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Forma y Función

versión impresa ISSN 0120-338X

Forma funcion, Santaf, de Bogot, D.C. v.24 n.1 Bogotá ene./jun. 2011

 

TEMAS DE DISCUSIÓN

DEBATE SOBRE LOS ESTUDIOS DEL PARLACHE

Nicolás Ramón Contreras Hernández*
Red Independentista del Caribe.
Observatorio de Medios Independientes


Introducción a la polémica

Los estudios sobre el parlache, el sociolecto detectado en los sectores populares de Medellín, han estado marcados desde los años noventa por el punto de vista colonial del paradigma del difusionismo y su Kulture Kreise. Esta creencia, según Hunter y Whitten (1987), parte de un punto generador que propaga un patrón cultural -verbigracia las "cunas" fenomenológicas que inundan la musicografía colombiana- constituido, en este caso, por el parlache y los hablantes de Medellín, quienes, trocados en una suerte de hadas madrinas, han venido hechizando los demás contextos lingüísticos del país, con una especie de "colonización paisa" del lenguaje urbano.

El prestigio de la hoja de vida de los académicos paisas Luz Stella Castañeda Naranjo y José Ignacio Henao Salazar (2001) cuando publican el texto El Parlache, más el acompañamiento de la profesora de la Universidad de Lleida en España Neus Vila Rubia, directora de la primera investigación -que en el año 2006 publica otro texto en asocio con Luz Stella Castañeda, la más prolífica en este tema de investigación-, han terminado por convencer a la Real Academia Española de la Lengua de la legitimidad de este sociolecto, que la registra así en la más reciente versión digital, en la cual se igualan, por cierto, los conceptos de jerga y argot: "[...] m. col. Jerga surgida y desarrollada en los sectores populares y marginados de Medellín, que se ha extendido en otros estratos sociales del país" (DRAE, 2011). Casi lo mismo que expresa Vila Rubio (2006, p. 121): "Se denomina parlache el dialecto social producido y desarrollado en los sectores populares de la ciudad colombiana de Medellín por parte de determinados grupos sociales". Un poco más avisados, pero acusando los estragos del centralismo pseudoepistemológico, los autores del artículo en Wikipedia se refieren al parlache como: "El parlache colombiano es un conjunto de modismos utilizados por los jóvenes [,] originado en las comunas populares de Medellín y suburbios de Bogotá y Cali" (Parlache, 2011).

En un claro desconocimiento de los factores imbricados en el lenguaje como acto y realidad humana compleja (Huergo, 2001), como un todo influido por las relaciones comerciales, el vecindario geográfico y las dinámicas de los medios de producción, circulación y consumo de bienes, o el esquema centralista de los medios de producción y las migraciones laborales al interior y al exterior del país, la profesora Vila Rubio (2006) registra más adelante, en su obra Hacia un diccionario de Parlache: estudio lexicográfico de un argot colombiano, esta afirmación sobre el Parlache:

Por otra parte, este lenguaje comparte algunas piezas léxicas con el lunfardo, con el lenguaje coloquial de algunos países del Caribe, con el argot español, con el lenguaje rural antioqueño y con el lenguaje coloquial más usado en Colombia. Tiene, también, algunos préstamos del inglés y, en una menor proporción, del portugués. Todo ello da idea de la amplia difusión y penetración, en diversos sentidos, que este lenguaje ha sufrido y, a la vez, ha propiciado.

Para los estudiosos del parlache no cuentan para nada, por ejemplo, las migraciones turísticas de los antioqueños hacia la región Caribe, las relaciones comerciales y agropecuarias entre Córdoba y Antioquia, para ser más específico; o que a finales de los años noventa, en la academia universitaria de Barranquilla, el profesor Martín Orozco Cantillo y su grupo "Cultura Caribe" venían impulsando trabajos sobre habla cotidiana en el Caribe, que ya presentaba varios antecedentes como el de José Elías Cury Lambraño con el costeñol.

Adolecen los estudiosos del parlache también de un vicio crónico de la Real Academia Española de la Lengua: el ejercicio de una etimología excluyente de todo aquello que tenga que ver con aporte léxico africano, términos que son anexados y blanqueados por el viejo diccionario colonial, sin ningún trabajo de fondo, tal como sucedió, por ejemplo, en el tema de la musicografía suramericana en lo concerniente a música popular. En este caso, por ejemplo, a la palabra bambuco se le otorgó a la brava un origen griego (bambolizon, menearse) y al tango un origen francés (tangere, tañir o rasgar), según los ya superados trabajos de Guillermo Abadía (1983) y Augusto Raúl Cortázar (1965). El otro vicio más original del trabajo es el poco ejercicio de una etimología más allá de los años ochenta y noventa, cuando comienzan a datar el fenómeno.

Lo que han ignorado los estudios hasta ahora

Una de las primeras omisiones garrafales del trabajo parte de una realidad etimológica imbricada en las relaciones entre Antioquia, Córdoba y el Chocó, de los cuales, por ejemplo, logra Antioquia, a principios del siglo XX, escindir del entonces Bolívar Grande lo que sería el Urabá Antioqueño. A esto habría que sumar el comercio de ganado de la época por la trocha Cristana (nombre de su gestor, el ganadero Cristo Torres), cuando las reses eran transportadas a caballo, desde las sabanas de Sucre y Córdoba, por los aparceros y vaqueros sucreños y cordobeses, que serían nombrados como chilapos1 en el mundo paisa (Sánchez, 2003).

La migración producida por el intercambio agropecuario, que aún se mantiene en productos como el plátano de Puerto Escondido y Moñitos hacia Medellín, permite explicar con mayor claridad la existencia de  palabras de origen africano en el parlache, como por ejemplo achantao, que el parlache registra como achantado y tiene su origen en los achantis o ashantis, nación de África occidental famosa en la trata esclavizadora por echarse (achantarse) a morir de rebeldía o de nostalgia fija (Zapata Olivella, 1997). Esto, etimológicamente, implica adoptar el modo de los ashantis como sinónimo de pereza. Los ashantis y su relación con la música del país africano de Bambuk también es narrada por Jorge Isaac en la novela María.

Igual sucede con otras palabras antiquísimas y casi arcaicas del Caribe, como chimbo (lo falso); y combo, palabra congolesa muy popular en el país transnacional del Gran Caribe Hispano y que registró en una de sus memorias diplomáticas David Sánchez Juliao (2004) en el diario El Heraldo; esto con el fin de señalar cómo los embajadores de algunos países africanos la usaban en sus lenguas para referirse a los grupos de trabajo o de amigos, entre otros. Estas palabras fueron acogidas por el parlache,  y allí sufrieron procesos lumpen de resignificación que hoy señalan a los grupos del hampa paisa, destacados en las notas de prensa de la crónica roja.

El parlache también registra el verbo perratear (boicotear, sabotear). Sin embargo, en la novela de Manuel Zapata Olivella, Tierra Mojada, publicada en 20002, se narran las hazañas de Azael Montes, el hijo de la perrata (gleba, clase baja), que había logrado la proeza de vencer desde un sindicato agrario al congresista gamonal Jesús Espitia. En el Caribe, desde los años veinte, se viene hablando de perrata y de su verbo perratear para señalar el manoseo, menoscabo o saboteo que sufre una persona. Incluso existe el verbo compuesto sinónimo pordebajear, esto es, defenestrar, menoscabar o quitar importancia a alguien irrespetándolo.

También tienen origen africano términos como chuzo (palabra polisémica que significa arpón, negocio o tener sexo)3; bongo, en el Caribe es un artefacto flotante y en el parlache una comida; incluso la palabra tombo, de uso muy común en el Caribe urbano (Barranquilla, Cartagena y Santa Marta) para señalar al policía,  que ha sido común en esa región desde los años setenta y que tiene relación con un tema bailable tropical de origen venezolano, registra como sinónimo de vieja data aguacate, según comentarios sobre el costeñol del lingüista de Corozal, Sucre, José Elías Cury Lambraño. Estas palabras, a su vez, aparecen referenciadas en personajes de obras literarias de Roberto Montes Mathieu y David Sánchez Juliao (El flecha, El pachanga, respectivamente), entre otros, desde los años ochenta.

Esto mismo sucede con otras palabras de origen africano como cambuche -carpas improvisadas en el Caribe colombiano- que el diccionario parlachesco reduce a cama. El cambuche era precisamente la carpa improvisada por los vaqueros chilapos que trasportaban el ganado a caballo hacia Medellín a principios de siglo XX, comiendo la chinchurria (chunchurria en el parlache, faltón, poca cosa), comida basada en la fritanga de vísceras de cerdo. Este alimento algunas veces los hacía echarse los chirretes de excrementos, cuando les causaba diarrea. Curiosamente, en el parlache, el chirrete es la persona viciosa de mal aspecto.

Estos vaqueros de extracción campesina eran muy dados a usar el apócope de compadre, compa, que van a urbanizar los estudiantes con tendencia de izquierda en los años setenta, cuando acompañaban las luchas agrarias en distintos sitios de la Costa Caribe. Hasta aquí la pregunta es: ¿qué les pasó a los parlachólogos hispanopaisas con la línea de tiempo? ¿Será que los jóvenes paisas de la comuna nororiental, cuando esta aún no existía, viajaron en el tiempo a enseñarles estas palabras a los habitantes del Caribe colombiano? ¿En qué tiempo anterior a los años setenta pudieron los paisas enseñarnos a los costeños la expresión mamando gallo, empleada en muchas novelas de García Márquez? En esa época, en el léxico paisa, se tomaba del pelo, no se mamaba gallo.

Música, migraciones, radio y televisión nacional

Otra de las falencias de las investigaciones del parlache, afincadas con seriedad en las variables de la realidad nacional y sus diversos flujos y contraflujos, tiene que ver con la comprobada colonización y seducción cultural ejercida por los ritmos del Caribe colombiano y sus primos del resto del Gran Caribe, los cuales registran expresiones apropiadas por el parlache. Todo esto sucedía a principios de los años cincuenta, cuando los paisas se enojaban, es decir, no daban la piedra, ni mucho menos se imputaban (deformación de inmutarse, que alude a enfurecerse).

Quien haya escuchado las canciones del vocalista y compositor Tony Zúñiga o Chino Pozo, nativo de Tolú, Sucre, muy seguramente recordará la expresión "Come callao", una y otra vez. Ante esta nueva evidencia vuelve la pregunta: ¿será que los paisas le enseñaron la expresión por teléfono desde Discos Fuentes o Curro4 cuando aún tenían sede en Cartagena? Lo curioso es que también en parlache esta expresión alude a secreto y secretismo.

Los estudiosos del parlache también desconocen la gran influencia que tuvieron los medios de difusión masiva en la construcción de los idearios, las identidades, las dinámicas y las tensiones regionales que surgieron alrededor de estos. En este sentido, puede decirse, parafraseando a Martín-Barbero (1999), en De los Medios a las Mediaciones, o a Jaime Arocha y María del Mar Moreno Tovar (2009), que mientras la televisión entre las décadas de los años cincuenta y ochenta impulsó desde Bogotá un sentido "andinocentrista" de lo nacional, la radio fortaleció, desde lo local, las regionalidades y las identidades departamentales.

En la costa Caribe, estas identidades citadinas y departamentales fueron aguzadas por deportes mediatizados como el béisbol y el boxeo, a través de locutores como Marcos Pérez, Melanio Porto Ariza y Chelo de Castro5. Más tarde, estas serían heredadas en la radio melómana por Jairo Paba, Joaco Puello, Manuel Reyes Bolaños o Mañe Vargas -el influyente promotor pionero de la música africana y la salsa en Cartagena-, y en emisoras Fuentes con el programa "La descarga de los barrios". Esto da cuenta del traspaso generacional de las jergas surgidas alrededor de la música salsa y los ritmos del Caribe no hispanoblantes y africanos, que incubaron en la cultura picotera o del picó -Sound System-lo que sería el movimiento sociocultural de la champeta con su "champeléxico" (Conteras, 2002).

Esta transición de imaginarios en el lenguaje urbano, que se viene dando desde finales de la década de los sesenta, según Nelson García (1999), permite aclarar el origen de palabras atribuidas al parlache, como lo jíbaro (para señalar lo relacionado con el comercio y consumo de psicotrópicos), avión (listo, avispado), cagao (para señalar al cobarde), cacorro (el marido del marica), boleta (con prontuario judicial), al colino o coleto (vicioso o persona bajo los efectos de la traba, que registraba como sinónimos a embalao o embalinao), expresiones muy comunes en los programas musicales de radio. Por ello, desde El Planeta Sur, el locutor Jairo Paba6 pide prudencia a su audiencia de Barranquilla diciendo Zizalla pero callalla,mientras que el Mañe Vargas, desde Cartagena, les decía a sus oyentes pila que llegó la hora de la rumba, señalando el alerta porque iba a cantar la zona de casetas donde sería el baile picotero, a los distintos bonches.

Ese mundo léxico picotero, reconocen Adlai Stevenson, Rafael Bassi Labarrera y Orlando Montenegro, influido por la salsa que venía de la Yunai vía Niuyor, para compensar la carencia de dominio masivo de la lengua inglesa acuñó la costumbre de nombrar al revés las palabras en castellano (jermu por mujer, misaca por camisa, etc.). De esta forma se empezó a constituir, desde los años setenta, una suerte de protospanglish, en el que eran muy comunes las palabras como brother, father, man, men y bye,términos a los cuales se le agregarían de parte de los migrantes laborales a Venezuela expresiones como písate, pana y otraspalabras procedentes del lunfardo como cana, cabrero, bacán,etc.

En este punto hay que reconocer que el lunfardo tuvo más influencia masiva en Medellín, contrario al caso de la salsa, que en los años sesenta y setenta se constituyó como parte de la identidad urbana en la ciudades de las dos costas del país (Cali, Cartagena, Barranquilla, Buenaventura), a diferencia de Bogotá y Medellín, donde fue un fenómeno más de élites, que se sentían más cercanos en esa época al rock y a la balada europea, la música ranchera y otras propias de la región andina.

Expresiones como camello y su verbo camellar, o hermanolo, tuvieron su origen en la programación de la naciente televisión "nacional", que era en realidad programación bogotana, y tuvieron mucho que ver en ello programas como Don Chinche y Yo y tú. Diversos reportajes de El Tiempo y El Espectador registraron, entre los años ochenta y los años noventa, los proyectos sociales del padre Javier de Nicoló en Bogotá, en donde los jóvenes de la calle o gamines que se resocializaban mediante el trabajo comunitario en ciudadelas de reinserción social acuñaron una unidad de cambio llamada camello.

Este alegato no niega la llegada de palabras paisas al lenguaje del Caribe, como lucas, luquiado o parcero, pero sí pretende delatar las aseveraciones exageradas de los académicos hispanopaisas del parlache cuando afirman: "Lo que caracteriza y sitúa a este argot por encima de otros es la gran influencia que ha ejercido en el habla coloquial y estándar colombiana [...] a pesar de ser y haber nacido como una variedad utilizada por grupos concretos, y, especialmente, por jóvenes de entre 15 y 26 años [...] " (Vila Rubio, 2006, p. 122). También luce exagerada la forma como deliberadamente se ignoran la gran influencia costeña y del Caribe, así como la chocoana, que le aporta muchas palabras al parlache, como chumbimba, entre otras.

Queda abierto el debate sobre el parlache, en el cual la importancia de este lenguaje urbano no descansa en hechos objetivos de una realidad bien investigada, sino en el prestigio de investigadores que han cubierto con su hoja de vida notables falencias metodológicas y epistemológicas, apoyados en la fortaleza tradicional de la industria editorial antioqueña. Este hecho confirma una frase de Celestino Freinet (1972), cuando insistía en la necesidad de investigar y publicar, para poder existir en un mundo académico que es el mundo de la galaxia de Gutenberg, potenciada por el Internet y la Multimedia. También aclaro que las palabras impugnadas no son todas las que aparecen en este texto, por razones de espacio editorial.


* Comunicador social e investigador en temas sobre herencia africana de la Fundación Cultural Afroamericana (FUKAFRA), con sede en Barranquilla.

1 En el documental La Sierra, dirigido por Scott Dalton con la participación de Margarita Martínez Escallón, sobre la guerra entre milicianos y paramilitares por el control de la comuna nororiental de Medellín, se puede apreciar la influencia cultural de los chilapos, que han logrado silenciosamente convertirse en agentes lingüísticos de expresiones culturales, como la música de acordeón del Caribe en los estilos vallenato y sabanero. Una de las "mujeres" del jefe paramilitar urbano es precisamente una niña de una familia oriunda de Córdoba.

2 El texto citado en las referencias bibliográficas es una nueva edición cuyo arte fue realizado por la Editorial Antillas del profesor Abel Ávila en Barranquilla en el año 2000, con el patrocinio de la empresa Agrosoledad. En la página 166 de la edición en comento se puede leer textualmente: "[...] Azael Montes, el hijo de la «perrata» el menor de lo legendarios Montes que formaban la gleba [...] ". La novela se basó en un hito histórico de las luchas agrarias: la creación de la liga Campesina en San Bernardo del Viento, uno de los municipios en los que se desarrolla la novela, que relata las luchas sociales por la tenencia de la tierra en Córdoba.

3 La palabra chuzo daría título a una champeta con el mismo nombre del cantante palenquero Melchor, que luego sería adaptada para la campaña al Senado "Chuzo pa' los corruptos", de Javier Cáceres en el año 2002.

4 Discos Fuentes, sello musical fundado por Antonio Fuentes al amparo de Emisora Fuentes, adquirida por Grupo Radial La Libertad de Barranquilla décadas más tarde. Discos Fuentes surge en Cartagena en 1943 y se traslada a Medellín en 1954. Allí se convierte en la empresa musical y cultural que llevó la música del Caribe colombiano a todo el país y el mundo, en el estilo tropical. Su hermano José María Fuentes Curro, también empresario musical, creó el sello Curro, que registra dentro de sus grabaciones la versión primera de "Te olvidé", el himno del Carnaval de Barranquilla.

5 En una de sus columnas de los años noventa en El Heraldo, de Barranquilla, Chelo de Castro se quejaba porque en Bogotá se había popularizado la palabra ñero -un antiguo gentilicio que identificaba a los barranquilleros- para nombrar a los gamines, vagabundos y viciosos.

6 Jairo Paba Salcedo es un popular locutor de radio oriundo de Sucre, radicado en Barranquilla, que orienta con mucho éxito el programa más escuchado en esa ciudad, transmitido por Rumba Estéreo (de la cadena RCN), "Viernes para recordar". Desde los años ochenta, este programa ha tenido un éxito arrollador que incluye edición de discos en formato de LP y CD.


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