<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1900-5407</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Antipod. Rev. Antropol. Arqueol.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1900-5407</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1900-54072008000100010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CONTAGIO, CURACIÓN Y EFICACIA TERAPÉUTICA: DISENSOS ENTRE EL CONOCIMIENTO BIOMÉDICO Y EL CONOCIMIENTO VIVENCIAL DE LA LEPRA EN COLOMBIA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[INFECTION, CURE, AND THERAPEUTIC EFFICIENCY: DISAGREEMENTS BETWEEN BIOMEDICAL KNOWLEDGE ABOUT LEPROSY IN COLOMBIA]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platarrueda Vanegas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Claudia Patricia]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Externado de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<numero>6</numero>
<fpage>171</fpage>
<lpage>195</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1900-54072008000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1900-54072008000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1900-54072008000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El artículo presenta la aproximación etnográfica a dos poblaciones que conformaron lazaretos para la separación de enfermos de lepra de los asentamientos humanos republicanos durante buena parte los siglos XIX y XX en Colombia; se centra en el conocimiento vivencial de la lepra que controvierte las definiciones biomédicas; advierte que, en ese disenso, redunda una medicalización problemática de la enfermedad, inteligible a la luz de una tradición de resistencia frente a la segregación que se ha impuesto históricamente sobre las poblaciones que antaño constituyeron lazaretos.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article presents the ethnographic approach to two towns that were lazarettos for the separation of people affected with leprosy during much of the nineteenth and twentieth centuries. It focuses on the experiential knowledge of leprosy that controverts biomedical definitions. In that dissent it becomes apparent a problematic medicalization of the disease, which is intelligible to the light of a tradition of resistance to the segregation that has been historically imposed on the populations that were once lazarettos.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Lepra]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[lazaretos]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[etnografía]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[antropología médica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[medicalización]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Leprosy]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[leprosaria]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[ethnography]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[medical anthropology]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[medicalization]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>CONTAGIO, CURACI&Oacute;N Y EFICACIA TERAP&Eacute;UTICA<sup><a name= "s" href="#1">1</a>:    <br> </sup>DISENSOS ENTRE EL CONOCIMIENTO BIOM&Eacute;DICO Y EL CONOCIMIENTO VIVENCIAL DE LA  LEPRA EN COLOMBIA.</b></font></p>        <p><b>Claudia Patricia Platarrueda Vanegas</b> <sup><a name= "s2" href="#2">2</a></sup></p>        <p><sup><a name="2" ></a><a href="#s2" >2</a></sup> Antrop&oacute;loga, Mag&iacute;ster en Antropolog&iacute;a Social. Docente,  Universidad Externado de Colombia y Fundaci&oacute;n universitaria San Mart&iacute;n.</p>    <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>        <p>El art&iacute;culo presenta la aproximaci&oacute;n etnogr&aacute;fica a dos poblaciones que    conformaron lazaretos para la separaci&oacute;n de enfermos de lepra de los    asentamientos humanos republicanos durante buena parte los siglos XIX y XX en    Colombia; se centra en el conocimiento vivencial de la lepra que controvierte    las definiciones biom&eacute;dicas; advierte que, en ese disenso, redunda una    medicalizaci&oacute;n problem&aacute;tica de la enfermedad, inteligible a la luz de una    tradici&oacute;n de resistencia frente a la segregaci&oacute;n que se ha impuesto    hist&oacute;ricamente sobre las poblaciones que anta&ntilde;o constituyeron lazaretos.</p>          <p><b>PALABRAS CLAVE </b>    <br> Lepra, lazaretos, etnograf&iacute;a, antropolog&iacute;a m&eacute;dica, medicalizaci&oacute;n.</p>    <hr size="1">      <p align="center" ><font face="verdana" size="3"><b>INFECTION, CURE, AND THERAPEUTIC&nbsp; EFFICIENCY: DISAGREEMENTS BETWEEN  BIOMEDICAL KNOWLEDGE ABOUT LEPROSY IN COLOMBIA</b></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>        <p>The article presents the ethnographic approach to two towns that were lazarettos  for the separation of people affected with leprosy during much of the nineteenth  and twentieth centuries. It focuses on the experiential knowledge of leprosy  that controverts biomedical definitions. In that dissent it becomes apparent a  problematic medicalization of the disease, which is intelligible to the light of  a tradition of resistance to the segregation that has been historically imposed  on the populations that were once lazarettos.</p>        <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Leprosy, leprosaria, ethnography, medical anthropology, medicalization.</p>       <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: MARZO DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: MAYO DE 2008</p>    <hr size="1">      <p>Las poblaciones Colombianas de contrataci&oacute;n –Santander–, y agua de Dios  –cundinamarca–, constituyeron lazaretos para la separaci&oacute;n y el asilamiento de  &quot;elefanciacos&quot;, &quot;lazarinos&quot; o &quot;leprosos&quot; desde 1861 y 1870, respectivamente.  pese a la normatividad aislacionista que rigi&oacute; su organizaci&oacute;n, la segregaci&oacute;n  de los &quot;enfermos&quot; nunca fue absoluta, llegando estos a convivir en &quot;completa  promiscuidad&quot; con familiares, eclesi&aacute;sticos, agentes administrativos,  comerciantes, visitantes y dem&aacute;s, los que en conjunto alcanzaron a constituir  una mayor&iacute;a de poblaci&oacute;n &quot;sana&quot;<sup><a name= "s3" href="#3">3</a> </sup> &nbsp;que hizo de los lazaretos su lugar de  residencia permanente u ocasional.</p>        <p> Los lazaretos se disolvieron en 1961, cuando los enfermos recobraron su libre    albedr&iacute;o y ciudadan&iacute;a. En los a&ntilde;os subsiguientes las dos poblaciones se    transformaron en municipios que continuaron jugando un papel protag&oacute;nico en los    diferentes programas de control de la lepra. Se establecieron sanatorios    especializados en el manejo de la enfermedad, y albergues destinados a la    asistencia de enfermos en tratamiento o discapacitados. Aunque las cifras    fuct&uacute;an de modo permanente, en la actualidad en contrataci&oacute;n alrededor del 11,5    por ciento de los 3.904 habitantes registrados en el censo nacional de 2005 son    tratados por la enfermedad o por sus secuelas, con la presencia de al menos    cuatrocientos cincuenta &quot;pacientes de hansen&quot;, entre ellos aproximadamente cien    &quot;pacientes albergados&quot;. En agua de Dios, cerca del 10,8 por ciento de la    poblaci&oacute;n ha experimentado la enfermedad dado que 1.250 de sus 11.515 habitantes    son &quot;pacientes curados sociales&quot;, de los cuales algo m&aacute;s de trescientos son    &quot;pacientes albergados&quot;.</p>          <p>El papel protagonista de los sanatorios en la promoci&oacute;n de actividades    relacionadas con el manejo de la lepra posibilita una interacci&oacute;n permanente    entre los contrate&ntilde;os y aguadiose&ntilde;os con los agentes m&eacute;dicos. No sobra aclarar    que algunos empleados de los sanatorios suman a su experiencia en salud la de    ser descendientes de enfermos, o de haber vivido la enfermedad ellos mismos. A    pesar de esa interacci&oacute;n cotidiana, es posible percibir la existencia de    disensos con respecto del conocimiento de la lepra<sup><a name= "s4" href="#4">4</a></sup>. Aqu&iacute; me aventuro en    evidenciar que el conocimiento m&eacute;dico ha sido confrontado en las poblaciones de    agua de Dios y contrataci&oacute;n de manera persistente, como resultado de    circunstancias hist&oacute;ricas que tienen su origen en el tiempo de los lazaretos.</p>          <p>Aunque no es &eacute;ste el espacio para tratar la historia de la lepra en Colombia,    cabe resaltar que en nombre de su contagiosidad se hicieron ingentes esfuerzos    para alcanzar el aislamiento riguroso de los enfermos, para otorgarles medios    suficientes de subsistencia y &quot;auxilio espiritual&quot; en compensaci&oacute;n de la    segregaci&oacute;n a la que se les expon&iacute;a, y para producir el conocimiento cient&iacute;fico    con el que se anhelaba alcanzar una profilaxis &quot;moderna&quot; y &quot;civilizada&quot;. En la    pr&aacute;ctica el logro de tales prop&oacute;sitos fue esquivo. La presencia de la poblaci&oacute;n    sana hubo de ser consentida para garantizar la asistencia que las subvenciones    estatales no alcanzaban a brindar; se dio una aplicaci&oacute;n poco sistem&aacute;tica de    diversos tratamientos, mientras que los cient&iacute;ficos no lograron acopiar los    resultados esperados. Alrededor de 1930 el estado habr&iacute;a de iniciar la    reformulaci&oacute;n de la profilaxis basada en el aislamiento hacia campa&ntilde;as de    prevenci&oacute;n, diagn&oacute;stico temprano y tratamiento domiciliario &#40;v&eacute;ase, entre otros,    obreg&oacute;n, 2002&#41;.</p>          <p>Durante buena parte del tiempo de existencia de los lazaretos ganaron predominio    las nociones de &quot;alta contagiosidad&quot;, de car&aacute;cter incurable, as&iacute; como de amenaza    que la enfermedad representaba para la salubridad. Esas nociones terminaron por    ser rebatidas por lo menos desde la mitad del siglo XX, cuando comenz&oacute; a    consolidarse el consenso m&eacute;dico de que la lepra es contagiosa pero curable    cuando el &quot;paciente&quot;<sup><a name= "s5" href="#5">5</a></sup> se somete a un tratamiento quimioterap&eacute;utico que elimina    al agente infeccioso. Distintas campa&ntilde;as mundiales de lucha contra la lepra    adelantadas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han redundado en que &eacute;sta haya dejado de ser    considerada como un &quot;problema de salud p&uacute;blica&quot; en muchos de los pa&iacute;ses donde la    enfermedad fue end&eacute;mica –incluido Colombia–, cuando a nivel nacional se registra    la presencia de menos de un enfermo por diez mil habitantes. En el caso    Colombiano esa nueva caracterizaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica contiene &iacute;ndices de    prevalencia departamentales que no son tan optimistas, como en amazonas, Arauca,    Bol&iacute;var, Cesar, Huila, Magdalena y Santander, donde se sobrepasa el &iacute;ndice de    2,8 enfermos x 10.000 habitantes<sup><a name= "s6" href="#6">6</a></sup>.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En t&eacute;rminos de la biomedicina esta enfermedad infecciosa se caracteriza por su    evoluci&oacute;n cr&oacute;nica y por un espectro de manifestaciones cl&iacute;nicas muy amplio, que    implica lesiones cut&aacute;neas anest&eacute;sicas, debilidad o par&aacute;lisis muscular y    alteraciones tr&oacute;ficas de la piel, los &oacute;rganos sensoriales, los m&uacute;sculos, los    huesos y, en ocasiones, algunas v&iacute;sceras y &oacute;rganos internos. La p&eacute;rdida de la    sensibilidad t&eacute;rmica, dolorosa y t&aacute;ctil hace frecuente que los pacientes se    expongan a quemaduras y heridas involuntarias que producen infecciones,    ulceraciones complejas, discapacidades y deformidad. Los ojos, las manos y las    plantas de los pies son los m&aacute;s afectados. Se reconoce como agente infeccioso al    Micobacterium Leprae, y se considera que el mecanismo m&aacute;s frecuente y efectivo    de transmisi&oacute;n es a&eacute;reo, puesto que el bacilo proveniente de las secreciones    nasales de pacientes infecciosos se trasmite a la poblaci&oacute;n expuesta a trav&eacute;s de    las v&iacute;as respiratorias. En la cadena de transmisi&oacute;n se reconoce la importancia    que desempe&ntilde;a el contacto domiciliario continuado. Sin embargo, se sostiene que    la mayor&iacute;a de los individuos presentan un alto nivel de inmunidad efectiva al    bacilo y que un porcentaje muy bajo de las personas infectadas desarrolla    manifestaciones cl&iacute;nicas. Se reconoce el influjo de componentes hereditarios que    determinan fallas en la respuesta inmune de individuos que por esa v&iacute;a se hacen    m&aacute;s susceptibles a la enfermedad. En la d&eacute;cada de 1940 se estableci&oacute; el car&aacute;cter    curable de la lepra, cuando empez&oacute; a ser usado un tratamiento a base de sulfonas    con el objeto de inactivar el bacilo. Ese tratamiento se ha hecho complejo para    atender episodios cada vez m&aacute;s frecuentes de resistencia bacilar que conllevan    reca&iacute;das y recidivas, fen&oacute;meno que se ha convertido en una de las principales    preocupaciones de la biomedicina en relaci&oacute;n con el control de la enfermedad  &#40;v&eacute;ase, entre otros, Rodr&iacute;guez y Orozco, 1996&#41;.</p>        <p><b>LOS DISENSOS</b></p>        <p>En el contexto de las poblaciones de contrataci&oacute;n y agua de Dios, explicaciones    actuales ofrecidas por las personas que han experimentado la lepra y por sus    convivientes, coinciden en no aceptar al contagio como causa –por lo menos    &uacute;nica– de la enfermedad, as&iacute; como tampoco su car&aacute;cter curable. Se esgrimen    evidencias en contra de ambas nociones, como puede apreciarse en la conversaci&oacute;n    de dos hombres, quienes arribaron a contrataci&oacute;n en la d&eacute;cada de 1940 y se    sometieron a distintos tratamientos, incluido el m&aacute;s contempor&aacute;neo. En su    interpretaci&oacute;n de la terminolog&iacute;a m&eacute;dica, se subrayan las evidencias que    permiten afirmar que la enfermedad no se trasmite en las familias y que la    curaci&oacute;n de la misma no es definitiva:</p>      <ul>    <p> —&#40;...&#41; Eso el sano viv&iacute;a aqu&iacute; como usted estar aqu&iacute; al pie m&iacute;o. Usted no ten&iacute;a    escr&uacute;pulo ni nada. tan cierto era que se hac&iacute;a el amor entre enfermo y sano. Y    los hijos nunca sal&iacute;an enfermos, nunca. Eso si es un detalle algo, para m&iacute;, como    milagroso. &iquest;c&oacute;mo es posible?, por ejemplo, usted tiene su hijo: sano; mis hijos:    sanos; nietos: sanos, quince nietos sanos. tengo un hijo que es abogado, sanito;    &iquest;qu&eacute; lepra tendr&aacute; &eacute;l?, &iquest;mi hija, qu&eacute; lepra tendr&aacute;? y yo no entiendo, como    habl&aacute;bamos qu&eacute; d&iacute;as, la lepra le cae es al pendejo, al m&aacute;s pendejo de todos es    al que le cae la lepra, y entre esos est&aacute;bamos nosotros. Es que a los ricos, a    los pudientes nunca les lleg&oacute; la lepra.</p>          <p> —La ciencia m&eacute;dica determina que la lepra les da a los m&aacute;s..., a las personas que    tienen m&aacute;s bajas defensas corporales.</p>          <p> —Desnutridos..., s&iacute;, correcto, y de paso no tienen fibra, se va acabando la fibra.    Debido a eso se forman unas &uacute;lceras incurables; como nosotros: un perforante    –lesi&oacute;n en la planta de los pies caracter&iacute;stica de la lepra– se nos forma    incurable, yo este perforante ten&iacute;a cuarenta y seis a&ntilde;os de tenerlo yo ah&iacute;    pis&aacute;ndolo continuamente, dur&eacute; cuarenta y seis a&ntilde;os con ese perforante –antes de    serle amputada la pierna– &#40;contrataci&oacute;n, diciembre de 1997&#41;.</p>    </ul>          <p>Las declaraciones reparan en lo confuso de la etiolog&iacute;a de la lepra, donde tanto    la noci&oacute;n de la susceptibilidad gen&eacute;tica –herencia– y el contagio como causas no    llegan a ser concluyentes. As&iacute; lo refiere un hombre tratado de lepra, quien    arrib&oacute; a contrataci&oacute;n en 1938:</p>      <ul>    <p>... Mire yo le voy a contar este caso. Por eso la cosa de la etiolog&iacute;a de la lepra    es una cosa que todav&iacute;a que no se ha descubierto. Unos dicen que es contagiosa,    otros dicen que es hereditaria. mire, yo le cuento este caso. conoc&iacute; una    familia, ahoritica poco muri&oacute; la &uacute;ltima. Eran un par de viejitos, ambos sanos en    Boyac&aacute; y les resultaron tres hijos leprosos. Entonces los echaron para ac&aacute; y los    padres se vinieron con ellos y con el resto de hijos, pero ya mayores. murieron    aqu&iacute; los tres hijos enfermos. Una hija que era sana se cas&oacute; con un tipo enfermo    y tuvo hijos sanos y hace unos meses muri&oacute;, sana. Y los viejitos murieron de    ochenta a&ntilde;os sanos ... &#40;contrataci&oacute;n, diciembre de 1997&#41;.</p>    </ul>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es tambi&eacute;n posible escuchar exclamaciones como: &quot;ah, entonces en usted tambi&eacute;n    se present&oacute; el caso de la descendencia&quot;. As&iacute; se expres&oacute; una persona afectada por    lepra cuando conversaba con otra que manifest&oacute; tener familiares ascendientes que    tambi&eacute;n eran enfermos &#40;contrataci&oacute;n, diciembre 1997&#41;. Sin embargo, puede    advertirse una renuencia, seg&uacute;n mi parecer, bastante generalizada, a aceptar las    &quot;teor&iacute;as contagionistas&quot;. Parecer&iacute;a que la definici&oacute;n de la enfermedad marchara    alej&aacute;ndose del consenso m&eacute;dico del contagio, acerc&aacute;ndose m&aacute;s a la herencia como    causa predominante. As&iacute; parece darlo a entender quien es a la vez sobrino y    hermano de personas afectadas por la lepra. &eacute;l dice:</p>      <ul>    <p>... ¡Imag&iacute;nese!, nadie hac&iacute;a contacto con un leproso porque se cre&iacute;a que    inmediatamente quedaba uno contagiado. Pero all&aacute; se aprende que no es as&iacute;, pues    por estudios ya se hab&iacute;a dicho que la enfermedad no era prendediza. Se dice que    es hereditaria; en una, dos o tres generaciones &#40;Bucaramanga, junio de 1998&#41;.</p>    </ul>          <p>En mis conversaciones con contrate&ntilde;os y aguadiose&ntilde;os tambi&eacute;n se ha hecho    manifiesta la aceptaci&oacute;n de otros factores etiol&oacute;gicos no excluyentes, tales como    el contacto o la promiscuidad sexual, las &quot;malas&quot; condiciones de vida e higiene,    la alimentaci&oacute;n deficiente, los &quot;desmandos&quot; y excesos f&iacute;sicos o morales, la    exposici&oacute;n a cambios clim&aacute;ticos fuertes, la influencia de cambios org&aacute;nicos u    hormonales como los experimentados en el parto o la pubertad, y el descuido en    el manejo del per&iacute;odo post parto. otras explicaciones que parecen menos    frecuentes aceptan la intervenci&oacute;n de la magia y la brujer&iacute;a.</p>          <p>El instituto Dermatol&oacute;gico Federico Lleras Acosta, en un examen de las    &quot;creencias&quot; asociadas a la lepra, refiere explicaciones etiol&oacute;gicas similares a    las ofrecidas por enfermos que son tratados en Bogot&aacute;: herencia, exposici&oacute;n a    cambios de temperatura, ba&ntilde;os en estado de embriaguez, ba&ntilde;os con aguas negras,    climas malsanos, descuido con la dieta materna, ba&ntilde;os con la menstruaci&oacute;n,    pobreza, hambre y desnutrici&oacute;n, picaduras de culebra, rat&oacute;n o armadillo y otras    que no se especifican<sup><a name= "s7" href="#7">7</a></sup>. En otra parte se refieren otras &quot;reacciones, creencias,    temores e interrogantes&quot; de los &quot;pacientes&quot; que relacionan la lepra con la    herencia, el castigo a los pecados, la brujer&iacute;a, el consumo de comidas, el    ba&ntilde;arse acalorado o en el per&iacute;odo de la menstruaci&oacute;n, la falta de aseo o con un    &quot;mal de la sangre&quot; &#40;pinto, 1996: 202&#41;. tales factores son definidos bien como    causas o como influencias para su aparici&oacute;n cuando la enfermedad ha sido    contra&iacute;da por contacto con enfermos o por transmisi&oacute;n hereditaria. Las    explicaciones, a simple vista, parecen estar construidas con datos confusos y    an&aacute;rquicos. cuando es manifiesta, la confusi&oacute;n revela incertidumbre acerca del    conocimiento de la enfermedad y de las perspectivas hacia el futuro. As&iacute; puede    percibirse en un testimonio de un sobrino de una persona afectada por lepra    quien residi&oacute; cerca de seis meses en contrataci&oacute;n siendo joven, a principios de    la d&eacute;cada de 1980:</p>      <ul>    <p>... Volver de all&aacute; no fue nada f&aacute;cil. Yo a toda hora andaba pensando que si me    ba&ntilde;aba acalorado, que si me ba&ntilde;aba despu&eacute;s de comer, que..., todas esas cosas que    dicen que si uno se ba&ntilde;a reci&eacute;n comido, o acalorado, que todas esas cosas hacen    que el Hansen se desarrolle &#40;Bucaramanga, junio de 1998&#41;.</p>    </ul>          <p>En las narraciones individuales acerca del modo como se adquiri&oacute; la lepra no    dejan de percibirse sentimientos de responsabilidad o culpabilidad por haberla    contra&iacute;do, como cuando se refiere como causa la promiscuidad sexual o los    &quot;desmandos&quot; morales y f&iacute;sicos. En casos en los cuales existe m&aacute;s de una persona    afectada por lepra en la misma familia, es habitual que se haga expl&iacute;cita una    genealog&iacute;a familiar que no excluye la posibilidad de la reincidencia de la    enfermedad en pr&oacute;ximas generaciones, como puede apreciarse en el cuestionamiento    que hace un hermano de una persona enferma de lepra residente en contrataci&oacute;n,    quien manifiesta haber tenido otros familiares enfermos de lepra en las ramas    ascendentes materna y paterna de su familia:</p>      <ul>    <p>... Pero lo que yo s&eacute;, hasta donde yo s&eacute;, a ciencia cierta, es que eso no es    contagioso. Es gen&eacute;tico y se puede presentar en la segunda generaci&oacute;n, en la    quinta generaci&oacute;n; se puede presentar en la d&eacute;cima generaci&oacute;n... &iquest;De pronto, no?...    &#40;Bucaramanga, junio de 1998&#41;.</p>    </ul>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; como las &quot;ideas contagionistas&quot;, las nociones de efectividad del tratamiento    quimioter&aacute;pico y de curaci&oacute;n tampoco parecen gozar de mayor aceptaci&oacute;n, como lo    expresa un hombre afectado por lepra y residente en contrataci&oacute;n desde la d&eacute;cada    de 1940, quien fue sometido a los distintos tratamientos oficiales desde entonces    siendo hoy considerado como curado. &eacute;l afirma: &quot;no, de esta enfermedad nadie se    ha curado, yo no me he curado&quot;. &#40;contrataci&oacute;n, diciembre 1997&#41;. El testimonio de    otra persona afectada por lepra residente de contrataci&oacute;n desde 1938, quien fue tratado con distintas terapias, incluida la m&aacute;s contempor&aacute;nea,    refiere en detalle el efecto de la enfermedad en su cuerpo, a la vez que descree    de la noci&oacute;n de curaci&oacute;n que implica la supuesta eliminaci&oacute;n del Micobacterium    Leprae:</p>      <ul>    <p>... Mire, por ejemplo en el caso m&iacute;o, voy para setenta y ocho a&ntilde;os, tengo setenta    a&ntilde;os de ser leproso y estoy casi ciego, in&uacute;til, como me ve; mi esposa tiene que    vestirme como vistiendo un bebecito de un mes; estoy para quedar ciego, casi    sordo, son secuelas de la enfermedad. Y sin embargo ya hace treinta y cinco a&ntilde;os    que estoy negativo, no doy bacilo, pero la enfermedad sigue causando estragos a    pesar de que uno este ya negativo del famoso Micobacterium Leprae.    &#40;contrataci&oacute;n, diciembre de 1997&#41;.</p>    </ul>          <p>Adem&aacute;s del descr&eacute;dito que merece la noci&oacute;n de curaci&oacute;n, no es inusual escuchar    testimonios que ponen de presente que el tratamiento quimioter&aacute;pico oficial antes    que curar, en algunos casos empeora la condici&oacute;n de la enfermedad. Puede    presentarse el abandono del tratamiento o negativa a seguirlo, como consecuencia    de efectos secundarios de la terapia, tal como lo admiti&oacute; un hombre afectado por    la enfermedad que me confi&oacute; haber fingido seguir los distintos tratamientos, sin    haberlo hecho en efecto con regularidad, a consecuencia de la experiencia previa    de un pariente suyo. Desde su punto de vista, su hermano hab&iacute;a sido sometido al    tratamiento con resultados desastrosos. El tratamiento hab&iacute;a propiciado lo que    los m&eacute;dicos llamaron &quot;reacciones lepr&oacute;ticas&quot;, las que resultaron en    discapacidades graves y deformaci&oacute;n. Una experiencia que, aunque no es    generalizada, tampoco llega a ser ins&oacute;lita, como veremos.</p>          <p>Algunos testimonios tambi&eacute;n traen a cuento la coexistencia del tratamiento    oficial con otros medicamentos. Dos personas afectadas por lepra residentes en    contrataci&oacute;n desde la d&eacute;cada de 1940 se refieren al respecto:</p>      <ul>    <p> —Eso s&iacute; llegaban aqu&iacute; continuamente brujos, hechiceros y hierbateros, en esa    &eacute;poca se llamaban yerbateros, ahora son homanopat&oacute;logos &#40;sic&#41;...</p>          <p>—Ahora se llaman naturistas...</p>        <p>—... O naturistas. cient&iacute;ficamente se llama homeopat&iacute;a. ¡ah!, eso aqu&iacute; llegaba de    toda esa plaga, de por all&aacute; del amazonas, de por all&aacute; de todas partes llegaban,    de la costa, del Chocho &#40;sic&#41;, de toda esa parte llegaban aqu&iacute; a vender chuchuguaza y a vender c&aacute;scara de yo no s&eacute; que palo, que c&aacute;scara de la otra, que    la ra&iacute;z, que la planta, que el gualanday, el almizclillo. oiga, y qu&eacute; d&iacute;as dur&eacute;    m&aacute;s de un mes &#91;tratando de recordar&#93; y mire ahora c&oacute;mo se me vino ya el nombre    de almizclillo, que un amigo se san&oacute; con almizclillo. Eso era sanativo, con eso    arropaban la papa que tra&iacute;an de Boyac&aacute;, con almizclillo la arropaban. En vez de    meterle hierbas le met&iacute;an almizclillo y aqu&iacute; le ca&iacute;an en carrerita y eso se    tomaba mucho... A unos los reventaba por completo y los dejaba... A don israel lo    revent&oacute; de la corona hasta los pies y mire c&oacute;mo se san&oacute;. Lo reventaba y le    reventaba todos los lepromas, se llama eso. Antiguamente los llam&aacute;bamos    tub&eacute;rculos. tub&eacute;rculo es la papa, todas esas... y c&oacute;mo se brotaba todo eso en  tub&eacute;rculos, la cara, las piernas, los brazos.</p>        <p> —La lepra interna se rebota afuera en forma de...</p>        <p> —... De tub&eacute;rculos, de tub&eacute;rculos como una papa, de bolas, gruesas, unas    desplegadas, otras altas, bueno... De diferentes tama&ntilde;os, unas se revientan, otras    no. Y el almizclillo era sumamente bueno para la lepra. Yo estuve tomando por    ah&iacute;. Dur&eacute; un poco de tiempo tomando pero eso para nosotros si no nos hace nada.    no, esto es una lepra que se llama lepra indeterminada, no la han podido  determinar. &#40;contrataci&oacute;n, diciembre de 1997&#41;.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>        <p>De los m&uacute;ltiples elementos que puedan parecer sugestivos me interesa subrayar    que aunque se tratan con menosprecio expl&iacute;cito pr&aacute;cticas terap&eacute;uticas distintas    a las de la biomedicina, tambi&eacute;n se otorga veracidad a la efectividad que    algunos medicamentos alternativos han podido tener en casos particulares. En el    examen sobre las &quot;creencias&quot; acerca de la lepra del instituto Federico Lleras Acosta referido anteriormente se advierte sobre la necesidad de mostrar a los    &quot;pacientes&quot; y a sus convivientes que &quot;... La enfermedad no se cura con rezos,    hierbas, hechiceros, orinoterapias, hierbateros o cirug&iacute;as invisibles&quot;.    Tal    advertencia permite vislumbrar que los itinerarios terap&eacute;uticos emprendidos por    las personas afectadas por lepra son amplios y diversos, entre los cuales el    recurso de la biomedicina es una de las posibilidades disponibles, m&aacute;s no la  &uacute;nica.</p>        <p><b>EL CONTAGIO</b></p>        <p>Ese disenso frente al conocimiento m&eacute;dico no parece ser un asunto nuevo en    Colombia &#40;v&eacute;ase obreg&oacute;n, 1997 y 2002&#41;. Desde temprano, los enfermos recluidos en    los lazaretos redactaron m&uacute;ltiples comunicaciones que criticaban la eficacia de    la profilaxis &quot;anti-contagionista&quot; y reparaban en la falta de evidencias que    probaran el contagio en los lazaretos. Es tambi&eacute;n posible documentar que la    oposici&oacute;n al contagio se tradujo en pr&aacute;cticas y relaciones sociales de    resistencia frente al aislamiento. El m&eacute;dico Abraham Aparicio explic&oacute; que los    enfermos de agua de Dios hab&iacute;an levantado un&aacute;nime protesta contra &quot;la doctrina    del contagio&quot;, y que los habitantes de los lugares circunvecinos en nada tem&iacute;an    sus relaciones y tratos con los enfermos asilados &#40;1890: 163&#41;. Por su parte, el    m&eacute;dico Juan Bautista Montoya y Fl&oacute;rez lleg&oacute; a expresar que las reformas del    aislamiento en los lazaretos no pod&iacute;an llevarse a cabo por la &quot;... oposici&oacute;n    sistem&aacute;tica y tenaz de los enfermos&quot;, quienes sal&iacute;an victoriosos con la simple    amenaza de abandonar la colonia &quot;... Si insist&iacute;an en aislarlos y molestarlos con    reglamentos in&uacute;tiles&quot; porque la enfermedad para ellos no era contagiosa sino    hereditaria o adquirida por enfriamientos s&uacute;bitos &#40;1910: 320 y 360&#41;.</p>          <p>En el examen de ese debate etiol&oacute;gico, Diana obreg&oacute;n afirma que la defensa de la    &quot;heredabilidad&quot; y de condiciones geogr&aacute;ficas, como causas por parte de los    enfermos y de algunos m&eacute;dicos, terminaron siendo consideradas como anticuadas y    no cient&iacute;ficas cuando se enfrentaron al modelo bacteriol&oacute;gico naciente    &#40;2000:    271&#41;. hoy es evidente que esa preeminencia del modelo bacteriol&oacute;gico no logr&oacute;    desplazar ni acallar totalmente a otras explicaciones en agua de Dios y    contrataci&oacute;n, siendo esgrimidas persistentemente cuando quiere rebatirse la    afirmaci&oacute;n de que la lepra es contagiosa. cabe aclarar que tal oposici&oacute;n no es    absoluta ni tampoco compartida por todos localmente, divergiendo de ella    especialmente las personas que son cercanas a la biomedicina. En ocasiones se    concede veracidad al conocimiento m&eacute;dico, como cuando el cronista contrate&ntilde;o    &Aacute;lvaro Ruiz arenas –diagnosticado como enfermo hacia 1930 y quien lleg&oacute; a ser    enfermero en tiempos del lazareto– brinda credibilidad a la existencia del    bacilo, aunque &eacute;sta no sirva de prueba irrefutable de la infecci&oacute;n, afirmando que    &quot;... En referencia a la contagiosidad o no contagiosidad del mal de l&aacute;zaro, nadie    ha dicho con suficientes elementos de juicio la &uacute;ltima palabra, irrebatible, que    logre cesar la controversia. La enfermedad es a&uacute;n un insondable enigma en sus    causas&quot; &#40;1998: 7379&#41;. Una oposici&oacute;n radical, sin embargo, surge cuando el    contagio se esgrime como &uacute;nica explicaci&oacute;n causal, es decir, de la manera como    esta noci&oacute;n fue defendida como sustento del aislamiento.</p>          <p>Pareciera que los discursos biom&eacute;dico y vivencial no se contradicen en lo    fundamental, aunque en ocasiones se nieguen de manera vehemente. Los argumentos    se acercan cuando el conocimiento biom&eacute;dico admite que factores tales como los    cambios hormonales en la juventud, o durante el parto y el &quot;estr&eacute;s biol&oacute;gico y    emocional&quot;, desempe&ntilde;an un papel desencadenante en la manifestaci&oacute;n de los    s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos de la enfermedad, ofreciendo un piso de veracidad a las    explicaciones locales que, desde la vivencia personal de la afecci&oacute;n, identifican    factores similares como causas en los momentos en que la lepra se hizo manifiesta    en sus cuerpos. Ambos saberes tambi&eacute;n se acercan si se tiene en cuenta que,    desde el punto de vista biom&eacute;dico, se considera que los casos efectivos de    desarrollo sintom&aacute;tico de la enfermedad representan un porcentaje muy bajo de    los casos de infecci&oacute;n, que existen factores de riesgo biol&oacute;gicos, ambientales y    sociales concomitantes con el contagio y que la herencia juega un papel    fundamental como factor que predispone a la transmisi&oacute;n. De este modo, la    explicaci&oacute;n etiol&oacute;gica ha dejado de ser un&iacute;voca y monovalente, mientras que son    aceptados como m&uacute;ltiples los factores que intervienen en la manifestaci&oacute;n    end&eacute;mica de la enfermedad, concepci&oacute;n parad&oacute;jicamente similar a la que ha sido    reconocida localmente cuando se ha defendido la noci&oacute;n de que la lepra tiene    causas tan confusas como m&uacute;ltiples.</p>          <p>El disenso frente al conocimiento m&eacute;dico puede interpretarse como un    posicionamiento moral y pol&iacute;tico de resistencia. me aventuro en afirmar que a    trav&eacute;s de la deslegitimaci&oacute;n del contagio, el enfermo es aliviado de sobrellevar    la carga moral impl&iacute;cita en el hecho de ser considerado veh&iacute;culo de    contaminaci&oacute;n. El compromiso del enfermo se aminora y su sufrimiento se reduce a    sobrellevar la discapacidad y la desfiguraci&oacute;n, pero no ya a aceptar la    responsabilidad de prevenir el contagio de otros. Lo parad&oacute;jico es que la    negaci&oacute;n, cuando tiene un sentido reaccionario, deja impl&iacute;cita la aceptaci&oacute;n del    sistema de valores morales seg&uacute;n el cual el &quot;padecimiento&quot; de una enfermedad    contagiosa es, en efecto, una circunstancia punible.</p>          <p>En cambio, el otorgamiento de un sentido punible a la herencia no parece    sobresalir. Aunque en la documentaci&oacute;n hist&oacute;rica no son escasas las referencias    a la herencia como causa, esa explicaci&oacute;n perdi&oacute; acogida a finales del siglo XIX. En principio, tanto la teor&iacute;a hereditaria como la del contagio fueron entendidas    como motivos suficientes para la segregaci&oacute;n. Se argument&oacute; que &quot;... La procreaci&oacute;n    de los enfermos era inmoral&quot; y que se hac&iacute;a necesaria la separaci&oacute;n de los    hombres y las mujeres, as&iacute; como la prohibici&oacute;n del matrimonio, porque ning&uacute;n    lazarino ten&iacute;a el derecho a dar miembros de la especie humana que recibieran    fatalmente la lepra por herencia, a reproducirse s&oacute;lo para aumentar las camas en    los lazaretos, a enfermar la especie y a envenenar a seres inocentes en la    fuente de la vida –seg&uacute;n dijo Ram&oacute;n G&oacute;mez en 1878–, &#40;citado en Guti&eacute;rrez, 1925:    168169, 176183&#41;. Por contradictorio que parezca, las mismas medidas fueron    defendidas por los anticontagionistas, quienes promovieron la prohibici&oacute;n del    matrimonio, la separaci&oacute;n de los enfermos por sexos y la separaci&oacute;n de los hijos    sanos, como medidas para garantizar el aislamiento y para frenar el contagio.    sin embargo, fue el paradigma bacteriol&oacute;gico el que dio forma al sistema    carcelario y policivo del lazareto, con sus retenes y rituales de desinfecci&oacute;n    &#40;v&eacute;ase obreg&oacute;n, 1997 y 2002&#41;. El contagio –y no la herencia– ha sido el receptor    de una tradici&oacute;n de resistencia local que result&oacute; del extra&ntilde;amiento al que    fueron expuestos los enfermos. La aparente mayor aceptaci&oacute;n de que goza la    herencia como causa etiol&oacute;gica, puede entenderse en tanto que &eacute;sta no constituy&oacute;    el pilar de la segregaci&oacute;n, m&aacute;xime cuando sustrae a la lepra del espacio p&uacute;blico    de la contaminaci&oacute;n y restituye la eventualidad de &quot;sufrirla&quot; a la esfera    privada y familiar.</p>          <p><b>LA CURACI&Oacute;N</b></p>        <p>Desde la perspectiva m&eacute;dica de hoy el estado de enfermedad no se considera    perdurable en los individuos despu&eacute;s que el &quot;paciente&quot; se somete a tratamiento    quimioterap&eacute;utico. La persona, en efecto, deja de ser considerada enferma    despu&eacute;s de la eliminaci&oacute;n del bacilo de Hansen. Los da&ntilde;os neurales y org&aacute;nicos,    que en muchos casos contin&uacute;an agrav&aacute;ndose con el paso del tiempo, son    considerados y tratados como secuelas de la lepra y su cuidado depende de  medidas preventivas.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por el contrario, en el concepto de aquellos que presentan discapacidades y    deformidades, la curaci&oacute;n de la enfermedad no corresponde s&oacute;lo a la inactividad    del bacilo sino al detenimiento de la evoluci&oacute;n en las secuelas, situaci&oacute;n que    se logra dif&iacute;cilmente en los casos en que la enfermedad ha producido da&ntilde;os    dermatol&oacute;gicos y neurales antes de la quimioterapia. baste referir el ejemplo    que una persona us&oacute; en repetidas ocasiones para instruirme sobre el asunto: este    hombre hab&iacute;a sido declarado como curado de lepra desde hac&iacute;a varios a&ntilde;os. Sin    embargo, al referir la veracidad de esa identidad, &eacute;l me mostraba sus manos    deformes y dec&iacute;a en tono airado exclamaciones similares a &eacute;sta: &quot;&iquest;curado yo?,    &iquest;curado?, ¡si esto tambi&eacute;n es la enfermedad!, ¡las secuelas tambi&eacute;n son la    enfermedad!... o entonces, &iquest;por qu&eacute; me dieron a mi estas secuelas?&quot;. As&iacute;, la    noci&oacute;n de curaci&oacute;n no es aceptada y llega incluso a ser rechazada con vehemencia    cuando la permanencia de discapacidades y deformidades se convierten en    evidencia de la presencia de la enfermedad y en causa de afecciones corporales    perdurables en la vida.</p>          <p>En los t&eacute;rminos locales de agua de Dios y de contrataci&oacute;n los conceptos sano y    enfermo se refieren con frecuencia a dos categor&iacute;as que llegan a ser excluyentes    entre s&iacute; y que hacen parte de la identificaci&oacute;n constitutiva y permanente de las    personas, aunque para la biomedicina esta distinci&oacute;n no sea apropiada. hablando    de manera hipot&eacute;tica, ante la pregunta: &quot;&iquest;est&aacute; esa persona enferma de lepra?&quot;,    muy seguramente la generalidad de los contrate&ntilde;os o de los aguadiose&ntilde;os habr&aacute; de    asentir positivamente en el caso de tratarse de una persona que presenta    discapacidades evidentes a la vista, independientemente de que ella haya sido o    no tratada con quimioterapia y haya sido o no declarada como un caso de    curaci&oacute;n. Por el contrario, es posible escuchar que se niegue la ocurrencia de    la lepra en los casos de personas que han sido tratadas antes de que la    enfermedad haya alcanzado a dejar signos visibles de deformidad o discapacidad. En ese sentido, tuve la oportunidad de escuchar conversaciones referidas a    personas que hab&iacute;an sido &quot;dadas de alta&quot; –lo que en t&eacute;rminos locales significa    diagnosticadas de la enfermedad e inscritas en tratamiento–, pero cuya condici&oacute;n    de enfermos se pon&iacute;a en duda frente a la ausencia de discapacidades y    deformidades, siendo posibles exclamaciones como: &quot;&iquest;enfermo de lepra &eacute;l?&quot;,    &quot;&iquest;enfermo de lepra ella?&quot;, &quot;¡qu&eacute; van a ser ellos enfermos de lepra!&quot;.</p>       <p>El enunciado &quot;la lepra es una enfermedad curable&quot; ha llegado a convertirse en    una expresi&oacute;n omnipresente en carteles y dem&aacute;s herramientas publicitarias usadas    por las instituciones nacionales e internacionales comprometidas en &quot;que la    lepra desaparezca&quot;<sup><a name= "s8" href="#8">8</a></sup>. Las campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n promueven la noci&oacute;n de que la    lepra es una enfermedad como cualquier otra, curable, que debe ser diagnosticada    a tiempo, y que no conlleva como consecuencia inevitable la discapacidad ni la    deformidad. Las campa&ntilde;as dirigen un mensaje esperanzador a &quot;nuevos enfermos&quot; que    soportan, con el diagn&oacute;stico, toda la carga estigmatizadora de la enfermedad. Estas proposiciones se convierten en instrumentos poderosos para impugnar el    supuesto generalizado de que la lepra equivale a un filagelo incurable que queda    inscrito en el cuerpo de las personas por siempre, en el intento de reducir el    espacio para la expresi&oacute;n del estigma.</p>          <p>Sin embargo, desde mi perspectiva, a ojos de los discapacitados, de los    &quot;desfigurados&quot;, de los &quot;enfermos hist&oacute;ricos&quot; que habitan en las poblaciones que    anta&ntilde;o fueron lazaretos, la noci&oacute;n de curaci&oacute;n se convierte en un burdo reduccionismo de la enfermedad a la presencia bacteriol&oacute;gica, lo que propicia la    negaci&oacute;n de la relaci&oacute;n &iacute;ntima e indisoluble que en su experiencia tienen las    fuentes de la enfermedad –sea bacteriol&oacute;gica o no–, la discapacidad y la    desfiguraci&oacute;n, todas por igual expresiones de la lepra en sus cuerpos. En    &uacute;ltimas, la negaci&oacute;n de la curaci&oacute;n es un llamado hacia una definici&oacute;n    compleja de la enfermedad que no se limite a la pervivencia del bacilo sino al    fen&oacute;meno biol&oacute;gico y social como un todo que, adem&aacute;s de la condici&oacute;n    contaminante, produce discapacidad, deformaci&oacute;n, estigma, marginaci&oacute;n y    dependencia, aspectos que no son curados con el tratamiento bacteriol&oacute;gico. Afirmar rente a las personas afectadas por la lepra que la discapacidad y la    deformaci&oacute;n que sobrellevan no son lepra sino secuelas de la enfermedad, es una    afirmaci&oacute;n que no deja de tener un tono eufem&iacute;stico.</p>          <p>La negaci&oacute;n de la curaci&oacute;n bacteriol&oacute;gica hoy es heredera de la tradici&oacute;n de    resistencia que lleg&oacute; a expresarse con el surgimiento de la categor&iacute;a de    &quot;curados sociales&quot; en la d&eacute;cada de 1920 &#40;v&eacute;ase Obreg&oacute;n, 1997; 2002; Platarrueda,    2007&#41;. El concepto fue usado para definir a aquellos enfermos que, despu&eacute;s de    someterse a los tratamientos oficiales y a una serie de chequeos peri&oacute;dicos, no    reportaban presencia bacilar en sus cuerpos. La &quot;curaci&oacute;n social&quot; signific&oacute;    entonces que el enfermo no representaba un peligro de contagio para la sociedad.    tal noci&oacute;n gener&oacute; amplia resistencia en agua de Dios y en contrataci&oacute;n, en tanto    representaba la p&eacute;rdida del subsidio econ&oacute;mico con el que los enfermos contaban    en los lazaretos para asegurar su subsistencia, adem&aacute;s de redundar en la    expulsi&oacute;n de los enfermos residentes bajo la premisa de que los &quot;curados    sociales&quot; deb&iacute;an reincorporarse a la sociedad y reiniciar sus vidas. El cronista    local &Aacute;lvaro Ruiz arenas se refiere al respecto:</p>      <ul>    <p>... Por culpa de aquellos m&eacute;dicos ahorradores y avaros del subsidio, centenares de    enfermos fueron &quot;dados de baja&quot;. Perdieron la ayuda econ&oacute;mica suministrada por    el estado. No ten&iacute;an lepra abierta. Por ello se les consideraba &quot;curados    sociales&quot;. No tener lepra abierta, para la refinada ciencia de la leprolog&iacute;a,    consist&iacute;a en no dar bacilo, es decir, estar negativo a &eacute;l, as&iacute; se tuvieran    &uacute;lceras, mutilaciones o rostro deformado. A los &quot;curados sociales&quot;, seg&uacute;n la    sapiencia y el caletre del facultativo ahorrador, se les daba una credencial o    &quot;carnet de curado social&quot;. El absurdo de los absurdos. Al ense&ntilde;arlo a la    autoridad en demanda de apoyo, ten&iacute;a la insigne virtud de cerrarle todas las    puertas y caminos al &quot;curado&quot;. El documento cient&iacute;fico era la delaci&oacute;n a gritos    de su enfermedad. muchos seres, a quienes la ciencia convencional de usanza les    hab&iacute;a devuelto la salud tan precaria y falsa, repudiados por las gentes, se    vieron abocados a vivir en cuevas, vagando a campo traviesa para mendigar el    mendrugo &#40;Ruiz &#91;1973&#93;: 71&#41;.</p>    </ul>          <p>En la explicaci&oacute;n de Ruiz arenas la credibilidad de la noci&oacute;n de &quot;curaci&oacute;n    social&quot; se vio comprometida con la pol&iacute;tica de ahorro que se impuso sobre el    manejo de la lepra. Se ha mostrado en otras partes &#40;obreg&oacute;n, 1997; 2002&#41; que la    &quot;curaci&oacute;n social&quot; lleg&oacute; tomada de la mano de una percepci&oacute;n negativa de la    eficacia del aislamiento y de una racionalidad econ&oacute;mica que abog&oacute; por reducir el    exagerado gasto p&uacute;blico usado en el sostenimiento de los lazaretos. m&aacute;s all&aacute; de    eso, Ruiz arenas elev&oacute; una cr&iacute;tica categ&oacute;rica a la concepci&oacute;n reduccionista    impl&iacute;cita en la noci&oacute;n de &quot;curaci&oacute;n social&quot;, seg&uacute;n la cual el estado de    enfermedad equivale a la condici&oacute;n bacteriol&oacute;gica, sin reparar en los efectos de    discapacidad y deformidad que son producidos por ella. trae a cuento la    situaci&oacute;n parad&oacute;jica que debieron enfrentar los enfermos: ser declarados como no    peligrosos para la sociedad los lanzaba a una situaci&oacute;n de desprotecci&oacute;n, lo que    no dilu&iacute;a el efecto macular de la enfermedad sino que acentuaba la evidencia,    otorgando al enfermo una curaci&oacute;n ilusoria y una ciudadan&iacute;a secundaria y    estigmatizadora. con la &quot;curaci&oacute;n social&quot;, el estado de afecci&oacute;n producido por    la enfermedad pas&oacute; a un segundo plano y lo que prevaleci&oacute; entonces fue el grado    de contaminaci&oacute;n del enfermo y el efecto de su &quot;reincorporaci&oacute;n social&quot;, su    situaci&oacute;n bacteriol&oacute;gica de enfermo &quot;no peligroso&quot; para la sociedad. Actualmente, los aguadiose&ntilde;os y contrate&ntilde;os usan el concepto de curaci&oacute;n de modo    alternativo con el de &quot;curaci&oacute;n social&quot;, sin que su significado hist&oacute;rico sea    impl&iacute;citamente diferenciado, de manera que a la curaci&oacute;n bacteriol&oacute;gica de hoy    se agregan las significaciones hist&oacute;ricas de la &quot;curaci&oacute;n social&quot; del pasado. La    invocaci&oacute;n de la &quot;curaci&oacute;n social&quot; en el presente trae a cuento el desprestigio    de la noci&oacute;n, sobre todo en su relaci&oacute;n &iacute;ntima con pol&iacute;ticas de racionalidad    econ&oacute;mica.</p>          <p>Ello cobra sentido cuando se interpreta la modificaci&oacute;n de las condiciones de    atenci&oacute;n que se llevaron a cabo con la reestructuraci&oacute;n reciente del sistema    nacional de salud. La p&eacute;rdida de capacidad por parte de los sanatorios para    proporcionar la atenci&oacute;n integral de la lepra y de sus enfermedades    intercurrentes fue progresiva desde 1961, pero se acentu&oacute; a partir del momento    en que los sanatorios se transformaron en empresas sociales del estado en    categor&iacute;a de hospitales de primer nivel, cuando antes se especializaban en el    manejo de la lepra. Para los enfermos, las condiciones de atenci&oacute;n desmejoraron    debido a que hoy deben integrarse como subsidiados al r&eacute;gimen general de salud    mientras que antes se encontraban adscritos directamente en los sanatorios. Las    desventajas se acrecientan cuando, por ejemplo, los enfermos deben acudir a    hospitales de segundo y tercer nivel de socorro y Bucaramanga –Santander– o de    Bogot&aacute; para efectuar ex&aacute;menes cl&iacute;nicos o de laboratorio, cirug&iacute;as, tratamiento    de enfermedades intercurrentes, que no son hoy tratados localmente, como lo    fueron en el pasado. Adem&aacute;s de los inconvenientes econ&oacute;micos que trae esta nueva    situaci&oacute;n, la movilizaci&oacute;n de los enfermos discapacitados, o con desfiguraciones,    conlleva situaciones dif&iacute;ciles y engorrosas no s&oacute;lo por las limitaciones    pr&aacute;cticas de su movilizaci&oacute;n sino por la exposici&oacute;n de los enfermos a medios que    se perciben como altamente estigmatizadores.</p>          <p>En este sentido, la negaci&oacute;n actual del car&aacute;cter curable de la lepra puede    leerse como resultado de un proceso sostenido de resistencia ante el repliegue    progresivo de las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n y asistencia de los enfermos. La    oposici&oacute;n a la &quot;curaci&oacute;n social&quot; se torn&oacute; en posici&oacute;n moral y pol&iacute;tica. Desde la    perspectiva de los nuevos ciudadanos el subsidio estatal era un derecho, una    retribuci&oacute;n hist&oacute;rica por el destierro y la exclusi&oacute;n a la que fueron sometidos    y una garant&iacute;a en contra de la mendicidad y la pauperizaci&oacute;n. Dicha posici&oacute;n se    vio recompensada cuando el cabildeo –llevado a cabo ante el congreso nacional    por parte de los dirigentes pol&iacute;ticos representantes de los enfermos– surti&oacute;    efecto y propici&oacute; el aumento del subsidio de discapacidad en la lepra, el que en    1997 se equipar&oacute; al salario m&iacute;nimo legal vigente. Las poblaciones que fueron    lazaretos, caracterizadas por una baja productividad y la dependencia econ&oacute;mica,    aseguraban as&iacute; su renacimiento, contrarrestando el declive que experimentaron    desde 1961, cuando la desaparici&oacute;n de las instituciones profl&aacute;cticas comprometi&oacute;  su solvencia fiscal.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA TERAP&Eacute;UTICA Y EL MANEJO DE LAS DISCAPACIDADES</b></p>        <p>Diversas circunstancias hacen que la terap&eacute;utica de la lepra sea materia    conflictiva entre m&eacute;dicos y &quot;pacientes&quot;, propiciando altos niveles de noadopci&oacute;n,    mala adopci&oacute;n o incumplimiento de la poliquimioterapia. Para el caso interesa    subrayar que una causa importante de rechazo o abandono del tratamiento es la    ocurrencia de reacciones lepr&oacute;ticas. Desde la perspectiva m&eacute;dica, estos    episodios sintom&aacute;ticos agudos y a veces muy severos son propiciados por    respuestas inmunes del organismo que originan da&ntilde;os neurales graves no siempre    reversibles, especialmente en las manos, los pies, los nervios, la nariz, los    ojos, el ri&ntilde;&oacute;n, los test&iacute;culos y la piel. Se observan a menudo durante el    tratamiento aunque no exclusivamente, y son prevenibles con una adecuada    vigilancia. No se consideran consecuencia directa de la quimioterapia, sino el    resultado de nuevas situaciones inmunol&oacute;gicas del organismo &#40;v&eacute;ase Rodr&iacute;guez y    Orozco, 1996&#41;. Esta afirmaci&oacute;n biom&eacute;dica entra en contradicci&oacute;n con la percepci&oacute;n    de los enfermos y sus convivientes, cuando estos concept&uacute;an que el tratamiento quimioterap&eacute;utico produce reacciones lepr&oacute;ticas que agravan las discapacidades y    que no curan, sino que empeoran la enfermedad. El tratamiento es visto, en    algunos casos, en t&eacute;rminos perjudiciales que justifican la no adherencia o el    abandono, de modo similar en que ese efecto de los medicamentos fue referido en    el tiempo de los lazaretos.</p>          <p>Otro aspecto conflictivo entre m&eacute;dicos y &quot;pacientes&quot; lo constituye el manejo de    las discapacidades. Desde el punto de vista m&eacute;dico, su ocurrencia es hoy    totalmente prevenible. Sin embargo, se ha se&ntilde;alado la alta e inaceptable    proporci&oacute;n en la que la enfermedad, a&uacute;n en el presente, produce deterioro f&iacute;sico    permanente, con el consiguiente impacto sobre el individuo enfermo y su familia. Un factor que propicia la alta incidencia de discapacidades es la inexistencia    de un medio satisfactorio para detectar una infecci&oacute;n subcl&iacute;nica, haciendo que,    con frecuencia, el diagn&oacute;stico positivo s&oacute;lo se lleve a cabo cuando la afecci&oacute;n    neural ya ha causado estragos en el organismo. A esta dificultad t&eacute;cnica se suma    la causada por el desconocimiento generalizado de la lepra por parte de los    agentes m&eacute;dicos no especializados, quienes suelen errar en el diagn&oacute;stico    temprano por no conocer las particularidades patol&oacute;gicas o incluso la existencia    de la enfermedad &#40;sobre la problem&aacute;tica de terap&eacute;utica y manejo de    discapacidades v&eacute;ase guerrero y otros, 2000; pinto, 1998; sevilla, 1995&#41;.</p>          <p>Hasta el momento no se cuenta con investigaciones que aporten a la comprensi&oacute;n    de la perspectiva local sobre los fen&oacute;menos que favorecen la persistencia de las    discapacidades. Sin embargo, puede constatarse que en agua de Dios y    contrataci&oacute;n su ocurrencia sigue siendo cotidiana. No parecen pocos los casos en    los cuales, en complejos itinerarios terap&eacute;uticos, las personas afectadas    procedentes de todo el pa&iacute;s debieron lidiar por a&ntilde;os con m&uacute;ltiples diagn&oacute;sticos    m&eacute;dicos errados, mientras que el avance de la enfermedad en sus cuerpos termin&oacute;    siendo evidencia cl&iacute;nica f&aacute;cilmente discernible para los ojos m&aacute;s informados,    como personas no especialistas con alguna relaci&oacute;n precedente con la lepra. Se    menoscaba as&iacute; la confianza en la experticia m&eacute;dica, siendo frecuente que se acuda    a conocimientos terap&eacute;uticos alternativos o complementarios a&uacute;n despu&eacute;s de    conocer el diagn&oacute;stico positivo de la lepra y de ser tratados en consecuencia,    en cuyo caso no deja de presentarse el reemplazo del tratamiento oficial.</p>          <p>Por una v&iacute;a alterna acuden a agua de Dios o a contrataci&oacute;n personas afectadas    por lepra despu&eacute;s de tener noticia, por fuentes diversas, que all&iacute; se ofrece un    saber y una asistencia de la enfermedad que no existe en otras partes, lo que    termina por constatarse en la pr&aacute;ctica, aunque en teor&iacute;a la lepra pueda ser    tratada en cualquiera de las instancias del sistema general de salud. Estas    poblaciones acaban siendo lugar de residencia de personas discapacitadas que se    acogen a los beneficios ofrecidos por la experiencia local de la lepra, y que    recurren a un exilio voluntario para afrontar formas de escr&uacute;pulo, estigma y    exclusi&oacute;n experimentados en sus lugares de origen que no son tan preeminentes en    el contexto contrate&ntilde;o y aguadiose&ntilde;o.</p>          <p>Tambi&eacute;n se menciona con frecuencia que las discapacidades se agravan en    ocasiones en las cuales los enfermos se ocultan ante el temor a ser v&iacute;ctimas de    repudio o sanci&oacute;n social, m&aacute;s a&uacute;n cuando aquellos presumen la existencia de    medidas vigentes de aislamiento obligatorio. Para ellos, el ocultamiento deja de    ser efectivo cuando las discapacidades y la desfiguraci&oacute;n, por s&iacute; mismas, se    hacen delatoras. otro hecho que se reporta como dram&aacute;tico lo constituye la    b&uacute;squeda deliberada de discapacidades. Los agentes m&eacute;dicos de los sanatorios y    de otras instituciones reportan con consternaci&oacute;n que se ha registrado un n&uacute;mero    incierto de casos aislados en los que de una manera premeditada se permite, se    estimula o se finge el avance de las discapacidades. hoy no se cuenta con ninguna    investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica que documente ambos fen&oacute;menos o que se aproxime a su    explicaci&oacute;n desde la perspectiva local.</p>          <p>La problem&aacute;tica del manejo de las discapacidades en la lepra parece seguir una    l&oacute;gica parad&oacute;jica. Por un lado, el ocultamiento de la enfermedad responde    claramente a la persistencia del v&iacute;nculo hist&oacute;rico entre lepra y segregaci&oacute;n,    mientras que la relaci&oacute;n entre lepra y protecci&oacute;n parece explicar la b&uacute;squeda    deliberada de discapacidades. La protecci&oacute;n y la segregaci&oacute;n, las dos caras    complementarias del fen&oacute;meno excluyente, propiciaron relaciones hist&oacute;ricas de    sujeci&oacute;n y de dependencia de los enfermos y sus convivientes. La caridad, la    beneficencia, las prebendas y los subsidios otorgados a los enfermos en    compensaci&oacute;n por su confinamiento en los lazaretos favorecieron tal sujeci&oacute;n y    tal dependencia.</p>          <p>Localmente se refiere la existencia de casos en los cuales se presenta la    provocaci&oacute;n deliberada, o el fingimiento de las discapacidades, por parte de    aquellos enfermos que buscan ajustarse a los par&aacute;metros establecidos por la ley    para ser beneficiarios del subsidio estatal. No es ins&oacute;lito que, desde la opini&oacute;n    de los administradores gubernamentales, los m&eacute;dicos y los medios de    comunicaci&oacute;n, se afirme que estos fen&oacute;menos son resultado de la transformaci&oacute;n de    la lepra en una profesi&oacute;n y del &quot;leproso&quot; en un profesional de la lepra. En la    percepci&oacute;n de los enfermos y sus convivientes, el subsidio se justifica    plenamente en los casos en los cuales la discapacidad no permite la ocupaci&oacute;n    remunerada del enfermo. Sin embargo, tambi&eacute;n se refiere veladamente la    existencia de casos en los cuales personas no merecedoras del subsidio, algunas    no enfermas, han llegado a beneficiarse fraudulentamente, acudiendo a la    aquiescencia de m&eacute;dicos que certifican estados inexistentes de discapacidad, los    cuales toman el lugar que merecen otros enfermos realmente discapacitados que    quedan en listas de espera a pesar de presentar grados de discapacidad que    ameritan subsidio.</p>          <p>Las que pueden llamarse &quot;estrategias de subsistencia&quot; s&oacute;lo son inteligibles en    su complejidad cuando se comprenden en un contexto de exclusi&oacute;n que tiene ra&iacute;ces    en el tiempo de los lazaretos, momento en el que la poblaci&oacute;n afectada por la    lepra deb&iacute;a enfrentar, adem&aacute;s los efectos del destierro y del desarraigo, las    restricciones de un territorio acotado y vigilado, el despojo de sus patrimonios    y la p&eacute;rdida de posibilidades de subsistencia aut&oacute;noma. Es ese el contexto que    hizo l&iacute;cito en el pasado usufructuar sin reparos morales los medios de    subsistencia brindados en su momento por la caridad, la filantrop&iacute;a, la    beneficencia o la subvenci&oacute;n estatal. Desde all&iacute; se hace l&iacute;cito hoy perseguir la    consecuci&oacute;n del derecho de subsidio de tratamiento ofrecido por el estado, lo    que implica adecuarse a los par&aacute;metros de discapacidad definidos por la ley    buscando el favor y la condescendencia del concepto m&eacute;dico, el que se ha    percibido de manera antecedente como susceptible de ser negociable e, incluso,    corruptible. En mucho, las poblaciones actuales de contrataci&oacute;n y agua de Dios    siguen siendo herederas del sino tr&aacute;gico de sujeci&oacute;n y dependencia, en tanto que    la disoluci&oacute;n de los lazaretos no signific&oacute; la erradicaci&oacute;n total de pr&aacute;cticas y    relaciones sociales excluyentes de segregaci&oacute;n y protecci&oacute;n de las personas  afectadas por lepra.</p>        <p><b>CONCLUSIONES</b></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Diana Obreg&oacute;n ha argumentado que la lucha contra la lepra se convirti&oacute; en un    elemento decisivo en la profesionalizaci&oacute;n de la medicina nacional, a la vez que    en el ascenso de los m&eacute;dicos a una posici&oacute;n de autoridad cultural, con la    consiguiente p&eacute;rdida de prestigio y poder de otros grupos tales como religiosos,    curanderos y los mismos enfermos. obreg&oacute;n ha dicho que, sin embargo, las    instituciones m&eacute;dicas y el estado fracasaron en su intento de convertir a los    lazaretos en instituciones hospitalarias y que dif&iacute;cilmente lograron medicalizar    la lepra. Los m&eacute;dicos no lograron tomar el control de la enfermedad a partir de    imposiciones profil&aacute;cticas, ni tampoco alcanzaron a ganar total credibilidad    frente a sus acciones como profesionales &#40;obreg&oacute;n, 1997; 2002&#41;<sup><a name= "s9" href="#9">9</a></sup>. Es en ese    sentido que se explica el modo en que la exclusi&oacute;n hist&oacute;rica en la lepra ha    generado espacios de tensi&oacute;n o negaci&oacute;n mutua entre el conocimiento m&eacute;dico y el    local, impidiendo o retardando la consolidaci&oacute;n de consensos sobre nociones como    el contagio, la curaci&oacute;n o la eficacia de los tratamientos y, en consecuencia,    sobre las pr&aacute;cticas profil&aacute;cticas y terap&eacute;uticas necesarias para controlar la  enfermedad.</p>        <p>Hoy, la definici&oacute;n y el manejo de la lepra no dependen de manera exclusiva del    entendimiento biom&eacute;dico, sino que se construyen en relaciones de consenso y    disenso entre la mirada m&eacute;dica, la de los pacientes y la de la sociedad en    general. Aquellas relaciones son las que determinan lo que la enfermedad    significa y representa, nunca de una manera acabada sino de un modo contextual. En la lepra se da entonces, una medicalizaci&oacute;n inacabada –quiz&aacute; como en el caso    de cualquier otra enfermedad–, donde condiciones hist&oacute;ricas hacen que los    m&eacute;dicos no terminen de ganar la autoridad cultural necesaria para gobernar    totalmente los asuntos de la enfermedad, ni el poder de conquistar las    decisiones de los &quot;pacientes&quot; con respecto del control de sus cuerpos, del  dominio de s&iacute; mismos.</p>        <p>Los &quot;problemas&quot; de la medicalizaci&oacute;n, en este caso, surgen como resultado de    di&aacute;logos truncados, de relaciones hist&oacute;ricas de comunicaci&oacute;n excluyente, y    necesitan para su soluci&oacute;n hoy de una apertura por parte de las instituciones    m&eacute;dicas para acoger el conocimiento vivencial en sus connotaciones pol&iacute;ticas de    resistencia. Diversas organizaciones internacionales contempor&aacute;neas que se    concentran en el manejo social de la lepra y que incluyen agentes m&eacute;dicos de    todo el mundo, incluidos especialistas Colombianos, a&uacute;nan sus esfuerzos en    combatir las distintas formas de exclusi&oacute;n asociadas a la lepra y promocionan    espacios amplios de confrontaci&oacute;n del estigma en los que participan activamente    las personas afectadas por ella. La acci&oacute;n de &quot;los m&eacute;dicos de la lepra&quot;, en    muchos sentidos, ampl&iacute;a el esquema bacteriol&oacute;gico de la enfermedad, en tanto que    no restringe la asistencia en salud al control de los &quot;focos&quot; o &quot;cadenas&quot; de    infecci&oacute;n que interesan al saber epidemiol&oacute;gico. Al respecto, una etnograf&iacute;a de    los programas de atenci&oacute;n de la lepra en los sanatorios y albergues est&aacute; en mora    de hacerse. Estimo que la aproximaci&oacute;n hist&oacute;rica y etnogr&aacute;fica a las formas de    conocimiento local es &uacute;til a la hora de poner en evidencia que los conceptos no    son entidades de significaci&oacute;n universal. El examen de su adecuaci&oacute;n debe    comenzar por considerar los contextos en los que los conceptos adquieren    significaciones particulares. circunstancias hist&oacute;ricas determinan los    significados de la lepra en Colombia, y el disenso frente al contagio y la    curaci&oacute;n se hace inteligible s&oacute;lo cuando se examina a la luz de su historia. Una    aproximaci&oacute;n del conocimiento biom&eacute;dico que sea considerada y respetuosa del  conocimiento vivencial de la enfermedad ha de reparar en esa historia.</p>        <p>En contrataci&oacute;n y en agua de Dios la confrontaci&oacute;n del estigma se manifiesta    impl&iacute;citamente en la cotidianidad de la vida de las poblaciones que han    sobrellevado la experiencia de la enfermedad de un modo m&aacute;s cercano, en la forma    en que esas gentes se relacionan entre s&iacute; y con la enfermedad misma. La    particularidad que diferenci&oacute; a estas poblaciones de otras que constituyeron    lazaretos en el mundo, es que aqu&iacute; los denominados &quot;enfermos&quot; y &quot;sanos&quot;    construyeron juntos formas de resistencia frente a la estigmatizaci&oacute;n y la    segregaci&oacute;n que todos ellos, de formas dis&iacute;miles, tuvieron que afrontar. Los    testimonios locales son redundantes al referir las m&uacute;ltiples maneras en que esas    comunidades han sabido reconstruir sus vidas en un entorno menos estigmatizador.    sin llegar a afirmar que el escr&uacute;pulo y el estigma han desaparecido del suelo    contrate&ntilde;o o aguadiose&ntilde;o, el hecho de que sanos y enfermos hayan convivido    juntos, hayan compartido sus vidas en matrimonio y tenido hijos entre s&iacute;, adem&aacute;s    de haber establecido v&iacute;nculos familiares m&aacute;s o menos estables, hace que nuestras    ideas cl&aacute;sicas acerca del estigma en la lepra se desvirt&uacute;en. Quiz&aacute; ello explique    el hecho de que las reivindicaciones pol&iacute;ticas, que se hacen expl&iacute;citas    localmente, est&eacute;n relacionadas en un menor grado con la confrontaci&oacute;n directa    del estigma y m&aacute;s con la lucha por conservar o recobrar las condiciones y    garant&iacute;as concedidas en contraprestaci&oacute;n al aislamiento en tiempos del lazareto,    y que son susceptibles de perderse en las nuevas condiciones de integraci&oacute;n  ciudadana.</p>        <p>En este punto creo que es preciso conceder la atenci&oacute;n que merecen las    expresiones de cr&iacute;tica de lo que he llamado &quot;reduccionismo bacteriol&oacute;gico&quot; en la    lepra. Aunque la noci&oacute;n de curaci&oacute;n bacteriol&oacute;gica es &uacute;til a la epidemiolog&iacute;a en    tanto que da cuenta de la eliminaci&oacute;n de &quot;focos de infecci&oacute;n&quot;, as&iacute; como de la    interrupci&oacute;n de la cadena de transmisi&oacute;n de la enfermedad en el nivel colectivo    de la salud p&uacute;blica, dicha noci&oacute;n contin&uacute;a enfocando la condici&oacute;n contaminante    del enfermo en relaci&oacute;n con la sociedad, m&aacute;s que la situaci&oacute;n de afecci&oacute;n del    individuo producida por la lepra. considero que, por medio de la negaci&oacute;n del    contagio en la lepra, los aguadiose&ntilde;os y los contrate&ntilde;os restauran su posici&oacute;n    en el esquema de ordenaci&oacute;n que los se&ntilde;alaba como sujetos &quot;proscritos&quot; y    liminales. Adem&aacute;s, las expresiones en contra de la separaci&oacute;n entre &quot;la lepra&quot; y    &quot;las secuelas de la lepra&quot; aciertan en no reducir la afecci&oacute;n producida por la    enfermedad a la dimensi&oacute;n bacteriol&oacute;gica, la que ser&iacute;a s&oacute;lo su condici&oacute;n    contagiosa o &quot;contaminante&quot;; as&iacute;, se considera la lepra en su complejidad, lo    que incluye la presencia de deformidades, de discapacidades, e incluso del    fen&oacute;meno del estigma. La consideraci&oacute;n de curaci&oacute;n bacteriol&oacute;gica en la lepra    –eliminaci&oacute;n del bacilo por medio de la quimioterapia– deja intacta, desde mi    punto de vista, la estigmatizaci&oacute;n que se posa sobre las discapacidades y las    deformidades. Y deja intacto tambi&eacute;n el estigma que pesa sobre la lepra misma,    cuando se intenta redimir al enfermo de su condici&oacute;n contagiosa –o    contaminante–, porque el planteamiento de que la lepra no debe ser estigmatizada    debido a que es una enfermedad curable, no confronta realmente el origen de la    estigmatizaci&oacute;n, es decir, la sanci&oacute;n punitiva que se impone a las enfermedades  contagiosas.</p>        <p>En general, los estudios sociales de la lepra adelantados en contextos    biom&eacute;dicos y cl&iacute;nicos coinciden en registrar en distintas partes del mundo la    &quot;no adopci&oacute;n de la teor&iacute;a bacteriol&oacute;gica&quot;, de modo similar a lo que ocurre en el    caso Colombiano. rese&ntilde;an las distintas &quot;creencias&quot;, &quot;actitudes&quot;,    &quot;comportamientos&quot; y pr&aacute;cticas –&quot;tradicionales&quot;, &quot;culturales&quot; o &quot;religiosas&quot;–    relacionadas con la lepra y con su estigmatizaci&oacute;n. Se proponen estrategias    interpretativas que garanticen la comunicaci&oacute;n intercultural, el incremento de    la confianza en la biomedicina y el mejoramiento de la calidad de la atenci&oacute;n,    adem&aacute;s de programas de educaci&oacute;n en salud para asegurar un mejor entendimiento    del esquema bacteriol&oacute;gico y la mayor adhesi&oacute;n a los programas terap&eacute;uticos. Estas investigaciones se esfuerzan por otorgar un sentido de coherencia  cognitiva a las concepciones de los &quot;pacientes&quot;.</p>        <p>Sin embargo, desde mi perspectiva, se hace tambi&eacute;n necesario rehusarse a    culpabilizar a las personas, y a su supuesto &quot;inadecuado&quot; o &quot;insuficiente&quot;    entendimiento, como los responsables de la adopci&oacute;n &quot;defciente&quot; del conocimiento    biom&eacute;dico. Dos estudios etnogr&aacute;ficos aportan perspectivas que contribuyen a    superar tal culpabilizaci&oacute;n. El primero concept&uacute;a que, en el caso brasile&ntilde;o, los    &quot;modelos de explicaci&oacute;n&quot; que gu&iacute;an las pr&aacute;cticas de los &quot;pacientes&quot; son el    resultado de procesos de sincretismo entre la informaci&oacute;n biom&eacute;dica y el    entendimiento local. concluye que la presentaci&oacute;n sensitiva de informaci&oacute;n    biom&eacute;dica tiene el potencial de incrementar la adherencia a los tratamientos,    mientras que una presentaci&oacute;n pobre o insuficiente genera malentendidos,    confusi&oacute;n y abandono terap&eacute;utico, m&aacute;xime cuando la interacci&oacute;n social con los    agentes m&eacute;dicos est&aacute; mediada por paternalismos y percepciones clasistas o    racistas hacia las personas afectadas &#40;White, 2005&#41;. El estudio m&aacute;s ambicioso de    Eric Silla &#40;1998&#41;, en mali, adelanta una aproximaci&oacute;n a la lepra &quot;centrada en el    paciente&quot; que logra conformar un marco hist&oacute;rico de interpretaci&oacute;n de las    &quot;creencias&quot; m&eacute;dicas y de las pr&aacute;cticas sociales en su transformaci&oacute;n y en sus    contradicciones, adem&aacute;s de situar a los &quot;pacientes&quot; como actores sociales en el  contexto de procesos hist&oacute;ricos locales, nacionales e internacionales.</p>        <p>Por mi parte, soy renuente a interpretar el conocimiento vivencial de la lepra    en Colombia con base en la dicotom&iacute;a conocimiento creencia. byron good ha    referido que la creencia &quot;... connota ciertamente con error o falsedad, aunque    rara vez se afirma expl&iacute;citamente &#40;...&#41;. &#91;algo&#93; bastante razonable, aunque    err&oacute;neo: eso es lo que las creencias de los dem&aacute;s parecen ser&quot; &#40;2003: 4849&#41;. La    dicotom&iacute;a representa una reducci&oacute;n del concepto &quot;conocimiento&quot; al modelo    biom&eacute;dico; se determina, de modo impl&iacute;cito, que las personas o grupos sociales    que no adoptan total o apropiadamente tal modelo, no portan conocimiento sino    creencias, las que terminan por favorecer o no el control de la enfermedad. Se    debe rehuir la interpretaci&oacute;n que entiende el aparente desconocimiento o    confusi&oacute;n acerca de &quot;la verdad sobre la lepra&quot; como la consecuencia de la    ignorancia, de la pervivencia de modelos m&eacute;dicos del pasado, de la persistencia    de creencias hoy desmentidas por la ciencia, o de falta de informaci&oacute;n, o de un    adecuado entendimiento del conocimiento m&eacute;dico por parte de las personas  afectadas.</p>        <p>Resulta notable que la generalidad de los autores de estudios sobre la lepra    coinciden en describir los diversos y m&uacute;ltiples modos en que los &quot;pacientes&quot; se    empe&ntilde;an en transgredir el modelo biom&eacute;dico de manejo de la enfermedad. m&eacute;dicos y    antrop&oacute;logos &quot;... Enfrentan cuerpos rebeldes y an&aacute;rquicos que se reh&uacute;san a    ajustarse o a someterse a categor&iacute;as y conceptos presumiblemente universales de    enfermedad, sufrimiento y eficacia m&eacute;dica&quot;, como lo se&ntilde;alan Lock y scheperhughes    &#40;1996: 43, la traducci&oacute;n es m&iacute;a&#41;. En todos los casos los autores oponen al    modelo biom&eacute;dico, &quot;otros modelos de explicaci&oacute;n&quot;, en una relaci&oacute;n binaria. En    este punto, es ilustrativa la consideraci&oacute;n del esquema interpretativo propuesto    por cristina barajas &#40;2000&#41; en su examen del manejo de enfermedades en una    comunidad rural Colombiana. Esta autora descarta la opci&oacute;n de definir sistemas o    subsistemas m&eacute;dicos que entran en comunicaci&oacute;n o se contraponen y que contin&uacute;an    conservando una relativa independencia a pesar de sus interrelaciones    permanentes. barajas propone a cambio un modelo de &quot;hibridaci&oacute;n constante&quot; de    sistemas m&eacute;dicos complejos, que son din&aacute;micos y cuyos elementos y relaciones se    encuentran en continua transformaci&oacute;n, que no obedecen a una linealidad en la    relaci&oacute;n causa-efecto, que son deterministas e impredecibles al mismo tiempo, que    poseen mecanismos de realimentaci&oacute;n, que se nutren de diversidad de fuentes y    flujos de informaci&oacute;n, pero que tienen estructuras codificadas capaces de combinar  el orden, el caos y el azar.</p>        <p>Pese a lo &uacute;til que pueda resultar un modelo de hibridaci&oacute;n de sistemas m&eacute;dicos    complejos para comprender la relativa incorporaci&oacute;n del modelo biom&eacute;dico a los    diversos itinerarios terap&eacute;uticos de las personas afectadas por la lepra, los    aspectos que han interesado en este escrito parecen ser elementos bastante    estables en el tiempo. Para la comprensi&oacute;n de la persistente negaci&oacute;n del    contagio y de la curaci&oacute;n en la lepra convendr&iacute;a mejor atenerse a un esquema    interpretativo como el de Carmen Hess &#40;1994&#41; en su &quot;sistema de significaci&oacute;n    moral&quot; de la enfermed, el que seg&uacute;n la autora est&aacute; edificado sobre un &quot;ideal de    personalidad local&quot; entre una comunidad rural en los andes ecuatorianos y opera    como mecanismo de control social y para la supervivencia del grupo. En el caso    de agua de Dios y contrataci&oacute;n, la negaci&oacute;n del contagio es profundamente moral,    en tanto que el disenso frente al sentido de &quot;contaminaci&oacute;n&quot; que el contagio    implica, garantiza la reproducci&oacute;n de relaciones sociales menos escrupulosas y    discriminantes. La negaci&oacute;n de la curaci&oacute;n tambi&eacute;n se pliega a ese &quot;ideal local&quot;    de comunidad, en tanto que garantiza la reproducci&oacute;n de una comunidad    protectora, frente a la marginalidad social que en su momento fue propiciada por    la noci&oacute;n de &quot;curaci&oacute;n social&quot;, y que hoy parece reaparecer cuando se deduce que    la curaci&oacute;n bacteriol&oacute;gica puede redundar en la p&eacute;rdida de cualquiera de las    subvenciones que el estado otorga a la lepra. Ese &quot;sistema de significaci&oacute;n    moral&quot; incorpora una dimensi&oacute;n altamente pol&iacute;tica, que puede ser comparable a la    descrita por Paul Farmer &#40;2002&#41; en relaci&oacute;n con las significaciones conferidas al    sida, en el hait&iacute; rural, en momentos en que la estabilidad o inestabilidad    pol&iacute;tica del pa&iacute;s permiten o reprimen modificaciones en la interpretaci&oacute;n de la    enfermedad en relaci&oacute;n con los sucesos pol&iacute;ticos nacionales m&aacute;s amplios. El    disenso sobre el contagio y sobre la curaci&oacute;n no se refiere s&oacute;lo a las    definiciones biom&eacute;dicas de la enfermedad, sino que moviliza posiciones pol&iacute;ticas    que subvierten el poder de la sujeci&oacute;n y la legitimidad de las medidas    anticontagionistas y del aislamiento, as&iacute; como de las fuentes que recrean el  estigma.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las investigaciones de Arachu Castro y Paul Farmer &#40;2004&#41; y de c&eacute;sar abad&iacute;a    &#40;2004&#41; sobre las formas diferenciales de incorporaci&oacute;n de los esquemas de manejo    biom&eacute;dico del sida, en distintos sistemas nacionales de salud, brindan luces    para comprender las condiciones estructurales que determinan el relativo &eacute;xito o    fracaso de los programas de atenci&oacute;n de patolog&iacute;as de car&aacute;cter cr&oacute;nico. Por una    parte, c&aacute;lculos &quot;economicistas&quot; de &quot;costoefectividad&quot; perpet&uacute;an condiciones de    violencia estructural como el acceso diferencial a la salud, la carencia de una    atenci&oacute;n integral de las enfermedades y la perpetuaci&oacute;n de las endemias; por la    otra, esfuerzos por construir programas s&oacute;lidos en los que converjan la    investigaci&oacute;n, el conocimiento especializado, la prevenci&oacute;n y el tratamiento    integral de los casos sintom&aacute;ticos, permite la radical transformaci&oacute;n de la    experiencia y de la epidemiolog&iacute;a de la enfermedad. Para el caso de la lepra en    Colombia, las problem&aacute;ticas se&ntilde;aladas por los instituciones y agentes    especializados guardan relaci&oacute;n estrecha con las caracter&iacute;sticas de un sistema    nacional de salud que est&aacute; en gran medida dise&ntilde;ado para tratar condiciones    patol&oacute;gicas agudas, lo que perpet&uacute;a las deficiencias en la prevenci&oacute;n de la    enfermedad, en el diagn&oacute;stico temprano de nuevos casos, en el seguimiento de los    casos en tratamiento, en la prestaci&oacute;n oportuna de procedimientos m&eacute;dicos    especializados y en la prevenci&oacute;n de las discapacidades y de las enfermedades    intercurrentes. En ese sentido, es comprensible que hoy se siga privilegiando la    atenci&oacute;n especializada de la lepra en los sanatorios locales de agua de Dios y    contrataci&oacute;n, aunque idealmente ella pueda ser tratada en cualquier entidad de    salud del pa&iacute;s, lo que determina en &uacute;ltimas que la enfermedad siga siendo  manejada como una enfermedad aparte.</p>    <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>    <sup><a name="1" href="#s1" >1</a></sup> Mi aproximaci&oacute;n al tema de la lepra se inici&oacute; en 1997. Existe una  publicaci&oacute;n anterior &#40;Platarrueda y Agudelo, 2004&#41; y un documento in&eacute;dito que  est&aacute; pr&oacute;ximo a publicarse &#40;Platarrueda, 2007&#41;. Buena parte de las ideas que aqu&iacute;  se consignan han sido discutidas m&aacute;s ampliamente en ese &uacute;ltimo trabajo,  especialmente en el cap&iacute;tulo sexto &quot;Sobre consensos y disensos&quot;.</p>        <p><sup><a name="3" href="#s3" >3</a></sup> La distinci&oacute;n entre &quot;sanos&quot; y enfermos&quot; ha sido y sigue  siendo utilizada en la literatura hist&oacute;rica y biom&eacute;dica, adem&aacute;s contin&uacute;a siendo significativa en el contexto local de las poblaciones que conformaron anta&ntilde;o  lazaretos. Suprimir&eacute; en adelante las comillas cuando me referia al uso corriente  de ambas categor&iacute;as con el prop&oacute;sito de no sobrecargar el texto. En lo personal  adopto el concepto de vivencia de la lepra cuando hablo de la experiencia de  personas que en alg&uacute;n momento de sus vidas han sido diagnosticadas y tratadas  como enfermas. Me refiero a ellas como a personas afectadas por lepra, asumiendo  que la afecci&oacute;n no implica necesariamente una experiencia negativa. Evito usar  –como atributos intr&iacute;nsecos o como sin&oacute;nimos de la lepra– las categor&iacute;as de  &quot;sufrimiento&quot;, &quot;padecimiento&quot; o &quot;dolencia&quot;, distanci&aacute;ndome as&iacute; de la  naturalizaci&oacute;n de la enfermedad como una vivencia moral irremediablemente  nociva.</p>        <p><sup><a name="4" href="#s4" >4</a></sup> Al conocimiento le confiero un sentido amplio que no  limita con la ciencia. Refiero a esas maneras diversas individuales o colectivas  de percibir, sentir, pensar, actuar y relacionarse, en este caso, con respecto  de la lepra. La articulaci&oacute;n compleja de la relaci&oacute;n percepci&oacute;n sentimiento  pensamiento acci&oacute;n conforma, en la pr&aacute;ctica, la unidad del conocimiento y no  dimensiones aparte. El conocimiento es posible tanto para los expertos de la  cl&iacute;nica y del laboratorio como para aquellas personas que de m&uacute;ltiples maneras  se relacionan con la enfermedad, incluida yo misma. Con conocimiento biom&eacute;dico,  local o hist&oacute;rico de la lepra, estoy se&ntilde;alando la &quot;realidad&quot;, la &quot;verdad&quot;, el  &quot;orden de las cosas&quot;, el &quot;significado&quot;, lo &quot;imaginado&quot;, lo &quot;sentido&quot;, lo  &quot;posible&quot;, la &quot;manera adecuada de comportarse&quot;, cuyas definiciones no son  universales, sino el producto de la experiencia en el contexto de una  disciplina, de un territorio, de una historia, particulares.</p>        <p><sup><a name="5" href="#s5" >5</a></sup> Uso las comillas en tanto defiendo la idea de que  las personas afectadas por la lepra y sus convivientes no han sido sujetos  pasivos ni &quot;pacientes&quot; en la interacci&oacute;n con la medicina, llegando a poner en  entredicho la autoridad del conocimiento biom&eacute;dico a la hora de definir lo que la  lepra significa y representa.</p>        <p><sup><a name="6" href="#s6" >6</a></sup> Cifras correspondientes a 2005. ministerio de  protecci&oacute;n social. memorias del ii Encuentro nacional de Coordinadores del  Programa Lepra, Agua de Dios, enero-febrero de 2008. Archivo magn&eacute;tico.</p>        <p><sup><a name="7" href="#s7" >7</a></sup> Exposici&oacute;n sobre la &quot;Importancia de vincular a los  convivientes de lepra a las actividades del programa&quot;. Memorias del Encuentro  nacional de Coordinadores del Programa Lepra, Agua de Dios, octubre de 2005.  Archivo magn&eacute;tico.</p>        <p><sup><a name="8" href="#s8" >8</a></sup> Cartel de la Campa&ntilde;a de Promoci&oacute;n de la Salud y  Prevenci&oacute;n, Ayuda Alemana a los Enfermos de Lepra y Tuberculosis, 2005.</p>        <p><sup><a name="9" href="#s9" >9</a></sup> Por medicalizaci&oacute;n se entiende el proceso por medio del  cual un n&uacute;mero creciente de aspectos del comportamiento que son previamente  considerados normales o anormales por el p&uacute;blico en general pasan a ser  asignados al control m&eacute;dico y redefinidos como salud y enfermedad &#40;obreg&oacute;n, 2002:  2930, 369&#41;.</p>     <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Abad&iacute;a-Barrero, C&eacute;sar Ernesto</b> 2004 &quot;Pol&iacute;ticas y sujetos del SIDA en Brasil y Colombia&quot;, en Revista Colombiana  de Antropolog&iacute;a, Vol. 40, pp. 123-154.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1900-5407200800010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Aparicio, Abraham</b> 1890 &quot;Propagaci&oacute;n de la lepra elefanciaca en Colombia&quot;, en Revista M&eacute;dica de  Bogot&aacute;, a&ntilde;o XIV, No. 153, pp. 161-165.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1900-5407200800010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Barajas, Cristina</b> 2000 &quot;Hibridaci&oacute;n constante: manejo de la enfermedad en una comunidad rural  Colombiana&quot;, en Diana Obreg&oacute;n &#40;ed&#41;, Culturas cient&iacute;ficas y saberes locales.  Bogot&aacute;, Centro de Estudios Sociales, Universidad Nacional de Colombia, pp. 328-355.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1900-5407200800010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Castro, Arachu y Farmer, Paul</b> 2004 &quot;&iquest;Perlas del caribe? La salud p&uacute;blica en Hait&iacute; y en Cuba&quot;, en Revista  Colombiana de Antropolog&iacute;a, Vol. 40, pp. 319-352.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1900-5407200800010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Farmer, Paul</b> 2002 &quot;Brujer&iacute;a, pol&iacute;tica y concepciones sobre el SIDA en el Hait&iacute; rural&quot;, en  D. Armus &#40;ed&#41;, Entre curanderos y m&eacute;dicos. Historia, cultura y enfermedad en  Am&eacute;rica Latina. Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, pp.419-455.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1900-5407200800010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Good, Byron</b> 2003 Medicina, racionalidad y experiencia. Una perspectiva antropol&oacute;gica.  Barcelona, Ediciones Bellaterra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1900-5407200800010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Guerrero, Martha In&iacute;rida y Otros</b> 2000 &quot;Situaci&oacute;n de la lepra en Colombia: un an&aacute;lisis cr&iacute;tico&quot;, en Informe Quincenal Epidemiol&oacute;gico Nacional, Vol. 5, No. 10, pp. 149-154.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200800010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Guti&eacute;rrez P&eacute;rez, Antonio</b> 1925 Apuntamientos para la historia de Agua de Dios 1870-1920. Bogot&aacute;, Imprenta  Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1900-5407200800010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hess, Carmen</b> 1994 &quot;Enfermedad y moralidad en los andes ecuatorianos&quot;, en Warren, Hess y  Ferraro Warren &#40;eds.&#41;, Salud y antropolog&iacute;a. Quito, Ediciones  Abya-Yala, pp. 47-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1900-5407200800010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Lock, Margaret y Scheper-Hughes, Nancy</b> 1996 &quot;A criticalinterpretative approach in medical anthropology: rituals and  routines of discipline and dissent&quot;, en C. Sargent y T Johnson, T &#40;eds&#41;,  Handbook of Medical Anthropology. Connecticut, Greenwood Press, pp. 41-70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1900-5407200800010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Montoya y Fl&oacute;rez, Juan Bautista</b> 1910 Contribuci&oacute;n al estudio de la lepra en Colombia. Medell&iacute;n, Imprenta  Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1900-5407200800010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Obreg&oacute;n Torres, Diana</b> 1997 &quot;Struggling Against Leprosy: Physicians, Medicine and Society in  Colombia, 1870-1940&quot;, Tesis doctoral en Social Studies of Science. Virginia  Polytechnic Institute and State University, Blacksburg, documento in&eacute;dito.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1900-5407200800010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Obreg&oacute;n Torres, Diana </b>2000 &quot;Debates sobre la lepra: m&eacute;dicos y pacientes  interpretan lo universal y lo local&quot;, en Diana Obreg&oacute;n &#40;ed.&#41;, Culturas  cient&iacute;ficas y saberes locales: asimilaci&oacute;n, hibridaci&oacute;n, resistencia. Bogot&aacute;,  Universidad Nacional de Colombia, pp. 258-282.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1900-5407200800010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Obreg&oacute;n Torres, Diana</b> 2002 Batallas contra la lepra: Estado, medicina y ciencia en Colombia. Medell&iacute;n,  Banco de la Rep&uacute;blica, Fondo Editorial Universidad, EAFIT.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1900-5407200800010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Pinto Garc&iacute;a, Rafael</b> 1996 &quot;La verdad sobre la lepra&quot; y &quot;Actitud ante el diagn&oacute;stico de lepra&quot;, en  Gerza&iacute;n Rodr&iacute;guez y Luis Carlos Orozco &#40;eds.&#41;, Lepra. Bogot&aacute;, Instituto Nacional  de Salud, pp. 199-203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1900-5407200800010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Pinto Garc&iacute;a, Rafael</b> 1998 &quot;Programa ideal de la lepra&quot;, en M&eacute;dicas UIS, Vol. 12, No. 4, pp. 200-203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1900-5407200800010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Platarrueda Vanegas, Claudia y Agudelo Ar&eacute;valo, Cather&iacute;n</b> 2004 &quot;Ensayo de una bibliograf&iacute;a comentada sobre lepra y lazaretos en Colombia, 1535-1871&quot;, en Encuentros Colecci&oacute;n de Tesis Laureadas Facultad de  Ciencias Humanas. Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200800010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Platarrueda Vanegas, Claudia</b> 2007 &quot;La voz del proscrito o la exclusi&oacute;n desde adentro: lepra y  representaciones sociales de los lazaretos en Colombia. Una aproximaci&oacute;n  antropol&oacute;gica&quot;, Tesis, Maestr&iacute;a en Antropolog&iacute;a Social, Menci&oacute;n Meritoria.  Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1900-5407200800010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rodr&iacute;guez, Gerza&iacute;n y Orozco, Luis Carlos &#40;eds.&#41;</b> 1996 Lepra. Bogot&aacute;, Instituto Nacional de Salud.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1900-5407200800010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ruiz Arenas, &Aacute;lvaro</b> &#91;1973&#93; Croniquilla de Contrataci&oacute;n, &#40;S. L.&#41;, &#40;s. e.&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1900-5407200800010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ruiz Arenas, &Aacute;lvaro</b> 1998 Croniquilla de Contrataci&oacute;n, Tercera edici&oacute;n m&aacute;s extensa. Bucaramanga,  Alcald&iacute;a Municipal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1900-5407200800010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sevilla Casas, El&iacute;as</b> 1995 Los mutilados del oprobio: estudio sobre la lepra en una regi&oacute;n end&eacute;mica de  Colombia. Bogot&aacute;, COLCULTURA, Tercer Mundo Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1900-5407200800010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Silla, Eric</b> 1998 People Are Not the Same. Leprosy and Identity in Twentieth-Century. Mali,  Portsmouth, Heinemann.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1900-5407200800010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>White, Cassandra</b> 2005 &quot;Explaining a Complex Disease Process; Talking to Patients about  Hansen&#39;s Disease &#40;Leprosy&#41; in Brazil&quot;, en Medical Anthropology Quaterly, Vol.  19, No. 3, pp. 310-330.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1900-5407200800010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Abadía-Barrero]]></surname>
<given-names><![CDATA[César Ernesto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Políticas y sujetos del SIDA en Brasil y Colombia]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Colombiana de Antropología]]></source>
<year>2004</year>
<volume>40</volume>
<page-range>123-154</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aparicio]]></surname>
<given-names><![CDATA[Abraham]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Propagación de la lepra elefanciaca en Colombia]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Médica de Bogotá]]></source>
<year>1890</year>
<volume>XIV</volume>
<numero>153</numero>
<issue>153</issue>
<page-range>161-165</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barajas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cristina]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hibridación constante: manejo de la enfermedad en una comunidad rural Colombiana]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Obregón]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diana]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Culturas científicas y saberes locales]]></source>
<year>2000</year>
<page-range>328-355</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios SocialesUniversidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castro]]></surname>
<given-names><![CDATA[Arachu]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Farmer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Paul]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Perlas del caribe? La salud pública en Haití y en Cuba]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista Colombiana de Antropología]]></source>
<year>2004</year>
<volume>40</volume>
<page-range>319-352</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Farmer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Paul]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Brujería, política y concepciones sobre el SIDA en el Haití rural]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Armus]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Entre curanderos y médicos: Historia, cultura y enfermedad en América Latina]]></source>
<year>2002</year>
<page-range>419-455</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Grupo Editorial Norma]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Good]]></surname>
<given-names><![CDATA[Byron]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Medicina, racionalidad y experiencia: Una perspectiva antropológica]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Bellaterra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guerrero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Martha Inírida]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Situación de la lepra en Colombia: un análisis crítico]]></article-title>
<source><![CDATA[Informe Quincenal Epidemiológico Nacional]]></source>
<year>2000</year>
<volume>5</volume>
<numero>10</numero>
<issue>10</issue>
<page-range>149-154</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gutiérrez Pérez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Antonio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Apuntamientos para la historia de Agua de Dios 1870-1920]]></source>
<year>1925</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Imprenta Nacional]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hess]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carmen]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Enfermedad y moralidad en los andes ecuatorianos]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Warren]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hess]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Warren]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ferraro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Salud y antropología]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>47-89</page-range><publisher-loc><![CDATA[Quito ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Abya-Yala]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lock]]></surname>
<given-names><![CDATA[Margaret]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Scheper-Hughes]]></surname>
<given-names><![CDATA[Nancy]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[A criticalinterpretative approach in medical anthropology: rituals and routines of discipline and dissent]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Sargent]]></surname>
<given-names><![CDATA[C.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[T Johnson]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Handbook of Medical Anthropology]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>41-70</page-range><publisher-loc><![CDATA[^eConnecticut Connecticut]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Greenwood Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Montoya y Flórez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan Bautista]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Contribución al estudio de la lepra en Colombia]]></source>
<year>1910</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Imprenta Editorial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Obregón Torres]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diana]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Struggling Against Leprosy: Physicians, Medicine and Society in Colombia, 1870-1940]]></source>
<year>1997</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Obregón Torres]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diana]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Debates sobre la lepra: médicos y pacientes interpretan lo universal y lo local]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Obregón]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diana]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Culturas científicas y saberes locales: asimilación, hibridación, resistencia]]></source>
<year>2000</year>
<page-range>258-282</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Obregón Torres]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diana]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Batallas contra la lepra: Estado, medicina y ciencia en Colombia]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Banco de la RepúblicaFondo Editorial UniversidadEAFIT]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pinto García]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rafael]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["La verdad sobre la lepra" y "Actitud ante el diagnóstico de lepra"]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gerzaín]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Orozco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lepra]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>199-203</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Nacional de Salud]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pinto García]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rafael]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Programa ideal de la lepra]]></article-title>
<source><![CDATA[Médicas UIS]]></source>
<year>1998</year>
<volume>12</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>200-203</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platarrueda Vanegas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Claudia]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Agudelo Arévalo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Catherín]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ensayo de una bibliografía comentada sobre lepra y lazaretos en Colombia, 1535-1871]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platarrueda Vanegas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Claudia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La voz del proscrito o la exclusión desde adentro: lepra y representaciones sociales de los lazaretos en Colombia. Una aproximación antropológica]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gerzaín]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Orozco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lepra]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Nacional de Salud]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ruiz Arenas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Álvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Croniquilla de Contratación]]></source>
<year>1973</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ruiz Arenas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Álvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Croniquilla de Contratación: Tercera edición más extensa]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bucaramanga ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alcaldía Municipal]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sevilla Casas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Elías]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los mutilados del oprobio: estudio sobre la lepra en una región endémica de Colombia]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[COLCULTURATercer Mundo Editores]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Silla]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eric]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[People Are Not the Same: Leprosy and Identity in Twentieth-Century. Mali]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Portsmouth ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Heinemann]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[White]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cassandra]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Explaining a Complex Disease Process: Talking to Patients about Hansen&#39;s Disease &#40;Leprosy&#41; in Brazil]]></article-title>
<source><![CDATA[Medical Anthropology Quaterly]]></source>
<year>2005</year>
<volume>19</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>310-330</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
