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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Giraldo, Jorge y Molina, Jerónimo (Eds., 2008) Carl Schmitt: Derecho, política y grandes espacios. Medellín, Sepremu &ndash; Fondo editorial Universidad Eafit, 207 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="4"><b>Giraldo, Jorge y Molina, Jer&oacute;nimo (Eds., 2008) <i>Carl Schmitt: Derecho, pol&iacute;tica y grandes espacios.</i> Medell&iacute;n, Sepremu &ndash; Fondo editorial Universidad Eafit, 207 pp. </b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align=""><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Iv&aacute;n Orozco Abad</b> </font></p>     <P align=""><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><a href="mailto:iorozco@uniandes.edu.co">iorozco@uniandes.edu.co</a> </font></p>   <hr />     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Para mi es un honor comentar este que, seg&uacute;n entiendo, es el primer libro colectivo que se publica en Colombia sobre la obra del autor alem&aacute;n Carl Schmitt, titulado "Derecho, Pol&iacute;tica y Grandes Espacios", editado por Jorge Giraldo y Jer&oacute;nimo Molina bajo los auspicios de la Sociedad de Estudios Pol&iacute;ticos de la Regi&oacute;n de Murcia y por la Universidad EAFIT. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">2. Basta echar una mirada a la rese&ntilde;a de autores y a sus procedencias para constatar que, a pesar de que no es &eacute;sta una compilaci&oacute;n excesivamente voluminosa, se trata sin embargo de una obra altamente plural en lo que ata&ntilde;e a las procedencias de los que escriben. Autores alemanes, espa&ntilde;oles, italianos y colombianos con posturas e intereses tem&aacute;ticos muy diversos se juntan para disertar sobre la vida y obra del "Benito Cereno del derecho p&uacute;blico europeo", como Schmitt mismo lleg&oacute; a denominarse, apelando a una caracterizaci&oacute;n un tanto estilizada y victimizada de s&iacute; mismo. Los une la conciencia compartida de que nuestro autor se ha convertido ya, sin duda, en un "cl&aacute;sico". Condici&oacute;n esta que ha sido probada, de acuerdo con Molina, por "el desconocimiento y la algarab&iacute;a bibliogr&aacute;fica" que desde hace ya varias d&eacute;cadas gravitan en torno suyo. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La paleta de los temas tratados es amplia: </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Antonio Caracciolo y Jer&oacute;nimo Molina se ocupan sobre todo de aspectos pol&eacute;micos de la biograf&iacute;a, as&iacute; como del impacto de la obra de Schmitt, con lo cual nos ofrecen elementos necesarios de contexto para el entendimiento de los escritos de un ensayista que cre&iacute;a que todo pensamiento f&eacute;rtil, incluido el suyo propio, es un pensamiento situado y pol&eacute;mico. Mientras Caracciolo reivindica a Schmitt a trav&eacute;s del rescate contextual y erudito de una obra tenida por menor y hasta vergonzosa como fueron las "Posiciones y Conceptos en la Confrontaci&oacute;n con Weimar &ndash;Ginebra- y Versalles", aparecidos por primera vez en 1940, Molina hace lo propio poniendo en rid&iacute;culo la variopinta panoplia de sus detractores espa&ntilde;oles.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">2. Saul Echavarr&iacute;a, por su parte, acaso siguiendo la huella de helenistas schmittianos ilustres como Christian Maier, rastrea, de manera no sistem&aacute;tica pero s&iacute; muy ilustrativa, los antecedentes hist&oacute;ricos remotos de conceptos tan fundamentales en la obra de Schmitt como son el enemigo y la guerra civil. Ley&eacute;ndolo, tiene uno la impresi&oacute;n de que autores como Homero, Tucidides, Plat&oacute;n y Agust&iacute;n, much&iacute;simo m&aacute;s que buena parte de los pensadores contempor&aacute;neos de la seguridad, tan propensos a identificar riesgos y peligros abstractos y sin sujeto, ten&iacute;an la voluntad de verdad que se requiere para encarar dichos asuntos. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">3. De otro lado, Gunter Maschke indaga, con la erudici&oacute;n propia de un editor meticuloso y reverente pero capaz de distancia cr&iacute;tica, por los motivos teol&oacute;gicos, jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos del antiliberalismo Schmittiano; mientras Jorge Giraldo, en una perspectiva muy colombiana, de ciudadano y acad&eacute;mico preocupado por la inhumanidad creciente de la guerra que hace ya m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas azota nuestro pa&iacute;s, explora, sobre todo a partir de la teor&iacute;a del partisano, los aportes de Schmitt a la adecuada conceptualizaci&oacute;n y el acotamiento de las llamadas nuevas guerras. La oposici&oacute;n entre Nomos y Norma, entre un derecho incardinado y un derecho abstracto y universal, le sirven de base a Giraldo, para recordarnos, en clave schmittiana, que tanto el cosmopolitismo marxista como el liberal, con sus l&oacute;gicas criminalizantes, resultan altamente proclives al desencadenamiento de peligrosas enemistades absolutas. Parecer&iacute;a, seg&uacute;n ello, que la Guerra Fr&iacute;a, como guerra civil planetaria, y a&uacute;n las grandes guerras subsecuentes de la era Bush no han sido sino otros tantos an&aacute;logos grotescos de las guerras civiles confesionales que en otro tiempo golpearon el orbe cristiano. Abolido el <i>jus publicum europaeum</i>, la premodernidad y la posmodernidad se miran la una a la otra en un juego de espejos. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">4. Por &uacute;ltimo, en la Tercera Parte de Libro, la que tiene, sin lugar a dudas, mayor unidad tem&aacute;tica, Alain de Benoist, Stephen Launay, Jos&eacute; Toro y Carolina Ariza, estudian al Schmitt hasta hace poco tiempo m&aacute;s ignorado, el internacionalista, el gran representante de la primera escuela realista de las relaciones internacionales. El nomos telurizado de la tierra, con sus ya cl&aacute;sicas guerras inter-estatales, y su abandono a trav&eacute;s de las guerras del mar y del aire, as&iacute; como el asunto de los nuevos imperios, el de los llamados Grandes Espacios con sus potencias protectoras, y el de las Federaciones, como otras tantas respuestas posibles a la crisis terminal de los estados soberanos de la modernidad pol&iacute;tica en tiempos de acelerada globalizaci&oacute;n y de fragmentaci&oacute;n, son aqu&iacute; el foco de inter&eacute;s. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Se trata de ensayos muy dispares en lo que ata&ntilde;e a su orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica, a tama&ntilde;o y a su densidad anal&iacute;tica, pero que en su conjunto logran reflejar el arco inmenso de las preocupaciones schmittianas, que en clave hist&oacute;rica se extienden desde los comienzos m&iacute;ticos hasta el fin apocal&iacute;ptico de los tiempos, vale decir, desde el G&eacute;nesis, cuando Ca&iacute;n asesina a su hermano Abel e inaugura con ello la historia de las guerras civiles y fratricidas, hasta los d&iacute;as, acaso todav&iacute;a por venir, en que un liberalismo hegem&oacute;nico y globalizante, que oculta la enemistad y la pol&iacute;tica bajo un lenguaje criminalizante y policivo, anuncia nuevas cruzadas sangrientas, desplegadas en nombre de la paz perpetua y de una abstracta Humanidad. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Dada la enorme diversidad de los temas tratados en ellos, no puedo abordar los ensayos que integran este libro con igual profundidad y detalle. Tampoco querr&iacute;a hacer una selecci&oacute;n caprichosa de los mismos. Acaso ni lo uno ni lo otro llenar&iacute;an las expectativas de quienes generosamente me invitaron a hacer esta presentaci&oacute;n. Por eso, y en lo que ata&ntilde;e a la rese&ntilde;a de los textos, que baste lo dicho. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">A diferencia de varios de los autores que en este libro se congregan, no he sido un estudioso sistem&aacute;tico de la obra de Carl Schmitt. Mi relaci&oacute;n con ella ha sido acaso igual de intensa pero m&aacute;s utilitaria. La obra de Schmitt ha sido para m&iacute;, antes que nada, una "caja de herramientas". En contrav&iacute;a de lo advertido por Mashcke en el sentido de que la obra de Schmitt no puede ser, ni "desconcretizada" ni "deshistorizada" sin riesgo de peligrosas deformaciones, debo confesar que, casi siempre, desde mis tiempos de estudiante en Mannheim y Maguncia, me he acercado a ella, una y otra vez, o bien por el puro placer est&eacute;tico que me proporciona su prosa elegante y misteriosa, o en busca de instrumentos conceptuales y anal&iacute;ticos que me permitan entender y juzgar mejor el mundo y el pa&iacute;s en que vivo. A diferencia de Mashcke, creo que precisamente porque las posiciones y conceptos de Schmitt est&aacute;n profundamente arraigados en las realidades pol&iacute;ticas de su tiempo, su apropiaci&oacute;n por parte de otros, habitantes de otro tiempo y de otros lugares, no puede ser sino libre y creativa. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Literalmente me top&eacute; con ella a mediados de los ochenta, sin buscarla, mientras deambulaba por los s&oacute;tanos de la biblioteca de la facultad de derecho de la universidad de Mannheim, a la caza de autores y de escritos que me permitieran abordar en forma adecuada el tema de mi disertaci&oacute;n: la historia jur&iacute;dico-pol&iacute;tica de las guerras del siglo XIX colombiano. Repasando anaqueles con la mirada vertiginosa de los estudiantes desesperados, descubr&iacute;, en su edici&oacute;n de 1932, un ejemplar empolvado del "Concepto de lo Pol&iacute;tico". As&iacute; comenz&oacute; todo. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Entonces me hallaba en una crisis profunda de orientaci&oacute;n acad&eacute;mica. No sab&iacute;a como continuar mi trabajo. Mi doctor- pap&aacute;, a pesar de ser un hombre muy culto, no distingu&iacute;a entre Colombia y Bolivia y por supuesto, no inclu&iacute;a &ndash;como casi nadie en la Alemania de los ochenta- la obra de Schmitt entre su lecturas can&oacute;nicas. Pero ni Kelsen, ni Heller, ni Jellinek, y much&iacute;simo menos los grandes constitucionalistas de la pujante y muy desnacificada Rep&uacute;blica Federal de Alemania me dec&iacute;an nada relevante para el entendimiento del tr&oacute;pico decimon&oacute;nico. Me sent&iacute;a bruto y perdido. Pero despu&eacute;s de dos meses encerrado en un apartamento en Par&iacute;s leyendo sus obras y reflexionando a partir de ellas sobre los avatares y el sentido de nuestra historia pol&iacute;tica, regres&eacute; a Alemania, cambie de director de tesis, cambi&eacute; de universidad, cambi&eacute; de facultad, cambi&eacute; de lugar de residencia, y -como los iluminados- , ya no me par&eacute; del escritorio hasta que acabe de escribir mi muy sufrida disertaci&oacute;n. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&iquest;Qu&eacute; cosas entend&iacute; leyendo a Schmitt?</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Me limito a enunciar algunas pocas ideas que han ocupado un lugar central en mi visi&oacute;n de la historia y en general, de la realidad jur&iacute;dico-pol&iacute;tica colombiana. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Entend&iacute;, por ejemplo, que el liberalismo radical colombiano, a diferencia del continental europeo, no cumpli&oacute; la funci&oacute;n de ponerle l&iacute;mites a la arbitrariedad del Estado absolutista, sino m&aacute;s bien la de evitar la emergencia temprana y la de retardar la formaci&oacute;n de un Estado central post-independentista republicano, de manera que pudo desplegar aqu&iacute;, mucho m&aacute;s que en el viejo continente, todo su potencial anarquizante. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">2. Entend&iacute; tambi&eacute;n que la Constituci&oacute;n de Rio Negro fue establecida como una especie de limbo entre un Estado Federal y una Confederaci&oacute;n de estados, y que su art&iacute;culo 93, mediante el cual se introdujo el derecho de gentes como criterio para la regulaci&oacute;n de los conflictos internos, era la expresi&oacute;n de una peculiar din&aacute;mica de internacionalizaci&oacute;n del espacio pol&iacute;tico interior, en circunstancias de primado de la pol&iacute;tica &ndash;y la guerradom&eacute;stica. De manera an&aacute;loga a como hab&iacute;a operado en el concierto europeo, as&iacute; tambi&eacute;n en la Colombia de mediados del s. XIX, el derecho cl&aacute;sico de los conflictos armados estuvo llamado a preservar el equilibrio inter-regional y a impedir el ascenso de poderes hegem&oacute;nicos centralizantes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">3. Entend&iacute; que la llamada "guerra de los mil d&iacute;as", la cual devast&oacute; nuestro pa&iacute;s durante el cambio del siglo XIX al XX, represent&oacute; un dram&aacute;tico punto de quiebre en el proceso de formaci&oacute;n del Estado central. A partir de la derrota de los ej&eacute;rcitos regulares del liberalismo, la guerrilla dej&oacute; de ser un dispositivo auxiliar de los ej&eacute;rcitos y con ello, una forma de combatir, para convertirse en una forma aut&oacute;noma de hacer la guerra. Desde entonces y hasta el presente, la asimetr&iacute;a creciente de poder entre el Estado central y sus opositores armados internos hizo imposible en el &aacute;mbito interno, por lo menos en forma sostenida, la guerra regular. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">4. Y ni que decir de lo &uacute;til que me result&oacute; Schmitt para el entendimiento de los fen&oacute;menos de criminalizaci&oacute;n y descriminalizaci&oacute;n legal y moral del enemigo interior por parte de los legisladores extraordinarios y de excepci&oacute;n a trav&eacute;s de la larga historia de las violencias colombianas. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La lista de mis deudas podr&iacute;a continuar. Mirado en perspectiva, acaso el mayor m&eacute;rito de mi trabajo no consisti&oacute; entonces sino en haberme encontrado comparativamente muy temprano con el pensamiento schmittiano y haberle sacado provecho para el entendimiento de las realidades de nuestro pa&iacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">A pesar de que siento profunda simpat&iacute;a por los planteamientos del Profesor Launay en torno a una lectura ambivalente de Schmitt, como a la vez liberal y antiliberal, no comparto su juicio en el sentido de que habitamos "un tiempo de cultura antiliberal dominante". Creo, por el contrario, que el Liberalismo ha sabido cobrar con creses los r&eacute;ditos de haber salido vencedor en la Guerra Fr&iacute;a. En eso, a pesar del 11 de septiembre, sigue teniendo raz&oacute;n el se&ntilde;or Fukuyama. Pero precisamente por ello, creo tambi&eacute;n que est&aacute; en lo cierto el Profesor Caracciolo, cuando afirma que la hostilidad de los odiadores de Schmitt se debe en buena medida a que su obra, acaso sobre todo por lo que tiene de antiliberal, "ofrece c&aacute;nones de interpretaci&oacute;n de la historia contempor&aacute;nea bastante inquietantes". Y es que el nuevo Humanismo liberal suele exigir militancia, y no acepta la distancia cr&iacute;tica. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Como complemento a las cosas altamente inquietantes ya dichas o sugeridas por los autores del libro que aqu&iacute; presento, quiero todav&iacute;a traer a cuento, en versi&oacute;n personal, algunas de esos diagn&oacute;sticos y f&oacute;rmulas, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino muy schmittianos, y que ofrecen miradas irreverentes y luminosas sobre temas peligrosamente oscurecidos por la sacralizaci&oacute;n y el alto consenso.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Hoy constituye un lugar com&uacute;n afirmar que, como ya lo pronosticara Schmitt en su famoso pr&oacute;logo de 1963 a la edici&oacute;n de 1932 del "Concepto de lo Pol&iacute;tico", la era de gloria del Estado territorial soberano ha llegado a su fin. Debemos reconocer, sin embargo, que las categor&iacute;as que lo fundaron siguen llevando una poderosa existencia inercial, a pesar de las profundas transformaciones pol&iacute;ticas que ha tra&iacute;do consigo la globalizaci&oacute;n. Sigue teniendo raz&oacute;n Schmitt. Por lo menos en lo que ata&ntilde;e a ese tema enorme que es el de la seguridad, el gran paradigma del Estado y del derecho modernos no hay que buscarlo en el siglo XX sino en el siglo XVIII. Resulta dram&aacute;tico ver como, todav&iacute;a hoy, en el &aacute;mbito internacional, doctrinas como la de la "seguridad-preventiva- global", agenciadas por las grandes potencias, pero sobre todo por los Estados Unidos, deben enfrentar la resistencia cerrada de buena parte de los estados del segundo y del tercer mundo, apuntalados para ello en las viejas figuras alrededor de las cuales se articul&oacute; la seguridad del Estado moderno temprano absolutista. Baste observar, en tal sentido, como en el seno de la OEA, Am&eacute;rica Latina, casi en pleno, se opuso recientemente, en nombre del viejo principio de la soberan&iacute;a territorial, al operativo militar mediante el cual el ej&eacute;rcito colombiano dio de baja a Ra&uacute;l Reyes en territorio ecuatoriano. Y lo que es todav&iacute;a m&aacute;s ilustrativo, a&uacute;n la nuevas guerras desplegadas por las grandes potencias en nombre de la seguridad global, deben ser caracterizadas, en buena medida, mediante el colapso de las categor&iacute;as policivo-punitivas y pol&iacute;tico-militares, alrededor de las cuales se articulaban el adentro y el afuera del derecho estado-c&eacute;ntrico de la modernidad estatal temprana. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">2. Haci&eacute;ndole honor al gran te&oacute;rico de la Constituci&oacute;n que fue Schmitt me digo: han pasado casi veinte a&ntilde;os desde cuando en el marco de la Constituci&oacute;n de 1991 se cre&oacute; la Corte Constitucional. Es cierto que las primeras generaciones de jueces constitucionales nos dejaron como herencia, por lo menos en materia de orden p&uacute;blico y de seguridad interior, una jurisprudencia dominantemente liberal. Podr&iacute;a suceder, sin embargo, que ahora, cuando las sucesivas reelecciones del Presidente de la rep&uacute;blica han desequilibrado a su favor el poder de nominaci&oacute;n de los altos jueces, termine por tener raz&oacute;n Schmitt con su advertencia sobre el peligro de que las altas cortes, erigidas en guardianes de las constituciones, practiquen una verdadera "tiran&iacute;a de los valores". Y es que en contextos de alta turbulencia pol&iacute;tica y de hegemon&iacute;a de valores conservadores, las modernas jurisprudencias de ponderaci&oacute;n pueden conducir, sin duda, a la estabilizaci&oacute;n dogm&aacute;tica de modelos que establecen el primado del derecho a la seguridad sobre el derecho a la libertad. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">3. Y ahora que el asunto tan de moda de la "Justicia Transicional" ha puesto sobre el tapete el debate sobre las funciones de la pena cabe observar: El derecho penal contempor&aacute;neo suele rendirle tributo a Durkheim a trav&eacute;s del concepto de la "prevenci&oacute;n general positiva", seg&uacute;n el cual, el castigo del delincuente cumple, entre otras, la funci&oacute;n de permitirle al derecho afirmar la comunidad de valores negada mediante el delito y en &uacute;ltimo termino, le permite tambi&eacute;n a los buenos reconocerse como esencialmente distintos de los malos. A trav&eacute;s de Schmitt y de su acendrado catolicismo, entendemos, por el contrario, que el pecado original simboliza una naturaleza degradada compartida por todos los seres humanos y con ello, una cercan&iacute;a profunda entre los buenos y los malos, cercan&iacute;a sin cuya conciencia, el castigo de los malos se convierte en un peligroso ejercicio de "chivo expiatorio". </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">4. Y por &uacute;ltimo, es cierto que Schmitt reserv&oacute; lo mejor de su liberalismo aristocratizante para representarse los escenarios de terminaci&oacute;n negociada de las guerras inter-estatales y fue en cambio muy duro en el tratamiento dom&eacute;stico de la delincuencia pol&iacute;tica. Cabe pensar, sin embargo, que, a contrapelo de las convicciones schmittianas, pero haciendo un uso razonable de sus conceptos, en contextos como el colombiano, de primado de la pol&iacute;tica &ndash;y de la guerra- interior, todav&iacute;a puede resultar provechoso, de cara a una paz negociada, apelar a viejas figuras como la del tratamiento privilegiado del delincuente pol&iacute;tico. Y es que tambi&eacute;n esta figura implica -como la del pecado original pero esta vez en clave liberal- la postulaci&oacute;n de una humanidad compartida entre delincuente pol&iacute;tico y los ciudadanos de bien, y con ello, una suerte de acercamiento emp&aacute;tico entre los partidos armados y una fuerte relativizaci&oacute;n de la enemistad. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Carl Schmitt fue, ciertamente, un hombre profundamente comprometido con las realidades pol&iacute;ticas de su atormentada patria y de su tiempo. Pero precisamente por ello, como s&oacute;lo sucede con los cl&aacute;sicos, las resonancias de su obra se han seguido escuchando y recreando en lugares y tiempos muy distintos del suyo. La obra que aqu&iacute; presentamos es un claro ejemplo de ello. &iexcl;Los invito a leerla!</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&nbsp; </font></p>      ]]></body>
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