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Ideas y Valores

versión impresa ISSN 0120-0062

Ideas y Valores vol.64 no.158 Bogotá may./ago. 2015

http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v64n158.51094 

http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v64n158.51094.

Noica, Constantin. Seis enfermedades del espíritu contemporáneo. Trad. Vasilica Cotofleac. Barcelona: Herder, 2009. 211 pp.

El libro fue publicado en 1997, pero solo fue traducido al español en el año 2009. Tratándose de un autor ruma-no, educado en Francia y en Alemania, pero que, a diferencia de sus coterráneos Mircea Eliade, Emil Cioran o Eugen Ionescu, decidió permanecer en su país durante el régimen comunista y escribir en rumano, sus obras han sido hasta hoy muy poco conocidas. En realidad, creo que esta es la primera obra suya que ha sido traducida al español.

El título del libro puede prestarse a un malentendido. Porque no se trata, como pudiera creerse, de un diagnóstico pesimista sobre el mundo moderno, para ofrecer un recuento de sus debilidades; sino de algo muy diferente. Las así llamadas "enfermedades", por no ser dolencias del cuerpo ni de la psiquis, sino del "espíritu", cuya raíz se halla en el mismo ser, si bien manifiestan desajustes, sesgos o desequilibrios, son a la vez grandes impulsoras tanto de las personas como de los pueblos. Como lo señala en el capítulo final:

[...] no se trata de elegir entre la verdad y su búsqueda, entre el ser y el devenir, sino que la verdad misma es una búsqueda continua, así como el ser es para el hombre un estímulo de modelación y creatividad, y que semejante creatividad marca la medida plena, y en cualquier caso histórica, del hombre. (190)

Yo diría que el libro debe ser leído, más bien, como un verdadero divertimentto, es decir, como una pieza musical en la que el autor, libre de las rigideces de una gran obra, deja que su espíritu se explaye con entera libertad. Esto, en filosofía, tiene un gran mérito, cuando el autor ha logrado alcanzar una sólida y serena sabiduría. El resultado es un texto rico en sugerencias, que amplía los horizontes y alimenta la reflexión.

Noica lleva a cabo una interesante reflexión à la hégélienne, tomando como punto de referencia tres conceptos lógicos básicos, a saber, lo individual, la determinación y lo general, que, traducidos a los conceptos de la lógica hegeliana, vienen a ser lo singular, lo particular y lo universal. Con ellos elabora tres formas de enfermedad, en cada una de las cuales hace falta uno de esos elementos. Utilizando términos griegos, las denomina así: todetía (tode ti = esto aquí) es la carencia de lo singular o individual, horetía (horos = determinación) es la carencia de determinación, y catholía (catholos = lo general o universal) es la carencia de lo universalidad. Las otras tres enfermedades corresponden, ya no a la carencia, sino a la respectiva negación de cada una de esas determinaciones: Atodetía es la negación de lo singular, ahoretia la negación de lo particular y acatholía la negación de lo universal.

Jugando con esos términos, Noica nos muestra cómo, gracias a ellos, podemos comprender no solo ciertas características de personajes tanto reales como de la literatura, sino también de culturas y pueblos, así como de sistemas de pensamiento. El juego, que Noica maneja con habilidad e inteligencia, consiste en mostrar cómo esas características y esas diferencias, gracias a esos conceptos, tienen una forma de ser comprendidas lógicamente. Esto permite ver que se trata de verdaderas tensiones de carácter conceptual, cuyos efectos pueden ser tanto positivos como negativos. Como todo buen juego, sus reglas son simples, pero dan lugar a muy ricas y variadas combinaciones.

Noica no pretende imponerle a la realidad esquemas lógicos preconcebidos, sino utilizar un simple y claro aparato lógico, para tratar de descubrir ciertos aspectos lógicos que permiten comprender mejor las realidades humanas. El valor de ese aparato deberá medirse por su capacidad de esclarecimiento.

Como se trata de una obra sin grandes pretensiones sistemáticas, y que no se propone sustentar tesis particularmente controversiales, sino arrojar alguna luz sobre los seres humanos y sobre sus configuraciones culturales, no voy a pretender resumirla. Más vale, como en el caso de un hermoso divertimentto, invitar al lector a "escucharlo", a dejarse llevar por la agradable prosa del autor, tal como se refleja en una traducción que bien podemos calificar de excelente.

Tiene el escrito un toque muy personal, cuando, al examinar la "enfermedad de la ahoretía", es decir, la inclinación a rechazar las determinaciones, el autor elabora una "ficha clínica", en la que nos presenta su propia "dolencia". La ficha comienza así: "El paciente declara que leyó a Kant a los 18 años, y que se sintió conquistado, de por vida, por el pensamiento especulativo" (125).

Aunque no resumiré las diversas enfermedades y sus manifestaciones, voy a ceder, sin embargo, a la tentación de transcribir un párrafo, a modo de "degustación" para el eventual lector, donde se trasluce el estilo de escritura de nuestro autor rumano. Refiriéndose a la acatholía, es decir, al rechazo de lo universal y de lo abstracto, cita una fórmula del pensamiento chino: "Quien pierde el Tao se queda con la virtud; quien pierde la virtud se queda con el amor a los hombres; quien pierde el amor a los hombres se queda con la justicia; quien pierde la justicia se queda con la cortesía".

Fórmula que Noica comenta así:

Ni hablar del Tao, de algún universal último, en el hombre de la acatholía, mientras esto es precisamente lo que él repudia; tampoco le queda la virtud plena, porque esta también debería fundamentarse en alguna concepción ética. Podría quedarle el amor a los hombres, pero este descansa en un orden del corazón, aún universal, en un ordo amoris, y este paciente no acepta lo universal, ni siquiera bajo la especie de algún simple orden preexistente. ¿Le queda la justicia, entonces? Pero -así como se refleja en el derecho inglés-, esta solo puede ser para él una práctica correcta y consagrada por la tradición, una justicia consuetudinaria, apoyada en casos, en vez de en principios. ¿Qué hay que hacer, entonces, para que el mundo, esto es, la sociedad, permanezca? Invocar el respeto del hombre por el hombre, la dignidad personal e interpersonal, el fair play, la civilización, la cortesía. (181)

En el capítulo final, luego de unas consideraciones acerca del espíritu rumano, elabora una interesante exposición sobre "las vicisitudes de lo universal en la cultura europea" (207), apoyado en referencias gramaticales. En pocas palabras: mientras que la Edad Media expresaba lo universal mediante sustantivos, el Renacimiento lo hará con adjetivos; el clasicismo francés del siglo XVII lo expresará mediante adverbios, proceso que el siglo XVIII llevará a su máximo refinamiento; con el siglo XIX aparece la forma comparativa, que ignora lo que es bueno o malo, pero sabe muy bien lo que es mejor. La versión americana, dice Noica, "sabe, de forma asombrosa, qué significa muy bien y muy bueno" (209).

Sin ningún tono "apocalíptico", Noica nos invita a reflexionar sobre las posibilidades y los peligros de nuestro momento cultural, sobre todo el europeo. Siguiendo la reflexión "gramatical", nos dice que el espíritu rumano tiene algo que aportar a este mundo, y es precisamente lo que se revela en la proposición, muy peculiar de su idioma, intru. De esta nos dice la traductora en la Introducción que, a diferencia de in (en), "tiene un sentido mucho más matizado, indicando la ubicación espacial en por dependencia de / asociación con, tendencia hacia, para (la dirección, la intención, el propósito), o concentrando todos esos significados" (16). Por eso, si todo lo que ocurre lo hace en algo, con algo, hacia o para algo¸ entonces, con la proposición intru, que las abarca a todas y las hace posibles, "el espíritu rumano podría bajar lo universal al mundo de esa categoría gramatical, Ya que, ¿intru qué son todos estos grandes logros de la civilización y del hombre contemporáneo?" (210).

Solo una pequeña anotación acerca de la traducción: la traductora ha utilizado, con todo derecho, el término "general" en lugar de "universal"; solo que esto lleva a unas pocas formulaciones que en español resultan extrañas, como cuando, refiriéndose a la divinidad del hinduismo (Brahma), leemos: "Tal vez su general sea tan vasto..."; expresión que hubiera sido mejor traducir: "Tal vez su universal sea tan vasto...". Y hay un par de casos semejantes a este. En la trascripción del comentario a la formulación del Tao, me he tomado la libertad de realizar ese cambio.

Considero un deber felicitar no solamente a la traductora, Vasilica Cotofleac, sino también a la Editorial Herder y al Institutul Cultural Român, por dar a conocer en español a un autor que, por amor a su tierra y a su pueblo, asumió el riesgo de que su obra no obtuviera todo el reconocimiento que se merece.

JORGE AURELIO DÍAZ
Universidad Nacional de Colombia - Bogotá - Colombia
jadiaza37@gmail.com