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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.46 no.2 Bogotá July/Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v46n2.78215 

Artículos dossier

Los apaches sudamericanos: conexiones atlánticas y policía de costumbres a comienzos del siglo XX*

South American Apaches: Atlantic Connections and Morality Police in the Early Twentieth Century

Os apaches sul-americanos: conexões atlânticas e polícia de costumes no início do século XX

CRISTIANA SCHETTINI**  , DIEGO GALEANO*** 

**Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Instituto de Altos Estudios Sociales - Universidad Nacional de San Martín Buenos Aires, Argentina, crischettini@gmail.com

***Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro Río de Janeiro, Brasil, dgaleano@puc-rio.br

RESUMEN

Este artículo analiza la circulación atlántica de apaches en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Explora dos dimensiones de los desplazamientos territoriales y semánticos de este moderno tipo de delincuente francés: los viajes de apaches parisinos hacia América del Sur y los significados específicos que el personaje adquirió al llegar a estas costas. Asociado a formas delictivas resultantes de las inmigraciones masivas, como los ladrones viajeros y los proxenetas internacionales, el apache fue objeto de una campaña de policía de costumbres alrededor de 1912 en Buenos Aires y en Río de Janeiro. Reinventado en los circuitos culturales atlánticos, terminó por ocupar un lugar central en las prácticas de vigilancia y cooperación entre ambas policías.

Palabras-clave: apaches; extranjeros; proxenetas; Atlántico; Buenos Aires; inmigración; policía; Río de Janeiro

ABSTRACT

The article analyzes the Atlantic circulation of apaches in the years preceding World War I. It explores two dimensions of the territorial and semantic displacements of this modern type of French criminal: the trips of Parisian apaches to South America and the specific meanings the figure acquired upon arrival to this side of the Atlantic. Associated with forms of crime resulting from massive immigration flows, such as traveling thieves and international pimps, the French criminal was the object of a morality police campaign in Buenos Aires and Río de Janeiro around 1912. Reinvented in the Atlantic cultural circuits, the French criminal ended up holding a central position in surveillance and cooperation practices between the two police forces.

Key words: apaches; foreigners; pimps; Atlantic; Buenos Aires; immigration; police; Río de Janeiro

RESUMO

Este artigo analisa a circulação atlântica de apaches nos anos anteriores à Primeira Guerra Mundial. Explora duas dimensões dos deslocamentos territoriais e semânticos desse moderno tipo de delinquente francês: as viagens de apaches parisienses para a América do Sul e os significados específicos que essa figura adquiriu ao chegar a essas costas. Associado a formas delitivas resultantes das imigrações massivas, como os ladrões viajantes e os proxenetas internacionais, o delinquente francês foi objeto de uma campanha de polícia de costumes ao redor de 1912 em Buenos Aires e no Rio de Janeiro. Reinventado nos circuitos culturas atlânticos, terminou por ocupar um lugar central nas práticas de vigilância e cooperação entre ambas as polícias.

Palavras-Chave: apaches; estrangeiros; proxenetas; Atlântico; Buenos Aires; imigração; polícia; Rio de Janeiro

Introducción

El 20 de mayo de 1913, uno de los principales diarios de Río de Janeiro publicó una crónica sensacionalista sobre los apaches, ladrones y cáftenes (proxenetas) que pasaban por la entonces Capital Federal de Brasil "a bordo de los grandes transatlánticos"1. A primera vista, la noticia no debía sorprender mucho a los lectores del Correio da Manhã. Desde comienzos de ese año venían siguiendo una serie de notas similares: todas hablaban de los desafíos de vigilancia portuaria que tenía la Policía Marítima ante la insistente llegada de delincuentes expulsados de Buenos Aires en barcos que hacían escala en Río de Janeiro y otros puertos brasileños. Aun en los casos de deportaciones con destino a Europa, el posible desembarco clandestino en Brasil era narrado, una y otra vez, como una amenaza. 2

Además de conocer este peligro, los lectores estaban familiarizados con la palabra apache. Sabían que no se refería a los indígenas norteamericanos, sino a un moderno y cosmopolita tipo de delincuente francés. Desde al menos 1902, la sección de telegramas de la prensa sudamericana publicaba notas sobre los desafíos que estas bandas de jóvenes delincuentes representaban para el célebre jefe de policía parisino Louis Lépine. En los años siguientes, tanto el público carioca como el porteño se habituó a la presencia de la figura del apache francés, en su estereotipo de un joven con boina en la cabeza, pañuelo en el cuello y navaja en la mano, consagrado por las tapas del archi-popular suplemento ilustrado de Le Petit Journal y presente, más tarde, en las imágenes de magazines argentinos (Caras y Caretas, Fray Mocho, Sherlock Holmes) y brasileños (O Malho, Fon-Fon, Careta). Ese personaje central en la cultura impresa y la escena teatral del 1900 terminó siendo protagonista de un estilo de baile -la "danza apache"- rápidamente anunciado en los cafés conciertos y teatros de América del Sur.

Historiadores como Michelle Perrot y Dominique Kalifa destacaron la pregnancia cultural del apache en la París de comienzos de siglo. 3 El fenómeno del apachismo, que tuvo su momento más álgido en torno de 1907, hizo una contribución significativa al imaginario urbano de una capital a la vez tenebrosa y seductora, en la que delito y sexualidad, peligro y erotismo, saturaban de significados a ciertas calles, barrios y cabarés. Los bajos fondos parisinos del tiempo de Lépine también eran familiares para los lectores sudamericanos. En medio de un viaje a Francia, el inspector de la Policía Marítima de Río de Janeiro le contaba por carta a su jefe las impresiones de una visita que incluyó un tour por la Prefectura de Policía, la protocolar entrevista con Lépine y un recorrido por Montmartre, donde los extranjeros más animosos se aventuraban a "conocer la vida de los apaches". El inspector los describía como jóvenes franceses de 16 a 22 años "que brotan por decenas en todos los rincones de París y que en el [cabaré] Caveau des Innocents, a los ojos de la policía, aparecen profiriendo amenazas con una amante bajo el brazo"4.

Cuando los apaches habían consolidado su lugar destacado en la primera plana del Correio da Manhã, ya no eran ni meros personajes teatrales, ni míticos protagonistas de la escena criminal parisina, sino delincuentes muy reales, de carne y hueso, que no paraban de desembarcar en los buques provenientes de Buenos Aires. A comienzos de la década de 1910, muchas de las crónicas brasileñas mezclaban informaciones sobre una diáspora de apaches franceses que, huyendo de la represión parisina, habían recalado en ciudades como Barcelona, Lisboa y Nueva York, con otras referencias al "apache argentino", nombre de un tango compuesto ese año en Buenos Aires. Vista desde Brasil, la afrancesada capital argentina no solo emulaba a París por sus bulevares y cafés, sino también por la irradiación de una cultura prostibularia, por sus propios delincuentes modernos y por la constante amenaza de exportación de "indeseables" a otras ciudades del Atlántico sudamericano. 5

En las crónicas policiales brasileñas, el uso del adjetivo "argentino" no indicaba necesariamente una atribución de nacionalidad, sino un gesto que ponía de relieve la procedencia: se trataba de hombres expulsados de Argentina por su condición de extranjeros indeseables. Tratados de apaches, ladrones y proxenetas, destacados cada vez más por su exotismo, encanto y poder de seducción, eran narrados como un colectivo con lazos secretos entre sus miembros, como una "cuadrilla" o "cáfila" itinerante que podía expandirse y contaminar cualquier ciudad. ¿Quiénes eran estos hombres de identidad incierta, provenientes de Buenos Aires y asociados a diferentes comportamientos reprobables, como robar, atacar y explorar mujeres? ¿Cómo habían ido a parar a la Argentina y en qué circunstancias se veían forzados a abandonar ese país?

Este artículo toma los relatos sobre los apaches como hilo conductor para examinar las conexiones atlánticas entre los mundos delictivos y policiales de América del Sur. Para eso, primero sigue el derrotero de las noticias del desembarque de apaches franceses en las costas de Brasil y del Río de la Plata desde 1907 hasta 1912, cuando la Policía de Buenos Aires buscó emplear la ley de expulsión de extranjeros contra ellos. La segunda parte se adentra en la ola de deportaciones iniciada ese año y se detiene en sus efectos más allá de Buenos Aires. En particular, se enfoca en su cruce con una campaña contra la "trata de blancas" en Río de Janeiro, en la red de colaboraciones policiales que movilizó y en la ampliación del campo semántico del apachismo sudamericano, que ganó nuevos sentidos a partir de su acercamiento a la figura del proxeneta.

La ampliación de la vigilancia del espacio atlántico sudamericano fue un proceso enmarañado que involucró estrechas negociaciones y conflictos entre las autoridades para construir un campo de actuación contra extranjeros moralmente indeseables. Para comprenderlo es preciso analizar la interacción entre distintos vectores: la policía, la prensa gráfica, el teatro, la música y la propia experiencia migratoria. La indagación de los usos contemporáneos de la noción de apache, de sus sentidos contextuales y cambiantes, conduce a zonas grises en las que la inmigración se cruzaba con disputas de significado sobre la masculinidad, la juventud y la sexualidad.

Al enhebrar estas cuestiones sobre el fenómeno del apachismo en torno a esa coyuntura de los años 1910, este trabajo se propone rastrear sus desplazamientos semánticos para iluminar el complejo vínculo entre imaginarios urbanos del delito, migraciones atlánticas y vigilancias policiales. El argumento de fondo plantea un diálogo con la cada vez más pujante historia de la policía, el delito y los márgenes de la ley en América Latina. 6

Se trata de aproximar la historia cultural de las narrativas del delito -con su énfasis en el periodismo y la literatura policial, el imaginario urbano y las apropiaciones profanas de los saberes científicos- a la historia social de las prácticas ilegales, de la vigilancia policial y de la acción de la justicia penal. La figura del apache es inseparable de los mercados de entretenimiento y de la circulación internacional de formatos y personajes exitosos. Cautivaba a cronistas y lectores, suscitaba ficciones sobre la violencia y la sexualidad, provocaba temores, sonrisas y suspiros. Los lugares comunes y los estereotipos viajaban por la policía, los diarios, la literatura y los escenarios, para luego convertirse en detenciones, expulsiones y vigilancias que, a su vez, alimentaban nuevas crónicas en las páginas de la prensa y nuevas performances culturales.

"Algunos salen de París llorando"

A comienzos del siglo XX el fenómeno del apachismo francés recorrió las ciudades del mundo atlántico. Al otro lado de los Pirineos proliferaron noticias sobre apaches que, debido a la represión parisina encabezada por el prefecto Lépine, invadían las calles de Madrid, Barcelona y Bilbao. Se los veía en los diarios y en las revistas ilustradas de España, con los torsos desnudos y los tatuajes expuestos ante la cámara policial, en crónicas que exponían también los rostros de las mujeres de los apaches. En septiembre de 1904, la revista española Museo Criminal informaba a sus lectores sobre la llegada de un agente policial francés a Barcelona "mandado para exterminar a los apaches emigrados de la vecina república", mientras que un telegrama de París hablaba de una "verdadera banda de apaches" instalada en Nueva York. 7

América del Sur no tardó en entrar en el mapa del "apachismo internacional". A fines de 1907, los diarios de Río de Janeiro contaban que la policía carioca había detenido un par de apaches franceses. "Dos legítimos y auténticos ejemplares" acusados de más de cinco ataques en un boulevard parisino, observaba el cronista de la Gazeta de Notícias. El jefe de policía recibió de Francia la información sobre el embarque de estos apaches en el puerto de Marsella, en un navío con destino a Buenos Aires. Al llegar a la capital argentina, la policía porteña impidió su descenso, los despachó a bordo del vapor Santos y mandó un telegrama a la Policía de Río de Janeiro, ciudad en la que el barco tenía prevista una escala. La jefatura encargó a la Policía Marítima la tarea de inspeccionar a bordo ni bien el Santos llegara al puerto, pero después de recorrer cada rincón del buque y de mirar rostro por rostro no se encontró nada parecido a un apache. Días más tarde, un agente policial se topó con ellos en una agencia de lotería del centro, reconociéndolos por "su porte, su fisonomía, su aire de extranjeros y, sobre todo, su extraordinaria vivacidad en la mirada".8

Esta crónica, al igual que otros relatos en los años siguientes, trataba a los apaches como bandidos y ladrones franceses que huían de la persecución policial en su país natal. Su característica distintiva era el accionar violento. Por eso, otros diarios los comparaban con los gravateiros, un estereotipo de la fauna delictiva brasileña que robaba a sus víctimas en ataques nocturnos, tomándolas por sorpresa y ahorcándolas con la corbata (gravata). Este término apareció a fines del siglo xix y su uso se generalizó a comienzos del siglo XX entre periodistas y policías. El semanario humorístico Fon-Fon ironizaba en 1908 sobre el nivel de civilización que había alcanzado Río de Janeiro con crímenes casi todos los días: "solo nos falta tener apaches", acotaba, aunque ya existía algo semejante "con el sugestivo nombre de gravateiros".9

Un año más tarde se abrió una polémica entre dos diarios de Río de Janeiro acerca de la pertinencia de esta comparación. La querella tuvo inicio en un editorial que, desde la tapa de la Gazeta de Notícias, contenía una furibunda crítica a la Policía de Investigaciones, a sus ojos incapaz de frenar la "infección de verdaderos apaches" en las calles centrales de la ciudad, que asaltaban "ciudadanos pacatos pasándoles la hedionda y salvaje corbata".10 Al día siguiente, el diario A Notícia publicó una pequeña columna acusando a sus colegas de sensacionalismo con la historia de los "fantásticos apaches", aparecidos en Brasil como por arte de magia. La saga de réplicas y contrarréplicas que siguió mostraba una disputa por la explicación de los asaltos violentos como un fenómeno endémico, propio de ladrones domésticos, o como la irrupción de una criminalidad internacionalizada que conectaba a Río de Janeiro con París y Buenos Aires. 11

La atribución de delitos a los apaches estaba también presente en los periódicos argentinos de esos años. En agosto de 1911, cerca de tres mil vecinos de Buenos Aires, provenientes, según el diario La Prensa, de los "mejores círculos sociales", firmaron una carta dirigida al presidente de la república para exigir la urgente represión de los apaches emigrados a la Argentina. Había pasado un año desde las fastuosas celebraciones del primer Centenario. En la carta, los vecinos opinaban que la visibilidad del país tras esas grandes celebraciones, junto con la exposición internacional de sus riquezas y prosperidad, habían "despertado apetitos desordenados entre los vividores de la vieja Europa". Entre ellos se destacaba la llegada de "hordas de apaches" de París. Los vecinos no necesitaban explicar al presidente qué eran los apaches: su popularidad, decían, era "universal". Reprimidos con fuerza por el gobierno francés, habrían migrado a la Argentina, donde se los veía "en los teatros, en los hipódromos, en los pseudo-clubes sociales". Consumidores de las noticias internacionales sobre los crímenes de los apaches, los vecinos de Buenos Aires pedían una "ley ejemplar" que impidiera la llegada de estos sujetos y, en lo posible, expulsar a los que ya habían entrado. 12

Sin menospreciar los factores de atracción vinculados a la prosperidad del país, en una nota sobre esta misma carta el diario La Nación se inclinaba por destacar los motivos que habían llevado a los apaches a abandonar Francia, por la "fuerza de la guerra sin cuartel que le hace la policía de París". Según el cronista, antes de Buenos Aires habían pasado por Londres, pero la Metropolitan Police no los dejó en paz y prefirieron migrar a América del Sur. 13 Algunas noticias periodísticas daban cuenta de esa ruta entre Inglaterra y Argentina. En septiembre de 1911, por ejemplo, la policía portuaria supo por un cónsul que a bordo del vapor inglés Highland Lady viajaban rumbo a Buenos Aires dos apaches franceses, acompañados por sus respectivas mujeres. Un empleado de la Policía de Investigaciones subió al barco recién llegado al puerto y los detuvo en la primera clase. 14

En esos meses apareció en Buenos Aires un nuevo semanario ilustrado de temática policial llamado Sherlock Holmes. Desde sus primeros números, esta revista le dedicó a la cuestión varias crónicas y tapas, mostrando la bravura de los apaches y, al mismo tiempo, la perplejidad de la policía ante la llegada de estos delincuentes modernos. En sus crónicas se notaban, sin embargo, algunos desplazamientos en el imaginario del apache: la navaja alternaba con el revólver como símbolo del uso de violencia y los ataques nocturnos convivían cada vez más con asaltos "en plena luz del día". Así sucedió con la narración de un misterioso atentado a la Caja de Conversión -que Sherlock Holmes atribuyó a "apaches importados"- y otro a una agencia de lotería del centro de la ciudad. 15

Durante sus años de existencia, entre 1911 y 1913, la revista usó la denominación de apachismo para referirse a un proceso de importación de delincuentes franceses, en línea con los "vecinos" porteños. Recalcar la extranjería del fenómeno era parte de una estrategia policial con objetivos bastante precisos: lo que se buscaba era presionar al gobierno argentino para que ampliara los usos de la ley de expulsión de extranjeros, más conocida como Ley de Residencia, vigente desde 1902, hasta entonces enfocada en la deportación de anarquistas, aunque cada vez más dirigida a otros perfiles de indeseables.16 Un redactor del semanario aseguraba que Buenos Aires se había convertido en un "paraíso de apaches", que la policía tenía fichados alrededor de mil ejemplares "expulsados de todas las naciones de Europa", muchas veces dificultados de desembarcar en Brasil, y que habían obtenido "la famosa carta de ciudadanía que los pone al cubierto de las disposiciones de la Ley de Residencia".17

En 1912, el tema ganó una dimensión inédita. En mayo de ese año, el célebre cronista Juan José de Soiza Reilly publicó un extenso reportaje sobre los apaches en la revista ilustrada Fray Mocho. Después de explicar la génesis y la fama de los apaches de París, Soiza Reilly se refería a su migración a Marruecos y Argelia y afirmaba "algunos salen de París llorando".18 Además de resumir una breve historia del fenómeno de los apaches, desde su nacimiento hasta su proceso de diseminación mundial, el cronista argentino narraba una recorrida por la "Buenos Aires tenebrosa", acompañado de un comisario de la Policía de Investigaciones. De acuerdo con esta versión, los apaches se habían instalado en una zona muy precisa de la ciudad. El cronista daba coordenadas sobre las cuatro calles que la delimitaban: Lavalle, Suipacha, Cerrito y Corrientes. Se trataba de un área céntrica, equidistante de la Plaza de Mayo y del Congreso, zona repleta de bares, cafés y prostíbulos, que la revista Fray Mocho exhibía ilustrando la crónica de Soiza Reilly con una serie de fotografías en las que actores disfrazados de apaches posaban en esos espacios de sociabilidad, conversando, bebiendo alcohol, jugando al billar y a los naipes.

Fuente: “Buenos Aires tenebroso: los apaches”, Fray Mocho 3 [Buenos Aires] may. 17, 1912.

Figura 1 "Buenos Aires tenebroso: los apaches". 

Un año después de la campaña de los vecinos y tras meses de sensacionalismo en las crónicas periodísticas, la Policía de Buenos Aires comenzó a deportar a estos supuestos apaches franceses. Era una conquista del jefe de policía Luis Dellepiane, quien venía reclamando al gobierno respuestas urgentes contra la "invasión de la inmoralidad que nos llega del extranjero", según se leía en una triunfal nota de Sherlock Holmes. Al fin y al cabo, a la revista se le debía mucho del escándalo generado alrededor de los apaches. Los tenebrosos candidatos a la deportación, ahora "prontuariados" con su debida ficha de identificación en la División de Investigaciones, habían sido antes "biografiados en esta revista con el propósito de estimular a los poderes públicos a medida protectoras de la moralidad".19

Eloy Udabe, el jefe que días después, el 15 de noviembre de 1912, asumiría el lugar de Dellepiane, le envió una carta al ministro del Interior sin tanto triunfalismo. Udabe se quejaba de la superpoblación de presos en los calabozos policiales, que, gracias a las campañas de su antecesor, estaban atiborrados de "ladrones conocidos, los clasificados apaches y los de dudosa moralidad".20 "Clasificados apaches", "dudosa moralidad": expresiones reveladoras que no remetían a delitos concretos, sino al maleable lenguaje del modus operandi de la policía de costumbres en territorio urbano. La iniciativa de Dellepiane para ampliar la esfera de vigilancia y represión, apelando a una categoría forjada en los circuitos de noticias y de repertorios culturales heterogéneos, había producido numerosos efectos.

Durante dos meses, entre septiembre de 1912 y el final de su jefatura, agentes secretos de la Policía de Investigaciones hicieron recorridos nocturnos por esos mismos bares y cafés mostrados en la crónica de Soiza Reilly. Estimaciones de la prensa calculaban, para el mes de septiembre, cerca de 800 detenciones como resultado de esas razzias, la mayoría franceses "sospechados de malos antecedentes". Todos quedaron presos en la División de Investigaciones, donde se les abrió un prontuario individual. De los 800, muchos salieron en libertad por ausencia de antecedentes y por presentar certificados de "buena conducta" que consiguieron en casas de comercio. Otros permanecieron algunos días en un espacio de encierro conocido como Depósito de Contraventores. Al menos 36 de estos detenidos tenían condena judicial en el exterior. Por ese motivo pudieron entrar en la categoría de "apaches peligrosos" y fueron contemplados por la Ley de Residencia. 21 En medio de esta campaña, Sherlock Holmes ofreció a sus lectores un agrio fotorreportaje de los apaches siendo embarcados en el puerto de Buenos Aires. El texto, de inclemente dureza con los expulsados, cuestionaba cualquier "falsa piedad social que, a título de un humanitarismo alambicado, oponga barreras de prejuicios a las justas satisfacciones de la ley coercitiva".22 En ese mismo tono, cada fotografía era acompañada por un comentario chacotero cargado de porteñísimo vocabulario lunfardo: "¿Qué tenés vergüenza? ¡El que se tapa la cara descubre malas intenciones!", "Otro que le tiene tirria al objetivo, ¡pobre inocente!", glosaba una imagen en la que el deportado se cubría el rostro para no ser captado por la cámara, mientras era escoltado por policías armados. "¡Groseros! ¡Salvajes! ¡Rastacueros! ¡Ni changador le dan a uno para que lleve la lingerie!", se leía al pie de la foto de un deportado que cargaba sus pertenencias en una bolsa al hombro. Y así se despedía a los apaches a bordo de las lanchas que los llevarían hasta el transatlántico: "En viaje de recreo, ¡dichoso aquel que tiene su casa a flote!", "¡Adiós, Buenos Aires, que te quedás sin gente! ¡Que seas feliz con tus taparrabos!".

Fuente: “Deportación de apaches”, Sherlock Holmes 71 (1912): 32-33.

Figura 2 “Deportación de apaches”. 

El impacto de esta campaña moralizadora y de las deportaciones que habilitó es visible en un cuadro estadístico producido por la policía porteña, con el registro de las expulsiones de extranjeros entre 1902 y 1914. Si los italianos y españoles eran protagonistas indiscutidos de olas de expulsiones ocurridas en momentos de intensa conflictividad obrera durante la primera década del siglo XX, en torno de la "semana roja" de 1909 los rusos pasaron a encabezar la lista (sumando 40 del total de 112 expulsados ese año). Sospechosos de ser anarquistas o proxenetas judíos, esta primera persecución de contornos étnicos, ya analizada por José Moya,23 fue un antecedente de la masiva deportación de franceses en 1912. El sobresaliente número de 60 franceses expulsados, el más alto de una misma nacionalidad para todo el periodo, expresa en cifras el resultado de esta campaña.24

Las razzias, detenciones y expulsiones provocaron una verdadera fuga de los acusados de apachismo: "la mayoría de los que había conseguido eludir la acción de la autoridad, se ausentaron del país para las naciones vecinas, como Brasil, Uruguay y Paraguay, por lo que se dirigieron notas a la policía de esos países para que adopten las medidas que crean convenientes", se leía en una de las tantas crónicas que iban con listas de franceses expulsados.25 De hecho, existen indicios contundentes de esa suerte de diáspora entre las repúblicas sudamericanas. En la prensa del Uruguay hay pistas sobre la acción de la policía local, que permaneció en guardia durante varios días, por miedo a que los apaches desembarcaran en esa ciudad, y también usó el argumento del peligro de los deportados argentinos para hacer sus propias razzias.26

Lo mismo sucedía en Brasil: en noviembre de 1912, los diarios de Río de Janeiro avisaban que pasarían por el puerto de esa ciudad, a bordo del navío La Plata, dieciséis franceses expulsados de la Argentina. El barco llegó al puerto brasileño en la tarde del 2 de noviembre y continuaba viaje rumbo a Europa al día siguiente. Desde su llegada, la Policía Marítima hizo una inspección minuciosa en el barco y solo autorizó el desembarque de dos pasajeros de primera clase, lo que en la práctica era casi una "cuarentena" digna de enfermedades infectocontagiosas. Además de esta inspección, un grupo de agentes policiales pasó la noche a bordo del navío anclado en el puerto, para vigilar que ningún pasajero intentara bajarse.27

El semanario Fon-Fon, una vez más, convertía el tema de la llegada de "apaches franceses" procedentes de Buenos Aires en objeto de burla. Estaba muy mal que la policía carioca encarara esa "terrible campaña contra los apaches", impidiendo su desembarque en Brasil. "En vez de todas esas macabras individualidades de nuestra criminalidad sombría, tendríamos cosas más finas y más civilizadas", escribía el redactor, al pedir que los dejaran entrar al país, y concluía: "el carioca de hoy en día prefiere ser acuchillado, robado e inclusive asesinado por un apache íntegramente parisino... y tiene toda la razón".28

La danza de los apaches

La imprecisión en el campo semántico del apachismo, tan útil a Dellepiane para perseguir a extranjeros de proveniencia europea, estaba presente en aquella nota periodística del Correio da Manhã del 20 de mayo de 1913. Para referirse a los expulsados de Buenos Aires, el periodista carioca transitaba por categorías diversas: en el texto, la denominación apache coexistía con las de ladrones, cáftenes y canfinfleros. Hasta se evocaba a la Princesa de Borbón, "ladrón travesti" que en esos mismos años circulaba entre Buenos Aires y Río de Janeiro, burlando la deficiente vigilancia policial en los puertos y provocando gran interés entre los lectores.29 La mención de este caso a la par de los apaches funcionaba en un doble registro: mientras ponía en ridículo a la policía carioca, que ni siquiera podía identificar un supuesto ladrón vestido de mujer, también ampliaba el espectro de transgresiones morales que justificaban la demanda de un accionar coordinado entre ambas policías. Ya no eran solo delincuentes, sino sujetos de "moralidad dudosa", en la expresión del sucesor de Dellepiane.

A la luz de la historia contada en las páginas anteriores, el artículo del Correio da Manhã se vuelve más inteligible. En parte, se trata de un registro del impacto de la campaña de Dellepiane en Río de Janeiro. En el subtítulo del reportaje, el uso de las expresiones "esclavitud blanca" y canfinflero puede leerse como indicio de los intercambios culturales sudamericanos y, a la par, de los sentidos locales del accionar policial. Si apache era una palabra familiar entre los lectores brasileños, la noción de canfinflero -ampliamente usada en el lunfardo rioplatense- requería una mayor explicación del cronista, que ponía la definición en la voz de su informante, un agente policial: eran "individuos que explotan mujeres de modo diverso [al de los cáftenes], poniéndolas en puntos donde nunca aparecen. El dinero viene siempre por el correo".30

La versión que este policía carioca le ofrecía al periodista era reforzada en misivas enviadas por la jefatura argentina, alertando a las autoridades brasileñas sobre los deportados. Fotografías de apaches, cartas y telegramas eran piezas traficadas a la prensa desde el archivo policial: en efecto, desde 1912 la policía de Río de Janeiro venía recibiendo comunicaciones de Dellepiane sobre su campaña para "sanear el país de todo maleante extranjero", que incluía medidas "contra los que se dedican al rufianismo y especialmente con los denominados apaches, en su casi totalidad franceses".31

En octubre de 1912, la policía brasileña recibió varios telegramas de Buenos Aires anunciando el embarque de ciudadanos europeos expulsados. Estos cables generaron un verdadero revuelo sobre los apaches que venían de Argentina, tanto en las autoridades locales como en la prensa. El jefe de policía carioca alertaba a su par de San Pablo para que vigilara también el puerto de Santos. Desde Montevideo hasta las ciudades costeras brasileñas, día tras día, los agentes policiales se repartían entre los que buscaban evitar desembarques en los puertos y los que salían a cazar fugitivos en bares, comercios y burdeles.

Firmados por el propio Dellepiane, los telegramas indicaban el vapor en que partían los expulsados, sus nombres, su nacionalidad y el día de embarque. La mayoría llevaba la anotación manuscrita "providenciado", lo que significaba que había sido remitido al inspector de la Policía Marítima y al delegado auxiliar, autoridad que coordinaba las investigaciones en la ciudad. Entre cable y cable raramente pasaba más de un día, siguiendo el vertiginoso ritmo de la campaña policial de estos meses. Los días 10 y 11 de octubre llegaron dos telegramas consecutivos. El primero decía: "en vapor Pampa que sale mañana van expulsados para su país de origen los súbditos franceses Antonio Laffage, Alberto Lobier, Villar Neil, Ferdinand Luis Darouk, Eugenio Callon y Miguel Louis". Mientras que el segundo cable, enviado el mismo día en que el barco partió de Buenos Aires, agregaba: "en vapor Pampa, además de los sujetos mencionados en telegrama anterior, van también expulsados para su país de origen (Francia) los llamados José Sollari o Soulari y Nicolas Ambrosini, Saluda Atte. Luis Dellepiane".32

Días más tarde, el diario Correio da Manhã, bien informado sobre estos telegramas, envió un reportero a Río de Janeiro para cubrir en el puerto la llegada del Pampa, vapor de carga de la compañía francesa Messageries Maritimes que acomodaba pocos pasajeros. El delegado auxiliar Ferreira de Almeida tomó una lancha hasta el navío y fue recibido por el comandante, quien les mostró a los apaches que viajaban en segunda clase y que, desde el puerto de Santos, venían custodiados por un policía paulista. En presencia del periodista, el delegado auxiliar interrogó a uno de ellos, Villar Neil. Al preguntarle por el motivo de su expulsión, el francés respondió, insistiendo en su inocencia: "por una persecución estúpida del gran señor Dellepiane, que descubre en Buenos Aires cáftenes y apaches por todos lados, a semejanza de nuestra policía".33

Villar Neil era descrito por el periodista como un joven de 25 años, natural de Marsella, de estatura regular, barba y bigotes prolijamente afeitados, que manejaba con destreza el español y el italiano, además de su lengua natal. Sin embargo, al parecer no todos los expulsados eran franceses como afirmaba el telegrama de Dellepiane. Otro de los entrevistados, Darouk, resultaba ser un polaco de 36 años, mientras que el tal Alberto Lobier se transformaba en la crónica en el "argentino Alberto López", enfurecido con la arbitrariedad policial de su país. Otro había logrado eludir la vigilancia a bordo en Montevideo y se escapó. Los que llegaron a Río de Janeiro se negaron a que el fotógrafo del Correio da Manhã, que acompañaba al reportero, les sacara un retrato.

Fuente: Jornal do Brasil [Río de Janeiro] nov. 10, 1912: 10.

Figura 3 Los apaches en Río. 

Hacia fines de 1912, todos hablaban en Río de Janeiro de los apaches deportados. "¡Qué bonito! ¡Tenemos a la ciudad enamorada!", les decía un policía carioca a tres apaches apesadumbrados en una caricatura del Jornal do Brasil. Los telegramas de Dellepiane desataron también una especie de pánico moral sobre estos extranjeros difíciles de identificar, que desafiaban la vigilancia en los navíos y que, cuando menos se esperaba, aparecían caminando impunemente por la ciudad. La propia campaña del delegado auxiliar contra la "esclavitud blanca" en Río de Janeiro se alimentó del clima generado por la noticias y advertencias que llegaban de Buenos Aires. De hecho, comenzó en 1912, durante los meses de las deportaciones argentinas, y se extendió a lo largo de 1913, seguida de cerca por la prensa, que reforzaba la asociación entre el apachismo y el proxenetismo.34 En ambos países, la vigilancia de estas figuras moralmente indeseables ocurría en medio de intensos debates locales sobre la puesta en práctica de las leyes de expulsión, sus límites y alcances. En Argentina la posibilidad de utilizar este recurso para cuestiones de moralidad enfrentaba grandes obstáculos, como reclamaba el jefe Dellepiane en una carta al ministro del interior.35

En contraste, las autoridades brasileñas podían contar con la ley de expulsión de extranjeros, aprobada en 1907, para auxiliar sus campañas de policía de costumbres. En la documentación producida por estos procedimientos de expulsión, queda claro que el tránsito previo por Buenos Aires era considerado un elemento acusatorio que reforzaba la sospecha de lenocinio, delito tipificado en el código penal brasileño.36 El acto de explotar a una mujer como prostituta era disparador de numerosas expulsiones, decretadas por el gobierno tras un pedido de la policía. Entre los elementos que justificaban esa drástica medida contra el proxenetismo, haber pasado por Buenos Aires ocupaba un lugar central, junto con otras acciones que, sin constituir delitos, eran comprometedoras: andar con prostitutas, no tener trabajo fijo, ser un recién llegado o un inmigrante judío dedicado al comercio. Nada de eso conformaba prueba sólida para una condena judicial por lenocinio, pero era suficiente para lograr la expulsión de un extranjero. En este contexto, las figuras del "apache argentino" y del canfinflero adquirían sentidos específicos en Brasil, terminando por legitimar persecuciones, detenciones y posteriores expulsiones.

Por último, un tercer circuito internacional reforzó la asociación entre apaches y cáftenes: a la par de los relatos sobre la diáspora del apachismo, la figura del delincuente francés se consolidaba en distintos espacios de consumos culturales. La construcción literaria del "momento apache" involucró performances en el teatro de variedades, la música y el mercado de danzas de ritmos sincopados.37 En 1907, mientras el apachismo vivía su cénit en París, el Palace Theatre de Río de Janeiro anunciaba la opereta Claudine en Vadrouille, les apaches de Paris, en la que se prometían personajes de "gigolettes, apaches, agents, etc.".38 Su atracción principal era la famosa "danza de los apaches", cuya estética se hizo conocida en teatros, cafés conciertos y cinematógrafos de América del Sur antes que llegaran los "verdaderos apaches". El magazín Caras y Caretas publicaba en Buenos Aires unas vívidas ilustraciones de la dramática y popular danza:

Fuente: "El baile de los apaches", Caras y Caretas 528 (1908): 48.

Figura 4 "El baile de los apaches". 

La figura de la pareja conformada por el "asesino parisino" y su "compañera" estaba en vías de ser integrada en un recorrido atlántico de bailes, cuyos sentidos específicos eran negociados en los viajes. Las fotos intervenidas y retocadas de Caras y Caretas estetizaban la violencia del delincuente francés hacia su pareja: como se observa en la imagen, uno de los principales movimientos del baile consistía en inmovilizar a la mujer y arrastrarla de los pelos. La ilustración provenía de las imágenes francesas que divulgaban el baile y la música asociada a la famosa Mistinguett y el bailarín Max Dearly en el Moulin Rouge de París. De hecho, Mistinguett era famosa en Río de Janeiro como la "creadora de la danza de los apaches".39 Para aquellos que aún no habían podido presenciar la performance de la coreografía en los escenarios y cinematógrafos, Caras y Caretas la describía con estas palabras: "ambos dan vueltas simultáneamente con rapidez, las facciones contraídas; el mozo estrecha contra su pecho violentamente a la muchacha y la arroja al suelo".40 Las expresiones faciales y la brusquedad de los gestos eran fundamentales para alimentar fantasías que combinaban salvajismo, virilidad y civilización.

Fuente: Tapa de la partitura de la Valse Chaloupée o danza apache. The New York Public Library - Digital Collections. Disponible en: https://digitalcollections.nypl.org/items/a9092220-bb8b-0132-74d7-58d385a7bbdo.

Figura 5 La danza apache. 

La danza se sumaba a la circulación de bailes como el tango y el maxixe, que involucraban también un contacto físico intenso entre dos cuerpos y cuyas coreografías actuaban el deseo sexual en sus diversas facetas. Los bailes eran asociados a estilos y tradiciones locales de una forma deliberadamente estereotipada. El reconocimiento del carácter construido de estos estilos culturales se hacía evidente en las giras de las parejas de artistas que los ejecutaban por los escenarios atlánticos. En 1910, por ejemplo, el dueto de origen italiano Florence-Mechenine arribó a las principales ciudades sudamericanas con un repertorio que los presentaba como "los reyes del maxixe, del tango criollo y de la danza de los apaches".41 Las fronteras entre cada baile estaban lejos de ser rígidas.

Las dinámicas atlánticas que engendraron la danza apache como producto típicamente francés con significados de modernidad ayudan a entender el humor del semanario Fon-Fon frente al peligro del desembarque de los expulsados de la Argentina. "¿Ya tenemos apaches en Río?", le pregunta un carioca a otro en una caricatura: "¡Ojalá! -recibió como respuesta- ¿Y París este año no va a adoptar nuestro maxixe?".42 La performance, el ritmo y la coreografía expresaban sentidos naturalizados sobre un nosotros y un ellos. En otra burla, la gracia radicaba en explicitar este desplazamiento semántico, moviéndose de las pantallas y los escenarios al accionar policial contra ciertos perfiles de extranjeros. Así, ante la total falta de glamour por la prisión de un tal Pedro Gomes, campechano acusado de apachismo en noviembre de 1912, el semanario recomendaba a la policía: "vaya al cinematógrafo y vea lo qué es un apache".43 Quedaba claro que los sentidos atribuidos a proveniencias y pertenencias no eran autoevidentes, aunque la policía actuara como si lo fueran.

A esos significados de modernidad y civilización se le sumaban los de decadencia moral y explotación sexual. La estetización de la violencia contra la mujer y la asociación de la pareja del apache con el mundo de la prostitución alimentó la maleabilidad de los usos que las policías de cada ciudad hacían del personaje, transformándolo en razón para actuar contra ciertos grupos y perfiles de extranjeros. En las notas publicadas por la revista argentina P.B.T. sobre la campaña contra los apaches y las "esclavas blancas", en octubre de 1912, todos los elementos anteriores convergían en una asociación entre masculinidad e identidad étnica estereotipada, que ya ganaba fueros de verdad: si era "postulado de buen apachismo: pegarle a la mujer", el reportaje marcaba las diferencias entre el "apache polaco, calculador y comerciante", por un lado, y el "apache francés", bandido degenerado y potencial asesino.44 El procedimiento de expulsión solo podría usarse en el caso de los franceses, porque el "apache eslavo" actuaba siempre al cobijo de las leyes. La tipología presentada en el reportaje fotográfico de P.B.T. completaba así el ciclo de la identificación entre apache francés y "tratantes de blancas". En este registro, su seductora pareja devenía esclava, engañada y golpeada, mientras el proxeneta, convertido en apache francés, se transformaba en un sujeto expulsable.

Estas iniciativas policiales para coordinar medidas de expulsión y de impedimento de desembarques de apaches, primero asaltantes y después cáftenes, ocurrieron en medio de un creciente debate público sobre la necesidad de concertar esfuerzos internacionales de combate a la trata de mujeres. En 1912, William Coote, secretario general de la sociedad británica de combate a la inmoralidad pública, la National Vigilance Association, había visitado la región. Al año siguiente, una autoridad de la Asociación Judía de Protección a las Mujeres y Jóvenes, Samuel Cohen, también fue a Buenos Aires y a Río de Janeiro para identificar in loco los peligros morales a los que estaban expuestas sus mujeres.45 La comunidad judía empezaba a enfrentar los dilemas de involucrarse en la lucha contra la trata, corriendo el riesgo de volverse aún más identificados con esta práctica. En ese contexto, ambas visitas intensificaron la presión para que los países sudamericanos hicieran cambios legislativos en favor del combate a la trata de mujeres, respondiendo a los encuentros internacionales de París de 1902 y 1910.46

En efecto, el 23 de septiembre de 1913 la Cámara de Senadores de la Argentina aprobaba la primera legislación contra la trata de mujeres, que preveía la pérdida de ciudadanía y la deportación en caso de reincidencia. Así se respondía a la vieja demanda de Dellepiane, cuando se quejaba de las trabas al uso de la ley de expulsión de extranjeros para combatir a los proxenetas y, entre esos obstáculos, destacaba que muchos habían "obtenido carta de ciudadanía en la época en que se conseguían sin mayores tramitaciones".47 Inmediatamente, el Congreso Nacional brasileño retomó una espinosa reforma del código penal y en 1915 aprobó la modificación del delito de lenocinio. Estos nuevos marcos legales atribuían a las policías locales la potestad de perseguir una infinidad de lugares de encuentros sexuales y de sujetos sospechados por su identidad étnica y sus hábitos.48 La historia no termina aquí. En el carnaval carioca de 1915, los disfraces de apache y de gigolette ganaron una popularidad inédita. Al alcance de otros grupos sociales, la performance ritualizada de la pareja de apaches provocó un animado debate público sobre la inmoralidad de estos disfraces en los cuerpos de señoritas de bien. Indiferente a los reproches de los moralistas, un grupo carnavalesco autodenominado "los apaches de París" visitó la sede del diario Correio da Manhã, como era habitual en los días de fiesta, cantando los siguientes versos: "Burlándonos de las leyes creadas/ Por los tales policías/ Contra ellos nosotros traemos/ Bien afilados puñales".49 Evidentemente, la policía, los legisladores y la justicia participaban en la circulación de sentidos sobre la figura del apache, aunque no la controlaban. En un intenso diálogo cultural de contornos transatlánticos, el apachismo sudamericano siguió siendo un campo de reinvenciones, mucho más allá del ciclo de las campañas policiales.

Palabras finales

En el contexto de la aprobación de las leyes contra la trata de mujeres en Argentina y Brasil, nos encontramos muy distantes de los cómicos sentidos movilizados por el cronista del semanario Fon-Fon. La historia ya había perdido gracia desde el momento en que un acusado de ser apache era deportado, como quedaba claro en el fotorreportaje de la revista Sherlock Holmes en el puerto de Buenos Aires y, en especial, en la crónica del Correio da Manhã cuando el vapor Pampa llegó a Río de Janeiro con los expulsados de la Argentina. La violencia de las razzias policiales en Buenos Aires y Río de Janeiro comenzaba a mezclarse con un creciente aumento de la racialización de los tipos étnicos asociados a la explotación sexual, en un proceso que hacia los años 1930 terminó consolidando una cierta taxonomía de cáftenes: los franceses, los rusos judíos y los "criollos".

El camino que condujo a ese resultado se inició a comienzos del siglo XX y tuvo un momento crucial hacia 1912, durante las campañas del jefe de policía Dellepiane en Buenos Aires y del delegado auxiliar Ferreira de Almeida en Río de Janeiro. En esa coyuntura, la creciente simbiosis de los apaches con el universo de la explotación sexual y de la "esclavitud blanca" se inscribió en el marco de intensos debates locales sobre los límites del accionar policial. La demanda por legitimar un campo de actuación para la policía de costumbres se vinculaba con negociaciones legales, políticas y culturales en torno al problema de la criminalización de la movilidad humana. El caso de los apaches ilumina así dos dimensiones entrelazadas de esta historia: por un lado, la participación de la policía en amplios circuitos de consumos culturales compartidos con el gran público y, por otro lado, el empleo de categorías fabricadas en aquellos circuitos dentro de redes transfronterizas de vigilancia, prisión y deportación.

El fenómeno apache involucraba una dimensión global que conectaba a París con Argel, Nueva York, Buenos Aires y Río de Janeiro, entre otras ciudades del mundo atlántico y mediterráneo. Si en todos estos lugares se denunció la presencia de apaches importados de Francia, si en todos ellos se constató la circulación internacional de lenguajes y formatos narrativos, los significados del apachismo fueron, sin embargo, tamizados por marcos locales de comprensión. La variación de escala que involucra este problema no debe ser reducida a la dicotomía entre la esfera global y la local, sino comprendida en su carácter caleidoscópico, a partir de una superposición de dimensiones estrictamente urbanas, sentidos y estilos nacionales, problemas regionales y rutas transatlánticas. El apache era, según el momento, la trama de relaciones y el punto de observación: parisino y francés, porteño y argentino, sudamericano, compadrito y malandro, cuchillero y gigoló, ladrón y proxeneta, manso y peligroso.

OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias

Archivos

Archivo General de la Nación (ANG), Buenos Aires, Argentina Fondo Ministerio del Interior [ Links ]

Archivo Nacional de Brasil (ANB), Río de Janeiro, Brasil Fondo GIFI [ Links ]

Publicaciones periódicas

Revistas

Boletim Policial (1910) [ Links ]

Fon-Fon (1908-1913) [ Links ]

Fray Mocho (1912) [ Links ]

Museo Criminal (1904) [ Links ]

P.B.T. (1912) [ Links ]

Sherlock Holmes (1911-1913) [ Links ]

Periódicos

A Notícia [Río de Janeiro] 1909 [ Links ]

Correio da Manhã [Río de Janeiro] 1912-1913 [ Links ]

El Siglo [Montevideo] 1912 [ Links ]

Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] 1907-1911 [ Links ]

La Nación [Buenos Aires] 1911-1912 [ Links ]

La Prensa [Buenos Aires] 1911-1912 [ Links ]

Documentos impresos y manuscritos

Memoria de la Policía de la Capital, 1911-1912. Buenos Aires: Imprenta y Encuadernación de la Policía, 1912. [ Links ]

Memoria de la Policía de la Capital, 1913-1914. Buenos Aires: Imprenta y Encuadernación de la Policía , 1914. [ Links ]

II. Fuentes secundarias

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* En los distintos avances de esta investigación, hemos recibido la lectura de Dominique Kalifa, Lila Caimari, Martín Albornoz Crespo y Maria Clementina Pereira Cunha. Agradecemos los generosos comentarios críticos de estos colegas, así como también las observaciones de los evaluadores anónimos.

1"Os que exploram o crime", Correio da Manhã [Río de Janeiro] may. 20 1913: 3.

2Ver, por ejemplo, entre otras notas, "Os criminosos", Correio da Manhã [Río de Janeiro] mar. 16, 1913: 3; y "Um plano de falha", Correio da Manhã [Río de Janeiro] abr. 28, 1913: 4.

3Michelle Perrot, "Dans le Paris de la Belle Époque, les Apaches, premières bandes de jeunes", Les ombres de l'histoire: crime et châtiment au xixe siècle (París: Flammarion, 2001) 351-364 ; y Dominique Kalifa, "Archéologie de l'apachisme: barbares et Peaux-Rouges au xixe siècle", Crime et culture au xixe siècle (París: Perrin, 2005) 44-66.

4Trajano Louzada, "A nossa polícia e a polícia estrangeira. Uma carta interessante", Boletim Policial 2 (1910): 54.

5Sobre Buenos Aires como faro de la modernidad delictiva sudamericana ver Diego Galeano, Delincuentes viajeros: estafadores, punguistas y policías en el Atlántico sudamericano (Buenos Aires: Siglo XXI, 2018) 61-70.

6Un reciente balance historiográfico de este campo de estudios puede encontrarse en Lila Caimari, "Los historiadores y la cuestión criminal en América Latina. Notas para un estado de la cuestión", Delitos, Policías y Justicia en América Latina, ed. Daniel Palma (Santiago de Chile: Universidad Alberto Hurtado, 2015) 491-507. Sobre la historia de la policía en perspectiva transnacional, ver Diego Galeano y Gonçalo Rocha Gonçalves, "Circulaciones policiales e historias conectadas en el mundo iberoamericano", Iberoamericana 17.64 (2017): 7-12.

7"Los apaches en Barcelona", Museo Criminal 17 (1904): 147 y "Los apaches y la Mano Negra en los Estados Unidos", Museo Criminal 19 (1904): 157. Sobre los apaches en España ver Raúl Gimeno de la Hoz, "¡Apaches! ¡Apaches! ¡Apaches! España ante la plaga apache", Fuera de la ley: hampa, anarquistas, bandoleros y apaches. Los bajos fondos en España, 1900-1923 (Madrid: La Felguera, 2016) 475-516.

8"Dois apaches no Rio. As diligências da polícia", Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] dic. 21, 1907: 1.

9"Crimes", Fon-Fon 39 (1908) 23.

10"Os bastidores da polícia", Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] mar. 5, 1909: 1.

11"Lendo-se hoje", A Notícia [Río de Janeiro] mar. 5-6, 1909: 2; "Os bastidores da polícia. As nossas notas de ontem", Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] mar. 6, 1909: 2; "Salvem-se as intenções", A Notícia [Río de Janeiro] mar. 6-7, 1909: 2 y "Os bastidores da polícia. Gravateiros ou apaches", Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] mar. 7, 1909: 5.

12"Contra los apaches", La Prensa [Buenos Aires] ago. 24, 1911: 8.

13"En contra de los apaches. Solicitud al presidente", La Nación [Buenos Aires] ago. 24, 1911: 9.

14"Noticias de Policía. A bordo de un vapor", La Prensa [Buenos Aires] sep. 27, 1911: 13. Los diarios brasileños dieron cuenta de este episodio a través de cables telegráficos: "Prisão de 4 apaches", Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] sep. 27, 1911: 4.

15"Un audaz atentado. La caja de conversión atacada por apaches", Sherlock Holmes 4 (1911): 33-34; y "El apachismo en acción", Sherlock Holmes 65 (1912): 34-35. Los asaltos a mano armada a plena luz del día anunciaban la conformación del imaginario del "pistolero" que se consolidó en la década siguiente. Ver Lila Caimari, Mientras la ciudad duerme: pistoleros, policías y periodistas en Buenos Aires, 1920-1945 (Buenos Aires: Siglo XXI, 2012) 27-57.

16La deportación de ladrones extranjeros era una prerrogativa que la policía empleaba antes de la sanción de la Ley de Residencia y que siguió utilizando después. Ver Martín Albornoz y Diego Galeano, "El momento beastly: La policía de Buenos Aires y la expulsión de extranjeros (1896-1904)", Astrolabio 17 (2016): 6-41.

17 “La víctima de un apache: memorias de un comisario”, Sherlock Holmes 11 (1911): 67.

18 Juan José de Soiza Reilly, “Buenos Aires tenebroso: los apaches”, Fray Mocho 1.3 (1912) .

19“La deportación de tenebrosos. Complementos indispensables”, Sherlock Holmes 63 (1912): 63.

20"Carta de Eloy Udabe al Ministro del Interior", Memoria de la Policía de la Capital, 1913-1914 (Buenos Aires: Imprenta y Encuademación de la Policía, 1914) 366.

21 “La ley de residencia. Deportación de 36 apaches”, La Nación [Buenos Aires] sep. 25, 1912: 14.

22“Deportación de apaches”, Sherlock Holmes 71 [Buenos Aires] nov. 5, 1912: 32-33.

23José Moya, “The positive side of stereotypes: Jewish anarchists in Early Twentieth- Century Buenos Aires”, Jewish History 18.1 (2004): 19-48.

24Archivo General de la Nación (agn), Buenos Aires, Departamento Archivo Intermedio, Fondo Ministerio del Interior, Copiador Anarquismo, 1ª Sección, s.d.

25“Expulsión de apaches”, La Nación [Buenos Aires] oct. 9, 1912: 14. Algunas listas de deportados aparecen en “Expulsión de apaches”, La Nación [Buenos Aires] oct. 5, 1912: 14; y en “La campaña contra los apaches”, La Nación [Buenos Aires] oct. 15, 1912: 13.

26“La gente maleante en Montevideo”, El Siglo [Montevideo] oct. 5, 1912: 8; y “Policía. Errores de las autoridades”, El Siglo [Montevideo] oct. 10, 1912: 6. Ver también el telegrama de Montevideo “República Oriental. Persecución de mala gente”, La Prensa [Buenos Aires[ oct. 10, 1912: 12.

27“A bordo do Plata”, Correio da Manhã [Río de Janeiro] nov. 3, 1912: 4.

28“Apaches”, Fon-Fon 43 (1912): 34.

29Diego Galeano y Cristiana Schettini, “Una historia verosímil de la Princesa de Borbón: trabajo, género y sexualidad en América del Sur, 1905-1919”, Trabajos y trabajadores en América Latina (siglos XVI-XXI), ed. Rossana Barragán, en prensa.

30“Os que exploram o crime” 3. Sobre los préstamos léxicos entre el lunfardo rioplatense y el argot brasileño, ver Galeano, Delincuentes viajeros 209-216.

31“Carta del jefe de la Policía de Buenos Aires”, oct.11, 1912. Archivo Nacional de Brasil (ANB), Río de Janeiro, Fondo gifi, carpeta 6C, 392.

32“Telegramas de la Policía de Buenos Aires”, oct. 10-11, 1911. anb, Río de Janeiro, Fondo GIFI, carpeta 6C, 392.

33“A bordo do Pampa”, Correio da Manhã [Río de Janeiro] oct. 14, 1912: 3.

34“A escravatura branca. Como se pesca um rufião a bordo”, Correio da Manhã [Río de Janeiro] mar. 22, 1913: 3; “A escravatura branca”, Correio da Manhã [Río de Janeiro] abr. 9, 1913: 4; “A escravatura branca. Dois casais que exploravam o lenocínio”, Correio da Manhã [Río de Janeiro] sep. 12, 1913: 5.

35“Carta de Luis Dellepiane al ministro del interior”, Memoria de la Policía de la Capital, 1911-1912 (Buenos Aires: Imprenta y Encuadernación de la Policía, 1912) 117-120.

36Cristiana Schettini, “Exploração, gênero e circuitos sul-americanos nos processos de expulsão de estrangeiros”, Tempo 33 (2012): 51-73.

37Dominique Kalifa, L’encre et le sang. Récits de crimes et société à la Belle Époque (París: Fayard, 1995) 152-164; y Quentin Deluermoz, ed., Chronique du Paris apache, 1902-1905 (París: Le Mercure de France, 2008).

38“Theatros e espectaculos de hoje”, Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] ene. 30, 1907: 6.

39“Cinematographo Rio Branco”, Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] jun. 25, 1909: 6.

40“La danza decadente”, Caras y Caretas 600 [Buenos Aires] abr. 2, 1910: 35.

41“Theatro S. José”, Gazeta de Notícias [Río de Janeiro] jul. 12, 1910: 8.

42Fon-Fon 72 [Río de Janeiro] ene. 11, 1913: 54.

43“A ponta de buril”, Fon-Fon 46 [Río de Janeiro] nov. 16, 1912: 31.

44“Las esclavas blancas”, P.B.T. 413 (1912): s.p.

45Donna Guy, El sexo peligroso: la prostitución legal en Buenos Aires, 1895-1955 (Buenos Aires: Sudamericana, 1994) 34-35; y Margareth Rago, Os prazeres da noite: prostituição e códigos da sexualidade feminina em São Paulo, 1890-1930 (San Pablo: Paz e Terra, 1991) 305.

46Paul Knepper, The Invention of International Crime. A Global Issue in the Making, 1881-1914 (Londres: Palgrave Macmillan, 2010) 111-119.

47“Carta de Luis Dellepiane” 119.

48Cristiana Schettini, Que tenhas teu corpo: uma história social da prostituição no Rio de Janeiro das primeiras décadas republicanas (Río de Janeiro: Arquivo Nacional, 2006) 148-149.

49“Bloco Apaches de Paris”, Correio da Manhã [Río de Janeiro] feb. 8, 1915: 1. Sobre la presencia de la figura del apache en el carnaval de Río de Janeiro, ver Jaqueline Cavalcanti Correia, “Apaches no Rio: crime, carnaval e gênero na Capital Federal, 1912-1915”, trabajo final de grado en Historia (Río de Janeiro: puc-Rio, 2017).

Cómo citar este artículo Cristiana Schettini y Diego Galeano, "Los apaches sudamericanos: conexiones atlánticas y policía de costumbres a comienzos del siglo XX", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 46.2 (2019): 87-115.

Recibido: 19 de Noviembre de 2018; Aprobado: 04 de Diciembre de 2018

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