntilde;o   veh&iacute;culo de notoriedad. El c&iacute;rculo est&aacute; marcado. Este acad&eacute;mico entonces s&oacute;lo   hablar&aacute; el lenguaje especializado de un sub-cap&iacute;tulo de un ap&eacute;ndice de alguna   obra poco le&iacute;da de un autor secundario o tendr&aacute; que embarcarse en proyectos   crecientemente absurdos e in&uacute;tiles. As&iacute;, y no es una exageraci&oacute;n, hay fil&oacute;sofos   que son especialistas en l&oacute;gica modal solamente (un sub-cap&iacute;tulo confuso de   la l&oacute;gica formal cl&aacute;sica) y a&uacute;n m&aacute;s, en el sistema T5 de esa l&oacute;gica, una de las   peque&ntilde;as ramificaciones del conjunto de ese mismo saber. Sobre esto escriben   tesis, de esto viven. Si acaso suena como una elipsis o como una enfermedad   end&eacute;mica de fil&oacute;sofos exc&eacute;ntricos, baste considerar las distinciones acad&eacute;micas   que hace unos pocos a&ntilde;os concedi&oacute; la Universidad Nacional: con una de ellas se   premi&oacute; a un veterinario que hizo parir a una mula, otra condecor&oacute; a un grupo de   qu&iacute;micos que sintetizaron un perfume de curuba. La Universidad de los Andes,   una de las universidades privadas m&aacute;s prestigiosas del pa&iacute;s, invirti&oacute; m&aacute;s de 1.400   millones de pesos para averiguar si en Colombia hab&iacute;a pobreza absoluta. No es   de extra&ntilde;ar que la pregunta del fil&oacute;sofo norteamericano W.V.O. Quine resultara   inevitable: &iquest;Ha perdido el saber acad&eacute;mico contacto con el gran p&uacute;blico? Y ha de   decirse entonces que la obviedad que circunscribe la pregunta es igual o mayor   a la de la pobreza absoluta en Colombia. Sin duda, la universidad ha perdido   contacto con ese gran mundo de lectores del que hablaba Kant.</p>     <p>A medida que otras comunidades intelectuales desaparecen y ante el eminente   predominio en cobertura, convocatoria y titulaci&oacute;n que ofrece la universidad, lo   que se espera de ella va in crescendo. Sin embargo, como tendencia constatable, ella   se ha aislado cada vez m&aacute;s, recelosa de exponerse a una sociedad necesitada de   ideas. Quiz&aacute; el prestigio interno s&oacute;lo se mantiene oscureciendo el hecho de que   ella funciona como cualquier negocio, que el acad&eacute;mico universitario no se destaca   radicalmente de cualquier otro empleado. El manejo y producci&oacute;n de ideas -ideas   que se necesitan en Colombia con igual o mayor premura que comida sobre la   mesa- est&aacute; siendo asumida por sectores que no tienen la solvencia intelectual ni   moral para hab&eacute;rselas con el pensar sistem&aacute;tico y responsable; el periodista, el   publicista, el hombre de negocios y el pastor de iglesia son figuras a las que no   dudamos en aplicarles los r&oacute;tulos de &laquo;moralidad&raquo;, &laquo;creatividad&raquo;, &laquo;objetividad&raquo;. Pero   no tienen con que cubrir sus cheques ideol&oacute;gicos ya que estos est&aacute;n firmados sin   fondos. La responsabilidad intelectual llega m&aacute;s all&aacute; de explotar la novedad sonora   de una idea en el momento de su enunciaci&oacute;n, algo que todos hemos aprendido dolorosamente de la clase pol&iacute;tica.</p>     <p>   El profesor como empleado en una instituci&oacute;n tal es una verdadera figura escindida,   un verdadero Jano. Por un lado, tiene la funci&oacute;n de ejercer una labor cr&iacute;tica; el mismo   management class universitario sabe que la cr&iacute;tica es un mal necesario que de alguna   extra&ntilde;a manera cumple una funci&oacute;n primordial dentro del proceso de aprendizaje.   Pero al mismo tiempo, cuando la ejerce y la cumple, se vuelve un elemento   dif&iacute;cilmente contenible y controlable por la instituci&oacute;n. Kant, y perd&oacute;neseme   que lo mencione tanto pero simplemente es tan pertinente en esta discusi&oacute;n, ya   lo hab&iacute;a preconizado en los albores de la Ilustraci&oacute;n cuando nos recuerda que la   libertad de cr&iacute;tica es la m&aacute;s inocente entre todas las libertades. En un ambiente   de libertad, no hay nada que temer por la seguridad p&uacute;blica, alegaba, siendo este   un gran motivo de preocupaci&oacute;n en los estados de sujeci&oacute;n y control. Esto es   la clara consecuencia de que se le otorgue m&aacute;s poder al management class, en un   negocio que conoce menos que el mismo profesor universitario. En la universidad   colombiana vemos cada vez m&aacute;s lo que Chomsky ha denominado el management class   (refiri&eacute;ndose claramente a los cuadros burocr&aacute;ticos y administrativos), compitiendo   con los acad&eacute;micos por el predominio de la universidad, un predominio que se   debate en torno a nuevos recursos que crecen d&iacute;a a d&iacute;a. Para ninguno de los que   leemos la prensa de los domingos, es un misterio encontrar pliegos completos   con publicidad de postgrados que van desde especializaciones para los que   cantan la liturgia en la iglesia del barrio hasta maestr&iacute;as que ense&ntilde;an c&oacute;mo servir   comidas en los aviones. La idea de la educaci&oacute;n como un negocio, sin embargo,   tiene un costo inusitadamente alto si se lleva hasta los l&iacute;mites en los cuales se est&aacute;   ejerciendo actualmente: la definici&oacute;n del estudiante como un cliente y el profesor   como un servidor simplemente configura un molde demasiado estrecho para   entender el intrincado proceso por medio del cual una persona llega a trasformarse intelectual y personalmente por medio del conocimiento -algo que las sociedades   de conocimiento comprend&iacute;an muy bien. Este modelo de relaciones humanas   es &uacute;til y necesario en otros &aacute;mbitos de la vida, a saber, el comercial, empresarial   etc...Pero como modelo pedag&oacute;gico simplemente es demasiado estrecho. No   es este un vicio propio s&oacute;lo de la educaci&oacute;n; el modelo comercial-empresarial   constituye una forma de relaci&oacute;n que ha permeado los &aacute;mbitos m&aacute;s &iacute;ntimos de   la vida. La amistad es un buen ejemplo. &iquest;Cu&aacute;ntos de nosotros no nos hemos   encontrado pregunt&aacute;ndonos qu&eacute; ganamos con la amistad de tal o cual persona? &iquest;Qui&eacute;n no ha valorado los eventos de su vida bajo una tabla de costos-beneficios? Sin embargo, la universidad colombiana no se ha cuidado de verter en moldes estrechos. Por incre&iacute;ble que pueda parecer, mi experiencia personal es que los estudiantes consideran las notas como una especie de sueldo; los promedios acumulados como cesant&iacute;as, hay ganancias ocasionales, nadie quiere que le bajen el sueldo (el promedio semestral) etc...A menos de que caigamos en lo que Susan Haack ha denominado las nuevas formas del cinismo, tendremos que reconocer que el modelo negociaci&oacute;n-concertaci&oacute;n (un modelo derivado como t&eacute;cnica del modelo comercial-empresarial) es un modelo tr&aacute;gicamente falso para enfocar la educaci&oacute;n simplemente porque en materia de ciencias, una teor&iacute;a no se erige como verdadera o v&aacute;lida luego de un proceso de negociaci&oacute;n.</p>     <p>   En este panorama, emerge cada vez con mayor claridad ese rostro inusual de la   clase acad&eacute;mica; ella se perfila como un peque&ntilde;o sector de producci&oacute;n alrededor del   cual se aglutina ese management class, clase que ha conservado maneras y privilegios   provenientes de la empresa privada o incluso del sector p&uacute;blico. Pero mientras que   la d&eacute;bil e incipiente comunidad acad&eacute;mica se ha puesto a hablar el lenguaje de las   burocracias (puesto estudiante, overhead etc...) la comunidad del management parece no   haberse dejado tocar por la vida acad&eacute;mica, es decir, no se ha puesto a hablar el   lenguaje de la academia. Esta es una tendencia de la empresa privada misma, en   la cual las formas de ascenso y promoci&oacute;n laboral parecen haberse fundamentado   casi exclusivamente en torno a la idea de alejar a los empleados de los procesos   productivos y ponerlos a hablar el lenguaje abstracto de la administraci&oacute;n. Es as&iacute;   entonces como las &uacute;nicas grandes discusiones acad&eacute;micas que he presenciado   en quince a&ntilde;os de vida universitaria se refieren a si est&aacute; permitido fumar en   espacios cerrados, o a si se debe utilizar el art&iacute;culo masculino o el femenino en   los papers publicados en las revistas universitarias, siendo esta una de las grandes   reivindicaciones de las feministas de nuestros tiempos. Estas discusiones se   refieren a nimiedades que no afectan y no comprometen el orgullo intelectual   simplemente porque est&aacute;n hechas para evitar las grandes discusiones que la   universidad deber&iacute;a estar haciendo en tiempos de crisis, a la vez que se crea la   sensaci&oacute;n de un ambiente de debate en torno a algo y, claro, como en tantos otros &aacute;mbitos de la vida, siempre es posible arg&uuml;ir desde alg&uacute;n &aacute;ngulo lo suficientemente sofisticado o ecl&eacute;ctico o pol&iacute;ticamente correcto que estos son al fin y al cabo grandes temas. As&iacute; se salvaguardan feudos de propiedad intelectual sin que los combatientes resulten lesionados, una cl&aacute;sica guerra, pero de almohadas. Con su habitual lucidez y mordacidad, Rub&eacute;n Sierra argumentaba que la clase acad&eacute;mica colombiana hab&iacute;a sido sustituida por un bufete de representantes legales: tenemos el representante legal de Heidegger en Colombia, el de la l&oacute;gica modal, el de procesos de descentralizaci&oacute;n, tenemos incluso los autodenominados violent&oacute;logos.</p>     <p>   Claro est&aacute; que esta no es la &uacute;nica forma de combatir sin salir lesionado. Y ac&aacute;   habr&aacute; que hablar de nuevo de la hiper-especializaci&oacute;n. Otro giro originario que ha   tomado la vida acad&eacute;mica para salvaguardar sus feudos de propiedad intelectual   es el de utilizar un lenguaje lo suficientemente oscuro de tal forma que nadie,   y me refiero a nadie, sea capaz de examinar lo que se est&aacute; diciendo. El fil&oacute;sofo   brit&aacute;nico y ocasional comentarista de la BBC, Bryan Magee, nos introduce al por   qu&eacute; de este intento de volver inabordables los textos acad&eacute;micos. Magee se refiere   expl&iacute;citamente al estilo de escritura de algunos fil&oacute;sofos, pero podemos hacer   extensivo su comentario a la producci&oacute;n acad&eacute;mica en general: &laquo;Muchos fil&oacute;sofos   nunca van a escribir con claridad. Son incapaces de hacerlo porque le temen a la claridad. Tienen   miedo de escribir claramente porque la gente puede pensar que lo que escriben es obvio. Y quieren   que los consideren maestros de la dificultad&raquo;. Esto ya lo hab&iacute;a advertido Schopenhauer al   se&ntilde;alar que Fichte, Schelling y Hegel escrib&iacute;an en un lenguaje oracular y misterioso   que estaba dise&ntilde;ado para dejar estupefactos a los lectores y hacerlos tomar lo   sencillo por lo dif&iacute;cil. Heine advirti&oacute; a los franceses, entre quienes entonces viv&iacute;a,   que las obras de estos pensadores oscuros eran obras de fan&aacute;ticos, que no ser&iacute;an   disuadidos ni por el temor, ni por el amor al placer y que un d&iacute;a se levantar&iacute;an   furibundas para arrasar los monumentos de la civilizaci&oacute;n occidental. Quiz&aacute;   nosotros no debamos ir tan lejos como Heine. Pero eso no es todo, siempre es m&aacute;s   f&aacute;cil pescar los errores de un argumento si el argumento es claro y transparente.   El fil&oacute;sofo ingl&eacute;s Gilbert Ryle lo expres&oacute; de manera contundente: &laquo;Es m&aacute;s f&aacute;cil   pescar a un fil&oacute;sofo en el error si no est&aacute; hablando en t&eacute;rminos t&eacute;cnicos, y sin embargo, lo m&aacute;s   importante para el argumento de un fil&oacute;sofo es que sea f&aacute;cil de entender para los otros y para &eacute;l   mismo, que sea posible que se le pueda pescar el error&raquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Parte de este lenguaje abstracto est&aacute; amparado bajo el supuesto pluralismo de la   libertad de c&aacute;tedra, una libertad derivada y corolaria de la libertad de expresi&oacute;n.   En nombre de ella, la universidad colombiana ha proyectado la autonom&iacute;a   universitaria como un pretexto para crear un espacio aislado en el cual las reglas   acad&eacute;micas, laborales, e incluso de sentido com&uacute;n ya no operan. Cualquiera puede   hacer el ejercicio de tomar el listado de materias ofrecidas por las universidades   para constatar la opacidad que se ha escondido detr&aacute;s de la libertad de c&aacute;tedra.   Consid&eacute;rese por ejemplo el listado de materias ofrecidas por la facultad de   humanidades de la Universidad Jorge Tadeo Lozano para el segundo semestre del   2006. Relucen algunos casos de temas m&aacute;s que hiperespecializados, hiperespec&iacute;ficos,   a ser dictados entre un p&uacute;blico universitario que apenas si conoce las letras:</p>     <p align="center"><b>FRIDA KAHLO, EXPRESI&Oacute;N, VALENT&Iacute;A, LIRISMO, HERMEN&Eacute;UTICA DEL CUERPO, VIDA, MUERTE</b></p>     <p align="center">   Frida Kahlo se convirti&oacute; en un mito por su valent&iacute;a, su enfrentamiento contra   ella misma y contra el mundo, su accidente, sus innumerables operaciones   quir&uacute;rgicas, evidentes en su obra literaria y pict&oacute;rica. As&iacute;, la conoceremos   desde la intimidad y veremos a una mujer y un ser humano con &iacute;mpetu,   deseos y esperanzas, pero llena tambi&eacute;n de infortunios, desgano, derrota y   agon&iacute;a en constante lucha con la vida, desde su propio dolor, compa&ntilde;ero fiel y maestro hasta el final de sus d&iacute;as.</p>     <p align="center">   <b>IDENTIDAD PARA LOS OJOS:   CONTRACULTURA, MILITANCIA CULTURAL, IDENTIDAD EN EL DISE&Ntilde;O AUDIOVISUAL</b></p>     <p align="center">   Es clara la tendencia mundial marcada por la p&eacute;rdida de inocencia. En un   mundo donde se respira aire e informaci&oacute;n, se desarrolla parad&oacute;jicamente   otra tendencia: la b&uacute;squeda de una referencia grupal que permita la   identificaci&oacute;n de los seres humanos como seres sociales. Se analizar&aacute; el tri&aacute;ngulo identidad-imagen-percepci&oacute;n.</p>     <p>   Cuando se habla de la libertad de c&aacute;tedra en Colombia, estamos, sin duda, bajo   la sombra de una &eacute;poca en la cual ser versado o inteligente era sin&oacute;nimo de ser   incuestionable y ante el vestigio de viejos vicios de la clase pol&iacute;tica de la cual la   academia colombiana es, al fin y al cabo, un hom&uacute;nculo y de la cual reproduce   con creces sus vicios. Es por esta raz&oacute;n por lo cual los recientes acontecimientos   de vinculaci&oacute;n entre paramilitarismo y clase pol&iacute;tica en Colombia no demoraron en tener eco en la universidad p&uacute;blica, concretamente en C&oacute;rdoba.</p>     <p>   Pero no es &eacute;ste el &uacute;nico sentido en el cual la universidad colombiana ha perdido   el norte. Todos hemos visto el auge de estas instituciones, su crecimiento y   proliferaci&oacute;n. Se nos ha escapado que detr&aacute;s del crecimiento en estructuras   f&iacute;sicas se oculta el reblandecimiento de la calidad educativa. Al tiempo que se han   agrandado los espacios f&iacute;sicos, y justamente por esa raz&oacute;n, el sistema educativo   privado ha tugurizado las aulas bajo el pretexto de estar insertos en una pol&iacute;tica   oficial de ampliar cobertura educativa a nivel de la educaci&oacute;n superior. En todo   caso, el crecimiento se&ntilde;alado no ha dejado una marca social en el sentido de   que tengamos ahora mejores profesionales o que m&aacute;s j&oacute;venes tengan acceso a   la educaci&oacute;n superior. Es dif&iacute;cil creerlo, pero como profesor de universidades   privadas, he impartido, en m&uacute;ltiples ocasiones, cursos en los cuales hay m&aacute;s de 120 inscritos, algunos de pie, otros sentados en los escalones, otros deambulando   por el alfeizar de la puerta a la espera de algo sorprendente que no ha de llegar.   De nuevo aparece ese rostro inusual, si se me permite abusar de esta hermosa   expresi&oacute;n de Joseph Brodsky. Cuando en medio de los interminables comit&eacute;s   acad&eacute;micos y reuniones con directivas se plantea la imposibilidad de impartir un   humilde curso de Descartes en un sal&oacute;n atestado, he recibido respuestas como: &laquo;Pero si eso es un reto pedag&oacute;gico profesor, lo que estamos haciendo ac&aacute; es una innovaci&oacute;n&raquo;. Claro, una innovaci&oacute;n en arquitectura, se puede alegar, puede consistir en dormir al aire libre y una innovaci&oacute;n culinaria, se argumentar&aacute;, es comerse la comida cruda. Todos entendemos el alcance de esa analog&iacute;a.</p>     <p>   Una consecuencia inevitable de estas tendencias ha sido que la universidad   colombiana se ha marginalizado ante la gran oferta cultural que se est&aacute; produciendo   en las ciudades. Quiz&aacute; sea m&aacute;s justo decir que las grandes ciudades se est&aacute;n convirtiendo   en centros de oferta cultural, algo que las administraciones p&uacute;blicas han entendido   en a&ntilde;os recientes. En efecto, no vemos a las universidades compitiendo en el espacio   de la oferta cultural, no las vemos con las ansias abiertas para atraer p&uacute;blico m&aacute;s all&aacute;   de la posibilidad de incorporar estudiantes a sus programas acad&eacute;micos.</p> <hr size="1">     <p><a href="#s1" name="1">1</a> Profesor Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica, Departamento de Filosof&iacute;a.</p> <hr size="1"> </font>      ]]></body>
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