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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="4"><b>El mal y el problema de la justicia en el mito de Prometeo de Hes&iacute;odo</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Antonio Hermosa And&uacute;jar*</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">* Doctor en Filosof&iacute;a, UNED (Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia, Madrid, Espa&ntilde;a). Profesor, Universidad de Sevilla, Espa&ntilde;a, y Director de  <i>Araucaria, Revista Iberoamericana de Filosof&iacute;a, Pol&iacute;tica y Humanidades, </i><a href="mailto:hermosa@us.es">hermosa@us.es</a><i>.</i></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Recibido</b>: octubre 12 de 2010. <b>Aprobado</b>: febrero 4 de 2011</font></p> <hr />     <p><font face="Verdana" size="2"></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el mito que lleva su nombre, Prometeo es un tit&aacute;n que apenas interviene en el combate entre los dioses, si bien su breve intervenci&oacute;n resultar&aacute; clave, por cuanto instilar&aacute; en Zeus el <i>veneno</i> de la astucia, un factor decisivo en el resultado final; pero que s&iacute; lo hace en el subsiguiente conflicto generado entre aqu&eacute;llos y los hombres, y activamente a favor de &eacute;stos<sup><a name="p1" id="p1"></a><a href="#1">1</a> </Sup>. Todo acontece cuando, luego de haber puesto orden en el cielo, Zeus insta a Prometeo a proceder al reparto de bienes entre unos y otros, mandato que el tit&aacute;n lleva a cabo salt&aacute;ndose por su cuenta las jerarqu&iacute;as naturales que deben presidir sus mutuas relaciones. La acci&oacute;n se salda con el castigo por parte del jefe de los dioses contra el defensor de los hombres, pero &eacute;ste, merced a su astucia, burla el castigo, enga&ntilde;a al poderoso y favorece a los d&eacute;biles mortales, tambi&eacute;n perjudicados con el castigo anterior, aunque no les incumb&iacute;a. A ello sigue otro nuevo y definitivo,  parece, hasta que tras la intercesi&oacute;n de Heracles Zeus libera a Prometeo del &aacute;guila que le devora por el d&iacute;a el h&iacute;gado crecido durante la noche y de las cadenas que sujetan su cuerpo clavado a la roca.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Orden, normas, bienes a repartir, desobediencia, castigo... Hablamos en efecto de la Justicia. De una justicia que resulta problem&aacute;tica en un doble sentido; en primer lugar, porque como ejemplifica el propio Prometeo el castigo no siempre supone la restauraci&oacute;n del orden, sino una segunda violaci&oacute;n a la que puede encadenarse una espiral de nuevas violaciones. Luego, porque el castigo a los hombres demuestra que puede haber da&ntilde;o sin injuria, lo que transforma al inocente en v&iacute;ctima y a la justicia en venganza: en injusticia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; pues, al hablar de la justicia en el mundo humano habremos de empezar por el mundo divino dado que promana de &eacute;l, explicitando el por qu&eacute; y el c&oacute;mo del orden en dicho mundo antes de observar sus efectos sobre el de los hombres. La mirada se completar&aacute; estableciendo el por qu&eacute; y el c&oacute;mo del orden en el mundo humano, vale decir, desentra&ntilde;ando algunos de los rasgos definitorios de la condici&oacute;n humana. Todo ello constituir&aacute; el</font><font face="Verdana" size="2">objeto del presente trabajo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>I. El (des)orden c&oacute;smico</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el comienzo fue el Caos. Lo oscuro, vac&iacute;o, informe. De &eacute;l surgi&oacute; Gea (la <i>Tierra</i>), con caracter&iacute;sticas en principio contrarias a las de su indeterminado progenitor: clara, precisa, estable. De un lado, era el suelo firme del mundo, del que emerg&iacute;an las altas monta&ntilde;as que rozaban el cielo y se descend&iacute;a al insondable T&aacute;rtaro, semejante al Caos. De otro, la fuente de la vida de la casi totalidad de los seres, a los que crea y nutre: la madre universal. Tras Gea hizo su aparici&oacute;n Eros, si bien no todav&iacute;a como dios del amor. Caos engendr&oacute; tambi&eacute;n a &Eacute;rebo, la pura oscuridad jam&aacute;s mancillada por la luz, y Nix, de la que nacer&iacute;an el &Eacute;ter, la pura luz jam&aacute;s mancillada por la oscuridad, y H&eacute;mera: la luz celeste y la luz diurna, que alterna con la noche formando una rueda que gira sin cesar sobre el conjunto de las criaturas de la tierra. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tambi&eacute;n Gea, como Nix, fue capaz de procrear por s&iacute; misma: a Urano (el <i>Cielo</i>), primero, con todo su cortejo de astros; a Ponto (el <i>Mar</i>), despu&eacute;s; ambos, en un sentido determinado, opuestos a su madre. El primero, en efecto, nada m&aacute;s nacer devino "su doble y su contrario"<sup><a name="p2" id="p2"></a><a href="#2">2</a> </Sup>: un ser de su misma extensi&oacute;n, convertido de inmediato en techo del universo, y de g&eacute;nero masculino que acto seguido copul&oacute; con su progenitora. El segundo tambi&eacute;n contrastaba con ella en la misma medida en que lo s&oacute;lido y delimitado se opone a lo l&iacute;quido e inaprensible. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> Id&eacute;ntico a Gea como dos gotas de agua, y adherido a su entera superficie como "una segunda piel" (Vernant), Urano, reducido a mera fuerza sexual, engendr&oacute; con ella tres series de v&aacute;stagos: Titanes y Tit&aacute;nides, C&iacute;clopes y Hecatonquires<sup><a name="p3" id="p3"></a><a href="#3">3</a> </Sup>, las dos &uacute;ltimas constituidas por tr&iacute;os de seres monstruosos dotados de fuerza descomunal: los del  ojo <i>redondo</i>, los <i>c&iacute;clopes</i>, por las armas que blanden, el rayo, el trueno y el rel&aacute;mpago, que les posibilitan fulminar con la vista; los de las  <i>cien manos</i>, los <i>hecatonquires</i>, por sus cincuenta cabezas y cien brazos, cada uno de ellos terrible por s&iacute; mismo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ahora bien, la ensimismada actividad natural de Urano le hab&iacute;a granjeado las iras de unos y otra. De aqu&eacute;llos porque al cubrir permanentemente a Gea no les dejaba crecer, manteni&eacute;ndolos aplastados en el seno materno; y de &eacute;sta porque, justo por eso, estaba "a punto de reventar" (Hes&iacute;odo), lo cual le llev&oacute; a urdir una artima&ntilde;a, que s&oacute;lo Cronos, el tit&aacute;n m&aacute;s joven, se atrevi&oacute; a consumar. De sus propias entra&ntilde;as se sac&oacute; una hoz de acero que puso en manos de Cronos, "de mente retorcida", quien, sin vacilar, en la siguiente noche arrancar&iacute;a los genitales de su padre. Un brutal aullido de dolor fue el preludio de su precipitada retirada hacia lo m&aacute;s alto del universo, de donde ya no se ha vuelto a mover (y de donde s&oacute;lo en forma de lluvia desciende de cu&aacute;ndo en cu&aacute;ndo para fecundar a la madre tierra).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Vernant ha captado bien el significado de la castraci&oacute;n de Urano y su ulterior localizaci&oacute;n en la parte superior de la b&oacute;veda celeste: por un lado, se crea el espacio: los seres pueden crecer y moverse libremente, la vida puede transformarse y expandirse porque ya hay lugar; por otro, se desbloquea el tiempo, en el que los sujetos pueden crecer y multiplicarse, y las generaciones subseguirse: el tiempo lineal de la <i>historia</i> de la <i>divina</i> antes, mas en cierto sentido tambi&eacute;n de la humanapone aqu&iacute; en marcha su reloj.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero no es s&oacute;lo eso. En esa reci&eacute;n inaugurada <i>geograf&iacute;a</i> de la vida, que se va poblando de acciones <i>nuevas</i>, vale decir, de <i>historia</i>, hace su entrada un antiguo convidado de piedra, la moralidad, anticipada -si bien de manera impropia, dado el contexto en el que se hab&iacute;a producidopor Cronos en <i>prol&eacute;ptica</i> justificaci&oacute;n de su proceder: seccionar&aacute; el miembro viril de su padre, dice a su madre, porque "fue el primero en maquinar odiosas acciones"<sup><a name="p4" id="p4"></a><a href="#4">4</a> </Sup>. El acto fundacional de la moralidad tiene lugar cuando, tras la castraci&oacute;n, Cronos arroja al mar el miembro de su padre, un trayecto en el que est&aacute;n presentes tres hechos trascendentales: ciertas gotas de sangre que se diseminan por la tierra, y de las que brotar&aacute; Eride, es decir, la Discordia, capaz de separar lo unido; la espuma del esperma que en el mar se mezcla con la del agua, y de las que germinar&aacute; <i>Afrodita</i>, deidad del amor, y que se hace acompa&ntilde;ar de <i>Eros</i>, ya en su reconocida funci&oacute;n <i>er&oacute;tica</i>, y <i>H&iacute;mero</i>, el Deseo, capaces de unir lo separado; el tercer elemento es la amenaza a su hijo de que tambi&eacute;n &eacute;l ser&aacute; en su d&iacute;a v&iacute;ctima de su acci&oacute;n, la cual se revelar&aacute; prof&eacute;tica. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tenemos aqu&iacute;, por tanto, una acci&oacute;n de fuerza que altera violentamente el <i>status quo</i>, unas <i>fuerzas</i> del mal que siembran la discordia a su paso, unas <i>fuerzas</i> del bien en grado de sembrar concordia al suyo, y una <i>promesa</i> de violencia que, de ejecutarse, no restaurar&aacute; el orden primigenio, sino que desorganizar&aacute; el actual y contra el que &eacute;ste habr&aacute; de protegerse. Es decir: la promesa de violencia contiene, como legado del pasado al futuro, una semilla de <i>incertidumbre</i> contra la cual &eacute;ste se debe defender. Se requiere, por tanto, refundar el orden conocido hasta ahora al objeto o de poner coto al peligro intuido en lo desconocido o, al menos, de reducir cuanto sea posible su incidencia. Es as&iacute; c&oacute;mo, casi en sordina y no sin contradicci&oacute;n, el mundo de fuerzas naturales se ha <i>humanizado</i> adoptando la forma de un mundo <i>pol&iacute;tico</i>, y c&oacute;mo ah&iacute; la Justicia, en pleno mundo divino, anuncia su necesidad.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="3"><b>II. El orden divino y la Justicia</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el nuevo escenario instaurado con el destronamiento de Urano, cualquiera de los v&aacute;stagos de las tres dinast&iacute;as pod&iacute;a en principio aspirar al trono paterno. Pero fue "el poderoso Cronos de mente retorcida" quien se adue&ntilde;&oacute; de &eacute;l. Su arrojada acci&oacute;n hab&iacute;a tenido su recompensa. Era <i>justo</i> que quien  se hab&iacute;a demostrado el m&aacute;s resuelto, audaz y maquinador de todos retomase la renovada autoridad paterna tras el vac&iacute;o dejado por su predecesor. Y entre las primeras medidas con las que asegurar su dominaci&oacute;n se cuenta el encadenamiento en el T&aacute;rtaro, una regi&oacute;n del Hades, de c&iacute;clopes y hecatonquires. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ahora bien, el recuerdo de la maldici&oacute;n a&uacute;n chirriaba en los o&iacute;dos del <i>rebelde</i>, y su temor fue m&aacute;s tarde fortalecido por su madre, la cual, conocedora del futuro, le hab&iacute;a confirmado el destino de la maldici&oacute;n inst&aacute;ndole a combatirlo. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al respecto, fue devorando uno a uno los hijos que nac&iacute;an de su uni&oacute;n con su hermana Rea, lo que produjo en &eacute;sta un malestar similar al sentido por su madre en circunstancias parecidas, y termin&oacute; por inducirle a recurrir a la astucia y a dos de sus criaturas predilectas, la mentira y el fraude, al objeto de poner fin a semejante delirio. As&iacute;, al llegar la hora del alumbramiento de Zeus, Rea se traslada a la cueva de Dicte, en Creta, donde entrega en custodia al ni&ntilde;o a Adrastea e Ida, hijas de Meliseo, y pide a los Curetes que con sus danzas y cantos guerreros impidan que los lloros de su hijo resulten audibles al padre<sup><a name="p5" id="p5"></a><a href="#5">5</a> </Sup>. A &eacute;ste, en compensaci&oacute;n, le entrega una piedra envuelta en pa&ntilde;ales que Cronos engulle &iacute;ntegra, envoltorio incluido. Y Zeus creci&oacute;... </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El deseo de Zeus es instaurar su propio orden, m&aacute;s justo. El objetivo se revelar&aacute; m&aacute;s complejo de lo pensado, durar&aacute; m&aacute;s de lo conjeturado y su realizaci&oacute;n requerir&aacute; de varias fases. La primera de ellas pasa por refundar el orden existente desalojando a su actual inquilino y padre del lugar de honor que en &eacute;l ocupa. &iquest;C&oacute;mo lo conseguir&aacute;, no disponiendo por el momento de m&aacute;s fuerzas que las suyas?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La estrategia ideada pasa por devolver al mundo al resto de los cr&oacute;nidas, ahora atenazados en el vientre paterno, para lo que, con ayuda de Rea, maquina un sutil plan: lograr que Cronos ingiera un vomitivo que le haga expulsar a sus hijos, empezando por la piedra con la que confundiera a su &uacute;ltimo reto&ntilde;o. El &eacute;xito de la empresa le permite encarar la guerra contra aqu&eacute;l junto a un pu&ntilde;ado de aliados: sus propios hermanos, los hijos del afrontado. Quien, de su parte, cuenta con la mayor&iacute;a de los suyos, el conjunto de los tit&aacute;nidas. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Mas la estrategia no se detiene ah&iacute;. Zeus, antes de emprender la guerra, estudia con detenimiento el escenario en el que &eacute;sta se va a desarrollar, incluidos los partidarios de uno y otro bandos y los presuntos neutrales. El mundo celeste se ha ido poblando de nuevos moradores, y muchos de ellos se enfrentar&aacute;n entre s&iacute; en tan terrible y fratricida guerra, y tan decisiva, adem&aacute;s, para la suerte del mismo. Percibe con claridad las figuras de primera y segunda generaci&oacute;n,    distingue su naturaleza y su posible uso, y su siguiente paso estrat&eacute;gico consiste en atraerse a las dos de su lado. A tal fin, su inteligencia resulta insuficiente, pero s&iacute; sabe c&oacute;mo mejorar, por lo que acepta el consejo -el de Gea, para liberar de sus cadenas a c&iacute;clopes y hecatonquires, as&iacute; deudores suyosy la astucia -la que Prometeo le otorga, b&aacute;sica frente a la brutal violenciaque la completan y fortalecen. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este punto se trata tanto de reforzar el campo propio cuanto de debilitar el del rival. Y para ganarse plenamente la adhesi&oacute;n de aqu&eacute;llos a quienes acaba de liberar, y sus respectivas armas con ella, les promete el alimento de los dioses, el n&eacute;ctar y la ambros&iacute;a, que garantizan la inmortalidad. Suyos son ahora el rayo, el rel&aacute;mpago y el trueno de los primeros, y la descomunal fuerza de los segundos, que podr&aacute; utilizar a su antojo. La t&aacute;ctica se completa aplicando el principio del <i>divide et impera</i>, ya puesto de relieve al aceptar el don de Prometeo, un tit&aacute;n, bien que de segunda generaci&oacute;n, o acogiendo en sus filas y honrando a Estige, la diosa que manda en el mundo infernal, siempre flanqueada por sus hijos, B&iacute;a, la violencia, y Cr&aacute;tos, el dominio, cuyo poder tambi&eacute;n ponen al servicio de Zeus, de quien ser&aacute;n sus futuras <i>damas</i> de compa&ntilde;&iacute;a. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todo ese repertorio de fuerzas, comandadas por la inteligencia, la astucia y la violencia, da pie a que cuando se celebre el combate entre ambos bandos, tan brutal que en un momento del mismo el cielo se desplom&oacute; sobre la tierra y torn&oacute; el imperio de Caos, acabe decant&aacute;ndose del lado de Zeus. Los titanes, inmortales, fueron abatidos desde el ojo Zeus gracias a las fuerzas naturales que los c&iacute;clopes pusieron a su disposici&oacute;n, y atenazados por el vendaval de piedras desatado contra ellos por los hecatonquires. Los titanes, cuya fuerza depend&iacute;a de su continuo movimiento, quedaron al fin inmovilizados cuando, luego de arrastrados al T&aacute;rtaro, Poseid&oacute;n construy&oacute; un triple muro de bronce sobre el paso estrecho que conduce a &eacute;l, y lo puso bajo la custodia de los hecatonquires. <i>Muro de bronce</i>, dec&iacute;amos: era el modo de indicar que la t&eacute;cnica se incorpora como cuarto elemento al grupo de gesti&oacute;n del poder. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Zeus ya ha sido elegido por los dem&aacute;s dioses como su nuevo jefe. Al dominio de las fuerzas naturales, de car&aacute;cter amoral, como era el de Urano, sigui&oacute; uno ya <i>pol&iacute;tico</i>, el de Cronos, pero basado en la fuerza. El orden establecido por Zeus sigue siendo pol&iacute;tico, pero es ya leg&iacute;timo; se basa en la justicia, que domina el entero &aacute;mbito de su jurisdicci&oacute;n. Pero para ello ha necesitado previamente asegurarlo: frente a las posibles defecciones de sus actuales partidarios, repartiendo privilegios entre ellos; frente a quienes se mostraron neutrales en su d&iacute;a, como Oc&eacute;ano, confirm&aacute;ndole en los suyos; frente a la eventualidad de que un d&iacute;a estallara la discordia entre la inteligencia y la astucia, fundiendo astutamente ambas; frente a los imprevistos en un mundo reglado, el dominio de H&eacute;cate, ampliando sus poderes, aunque no, l&oacute;gicamente, en relaci&oacute;n con su autoridad; y, sobre todo, frente a dos nuevas series de peligros: los que surgen de lo nuevo, encarnados en un ser monstruoso, Tif&oacute;n, otro hijo de Gea, y los que surgen de lo viejo, encarnados en una especie de permanente fuerza militar bruta corporizada en los Gigantes<sup><a name="p6" id="p6"></a><a href="#6">6</a> </Sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La formaci&oacute;n del orden definitivo de Zeus requiere haber llevado a cabo con &eacute;xito todas esas empresas, pero al mismo tiempo supone la liquidaci&oacute;n de todos los vestigios de Caos que, a trav&eacute;s de su hija, la Noche, hab&iacute;a invadido de males el mundo de los dioses. Su s&eacute;quito de tinieblas, en el que los cr&iacute;menes relacionados con las diversas formas de muerte violenta figuran entre los de primer rango, y males como la miseria, el hambre o la vejez no le van a la zaga, es ahora eliminado de dicho mundo y enviado hacia otros lugares. Entre los dioses, cierto, no prevalece una total armon&iacute;a, pero sus conflictos ya no se dirimen en batallas violentas y el castigo de los culpables no entra&ntilde;a la amenaza de una nueva desestabilizaci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n lo es que ni en ellos cabe s&oacute;lo el bien y que el mal no ha abandonado por completo el cosmos. &iquest;Va a parar todo &eacute;l al T&aacute;rtaro? Incluso con algunos de sus agentes inmovilizados, &iquest;cabe afirmar que sus efectos hayan sido encadenados para siempre? Recordemos aqu&iacute; que la instauraci&oacute;n del nuevo orden divino marca tambi&eacute;n la ruptura definitiva entre los dioses y los hombres, los cuales quedan primero a merced de las circunstancias, y para sobrevivir deben a continuaci&oacute;n construirse su propio mundo mediante su propio esfuerzo. &iquest;Ha quedado abierto as&iacute; un nuevo escenario donde todas las vidas del mal campen a sus anchas?</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>III. Prometeo y el origen del mal en el mundo  humano</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El orden divino de Zeus se hab&iacute;a construido contra toda una sinfon&iacute;a de males, o, simplificando, contra el dios del mal, polif&oacute;nico e inmortal: contra la terribilit&agrave; de ese mal radical, insondable y amorfo, que proviene del Caos original y de su ulterior supervivencia en las regiones oscuras de Gea una vez aparecida &eacute;sta; contra el mal ontol&oacute;gico de las fuerzas naturales, conformado por su simple existir, por cuanto su solo hacer por hacer -y no puede no actuar existiendo, al carecer de cabeza, se transforma directamente en destruir cuando el mundo de dioses, de repente, aparece humanizado; contra el acto de rebeli&oacute;n de un orden constituido y la constituci&oacute;n de otro basado en la nuda fuerza, como el depuesto, aunque de naturaleza diferente; contra el sortilegio de una maldici&oacute;n vagante convertida en destino, que se val&iacute;a de la creaci&oacute;n de unas deidades de la venganza celosamente ocupadas en destruir a los sujetos anudados con lazos consangu&iacute;neos; etc. Ya hemos trazado una parte de su casu&iacute;stica, por lo que ahora procuraremos mostrar sus posibles efectos en el mundo humano, aunque no sin antes insistir en que el dios del mal es inmortal y recordar, como tan acertadamente lo hace Vernant, que es <i>una y misma</i> la fuente de tales males y de sus bienes opuestos. Ambig&uuml;edad moral &eacute;sa a la que volveremos en el &uacute;ltimo ep&iacute;grafe.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La convivencia entre dioses y hombres en la f&eacute;rtil llanura de Mecona ha terminado, y ahora que una parcialmente perfecta armon&iacute;a existe entre aqu&eacute;llos se trata de fijar con nitidez los lindes de sus respectivos mundos, las relaciones entre los moradores de uno y otro, tan radicalmente desiguales, y, al cabo, el tipo de orden que los humanos son capaces de establecer entre s&iacute;. Zeus desea registrar la separaci&oacute;n y encarga a Prometeo oficiar la ceremonia. &Eacute;ste sacrifica un toro, separando los huesos de la carne; prepara ambas partes sus destinatarios, pero antes del reparto recubre aqu&eacute;llos de una resplandeciente grasa, blanca y apetitosa, que lo hace aparecer ante cualquier ojo, inmortal o mortal, como un excelente bocado; la carne, en cambio, la cubre con la piel del animal y termina de afear su aspecto deposit&aacute;ndola en el est&oacute;mago de la res. El todo listo, presenta ambos lotes a Zeus para que el rey de los dioses elija cu&aacute;l quedarse. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La ira que le invade al constatar la falta de correspondencia entre lo m&aacute;s apetecible y lo m&aacute;s sabroso no s&oacute;lo apunta a un cierto hartazgo del n&eacute;ctar y la ambros&iacute;a, o al posible deseo de echar de cu&aacute;ndo en cu&aacute;ndo una cana culinaria al aire, sino que es a&uacute;n m&aacute;s confesi&oacute;n de la derrota de la propia astucia frente a la del rival. De otro modo, resulta tan "inexplicable" su reacci&oacute;n como "el pe&ntilde;asco" sobre el que lo acabar&aacute; encadenando, seg&uacute;n Kafka (2005: 198). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Antes de explicitar el contenido y las consecuencias de dicha reacci&oacute;n, el s&oacute;lo hecho de la misma nos avisa de un inminente castigo al humillante derroche de <i>hybris</i> por parte del tit&aacute;n, y ello, a su vez, en el preciso instante en el que el linaje humano inicia su peculiar traves&iacute;a por el desierto de su nuevo mundo sin dioses, nos habla de otra suerte de <i>maldici&oacute;n</i>, de un nuevo destino, que habr&aacute; de acompa&ntilde;arle durante la misma, es decir, a lo largo de su historia: la imperfecci&oacute;n de su nacimiento jalonar&aacute; su entera existencia. En ese mundo, la apariencia enga&ntilde;ar&aacute;; la verdad se ocultar&aacute;; lo bueno y lo malo ir&aacute;n cada uno por su lado, si bien pueden nacer juntos y entrecruzarse en el camino; la belleza, como la fealdad, preconizar&aacute; Revista su indiferencia ante el bien; la jerarqu&iacute;a apostar&aacute; por la arbitrariedad, etc. Y la justicia, por fuerza, se convertir&aacute; en el ox&iacute;geno de la supervivencia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A&uacute;n no sabemos c&oacute;mo surgir&aacute; el mal, pero la ignominia presente en la <i>fundaci&oacute;n</i> del mundo humano nos hace prever un mundo poblado de males. Y cuanto conocemos de ellos por la <i>historia</i> divina nos insta a barruntar su diferenciado origen tambi&eacute;n entre los hombres. Su presencia entre los dioses, su existencia incluso actual que impide la total armon&iacute;a entre ellos aun en plena vigencia del orden de Zeus, es garant&iacute;a de su existencia eterna entre los hombres; el que en aquel mundo las fuentes del mal se repartieran entre la naturaleza y la voluntad resulta una &uacute;til analog&iacute;a a la hora de presagiar su formaci&oacute;n en el mundo humano. Incluso el hecho de que ambos mundos, por separados que est&eacute;n, compongan el &uacute;nico universo existente, simplifica corroborar el presagio, y que los hombres, por ejemplo, cuando un vendaval encrespe el mar hasta poner en peligro la vida de los navegantes, distingan esos vientos del Noto, el C&eacute;firo o el B&oacute;reas, que facilitan su deambular por los mares, y los consideren una manifestaci&oacute;n del poder de Tif&oacute;n ejercida m&aacute;s all&aacute; de su &aacute;mbito. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Prosigamos con la reacci&oacute;n de Zeus ante el enga&ntilde;o de Prometeo. Hes&iacute;odo nos dice en sus dos obras principales que, col&eacute;rico, cuando dispuso la sanci&oacute;n contra el tit&aacute;n sus intenciones de castigo ten&iacute;an tambi&eacute;n otros destinatarios: "Te alegras de que has conseguido enga&ntilde;ar mi inteligencia, enorme desgracia para ti y para los hombres futuros"<sup><a name="p7" id="p7"></a><a href="#7">7</a> </Sup>. De hecho, "desde entonces siempre tuvo presente este enga&ntilde;o"<sup><a name="p1" id="p1"></a><a href="#1">8</a> </Sup>, y en su prop&oacute;sito, repetimos, en el castigo contra el tit&aacute;n inclu&iacute;a a la raza humana de la que aqu&eacute;l se hab&iacute;a erguido por s&iacute; mismo en defensor. En todo ello parece m&aacute;s visible la impotencia de Zeus que su poder; y en la desmesura y eternidad de su prop&oacute;sito resaltar no tanto el deseo de justicia cuanto la ejecuci&oacute;n de una venganza. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La reacci&oacute;n de Zeus, decimos, es dejar sin el fuego sagrado -esto es: sin su <i>arte</i>al g&eacute;nero humano; y la reacci&oacute;n del tit&aacute;n, entonces, es rob&aacute;rselo y entregarlo a los hombres<sup><a name="p9" id="p9"></a><a href="#9">9</a> </Sup>: que lo necesitan para alimentarse, puesto que no comen carne cruda, para protegerse contra las inclemencias del invierno, para construir utensilios. Para vivir, lisa y llanamente: vivir como hombres, en esa especial posici&oacute;n intermedia entre los dioses y los animales que les es propia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En su reacci&oacute;n subsiguiente Zeus urde el castigo que piensa definitivo: la mujer. Hasta ahora s&oacute;lo hab&iacute;a varones en el mundo y, con la llegada de la mujer, a la anterior reproducci&oacute;n que merced a su t&eacute;chne cada cu&aacute;l pod&iacute;a hacer de s&iacute; mismo, se suma ahora la posible reproducci&oacute;n del g&eacute;nero humano como especie. Empero, la intenci&oacute;n de Zeus no era precisamente &eacute;sa, sino -se dir&iacute;asu extinci&oacute;n, pero eso s&iacute;, a <i>muerte</i> lenta: no en un acto brutal y de mal gusto, sino a trav&eacute;s de la comedia de la vida cotidiana, en cuya representaci&oacute;n "el bello mal", como Hes&iacute;odo llama a la mujer, vaya paulatinamente exprimiendo las energ&iacute;as de su cada vez m&aacute;s debilitado proveedor. Por eso, previendo el espect&aacute;culo, "rompi&oacute; en carcajadas" cuando pidi&oacute; a Hefesto que, mezclando tierra y agua<sup><a name="p10" id="p10"></a><a href="#10">10</a></Sup>,    preparase a la futura mujer con aspecto de <i>parth&eacute;nos</i>, y a Atenea, Afrodita y otras diosas menores que adornaran el cuerpo de la doncella con sus gracias al punto de hacerla irresistible. Aunque s&oacute;lo por fuera: por dentro Hermes se encargar&iacute;a de que tuviera alma de perra, con su insaciable voracidad de alimento y de apetito sexual: pero el interior, se sabe, es en principio invisible. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En qu&eacute; medida <i>Pandora</i>, es decir, <i>la</i> mujer es un castigo para el hombre, cu&aacute;l es su papel en la casu&iacute;stica del mal? Evidentemente, si Zeus piensa en ella como un castigo, y la manda hacer as&iacute;, es porque se ha hecho previamente una -correcta, cabr&iacute;a decir, dada su inteligencia y sagacidad<i>idea</i> del hombre. Si la considera "irresistible" es porque aqu&eacute;l no es amo de su voluntad; si la belleza y la sensualidad de la mujer abate en un solo golpe visual las defensas del hombre es porque &eacute;ste es b&aacute;sicamente un ser m&aacute;s sensual que espiritual, m&aacute;s instintivo que racional (y que debe poseer, adem&aacute;s, un cierto <i>sentido</i> est&eacute;tico junto al de especie, por el cual desea a Pandora tambi&eacute;n en aras de su supervivencia)<sup><a name="p11" id="p11"></a><a href="#11">11</a></Sup>. Sea como fuere, el caso es que env&iacute;a a Epimeteo, hermano del tit&aacute;n, su obra reci&eacute;n acabada y...: <i>veni, vidi, vinci</i>, por remedar a C&eacute;sar. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; pues, Pandora se presenta ante la casa de Epimeteo, quien al verla queda al instante prendado de ella y s&uacute;bito la desposa. La acoge en su hogar, la mantiene, pone su entera hacienda a su disposici&oacute;n. Y ella, voraz, la consume. Ya es demasiado tarde cuando se percata del error cometido, contra el que le hab&iacute;a puesto sobre aviso su hermano Prometeo (el que <i>ve antes</i>, el <i>previsor</i>), al encarecerle no aceptar ning&uacute;n regalo de los dioses y devolverlo de inmediato al remitente; <i>Epi-meteo</i>, en cambio, todo lo <i>comprende despu&eacute;s</i>, como su nombre indica, una vez sucedido: cuando el mal est&aacute; ya hecho. Esa torpeza de un indolente ha metido el mal en su propia casa, y cuando poco despu&eacute;s, y en su ausencia, su esposa destape una gran vasija que no deb&iacute;a tocar, todos los males saldr&aacute;n de ella y se esparcir&aacute;n, . invisibles y seguros, por todos los confines de la tierra<sup><a name="p12" id="p12"></a><a href="#12">12</a> </Sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El mal, por tanto, ha llenado el mundo humano. Toca precisar su naturaleza y su origen. El mal, creemos, es de dos tipos: uno, <i>natural</i>, representado por ese heter&oacute;clito conjunto de <i>males</i> que, como otras tantas fuerzas naturales, azotaran en su d&iacute;a los dominios divinos y que Zeus, tras imponer su orden, logr&oacute; dome&ntilde;ar mas no eliminar. Muchos de ellos reaparecen ahora, como Tif&oacute;n en las tormentas y vendavales, o como esas diosas de la venganza, las Erinias, para llevar el sufrimiento y la desdicha a la raza prometeica. Quiz&aacute; se hallaban mezclados con los muchos puestos en circulaci&oacute;n por Pandora una vez abierta la vasija, en cierto sentido <i>naturales</i> como ellos: la fatiga, el dolor, el hambre, el miedo, la enfermedad, la muerte. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hay tambi&eacute;n un segundo tipo de mal: el <i>voluntario</i>, esto es, los    <i>delitos</i><sup><a name="p13" id="p13"></a><a href="#13">13</a></Sup>, con los que se tiene la intenci&oacute;n de ejercer un da&ntilde;o contraotro a veces ni siquiera en beneficio propio, aunque normalmente sea as&iacute;. Esos males voluntarios, por el momento, los han cometido, de un lado, Prometeo, cuya prepotencia le ha hecho arrogarse un t&iacute;tulo que no le correspond&iacute;a, el de <i>padre</i> de los hombres, y cuya vanidad le ha hecho ejercer su poder contra el padre de los dioses, lo que le ha hecho acreedor a un castigo cuyos efectos se extienden, ante todo, a sus pretendidos beneficiarios. Y, de otro, el propio Zeus, que ha querido castigar al tit&aacute;n en su persona y en su linaje; es &eacute;l quien, ciego de ira, gustoso env&iacute;a el &aacute;guila a devorar el h&iacute;gado de un encadenado Prometeo; es &eacute;l quien quiere desposeer al g&eacute;nero huma no del fuego y de los cereales, sus dos medios de vida, y, cuando &eacute;ste se hace con ellos gracias a la astucia de aqu&eacute;l, quien deliberadamente le env&iacute;a esa encarnaci&oacute;n del mal que es Pandora, la ponzo&ntilde;a que acompa&ntilde;a a la belleza<sup><a name="p14" id="p14"></a><a href="#14">14</a></Sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">As&iacute; pues, hemos visto fuerzas naturales que vagan sin rumbo entre los hombres caus&aacute;ndoles un sinf&iacute;n de <i>males</i>, y hemos visto asimismo una voluntad detr&aacute;s de ciertas acciones que han acrecentado su n&uacute;mero y duplicado su naturaleza. Pero lo que no hemos visto hasta ahora en ese escenario humano del mal es a quien deber&iacute;a ser su principal protagonista, esto es, a la voluntad <i>humana</i>. El rayo golpea, la tormenta irrumpe, y un rastro de sufrimiento, desesperaci&oacute;n y muerte entre los mortales cabe hallar tras ellos. &iquest;Mas es eso todo? </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El mito de Prometeo, cierto, no va m&aacute;s all&aacute;. Nada nos dice acerca del desarrollo y ulterior transformaci&oacute;n de los <i>males</i> antevistos en determinados <i>delitos</i>, o de la invenci&oacute;n de otros nuevos, como tampoco de los intentos de soluci&oacute;n acarreados por sus autores y v&iacute;ctimas. La analog&iacute;a nos deja el <i>recuerdo</i> de voluntades actuando bajo acciones dolosas o culposas, y nos lega por ende el <i>proyecto</i> de instauraci&oacute;n de un orden justo con el que mitigar su efecto y hacer la convivencia posible. Pero Prometeo, al otorgar a los hombres el fuego y la semilla de los alimentos que los nutrir&aacute;n, les ha dado las alas que necesitaban para proseguir su andadura a solas, sin una providencia que les marque el paso ni el temor a un &aacute;guila que volando en el c&iacute;rculo de los d&iacute;as devore su capacidad de perfeccionarse. Por lo dem&aacute;s, en esa <i>Historia humana</i> reci&eacute;n forjada es posible engarzar otras historias que nos la completen con sus nuevos males y sus nuevos bienes. Esbozaremos aqu&iacute; la aparici&oacute;n de aqu&eacute;llos, dejando lo concerniente a &eacute;stos para el siguiente apartado. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El <i>mito de las edades</i> casi podr&iacute;amos pasarlo por alto, pues narra las sucesivas &eacute;pocas por las que pasa la humanidad hasta que incluso la esperanza desaparece de la vasija de los bienes y la humanidad es destruida. Zeus crea diversas generaciones de hombres que, en evoluci&oacute;n degenerativa casi lineal<sup><a name="p15" id="p15"></a><a href="#15">15</a></Sup>, act&uacute;an como los ha hecho su creador y a las que por ello destruir&aacute;. La humanidad multiplica sus males pero no los agentes causales de los mismos, y si bien se nombra en alg&uacute;n momento a la "soberbia" y a la "murmuradora envidia" como sujetos en la sombra del desprestigio que sufren la justicia o la honradez en el mundo, etc., la impresi&oacute;n es de que ambas vivan por su cuenta, sin una voluntad que las maneje a su antojo. El &uacute;nico demonio en verdad imputable en semejante aquelarre es Zeus, el padre de los hombres, a quienes aniquila una vez cansado el titiritero de sus marionetas. &iquest;Esperaba quiz&aacute; otra <i>representaci&oacute;n</i> de las mismas m&aacute;s all&aacute; de su preasignado papel, es decir, de su naturaleza? &iquest;Las destruye por haber actuado <i>seg&uacute;n</i> &eacute;l las creara? </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Quiz&aacute; la historia no estaba bien <i>contada</i>; quiz&aacute; antes de que se produzca su segura destrucci&oacute;n <i>futura</i> los hombres s&iacute; se hab&iacute;an comportado como tales, <i>libres</i>, demostrando a su hacedor que eran tras vivir m&aacute;s de lo que fueron al nacer. En ese caso habr&iacute;a que introducir la <i>f&aacute;bula del halc&oacute;n</i> y <i>el ruise&ntilde;or</i> en el interior de la anterior, que presupone a los hombres haber llegado lo suficientemente lejos en su convivencia como para haberse reunido en amplios grupos, formar con ellos ciudades, vincularse m&aacute;s s&oacute;lidamente con instituciones y subdividirse en clases, una peque&ntilde;a en n&uacute;mero pero con mucho m&aacute;s poder que la otra, cuantitativamente superior. Y es ah&iacute;, precisamente, donde tiene lugar la siguiente escena: "&iexcl;Infeliz! &iquest;Por qu&eacute; chillas? Ahora te tiene en su poder uno m&aacute;s poderoso. Ir&aacute;s a donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servir&aacute;s de comida si quiero o te dejar&eacute; libre"<sup><a name="p16" id="p16"></a><a href="#16">16</a></Sup></font>.</p>     <p><font face="Verdana" size="2">En esa sociedad el propio Hes&iacute;odo no "desea ser justo entre los hombres... ni que lo sea mi hijo; pues cosa mala es ser un hombre justo, si mayor justicia va a obtener uno m&aacute;s injusto"<sup><a name="p17" id="p17"></a><a href="#17">17</a></Sup>. En ese caso, decimos, donde el hombre ha perdido todo respeto al hombre y ya no venera a los dioses, el mal no s&oacute;lo se ha metamorfoseado en mil nuevas manifestaciones, extendiendo su poder sobre la estirpe. Ahora que por fin vemos a la voluntad humana querer el mal por su    propia iniciativa la especie ha terminado llegando a un punto de no retorno que justifica su destrucci&oacute;n por su creador.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">S&oacute;lo que, si  <i>fuere</i> &eacute;se el caso, habr&iacute;amos de extraer de dicha f&aacute;bula la mitad de la misma, aqu&eacute;lla en la que Hes&iacute;odo afirma c&oacute;mo Zeus ha extendido los bienes salidos de la vasija por el mundo para que vigilen al mal, tan invisible como ellos, y dado la Justicia a los hombres para combatirlos. Que es la mitad en la que asimismo anuncia c&oacute;mo los hombres se han provisto de otros instrumentos con los que atajar su propia degeneraci&oacute;n, redondeando con ellos la acci&oacute;n de la justicia. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es hora, pues, de pasar revista al remedio ideado por Zeus y a los de los hombres al objeto de afrontar el mal, cosa que haremos en la secci&oacute;n siguiente. Llegados ah&iacute; ser&aacute; el momento de echar una mirada filos&oacute;fica retrospectiva acerca de cu&aacute;nto hemos visto, a fin de deducir de ah&iacute; qu&eacute; rasgos se nos han ofrecido como constitutivos de la condici&oacute;n humana.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>IV. El hombre y el mundo de los hombres</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los hombres ya viven en ciudades, dec&iacute;amos. Y el mal, en todas sus formas, les gobierna. Al punto que un palad&iacute;n de la justicia como es Hes&iacute;odo no quiere ser justo, pues llevar&iacute;a todas las de perder. Empero, no se contenta con <i>aprender a ser no justo</i> e intentar sacar el r&eacute;dito posible a su nueva vida, ni su pesimismo es tan fuerte como para convertirse en el primer nihilista de la historia. Lejos de eso, en lugar de escribir el epitafio de la especie humana, en un acto genuinamente prometeico aconseja a su hermano Perses grabarse "en el coraz&oacute;n" lo siguiente: "escucha ahora la voz de la justicia y olv&iacute;date por completo de la violencia"<sup><a name="p18" id="p18"></a><a href="#18">18</a></Sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La <i>violencia</i> de la que Perses se ha de olvidar es la "hybris", esa "soberbia" de <i>halc&oacute;n</i> en las ciudades ordenadas de acuerdo con una jerarqu&iacute;a perfecta en la que el rey y los notables integran la reducida capa de fuertes frente al vasto conjunto de los d&eacute;biles, una soberbia imposible de ejercer por &eacute;stos, costos&iacute;sima de llevar por los que de   aqu&eacute;llos han ca&iacute;do en desgracia y, en definitiva, espec&iacute;fica de quienes disponen de los dem&aacute;s a su merced (recu&eacute;rdense las palabras antes citadas del halc&oacute;n al ruise&ntilde;or). A esa situaci&oacute;n se ha llegado desde otra originariamente menos violenta, en la que la justicia era, s&iacute;, agonal, pero en la que el h&eacute;roe al que bendec&iacute;a su victoria en la guerra a&uacute;n reconoc&iacute;a al dios sobre &eacute;l; y la piedad que de ah&iacute; se desprend&iacute;a, unida al f&eacute;rvido deseo de gloria y a un cierto autocontrol racional de su conducta, o <i>sofrosyne</i>, conformaban un delicado y eficaz sistema de contrapesos frente a la <i>hybris</i> del h&eacute;roe. Pero la fragilidad de un tal dispositivo de control es tal que tanto el &eacute;xito como el fracaso del h&eacute;roe pueden hacerlo saltar en pedazos, y en una sociedad tan desigual no se requiere mucho m&aacute;s para que los halcones decidan jugar con sus ruise&ntilde;ores. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De ah&iacute; que cuando Hes&iacute;odo aconseja a su hermano cejar en su conducta anterior no s&oacute;lo le est&eacute; pidiendo que abdique de la soberbia, sino que renuncie asimismo a ese tipo de justicia que hace de ella un hostil privilegio de pocos y otorga el poder al vencedor sobre los dem&aacute;s. Tal ser&iacute;a la sociedad que legitima a "comerse los unos a los otros", la que hace de los hombres cofrades de "peces, fieras y aves voladoras", entre los cuales s&iacute; rige dicha ley, contraria a la de la justicia dada por Zeus para diferenciar el reino humano del reino animal<sup><a name="p19" id="p19"></a><a href="#19">19</a></Sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Zeus "dio la justicia a los hombres", afirma Hes&iacute;odo, sin ahondar en ello mucho m&aacute;s. En cambio, donde s&iacute; lo vemos actuar es a la hora de recomponerla, castigando sin remisi&oacute;n a quien la infringe y, desde luego, sin la clemencia que pedir&aacute; S&eacute;neca a su gobernante. No s&oacute;lo; tal es el celo de tan supremo custodio de la justicia por preservarla, que tambi&eacute;n aqu&iacute;, al igual que sucediera en el episodio de Prometeo, castiga a justos por pecadores, con la diferencia de que ya no es todo el g&eacute;nero humano quien paga las culpas del &uacute;nico infractor, como anta&ntilde;o, sino s&oacute;lo "toda una ciudad" por "la culpa de un malvado". Y tambi&eacute;n aqu&iacute; -pues dado que los delitos le salen gratis al "padre de los dioses y de los hombres", &iquest;por qu&eacute; no lanzar una oferta y dar dos por uno?a la injusticia en la sustancia suma la injusticia en la forma: no s&oacute;lo castiga a inocentes, sino que castiga a todos de manera brutal, inhumana: envi&aacute;ndoles la peste, el hambre, o un "vasto ej&eacute;rcito" que les aniquile; o bien la emprende "en medio del ponto contra sus naves". </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con todo, a pesar del celo justiciero de su creador, la justicia produce entre los hombres incontables bienes. Originariamente, en efecto, seg&uacute;n nos las presenta Homero, <i>Dike</i> y <i>Th&eacute;mis</i> -las dos deidades en las que se representa la justiciaalud&iacute;an a un orden general de las cosas, un comportamiento humano ordenado, etc., abarcando relaciones humanas superiores a las de la aret&eacute;<sup><a name="p20" id="p20"></a><a href="#20">20</a></Sup>; pero Hes&iacute;odo, ya en la <i>Teogon&iacute;a</i>, nos presentaba a la primera como hija de la segunda y del propio Zeus, y respetada por las restantes divinidades en lo que es claramente el inicio de un largo proceso de moralizaci&oacute;n del reino de los dioses que llegar&aacute; hasta los estoico<sup><a name="p21" id="p21"></a><a href="#21">21</a></Sup>. En Los <i>Trabajos y los D&iacute;as</i> Dike distribuye con profusi&oacute;n sus bienes sobre las ciudades que en sus costumbres y sus acciones la acogen. De un lado, en efecto, resulta ser el mejor fertilizante para la tierra, y extiende su prodigalidad no s&oacute;lo a quienes la cultivan, sino a quienes la pastorean; la ciudad se llena de frutos y sus moradores no tienen por qu&eacute; jugarse ya su destino en las naves. De otro, constituye tambi&eacute;n la mejor garant&iacute;a de supervivencia y de reproducci&oacute;n de sus gentes al traerles la paz. En esa circunstancia, la reputaci&oacute;n de una doncella no quedar&aacute; autom&aacute;ticamente manchada con su desaparici&oacute;n, ni &eacute;sta, de producirse, ser&aacute; sin m&aacute;s considerada un rapto, pues la nueva Helena podr&iacute;a haber actuado por amor; y, de serlo, ning&uacute;n concepto personal de honor amenazar&aacute; con transformar a un gobernante leg&iacute;timo en un potencial se&ntilde;or de la guerra, con lo que no se correr&aacute; el riesgo de inundar el mar de naves rumbo a la pr&oacute;xima Troya<sup><a name="p22" id="p22"></a><a href="#22">22</a></Sup>. La justicia, en suma, por los males que evita -el hambre, la guerray los bienes que procura -el bienestar, la pazse convierte en testigo de las ciudades florecientes: de su futuro ya encarnado en su presente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Suger&iacute;amos en el p&aacute;rrafo anterior que en una sociedad justa los valores de la sociedad heroica cambiar&iacute;an; en verdad, asegurar su direcci&oacute;n o su intensidad, como hemos aventurado nosotros, es incierto. Pero s&iacute; es por completo cierto que los valores <i>ya</i> han cambiado en dicha sociedad. Cuando Hes&iacute;odo rechaza la soberbia y la idea de justicia que la subyace oponi&eacute;ndole la <i>nueva</i> justicia lo hace en nombre de valores que, como la igualdad y la paz, se oponen claramente a la justicia esclava del &eacute;xito de un h&eacute;roe vencedor en la guerra; y esa igualdad, adem&aacute;s, comporta una cierta nivelaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados (como tambi&eacute;n, a&ntilde;adamos, la perfecta equiparaci&oacute;n en el trato de "forasteros y ciudadanos"); o, al menos, el suponer a &eacute;stos con la dignidad suficiente por s&iacute; mismos como para merecer el <i>aid&oacute;s</i> de sus gobernantes: un <i>respeto</i> que se convierte <i>eo ipso</i> en un freno en el ejercicio de su poder. Dicho de otro modo: justo porque los hombres son ya un valor por s&iacute; mismos, aun sin ser poderosos o gobernantes, marcan un <i>t&eacute;los</i> a la acci&oacute;n de &eacute;stos, un fin cuyo sobrepaso les priva de la gloria y les hace merecedores del castigo de los dioses. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La bondad, pues, de esta justicia reside en &uacute;ltima instancia en el hecho de crear nuevos sujetos dignos de merecerla, lo que significa que constituye un bien transpersonal superior al propio rey, un bien que recrea el mundo normativo de los sujetos instaurando en &eacute;l nuevos h&eacute;roes con los que componer su cortejo, como los ya se&ntilde;alados de la agricultura y la paz entre otros. La justicia agonal ha sido vencida, el h&eacute;roe anterior se vuelve ahora colectivo, pues abraza al conjunto del g&eacute;nero humano. De ah&iacute; que en el duelo por elegir al nuevo poeta <i>nacional</i>, el poeta del mundo <i>antiguo</i>, el poeta por antonomasia, Homero, aunque nuevamente vencedor en el concurso <i>de</i> poes&iacute;a, aunque una vez m&aacute;s incontestable en <i>cuanto</i> poeta, pierda la elecci&oacute;n ante Hes&iacute;odo, el poeta de la nueva justicia: triunfa ahora "el que invitaba a la agricultura y la paz, no el que describ&iacute;a combates y matanzas", por inconmensurable que sea su gloria como tal<sup><a name="p23" id="p23"></a><a href="#23">23</a></Sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ahora bien, Hes&iacute;odo va m&aacute;s lejos en su combate del mal, pues  las armas al respecto no se limitan a la justicia y a la reconfiguraci&oacute;n del mundo normativo a que da lugar. Otra tan poderosa como ella la conforma un dec&aacute;logo moral cuyo cumplimiento granjea para el hombre el favor de los dioses y cuyas m&aacute;ximas convergen en el centro com&uacute;n de la <i>aret&eacute;</i>. Con la particularidad de admitir en su esfera la presencia de sujetos anta&ntilde;o despreciados o, peor a&uacute;n, juzgados espurios, como es el caso del trabajo. Por su novedad e importancia le dedicaremos un breve an&aacute;lisis, haciendo omisi&oacute;n del resto de m&aacute;ximas que le acompa&ntilde;an. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuando los hombres conviv&iacute;an junto a los dioses en la llanura de Mecona no ten&iacute;an necesidades de ning&uacute;n tipo, y menos todav&iacute;a de trabajar. Los alimentos eran dones espont&aacute;neamente ofrecidos y en abundancia por la madre tierra, y las penalidades, el sufrimiento, la enfermedad, la fatiga, la miseria, etc., les eran por completo ajenas. Empero, cuando Zeus decide castigar a la raza prometeica a causa de su mentor, uno de los tormentos que le env&iacute;a es precisamente el del trabajo. En lo sucesivo, todo cuanto obtengan se lo habr&aacute;n de ganar por medio de "una dura fatiga", la edad de oro es ya s&oacute;lo un mito. Pues bien, es en este marco donde puede advertirse la revoluci&oacute;n axiol&oacute;gica llevada a cabo por Hes&iacute;odo, pues al incorporar el trabajo al mundo de la virtud no ha hecho sino convertir el mal anterior en uno de los bienes presentes: un bien actual que, a su vez, constituye el medio a trav&eacute;s del cual acceder a otros bienes. No s&oacute;lo; en realidad, s&oacute;lo el hombre trabajador puede ser virtuoso, s&oacute;lo a &eacute;l est&aacute; destinado el c&iacute;rculo de preceptos cuya realizaci&oacute;n erradicar&iacute;a el mal del mundo y restaurar&iacute;a la armon&iacute;a entre los hombres y los dioses. Y al contrario: el holgaz&aacute;n es un par&aacute;sito social que le granjea "una verg&uuml;enza denigrante" por parte de aqu&eacute;llos y la ira de &eacute;stos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ya la estructura formal del trabajo se asemeja a la de la propia virtud, pues al contrario del mal, siempre a mano, practicarla requiere "sudor", ya que tiene un "largo y empinado... sendero" por recorrer; mas, eso s&iacute;, "&aacute;spero al comienzo, si bien cuando se llega a la cima, entonces resulta f&aacute;cil, por duro que sea". Al trabajo, de su parte, y puesto que "oculto tienen los dioses el sustento a los hombres"<sup><a name="p24" id="p24"></a><a href="#24">24</a></Sup>, compete la ardua tarea de desocultaci&oacute;n, de sacar a la luz lo escondido y asegurar lo incierto, lo que no se consigue sin esfuerzo y <i>sudor</i>. Con todo, el premio es mayor de lo prometido, pues no s&oacute;lo consigue alimento para los hombres: obtiene asimismo riquezas y prestigio social para el trabajador. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Al convertirse en "ricos en ganado y opulentos" merced a su labor, las propias riquezas aparecen legitimadas en cuanto frutos suyos, convertidas en un bien social y en fuente de prestigio personal, al tiempo que confina en el t&aacute;rtaro de lo in&uacute;til y despreciable el robo, el fraude o cualquier otro m&eacute;todo de adquisici&oacute;n violento. Es as&iacute;, adem&aacute;s, como se atrae el favor de los dioses, que protegen siempre al hombre de bien que se comporta con honradez respecto de los dem&aacute;s -como, a la inversa, "arruinan la casa" del hombre sin escr&uacute;pulos. El ciclo virtuoso del trabajo se cumple porque al eliminar la pereza y su deriva parasitaria, al cribar su posible ganga de violencia, al generar el h&aacute;bito del premio al esfuerzo, fomenta en quien lo practica el realismo necesario para comprender los dem&aacute;s  bienes sociales y la fuerza suficiente para ejercitarlos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nutrici&oacute;n, distancia de la urgencia, beneficios sociales y un plus de virtud: he ah&iacute;, resumida, la obra personal y social del trabajo, la causa de las preferencias de los dioses por el virtuoso hombre trabajador<sup><a name="p25" id="p25"></a><a href="#25">25</a></Sup></font>.</p>     <p><font face="Verdana" size="2">En una sociedad reordenada axiol&oacute;gicamente en el modo antevisto, el dios del mal tendr&aacute; motivos, como siempre, para ser feliz. No s&oacute;lo porque a su naturaleza divina es inherente la inmortalidad, sino porque en los nuevos bienes producidos por sus <i>protegidos</i> halla nuevas sustancias con las que renovarse. Por su parte, con el tiempo, y el g&eacute;nero humano dispone de &eacute;l por entero -<i>como tal</i> es el hombre al que los dioses no lograron expulsar de su reino, tambi&eacute;n los hombres hallar&aacute;n nuevas formas de tutela contra &eacute;l, de coexistir con sus amenazas en un ambiente cada vez m&aacute;s favorable para ellos. El fuego de sus capacidades seguir&aacute; ardiendo sin consumirse y en el trabajo tendr&aacute; un campo de experimentaci&oacute;n privilegiado para renovar el arsenal de <i>t&eacute;chne</i> en las que se materializa, los principios que la ordenan o los fines que persiguen. As&iacute;, quiz&aacute; un d&iacute;a llegue a esa ciudad Pit&aacute;goras y el que le preguntare, cual Le&oacute;n de Fliunte, qu&eacute; sabe hacer, se sentir&aacute; replicar que no conoce arte alguno, sino que s&oacute;lo es <i>fil&oacute;sofo</i>. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ser&aacute;, probablemente, la primera vez que habr&aacute;n o&iacute;do esa palabra y estar&aacute;n, posiblemente, ante el primer hombre que la legitima; si los dioses hacen un poco de magia con el tiempo, aunque s&oacute;lo sea para justificar su salario, no necesitar&aacute;n leer m&aacute;s tarde a J&aacute;mblico o a Her&aacute;clides de Ponto para, cuando le pregunten qu&eacute; hace all&iacute;, o&iacute;rse decir que hab&iacute;a abandonado Samos, de donde proven&iacute;a, porque la tiran&iacute;a de Pol&iacute;crates constitu&iacute;a "un impedimento para sus prop&oacute;sitos y deseos de aprender"<sup><a name="p26" id="p26"></a><a href="#26">26</a></Sup>. Y es que, repuestos de su estupor, en efecto, enseguida notar&aacute;n que el fil&oacute;sofo poco se parece al noble, ansioso de poder, o al comerciante, tan codicioso de riqueza -de una riqueza que ya no produce los atractivos bienes con los que Hes&iacute;odo pens&oacute; inducir a Perses a cambiar vida, o al h&eacute;roe de cualquier tipo -el que vence en el combate o el que triunfa en los juegos, que brama por la gloria. Se trata, decimos, de un hombre <i>nuevo</i>, cuya atenci&oacute;n se concentra en contemplar la naturaleza de las cosas, de las m&aacute;s bellas para &eacute;l, para conocerlas (y ese objetivo supremo de su vida, insistimos, no es posible de llevar a cabo bajo una tiran&iacute;a). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si deciden escucharle comprobar&aacute;n que tambi&eacute;n &eacute;l trae su cajita, toda ella llena de novedades: al abrirla oir&aacute;n hablar de un nuevo modo de relacionarse con los dioses, de otra forma de ordenarse los hombres, de maneras distintas de proceder a la formaci&oacute;n de los j&oacute;venes, etc. A&uacute;n se est&aacute; lejos de dejar el cielo para Engeln und <i>Patzen</i><sup><a name="p27" id="p27"></a><a href="#27">27</a></Sup>, para "&aacute;ngeles y gorriones", como dir&aacute; Heine; pero si, por ejemplo, insistieran en ese &uacute;ltimo aspecto, capital para el futuro de la ciudad, le oir&iacute;an decir que la educaci&oacute;n debe ser integral, consagrando mucho tiempo al conocimiento, mucho m&aacute;s que a esculpir el cuerpo, un valor banal si cotejado con aqu&eacute;l. Un fin favorecido porque, a diferencia del dinero o el poder, irrecuperables una vez perdidos; o, a diferencia de la fuerza, la belleza, la salud o el valor, que son por as&iacute; decir un <i>asunto</i> personal, bienes no transferibles, el conocimiento, en cambio, es <i>acumulativo</i>: el atesorado por uno sirve a otros, un punto de partida constantemente aumentado y perfeccionado para quienes vengan despu&eacute;s, que podr&aacute;n siempre explotar para su bien el tesoro sin necesidad de descubrirlo ellos. Ninguno de los dem&aacute;s valores, les dir&aacute;, crea v&iacute;nculo tan s&oacute;lido entre las generaciones... </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y quiz&aacute; otro d&iacute;a sea Dem&oacute;crito quien caiga por esos pagos. Entonces aprender&aacute;n c&oacute;mo los hombres tambi&eacute;n pueden mejorar los males surgidos de los bienes creados por los hombres, y c&oacute;mo si ellos, que merecen la justicia por serlo, fueran capaces de decidirse a procurarla tambi&eacute;n en conjunto, ciudadanos como Pit&aacute;goras no habr&iacute;an tenido por qu&eacute; huir de Samos; podr&iacute;a haber llegado hasta all&iacute; por el simple gusto de ver, si ya han hecho la transformaci&oacute;n predicada, c&oacute;mo un pobre es m&aacute;s feliz en una democracia que un rico en una tiran&iacute;a en la misma medida en que la libertad est&aacute; por encima de la esclavitud; y c&oacute;mo se puede cuidar del ganado, sembrar la tierra, ser artesano y reunirse con otros para decidir sobre cuestiones que a todos afectan por el simple hecho de vivir unos con otros. Y constatar&iacute;an una vez m&aacute;s que el pensamiento no cesa de renovarse, pues al escucharle recordar&iacute;an que junto a los bienes individuales, e intransferibles por ello, los individuos, al reunirse, llegan a generar otros por el mero hecho de hacerlo, como la igualdad, la <i>paideia</i> o, incluso, la simple amistad, para la que al menos se requiere la interacci&oacute;n de dos almas afines<sup><a name="p28" id="p28"></a><a href="#28">28</a></Sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>V. Prometeo y la condici&oacute;n humana</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Nuestro an&aacute;lisis sobre la g&eacute;nesis del mal y la idea de justicia como estrategia ideada para hacerle frente, centrado en la obra de Hes&iacute;odo, pod&iacute;a haber acabado ya, pasando por alto las referencias a las de Pit&aacute;goras y Dem&oacute;crito. Pero en ese caso nuestro m&aacute;s genuino prop&oacute;sito se habr&iacute;a colado en el an&aacute;lisis como de rond&oacute;n y habr&iacute;a quedado sin descubrir. Nosotros creemos, en efecto, que el mito de Prometeo constituye, tras la <i>Odisea</i> de Homero, la segunda y, en ciertos aspectos, m&aacute;s acabada alegor&iacute;a sobre la condici&oacute;n humana, de la que nos revela rasgos que la han acompa&ntilde;ado desde entonces y perecer&aacute;n con ella -a no ser que alg&uacute;n &eacute;mulo invertido de Orwell se salga con la suya y la <i>banalice</i>, un temor real porque lejos de constituir una utop&iacute;a negativa hace ya tiempo que la tecnolog&iacute;a le ha puesto el sello de lo posible. Y al objeto de demostrar nuestra hip&oacute;tesis, apelar a los dos fil&oacute;sofos se&ntilde;alados, si bien no del todo    imprescindible, resulta altamente conveniente. A&ntilde;adamos que, a la hora de caracterizar al hombre, nos valdremos sin vacilar de elementos presentes en el mundo de los dioses, pese a las diferencias entre ellos. En primer lugar, porque dicho mundo ha sido configurado en fuerte analog&iacute;a con el de los hombres; y luego, porque las mayores diferencias ontol&oacute;gicas entre ambos mundos, ese &aacute;mbito de deidades identificadas con fuerzas naturales sin m&aacute;s, por un lado tiene su    doble en el humano y, por otro, guarda tambi&eacute;n cierta analog&iacute;a con la fuerza del azar, tan presente entre los hombres, del que parece una acertada met&aacute;fora. Por lo dem&aacute;s, cabe afirmar sin titubeos que, aun si fuere errado dicho proceder, todo lo que digamos del hombre apoy&aacute;ndonos en los dioses podr&iacute;a decirse prescindiendo de ellos: nuestra explicaci&oacute;n adolecer&iacute;a de menor claridad pero no de menor certeza. O, para decir las cosas m&aacute;s correctamente: si faltara la certeza en nuestra explicaci&oacute;n ello no se deber&iacute;a al parcial pr&eacute;stamo tomado de la teogon&iacute;a para caracterizar la antropolog&iacute;a, sino que se tratar&iacute;a de un m&aacute;s grave y general error de interpretaci&oacute;n. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Aun cuando volveremos atr&aacute;s, podemos iniciar la nueva problem&aacute;tica con la separaci&oacute;n de ambos mundos y la determinaci&oacute;n de los bienes correspondientes a cada uno. Prometeo sacrificaba un buey y repart&iacute;a los dones a sus respectivos moradores. El fin era claro y la tarea sencilla: dada la radical desigualdad en moralidad y poder, el criterio de a qui&eacute;n asignar lo mejor era natural. Empero, Prometeo se sale del gui&oacute;n, y aunque finalmente distribuye con justicia a cada uno lo suyo, hay en todo ello una intenci&oacute;n oculta de enga&ntilde;ar -a los diosescon la verdad. Al acto de insolencia del tit&aacute;n debi&oacute; seguir una acci&oacute;n de castigo por parte de Zeus que hubiera dejado todo zanjado. Mas no fue as&iacute;; en lugar de acatar la sentencia del juez supremo, lo que entonces advino fue una espiral de acciones y reacciones cada vez m&aacute;s violentas e injustas por ambas partes, cada vez m&aacute;s complejas e independientes de sus protagonistas y en las que aqu&eacute;l act&uacute;a como si fuera ileg&iacute;tima la autoridad de &eacute;ste; terminan con Prometeo encadenado por voluntad del dios, con &eacute;ste terriblemente airado contra &eacute;l: y pag&aacute;ndola con su protegido, el g&eacute;nero humano, al que env&iacute;a toda suerte de males. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El primer rasgo de la condici&oacute;n humana que nos sale al paso es, por tanto, el del <i>hombre como aprendiz de brujo</i>, por cuanto sus acciones <i>liberan</i> consecuencias que no puede controlar. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El segundo rasgo, en conexi&oacute;n o no con el anterior, es el del hombre como chivo expiatorio. Por continuar con nuestro ejemplo anterior, Zeus, desde el inicio quiere, y por supuesto logra, hacer pagar a los hombres un mal que los hombres no han hecho. Son muchos delitos en uno los que aqu&iacute; comete el dios justiciero, resumidos en ese declarar culpable la inocencia. Cual si de un vulgar Hobbes se tratara, ha separado la responsabilidad de la acci&oacute;n y, a su modo, reinventado un autor donde s&oacute;lo hab&iacute;a un actor (Hobbes, 2001: cap. XVI); y, como para merecer la cr&iacute;tica de S&eacute;neca, incurre en un acto de venganza cuando no hay ofensa, y fija un castigo pese a no haberse producido injuria (S&eacute;neca, 2005: L. II, 4). Un mundo donde se producen imputaciones sin delitos, se atribuye responsabilidad a quien no actu&oacute; y se castigan colectivamente las acciones personales es un mundo en el que pagan justos por pecadores. Es el mundo de los hombres, en el que ni la justicia, ni la equidad, ni la racionalidad desarrollar&aacute;n jam&aacute;s una vida plena.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es decir, y en tercer lugar: que <i>el mal es ineliminable del mundo</i>. Lo era en el de los dioses, y por ello hasta el propio Zeus, a fin de conseguir una justicia lo m&aacute;s perfecta posible, tuvo que desecharla de un lado al T&aacute;rtaro, donde su energ&iacute;a pervive y act&uacute;a al calor de la Noche, y de otro al reino de los hombres, ya por siempre <i>maldito,</i> donde es por entero visible. Una armon&iacute;a completa ser&aacute; ya siempre un sue&ntilde;o, y cuando se intente realizar el sue&ntilde;o, cuando se aspire a hacer realidad la utop&iacute;a de un mundo sin mal o parecido al de los dioses, degenerar&aacute; en pesadilla. S&iacute; cabe, en cambio, luchar contra muchas de sus manifestaciones, aunque despu&eacute;s otros males provengan de esas luchas y aun de las victorias obtenidas en las mismas. Pero cada una de ellas es un nuevo paso para estar m&aacute;s cerca de cierto bienestar, de una m&aacute;s elevada justicia, de una m&aacute;s firme paz, etc., esos objetos de perfecci&oacute;n imposible. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El cuarto rasgo de la condici&oacute;n humana surge de esa actividad permanente por mejorar las situaciones relativas: por progresar. En ello consiste precisamente el cuarto rasgo se&ntilde;alado: la <i>adaptabilidad</i> de la especie humana, y de la mayor&iacute;a de sus v&aacute;stagos singulares, a las circunstancias. La cual implica asimismo la capacidad de remodelarlas a su antojo, y no pac&iacute;fica sumisi&oacute;n al <i>statu quo</i>. En esa herc&uacute;lea tarea arrasa el fuego prometeico con todo lo que en su camino pretenda existir <i>sub specie aeternitatis</i> y, por ende, convertirse en destino. La materia de dicho fuego, la <i>t&eacute;chne</i> humana, esto es, las habilidades particulares de sus miembros y su capacidad de realizarlas, entre las cuales se han de contar las ideas y los valores -por eso trajimos aqu&iacute; a colaci&oacute;n a Pit&aacute;goras o Dem&oacute;crito, es un semillero de novedades con las que rehacer de continuo la existencia en aras de una mayor aproximaci&oacute;n de los hechos al ideal. Ahora bien, a la hora de hacer un recuento completo del patrimonio de la <i>t&eacute;chne</i> se deben incluir tambi&eacute;n esas otras dotes, igualmente prometeicas, que facilitan en determinadas circunstancias su emancipaci&oacute;n de tutelas indeseadas y en otras aproximarse ocasionalmente a su ideal por caminos indebidos. Nos referimos a la astucia<sup><a name="p29" id="p29"></a><a href="#29">29</a> </Sup>y, en general, a la capacidad del hombre para el mal, tan rentables para la supervivencia de quienes les saben sacar partido y tan &uacute;tiles a veces, dado que el mal es ineliminable, para el reaprendizaje de la sociedad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Habr&aacute;, lo hemos dicho y repetido, nuevos males en esa cantera de novedad producida por la actividad humana, renovados deseos de quedarse como se es o de escapar de donde se est&aacute;, impulsados por el mes&iacute;as de la perfecci&oacute;n, ya llegado o a&uacute;n por llegar, es decir, impulsado por el deseo de un regreso del destino; la novedad, con todo, seguir&aacute; haciendo camino al andar hasta que haga realidad el ideal m&aacute;ximo de su &eacute;pica: dejar subsistir el <i>mal</i> sin por ello considerar malvados a los hombres, o bien malo <i>todo</i> en el hombre que act&uacute;a mal. Vale decir: replicar la soluci&oacute;n divina -si bien, en honor a su naturaleza, trocando la armon&iacute;a entre los dioses por el <i>tumulto</i> entre los hombres, consistente en aceptar el inevitable estallido de conflictos entre ellos, mas evitando que los solucione la sangre, que "la guerra" siga siendo "padre de todos, rey de todos", como quer&iacute;a Her&aacute;clito (Her&aacute;clito, 2000: par. 625). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En esa intercambiabilidad de bien y mal, en esa causalidad <i>aparentemente</i> espuria e incoherente en la que hay bienes que nacen de males y viceversa, reside una parte del quinto rasgo de la condici&oacute;n humana: la <i>ambig&uuml;edad moral</i>. Ya en la era de los dioses pulul&oacute; a su antojo pese a sus diversas metamorfosis; Caos, por ejemplo, produjo tanto a &Eacute;rebo como a Nix, recu&eacute;rdese, que engendr&oacute; al perfecto opuesto de su hermano, &Eacute;ter, tambi&eacute;n diferenciado netamente de la simple claridad del d&iacute;a: el cual, en su deambular, formaba un continuo con la noche, su contraria. Se trata de un simple ejemplo en un &aacute;mbito que los produce con profusi&oacute;n: pi&eacute;nsese tambi&eacute;n en todo lo que acompa&ntilde;a a la castraci&oacute;n de Urano, por no ir m&aacute;s lejos. O en la figura misma de Prometeo, por enfocar el objetivo sobre un personaje de transici&oacute;n: o en la propia Pandora, esa mujer que es el bien y el mal personificados, si nos queremos ce&ntilde;ir al reino de los hombres. Ya sea porque se reconoce a uno como origen del otro, ya porque a veces se les asigna la misma fuente, bien y mal son siempre diferentes pero nunca puros. Hay una semilla huera en el uno que acaba produciendo al otro, un huevo de la serpiente albergado en el seno de cada &aacute;guila humana. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La ambig&uuml;edad moral, sin duda, es uno de los rasgos mejor ilustrados por el mito de Prometeo, aunque en &eacute;l todav&iacute;a no se exprese ese homenaje de reconocimiento que le tributar&aacute; un futuro a&uacute;n muy lejano al considerar la perfecci&oacute;n <i>tout court</i>, o el deseo de alcanzarla, como un <i>mal</i> sin m&aacute;s, <i>indigno</i> de los hombres; y es que, en efecto, con &eacute;l en el mundo, las diferencias constitutivas de los miembros de la especie, aqu&eacute;llas que personalizan a cada yo individual hasta hacer de &eacute;l en cierto modo un <i>todo</i> de puro <i>&uacute;nico</i>, se perder&iacute;an, y el oc&eacute;ano de uniformidad formado en derredor suyo anegar&iacute;a la pluralidad humana en su palpitante policrom&iacute;a, quiz&aacute; el rasgo m&aacute;s caracter&iacute;stico de la especie y la principal ausencia en la larga lista de rasgos desglosada hasta aqu&iacute;. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es ese escenario de ambig&uuml;edad moral el lugar natural para la escenificaci&oacute;n de otro de los acontecimientos distintivos del mundo humano: la tragedia, de la que la espec&iacute;fica de Prometeo constituye ya un arquetipo. En la versi&oacute;n de Hes&iacute;odo hay dos elementos que la anuncian: son la astucia del tit&aacute;n y el poder supremo de Zeus lo que se hallan tras la desobediencia de aqu&eacute;l a &eacute;ste y su consecuente castigo respectivamente. Pero en la versi&oacute;n que nos dar&aacute; Esquilo las cosas ya se llaman por su nombre: voluntad, la primera ("De grado, de grado falt&eacute;. No voy a negarlo") y "poder absoluto", sin&oacute;nimo de poder injusto, el segundo. Y hay tragedia porque el tit&aacute;n/h&eacute;roe ha efectuado de modo voluntario su elecci&oacute;n: "ayudar a los mortales", un bien que para &eacute;l justifica no obrar bien omitiendo otro bien, es decir, que para &eacute;l justifica obrar mal. Con otras palabras: ante el h&eacute;roe humano los bienes danzan sin cesar tentando su elecci&oacute;n, y con ella su conducta; pero esos bienes tienen como particularidad tr&aacute;gica que no siempre son compatibles entre s&iacute;, y hay que optar. Es &eacute;sa una forma de existencia de la libertad, que no necesariamente comporta tragedia. Pero &eacute;sta, cuando se presenta, puede hacerlo con diversas m&aacute;scaras, y una de ellas, la elegida por Esquilo aqu&iacute;, es la de que la elecci&oacute;n prometeica ha tenido lugar contra el poder absoluto -de la divinidad, que de inmediato hace valer su naturaleza<sup><a name="p30" id="p30"></a><a href="#30">30</a></Sup>. Con todo, Prometeo conservar&aacute; su libertad en el castigo, porque ni con &eacute;l, ni aun siendo mucho peor de lo temido, el dolor f&iacute;sico que experimenta en su cuerpo es bastante para segregar en su conciencia el dolor moral del arrepentimiento (Esquilo, 2000: vv. 265 s, v. 11 et al.). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El &uacute;ltimo de todos, pero no el menos importante, es la <i>socialidad</i>, una herencia transmitida por los dioses a los hombres. Todo cuanto &eacute;stos piensan, sienten, sufren, imaginan, proyectan, hacen, etc. tiene lugar en sociedad. Toda la materia humana y toda la actividad humana es materia y actividad social, la propia de un sujeto que para ser tiene que <i>convivir</i>. S&oacute;lo si hay un <i>p&uacute;blico</i> tiene sentido para el h&eacute;roe intentar alcanzar la gloria, como s&oacute;lo si ese p&uacute;blico lo es de iguales tendr&aacute; sentido para la justicia hablar de libertad. Pero, con independencia de esto &uacute;ltimo, y aunque prevalezcan los esclavos sobre los libres, ya se sea un Perses ya un Hes&iacute;odo, un Agamen&oacute;n o un Pit&aacute;goras, cada uno <i>vive (junto)</i> con los dem&aacute;s en una polis, sin la cual, simplemente, constituir&iacute;an en el mejor de los casos una variante m&aacute;s en el diferenciado reino animal<sup><a name="p31" id="p31"></a><a href="#31">31</a></Sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El mito de Prometeo, en manos de Hes&iacute;odo, es un d&eacute;bil intento de explicaci&oacute;n del origen del mal en la historia y de la necesidad de justicia para la convivencia; mas es tambi&eacute;n una gran alegor&iacute;a sobre la condici&oacute;n humana, y en cuanto tal nos proporciona una profunda <i>teor&iacute;a</i> sobre la misma. El ser humano aparece caracterizado en ella no con la totalidad de los rasgos que lo conforman, pero s&iacute; con rasgos que ya no le abandonar&aacute;n a lo largo de su profundo, ajetreado e imprevisto devenir, y sea cual fuere el suelo donde actuare. Con ellos hemos visto al ser humano ser tanto un aprendiz de brujo como un chivo expiatorio, que vive en sociedad, en medio de las incertezas que una perpetua ambig&uuml;edad moral le procura y en la que el mal es ineliminable, pero al que combate de manera incesante por humanizarlo gracias a su t&eacute;chne, la dote de capacidades -incluidas la astucia y las que le inducen a obrar mal-, ideas y valores que ha ido atesorando y renovando sin cesar. En el mito, Prometeo fue quien le procur&oacute; ese fuego incons&uacute;til que &eacute;l convirti&oacute; en t&eacute;chne; pero una vez lo tom&oacute; en sus manos, ech&oacute; a andar solo, junto a otros como &eacute;l en un mundo que empezaba, como dir&iacute;a Weber, a desencantarse, y que fue construyendo y remodelando al calor de su necesidad. En ese mundo, Prometeo, si desapareci&oacute; como mito, no fue porque con el paso del tiempo todo se olvid&oacute;, como dice Kafka (2005), sino porque el tit&aacute;n que cre&oacute; a los hombres, seg&uacute;n nos asegur&oacute; Apolodoro, pudo, al reconocerse en cada hombre real, disolverse en sus criaturas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><i> </i></font></p>     <p><b><font size="3" face="Verdana">Notas al pie</font></b></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="1" id="1"></a><a href="#p1">1</a></Sup> Al punto de aparecer en el relato de Apolodoro como el mism&iacute;simo creador de la raza humana. Es tambi&eacute;n padre de Deucali&oacute;n, quien la recrea luego de que Zeus decidiera acabar con la <i>raza de bronce</i> (Apolodoro, 2002: I-7, 1-2).    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="2" id="2"></a><a href="#p2">2 </a></Sup>(Vernant, 2000: 18). Los tres primeros cap&iacute;tulos de este libro han sido indispensables para la elaboraci&oacute;n de este trabajo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> <Sup><a name="2" id="2"></a><a href="#p2">3</a></Sup> &Eacute;se es el orden de Hes&iacute;odo; en Apolodoro los extremos aparecen intercambiados.   </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="4" id="4"></a><a href="#p4">4</a></Sup> (Hes&iacute;odo, 2000: v. 173)   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="4" id="4"></a><a href="#p4">5</a></Sup> Cf. el texto de Apolodoro, I-5/7. Los Curetes se hallan ausentes en el relato de Hes&iacute;odo.   </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="6" id="6"></a><a href="#p6">6 </a></Sup>Para m&aacute;s detalles, cf. (Vernant, 2000: 44-48).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="7" id="7"></a><a href="#p7">7</a></Sup>   <i>Trabajos y los D&iacute;as</i>, vv. 55-57.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> <Sup><a name="8" id="8"></a><a href="#p8">8</a></Sup><i>Teogon&iacute;a</i>, vv. 562-563.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="9" id="9"></a><a href="#p9">9</a></Sup> Les hab&iacute;a dejado tambi&eacute;n sin los cereales de los que nutrirse, pero tambi&eacute;n sus semillas Prometeo las rob&oacute; para ellos. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="10" id="10"></a><a href="#p10">10</a></Sup> Es la misma mezcla con la que, seg&uacute;n Apolodoro, Prometeo hizo a los hombres. Prot&aacute;goras, en cambio, al narrar el mito de Prometeo como parte de su larga explicaci&oacute;n a S&oacute;crates de por qu&eacute; es posible ense&ntilde;ar la virtud, mezcl&oacute; tierra y fuego para indicar los ingredientes con lo que los dioses fabricaron a los hombres (cf. Plat&oacute;n, 2000: T. I).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">      <Sup><a name="11" id="11"></a><a href="#p11">11</a></Sup> Cabr&iacute;a arg&uuml;ir que, visto as&iacute;, es el mism&iacute;simo Zeus no obra tan racionalmente ni es tan sagaz como se dice, &iquest;pues por qu&eacute; para un hombre as&iacute; deber&iacute;a ser un castigo <i>la</i> mujer? M&aacute;s que un castigo parece haberle dado una <i>compa&ntilde;era</i>; y es que les ha hecho<i> tal para cua</i>l, como si en un arrebato de divino masoquismo les impulsara a reproducirse. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="12" id="12"></a><a href="#p12">12</a></Sup> Para la interpretaci&oacute;n de si lo que queda es la <i>Esperanza o la Espera</i>, cf. el comentario de Aurelio P&eacute;rez Jim&eacute;nez y Alfonso Mart&iacute;nez D&iacute;ez, en: (Hes&iacute;odo, 2000: 67-69). Una f&aacute;bula de Esopo recoge tambi&eacute;n la presencia de un tonel de bienes que, al ser destapado, les hace salir de &eacute;l y volar hasta los dioses, quedando &uacute;nicamente en &eacute;l, cuando se le vuelve a tapar, el &uacute;ltimo bien: la esperanza.   </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="13" id="13"></a><a href="#p13">13 </a></Sup>No es este lugar para entrar en disquisiciones penalistas acerca de la relaci&oacute;n entre intenci&oacute;n y delito; aqu&iacute; simplemente se trata de resaltar la m&aacute;s simple -pero menos banal de lo que parece en este puntodistinci&oacute;n entre dos tipos de males, los naturales (o<i> males</i> en sentido propio) y los voluntarios (o delitos). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="14" id="14"></a><a href="#p14">14</a></Sup> Cabr&iacute;a a&ntilde;adir un tercer tipo de mal, deudor Epimeteo. Es su indolencia y su torpeza lo que le lleva a hacer o&iacute;dos sordos de la admonici&oacute;n de su hermano, y es por ah&iacute; por donde se cuela gran parte del mal en el mundo a trav&eacute;s de su casa. Pero, en su descargo, hemos de decir que &eacute;l no sabe qu&eacute; es Pandora ni tampoco qu&eacute; <i>har&aacute;</i>, por lo que no se le pueden imputar los males que con ella advienen al mundo. En este sentido, m&aacute;s parece una fuerza natural que voluntad. Tampoco Pandora es culpable: ella es <i>ya un ma</i>l, por lo que act&uacute;a como lo que es, pero ella no es obra suya, sino de quien la mand&oacute; hacer as&iacute;; y ni siquiera <i>sabe</i> qu&eacute; hace cuando abre la vasija de la que huyen los males (acci&oacute;n que, por lo dem&aacute;s, lleva a cabo engatusada por Zeus).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="15" id="15"></a><a href="#p15">15</a></Sup> La interrupci&oacute;n se produce transitoriamente en la cuarta generaci&oacute;n, la de los h&eacute;roes, intermedia entre la edad de bronce y la de hierro (Los <i>Trabajos</i>..., vv. 150 s).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="16" id="16"></a><a href="#p19">16 </a></Sup>Y prosigue: "&iexcl;Loco es el que quiere ponerse a la altura de los m&aacute;s fuertes! Se ve privado de la victoria y adem&aacute;s de sufrir vejaciones, es maltratado" (vv. 206-211). Tal es la moraleja en la que el halc&oacute;n resuelve su amenaza al ruise&ntilde;or, y con la que Hes&iacute;odo parece haberse inventado a Esopo (si bien &eacute;ste se conformar&aacute; con un gavil&aacute;n). A&ntilde;adamos aqu&iacute; algo m&aacute;s que una curiosidad: el contexto en el que dicha forma de <i>locura</i> puede llegar a tener lugar, el contexto de la desigualdad extrema entre los poderosos y los d&eacute;biles, es el contexto donde impera, <i>libre</i>, la tiran&iacute;a ("no hay nadie realmente libre, excepto Zeus", pone Esquilo en labios de <i>B&iacute;as</i>, la violencia), y all&iacute; la justicia es, a lo sumo, un espejismo moral (Esquilo, 2000: v. 50). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="17" id="17"></a><a href="#p17">17 </a></Sup>(Esquilo, 2000: vv. 270-274).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="18" id="18"></a><a href="#p18">18</a></Sup> (Esquilo, 2000: vv. 275-276).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="19" id="19"></a><a href="#p19">19 </a></Sup>Vv. 277-280.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> <Sup><a name="20" id="20"></a><a href="#p20">20</a></Sup> Cf. (Rodr&iacute;guez Adrados, 1993: cap. II). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="21" id="21"></a><a href="#p21">21</a></Sup> Cf. P&eacute;rez Jim&eacute;nez y Mart&iacute;nez D&iacute;ez, en: (Hes&iacute;odo, 2000: 77).   .</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="22" id="22"></a><a href="#p22">22</a></Sup> La irracionalidad de la medida ya hab&iacute;a sido puesta en evidencia por Gorgias en su <i>Encomio de Helena</i>,    en la que exonera a esta revalorizada hero&iacute;na de toda responsabilidad en la guerra (Gorgias, 2002: 114-125).    </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="23" id="23"></a><a href="#p23">23</a></Sup> <i>Los Trabajos</i>..., v. 42.   </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="24" id="24"></a><a href="#p24">24</a></Sup> <i>Idem</i>., vv. 290 s. Cf. tambi&eacute;n <i>Certamen</i>, vv. 205-210.   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="25" id="25"></a><a href="#p25">25</a></Sup> Todas las citas anteriores se hallan entre los versos 286 y 365.   .   </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="26" id="26"></a><a href="#p26">26</a></Sup> Hemos tomado las citas de Pit&aacute;goras de (Eggers Lan - Juli&aacute;, 1978: 91-184).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="27" id="27"></a><a href="#p27">27</a></Sup> "Den Himmel &uuml;berlassen wir / Den Engeln und den Spatzen", dice literalmente Heinrich Heine en una de las estrofas de su <i>Deutschland, ein Winterm&auml;rchen</i> (1844) en las que proclama su prometeica fe en que los hombres logren la felicidad sobre la tierra.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><Sup><a name="28" id="28"></a><a href="#p28">28</a></Sup> Para los textos de Dem&oacute;crito, a partir de los cuales hemos resumido parcialmente su ideario, cf. (Eggers Lan - Juli&aacute;, 1978: T. III; especialmente caps. XV y XVI). Cf. tambi&eacute;n (Gagarin -  Woodruff, 1995: 156-163).   </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup><a name="29" id="29"></a><a href="#p29">29</a></sup> Prometeo, lo hemos visto, es un virtuoso de la misma, pero tambi&eacute;n el hombre, <i>prometeico</i> como es, sacar&aacute; de ella ganancias para la especie, aunque sea para mal de ciertos individuos, seg&uacute;n ense&ntilde;a Esopo en otra de sus f&aacute;bulas: <i>Los a&ntilde;os del hombre</i>, en <i>F&aacute;bulas</i> (2000: n&ordm; 105). </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup><a name="30" id="30"></a><a href="#p30">30</a></sup>    A&ntilde;adamos que la tragedia del poder absoluto que se vale de la fuerza para hacerse valer comporta su propio elemento tr&aacute;gico: pese a su superioridad, que ahora se revela de naturaleza puramente<i> f&iacute;sica</i>, no ha conseguido ganar para su causa el coraz&oacute;n -es decir: la <i>obediencia</i>de los afectados; despu&eacute;s conocer&aacute; otra <i>tragedia</i> m&aacute;s como indeleblemente suya: por absoluto que sea tal poder, siempre ser&aacute; insuficiente. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup><a name="31" id="31"></a><a href="#p31">31</a></sup> En Prot&aacute;goras el razonamiento alcanzar&aacute; uno de sus m&aacute;s logrados remates, con su distinci&oacute;n entre sabidur&iacute;a t&eacute;cnica, esto es, el <i>fuego prometeico</i>, centrada en la conservaci&oacute;n de la vida individual, y sabidur&iacute;a pol&iacute;tica, centrada en la conservaci&oacute;n de la vida colectiva, que otorga la primac&iacute;a a la pol&iacute;tica gracias tambi&eacute;n a los dos escuderos de los que se hace acompa&ntilde;ar, a saber: la educaci&oacute;n y la justicia (cf. (Plat&oacute;n, 2002). </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">   1. Apolodoro (2002). <i>Biblioteca</i>, Madrid: Gredos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-5887201100010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Esopo (2000). "Los a&ntilde;os del hombre". En: <i>F&aacute;bulas. Vida de Esopo</i>, Madrid: Gredos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1794-5887201100010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Esquilo (2000). "Prometeo encadenado". En:<i>Tragedias</i>, Madrid: Gredos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-5887201100010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Eggers Lan, C. - Juli&aacute;, V. E. (1978). <i>Los fil&oacute;sofos presocr&aacute;ticos</i>, Madrid:Gredos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-5887201100010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2"> 5. Gagarin, M. - Woodruff, P. (1995). <i>Early Greek Political Thought from Homer to the Sophists</i>, Cambridge: Cambridge University Press. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1794-5887201100010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Gorgias (2002). "Encomio de Helena". En: <i>Sofistas, Testimonios y Fragmentos</i>, Madrid: Gredos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1794-5887201100010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Hes&iacute;odo (2000). <i>Obras y Fragmentos</i>, Madrid: Gredos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1794-5887201100010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2"> 8. Hobbes, T. (2001). <i>Leviat&aacute;n</i>, Madrid: Alianza.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1794-5887201100010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2"> 9. Kafka, F. (2005). "Sobre Prometeo". En: <i>El silencio de las sirenas</i>, Barcelona: Random House Mondadori. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1794-5887201100010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Melero Bellido, A. (2002). Sofistas. <i>Testimonios y fragmentos</i>, Madrid: Gredos.       </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1794-5887201100010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Plat&oacute;n (2000). "Prot&aacute;goras". En: <i>Di&aacute;logos</i>, Madrid: Gredos, </font><font face="Verdana" size="2">T. I.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1794-5887201100010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12.  Rodr&iacute;guez Adrados, F. (1993). <i>La democracia ateniense</i>, Madrid: Alianza. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1794-5887201100010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. S&eacute;neca (2005). <i>Sobre la clemencia</i>, Madrid: Alianza. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1794-5887201100010000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Vernant, J. P. (2000). <i>El universo, los dioses, los hombres</i>, Barcelona: Anagrama. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1794-5887201100010000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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