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<journal-title><![CDATA[Avances en Psicología Latinoamericana]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Prevalencia, factores de riesgo y problemáticas asociadas con la violencia en el noviazgo: una revisión de la literatura]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Prevalence, risk factors, and problems associated with dating violence: A literature review]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia Grupo de Investigación en Psicología Clínica y de la Salud ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[La violencia física, psicológica y sexual entre las parejas de adolescentes y adultos jóvenes que no se encuentran casados ni conviviendo (conocida generalmente en inglés como dating violence), ha sido objeto de un vasto número de investigaciones en las últimas dos décadas, las cuales muestran que su prevalencia es preocupantemente alta dentro de la población adolescente y juvenil. El objetivo de este trabajo fue realizar un análisis de la literatura en relación con los estudios de prevalencia, los factores de riesgo y las dificultades asociadas con dicha forma de violencia de pareja. Este análisis permitió elaborar un esquema de los factores que podrían favorecer la realización de actos de violencia por parte de adolescentes y adultos jóvenes, que incluye aspectos como las experiencias previas de victimización dentro y fuera de la familia de origen, la aceptación de la violencia en la pareja y la relación con pares que han ejercido dicha forma de violencia.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Prevalencia, factores de riesgo y problem&aacute;ticas asociadas con la violencia en el noviazgo: una revisi&oacute;n de la literatura</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>Prevalence, risk factors, and problems associated with dating violence: A literature review</b></p>     <p align="center">C&eacute;sar Armando Rey Anacona*</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p>* <i>Grupo de Investigaci&oacute;n en Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica y de la Salud, Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia</i>. Correspondencia: C&eacute;sar Armando Rey Anacona. Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia, Facultad de Ciencias de la Salud, Escuela de Psicolog&iacute;a, Calle 24 No. 5-63, Antiguo Hospital San Rafael, Tunja, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:reycesar@gmail.com">reycesar@gmail.com</a>.</p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n: junio de 2007    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: enero de 2008</b></p> <hr>     <p align="center"><b>Abstract</b></p>     <p>The physical, psychological and sexual violence among the couples of adolescents and young adults that are not married neither cohabiting (well-known generally as “dating violence”), has been object of a vast number of investigations in the last two decades that show a high prevalence inside the adolescent and juvenile population. The objective of this work was to carry out an analysis of the literature in connection with the prevalence, risk factors and difficulties associated with this partner violence type. This analysis allowed to elaborate an outline of the factors that could favor the acts of violence, including the previous experiences of victimization inside and outside the family, the acceptance of the violence toward the couple, and the relationship with pairs that have exercised this form of violence.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Key words</i>: dating violence; adolescents; prevalence; risk factors.</p>     <p align="center"><b>Resumen</b></p>     <p>La violencia f&iacute;sica, psicol&oacute;gica y sexual entre las parejas de adolescentes y adultos j&oacute;venes que no se encuentran casados ni conviviendo (conocida generalmente en ingl&eacute;s como <i>dating violence</i>), ha sido objeto de un vasto n&uacute;mero de investigaciones en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, las cuales muestran que su prevalencia es preocupantemente alta dentro de la poblaci&oacute;n adolescente y juvenil. El objetivo de este trabajo fue realizar un an&aacute;lisis de la literatura en relaci&oacute;n con los estudios de prevalencia, los factores de riesgo y las dificultades asociadas con dicha forma de violencia de pareja. Este an&aacute;lisis permiti&oacute; elaborar un esquema de los factores que podr&iacute;an favorecer la realizaci&oacute;n de actos de violencia por parte de adolescentes y adultos j&oacute;venes, que incluye aspectos como las experiencias previas de victimizaci&oacute;n dentro y fuera de la familia de origen, la aceptaci&oacute;n de la violencia en la pareja y la relaci&oacute;n con pares que han ejercido dicha forma de violencia.</p>     <p><i>Palabras clave</i>: violencia de pareja; adolescentes; prevalencia; factores de riesgo.</p> <hr>     <p align="center"><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>La violencia de pareja ha generado mucho inter&eacute;s dentro de los organismos oficiales y los investigadores debido a los graves efectos que acarrea tanto en sus v&iacute;ctimas directas como en las indirectas. Estas consecuencias incluyen desde las secuelas de tipo f&iacute;sico para quien la recibe (v. g., lesiones, incapacidades permanentes, p&eacute;rdida gradual de capacidades f&iacute;sicas, etc.), hasta un conjunto de trastornos del comportamiento y las emociones como la depresi&oacute;n, el estr&eacute;s postraum&aacute;tico, las fobias espec&iacute;ficas, el consumo de sustancias, los intentos de suicidio y los trastornos de la alimentaci&oacute;n (Krug, Dahlberg, Mercy, Zwi y Lozano, 2003; Navarro y Pereira, 2000; Guerrero y colaboradores, 2001). Estos efectos van m&aacute;s all&aacute; de las secuelas f&iacute;sicas y emocionales ya que influyen negativamente sobre la capacidad productiva, econ&oacute;mica y social de las v&iacute;ctimas. El Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2005), por ejemplo, estim&oacute; una p&eacute;rdida de 48.507 a&ntilde;os de vida saludable, en las 36.901 v&iacute;ctimas de violencia de pareja que evalu&oacute; en 2004.</p>     <p>Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que presencian violencia entre los padres, por su parte, exhiben diferentes problemas emocionales y de conducta, incluyendo miedos, agresividad, desaf&iacute;o a la autoridad, destructividad, fracaso escolar y mala relaci&oacute;n con los compa&ntilde;eros (Bonino, 1999; Sarquis, 1995).</p>     <p>Por definici&oacute;n, la violencia de pareja no solo se extiende a las parejas casadas o en convivencia, sino a las parejas de novios o de otra &iacute;ndole en donde existe una relaci&oacute;n afectiva y sexual, sean o no del mismo sexo, pudi&eacute;ndose entender como “cualquier comportamiento dentro de una relaci&oacute;n &iacute;ntima que causa da&ntilde;o f&iacute;sico, ps&iacute;quico o sexual a los miembros de la relaci&oacute;n” (Krug et al., 2003, p. 97). Se considera que esta forma de violencia incluye actos de agresi&oacute;n f&iacute;sica como cachetadas, pu&ntilde;os, patadas, empujones, sofocaciones, ataques con un arma, etc., as&iacute; como agresiones verbales y emocionales, como intimidaciones; denigraciones; humillaciones; amenazas; llamar a la otra persona con nombres peyorativos, criticarla, insultarla y devaluarla constantemente; acusarla falsamente, culparla por situaciones negativas; ignorarla, minimizarla o ridiculizar sus necesidades, y actos que atentan contra sus derechos sexuales y reproductivos, como las relaciones sexuales forzadas, la exposici&oacute;n a actividades sexuales indeseadas, el uso del sexo como forma de presi&oacute;n y manipulaci&oacute;n, y las cr&iacute;ticas por el desempe&ntilde;o o la apariencia sexual.</p>     <p>Otras conductas consideradas actos de violencia en la pareja son aquellas en donde se busca dominar a la otra persona, como aislarla de su familia y amigos, vigilar sus movimientos y restringir su acceso a fuentes de informaci&oacute;n o asistencia, as&iacute; como aquellos comportamientos que afectan econ&oacute;micamente a la otra persona, como hacerla depender o explotarla econ&oacute;micamente (Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses, 2005; Krug et al., 2003; Ministerio de Salud de Colombia, 1999).</p>     <p><b>Violencia en el noviazgo</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La violencia en las relaciones de parejas j&oacute;venes que no conviven o no se encuentran casadas (llamada com&uacute;nmente en ingl&eacute;s <i>dating violence</i>, seg&uacute;n Chung, 2005), ha sido definida como aquella en donde ocurren actos que lastiman a la otra persona, en el contexto de una relaci&oacute;n en la que existe atracci&oacute;n y en la que los dos miembros de la pareja se citan para salir juntos (Close, 2005). Wolfe y otros (1996) la definen como cualquier intento por controlar o dominar a una persona f&iacute;sica, sexual o psicol&oacute;gicamente, generando alg&uacute;n tipo de da&ntilde;o sobre ella, mientras que Sugarman y Hotaling (1989) la entienden como la utilizaci&oacute;n o la amenaza de realizaci&oacute;n de actos de fuerza f&iacute;sica y otras restricciones dirigidas a causar dolor o alg&uacute;n tipo de lesi&oacute;n sobre otra persona.</p>     <p>Si bien el rango de relaciones en donde podr&iacute;a presentarse esta forma de violencia es ampl&iacute;simo, ya que puede incluir desde relaciones formales de noviazgo hasta relaciones germinales que tienen en com&uacute;n la atracci&oacute;n interpersonal y el hecho de citarse para salir, los comportamientos agresivos que pueden darse en este tipo de relaciones var&iacute;an much&iacute;simo en funci&oacute;n y amplitud (Cornelius y Resseguie, 2007). Existe evidencia que se&ntilde;ala que las agresiones de tipo psicol&oacute;gico se presentan antes que las de tipo f&iacute;sico (Mu&ntilde;oz-Rivas, Gra&ntilde;a, O'Leary &amp; Gonz&aacute;lez, 2007). Un estudio realizado por O'Leary y Smith Slep (2003), con muestras de adolescentes varones y mujeres que hab&iacute;an mantenido una relaci&oacute;n de noviazgo durante un m&iacute;nimo de tres meses, encontr&oacute; que la agresi&oacute;n psicol&oacute;gica predec&iacute;a la agresi&oacute;n f&iacute;sica y que esta &uacute;ltima tend&iacute;a a ser muy estable durante la historia de la relaci&oacute;n.</p>     <p>Sears, Byers y Price (2007), por su parte, examinaron la prevalencia y concurrencia de conductas de maltrato f&iacute;sico, psicol&oacute;gico y sexual hacia la pareja, entre 633 adolescentes entre 12 y 18 a&ntilde;os de edad (324 varones y 309 mujeres), de grados s&eacute;ptimo, noveno y und&eacute;cimo, vinculados a cuatro escuelas de una peque&ntilde;a provincia de Canad&aacute;. Si bien encontraron que el 18% de los adolescentes varones hab&iacute;a informado solamente la ejecuci&oacute;n de conductas de maltrato psicol&oacute;gico, un 6% tambi&eacute;n inform&oacute; que hab&iacute;a ejecutado tanto actos de violencia f&iacute;sica como psicol&oacute;gica, y otro 6% report&oacute; la realizaci&oacute;n de actos de violencia psicol&oacute;gica y sexual. Adem&aacute;s, los autores hallaron que un 5% de estos adolescentes hab&iacute;a ejercido actos de los tres tipos de violencia.</p>     <p>El porcentaje de adolescentes mujeres que informaron la realizaci&oacute;n de actos de violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica fue mucho mayor (23%), aunque un porcentaje m&aacute;s bajo report&oacute; la ejecuci&oacute;n de actos de violencia de los tres tipos (2%). Sears y sus colegas tambi&eacute;n encontraron que la proporci&oacute;n de adolescentes de los dos g&eacute;neros que utilizaban los tres tipos de conductas violentas, se incrementaba conforme aumentaba el grado de escolaridad, lo cual se&ntilde;ala que en las parejas en donde se han presentado incidentes de violencia, esta tiende a diversificarse a medida que pasa el tiempo.</p>     <p>Seg&uacute;n Rodr&iacute;guez, Antu&ntilde;a y Rodr&iacute;guez (2001) la violencia en las parejas no casadas o en convivencia presenta dos caracter&iacute;sticas que la diferencian de la violencia en el matrimonio: a) La edad de sus agresores y v&iacute;ctimas es ostensiblemente menor que la de las parejas casadas, ubic&aacute;ndose en la adolescencia o en la adultez temprana, y b) las razones por las cuales se presentan y contin&uacute;an las agresiones parecen ser distintas a las de la violencia conyugal, ya que no existe de por medio una responsabilidad paternal, contractual o dependencia econ&oacute;mica. Weisz, Tolman, Callahan, Saunders y Black (2007), a su vez, sugieren que un posible factor de riesgo para la violencia en las relaciones afectivas en la adolescencia es que los adolescentes no est&aacute;n suficientemente preparados para responder a los problemas que se presentan en las relaciones rom&aacute;nticas.</p>     <p>Varios autores han se&ntilde;alado, por otra parte, que la violencia en este tipo de relaciones podr&iacute;a predecir la violencia durante el matrimonio o la convivencia (Browne y Herbert, 1997; Rodr&iacute;guez, Antu&ntilde;a y Rodr&iacute;guez, 2001; Mu&ntilde;oz-Rivas et al., 2006), en particular entre las mujeres (Centers for Disease Control and Prevention, 2006). Adem&aacute;s, dicha forma de violencia parece ser un factor de riesgo para varias dificultades de salud, como el abuso de sustancias, el sexo inseguro, las conductas inadecuadas de control de peso, la baja autoestima y los intentos de suicidio. Por ello, resulta justificable brindarle una mayor atenci&oacute;n, tanto como la que tiene la violencia en las relaciones adultas (Centers for Disease Control and Prevention, 2006; Matud, 2007; Howard &amp; Wang, 2003; Mu&ntilde;oz-Rivas et al., 2007; Silverman, Raj, Mucci y Hathaway, 2001).</p>     <p><b>Prevalencia</b></p>     <p>Los estudios que se han realizado en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas sobre la prevalencia de esta forma de violencia de pareja han revelado que este fen&oacute;meno es m&aacute;s com&uacute;n de lo que anteriormente se pensaba. De acuerdo con Lewis y Fremouw (2001), este tipo de violencia antes era considerado insignificante o muy raro, por lo que la investigaci&oacute;n especializada se hab&iacute;a centrado en las parejas maritales o en convivencia.</p>     <p>La mayor&iacute;a de los estudios de prevalencia de este tipo de violencia se han realizado, por obvias razones, con adolescentes y j&oacute;venes adultos, analiz&aacute;ndose ya sea su perpetraci&oacute;n, su victimizaci&oacute;n o ambas circunstancias. En Estados Unidos, de donde proviene buena parte de la literatura sobre este tema, la prevalencia de adolescentes v&iacute;ctimas de alguna forma de violencia por parte de su pareja oscila entre el 18 y el 32% (Howard y Wang, 2003). De acuerdo con Cornelius y Resseguie (2007), existen adem&aacute;s datos que muestran que cuando en la investigaci&oacute;n de dicha prevalencia se incluye la agresi&oacute;n de tipo verbal, esta prevalencia puede incrementarse hasta en un 88%. Como se podr&aacute; observar m&aacute;s adelante, los datos provenientes de diferentes estudios se&ntilde;alan que la violencia verbal tiende a ser la m&aacute;s frecuente, mientras que la f&iacute;sica y la sexual exhiben tasas de prevalencia ostensiblemente menores.</p>     <p>Silverman, Raj, Mucci y Hathaway (2001) hallaron una tasa de 20,2 y de 18% de mujeres adolescentes v&iacute;ctimas de violencia f&iacute;sica y sexual por parte de su pareja, respectivamente, en dos estudios en los que se examin&oacute; la conducta de riesgo durante la adolescencia por medio del Youth Risk Behavior Survey (Examen de Conducta de Riesgo Juvenil), realizados en Massachussets (Estados Unidos) en 1997 y 1999, respectivamente, mientras que Howard y Wang (2003) encontraron que una de cada diez adolescentes de noveno a duod&eacute;cimo grado hab&iacute;a sido objeto de violencia f&iacute;sica por parte de su pareja, en un estudio de encuesta realizado a nivel nacional en Estados Unidos durante 1999 con una muestra de 7.824 adolescentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los Centros para la Prevenci&oacute;n y el Control de la Enfermedad de Estados Unidos (Centers for Disease Control and Prevention, 2006), por su parte, hallaron una porcentaje de 8,9% y de 8,8% de varones y mujeres, respectivamente, que hab&iacute;an sido objeto de violencia f&iacute;sica por parte de su pareja, entre 15.214 adolescentes de noveno a duod&eacute;cimo grado, vinculados a escuelas p&uacute;blicas y privadas de 50 estados y el distrito de Columbia, examinados en 2003 por medio del instrumento ya mencionado.</p>     <p>Sears, Byers y Price (2007) encontraron que el 43% de los adolescentes y el 51% de las adolescentes de su estudio hab&iacute;an ejercido alguna conducta de maltrato f&iacute;sico, psicol&oacute;gico o sexual hacia su pareja. En particular, hallaron que el 35%, el 15% y el 17% de los varones hab&iacute;an realizado actos de violencia psicol&oacute;gica, f&iacute;sica y sexual, respectivamente, mientras que un 47%, un 28% y un 5% de las mujeres hab&iacute;a ejecutado actos de la misma naturaleza, respectivamente. Estos resultados se&ntilde;alan que las mujeres ejercen mayoritariamente m&aacute;s actos de violencia psicol&oacute;gica y f&iacute;sica que los varones, si bien menos actos de violencia sexual que estos.</p>     <p>Schiff y Zeira (2005) encontraron, en ese sentido, una tasa significativamente mayor de varones que hab&iacute;an reportado forzar a su pareja a tener relaciones sexuales, en comparaci&oacute;n con las mujeres (1,9% <i>vs</i>. 12,2%), entre 105 adolescentes con problemas acad&eacute;micos vinculados a seis escuelas p&uacute;blicas de Jerusal&eacute;n. No obstante, Molidor (1995) no encontr&oacute; diferencias significativas entre los dos g&eacute;neros a nivel de la prevalencia de violencia psicol&oacute;gica, al estudiar 736 estudiantes de secundaria del medio oeste norteamericano.</p>     <p>Rivera-Rivera, Allen, Rodr&iacute;guez, Ch&aacute;vez y Lazcano (en prensa), por su parte, estudiaron la prevalencia de violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica entre 7.960 estudiantes de escuelas p&uacute;blicas de la provincia de Morelos (M&eacute;xico), los cuales presentaban edades entre 11 y 24 a&ntilde;os y deb&iacute;an de haber tenido al menos una relaci&oacute;n de pareja (participaron 4.587 mujeres y 3.373 varones en total). Los datos fueron recolectados por medio de un cuestionario que recog&iacute;a informaci&oacute;n sociodemogr&aacute;fica y sobre conductas de riesgo para la salud, violencia intrafamiliar y violencia en las relaciones de pareja en la adolescencia.</p>     <p>Estos investigadores hallaron una prevalencia de 4,21% de mujeres y de 4,33% de varones que hab&iacute;an ejercido violencia psicol&oacute;gica, as&iacute; como una prevalencia de 20,99% y 19,54% de mujeres y de varones, respectivamente, que hab&iacute;an llevado a cabo actos de violencia f&iacute;sica. Un 7,48% de las mujeres y un 5,51% de los varones hab&iacute;a ejercido tanto violencia verbal como f&iacute;sica. Tambi&eacute;n encontraron una prevalencia de 9,37% de mujeres y de 8,57% de varones que hab&iacute;an sido v&iacute;ctimas de violencia psicol&oacute;gica, as&iacute; como un 9,88% de mujeres y un 22,71% de varones v&iacute;ctimas de violencia f&iacute;sica (el 8,63% y el 15,15% de las mujeres y los varones, respectivamente, fueron objeto de los dos tipos de violencia). Contrariamente a los resultados obtenidos por Sears y sus colegas (2007), estos datos no se&ntilde;alan diferencias sustanciales entre la prevalencia de victimarios de violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica y son coherentes con la observaci&oacute;n realizada por Miller y White (2003), quienes citan datos que indican que los varones son las principales v&iacute;ctimas de actos de violencia f&iacute;sica entre las parejas de adolescentes y adultos j&oacute;venes.</p>     <p>Mu&ntilde;oz-Rivas y sus colegas (2007) analizaron la prevalencia de conductas agresivas de tipo verbal y f&iacute;sico entre 2.416 adolescentes y adultos j&oacute;venes de 16 a 20 a&ntilde;os de edad (1.416 mujeres y 1.000 varones), vinculados a 36 escuelas de secundaria de Madrid (Espa&ntilde;a). Los participantes deb&iacute;an tener una relaci&oacute;n heterosexual y no estar casados. Utilizando la Modified Conflict Tactics Scale (Escala Modificada de T&aacute;cticas de Conflicto), estos investigadores encontraron una prevalencia de 95,3% y de 92,8% de mujeres y de varones, respectivamente, que hab&iacute;an ejercido conductas verbales agresivas, as&iacute; como una prevalencia de 2% y 4,6% de mujeres y de varones, respectivamente, que hab&iacute;an llevado a cabo actos de agresi&oacute;n f&iacute;sica. Estos datos confirman que las agresiones verbales son las m&aacute;s comunes y se&ntilde;alan que este tipo de agresiones son realizadas m&aacute;s frecuentemente por las mujeres, aunque estos datos son contrarios a los hallazgos de estudios que revelan que las mujeres ejercen mayoritariamente actos de violencia f&iacute;sica, comparados con los varones.</p>     <p>A diferencia de los anteriores estudios, en los cuales no se discrimin&oacute; la tendencia sexual de los participantes o solo se incluyeron participantes heterosexuales, en el estudio de Freedner, Freed, Yang y Austin (2002) se examin&oacute; la prevalencia de violencia de acuerdo con dicha orientaci&oacute;n, entre 521 adolescentes y adultos j&oacute;venes entre 13 y 22 a&ntilde;os de edad, a los cuales se encuest&oacute; en una reuni&oacute;n por los derechos de <i>gays</i>, lesbianas, bisexuales y transexuales, realizada en el noreste de Estados Unidos. En este estudio se recolect&oacute; informaci&oacute;n sobre el sexo, la orientaci&oacute;n sexual de los encuestados y los tipos de violencia que eventualmente hab&iacute;an sufrido por parte de su pareja o en una cita, incluyendo el control, la violencia emocional, f&iacute;sica y sexual, amenazas de terminaci&oacute;n de la relaci&oacute;n (<i>threatened to be outed</i>) y amenazas a la seguridad personal (<i>scared for safety</i>). De los 171 participantes varones, el 59,1% se declararon <i>gays</i>, el 12,3% bisexuales y el 28,7% heterosexuales, mientras que de las 350 mujeres, el 23,7% se declararon lesbianas, el 36,6% bisexuales y el 39,7% heterosexuales.</p>     <p>Los investigadores encontraron que el 41,5% de todos los varones hab&iacute;a sido objeto de violencia, as&iacute; como el 44,6% de los <i>gays</i>, el 57,1% de los bisexuales y el 28,6% de los heterosexuales, mientras que el 37,1% de todas las mujeres lo fue tambi&eacute;n, as&iacute; como el 43,4% de las lesbianas, el 38,3% de las bisexuales y el 32,4% de las heterosexuales. Los varones no difirieron sustancialmente de las mujeres en relaci&oacute;n con la violencia de control (24,6% <i>vs</i>. 22,3%), emocional (19,3% <i>vs</i>. 19,7%) y f&iacute;sica (12,3% <i>vs</i>. 12,6%), aunque s&iacute; a nivel de la violencia sexual (11,1% <i>vs</i>. 16,3%), las amenazas de terminaci&oacute;n de la relaci&oacute;n (7,6% <i>vs</i>. 5,4%) y las amenazas a la seguridad personal (7,6% <i>vs</i>. 5,4%).</p>     <p>En resumen, los datos de los estudios de prevalencia de violencia en parejas j&oacute;venes no casadas, sin distingo del sexo de las parejas, indican que la violencia verbal es m&aacute;s frecuente, seguida por la violencia psicol&oacute;gica, la violencia f&iacute;sica y verbal. Tambi&eacute;n se&ntilde;alan que las mujeres son m&aacute;s victimizadas a nivel sexual que los varones y que no existen, en general, diferencias muy marcadas en relaci&oacute;n con el porcentaje de varones y mujeres adolescentes que ha ejercido o ha sido v&iacute;ctima de alguna forma de violencia (Matud, 2007; Weisz et &aacute;l., 2007), a diferencia de las parejas casadas, en donde la frecuencia de mujeres victimizadas tiende a ser mayor que la de los varones (Krug et al., 2003). No obstante, estos mismos datos muestran que las tasas de prevalencia var&iacute;an de acuerdo con los tipos de violencia examinados (Hanson, 2002), la definici&oacute;n operacional de violencia y los instrumentos utilizados (Lewis y Fremouw, 2001).</p>     <p>En Colombia no se han realizado investigaciones sobre la prevalencia o los factores de riesgo de la violencia en este tipo de parejas, aunque las cifras con las que se cuenta indican que esta podr&iacute;a ser muy frecuente dentro de la poblaci&oacute;n juvenil colombiana. As&iacute;, por ejemplo, el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2005) encontr&oacute; que un 25,43% de los 34.704 casos que dictamin&oacute; en 2004 (8.379 mujeres y 447 varones), correspond&iacute;a a personas entre los 18 y los 24 a&ntilde;os de edad y que otro 2,51% (848 mujeres y 25 varones) concern&iacute;a a personas entre 15 y 17 a&ntilde;os de edad. El mayor porcentaje de casos (42,44%), por su parte, se encontr&oacute; en el rango de 25 a 34 a&ntilde;os de edad (13.568 mujeres y 1.162 varones). Este y otros estudios de prevalencia de la violencia de pareja en general, confirman que esta es m&aacute;s frecuente entre las parejas j&oacute;venes (v&eacute;ase Krug et al., 2003), lo que indica que las campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n secundaria y terciaria de dicha forma de violencia deber&iacute;an de dirigirse a los y las adolescentes y adultos j&oacute;venes (Cornelius y Resseguie, 2007; Matud, 2007).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Factores de riesgo</b></p>     <p>Los factores de riesgo de la violencia en las parejas j&oacute;venes que han sido m&aacute;s estudiados son la observaci&oacute;n de violencia entre los padres, la aceptaci&oacute;n de la violencia en la relaci&oacute;n de pareja, tener amigos o conocidos que han sido v&iacute;ctimas o victimarios de dicha violencia, los roles tradicionales de g&eacute;nero y la experiencia de haber sido v&iacute;ctima de violencia por parte de la pareja o en la familia de origen (Matud, 2007; Sears et al., 2007; Smith, Winokur y Palenski, 2005). Sears y sus colegas han se&ntilde;alado que estos factores han sido estudiados exhaustivamente en relaci&oacute;n con la violencia f&iacute;sica, pero no en cuanto a la violencia psicol&oacute;gica y menos a&uacute;n con respecto la violencia sexual. Los factores que se han examinado en lo concerniente a la violencia psicol&oacute;gica son, seg&uacute;n estos autores, la experiencia de maltrato en la familia de origen, haber sido testigo de maltrato psicol&oacute;gico en dicha familia y el conocimiento de pares que han ejercido ese tipo de maltrato.</p>     <p>Con el fin de obtener mayor informaci&oacute;n en relaci&oacute;n con los factores de riesgo de los tres principales tipos de maltrato en este tipo de parejas j&oacute;venes (f&iacute;sica, psicol&oacute;gica y sexual), Sears y sus colegas (2007), en su investigaci&oacute;n previamente rese&ntilde;ada, examinaron la relaci&oacute;n entre haber ejercido alguna de estas formas de violencia y los siguientes factores: Grado educativo (s&eacute;ptimo, noveno o und&eacute;cimo), actitudes conservadoras hacia la mujer, aceptaci&oacute;n del uso de la violencia en la pareja, temor a ser objeto de violencia en la familia, afiliaci&oacute;n con pares que hab&iacute;an ejercido violencia f&iacute;sica o sexual hacia su pareja y haber sido objeto de violencia.</p>     <p>Los autores encontraron que los adolescentes varones que hab&iacute;an ejercido los tres tipos de violencia presentaban actitudes m&aacute;s conservadoras en relaci&oacute;n con la mujer, aceptaci&oacute;n de la violencia en la pareja, miedo de ser objeto de violencia en la familia de origen, afiliaci&oacute;n con pares que hab&iacute;an ejercido maltrato sexual a su pareja y hab&iacute;an experimentado alguna de estas formas de violencia previamente. Los adolescentes que informaron la ejecuci&oacute;n de actos de maltrato sexual, en particular, mostraron mayor aceptaci&oacute;n de esta forma de violencia en la pareja, conoc&iacute;an pares que hab&iacute;an ejercido esta forma de maltrato y no hab&iacute;an sido objeto de violencia f&iacute;sica o psicol&oacute;gica.</p>     <p>Las adolescentes que hab&iacute;an ejecutado los tres tipos de maltrato en menci&oacute;n, tend&iacute;an a presentar un grado educativo mayor (und&eacute;cimo), actitudes de aceptaci&oacute;n de la violencia en la pareja de tipo f&iacute;sico y psicol&oacute;gico, relaci&oacute;n con pares que hab&iacute;an ejercido maltrato f&iacute;sico y sexual a su pareja, y experiencias de violencia de alguno de los tres tipos. Sin embargo, no presentaban actitudes conservadoras hacia la mujer, ni miedo a ser v&iacute;ctima de violencia en la familia. Las adolescentes que hab&iacute;an ejercido maltrato psicol&oacute;gico presentaban, en particular, una menor aceptaci&oacute;n del uso de la violencia f&iacute;sica en la pareja y hab&iacute;an experimentado maltrato de tipo psicol&oacute;gico.</p>     <p>En su conjunto, los resultados de la investigaci&oacute;n de Sears y sus colegas muestran que el tipo de violencia ejercido depende en parte del tipo de violencia al cual ha estado expuesto el individuo tanto directamente (en su familia de origen o por parte de una pareja) como indirectamente (a trav&eacute;s del conocimiento de los tipos de violencia que ejercen sus conocidos con sus parejas).</p>     <p><b><i>Roles tradicionales de g&eacute;nero.</i></b> La ausencia de diferencias poco marcadas entre el n&uacute;mero de varones y mujeres que han ejercido actos de maltrato hacia su pareja en la adolescencia, en comparaci&oacute;n con las proporciones encontradas entre las parejas adultas casadas o en convivencia, ha llevado a cuestionar el papel de los roles tradicionales de g&eacute;nero en la violencia durante el noviazgo y en las relaciones similares (Chung, 2005; Miller y White, 2003). Tradicionalmente, la violencia de pareja ha sido examinada a la luz de dichos papeles de g&eacute;nero, resalt&aacute;ndose c&oacute;mo la dominaci&oacute;n social y cultural del hombre sobre la mujer desempe&ntilde;a un papel decisivo en la probabilidad de que las mujeres sean v&iacute;ctimas de violencia por parte de su pareja (v. g., Bonino, 1999; Corsi, 1995; Guerrero y colaboradores, 2001; Stordeur y Stille, 1989), sustent&aacute;ndose dicho papel con las cifras marcadamente superiores de mujeres v&iacute;ctimas de violencia por parte de su pareja (v. g., Krug et al., 2003). Desde este punto de vista, se tiende a asumir que la violencia de la mujer hacia el hombre obedece a una reacci&oacute;n defensiva en contra de la violencia experimentada, de manera que se interpreta m&aacute;s como una forma de violencia reactiva que instrumental (Miller y White, 2003).</p>     <p>Mu&ntilde;oz-Rivas y sus colegas (2007), en su estudio ya rese&ntilde;ado, encontraron que las mujeres tend&iacute;an a reportar, en mayor medida que los varones, que sus actos de violencia f&iacute;sica se deb&iacute;an a que “Estaba furiosa y lo ataqu&eacute; primero”, mientras que estos &uacute;ltimos tend&iacute;an a informar m&aacute;s que las mujeres, que su pareja los hab&iacute;a atacado primero y ellos hab&iacute;an respondido ante dicho ataque. Estos resultados desvirt&uacute;an la afirmaci&oacute;n de que la violencia femenina en la pareja es fundamentalmente reactiva pero no instrumental, aunque se&ntilde;alan que las reacciones violentas de las mujeres tienen una mayor carga emocional.</p>     <p>Miller y White (2003) estudiaron la naturaleza, las circunstancias y los significados de la violencia en la pareja, entre 32 mujeres y 38 varones afroamericanos de entre 12 y 19 a&ntilde;os de edad, que viv&iacute;an en barrios de alta peligrosidad de Saint Louis, Missouri (Estados Unidos); estos adolescentes se consideraban en alto riesgo de delinquir o se encontraban envueltos en actividades delictivas. Por medio de entrevistas en profundidad, estos investigadores encontraron que los actos de violencia de los varones tend&iacute;an a explicarse y justificarse por conductas de la mujer y como una forma de reafirmar el orden “natural” entre los g&eacute;neros, mientras que los actos de violencia de las mujeres tend&iacute;an a atribuirse a situaciones de infidelidad y frustraci&oacute;n por el desapego emocional de su pareja y a caracterizarse por un alto contenido emocional.</p>     <p>Estos resultados se&ntilde;alan que la violencia masculina podr&iacute;a favorecerse por actitudes y creencias tradicionales de g&eacute;nero, y que la violencia femenina en la adolescencia entra&ntilde;ar&iacute;a cierta instrumentalidad, en un c&iacute;rculo vicioso en el cual los varones son infieles y emocionalmente desapegados debido a las mismas expectativas de g&eacute;nero, y las mujeres terminan utilizando actos de violencia como una alternativa que buscar&iacute;a generar una mayor equidad dentro de la pareja.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los resultados del ya rese&ntilde;ado estudio de Sears y sus colegas (2001), en el cual se hall&oacute; una tendencia hacia actitudes conservadoras sobre el rol de la mujer entre los varones que hab&iacute;an ejercido actos de maltrato f&iacute;sico, psicol&oacute;gico y sexual, pero no entre las mujeres que hab&iacute;an cometido estos mismos tipos de actos, y en donde tambi&eacute;n se encontr&oacute; que tanto los varones como las mujeres aceptaban el uso de la violencia en su pareja, se&ntilde;alan claramente que la violencia en las parejas j&oacute;venes obedece, indistintamente del g&eacute;nero, a un asunto instrumental, posiblemente mediado, en el caso de los varones, por una b&uacute;squeda de reafirmaci&oacute;n de la masculinidad y, en el caso de las mujeres, por una b&uacute;squeda de equidad.</p>     <p><b><i>Aceptaci&oacute;n y justificaci&oacute;n de la violencia.</i></b> Los estudios muestran que la probabilidad de ejecutar actos de maltrato hacia la pareja se incrementa claramente si tanto la v&iacute;ctima como el victimario aceptan su ejercicio como algo natural o posible en la relaci&oacute;n de pareja (Smith et al., 2005; e. g., Carlson, 1990; Foshee et al., 1999). Los datos aportados por Carlson (1990), Fredland y sus colegas (2005), Kinsfogel y Grych (2004) y Sears y sus colegas (2007), muestran que esta aceptaci&oacute;n de la violencia depende no solo de haber presenciado violencia en la familia de origen, como ya se se&ntilde;al&oacute;, sino de la influencia y el conocimiento del uso de diferentes formas de maltrato por parte de <i>pares conocidos</i>, lo cual evidencia el importante papel que tiene la familia y el grupo de iguales como posibles modelos de aprendizaje y de legitimaci&oacute;n de la violencia en las relaciones de pareja.</p>     <p>En los adolescentes y adultos j&oacute;venes de bajos recursos econ&oacute;micos parece que una posible justificaci&oacute;n de la violencia hacia la mujer radica en la reafirmaci&oacute;n de los roles tradicionales de g&eacute;nero, como se desprende de los datos ofrecidos por Miller y White (2003), ya comentados, y los proporcionados por Barker y Loewenstein (1997), quienes encontraron una amplia aceptaci&oacute;n del uso de la violencia hacia la mujer y creencias machistas entre 127 adolescentes y adultos j&oacute;venes de escasos recursos de R&iacute;o de Janeiro (Brasil). Los resultados del estudio de Miller y White (2003) y los de Mu&ntilde;oz-Rivas y sus colegas (2007) coinciden en se&ntilde;alar la influencia de emociones negativas como la ira en la ejecuci&oacute;n de actos de agresi&oacute;n f&iacute;sica o verbal hacia la pareja por parte de las mujeres victimarias, mientras que la agresi&oacute;n como forma de reafirmaci&oacute;n ser&iacute;a uno de los principales m&oacute;viles de la agresi&oacute;n masculina en las parejas j&oacute;venes involucradas en ese tipo de incidentes.</p>     <p><b><i>Exposici&oacute;n a violencia y victimizaci&oacute;n en la familia de origen.</i></b> Una caracter&iacute;stica encontrada constantemente, tanto en v&iacute;ctimas como victimarios de violencia de pareja, es la experiencia de haber presenciado o haber sido v&iacute;ctima de violencia en la familia de origen (e. g., Fern&aacute;ndez-Montalvo y Echebur&uacute;a, 1997; Klevens, 2001; Langhinrichsen-Rohling, Neidig y Thorn, 1995; Matud et al., 2003; Rey, 2002; Rubiano, Hern&aacute;ndez, Molina, Guti&eacute;rrez y Vejarano, 2003). Esta misma circunstancia tambi&eacute;n ha sido encontrada repetidamente entre las v&iacute;ctimas y victimarios de violencia en parejas j&oacute;venes no convivientes (v. g., Ackard y Neumark-Sztainer, 2002; Foshee, Bauman y Linder, 1999; Gagn&eacute;, Lavoie y H&eacute;bert, 2005; Kinsfogel y Grych 2004; Rich, Gidycz, Warkentin, Loh y Weiland, 2005; Rivera-Rivera et al., en prensa; Sears et al., 2007; Wolfe, Scott, Wekerle y Pittman, 2001; Yanes y Gonz&aacute;lez, 2000).</p>     <p>Foshee y sus colegas (1999), por ejemplo, examinaron un grupo de 1.965 estudiantes de octavo y noveno grado y encontraron una relaci&oacute;n entre el ejercicio de dicha violencia y haber presenciado o haber sido objeto de violencia en su familia de origen, mediada, independientemente del g&eacute;nero, por la aceptaci&oacute;n de dicha violencia y un estilo agresivo de resoluci&oacute;n de conflictos. Rivera-Rivera y sus colegas (en prensa), por su parte, encontraron que la experiencia de haber sido objeto de violencia intrafamiliar se asociaba tanto con la victimizaci&oacute;n como con la perpetraci&oacute;n de violencia en la pareja, tanto en los varones como en las mujeres, en la muestra de adolescentes mexicanos ya descrita.</p>     <p>Wolfe y sus colegas (2001), a su vez, compararon los y las adolescentes que hab&iacute;an sido objeto de malos tratos en su familia con aquellos(as) que no, en una muestra de 1.419 adolescentes vinculados a diez escuelas de secundaria de Ontario (Canad&aacute;). Los autores hallaron que las adolescentes maltratadas ten&iacute;an una probabilidad mayor de exhibir dificultades relacionadas con la ira, la depresi&oacute;n, la ansiedad y el estr&eacute;s postraum&aacute;tico, as&iacute; como un mayor riesgo de delincuencia violenta y no violenta y de portar armas furtivamente, mientras que los adolescentes de dicho grupo mostraron una mayor probabilidad de exhibir niveles cl&iacute;nicos de depresi&oacute;n, estr&eacute;s postraum&aacute;tico y disociaci&oacute;n y de presentar conductas amenazantes o maltrato f&iacute;sico hacia sus parejas.</p>     <p>Kinsfogel y Grych (2004), en la misma l&iacute;nea, evaluaron 391 adolescentes varones y mujeres entre los 14 y 18 a&ntilde;os de edad, cuyos padres hab&iacute;an estado en conflicto, encontrando que los adolescentes varones que hab&iacute;an presenciado mayor conflicto interparental ve&iacute;an con mayor naturalidad la agresi&oacute;n en las relaciones rom&aacute;nticas, ten&iacute;an mayores dificultades para manejar la ira y cre&iacute;an que la violencia era com&uacute;n en las relaciones de pareja. Yanes y Gonz&aacute;lez (2000), por otro lado, dividieron a un grupo de 176 adolescentes (98 mujeres y 78 varones) en “tradicionales” y “menos tradicionales” y los compararon en sus teor&iacute;as impl&iacute;citas sobre el papel social y familiar de la mujer, encontrando que los primeros tend&iacute;an a responsabilizar m&aacute;s a las mujeres en los conflictos de pareja. Tambi&eacute;n hallaron que a medida que aumentaba el nivel de violencia observado entre los padres, se incrementaba la responsabilidad que se atribu&iacute;a a los dos miembros de la pareja en los conflictos, as&iacute; como la frecuencia y la gravedad de dichos conflictos.</p>     <p>Rich y sus colegas (2005) realizaron un estudio longitudinal con 551 estudiantes universitarias de 18 y 19 a&ntilde;os de edad, vinculadas a una instituci&oacute;n universitaria del medio oeste norteamericano, entre quienes examinaron la historia de violencia en la familia de origen, la presencia de trauma y depresi&oacute;n y de dificultades interpersonales en la primera medici&oacute;n, y la victimizaci&oacute;n por parte de su pareja y otros variables psicol&oacute;gicas en la segunda medici&oacute;n (dos meses despu&eacute;s). Los autores hallaron que los malos tratos tanto por parte del padre como de la madre predec&iacute;an la victimizaci&oacute;n de violencia en la pareja y, en particular, que los problemas interpersonales y los malos tratos por parte de los padres predec&iacute;an la victimizaci&oacute;n de tipo sexual.</p>     <p>Carlson (1990), finalmente, compar&oacute; a un grupo de adolescentes varones y mujeres que hab&iacute;an presenciado violencia entre sus padres con otro que no, encontrando que los varones del primer grupo mostraban una mayor probabilidad de presentar pensamientos suicidas, huir y maltratar f&iacute;sicamente a la madre, que los del segundo grupo, aunque no encontr&oacute; diferencias sustanciales entre los dos grupos de mujeres. O'Keefe (1998) tambi&eacute;n examin&oacute; las caracter&iacute;sticas de un grupo de adolescentes varones y mujeres que hab&iacute;an presenciado altos niveles de violencia entre sus padres, comparando aquellos y aquellas que hab&iacute;an ejercido o sido objeto de violencia por parte de su pareja, con aquellos(as) que no.</p>     <p>O'Keefe encontr&oacute; que los varones que hab&iacute;an ejercido dicha forma de violencia difer&iacute;an significativamente de su grupo de comparaci&oacute;n por tener un bajo nivel socioecon&oacute;mico, haber presenciado violencia en la escuela o en la comunidad, aceptar la violencia en el noviazgo y tener baja autoestima. Los que hab&iacute;an sido objeto de violencia por parte de su pareja tambi&eacute;n ten&iacute;an un bajo nivel socioecon&oacute;mico y aceptaban m&aacute;s la violencia en el noviazgo. Las mujeres que hab&iacute;an ejercido dicha forma de violencia, por su lado, se caracterizaron por haber presenciado violencia en la escuela o en la comunidad, tener un pobre desempe&ntilde;o escolar y haber sido objeto de malos tratos infantiles, mientras que las que hab&iacute;an sido objeto de dicha violencia tambi&eacute;n se caracterizaban por tener un pobre desempe&ntilde;o escolar y haber sido objeto de malos tratos infantiles.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En resumen, estos estudios sustentan la utilidad de la teor&iacute;a del aprendizaje social para comprender la transmisi&oacute;n intergeneracional de la violencia (Browne y Herbert, 1997), evidenciando que la experiencia de malos tratos en la familia de origen normaliza el uso de la violencia para resolver los conflictos de pareja (Matud, 2007) y se convierte en un factor de riesgo tanto para la perpetraci&oacute;n como para la victimizaci&oacute;n de violencia en la adolescencia y la juventud, junto con la aceptaci&oacute;n de dicha violencia y el conocimiento de pares que han efectuado actos de esa naturaleza.</p>     <p><b><i>Experiencias de violencia previas</i></b>. Si un adolescente ya ha sido v&iacute;ctima de violencia por parte de su pareja, es evidente que podr&iacute;a serlo nuevamente en una etapa posterior de su vida. Smith, White y Holland (2003) examinaron la relaci&oacute;n entre haber sido objeto de ataques f&iacute;sicos y sexuales durante los a&ntilde;os de universidad y haber sido objeto de malos tratos en: a) la infancia (v. g., abuso sexual, malos tratos f&iacute;sicos por parte de los padres o haber presenciado violencia entre los padres), y b) en la adolescencia (v. g., ataques f&iacute;sicos por parte de la pareja). Para ello reclutaron a 1.569 estudiantes universitarias de Carolina del Norte (Estados Unidos), que comenzaron a estudiar en la universidad a los 18 &oacute; 19 a&ntilde;os de edad y a quienes se les hizo un seguimiento durante los cuatro a&ntilde;os de estudios universitarios.</p>     <p>Los autores hallaron que las mujeres maltratadas f&iacute;sicamente por su pareja en la adolescencia ten&iacute;an una mayor probabilidad de ser objeto de ataques f&iacute;sicos o sexuales por alguna pareja durante los a&ntilde;os universitarios. Tambi&eacute;n hallaron que, en cualquiera de los cuatro a&ntilde;os universitarios, la probabilidad de ser objeto de un ataque sexual era mayor si en el mismo a&ntilde;o las participantes hab&iacute;an sido objeto de un ataque f&iacute;sico. Adem&aacute;s, el riesgo de ser v&iacute;ctima nuevamente de violencia f&iacute;sica en cualquiera de los a&ntilde;os universitarios era mayor si ya se hab&iacute;a tenido dicha experiencia antes.</p>     <p>Smith y sus colegas (2003) tambi&eacute;n encontraron que la victimizaci&oacute;n en la adolescencia predec&iacute;a m&aacute;s los ataques f&iacute;sicos o sexuales durante los a&ntilde;os universitarios que la victimizaci&oacute;n en la infancia, lo cual se&ntilde;ala que las experiencias previas de violencia de pareja influyen m&aacute;s en la revictimizaci&oacute;n que las experiencias de maltrato en la familia de origen y otros experiencias de violencia de la infancia. De manera similar, Gagn&eacute;, Lavoie y H&eacute;bert (2005) hallaron que los factores que se asociaban consistentemente con el hecho de haber sido v&iacute;ctima de violencia f&iacute;sica, psicol&oacute;gica o sexual por parte de la pareja, entre 622 adolescentes mujeres de grados d&eacute;cimo y und&eacute;cimo vinculadas a cinco colegios de niveles socioecon&oacute;micos medio y bajo de Montreal y Qu&eacute;bec (Canad&aacute;), eran las experiencias previas con este tipo de violencia, el acoso sexual por parte de pares en la instituci&oacute;n educativa y estar relacionadas con pares que hab&iacute;an sido v&iacute;ctimas o victimarios de dicha forma de violencia. Los malos tratos por parte de los padres, la exposici&oacute;n a violencia entre los padres y haber sido objeto de abuso sexual dentro o fuera de la familia, no mostraron la misma consistencia que estos factores.</p>     <p>Foshee, Benefield, Ennett, Bauman y Suchindran (2004) estudiaron la victimizaci&oacute;n y cronicidad de la violencia f&iacute;sica grave, en un estudio longitudinal de cuatro o cinco a&ntilde;os, en el que participaron 1.291 adolescentes varones y mujeres de grados octavo y noveno de un condado de Carolina del Norte. Los investigadores hallaron que, en el caso de los varones, los factores que se asociaban con dicha victimizaci&oacute;n eran el haber sido maltratado f&iacute;sicamente por un adulto, la baja autoestima y haber estado involucrado en una pelea f&iacute;sica, mientras que en las mujeres solo se asociaba el primero de estos factores. Los factores que se relacionaban con la victimizaci&oacute;n cr&oacute;nica de violencia de pareja eran, en el caso de los varones, el contar con un amigo que hab&iacute;a sido v&iacute;ctima de violencia de pareja, el consumo de bebidas alcoh&oacute;licas y la raza blanca, mientras que en el caso de las mujeres el &uacute;nico factor asociado fue el tener una familia de padre &uacute;nico.</p>     <p><b>Problem&aacute;ticas asociadas</b></p>     <p>Los estudios en los cuales se han evaluado las dificultades de salud f&iacute;sica y mental de los victimarios de violencia hacia la pareja en la adolescencia o la juventud, han encontrado que las principales problem&aacute;ticas de ese tipo son el uso o abuso de sustancias psicoactivas, la conducta sexual de riesgo y diferentes problemas de conducta externalizante (v. g., peleas, ser miembro de una pandilla, etc.). Rivera-Rivera y sus colegas (en prensa), por ejemplo, encontraron que los victimarios de esta forma de violencia se caracterizaban frecuentemente por haber consumido drogas ilegales, pertenecer a una pandilla y haber tenido dos o m&aacute;s parejas en su historia sexual.</p>     <p>Las adolescentes, en particular, tend&iacute;an a tener una edad mayor y a consumir bebidas alcoh&oacute;licas. Chase, Treboux y O'Leary (2002), asimismo, compararon un grupo de adolescentes en riesgo de ejercer dicho tipo de violencia con otro sin dicho riesgo, descubriendo que los varones del primer grupo hab&iacute;an ejercido actos de violencia hacia su &uacute;ltima pareja con mayor probabilidad que los del segundo grupo y ten&iacute;an una mayor probabilidad de haber consumido marihuana en el &uacute;ltimo a&ntilde;o; tambi&eacute;n presentaban m&aacute;s conductas externalizantes, en comparaci&oacute;n con el segundo grupo. Por su parte, las adolescentes del primer grupo exhib&iacute;an un porcentaje mayor de conductas internalizantes y sus padres hab&iacute;an ejercido un menor grado de supervisi&oacute;n y control sobre ellas, que las adolescentes del segundo grupo.</p>     <p>Las adolescentes v&iacute;ctimas de violencia por parte de su pareja, por otro lado, com&uacute;nmente presentan conductas sexuales riesgosas, abuso de sustancias, embarazo, intentos de suicidio y conductas inapropiadas para controlar su peso corporal (v. g., uso de laxantes, inducci&oacute;n de v&oacute;mito, etc., Matud, 2007). El estudio ya rese&ntilde;ado de los Centros para la Prevenci&oacute;n y el Control de la Enfermedad de Estados Unidos (Centers for Disease Control and Prevention, 2006), as&iacute; como los de Howard y Wang (2003), Kreiter, Krowchuk, Woods, Sinal, Lawless y Durant (1999) y Silverman y sus colegas (2001), encontraron, efectivamente, que dichas adolescentes ten&iacute;an una mayor probabilidad de consumir sustancias ilegales, tener intentos de suicidio y presentar conductas sexuales de riesgo.</p>     <p>Rivera-Rivera y sus colegas (en prensa), por su parte, encontraron que las adolescentes v&iacute;ctimas de esta forma de violencia tend&iacute;an a tener una edad mayor y a consumir bebidas alcoh&oacute;licas, mientras que Roberts, Auinger y Klein (2005), examinando los datos proporcionados por 973 adolescentes sexualmente activas que ten&iacute;an o hab&iacute;an tenido una pareja &iacute;ntima en los &uacute;ltimos 18 meses, hallaron que aquellas que hab&iacute;an sido objeto de malos tratos verbales (v. g., insultos en p&uacute;blico, amenazas), ten&iacute;an una mayor probabilidad de que en su &uacute;ltima relaci&oacute;n sexual su pareja no hubiere utilizado preservativo. Las adolescentes que hab&iacute;an sido v&iacute;ctimas de actos de violencia f&iacute;sica leve (v. g., lanzar cosas, empujones, apretones), adem&aacute;s, informaron con mayor frecuencia haber estado en embarazo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Son pocos los estudios sobre las conductas de riesgo para la salud m&aacute;s frecuentes entre los adolescentes v&iacute;ctimas de violencia de pareja, aunque se pueden mencionar las relaciones sexuales, los intentos de suicidio, los episodios de ingesta excedida de bebidas alcoh&oacute;licas y las peleas f&iacute;sicas (Centers for Disease Control and Prevention, 2006; Rivera-Rivera et al., en prensa). Ackard y Neumark-Sztainer (2002) estudiaron la relaci&oacute;n entre haber sido v&iacute;ctima de violencia de pareja y de violaci&oacute;n, con un conjunto de dificultades y conductas de riesgo para la salud, con base en los datos proporcionados por 81.247 estudiantes de noveno a duod&eacute;cimo grado de las escuelas p&uacute;blicas de Minnesota (Estados Unidos), 40.301 varones y 40.946 mujeres en total. Los investigadores encontraron que los y las estudiantes que hab&iacute;an sido objeto de esas dos formas de violencia, ten&iacute;an una mayor probabilidad de recurrir a conductas inapropiadas para el control del peso (v. g., uso de laxativos, v&oacute;mito y pastillas para hacer dieta), as&iacute; como m&aacute;s pensamientos e intentos suicidas y puntuaciones m&aacute;s bajas en medidas de autoestima y bienestar emocional.  &nbsp;</p>     <p align="center"><b>Conclusiones</b></p>     <p>Evidentemente, las cifras de prevalencia de la violencia en las parejas de adolescentes y adultos j&oacute;venes que son novios o que simplemente salen, as&iacute; como las m&uacute;ltiples dificultades de salud f&iacute;sica y mental encontradas tanto en los victimarios como en las v&iacute;ctimas de dicha violencia, se&ntilde;alan que esta es una problem&aacute;tica que merece mayor atenci&oacute;n y que su relevancia deber&iacute;a ser parecida a la de la violencia marital. Los datos de los estudios que muestran que las v&iacute;ctimas de dicha violencia tienden a la revictimizaci&oacute;n, se&ntilde;alan claramente que dichos adolescentes y j&oacute;venes adultos ser&aacute;n los adultos victimizados por su pareja durante el matrimonio o la convivencia, por lo que deber&iacute;an ser objeto de campa&ntilde;as de identificaci&oacute;n y prevenci&oacute;n de la violencia de pareja, junto con los victimarios. Es importante destacar, en ese sentido, que si bien se ha considerado que la violencia en el noviazgo podr&iacute;a predecir la violencia durante la convivencia (Browne y Herbert, 1997; Rodr&iacute;guez, Antu&ntilde;a y Rodr&iacute;guez, 2001; Sarquis, 1995), no existen estudios retrospectivos o de tipo longitudinal que confirmen esta relaci&oacute;n.</p>     <p>Los estudios que se han centrado en determinar las dificultades de salud que podr&iacute;an estar relacionadas con esta forma de violencia, han encontrado, por otra parte, varios tipos de problem&aacute;ticas comunes tanto para las v&iacute;ctimas como para los victimarios de la misma (v. g., consumo abusivo de bebidas alcoh&oacute;licas, ingesta de drogas, conductas sexuales riesgosas), lo que indica que tanto unos como otros son expuestos a los mismos factores de riesgo, independientemente de su papel en los actos agresivos. La investigaci&oacute;n sobre los factores de riesgo ha mostrado, en general, una comunalidad en dichos factores de riesgo, que hace dif&iacute;cil elaborar un perfil diferencial, tal como lo han sugerido Lewis y Fremouw (2001).</p>     <p>En el caso de los y las adolescentes en riesgo de ejercer actos de violencia hacia su pareja, la evidencia encontrada permite elaborar un perfil preliminar que incluye los siguientes factores de riesgo: observaci&oacute;n de violencia entre los padres, haber sido v&iacute;ctima de malos tratos en la familia de origen o en otros entornos, tener conocidos que han ejercido esta forma de violencia, aceptaci&oacute;n y justificaci&oacute;n de actitudes o conductas agresivas en la pareja y un estilo agresivo de resoluci&oacute;n de conflictos. Es evidente que las experiencias de violencia en la familia de origen y en otros entornos importantes para el individuo (v. g., escuela, comunidad), as&iacute; como el conocimiento del ejercicio de actos agresivos entre pares conocidos, constituyen modelos de aprendizaje y de respaldo cultural para que dichos adolescentes se conviertan en victimarios de violencia hacia su pareja (v&eacute;ase la <a href="#f1">figura 1</a>).</p>     <p>Debido a que las diferencias en las tasas de prevalencia por sexo de esta forma de violencia no son tan sustanciales como las de violencia en parejas casadas o conviviendo, se hace necesario profundizar en las expectativas y roles de g&eacute;nero tanto de las v&iacute;ctimas como de los victimarios de la misma. Si bien parece que los roles tradicionales de g&eacute;nero desempe&ntilde;an un papel importante en la realizaci&oacute;n de actos violentos por parte de los varones, de manera similar a los varones casados (v&eacute;ase, por ejemplo, Duarte, Rodr&iacute;guez y Rey, 2003), en el caso de las mujeres no resultan claros los factores culturales y contextuales que conllevan el ejercicio de actos de violencia hacia su pareja, si bien estar&iacute;an mediadas por una fuerte respuesta emocional ante situaciones de inequidad dentro de la pareja (v.g., por infidelidad del compa&ntilde;ero, etc.). La violencia entre parejas j&oacute;venes de <i>gays</i>, lesbianas y bisexuales representa un gran reto en ese sentido, si se asume que los roles de g&eacute;nero operan en estas personas de una manera distinta. Se debe destacar, en todo caso, que no existe mucha informaci&oacute;n sobre la violencia de pareja en personas con estas orientaciones sexuales.</p>     <p>Por otra parte, si bien existen varios avances en relaci&oacute;n con las posibles consecuencias psicol&oacute;gicas y psicopatol&oacute;gicas de dicha violencia, es extra&ntilde;o que no se cuente con estudios sobre la prevalencia en dicha poblaci&oacute;n, de los desordenes mentales contemplados en el Eje I del Manual Diagn&oacute;stico y Estad&iacute;stico de los Trastornos Mentales de la Asociaci&oacute;n Psiqui&aacute;trica Americana (2002). Debido a la presencia frecuente de conductas inapropiadas para el control del peso en las v&iacute;ctimas de dicha forma de violencia, es de prever una frecuencia significativa de adolescentes con trastornos alimentarios dentro de la misma, as&iacute; como con desordenes del estado de &aacute;nimo, disociativos y de ansiedad. Es importante destacar, en ese sentido, la falta de estudios longitudinales que den cuenta de las consecuencias psicol&oacute;gicas y psicopatol&oacute;gicas de dicha violencia.</p>     <p>Finalmente, vale la pena resaltar la aparente ausencia de investigaciones en las que se d&eacute; cuenta de las caracter&iacute;sticas de los adolescentes y adultos j&oacute;venes que ejercen y han sido v&iacute;ctimas de violencia por parte de su pareja, ya que generalmente los estudios discriminan a los participantes categ&oacute;ricamente como v&iacute;ctimas o victimarios. Estos estudios ayudar&iacute;an a incrementar decididamente los conocimientos sobre los factores individuales, familiares, sociales y situacionales que conducen a la perpetraci&oacute;n y/o victimizaci&oacute;n por esta forma de violencia.</p>     <p><img src="/img/revistas/apl/v26n2/v26n2a9f1.jpg"><a name="f1"></a></p> <hr>     <p align="center"><b>Referencias</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Ackard, D. M. &amp; Neumark-Sztainer, D.  Date violence and date rape among adolescents: Associations with disordered eating behaviors and psychological health. <i>Child Abuse &amp; Neglect, 26</i>, (2002), 455–473.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1794-4724200800020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Asociaci&oacute;n Psiqui&aacute;trica Americana. <i>Manual diagn&oacute;stico y estad&iacute;stico de los trastornos mentales, cuarta versi&oacute;n, texto revisado</i>. Barcelona: Masson, (2002).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1794-4724200800020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Barker, G. &amp; Loewenstein, I.  Where the boys are: Attitudes related to masculinity, fatherhood, and violence toward women among low-income adolescent and young adult males in Rio de Janeiro, Brazil. <i>Youth and Society, 29</i> (2), (1997), 166-196.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1794-4724200800020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bonino, L. <i>Violencia de g&eacute;nero y prevenci&oacute;n</i>. <i>El problema de la violencia masculina</i>. Madrid: UNAF, (1999).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1794-4724200800020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Browne, K. &amp; Herbert, M. <i>Preventing family violence</i>. Chichester: John Wiley &amp; Sons, (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1794-4724200800020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Carlson, B. E.  Adolescent observers of marital violence. <i>Journal of Family Violence, 5</i> (4), (1990), 285-299.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1794-4724200800020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Centers for Disease Control and Prevention. Physical dating violence among High School students, United States, 2003. <i>Morbidity and Mortality Weekly Report, 55</i> (19), (2006), 532-535.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1794-4724200800020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Close, S. M.  Dating violence prevention in middle school and high school youth. <i>Journal of Child and Adolescent Psychiatric Nursing, 18</i> (1), (2005), 2-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1794-4724200800020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Cornelius, T. L. &amp; Resseguie, N.  Primary and secondary prevention programs for dating violence: A review of the literature. <i>Aggression and Violent Behavior, 12</i>, (2007), 364–375.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1794-4724200800020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Corsi, J.  El var&oacute;n violento. En J. Corsi, M. Dohmen, M. Sot&eacute;s &amp; L. Bonino (Eds.), <i>Violencia masculina en la pareja: una aproximaci&oacute;n al diagn&oacute;stico y a los modelos de intervenci&oacute;n</i> (pp. 11-40). Buenos Aires: Paid&oacute;s, (1995).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1794-4724200800020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Chase, K. A., Treboux, D. &amp; O'Leary, K. D.  Characteristics of high-risk adolescents' dating violence. <i>Journal of Interpersonal Violence, 17</i> (1), (2002), 33-49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1794-4724200800020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Chung, D.  Violence, control, romance and gender equality: Young women and heterosexual relationships. <i>Women's Studies International Forum, 28</i>, (2005), 445–455.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1794-4724200800020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Duarte, D. M., Rodr&iacute;guez, P. A. y Rey, C. A. (Dir.)  Caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas de hombres y mujeres involucrados en una relaci&oacute;n conyugal con episodios de violencia. Tesis de grado no publicada, Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, (2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1794-4724200800020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Fern&aacute;ndez-Montalvo, J. &amp; Echebur&uacute;a, E.  Variables psicopatol&oacute;gicas y distorsiones cognitivas de los maltratadores en el hogar: Un an&aacute;lisis descriptivo. <i>An&aacute;lisis y Modificaci&oacute;n de Conducta, 23</i> (88), (1997), 151-180.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1794-4724200800020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Foshee, V. A., Bauman, K. E. &amp; Linder, G. F.  Family violence and the perpetration of adolescent dating violence: Examining social learning and social control proccesess. <i>Journal of Marriage and the Family, 61</i> (2), (1999), 331-342.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1794-4724200800020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Foshee, V. A., Benefield, T. S., Ennett, S. T., Bauman, K. E. &amp; Suchindran, C.  Longitudinal predictors of serious physical and sexual dating violence victimization during adolescence. <i>Preventive Medicine, 39</i>, (2004), 1007–1016.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1794-4724200800020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Fredland, N. M., Ricardo, I. B., Canpbell, J. C., Sharps, P. W., et al.  The Meaning of dating violence in the lives of Middle School adolescents: A report of a focus group study. <i>Journal of School Violence, 4</i> (2), (2005), 95-114.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1794-4724200800020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Freedner, N., Freed, L. H., Yang, W. &amp; Austin, S. B.  Dating violence among gay, lesbian, and bisexual adolescents: Results from a community survey. <i>Journal of Adolescent Health, 31</i>, (2002), 469-474.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1794-4724200800020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Gagn&eacute;, M. H., Lavoie, F. &amp; H&eacute;bert, M.  Victimization during childhood and revictimization in dating relationships in adolescent girls. <i>Child Abuse &amp; Neglect, 29</i>, (2005), 1155–1172.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1794-4724200800020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Guerrero, O., Velandia, E., Morales, A., Hurtado, M. Puyana, Y. &amp; Bernal, V. <i>Reflexiones sobre violencia de pareja y relaciones de g&eacute;nero</i>. Bogot&aacute;: Haz Paz, (2001).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1794-4724200800020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Hanson, R. F.  Adolescent dating violence: Prevalence and psychological outcomes. <i>Child Abuse &amp; Neglect</i>, <i>26</i>, (2002), 449-453.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1794-4724200800020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Howard, D. E. &amp; Wang, M. Q.  Risk profiles of adolescent girls who were victims of dating violence. <i>Adolescence</i>, <i>38</i>, (2003), 1-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1794-4724200800020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses. <i>Forensis: Datos para la vida</i>. Bogot&aacute;:  Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses, (2005).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1794-4724200800020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Klevens, J. <i>Prevalencia y marcadores de riesgo entre mujeres que consultan la red p&uacute;blica de servicios de salud en Bogot&aacute;</i>. Bogot&aacute;: Secretar&iacute;a Distrital de Salud, (2001).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1794-4724200800020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Kinsfogel, K. M. &amp; Grych, J. H.  Interparental conflict and adolescent dating relationships: Integrating cognitive, emotional, and peer influences. <i>Journal of Family Psychology, 18</i> (3), (2004), 505-515.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1794-4724200800020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Kreiter, S., Krowchuk, D. P., Woods, C. R., Sinal, S. H., Lawless, M. R. &amp; Durant, R. H.  Gender differences in risk behaviors among adolescents who experience date figthing. <i>Pediatrics, 104</i> (6), (1999), 1286-1292.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1794-4724200800020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Krug, E. G., Dahlberg, L. L., Mercy, J. A., Zwi, A. B. &amp; Lozano, R. <i>Informe mundial sobre la violencia y la salud</i>. Washington: Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, (2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1794-4724200800020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Langhinrichsen-Rohling, J., Neidig, P. &amp; Thorn, G.  Violent marriages: Gender differences in levels of current violence and past abuse. <i>Journal of Family Violence, 10</i> (2), (1995), 159-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1794-4724200800020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Lewis, S. F. &amp; Fremouw, W.  Dating violence: A critical review of the literature. <i>Clinical Psychology Review</i>, <i>21</i> (1), (2001), 105–127.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1794-4724200800020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Matud, M. 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Miller, J. &amp; White, N. A.  Gender and adolescent relationship violence: A contextual examination. <i>Criminology</i>, <i>41</i> (4), (2003), 1207-1248.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1794-4724200800020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Ministerio de Salud de Colombia. <i>Norma para el diagn&oacute;stico y atenci&oacute;n integral de mujer maltratada</i>. Bogot&aacute;: Ministerio de Salud de Colombia, (1999).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1794-4724200800020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Mu&ntilde;oz-Rivas, M. J., Gra&ntilde;a, J. L., O'Leary, K. D. &amp; Gonz&aacute;lez, M. P.  Aggression in adolescent dating relationships: Prevalence, justification, and health consequences. <i>Journal of Adolescent Health, 40</i>, (2007), 298–304.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1794-4724200800020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Molidor, C. E.  Gender differences of psychological abuse in high school dating relationships. <i>Child and Adolescent Social Work, 12</i> (2), (1995), 119-134.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1794-4724200800020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Navarro G&oacute;ngora, J. &amp; Pereira Miragaia, J. <i>Parejas en situaciones especiales</i>. Barcelona: Paid&oacute;s, (2000).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1794-4724200800020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. O'Leary, K. D. &amp; Smith Slep, A. M.  A dyadic longitudinal model of adolescent dating aggression. <i>Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 32</i> (3), (2003), 314-327.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1794-4724200800020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. O'Keefe, M.  Factors mediating the link between witnessing interparental violence and dating violence. <i>Journal of Family Violence, 13</i> (1), (1998), 39-57.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1794-4724200800020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Rey, C. A.  Rasgos sociodemogr&aacute;ficos e historia de maltrato en la familia de origen, de un grupo de hombres que han ejercido violencia hacia su pareja y de un grupo de mujeres v&iacute;ctimas de este tipo de violencia. <i>Revista Colombiana de Psicolog&iacute;a, 11</i>, (2002), 81-90.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1794-4724200800020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Rich, C. L., Gidycz, C. A., Warkentin, J. B., Loh, C. &amp; Weiland, P.  Child and adolescent abuse and subsequent victimization: A prospective study. <i>Child Abuse &amp; Neglect, 29</i>, (2005), 1373–1394.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-4724200800020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Rivera-Rivera, L., Allen-Leigh, B., Rodr&iacute;guez-Ortega, G., Ch&aacute;vez-Ayala, R. &amp; Lazcano-Ponce, E.  Prevalence and correlates of adolescent dating violence: Baseline study of a cohort of 7960 male and female Mexican public school students. <i>Preventive Medicine</i>, <i>44</i> (6), (2007), 477-484.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1794-4724200800020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Roberts, T. A., Auinger, P. &amp; Klein, J. D.  Intimate partner abuse and the reproductive health of sexually active female adolescents. <i>Journal of Adolescent Health, 36</i>, (2005), 380–385.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-4724200800020000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Rodr&iacute;guez Franco, L., Antu&ntilde;a, M. A. &amp; Rodr&iacute;guez, F. J.  Psicolog&iacute;a y violencia dom&eacute;stica: Un nuevo reto hacia un viejo problema. <i>Acta Colombiana de Psicolog&iacute;a</i>, 6, (2001), 67-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-4724200800020000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Rubiano, N., Hern&aacute;ndez, A., Molina, C., Guti&eacute;rrez, M. &amp; Vejarano, M. <i>Conflicto y violencia intrafamiliar</i>. Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia, (2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1794-4724200800020000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Sarquis, C. <i>Introducci&oacute;n al estudio de la pareja humana</i>. Santiago: Universidad Cat&oacute;lica de Chile, (1995).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1794-4724200800020000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Sears, H. A., Byers, E. S. &amp; Price, E. L.  The co-occurrence of adolescent boys' and girls' use of psychologically, physically, and sexually abusive behaviours in their dating relationships. <i>Journal of Adolescence, 30</i>, (2007), 487–504.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1794-4724200800020000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Schiff, M. &amp; Zeira, A.  Dating violence and sexual risk behaviors in a sample of at-risk Israeli youth. <i>Child Abuse &amp; Neglect, 29</i>, (2005), 1249–1263.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1794-4724200800020000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Silverman, J. G., Raj, A., Mucci, L. A. &amp; Hathaway, J. E.  Dating violence against adolescent girls and associated substance use, unhealthy weight control, sexual risk behavior, pregnancy, and suicidality. <i>Journal of the American Medical Association, 286</i>, (2001), 572-579.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1794-4724200800020000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Simons, R. &amp; Johnson, C.  An examination of competing explanations for the intergenerational transmission of domestic violence. En T. Daniel (Ed.), <i>International Handbook of multigenerational legacies of trauma</i> (pp. 553-570). 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A longitudinal perspective on dating violence among adolescent and college-age women. <i>American Journal of Public Health, 93</i> (7), (2003), 1104-1109.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1794-4724200800020000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Stordeur, R. &amp; StiIIe R. <i>Ending men's violence against their partners: One road to peace</i>. Newbury Park: Sage, (1989).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1794-4724200800020000900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Sugarman, D. B., &amp; Hotaling, G. T.  Dating violence: Prevalence, context, and risk markers. En M. Pirog-Good &amp; J. Stets (Eds.), <i>Violence and dating relationships</i> (pp. 3–32). Nueva York: Praeger, (1989).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1794-4724200800020000900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Weisz, A. N., Tolman, R. M., Callahan, M. R., Saunders, D. G. &amp; Black, B. M.  Informal helpers' responses when adolescents tell them about dating violence or romantic relationship problems. <i>Journal of Adolescence</i>, <i>30</i> (5), (2007), 853-858.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1794-4724200800020000900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Wolfe, D. A.; Wekerle, C., Gough, R., Rietzel-Jaffe, D., Grasley, C., Pittman, A. et al. <i>Youth relationships manual: A group approach with adolescents for the prevention of woman abuse and the promotion of healthy relationships</i>. 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Correlatos cognitivos asociados a la experiencia de violencia interparental. <i>Psicothema, 12</i> (1), (2000), 41-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1794-4724200800020000900057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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