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Folios

Print version ISSN 0123-4870

Folios  no.38 Bogotá July/Dec. 2013

 

El barrio popular en Bogotá en las voces de sus protagonistas. Madres comunitarias y jardineras: 1980-2011, Usme y Ciudad Bolívar

Voices and characters of Bogotá working class neighborhoods. The experience of community mothers and kindergarten teachers - Usme and Ciudad Bolivar (Bogotá, 1980-2011)

Lised García1

1Docente Universidad Distrital ''Francisco Jose de Caldas''. Correo electrónico: linterna.verde.826@gmail.com


Resumen

El presente artículo es resultado de la investigación sobre el papel de las mujeres en los barrios populares a partir de sus iniciativas de cuidado de la infancia, adelantada para optar al título de Maestría en Estudios Sociales en la Universidad Pedagógica Nacional. Este trabajo se inscribe dentro de los estudios sociales sobre barrios populares en América Latina, que evidencia en los mismos el surgimiento de conflictos y luchas por la ciudad en el contexto de un proyecto modernizador, tan precipitado como complejo: la presencia masiva de población no cooptada por la estructura de trabajo o de habitación planificada en el desarrollo y crecimiento de las urbes en la región durante el siglo XX. En este contexto de vicisitudes surgen como protagonistas importantes las mujeres que han desempeñado un papel significativo en la solución de situaciones apremiantes en los nuevos asentamientos, tales como alimentación de familias y cuidado de niños y niñas.

Palabras clave: barrios populares, sectores populares, mujeres.


Abstract

This paper presents the results of a study about women's role in poor neighborhoods, basically from their work in childcare initiatives. The study was carried out as a master's thesis in the Social Studies program at National Pedagogical University in Bogota, Colombia, and can be inscribed in the context of Latin American social studies about working class neighborhoods. These studies have documented the emergence of conflicts and struggles as a consequence of a hasty and complex urban modernizing project -i.e. the very big mass of people not absorbed by the labor or house framework planned for the development and growth of the cities in the region during the twentieth century. In this complex environment women emerge as important actors who have played a significant role to solve pressing situations in new settlements, such as feeding families and caring children.

Keywords: working class neighborhoods, popular urban sectors, women.


''Esa risa en la perla la escuche en el chorrillo Desde Pito hasta el Callao y donde sea que hayan chiquillos Creo en barrios con madres que tuvieron iguales razones y al final se murieron sin tener vacaciones Como decía mi abuela ''así fue la baraja ¡En casa del pobre hasta el que es feto trabaja!'' Por eso el barrio eterno y también universal El que se mete con mi barrio me cae mal''

Ruben Blades Canción La Perla.

El contexto: los barrios populares como realidad histórica y social en Latinoamérica

Dos situaciones han atravesado el proceso de urbanización2 latinoamericano en el siglo XX: la desproporción entre industrialización3 y mano de obra migrante del campo a la ciudad, y la tensión entre necesidad de habitación y proyección estatal de las estructuras urbanas, evidenciándose una forma particular de configuración de las ciudades en la región. Tal realidad empieza a resaltarse dentro de los estudios académicos y los debates políticos contemporáneos en términos de ''la problemática urbana'' o ''la cuestión urbana''4; son expresión de esta situación la hiperurbanización como deficiencia estructural de habitación (Browning, 1975; p. 411-436), la invasión de predios, los cinturones de miseria, los sectores marginales compuestos por la población más pobre, excluida del proyecto modernizador de la industrialización (Romero, 1978; Vargas y Aguilar, 1976; Torres, 2007).

Estas condiciones de configuración de las principales ciudades latinoamericanas, inició con el poblamiento acelerado acentuado a partir de la década de los cincuenta, producto del proceso de industrialización y el cambio de modelo agroexportador que atrajo a los habitantes rurales hacia las urbes con la esperanza de progreso (Calderon y Jelin, 1987; Archila, 2001; Torres, 2007). Sin embargo, la constitución del sector industrial en nuestros países no logró captar la creciente mano de obra disponible, razón por la que gran número de hombres y mujeres se vincularon a actividades económicas informales o a sectores no productivos como el servicio doméstico, las ventas ambulantes y demás oficios varios, caracterizados por la precariedad de poder adquisitivo (Browning, 1975; p. 411-436); la constitución de un sector económico informal, el desempleo al que se le suma la violencia y la delincuencia como efectos de la desocupación, son fenómenos recurrente en nuestras ciudades, síntomas de una dificultosa modernidad. (Corredor, 1995; Munera, 1998; Carrión, 2001)

Adicional a la desproporción entre mano de obra y una industrialización incipiente, se evidenció en las ciudades la precaria infraestructura para recibir y ubicar a los inmigrantes rurales; la falta de vivienda, de servicios de salud y educación, el tema del agua o de saneamiento básico, de servicios básicos de habitación, son parte de las condiciones reales de la conflictividad urbana en América Latina (Romero, 1978). La mayoría de veces, los inmigrantes llegaron a buscar refugio en los inquilinatos y casas de familiares, pero ante la falta de un empleo estable y los pocos recursos que traían de sus lugares de origen, fueron buscando asentamiento en terrenos baldíos para no pagar arriendo y reconstruir su territorio en las nuevos lugares de habitación. Su forma de ocupación de la ciudad fue entonces por las vías de hecho como las toma de tierras en los lugares aledaños a la urbe o, el fraccionamiento ilegal de lotes para su posterior venta, lo que se conoce como ''la urbanización pirata''5. En ambos casos, los lugares habitados estaban en zonas de difícil acceso, escarpadas o inundables, sin ningún tipo de equipamiento en servicios para ser alojado y articularse a la ciudad: sin vías de transporte, sin acceso a agua, luz, etc.

Es así que el aumento poblacional urbano marcó el crecimiento de las ciudades en términos de una edificación desordenada y poco planificada por parte de las autoridades locales, barriadas o arrabales (Romero; 1978) que se iban adhiriendo paulatinamente a la vida en la metrópoli. Son estas las condiciones sociales y estructurales en las que surgen en las urbes latinoamericanas una nueva capa de habitantes desprovistos de los beneficios económicos y sociales de la ciudad: los sectores populares, constructores y protagonistas de su propia ciudad y ciudadanía: los barrios populares, materialización de sus luchas por el acceso a la ciudad.

Efectivamente, no se podría hablar de los barrios populares sin los sectores que los han construido y consolidado, en este sentido, ante la falta de planificación estatal frente al fenómeno migratorio, los anónimos pobladores con sus nuevos asentamientos, encontraron en el asociacionismo, la autogestión y la protesta6 mecanismos útiles para la consecución de recursos y la solución de sus problemas más apremiantes. Estas serán las tres características básicas de los procesos de consolidación de sus lugares de habitación. Para ampliar un poco la definición de las mismas, Manuel Castells (1999) resalta el valor de la solidaridad y autogestión de las comunidades pobres, las cuales en ausencia de políticas estatales que mitiguen la explotación económica y la opresión política del sistema capitalista hacia los más necesitados, han construido lo que Castells denomina sus ''Estados de Bienestar'' para la supervivencia colectiva diaria. El autor expone como ejemplo el caso de las ''cocinas comunales'' de los años ochenta en Santiago de Chile y Lima ante la crisis económica. Por su parte, Alfonso Torres (2007) señala cómo la llegada de los migrantes campesinos con toda su carga de costumbres, prácticas y tradiciones comunitarias, hizo que su poblamiento de la ciudad estuviera marcado por fuertes relaciones de vecindad, familiaridad, compadrazgo y sociabilidad; relaciones que también aborda Oscar Lewis7al estudiar el fenómeno de la migración campociudad en México. Además, Alfonso Torres resalta la importancia de la tradición comunal campesina en la autogestión de equipamientos para los terrenos y viviendas.

Autoras como Elizabeth Jelin (1987), Lola Luna y Norma Villareal (2010), Narda Henríquez (1984) ó Jasmine Casafranca (1983), recogen las experiencias dirigidas por mujeres en las iniciativas de organización en torno al tema de alimentos en las ollas y comedores comunitarios, en cuanto a propuestas de cuidado y atención a la infancia y en defensa del territorio habitacional; y en lo referente a la construcción progresiva de viviendas, calles y redes de servicios públicos. Patricia Tovar (2001), Elizabeth Jelin (1987), y Alejandra Massolo (2005), reconocen las acciones de las mujeres en el contexto de precariedad y falta de recursos de subsistencia de los barrios populares de la región, haciendo que temas como la falta de alimento en el hogar, que podría considerarse una problemática doméstica, salga a la calle y se politice al punto, de llevar a las mujeres a enfrentar al Estado por las condiciones adversas de subsistencia de sus familias.

Sin embargo, el asociacionismo, la autogestión y la protesta pudieron alternarse en diferentes periodos de asentamiento por parte de los sectores pobres, sin ser netamente excluyentes o contradictorios, y no siempre fueron por principio resistentes al Estado o totalmente cooptadas por él. En este sentido, dos fenómenos sociales bastante complejos durante el siglo XX en América Latina, relativos a la política y la participación social de los sectores subalternos, fueron el populismo y el clientelismo (Calderon y Jelin, 1987; Gutiérrez, 1989; Villasante, 1992, James, 2004); fue masiva la vinculación de los pobres en los mismos y, de alguna manera, desde allí pudieron movilizar sus necesidades e intereses.

Sin desconocer las críticas que se le hacen a las interpretaciones sobre los sectores populares en América Latina desde las teorías marxistas de clase y de la Acción Colectiva, de sociólogos como Manuel Castells y Alain Tourine -citados por Archila (2001) y Torres (2007)-, sobre su autonomía del establecimiento, su racionalidad y su capacidad de organización y mantenimiento en el tiempo-, cabe destacar que las interpretaciones de los mismos como clases, pueblo y movimiento social (Villasante, 1992; Archila, 2001; Torres, 2007), permitieron entrever a los sectores populares como actores sociales dentro del panorama urbano. Los pobladores urbanos se constituían así en ''agentes con un poder diferencial, ideología y un cuerpo de valores para ubicarse en la ciudad'' (García, 1992; p. 57), ''que reivindican nuevos ordenes de organización socio-espacial'' (Calderon y Jelin, 1987; p. 23), con diferentes niveles de conciencia de su propia capacidad de acción y de la necesidad de la emancipación social.

La acción social colectiva desarrollada por Torres (2007) y Archila (2001) retomando los postulados del sociólogo francés Alain Tourine, y las expresiones o prácticas colectivas de Calderon y Jelin (1987), son definiciones que buscan dar cuenta de esas manifestaciones asociativas, de trabajo mancomunado y lucha de los sectores populares por habitar la ciudad, en donde participan factores estructurales y estructurantes de su acción pero, a su vez, la posibilidad de encontrar en ella bases y relaciones de ordenes alternativos al sistema de cosas que enfrentan. Las asociaciones barriales y vecinales (García, 1992) son definiciones más concretas sobre la capacidad organizativa y de movilización social de los sectores populares, que destacan precisamente el desarrollo de un sentido y un tejido asociativo propio de las relaciones de cercanía y vecindad de los pobladores barriales.

Estas formas de asentamiento, trabajo y lucha por acceso a los beneficios de la ciudad o bienes de consumo colectivo, como las vías y el transporte, los servicios públicos y sociales (Castells, 1999; p. 83 - 88; Duhau, 2001; p. 325 - 341), entran, desde sus inicios, en conflicto con el pretendido desarrollo económico y urbano de las ciudades latinoamericanas. Los espacios repentinos de protesta y el auge de la organización y la movilización de los sectores populares considerados tantas veces marginales, excluidos, subalternos y demás, son expresiones latentes del conflicto con el establecimiento y del ejercicio de su ciudadanía desde la resistencia (Jelin, 1996).

El caso de Bogotá

Para hablar del caso de Bogotá, que en términos de su desarrollo como urbe metropolitana no difiere en mucho del panorama Latinoamericano8, se retoman las voces de mujeres habitantes de los barrios populares de Ciudad Bolívar y Usme. Ellas expresaron en sus palabras y desde sus lenguajes la experiencia de la construcción de sus lugares de habitación, en medio de la situación de pobreza y escasez de oportunidades con un agravante más: el maltrato y el abandono de sus maridos ante las dificultades. Son significativos sus relatos, en la medida en que pueden entrar en diálogo con varias de las afirmaciones que se han venido sosteniendo y que se sustentan en investigaciones de estudiosos de la realidad de las ciudades en la región.

...Las llegadas...''el sueño de un mejor futuro en la Capital''

''[ ...] soy Elsa Beatriz Martínez Sona, nacida en Garzón Huila, un pequeño y hermoso pueblo, de gente sencilla y pujante de donde mis padres se vinieron para Bogotá en el año 1967, por aquello de buscar mejores condiciones de vida para la familia, la cual estaba integrada en ese entonces por ellos, mis padres y 6 hijos entre los cuales soy la tercera. Desde entonces hemos vivido aquí, considerándonos Bogotanos, pero sin olvidar nuestras raíces y costumbres; vinimos a vivir a Usme que en ese tiempo era un municipio esencialmente rural anexo a la capital...La población que allí habitaba era procedente de departamentos como Boyacá, Tolima, Huila, Llanos Orientales y otros municipios de Cundinamarca, quienes como hoy en día dejan su terruño en busca de mejores oportunidades'' (Martínez, 2000. Texto inédito).
''[ ...] soy Rubiela Gomez, nacida en Santuario, Risaralda, antes era Caldas, el 17 de marzo de 1945. De Santuario nos vinimos por los bandoleros, porque fue terrible. De madrugada cogían los niños y los tiraban, hacían el corte de franela, que decían ¡yo vi eso, lo hacían delante de todo el mundo! La vez que nosotros lo vimos eso una madrugada porque mi papá nos levantaba a la 1 o 2 de la mañana para ir a sacar el ganado de la finca, estábamos los tres mayores en una cañada, cuando una balacera, nosotros nos escondimos, cerquita había una de las fincas y los habitantes de esa finca eran sorditos unos y otros no. Llegaron los bandoleros y de ellos solo se escapó una niña porque cogió una bota de los hermanos que ya estaba muerto y se la tiró a uno de ellos y corrió por ese potrero...de ahí nos vinimos para Manizales y ya fui criada aquí. Mi papá duró mucho tiempo sin trabajo. Nosotros íbamos al rio a sacar arena para vender y medio comer, vivíamos de arrimados donde unas tías hasta que conseguimos unos bajitos9. Mi papá consiguió trabajo en construcción pero eso no nos alcanzaba. Nosotros nos íbamos al matadero a traer esas hojas de murillo, de eso cocinábamos y comíamos, de las casas de los ricos comíamos sobrados. Es que éramos 10 hermanos. Y así, yo ya crecí, me vine para Bogotá, a ver si sola me iba mejor'' (Comunicación personal agosto 12 de 2011)
''[ ...] Mi nombre es Luz Stella Gaucha tengo 49 años, soy nacida en Agua Azul Casanare, me vine de 10 años acá a Bogotá con una tía en el barrio Venecia, ella me trajo para que yo tuviera la posibilidad de estudiar ya que allá solamente iba a terminar la primaria, después de hacer la primaria empecé mi bachillerato...'' (Comunicación personal agosto 12 de 2011)
''[ ...] Mi nombre es Maria del Carmen, nací el 8 de junio por el año...39. Vengo de Simijaca, allá recogía alverja en el campo. Me vine buscando a mi marido...me casé y mi marido se vino y me dejó sola allá, pero yo ya tenía 2 muchachos. Entonces dije: <<arranco detrás porque sola no me puedo quedar>> ¡Allá me tocaba trabajar al sol y al agua para poder darle de comer a mis hijos! Yo sabía dónde estaba así que di con él, pero dejamos la hija mayor en el pueblo con otro muchacho y después me tocó ir a trastear con todos. Llegamos a vivir en una parte y otra, donde nos dejaran vivir mientras tanto.'' (Comunicación personal agosto 12 de 2011)
''[ ...] Mi nombre es Bárbara Romero, yo soy de Doima Tolima, nací el 17 de septiembre del 60. Hace más de 30 años vivo en Bogotá, me vine por la falta de trabajo, por la falta de oportunidades, pues en el campo donde todo le toca a uno: cargue, haga...nosotros fuimos 7 hermanos y de todas maneras para trabajar, estudiar no se podía. En el campo no hay escuelas ni nada, nos tocaba dos horas a pie para ir a estudiar. Logré estudiar la primaria. Cuando yo estudié era de 7 a 12 y de 1 a 5, todos los días de lunes a viernes. El estudio era muy bueno. Yo me acuerdo más de las cosas que aprendí en primaria que lo que hice en el bachillerato. Y yo hice el bachillerato hace poco.'' (Comunicación personal agosto 12 de 2011)

En los relatos de estas mujeres se hace evidente el polo de atracción de población en que se convirtió la ciudad con las posibilidades de estudio y trabajo que representaba para la época de los cincuenta y sesenta. Solo Doña Carmen llega con su hogar constituido y después de ir de un lado a otro intentará establecerse definitivamente, la Señora Cristina, Estelita y Bárbara, al casarse y formar sus familias, viven en arriendo en distintos lugares de la ciudad y luego, buscarán asentamiento en lugares más económicos donde no tengan que pagar arriendo.

...En la búsqueda de un lugar propio...

''Empezando los 70 me casé...Nos fuimos a vivir en arriendo en el barrio Claret primero pero el mundo da muchas vueltas, yo fui a dar a la casa de él -su esposo-, allí fui humillada, golpeada y todas las cosas que se pueda imaginar, por él y por su familia. Tuve mis dos hijos y luego ¡planifiqué!, a escondidas de él porque en ese tiempo uno no podía hacer eso, había mucho machismo...Luego resulto él con la ''sucursal'', la misma que a la que yo le pagaba para criar a mis hijos y yo poder trabajar, iba y lo visitaba, ¡yo no sabía! ¡Intente, no más hijos!, dure 9 años sin tener hijos en los que él se fue y se casó en Venezuela...yo quede sola aquí pagando arriendo, sin trabajo, mal, ¡en una situación precoz!, porque la niña menor se enfermó y ahí sí me toco salirme de trabajar. Con una amiga que había distinguido de jovencita, ella era profesora, nos vinimos y colocamos un preescolar ahí en el barrio ''Banderas'', arrendamos un apartamento. Hasta que ella se embarazó...¡Me quede sola!, ya no podía quedarme ahí por el arriendo, y ¡a aguantar hambre con mis hijos! Me fui a vivir a Casablanca, eso era nuevo y estando solos allá, apareció otra vez mi esposo dizque ¡buscándonos! Habló con mi mamá porque no se sabía en donde estaba yo, no le dije a nadie donde vivía, ¡a nadie, no pedí ayuda de nada! Ella nunca supo que él me había dejado y cuando él llego le dijo que era yo quien me había perdido...Por insistencia de mi mamá...volvimos con mi marido y quedé otra vez embarazada porque, por problemas de salud finalmente me quité el dispositivo y lo primero que hice fue quedar en embarazo de mis otros hijos seguidito. Por eso conseguimos este lote10en el cual no pagábamos arriendo, pero aquí la situación era bien difícil. Me inscribí en ''Provivienda'', había que inscribirse y pagar $10000, era mucha plata; empeñé un televisor blanco y negro que tenía y una licuadora ¡porque pensaba venirme sola! pero ya venía embarazada de la niña y llegar a aventurar sin agua, sin luz, ¡sin nada, nada! Esto era una bajada, una montaña, cavernas ¡por allá se metían los niños a jugar! la misma agua hizo esas cavernas por allá huecos y huecos; y a mí me tocó arriba en el plan, lo único que me favorecía era porque estaba cerca al tanque del agua...pero nos tumbaron los ranchos, a mi me pusieron a ''frentiar'' porque yo estaba embarazada y la policía no me tocaba, que a las embarazadas no las tocaban. Por los $10.000 nos daban un rollo de paroid, unos palos y puntillas, porque en ese tiempo uno compraba y tan pronto llegaba decía ''voy pa`tal parte'' y de una vez le entregaban eso [ paroid, palos y puntillas ], y ¡usted defiéndase como pueda!...[ Cristina ]
''[ ...] cuando estaba en segundo de bachillerato me enamoré del que hoy es mi marido y me fui a vivir con él a los 21 años, tuve mi primera hija a los 22, tengo 3 hijos que son ¡mi adoración! Cuando iniciamos a convivir con él nos fuimos para el barrio San Blas, después una señora vecina de ahí nos ofreció una casita que ella tenía en el barrio ''Candelaria la Nueva'' ¡a un muy bajo precio que ella nos arrendaba esa casita!, era un casa lote y como mi marido era el único que trabajaba y aportaba, nos tocó venirnos para ahí. Cuando eso solamente teníamos 2 niños y ahí en esa casita nace mi tercera hija y es cuando yo digo ''¡no más!'', mi marido no quería pero yo me opuse a más hijos; como en el 87 llegamos allá a ese barrio muy poco poblado, eran unas casitas de urbanización muy económicas, salía cada casita como a $350.000 compradas, ¡mejor dicho súper baratas!; pero nosotros nos fuimos a vivir ahí en arriendo y el señor nos cobraba $3500. Las casas tenían solamente luz y el agua, no había línea telefónica ni gas natural y las vías era eran calles destapadas. Ahí duramos 10 años y ahí fueron criados mis hijos, luego salimos para otra casita que quedaba más hacia arriba en el barrio ''Jerusalén-canteras''. Allá se veía mucho más la pobreza porque esos sectores no tenían agua potable, el agua era por mangueras de esas negras, nosotros nos fuimos a vivir ahí en un apartamentico más barato pero en arriendo todavía porque tampoco éramos tan pudientes y nos tocaba buscar siempre la economía. El apartamento tenía una pieza grande que la tuvimos que dividir por mitad, una parte para los niños y la otra para nosotros, el bañito y la cocina no lo teníamos que compartir con nadie y estaban construidos con material, pero la mayoría de las casas de ese sector eran ranchitos de ''paroid'' y estaban regaditos, no eran pegados.'' [ Estela ]
''[ ...] Yo no vivía arriba tan pronto vine a Bogotá, yo vivía en Fontibón, luego en Kennedy y luego sí fui a vivir allá porque me conocí con el papá de mis hijas menores, me fui a vivir con él como a los 25 años pero yo tenía ya mis dos hijos mayores, el papá de ellos se murió seguro porque no volví a saber nada. Trabajé en una empresa de confecciones como rematadora y luego en un satélite de Pat Primo. Duré como 8 años en eso. Cuando estaba sin trabajo y con necesidades, trabajaba por días. Conocí a mi marido y uno cree que eso es la salida, que no le toca volver a trabajar, no le toca sino estar pendientes de él y los hijos. Me convenció que viniéramos para acá, cuando llegué a ''Bella Flor'', no tenía las dos hijas menores, yo tenía los grandes, igual la abuelita de ellos se quedó con la niña. Yo viví en un ranchito como año y medio. Allá me robaban todo...como mi ranchito era de material de desecho, pues lógico que se metían y me robaban. Eso era un desierto, abandonado, ¡solo! A veces yo amanecía tan aburrida que cogía mi chinito y me iba para donde fuera, pero entonces me robaban hasta las gallinitas que me regalaba mi mamá y que yo criaba aquí. Después me encerraba todo el tiempo y no iba ni a la esquina. Luego me vine de la Torre para acá más abajo, porque era que arriba por ahí por la Torre, era peor de desolado. Cuando yo me vine para ahí, había como 4 casitas. Y ahí se hizo igual. Una piecita, el baño, la cocina, la hicimos en latas, tejas y madera.'' [ Bárbara ]
''[ ...] Estuvimos en últimas en ''La Floresta'' en la casa de un señor, mi marido cuidaba carros, vendía cositas y luego entró a trabajar en una fábrica, después fue celador y de ahí una amiga nos dijo ''caminen que allá en aquel lado están loteando'' y nos trajo para Jerusalén y nos vinimos a vivir aquí. Esto era solo, los ranchitos en paroid, en tabla...sin ni siquiera agüita'' [ María del Carmen ]
''[ ...] vinimos a vivir a Usme que en ese tiempo era un municipio esencialmente rural anexo a la capital pero empezaba a urbanizarse, la mayoría de los barrios eran producto de la edificación pirata, razón por la cual no se contaba con servicios básicos, infraestructura y casi ni transporte, había una sola vía de acceso donde se hacían permanentes trancones por la salida de volquetas de las ladrilleras y areneras'' [ Beatriz ]

Emergen de estos relatos las preocupaciones por la subsistencia de los hijos y la necesidad de salir a trabajar para sostenimiento familiar, de hecho, ellas ya trabajaban antes de comprometerse con sus respectivas parejas y deciden quedarse en casa para no dejar solos a sus hijos, pero la situación económica las obliga a buscar dinero extra:

''[ ...] Yo trabajaba a veces por días, lavando ropa, planchando, a lo que saliera para poder comer porque lo que ganaba mi marido no le alcanzaba'' [ Carmen ]
''[ ...] Por las humillaciones y maltratos recibidas en mi hogar materno pensé que la salida para cuando yo formara mi hogar quería que fuera distinto, brindarles otra calidad de vida y otras oportunidades de las que yo había vivido ¡por lo que empecé a trabajar! y a tener muchos inconvenientes con mi marido porque él decía que porqué yo trabajaba, que los niños en el jardín se enfermaban...pero luego ya empezó a entender que teníamos que trabajar los dos para salir adelante, porque él siempre ha sido vendedor ambulante de repuestos para licuadoras, cauchos para ollas y eso; cuando teníamos los dos niños con lo que él traía nos alcanzaba a ras, pero cuando nació la niña menor, me tocó salir a trabajar...en una casa por allá de ricos cuidando una niña'' [ Estela ]

Desde los estudios de Browning (1975), Corredor (1995), Munera (1999) y Carrión, (2001), el sector informal de prestación de servicios y oficios varios es donde muchos de los nuevos pobladores encuentran su única posibilidad de sustento, de entrada, bastante mal remunerada. Los esposos de estas mujeres e incluso sus vecinos hombres, han sido en su mayoría obreros de construcción, celadores y vendedores ambulantes y ellas por su parte, consiguieron trabajo principalmente en labores de tipo doméstico. Autoras como Elizabeth Jelin (1987) y Jasmine Casafranca (1984) destacan el hecho de que fueran precisamente las mujeres, las vinculadas a este tipo de trabajos entre los que se encuentran la producción de alimentos, el aseo de casas o el cuidado de niños, evidenciando el carácter femenil de los mismos producto de la división sexual y social del trabajo; por consiguiente, su valoración social y retribución económica es inferior a la de los hombres.

Sin embargo estas situaciones evidenciarían lo que Jorge Enrique Vargas y Luis Ignacio Aguilar (1976), Leopoldo Munera (1998), Alfonso Torres (2007) y Mauricio Archila (2001) -quienes retoman los planteamientos de Castells y Jordi Borda-, enuncian el desarrollo desigual de las ciudades Latinoamericanas a partir de polos de producción, desarrollo que se explica en parte por la situación de dependencia de nuestros países, la urbanización a favor de los intereses del Capital, de donde quedan excluidas las grandes mayorías no solo de los bienes materiales de la ciudad, también de la estructura de trabajo formal. En este sentido, lo popular también asumió la idea de un conjunto de sectores sociales oprimidos por el sistema que cabrían dentro de la definición de ''pueblo'' (Camacho y Menjivar, 1989).

No menos importante son los hechos de abandono, la prohibición de trabajar que ejercen sus esposos por considerar que desatenderían el hogar, la preocupación por los hijos, principalmente de ellas, y la planificación familiar que tanto la Señora Cristina como Estela comentaron; ellas lo llaman ''machismo'' y reconocen además que aprendieron ese papel de madres y esposas supeditadas a sus maridos en sus propias casas. Para autoras como Villafranca (1983), Jelin (1987), Tovar (2001), Luna y Villareal (2010), estas situaciones hacen parte de las opresiones que por su rol femenino, soportan las mujeres: el patriarcado.

...Apropiando terrenos por las dos únicas vías posible: el loteo o la invasión...

''[ ...] Al llegar, formaba cada uno su rancho pero esos ranchos no eran encrustados en la tierra...eran movibles y la gente se reía porque a cualquier momento varios hombres lo levantaban e iban para otro lado y así. No enterraban nada porque a cualquier momento nos quemaban los ranchos y tocaba, si molestaba mucho la policía, pasarlos pa` llá y pa` llá. Nos rifábamos el terreno por sitios...¡y a mí me pusieron a frentiar arriba! ¡No me pegaron a mí, a mi esposo sí se lo llevaron arrestado una vez! El problema es que se llevaban a los hombres y quedábamos solo mujeres, y más se demoraban en irse los hombres cuando a nosotras nos tocaba armar otra vez, siempre rompían era el paroid pero los palos quedaban ahí parados, nosotras volvíamos y armábamos...Cuando los soltaban ellos venían era a reforzar lo que nosotras habíamos hecho y así. Habían hombres sin trabajo, otros eran celadores...mi esposo siempre ha trabajado en lo mismo, en la construcción, entonces trabajaba en el día ¡pero la policía no venía en el día!, siempre venía después de las seis de la tarde...llegaban de noche cuando ya estaba uno durmiendo. Una vez a mí me rompieron el rancho pero no me metieron candela, a muchas si les metieron candela, Provivienda nos había entrenado en unos cursos de ''trabajo social'' para compartir y ayudarnos unos con otros, en ese curso ¡era toda la colaboración, nadie podía hacer más que otro!, y cuando le decían a uno ''le toca el lote numero tal'', le daban una ficha y uno llegaba y aquí ya había una persona encargada de recogerlo y decirle ''el lote es este'', y no era lotiado que usted se iba a quedar ahí sino que era momentáneo...era el que iba a cuidar mientras tanto, así estuviera de medio lado, roto, así se fuera a caer pero usted tenía que quedarse ahí, asegurarlo con piedras, con lo que fuera, para que no se cayera...Me gané un rancho ya hecho, lo habían abandonado del miedo...mi esposo lo reforzó pero ahí era el baño de todos los del barrio...él por ahí se consiguió una pala y limpió eso ¡pero olía rico y para armar la camita!, porque nos dijeron ''solamente llevan una cama, una estufa, dos galones de agua, fósforos, cobijas para taparse, linterna, mercado lo que puedan, agua porque no sabemos cómo será eso, espermas...si tienen muchos lujos, déjenlos donde vivan, con la familia, donde sea, porque allá no pueden llevarlos, a todo el mundo le queman eso''...¡sí, hubo heridos, golpeados!, más que todo golpeados...quemados no, porque toda la gente corría con sus niños pa` lado y lado, se ''abrían'' como dice el dicho, antes que los quemaran, a mí no me quemaron, me rompieron...con el mismo bolillo rompían eso, era fácil de romper, y cada vez, ¡cómo no rompían todo de un solo tanganazo!, sino por ejemplo cogían la parte de abajo, ¡los de arriba ya se habían escapado!, si rompían a los de arriba...¡para eso eran los pitos! Todo el mundo tenía pitos y pitaban y eso era que había algo, todo el mundo ya ¡alerta!, y a correr para abajo al hospital o si algo pues corríamos, pa` eso nos formaban...Cuando yo llegué acá traía eso, en un camión traían 5 y 6 trasteos y ya nos conocíamos las personas que veníamos ahí...todo eso estaba cuadrado, a uno le preguntaban ''¿Dónde vive?'', digamos tal parte, un ejemplo: yo vivía ahí en ''Kennedy'' y a mi tocó con unos de ''Soacha'' y por ahí de esos lados, lo metían a uno ahí, los primeros le ayudaban a uno a cargar y luego le entregaban el paroid y esas cosas ¡y hágale como pudiera!'' [ Cristina ]
''[ ...] Esto era invasión, había otros invasores más grandes, los otros invasores traían más gente. Allí no había que pagar, era solo cuidar el terreno y hacer el ranchito. Después me dejaron una casetica chiquita donde iba a ser el jardín. Ahí duré viviendo años. De lo que yo trabajaba me entregaron un lote que es en la media falda que es donde vivo actualmente. Ahí hicimos ranchito.'' [ Carmen ]
''[ ...] El lote él lo había comprado a un señor como por 20 o 30 mil pesos. Se lo había dado por un trabajo que le había hecho, porque como él es pintor de carros. En ese tiempo yo no trabajaba y por eso él lo compró solo, yo no quería venirme para aquí por eso yo lloraba todos los días...esto hasta ahora estaban dividiendo el terreno y ya la primera gente que había comprado había vuelto a vender'' [ Bárbara ]

Como lo señalan los relatos, la configuración de los nuevos barrios fue producto, en parte, de la invasión de predios por habitantes urbanos sin vivienda y por los continuos migrantes del campo, incentivadas en algunos casos y en un principio por el Partido Comunista Colombiano (Arango, 1981), así lo describía Doña Cristina en su experiencia de organización y movilización para la invasión y la defensa de los terrenos, en el barrio en el que todavía habita y de cuya casa aún no tiene escrituras; pero principalmente los barrios se constituyeron por el fraccionamiento ilegal de lotes promovido por ''urbanizadores pirata''. En ambos procesos -invasión o loteo ilegal-, estas formas de apropiarse de terrenos en la ciudad por parte los nuevos pobladores, fueron una salida para la clase política ante la presión por planes de vivienda y un negocio atractivo por las notables ganancias que obtuvieron algunos de sus dirigentes aliados a los urbanizadores piratas (Dureau, 1993; Torres, 2007). La autoconstrucción de la vivienda, la asociación parcial para la ayuda mutua en estas tareas y en la consecución de recursos colectivos como agua, luz, vías, iglesias, zonas de encuentro y otros, fue el paso siguiente de consolidación de los nuevos barrios por parte de los pobladores urbanos. (Alfonso, Hataya y Jaramillo, 1997)

...las luchas por los servicios: la luz...

''[ ...] La luz la metí yo. Estaba en el embarazo y arriba había postes pero decían que no podíamos prender luz porque era clandestino y la policía nos detectaba más rápido, incluso las velas teníamos que ponerlas en el piso ¡tapándolas!... tapando que no saliera la luz afuera...Abajo, por allá en todo eso habían casas, en donde está la avenida11...de ahí pa`rriba no había nada, de ahí para abajo sí. ¡Bueno pero, yo metí la luz!, le pague a un señor pa` que se subiera a un poste y colgáramos el cable porque, ¡pensándolo!, en ese tiempo ¡cada rato se inundaba el hospital!12, y yo no podía ir a tener el niño allá, de pronto a cualquier momento estuviera en esas y no estuviera nadie. Entonces como yo era enfermera, tenía listas todas mis cosas y en caso de una emergencia yo me dije ''¡me toca sola!'', por eso necesitaba la luz. ¡Pero más me demoraba en ponerla que lo que me la quitaban los mismos de la energía!, cuando nosotros íbamos a prender ya nos habían quitado la luz a los que nos colgábamos, pero al fin logre ponerla, creo que dure como unos cuatro meses así. Y de ahí deje conectar a otros y así, yo la eche pa` la parte de arriba.'' [ Cristina ]

...el agua venia en burro y por ella hasta muertos hubo...

''[ ...] ¡Lo del agua fue duro! en el sector no había ¡nada de agua! ¡Pagábamos más agua que comida!, cuando eso hasta $70.000 mensuales de agua porque solo llegaba cuando vecinos la traían desde los aljibes en los burros...yo también tuve burros...¡claro! porque teníamos que trabajar con lo de Bienestar y al principio la comprábamos para poder cocinar en lo del Restaurante, y de todas maneras nos tocaba ir a lavar por allá a la quebrada. Luego tuvimos burros, Mery dos y yo uno para cargar agua y llevar ropa, primero ella cargaba agua y me surtía cuando tuve el Restaurante, pa` trabajar y pa` vivir porque sin bañarse, sin pa` la comida, sin hacer aseo y ¡esto no era así!...¡esto eran unos ranchitos!, yo viví en un ranchito y mis hijas se criaron por ahí en el barrial cuando eran chiquitas. Con todo y burros salía mucho más cara el agua que pagarla al Acueducto porque yo pago ahorita $45.000 después de 15 años, hasta $60.000 cada dos meses, pero cuando eso era quincenal, ahorita que diferencia, yo me baño con suficiente agua mientras que en ese tiempo un galón de agua ¡me tenía que alcanzar para todo, no podíamos darnos el lujo de gastarla así no más! Cuando hacía mucho verano se secaban los aljibes, nos tocaba irnos para el ''Perdomo'' donde Mery tenía una casita...al ''Perdomo Alto'' pa` el lado de Sierra Morena ¡lejísimos! Íbamos, lavábamos allá y luego nos veníamos por las tardes y en los burros traíamos la ropa mojada, ¡todo un día!, un sábado salíamos a las seis o siete de la mañana y volvíamos por la nochecita ¡imagínese, como nuestros hijos eran pequeños pues tocaba conseguir quien los cuidara o si no, llevarlos! Era un trabajo bien terrible y nos tocó resto de tiempo así, lavar en la quebrada a las 5 de la mañana y a las diez de la mañana venirme a trabajar cuando tenía el FAMI13, cuando comencé con el Jardín ya no me podía dar ese lujo, en la quebrada había mucha congestión para lavar y tenía que llegar uno a las 4 de la mañana , y en el día era peor porque ¡había más gente!... y cuando hacia verano tocaba levantarnos a las dos o tres de la mañana, hacer fila para coger agua y traer y si no, se acababa; ya a las diez de la mañana no había agua. Era terrible, por eso fueron las luchas al Acueducto, a la Alcaldía, a esos, pa` que nos subieran los carro-tanques; ellos decían que por como estaba la vía no subían, que porque acá era muy alto, que tenían no sé qué muchos metros más de lo que mandaba el Acueducto para las partes altas, que supuestamente aquí era más alto que en ''Alpes'' y que por eso no mandaban agua; los reuníamos en el Salón Comunal y que no, que aquí no mandaban el agua porque no teníamos derecho supuestamente a el agua. Entonces se hicieron muchos ''derechos de petición'', cartas, salíamos ahí a movilizarnos al Acueducto...'' [ Bárbara ]
''[ ...] A unos señores los mataron y otros se fueron del barrio porque a veces habían muchas controversias en el tiempo cuando no había servicios, mucha gente se peleaba por el agua, incluso mataron personas porque como era por mangueras negras, a veces la gente para recoger su agüita las doblaban en la parte de arriba, y se formaban unas peleas terribles porque los vecinos de abajo decían ''pero a mí no me dejaron recoger el agua'', y se iban a las partes de arriba y encontraban que era allá donde tenían a veces las mangueras dobladas pa` que no bajara y ellos pudieran recoger más en la parte de arriba...a veces también duraba más de 20 días el sector sin agua, por lo que llegaban carro-tanques y eso también generaba peleas porque la gente quería colarse de primeras para coger el agüita, eran muchas peleas por eso...'' [ Estela ]
''[ ...] el agua nos tocaba comprarla en burro y la traían así, lo que ya estaba construido abajo si tenía agua, pero nosotros la comprábamos en burro. Luego ya empezamos aquí a meter la luz y lo del agua...clandestino...nos ''colgábamos''...de noche por allá...con el agua, la cargábamos desde arriba hasta que alguien detectó que había un tubo mayor, escarbaron por allá en la parte de arriba y compraron tubería para ellos y de ahí empezó a colgarse toda la gente y luego llegó el agua a la esquina y ya...¡De ahí todo el mundo lavaba a las 12, 1 de la mañana en piedras, arrodillados!, no querían subir al tanque porque allá el tanque se rebosaba y botaba el agua por una cuneta ahí pa`bajo y lavaba uno con todo el mugre...el primero que llegaba lavaba bien, pero ya el segundo lavaba con el mugre del otro y así...Nos tocaba hasta que terminara el primero, le daba el turno al segundo y así pa` ''juagar'', porque era agua limpia y entonces, el que ya no quería subir allá, le tocaba ''colgarse'' con manguera del que ya estaba colgado y lavar...yo lavaba la ropa en la tina de la niña...¡Todo el mundo salía a esa hora!... a lavar y a botar el agua pa` que no hubiera tanto chorro hacia abajo porque si no, nos echaban la policía. Después de que llegó a la esquina, a meter ''tubería clandestina'', que era manguera de esa negra...pero no podíamos hacer ''tubería alta'' ni nada así, ¡pero uno prefería el agua así fuera enterrada! Por la noche recoger agua y todos bañarnos...En ese tanque arriba eso era una risa, el día domingo parecía una fiesta, parecía estar uno ¡por allá en las playas! La gente, las señoras en pantaloneta y brasier bañándose allá, lavaban con manguera desde adentro y ¡báñense afuera!, y los hombres también en pantaloneta y ¡bañe los niños y lave! ¡Eso era el paseo del día domingo! Cuando estaban de buena gente los celadores del tanque, porque como ese día no llegaban los supervisores le podían regalar a uno más agua, conectar mangueras y eso, pero entre semana sí no...con la primera platica como enfermera del barrio compré lavadero, ¡tanto que luche para que me subieran ese lavadero desde abajo del hospital! Era un lavadero de esos grandes y no había quien lo subiera, ¡tocaba hombres!; pero metí lavadero porque ¡ya había agüita! Más tarde...vino un camión, pasaba un camión con esa tubería de...¿gres es que se llama? ¡Y entre todo el barrio compramos todo el camión!, un camionado de eso y a abrir ''chambas'' y a meter ''tubería clandestina'' para los baños en las casas, una ''tasita'' para hacer uno sus cosas ahí, y así duramos varios años...Con el alcantarillado, ¡lo hicieron los mismos señores! Por ejemplo mi esposo, como él sabe de todo eso y había gente que trabajaba en lo mismo pues ¡se unían!, por ''mazanitas'', ¡íbamos haciendo las cosas! ¡Éramos muy unidos, hoy en día no! Pero antes sí ¡la unión!...lo mismo que si sabíamos de un vecino que estaba pasando alguna dificultad, nos reuníamos pa` ayudarle con huevitos, con arroz, con mercadito'' [ Cristina ]

...el famoso cocinol14...

''[ ...] por el cocinol también se armaban ¡unas trifulcas!, en ese tiempo no era estufas de gas sino era con el cocinol y como había que madrugar un día a la semana allá a la caseta de distribución que por cierto era bien lejos...eso unos se colaban, se perdían los carnets, los galones, hacía fila la gente desde las tres de la mañana y a las diez ya no había nada, hasta los niños hacían fila y se echaba chis-me mientras llegaba el distribuidor, se amarraban los galones para que nadie se colara'' [ Estela ]
''[ ...] Nosotras iniciamos a cuidar niños en el lugar donde iban a vender el cocinol; nos prestaron ese pedacito porque todavía no había llegado el cocinol, nos dieron una casita como de latas, sin baños, sin pisos y sin nada...Había mamitas que nos dejaban la ollita para que les hiciéramos el favor de darles el almuercito a los niños y dejarlos por ahí afuera hasta las dos, por eso nos pusimos a conseguir la estufa de gasolina y el carnet de cocinol y ya después empezamos a calentar almuerzos, nos mandaban las mamás el almuercito en la ollita, una sopita o el calentadito o el almuercito según lo que la mamá pudiera darles a los niños'' [ Carmen Cuesta ]

...finalmente la casita...

''[ ...] por eso yo les digo a mis compañeras a veces cuando llegamos a esos puntos de acordarnos de la historia del barrio, cómo hicimos pa` los servicios, yo les cuento porque hay gente que me ha dicho que tan bonita mi casa, que qué comodidades que yo tengo, ¡pero nadie sabe cómo nos ha tocado!, es que esto fue duro. Había una muchacha que me decía un día ''ay pero usted ya que se preocupa si mire semejante casa que tiene'', y que ella no tenía nada, yo le dije que tocaba trabajar bien duro porque esto nosotros aquí ahorita tenemos el lujo que tenemos agua y todos los servicios pero por ejemplo todavía no tenemos vías, hay partes donde el Acueducto no dejó alcantarillado...falta muchísimo por hacer porque vea las vías como están, los carros como briegan pa` llegar...pa` traernos mercado y todo...'' [ Bárbara ]

En cuanto al proceso de establecimiento de los barrios los estudios de Oscar Alfonso, Noriko Hataya y Samuel Jaramillo (1997), de Carlos Arango (1981) y de María de Suremain, Lucy Cardona y Marisol Dalmazzo (1988), señalan la importancia de la participación femenil en las primeras formas de asociación Provivienda, las organizaciones populares que se establecen para la defensa del territorio y la vivienda tuvieron una alta presencia de mujeres, como también lo evidencian los relatos. La manera como reconstruyen su vida cotidiana en Bogotá los nuevos pobladores, sus relaciones con los vecinos y con el Estado, son fundamentales en la compresión de las formas en que ocupan el espacio y se anexan a la capital. Alfonso Torres (2007) y Oscar Alfonso, Noriko Hataya y Samuel Jaramillo (1997), sustentan la importancia de las costumbres, prácticas y tradiciones comunitarias, de los migrantes campesinos en su poblamiento de la ciudad, marcado por fuertes relaciones de vecindad, familiaridad, compadrazgo y sociabilidad. Los relatos sobre la invasión y sobre la acometida de los servicios dan cuenta de las relaciones de las que hablan estos autores, y es en este sentido en que el barrio es mucho más que un espacio de habitación, es un territorio construido y luchado por los sectores populares, por las mujeres y los hombres intentando consolidar a su vez, sus propias familias. Como lo expresa la agrupación Calle 13:

¡Oye
! Esto se lo dedico a los que trabajan con un sueldo bajito...
Pa' darle de comer a sus pollitos,
yo quiero a mi barrio como Tito quiere a Caimito.
yo no lucho por un terreno pavimentado,
ni por metros cuadrados,
ni por un sueño dorado...
Yo lucho por un paisaje bien perfumado
y por un buen plato de bistec encebollado, por la sonrisa de mi madre que vale un millón, lucho por mi abuela meciéndose en su sillón, lucho por unos pinchos al carbón...
Y por lo bonito que se ve La Perla desde un avión.

(Cabra y Pérez, 2008)

En conclusión, la llegada constante de inmigrantes a Bogotá producto en gran medida de la violencia política que se vive en el país desde la década del cincuenta; reconfiguran continuamente la extensión y la densidad de la ciudad. Las primeras oleadas pasaron a crear nuevos barrios, diferentes a los existentes desde la colonia y a los barrios obreros fundados en la década del veinte. Así se conformaron en Bogotá los sectores populares para finales de los ochenta que representaban más del 50 % del total de población urbana, habitantes colonizadores y constructores de nuevos territorios densamente poblados en donde se concentraron los problemas de miseria y pobreza producidas por las crisis mismas de la industrialización como por la desigual distribución del ingreso en la ciudad, generadores de formas propias de supervivencia económica, que se articulan a la producción local (Vargas y Aguilar, 1976; Alfonso, Hataya y Jaramillo, 1997; Dureu, 1993).

Es de resaltar el papel que los autores Alfonso, Hataya y Jaramillo (1997), le dan a lo que denominan ''organizaciones populares urbanas'' en las tareas autogestionarias que incluso, entran a reemplazar al Estado; citan como ejemplo el servicio de agua, luz, vigilancia y la contribución igualitaria de sus miembros para cumplir la tarea. Es su definición:

''[ ...] aquellas organizaciones de origen popular creadas con base en un barrio o localidad con el fin de llevar a cabo tareas de interés común para esa misma comunidad. En su interior se puede apreciar una amplia gama de comportamientos sociales, desde los más tradicionales, caracterizados por el apoyo reciproco para alcanzar un objetivo común, hasta aquellos que involucran manifestaciones radicales de reivindicación colectiva frente a las autoridades constituidas [ ...] las OPUS tienen entre una de sus funciones principales la provisión de ciertos servicios comunitarios básicos para una población determinada, ya sea a nivel barrial o abarcando áreas de mayor tamaño. Por lo general sus tareas tienden a reemplazar total o parcialmente algunos servicios públicos que deberían ser ejecutados en condiciones normales por las autoridades locales.'' (Alfonso, Hataya y Jaramillo, 1997; p. 25)

Los autores hablan además de una ''urbanización popular'' (1997; p. 13) haciendo énfasis en el papel de los líderes y de las OPUS, los dos temas que son claves para entender estos procesos en la argumentación de los autores son vivienda y servicios públicos, que son los temas en disputa actualmente, con el nuevo enfoque de corte liberal del Estado, en que el mercado puede resolver esas necesidades barriales incluida la de los Jardines Infantiles, desconociendo incluso este legado de organización y de conquistas de las comunidades barriales.

..Ahora son los jardines...Como lo expresa Calle 13...

''Aquí no se perdona al tonto majadero,
aquí de nada vale tu apellido,
tu dinero...
Se respeta al carácter de la gente con que andamos,
nacimos de muchas madres...
Pero aquí solo hay hermanos''

(Cabra y Pérez, 2008)

Después del asentamiento, otras necesidades fueron surgiendo, entre ellas, la urgencia de prestar algún tipo de atención a los hijos e hijas de los padres y madres trabajadoras. Diversos accidentes que muchas veces terminaron con un saldo trágico, acaecidos a niños y niñas que por lo general permanecían solos en sus hogares, llevaron a que principalmente las mujeres se organizaran para buscar recursos y conformar así los primeros espacios de cuidado centrados en el problema de alimentación y protección; por ejemplo, sobre la constitución del Jardín ''Nuevos Valores'' en el barrio Jerusalén Sector Canteras, de la Localidad de Ciudad Bolívar, Estela Gaucha, Jardinera del mismo, manifestó:

''[ ...] el hecho que llevó a mis compañeras a fundar el Jardín fue el ahogamiento de un niño de 5 años en una tina donde había ropa en remojo con agua y jabón, que permanecía solo mientras su mamá trabajaba en casas de familia.''

Es interesante observar la manera en que las mujeres cobraron protagonismo en los barrios y localidades al vincular tareas de sostenimiento y manutención del hogar de carácter más privado con acciones de tipo social, organizativo y de autogestión para dar salida de manera colectiva a problemas de hambre, de abandono en el caso de los niños y niñas, de falta de vivienda e infraestructura (Velazquéz, 1993). Esta pelea por la supervivencia en los barrios en los que muchas de ellas habitaban el mayor tiempo en comparación con sus esposos que salían a trabajar, propiciaron reflexiones y acciones sobre la desigualdad y la injusticia social en medio de las dificultades económicas por las que atravesara el modelo económico de la región en los años ochenta con mayor impacto para los sectores populares. De esta situación hablará Doña Carmen, miembro de CORASCOM:

''[ ... ] Un día, con Cecilia nos pusimos a hablar de que íbamos a cuidar los niños de las personas más necesitadas del sector, los niños que las mamás dejaban por ahí cuando iban a trabajar por días y nos prestaban precisamente para ir a jugar; hablamos con un señor que se llamaba Jorge Naranjo y le dijimos que queríamos cuidar niños pero que no teníamos un sitio, él nos aconsejó que habláramos con la JAC y como ellos eran bien amigos de nosotros nos dieron un pedacito del lugar donde iban a vender el cocinol. Ahí iniciamos cuidando los niños, por la mañana de ocho a doce del día, luego se iban para la casa y a las dos de la tarde los recogíamos y los cuidábamos hasta la cinco o seis que llegaban los familiares, los mandábamos para la casa porque tampoco esperábamos que alguien llegara por ellos ¡simplemente los mandábamos!, es decir no era como ahora que no se puede entregar si no es una persona adulta en ese entonces ''váyase para su casa, se acabó''. En un principio no teníamos que darles de comer a los niños por lo que nos íbamos a la plaza del barrio 7 de agosto y allá nos regalaban frutas más que todo, que era lo que les dábamos de medias nueves o de onces; el señor Jorge Naranjo nos prestaba el carro, nos llevaba y nos traía y como él era administrador de la plaza del 7 de agosto, precisamente nos ayudaba para que nos dieran ¡mercado de buena calidad! Y así seguimos...continuamos con Cecilia en el cuidado de los niños, cuando de un momento a otro nos reunimos en el barrio Tesoro con un señor Emilio Landinez que era de allá, y una señora Nora Trujillo, ella nos dijo que nos uniéramos a los del barrio Compartir porque allí había un grupo de Jardines Comunitarios que nos podían ayudar. Fuimos hasta Compartir un día que salíamos de la jornada y precisamente estaban en reunión ese mismo día unos Jardines poquitos, y ahí iniciamos nuestro trabajo como Jardines [ ... ] Los Jardines Comunitarios nacieron así, en algunas casas en ''arriendo'', en otras en lotes de la comunidad, se tomaron los lotes y se trabajaba en ranchos de madera y de latas, en el caso de Juan Pablo II cuidaban los niños en carpas que se consiguieron para un terreno comunitario, en Naciones Unidas también se trabajaba en carpa, nosotros en Minuto de María estuvimos un tiempo en carpa y luego en casa en arriendo, en Arabia en una casa también en arriendo, en Tesoro en unas casas prefabricadas, en Compartir en unos ranchos de lata y las sillas eran los guacales de las verduras, los guacales de las frutas, o como en nuestro caso que eran los postes de madera de la luz. Todo era como muy comunitario, la gente llevaba sus utensilios, sus ollas, sus estufas de gasolina, forraban los bloques para hacer asientos para los niños, la gente llevaba parte del mercado, entre todos colocábamos... recogíamos en las tiendas, y se iba consiguiendo, en empresas [ ...] Así poco a poco se fue generando ese proceso [ ...] solamente en el 84, es cuando viene Bienestar Social y como que ¡acepta! que hay que aportar algo, según ellos apoyar, pero la presión de la gente de los 17 Jardines de Bogotá en ese momento, es la que hace que Bienestar social comience a enviar mercados periódicamente. Como lo decían ellos ''era un apoyo'', y nosotros como que lo tomábamos así, pero realmente comienza a darse un proceso de organización y de pensamiento, como de pensar en luchar por algo más que eso. Por eso nosotros decimos que la preocupación por los niños de la comunidad fue primero nuestra, porque ellos llegaron con ''ayudas para los pobres'', pero nosotros ya teníamos montado todo''

De las iniciativas de las mujeres surgen en Bogotá, los primeros jardines infantiles en los barrios populares en varias localidades a principios de los años ochenta, entre ellas Ciudad Bolívar y Usme. Como lo expresó Doña Carmen, el funcionamiento de los jardines comienza con el arriendo o préstamo de casas por parte de las mujeres impulsadoras de la propuesta, los equipamientos y los alimentos se consiguen a través de la organización de ollas comunitarias, la recolección de mercado y menaje a los padres y madres, usuarios directos de los jardines, así como en las plazas de mercado más cercanas, en las iglesias y casas vecinas (Guerrero, 2002).

Ante la acogida de las iniciativas de los jardines por parte de padres y madres de familia sumado a la imposibilidad de sostener las iniciativas de la solidaridad y la ayuda de la población del barrio, las nacientes organizaciones de mujeres de carácter comunitario van a centrar sus luchas en conseguir reconocimiento y financiamiento por parte del Estado representado en el tema de infancia por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar [ ICBF ], y el Departamento Administrativo de Bienestar Social [ DABS ]. Sin embargo la consecución de ese financiamiento no representó para estas organizaciones ni para las mujeres en general, el reconocimiento de su labor social al interior de la comunidad en el tema del cuidado de la infancia y menos la remuneración de su trabajo. Al contrario, como los jardines iniciaron con ese ''voluntariado femenino'', esa figura se siguió manteniendo en los programas más fuertes de atención a la infancia, los Hogares de Bienestar Familiar [ HOBIS ]15 del ICBF y las Casas Vecinales del DABS, conservando la labor casi gratuita de las mujeres que iniciaron la atención a la infancia.

''[ ...] Sí, ya cuidábamos niños, ¡por horas o por días! La gente que conseguía trabajo por días nos decía ''yo trabajo el jueves, me hace el favor y me lo tiene'', no cobrábamos sino le daban a uno cualquier cosa, y a veces le dejaban lo del almuerzo, la sopa, arroz, lo que ellos dejaran. Con el tiempo supimos que arriba en ''Juan Pablo'', había una señora que iba a pedir ayuda al gobierno[ ...] y nosotros hicimos una carta, 6 personas acá, y fuimos a dar hasta por allá a mirar cómo hacia ella; ella a cada papá le pedía[ ...] como que 30 o 50 pesos, bueno lo que le dieran, y con eso preparan una sopa para todo el mundo, más que todo eran sopas[ ...] para los niños y los abuelos, algo le reconocían a veces por los que cuidaba, le daban mensual; ella dijo que había oído que la Junta iba a ver si le colaboraba con el gobierno o algo así, que hiciéramos una carta. Hicimos la carta y la pasamos a la Primera Dama de la Nación que en ese tiempo era la de...Belisario, pero nunca nos contestaron ¡nada! Después le dijeron a ella que la pasara a...el Ministerio de Protección...allá pasamos una carta. Ya como que estaban abriendo Bienestar Familiar o algo tenía que ver con eso porque eran de Bienestar, vino un coordinador y nos dijo...¡unas bellezas!, en ese tiempo eran unas bellezas los funcionarios, ellos entraron y vieron el piso, yo tenía el piso en tierra aquí abajo, las dos piezas, y ya ellos me dijeron ''no, eso no, vea hágase una enramadita de cocina más grandecita y listo''. Yo empecé recibiendo aquí ¡15 niños y de una vez se me convirtieron en 32 niños!, ¡era cualquier cantidad de niños!, uno no hallaba que hacer con ellos...Pero ahí los teníamos...Bregamos mucho para hacer grupos, ¡uno se siente orgulloso de esto porque fuimos los pioneros, pero le da a uno tristeza porque las que llegaron encontraron ya todo hecho, no se sabe quiénes somos ni siquiera...a veces lo tumban a uno las que están haciendo Licenciatura y todas esas cosas! [ ... ] ¡que hicieron su bachillerato, que nosotros lo conseguimos a luchas, eso no lo saben! ¡No saben cuánto toco bregar, bregar realmente, hasta llantos hubo ahí! [ Cristina ]

En muchas ocasiones el ICBF montó programas en contraposición de las iniciativas comunitarias como los HOBIS que funcionaban en las casas de las mujeres prometiéndoles en un tiempo no muy largo un salario mínimo, esto generó tensiones y contradicciones entre las mismas comunidades y sus iniciativas de cuidado de niños y niñas; los procesos más autónomos de los Jardines Comunitarios que después serían las Casas Vecinales del DABS, se vieron afectados por este programa bandera del ICBF. En ese contexto de confrontación con los programas estatales en el tema, las iniciativas comunitarias de mujeres por separado -Madres Comunitarias y Jardineras- iniciaron propuestas organizativas más estructuradas alrededor de dos reivindicaciones concretas: el mejoramiento de los programas de atención para la infancia de los barrios populares y el reconocimiento y remuneración justa de su trabajo. Dos experiencias de la confrontación con el Estado por estas reivindicaciones son expresadas por Doña Cristina Rivera y Doña Carmen respectivamente:

''Por eso hicimos un ''paro'' ¡para que nos aumentaran!, el paro del 93, ¡eso sí fue un paro! no como las movilizaciones de ahora que llegamos 3 y 4 ''pelagatos''. Duramos organizándolo como 3 meses, con las de allá arriba del ''Paraíso'' y del ''Tesoro'', hicimos varias reuniones donde ellas, aquí en el barrio ''San Francisco'', eso fue discutiendo la fecha, el día, la organización de brigadas de alimento, de salud, etc. Lo que se acordó fue una toma a la sede nacional del Instituto, nosotros preparamos ¡una cantidad de comida!, la idea era quedarnos indefinidamente; preparamos cobijas, colchonetas, botiquín de primeros auxilios y repartimos responsabilidades entre las compañeras. Me acuerdo que nos ayudaron unos pelados de la Universidad...Nacional creo, le hicieron propaganda a lo del paro Asociación por Asociación, Jardín por Jardín, ¡pero calladitos para que no nos pillara el Instituto! El día del paro llegaron buses a recogernos en los puntos en que habíamos acordado según las ubicaciones de las Asociaciones, por ejemplo a nosotros nos recogieron aquí en la entrada de San Francisco y eso ¡fue gente la que llego!, hasta padres de familia, parecíamos en una romería, un trasteo completo. Empezamos a pelear los recortes y porque no teníamos ya a los Funcionarios que eran los que nos apoyaban, el día que fueron a abrir los Jardines, ¡de verdad estuvieron a la par con nosotros!, porque ellos no le mezquinaba llegar y decir ''mire, tape este hueco, compre unos cartones, póngale aquí a este hueco pa´ que el niño no se le vaya a ir abajo'' [ ...] A mí personalmente me dijeron ''consígase un tapete de segunda, coloque cartones debajo al tapete para que no absorba la tierra, y tiéndalo, y ahí mismo puede trabajar usted con sus niños'', yo tenía niños pequeños, conseguí el tapete y ¡ellos vinieron y me lo ayudaron a instalar!, me consiguieron cartones, periódico, todo eso...mojaron los periódicos para que los pusiera debajo, luego encima los cartones y luego el tapete ¡solucionado el tema! Por eso yo creo que el Paro tuvo éxito, porque éramos muchas inconformes con la forma en que nos trataban, ¡por los recortes tan grandes que nos hacían! Me acuerdo que ya cuando llegamos a la sede, como que le había avisado a los funcionarios porque ahí mismo cerraron la entrada y solo unas poquitas de toda esa cantidad que íbamos logro entrar. Ahí mismo mandaron la policía y esos carabineros ¡ya que nos echaban esos caballos encimas!, la mayoría quedamos entre la entrada a la sede y los carabineros...nos estábamos ahogando ¡y ese susto!...fue tanta la presionadera de la policía, que terminamos rompiendo los vidrios y entrándonos a la sede, yo no sé cómo esos vidrios no nos rompieron la cara, un brazo, una pierna, porque la cantidad de viejas entrando a la fuerza por entre esos vidrios [ ... ] Me acuerdo mucho de una paisa de allá arriba del Tesoro, ¡frentera esa vieja!, no volví a saber nada de ella, se retiraría de esto aburrida como muchas de nosotras; pero ese día fue la que después del ''despelote'' ella organizó a las viejas para que recuperáramos la comida, las cobijas y colchonetas que se habían quedado afuera, organizó una guardia para los baños y para vigilar que no se nos fueran a meter por cualquier lado de la Sede, ¡eso pa` qué fuimos muy organizadas! Ocupamos todo el edificio y un funcionario en silla de ruedas, empezó a gritarnos que éramos unas desagradecidas, que cómo nos atrevíamos a protestar cuando el gobierno antes nos daba trabajo y nos había quitado el hambre a un motón de recicladores, eso enfureció a muchas y esa paisa, mona ella con su pelo recogido en una cachucha, cogió esa silla de ruedas ¡y ese señor era gordo!, y con esa piedra levanto yo no sé cómo esa silla ¡lo iba a lanzar por las ventanas! Si no es porque otras compañeras se meten quien sabe a dónde va a dar ese señor, las compañeras lo dejaron en la entrada para que él se fuera, pero desde afuera nos seguía gritando cosas, que éramos unas ''ñeras'' y de todo. Debido al Paro fue que le pusieron a la entrada de la Sede Nacional esas rejas, para que no nos volviéramos a entrar, y tampoco volvimos a hacernos escuchar como en ese paro.
''[ ...] Otra vez que nos tomamos el Departamento de Bienestar Social, los hombres esos carabineros ¡nos iban a botar como a un parqueadero! ¡Terrible! Y ya nos tenían pa` botarnos como por una ventana ¡abajo!, las secretarias y todas las funcionarias tiraban baldes de agua a los viejos pa` que no nos fueran a botar. ¡Angustiados! Yo no sé cómo entre tanta gente y entre tanta empujadera, yo con mi cartera, me acordé que siempre cargo una aguja en un tarrito con un ratón y un hilito, pues que me dio yo sacar mi aguja rapiditico, y coger la aguja y abrir campo y metérmele así al señor que andaba con ese coso grande a tumbarnos allá y ¡clavarle la aguja!, ese tipo saltó y nos dio espacio y por eso volvimos a apoderarnos de todo el terreno nuevamente...Eso mejor dicho él salió corriendo tanto que los otros compañeros también aflojaron y ¡todos se echaron hacia atrás!, cogimos nuevamente el tercer piso que era don-de estábamos...Recuerdo también una marcha en la...26 con 30 creo, por allá como por el 91, lo que no pudieron hacer los de la Nacional, lo hicimos nosotros ¡paramos la 30!, y eso llegaron muchachos de esa Universidad a apoyarnos, fue un Paro muy bonito y a partir de ahí es que nos reconocen la primera bonificación, ¡imagínese $100.000 en el 89 después de 10 años de trabajar con nuestros niños!''

Después de treinta años de experiencia en el trabajo con niños y niñas, de su participación y aportes a la construcción y mejoramiento de la vida en los barrios populares; las mujeres, fundadoras de las primeras iniciativas de atención y cuidado a los niños y niñas de sus comunidades, mantienen en general las mismas reivindicaciones de lucha. En medio de una creciente tecnificación del rol de las formadoras en la primera infancia en contraste con el cuestionamiento constante al papel que cumplen Madres Comunitarias y Jardineras por la naturaleza en la que surge su labor (de cuidado y alimentación) y su supuesto escaso nivel formativo; es imposible desconocer, como parte de la conformación de los barrios, la experiencia de vida de las mujeres líderes comunitarias alrededor de las propuestas de atención a la infancia, su papel en la formación de miles de niños y niñas de los barrios populares.

''[ ...] En el barrio llevo más de 25 años y yo he trabajado desde que vivo en ese sector con comunidad, porque yo trabajé con programas de nutrición, madres gestantes y lactantes, con niños menores de 6 meses, con refrigerios y con almuerzos. Desde que vivo en el barrio he trabajado con programas de nutrición. Y en esos programas hemos puesto desde la casa en adelante, servicios, todo. Empezando desde luchar por los servicios, porque cuando yo llegué al sector no había ninguna clase de servicios y nosotras los luchamos ¡organizadas los luchamos con la comunidad!'' [ Bárbara ]
''[ ...] cuando nosotros llegamos acá no había un proyecto pedagógico, cada una desde su conocimiento como mamá de pronto, aplicaba esos conocimientos con los niños que uno tenía acá, porque acá no nos veían como educadoras o como maestras sino como las Jardineras, simplemente los padres de familia decían ''esas son las cuidadoras, yo le llevo el niño, ¡tome cuide!'', si se golpea pues el escándalo, en ese tiempo se pagaba una pensión entonces ''¡pa`eso yo les pago, pa`eso se les paga, ¿por qué me deja golpear el niño?'', siempre era como esa contraparte que uno tenía con ellos. Ya después que se nos reconoció nuestra labor y nuestro esfuerzo por capacitarnos, con lo mismo que nosotras fuimos aprendiendo ya llego de pronto la necesidad y a nivel del equipo de trabajo, fuimos construyendo un proyecto pedagógico. En este momento el Jardín cuenta con un proyecto pedagógico elaborado aquí por el grupo, más por las personas antiguas que las personas nuevas pero todas han aportado, se ha ido reformando cada año, también contamos con el aval del proyecto por parte de la Secretaria, el proyecto no es tan ¡gordote como uno pensaría!, es un proyecto pequeño que hemos ido construyendo entre todos pero está muy bien estructurado. De las instituciones y las personas que nos han conocido, han venido más personas a entrevistarnos acá, las personas que han conocido el proyecto les ha gustado, las mismas compañeras que están terminando Licenciatura y que están iniciando sus prácticas aquí, obviamente tienen que llevar el proyecto del sitio en donde están, y ha gustado en las Universidades. Nosotras aquí hacemos una planeación semanal para desarrollar con los niños, el esquema de la planeación también lo creamos nosotros mismos, la Secretaria ha querido como estructurarnos y decir: ''este va a ser el formato que ustedes tienen que hacer'', pero nosotros como Casa Vecinal, como equipo de trabajo, no lo hemos permitido, nosotros creamos nuestro esquema nosotros lo hacemos sentir, y lo tenemos así porque es que nosotros lo entendemos así, inclusive pues a ellos también, cuando vienen los interventores ellos dicen que les parece muy bien [ ...] hemos ido construyendo el proceso pedagógico y sentirse uno orgulloso de lo que ha hecho porque ¡ahora se nos reconoce más que en otros tiempos!, el vecino, el de la fama, el de la droguería, todo el mundo nos veía como ''las jardinera, las cuidadoras'', acá simplemente era el parqueadero donde se traían los niños, usted cumpla con cuidar allá, cuide y alimente y pare de contar, ahora uno escucha a los padres de familia y la misma comunidad ''las profes'', ya no viene a decir ''esta es la Jardinera, la cuidadora'', no, la persona que sea sabe que está la profe Blanca, la profe Janeth...hay un reconocimiento hacia nuestro trabajo...'' [ Janeth ].

Precisamente, la capacidad de autogestión y de sustitución del Estado en situaciones de gran adversidad y sensibilidad como la falta de Jardines, de alimento o agua, es lo que llama Elizabeth Jelin (1996) una ciudadanía ejercida desde la resistencia y la exigencia de nuevos derechos al establecimiento por parte de las mujeres en América Latina, lo que Narda Henríquez (1984) reconoce como la ciudadanía social en los barrios pobres, donde antes que reconocer sus derechos civiles y políticos, por las condiciones mismas de la Región, los pobladores barriales reclamaron derechos sociales. En este sentido, las mujeres batallan porque sus Jardines sigan siendo comunitarios y por el reconocimiento de su labor como trabajadoras, porque su papel ha dejado de ser una preocupación esencialmente materna para convertirse en una profesión que le ha aportado a las comunidades barriales, y porque los Jardines hacen parte de la tradición barrial y comunitaria de luchas desde abajo por mejores condiciones de vida en las que ellas también se han inscrito.

''Conmigo vienen, vienen los de atrás
los de atrás vienen conmigo, vienen los de atrás,
yo vengo de atrás, yo vengo de abajo,
tengo las uñas sucias porque yo trabajo,
me he pasado toda la vida mezclando cemento
para mantener a los gringos contentos.
Tú no sabes todo lo que yo cosecho
para dormir debajo de un techo
pero yo no soy blandito, yo no me quito
tampoco me criaron con leche de polvito (...)

villa, caserío, barrio, todos los proyectos
los deformados, marginados, todos los adyectos
caminando firme recto directo
sin arrodillarnos bien paraos...erectos
venimos caminando por una cuerda finita
pero a nosotros no nos tumba ni la criptonita''

[ Cabra y Pérez, 2008 ]


Pie de página

2El concepto de urbanización en América Latina hace referencia tanto al crecimiento demográfico de la población urbana (por aumento natural y por migración campo-ciudad), como a los procesos de construcción de infraestructura urbana. (Romero, 1978; Lattes, 2001).
3La industrialización es asumida por algunos autores como Lewis (1965), Castells (1981), Munera (1998) y Torres (2007) entre otros, como el proceso de desarrollo de la Modernidad y el Capitalismo en los países latinoamericanos expresado en la concentración de población en las ciudades, con posteriores dificultades que evidencian una modernidad diferente a la adelantada en los primeros países capitalistas.
4Para mayores referencias sobre el tema se consultó a Alfonso Torres (2007; p. 18), y a Edin Martinez (2001; p. 308- 323)
5Alfonso Torres habla de este fenómeno específicamente para el caso de Ciudad de México y Bogotá (Torres, 2007). Luis Alberto Romero hace un análisis similar para el caso de Chile (Romero, 1978).
6De la protesta habla Mauricio Archila (2001) y Cecilia Garcia (2001), del asociacionismo y de la autogestión como formas de agrupamiento momentáneas para la solución de problemas cotidianos en ausencia del Estado, hablan Oscar Alfonso, Noriko Hataya y Samuel Jaramillo (1997) y Alfonso Torres (2007).
7Al respecto sobre la obra de Lewis ver Eduardo Nivon y Ana Rosa Mantecon (1994; p. 5-7).
8Bogotá como la principal ciudad colombiana tuvo una particularidad bastante marcada: la violencia social y política que vivió el país con rigor durante la década del cincuenta, lo cual precipitó la llegada de población huyendo de la guerra que se libraba en los campos. La migración no solo se dio por una promesa de bienestar y progreso, sino también por el deterioro paulatino de la economía campesina, fue además un mecanismo de defensa de la propia vida. Como lo afirma Gloria Naranjo (2003): ''La construcción de nuestras ciudades llamadas modernas, ha estado precedida, ha tenido un origen fundador en violencias regionales de cuño bipartidista, y hoy se sigue transformando por la vía de los efectos devastadores de la guerra irregular que se ha agudizado desde mediados de la década de los ochenta del siglo XX''.
9Un bajito según doña Rubiela, es una casa de un solo piso.
10El lote al que se hace referencia está ubicado en el barrio Gibraltar de Ciudad Bolívar.
11Se refiere a la avenida Villavicencio que divide los barrios de la Isla, Meissen, San Francisco, Gibraltar, Lucero Bajo. Es una de las principales entradas a la Localidad de Ciudad Bolívar y ha sido uno de los puntos estratégicos para las tomas y paros cívicos en la Localidad. Su construcción inició en el año 1992 y desalojó a 150 familias que vivían en lotes de invasión sobre ese terreno.
12El Hospital de Meissen, fue la única unidad básica de atención en salud durante aproximadamente 20 años. Muchos jóvenes refieren la muerte de parientes y hermanos en este Hospital (involucrados algunas veces con el pandillismo), por la no prestación de los primeros auxilios ante heridas o emergencias que podían solventarse.
13El FAMI es un hogar comunitario de Familia, Mujer e Infancia que atiende en promedio a 15 familias, mujeres gestantes y con hijos de brazos, desde el año 87.
14El cocinol fue el combustible (gasolina refinada), que se distribuyó desde 1978 hasta 1990 para la preparación de alimentos en estufa de gasolina, en los barrios más pobres, se construyeron casetas de distribución donde se hacían largas filas desde la madrugada para obtener el combustible (Silva, 2007).
15Los Hogares de Bienestar familiar fueron la propuesta de Jardines Infantiles del ICBF para los barrios, que funcionaban en la casa de la Madre Comunitaria y en donde el Instituto aportaba alimentos en un principio y luego material pedagógico y enseres.


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