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vol.46 issue2Lesley Gill. A Century of Violence in a Red City. Popular Struggle, Counterinsurgency, and Human Rights in Colombia. Durham y Londres: Duke University Press, 2016. 304 páginas.Mario Aguilera, coord. Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013). Bogotá: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) / Universidad Nacional de Colombia, 2017. 495 páginas. author indexsubject indexarticles search
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Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura

Print version ISSN 0120-2456

Anu. colomb. hist. soc. cult. vol.46 no.2 Bogotá July/Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.15446/achsc.v46n2.78228 

Reseñas

Robert A. Karl. La paz olvidada. Políticos, letrados, campesinos y el surgimiento de las FARC en la formación de la Colombia contemporánea. Bogotá: Lerner, 2018. 444 páginas.

JULIÁN GÓMEZ-DELGADO* 

*New School for Social Research gomej372@newschool.edu

Este libro explora una problemática vigente: de qué manera la formación del Estado y la sociedad colombiana se relacionan, no sólo con repetidos episodios de violencia, sino también con insistentes intentos de paz. En particular, este texto retrata el camino recorrido por la iniciativa de pacificación que Alberto Lleras Camargo se empeñó en adelantar desde 1958 y estudia sus alcances y limitaciones hasta el año de 1966. A través de los actores y las iniciativas institucionales diseñadas y puestas en marcha, Karl analiza este ensayo de pacificación, el cual nombra como "paz criolla" (que luego se convertirá en la "paz olvidada"). En su narrativa nos presenta, también, la historia de su frustración. Este experimento se agota prontamente, a principios de la década de i960. En efecto, Karl evidencia el posterior desmonte de esta iniciativa a partir de las acciones militares y el cambio de orientación en la política social del siguiente presidente, el conservador Guillermo León Valencia. El autor, además, se encarga de retratar con extensa documentación primaria un evento posterior a esta paz criolla: la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARO) en 1966.

El libro cuenta con un enfoque metodológico que vincula la escala local y regional con la historia nacional. Para ello presta especial atención a las expresiones situadas de las iniciativas de paz y a las manifestaciones de violencia en Colombia, particularmente en el Gran Tolima, macrorregión que comprendió parte de los actuales departamentos del Tolima y el Huila. En estas expresiones las fronteras se desvanecen: en los pueblos se encuentran funcionarios del Estado central con pobladores locales, grupos guerrilleros luchan con militares colombianos y extranjeros, y las comunidades escriben cartas para exigirle al gobierno regional y al central que cumplan sus promesas.

Karl abre cada capítulo del libro con alguna imagen o recuerdo: el presidente dando un discurso, un sacerdote-etnógrafo estudiando la violencia en las provincias, un cantante y una canción sobre el retorno a la tierra, un río, la escena de una emboscada militar, una reina de belleza, la fracasada expedición burocrática a terreno insurgente, la grabación de una película francesa sobre los comunistas del Tolima. Así, el libro transita entre el foco biográfico sobre actores individuales, el análisis de tendencias en discursos públicos y la cartografía de patrones espaciales de violencia y de cambio político. En cuanto a las fuentes utilizadas, Karl privilegia la revisión de periódicos y archivos nacionales y regionales y la relectura de textos clásicos sobre ciencias sociales. También retoma manifestaciones populares, tales como canciones regionales. Es importante señalar, como lo comenta Karl, que las fuentes revisadas tienen la limitación de poner el foco casi exclusivamente en hombres y medios vinculados al liberalismo.

El libro parte de la siguiente propuesta: para comprender al país con la guerra más larga del hemisferio occidental, no se deben estudiar solamente los episodios de violencia, sino también los intentos por construir paz. Por ello se interesa en narrar el experimento de convivencia que se lanza en el país en 1958. El libro sugiere que este intento, liderado por el presidente Alberto Lleras Camargo, tuvo dos apuestas principales: i) pacificar al país para resolver el problema de la violencia, y 2) garantizarle a la población unas condiciones materiales de vida, las cuales Karl llama "avances en el desarrollo".

Utilizando dos categorías propuestas por el líder Jorge Eliécer Gaitán, Karl presenta este período como uno en el cual convergen el país político (el país de las élites políticas) y el país nacional (el país de los ciudadanos y de las regiones). Adicionalmente, propone otra dimensión: el país letrado, el cual describe como el país de los científicos sociales que participaron en la puesta en marcha de las medidas estatales. En el encuentro de estos tres países, con tres tipos de actores, Karl identifica la iniciativa colectiva por construir una paz criolla a finales de 1950. Estas iniciativas lideradas por el Estado buscaron alivianar las demandas ante la situación de pobreza con proyectos de infraestructura y préstamos y atendiendo a la necesidad de mecanismos institucionales claros para dirimir los conflictos por la tenencia de la tierra.

El libro comienza con una introducción a la vida del presidente Lleras Camargo, a quien califica como "el mensajero de una nueva Colombia", utilizando las palabras que él le dedicó, en los primeros días de su presidencia, a un grupo de jóvenes líderes del campo. Tal vez esta sea la interpretación más discutible del libro. Se construye una imagen que subraya el estilo reformista del presidente y el supuesto papel que tuvo en la renovación de la política colombiana. No obstante, esta imagen se contrapone a la de otras interpretaciones, las cuales han señalado que este presidente contribuyó a que otras iniciativas desarrollistas -quizá más progresistas que la suya- tuvieran poca influencia en el país. Este fue el caso de la iniciativa adelantada por la Comisión Económica para América Latina (OEPAL), la cual no contó con la aprobación de Lleras debido a la afinidad político-ideológica del presidente con los Estados Unidos, país con un proyecto distinto, que entonces se oponía a la propuesta desarrollista de la OEPAL.1 Si bien reconocer el papel reformista de Lleras Camargo ayuda a matizar las interpretaciones que evalúan el Frente Nacional como un bloque homogéneo, no debe perderse de vista que el papel persuasivo y de conciliación de este presidente no fue suficiente para contraponerse a la inclinación del país político a defender sus propios intereses. De tal manera, el gobierno de Alberto Lleras Camargo, en la práctica, puede que no haya representado la ruptura democrática que a veces parece atribuirle el libro.

Karl subestima el papel de la pauta política que marca el acuerdo del Frente Nacional, quizás porque decide resaltar el protagonismo y las intenciones reformistas del presidente. Si se cambiara el foco, se evidenciaría, por el contrario, que el régimen de coalición frentenacionalista admitía cierta variedad de posiciones, siempre que estas estuvieran dentro de los parámetros de la preservación del statu quo. La "modernización" era posible hasta donde no alterara las bases del poder político ni el reparto del poder económico. En efecto, fue esta "rígida estructura" la que, según Francisco Leal, "inhibió el reformismo social del Frente Nacional", restringió el margen de maniobra y llevó a que no se resolviera problemas sociales agudos.2

Esta discrepancia, por supuesto, no resta valor a los aciertos del libro. Vale la pena destacar aquí al menos dos elementos: el relato sobre el desgaste de la paz criolla y el trabajo sobre el origen de las faro. Respecto al primer punto, el libro matiza el optimismo de este intento de paz. Resalta que, entre 1959 y 1960, emerge el desencanto popular con el Estado y la división entre partidos, evidencia de lo endeble de la "disciplina interna" del Frente y de un espacio de fractura y desilusión. El desgaste del intento de paz se confirma en el libro con la llegada del segundo presidente del Frente Nacional, Guillermo León Valencia (1962-1966). Las apuestas desarrollistas fueron reemplazadas por un interés en usar las armas para pacificar, en programas de "anti-violencia", los cuales resuenan en nuestro presente por su búsqueda de la paz por medio de la violencia. Entonces, esta nueva realidad condujo a que diferentes actores, especialmente los campesinos y los letrados, pasaran del optimismo a la frustración. Se confirmaba así que el país político de nuevo le daba la espalda al país nacional.

Por otro lado, el origen de las faro se contextualiza en el último capítulo a partir del proceso antes descrito de reformismo ambivalente. Se retratan las peticiones que los comunistas del Tolima -particularmente a cargo de un veterano, Camargo, quien se convierte en "el peticionario más prolífico de Colombia" (p. 271)- hicieron antes y después de mayo de 1964, en un evidente reclamo ante las promesas por cumplir y las promesas incumplidas. Esta fecha es importante, pues allí se clausura la apuesta por la convivencia. El día 6 de mayo tuvo lugar la Operación Soberanía, una "acción cívico-militar" resultado del acuerdo de colaboración antiinsurgente entre los militares colombianos y los de Estados Unidos. Su estrategia fue tomar Marquetalia, un pequeño territorio al sur del Tolima, donde se agrupaban los comunistas liderados por Manuel Marulanda, alias "Tirofijo". El libro relata que a esta acción le siguieron otras que explican el origen de las FARC. En efecto, Karl presenta detalles sobre la fundación de esta guerrilla durante abril y mayo de 1966, cuando tuvo lugar la Segunda Conferencia Guerrillera del Bloque del Sur. El evento convocó a diferentes grupos guerrilleros que decidieron trascender el papel local y regional que habían tenido, para convertirse en actores nacionales e internacionales agrupados en una sola organización. Para el autor, esta decisión contribuyó a la expansión de la influencia guerrillera. Además, Karl nos muestra algunas características adicionales de este nacimiento, entre ellas, el discurso antiestadounidense propuesto por el comunismo urbano y el intento por olvidar sus orígenes en los años cincuenta para así "empezar de nuevo".

De lo anterior se puede destacar que, con el nacimiento de las FARC, la paz criolla dejó de tener importancia, también, para los guerrilleros que antes habían accedido a la oferta del Estado. Ellos se suman a la lista de actores con expectativas insatisfechas. Con ello, renunciaron a lo que los mismos guerrilleros propusieron y en efecto llevaron a cabo en un principio: deponer las armas por las palabras. En el paso de la ilusión a la frustración, se coordinó una acción armada sin antecedentes y de larga duración. Así, esa memoria histórica, hilada aquí en una narrativa afinada por Carolina Sanín, la traductora del libro al español, resuena en nuestro presente. Por ello, la principal contribución del libro de Karl es que nos invita a preguntarnos por la manera en la que la violencia y la paz se han desplegado conjuntamente en diferentes episodios de la historia moderna del país. Además, nos señala la importancia de ensayar explicaciones sobre las posibilidades de pacificación que se han abierto y cerrado en la historia reciente.

1Sobre la posición de Alberto Lleras Camargo, entonces director de la Unión Panamericana, respecto a la iniciativa desarrollista de la CEPAL, ver Juan Carlos Villamizar, Pensamiento económico en Colombia. Construcción de un saber, 1948-1970 (Bogotá: Universidad del Rosario, 2013).

2Fernando Leal Buitrago, "La crisis política en Colombia: alternativas y frustraciones", Análisis Político 1 (1987): 76-88.

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