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Cuadernos de Economía

Print version ISSN 0121-4772

Cuad. Econ. vol.22 no.38 Bogotá Jan./June 2003

 

CRECIMIENTO Y DISTRIBUCION: UNA EVALUACION DE LA HIPÓTESIS DE KUZNETS

Lina Ochoa C.

Este artículo es una síntesis del trabajo de grado para optar al título de Economista de la Universidad Nacional de Colombia (2002). Agradezco al director de este trabajo, profesor Mario García, su valiosa asesoría y orientación durante la realización del mismo; igualmente agradezco los comentarios de Carolina Méndez. Todos los errores y omisiones son de mi entera responsabilidad. Para comentarios y reproducción de este material comunicarse con la autora al correo:lina_yo@hotmail.com. Artículo recibido el 10 de febrero de 2003 y aprobado por Consejo Editorial el 31 de marzo de 2003.


Resumen

Durante muchos años la hipótesis de Kuznets ha sido el paradigma para el estudio de la dinámica distributiva de largo plazo. No obstante, la experiencia de muchos países en décadas recientes sugiere que la visión de Kuznets debe reevaluarse. Este trabajo intenta presentar algunos elementos teóricos que se han introducido en la bibliografía sobre este tema, así como otros que no han sido muy estudiados pero que igualmente son pertinentes para mejorar el análisis de este problema. De esta forma se puede entender que el escenario distributivo analizado por Kuznets es solo uno entre muchos posibles.

Palabras clave: distribución del ingreso, crecimiento económico. JEL: O150, O400

Abstract

Kuznets´s hypothesis has epitomised the paradigm for studying long-run distributive dynamics for many years. However, recent experience in many countries has suggested that the Kuznetsian view should be reassessed. This paper is aimed at presenting some theoretical elements which have been widely introduced into the literature concerning this topic, as well as others which have not been so widely studied but are equally relevant for improving such analysis. It can thus be understood that distributional performance as analysed by Kuznets is just one of several possible outcomes.

Key words: income distribution, economic growth. JEL: O150, O400

Résumé

Pendant de nombreuses années, l´hypothèse de Kuznets a constitué un paradigme pour l´étude de la dynamique distributive sur le long terme. Pourtant, l´expérience de nombreux pays au cours des récentes décennies suggère que l´analyse de Kuznets doit être réévaluée. Dans ce travail, il s´agit à la fois de présenter quelques éléments théoriques qui ont fait leur apparition dans les publications consacrées à ce sujet, ainsi que certains autres qui, s´ils n´ont pas été très étudié, sont néanmoins également pertinents pour analyser cette question. On peut ainsi comprendre que le scénario distributif proposé par Kuznets ne constitue qu´une possibilité parmi bien d´autres.

Mots-clefs: distribution du revenu, croissance économique. JEL: O150, O400


INTRODUCCIÓN

En este trabajo se busca explorar los principales resultados de los estudios sobre distribución que se han realizado con base en la hipótesis de Kuznets, pues éste ha sido el punto de referencia de prácticamente toda la bibliografía sobre distribución y crecimiento. De igual forma, se presentan algunos elementos para una aproximación alternativa al tema de la distribución, elementos que, a partir de la teoría económica, buscan responder a los principales cuestionamientos sobre este tema. De aquí surge un amplio espacio para aún más interrogantes, pues esta visión de los hechos ha demostrado no ser completa ni satisfactoria. La dinámica de la distribución del ingreso se ve continuamente alterada por factores nuevos y por la creciente interacción de variables de distinta índole. Así mismo, de la fortaleza de la visión teórica dependerá la contundencia de las prescripciones de política económica que puedan emerger.

Este trabajo se compone de cinco secciones; la primera es esta introducción. La segunda presenta el planteamiento original de la hipótesis de Kuznets, así como los intentos empíricos realizados y la diversidad de sus conclusiones. La tercera sección repasa el caso de Colombia y plantea una óptica que ha servido para buscar nuevas explicaciones a nuestra experiencia en los últimos años: la del capital humano. La cuarta sección muestra algunas de las limitaciones teóricas de la hipótesis de Kuznets, y en la quinta sección se plantean algunas conclusiones.

CURVA DE KUZNETS Y ANTECEDENTES

Planteamiento básico

Las relaciones entre el crecimiento económico y los niveles de desigualdad empezaron a ser estudiadas en 1955 a partir del trabajo de Simon Kuznets. Kuznets, con base en un estudio realizado para un conjunto de países desarrollados, formuló como hipótesis la existencia de una relación directa entre crecimiento y desigualdad en las primeras etapas del desarrollo de una economía, y de un punto crítico a partir del cual la desigualdad se reduce a medida que el crecimiento avanza y la economía presenta rasgos más propios de un sistema capitalista. W.A. Lewis [ 1954] elaboró un modelo de dos sectores –rural y urbano– que algunos consideran antecesor del análisis de Kuznets. Gráficamente, la relación de largo plazo entre crecimiento y desigualdad que encontró Kuznets presenta la forma de una u invertida cuando el primero se representa a lo largo del eje horizontal y la segunda a lo largo del eje vertical. Esta curva en forma de u invertida se ha conocido desde entonces en los estudios sobre crecimiento y distribución como la curva de Kuznets o hipótesis de Kuznets, y en torno a ella se han elaborado numerosos trabajos para confirmar o desvirtuar su validez.

2.2. Tratamiento econométrico

El interés que despertó en los economistas la hipótesis de Kuznets se ha encauzado por dos grandes vías: una busca un sustento teórico para este hallazgo empírico, y otra realiza ejercicios similares a los de Kuznets para aquellos países cuyo acervo estadístico es lo suficientemente grande y confiable. Sin embargo, la mayoría de las metodologías econométricas empleadas hasta ahora adolecen de defectos y no son completamente satisfactorias. Muchos se preguntan si debe tomarse en estudios de series de tiempo para países considerados individualmente o si debe estudiarse bajo la metodología de corte transversal. Trabajos de uno y otro tipo se han realizado con resultados poco concluyentes, como lo señala Fields:

Aunque la U invertida es la mejor forma para la curva que refleja la media de los datos, la relación no es en absoluto ajustada y existe un amplio margen para las variaciones de cada país. La curva de Kuznets no es una ley [ Fields 1995, 63] .

El estudio pionero de Kuznets fue elaborado con base en la evolución a lo largo del tiempo de unos pocos países desarrollados, y el planteamiento de la hipótesis misma estaba presentado en estos términos. Pero, debido a la escasez de datos históricos confiables para un gran número de países, los primeros estudios que se hicieron fueron de corte transversal, es decir, comparaban entre diferentes países en el mismo momento del tiempo y observaban cómo variaba el patrón de la desigualdad del ingreso al moverse de países de ingresos bajos a países con niveles de ingreso cada vez más altos.

Sin embargo, esta metodología presenta problemas muy parecidos a los que surgen al hacer análisis de estática comparativa. En estos casos, no se pueden establecer claras relaciones de causalidad ni es posible saber cómo se puede pasar de un estado inicial dado a un estado final dado, pues se hace abstracción de los procesos de transición que ocurren en el intermedio. En efecto, quienes trabajaron primero de esta manera comprendieron el problema y entendieron que la metodología de series de tiempo sería más adecuada para hacer afirmaciones causales. Fue sólo con el paso de los años como se fue enriqueciendo la base estadística disponible tanto en países en desarrollo como en países desarrollados y se hizo posible acercarse al tipo de análisis que proponía Kuznets.

Ahluwalia [ 1976] realizó un estudio de corte transversal para 62 países, utilizando regresión múltiple y tomando en cuenta distintas variables que reflejan aspectos del proceso de desarrollo económico, tales como tasas de educación de la población, tasa de crecimiento poblacional, participación de la agricultura en el pib y fracción de la población que vive en áreas urbanas. A pesar de encontrar respaldo para la hipótesis de Kuznets, este autor planteó que "las asociaciones de este tipo que se han establecido no implican causalidad. Ellas se describen mejor como ´hechos estilizados´ que pueden ser observados, pero que necesitan ser explicados por una teoría apropiada" [ Ahluwalia [ 1976, 128] . Ram [ 1988] también encuentra fuerte respaldo a la hipótesis de Kuznets cuando en la muestra de países se incluyen tanto países desarrollados como en proceso de desarrollo.

Las críticas a este tipo de estudios van dirigidas hacia el grado de robustez de los estimativos ante cambios de la forma funcional. Anand y Kanbur [ 1993] , por ejemplo, encontraron que diferentes formas funcionales llevan a obtener diferentes relaciones entre la desigualdad y el crecimiento. Su estudio, en general, no respalda la hipótesis de la U de Kuznets. Saith [ 1983] también impone severos cuestionamientos a la metodología de corte transversal y duda de la aplicabilidad de la hipótesis en los países en proceso de desarrollo, así como de su utilidad como marco para estudiar problemas de desarrollo económico, pues, según este autor, las primeras etapas del desarrollo de los países actualmente avanzados no son comparables con las experiencias que atraviesan los países menos desarrollados hoy en día. Compartiendo esta visión, para Ram [ 1988] es difícil sacar conclusiones de datos de corte transversal acerca de la senda temporal esperada para países individuales.

Además, estos trabajos permiten ajustar no sólo una sino muchas curvas, pues las experiencias de todos los países no son iguales, y hay unos que se apartan de la trayectoria media. Si se cambia la estimación de mínimos cuadrados ordinarios por estimación de efectos fijos, es decir, si se tienen en cuenta factores específicos de cada país, no se llega a la U invertida. La razón de esto es que lo que ocurre entre los países es diferente de lo que ocurre en el interior de cada país.

Con la metodología de series de tiempo también se han elaborado estudios para varios países, con resultados igualmente ambiguos. Fei et al. [ 1978] analizaron el caso de Taiwán y encontraron una U normal. Weisskoff [ 1970] examinó las experiencias de Argentina, México y Puerto Rico y no encontró ningún patrón concreto para la desigualdad. Mizoguchi y Takayama [ 1984] examinaron el caso de Japón en la posguerra, específicamente desde los cincuenta hasta mediados de los setenta, pues consideran que las elevadas tasas de crecimiento de la época permiten comparar este período con casi un siglo de crecimiento en los países desarrollados de la OECD. Según este trabajo, el patrón de la U invertida se observa en Japón entre 1953 y 1975.

En particular, el crecimiento económico acelerado de los cincuenta provocó un deterioro de la distribución, toda vez que amplió la brecha de ingresos entre los hogares agrícolas y urbanos. Pero cuando el trabajo se volvió un factor escaso, a comienzos de los sesenta, los salarios en el sector agrícola aumentaron, produciendo una mejora de la igualdad y un cierre de la brecha de ingresos. Sin embargo, al incluir la década del setenta y los comienzos de los ochenta se observa un nuevo deterioro de la distribución, que trató de ser atenuado por el gobierno mediante una política de subsidios a los sectores afectados.

Williamson [ 1985] evaluó la experiencia de Gran Bretaña desde 1760 aproximadamente hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial y encontró la U invertida, debido a que el establecimiento del capitalismo por medio de la Revolución Industrial propició el aumento de la desigualdad. Esto se habría debido, en buena medida, a que en esa época se produjo un aumento no equilibrado de la productividad, el cual benefició a los sectores que poseían un mayor acervo de bienes de capital. No obstante, hacia finales del siglo XIX se fue reduciendo la tasa de progreso técnico, lo cual hizo disminuir la tendencia hacia la desigualdad. Atkinson [ 1997] ha examinado la época de la segunda posguerra y ha encontrado que en dicho período se puede hablar también de una curva de Kuznets y, más aún, que en la década de los ochenta la desigualdad presentó nuevamente una tendencia creciente. La curva en forma de U invertida también ha sido hallada en el caso de Estados Unidos [ Williamson y Lindert 1980] , pero no en los casos de Alemania ni de Australia [ Thomas 1991] . El caso de Colombia [ Londoño 1995] , como se verá más adelante, soporta la hipótesis de la U invertida sólo durante el período tomado por este autor.

Así las cosas, empíricamente no existe un único patrón distributivo definido. Fuera de esto, como se mencionó antes, la metodología econométrica y el período considerado ejercen fuerte influencia sobre los resultados de los estudios. La variación del ingreso agregado, cuando se toma como un indicador del nivel de desarrollo económico de un país, ha demostrado ser una variable explicativa muy débil, pues tan sólo explica una pequeña parte de la variación de la desigualdad [ Fields 1995] .

Como se ha observado, los estudios de series de tiempo tampoco son definitivos en cuanto a sus resultados para países en vías de desarrollo. Teniendo en cuenta esto, Atkinson [ 1997] se opone a hablar de ´tendencias´ distributivas, como las de la curva de Kuznets. En lugar de ello, según este autor, debe pensarse en ´episodios´ que ocurren en un país o un conjunto de países, superando así la idea de convergencias en el largo plazo a niveles predeterminados. En este orden de ideas, el reciente aumento de la desigualdad que se ha registrado en gran número de países debido al cambio tecnológico, sesgado hacia los trabajadores calificados, no estaría destinado a ser inevitable e irreversible.

Las políticas de ingresos son, por ejemplo, un ingrediente importante de lo que este autor llama ´episodios´. En su trabajo, Atkinson [ 1997] destaca el papel que tuvo la implementación de políticas de este tipo sobre el nivel de equidad en la economía británica en los años ochenta. Como se verá más adelante, algunos estudios realizados para Colombia, entre los cuales figuran Londoño y Székely [ 1997] y Vélez [ 1995] , muestran la incidencia favorable que tuvieron los subsidios y transferencias sobre la desigualdad en la primera mitad de la década de los noventa.

Explicaciones teóricas

Diversas razones se han aducido para apoyar teóricamente el hallazgo empírico de Kuznets. Para Kuznets, la industrialización, el crecimiento demográfico, las migraciones del campo a la ciudad y la existencia de diferenciales de productividad en un modelo básico de dos sectores son las principales razones que explican el comportamiento anteriormente mencionado, pues de allí se deriva la reasignación de factores productivos durante el proceso. De acuerdo con esto, Londoño y Székely afirman:

La teoría económica sugiere la dotación de recursos y la acumulación de factores como los principales factores que determinan el acontecer distributivo de largo plazo. [ …] Aunque parezca obvio o demasiado simple, la distribución del ingreso en el largo plazo es principalmente una expresión de los precios relativos de los factores de la producción y de la distribución de su propiedad entre los grupos de la población [ Londoño y Székely 1997, 7] .

El énfasis que se ha puesto en las migraciones como elemento que influye sobre los niveles de desigualdad está muy cercano a las ideas de algunos economistas defensores del liberalismo, quienes han apoyado el establecimiento del capitalismo y de la economía de mercado. En esta óptica, el capitalismo favorece un alto grado de movilidad social de los individuos, lo cual tiende a aumentar la igualdad de oportunidades en el largo plazo, que es lo que importa, más que un resultado justo en sí mismo. Así se puede desprender de Friedman [ 1962] :

Consideremos dos sociedades que tengan la misma distribución de renta anual. En una de ellas hay gran movilidad y variación, de forma que la posición de determinadas familias en la escala de renta varía ampliamente de año en año. En la otra hay gran rigidez, de forma que cada familia permanece en la misma posición año tras año. No cabe duda de que, en sentido auténtico, la segunda es una sociedad más desigual. La evolución dinámica, la movilidad social, la igualdad de oportunidad, son signos de una clase de igualdad; la sociedad estática implica desigualdad. Es importante distinguir estos aspectos porque el capitalismo competitivo de libre empresa tiende a transformar la sociedad estática en dinámica. Las sociedades no capitalistas tienden a tener una mayor desigualdad que las capitalistas, aun si la medimos por la renta anual. Pero, además, su desigualdad tiende a ser permanente, mientras que el capitalismo debilita las posiciones estáticas e introduce la movilidad social [ Friedman 1962, 171] .

Efectivamente, las historias que se han utilizado para respaldar la hipótesis de Kuznets se enfocan en la traslación asincrónica y poco armónica de la fuerza laboral desde industrias pertenecientes a un sector de baja productividad hacia industrias pertenecientes a un sector de alta productividad, a medida que avanza el proceso conocido como cambio estructural. Trabajos como el de Londoño [ 1995] presentan explicaciones que buscan contraponerse a las primeras aproximaciones estructuralistas, que consideraban la desigualdad como un problema de carácter inercial y persistente.

Tales aproximaciones estructuralistas, orientadas por el pensamiento de Prebisch [ 1959] , acerca de diversos grupos, llevan a tomar en cuenta las relaciones intersectoriales y las elasticidades ingreso de la demanda de distintos grupos de bienes, con el fin de estimar los excesos o faltas de demanda o hacer el planteamiento de distintos modos de ajuste según el tipo de mercados de que se trate. Esa primera visión conducía a la idea de un constante e inevitable deterioro distributivo en los países del tercer mundo, provocado por el deterioro secular de los términos de intercambio y la alta dependencia del sector primario exportador en tales países:

Es un hecho bien establecido que al crecer el ingreso, la demanda se diversifica y mientras aumenta relativamente poco la de los alimentos usuales, después de pasado cierto límite, crece considerablemente la de los variados artículos en que van traduciéndose sucesivamente las innovaciones técnicas. [ …] En esa misma tendencia a la diversificación crece la demanda de servicios personales, y por tanto disminuye la proporción en que entran los productos primarios en la satisfacción de la demanda global de la población. La combinación de todos estos hechos, resultantes de la evolución de la técnica productiva, tiene una consecuencia de primordial importancia para la periferia, pues en virtud de ellos las importaciones de productos primarios en los centros industriales tienden a crecer con menor intensidad que el ingreso real [ Prebisch 1952, 45] .

En efecto, buena parte de la agenda de investigación de los estructuralistas se dedicó a indagar sobre la relación entre los cambios de la distribución del ingreso funcional y el comportamiento de las variables agregadas. Allí se hace una distinción muy fuerte entre las clases sociales según sus fuentes de ingreso y sus comportamientos de consumo e inversión. Ante un cambio de circunstancias a nivel agregado, algunos grupos se benefician y otros se perjudican; los que se perjudican pueden tratar de recuperar su posición posteriormente induciendo nuevos cambios en las variables agregadas. En general, los modelos estructuralistas incluyen relaciones técnicas y de comportamiento que permiten ver cómo la distribución del ingreso y los niveles de producción varían a corto plazo para satisfacer un equilibrio inicial, y cómo a largo plazo el desempeño que se obtiene depende de las reacciones de cada grupo frente a los ajustes iniciales:

La tasa de crecimiento, el uso de la capacidad y el déficit comercial son posibles variables de ajuste entre las macrocantidades, en tanto que el tipo de cambio y el nivel de precios (tácitamente, la distribución del ingreso) desempeñan la misma función en el sistema de precios. Algunos pares de variables de ajuste son opciones más aceptables en el contexto de una economía en desarrollo que otras. La opción define la estructura que uno elige imponer para el análisis de un programa de política particular. La selección requiere establecer un criterio desde el exterior del modelo con respecto a las fuerzas claves que hacen funcionar la economía [ Taylor 1989, 12] .

Posteriormente, los estudios sobre las posibilidades de industrialización de los países subdesarrollados aclararon el oscuro panorama que se cernía sobre países como Colombia. Dependiendo de la composición de la demanda, que es un resultado del estado de la distribución, los efectos sobre el crecimiento serán potencialmente positivos o negativos en el agregado:

La parte esencial es que la modificación de la distribución del ingreso a favor de los trabajadores y de la clase pobre aumentará la demanda a corto plazo, y estimulará el crecimiento en un lapso más prolongado. Una variación más reciente es que los efectos de composición de demanda pueden impedir este resultado feliz. [ …] Una redistribución del ingreso en favor de la mano de obra podría incrementar la tasa de crecimiento si el sector de salario y bienes es inicialmente lo suficientemente amplio y si los empresarios responden a una demanda incrementada con un impulso de inversión [ Taylor 1989, 215] .

Nada se puede decir a priori pues las restricciones institucionales también juegan un papel clave en el desempeño macroeconómico. Por consiguiente, la visión sombría del constante deterioro distributivo que caracterizó las primeras investigaciones de los estructuralistas latinoamericanos, ha quedado atrás.

Una perspectiva distinta para la distribución

En 1955, al tiempo que Kuznets presentaba sus hallazgos, N. Kaldor desempolvó un pasaje del Tratado sobre el dinero, de Keynes, para intentar dar una explicación alternativa al problema de la distribución. Kaldor buscaba sacar a la luz un principio distributivo que, según él, se encontraba en Keynes y que permitiría establecer una contraposición muy clara con el principio de la productividad marginal, consolidado por la teoría neoclásica.

Según el pasaje de "la jarra de la viuda"1 y el análisis que de él hizo Kaldor, los ingresos empresariales son resultado de las decisiones de gasto, y no al revés. Este autor afirma que ésta es "la más importante diferencia entre los hábitos de pensamiento prekeynesiano y keynesiano" y considera que allí están las bases para elaborar una teoría alternativa de la distribución. Así mismo, a partir de allí planteó que el criterio distributivo era la tasa de ahorro, en un contexto de crecimiento de estado estable, intentando socavar la importancia de la productividad marginal como variable relevante para la distribución. Allí se supone la igualdad de ahorro e inversión y, por tanto, el logro del pleno empleo.

Lo que Kaldor aduce es que se puede utilizar el multiplicador en un modelo estilo Harrod-Domar, en lugar de utilizarlo para analizar las fluctuaciones del empleo y la producción, como hizo Keynes en la Teoría General. No obstante, no parece totalmente claro que el pasaje de "la jarra de la viuda" se pueda utilizar única y exclusivamente en un contexto de pleno empleo. Por el contrario, ese principio pareciera señalar los problemas distributivos que surgen cuando hay fallas de demanda efectiva, así como asimetría entre situaciones de auge y situaciones de depresión.

Los aportes de Kaldor [ 1955] y Pasinetti [ 1962] fueron muy valiosos en el sentido de presentar una variable distinta a la productividad marginal que rigiera la distribución del ingreso agregado, más aún cuando se estaba ad portas de la gran crítica a la función de producción agregada neoclásica, que era el sustento de los modelos de crecimiento balanceado. A pesar de ello, valdría la pena hacer la distinción entre el principio distributivo como tal y la dinámica que sigue el sistema para tener uno u otro escenario distributivo. En efecto, al hacer el análisis en términos de estado estable, probablemente se esté perdiendo la posibilidad de analizar los escenarios distributivos que pueden dar origen a fallas de demanda efectiva como las indicadas por el mencionado pasaje del Tratado sobre el dinero y que en última instancia afectan las posibilidades de crecimiento.

Hay algunas diferencias entre el examen que hace Kuznets de la evolución de la desigualdad en un país que va avanzando en el capitalismo y el de Kaldor [ 1955; 1957] . El análisis de Kaldor se asimila más a un análisis de estática comparativa de los niveles de distribución. Según varíe la tasa de ahorro, el grado de desigualdad va a variar, pero esto se da sólo observando diferentes economías en un mismo momento del tiempo, ya que para una misma economía el estado de la distribución se mantendrá constante, puesto que se está considerando un modelo de crecimiento de estado estable. Los trabajos de Kaldor, toda vez que suponen un sistema en equilibrio continuo, no permiten plantear una relación de causalidad entre las variables; simplemente exigen que se den simultáneamente las condiciones requeridas para el equilibrio.

LONDOÑO Y EL CASO COLOMBIANO

La evolución distributiva en Colombia

En un estudio realizado para Colombia, Londoño [ 1995] incorpora el enfoque del capital humano dentro del estudio global de las características del proceso de industrialización y evolución de la desigualdad, con base en la tradición de Kuznets, utilizando un modelo de equilibrio parcial para examinar la evolución del mercado de trabajo y un modelo de equilibrio general para examinar el conjunto de los mercados de los factores productivos. En este caso particular, el aumento del gasto público en educación que llevaron a cabo los gobiernos del Frente Nacional es pertinente para ese enfoque y es considerado por el autor como una de las fuentes importantes del cambio en la tendencia distributiva que se registró en el país a comienzos de la década de los sesenta. Las consideraciones de Londoño acerca de la transformación estructural que experimentó la economía colombiana durante el período que estudia (1938-1988) son muy similares a las de Ocampo [ 1994] , quien toma explícitamente esa misma denominación de ´transformación estructural´ para un período similar comprendido entre las décadas de 1930 y 1980.

De igual manera, en su trabajo Londoño resalta el rol que pudo haber desempeñado la especificidad de ciertos activos (capital humano y tierra), y la movilidad del capital en general entre las industrias. En particular, es pertinente analizar el efecto de las rentas que se pudieron haber derivado de la propiedad de la tierra en las primeras etapas del cambio estructural en Colombia o de la educación superior cuando sólo una pequeña fracción de la población tenía acceso a ella. Pues, si bien la existencia de activos específicos en algunos sectores podría interpretarse como un impulso a las ganancias en productividad, también puede ser una fuente de rentas que retarde dichas ganancias, toda vez que tal especificidad puede provocar que los incentivos a la inversión no actúen en toda su magnitud o que actúen de formas diferentes en el sector rural y en el sector urbano. Entonces una economía que se caracterice por una alta especificidad de activos está expuesta a un resultado distributivo ambiguo, por lo cual la desigualdad posiblemente presente un carácter inercial.

Londoño muestra también que la desigualdad rural ha sido mayor que la desigualdad urbana, que el diferencial de productividad entre las actividades industriales-urbanas y las actividades agrícolas tradicionales no es muy grande, y que en las primeras etapas del crecimiento el deterioro distributivo fue mucho mayor de lo esperado con base en la experiencia internacional, si bien posteriormente se redujo a los niveles normales observados para otros países. Esto se habría debido en buena medida a la baja proporción de la población que se encontraba en el sector industrial. A medida que la población se fue trasladando del sector de baja productividad al sector de alta productividad, los mercados laborales se fueron homogeneizando y el diferencial de productividad entre ellos se redujo, generándose así los ajustes necesarios en los precios de los factores. Éstas son las razones que aduce Londoño para explicar la mejora distributiva que se dio en Colombia durante la década de los setenta y que se mantuvo estable, en términos generales, durante la década de los ochenta.

No obstante, al examinar la evolución de la distribución del ingreso como hecho estilizado observado a través de las estadísticas durante más de 50 años, desde la segunda mitad de los años noventa se evidencia un notable deterioro de la situación distributiva del país. Londoño [ 1997] evaluó la evolución distributiva reciente y descubrió que allí ya se empezaba a notar la reversión de los logros conseguidos anteriormente. Ese hecho impone un reto a las predicciones de la versión de la curva de Kuznets trabajada por Londoño [ 1995] para el caso colombiano.

Londoño [ 1997] encontró que en los años ochenta el progreso educativo se desaceleró y la capitalización de la agricultura perdió el dinamismo de años anteriores. Esto ocasionó que, en general, la dispersión aumentara para los ingresos laborales y disminuyera para los ingresos no laborales, aunque el ingreso factorial de los hogares se distribuyó hacia el trabajo. El efecto conjunto de estos tres factores hizo que la desigualdad disminuyera. Toda esta experiencia ponía a Colombia en armonía con los patrones internacionales y con lo que se esperaba para un país de su nivel de desarrollo, pues lo que a países como Inglaterra les había tomado casi 200 años, en este caso se había dado en un lapso de tiempo mucho menor.

Sin embargo, el éxito empezaba a revertirse a pesar del papel que cumplió el gasto social a comienzos de los años noventa, según Vélez [ 1995] . Si bien se presenció un aumento importante del gasto social –generado a instancias de la Constitución Política de 1991–, y una mejora en la focalización de dicho gasto, con lo cual se logró un efecto redistributivo importante, se empezaba a notar igualmente que el freno del crecimiento económico impondría severas restricciones de orden fiscal al continuo aumento de esta fuente redistributiva. En efecto, desde mediados de la década se empezaron a dar las condiciones para que se acentuara ese deterioro distributivo incipiente, no sólo por el lado de las transferencias a la población más pobre, sino también por el lado de la caída de los ingresos laborales. Los gastos en salud, educación primaria y subsidios de acueducto y alcantarillado fueron los de mayor impacto. Por su parte, los de energía y educación superior fueron los menos eficaces, pues absorbieron gran cantidad de recursos y su efecto redistributivo fue poco significativo. Vélez se detiene a mirar cómo una mejora distributiva adicional exige una mejor gestión y administración de los recursos y señala que no es tanto un problema de la cantidad de recursos existentes.

Capital humano

La creciente importancia que tomaron los ingresos laborales en tanto componentes del ingreso de los hogares ha suscitado variedad de estudios acerca del capital humano y de su incidencia sobre los ingresos laborales y los diferenciales salariales. El capital humano, como determinante del crecimiento económico y de la reducción de la desigualdad, se ha servido de otros mecanismos para explicar el resultado distributivo. Galor y Zeira [ 1993] utilizan las imperfecciones de los mercados de crédito, por medio de los cuales se financia la educación, y la existencia de indivisibilidades en la inversión en capital humano para indicar el efecto que puede tener la distribución del ingreso sobre el patrón de crecimiento. Perotti [ 1993] analiza canales como el sistema impositivo y la inestabilidad sociopolítica derivada de inequidades distributivas extremas para obtener conclusiones acerca de la relación entre crecimiento y desigualdad distributiva. Así mismo, este autor examina un sistema de votaciones para elegir los niveles de tributación y transferencias para cada clase social y discernir en qué condiciones la redistribución será favorable a la acumulación de capital humano y por consiguiente al crecimiento.

También hay que tener en cuenta que no todo el progreso tecnológico es homogéneo para el conjunto de industrias, aunque a nivel agregado su tasa pueda ser constante. Por su mismo nivel de desarrollo, y la demanda que enfrentan, unas industrias tendrán mayor incentivo que otras para incorporar el progreso técnico dentro de sus procesos de producción. En esa medida, tendrán o no incentivos para requerir un mayor acervo de capital humano.

En Colombia, la perspectiva del capital humano ha sido empleada para abordar el episodio de deterioro distributivo de los últimos años. Birchenall [ 1997] encuentra como causa del reciente aumento de la desigualdad la interacción entre las características individuales de los hogares y los incentivos a la educación a nivel agregado. Allí se distingue el efecto que la velocidad del progreso tecnológico ejerce sobre el nivel y la persistencia de la desigualdad a través de los diferenciales salariales. También se examina cómo luego de las reformas estructurales de comienzos de la década del noventa, que estuvieron acompañadas de un cambio tecnológico sesgado hacia el capital humano, aumentó la desigualdad, como resultado de una mayor brecha salarial entre trabajadores calificados y no calificados. Birchenall trata de hacer un análisis dinámico del comportamiento reciente de la distribución, enfocándose en la movilidad laboral que habría resultado de los diferenciales salariales. Se busca así discernir entre los fenómenos temporales y los fenómenos permanentes que alteraron el nivel de desigualdad.

LIMITACIONES DEL ENFOQUE DE KUZNETS

Obstáculos a la convergencia intersectorial: demanda y progreso técnico

La experiencia vivida por Colombia desde principios de los noventa impone un gran reto a la explicación de Londoño, basada en la convergencia de sectores agrícola e industrial. Esta época ha registrado un aumento del nivel de desigualdad y, hacia el final de la década, un retroceso del nivel de actividad productiva que ha devuelto al país a los niveles de riqueza de 14 años atrás.

Actualmente se presentan mayor desigualdad y menor crecimiento, cuando se creía que el país ya se había estabilizado en materia distributiva y había alcanzado los patrones internacionales. La hipótesis de Kuznets exige entonces una seria revisión, así como las diversas interpretaciones que en torno a ella han surgido en la bibliografía colombiana. Aquí se intentará evaluar la hipótesis relacionada con la convergencia de productividad rural-urbana, trabajada por Londoño.

El resultado de Kuznets descansa en dos supuestos importantes que han sido fuertemente apoyados y poco examinados en gran parte de la vasta bibliografía sobre crecimiento que ha surgido en los últimos 50 años.

Se parte de pensar que el crecimiento es un proceso unilineal, estable, dado por la oferta de recursos disponibles en la economía y que, en esencia, sigue una tendencia de largo plazo que se ve ocasionalmente alterada por perturbaciones de corto plazo.

Adicionalmente, el crecimiento siempre ha sido entendido como un proceso que se basa en los recursos ahorrados previamente por los individuos; esto es lo que ha llevado a la idea de que la desigualdad, al poner en manos de un número reducido de agentes una gran cantidad de recursos, promueve un alto nivel de ahorro y por lo tanto de crecimiento. Sin embargo, no es muy fácil ver cómo, una vez instaurada una estructura de derechos de propiedad de ese tipo, ésta necesariamente haya de reorganizarse en detrimento de los dueños iniciales de los activos y de los receptores de ingresos.

El aspecto relativo a la convergencia de sectores es el que se tratará de estudiar en seguida. Uno de los primeros problemas de la convergencia entre sectores es el cambio técnico. En el sector agrícola, dada la existencia de la tierra como un activo específico capaz de generar altas rentas, el cambio técnico es más lento y juega un papel menos importante que en el sector industrial. De igual forma, el comportamiento de la demanda en el sector agrícola es muy diferente del que se da en el sector industrial. En la industria, el efecto del aumento del ingreso es más dinámico y requiere tomar en cuenta el surgimiento de nuevos productos, lo que implica la creación de nuevas preferencias. El efecto ingreso prevalece sobre el efecto sustitución, como consecuencia del aumento de la productividad es más importante el aumento de los salarios que la caída de los precios. Además de esto, existe una jerarquía de preferencias en el consumo que también es importante a la hora de explicar los cambios de la demanda. A medida que los niveles de ingreso aumentan, las preferencias de los consumidores no evolucionan de manera homogénea, pues existe una escala de necesidades y deseos que tienen distinto umbral de satisfacción. El efecto imitación, que resulta del creciente contacto social en los ambientes urbanos, es otro factor que incide sobre el consumo [ Nell 1998] .

Pasinetti [ 1981] observa que la magnitud de los efectos que ejercen los cambios de precios sobre la demanda depende del nivel de ingreso y que el orden de prioridades de los individuos puede ir cambiando a medida que su ingreso aumenta. A niveles altos de ingreso, muchas de las necesidades básicas se saturan y empiezan a cobrar más importancia necesidades que antes no se podían satisfacer. Más aún: cuando van apareciendo nuevos productos, los consumidores se ven enfrentados a un proceso de aprendizaje para incorporar esas novedades dentro de lo que conocían y descubrir, así, nuevas preferencias e incorporarlas a las que ya poseían, e incluso cambiar todo el conjunto de preferencias a raíz de esto.

Este hecho explica una de las fuentes de asimetría y desequilibrio entre sectores, ya que la demanda no se expande proporcionalmente ni, por consiguiente, tampoco la generación de empleo en cada una de las industrias. Bien lo resumen Pasinetti:

Puesto que los aumentos en el ingreso per cápita necesariamente implican una expansión no proporcional de la demanda, y puesto que el progreso técnico conlleva aumentos en el ingreso per cápita, la introducción del progreso técnico en cualquier investigación económica dinámica implica necesariamente una expansión no proporcional de la demanda [ Pasinetti 1981, 70] .

Como consecuencia de las diferentes dinámicas de las industrias en cuanto a la demanda, el empleo que se genera en cada una también varía, con los consecuentes requerimientos técnicos y de habilidades en cada caso.

El carácter cambiante del proceso de crecimiento

El crecimiento económico, visto no sólo como el aumento de la capacidad productiva y del ingreso, sino ante todo como un proceso de transformación estructural de un sistema que busca consolidar el capitalismo y que experimenta ―en la transición― grandes cambios poblacionales, industriales y sociales en general, no puede estudiarse como un fenómeno lineal y predecible, a riesgo de pasar por alto pequeñas circunstancias que pueden tener un gran impacto.

Acorde con esto, Nell [ 1998] presenta la idea de crecimiento transformacional para entender los verdaderos cambios que sufre una economía cuando atraviesa un fuerte cambio en su estructura productiva y aumenta los niveles de ingreso. Para este autor, dicho patrón de cambio está caracterizado por: (i) un aumento de la productividad agrícola que la hace mayor que la demanda, promoviendo así la migración hacia el sector urbano-industrial, (ii) un aumento del empleo generado por la industria manufacturera, con un posterior declive del mismo, (iii) una creciente importancia de las industrias de bienes de capital con respecto a las industrias de bienes de consumo y, eventualmente, un aumento del empleo generado en el sector servicios. Según Nell, éstos son cambios que ocurren lenta pero constantemente y que son incompatibles con la idea tradicional de crecimiento estable.

Nell distingue cuatro etapas en el crecimiento transformacional de los países occidentales industrializados: una primera etapa de industrialización temprana, caracterizada por manufacturas artesanales y agricultura tradicional; posteriormente, la manufactura industrial y la agricultura mecanizada; luego vinieron la producción en masa y la agricultura corporativa, y finalmente la producción computarizada y la agricultura enfocada en la biotecnología. Cada una de estas fases representa una configuración particular de los procesos de producción, educación, entrenamiento para el trabajo y uso de los recursos, así como de las instituciones que lo hacen posible.

Pasinetti [ 1981] hace un señalamiento muy parecido. El sistema está cambiando constantemente, y lo que en un momento dado es la solución de un análisis y el aparente punto de reposo final del sistema no lo es más cuando empiezan a cambiar las circunstancias que originaron dicho resultado. De esta forma, la idea de equilibrio se rompe aún antes de empezar el análisis. La transformación estructural parte precisamente de un sistema que a partir de ciertas circunstancias empieza a crecer en proporciones distintas de las que tenía antes.

Nuevos matices: transición hacia el sector servicios

Las pruebas más recientes aportadas por algunos países desarrollados indican que, luego de haber experimentado una etapa de deterioro distributivo y posteriormente una disminución de la desigualdad, conforme anticipara Kuznets los últimos veinte a treinta años han estado caracterizados por un nuevo aumento de la desigualdad que no encaja en los moldes analíticos concebidos hasta ahora y requiere por lo tanto nuevas explicaciones. Una de las explicaciones más plausibles y comúnmente aceptadas es la que tiene que ver con el surgimiento y la creciente participación en el pib del sector servicios. En efecto, recientemente se ha integrado el sector servicios en el análisis básico de Kuznets, pues la creciente participación de los servicios dentro del pib es uno de los principales rasgos de la continua evolución de la estructura productiva de los países industrializados, que, como ya se mencionó, no se mantiene estática en una posición de equilibrio, sino que sufre cambios continuos que cada cierto tiempo exigen la modificación de las herramientas teóricas con que se estudian.

Los trabajos desarrollados al respecto muestran cómo se rompe la curva de Kuznets cuando se incorpora el sector servicios. Ram [ 1997] , List y Gallet [ 1999] y Tribble [ 1999] han elaborado ejercicios econométricos con base en la postulada transición sectorial de la industria al sector terciario. Ante este choque estructural, la desigualdad vuelve a aumentar y su evolución produce entonces una curva en forma de S, si se toman en cuenta la transición de la agricultura a la industria, primero, y luego la transición de la industria hacia el sector terciario o de servicios, como el mayor generador de demanda. Estos autores no descartan la idea de otros cambios sectoriales en el futuro que hagan aún más compleja la evolución de la desigualdad y su tratamiento formal. Así las cosas, la curva en forma de U queda relegada a una fase transitoria de todo el proceso que han experimentado hasta ahora las economías capitalistas más avanzadas. Incluso se trata de una fase que se da bajo condiciones muy especiales, pues, aun para un conjunto de países en vías de desarrollo, los resultados distributivos difieren entre sí y no se acomodan fácilmente a lo esperado según Kuznets.

CONCLUSIONES

Los trabajos econométricos encaminados a verificar la hipótesis de Kuznets han mostrado que no todos los países se ajustan a un mismo patrón de comportamiento y que en el interior de cada país pueden actuar fuerzas muy diferentes que, sin embargo, produzcan el mismo resultado aparente. Incluso podría dudarse de la existencia de ´tendencias´ universales preestablecidas, sobre las cuales muchos economistas han basado sus estudios.

Probablemente no se han incorporado todas las variables relevantes, o algunas variables que fueron decisivas para determinar el estado de la distribución en una etapa histórica dada han dejado de ser pertinentes. La experiencia de varios países en los últimos veinte años ha puesto en tela de juicio el estatus de ´paradigma´ de la hipótesis de Kuznets. El hecho de que ese patrón se haya cumplido en ciertas épocas y bajo ciertas condiciones no implica que en el futuro se reproduzca el mismo escenario que dio origen a esos resultados. Tampoco implica que necesariamente existe una convergencia, ya sea efectiva o potencial, entre las variables de los diferentes sectores de la economía. Este problema exige una aproximación más dinámica, que incluya algunos elementos no tenidos en cuenta hasta ahora.

Por ejemplo, no es sólo el surgimiento del sector terciario per se lo que puede provocar un nuevo deterioro distributivo, sino también el mayor desfase entre los niveles de demanda y de crecimiento productivo sectorial que eso lleva consigo, siguiendo a Pasinetti [ 1981] . En Colombia han existido factores institucionales que han provocado el deterioro distributivo reciente. Probablemente el otorgamiento de incentivos de política a sectores que no han tenido los mayores efectos en la generación de demanda sea una de las causas del creciente desfase agregado entre demanda y productividad.

No sólo es el carácter mismo del proceso de crecimiento lo que está en tela de juicio, sino también la verdadera interacción de éste con los niveles de desigualdad distributiva. Se han encontrado muchas pruebas empíricas a favor tanto de una mayor como de una menor inequidad en cuanto promotoras del crecimiento [ Fields 1995] ; así mismo hay bases teóricas para pensar que los dos casos son posibles [ Blecker 2002] . Aunque una investigación más profunda sobrepasa el objetivo del presente artículo, queda abierta la posibilidad de analizar la relación crecimiento-distribución bajo un enfoque alternativo, que incluya aspectos como las relaciones intersectoriales, los desfases que pueden surgir de ellas, el agotamiento de determinados proceso históricos y el surgimiento de otros.

NOTAS AL PIE

1 En el pasaje de "la jarra de la viuda" Keynes se refiere a los beneficios empresariales en los siguientes términos: "Si los empresarios eligen gastar una porción de sus beneficios en consumo (y por supuesto nada se lo impide), el efecto es aumentar los beneficios sobre la venta de bienes de consumo corriente por una cantidad exactamente igual a la cantidad de beneficios que así ha sido gastada... Entonces, por mucho que los empresarios gasten de sus beneficios, sus ahorros netos permanecen constantes. Pues, no obstante cuanto de sus beneficios gasten los empresarios, éstos son como la jarra de una viuda, que permanece sin vaciarse independientemente de cuanto de su contenido se aplique a una vida disipada. Cuando, por el otro lado, los empresarios tienen pérdidas e intentan recuperar estas pérdidas por un descenso de sus gastos normales de consumo –por ejemplo, ahorrando más–, la jarra se vuelve un tonel de las Danaides, que nunca puede ser llenado, porque el efecto de esta reducción de los gastos es infligir una pérdida de una cantidad igual en los productores de bienes de consumo. Así, la disminución de sus riquezas, como clase, es tan grande, a pesar de sus ahorros, como lo era antes" [ Keynes 1930, v. I, 139] .


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