Introducción
Ante la fuerte diversidad cultural que está presente en las regiones colombianas, y, en especial, en los resguardos indígenas asentados a lo largo de su territorio, se hace necesario desacomodar las hegemonías monoculturales para visibilizar la conciencia histórica y las comprensiones propias que sobre la espiritualidad que tienen las cosmovisiones originarias del país1. Esta acción toma mayor urgencia cuando se evidencian reduccionismos socioculturales en el sistema educativo2. De ahí que urge visibilizar las implicaciones de la espiritualidad más allá de los dogmatismos y las prácticas rituales, al constituirse como el despliegue de la dimensión del sentido3.
Durante muchos años los pueblos indígenas han luchado por conservar su identidad y tradición cultural, más aún en el transcurso de una sociedad cambiante que invisibiliza la diferencia y desconoce la riqueza de sus territorios, plasmada en su sabiduría y la percepción frente a la vida. Esto se ve reflejado en aspectos de gran importancia, como la educación, donde, principalmente en las prácticas pedagógicas del área de la educación religiosa escolar, se manifiestan ejercicios de homogenización de un tipo de pensamiento religioso de acuerdo con las mayorías estadísticas, proponiendo así una mirada homogénea sobre aspectos que tienen que ver con la realización del ser humano desde su cosmogonía hasta sus formas de convivir en el contexto social4; hecho que va en contravía de la legislación colombiana que prohíbe el proselitismo religioso y llama en cambio a la construcción de posturas pluralistas5.
Frente a esta situación, este artículo aborda la espiritualidad como un aspecto que permite comprender la visión que tiene el pueblo indigena Betoy frente a su forma de vivir y las relaciones que establecen consigo mismos, con los demás y con su entorno, por lo tanto se planteó como objetivo analizar los aportes de la espiritualidad a la educación propia, la salud y el bienestar humano desde la perspectiva de la mujer y los líderes del resguardo indígena del pueblo betoy, en el municipio de Tame, Arauca.
Al hablar de espiritualidad en este escrito no se está refiriendo a las prácticas rituales propias de un sistema religioso, sino que la dimensión espiritual es entendida desde la disponibilidad del ser humano por comprender el mundo de la vida y dotarlo de sentidos de acuerdo con su conciencia histórica, su cultura, las relaciones interpersonales, la búsqueda de plenitud y los horizontes de realización como ser social desde una perspectiva racional y emocional, la cual no depende de lo religioso ni lo desconoce del todo6.
En esta investigación se planteó, adicionalmente, una indagación preferencial por la percepción de la mujer como agente de socialización histórica dentro de la comunidad indígena al ser comunicadora de los saberes ancestrales, consejera y dadora de vida, buscando así la visibilización de su papel dentro de la comunidad y su autorreconocimiento7. Dicho ejercicio se complementó desde la percepción de las autoridades tradicionales masculinas, al ser ellos quienes orientan a la comunidad y los encargados de liderar los procesos respecto a la educación propia, la salud y el bienestar de la comunidad betoy, del resguardo indígena Julieros.
A continuación, se presentan los resultados del ejercicio investigativo, señalando, primero, la revisión de literatura, donde se hace la exposición teórica del concepto de la espiritualidad. En segundo lugar, se da a conocer la travesía metodológica enmarcada por el paradigma cualitativo desde la implementación de métodos narrativos. En tercer lugar, se evidencia la discusión de los resultados del trabajo de campo para finalizar con unas conclusiones que funcionan como pistas prospectivas para continuar en este basto campo de la comprensión, desde las perspectivas que arroja la conciencia histórica y la interpretación del mundo de la vida a partir de su experiencias de vida situadas y articuladas entre el pasado, el presente y el futuro8, categoría que permite indagar por la forma en que los sujetos de investigación interpretan y experimentan la dimensión temporal que orienta su praxis en la cotidianidad9.
1. Marco de referencia
El concepto de la espiritualidad ha estado presente a través del tiempo y la praxis en diversas culturas como un hito histórico fundamental para la comprensión de la humanidad10, con mayor relevancia en el caso de occidente, debido al contexto religioso impreso desde las invasiones, conquistas e intercambios culturales, llegando a ser incluso denominado patrimonio cultural en algunas regiones11. En la actualidad, dicho concepto está tomando mayor relevancia en las discusiones académicas desde distintos campos, como la terapia para el cáncer12, la terapia familiar13, la psicoterapia14, la medicina en general15 y su incidencia en el campo educativo16.
La espiritualidad occidental es asociada mayormente a los orígenes bíblicos presentes en las narrativas judeocristianas. En el Primer Testamento (AT), por ejemplo, el espíritu o lo espiritual es presentado principalmente mediante la palabra hebrea Ruah, la cual traduce aliento en movimiento, siendo YHWH el aliento que entra y se convierte en persona humana17; e igualmente se refiere a la personalidad del sujeto en cuanto elemento de poder y energía18. En el Segundo Testamento (NT), son presentados dos términos cercanos, el primero es psique, el cual se refiere al ser humano como vivo, esforzado, dispuesto y decidido; el segundo, pneuma, siendo el yo inmaterial, la relación con Dios y las personas19, aunque también se refiere al Espíritu Santo, siendo quien mueve a las personas hacia el amor, el gozo y la paz20.
Esto sustenta una idea bíblica de espiritualidad de carácter intrínseco (relacionada con los procesos internos de pensamiento, sentimientos y deseos) y nunca extrínseca (relacionada con acciones externas como rituales y hechos)21. De esta forma, la dimensión espiritual se entiende desde la perspectiva cristiana como la vida según el Espíritu Santo, la cual no es meramente intimista, sino que mueve a la proyección social22, conllevando en su comprensión un componente también de apertura que permite enfocarse en el desarrollo de un estilo vida que demuestra amor y compasión23.
Esta primera conciencia histórica de lo espiritual es permeada y confrontada a través de los años con otras perspectivas que, por un lado, resaltaban lo racionalista24 y, por otro, señalaban sus aspectos más personalistas25. Infortunadamente, esto condujo a que se fuera convirtiendo paulatinamente en sinónimo del concepto de religión26, pues el occidente cristiano incorporó el término Spiritualis a su definición, siendo este la traducción griega de pneumatikos: «según el espíritu o lleno de espíritu, de ahí que significaría vivir desde el espíritu, vivir a partir de la fuente del espíritu»27.
El siglo xix permitió la irrupción de corrientes filosóficas, psicológicas y biomédicas que ampliaron la comprensión de la espiritualidad, sacándola así de una perspectiva dualista28, pues la contemplaron como la dimensión del sentido. Esto posibilitó que saliera del contexto explícitamente religioso para ser entendida como una búsqueda de significado, unidad, conexión y trascendencia29. Estas nuevas representaciones partieron por el análisis etimológico del latín Spiritus que tiene relación con la vitalidad humana, el aliento de vida y el bienestar de la persona30. Ello dio paso a que se ampliara su definición desde una perspectiva más incluyente que vincula la discusión a la cotidianidad humana que se pregunta por el sentido de la vida31.
De esta forma, es viable señalar un posible marco de referencia que permita la distinción conceptual entre la espiritualidad y la religión. En cuanto a lo religioso, se hace referencia al anclaje a una la matriz cultural de configuración de un estilo de vida fundado en doctrinas, normas, conocimientos, creencias y comportamientos interiorizados por las personas interesadas en búsqueda de lo sagrado, pues brinda elementos de guía para el camino espiritual, expresando la tendencia a la conservación de la tradición sociocultural32. La espiritualidad, en cambio, es un concepto holístico presente en la vida del ser humano, el cual emerge ante cada experiencia de vida a la cual se le otorga un significado propio. Benito, Barbero y Dones33 concluyen que es el sentir y la manifestación individual en tanto que el sujeto esté en relación consigo mismo, con el resto de los seres, con la naturaleza y lo que cada uno considere sagrado34.
Es fundamental señalar que la espiritualidad es movida por una búsqueda humana del propósito de la vida, permitiendo de este modo una vinculación significativa consigo mismo, los otros o lo absoluto, ya sea dentro o fuera de una institución religiosa35. Para poder realizar este proceso, se requiere considerar que es de carácter individual o personal, ya que busca las respuestas a los interrogantes propios de la existencia36. Esto no significa que los aspectos comunitarios sean olvidados, pues tiene dentro de sí una dinámica de articulación entre la interioridad y la apertura humana al otro, lo otro, y el misterio del absoluto37.
Estas búsquedas implican la pregunta por lo sagrado, que no necesariamente debe entenderse como sinónimo de alguna deidad38. Esto significa la realización de una indagación profunda por el misterio y lo absoluto, realidades que desbordan, pero a la vez atraen la atención del ser humano39. De este modo, la espiritualidad es la búsqueda por el sentido de la vida y la existencia, que forja la construcción de vida e historia personal, el bienestar y desarrollo humano40, lo cual no significa un alejamiento de lo humano, sino «el reencuentro con la esencia de lo que el ser humano es»41.
Para finalizar, es posible señalar, entonces, cuatro aspectos fundamentales para comprender la espiritualidad desde una postura que no la reduzca a lo religioso, a la vez que no lo niega: el autoconocimiento de la propia identidad, el cuidado de sí desde una perspectiva del bienestar humano, la búsqueda de sentidos de vida y la resignificación de la cotidianidad desde una prospectiva emancipadora42. Las publicaciones más recientes sobre este tema demuestran estas perspectivas al preguntarse por problemas diversos en relación con la dimensión espiritual, tales como: el bienestar laboral43, la educación emocional44, la salud integral45, el transhumanismo46, la perspectiva ecológica47, las representaciones sociales contextualizadas48 y la pedagogía49.
2.Sistema Metodológico
El modelo investigativo aplicado está orientado desde el paradigma cualitativo en orden a la naturaleza del problema con un enfoque centrado en la participación de la comunidad, quienes relatan sus propias percepciones mediante sus narrativas y experiencias de vida y de comunidad, de tal forma que la intersubjetividad humana es el centro de la interpretación50. De ahí que la entrada metodológica implementada fuese el método narrativo, el cual permite la comprensión de las representaciones sociales que el sujeto experimenta en su diario vivir51.
En esta investigación se generó un espacio propio para disertar el concepto originario de la espiritualidad que se vive como persona y como territorio, expresado desde su cosmovisión y cosmovivencia52. En este escenario las principales participantes elegidas fueron las mujeres betoy, siendo ellas el eje central de la familia desde el concepto indígena de su resguardo53.
La compresión de la relación entre espiritualidad, salud y bienestar contribuye a que la sociedad externa conozca y valore las concepciones y representaciones sociales de la comunidad indígena del pueblo betoy a partir de las vivencias propias de los líderes, las mujeres mayoras, las sabedoras, las parteras y las artesanas. Dicha tarea es posible gracias a la perspectiva epistemológica hermenéutica asumida54 que, lejos de buscar una lectura occidentalizada de sus narrativas y su conciencia histórica, intenta hacer tejidos interpretativos interculturales55.
El pueblo indígena betoy está ubicado en la Orinoquia colombiana, al sur occidente del departamento de Arauca, municipio de Tame, su principal característica se basa en ser pescadores y recolectores. Su organización territorial está comprendida por cuatro resguardos: Genareros, Roqueros, Velazqueros y Julieros. Su organización sociopolítica está estructurada jerárquicamente: autoridad tradicional conformada por un capitán cuya función es ser consejero, a la vez que da el visto bueno a las decisiones que se toman en su comunidad; están también dos o tres caciques, hombres mayores reconocidos por su sabiduría y el conocimiento que poseen en medicina tradicional, en sus manos está el bienestar y la salud de su pueblo.
El cabildo indígena está representado por un gobernador, líder elegido mediante una asamblea comunitaria cuya función es ser representante ante las instituciones gubernamentales regionales, nacionales y ONG. También, existe un secretario, un fiscal y un vocal, representados por líderes jóvenes cuya función es hacer acompañamiento al gobernador en diferentes procesos en favor de su comunidad. Por último, está la guardia indígena que, por su parte, está conformada por veinte personas miembros de su propio resguardo, su función es mantener la armonía, la disciplina y orden de su comunidad.
Teniendo en cuenta esta organización social, se eligieron como sujetos de investigación a 30 participantes: 23 mujeres entre los 20 y 65 años que se desempeñan como sabias mayoras, artesanas y parteras; además, a 7 hombres con edades entre los 30 y 70 años, representados por el capitán, médicos tradicionales y otros pertenecientes a la estructura de su gobernanza. Esta selección representa el 23,6 % de la totalidad de la población, de 127 indígenas según el Censo de 2018 del DANE 2019. Se tuvo como criterio de inclusión a conveniencia el abordaje de los líderes de la comunidad, quienes son los responsables de la conciencia histórica en orden a sus roles, ya que protegen y continúan con la tradición oral de su pueblo56. El consentimiento informado para la recabación de los datos y el trabajo de campo se hizo de acuerdo con su tradición, es decir, dada a partir del visto bueno del gobernador del resguardo.
Los instrumentos implementados en esta comunidad comenzaron primero por el reconocimiento documental de la misma, por lo cual fue necesario un ejercicio de indagación de diversos textos que permitieron entender y comprender su historia e identidad57. Posteriormente, se realizaron entrevistas semiestructuradas con una perspectiva narrativa, las cuales permitieron registrar testimonios y percepciones propias de cada uno de los sujetos participantes desde su experiencia y conciencia histórica, propuesta que permitió a cada participante hablar de una manera libre y sin temor a ser juzgado por los relatos dados58. Por último, se realizaron dos mingas de pensamiento, una con las mujeres y otra con los hombres líderes en la comunidad, de tal forma que se indagó colectivamente por el saber comunitario compartido; estas se desarrollaron en espacios nativos para el pueblo betoy, como lo es el fogón, ya que a su alrededor fluye el diálogo con la compañía de sus familias, quienes indirectamente participan: niños, niñas, abuelos y abuelas.
Para la aplicación de las entrevistas se organizaron tres encuentros presenciales, donde se implementaros los protocolos y elementos de bioseguridad para la prevención y mitigación de riesgo de contagio por COVID-19, ya que, necesariamente, se debía desarrollar en territorio, puesto que estas comunidades indígenas no cuentan con conectividad a Internet y la señal telefónica es intermitente. Dicha entrevista constaba de cuatro preguntas encaminadas al conocimiento propio de la espiritualidad en relación con la salud, educación y bienestar. La técnica de análisis para la información implementada fue el de discurso59, el cual posibilitó la triangulación de las voces de los sujetos con la fundamentación conceptual y teórica recabada, así como con la perspectiva hermenéutica de los investigadores60.
3. Discusión de resultados
La comprensión de la espiritualidad betoy responde a las dinámicas de su historia: presente, pasado y futuro, de ahí que se haya atado a sus representaciones sociales y prácticas desde el despliegue de su conciencia histórica61. Esto se evidenció en los resultados de la investigación que planteaban cuatro categorías de indagación sobre las cuales se pedía la construcción de las narrativas, tanto individuales, como en el marco colaborativo de las mingas de pensamiento.
La primera categoría abordada fue el concepto de la espiritualidad, el cual, aunque de difícil pronunciación para los miembros de la comunidad indígena, sí era un término conocido e importante para su cotidianidad. Sus relatos la relacionaban con el conocimiento propio, como lo señala MB662: «para el pueblo betoy, la espiritualidad es el conocimiento propio de los sabedores que fueron antes y los que nos enseñaron a nosotros a las mujeres y a los hombres, […] es la relación con la naturaleza tener esa relación con la Madre Tierra es importante porque siempre debemos cuidarla porque es la energía que le da vida a los pueblos indígenas». Es evidente que sus saberes aprendidos de generación en generación vinculan su tradición con su entorno y su historia, donde la madre naturaleza aparece no tanto como una deidad abstracta, sino en articulación existencial con su día a día evidenciado en el uso de las plantas medicinales, la relación con los animales, la construcción de sus artesanías, herramientas, ropa y otros utensilios básicos, así como también vinculada a su cosmogonía y cotidianidad63.
Por otra parte, la comunidad en sí misma es el lugar de despliegue de la espiritualidad, así como lo afirma MB2: «…espiritualidad es uno ser una persona respetosa y también compartir con los demás, por eso dicen que somos la hermandad indígena, de compartir con todos no importa si no sea familia […] dar uno la mano y ser una buena persona, ser de buen corazón». La familia, como lugar de socialización primaria, cultiva las bases para el compartir, el compañerismo, la construcción de sociedad en términos de respeto, tolerancia, apoyo, hermandad, salud y paz64; aspectos que aterrizan la última telaraña de conceptos que emergen a los relatos, los que corresponden a la vida, es decir, al buen vivir que conlleva su identidad betoy65. Este aspecto no es sinónimo de chabacanería, sino de búsqueda de bienestar humano que no divide la esencia humana en partes, sino que la entiende como un todo articulado, por ello, ser buena persona, tener buen corazón y ser auténtico son expresiones propias de su cosmovisión y cosmovivencia66.
La segunda categoría lugar de indagación fue el papel de la mujer betoy en la comprensión y cultivo de su espiritualidad, pregunta que sentó las mismas cuatro bases ya mencionadas: pensamiento propio, tradición, vida comunitaria y buen vivir67, como se puede evidenciar en la afirmación de MB5: «el papel que cumple es que la mujer tiene muchas bases, conocimientos, estrategias para poder manejar eso. Lo primero que tiene la mujer es que es muy consejera y la mujer indígena tiene un conocimiento, brinda un apoyo también de sostener a la naturaleza, a toda la familia en general, y también la mujer cumple el papel de ser una mujer». Sus narrativas señalan la importancia de la mujer en lo correspondiente a la socialización de sus saberes propios, el consejo, la enseñanza de la construcción de insumos y artesanías propias del resguardo, el uso de plantas medicinales, la orientación de los hijos para la convivencia en la comunidad a través de la instrucción en la unidad, el apoyo mutuo y el buen vivir y, por último, su relación profunda con la naturaleza, pues incluso ella misma deriva de la leche de la palma en su cosmogonía.
La tercera categoría es la del bienestar, la cual es relacionada directamente con el tema de la salud. Para el pueblo betoy, estos dos conceptos (bienestar y salud) incluyen a cada persona del resguardo, a sus familias, a la comunidad y a la naturaleza que los rodea. Dicha relación no es instrumental, sino que implica una armonía con los otros y con las fuerzas del entorno que los rodea, de tal forma que se concibe una articulación corporal y espiritual68. Así, el bienestar no es entendido como un ejercicio individualista que aleja al sujeto de su comunidad, sino que por el contrario lo vincula profundamente en orden a la unión, la convivencia, el compartir, la búsqueda conjunta de felicidad, la comida y la vida familiar. De igual forma, la relación intrínseca del bienestar con la salud implica el buen vivir a través de una vida armónica consigo mismos, con el otro y con la naturaleza69.
La última categoría indagada fue la educación, pregunta que no buscaba sus percepciones sobre lo reglamentario del Estado colombiano o de las prácticas pedagógicas de los maestros en la escuela, sino de su ejercicio propio e interno dentro de las dinámicas del resguardo70: «Si la persona no tiene buena espiritualidad, uno tiene que ir aconsejándolo, hablando para que tenga buena vida y salud. Que sea buena gente» (HB1). De igual forma que las anteriores indagaciones, la comunidad resaltó el pensamiento propio, la tradición, la comunidad y el buen vivir como los centros de preocupación para la educación de los niños betoy, donde acciones propias, como la cacería, las artesanías, la elaboración de flechas, el cuidado y equilibrio con la naturaleza, el respeto, la danza, el canto, la oración, sus rituales, el cuidado de la madre naturaleza y, principalmente, el cultivo de la bondad, no son enseñadas como simples acciones aisladas, sino que se comprenden en un marco global de identidad que los hace ser indígenas betoy.
El siguiente gráfico pretende sintetizar estos resultados expuestos, fruto de la indagación del concepto de la espiritualidad en la comunidad indígena betoy. En algunos casos se debieron usar conceptos de la tradición occidental para facilitar la comprensión del lector, pero no tienen como tal la intención de colonizar sus saberes desde una perspectiva eurocéntrica, solo es para efectos prácticos para la comprensión del lector.
Así vista, la espiritualidad betoy no es comprendida como un ejercicio individualista, solipsista o aislado de los demás71, sino que la comprensión de la vida y la cosmovisión del pueblo indígena betoy frente a su forma de vivencia, comunicación e interrelación con la naturaleza manifiestan que lo espiritual impregna su identidad, así como a lo cotidiano más allá de lo ritual, pues es la misma vida que se entiende como holística y armónica consigo mismo, los otros y la madre naturaleza72.
Conclusiones
Esta investigación sobre la comprensión de la espiritualidad en el pueblo indígena betoy conlleva a una concienciación de la prospectiva, pues la invisibilización de las tradiciones originarias en el territorio colombiano debe desaparecer, no solo porque es un ejercicio de discriminación silenciosa y sistemática, sino porque las cosmovisiones y cosmovivencias ancestrales tienen mucho que decir al hombre actual en orden al aporte que la dimensión espiritual de la comunidad betoy puede dar a la praxis de la cotidianidad de cualquier sujeto73.
En cuanto a la pregunta por el papel de la mujer en la comunidad betoy en lo que respecta al cultivo de la dimensión espiritual, esta es comprendida por su comunidad como la dadora de vida que fundamenta la convivencia familiar y social desde una dinámica que es valorada en alto grado por los círculos de liderazgo, pues no solo desde su comprensión cosmogónica, sino principalmente cotidiana, la comunidad betoy no se entiende a sí misma sin el aporte diario de la mujer a su espiritualidad.
En cuanto al reconocimiento de la espiritualidad, si bien fueron abordados por ejercicios de proselitismo religioso cristiano-católico, su identidad indígena continúa dando alto valor a su tradición y a su pensamiento propio, elementos que les han permitido continuar en armonía con sus saberes ancestrales, su lengua originaria y la relación profunda y vinculante consigo mismos, los demás y la madre naturaleza a través de la conciencia histórica de las categorías del pensamiento propio, la tradición, la vida comunitaria y el buen vivir.















