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Historia Crítica

versão impressa ISSN 0121-1617

hist.crit.  n.30 Bogotá jul./dez. 2005

 

Un puerto en la selva. Naturaleza y raza en la creación de la ciudad de Tumaco, 1860-1940

A port in the jungle. Nature and race in the formation of the city of Tumaco, 1860-1940

Claudia Leal León

Ph.D. en Geografía, Universidad de California en Berkeley y profesora asistente del Departamento de Historia, Universidad de los Andes.

Artículo recibido el 30 de marzo de 2005 y aprobado el 15 de julio de 2005.


RESUMEN

La transformación urbana del puerto de Tumaco, ubicado al sur de la costa Pacífica colombiana, revela las contradicciones asociadas con su dependencia de la extracción y exportación de un recurso natural. La riqueza producida por la exportación de semillas de palma de tagua (utilizadas para hacer botones) no creó una metrópoli en la selva, sino una ciudad pequeña y poco prometedora. El limitado volumen de comercio, el bajo precio de las semillas, así como la falta de procesamiento y diversificación económica explican este resultado. El carácter de la ciudad estuvo determinado también por tensiones raciales originadas en una división racial del trabajo y en las asociaciones hechas por la élite blanca entre naturaleza y raza. Para la élite los grupos negros pertenecían a la selva, donde recolectaban tagua, y no a la ciudad, donde constituían la mayoría de la población. Este estudio de una ciudad ubicada en una región selvática se enmarca dentro del creciente campo de la historia ambiental latinoamericana y lo conecta con trabajos recientes sobre las dinámicas raciales de América Latina.

PALABRAS CLAVE: Pacífico colombiano, Tumaco, selva, tagua, economía extractiva, ciudad, raza, afrocolombianos.


ABSTRACT

The history behind the building of Tumaco, a port on the southern Pacific coast of Colombia, reveals the contradictions associated with this rainforest city’s reliance on natural resource extraction and export. The riches produced by the export of the seeds of the tagua palm (used to make buttons) did not create a metropolis in the jungle, but rather a small and unpromising city. The causes lied on the limited volume of the trade and the low value of the seed, plus the lack of processing and economic diversification. The city’s character was further determined by racial tensions that stemmed from a racial division of labor and the associations the white elite made between race and nature. For this group, blacks belonged to the jungle, where they gathered tagua, and not to the city, where they comprised the majority of the population. This study of a rainforest city enriches the growing field of Latin American environmental history and connects it to other bodies of literature, such as the recent works on Latin America’s racial dynamics.

KEY WORDS: Colombia, Tumaco, jungle, tagua or vegetable ivory, extractive economy, city, race, Afro-Colombian.


En tiempos coloniales Tumaco era un caserío ubicado en una isla de 200 hectáreas separada de la costa por un estrecho canal. El caserío importaba algunos bienes para la zona andina y para las minas de oro de Barbacoas, distantes dos días de camino y explotadas desde el siglo XVII por esclavos negros1. En la segunda mitad del siglo XIX Tumaco comenzó su lenta transformación en ciudad. Las primeras etapas de este proceso inspiraron a un viajero, en 1891, a describir el lugar como:

[...] bella población, bastante grande, construída toda de madera y con techos de cinc o de paja. Su calle principal que casi pudiera llamarse el malecón, corre recta a la orilla del mar por varias cuadras. Ese es el centro del comercio y de mayor movimiento del puerto. Hay bastantes edificios cómodos y elegantes, y los almacenes, que son muchos, están ricamente surtidos de toda clase de mercancías [...]2

La transformación de Tumaco fue el resultado de la exportación de tagua, la semilla de una palma que crecía de manera abundante en los alrededores del puerto. Esta semilla, un poco más pequeña que el huevo de una gallina, se parece al marfil y fue utilizada entre 1850 y 1940 para hacer botones en Europa y Estados Unidos. El crecimiento de Tumaco fue por tanto impulsado por un fenómeno general de la historia de América Latina: el auge exportador de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Durante este período los países de la región sufrieron grandes cambios estimulados por la demanda de alimentos y materias primas generada por la insdustrialización de Europa y Estados Unidos. La economía y la transformación urbana de Tumaco muestran cómo este fenómeno llegó hasta rincones muy remotos. En particular, la economía de la tagua generó nuevas oportunidades para descendientes de esclavos que migraron de la zona minera de Barbacoas a establecerse cerca de los taguales y facilitó la formación de un pequeño grupo de comerciantes blancos que importaban algunas mercancías y compraban semillas de tagua que luego exportaban.

La historia del ascenso urbano de Tumaco revela contradicciones asociadas con su dependencia de la extracción y exportación de un producto de la selva. La riqueza producida por la exportación de tagua no creó una metrópoli en la selva, sino una pequeña y desalentadora ciudad. El volumen del comercio y el valor de las semillas generaron ganacias sin precedentes en aquel remoto puerto, pero esos recursos fueron insuficientes para generar un gran cambio urbano. La economía de la tagua carecía de fuerza por una razón más importante: aunque el comercio convirtió las semillas en productos de exportación, éstas no fueron procesadas localmente. La economía regional no se diversificó y, por lo tanto, permaneció dependiente de las riquezas naturales y la demanda internacional de un sólo producto. Al enfatizar las limitaciones de una economía basada en la extracción de recursos naturales, esta historia refleja una de las mayores contradicciones de los procesos de urbanización en zonas selváticas.

Las contradicciones que caracterizaron a Tumaco no se limitaban al tamaño de la economía: incluían divisiones y tensiones raciales. Tumaco estaba marcada por las divisiones que caracterizaban su economía. En la ciudad personas negras conformaban la clase trabajadora y en la selva recogían las semillas de tagua, mientras unos cuantos blancos manejaban el comercio de exportación y disfrutaban de la mayoría de las ganacias. La forma en que las élites interpretaban la relación entre la selva y la ciudad también establecía diferencias y de este modo moldeaba el carácter de la ciudad. Aunque los bosques cercanos proveían los recursos necesarios para el desarrollo de Tumaco, la élite concebía a la ciudad en oposición a la selva. Las personas más privilegiadas del puerto trataron de crear un lugar ‘civilizado' que contrastara con el medio costero que consideraban salvaje y con el cual asociaban a la gente negra. Pero las costumbres traídas por los negros de las selvas -especialmente los bailes-estropeaban el sueño urbano de las élites locales. Tumaco vivía entonces con las divisiones raciales que caracterizaban su economía y con las tensiones generadas por ciertas asociaciones entre raza y ciudad.

1. La biología y la economía de la tagua

El puerto de Tumaco vivió durante ocho décadas del comercio de tagua, gracias a factores asociados a la naturaleza de una especie de palma y a la conformación de una organización social encargada de la extracción y la exportación de ese producto. Tagua es el nombre con el que se conoce tanto a un grupo de varias especies de palmas que crecen en las selvas de Panamá, Colombia y Ecuador, como a sus semillas. Las características de estas últimas incidieron en que en la segunda mitad del siglo XIX fábricas italianas y alemanas comenzaran a usarlas para hacer botones. Al material de las semillas se le conoce también como marfil vegetal debido a que es duro y blancuzco. Sin embargo, la tagua es menos duradera que el marfil y si se deja mucho tiempo en agua se disuelve. Por ser menos duras y más porosas que el marfil, las semillas de tagua pueden ser cortadas y teñidas con facilidad y, por lo tanto, utilizadas para la fabricación de objetos pequeños como mangos de bastón y piezas de ajedréz3. Pero fue sobre todo la elaboración de botones la que dio lugar a la prolongada demanda internacional de tagua. Esta comenzó tímidamente en la década de 1840 y decayó hacia 1940, cuando la competencia de los botones de plástico acabó con un negocio cuyo epicentro había pasado de Europa a Estados Unidos como resultado de la Primera Guerra Mundial4.

La distribución de una de las especies de palma de tagua fue fundamental en el desarrollo de la economía tumaqueña. Las cuatro especies que forman el género Phytelephas producen las semillas que fueron comercializadas en el mercado internacional. Este es uno de los tres géneros que componen la subfamilia botánica de las taguas dentro de la gran familia de las palmas. Tres de las especies de este género crecen en Colombia en planicies aluviales anegadizas donde forman grandes grupos denominados taguales. Estas especies son P macrocarpa, característica del Magdalena Medio, P seemannii, propia de la costa Pacífica chocoana (ver foto de la portada de la revista) y P tumacana, que crece en el sur de la costa Pacífica. Gracias a que P tumacana está distribuida en los ríos que desembocan en la ensenada de Tumaco, al norte de la isla, como también en los ríos Mira y Mataje hacia el sur, el puerto de Tumaco pudo volverse un importante exportador de estas semillas5.

Tener una amplia oferta natural de tagua cercana no garantizaba la persistencia del negocio, porque las semillas podían acabarse, como ha sucedido con tantos recursos naturales extraídos del medio para su venta en el mercado. El biólogo colombiano Rodrigo Bernal encontró que los recolectores de tagua habrían podido cosechar hasta el 86% de las semillas de una población de P seemannii sin afectar su capacidad para sobrevivir6. Gracias a esta característica los taguales lograron mantenerse y reproducirse a pesar de la remoción de miles de sus semillas. Estas eran recogidas del piso del bosque después de que el fruto maduraba, se caía y se rompía. Debido a que las palmas pueden tener hasta cinco metros de altura, los recolectores no podían alcanzar el fruto. Además, éste está recubierto por una cáscara de color café oscuro, dura y con puntas, de la que se deriva el nombre con el cual se conoce a la tagua en la zona de Tumaco: cabecinegro. Al caer el fruto, la cáscara se rompe y los roedores se comen la pulpa dejando las semillas limpias'; todo lo cual facilitaba el trabajo de los recolectores.

El duradero comercio de la tagua en Tumaco fue posible debido a las propiedades de la semilla, la distribución de las palmas y su capacidad para reproducirse a pesar de la intensiva cosecha de semillas, y también debido al desarrollo de una organización social para la recolección y el comercio de este producto. Esta organización implicó, en primer lugar, la conformación de un grupo de recolectores. Las oportunidades generadas por el comercio de tagua incentivaron la migración de gente negra proveniente de la zona minera de Barbacoas hacia las tierras baldías cercanas a Tumaco7. Al construir sus casas en las inmediaciones de los taguales y limpiar de vegetación los canales que facilitaban el acceso a las zonas de cosecha, estos migrantes y sus descendientes adquirían derechos para recolectar tagua8. El trabajo de recolección era sencillo y podía realizarse durante todo el año. Los recolectores buscaban las semillas en el piso del bosque, las almacenaban en canastos y las transportaban hasta sus casas. El afán de cosechar tagua llevó a algunos a tumbar las palmas para obtener las semillas del fruto verde. Esta práctica, denominada maceo, preocupó a las autoridades tumaqueñas que tomaron varias medidas para evitarla. Aunque la práctica siguió, las continuas exportaciones de tagua indican que el maceo no tuvo efectos graves sobre los taguales9.

La economía de la tagua no sólo incentivó la creación de un grupo de recolectores, sino también uno de comerciantes exportadores, que conformaron el ápice de la pequeña élite blanca de Tumaco. En la década de 1870 el puerto ya contaba con un grupo de comerciantes que se unió para evitar la imposición de un impuesto a las exportaciones de tagua10. Estos comerciantes operaban creando casas comerciales, que solían tener un sólo dueño y llevar su nombre. Cada casa comercial tenía un almacén y una bodega con su muelle, donde llegaban sus agentes compradores o los propios recolectores a descargar las semillas11. Los comerciantes secaban la tagua al sol durante semanas y hasta meses antes de exportarla. La élite comercial era pequeña: en 1911 tan sólo doce casas se encargaban del comercio de exportación12. Algunos de sus dueños provenían de Barbacoas, otros eran inmigrantes de España, Italia, Inglaterra, los Estados Unidos y probablemente también de Ecuador y otras partes de Colombia. Pocos comerciantes lograron mantenerse en el negocio por períodos de tiempo largos, pues la fluctuación de los precios de la tagua llevó a muchos a la quiebra13.

La relación entre estos comerciantes y los recolectores estaba mediada por el endeude. Tal como sucedió en esos mismos años con el caucho en el Amazonas, los comerciantes proveían a los recolectores de los bienes necesarios para su manutención a cambio de que estos últimos pagaran la deuda adquirida en tagua. El precio al que se avaluaban las semillas era inferior al del mercado, la diferencia correspondía a una suerte de interés cobrado sobre el adelanto de mercancías. Después de pagar los bienes avanzados y adquirir otros más, los recolectores seguían endeudados y tenían que volver a recoger tagua, perpetuando así la relación de endeude con el comerciante. Un periódico tumaqueño se refirió en 1914 a esta relación en los siguientes términos:

Antes [de la crisis del mercado causada por la Primera Guerra], el campesino tenía recogido un quintal de tagua a las 11am, sin necesidad de cultivar la palma. Es más trabajando todo el día, sólo o con su mujer desnuda, podía recoger tres quintales [...]. Con eso venía a Tumaco, hallaba posada gratis en el muelle del comerciante, éste lo pampeaba, le preguntaba por los hijos, le ofrecía ser su compadre cuando naciese el próximo chicuelo, le daba trago y... le fiaba telas, abarrotes, etc con tal que le trajese más tagua. Ocho días de baile, embriaguez y toda crápula seguían a éste viaje. [...] Después de quince días volvía a dedicar otro día a ir al monte a taguar. Volvía a Tumaco, mas como al patrón ya se le debía un valor igual al precio de [los tres quintales que traía], se ocurría a otro patrón; a éste se le vendía dos quintales y el tercero se dejaba al primitivo -ya hecho compadre- en parte de pago de lo debido. […] Entrampados así los comerciantes […] entregaron ingentes sumas de dinero que están hoy perdidas14.

Este relato parcial y exagerado está marcado por una ideología racial que representaba a los negros como perezosos y por los efectos negativos de una fuerte disminución en el precio de la tagua. Sin embargo, el autor de estas palabras tenía razón al señalar que las deudas reflejaban más el poder de negociación de los recolectores, que los abusos de los comerciantes15. Tal como lo observó un viajero a principios del siglo XX, “[a] la pequeña hacienda [los recolectores le] consagran la mitad de la semana y la otra mitad, a la recolección de tagua"16. Además de cultivar plátanos, maíz y caña, los habitantes de las selvas cercanas a Tumaco pescaban, cazaban y utilizaban diversos materiales del bosque para construir sus casas y fabricar sus utensilios. Por esta razón, ellos no dependían completamente de la tagua para sobrevivir. Aunque la venta de tagua les daba acceso a bienes indispensables que ellos no podían producir, como sal, telas, hachas y machetes, los recolectores tenían otras ocupaciones y su necesidad de vender tagua no era tan urgente. Así, los comerciantes se veían en la obligación de darles concesiones, como crédito, para garantizar un suministro constante de semillas.

La organización para la extracción y exportación de tagua –caracterizada por la existencia de un grupo de recolectores, otro de comerciantes y un intercambio entre ellos mediado por deudas– compensaba la falta de capital de la región. A pesar de su pobreza, los grupos negros que habitaban la zona podían recoger tagua porque ésta era una actividad sencilla e intensiva en mano de obra. Los comerciantes, por su parte, corrían el riesgo de perder el capital prestado, debían montar un almacen y comprar una canoa, pero minimizaban otros costos: no tenían que pagar salarios, supervisar trabajadores ni invertir recursos para asegurar el acceso a los taguales. Esta organización, además, garantizaba la oferta de tagua a precios competitivos en el mercado internacional debido al subsidio tanto de los recolectores como de la naturaleza misma. Gracias a sus actividades de subsistencia, los recolectores podían vender la tagua a precios que no cubrían sus necesidades básicas de reproducción. El carácter extractivo de la actividad reforzaba este subsidio. Producir las semillas no costaba nada, pues nadie había plantado o cuidado las palmas17. Por lo tanto, el precio que los comerciantes pagaban por la tagua no incluía costos de producción, ni cubría el total de los costos de extracción. Así, la existencia de los taguales y la lógica de la economía campesina garantizaron precios competitivos para el funcionamiento de esta economía extractiva.

Debido entonces a la biología de P tumacana y al desarrollo de una serie de relaciones económicas, Tumaco se erigió en puerto exportador de tagua. Los pocos datos existentes sobre exportación de estas semillas indican que hasta el 50% de la oferta nacional salió por el puerto de Tumaco18. Cartagena, Barranquilla y Panamá exportaron la producción del resto de la costa Pacífica, del Urabá y del Magdalena Medio. Tumaco se diferenciaba de los demás puertos exportadores en que la tagua provenía de sus áreas aledañas y en la gran importancia de este producto dentro de sus exportaciones. Los pocos años para los que hay datos (1875, 1877,1909-1915) indican que la tagua representaba entre un 14% y un 30% del total de las exportaciones de Tumaco, y entre el 32% y el 57% de las exportaciones producidas localmente19. Las ganancias generadas por el comercio de este producto permitieron que Tumaco se convirtiera en ciudad.

2. La ciudad soñada

En la segunda mitad del siglo XIX el caserío de Tumaco se transformó en un pequeño pueblo. Hacia mediados del siglo Tumaco apenas tenía una calle comercial paralela al mar y unas pocas casas dispersas. Los miembros de la Comisión Corográfica que pasaron por Tumaco en 1853 no se llevaron una buena impresión: el clima les pareció enfermizo y las casas miserables. Por esos días el pequeño puerto vivía de la importación de sal y otros productos para Barbacoas y el sur de la actual Colombia20. Tumaco comenzó a cambiar en la década de 1860 cuando el comercio de tagua cobró importancia. El primer barco de vapor ancló allí en 1860 y al poco tiempo comenzaron a formarse las primeras casas comerciales21. El creciente movimiento del puerto generó un aumento en la población: en 1881 Tumaco contaba ya con 1.200 habitantes y diez años después un visitante estimó que allí vivían 1.500 personas22. Quienes conocieron Tumaco en ese entonces dejaron registrados comentarios elogiosos. Un europeo comparó sus casas con chalets suizos y un colombiano se refirió al lugar como la metrópoli comercial del sur y lo describió como un asentamiento bonito y relativamente grande23.

A partir de 1908 Tumaco aceleró su transformación urbana después de que el gobierno nacional le cedió al municipio el usufructo de sus baldíos. Tal cesión permitía al concejo municipal gravar la extracción de tagua, la actividad más rentable en aquel territorio. Como toda la tagua se exportaba, el concejo optó por recoger este dinero cobrando un impuesto a la exportación. Con esta nueva entrada los ingresos municipales se triplicaron de la noche a la mañana24. El concejo invirtió muchos de esos recursos en darle a Tumaco una apariencia urbana.

La élite entendía bien que las ciudades eran más que casas y calles: debían tener edificios públicos imponentes. Como en muchos pueblos colombianos, la primera preocupación de los habitantes de Tumaco fue la construcción de una iglesia. Desde finales del siglo XIX un templo bien localizado en la plaza principal le había dado cierta respetabilidad al puerto. En 1902 Tumaco adquirió un aspecto más inusual cuando se inauguró el teatro municipal. Con los ingresos de la tagua, el concejo municipal continuó con este tipo de obras. Acomodó las oficinas públicas en una linda casa ubicada en la plaza. La edificación más imponente, sin embargo, fue erigida para albergar el Instituto Pedagógico, es decir, el colegio para varones. Este edificio tenía tres pisos, estaba adornado con arcos y balcones y ocupaba una cuadra entera al lado de la plaza25. El concejo también organizó la construcción de un colegio para niñas, similar al de varones pero más modesto, y una escuela para niños con arquitectura de inspiración caribeña26. El municipio, además, acondicionó una casa como hospital. La inauguración de todas estas edificaciones era celebrada con música y pomposos discursos 27.

El dinero de la tagua alcanzó para realizar otro tipo de obras públicas que sirvieron para modernizar a Tumaco. En 1912 el consejo convirtió la extensa plaza Cristobal Colón en un parque con kiosco en el medio y un simpático diseño de senderos simétricos. La torre de la iglesia fue adornada con un reloj que contribuyó a inculcar a los tumaqueños una nueva forma entender el tiempo. El concejo también construyó un matadero, tres muelles y dos puentes sobre el estero que partía la isla en dos. La construcción de un muro para proteger parte de la isla de los embates del mar fue tal vez la obra más larga y costosa. Además, el concejo pavimentó varias calles con piedra, construyó andenes, puso elegantes barandas de hierro alrededor de la escuela de niñas y del cementerio, instaló lámparas en las calles principales y dotó a la ciudad de tres excusados públicos 28.

Los esfuerzos privados, también financiados en buena medida por el comercio de la tagua, constituyeron otra contribución importante para la conversión de Tumaco en una pequeña ciudad. El centro reforzó su papel de símbolo de aquella transformación y de eje social y comercial del puerto gracias a que las familias más adineradas construyeron hermosas casas de dos pisos, que solían tener almacén y bodega en el primero y habitaciones en el segundo. Sus balcones y los techos de zinc que reemplazaron a las hojas de palma les daban prestancia y un toque moderno. Bajo la dirección de los misioneros agustinos que llegaron a Tumaco en 1899, los residentes del puerto recogieron fondos para remodelar la iglesia y construir una nueva en 191829. Los edificios públicos, la nueva infraestructura y las viviendas elegantes fueron los elementos más notorios del nuevo paisaje urbano de Tumaco.

El tránsito de pueblo a incipiente ciudad también implicó una cierta diversificación económica y la creación de nuevos grupos sociales. El establecimiento de algunas empresas fue la mayor novedad. Un aserradero y un astillero permitieron la fabricación local de muebles y barcos, mientras que talleres más pequeños sirvieron para la manufactura de gaseosas, pasta e incluso cigarrillos30. Estos establecimientos, al igual que la construcción de casas y obras públicas, ofrecieron nuevas oportunidades de empleo a quienes llegaban a la isla provenientes de los ríos que bañan el litoral. Los migrantes también trabajaron como estibadores, engrosaron el grupo de pescadores que atendía un mercado cada día más amplio y hasta llegaron a ser emboladores31. Las mujeres pobres se emplearon en el servicio doméstico, crearon un grupo de planchadoras y lavanderas y también vendieron sus favores a los hombres32. De este modo se fue formando una clase trabajadora en el puerto.

Las nuevas oportunidades económicas también promovieron la creación de un grupo medio. El número de artesanos creció en las primeras décadas del siglo XX con la proliferación de carpinteros, hojalateros, herreros, pintores, joyeros, sastres, fotógrafos y reparadores de zapatos, relojes y sombreros33. La ciudad también necesitaba un operador para el nuevo telégrafo, algunos tipógrafos, enfermeras y maestros. El estado empleaba tumaqueños con cierto nivel de educación como secretarios, concejales y jueces. Un mayor mercado local facilitó el establecimiento de algunas tiendas y un par de farmacias34. En 1911 Tumaco contaba con 23 tiendas y 34 pulperías35. No faltó quien pusiera restaurantes y desde 1905 hoteles36. Los dueños de los mejores negocios formaron, junto con los grandes comerciantes, la élite tumaqueña. A ellos habría que añadir a un pequeño número de profesionales, principalmente abogados, pero también un par de médicos y algún dentista, contador e ingeniero 37.

Tanto los profesionales como los artesanos y las lavanderas hallaron formas de entretenimiento más variadas de las que conocieron sus antepasados. Las celebraciones religiosas ganaron prominencia con la llegada de los misioneros agustinos, en especial la fiesta de la virgen de Las Mercedes, patrona del puerto38. Tumaco estrenó banda municipal y con ella alegres retretas en el parque Colón39. Los deportistas del puerto organizaron novedosas carreras de bicicletas y partidos de basketbol para la dicha y asombro de los tumaqueños40. Los billares y las riñas de gallos continuaron siendo una de las principales formas de diversión masculina41. Los hombres de la élite crearon los clubes Central y Santander, donde podían comer, tomar, hablar de política y jugar cartas, ajedrez y billar. Las mujeres eran poco bienvenidas en estos establecimientos, pero podían divertirse con las obras y conciertos del teatro municipal y, desde 1914, con las funciones del cinematógrafo Kosmos. Allí también asistían aquellos hombres blancos, mulatos y negros de clase media, que tenían igualmente vedada la entrada a los clubes sociales.42

La élite local estaba convencida de que un desarrollo urbano cabal requería de un ambiente que a su modo de ver pudiera ser considerado culto. Por ello el concejo fundó el Instituto Pedagógico de Varones y contrató, entre 1911 y 1914, a un pedagogo alemán para que lo dirigiera43. El concejo y algunos residentes compraron imprentas que publicaron, entre 1900 y 1930, más de 20 periódicos donde se discutían los sucesos de la región, se daban a conocer las noticias más destacadas del resto del mundo y se promovía la literatura. El litoral Pacífico (1909-1915) y El Fiscal (1914-1919) fueron los más duraderos. Las tertulias literarias sirvieron como espacio de encuentro para los intelectuales locales, que además formaron sociedades literarias y organizaron competencias literarias44. Estas personas se preocuparon por crear una biblioteca pública con libros donados por ellos mismos45.

La transformación física, social y cultural que le dio a Tumaco un carácter urbano se basó en una economía que dependía de la disponibilidad de recursos naturales mercadeables. El momento crucial de esta transformación se dio en la década de 1910, cuando el municipio utilizó el impuesto sobre la tagua para crear un paisaje urbano. La formación de nuevas clases sociales y los cambios en la vida diaria de los tumaqueños contribuyeron a marcar la diferencia entre esta ciudad y los caseríos de las zonas donde se recolectaba la tagua. Para finales de la década de 1910 Tumaco se había convertido en una ciudad de 6.000 habitantes46.

3. El desarrollo truncado de una ciudad dividida

El crecimiento de Tumaco descansaba sobre una economía débil que generaba sueños urbanos más fácilmente que realidades correspondientes. La diversificación económica del puerto evidenciaba tanto los alcances como los límites de su transformación. Las ciudades son redes de actividades económicas interconectadas; su desarrollo refleja la complejidad de los vínculos que existen entre dichas actividades y la riqueza que producen. El comercio de la tagua constituía el motor económico de Tumaco, pero este motor tenía poca capacidad de arrastre. La economía que alimentó las aspiraciones urbanas de Tumaco sólo generó suficientes recursos para crear una pequeña demanda de obreros, sastres, empleados públicos y tal vez un doctor y un par de restaurantes. Este proceso, sin embargo, no estuvo acompañado por la creación de otros sectores relacionados, como plantas de procesamiento de tagua o sistemas de transporte, que sirvieran de multiplicadores que jalonaran el desarrollo del puerto47. Para completar, Tumaco sólo surtía un mercado rural minúsculo. Esta economía basada en la extracción de un recurso natural produjo más una fachada que un sólido entramado urbano.

Las falencias del paisaje urbano de Tumaco y de la vida que se desarrollaba en él muestran hasta dónde llegó su transformación. En 1920, al culminar la década de mayores cambios, un periódico local daba claras luces de las frustraciones que acompañaron la creación de esta ciudad:

El aspecto material de la población, si bien es atrayente y simpático […] deja […] que desear […]. Nótese que tenemos casuchas, casitas y caserones. Poco más, poco menos, todas carecen de habitaciones espaciosas, y de buenos pisos; las paredes mal pintadas y mal comunicados los aposentos; muy bajos los cielos rasos y, lo que es peor aún, muy mal ventilados los apartamentos [...]. Existen calles de suficiente amplitud, pero en cambio hay otras como los llamados callejones oscuros [que son estrechos y angostos…]. En la plaza Cristóbal Colón aún se ven casas de aspecto rústico y vetusto y hace falta un jardinero y una verja de hierro. [El] decorado [de la iglesia parroquial] es pésimo y le falta una segunda torre al costado izquierdo [...]. El Teatro Municipal tiene 18 años, su aspecto es tosco y sin gracia48.

Las quejas por el estado de los edificios públicos no eran nuevas. Un año antes un periodista había lamentado que la ciudad tuviera una enramada como teatro y, en 1914, otro periódico se refirió al palacio municipal como el chiquero municipal49. Así, hasta los logros más destacados eventualmente generaron vergüenza en vez de orgullo.

La mayoría de los proyectos públicos no respondieron a las más elementales expectativas. La historia de los esfuerzos realizados para proteger a Tumaco contra los ataques del mar es emblemática de los logros urbanos del puerto. El océano golpeaba a la isla causando fuerte erosión, al punto de llevarse una sección entera conocida como La Punta50. Desde por lo menos 1890 los tumaqueños habían tratado de construir un muro de contención. Después de varios intentos fallidos, en la década de 1910 el concejo municipal finalmente construyó una muralla; pero ésta fue destruida por una marea, en 1919, dejando a Tumaco más desprotegido que nunca51. Las demás obras reflejaban problemas semejantes. Las calles permanecían sucias, encharcadas e invadidas de maleza52. Un reportero local decidió ponerle humor al asunto cuando preguntó: “¿Brazo de mar, ciénaga, lago, laguna o qué será la mal llamada Calle de Popayán?"53. Los puentes amenazaban con caerse, las plazas parecían selvas y los excusados públicos no funcionaban bien, mientras perros, gatos y gallinas se paseaban por toda la ciudad54. El alumbrado público fallaba con frecuencia y tenía una cobertura bastante limitada55. Para completar este panorama desolador, el telégrafo solía dañarse y el correo tomaba semanas en llegar56. ¿Quién podía admirar una ciudad que permanecía aislada del resto del mundo, con caminos por calles y potreros enmontados en lugar de plazas?

Los celebrados logros culturales también ilustran el tipo de ciudad que era Tumaco. El colegio de varones cerró después de tan sólo tres años de labores y tuvo que funcionar como escuela primaria57. Las funciones del Teatro Municipal, que tanto ayudaban a darle un aire cosmopolita al puerto, eran eventos esporádicos. La frecuente desintegración de la banda municipal solía dejar a los tumaqueños sin las muy apreciadas retretas58. La biblioteca pública permanecía cerrada por falta de fondos. Algunos de los pocos ‘profesionales' del puerto no eran graduados59. Un visitante de cualquier ciudad del interior se habría horrorizado ante la perspectiva de vivir en una población en la que faltaban muchas de las comodidades asociadas con la vida urbana.

La exportación de tagua generó sueños urbanos pero se quedó corta en hacerlos realidad. La venta de un producto del bosque sin ningún procesamiento, ni vínculos horizontales con otro tipo de actividades, representó un logro para Tumaco, pero no creó una economía fuerte. Las economías extractivas, que dependen de tomar productos de la naturaleza, han sido típicas de las selvas tropicales, donde la gran diversidad de plantas y animales ha facilitado encontrar materiales demandados en otras regiones. El caucho, extraído en esta misma época de los bosques de África y de Centro y Sur América, constituye tal vez el mejor ejemplo60. Estas economías han generado crecimiento urbano, pero sólo ciudades de tercera categoría.

Tumaco no sólo reflejaba las limitaciones de la economía de la tagua, sino también su estructura racial. Las categorías de blanco y negro servían para marcar límites entre personas con fenotipos y culturas más variadas de lo que esa oposición sugiere, y sirven aquí para señalar divisiones sin las cuales es imposible dar cuenta de lo que era Tumaco. Los comerciantes blancos que exportaban las semillas recolectadas por descendientes de esclavos formaban el ápice de la pirámide social del puerto, mientras que gente negra estaba en la base. Pero los grupos negros no conformaban un todo homogéneo: representaban los sectores más pobres, así como también la mayoría de los sectores medios. Miguel Triana, un bogotano que visitó Tumaco en 1906, quedó impresionado con la posición alcanzada por algunas personas negras:

Pasamos todos los días frente a una oficina pública donde trabajan empleados de color con tal seriedad y fundamento, que nos creimos trasladados a una república negra. Las familias negras mandan sus hijos a las escuelas, con gran provecho para la educación de su raza […]

En la iglesia, en el teatro, en los paseos, las señoritas negras, a pesar del abigarrado gusto de sus trajes, hacen comprender que se ha establecido la selección verdadera de la raza Africana, por el donaire señoril y el recato de las maneras y movimientos61.

A pesar de la movilidad social que la ciudad permitía, había límites claros a las posiciones alcanzadas por personas negras. Hubo hombres negros que montaron tiendas, construyeron buenas casas para sus familias, compartieron oficina con hombres blancos y discutieron estrategias políticas en reuniones de su partido, mientras sus mujeres pudieron haber ido a cine con una vecina blanca. Pero ninguna persona negra era dueña de una casa comercial, la principal fuente de poder en la región. Además, los blancos establecían límites muy claros en su interacción con personas de piel oscura y cabello ensortijado. Los padres de una de las familias de la élite blanca nunca hubieran aceptado que un hijo suyo se casara con una de las elegantes señoritas negras que tan buena impresión dejaron en el señor Triana. Un comentario publicado en un periódico en 1920 expresa claramente las barreras que demarcaban la división racial en Tumaco:

Con gran extrañeza hemos sido informados que habiéndose presentado unas señoritas de la raza llamada humilde al Colegio S C de Jesús, fueron advertidas por la R Madre Superiora de que al ingresar al Establecimiento quedaban sujetas a los vejámenes que les dirigirían a diario las alumnas de raza blanca, a quienes no podría imponer ningún castigo para no disgustar a los padres de estas señoritas62.

Las fiestas de la alta sociedad, a las que no había personas negras invitadas, revelan que existían filtros de índole racial para ingresar a las altas esferas sociales63.

Las divisiones raciales también marcaban la geografía de la ciudad. Con la expansión de Tumaco, el centro adquirió mayor valor simbólico en la medida en que se constituía en el área que unificaba la ciudad y mejor representaba su carácter urbano. Unos pocos edificios públicos y las casas de las familias más acomodadas diferenciaban esta área del resto de la ciudad. Allí estaban las casas comerciales muy bien ubicadas en las inmediaciones de las dos calles principales: la Calle del Comercio, que corría a lo largo de la orilla del mar, y la Calle Márquez, que llevaba el nombre de uno de los mayores comerciantes del puerto. Este moderno centro de la ciudad, zona de encuentro de diferentes grupos sociales, representaba el poder de la élite blanca. En contraste, el barrio de Pueblo Nuevo era primordialmente un área habitada por familias negras. Este barrio surgió en las primeras dos décadas del siglo XX con la expansión de Tumaco hacia el noroccidente, al otro lado del estero que dividía la isla en dos64.

La ideología de la élite blanca se nutría de la división racial que marcaba la economía de la tagua. Este grupo privilegiado había realizado grandes esfuerzos por construir la ciudad como una forma de crear un lugar civilizado en medio de la selva, ambiente considerado salvaje. La élite estaba convencida de que las mujeres y los hombres que recolectaban tagua pertenecían a las selvas donde vivían65. Pero resulta que muchas de esas personas habían migrado a la ciudad, junto con su pobreza y sus costumbres, donde conformaban la mayoría de la población. Las palabras de un periodista local ejemplifican la decepción que algunos residentes sentían con relación a la composición racial de la ciudad:

Tal es la Policía de Tumaco, compuesta casi en su totalidad de morenos incultos y analfabetas, quienes en vez de cargar la vara de la justicia y seguridad deberían estar, canalete en mano, cargando en su potrillo o canoa racimos de plátanos para la venta […] puesto que ese es y debe ser su elemento, y su puesto y no el de guardianes de sociedad66.

Las ideas sobre la naturaleza y la raza afectaban la forma en que las élites entendían el medio urbano y, por lo tanto, marcaban el carácter de la ciudad misma.

La contradicción entre la ciudad ideal que la élite soñaba y la realidad tumaqueña queda aún más clara en las frecuentes quejas que sobre la música de la gente negra aparecían en los periódicos locales. Mientras los negros bailaban al ritmo de tambores y marimbas, las élites blancas preferían valses y otros ritmos de origen europeo. La presencia de la música negra en la ciudad causaba escozor entre los poderosos del puerto, que solían quejarse de los bailes de la gente negra. Estas críticas constituyen la forma más frecuente en la que los blancos se referían a los habitantes negros de la ciudad. Todo lo relacionado con sus fiestas parecía ir en contra de las nociones que estos autores tenían sobre la vida urbana civilizada. Ellos consideraban a la música monótona y a las letras inmorales, pero lo que más les disgustaba era el baile67. En su importante obra sobre la costa Pacífica colombiana publicada en 1921, el padre Bernardo Merizalde del Carmen describió las fiestas de la siguiente manera:

Al principio los bailes se hacen con cierto orden, pero a medida que los negros van ingiriendo aguardiente, se convierten las danzas en saltos desaforados; los cantos en gritos estridentes; la música en sonidos broncos y destemplados. No pocas veces los bailes terminan en puñetazos, palos y cuchilladas68.

El padre Merizalde no era el único que se refería a estas fiestas como ocasiones en las que gente embriagada perdía el control y se comportaba de manera degenerada. Un observador notó con disgusto que “en esas bacanales, no sólo se cometen faltas de la peor ralea, sino que la embriaguez que en ellas domina, es origen de riñas, heridas y escándalos atroces"69. El volumen, la frecuencia y la duración de las fiestas amenizadas con marimba acrecentaban la molestia de los hombres literatos del puerto.

Acusaciones de salvajismo dominaban los escritos de la élite sobre estos bailes. Un periodista de Buenaventura opinaba que “[l]os instrumentos... los tocan con

desesperacion, con frenesi, y el canto, con una aspereza y monotonía tan salvaje, que mas bien parece un remedo del canto de los monos de nuestras selvas"70. Ante los ojos de estos hombres las marimbas no pertenecían a las ciudades; las corrompían. Su sonido representaba la llegada del desorden del bosque al ambiente urbano humanizado. Un periodista tumaqueño contrastó los logros de la ciudad con el atraso representado por esta música persistente. "Ya es tiempo", escribió en 1913, "de que Tumaco, población que va adquiriendo tintes de civilización y de progreso, se despoje de esos antiguos hábitos coloniales. La marimba, el instrumento de los pueblos salvajes, nos hace recordar así como si estuviéramos en alguno de los pueblos del África" 71. Para las élites tumaqueñas el salvajismo en el mundo estaba simbolizado por África, en la región por las selvas y en Tumaco por el barrio negro de Pueblo Nuevo, “área de las fiestas salvajes"72.

La geografía de la ciudad y las relaciones entre sus residentes, vistas en parte a través del desprecio que los blancos sentían por las manifestaciones culturales negras, semejaban las profundas divisiones de la economía tumaqueña. Una pequeña élite blanca, que comprendía una proporción minúscula de los habitantes de la ciudad, era dueña de las casas comerciales, ocupaba los puestos más altos de la burocracia y controlaba la prensa local. Esta élite compartía la ciudad con gente negra que, a pesar de las posibilidades que había para la movilidad social, no lograba acceder a los círculos sociales más altos. Los hombres letrados asociaban a los negros con la selva y consideraban que estos expresaban el salvajismo del que ellos querían escapar con la construcción de la ciudad. Por esta razón, los curas -que también eran hombres blancos- adelantaron campañas "contra los salvajes bañes de los negros costeños"73. Las divisiones raciales expresaban la estructura de la economía y determinaban el carácter de Tumaco, al igual que los edificios en mal estado y los menguados logros culturales.

Conclusión

En la introducción a un libro reciente sobre historia ambiental latinoamericana, Christian Brannstrom y Stefania Gallini indican que el auge exportador de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en América Latina es uno de los temas sobresalientes de este nuevo campo de la historia. Estos autores afirman que la destacada relación que existe entre economía y ambiente -evidente en la importancia de productos agrícolas y extractivos como el café, los bananos, el güano y el nitrato- ha sido en gran medida ignorada. Debido a que los académicos han estudiado por mucho tiempo los efectos sociales, políticos y económicos de la integración latinoamericana a la economía mundial, este popular tema sirve para demostrar, a una audiencia aún no convencida, la necesidad de tomar en serio a la naturaleza74.

En las dos décadas pasadas han aumentado los trabajos que indagan sobre las dimensiones ambientales del desarrollo exportador. Algunos estudios recientes se han concentrado en la aparición de pestes asociadas con las plantaciones y en el papel de la investigación agrícola, es decir, de formas particulares de entender el mundo natural75. Pero buena parte de la literatura reciente, así como algunos estudios pioneros, se concentran en los cambios del paisaje. En su estudio sobre la zona cafetera, publicado en 1949, el geógrafo James Parsons explica cuidadosamente la transformación de un área boscosa en un paisaje agrícola dominado por fincas campesinas con gran variedad de cultivos76. Los estudios más recientes tienden a llamar nuestra atención sobre los costos ambientales del crecimiento económico de ese período. En su estudio sobre la larga destrucción del bosque atlántico brasilero, Warren Dean dedica unos capítulos a la contribución de la exportación de café al desastre. De manera similar, Reinaldo Funes cuenta cómo la producción de azúcar en Cuba convirtió los bosques de la isla en cultivos de caña y pastizales improductivos77.

El caso reconstruido aquí muestra cómo una actividad extractiva intensa y duradera como la recolección de tagua tuvo un impacto leve sobre el bosque. La recolección de tagua no amenazó la supervivencia del ecosistema del que dependía, ni generó una deforestación extensiva. Este artículo, por lo tanto, no examina la transformación (o degradación) del paisaje natural o rural; se concentra en la conexión entre la naturaleza y el mundo urbano. Esta conexión ha sido estudiada desde distintos ángulos por autores que trabajan primordialmente sobre ciudades estadounidenses78. En este artículo examino el tema en una región selvática de Sur América. Aunque la selva ha sido el lugar privilegiado en América Latina para examinar asuntos ambientales con cierta perspectiva histórica, quienes han trabajado el tema no han hecho explícitas las conexiones entre la naturaleza y los procesos urbanos79. En este estudio exploro la relación entre selva y ciudad de tres maneras: la forma en que el desarrollo de Tumaco fue afectado por la naturaleza misma, por una organización social creada para transformar la naturaleza en mercancía y por las ideas de la naturaleza que se tenían. Veamos estos puntos uno por uno.

Primero, la biología de Phytelephas tumacana le brindó a Tumaco el potencial de convertirse en un puerto de cierta importancia. El material que compone la semilla podía utilizarse para la producción de botones, las palmas crecían profusamente en los alrededores del puerto y cerca de ríos que garantizaban transporte barato. Además, la capacidad de la especie para reproducirse a pesar de que buena parte de sus semillas fueran recolectadas hacía posible una alta intensidad de cosecha sin afectar los taguales. Si las semillas de tagua fueran más pequeñas o más blandas no habría habido un mercado para ellas y el destino de Tumaco habría sido muy distinto. Lo mismo habría pasado si la especie tuviera una distribución diferente o si las poblaciones de tagua que rodean a Tumaco hubieran declinado debido a la persistente recolección de sus semillas. Las economías del auge exportador latinoamericano dependían de la naturaleza de maneras similares. La fertilidad de las pampas argentinas, para citar un ejemplo bien conocido, le dieron a una zona poco importante del imperio español la posibilidad de convertirse en una de las economías de más rápido crecimiento del mundo. Por lo tanto, la historia analizada aquí ejemplifica un fenómeno mucho más general: cómo la naturaleza afectó el desarrollo latinoamericano durante el auge exportador. Este fenómeno ha sido reconocido a veces, tal como lo indica la expresión lotería de los productos básicos'80. Pero en muchos casos las implicaciones de la naturaleza de los productos de exportación ha sido un tema dejado de lado.

Segundo, el potencial ofrecido por la biología de la tagua logró realizarse a través del desarrollo de relaciones económicas que transformaron una semilla en una mercancía o un ‘producto natural'. La exportación de tagua descansaba sobre la ocupación de los bosques por parte de gente negra, la conformación de una élite comercial en una isla olvidada, y la relación entre los dos grupos afectada por el legado de la esclavitud. Mientras gente negra realizaba el trabajo manual y subsidiaba el comercio de la tagua, personas blancas manejaban el comercio de exportación, tomaban riesgos y recaudaban las ganancias. De manera similar, el impresionante crecimiento de la economía argentina después de 1880 dependió de factores sociales que permitieron el aprovechamiento del potencial de las pampas: la derrota de las tribus indígenas y la inmigración de trabajadores europeos, entre otros.

Tercero, las nociones de que la ciudad es opuesta a la selva y que la gente negra pertenece a este último ambiente imprimieron a la ciudad un carácter particular. Ante los ojos de la élite, la naturaleza salvaje de la selva entraba a Tumaco a través de la presencia de los negros, que conformaban la mayoría de la población del puerto. El desprecio y la exasperación con la música y los bañes de gente negra ejemplifican las contradicciones inherentes al proyecto urbano de las élites. Estas soñaban con tener una ciudad en las selvas del Pacífico colombiano, porque la naturaleza y el trabajo de la gente negra subsidiaban y permitían el comercio de la tagua. Sin embargo, concebían a su ciudad en oposición tanto a los bosques, como a la supuesta naturaleza de estos trabajadores. Con ello negaban y ocultaban las fuerzas que facilitaban sus aspiraciones urbanas. El pensamiento racial y las ideas sobre lugares urbanos revelan mucho sobre la relación que diferentes sociedades tienen con la naturaleza, porque las ciudades suelen ser pensadas como los ambientes más anti-naturales y las características raciales suelen ser consideradas naturales. Tumaco es un lugar privilegiado para explorar las nociones paralelas de raza y ciudad porque heredó una fuerte división racial de tiempos coloniales y está rodeado de selvas, ambiente que suele ser considerado como naturaleza prístina.

Al introducir preocupaciones sobre divisiones raciales y pensamiento racial este artículo establece vínculos entre el creciente campo de la historia ambiental latinoamericana y trabajos recientes que acentúan la importancia de la categoría de raza para entender el pasado y el presente de América Latina. Historiadores y antropólogos han explorado el significado y las implicaciones de la identidad mestiza prevalente en varios países latinoamericanos e, influenciados por los estudios subalternos, han mirado las formas en que indios y negros han participado en política y contribuido a formar sus naciones81. Aunque han puesto menos atención a la interacción entre naturaleza y raza, unos cuantos académicos han hecho aportes interesantes al tema. Algunos han mirado la forma en que ciertas regiones o geografías han sido asociadas a categorías raciales82. El estudio de la forma particular que tomó el movimiento eugenésico en América Latina ha relacionado las preocupaciones sobre raza y naturaleza desde la perspectiva de la historia de la ciencia. Sin embargo, este tipo de investigaciones han sido poco trabajadas por los historiadores ambientales83. Aquí he examinado cómo una ideología que conecta raza y naturaleza negó tanto el papel de la selva, como el de la gente negra en la construcción de Tumaco. El sueño de crear una metrópoli en la selva resalta las contradicciones que surgieron de la forma en que las personas de esta sociedad se relacionaban entre ellas y con la naturaleza.


1 Ver HOFFMAN, Odile, "Sociedades y espacios en el litoral pacífico sur colombiano (siglos XVIII-XX)", en AGIER, Michel, ÁLVAREZ, Manuela, HOFFMAN, Odile y RESTREPO, Eduardo (Eds.), Tumaco: haciendo ciudad, Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia - IRD, Universidad del Valle, 1999, pp. 15-53.

2 GUTIÉRREZ, Rufino, "Noticias sobre Pasto y las demás provincias del sur", en GUTIÉRREZ, Rufino, Monografías, 2 tomos, Bogotá, Imprenta Nacional, 1921, Tomo I, p. 141.

3 El estudio más completo sobre la biología de la tagua es BARFORD, Anders S., “A Monographic Study of the SubfamilyPhytelephatoideae (Aracaceae)", en Opera Botánica, No. 105, Lund, Suecia, Botaniska Foerening, 1991. Otras fuentes utilizadas para este artículo son BARFORD, Anders S., “The Rise and Fall of Vegetable Ivory", en Principes, Vol. 33, Lawrence, Kansas, International Palm Society, 1989, pp. 181-190 y ACOSTA SOLÍS, Misael, Tagua, Quito, Editorial Ecuador, 1944.

4 OCAMPO, José Antonio, Colombia y la economía mundial, 1830-1910, Bogotá, Siglo XXI - Fedesarrollo, 1984, pp. 418-420; El Litoral Pacífico, 23 de marzo 1910; BELL, P. L., Colombia, A Commercial Handbook, Department of Commerce, Special Senes 206, Washington, Government Pnnting Office, 1921, p. 90.

5 El Concejal, 30 de septiembre de 1911.

6 BERNAL, Rodrigo, “Demography of the vegetable ivory palm Phytelephas seemannii in Colombia, and the impact of tagua harvesting", en Journal of Applied Ecology, Vol. 35, Oxford, Blackwell Scientific Publications, 1998, pp. 64-74.

7 WEST, Robert, Las tierras bajas del Pacífico colombiano [1957], Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2000, pp. 152-167.

8 Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Fondo Baldíos, Tomo 11, ff. 210-242.

9 Sobre recolección ver El Conejal, 30 de septiembre de 1911 y El Litoral Pacífico, 3 de octubre de 1914. Sobre el maceo ver Albores, 25 de febrero de 1907; El Litoral Pacífico, 22 de enero de 1910; 1 de marzo de 1910; 2 de abril de 1910; 16 de julio de 1910; 6 de agosto de 1910; 23 de septiembre de 1910; 15 de octubre de 1910; 15 de noviembre de 1910; 8 de junio de 1912; 28 de junio de 1912; 20 de julio de 1912; 24 de agosto de 1912; 7 de febrero de 1913; El Concejal, 20 de mayo de 1911; 30 de septiembre de 1911; Gil Blas, 5 de septiembre de 1912; 13 de octubre de 1912; 9 de noviembre de 1912; El Micrófago, 21 de noviembre de 1914; 28 de noviembre de 1914; AGN, Fondo Baldíos, Tomo 33, ff 38-47; Tomo 57, f 44; Tomo 58, f 61.

10 El Montaráz , 1 de mayo de 1878, 20 de julio de 1878; El Elector, 20 de noviembre de 1878.

11 El Fiscal 12 de marzo de 1914.

12 El Concejal, 31 de enero de 1911.

13 DUEÑAS DE ANTHALZER, Carmen, Historia económica y social de Manabí, Quito, Abya-Yala, 1986.

14 El Litoral Pacífico, 3 de octubre de 1914.

15 Para un análisis de las relaciones de endeude en América Latina, sobre todo en las haciendas, ver , entre otros, KNIGHT, Alan, "Debt Bondage ín Latín América", en ARCHER, Léonie (editor), Slavery and other forms of Unfree Labor, New York, Routledge, 1988.

16 TRIANA, Miguel, Por el Sur de Colombia, Bogotá, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1950, p. 48.

17 En los periódicos de Tumaco hubo anuncios que decían que una cierta finca estaba sembrada de o tenía plantaciones de caucho, cacao y tagua, lo que podía significar que se sembraron palmas de tagua en pequeña escala. Sin embargo, es posible que la tagua silvestre haya sido incluida en listados de los activos o cultivos de la finca. En otras partes he encontrado la expresión 'plantaciones naturales' para referirse a los taguales. Un habitante del río Mira entrevistado por Eduardo Restrepo en 1997 dijo que allí se había sembrado tagua. En cualquier caso, sigue siendo cierto que prácticamente todas las semillas de tagua fueron recogidas de taguales silvestres. El Litoral Pacífico 25 de mayo de 1912; 14 de marzo de 1914; El Fiscal, 26 de mayo de 1915; 10 de abril de 1916; El Eco delPacífico, 4 de noviembre de 1916; AGN: Fondo Baldíos, Tomo 68, f. 267; RESTREPO, Eduardo, "Hacia la periodización de la historia de Tumaco," en AGIER, Manuel, ÁLVAREZ, Manuela, et. al. (editores), Tumaco: haciendo ciudad, Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología - IRD, Universidad del Valle, 1999, p. 61.

18 Por ejemplo en 1917 las exportaciones de Tumaco representan 54.3% del total nacional: Anuario de Comercio Exterior, 1917.

19 Las exportaciones más valiosas eran oro de Barbacoas y quina de los Andes. Anuario Estadístico 1875, Bogotá, Imprenta de Medardo Rivas; El Vapor, 10 de febrero de 1878; El Fiscal, varios números, 1909-1915.

20 PÉREZ, Santiago, Selección de escritos y discursos de Santiago Pérez , Bogotá, Biblioteca de Historia Nacional, 1950, p. 81; BARONA, Guido, DOMÍNGUEZ, Camilo, et al. (Editores), Geografía Física y Política de la Confederación Granadina. Vol. 1, Estado del Cauca, Tomo II: Provincias de Chocó, Buenaventura, Cauca y Popayán, Obra dirigida por el General Agustín Codazzi, Popayán, Universidad del Cauca, 2002, pp. 404 y 430.

21 MERIZALDE DEL CARMEN, Bernardo, Estudio de la costa colombiana delPacífico, Bogotá, Imprenta del Estado Mayor General, 1921, p. 130.

22 Eco delPacífico, 23 de octubre de 1881; BRISSON, Jorge, Viajes por Colombia en los años de 1891 a 1897, Bogotá, Imprenta Nacional, 1899, p. 12. En 1778 Tumaco y su área circundante no definida contaban con 1.229 habitantes. En 1788 Tumaco y una área nuevamente no definida contaban con 782 habitantes. No es posible establecer cuántas de las personas de ambos censos vivían en el puerto. TOVAR PINZON, Hermes, TOVAR MORA, Jorge y TOVAR MORA Camilo (Comp.), Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada, 1750-1830, Bogotá, Archivo General de la Nación, 1994, pp. 336-341.

23 BRISSON, Jorge, op. cit; GUTIÉRREZ, Rufino, op cit., p. 141.

24 Gil Blas, 19 de septiembre de 1912; El Concejal, 10 de marzo de 1911; El Eco del Pacífico, 14 de octubre de 1916; La Idea, 21 de octubre de 1916.

25 El Litoral Pacífico, 4 de enero 1913.

26 Revista de Colombia, Volumen Centenario, No. 12, Bogotá, 15 de diciembre de 1910, p. 365.

27 El Litoral Pacífico, 11 de septiembre de 1915.

28 El Litoral Pacífico, 11 de mayo de 1912; 25 de mayo de 1912; 12 de octubre de 1912; 4 de enero de 1913; 21 de junio de 1913; 21 de feb de 1914; 11 de septiembre de 1915; Gil Blas, 26 de julio de 1912; 19 de septiembre de 1912; El Revisor, 10 de febrero de 1909; El Fiscal, 10 de noviembre de 1917; Revista Nacional de Colombia, Bogotá, 7 de diciembre de 1912.

29 El Litoral Pacifico, 8 de enero de 1910; 19 de agosto de 1910; 24 de enero de 1914; MERIZALDE DEL CARMEN, Bernardo, op. cit, p. 192.

30 El Litoral Pacifico, 29 de enero de 1910; 21 de mayo de 1910; 19 de junio de 1910; 7 de febrero de 1914; 16 de enero de 1915; El Fiscal, 1 de julio de 1914; 1 de octubre de 1918; 12 de noviembre de 1918; Unión Obrera, 26 de abril de 1919; El Anzuelo, 18 de mayo de 1919.

31 El Litoral Pacífico, 20 de junio de 1914.

32 Gil Blas, 11 de julio de 1912; 17 de agosto de 1912; 19 de septiembre de 1912; El Litoral Pacífico, 6 de septiembre de 1913; 3 de octubre de 1914; El Fiscal, 18 de marzo de 1914; Unión Obrera, 19 de abril 1919 .

33 El Litoral Pacífico, 24 de agosto de 1912; 7 de marzo de 1914; 3 de octubre de 1914; Gil Blas, 11 de mayo de 1912; 9 de noviembre de 1912; Virutas, 22 de junio 1913; El Micrófago, 3 de enero de 1914; 3 de octubre de 1914; 7 de noviembre de 1914; El Fiscal, 15 de julio de 1914; 23 de junio de 1915; El Ariete, 7 de agosto de 1915; El Eco delPacífico, 9 de diciembre de 1916; 20 de noviembre de 1919; 30 de noviembre de 1919; Unión Obrera, 19 de abril de 1919; 26 de abril de 1919.

34 La Palabra, 17 de noviembre de 1910; El Litoral Pacífico, 7 de septiembre 1912; 18 de enero de 1913; El Ariete, 21 de agosto de 1915; El Anzuelo, 4 de mayo 1919.

35 El Concejal, 31 de enero de 1911.

36 ElLitoralPacífico, 9 de julio de 1910; 2 de octubre de 1910; 5 de julio de 1913; 31 de octubre de 1914; 2 de enero de 1915; El Micrófago, 7 de marzo de 1914, 19 de julio de 1913; El Fiscal, 12 de marzo de 1914; 9 de diciembre de 1914; Gil Blas, 29 de agosto de 1912; 19 de octubre de 1912; Unión Obrera, 26 de abril de 1918; La Voz , 18 de diciembre de 1919.

37 El Litoral Pacífico, 26 de noviembre de 1910; 1 de junio de 1912; 24 de enero de 1914; El Micrófago, 31 de enero de 1914; 4 de julio de 1914; El Fiscal, 16 de junio de 1915; El Eco delPacífico, 24 de noviembre de 1917; 20 de noviembre de 1919; La Voz , 18 de diciembre de 1919; El Anzuelo, 25 de mayo de 1919.

38 El Litoral Pacífico, 27 de septiembre de 1913; 12 de abril de 1914; El Fiscal, 24 de junio 1914.

39 El Camarada, 23 de mayo de 1915; 13 de junio de 1915; La Juventud, 4 de septiembre 1920.

40 El Litoral Pacífico 1 de marzo de 1910; 21 de junio de 1913; La Juventud, 4 de septiembre de 1920.

41 El Litoral Pacífico, 29 de enero de 1910; 19 de junio de 1910; 14 de diciembre de 1912; El Fiscal, 18 de abril de 1914; 17 de junio de 1914; 15 de enero de 1919; El Micrófago, 18 de julio 1914; TRIANA, Miguel, Por el sur, op. cit, p. 39.

42 El Litoral Pacífico, 22 de enero de 1910; 2 de abril de 1910; 4 de enero de 1913; 11 de enero de 1913; 24 de octubre de 1914; El Micrófago, 4 de julio de 1914; 24 de octubre de 1914; El Fiscal, 3 de junio de 1914; 26 de junio de 1915.

43 El Litoral Pacífico, 10 de agosto de 1912; 14 de enero de 1913; 14 de junio de 1913; 15 de agosto de 1914; 26 de diciembre de 1914.

44 El Litoral Pacífico, 26 de noviembre de 1909.

45 El Litoral Pacífico, 2 de octubre de 1909; 4 de julio de 1914; El Fiscal, 16 de junio de 1915.

46 El Anzuelo, 11 de mayo de 1919.

47 En 1930 había una pequeña fábrica de botones en Tumaco, de propiedad de un italiano, conocida como la botonera. Entrevista a Teófila Sinisterra, Tumaco, 19 de julio 1996.

48 El Eco del Pacífico, 22 de enero de 1920.

49 El Litoral Pacifico, 5 de diciembre de 1914; Eco delPadfico, 8 de diciembre de 1919.

50 El Litoral Pacífico, 15 de octubre de 1910; 6 de septiembre de 1913; 5 de diciembre de 1914; 23 de enero de 1915; El Micrófago, 21 de noviembre de 1914, El Fiscal 14 de diciembre de 1919.

51 La Palabra, 5 de noviembre de 1910; El Litoral Pacífico, 31 de octubre de 1914; El Micrófago, 9 de agosto de 1913; El Fiscal, 18 de abril de 1914; 31 de marzo de 1915; 16 de febrero de 1916; El Micrófago, 7 de agosto de 1914; Unión Obrera, 19 de abril de 1919; 31 de mayo de 1919; TRIANA, Miguel "Memoria científica sobre la formación y defensa de la isla de Tumaco", en Revista de Ingeniería, No. 2, Pasto, Facultad de Matemáticas e Ingeniería, 1908, pp. 69-76.

52 El Litoral Pacífico, 15 de octubre de 1910; 23 de agosto de 1913; Gil Blas, 11 de julio de 1912; Virutas, 17 de junio de 1913; El Micrófago, 1 de agosto de 1914.

53 El Fiscal, 9 de mayo 1914.

54 El Litoral Pacífico, 23 de enero de 1915; 8 de enero de 1910; 14 de diciembre de 1912; 25 de abril de 1914; 1 de agosto de 1914; El Fiscal, 1 de julio de 1914; 1 de octubre de 1918; El Micrófago, 28 de marzo de 1914; El Eco delPacífico, 30 de noviembre de 1919.

55 El Litoral Pacífico, 28 de marzo de 1914; El Micrófago, 12 de julio de 1913; El Fiscal, 10 de febrero de 1915.

56 El Micrófago, 22 de noviembre de 1913; El Fiscal, 18 de marzo de 1914; 17 de junio de 1914; 10 de febrero de 1916.

57 El Litoral Pacífico, 26 de diciembre de 1914.

58 En 1909 Tumaco había creado su primera escuela de música y banda. En 1910 el concejo creó otra escuela, prueba de la corta vida de la anterior. En 1912 se formó una nueva banda, pero a finales de 1914 esta iniciativa había fracasado. En 1915 había una nueva banda, pero en 1919 un periodista lamentaba la falta de una, y no se sabe qué pasó con la banda de 1920. El Revisor, 10 de febrero de 1909; Gaceta Departamental, 26 de febrero de 1909; El Concejal, 31 de octubre de 1910; El Micrófago, 19 de julio de 1913; 21 de noviembre de 1914; El Fiscal, 24 de marzo de 1915; El Anzuelo, 11 de mayo de 1919; La Juventud, 4 de septiembre de 1920.

59 El Eco delPacífico, 31 de diciembre de 1919.

60 Sobre el auge del caucho en el Amazonas ver, entre otros: WEINSTEIN, Barbara, The Amazon Rubber Boom, 1850-1920, Stanford, Stanford University Press, 1983; DOMÍNGUEZ, Camilo y GÓMEZ, Augusto, La Economía Extractiva en la Amazonia Colombiana, 1850-1930, Bogotá, Tropenbos, Corporación Araracuara, 1990; BARHAM, Brad y COOMES, Oliver, Prosperity's Promise: The Amazon Rubber Boom and Distorted Economic Development, Boulder, Colorado, Westview Press, 1996; STANFIELD, Michael Edward, Red Rubber, Bleeding Trees, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1998. Sobre el auge del caucho en Africa ver COQUERY-VIDROVITCH, Catherine, Le Congo au Temps des Grandes Compagnies Concessionaires, 1898-1930, Paris, Mouton & Co, 1972.

61 TRIANA, Miguel, Por el Sur, op. cit, 39.

62 La Juventud, 16 de octubre de 1920.

63 ElLitoral"Pacífico, 8 de enero de 1910 y 23 de abril de 1910.

64 Véase mapa de Tumaco en MERIZALDE DEL CARMEN, Bernardo, op. cit .

65 El Montaráz , 24 de mayo de 1879.

66 El Fiscal, 13 de mayo de 1914.

67 El Correo de la Costa, 16 de marzo de 1879 y ElLitoralPacífico, 18 de septiembre de 1910.

68 MERIZALDE, op. cit. p. 153.

69 El Micrófago, 27 de septiembre de 1913.

70 El Correo de la Costa, 16 de marzo 1879.

71 El Micrófago, 27 de septiembre de 1913.

72 Citado por TRIANA, Por el Sur, op. cit . p. 41; ver también El Litoral Pacífico, 20 de septiembre de 1913 y 18 de septiembre de 1910.

73 Cita de MERIZALDE, op. cit ., p. 204. Ver también El Micrófago, 27 de septiembre de 1913.

74BRANNSTROM, Chnstian (Ed.), Territories, Commodities and KnoMges: Latín Ammán Environmental Entones in the Nineteenth and Twentieth Centuries, London, Institute for the Studies of the Americas, 2004 .

75Ver, entre otros, McCOOK, Stuart George, Status of Nature: Sáence, Agriculture, and Lnvironment in the Spanish Canbbean, 1760-1940, Austin, University of Texas Press, 2002; SOLURI, John, “People, Plants, and Pathogens: The Eco-social Dynamics of Export Banana Production in Honduras, 1875-1950", en Híspame Ameman Histórica!Rtview, No. 80, Washington, 2000, pp. 464-501.

76PARSONS, James, La colomiaaón antioqueña [1949], Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1979.

77DEAN, Warren, With Broadax and Firebrand, The Destruction of the Bravian Atlantu Forest, Berkeley, University of California Press, 1995; FUNES MONZONTE, Reinaldo, De Bosque a Sabana. Aiúcar, deforestaaón y medioambiente en Cuba, 1492-1926, México, Siglo XXI, 2004.

78Dos buenos ejemplos son CRONON, William, Natura Metrópolis, Chicago ana the Great West, New York, WW Norton & Co, 1991 y DAVIS, Mike, Emlogy of Fear, New York, Metropolitan Books, 1998. Ver también BRECHIN, Gray, Imperial San Francisco, Berkeley University of California Press, 1999 y el clásico de WILLIAMS, Raymond, The Countrj and the Gty, New York, Oxford University Press, 1975.

79Mucha de esta literatura se ha centrado en el Amazonas; ver, entre otros muchos: CLEARY, David, “Towards and environmental history of the Amazon: From prehistory to the nineteenth century", en Latín American Rísearch Rtview, Austin Texas, Latin American Studies Association, No. 36, 2001, pp. 65-96 y RAFFLES, Hugh, In Amaioma, A Natural Historj, Princeton University Press, 2002. Otras zonas selváticas también han recibido atención, ver, por ejemplo, LEAL, Claudia y RESTREPO, Eduardo, Unos bosques sembrados de aserríos, historia de la extracción maderera en elPacífico colombiano, Medellín, ICANH, Universidad de Antioquia, Universidad Nacional sede Medellín, 2003. BROWDER, John, Rainforest Gties, New York, Columbia University Press, 1997 es un ejemplo de un estudio sobre las ciudades de la selva.

80    Para un ejemplo del uso del término ver THROP, Rosemary, Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América Latina en el siglo XX, Washington, Banco Interamericano de Desarrollo, 1998, p. 50.

81 Ver, entre otros, WADE, Peter, Gente negra, nación mestiza: dinámica de las identidades raciales en Colombia [1993], Bogotá, Uniandes, Universidad de Antioquia, 1997; APPELBAUM, Nancy, MACPHERSON, Anne S. y ROSEMBLAT, Kann Alejandra (Editoras), Race and Nation inModern Latin America, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2003; SANDERS, James, Contentious Republicans, Popular Politics, Race, and Class in Nineteenth-Century Colombia, Durham, Duke University Press, 2004.

82 Ver, entre otros, WADE, Peter, op. cit .; ORLOVE, Benjamin, “Putting race in its place: order in colonial and post-colonial Peruvian geography", en Social Research, Vol. 60, No. 2, 1993, 301-336; APPELBAUM, Nancy, Muddied Waters, Race, Region, and Local History in Colombia, 1846-1948, Durham, Duke University Press, 2003; MUNERA, Alfonso, Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano, Bogotá, Planeta, 2005.

83 STEPAN, Nancy, “The Hour of Eugenics”: Race, Gender, and Nation in Latin America, Ithaca, Cornell University Press, 1991. Para un caso de historia ambiental ver JOHNSON, Melissa, “The Making of Race and Place in Nineteenth-Century Bntish Honduras", en Environmental History, Durham. North Carolina, American Society for Environmental History and Forest History Society, No. 8, 2003, pp. 598-617.


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