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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las mujeres en El último encuentro]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Friendship is the main issue in this novel, one of the Hungarian author Sándor Márai's most remarkable ones; beyond its sheets, a kind of fine-brush painting stands out, in which the features of a true friendship are well-drawn, as well as the strokes that can make that feeling vanish. Looking into the female world that also assists and plays the leading role in The final meeting, is the purpose of this essay. Knowing why the character woman is created by the author to be there in such a necessarily enigmatic way, as in fact the feminine is inside and outside fiction, is an interest joined to the other previously exposed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <font face="Verdana" size="2"> </font>     <P ><font size="4" face="Verdana"><b>Las mujeres en <I>El &uacute;ltimo encuentro</I>* </b></font></P > <font face="Verdana" size="2"></font>     <P ><font size="3" face="Verdana"><b>Women in "The final meeting"</b></font></P > <font face="Verdana" size="2">     <P >&nbsp;</P >     <P   align="" ><b>Judith Nieto</b></P >     <P   align="" ><a href="mailto:junilo@uis.edu.co">junilo@uis.edu.co</a> </P >     <P >Profesora asociada e investigadora,    Escuela de    Filosof&iacute;a, Universidad Industrial    de Santander  (Bucaramanga).</P >     <P ><b>Recibido</b>: febrero 7 de 2009. <b>Aprobado</b>: abril 13 de 2009</P >     <P >*Este texto hace parte de    la investigaci&oacute;n titulada:  "Raz&oacute;n y sentido de lo    humano en la narrativa de    S&aacute;ndor M&aacute;rai", la cual es    auspiciada por la    Vicerrector&iacute;a de Investigaci&oacute;n    y Extensi&oacute;n de la    Universidad Industrial de    Santander (UIS) y realizada    por el grupo de investigaci&oacute;n    <em>Tiempo Cero</em>,    adscrito a la Escuela de    Filosof&iacute;a de la Universidad    Industrial de  Santander.</P > <hr />     <p><b>Resumen</b>: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La amistad es el centro de una de las novelas    m&aacute;s impactantes del escritor h&uacute;ngaro S&aacute;ndor    M&aacute;rai; tras sus p&aacute;ginas sobresale una especie    de pintura con fina pluma, donde quedan bien trazados los rasgos    de una verdadera amistad, tambi&eacute;n las pinceladas que pueden hacer    desvanecer tal sentimiento. Una mirada al mundo femenino    que tambi&eacute;n asiste y protagoniza El &uacute;ltimo encuentro es el prop&oacute;sito    de este texto. Saber por qu&eacute; el personaje mujer en la novela es    creado por el autor para estar all&iacute; de ese modo tan necesariamente    enigm&aacute;tico, como de hecho es lo femenino dentro y fuera de la  ficci&oacute;n, es un inter&eacute;s unido al ya expl&iacute;cito. </p>     <p> <b>Palabras clave</b>:    ficci&oacute;n, mujeres, silencio, secreto, guerra, desencuentro. </p> <hr />     <P >  <b>Abstract</b>:</P >     <P >  Friendship is the main issue in this novel, one    of the Hungarian author S&aacute;ndor M&aacute;rai's most    remarkable ones; beyond its sheets, a kind of    fine-brush painting stands out, in which the features of a true    friendship are well-drawn, as well as the strokes that can make    that feeling vanish. Looking into the female world that also assists    and plays the leading role in The final meeting, is the purpose of    this essay. Knowing why the character woman is created by the    author to be there in such a necessarily enigmatic way, as in fact    the feminine is inside and outside fiction, is an interest joined to  the other previously exposed.</P >     <P ><b>Key words</b>:     fiction, women, silence, secret, war, disencounter.</P > <hr />     <p>&nbsp;</p> </font>     <P ><b><font size="3" face="Verdana">Consideraciones preliminares </font></b></P > <font face="Verdana" size="2"><b><font size="3">La obra de arte literaria y su actualizaci&oacute;n a partir de la recepci&oacute;n </font></b>     <P   align="right" ><I>Un poema puede tener en apariencia, para distintos lectores, significados sumamente distintos, todos ellos diferentes de lo que pens&oacute; el autor </I></P >     <P   align="right" >Eliot </P >     <P >Una mirada adelantada a un conjunto de textos hist&oacute;ricos y literarios en procura de conocer y comprender las representaciones de la figura de la mujer en una novela de S&aacute;ndor M&aacute;rai, demanda tres encuentros concretos: uno con el pasado, otro con la palabra y, el tercero es con la obra de arte literaria<Sup><a name="p1" id="p1"></a><a href="#1">1</a> </Sup>. Un acontecimiento les resulta com&uacute;n: la palabra, pues ninguno de ellos puede ocurrir sin su presencia; es gracias a la capacidad apelativa de &eacute;sta que se capta y comprende lo que sucede en el mundo y en la existencia humana. No hay duda de que la tradici&oacute;n ret&oacute;rica heredada del mundo griego ilustrado permite comunicar el conocimiento de lo verdadero y lo correcto. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >La persistencia de la palabra (<I>logos</I>) a lo largo del tiempo como una de las grandes experiencias de la convivencia humana, ha permitido que se interpele, se escuche y, ante todo, se invoque. La palabra es invocaci&oacute;n, llama en un sentido id&eacute;ntico al de quien atiende a un llamado y establece un v&iacute;nculo entre el o&iacute;r y el entender. Entender equivale a una apertura hacia la dimensi&oacute;n del otro: "ir con el otro" (Gadamer, 2002: 73). Puede tratarse de quien habla para ser escuchado y comprendido. Esto es posible cuando se capta al otro a partir de su decir, directo o en una obra de arte desde el di&aacute;logo interno demandado por la lectura. </P >     <P >Hoy la palabra, bien cotidiana, bien art&iacute;stica, sigue concediendo la posibilidad de captar la existencia humana y lo que de &eacute;sta han construido las ciencias y las artes. Conocer tales construcciones implica un cuidadoso ejercicio de lectura del que depende la comprensi&oacute;n de ese mundo que aparece en palabra e imagen. Dicho ejercicio es todo un acontecimiento complejo, que permite alcanzar la comprensi&oacute;n de lo discursivo o de lo iconogr&aacute;fico, con esto se explica por qu&eacute; la puesta de la lectura requiere una actividad participativa del lector, se necesita: "la intensa cooperaci&oacute;n por parte del receptor, como individuo o como p&uacute;blico, en el encuentro o ante la representaci&oacute;n de la obra de arte, y que no es otra cosa que su respuesta" (Dom&iacute;nguez, 2003: 152). Es en la lectura donde la obra halla su sentido, tambi&eacute;n donde encuentra su raz&oacute;n de ser y su objetividad; la primera tiene lugar en el mundo de la vida y de la segunda se da cuenta en el mundo propio de las ciencias del arte. </P >     <P >El prop&oacute;sito del presente apartado es revisar c&oacute;mo la representaci&oacute;n tiene cabida en la obra de arte. Tal intenci&oacute;n puede alcanzarse si se parte de la teor&iacute;a de la recepci&oacute;n, fundamento de an&aacute;lisis literarios. Labor que conduce a comprender de qu&eacute; manera se da la representaci&oacute;n de la mujer en la novela <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> del escritor h&uacute;ngaro S&aacute;ndor M&aacute;rai. </P >     <P >Los estudios sobre la teor&iacute;a de la recepci&oacute;n no son recientes ni extra&ntilde;os al mundo del arte donde el espectador -receptor- es figura medular, no importa su car&aacute;cter. Es as&iacute; como con excepci&oacute;n del formalismo, el lector-receptor se ha convertido en elemento fundamental. De ello es testimonio la lectura de producciones cl&aacute;sicas como la <I>Ret&oacute;rica</I> y la <I>Po&eacute;tica</I> aristot&eacute;licas cuya orientaci&oacute;n al p&uacute;blico ha dado lugar a los espacios donde es posible expresar lo placentero o lo doloroso del lector o espectador. La apertura al mundo de la catarsis consagr&oacute; la validez de la recepci&oacute;n al momento de buscar el sentido de la obra. Es la recepci&oacute;n un m&eacute;todo b&aacute;sico para apropiarse del sentido de la lectura, el que a su vez permite la comprensi&oacute;n de la obra y la compenetraci&oacute;n con su unidad. </P >     <P >Aqu&iacute; es oportuno un recorrido hist&oacute;rico por la teor&iacute;a que sustenta la metodolog&iacute;a. En el &lsquo;Mayo del 68', las subversiones estudiantiles hicieron eco en las generaciones que presenciaron dichos acontecimientos, as&iacute; como en los campos acad&eacute;micos, cient&iacute;ficos y art&iacute;sticos que activaban el mundo del momento. </P >     <P >Las circunstancias de esta revoluci&oacute;n se prestaban para poner en la escena del &aacute;mbito art&iacute;stico los m&aacute;s diversos malestares, entre ellos, la inconformidad para con el mundo de la cr&iacute;tica alemana. Un reproche ahond&oacute; esta situaci&oacute;n: se cuestion&oacute; el car&aacute;cter poco cient&iacute;fico del trabajo litera-rio adelantado por los comprometidos con dicha materia. El descontento se dirigi&oacute; a impugnar el papel del lector de la obra literaria, considerado como "productor de significado". As&iacute;, en tanto que el autor y la obra gozaban de toda la atenci&oacute;n entre los tres componentes de la comunicaci&oacute;n en materia literaria (autor-obra-lector), el lector era excluido por carecer de historia y no tener un papel fundamental en dicho sistema. </P >     <P >Resultado de esta cr&iacute;tica fue el surgimiento de la llamada teor&iacute;a de la recepci&oacute;n, preocupada por vincular al lector como factor vital dentro del acontecimiento literario: "Afirman los &lsquo;recepcionistas' que la obra literaria por parte del autor no es m&aacute;s que un anteproyecto, mientras el sentido &uacute;ltimo se constituye en la recepci&oacute;n del lector" (Gnutzmann, 1980: 99). Gracias a la intervenci&oacute;n del lector, la obra literaria ya no permanece sometida a la intenci&oacute;n de sentido del autor, es a partir del lector que las obras de arte literario tendr&aacute;n tantos sentidos como receptores. </P >     <P >Se trata de toda una revoluci&oacute;n metodol&oacute;gica y cr&iacute;tica de la lectura, liderada por Roman Ingarden y Hans-Georg Gadamer, adem&aacute;s de la reconocida Escuela de Praga; estudiosos que coincidieron en afirmar que en la obra literaria el centro de estudio no es el texto sino su "concreci&oacute;n". Se traslada, as&iacute;, el an&aacute;lisis del autor y de la obra, al lector. Un claro imperativo ten&iacute;an las nuevas posiciones te&oacute;ricas y de m&eacute;todo: indagar desde la recepci&oacute;n estos cambios y relacionarlos con el proceso hist&oacute;rico; de igual mane-ra, generar en el lector una reflexi&oacute;n orientada a una actitud cr&iacute;tica sobre su actividad de lectura, condicionada por sus propias circunstancias hist&oacute;ricas. </P >     <P >En cuanto a la teor&iacute;a de la recepci&oacute;n, tres corrientes contribuyen a su desarrollo: la ling&uuml;&iacute;stica, la hermen&eacute;utica y la sociol&oacute;gica. La mirada hist&oacute;rica que subyace a dicha propuesta procura atiende a lo planteado por la corriente hermen&eacute;utica aunque no exime la menci&oacute;n de los aspectos fundamentales de las tendencias ling&uuml;&iacute;stica y sociol&oacute;gica. La &uacute;ltima pretende establecer los v&iacute;nculos entre obra y realidad, y entre objeto y receptor, al distinguir el aspecto material y sem&aacute;ntico de la obra literaria, adem&aacute;s del est&eacute;tico. </P >     <P >Las tareas de la cr&iacute;tica literaria, seg&uacute;n Vodicka, son: "El an&aacute;lisis de la obra literaria en su contexto hist&oacute;rico y su eco en &eacute;pocas posteriores" (citado en Gnutzmann, 1980: 100). Los acontecimientos de orden hist&oacute;rico y social no pueden abandonarse al momento de la revisi&oacute;n de una obra literaria; su posible contenido impl&iacute;cito es vital para el hallazgo de los sentidos.</P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P > La cr&iacute;tica sociol&oacute;gica constituye otro impulso para el m&eacute;todo y teor&iacute;a de la recepci&oacute;n, corriente que puede considerarse como precursora de esta vertiente al orientar su investigaci&oacute;n a establecer la relaci&oacute;n entre la obra literaria y determinados grupos sociales; adem&aacute;s de la relaci&oacute;n entre cam-bios socio-hist&oacute;ricos y sus r&eacute;plicas en las transformaciones literarias, capaces de afectar la base de las normas est&eacute;ticas que rigen la obra. Todos, v&iacute;nculos que dan a conocer c&oacute;mo la evoluci&oacute;n del arte literario no es ajena a las constantes alteraciones de las sociedades y de su historia. </P >     <P >Cabe recordar que a esta tendencia estuvo vinculada la figura de J. P. Sartre quien realiza un an&aacute;lisis de la funci&oacute;n de la literatura en la sociedad con su modelo de la <I>litt&eacute;rature engag&eacute;e</I> (literatura comprometida) y establece el significado de la obra literaria a partir de lo social. As&iacute; plantea un "pacto de generosidad"<Sup><a name="p2" id="p2"></a><a href="#2">2</a> </Sup> entre el autor y el lector, convenio que lo lleva a pensar la lectura como proceso correlativo de la escritura. </P >     <P >La l&iacute;nea sociol&oacute;gica del m&eacute;todo de la recepci&oacute;n incluye la cr&iacute;tica socialista de Luk&aacute;cs y de Lucien Goldman, quienes fortalecen la idea de relacionar la novela con la estructura social desde donde ha surgido la obra. Es, ante todo, una posici&oacute;n cr&iacute;tica orientada al desarrollo de la intr&iacute;nseca relaci&oacute;n entre lo social y lo art&iacute;stico o entre el mundo de la vida social y la obra literaria. </P >     <P >Para concluir este recorrido hist&oacute;rico-te&oacute;rico del m&eacute;todo de la recepci&oacute;n, est&aacute; la corriente hermen&eacute;utica, tendencia apoyada por Roman Ingarden y Hans-Georg Gadamer. Para Ingarden, la obra literaria es un sistema de niveles ("estratos") diferentes en correspondencia funcional y polif&oacute;nica. Su estructura conformada por lugares intermedios es la que establece el papel crucial del lector, al esperar de &eacute;ste la "concreci&oacute;n" (<I>konkretisation</I>) de dichos lugares. La <I>concreci&oacute;n</I>, expresi&oacute;n de car&aacute;cter ontol&oacute;gico en el pensamiento de Ingarden, es el elemento clave de su teor&iacute;a de la recepci&oacute;n. Para el autor, es misi&oacute;n del lector llenar los "momentos indeterminados", garant&iacute;a de la comprensi&oacute;n de la obra, del hallazgo de sentido y de su realizaci&oacute;n est&eacute;tica. </P >     <P >Gadamer hace su aporte al m&eacute;todo de la recepci&oacute;n con el t&eacute;rmino "horizonte de expectativa" (<I>Erwartungshorizont</I>), por medio del cual defiende la idea de que la lectura no es un proceso neutral: "El lector ya est&aacute; leyendo el texto con ciertas expectativas hacia un determinado sentido. En la elaboraci&oacute;n de este anteproyecto (&hellip;) consiste la comprensi&oacute;n de lo que est&aacute; escrito" (Gadamer, 1977: 216). Es lo que explica c&oacute;mo la capacidad de la lectura no se mide por la facilidad para deletrear o repetir sin equ&iacute;vocos lo le&iacute;do, sino en la habilidad e inter&eacute;s que se tiene para asumirse como testigo de lo escrito a partir de la actualizaci&oacute;n de su contenido, que se resuelve por dos vertientes mutuamente requeridas: la de la comprensi&oacute;n y la representaci&oacute;n; una y otra est&aacute;n, de hecho, en el anteproyecto que gu&iacute;a al receptor al momento de iniciar la lectura con la aspiraci&oacute;n de entenderse con lo escrito. </P >     <P >En cuanto al modelo de R. Jauss y W. Iser, se destaca, del primero, su adhesi&oacute;n al "horizonte de expectativa"; concepto constituido por las normas vigentes para el g&eacute;nero literario, vinculado a un momento hist&oacute;rico espec&iacute;fico, en relaci&oacute;n con otras obras literarias contempor&aacute;neas y en el trasfondo de la oposici&oacute;n entre ficci&oacute;n y realidad. Aunque compleja, en la posici&oacute;n te&oacute;rica de Jauss se destaca la tarea del lector que est&aacute; en condiciones de situarse ante el potencial significativo del texto para lograr "concretarlo" con su respectiva lectura. Se comprende, entonces, y seg&uacute;n la sinton&iacute;a entre los te&oacute;ricos de la recepci&oacute;n hermen&eacute;utica, que no hay interpretaciones falsas, sino actualizaciones del sentido de la obra, y cada interpretaci&oacute;n est&aacute; sometida a la lectura del momento. </P >     <P >Por su parte, Iser, segundo cr&iacute;tico perteneciente a la Universidad de Constanza, est&aacute; vinculado con el concepto ingardeano de los "lugares de indeterminaci&oacute;n" de la obra literaria y el af&aacute;n de alcanzar su concreci&oacute;n. En su planteamiento, propugna por la necesidad de resolver las indeterminaciones y destaca que en todo texto literario existen "lagunas", momentos llenados por el lector a partir de una suerte de modificaci&oacute;n que lo transforma de lector en coautor; cambio interpretado posteriormente por el narrador, que podr&aacute; confirmar o contradecir la forma como el "coautor" ha llenado las lagunas del texto. </P >     <P >La lectura es para Ingarden un acto de creaci&oacute;n de sentido, que s&oacute;lo el lector puede producir, y aunque el conjunto de autores adeptos al m&eacute;todo de la recepci&oacute;n hermen&eacute;utica guarda una cierta homogeneidad con lo planteado por Ingarden y Gadamer, Ingarden y Jauss, han tenido oponentes que cuestionan sus planteamientos; sin embargo, hay algo en com&uacute;n: lo que difiere en el texto no es su contenido, sino la forma como es le&iacute;do. </P >     <P >Aun transcurrido un tiempo de la puesta en escena y consolidaci&oacute;n de esta teor&iacute;a, se da el surgimiento de pensadores y escuelas que proponen atender, por nuevas v&iacute;as fundamentadas en la recepci&oacute;n y el fen&oacute;meno literario. Entre ellos se destacan: Barthes, con su propuesta semiol&oacute;gica; Jauss, Ingarden y los defensores de la est&eacute;tica de la recepci&oacute;n; Van Dijk de trayectoria ling&uuml;&iacute;stica; Eco, quien hace una valiosa introducci&oacute;n de la instancia receptora, la interpretaci&oacute;n y en la textualidad con su propuesta a partir del concepto de "obra abierta" y de "lector modelo"; y la escuela inglesa con los &lsquo;actos de habla', el acto art&iacute;stico y el acto literario. </P >     <P >Es as&iacute; como en el siglo XX la recepci&oacute;n ocupa un lugar privilegiado para autores preocupados por la narratolog&iacute;a; respuesta a estas preocupaciones son las crecientes elaboraciones en torno al protagonismo del receptor como lector, entre las que sobresalen, adem&aacute;s de los ya destacados: "Prince, quien elabora la noci&oacute;n de &lsquo;narratario', Iser difunde la de &lsquo;lector impl&iacute;cito', Fish la de &lsquo;lector informado', Culler la de &lsquo;lector modelo', etc." (Para&iacute;so, 1994: 158). Estos autores han construido toda una arquitectura de la recepci&oacute;n para hacer protag&oacute;nico el papel del lector -creador en la aprehensi&oacute;n, interpretaci&oacute;n o actualizaci&oacute;n de la obra literaria de arte. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >Entre otras corrientes interesadas en recuperar la figura del receptor est&aacute;n el psicoan&aacute;lisis freudiano, lacaniano y jungiano, que han convertido tal preocupaci&oacute;n en la direcci&oacute;n te&oacute;rico-cr&iacute;tica de trabajo hasta el presente. </P >     <P >Como puede observarse, son diversas las v&iacute;as<Sup><a name="p3" id="p3"></a><a href="#3">3</a> </Sup> que abogan por el rescate de la figura y papel del receptor en la actual teor&iacute;a literaria como eje fundamental para an&aacute;lisis narratol&oacute;gicos. </P >     <P >A continuaci&oacute;n se tendr&aacute;n en cuenta los aportes sobre la recepci&oacute;n de Iser, Ingarden y Gadamer, cuyos planteamientos son apropiados en los an&aacute;lisis sobre la representaci&oacute;n del personaje femenino. </P >     <P >Es trabajo de la lectura actualizar la obra, tambi&eacute;n desocultarla; una y otra se rigen por una condici&oacute;n: la presencia del receptor, quien obtiene el sentido de la obra en tanto est&aacute; dispuesto al car&aacute;cter de acontecimiento de &eacute;sta y en su condici&oacute;n de receptor. Este acto de comprensi&oacute;n del lenguaje de la imagen o el del discurso se requiere para efectos de la representaci&oacute;n; ello explica: </P >     <blockquote>       <p>El hecho de que un lenguaje de im&aacute;genes no pueda alcanzar las posibilidades de representaci&oacute;n sin el lenguaje discursivo. Otro tanto le ocurre a &eacute;ste: tambi&eacute;n el lenguaje discursivo es inconcebible sin la imagen; en este caso, sin un metaforismo constitutivo y fundamental, punto de contacto y tensi&oacute;n por lo significativo y lo visual, lo discursivo y lo t&aacute;ctico, la palabra y la imagen. (Dom&iacute;nguez, 2003: 162-163). </p> </blockquote>     <P >Las tensiones permiten la ejecuci&oacute;n del arte: la palabra, que hace audible lo visual y permite conseguir el sentido, la comprensi&oacute;n, la actualizaci&oacute;n y la representaci&oacute;n de la obra, a partir de la lectura. </P >     <P >La recepci&oacute;n propone la emergencia de un decir o un saber guardados por la obra mientras una hermen&eacute;utica de la lectura impide la repetici&oacute;n en aras de la ejecuci&oacute;n del sentido; es decir: a "la comprensi&oacute;n interpretativa libre, y sin embargo acorde a la obra, respuesta a ella, encuentro con ella" (Dom&iacute;nguez, 2003: 180). Respuesta y encuentro son generadores de la obra como acontecimiento. Por ejemplo, el hecho escasamente discursivo de las mujeres en <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> puede hacer emerger un acontecimiento a partir del desocultamiento en una intervenci&oacute;n breve de alguno de estos personajes. </P >     <blockquote>       <p>El desocultamiento de lo que emerge est&aacute; guardado en la obra misma, y no en lo que digamos sobre ella. Sigue siendo siempre la misma obra, aunque emerja de un mundo propio en cada nuevo encuentro. Es algo que todos conocemos. El que contempla una pintura busca la distancia justa en que &eacute;sta emerge correctamente. El que contempla una escultura tendr&aacute; que dar varias vueltas a su alrededor. El que contempla un edificio acaba pidiendo "andar" por &eacute;l, a fin de ganar distancias y vistas cada vez cambiantes y diferentes. &iquest;Qui&eacute;n es el que mantiene aqu&iacute; la distancia? &iquest;Es que hay que elegir una posici&oacute;n propia a voluntad, y mantenerla despu&eacute;s? Hay que buscar el punto a partir del cual "emerge" mejor. Este punto no es la propia posici&oacute;n. (Gadamer, 1997: 297). </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >Quien lee una novela termina o comienza por volver a la historia y camina en medio de ese pasado que hizo posible el presente, los presentes desde los que se reclama una representaci&oacute;n. Seg&uacute;n propuesta de Ingarden, la de un personaje que es desvelado por el lector quien sabe: "plegarse a las sugestiones y directivas que emanan de la obra, actualizando no cualquier aspecto arbitrario, sino los aspectos que la obra sugiere" (Ingarden, 1989: 41). Siempre y cuando el lector asuma su lectura se asuma a partir de la posici&oacute;n de lector "cocreador" pueden conocerse las representaciones de que es objeto a partir de la ficci&oacute;n y desarrolla la sensibilidad requerida para captar lo insinuado por la obra. </P >     <P >Es el caso de c&oacute;mo una actitud de recepci&oacute;n permite hallar en <I>El &uacute;ltimo encuentro, </I>un discurso como el de la representaci&oacute;n femenina y las caracter&iacute;sticas de una narrativa marcada por las voces masculinas que pretenden borrar las de las mujeres, sobre quienes de manera singular gira la obra. </P >     <P >Es el caso de Krisztina, personaje central de la novela, representado con la fuerza de la censura demandada por la &eacute;poca, debido a un "acto de amor". La raz&oacute;n del repudio: se trata de una mujer que rompi&oacute; los l&iacute;mites del orden patriarcal en tiempos de obediencia femenina. Adem&aacute;s, en un "acto de rebeli&oacute;n", se recluy&oacute; en una parte de la mansi&oacute;n y dej&oacute; a un lado el hogar, abandono que la identific&oacute; como insubordinada y transgresora durante su matrimonio con el General. Dicho abandono inconfeso amenaza, no teme a las disposiciones sociales y culturales establecidas por tradici&oacute;n, y se convierte en el terreno propicio para el surgimiento de representaciones de censura, como que el General deje de dirigirle la palabra y le retire toda su presencia; situaci&oacute;n que es una de las causas de la muerte de esta mujer. </P >     <P >El an&aacute;lisis en torno a la representaci&oacute;n femenina en <I>El &uacute;ltimo encuentro </I>es una forma de actualizar la obra, de aprehenderla para conocer o profundizar acerca de su sentido, de hacer vigente su contenido cuando llega a manos del lector y as&iacute; es posible hablar de su ejecuci&oacute;n. </P >     <P >Ahora bien, frente al problema de la representaci&oacute;n se deben tener en cuenta los denominados por Ingarden como: "lugares de indeterminaci&oacute;n", contenidos en el "estrato<Sup><a name="p4" id="p4"></a><a href="#4">4</a> </Sup> objetivo de la obra literaria" (Ingarden, 1989)<I>. </I>Un lugar de "indeterminaci&oacute;n" es el que no aparece expl&iacute;cito en los enunciados de la obra, es el lugar que impide conocer los atributos del objeto o persona representados, propio a la obra literaria de arte. Uno de los retos del lector es hallar los lugares de indeterminaci&oacute;n de la obra, pues aunque son un constitutivo esencial tienen una especie de secreto entre sus pliegues que espera ser descubierto por el lector en una lectura "cocreativa", a partir de la cual concreta y <I>rellena</I> el contenido que falta. En este momento es donde se aprecia la capacidad comprensiva y creativa del lector. </P >     <P >S&iacute;, una actividad y una labor alcanzada libremente desde la intenci&oacute;n y fantas&iacute;a del lector cuyo prop&oacute;sito es: "complementar los objetos con series de nuevos elementos, de manera que acaban pereciendo completamente determinados" (Ingarden, 1989: 39). Se trata de un tr&aacute;nsito de los lugares indeterminados a los determinados; no obstante, no todos los atributos de los objetos o personas logran ser concretados, hay "indeterminaciones que persisten", como aquellas que son cubiertas por las concreciones del lector, en su ejercicio "cocreador" frente a la obra literaria. </P >     <P >Ahora bien, &iquest;De qu&eacute; depende el hallazgo de los lugares de indeterminaci&oacute;n? Ingarden sostiene que depende de particularidades de la obra, del lecto, de su estado al abordarla e igualmente de su sensibilidad. Resultado de estas circunstancias ser&aacute;n las diversas concreciones recibidas por una misma obra, lo que llevar&aacute; a que incluso el lector realice en &eacute;sta diferentes determinaciones a partir de diversas lecturas. Claro est&aacute;, el encuentro de las determinaciones es un ejercicio que debe atenderse con cuidado: "pues entra&ntilde;a especiales dificultades para una correcta comprensi&oacute;n de la obra literaria y para una aprehensi&oacute;n est&eacute;tica fiel de la obra literaria de arte" (Ingarden, 1989)<I>.</I> Aquello que obliga a su consideraci&oacute;n corrobora que no es espont&aacute;nea ni f&aacute;cil la actividad "cocreadora" de lectura convocada por el autor, sin prescindir de la objetividad y adecuaci&oacute;n impl&iacute;citas en el conocimiento cuando nos disponemos frente a toda obra de arte. </P >     <P >En atenci&oacute;n a los planteamientos construidos a la luz de la propuesta de lectura tra&iacute;da por Ingarden y al estudio adelantado por J. O. Cofr&eacute;, puede decirse que la aprehensi&oacute;n est&eacute;tica de la obra literaria de arte depende de dos factores fundamentales: de la correcta concreci&oacute;n -determinaci&oacute;n- de los objetos ofrecidos por ella y de acatar como lector "cocreador" la abstenci&oacute;n en cuanto a completar lugares de indeterminaci&oacute;n, pues no todos los lugares pueden determinarse. S&oacute;lo una correcta concreci&oacute;n de los objetos ofrecidos como impl&iacute;citos en la obra y el respeto por ciertas abstenciones permiten la realizaci&oacute;n de su aprehensi&oacute;n est&eacute;tica. </P >     <P >Al referir a los lugares de indeterminaci&oacute;n en el estrato "de las objetividades representadas" y, espec&iacute;ficamente, al objeto de la persona o personaje, se est&aacute; haciendo un llamado para adelantar una lectura cuidadosa, pues hay lugares de dif&iacute;cil concreci&oacute;n, como son los relativos al car&aacute;cter, a la sensibilidad, al t&oacute;pico emocional o al pensamiento que, "constituyen lugares de indeterminaci&oacute;n de gran importancia para la persona representada" (1989: 39). La precauci&oacute;n indicada es pertinente porque la superficialidad o profundidad de la obra depende de la concreci&oacute;n que se haga de uno de sus aspectos y puede alterar su valor sem&aacute;ntico mediante modificaciones que perjudican o benefician su conjunto. </P >     <P >No hay que dejar por fuera en las representaciones de un personaje o de un g&eacute;nero que aquello que media en todo modo de concreci&oacute;n es, adem&aacute;s de una actividad de lectura, el esp&iacute;ritu del autor y su correspondencia con las intenciones del lector, pues se trata de conseguir las determinaciones de la obra, sin desviar las intenciones art&iacute;sticas de su creador. Debe tenerse presente que la determinaci&oacute;n lograda es relevante, teniendo en cuenta tanto la fidelidad y correcci&oacute;n de la obra como su perspectiva est&eacute;tica. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >Para el caso de las "concreciones" relativas a los "aspectos"<Sup><a name="p5" id="p5"></a><a href="#5">5</a> </Sup> sobresalientes en las representaciones del personaje femenino en <I>El &uacute;ltimo encuentro</I>, se advierte que muchos de &eacute;stos son "sobredeterminados" -si se admite el t&eacute;rmino con lo aprendido de Ingarden-, obedeciendo m&aacute;s a un af&aacute;n del autor que del lector. Por ello es conveniente mantener una buena documentaci&oacute;n biogr&aacute;fica sobre el personaje, pues la omisi&oacute;n del dato hist&oacute;rico puede dar una representaci&oacute;n f&iacute;sica y de car&aacute;cter totalmente alejada de la realidad vivida por &eacute;ste. </P >     <P >As&iacute; como la teor&iacute;a de Ingarden aboga por una din&aacute;mica de concreci&oacute;n de los aspectos que no amenacen la identidad literaria de la obra de arte; el lector "cocreativo" est&aacute; en el deber de atender a una lectura de la novela que no ponga en peligro la identidad del personaje, a quien, debido a las licencias que concede la ficci&oacute;n, le es arrebatada su historia, dejando como representaci&oacute;n aut&eacute;ntica la de la f&aacute;bula. &Eacute;sta puede apreciarse como otra forma de "aprehensi&oacute;n est&eacute;tica inadecuada" del personaje en la obra litera-ria de arte, condicionada por razones subjetivas y que influyen en la aparici&oacute;n u ocultamiento, desvelamiento o enmascaramiento de sus atributos relevantes, los cuales llevan a mantener un prototipo de personaje sin la oportunidad de otras lecturas, otros "aspectos" y otros sucesos correspondientes a &eacute;ste y que no son destacados por la obra. </P >     <P >Aunque la obra literaria de arte admite diversas recepciones, no puede dejarse de lado una lectura anal&iacute;tica, de manera que permita el tr&aacute;nsito del mundo representado a lo est&eacute;tico tantas y tan diversas veces como lecturas se realicen. </P >     <P >Lo considerado hasta este momento deja claro c&oacute;mo la puesta de la lectura demanda la actividad participativa de los convocados a la comprensi&oacute;n de lo le&iacute;do, situaci&oacute;n que implica, en par&aacute;frasis del profesor Javier Dom&iacute;nguez, una considerable "cooperaci&oacute;n del receptor", bien sea individuo o p&uacute;blico. Adem&aacute;s, s&oacute;lo mediante el acto de leer es posible concederle sentido a la obra y dar cuenta de la objetividad, de la raz&oacute;n de ser de &eacute;sta. No est&aacute; de m&aacute;s aclarar que para la objetividad su lugar reservado est&aacute; en el mundo de la vida; de la <I>raz&oacute;n de ser</I> se puede dar cuenta a partir del &aacute;mbito propio de la obra de arte, posicion&aacute;ndose como un completo y sensible receptor de ella. </P >     <P >En la misi&oacute;n de revisar c&oacute;mo se da la representaci&oacute;n del personaje femenino en la novela <I>El &uacute;ltimo encuentro </I>se tienen en cuenta las consideraciones te&oacute;ricas planteadas hasta ahora, los aspectos puntuales trabajados en torno a la teor&iacute;a de la recepci&oacute;n y la prioridad del lector-receptor en el sentido de la obra y en los aspectos que la intenci&oacute;n narrativa de su creador suele dejar velados para otorgar al lector la posibilidad de resolver el enigma albergado en toda de obra de arte. Por tal raz&oacute;n y como efecto de una lectura receptiva preocupada por la vinculaci&oacute;n del lector como factor vital en su acontecer, las p&aacute;ginas siguientes dar&aacute;n cuenta, en primer lugar, de una contextualizaci&oacute;n de la obra y de su autor, para, finalmente, concentrarse en la visi&oacute;n femenina destacada en la novela. </P >     <P >&nbsp;</P > <b><font size="3">Sobre<I> El &uacute;ltimo encuentro </I></font></b>     <P align="right" ><I>La soledad es un lugar lleno de secretos, como la selva. </I>M&aacute;rai </P >     <P   align="right" ><I>No hay palabras sin respuesta, incluso si no encuentra m&aacute;s que el silencio, con tal de que tenga un oyente.</I> Lacan </P >     <P   align="right" >&nbsp;</P >     <P >Dos labores son connaturales al acto literario: escribir y hacer memoria; una y otra implican buscar un lenguaje que anime a desvelar que la representaci&oacute;n tomada desde el recuerdo puede hacerse otra a partir de una nueva variaci&oacute;n de la sinfon&iacute;a alcanzada por el autor, como efecto de atreverse a volver atr&aacute;s bajo la llama de la mirada y la memoria, vigilantes a la hora del reencuentro con el pret&eacute;rito vuelto presente en la prosa. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >Es lo que ocurre en <I>El &uacute;ltimo encuentro </I>(2005)<I>, </I>novela de M&aacute;rai, quien en sus p&aacute;ginas volcadas en un tiempo de total nostalgia presenta un relato fortalecido por la solidez de un impactante mon&oacute;logo, obtenido por obra de la actualizaci&oacute;n de la memoria: los a&ntilde;os de infancia vuelven como un revivido recuerdo a la vida de dos hombres a quienes pone frente a frente, luego de una distancia establecida por varias d&eacute;cadas transcurridas; y una vez dada la lucha infructuosa con el olvido, hacer que la palabra regrese y en virtud de tal retorno, ocasionar el desencuentro venido del sinsabor en el cual se torn&oacute; la amistad de los tiempos de infancia y juventud. </P >     <P >La palabra ha triunfado en el bello t&iacute;tulo de la novela de M&aacute;rai y vuelve a su lugar, recuperada por los dos ancianos, quienes hicieron de los hechos del pret&eacute;rito acontecimientos reci&eacute;n ocurridos, como bien constata el narrador: "Uno se acuerda del principio con m&aacute;s fuerza y precisi&oacute;n cuando se acerca al final" (M&aacute;rai, 2005: 106). </P >     <P >&nbsp;</P > <b><font size="3">Acerca del autor</font></b>      <P >Groschmid<Sup><a name="p6" id="p6"></a><a href="#6">6</a> </Sup> M&aacute;rai (S&aacute;ndor M&aacute;rai) (1900-1989) presenta rasgos de una familia sajona instalada en Hungr&iacute;a en el siglo XVII. Naci&oacute; en Kassa, Eslovaquia. Hombre consciente de su procedencia burguesa y con una &uacute;nica dedicaci&oacute;n en su vida: la literatura. Arte en el cual supo posar su habilidad y sabidur&iacute;a gracias a la atenta observaci&oacute;n de sentimientos y relaciones humanas. Teji&oacute; estas tem&aacute;ticas con ingenio en g&eacute;neros como la novela y el teatro, mediante su capacidad para hacer ficci&oacute;n y el dominio del h&uacute;ngaro y el alem&aacute;n. </P >     <P >En cuanto a las convicciones pol&iacute;ticas, M&aacute;rai vivi&oacute; como un liberal convencido, opuesto radicalmente al fascismo, hecho que le acarre&oacute; el exilio en Estados Unidos y Francia para establecerse finalmente en Budapest. </P >     <P >Los ojos de los lectores no cesan de reclamar el retorno de las palabras y los argumentos que tan bien cuenta la ficci&oacute;n con el sello del escritor h&uacute;ngaro, quien, con un disparo en la cabeza, puso fin a su vida<Sup><a name="p7" id="p7"></a><a href="#7">7</a> </Sup>. Sin embargo, su voz ha seguido prolong&aacute;ndose, y hoy sus lectores nos alimentamos de su palabra, tel&oacute;n de sus relatos transparentes donde es posible ver y sentir lo que ocurre por obra de las palabras, m&aacute;xime cuando regresan, as&iacute; sea para hablar de lo mismo, de la causa de un desencuentro. </P >     <P >&nbsp;</P > <b><font size="3">La novela <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> (1942/2005)</font></b>     <P >Merece destacarse que es una escena la que aparece en el primer plano de una novela<Sup><a name="p8" id="p8"></a><a href="#8">8</a> </Sup> escrita, publicada y ambientada bajo la antorcha de la guerra y las promesas de p&eacute;rdida y abandono. </P >     <P >El devastador fuego que ha entrado a Europa no es menos intenso que aquel que se ha instalado de modo nefasto en los dos protagonistas de la novela s&oacute;lo con el &aacute;nimo de venganza. De esta circunstancia nada ajena al autor, se vale &eacute;l mismo para mostrar de qu&eacute; color es el cielo cuando el sol enrojecido sale para anunciar las primeras alarmas de la guerra en la que batallan los hombres a la luz de las veladoras; y sus corazones antes cercanos ahora est&aacute;n tan, pero tan lejanos, a causa de la traici&oacute;n y la esperada venganza durante d&eacute;cadas. </P >     <P >En la obra, un personaje es asaltado por un viejo amigo y por recuerdos amargos, a&uacute;n vivos, conservados como si acabasen de ocurrir, pese a que han transcurrido cuarenta y un a&ntilde;os; un poco m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas para la espera, &iquest;Muchas? Tal vez para el narrador pueden serlo. La fuerza de una paciencia mantiene vivos a los dos ancianos, antes ni&ntilde;os, j&oacute;venes amigos y propicia el encuentro para hablar, para decirse lo que uno y otro tienen y esperan escucharse. Las p&aacute;ginas brotan de la imaginaci&oacute;n de un escritor que en el com&uacute;n de sus obras -de las traducidas al espa&ntilde;ol hasta el momento- se contagia de mon&oacute;logo para propiciar un di&aacute;logo. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >De principio a fin, el relato nos conduce con su palabra que tambi&eacute;n regresa y se desenvuelve en mon&oacute;logo por los espacios de una enorme casa habitada por dos ancianos a quienes los un&iacute;an los lazos invisibles del recuerdo, el mismo que apura para que un d&iacute;a, o mejor, una noche, y luego de una cena salga la verdad. No la verdad concentrada en la vida de los dos habitantes de una casa que hace dos d&eacute;cadas no recibe visitante alguno, se trata de la verdad por la que tendr&aacute;n que responder Henrik (el General) y su amigo Konr&aacute;d. El pasado no tiene el peso suficiente para sepultar lo acontecido, y el presente ha reservado un lugar fielmente reconstruido y dispuesto para escuchar, &uacute;nicamente para escuchar la respuesta al reclamo de una traici&oacute;n.</P >     <P > Una atm&oacute;sfera de tiempo pret&eacute;rito sobre el que cae por completo el peso de muchos a&ntilde;os y la memoria capaz de gran evocaci&oacute;n es la que entrelaza las descripciones que emergen en la narraci&oacute;n de sentido &uacute;nico, donde se tejen los recuerdos con una sola puntada, la amistad, el amor, la represalia y el urgente deseo de saber la verdad; aunque el m&aacute;s interesado por esta verdad conoce la realidad. As&iacute; lo indican las palabras pronunciadas en tono agresivo por la nodriza, una mujer de noventa y un a&ntilde;os que hab&iacute;a llegado a la casa del General cuando &eacute;l acababa de nacer. </P >     <P >El relato entregado con la fuerza del mon&oacute;logo que cuenta la tragedia de un tri&aacute;ngulo de amistad trastrocada en desdicha, es el cuadro dram&aacute;tico que impone la separaci&oacute;n definitiva a dos amigos y hace prevalecer el poder redentor de la verdad. </P >     <P >La novela de espesor moral evoca el mismo g&eacute;nero producido en el mundo ruso y, con s&oacute;lo cuatro personajes centrales, logra representar lo que ser&iacute;a el pleno de la humanidad. </P >     <P >No est&aacute; de m&aacute;s anotar en este breve comentario de la obra que a lo largo de sus emocionantes p&aacute;ginas se refleja un doloroso fresco con un motivo que debe reiterarse: la amistad y la verdad. Se trata de una especie de pintura que deja formular una tesis sobre el drama presente en la novela: "&iquest;Acaso aquello que finalmente se produce no es la venganza, civilizada, pero a&uacute;n as&iacute;, venganza del traicionado, y la separaci&oacute;n de los amigos?" (P&eacute;rez, 2005: 7). Desde luego que lo que all&iacute; ocurre es una venganza bajo los t&eacute;rminos indicados por el profesor Juan Fernando P&eacute;rez, en su texto <I>Sobre S&aacute;ndor M&aacute;rai. Notas de lectura,</I> y puede agregarse que luego de tantas d&eacute;cadas de esperar un regreso sucedido a una partida inesperada, s&oacute;lo se puede contar con la amargura exprimida de las palabras de Henrik, palabras dirigidas a su viejo amigo, y la verdad que &eacute;ste traer&aacute; al enga&ntilde;ado coraz&oacute;n del General. Cuarenta a&ntilde;os Henrik ha estado unido a su hoy tambi&eacute;n envejecido visitante, por la fuerza del v&iacute;nculo que prosper&oacute; temprano en los dos hombres, hermanados a raz&oacute;n del sentimiento de la amistad, cultivado mutuamente y cuando a&uacute;n sendos hombres eran apenas ni&ntilde;os. </P >     <P >Todos los velos quedan descorridos una vez se termina el encuentro, y con &eacute;ste, todo el relato forjado por su creador, cuyo arte tiene la gran virtud de mantener al lector a la espera de lo que ocurrir&aacute;. Como las otras, esta novela es dif&iacute;cil de abandonar una vez el lector se encuentra frente a sus p&aacute;ginas, por la trama contada con tono melodram&aacute;tico y sentimental. As&iacute;, se da paso a la palabra no dicha, la eterna, hilvanada por siempre en el rev&eacute;s &uacute;nico del impronunciable secreto. </P >     <P >Pero hay algo m&aacute;s: un tiempo que extra&ntilde;amente deja de contar y llega a ocupar un lugar singular en el impresionante relato. Su papel es el del gran enemigo sumido en el instante, condici&oacute;n que lo convierte en un aliado que permite un retrato conseguido a partir de la mayor herencia del pasado: la memoria; y as&iacute;, en el plazo de una noche se d&eacute; el regreso de todos los hechos, motivos, sentimientos y experiencias, para zurcir una densa y bell&iacute;sima trama narrativa, la misma que fue anunciada con una advertencia entregada en un papel cuyo contenido era el de una inesperada carta. </P >     <P >Como se plante&oacute; al comienzo de estas p&aacute;ginas, es usual encontrar obras de ficci&oacute;n literaria a trav&eacute;s de las cuales se logra establecer la relaci&oacute;n entre lo planteado por las novelas y determinados grupos sociales; entre cambios socio-hist&oacute;ricos y sus r&eacute;plicas en las transformaciones literarias capaces de afectar la base de las normas est&eacute;ticas que rigen la obra. Todos, v&iacute;nculos que dan a conocer c&oacute;mo la evoluci&oacute;n del arte literario no es ajena a las constantes alteraciones de las sociedades y de su historia. El caso de la novela <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> cabe dentro de esta consideraci&oacute;n, en particular en el tratamiento que all&iacute; se hace de la mujer y de lo femenino, como se intenta mostrar en el siguiente apartado. </P >     <P >&nbsp;</P > <b><font size="3">Las mujeres en el encuentro protagonizado por dos hombres</font></b>     <P >Como todo personaje de ficci&oacute;n, ellas se definen por lo que dicen y por lo que de ellas dicen otros personajes protagonistas de la narraci&oacute;n. Aunque debe aclararse que la invenci&oacute;n o la reinvenci&oacute;n son colectivas, logradas por el creador y el lector. Es la forma de levantar, de construir vidas tan pr&oacute;ximas a las de quien lee que incluso llega a dudar de los l&iacute;mites entre ficci&oacute;n y realidad. Esto es lo que permite el trabajo creativo de M&aacute;rai. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >Surgidas como de un recuerdo fugado del olvido, ingresan en <I>El &uacute;ltimo encuentro</I>, una a una, las mujeres. Todas tienen en com&uacute;n algunas situaciones que las hacen visibles durante la narraci&oacute;n: las pocas, pero oportunas intervenciones con palabras las hacen altamente singulares, rasgo que se acent&uacute;a en el silencio absoluto, que logra en el lector el deseo de volver una y otra vez sobre esas l&iacute;neas breves en el decir de una mujer. Palabras cargadas de sentido que provocan silencio y pensamientos en el lector. </P >     <P >As&iacute; es, al silencio que bordea el mundo femenino en M&aacute;rai lo cubre una atm&oacute;sfera de secretos y recuerdos. Nini se acordaba de todo y la esposa del guardia imperial mantuvo bajo su cuidado un secreto, pues jam&aacute;s cont&oacute; lo que le dijo el rey mientras bailaban; no lo dej&oacute; saber a nadie, s&oacute;lo llor&oacute;. Se trata de dos escenas que permiten descorrer el bastidor de la obra, donde &uacute;nicamente hay cuatro personajes-protagonistas, pero con la presencia de un mundo femenino enigm&aacute;tico, como de hecho es lo femenino dentro y fuera de la ficci&oacute;n. </P >     <P >Es cierto, la acci&oacute;n de <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> aparentemente se desarrolla en torno a cuatro personajes: el General (Henrik), Konr&aacute;d, Nini y Krisztina. No obstante, otros personajes ganan cierta presencia mediada por el silencio de Nini o Krisztina: la abuela, la madre del general, la madre de Konr&aacute;d - &uacute;nico personaje que en la narraci&oacute;n luce colores en su rostro-, Ver&oacute;nica (la bailarina), &Aacute;ngela y las criadas. Todas transitan silenciosas y apenas con escasas resurrecciones verbales que dan cuenta de sus vidas y de que hacen parte del relato. </P >     <P >Unas y otras est&aacute;n a lo largo de la prosa y de la pieza, ya sea vivas o en retratos, para cumplir con papeles particulares previamente asignados por su creador. Algunas, con una apariencia que hace vecindad con el anonimato, pero no pasan desapercibidas para el lector pues se destaca su presencia en el lugar creado s&oacute;lo para un encuentro. </P >     <P >Es curioso, pero en unas p&aacute;ginas alcanzadas para propiciar una cita que reunir&aacute; a dos hombres, hay mujeres cuya asistencia se da a partir del desencuentro padecido en cuerpo y vida propias: "[Nini] Hab&iacute;a subido a la mansi&oacute;n tras echarla su padre de la casa" (M&aacute;rai, 2005: 13); en tanto que la esposa del general establece su v&iacute;nculo matrimonial con &eacute;ste a partir de un pat&eacute;tico desencuentro, el marido siempre se ausentaba. "Hab&iacute;a algo entre ellos que no se pod&iacute;a reparar. No obstante, se amaban" (M&aacute;rai, 2005: 25). </P >     <P >Una se&ntilde;al de ruptura, de escisi&oacute;n, deja una huella sobresaliente en ellas, mientras que en los dos amigos es el deseo de cercan&iacute;a y revelaci&oacute;n lo que marca sus vidas cargadas de a&ntilde;os y tempestuosos recuerdos. Curiosa estrategia la del autor como narrador omnisciente: negar a las mujeres la proximidad a los hombres de quienes son realmente cercanas. Entonces, ser distantes de los cercanos es lo que las define. </P >     <P >Todas ellas est&aacute;n presentes, incluso con sus cuerpos y voces casi apagados, ausentes del viaje emprendido por las p&aacute;ginas del relato; bien podr&iacute;an nombrarse como otras mujeres: no protestan, toman decisiones s&oacute;lo para s&iacute; mismas, no interfieren en la vida de otros personajes de la novela y algunas escogen su propio camino y viven bajo la gracia de esa resoluci&oacute;n como el caso de Nini y Krisztina, creo que tambi&eacute;n de la condesa. </P >     <P >Optan por su vida, obra del propio deseo, y en silencio, en total silencio viajan por p&aacute;ginas movidas por la fuerza de la invenci&oacute;n de tantas palabras. No tienen necesidad de decirlo todo, aunque todo quiz&aacute; sea lo &uacute;nico que saben ellas. Parecen hechas de o&iacute;dos y ojos; entonces se mueven y viven en alerta. Por eso el General y otras voces de la casa acuden siempre a ellas. Fue as&iacute; como vivi&oacute; Nini en la mansi&oacute;n: </P >     <blockquote>       <p>Sin decir palabra, durante setenta y cinco a&ntilde;os [&hellip;]. Su nombre volaba por las habitaciones [&hellip;]. Simplemente dec&iacute;an &lsquo;&iexcl;Nini! Era como si dijeran: &lsquo;Qu&eacute; curioso, existe algo m&aacute;s en el mundo que la egolatr&iacute;a, la pasi&oacute;n o la vanidad. Existe Nini [&hellip;]. (M&aacute;rai, 2005: 14) </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >&nbsp;</P > <b><font size="3">Pocas palabras para la noche de los candelabros</font></b>      <P >Lo relacionado con el silencio de las mujeres de la novela, permite traer ilustraciones del relato que ayudan a reconocer dicha caracter&iacute;stica en el personaje como tal. </P >     <blockquote>       <p>Nini era bajita, pero tan fuerte y tranquila como si su cuerpo conociese todos los secretos del tiempo o de la vida, un secreto que las palabras no pueden expresar [&hellip;]; a los diecis&eacute;is a&ntilde;os dio a luz un ni&ntilde;o y nunca revel&oacute; a nadie qui&eacute;n era el padre. (M&aacute;rai, 2005: 13) </p> </blockquote>     <P >No se distancia de este ejemplo la escena del baile, cuando las palabras pronunciadas por el rey s&oacute;lo fueron escuchadas por los o&iacute;dos de la esposa del guardia imperial. Palabras sucedidas por el llanto que ni siquiera al general se las quiso decir. Un destino ten&iacute;an esas palabras que tambi&eacute;n intrigan al lector: el silencio sepultado por el llanto de la mujer que antes parec&iacute;a feliz al bailar guiada por los pasos soberanos del rey. "Nadie supo nunca lo que el rey le hab&iacute;a dicho a aquella mujer llegada del extranjero que se hab&iacute;a echado a llorar en medio del baile. La gente de los alrededores habl&oacute; largamente de aquello" (M&aacute;rai, 2005: 27). Y el lector, infortunado lector, tambi&eacute;n tuvo que estar ah&iacute; como paralizado frente a la p&aacute;gina, como un condenado, apenas con su imaginaci&oacute;n abierta para alcanzar a ver los labios inm&oacute;viles, sin palabras, cubiertos por el secreto que a partir del baile empez&oacute; a portar la mujer extranjera. </P >     <P >El secreto femenino nunca sabido es quiz&aacute; la se&ntilde;al que puede guiar la idea de tragedia que recorre de principio a fin la novela. Pues, tanto en la vida como en la ficci&oacute;n es posible estar como si se tratase de una fiesta, s&oacute;lo que se desconoce cu&aacute;l es su final: si con las &uacute;ltimas y alegres notas fugadas de la m&uacute;sica o si por virtud de una palabra pronunciada al o&iacute;do de una mujer sea la misma palabra la que ocasiona el desmoronamiento de la m&aacute;s sostenida ilusi&oacute;n. &iquest;Ser&iacute;a algo relacionado con la desilusi&oacute;n lo que embarg&oacute; de tristeza el coraz&oacute;n de la esposa del general, quien en medio del baile no tuvo m&aacute;s que hacer, sino, inevitablemente, llorar?, &iquest;ser&iacute;a realmente una infidelidad vivida por Krisztina con el amigo de su esposo la que le produjo todos los motivos que la llevaron a su aislamiento en la mansi&oacute;n y a dedicarse completamente a querer morir?, &iquest;ser&iacute;a su condici&oacute;n de transgresora de la tradici&oacute;n y de su lugar de esposa la que le impuso el mandato de no volver a mirar a su esposo? Enigm&aacute;tica es esta mujer, como misterioso es el mundo femenino en una novela que parece circular en torno a dos hombres; pero que en realidad son las mujeres quienes provocan tal circulaci&oacute;n, el movimiento de la palabra inacabada y la inagotable sospecha; en particular, una mujer. </P >     <P >Las mujeres de M&aacute;rai son mujeres con un silencio eternizado en sus labios, raz&oacute;n que hace que sus palabras tengan la prolongaci&oacute;n de los segundos. Aunque hay algo m&aacute;s, las mujeres de <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> vienen de lejos, son extranjeras, visten de luto, con excepci&oacute;n de la madre de Konr&aacute;d, la &uacute;nica de apariencia diferente: "[&hellip;] La madre polaca, melanc&oacute;lica y maquillada con colores vivos, morados y rojos, como una cacat&uacute;a [&hellip;]" (M&aacute;rai, 2005: 46). Por lo dem&aacute;s, todo el mundo femenino del relato vive aislado de la fuerza crom&aacute;tica y en silencio, quiz&aacute;s es su manera de contar que afuera y en toda Europa un grito de fuego se ha levantado de nuevo. No son &uacute;nicamente los candelabros los encendidos para dar paso a la palabra que regresa, es el tiempo que de noche se ha puesto en se&ntilde;al de alerta. </P >     <P >&nbsp;</P > <b><font size="3">Casi un final</font></b>      <P >&iquest;C&oacute;mo leer una obra, o mejor, una novela que a los ojos y al pensar del lector resulta monumental?, &iquest;qu&eacute; decirle a un autor que resisti&oacute; al fantasma de la guerra y dem&aacute;s autoritarismos y por ello la demanda de su necesario refugio en el exilio?, &iquest;c&oacute;mo obtener de un lenguaje art&iacute;stico el deseo de lo que quiso expresar su creador, m&aacute;xime cuando lo que dej&oacute; escrito lo hizo a partir del impl&iacute;cito sentido para la interpretaci&oacute;n, reconstrucci&oacute;n del lector? Son interrogantes los que aparecen luego de leer y releer <I>El &uacute;ltimo encuentro</I>, y con &eacute;stos, un ansia, un deseo de poder interpretar el acontecimiento posible gracias a la obra de la ficci&oacute;n. </P >     <P >Leer implica no agotar la interpretaci&oacute;n, afirmaci&oacute;n que ha motivado estas breves reflexiones en torno a las mujeres. En esta sobrecogedora novela el escritor logra que el lector no saque los ojos de sus p&aacute;ginas. Las palabras conseguidas por su creador, muy seguramente con la ayuda de su propia lupa, tienen como destino penetrar la hondura del coraz&oacute;n humano. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P >Una mirada al mundo femenino que protagoniza <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> ha sido uno de los prop&oacute;sitos de estas p&aacute;ginas y saber por qu&eacute; el personaje mujer en la novela es creado por el autor para estar all&iacute;, de ese modo tan necesariamente enigm&aacute;tico. </P >     <P >Al parecer, y &eacute;sta puede ser otra estrategia narrativa del autor, en la obra hay dos mujeres, las m&aacute;s visibles: Nini y Krisztina, pero, otras rodean la atm&oacute;sfera aparentemente masculina que se respira a medida que se avanza en su lectura. Todas parecen dispuestas a partir de la misma labor de invenci&oacute;n de su creador, quien las convoca a desempe&ntilde;ar el papel de ocultarse y desocultarse, es por esto que hay una insignia o se&ntilde;al que las hace pr&oacute;ximas, casi hermanas, en esa suerte de anonimato al que se las ha entregado. Es as&iacute; como <I>nombradas</I> sin nombre responden a su condici&oacute;n de mujer: la condesa, la madre del general, la abuela, la viuda sorda de un m&eacute;dico, la bailarina, las criadas. Es un modo particular de nombrar, pues est&aacute; determinado por lo que hacen, representan socialmente o de quien dependen, no del nombre que les concede identidad. </P >     <P >Sin embargo, el juego de ocultamiento adelantado con el personaje femenino en la obra, el desarrollo del relato y el ingreso usualmente silencioso de las mujeres en &eacute;ste permite dos interpretaciones: por una parte, las mujeres son vitales en la pieza; por otra, los textos en palabras y acciones alcanzados por el mundo femenino remiten a un registro de car&aacute;cter &eacute;tico -la sem&aacute;ntica no est&aacute; exonerada de la dimensi&oacute;n &eacute;tica-, y la &eacute;tica, en la perspectiva freudiana, como bien expone Iris Mar&iacute;a Zabala: "es limitaci&oacute;n de lo pulsional" (Zabala, 2005: 16). En esto la obra y su creador son magistrales; Nini pone l&iacute;mites al comportamiento del General y lo hace en momentos que juzga definitivos para &eacute;ste, en particular el indicado para la espera del amigo que regresaba cuarenta y un a&ntilde;os despu&eacute;s: </P >     <blockquote>       <p>Se acerc&oacute; al general, se inclin&oacute; ante &eacute;l y le bes&oacute; la mano fuerte, vieja, llena de     manchas parduscas y adornada con un anillo.   &mdash;Prom&eacute;teme una cosa -dijo-, prom&eacute;teme que no te excitar&aacute;s.   &mdash;Te lo prometo -respondi&oacute; el general, en voz baja y obediente. (M&aacute;rai, 2005: 18) </p> </blockquote>     <P >Por su parte, Krisztina encarna una suerte de representaci&oacute;n donde las formas personaje femenino no est&aacute;n lejos de su semantizaci&oacute;n varonil. Mujeres que salen solas, que viajan, que dejan a sus esposos, que "no les vuelven a dirigir la palabra", que desaf&iacute;an los prejuicios de una comunidad y de una tradici&oacute;n. &Eacute;ste es uno de los primeros estereotipos de masculinidad proyectado por M&aacute;rai entre la precisa descripci&oacute;n, la poes&iacute;a y la infaltable iron&iacute;a. </P >     <P >La mujer parece tener reservado un segundo plano en la novela, pero no, Mar&aacute;i tiene un claro prop&oacute;sito con su trabajo de ficci&oacute;n: ser estrat&eacute;gico con el lector, a quien le guarda el momento para hallar el lugar ocupado por las mujeres. Lo que se ha puesto en juego y hace racional el inesperado encuentro, no es exclusivamente la sed de venganza soportada por tanto tiempo por el General, sino la reserva que el autor ha concedido para una pregunta de &iacute;ndole &eacute;tica, establecida bajo la relaci&oacute;n del hombre y la mujer. No puede olvidarse cu&aacute;l fue el motivo que desat&oacute; el desencuentro: una mujer. &iquest;No ser&aacute; esto lo que ha justificado unos a&ntilde;os contados en d&eacute;cadas para la espera? </P >     <P >Pasar, volver a pasar los ojos -despu&eacute;s de tantas lecturas- por <I>El &uacute;ltimo encuentro </I>para ir al encuentro del personaje femenino, que persiste en el relato como el recuerdo y que tiene la duraci&oacute;n profunda de casi medio d&iacute;a y una larga noche, es constatar que la mujer no est&aacute; opaca en este acontecimiento rodeado de espera. Est&aacute; sola y comparte, como ocurre con todo habitante del mundo contempor&aacute;neo, donde la amistad es tambi&eacute;n la soledad. No hacer presente esta premisa en medio de la lectura de la novela significa no poder contestar el interrogante que la recorre: &iquest;Por qu&eacute; tanta espera?, &iquest;Por una mujer? </P >     <P   align="" >&nbsp;</P > </font>     <p><b><font size="3" face="Verdana">Notas al pie</font></b></p> <font face="Verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="1" id="1"></a><a href="#p1">1</a> </Sup>Entendida a partir de Ingarden y en an&aacute;lisis realizado por el profesor Juan Omar Cofr&eacute;: "Como una estructura ling&uuml;&iacute;stica compleja y multiestratificada a la cual el lector presta sentido mediante la daci&oacute;n de significaciones en un acto intencional que no puede ser confundido con un acto psicol&oacute;gico" (Cofr&eacute;, 1990: 45).</P >     <p><Sup><a name="2" id="2"></a><a href="#p2">2</a> </Sup>Pacto que no est&aacute; lejano de las posteriores nociones presentadas por Ingarden, Gadamer y la &uacute;ltima de Eco, acerca del lector "cocreador" y del lector "modelo", expuestos en las respectivas teor&iacute;as de la recepci&oacute;n lectora por las que unos y otro abogan.</P >     <p><Sup><a name="3" id="3"></a><a href="#p3">3</a> </Sup>Semi&oacute;tica, neoestil&iacute;stica, hist&oacute;rica, literaria, neorret&oacute;rica, te&oacute;rico-textual, pragm&aacute;tica y psicoanal&iacute;tica, entre otras.  </P >     <p><Sup><a name="4" id="4"></a><a href="#p4">4</a> </Sup>El car&aacute;cter de unidad intr&iacute;nseca y art&iacute;stica de la obra literaria est&aacute; constituido por cuatro estratos o niveles identificables: 1. el estrato de las formas significativas y de las producciones f&oacute;nicas de grado superior, pertenecen a &eacute;ste, los valoresf&oacute;nicos de un poema; 2. el estrato de las significaciones elementales y complejas de los signos ling&uuml;&iacute;sticos, estrato que determina la constituci&oacute;n de las objetividades o del mundo de ficci&oacute;n presentado en la obra; 3. el estrato de las objetividades representadas, son constituyentes de &eacute;ste como los objetos u objetividades representadas, se trata de las entidades ling&uuml;&iacute;sticas proyectadas en la obra, como personajes, acontecimientos, etc.; estrato que para el prop&oacute;sito de la investigaci&oacute;n es fundamental, pues busca en un mundo de ficci&oacute;n dado, las representaciones del personaje femenino en <I>El &uacute;ltimo encuentro</I>; 4. por &uacute;ltimo, Ingarden presenta el estrato de los aspectos esquematizados; se trata de las entidades que en la obra aparecen representadas como reales. El logro final de la lectura es la conjunci&oacute;n de los cuatro estratos, permitiendo con ello "la armon&iacute;a polif&oacute;nica que queda determinada esencialmente por la forma en que los cuatro estratos se combinan y estructuran constituyendo la obra de arte literaria" (Cofr&eacute;, 1990: 50). M&aacute;s ampliaciones al respecto, pueden consultarse en la misma referencia.  </P >     <p><Sup><a name="5" id="5"></a><a href="#p5">5</a> </Sup>Los "aspectos" de los que habla Ingarden equivalen en Husserl a "modo de apariencia". El papel del lector frente a la obra literaria de arte es actualizar los aspectos esquematizados, pues &eacute;stos se hallan impl&iacute;citos en la obra &mdash;son los lugares de indeterminaci&oacute;n&mdash; y se proyectan como objetividades representadas.  </P >     <p><Sup><a name="6" id="6"></a><a href="#p6">6</a> </Sup>Tambi&eacute;n aparece escrito Grosschmid.  </P >     <p><Sup><a name="7" id="7"></a><a href="#p7">7</a> </Sup>Despu&eacute;s de su suicidio a los 89 a&ntilde;os de vida, cay&oacute;, en 1989, el Muro de Berl&iacute;n.</P >     <P   ><Sup><a name="8" id="8"></a><a href="#p8">8</a> </Sup><I>La noche de los candelabros</I> es la traducci&oacute;n original de la novela de 1942 que hoy las editoriales entregan bajo el   t&iacute;tulo <I>El &uacute;ltimo encuentro</I>. </p>     <P   >&nbsp;</p> </font>     <p><b><font size="3" face="Verdana">Bibliograf&iacute;a</font> </b></p> <font face="Verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P   >1. Cofr&eacute;, Juan Omar (1990) <I>Filosof&iacute;a del arte y la literatura. </I>Valdivia: Fondecyt/Universidad Austral de Chile.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1794-5887200900010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >2. Dom&iacute;nguez, Javier (2003) <I>Cultura del juicio y experiencia del arte</I>. Medell&iacute;n:   Universidad de Antioquia.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1794-5887200900010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >3. Gadamer, Hans-Georg (1977) <I>Verdad y m&eacute;todo</I> (Trad. del alem&aacute;n de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito). Salamanca: S&iacute;gueme.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1794-5887200900010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >4. Gadamer, Hans-Georg. (1997) "Palabra e imagen". En: <I>Mito y raz&oacute;n</I> (Trad. del alem&aacute;n de Ana   Agud Aparicio) Barcelona: Paid&oacute;s.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1794-5887200900010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >5. Gadamer, Hans-Georg. (2002) <I>Acotaciones hermen&eacute;uticas</I> (Trad. del alem&aacute;n de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito). Madrid: Trotta.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1794-5887200900010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >6.    Gnutzmann, Rita (1980) "Nueva cr&iacute;tica literaria. La teor&iacute;a de la recepci&oacute;n". En:   <I>Revista de Occidente</I>, n&uacute;m. 3.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1794-5887200900010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >7. Ingarden, Roman (1989) "Concreci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n". En: <I>Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n</I>.   Madrid: La Balsa de la Medusa.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1794-5887200900010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >8. Lacan, Jaques (2004) <I>El seminario, libro X. La angustia</I>. Par&iacute;s: Seuil.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1794-5887200900010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >9. M&aacute;rai, S&aacute;ndor (2005) <I>El &uacute;ltimo encuentro</I> (Trad. de Judit Xantus) Barcelona:   Salamandra. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1794-5887200900010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >10. Para&iacute;so, Isabel (1994) <I>Psicoan&aacute;lisis de la experiencia literaria</I>. Barcelona: C&aacute;tedra.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1794-5887200900010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >11. P&eacute;rez, Juan Fernando (2005) <I>Sobre S&aacute;ndor M&aacute;rai. Notas de lectura </I>[in&eacute;dito], Medell&iacute;n.  </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1794-5887200900010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >12. Zabala, Iris Mar&iacute;a (2005) <I>Leer el Quijote. Siete tesis sobre &eacute;tica y literatura. </I>Barcelona: Anthropos.</P > </font>     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1794-5887200900010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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