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Revista Colombiana de Psiquiatría

versão impressa ISSN 0034-7450

rev.colomb.psiquiatr. v.32 n.3 Bogotá jul./set.. 2003

 

Artículo epistemología y filosofía de la ciencia

 

Temor al conocimiento

 

MYTHS AND FEAR OF KNOWLEDGE

 

Guillermo Sánchez Medina

Médico psicoanalista. Miembro de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, de la Asociación Psicoanalítica Colombiana y del Instituto Colombiano del Sistema Nervioso. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia.


Resumen

En este trabajo, después de una introducción, se plantean las personificaciones y las finalidades mitológicas; el porqué de los mitos; las motivaciones latentes; la necesidad y el deseo de conocer el secreto de los dioses; la prohibición del conocimiento, de la verdad y el problema de aquella y su consecuencia en la mentira; la necesidad del poder en la vida; el temor a la verdad, y la necesidad del concepto de nirvana para llegar al concepto de Dios.

Palabras clave: mito, conocimiento, verdad, mentira, nirvana.


Abstract

After the introduction this paper points out the personifications and aims of mythology; the why of myths, the latent motivations, the need and desire to know the secret of the gods, the prohibition of knowledge and truth, the problem this poses and its consequence on the lie, the need of power in life, the fear of truth and the need of the concept of nirvana to arrive to the concept of God.

Key words: Myth, knowledge, truth, lie, nirvana.


 

Introducción

A través de este escrito se pretende plantear la necesidad que tiene el Yo de explicar, interpretar y conocer (así como también de lo contrario, es decir, negar) las relaciones vinculares entre el mundo interno y el externo. Con tal propósito, se estudia la construcción de los mitos y se ofrece una interpretación psicoanalítica aplicada de éstos. Se busca mostrar cómo en los mitos se niega la realidad y se crea una especie de mundo paralelo por temor al conocimiento y a la verdad. Para tal efecto se analizan algunos mitos antiguos, especialmente los grecorromanos, los indoeuropeos, los orientales y los americanos. Se alude también a algunos trabajos de Freud y de Bion con respecto a la verdad y a la mentira, a fin de mostrar las consecuencias de algunas necesidades humanas y del deseo de poder. Se discute asimismo la forma como el hombre maneja el tiempo para llegar al mito del nirvana, y finalmente se analiza el concepto de Dios.

Personificaciones y finalidades mitológicas

Historiadores, antropólogos, sociólogos, filósofos, psicólogos y psicoanalistas continúan estudiando e investigando cómo el hombre siente, percibe, piensa, actúa y vive en el transcurrir del tiempo y en la espacialidad de sus momentos. Ellos hacen todo esto para tener puntos de referencia, para ‘conocer’ su origen, su evolución y desarrollo, lo cual les permite llegar finalmente al autoconocimiento a través del tiempo, así como evaluar y prospectarlo en el futuro.

La predicción se valora a tal punto que, cuando se confirma lo predicho, quien lo hizo se convierte en omnisapiente y omnipotente. La misma ciencia tiende a confirmar las predicciones y los postulados teóricos en la práctica, y algunas veces los hombres asimilan los poderes de predicción con la ciencia. De tal forma, la realidad percibida y mensurable en el tiempo y en el espacio se convierte en verdad; y las verdades del pasado, las del presente y las posibles del futuro (y concretamente, las que se refieren al funcionamiento del hombre ante sí mismo y su sociedad) se convierten en ideales y valores. Algunos de éstos cambian, se modifican, pero otros quedan inmutables. La mutabilidad y la inmutabilidad (así como sus distintas posibilidades) se analizan en el psicoanálisis y se deja al individuo frente a ellas para que él mismo decida su propio acontecer en el contexto de su sociedad y en sus espacios y tiempos.

Como es bien sabido, a los fenómenos naturales y a las grandes masas volumétricas (agua, tierra, aire, cielo) se les colma de poderes, entre los que se cuenta el control del tiempo y de la vida. De ahí que dichas entidades hayan sido convertidas en deidades inmortales, controladoras y provocadoras de la creación, la vida y la muerte. Por Los mitos y el temor al conocimiento esto el cielo, el universo, el Sol, la Luna, el mar, el viento, los ríos, las grandes montañas y los valles han sido revestidos de categorías y personificaciones deíficas mitológicas. De allí se parte, como ya se expresó, a las leyendas, tradiciones, creencias e ideologías.

Los mitos pueden pasar a leyendas, y éstas a costumbres y tradiciones. De aquí, por su parte, se marcha a la creencia, a la ideología y a los valores, y por supuesto a la conducta. Por esto es importante comprender todos estos pasos, a través del tiempo y en los diferentes espacios, tanto en el proceso mental individual como en el colectivo.

El por qué de los mitos

La respuesta a la pregunta de por qué aparecen los mitos puede plantearse desde el punto de vista de la necesidad que tiene el Yo de explicar, interpretar y conocer o de negar las relaciones vinculares entre mundo interno y externo, entre Yo y no Yo, entre Yo y objetos.

Dichas relaciones aparecen teñidas con tendencias y fantasías inconscientes que producen ansiedad y dolor, por lo cual la construcción de lo onírico, de los delirios y de los mitos reclama un sistema de deformaciones, de ‘negaciones’ e identificaciones proyectivas en que intervienen, obviamente, lo mágico y lo omnipotente. De esta forma, el Yo se ve impelido a realizar una serie de actos, fantasías y representaciones que pueden llevarlo a la fragmentación y al caos. De ahí que deba apelar a la creación de otra realidad (verdad-mentira), construida (entre otros factores) con los mitos.

Ahora bien, en este proceso intervienen también los sistemas tópicos (consciente-inconsciente), así como la dinámica y energética, en pro del principio de placer y del control mágico omnipotente a través del conocimiento y de esa creación representativa dramática que es el mito.

Muchas son las versiones de los diferentes mitos grecorromanos y distintas sus interpretaciones. Mi intención es hacerlo ahora con algunos de ellos mediante la aplicación del modelo psicoanalítico, no sin antes cuestionar ciertas posibles motivaciones latentes.

Motivaciones latentes

Al revisar los mitos grecorromanos nos encontramos, por ejemplo, con el de Urano (el cielo). Éste es castrado y asesinado por su hijo Cronos (el tiempo), en un pacto con su madre y esposa de aquél (Gea, la Tierra). Cronos, a su vez, es castrado por su hijo Júpiter (estimulado éste por su madre, Rea).

La acción de Cronos tiene el propósito manifiesto de salvar a sus hermanos los cíclopes; al igual que Júpiter, quien también busca defender a sus propios hermanos de ser muertos y devorados por el padre Cronos.

Sin embargo, aquí podemos formularnos la siguiente pregunta: ¿cuál o cuáles fueron las motivaciones latentes de Cronos y Júpiter para castrar a sus respectivos padres? ¿Por qué en otras culturas, por ejemplo, entre los toltecas del antiguo México, aparecen mitos semejantes? ¿Por qué se presenta luego el mito de Edipo, en el cual éste mata al padre, posee a la madre (en pacto inconsciente con ella) y, luego, al conocer la verdad de su tragedia, se castra y se exilia (tal como lo hizo Cronos)? Las respuestas pueden dirigirse en dos sentidos: el primero es el temor a la verdad (más exactamente a su conocimiento) y el otro es el pánico a la muerte (ambos se unen en el temor a la verdad de la muerte y al conocimiento de que hay que enfrentar dicha verdad).

Por eso también Prometeo roba a los dioses su secreto (el de la vida eterna) para transmitirlo a los hombres. Así, sería el miedo a la muerte y a la pérdida de la libertad (en el caso de los Cíclopes) lo que produciría toda esa acción para defender la vida, que estaría simbolizada en el falo y en la posesión genital de la madre. Sería una lucha para poder manejar y controlar el tiempo, lo que implicaría el conocimiento. Éste llevaría al hombre a la verdad; significaría para él enfrentarse a su último momento vital, a su propio fin, a la muerte.

El ‘‘temor’ a la verdad y al ‘conocimiento’ lo observamos también en otros mitos. Narciso quiere ver (conocer) su imagen, y termina ahogándose en el estanque. La ninfa Eco desea saber (amar) y ser percibida (conocida, amada genitalmente) por Narciso, y lo que encuentra es la muerte. Prometeo acaba encadenado al monte Cáucaso por tratar de robar y ‘conocer’ el secreto (el amor genital, la vida eterna) de los dioses.

Afrodita (Venus), madre de Eros (Amor o Cupido), castiga a Psique (el Alma) porque siente celos de su belleza, cuya “verdad no quiere aceptar”. El padre de Psique, preocupado por que su hija no tiene pretendientes (ya que los hombres se asustan ante su belleza), consulta al oráculo de Delfos y éste le ordena que la abandone en una roca, donde se unirá en nupcias funerarias con un monstruo. Eros la transporta a su palacio, la posee y le promete felicidad eterna mientras no trate de ver su rostro, es decir, de conocerlo (nuevamente aparece el “temor a la verdad” de la relación vincular y al “conocimiento de una realidad”). Entonces, las hermanas de Psique, envidiosas, la convencen de que es amada y poseída por una terrible serpiente a la que debe matar (he ahí la mentira). La noche del crimen, Psique enciende una lámpara y queda en éxtasis ante la belleza de su amante, mientras que una gota de aceite quema la espalda de éste, el cual despierta y huye. Para poder reconquistarlo, Psique deberá someterse a una serie de pruebas que le impone Venus, entre ellas la de bajar a los infiernos y traer la caja que contiene el ungüento de la belleza. Psique, en su curiosidad (“deseo de conocimiento” del amor genital y del secreto o poder de seducción), abre la caja y cae presa de un letargo (latencia) producido por los vapores del sueño allí contenidos. De ésta y otras pruebas sale finalmente airosa gracias a la ayuda de Cupido. Júpiter interviene, Venus la acepta como nuera y Psique, inmortalizada, es unida para siempre a Cupido. De esta feliz unión nace la voluptuosidad.

Existen varias versiones de la leyenda de Tiresias. Una de ellas cuenta que fue cegado por Hera (Juno), por haberla visto (conocido), accidentalmente, desnuda. Sin embargo, la versión más célebre es la que dice que al ver a dos serpientes en cópula, las separó e hirió o mató a la hembra, por lo cual fue convertido en mujer. Siete años más tarde, paseando por el mismo lugar, volvió a ver otras dos serpientes acopladas. Esta vez mató al macho, y recuperó su sexo primitivo. Su aventura lo había hecho famoso.

Un día en que Zeus (Júpiter) y Hera disputaban por saber (conocer) quién experimentaba mayor placer en el amor, si el hombre o la mujer, se les ocurrió consultar a Tiresias, que era el único que había experimentado la doble experiencia (de la bisexualidad). La respuesta se muestra en dos versiones: una en que aparece la mujer como la que más placer obtiene, y otra que afirma lo contrario. En ambas, empero, la respuesta de la diosa Hera fue igual: por haberse sentido descubierta en el secreto de su sexo, privó a Tiresias de la visión. Como compensación, Zeus le otorgó el don de la profecía (visión interna, más allá de la muerte) y el privilegio de una larga vida (siete generaciones). Entre las profecías atribuidas a este personaje está la que ‘revela’ la real identidad de Edipo (el parricidio y el incesto). Tiresias aconseja a Creonte, tío de Edipo, que expulse al reo-rey para liberar a Tebas de la mancha. Así pues, Tiresias no sólo es adivino universal, sino también consejero. Es él quien predice (conoce) la tragedia de Narciso. Cuando la madre de éste (la ninfa Liríope) le pregunta a Tiresias si su hijo ha de tener larga vida, el adivino le responde:‘“ Solamente si no llega a conocerse a sí mismo”. En todas estas leyendas Tiresias ve, descubre y conoce a la mujer desnuda (diosa-madre) o contempla a la pareja edípica en cópula.

En todos los casos llega a conocer lo prohibido, genital edípico. Además, él separa a los participantes de la cópula o mata a uno de ellos. Así, el atreverse a conocer la vida genital de los adultos es castigado con la ceguera, es decir, con la muerte de la visión externa, pero recibe la compensación de la visión interna. Esto se puede interpretar como una posibilidad de identificación con el poder de los mayores (los dioses).

Que sea el hombre o la mujer quien más goce en el amor es otro conocimiento del que Tiresias es poseedor. De todas maneras, la consecuencia está presente: el castigo es la conversión al sexo opuesto o la ceguera. El que encuentre por segunda vez a las serpientes en cópula y repita (compulsión a la repetición) el acto, y así se restituya su condición primitiva, equivale a un hacer y deshacer (anulación). La consecuencia de la profecía sería la omnipotencia, la cual no puede desaparecer ni aun después de la muerte, pues la capacidad profética queda como herencia en los hijos (una hija y un nieto de Tiresias, Manto y Mopso respectivamente, son adivinos). El hecho de que Tiresias haya podido ver y conocer la genitalidad equivale también a una capacidad para prolongar el tiempo de su existencia (siete generaciones). El que el don de la profecía vaya más allá de la muerte indica que el conocimiento queda allí, en el exterior, en la realidad, pues se perpetúa en la sociedad.

El conocimiento fundamental primitivo sería el de la relación amorosa en la que se encuentran, descubren y conocen los dos sexos en su intimidad genital. Esta relación implica no sólo lo instintivo-libidinal, sino también lo cognoscitivo y social. En la Biblia, libro de Génesis, capítulos II y III, encontramos el siguiente texto:

Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y púsole en el paraíso de delicias, para que le cultivase y guardase. Diole también este precepto diciendo:

Come, si quieres, de todos los árboles del paraíso; mas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comas, porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás.

Más adelante aparece el siguiente pasaje:

...mas del fruto de aquel árbol [...], mandonos Dios que no comiésemos ni le tocásemos siquiera, para que no muramos. Dijo entonces la serpiente a la mujer: Oh, ciertamente que no moriréis. Sabe, empero, Dios que en cualquier tiempo que comiéreis de él, se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal.

He aquí muy claramente expresada la prohibición del conocimiento de la verdad en general, y en especial de lo genital. Lo mismo se observa en el mito de Tiresias, quien ve desnuda a Hera (Juno) o contempla la cópula (genital-edípica) de las serpientes. El castigo fue la ceguera, y su compensación la profecía.

Prohibición del conocimiento de la verdad

Así, podemos nuevamente hacer hincapié en cuán peligroso es transgredir la prohibición del conocimiento de la verdad de los adultos (edípica y genital). El saber implica la posesión del poder: anteriormente todo era lícito, no habría diferencia entre el bien y el mal, todo sería igual. De tal manera, en la prohibición “no comerás del fruto de este árbol” está no sólo la negación, sino también la diferenciación de algo, la distinción y selectividad del objeto. La negación comporta la prohibición del vínculo y su relación, lo que equivale también a que en la relación vincular está el conocimiento de la verdad y su posible consecuencia: la muerte.

En el mito de la Torre de Babel se presenta también el temor al conocimiento. Los descendientes de Noé desearon levantar una ciudad y un monumento a orillas del Éufrates para escalar el cielo (conocerlo), y así hacerse célebres (omnipotentes) ante todos. Así es como aparece en las Escrituras que el Señor descendió y dijo: “He aquí, el pueblo es uno sólo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo. Ea pues, descendamos y confundamos allí mismo su lengua, de manera que el uno no entienda el habla del otro”.

De ahí que la ciudad tomara el nombre de Babel, que quiere decir “confusión”. Si bien esto puede ser cierto, el origen de las diferentes lenguas puede también estar en el éxodo, el desplazamiento y las migraciones a causa de la excesiva población de algunas áreas geográficas. De tal forma, otra posible interpretación del mito de Babel es que aparezca debido al fracaso de la omnipotencia del hombre ante las fuerzas naturales.

La mitología griega presenta un caso análogo en la tentativa de los gigantes. Con el propósito de asaltar el cielo y vengar a los titanes, se subieron a los montes y se colocaron uno encima de otro. De allí lanzaban proyectiles contra los dioses: rocas, encinas o árboles inflamados de cualquier otro tipo. Los dioses se convirtieron en animales y huyeron a Egipto, pero luego los gigantes fueron vencidos y muertos. En el mito de la Torre de Babel, el castigo de la confusión de las lenguas en todas las regiones implica la imposibilidad de comunicarse, de entender y de conocer (la omnipotencia equivaldría a entender y hablar todas las lenguas). En el segundo caso (el de los gigantes), el castigo es la muerte. En ambas situaciones, confusión y muerte son consecuencias del desafío interno que representan la tendencia, el deseo y la necesidad de conocimiento del origen (pasado) y del devenir (futuro) de los seres humanos, junto con la ambición del poder sobrenatural. En ese juego y en esa necesidad de conocer aparecen la verdad y la mentira.

El problema de la verdad y la mentira

El problema de la verdad y de la mentira (o de la falsedad), tan estudiado e investigado, está en íntima relación con el del conocimiento, y éste con la metodología, la epistemología y el psicoanálisis. Al aplicar nuestros modelos psicoanalíticos a los mitos cosmogónicos de diferentes pueblos, podemos encontrar en ellos un cierto sentido de relación entre el amor y la procreación, el temor a la mujer, a la castración, a la diferenciación y a la misma confusión de los sexos. No sólo habría el temor al incesto, sino que primitivamente existiría el pánico a la separación, a la individuación y al conocimiento de sí mismo. De ahí procederían la confusión y la simbiosis con las que el hombre se protege. El hombre (falo-feto-vida-continuidadcontenido) busca lo que ha perdido (útero-continente-espacio). Teme perder el Yo y el pene, y quedarse así pasivo e indiferenciado. La mujer (vagina-útero-feto-vida-contenido), por su parte, teme perder (y anhela a la vez poseer) el seno-pene-feto, el control y posesión del tiempo y el espacio. En esa dualidad de simbiosis- confusión e individualizacióndiferenciación- separación existe la ambivalencia (pasivo-activo, femenino- masculino, continente-contenido, recibir-dar, sumisión-rebeldía, espacio-tiempo, etc.) que “trata de resolverse con el conocimiento” del amor y la genitalidad, que consiste en la participación de los dos para la unión, reunión, fusión y creación.

Por otra parte, la mentira y la negación también están presentes en los mitos. El mismo mito es una construcción fantástica y ficticia que, si bien conlleva una verdad, trata también de escaparse de la frustración, del dolor y de la muerte (aunque no sin antes pasar por ellas). La misma racionalidad ha traído las revoluciones tecnológica y social, el deseo de la revolución económica y aun el encuentro de la irracionalidad psíquica con la intuición (con la cual cuenta el hombre para descubrir, descubrirse a sí mismo y redescubrir sus verdades subjetivas y objetivas).

Freud, en su trabajo Dos mentiras infantiles (1), demuestra cómo las mentiras están constituidas por la negación y el temor al castigo y al rechazo de los seres queridos, a causa de los sentimientos de culpa por los deseos incestuosos ocultos.

La verdad aparece, según Freud, cuando los deseos inconscientes pueden mover la censura, sin recurrir a la negación, y desenmascarar las deformaciones, las antítesis, las condensaciones y otros mecanismos inconscientes que protegen al Yo por medio de la negación, de la mentira o de la afirmación.

Sabemos cómo en los trastornos psicóticos se deforma la realidad con otra construida, que es la verdad interna (delirio-mentira que emerge a la conciencia y al mundo externo). El paciente se defiende así de la realidad externa, pero con la consecuencia de que la interna provoca una destrucción completa tanto del mundo externo como del interno, lo que da rienda suelta a las tendencias y a la realización irrestricta de los deseos.

Desde el punto de vista psicoanalítico, se refiere Freud en su artículo “Falsos reconocimientos de relatos en el tratamiento psicoanalítico” (2) a cómo los pacientes durante el transcurso del análisis efectúan una negación de los recuerdos infantiles. Frecuentemente los analizados recuerdan lo que han reprimido (aunque de manera deformada) a través de las asociaciones. En consecuencia, lo que así rememoran no es el hecho o los hechos de su historia, sino detalles relacionados con ellos (alusiones). La reconstrucción de esa historia mental resurge de lo reprimido y se realiza venciendo en el proceso analítico las resistencias en la transferencia. Ahora bien, de la misma manera como el sujeto individual se defiende de su verdad histórica, el hombre genérico lo hace colectivamente en su historia social, en la cual podríamos incluir los mitos.

El psicoanalista, por su parte, se enfrenta a diario a la distinción entre verdad y mentira. Sin embargo, aunque para nosotros la mentira es otra verdad del inconsciente, no descartamos las mentiras intencionales de los analizados, así como las equivocaciones, los errores y las fallas de la memoria del acontecer del sujeto. El psicoanalista se ocupa del problema de la mentira, en un sentido práctico, como un síntoma más o como estructura psicológica resistencial del Yo.

Es Bion quien más se refiere a “las mentiras y el pensador en el análisis”, en su obra Atención e interpretación (3). El autor ubica una serie de categorías en dos coordenadas: una de ellas la reserva para aquellas “formulaciones conocidas como falsas [...], pero mantenidas como una barrera contra las afirmaciones que producen un trastorno psicológico”, que no serían otra cosa que las mentiras. El paciente sabe que la afirmación no es verdad, pero la mantiene porque de lo contrario se perturba. Este mecanismo es provechoso para él, pero perjudicial para otros. El mentiroso se oculta dentro de sí, de tal forma que el mismo analista muchas veces cae en el engaño sin quererlo. El analizado, por ejemplo, cambia actitudes, tiempos, espacios, objetos o vínculos; da múltiples razones, o bien crea toda una fantasía o un mito alrededor de su historia y del acontecer de su cotidianidad tanto dentro del proceso psicoanalítico como fuera de él. El hecho es que la verdad no le interesa, porque no puede manejarla y lo angustia.

El “informe mentiroso puede ser evocativo o provocativo, acusatorio o defensivo”. “El trastorno emocional —continúa Bion— contra el cual se moviliza la mentira es idéntico al cambio catastrófico [...] con un sistema moral violado”. Como se expone en otra parte, el psicoanálisis tiene como meta central el encuentro de verdades: ése es el objetivo del analista, mientras que el del analizado es mantener sus defensas y que el analista le acepte “sus verdadesmentiras”. Al analista le toca trabajar con esa fluctuación, en un espacio entre fantasía y realidad, entre mentira y verdad. Ahora bien, esto no significa que la fantasía no sea otra realidad y verdad interna.

Con respecto a los mentirosos, Bion (3) escribe cómo ellos:

Dieron muestras de coraje y revolución en su oposición a los científicos, quienes con sus perniciosas doctrinas prometieron despojar a los incautos de todo rastro de autopercepción, dejándolos desprovistos de la protección natural necesaria para la preservación de su salud mental, defendiéndola del impacto de la verdad. Algunos [...] dedicaron [...] sus vidas a la afirmación de mentiras de modo tal que los débiles y los vacilantes resultaran convencidos hasta de las manifestaciones más absurdas.

No es exagerado decir que la raza humana debe su salvación a una pequeña banda de mentirosos geniales que, aun frente a luchas indudables, estaban preparados para mantener la veracidad de sus falsedades.

Bion sugiere que en un momento “los científicos intentaban una y otra vez sustentar sus hipótesis, ayudaban a los mentirosos a demostrar la vacuidad de las pretensiones de los advenedizos y a demorar de ese modo, si no evitar, la difusión de doctrinas, cuyo efecto sólo podría haber sido la creación de una sensación de desamparo [...] para los mentirosos y sus beneficiarios”. El mentiroso requiere otra persona que le crea su mentira, aunque sea creada en sus propias fantasías. Para el mismo Bion, “La mentira requiere que un pensador la piense. La verdad, o el pensamiento verdadero, no requiere un pensador...”, pero sí de un reflexionador. Esto es, las mentiras requieren el sujeto mentiroso que las construya, pero la verdad no. Las verdades, en consecuencia, tendrían una connotación de pensamientos sin pensador.

El mentiroso no sólo crea la mentira, sino que induce y seduce al otro para que ‘crea’ y caiga en ella. Si hay creyentes, si todos creen, puede llegar el momento en que la mentira se vuelve una seudoverdad, porque el todo, la unidad, se da o está ahí. Parecería que cuando nos referimos a los descubrimientos de verdades y de hechos es porque éstos son y están ahí. El hombre los encuentra, los descubre mediante su observación, estudio, investigación y conocimiento. Además, los pensamientos se instauran inicialmente en la fantasía con la imaginación y la construcción de otra realidad, con lo cual se supera la frustración.

De ahí nacen, en parte, el pensamiento y la capacidad para imaginar y pensar. Al crearse algo no presente, real, objetivo y externo (es decir, repitámoslo, una mentira que protege de la frustración y del dolor), nace el pensador que va a descubrir la verdad, la que no se tolera en toda su dimensión y a la vez es atacada con envidia, celos, rivalidad, odio, posesividad y codicia. Lo que tiene éxito en ocasiones es la verdad disfrazada, porque ella alivia, y más aún cuando existen connotaciones estéticas de distracción y de recreación. Por su parte, y de modo contradictorio, la verdad atrae y seduce, pero con temor. Ésta, al fin y al cabo, nos lleva al principio y al fin del ser humano y de su mundo: es una realidad del hombre, del ser en su hacer y tener.

Ahora bien, el pensador puede tener pensamientos con mentiras, así como verdades con significados y significantes especiales que le dan sentido al ser. Los problemas surgen también con la originalidad del pensamiento que quiere construir o descubrir otra verdad. La emoción, el afecto del hombre, ataca esas construcciones y originalidades porque prefiere pasarlas por alto, pues además le es más fácil no pensar, sino ver, percibir y actuar. Comúnmente los creadores de pensamientos producen heridas muy dolorosas al narcisismo, al amor propio, y más cuando “el sujeto impotente para aceptar y pensar tiene que confesar que no entiende y no sabe”.

Una manera de entender los orígenes psicodinámicos de la mentira es estudiar cómo el sí-mismo (self) crea con sus proyecciones un espacio (pantalla proyectiva) necesario y defensivo para la conservación de su propia estructura (esto es también un intento de no reconocer el propio fracaso en el manejo de los instintos y el posible caos del mundo interno). El sí-mismo se expresa y emerge al exterior a través del lenguaje, cualquiera que éste sea. Encontramos, entre otros, el lenguaje del arte, el de los mitos y especialmente el del discurso escrito. Se dice que el papel soporta todo, pero que son los hechos los que al final hablan y dicen la verdad. Sin embargo, éstos trascienden con el tiempo en los escritos o en las obras que sintetizan las ideas, los conceptos y el conocimiento, los cuales son utilizados como fuentes de poder.

La necesidad del poder en la vida

Aquí también denotamos la necesidad del hombre en el deseo de poder, que se puede reducir al poder de vencer (o al menos igualar) al dios-padre. La respuesta de éste es el castigo: la confusión del conocimiento y la lengua, la castración, la muerte y la detención del tiempo para la subjetividad del hombre. Hay en la confusión una posible muerte por la osadía de la omnipotencia y la omnisciencia narcisistas.

Éstas originan en las figuras del padre y de la madre una herida narcisista, producida por el atrevimiento de aquellos deseos de poder en su contra.

El hombre necesita del poder para permanecer en la vida. Por eso el ser humano se defiende de la muerte mediante la negación de dicha condición. Si bien el hombre estudia para conocer y descubrir verdades, éstas son cambiantes.

Hay que tener en cuenta que la verdad no es una y que es poco lo que se puede llamar de esta manera (no así realidad externa e interna). Cada ser humano tiene su propia verdad, revestida de una y mil formas, sujeta a cambios y alteraciones. Lo importante no es encontrar una, sino todo lo que está a nuestro alcance, tanto por dentro como por fuera de nosotros mismos. Nos interesa encontrar la verdad del aquí-ahora, la verdad de que sí existe una vida y que al final de ella viene la muerte. Así, la postura ante esa realidad y verdad es, en suma, la aceptación de una y otra.

El temor a la verdad. El nirvana. Las máscaras

Sin duda alguna ha existido el temor a la verdad en todo ser humano y a través de todos los tiempos.

Ese temor se deja planteado en los mitos y en las leyendas, en los juegos de los niños, en las neurosis, en las psicosis y psicopatías, en los sueños y en el transcurso de los hechos cotidianos del hombre a través del tiempo. El ser humano se miente a sí mismo a cada momento para defenderse del temor a la muerte.

Esta última no se puede pensar, y si la pensamos nos produce angustia. En cambio, es posible fantasear la eternidad como un presente continuo. Podemos planear y Los mitos y el temor al conocimiento hasta representarnos en nuestra mente el tiempo, el mañana y el futuro, pero no nos es dado en realidad pensar qué es la muerte. El mismo arte y la creatividad han tratado (y tratan) de escaparse de esta situación. Por eso existe también toda una serie de recreaciones en que se disfraza este temor.

Los griegos, así como las distintas culturas orientales, africanas y precolombinas (toltecas, aztecas, mayas, tayronas, agustinianos, pijaos, calimas, tumacos, muiscas y quimbayas) fabricaron máscaras. Todos los pueblos construyen máscaras para ocultar la verdad, para adquirir el poder aun después de la muerte. Las máscaras precolombinas, y posiblemente también las de otras regiones, representan rostros idealizados (4). Esto lo observamos en las diferentes culturas a través del tiempo. Según Conrad Preuss, citado por Chaves (4), los sacerdotes koguis (mamas), en un tiempo mítico en que aparecieron, “después de crear al mundo y al hombre, se quitaron sus rostros para que los mortales pudieran llevarlos como máscaras y estar en esta forma en condiciones de poder efectuar las ceremonias importantes en relación con la conservación del orden original”.

La verdad es que vivimos en el ahora, y que en el después está el final, la muerte. Este hecho nos lleva a sentir y a percibir angustia.

El futuro es una expectación, una ilusión que alimentamos y una posibilidad incierta. Por eso la fantasía inconsciente manipula el tiempo, la realidad y la verdad de los hechos para no sentir o vivir la posibilidad de ese fin, de la nada y de la muerte. De ahí que los dioses (hechos por el hombre) sean inmortales, y que los mortales quieran ser dioses robándoles a éstos esa particularidad y desmintiendo la realidad en contra de esa verdad dolorosa. En consecuencia, llegamos a esa situación límite cuando sentimos la vida amenazada y en la espera de la nada.

Esto hace que se desmienta y se niegue el tiempo mediante la creación del concepto mítico del nirvana.

Esta noción de nirvana implica para algunos una intemporalidad y una placentera inmutabilidad, y para otros, un eterno presente. La fantasía del reino de los cielos se presenta como una expectación que ha de ser realizada en el futuro. Asimismo, el denominado juicio final del Nuevo Testamento implica la espera de un acabamiento, de un fin, pero con un veredicto sobre lo acontecido desde la creación hasta ese fin. Si nos preguntamos qué había antes de la creación y qué habrá después del juicio final, nos tocará o bien cambiar el tiempo concebido por el hombre por uno externo físico o bien entrar en el monocronismo. Entre la creación y el fin sí estaría el tiempo múltiple del ser humano.

En consecuencia, sus límites están determinados por el hombre mismo. Cuando decimos que llegamos a conclusiones en una discusión de postulados, nos ubicamos en un momento, en una pausa de ese proceso discursivo conceptual. Por eso los mismos pensamientos ubicados en un modelo nos delimitan, sin dejar nuestro arbitrio al continuo cambio y movimiento en que nos situamos cuando recorremos los números. Cuando ponemos nuestra atención en un número, éste se nos fija temporalmente en la conciencia. El continuo moverse de un número a otros nos lleva a una desubicación y confusión. El movimiento puede ser progresivo o regresivo si se le pone respectivamente el valor más (+) o el menos (-). En ambos casos llegamos al concepto de que antes y después (creación y fin) está la eternidad. Hay quien se refiere a que el tiempo y el espacio están llenos de objetos y objetivos, “que no tienen valor sino en razón de sus efectos y en sus efectos” (5).

Un recurso empleado por el hombre para escapar a su angustia y confusión en el origen y el fin es la concepción de unidad de contrarios: el todo y la nada, el tiempo y el espacio, lo activo y lo pasivo, lo masculino y lo femenino. En una palabra, en cambio de dos (uno y otro diferente) se encuentra una unidad en la que el uno se fusiona con el todo. En la fantasía son igualmente posibles nada y todo: así se llega al ucronismo, a la utopía, a la inmortalidad omnipotente y omnisapiente que se encuentra en ese concepto del todo y de Dios.

Bibliografía

1. Freud S. Dos mentiras infantiles. s. l., En: Obras Completas. Madrid: Biblioteca Nueva. Tomo V, Cap. LXXII, 1735; 1913.        [ Links ]

2. Freud S. Falsos reconocimientos de relatos en el tratamiento psicoanalítico.En: Obras Completas. Madrid: Biblioteca Nueva. Tomo V, Cap. LXII, 1679; 1913.        [ Links ]

3. Bion W. Atención e interpretación. Buenos Aires: Paidós; 1974.        [ Links ]

4. Chaves Mendoza A. Máscara precolombina. Bogotá: Zazacuavi; 1977.        [ Links ]

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