<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1794-5887</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Co-herencia]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Co-herencia]]></abbrev-journal-title>
<issn>1794-5887</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Departamento de Humanidades de la Universidad EAFIT]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1794-58872008000100011</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ayala Diago, César Augusto (2006) El populismo atrapado, la memoria y el miedo: el caso de las elecciones de 1970. Medellín, La Carreta Universidad Nacional de Colombia, 319 pp.]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tirado Mejía]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alvaro]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<volume>5</volume>
<numero>8</numero>
<fpage>267</fpage>
<lpage>277</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1794-58872008000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1794-58872008000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1794-58872008000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="4"><b> Ayala Diago, C&eacute;sar Augusto (2006) El populismo atrapado, la    memoria y el miedo: el caso de las elecciones de 1970. Medell&iacute;n,  La Carreta Universidad Nacional de Colombia, 319 pp.</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Alvaro Tirado  Mej&iacute;a*</b> </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><a href="mailto:alvarotirado@hotmail.com">alvarotirado@hotmail.com</a></font></p> <hr />     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El profesor C&eacute;sar  Augusto Ayala    viene desarrollando  una importante    investigaci&oacute;n sobre  el movimiento    de las derechas  de Colombia, en la    primera mitad del  siglo XX, en el    centro de la cual  se encuentra la    figura de Gilberto  Alzate Avenda&ntilde;o.    Investigaciones  como esta son de    especial importancia  para develar    nuestro pasado pol&iacute;tico  y    contribuyen a llenar  un profundo    vac&iacute;o de nuestra  historiograf&iacute;a, una    de cuyas fallas  est&aacute; referida a la    carencia de trabajos  serios sobre la    historia pol&iacute;tica,  especialmente del    siglo XX. El profesor  Ayala tiene    solvencia acad&eacute;mica  y una s&oacute;lida    preparaci&oacute;n como  investigador,    confirmada con sus  estudios de    doctorado en la  Universidad de    Mosc&uacute; y con el ejercicio  de la    c&aacute;tedra en la Universidad  Nacional    Popular -Colombia-,  es autor,    adem&aacute;s, del m&aacute;s  completo estudio    sobre la alianza  Nacional Popular -Anapo-, publicado recientemente como libro bajo  el nombre de<i> El    populismo atrapado, la memoria y el    medio. El caso de las elecciones de    1970</i>.</font></p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Este  trabajo se sustenta en una    exhaustiva consulta  de peri&oacute;dicos,    tesis de grado,  entrevistas y una    amplia bibliograf&iacute;a.  Como lo anota    el autor, en el  libro, compuesto por    15 cap&iacute;tulos: "<i>las  voces de los    protagonistas est&aacute; siempre presente. As&iacute;    lo hemos querido para que el lector viva    y sienta la voz del pasado, y no solo del    autor. Es muy probable que esto haga    pesada su lectura pero en cambio va en    favor del rescate de la memoria y fluye    a favor de la historiograf&iacute;a</i>". Desde el    cap&iacute;tulo d&eacute;cimo  hasta el final el libro    se centra en el  experimento del fugaz    partido Acci&oacute;n Nacionalista  Popular. Un aspecto  digno de destacar es    el estudio de las  influencias ideol&oacute;gicas y literarias  en los personajes y    corrientes de derecha  en Colombia,    desde los a&ntilde;os veinte  hasta el inicio    de la segunda guerra  mundial. El presente libro,  que seg&uacute;n el proyecto    del autor ser&aacute; seguido  de dos tomos    m&aacute;s, hasta completar  el periplo vital    de Gilberto Alzate  Avenda&ntilde;o -    fallecido en 1960  a los cincuenta    a&ntilde;os-, se inicia  con el entorno    pol&iacute;tico y cultural  de los a&ntilde;os veinte,    per&iacute;odo en el que  irrumpe el grupo    Los Leopardos, el  cual model&oacute; el    perfil de la derecha  en la que milit&oacute;    Alzate, aunque &eacute;ste  no fue uno de    sus miembros. Se  trata, por supuesto,    de un trabajo pol&eacute;mico,  como    pol&eacute;micos fueron  las ideas y los    actores del movimiento  de derechas,    en el que el autor  trata de lograr una    perspectiva de interpretaci&oacute;n  que lo    aleje de lo que  considera la    historiograf&iacute;a que  se ha impuesto en    el pa&iacute;s, de corte  liberal y progresista.</font></p>     <p>  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pocos per&iacute;odos han  sido tan    definitivos en la  historia moderna    como el posterior  a la primera guerra    mundial. Durante  &eacute;l, se hundieron    los viejos imperios  y comenz&oacute; a    sacudirse el orden  colonial; el mapa    europeo se transform&oacute;,  apareci&oacute; la    hiperinflaci&oacute;n tan  destructiva como    la guerra, el espectro  de la revoluci&oacute;n    recorri&oacute; Europa;  Turqu&iacute;a y China    conocieron la rep&uacute;blica,  Gandhi    inici&oacute; su pr&eacute;dica  pacifista y en    M&eacute;xico se inici&oacute;  el ciclo de las    revoluciones sociales,  seguido, poco    despu&eacute;s, por el  estallido de la    Revoluci&oacute;n sovi&eacute;tica.  El viejo orden    se tambaleaba y  el mundo se polariz&oacute;    entre revoluci&oacute;n  y reacci&oacute;n, dando    lugar a la tragedia  del siglo XX, durante gran parte  del cual y en    grandes sectores  del planeta, a    nombre de lo uno  o de lo otro, se    impuso el totalitarismo.  Afortunadamente sobrevivi&oacute;  la democracia,    que parec&iacute;a arrinconada  y al borde    de la extinci&oacute;n,  en los momentos    cruciales de enfrentamiento  entre    los dos extremos.</font></p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En Colombia los a&ntilde;os veinte    tambi&eacute;n fueron de  cambios,    movimiento y tensi&oacute;n.  La econom&iacute;a    se desarroll&oacute; al  impulso de la    indemnizaci&oacute;n por  la separaci&oacute;n de    Panam&aacute;, de los empr&eacute;stitos  extranjeros, de las obras  p&uacute;blicas, del inicio    de la industrializaci&oacute;n  y del aumento    de las exportaciones.  Al amparo de    ese crecimiento,  las estructuras    sociales se sacudieron,  se aceler&oacute; la    migraci&oacute;n de campesinos  hacia los    centros urbanos  o hacia donde se    adelantaban obras  p&uacute;blicas,    aparecieron los  primeros sindicatos,    las mujeres comenzaron  a trabajar en    las f&aacute;bricas, surgieron  los conflictos    agrarios y comenzaron  a aclimatarse    las ideas socialistas.  Estados Unidos    se perfilaba corno  gran potencia    mundial, en la regi&oacute;n  de Centroam&eacute;rica y el Caribe  adelantaba una pol&iacute;tica imperialista  a trav&eacute;s de    invasiones y ocupaciones.  En    Colombia continuaba  abierta la    herida por la separaci&oacute;n  de Panam&aacute;,    y los debates acerca  de la aprobaci&oacute;n    del Tratado Urrutia-Thompson    avivaban el nacionalismo.  Sin    embargo, las estructuras  pol&iacute;ticas permanec&iacute;an est&aacute;ticas  y la hegemon&iacute;a conservadora,  vieja ya de    varios decenios,  simplemente se    prolongaba. Tras  la tragedia de la    guerra de los Mil  D&iacute;as una nueva    generaci&oacute;n de colombianos  hab&iacute;a    irrumpido para propiciar  el    civilismo, la concordia  y la convivencia pol&iacute;tica,  superando la pugna    at&aacute;vica entre liberales  y conservadores. Dicho sector,  agrupado    fundamentalmente  en el Republicanismo, fue denominado  como La    generaci&oacute;n del centenario,  porque    sus integrantes  empezaron a ocupar    los primeros papeles  de la escena al    cumplirse el primer  centenario de la </font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">declaraci&oacute;n de independencia. </font>   </p>   </p> </p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Desde principios  de los a&ntilde;os    veinte irrumpi&oacute;  en la vida cultural y    pol&iacute;tica del pa&iacute;s  un grupo de    brillantes j&oacute;venes,  la mayor&iacute;a    universitarios,  que actu&oacute; contra los    miembros de la generaci&oacute;n  del    centenario, contra  la hegemon&iacute;a    conservadora y contra  las formas    culturales tradicionales.  Esa    generaci&oacute;n es conocida  corno la de    Los Nuevos. Los  puntos de    convergencia, en  sus inicios, fueron    dos publicaciones:  la revista    Universidad, dirigida  por Germ&aacute;n    Arciniegas y la  revista Los Nuevos,    de ef&iacute;mera existencia  pero de gran    proyecci&oacute;n, dirigida  por Felipe y    Alberto Lleras Camargo.  En ellas se    expres&oacute; una de las  generaciones m&aacute;s    brillantes de la  historia de Colombia, </font> </p>   en el terreno de las letras y espe   <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">cialmente en el  de la pol&iacute;tica.    Adem&aacute;s de los mencionados,    formaron parte de  ella, entre otros,    Carlos y Juan Lozano,  Jorge    Zalamea, Le&oacute;n De  Greiff, Luis    Tejada, Luis Vidales,  Gabriel    Turbay, Jorge Eli&eacute;cer  Gait&aacute;n y    Rafael Maya. Tambi&eacute;n  eran parte de    esa generaci&oacute;n y  escrib&iacute;an en esas    publicaciones, Silvio  Villegas,    Augusto Ram&iacute;rez  Moreno, Eliseo    Arango, Jos&eacute; Camacho  Carre&ntilde;o y    Joaqu&iacute;n Fidalgo  Hermida, conocidos    corno Los Leopardos.  En un    principio, todos  ellos convivieron en    los caf&eacute;s, en las  publicaciones y en    la vida bohemia,  pero bien pronto    la pol&iacute;tica les  se&ntilde;al&oacute; diferentes    rumbos. La mayor&iacute;a  milit&oacute; dentro de    las diversas vertientes  del partido    liberal y Los Leopardos  lo hicieron    corno representantes  de la extrema    derecha, fungiendo  de rebeldes o    como una vertiente  del partido    conservador. </font>   </p>   <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"></font>   </p> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Precisamente, el  inicio de este      trabajo se refiere  al contexto de los      a&ntilde;os veinte y espec&iacute;ficamente  al      grupo de Los Leopardos,  a su nacimiento, a sus lecturas  e influencias,      a su actividad pol&iacute;tica  y a su perfil corno grupo de derecha  inspirado      intelectualmente  en la Acci&oacute;n      Francesa y en autores  como Charles      Maurras. Referirse  a ese grupo es de      obligaci&oacute;n en un  trabajo en cuyo      centro est&aacute; Gilberto  Alzate      Avenda&ntilde;o. Los Leopardos  formaron      un grupo de brillantes  oradores y &aacute;giles escritores  e introdujeron en la      vida pol&iacute;tica colombiana  una      vertiente desconocida  hasta      entonces en el bipartidismo,  la      concepci&oacute;n de derecha,  filos&oacute;ficamente antiliberal,  jerarquizada,      rebelde y antidemocr&aacute;tica.  Como      tendremos oportunidad  de tratar      m&aacute;s adelante, la  magnitud de su      influencia fue creciendo  con el      tiempo, hasta el  punto de colonizar      el pensamiento del  partido      conservador en los  a&ntilde;os cuarenta y      en los inicios de  los cincuentas.      Alzate, quien naci&oacute;  en 1910, por      razones de edad  no pod&iacute;a formar      parte de ese grupo.  Sin embargo, es      innegable la influencia  que recibi&oacute;    de &eacute;l, al igual  que el resto del sector      derechista. Probablemente,  por esa      raz&oacute;n y como una  manera de      englobar a Alzate  dentro del grupo,      el profesor Ayala  habla de    &laquo;<i>sensibilidad leoparda</i>. Con este      grupo, excluyendo  a Fidalgo, quien      se borr&oacute; de la vida  p&uacute;blica, y a      Camacho Carre&ntilde;o,  que se distanci&oacute;,      trabaj&oacute; Alzate de  consuno contra los      gobiernos liberales  y, en 1937,      fundaron un partido,  la Acci&oacute;n      Nacionalista Popular  (ANP). Sin      embargo, mirando  en perspectiva, lo      de Los Leopardos  fue un r&oacute;tulo que      cubri&oacute; una posici&oacute;n  de extrema      derecha enmarcada  en la pugna por      el control del partido  conservador.      Alzate ideol&oacute;gicamente  tiene m&aacute;s      entidad, m&aacute;s permanencia  y menos      volatilidad.</font></p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero, &iquest;cu&aacute;l fue la importancia de    estos grupos de  derecha y cu&aacute;l su    legado? Para responder  a este    interrogante es  necesario tratar por    separado el aspecto  organizacional    o electoral y el  doctrinario. Veamos:    Los Leopardos, y  luego el conjunto    del grupo de derechas,  actuaron en    el partido conservador  como especie    de ruedas sueltas  cuyos goznes les    permit&iacute;an salir  o entrar, disparar    desde fuera o representar  al partido    en los cargos de  elecci&oacute;n, fustigar a    las directivas o  componerse con ellas    abriendo la puerta  giratoria para    volver a entrar.  Dada esa circunstancia, es necesario  detenernos un    poco en los aspectos  de la pugna    conservadora entre  los llamados    civilistas y los  derechistas. Por    supuesto, exist&iacute;an  elementos    generacionales en  la medida en que    muchos de los primeros  pertenec&iacute;an    a la generaci&oacute;n  del centenario.    Tambi&eacute;n obraba la  pugna leg&iacute;tima    en toda agrupaci&oacute;n  pol&iacute;tica en la    competencia por  acceder a la    direcci&oacute;n partidista.  Pero tambi&eacute;n    exist&iacute;an motivos  ideol&oacute;gicos profundos.</font></p>     <p>  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El conservatismo  civilista, como se derivaba del  origen de su partido      y era su tradici&oacute;n,  filos&oacute;ficamente      era de estirpe liberal,  doctrinariamente reconoc&iacute;a  el r&eacute;gimen      republicano, la  separaci&oacute;n de      poderes, el orden  constitucional, la      consagraci&oacute;n de  derechos y      libertades p&uacute;blicas,  el sufragio popular, entre otros  elementos.      Como paradigma de  esta posici&oacute;n      estaba la actitud  tomada y defendida      en las postrimer&iacute;as  del r&eacute;gimen      conservador, ante  las leyes de orden      p&uacute;blico, o &laquo;Leyes  her&oacute;icas&raquo;,      presentadas por  el gobierno, las      cuales fueron impugnadas  con base      en esos principios  por dirigentes      conservadores como  Abel Carbonell      y Rafael Escall&oacute;n.  Laureano G&oacute;mez,      Aquilino Villegas,  y dirigentes como      los nombrados, si  bien practicaban      una oposici&oacute;n a  ultranza al r&eacute;gimen      liberal, lo hac&iacute;an  sin abjurar de esos      principios. Como  se menciona en      este libro, el 11  de septiembre de      1932, desde Ch&iacute;a,  Laureano G&oacute;mez      consign&oacute; los argumentos  que los      separaban del grupo  derechista: &laquo;El      genuino conservador  [...] acata el      orden constitucional,  porque      abomina la dictadura;  repudia la      violencia y las  v&iacute;as de hecho y se      hace servidor de  la ley [...] execra el      absolutismo, con  cualquier t&iacute;tulo      con que sea ejercido.  Y reposa en la      garant&iacute;a de las  leyes como base de      una sociedad de  hombres libres&raquo;. Por      el contrario, desde  su manifiesto      constitutivo, Los  Leopardos, y luego      el conjunto del  grupo de derechas,      se proclamaban nacionalistas,      reaccionarios, jerarquizantes,      enemigos de la democracia  liberal y      de sus rasgos constitutivos  como el      parlamentarismo  y el sufragio      universal, cuando  no directamente      fascistas, falangistas,  corporativistas      y en algunos casos,  nazis.</font></p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En medio de las controversias en    el partido conservador  sobre asuntos    de doctrina, de  t&aacute;ctica referente a    abstenci&oacute;n o participaci&oacute;n  electoral,    o si como m&eacute;todo  de lucha se deb&iacute;a    acudir a las v&iacute;as  de hecho y a la    llamada leg&iacute;tima  defensa, el grupo    derechista form&oacute;  tolda aparte y cre&oacute;    el partido Acci&oacute;n  Nacionalista    Popular (ANP) bajo  la jefatura de    Alzate Avenda&ntilde;o.  Esta agrupaci&oacute;n    incorpor&oacute; en su  momento, aparte de    algunos de Los Leopardos,  a j&oacute;venes    derechistas de la  nueva generaci&oacute;n,    como Fernando Londo&ntilde;o  Londo&ntilde;o,    Antonio &Aacute;lvarez  Restrepo, Rodrigo    Jim&eacute;nez Mej&iacute;a, Jes&uacute;s  Estrada    Monsalve, Juan Zuleta  Ferrer, Jos&eacute;    Mej&iacute;a y Mej&iacute;a, Daniel  Valois Arce,    los hermanos Jes&uacute;s,  Rafael y Abel    Naranjo Villegas,  entre otros. Todos    ellos eran buenos  escritores y la    mayor&iacute;a excelentes  oradores, e    impusieron un estilo  ret&oacute;rico con    alusiones permanentes  a Grecia y    Roma, por lo cual  fueron denominados greco-latinos,  cuando no, con    guasa, por sus impugnadores,  grecoquimbayas. Su labor  proselitista se    desarroll&oacute; sobre  todo en el occidente colombiano, de donde  proced&iacute;a la    mayor&iacute;a de ellos,  y muy especialmente en el departamento  de Caldas.</font></p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> Los dirigentes de esta agrupaci&oacute;n    se dedicaron a una  permanente    agitaci&oacute;n en la  radio y a trav&eacute;s de    manifestaciones  que cubr&iacute;an las    principales poblaciones  del    Departamento. En  su pr&eacute;dica como grupo aparte del  conservatismo,    exaltaban la figura  de Bol&iacute;var como    caudillo e insist&iacute;an  en los t&oacute;picos que    en ese momento propugnaba  la    extrema derecha  europea, en medio    de un ritual de  himnos falangistas y    saludos fascistas.  Pero su eventual    electorado estaba  compuesto    fundamentalmente  por masas    campesinas, en un  pa&iacute;s donde m&aacute;s    de la mitad de la  poblaci&oacute;n viv&iacute;a en    el campo y en gran  parte era    analfabeta. Por  su parte, el oficialismo conservador moviliz&oacute;  sus cuadros    y sus gentes con  el eficaz apoyo de    los curas en los  pueblos, tal como lo    recordaba, tiempo  despu&eacute;s,    Fernando Londo&ntilde;o  Londo&ntilde;o.    Respecto de los  liberales, como    anot&oacute; Jos&eacute; Mej&iacute;a  y Mej&iacute;a, durante    la instalaci&oacute;n en  Bogot&aacute; del    Comando de extrema  derecha, &laquo;los    ide&oacute;logos de la  derecha exageraban    los homenajes gramaticales  a Bol&iacute;var    mientras que la  izquierda que    escrib&iacute;a mal conquistaba  las masas    trabajadoras del  pa&iacute;s". Por supuesto,    negar el valor conceptual  y la prosa    de los escritos  de Alberto Lleras,    Jorge Zalamea o  Gerardo Molina es    algo m&aacute;s que injusto.  Pero el    diagn&oacute;stico estaba  acorde con la    realidad. El d&iacute;a  de las elecciones el    partido Acci&oacute;n Nacionalista    Popular fue barrido,  sus candidatos    perdieron en los  lugares donde hab&iacute;a    concentrado su campa&ntilde;a  y a duras    penas logr&oacute; un representante  a la    C&aacute;mara y uno a la  Asamblea de Caldas. El partido  liberal obtuvo    592.283 votos, el  conservador    322.825 y el total  de los nacionalistas sum&oacute; 14.246.  Prontamente el    partido se disolvi&oacute;,  la mayor&iacute;a de sus    dirigentes volvieron  al conservatismo y Alzate Avenda&ntilde;o,  por un    tiempo, se concentr&oacute;  en el ejercicio    de su profesi&oacute;n  de abogado.    </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> Pero si en lo electoral los    nacionalistas fueron  barridos, su    victoria se produjo  en el terreno    ideol&oacute;gico dentro  del partido    conservador. Visto  en perspectiva,    m&aacute;s all&aacute; de los  gestos y los    enunciados, el grupo  de las derechas    no tuvo una fuerte  consistencia. El    caso de Silvio Villegas  es paradigm&aacute;tico. Era nacionalista  a ultranza,    pero cuando se produce  la matanza    de las bananeras  exalta las bondades    de la empresa extranjera  y toma    partido por ella,  y cuando el ministro    Jos&eacute; Antonio Montalvo  expide    medidas para la  protecci&oacute;n del    subsuelo frente  a los monopolios    petroleros, lo ataca.  Fue un admirador de Charles Maurras  y sus primeras fuentes doctrinales  las deriv&oacute; de    ese escritor. Pero,  para poder asumir    la direcci&oacute;n de  El Deber, un peri&oacute;dico de la  curia, abjura de dicho    autor. En incontables  art&iacute;culos y en    su libro <i>No Hay Enemigos a la    Derecha</i>, de 1936, hizo con    frecuencia el elogio  de Mussolini y    de su estilo y pr&aacute;cticas  de gobierno,    pero en un momento  de uni&oacute;n con el partido conservador reniega de esa posici&oacute;n. Sin embargo,  en el    conservatismo las  tesis nacionalistas    de extrema derecha  se fueron    imponiendo al impulso  de las    simpat&iacute;as con los  reg&iacute;menes de    Franco y Oliveira  Salazar. El    Aquilino Villegas  civilista es el que    propone la leg&iacute;tima  defensa como    arma de acci&oacute;n pol&iacute;tica,  el mesurado    Ospina P&eacute;rez es  el que en forma    elegante y discreta,  como era su    estilo, apoya a  los j&oacute;venes nacionalistas. El Laureano  G&oacute;mez, autor de    <i>El Cuadril&aacute;tero</i>, obra en la que critica    a Mossolini y a  Stalin por totalitarios, es el que  desde el gobierno    promueve la Asamblea  Constituyente para producir  una Constituci&oacute;n de resonancias  corporativistas. Alzate Avenda&ntilde;o  dec&iacute;a en    1939: &laquo;Yo no creo  en las virtudes    del sufragio inorg&aacute;nico,  ni reconozco    que la voluntad  de la Naci&oacute;n emane    de un escrutinio  parecido a un censo    pecuario&raquo;. El eco  de esas posiciones    resuena amplificado  en palabras del    presidente Laureano  G&oacute;mez con    motivo de la reforma  constitucional    propuesta por su  gobierno: &laquo;El    sufragio universal  inorg&aacute;nico y    generalizado interviniendo  en toda    la vida social para  definir la    direcci&oacute;n del Estado,  contradice la    naturaleza de la  sociedad&raquo;. En    palabras de Alzate,  al clausurar la    Convenci&oacute;n de su  partido Acci&oacute;n </font> </p>   <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Nacionalista Popular:  "el movimiento se estructura  en forma      piramidal, cuya  base son militantes      y cuyo v&eacute;rtice es  la jerarqu&iacute;a&raquo;. El      Laureano G&oacute;mez de  1951 iba m&aacute;s      all&aacute;, pues retorna  estos conceptos      jerarquizantes,  no ya para el partido    sino para el conjunto  de la sociedad:</font>  </p>     <p>&nbsp;</p>       <blockquote><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">la sociedad semeja  una pir&aacute;mide      cuyo v&eacute;rtice ocupa  el genio, si existe      en un pa&iacute;s dado,  o individuo de      calidad destacad&iacute;sima  por sus      condiciones intelectuales  [&hellip;] Por      debajo encu&eacute;ntranse  quienes, con      menos capacidades,  son m&aacute;s      numerosos. Contin&uacute;a  as&iacute; una      especie de estratificaci&oacute;n  de capas      sociales, m&aacute;s abundantes  en      proporci&oacute;n inversa  al brillo de la      inteligencia, hasta  llegar a la base,      la m&aacute;s amplia y  nutrida, que soporta      toda la pir&aacute;mide  y est&aacute; integrada por      el oscuro e inepto  vulgo, donde la      racionalidad apenas  aparece para      diferenciar los  seres humanos de los      brutosa <sup><a name="p1" id="p1"></a><a href="#1">1</a></font>.      </p>   </blockquote> </p>     <p>  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Una de las tesis  m&aacute;s audaces de      este trabajo, pero  en mi opini&oacute;n      fuertemente controvertible,  se      refiere al papel  democratizador que      el profesor Ayala  le asigna a este      grupo nacionalista.  En sus palabras,      la Acci&oacute;n Nacionalista  Popular    &laquo;dec&iacute;a ir en contra  de la democracia,      pero cada uno de  los pasos que daban      sus caudillos, por  escrito o verbalmente la enriquec&iacute;an&raquo;.  El tema      amerita que nos  detengamos un      poco en este asunto  y que consignemos algunas de las  opiniones que al      respecto aparecen  en el trabajo: </font> </p>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">         ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>Era una paradoja:  la derecha que se      expresaba desde  la sensibilidad      leoparda jalonaba  la democracia en      el pa&iacute;s, quer&iacute;an  llevar al conservatismo y a la ANP  a la participaci&oacute;n      electoral, principio  y fin de la      democracia occidental,  luchaban      por conquistar una  democracia      interna en el partido  conservador      (Cap XII).     </blockquote>   </font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">     <blockquote> Que la supuesta  extrema derecha      del partido pidiera  democracia      interna y autocr&iacute;tica  nos resulta      parad&oacute;jico, pero  era la realidad. Los      j&oacute;venes nacionalistas  luchaban por      eso, es decir un  partido Conservador democr&aacute;tico  con voz y voto para      su militancia. (Cap&iacute;tulo  XIII)      para el nacionalismo  la democracia      era la abolici&oacute;n  de los privilegios y      la justiciera posesi&oacute;n  de bienes. Era      pues, el momento  para desarrollar,      por fin, en Colombia  el pensamiento primoriverista  (de Primo de  Rivera). (Cap&iacute;tulo  XIV).<font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">   </font></blockquote>   </font><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <blockquote> Frente a la democracia  formal o      representativa,  Alzate profundiz&oacute; la      tesis nacionalista  de la democracia      funcional, en la  cual el Estado fuera      la doctrina en Acci&oacute;n  [&hellip;] al      fracasado Estado  liberal deber&iacute;a      suceder el Estado  Corporativo, que      reglamentar&iacute;a los  oficios, sobre el      encuadramiento profesional,  en      organismos corporativos  (Cap&iacute;tulo      XV). Podemos concluir  que desde la          derecha de los a&ntilde;os  treinta se          contribuy&oacute;, a veces  por el camino          de la negaci&oacute;n a  sostener el proceso          democr&aacute;tico que  permiti&oacute; que la          Revoluci&oacute;n en Marcha  tuviera otra          oportunidad. (Cap&iacute;tulo  XV).</blockquote>   </font>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En las querellas  por el mando en      el conservatismo,  los nacionalistas      impugnaban la direcci&oacute;n  y los      m&eacute;todos de Laureano  G&oacute;mez, hasta      el punto de que  alguno de ellos dijo      que se trataba de  una disciplina para      perros. Por eso  ped&iacute;an participaci&oacute;n      y una democracia  interna que su      concepci&oacute;n pol&iacute;tica  negaba para la      sociedad. El llamamiento  a elecciones dentro de su  partido, lo que      implicaba era el  uso circunstancial      de una forma de  acceder a la direcci&oacute;n. Respecto de  la participaci&oacute;n      electoral para el  manejo del pa&iacute;s,      sobre lo cual ten&iacute;an  una profunda      desconfianza, no  fue un asunto de      principios y, seg&uacute;n  las conveniencias, unas veces  optaron por la      participaci&oacute;n y  otras por la abstenci&oacute;n beligerante.  Para Alzate &laquo;el      sufragio o la insurrecci&oacute;n,  la      conquista electoral  del Reich o la      marcha sobre Roma,  no dependen      de la doctrina sino  de las circunstancias. No hay  que confundir las formas con la esencia&raquo;.  Es bueno      recordar que Mussolini  utiliz&oacute; las      elecciones como  medio y que el      partido de Hitler  lleg&oacute; al poder en      elecciones, sin  que eso desdibujara      el manifiesto y  expreso car&aacute;cter antidemocr&aacute;tico  de esos reg&iacute;menes.      Ahora bien, cuando  los nacionalistas definieron  la democracia le      dieron un contenido  corporativista.      En su momento los  nacionalistas,      por convicci&oacute;n,  no se reclamaban      dem&oacute;cratas. Con  ello se diferenciaban de otras vertientes  pol&iacute;ticas. Y      mal podr&iacute;a ser de  otra manera      cuando sus puntos  de referencia eran      los reg&iacute;menes que  negaban la      democracia en la  pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica,      en Italia o en Alemania.  Suena      audaz expresar que  sosten&iacute;an la      democracia por v&iacute;a  de la negaci&oacute;n. </font> </p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> En el per&iacute;odo a que se refiere este      libro, la controversia  pol&iacute;tica por lo      regular estaba cargada  de agresividad. El cambio que  se produjo en      1930 con la ca&iacute;da  del partido      conservador y la  llegada al poder del      liberalismo, sirvi&oacute;  de caldo de      cultivo para aumentar  la beligerancia. Casi nadie  pensaba que el      r&eacute;gimen conservador  iba a tocar su      fin. Los conservadores  estaban      acostumbrados a  gobernar en el      entendido de que  al liberalismo se      le asignaba una  cuota burocr&aacute;tica de      tanto en tanto.  Por su parte, el      liberalismo se hab&iacute;a  acostumbrado      a esta situaci&oacute;n  y la pol&iacute;tica de      muchos de sus dirigentes  estaba      encaminada a las  alianzas con el      sector vencedor  en el conservatismo,      para poder reclamar  la cuota. En      1930 los liberales  se encontraron      con el poder y los  conservadores con      que ya no lo ten&iacute;an.  Como alguien anot&oacute;, los liberales  creyeron que lo      hab&iacute;an ganado todo  y los conservadores pensaron que  nada hab&iacute;an      perdido. La situaci&oacute;n  de transici&oacute;n      y de ajuste fue  dura, estuvo signada      por la pugnacidad  en el Parlamento,      en la prensa y en  la plaza p&uacute;blica, y      en algunas regiones  especialmente      rurales se presentaron  episodios de      violencia. En el  partido de gobierno      los cambios comenzaron  con Olaya,      se aceleraron con  L&oacute;pez durante la      Revoluci&oacute;n en Marcha  y se      estabilizaron con  Santos. Ante las      transformaciones,  el conservatismo      desarroll&oacute; una oposici&oacute;n  implacable.      Como se consigna  en este libro:    &laquo;Nada le reconocieron  los Leopardos al liberalismo.  Nada tampoco le      hab&iacute;a reconocido  Aquilino Villegas,      representante de  la generaci&oacute;n      anterior: ni hombres  probos, ni      ide&oacute;logos, ni programas,  ni presente,      ni futuro". </font> </p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Lo anterior viene  a cuento        porque el profesor  Ayala introduce        en su investigaci&oacute;n  el tema de la        violencia para explicar  los cambios        en el mapa electoral  a partir de 1930:      &laquo;dram&aacute;tica y remota  &eacute;poca, en la        que Colombia de  conservador se convirti&oacute; en pa&iacute;s  liberal. Abordamos        los mecanismos por  medio de los        cuales se lleg&oacute;  a ese tr&aacute;nsito.        Sostenemos y constatamos  que los        inicios de la violencia  que        caracteriz&oacute; al siglo  XX colombiano,        provienen de all&iacute;&raquo;.  &laquo;El abuso de        poder de los liberales  adquiri&oacute; los distintivos de una  revancha sin        l&iacute;mites&raquo;. Esta idea  se repite varias        veces y vuelve en  el cap&iacute;tulo de        conclusiones: &laquo;tuvimos  entre otros        prop&oacute;sitos en este  libro contar, para        unos, y recordar  para otros, que la        violencia colombiana  empez&oacute; de        manera s&oacute;lida y  sostenida con el        advenimiento del  liberalismo al        poder&raquo;. </font> </p>         <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Para el profesor  Ayala la violencia fue un factor  fundamental para            el cambio en la  composici&oacute;n            electoral registrado  durante la            Rep&uacute;blica Liberal.  No se trata, por            supuesto, de participar  en un            ejercicio macabro  e inconducente de            recriminaciones  y exoneraciones,            pues evidentemente  en las luchas            guerreras del siglo  XIX y en las            confrontaciones  del siglo XX ambas            colectividades llevan  su cuota de            responsabilidad.  Pero es preciso            matizar las afirmaciones  del profesor            Ayala en este campo.  Entre las            causas del clima  de violencia habr&iacute;a            que tener en cuenta  que la intemperancia verbal, la  descalificaci&oacute;n del            oponente y la visi&oacute;n  del contradictor            como enemigo, contribuyeron            decisivamente a  la violencia. Como            anota el profesor  Ricardo Arias            Trujillo en un interesante  libro sobre            los Leopardos, publicado  por la            Universidad de los  Andes: </font>         </p>   </p>         <blockquote>           <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El traslado de la  obra de la Acci&oacute;n          Francesa a Colombia  no fue selectivo. En el equipaje  lleg&oacute; tambi&eacute;n          el lenguaje de la  violencia y el          veneno pol&iacute;tico  [...] Los Leopardos          tuvieron una alta  cuota de          responsabilidad  en todo este          dram&aacute;tico proceso.  Jugaron con          candela, y lo siguieron  haciendo          durante los diez  y seis a&ntilde;os de          gobierno liberales,  y el pa&iacute;s estall&oacute;        efectivamente en  llamasa <sup><a name="p2" id="p2"></a><a href="#2">2</a></sup></font>.</p>     </blockquote>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Es cierto que a  partir de las        elecciones de 1930  la composici&oacute;n        electoral fue variando,  pero es        exagerado el peso  que se le da para        explicar ese cambio  a hechos        espor&aacute;dicos de violencia,  que de        ninguna manera correspond&iacute;an  a        una pol&iacute;tica oficial.  En los cambios        en la composici&oacute;n  electoral obraron        otros factores determinantes.  Ante        todo, que el liberalismo  ven&iacute;a        desarrollando un  trabajo con las        masas populares,  con los nuevos        sectores que estaban  surgiendo,        como el proletariado  y las clases        medias. Desde el  Estado se llevaban        a cabo profundas  transformaciones        y las administraciones  liberales        adelantaron pol&iacute;ticas  especialmente        atractivas para  los sectores populares: Reforma Constitucional,  Ley de        Tierras, reforma  tributaria, apoyo al        sindicalismo, Universidad  Nacional        y pol&iacute;tica educativa,  etc. Con el tiempo, muchos de  los impugnadores        de la obra liberal,  especialmente la de L&oacute;pez Pumarejo,  le hicieron su        reconocimiento.  Mientras el        liberalismo en el  gobierno se        fortificaba, el  conservatismo no        atinaba a definir  su rumbo. La        cohesi&oacute;n que logr&oacute;  el partido liberal        en el gobierno le  permiti&oacute; arbitrar        entre sus diferentes  tendencias e        incluir, en el partido  y en el servicio        del Estado, a una  generaci&oacute;n de        j&oacute;venes brillantes  que ven&iacute;an de        diferentes vertientes  ideol&oacute;gicas, as&iacute;      como a nuevos sectores  sociales. Por      otra parte, la pol&iacute;tica  de abstenci&oacute;n        priv&oacute; al conservatismo  de una        tribuna y de un  medio de influencia        en el manejo del  Estado y la oposici&oacute;n a ultranza  le enajen&oacute; muchas        voluntades. Cuando  el partido        conservador rectific&oacute;,  se encontr&oacute;      con que hab&iacute;a perdido  parte del        electorado que apoyaba  opciones        con resultados. </font> </p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En la investigaci&oacute;n para este    tomo, el profesor  Ayala ha    desarrollado una  labor tit&aacute;nica para    reconstruir el pensamiento  y la acci&oacute;n de Alzate  Avenda&ntilde;o en la    primera fase de  su vida. Seguramente    en los otros dos  tomos que anuncia,    se ver&aacute; un Alzate  m&aacute;s matizado en    sus posiciones.  Como aparece en    este libro y como  ocurri&oacute; durante    todo el transcurso  de su vida pol&iacute;tica,    Gilberto Alzate  Avenda&ntilde;o fue un    hombre de ideas,  un luchador, un    gran polemista.  En el cap&iacute;tulo    introductorio se  anota: &laquo;No fue Alzate un godo a mansalva,  escondido    o clandestino: no  se aisl&oacute; de los    procesos hist&oacute;ricos  a los que convocaba su &eacute;poca: estuvo  junto a los    anhelos de los estudiantes  primero,    y confluy&oacute; con todos  sus pares en la    vida profesional.  Conoc&iacute;a indistintamente a todos  los intelectuales y    pol&iacute;ticos colombianos  de la &eacute;poca y    todos ellos lo reconoc&iacute;an  como    amigo&raquo;. Lo anterior  puede explicar    que, con criterio  acad&eacute;mico, se me    hubiera invitado  a escribir, desde    una orilla ideol&oacute;gica  opuesta, estas  consideraciones </font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>Notas al pie</b>    </font></p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><sup><a name="1" id="1"></a><a href="#p1">1</a></sup> Restrepo Piedrahita,  Carlos (1976) 25 a&ntilde;os de evoluci&oacute;n pol&iacute;tico-institucional,  1950-1975. Bogot&aacute;, Universidad Externado      de Colombia, p.  21. </font></p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><sup><a name="2" id="2"></a><a href="#p2">2</a></sup> Este interrogante,  aunque parece dejar en punta la reflexi&oacute;n en el texto, lo que pretende es establecer  la posibilidad        de pensar un individuo  caracterizado antropol&oacute;gicamente con cualidades distintas a las atribuidas por Hobbes.  En tal        caso, semejante reflexi&oacute;n ser&iacute;a objeto de otro trabajo</font></p>         <p>&nbsp;</p>      ]]></body>
</article>
